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martes, 20 de noviembre de 2018

20 de noviembre: Día del Niño... y en las iglesias de España se reza así por las víctimas de abusos

20 de noviembre: Día del Niño... y en las iglesias de España se reza así por las víctimas de abusos

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La Iglesia española recomienda una misa penitencial para orar cada 20 de noviembre por las víctimas de abusos
La Iglesia española recomienda una misa penitencial para orar cada 20 de noviembre por las víctimas de abusos
La Conferencia Episcopal Española (CEE) ha acordado la celebración de la Jornada de Oración por las Víctimas de Abusos Sexuales cada 20 de noviembre, coincidiendo con el Día Universal del Niño. En las misas se introduce una intención en la oración de los fieles por las víctimas de los abusos de menores.
¿Cuántos casos de abusos sexuales a menores se han producido en entidades de Iglesia en España? El diario laicista El País lleva varios meses animando a cualquiera que tenga una historia de abusos a escribirle para investigarla: asegura que 200 personas han contactado con el periódico. Según este periódico "desde la década de los cincuenta hasta nuestros días, en los tribunales de justicia apenas hay 40 sentencias condenatorias a curas en los últimos 30 años".
La Iglesia en España tiene bastante clero: cuenta con 18.000 sacerdotes para 22.000 parroquias. Además, en España hay unos 2.600 centros educativos católicos, con casi millón y medio de alumnos, atendidos por más de 120.000 trabajadores, de los que un 7% es personal religioso. Además, en centros católicos, concertados aconfesionales o públicos, trabajan 25.000 profesores de religión que dan clase a 3,5 millones de alumnos. Evidentemente, los abusadores van donde hay víctimas, y el amplísimo trabajo de las entidades católicos con niños y adolescentes atraerá a los depredadores
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Hay un tríptico informativo de la Conferencia Episcopal sobre la jornada
(aquí en PDF)
Dos oraciones sencillas para uso personal o grupal
La Conferencia Episcopal difunde enlaces a dos oraciones sencillas en la web vaticana sobre protección de menores que puede rezar cualquiera en su oración personal o grupal. Las reproducimos a continuación.
ORACIÓN SIMPLE (I) por las personas que han sufrido abuso sexual
PADRE
Ya que tu misericordia se ha revelado
en la ternura de tu Hijo Jesucristo,
quien ha dicho a sus discípulos:
"Dejad que los niños vengan a mí",
te pedimos que tu Iglesia sea un "Hogar Seguro"
donde se propicie el encuentro de todos los niños,
niñas y adultos vulnerables con tu Amado Hijo.
Que todos aquellos que han sido abusados
física, emocional y sexualmente por tus ministros
sean respetados y acompañados por medio de
gestos concretos de justicia y reparación para
que se sientan sanados con el bálsamo de tu compasión.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor
Amén
ORACIÓN SIMPLE (II) por las personas que han sufrido abuso sexual
PADRE SANTO,
que cuidas con amor solícito de tus hijos e hijas,
especialmente de los más pequeños y vulnerables,
te encomendamos las vidas de tantos niños, niñas y adultos vulnerables,
que han sido abusados sexualmente,
decepcionando su confianza y destruyendo su candor.
Ayúdanos a escuchar sus gritos de dolor
y a asumir la responsabilidad de tantas vidas destrozadas.
Que ellos y ellas puedan encontrar la comprensión y el apoyo
por parte de sus comunidades y de sus familias,
para que con la ayuda de tu gracia logren sanar sus heridas
y recuperar la paz.
Por Jesucristo Nuestro Señor, tu Hijo,
que compartió nuestras debilidades en todo menos en el pecado,
y vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén
LITURGIA PARA LA JORNADA DE ORACIÓN Y PENITENCIA20 de noviembre de 2018
SUBSIDIO LITÚRGICO
Monición de entrada
Hermanos:
