Mostrando entradas con la etiqueta San Cornelio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Cornelio. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de octubre de 2019

San Cornelio, santo del NT (20 de octubre)


San Cornelio, santo del NT

fecha: 20 de octubre
canonización: bíblico
Elogio: Conmemoración de san Cornelio, centurión, que en la ciudad de Cesarea de Palestina fue bautizado por el apóstol san Pedro, como primicia de la Iglesia de los gentiles.
Había en Cesarea un hombre, llamado Cornelio, centurión de la cohorte Itálica, piadoso y temeroso de Dios. Como toda su familia, daba muchas limosnas al pueblo y continuamente oraba a Dios.
Vio claramente en visión, hacia la hora nona del día, que el Ángel de Dios entraba en su casa y le decía:
-«Cornelio»
Él le miró fijamente y lleno de espanto dijo:
-«¿Qué pasa, señor?»
Le respondió:
-«Tus oraciones y tus limosnas han subido como memorial ante la presencia de Dios. Ahora envía hombres a Joppe y haz venir a un tal Simón, a quien llaman Pedro. Este se hospeda en casa de un tal Simón, curtidor, que tiene la casa junto al mar.»
Apenas se fue el ángel que le hablaba, llamó a dos criados y a un soldado piadoso, de entre sus asistentes, les contó todo y los envió a Joppe.
Al día siguiente, mientras ellos iban de camino y se acercaban a la ciudad, subió Pedro al terrado, sobre la hora sexta, para hacer oración. Sintió hambre y quiso comer. Mientras se lo preparaban le sobrevino un éxtasis, y vio los cielos abiertos y que bajaba hacia la tierra una cosa así como un gran lienzo, atado por las cuatro puntas. Dentro de él había toda suerte de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo. Y una voz le dijo:
-«Levántate, Pedro, sacrifica y come.»
Pedro contestó:
-«De ninguna manera, Señor; jamás he comido nada profano e impuro.»
La voz le dijo por segunda vez:
-«Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano.»
Esto se repitió tres veces, e inmediatamente la cosa aquella fue elevada hacia el cielo.
Estaba Pedro perplejo pensando qué podría significar la visión que había visto, cuando los hombres enviados por Cornelio, después de preguntar por la casa de Simón, se presentaron en la puerta; llamaron y preguntaron si se hospedaba allí Simón, llamado Pedro. Estando Pedro pensando en la visión, le dijo el Espíritu:
-«Ahí tienes unos hombres que te buscan. Baja, pues, al momento y vete con ellos sin vacilar, pues yo los he enviado.»
Pedro bajó donde ellos y les dijo:
-«Yo soy el que buscáis; ¿por qué motivo habéis venido?»
Ellos respondieron:
-«El centurión Cornelio, hombre justo y temeroso de Dios, reconocido como tal por el testimonio de toda la nación judía, ha recibido de un ángel santo el aviso de hacerte venir a su casa y de escuchar lo que tú digas.»
Entonces les invitó a entrar y les dio hospedaje. Al día siguiente se levantó y se fue con ellos; le acompañaron algunos hermanos de Joppe.
Al siguiente día entró en Cesarea. Cornelio los estaba esperando. Había reunido a sus parientes y a los amigos íntimos. Cuando Pedro entraba salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies. Pedro le levantó diciéndole:
-«Levántate, que también yo soy un hombre.»
Y conversando con él entró y encontró a muchos reunidos. Y les dijo:
-«Vosotros sabéis que no le está permitido a un judío juntarse con un extranjero ni entrar en su casa; pero a mí me ha mostrado Dios que no hay que llamar profano o impuro a ningún hombre. Por eso al ser llamado he venido sin dudar. Os pregunto, pues, por qué motivo me habéis enviado a llamar.»
Cornelio contestó:
-«Hace cuatro días, a esta misma hora, estaba yo haciendo la oración de nona en mi casa, y de pronto se presentó delante de mí un varón con vestidos resplandecientes, y me dijo: 'Cornelio, tu oración ha sido oída y se han recordado tus limosnas ante Dios; envía, pues, a Joppe y haz llamar a Simón, llamado Pedro, que se hospeda en casa de Simón el curtidor, junto al mar'. Al instante mandé enviados donde ti, y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros, en la presencia de Dios, estamos dispuestos para escuchar todo lo que te ha sido ordenado por el Señor.»
Entonces Pedro tomó la palabra y dijo:
-«Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justicia le es grato. Él ha enviado su Palabra a los hijos de Israel, anunciándoles la Buena Nueva de la paz por medio de Jesucristo que es el Señor de todos. Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo; cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él; y nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la región de los judíos y en Jerusalén; a quien llegaron a matar colgándole de un madero; a éste, Dios le resucitó al tercer día y le concedió la gracia de aparecerse, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había escogido de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos. Y nos mandó que predicásemos al Pueblo, y que diésemos testimonio de que él está constituido por Dios juez de vivos y muertos. De éste todos los profetas dan testimonio de que todo el que cree en él alcanza, por su nombre, el perdón de los pecados.»
Estaba Pedro diciendo estas cosas cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban la Palabra. Y los fieles circuncisos que habían venido con Pedro quedaron atónitos al ver que el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, pues les oían hablar en lenguas y glorificar a Dios. Entonces Pedro dijo:
-«¿Acaso puede alguno negar el agua del bautismo a éstos que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?»
Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedase algunos días.
Ninguna mejor hagiografía de Cornelio que esta pieza tomada de Hechos de los Apóstoles, capítulo 10, el hermoso fragmento que da inicio a la evangelización de los gentiles. El cuadro que ilustra es el Bautismo de Cornelio, por Michel Corneille I, año 1650 aprox.

