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martes, 25 de septiembre de 2018

Tras años de odio, perdonó al asesino de su madre: «Nunca pensé que iba a querer tanto a mi enemigo» 24092018

Jeny Castañeda participa en «El mayor regalo» de Juan Manuel Cotelo

Tras años de odio, perdonó al asesino de su madre: «Nunca pensé que iba a querer tanto a mi enemigo»

Jeny Castaneda, junto a Juan Manuel Cotelo ante la catedral de La Almudena de Madrid.
Jeny Castaneda, junto a Juan Manuel Cotelo ante la catedral de La Almudena de Madrid.
“A las cuatro y media de la tarde la amenazaron: si no dejaba el lugar, antes de acabar la jornada la matarían. Ella les dijo: ‘Yo de aquí no me voy’. Esa noche llegaron tres encapuchados y la mataron de seis disparos en la cabeza”.
Jeny Castañeda evoca así la muerte de su madre Damarys Mejía, el 17 de religiónseptiembre de 2001, a manos de paramilitares colombianos. Tenía 37 años y tres hijos, no era terrorista ni narcotraficante, “era una líder social que ayudaba a las personas más vulnerables”. En Puerto Triunfo (Antioquia) se la recuerda especialmente por impulsar el asentamiento de personas sin vivienda y su organización en barrios. Así lo había hecho en Hacienda Nápoles, la finca donde halló la muerte.
Pistolas y pasamontañas
Probablemente nunca habrían conocido la identidad de los asesinos materiales: “En el pueblo no se podía esperar justicia. Quien moría, muerto se quedaba”, lamenta. De hecho, el alcalde de Puerto Triunfo sería encarcelado años después por su complicidad en el crimen.
Pero quiso la casualidad que Andrés, uno de sus dos hermanos, se cruzase con los autores materiales: “Venía por la carretera y se encontró con ellos. Les preguntó qué había pasado, porque ya algo se sentía. Le dijeron que no pasaba nada, pero dentro del coche vio sus pasamontañas y sus pistolas entre las piernas”.
Al llegar a la casa se encontró a su madre muerta. Jeny vivía a veinte minutos de allá. Cuando su hermano fue a avisarla, escuchó el mazazo: “Nos mataron a mamá, ¿qué hacemos?” Ella era la mayor, acababa de tener un hijo y tuvo que hacerse cargo de los pequeños, de 15 y 16 años.
“Me llené de odio, de rabia, de deseo de venganza”, explica a ReL. Sabía quién era el responsable del crimen: “Ramón Isaza fue quien dio la orden”.
Ramón Isaza era jefe de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio.
Para Jeny empezaron años muy duros, convertida a tan corta edad en cabeza de su familia y al mismo tiempo persiguiendo por todos los medios a su alcance lavar el nombre de su madre y hacer pagar a sus asesinos por el crimen.
El poder de un sueño
Por eso, cuando, al amparo de la ley de Justicia y Paz impulsada por el presidente Álvaro Uribe en 2005, los paramilitares se desmovilizaron y se entregaron a la Justicia, Jeny empezó a perseguir a Isaza en los tribunales recordándole aquel asesinato: “El proceso buscaba para las víctimas verdad, justicia y reparación, y dentro de la reparación se exigía el perdón público y el restablecimiento de la dignidad de las víctimas. Los acusados empezaron a dar nombres de las víctimas para identificarlas y buscarlas cuando se ignorase el paradero de su cadáver. También nosotros acudimos para reclamarnos como víctimas. De primeras salieron seiscientas. En febrero de 2006 un tío mío vio en el diario El Colombiano el nombre de mi madre. Era la víctima 517”.
Jeny Castañeda y Ramón Isaza empezaron a verse con frecuencia cada vez que él comparecía ante un juez: “Nos veíamos en los tribunales, pero nunca hablábamos directamente. Él me buscaba para pedirme perdón, pero cuando uno tiene odio en el corazón, no admites que alguien venga, te pida perdón y todo solucionado. A veces intentó contactar, pero nadie se atrevía a decírmelo”.
Lo que Jeny no sabía era que el deseo de perdón de Isaza no era solo un trámite jurídico (fue condenado a 40 años de cárcel, ocho efectivos) o una exigencia política, sino un arrepentimiento moral, una auténtica y sincera conversión personal.
Algo empezó a cambiar en el corazón de Jeny en 2013, por una causa muy concreta: “Me diagnosticaron un cáncer de tiroides, y por primera vez en mi vida pensé en la muerte. Hasta entonces, no le tenía miedo. Pero tenía un niño, y empecé a pensar en mi hijo, en la posibilidad de dejarle, en qué le habría transmitido con mi odio. Por otro lado, Isaza había afirmado públicamente que matar a mi madre había sido el peor error que había cometido la organización, y había reconocido que ella era una líder social, y no nada de lo que habían estado diciendo. Entonces pensé: ‘En realidad, ya he conseguido lo que quería’, mi madre era reconocida como lo que era”.