Nos reunimos para celebrar la Eucaristía que es acción de gracias y alabanza a Dios por la salvación que nos ha alcanzado Cristo con su muerte y resurrección, y por las maravillas que sigue haciendo en favor nuestro.
La Iglesia en España quiere dedicar este día de la Jornada Universal de la Infancia a la oración y la penitencia por las víctimas de abusos sexuales. Por ello, los cristianos elevamos nuestras súplicas hoy especialmente por los niños y los jóvenes para que todos tengan un hogar donde puedan crecer y desarrollarse en paz y armonía.
Así mismo, recordamos con especial cariño a quienes han sufrido cualquier clase de abuso físico o moral; oramos por ellos, para que puedan reponerse y recuperen la confianza, la alegría y la esperanza.
Con un sentido fuertemente penitencial pidamos especialmente perdón por lo abusos cometidos contra niños por parte de pastores y fieles de la Iglesia y oramos también al Señor de la vida para nunca vuelvan a repetirse semejantes atrocidades y para que conceda a todos los miembros de la Iglesia un mayor sentido de responsabilidad respecto a los menores de edad a ellos confiados.
En silencio oremos y pidamos perdón.
Puede tener lugar un tiempo de silencio un poco más extenso de lo acostumbrado.
Acto penitencial
— Tú, que viniste a salvar lo que estaba perdido: Señor, ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.
— Tú, que devuelves la inocencia al que la había perdido: Cristo ten piedad.
R/. Cristo, ten piedad.
— Tú, que dejaste que los niños se acercaran a ti: Señor ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.
Por utilidad pastoral se recomienda la misa por el perdón de los pecados (Cf. Misal Romano, Misas y oraciones por diversas necesidades, número 38, pág. 1050).
Oración colecta
Ten misericordia de tu pueblo, Señor,
y perdónale todos sus pecados,
para que tu misericordia perdone
lo que nos merecieran nuestras ofensas.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Oración de los fieles
Oremos al Señor nuestro Dios, que nos llama a caminar por sus sendas, que son rectas y justas.
— Por la Iglesia, para que lleve siempre al mundo la luz del Evangelio y anuncie a Cristo en toda ocasión. Roguemos al Señor.
— Por los niños, los jóvenes, los enfermos y los pobres, para que se encuentren con Cristo a través del testimonio de los sacerdotes, religiosos y consagrados. Roguemos al Señor.
— Por aquellos menores que han sido víctimas de abusos, para que encuentren en su entorno la ayuda que necesitan para reponerse física y espiritualmente. Roguemos al Señor.
— Por los niños y los jóvenes, para que vivan libres de las asechanzas del enemigo y puedan lograr un desarrollo integral de su persona. Roguemos al Señor.
— Por los que dedican su tiempo y sus fuerzas a la formación integral de niños, adolescentes y jóvenes Roguemos al Señor.
— Por todos nosotros para que nos sintamos siempre atentos y dispuestos a luchar contra toda forma de pecado y seamos humildes para reconocer los nuestros. Roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor, Dios nuestro, que tu misericordia venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Mira propicio, Señor, esta ofrenda
que presentamos a tu majestad por nuestras culpas,
y concédenos que el sacrificio
del que brotó la fuente del perdón para los hombres,
nos otorgue la gracia del Espíritu Santo
para derramar lágrimas por nuestros pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor. 
Prefacio IV dominical del tiempo ordinario (Misal Romano, pág. 477).
Oración después de la comunión
Concédenos, Dios misericordioso
a quienes, por este sacrificio,
hemos recibido el perdón de nuestros pecados,
que con tu gracia podamos evitarlos de ahora en adelante
y servirte con sincero corazón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
TEXTO DEL PAPA FRANCISCO
Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños.
Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión.
Papa Francisco
Carta al Pueblo de Dios
Vaticano, 20 de agosto de 2018