accedida 2608 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3830

lunes, 16 de septiembre de 2019

San Cornelio, Papa y San Cipriano, Obispo. Mártires de la Iglesia (16 de septiembre)

San Cornelio, Papa y San Cipriano, Obispo. Mártires de la Iglesia

san cornelio san cipriano martires de la iglesia

Que los bienaventurados mártires, pontífice san Cornelio y el obispo San Cipriano nos haga experimentar los efectos de su protección.

  
La Fiesta de San Cornelio y San Cipirano, mártires de la Iglesia, se celebra el mismo día. Fueron dos amigos al servicio de Cristo y de la Iglesia. Cornelio fue elegido Papa para suceder a Fabián en una elección retrasada catorce meses debido a la cruel persecución de Decio contra los cristianos. El tema principal de su pontificado fue el trato que se deberían dar a los cristianos que habían apostatados durante la persecución y que se habían arrepentidos. Se opuso a Novatian, el primer antipapa, quien creía que estos apóstatas que se arrepintieron no podían ser perdonados. Ayudado por San Cipriano, su fiel amigo, Cornelio confirmó su autoridad papal.

Fiesta: 16 de Septiembre

Martirologio romano: Memoria de los santos mártires Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, de los cuales, el 14 de septiembre se relata la sepultura del primero y la pasión del segundo. El mundo cristiano de hoy los alaba juntos, con una sola voz, como un testimonio claro de amor por esa verdad que no conoce el fracaso, por su fe profesada en tiempos de persecución delante de la Iglesia de Dios y el mundo.

Biografía del Papa Cornelio

San Cornelio, Papa y mártir, era natural de Roma, fue elegido Papa por su humildad y bondad, después de un período de sede vacante a causa de la violenta persecución de Decio.
El hereje Noviziano se opuso fuertemente a él, lo que desencadenó en un cisma, pero Cornelio fue reconocido por prácticamente todos los obispos, sobre todo por San Cipriano. Murió en el año 253, encarcelado en Civitavecchia, durante la persecución de Gallo.
Este Pontífice fue martirizado en la persecución del emperador Decio en el año 253. Su Pontificado se vió amargado por la rebelión de un hereje llamado Novaciano que proclamaba que la Iglesia Católica no tenía poder para perdonar pecados y que por lo tanto el que alguna vez hubiera renegado de su fe, nunca más podía ser admitido en la Santa Iglesia.
El hereje afirmaba también que ciertos pecados como la fornicación e impureza y el adulterio, no podían ser perdonados jamás.
El Papa Cornelio se le opuso y declaró que si un pecador se arrepiente en verdad y quiere empezar una vida nueva de conversión, la Santa Iglesia puede y debe perdonarle sus antiguas faltas y admitirlo otra vez entre los fieles.
A San Cornelio lo apoyaron San Cipriano desde Africa y todos los demás obispos de occidente.
El gobierno del perseguidor Decio lo desterró de Roma. Luego de desterrado, recibió el consuelo de las cartas que le dirigió San Cipriano, rico patricio convertido y obispo de Cartago, y luego a causa de los sufrimientos y malos tratos que recibió durante su destierro, murió en el destierro, como un mártir.