Aun así, de ahí a perdonar había un camino por recorrer.
“Para hacerme unas pruebas por el cáncer, me hospitalizaron justo el día y a la hora en los que, doce años antes, asesinaron a mi madre”, recuerda Jeny: “Esa noche soñé con ella. En el sueño, ella me decía de que Ramón Isaza rezaba cada día dos rosarios: uno para que le perdonara mi madre, allí donde estuviera, y otro para que le perdonara yo. Me avisaba de que él me buscaría, y que cuando le viera, le diese un abrazo y un beso y le dijese que ella le había perdonado. Yo en el sueño le decía a mi madre que no pensaba hacerlo”.
“Pero un día Ramón Isaza me busca”, continúa Jeny, “y me dice... ¡que él reza todos los días dos rosarios, uno por mi madre para que le perdone, y otro por mí para lo mismo!”. El cumplimiento de ese sueño profético rindió la última resistencia: “Le abracé y le di un beso, y sentí como si me hubieran sacado una estaca que tenía clavada entre pecho y espalda”.
Ambos fueron conscientes de que ahí concluía un camino, pero comenzaba otro: “Empezamos a conocernos mejor, yo a ellos y ellos a mí, y a deshacer dudas, interrogantes y mitos”.
Jeny acudió a la cárcel a ver a otros miembros del grupo que había dado un zarpazo tan cruel a su vida doce años antes: “Es un proceso en el que llevamos ya cinco años. Queremos crear una fundación junto con Oliverio Isaza, hijo de Ramón y su segundo al mando, para continuar todo lo que ha hecho su padre, que se siente viejo y cansado. Una fundación para la reconciliación, para dar y recibir perdón”.
El mayor regalo
Le preguntamos si, a lo largo de este tiempo, la tentación del odio le ha sugerido una marcha atrás. Pero el perdón ha sido transformador: “Si Dios nos puso en el mismo camino [a Ramón y a ella], fue por algo. En todo lo malo hay una enseñanza, y a mí esto me ha enseñado muchas cosas. He aprendido a conocer el corazón de alguien que ha sido tan malo. Nunca pensé que iba a querer tanto a mi enemigo, y es mutuo”.
Jenny, junto a Ramón Isaza. Ahora trabajan juntos por la reconciliación.
Jeny Castañeda ha participado en el Congreso Perdón, Reconciliación y Noviolencia que ha tenido lugar este fin de semana en la Casa Emaús de Torremocha de Jarama (Madrid), y se encuentra en España para ofrecer su testimonio en varios eventos a lo largo de las próximas semanas.
Su historia forma parte esencial de El mayor regalo, la última película de Juan Manuel Cotelo, junto a quien Jeny tiene la amabilidad de recibirnos. Se estrena el 9 de noviembre y ella aún no la ha visto, pero sí el tráiler, en cuyos instantes finales (2:06) la vemos abrazar a Isaza:
“El tráiler nos ha tocado mucho”, confiesa, “la película va a tocar muchos corazones. A veces nos peleamos y dejamos de hablarnos con padres, hermanos, amigos… por estupideces, por bobadas, porque no hizo lo que yo quise, porque no me compró lo que yo apetecía... Sé que tras ver la película muchas personas van a vencer el orgullo, que es la causa de casi todo, y van a abrazar a las personas con las que guardaban rencor”.
“Hay cosas más grandes y más imposibles”, concluye, “como perdonar al asesino de tu madre”. Un regalo para el perdonado y –nos deja Jeny muy claro– más aún para quien perdona.

viernes, 24 de noviembre de 2017

«Lloré y recé por su alma»: el perdón de una víctima de Charles Manson que sorprende al mundo 24112017

Debra, hermana de Sharon Tate, asegura que «el odio no es sano»

«Lloré y recé por su alma»: el perdón de una víctima de Charles Manson que sorprende al mundo

«Lloré y recé por su alma»: el perdón de una víctima de Charles Manson que sorprende al mundo
Debra Tate asegura que reza por los asesinos de su hermana Sharon

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24 noviembre 2017
Muy pocos asesinos han sido tan conocidos en todo el mundo como Charles Manson. Este domingo fallecía de manera natural a los 83 años tras pasar los últimos 46 en la misma celda. Trece películas se han inspirado en este criminal y miles de seguidores aún le aclaman pese a instigar unos asesinatos brutales, en los que el fiscal del caso habló de vinculaciones esotéricas, por los que fue condenado a cadena perpetua.