lunes, 20 de agosto de 2018

Carta del Papa a los católicos ante los escándalos de los abusos: «Hemos abandonado a los pequeños» 20082018

Invita a los fieles a practicar el ayuno y la oración ante esta situación

Carta del Papa a los católicos ante los escándalos de los abusos: «Hemos abandonado a los pequeños»


El Papa ha querido dirigirse a todos los católicos del mundo ante la gravedad de la situación
El Papa ha querido dirigirse a todos los católicos del mundo ante la gravedad de la situación


La Iglesia Católica en Estados Unidos se ha visto salpicada en las últimas semanas por unos terribles escándalos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes e incluso cardenales. Especial mención ha tenido el informe publicado por el fiscal general de Pensilvania sobre los cientos de casos de abusos producidos por numerosos sacerdotes en las últimas siete décadas.
Ante la gravedad de la situación el Papa Francisco ha querido escribir este lunes 20 de agosto una carta a todo el Pueblo de Dios sobre este escabroso asunto. “El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad”, ha expresado el Santo Padre.
En su misiva dirigida a todos los católicos del mundo hace referencia al demoledor informe de Pensilvania asegurando que “el dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo, que llega al alma y que durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado. Pero su grito fue más fuerte que todas las medidas que lo intentaron silenciar o, incluso, que pretendieron resolverlo con decisiones que aumentaron la gravedad cayendo en la complicidad”.
"No supimos estar donde teníamos que estar"
Francisco asegura que “con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”.
De este modo, el Pontífice admite que “la magnitud y gravedad de los acontecimientos exige asumir este hecho de manera global y comunitaria” y asegura que exige “denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona”.
El Papa pide ayuno y oración
Pese a reconocer que en muchos lugares ya se actúa de manera contundente para que no se produzcan más casos como los conocidos recientemente, el Papa pide la ayuda y participación de todo el pueblo de Dios.
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El fiscal general de Pensilvania, Josh Saphiro, fue el que dio a conocer el terrible informe de abusos sexuales cometidos por clérigos de varias diócesis
Para ello, Francisco hace este llamamiento: “Invito a todo el santo Pueblo fiel de Dios al ejercicio penitencial de la oración y el ayuno siguiendo el mandato del Señor, que despierte nuestra conciencia, nuestra solidaridad y compromiso con una cultura del cuidado y el ‘nunca más’ a todo tipo y forma de abuso”.
“Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión”, agrega.
Además, Francisco considera que “la penitencia y la oración nos ayudará a sensibilizar nuestros ojos y nuestro corazón ante el sufrimiento ajeno y a vencer el afán de dominio y posesión que muchas veces se vuelve raíz de estos males”.
Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios
«Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26). Estas palabras de san Pablo resuenan con fuerza en mi corazón al constatar una vez más el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas. Un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes. Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse. El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad.
1. Si un miembro sufre
En los últimos días se dio a conocer un informe donde se detalla lo vivido por al menos mil sobrevivientes, víctimas del abuso sexual, de poder y de conciencia en manos de sacerdotes durante aproximadamente setenta años. Si bien se pueda decir que la mayoría de los casos corresponden al pasado, sin embargo, con el correr del tiempo hemos conocido el dolor de muchas de las víctimas y constatamos que las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte; las heridas “nunca prescriben”. El dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo, que llega al alma y que durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado. Pero su grito fue más fuerte que todas las medidas que lo intentaron silenciar o, incluso, que pretendieron resolverlo con decisiones que aumentaron la gravedad cayendo en la complicidad. Clamor que el Señor escuchó demostrándonos, una vez más, de qué parte quiere estar. El cántico de María no se equivoca y sigue susurrándose a lo largo de la historia porque el Señor se acuerda de la promesa que hizo a nuestros padres: «Dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos» (Lc 1,51-53), y sentimos vergüenza cuando constatamos que nuestro estilo de vida ha desmentido y desmiente lo que recitamos con nuestra voz.
Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños. Hago mías las palabras del entonces cardenal Ratzinger cuando, en el Via Crucis escrito para el Viernes Santo del 2005, se unió al grito de dolor de tantas víctimas y, clamando, decía: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! [...] La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf. Mt 8,25)» (Novena Estación).
2. Todos sufren con él
La magnitud y gravedad de los acontecimientos exige asumir este hecho de manera global y comunitaria. Si bien es importante y necesario en todo camino de conversión tomar conocimiento de lo sucedido, esto en sí mismo no basta. Hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura, en un ámbito donde los conflictos, las tensiones y especialmente las víctimas de todo tipo de abuso puedan encontrar una mano tendida que las proteja y rescate de su dolor (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228). Tal solidaridad nos exige, a su vez, denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona. Solidaridad que reclama luchar contra todo tipo de corrupción, especialmente la espiritual, «porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Co 11,14)”» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 165). La llamada de san Pablo a sufrir con el que sufre es el mejor antídoto contra cualquier intento de seguir reproduciendo entre nosotros las palabras de Caín: «¿Soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9).