Biografía del Obispo Cipriano

San Cipriano, Obispo de Cartago y mártir, nació en Cártago en el año 210. Después de tres años de su conversión al cristianismo, fue elegido obispo de su ciudad natal.
Cipriano se retiró en la clandestinidad durante la persecución del cruel emperador Valeriano. Consciente de que sería condenado a muerte, regresó Cártago para dar testimonio delante de todos los fieles de la Iglesia. Fue decapitado en el año 258.
Este Santo fue uno de los más importante del Africa y el más brillante de los obispos de este continente, antes de que apareciera San Agustín.
Había nacido en el año 200 en Cartago (norte de Africa) y se dedicó a la labor de educador, conferencista y orador público. Tenía una inteligencia privilegiada, una gran habilidad para hablar en público, y una personalidad brillante y simpática que le conseguía un impresionante ascendiente sobre los demás.
Llegado a la mayoría de edad se convirtió al cristianismo. Se hizo bautizar y una vez bautizado hizo el juramento de permanecer siempre casto, y de no contraer matrimonio.
A las personas les llenó de admiración el tal voto o juramento, porque esto no se acostumbraba en aquellos tiempos.
Cipriano descubrió que la Santa Biblia contiene tesoros maravillosos de buenas enseñanzas y se dedicó a estudiar este Libro Santo y a leer los comentarios que los antiguos santos habían escrito sobre ella.
San Cipriano hizo el sacrificio de renunciar a su literatura mundana que tanto le agradaba. Escribió un comentario acerca del Padrenuestro, tan bello, que hasta ahora no ha sido superado por otro autor.