Los seguidores de su grupo, conocidos como “Familia Manson”, protagonizaron unos de los crímenes más horribles que se recuerdan en la mansión del director Roman Polanski. Era el 8 de agosto de 1969 y en este chalet fueron asesinados cinco adultos, entre ellos Sharon Tate, prometedora actriz, mujer del director de cine polaco y embarazada de ocho meses y medio.

Una respuesta que ha dejado descolocado a muchos
Los investigadores definieron el escenario del crimen como “una escena macabra”. Tate recibió 16 puñaladas, con su sangre pintaron en la pared la palabra "cerdo" y fue colgada del techo mientras que sus acompañantes recibieron incluso más puñaladas. También les dispararon.


Charles Manson, en su llegada al juicio de Sharon Tate

Aquel día, Debra Tate quería ir a casa de su hermana mayor pero no le dejaron, y fue así como salvó la vida. Ahora que ha muerto el líder del grupo que mató a Sharon todas las miradas se han dirigido a ella. Y su respuesta a los periodistas ha dejado estupefactos a muchos pues ha hablado de perdón y oración, algo que contrasta con toda la brutalidad que rodeo a aquel aberrante crimen.

Las hermanas Tate eran católicas y habían sido educadas en esta fe por su madre, que según Debra era muy devota. Y esta fe es la que le ha permitido sobrellevar durante décadas un suceso como este, que aterrorizó al mundo.

Su primera reacción fue rezar por el alma de Charles Manson
Un funcionario de la prisión en la que cumplía condena Charles Manson llamó a Debra para comunicarle su muerte. Preguntada por la revista People sobre cuál fue su primera reacción tras saber que el asesino de su hermana ya no vivía, respondió: “Hice una oración por su alma”.

“Derramé una lágrima y coloqué una flor debajo del crucifijo de mi habitación; después le mandé un correo electrónico a Roman”, agregó a Daily News.

Debra afirmó que tanto Manson como sus seguidores homicidas han sido parte de su vida durante estos últimos 48 años, pese a que ella no hubiera querido que así fuera. “Cada una de estas personas y yo misma ahora somos espíritus o nuestras voluntades están ligeramente involucradas”.

Su hermana y su sobrino, al que le quedaban apenas dos semanas para nacer, murieron de manera brutal, pero este sentimiento de perdón y oración no es nuevo en ella, pese a la sorpresa de los medios de comunicación.

No desea el mal a los asesinos de su hermana
En 2009, cuando falleció por un cáncer Susan Atkins, otra de las condenadas, ya dijo que como católica no deseaba “ningún mal” a los asesinos y dijo que haría lo mismo el día que muriera Manson, y así lo ha hecho.


Sharon Tate tenía una carrera prometedora en el cine

En aquel momento afirmó sobre el líder de este grupo que cuando muriese “probablemente pronunciaría una oración, derramaré alguna lágrima y le pediré a Dios que tenga piedad de sus almas”.

En otra ocasión decía que “el crucifijo que tengo en el dormitorio todavía tiene las flores que deposité a los pies de Jesús cuando Susan (Atkins) murió”. “Lloré y pedí por su alma, y haré lo mismo cuando Charlie muera”.

"He perdonado"
Sobre él, Debra afirma que “ya he procesado todo el odio que sentía hacia él. El odio no es sano, y tampoco traerá de vuelta a mi hermana. Se podría decir que le he perdonado, pero hay una diferencia entre perdonar y olvidar”.

Y además, asegura que “no hay nada que vaya a traer a mi hermana a la vida”, por lo que mira hacia adelante volcándose en ayudar a víctimas de crimen como del que ella fue víctima. “Es mi responsabilidad proteger a otros del dolor y la pena que esos criminales nos causaron a nosotros”.