Soy consciente del esfuerzo y del trabajo que se realiza en distintas partes del mundo para garantizar y generar las mediaciones necesarias que den seguridad y protejan la integridad de niños y de adultos en estado de vulnerabilidad, así como de la implementación de la “tolerancia cero” y de los modos de rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos. Nos hemos demorado en aplicar estas acciones y sanciones tan necesarias, pero confío en que ayudarán a garantizar una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro.
Conjuntamente con esos esfuerzos, es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que tanto necesitamos. Tal transformación exige la conversión personal y comunitaria, y nos lleva a mirar en la misma dirección que el Señor mira. Así le gustaba decir a san Juan Pablo II: «Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (Carta ap. Novo millennio ineunte, 49). Aprender a mirar donde el Señor mira, a estar donde el Señor quiere que estemos, a convertir el corazón ante su presencia. Para esto ayudará la oración y la penitencia. Invito a todo el santo Pueblo fiel de Dios al ejercicio penitencial de la oración y el ayuno siguiendo el mandato del Señor,(1) que despierte nuestra conciencia, nuestra solidaridad y compromiso con una cultura del cuidado y el “nunca más” a todo tipo y forma de abuso.
Es imposible imaginar una conversión del accionar eclesial sin la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios. Es más, cada vez que hemos intentado suplantar, acallar, ignorar, reducir a pequeñas élites al Pueblo de Dios construimos comunidades, planes, acentuaciones teológicas, espiritualidades y estructuras sin raíces, sin memoria, sin rostro, sin cuerpo, en definitiva, sin vida (2). Esto se manifiesta con claridad en una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia— como es el clericalismo, esa actitud que «no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente» (3). El clericalismo, favorecido sea por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo.
Siempre es bueno recordar que el Señor, «en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 6). Por tanto, la única manera que tenemos para responder a este mal que viene cobrando tantas vidas es vivirlo como una tarea que nos involucra y compete a todos como Pueblo de Dios. Esta conciencia de sentirnos parte de un pueblo y de una historia común hará posible que reconozcamos nuestros pecados y errores del pasado con una apertura penitencial capaz de dejarse renovar desde dentro. Todo lo que se realice para erradicar la cultura del abuso de nuestras comunidades, sin una participación activa de todos los miembros de la Iglesia, no logrará generar las dinámicas necesarias para una sana y realista transformación. La dimensión penitencial de ayuno y oración nos ayudará como Pueblo de Dios a ponernos delante del Señor y de nuestros hermanos heridos, como pecadores que imploran el perdón y la gracia de la vergüenza y la conversión, y así elaborar acciones que generen dinamismos en sintonía con el Evangelio. Porque «cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 11).
Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión.
Asimismo, la penitencia y la oración nos ayudará a sensibilizar nuestros ojos y nuestro corazón ante el sufrimiento ajeno y a vencer el afán de dominio y posesión que muchas veces se vuelve raíz de estos males. Que el ayuno y la oración despierten nuestros oídos ante el dolor silenciado en niños, jóvenes y minusválidos. Ayuno que nos dé hambre y sed de justicia e impulse a caminar en la verdad apoyando todas las mediaciones judiciales que sean necesarias. Un ayuno que nos sacuda y nos lleve a comprometernos desde la verdad y la caridad con todos los hombres de buena voluntad y con la sociedad en general para luchar contra cualquier tipo de abuso sexual, de poder y de conciencia.
De esta forma podremos transparentar la vocación a la que hemos sido llamados de ser «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 1).
«Si un miembro sufre, todos sufren con él», nos decía san Pablo. Por medio de la actitud orante y penitencial podremos entrar en sintonía personal y comunitaria con esta exhortación para que crezca entre nosotros el don de la compasión, de la justicia, de la prevención y reparación. María supo estar al pie de la cruz de su Hijo. No lo hizo de cualquier manera, sino que estuvo firmemente de pie y a su lado. Con esta postura manifiesta su modo de estar en la vida. Cuando experimentamos la desolación que nos produce estas llagas eclesiales, con María nos hará bien «instar más en la oración» (S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 319), buscando crecer más en amor y fidelidad a la Iglesia. Ella, la primera discípula, nos enseña a todos los discípulos cómo hemos de detenernos ante el sufrimiento del inocente, sin evasiones ni pusilanimidad. Mirar a María es aprender a descubrir dónde y cómo tiene que estar el discípulo de Cristo.
Que el Espíritu Santo nos dé la gracia de la conversión y la unción interior para poder expresar, ante estos crímenes de abuso, nuestra compunción y nuestra decisión de luchar con valentía.
Vaticano, 20 de agosto de 2018
FRANCISCO
___________________________________
1 «Esta clase de demonios solo se expulsa con la oración y el ayuno» (Mt 17,21).
2 Cf. Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile (31 mayo 2018).
3 Carta al Cardenal Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina (19 marzo 2016).