Cipriano: Sacerdote y Obispo por clamor popular

Fue ordenado sacerdote, y en el año 248 al morir el obispo de Cártago, el pueblo y los sacerdotes aclamaron a Cipriano como el más digno para ser el nuevo obispo de la ciudad.
Aunque se resistió al inicio, no se pudo oponer al clamor del pueblo y aceptó el cargo, diciendo: "Me parece que Dios ha expresado su voluntad por medio del clamor del pueblo y de la aclamación de los sacerdotes". Y llegó a ser el más importante de todos los obispos que tuvo Cartago.
En el año 251 el emperador Decio decreta una terrible persecución contra los cristianos e invita a todos los cristianos a renegar de su religión y quemar incienso ante los dioses.
Cipriano, en un acto de prudencia, huye y se esconde, pero desde su escondite envía continuas cartas a los creyentes invitándolos a no abandonar la religión por nada en la vida.
Hubo un corto período de paz y Cipriano volvió a su cargo de obispo. Pero encontró que algunos aceptaban sin más en la Iglesia a los que habían apostatado de la religión, sin exigirles hacer penitencia de ninguna clase.
Se opuso a esta relajación y en adelante a todo renegado que quiso volver a la Iglesiale exigió que hiciera antes cierto tiempo de penitencia.
El año 252, llega la peste de tifo negro a Cartago y empiezan a morir cristianos por centanares y quedan miles de huérfanos. El obispo Cipriano se dedica a repartir ayudas a los que han quedado en la miseria.
Vende todo lo más valioso que hay en su casa episcopal, y pronuncia unos de los sermones más bellos que se han compuesto en la Iglesia Católica acerca de la limosna
El año 257 el emperador Valeriano decretó una violentísima persecución contra los cristianos y a Cipriano le decretan en el año 157 la pena de destierro, pero como donde quiera que vaya sigue celebrando ceremonias religiosas, en el año 258 le decretan pena de muerte.
Se conservan las actas de la última audiencia que los jueces le hicieron para condenarlo al martirio. Son muy interesantes. Dicen así:
  • El juez: El emperador Valeriano ha dado órdenes de que no se permite celebrar ningún otro culto, sino el de nuestros dioses. ¿Ud. Qué responde?
  • Cipriano: Yo soy cristiano y soy obispo. No reconozco a ningún otro Dios, sino al único y verdadero Dios que hizo el cielo y la tierra. A El rezamos cada día los cristianos.
  • El 14 de septiembre una gran multitud de cristianos se reunió frente a la casa del juez. Este le preguntó al mártir: "¿Es usted el responsable de toda esta gente?
  • Cipriano: Si, lo soy.
  • El juez: El emperador le ordena que ofrezca sacrificios a los dioses.
  • Cipriano: No lo haré nunca.
  • El juez: Píenselo bien.
  • Cipriano: Lo que le han ordenado hacer, hágalo pronto. Que en estas cosas tan importantes mi decisión es irrevocable, y no va a cambiar.
  • El juez Valerio consultó a sus consejeros y luego de mala gana dictó esta sentencia:
    "Ya que se niega a obedecer las órdenes del emperador Valeriano y no quiere adorar a nuestros dioses, y es responsable de que todo este gentío siga sus creencias religiosas, Cipriano: queda condenado a muerte. Le cortarán la cabeza con una espada".
  • Al oír la sentencia, Cipriano exclamó: ¡Gracias sean dadas a Dios!
Toda la inmensa multitud gritaba: "Que nos maten también a nosotros, junto con él", y lo siguieron en gran tumulto hacia el sitio del martirio.
Al llegar al lugar donde lo iban a matar Cipriano mandó regalarle 25 monedas de oro al verdugo que le iba a cortar la cabeza. Los fieles colocaron sábanas blancas en el suelo para recoger su sangre y llevarla como reliquias.
El santo obispo se vendó él mismo los ojos y se arrodilló. El verdugo le cortó la cabeza con un golpe de espada. Esa noche los fieles llevaron en solemne procesión, con antorchas y cantos, el cuerpo del glorioso mártir para darle honrosa sepultura.
A los pocos días murió de repente el juez Valerio. Pocas semanas después, el emperador Valeriano fue hecho prisionero por sus enemigos en una guerra en Persia y esclavo prisionero estuvo hasta su muerte.
¿Por qué no amas a Jesucristo? Él te amó cuando aún eras su enemigo; murió por ti en una cruz; te promete el cielo en recompensa de tu amor. y sin embargo, en vez de amarlo, lo ofendes todos los días; te pones de parte del demonio su adversario. ¿Qué te ha hecho Jesucristo para que lo trates tan cruelmente?Puesto que el mundo te detesta, ¿por qué amas al que te odia? ¿Por qué más bien no amas a quien te redimió? (San Cipriano)

domingo, 15 de septiembre de 2019

Santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires (16 de septiembre)


Santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires

fecha: 16 de septiembre
†: 252, 258
canonización: pre-congregación
Elogio: Memoria de san Cornelio, papa, y san Cipriano, obispo, mártires, acerca de los cuales el catorce de septiembre se relata la sepultura del primero y la pasión del segundo. Juntos son celebrados en esta memoria por todo el orbe cristiano, porque, en días de persecución, ambos testimoniaron su amor por la verdad indefectible ante Dios y el mundo.
Oración: Oh Dios, que has puesto al frente de tu pueblo, como abnegados pastores y mártires intrépidos, a los santos Cipriano y Cornelio, concédenos, por su intercesión, fortaleza de ánimo y de fe para trabajar con empeño por la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
ver las respectivas hagiografías de estos dos santos el día 14 de septiembre: Cornelio y Cipriano.

accedida 4640 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3340

sábado, 14 de septiembre de 2019

San Cornelio, papa mártir (14 de septiembre)


San Cornelio, papa mártir
fecha: 14 de septiembre
†: 252 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Roma, en la vía Apia, en la cripta de Lucina del cementerio de Calixto, sepultura de san Cornelio, papa y mártir, que se opuso firmemente a la escisión de Novaciano, y con gran espíritu de caridad recuperó a la plena comunión con la Iglesia a muchos cristianos caídos en la herejía. Padeció al final el destierro en Civitavecchia, lugar de Toscana, por parte del emperador Galo, y sufrió lo indecible en palabras de san Cipriano. Su memoria se celebra pasado mañana.
Patronazgos: patrono de los agricultores, protector del ganado, y contra la epilepsia (llamada en algunos sitios «enfermedad de Cornelio»), convulsiones, enfermedades nerviosas y enfermedades del oído; protector de los enamorados.

Debido a la violencia de la persecución de Decio, la sede pontifical de Roma estuvo vacante por más de doce meses después del martirio del papa San Fabián, hasta que el sacerdote Cornelio fue elegido Papa, «por el juicio de Dios y de Jesucristo, por el testimonio de la mayoría del clero, por el voto del pueblo y con el consentimiento de los sacerdotes ancianos y los hombres de buena voluntad», según nos dice san Cipriano. «Aceptó con valor el episcopado, ocupó con entereza la silla sacerdotal, fuerte de espíritu, firme en su fe, en momentos en que el tirano (Decio), movido por su odio a los obispos, profería terribles amenazas contra ellos y le preocupaba más exterminar al nuevo obispo de Dios en Roma que aniquilar al príncipe rival en el imperio». Sin embargo, los primeros problemas del nuevo Papa surgieron no tanto del poder secular como de las disensiones internas, a pesar de que éstas se derivaban de la misma persecución o, mejor dicho, del cese temporal de aquella persecución. Mientras estuvo vacante la sede de San Pedro, se produjo en Africa una disputa en relación con la forma en que debían ser tratados los apóstatas, y se había constituido un partido que estaba en favor de la indulgencia y que amenazaba a la disciplina canónica y la autoridad episcopal. El obispo de Cartago, san Cipriano, había escrito a Roma para pedir apoyo a su punto de vista de que los apóstatas arrepentidos sólo podían ser readmitidos en la comunión por una libre decisión del obispo. Un sacerdote llamado Novaciano, dirigente entre el clero romano, había respondido para aprobar la opinión de san Cipriano, pero no sin insinuar que adoptara una actitud más severa. Pocas semanas después de la elección de Cornelio, el sacerdote Novaciano se autonombró obispo de Roma en oposición al Papa. Uno de sus primeros actos fue el de negar que la Iglesia tuviera algún poder para perdonar a los apóstatas por muy arrepentidos que estuviesen y por muchas penitencias que hubieran practicado. Aquel advenedizo agregó a la apostasía como «pecados imperdonables», el asesinato, el adulterio y la fornicación. Novaciano, lo mismo que su antecesor Hipólito, opuso al Papa legítimo su habilidad e inteligencia superiores; a la larga fue vencido por el orgullo y la ambición, pero no sin haber llegado a ser el primer antipapa propiamente dicho y el jefe de una secta hereje que, por lo menos en África, subsistió durante varios siglos. El papa Cornelio, por su parte, contaba con el apoyo de san Cipriano y los otros obispos africanos, en su posición de que la Iglesia tenía el poder de perdonar a los apóstatas arrepentidos y de admitirlos de nuevo en su comunión, después de la debida penitencia; contaba además con la simpatía de los obispos del Oriente, y así fue como, durante un sínodo de obispos occidentales en Roma, fueron condenadas las doctrinas de Novaciano y excomulgados sus seguidores.
La persecución contra los cristianos se intensificó de nuevo a principios del año 253, y el Papa fue desterrado a Centumcellae (Civita Vecchia). Cipriano, que tenía una gran admiración por san Cornelio, le escribió una carta congratulatoria por haber podido gozar de la felicidad de sufrir por Cristo y, más todavía, por la gloria de su Iglesia, ya que ni uno solo de los cristianos romanos había renegado de la fe. «Con un solo corazón y a una voz, toda la Iglesia romana ha confesado. Así se ha manifestado, mi muy amado hermano, la fe que alababa el bendito Apóstol (Cf. San Pablo a los Romanos 1,8) y se ha manifestado en ti, porque, desde entonces, él preveía en espíritu tu gloriosa fortaleza y la seguridad de tu fe». San Cipriano vaticina claramente a san Cornelio el conflicto en que iban a verse envueltos los dos y agrega en su carta: «Cualquiera de nosotros que sea el primero en emprender el viaje, que nuestra caridad persevere y nunca cesen las plegarias al Padre por nuestros hermanos y nuestras hermanas». San Cornelio fue el primero en ser llamado en junio del mismo año de 253. Con frecuencia, san Cipriano se refiere a él como mártir, pero, no obstante que los relatos