jueves, 7 de junio de 2018

Perú: Francisco felicita a Gustavo Gutiérrez su 90 cumpleaños 07062018

El Papa saluda a Gustavo Gutiérrez © Vatican Media

Perú: Francisco felicita a Gustavo Gutiérrez su 90 cumpleaños

Conocido como “soldado de la paz”
(ZENIT – 7 junio 2018).- El Papa Francisco felicita al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez por sus 90 años, que cumplirá mañana, a través de una carta en la que le expresa su gratitud por haber contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de su servicio teológico y de su amor preferencial por los pobres y los descartados de la sociedad, informa ‘Vatican News’.
El P. Gustavo Gutiérrez, también conocido como “soldado de la paz” o el “impulsor de la Teología de la liberación en Latinoamérica”, según indica la Universidad peruana de San Marcos
En la misiva, el Pontífice saluda al religioso peruano y le asegura su oración en este momento significativo de su vida: “Me uno a tu acción de gracias a Dios y también a ti te agradezco por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y los descartados de la sociedad” escribe el Santo Padre en la carta dirigida al padre Gutiérrez.
Francisco agradece al teólogo peruano, “por todos los esfuerzos y por tu forma de interpelar la conciencia de cada uno – precisa el Pontífice – para que nadie quede indiferente ante el drama de la pobreza y la exclusión”.
Lucha contra la pobreza
Los valiosos aportes a la humanidad de este sacerdote –describe la Universidad de San Marcos– le valieron para ser distinguido en 1992 por su alma mater, San Marcos, con el título de Doctor Honoris Causa, el máximo galardón académico que confiere la Decana de América a ilustres personajes del país y del mundo.
En aquella tarde, el padre Gutiérrez también dijo: “Debemos luchar contra la pobreza que existe en la tierra porque ella corrompe el espíritu”.
Bibliografía
Anteriormente, había recibido similares distinciones de la Universidad de Nimega, en Holanda (1987), la Universidad de Tubinga de Alemania (1985), la Universidad de Freiburg también de Alemania (1990), entre otras.
Tiene una numerosa bibliografía donde habla sobre la construcción de una sociedad más justa, más solidaria y donde reine la paz. Entre sus obras figuran ‘Líneas pastorales de la iglesia americana’, ‘La fuerza histórica de los pobres’, ‘Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente’, ‘La verdad los hará libres’, ‘En busca de los pobres de Jesucristo’ y muchas otras más.
Gustavo Gutiérrez Merino, en suma, planteó una nueva mentalidad cristiana que, sin duda, ha sido valiosa para el país y para el mundo, señala la Universidad de San Marcos, de Perú.

Carta a Bartolomé I: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? 07062018


El Papa Francisco y Bartolomé I © Vatican Media

Carta a Bartolomé I: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan?