posteriores afirman que fue decapitado, lo más probable es que no haya sido ejecutado directamente, sino que muriera a consecuencia de las penurias, fatigas y sufrimientos de su destierro en Centumcellae. Su cadáver fue llevado a Roma y enterrado allí, no en el cementerio de los papas propiamente dicho, sino en una cripta cercana a Lucina que tal vez era el lugar de sepultura de la gens Cornelia, casa ésta a la que se dice que pertenecía el Papa. La amistad de san Cipriano de Cartago fue el gran apoyo del papa san Cornelio como Sumo Pontífice y como defensor de la Iglesia contra el rigorismo de Novaciano, y la estrecha asociación entre ambos se ha reconocido, desde entonces, como muy valiosa. En la tumba de Cornelio se conservó la memoria de san Cipriano en el siglo cuarto, por medio de una inscripción y, cuatro siglos después, se pintó la imagen del obispo de Cartago en los muros de la cripta; a los dos se les nombra juntos en el canon de la misa el 14 de septiembre, fecha del martirio de san Cipriano y, dos días después, se celebra su fiesta en toda la Iglesia de Occidente.
Una mención aparte merece la curiosidad de que este papa fuera elegido como patrono de las enfermedades nerviosas: «en Bretaña -señala Jean Mathieu-Rosay-, los ganaderos paganos adoraban a un tal Corneno, un horrible ídolo con cuernos. Los misioneros de la región de Carnac no lograban alejarlos de esa superchería y que se convirtieran al catolicismo. Basándose en el sabio principio de que nunca se termina de suprimir lo que no se reemplaza, eligieron de entre la relación de santos cristianos el nombre que tenía más posibilidades de sustituir a Corneno. Y el escogido fue Comelio: no eran tiempos para que los bravos bretones se fijaran en cuestiones de ortografía... aunque quedaba el problema de los cuernos, que, como es natural, no cabían en la figura de un papa. La solución consistió en que, en lugar de ponerlos en su cabeza, se los pusieron en las manos. De ese modo aceptaron los bretones a san Cornelio y le confiaron sus ganados. En cuanto al segundo patronazgo de las enfermedades nerviosas, surgiría en la Edad Media. En aquella época se intentaba calmar a los epilépticos haciéndoles oler aromas imposibles, como por ejemplo la de cuerno quemado. Siendo así que a san Cornelio se le representaba con un cuerno en la mano, se hizo de él una especie de caja mágica para sanar toda clase de enfermedades nerviosas. Sin investigar con mayor detenimiento la relación entre ambas cosas se le «confió» la mencionada especialización suplementaria. Y todavía hoy, en el día de la fiesta, el 16 de septiembre, los cristianos de la región llevan a sus familiares afectados de convulsiones para que sean bendecidos por los sacerdotes de la parroquia. (El bueno de Cornelio, sin duda rendido ante la fe de los que invocan su favor ante Dios, les corresponde con su intercesión).»
La historia de San Cornelio comprende un episodio muy importante en la historia eclesiástica, el de los relapsi o apóstatas que piden volver a la fe, y, de Eusebio en adelante, ha llamado la atención de todos los escritores que se ocuparon de la Iglesia cristiana en sus primeros tiempos. Además del Acta Sanctorum, sept. vol. IV y los trabajos de Grisar, Duchesne, J. P. Kirsch, etc., consúltese a A. d'Ales, en Novatien (1925) y a J. Chapman, en Studies on the Early Papacy (1928), pp. 28 y ss. En cuanto al martirio, al lugar de su sepultura, la inscripción y el fresco de san Cipriano en la catacumba, ver a Wilipert en La cripta dei Papi e la capella di santa Cecilia (1910) ; Franchi de Cavalieri, en Note Agiografiche, vol. vi , pp. 181-210; y a Delehaye en Analecta Bollandiana, vol. XXIX (1910), pp. 185-186. La llamada «Pasión de San Cornelio» es un documento que no tiene valor histórico. El fragmento referido al patronazgo fue tomado de «Los Papas, de San Pedro a Juan Pablo II», de Jean Mathieu-Rosay, Rialp, Madrid, 1990, y añadido al artículo original del Butler-Guinea.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 4291 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3314