Mensaje del Papa Francisco
(ZENIT – 7 junio 2018).- Hoy tenemos que preguntarnos a nosotros mismos: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”, plantea el Pontífice.
El Papa Francisco ha enviado a Su Santidad Bartolomé I, Patriarca Ecuménico di Constantinopla, y a los participantes en el simposio internacional Toward a Greener Attica: Preserving the Planet and Protecting its People (Hacia un Ática más verde: Preservar el planeta y proteger a su gente), en curso en Atenas (Grecia), del 5 al 8 de junio de 2018.
“El cuidado de la Creación entendido como un don compartido y no como una posesión privada, siempre implica el reconocimiento de los derechos de cada persona y de cada pueblo”. En este sentido, Francisco expresa que la urgente llamada y el desafío de cuidar la creación son una “invitación dirigida a toda la humanidad para que trabaje en favor de un desarrollo sostenible e integral”.
El Santo Padre recuerda en la carta su visita a Lesbos y afirma que las dramáticas contradicciones que experimentó durante su visita le han ayudado a comprender la “importancia del tema de este simposio”.
A continuación, sigue el mensaje del Papa Francisco a Bartolomé I.
***
Mensaje del Papa Francisco
A Su Santidad Bartolomé I
Arzobispo de Constantinopla
Patriarca Ecuménico
Con motivo del simposio ecológico internacional “Hacia un Ática más verde: Preservar el planeta y proteger a su gente”, que se celebra en Atenas y las Islas Sarónicas de Grecia, del 5 al 8 de junio de 2018, brindo a Su Santidad mis más cálidos saludos fraternos. Con sincero agradecimiento por esta valiosa iniciativa, que sigue una serie de simposios similares en varias partes del mundo, también saludo a Su Beatitud Hieronymos II, arzobispo de Atenas y de Toda Grecia, así como a las autoridades,  a los distinguidos oradores y a los participantes.
Recuerdo muy bien mi visita a Lesbos, junto con Su Santidad y Su Beatitud Hieronymos II, para expresar nuestra preocupación común acerca de la situación de los migrantes y refugiados. Mientras me maravillaban el paisaje del cielo azul y del mar, me impresionó la idea de que un mar tan bello se hubiera convertido en una tumba para hombres, mujeres y niños que en su mayoría sólo intentaban escapar de las condiciones inhumanas de sus tierras. Allí vi de primera mano la generosidad del pueblo griego, tan rica en valores humanos y cristianos, y su compromiso, a pesar de los efectos de su crisis económica, por confortar a los que, expropiados de todos sus bienes materiales, se habían dirigido a sus orillas.
Las dramáticas contradicciones que experimenté durante mi visita me han ayudado a comprender la importancia del tema de este simposio. No se están desmoronando solamente los hogares de las personas vulnerables en todo el mundo, como podemos ver en el creciente éxodo de migrantes climáticos y refugiados medioambientales. Como precisé en mi Encíclica Laudato si ‘, podríamos estar  condenando a las generaciones futuras a vivir en una casa común reducida a ruinas. Hoy tenemos que preguntarnos a nosotros mismos: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?” (ibíd. 160) Frente a la actual crisis ecológica deberíamos hacer un serio examen de conciencia por lo que respecta a la protección del planeta confiado a nuestro cuidado (cf. Gen 2:15)
El cuidado de la Creación entendido como un don compartido y no como una posesión privada, siempre implica el reconocimiento de los derechos de cada persona y de cada pueblo. La crisis ecológica que afecta ahora a toda la humanidad está en último lugar enraizada en el corazón del hombre que aspira a controlar y explotar los recursos limitados de nuestro planeta, ignorando a los miembros más vulnerables de la familia humana. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. No podemos ignorar el mal difuso y generalizado en la situación actual donde “el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, las diversas formas de violencia y maltrato, el abandono de los más frágiles, los ataques a la naturaleza. (Laudato Si’, 66). Por ese motivo en nuestro Mensaje conjunto para la Jornada Mundial de Oración por la Creación, del pasado 1 de septiembre subrayábamos: La urgente llamada y el desafío de cuidar la creación son una invitación dirigida a toda la humanidad para que trabaje en favor de un desarrollo sostenible e integral”.
El deber de defender la creación desafía a todas las personas de buena voluntad y llama a los cristianos a ser conscientes de las raíces espirituales de la crisis ecológica y a cooperar para dar una respuesta inequívoca. La anual Jornada Mundial de Oración por la Creación es un paso en esta dirección, ya que demuestra nuestra preocupación común y nuestra aspiración a trabajar juntos para abordar este delicado problema. Es mi firme intención que la Iglesia Católica continúe caminando con Su Santidad y el Patriarcado Ecuménico por esta senda. Del mismo modo, espero que los católicos y ortodoxos, junto con los fieles de otras comunidades cristianas y todas las personas de buena voluntad, aúnen sus esfuerzos para trabajar juntos y en los ámbitos locales  en el  cuidado de la creación y el desarrollo sostenible e integral.
Querido hermano en Cristo, le estoy profundamente agradecido por su esfuerzo de  involucrar a los líderes religiosos, científicos, políticos y del mundo de los negocios en la creación de una importante red para dar una respuesta efectiva a los retos actuales. Le aseguro mi cercanía en la oración e intercambio con Su Santidad un abrazo fraternal de paz.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Carta del Papa con motivo de los XXV años de la Fundación Populorum Progressio 13122017

Carta del Papa con motivo de los XXV años de la Fundación Populorum Progressio

El Papa Francisco en una Foto de archivo con representantes de pueblos indígenas
13/12/2017 15:00
Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano
A 25 años de la creación de la Fundación Populorum Progressio, querida por san Juan Pablo II para ayudar a mejorar las condiciones de los pueblos autóctonos, mestizos y afroamericanos en América Latina, el Santo Padre Francisco envió una carta a S.E. el cardenal Peter K. A. Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y Presidente de dicha Fundación, que en estos días celebra en Roma una conferencia llamada "25 años de servicio para el desarrollo humano integral mirando al futuro".  
Tras recordar los orígenes de la Fundación, el Papa Francisco pone de manifiesto en primer lugar en su carta, la generosidad de católicos y hombres de buena voluntad, y menciona también en ese sentido, la participación de las iglesias de América en la realización de los proyectos y en el Consejo de Administración.
Necesario seguir luchando contra injusticias y corrupción
El Pontífice manifiesta que, para obtener el mejor resultado de los esfuerzos desplegados y mejorar la situación de todos sin excluir a nadie, la situación de Latinoamérica requiere un compromiso más firme en la lucha contra las injusticias y la corrupción, y observa asimismo que, a pesar de las potencialidades de los países latinoamericanos, “la crisis económica y social actual, empeorada por el flagelo de la deuda externa que paraliza el desarrollo, ha afectado a la población y ha incrementado la pobreza, el desempleo y la desigualdad social, al mismo tiempo que ha contribuido a la explotación y el abuso de nuestra casa común, a un nivel que nunca antes hubiéramos imaginado”.
La Iglesia está llamada a ser cercana y tocar en el prójimo la carne de Cristo
Tras recordar que “la Fundación nació para ser un signo de la cercanía del Papa y de la Iglesia con todos”, el Santo Padre remarca la particular misión de la fundación con las comunidades que quedan marginadas y privadas de derechos humanos básicos y de la participación en la mesa del bien común, y asegura que el desarrollo humano será obra de todos porque será fruto de un esfuerzo común que, a través de los medios proporcionados con tanta generosidad por las comunidades eclesiales, “convierte el descarte en un auténtico recurso, no sólo para un país sino también para beneficio de toda la humanidad”.
El Sínodo de los Obispos para la Región panamazónica
Por otra parte el Pontífice se refiere a la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región panamazónica, como “una fuente de inspiración para el futuro y la evangelización del Continente” para la Fundación.
En las últimas líneas, antes de encomendar las celebraciones de este aniversario a la materna intercesión de la Virgen de Guadalupe, el Papa renueva su aliento para la labor del dicasterio en favor del desarrollo humano integral y del bien común en el continente americano, y recuerda para ello el ejemplo de la santa Teresa de Calcuta, "que vio el rostro de Cristo en cada hermano y hermana de las poblaciones más marginadas".

    viernes, 17 de noviembre de 2017

    Papa Francisco: “No abandonar jamás al enfermo” 16112017

    Papa Francisco: “No abandonar jamás al enfermo”

    “No abandonar jamás al enfermo” pide el Papa en la carta a los participantes en el Encuentro Regional Europeo de la Asociación Médica Mundial centrado en el fin de vida. - RV
    16/11/2017 14:56
    “Es necesario un suplemento de sabiduría, porque hoy es más insidiosa la tentación de insistir con tratamientos que producen potentes efectos en el cuerpo, pero no benefician al bien integral de la persona”: lo indica el Papa Francisco explicando que en la actualidad, “las intervenciones en el cuerpo humano se vuelven siempre más eficaces, pero no siempre son resolutivas”. Las palabras del Pontífice van dirigidas en una carta a Mons. Vincenzo Paglia, Presidente de la Academia Pontifica para la Vida y a los participantes en el Encuentro Regional Europeo de la Asociación Médica Mundial, en curso en el Vaticano el 16 y 17 de noviembre.
    Citando la Declaración sobre la eutanasia del 5 de mayo de 1980, Francisco asegura que “es moralmente lícito renunciar a la aplicación de medios terapéuticos o suspenderlos, cuando su empleo no corresponde a aquel criterio ético y humanístico que seguidamente será definido proporcionalidad de las curaciones”. El Santo Padre destaca que esta elección “asume responsablemente el límite de la condición humana mortal, en el momento en el cual se toma conciencia de no poder contrastarlo más. “Así – subraya – no se quiere procurar la muerte”, sino que “se acepta de no poder impedirla”, como especificado en el Catecismo de la Iglesia Católica. Esta nueva perspectiva – evidencia aun el Papa – restituye a la humanidad el “acompañamiento del morir, sin abrir justificaciones a la supresión del vivir. No activar medios desproporcionados o suspender su uso “equivale a evitar el ensañamiento terapéutico” que tiene “un significado completamente diverso de la eutanasia, que es siempre ilícita”, porque interrumpe la vida causando la muerte.
    El Papa llama entonces a un “atento discernimiento que considere la cuestión moral, las circunstancias y las intenciones de los sujetos involucrados. La dimensión personal y relacional de la vida y del mismo morir, que es siempre un momento extremo del vivir, debe tener en la curación y en el acompañamiento del enfermo, un espacio adecuado a la dignidad del ser humano”.
    Y en este sentido el Pontífice señala que “la persona enferma reviste un papel principal” como señalado por el Catecismo de la Iglesia Católica: “Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si tiene la competencia y la capacidad”. “En diálogo con los médicos, debe evaluar los tratamientos que le son propuestos y juzgar sobre su efectiva proporcionalidad en la situación concreta, renunciando cuando tal proporcionalidad sea reconocida como carente”.
    El Papa subraya el “condicionamiento de la creciente diferencia de oportunidades” marcada por la “acción combinada de la potencia tecno científica y por los intereses económicos” que lleva al incremento de la desigualdad terapéutica, “presente en los países más ricos donde el acceso a las curas corre el riesgo de depender más de la disponibilidad económica de las personas que de las efectivas exigencias de curación”.
    Por ello, el Santo Padre llama a evidenciar el mandamiento supremo de la proximidad responsable, como aparece en la página evangélica del Buen Samaritano. El imperativo categórico – afirma Francisco – es aquel de no abandonar jamás al enfermo. Porque, como explica el Papa, la relación “es el lugar en el cual se nos pide amor y cercanía, más que cualquier otra cosa, reconociendo el límite que nos acomuna a  todos y justamente allí, volviéndonos solidarios. Cada uno – agrega – dé el amor en el modo que le es propio, ¡pero lo dé!
    “Y si sabemos que de la enfermedad no se puede garantizar la curación, debemos cuidar siempre a la persona viviente”, sin ensañarnos inútilmente contra la muerte, señala el Papa. En este sentido se mueve la medicina paliativa, “de gran importancia también en el plano cultural, empeñándose en combatir todo lo que hace el morir más angustiante y sufrido, es decir, el dolor y la soledad”.
    El Santo Padre señala que en sociedades democráticas, estos argumentos delicados deben ser tratados de manera seria y reflexiva y con la disponibilidad para encontrar soluciones y normas que sean compartidas lo más posible, y que tengan en cuenta la diversidad de las visiones del mundo, de las convicciones éticas y de pertenencias religiosas.
    Francisco señala asimismo la obligación de parte de lEstado “que no puede renunciar a tutelar a todos los sujetos involucrados, defendiendo la fundamental igualdad para cada uno. Y no olvida, como es su costumbre, a los más débiles, para quienes pide una “particular atención” porque “no pueden hacerse valer solos sus propios intereses.
    No  faltan en las palabras del Papa la indicación de una legislación en campo médico y sanitario, que necesita de una “mirada global” sobre lo que mayormente pueda promover el bien común en las situaciones concretas.
    (María Cecilia Mutual)