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viernes, 21 de julio de 2017

Una humilde lección de estilo del cardenal Sarah 20072017

Una humilde lección de estilo del cardenal Sarah

Sarah
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Desde el 6 de julio está en venta en Italia el último libro del cardenal Robert Sarah: "La fuerza del silencio", publicado por Cantagalli. Y como ha sucedido con su precedente "Dios o nada", también este libro, traducido a varios idiomas, está conquistando a numerosos lectores en todo el mundo.
Los conquista por el estilo y los contenidos que son nítidos y esenciales, centrados en las cuestiones más radicales para la Iglesia y la humanidad hodierna. Un estilo y unos contenidos que, indiscutiblemente, están lejos de lo que le gusta al Papa Francisco; pero que están muy cercanos, en cambio, a la sensibilidad de Benedicto XVI, que enriquece la edición italiana del libro, como ya hizo hace dos meses con la alemana, con un prólogo que Settimo Cielo ha publicado íntegro, en el que denuncia los riesgos de una Iglesia "en la que en lugar de la Palabra es muy frecuente hallar una verbosidad que disuelve la grandeza de la Palabra". Y esto mientras reina el Pontífice más locuaz de la historia.
En su prólogo, Joseph Ratzinger expresa gratitud al Papa Francisco por haber puesto al cardenal Sarah, "este maestro del silencio y la oración íntima", a la cabeza de la congregación para la liturgia en la Iglesia, porque "con él la liturgia está en buenas manos".
Hace pocos días, también el cardenal Sarah ha elogiado amablemente a Francisco por "el recogimiento y la piedad con los que celebra la santa misa".
Y esto a pesar del descuido que demuestra el Papa Jorge Mario Bergoglio por las cuestiones litúrgicas, por no hablar de la dureza con la que ha tratado hasta ahora al cardenal, llegando incluso a contradecirlo y humillarlo públicamente.
Cada uno tiene su estilo. El cardenal Sarah siempre ha evitado intervenir públicamente de forma explicita contra las ambigüedades -generadoras de "dubia"- de "Amoris laetitia". Pero sin callar nunca su clarísima posición al respecto.
Como puede leerse en este pasaje de su libro "La fuerza del silencio".
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LA EUCARISTÍA TRANSFORMADA EN UNA BANAL VERBENA
Hoy algunos sacerdotes tratan la Eucaristía con un absoluto desprecio. Ven la Misa como un banquete locuaz en el que los cristianos fieles a la enseñanza de Jesús, los divorciados vueltos a casar, hombres y mujeres en situación de adulterio y turistas no bautizados que participan en celebraciones eucarísticas de multitudes anónimas, pueden recibir sin hacer distinciones el cuerpo y la sangre de Cristo.
La Iglesia tiene que estudiar con urgencia la oportunidad eclesial y pastoral de estas multitudinarias celebraciones eucarísticas con millares de asistentes. Existe un inmenso peligro de convertir la Eucaristía, el gran misterio de la Fe, en una vulgar verbena, y de profanar el cuerpo y la preciosa sangre de Cristo. Los sacerdotes que distribuyen las sagradas especies sin conocer a nadie y entregan el Cuerpo de Jesús a cualquiera, sin distinguir cristianos de no-cristianos, participan en la profanación del Santo Sacrificio eucarístico. Con cierta complicidad voluntaria, quienes ejercen la autoridad en la Iglesia se hacen culpables al permitir el sacrilegio y la profanación del cuerpo de Cristo en esas gigantescas y ridículas auto-celebraciones, donde son muy pocos los que se dan cuenta de que se anuncia "la muerte del Señor hasta que venga".
Algunos sacerdotes infieles a la memoria de Jesús insisten más en el aspecto festivo y en la dimensión fraterna de la misa que en el sacrificio cruento de Cristo en la Cruz. La importancia de las disposiciones interiores y la necesidad de reconciliarnos con Dios aceptando dejarnos purificar por el sacramento de la confesión ya no están de moda. Ocultamos cada vez más la advertencia de san Pablo a los corintios: "Cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga. Así pues, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y la sangre del Señor. Examínese, por tanto, cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz; porque el que come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y débiles, y mueren tantos" (1 Cor 11, 27-30).
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Para otros pasajes de  "La fuerza del silencio", léase este servicio de www.chiesa publicado en mayo de 2016, cuando salió la edición francesa del libro:

La reforma de la reforma "se hará". También la quiere el Papa 06102016

La reforma de la reforma "se hará". También la quiere el Papa

Es lo que Francisco dijo en privado al cardenal Sarah, sólo para desautorizar todo después con un comunicado. Pero el prefecto de la liturgia la promete de nuevo, en un libro suyo hoy a la venta con el título: "La fuerza del silencio"

por Sandro Magister



ROMA, 6 de octubre de 2016 – El Papa cultiva una relación bifronte con el cardenal Robert Sarah: benévola de cerca, hostil a la distancia.

Sarah es uno de esos hombres de Iglesia con un presunto "corazón de piedra" contra los cuales el Papa arremete con frecuencia sin dar nombres, por ejemplo, en el discurso al final del sínodo, el pasado 24 de octubre:

> "Los corazones cerrados que se esconden detrás de las enseñanzas de la Iglesia…"

Ha sido Sarah, esta vez con nombre y apellido, en calidad de prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el destinatario de un comunicado inaudito y humillante de la sala de prensa de la Santa Sede, en este verano, contra sus propósitos de "reforma de la reforma" de la liturgia:

> Jesús vendrá desde Oriente. Pero en el Vaticano han perdido el rumbo(14.7.2016)

"¿Pero quién lo puede tocar? Es africano y goza de gran popularidad", murmuran en la corte del papa Francisco.

En efecto, el cardenal Sarah, de 71 años de edad, africano (de Guinea), es una figura de primera magnitud en la Iglesia actual, que adquirió una extraordinaria notoriedad y admiración universal gracias a un libro suyo publicado el año pasado, el cual es a la vez autobiografía y meditación espiritual, en el estilo de las "Confesiones" [de san Agustín], libro que tiene como título "Dieu ou rien", Dios o nada: 335 mil ejemplares vendidos en trece idiomas:

> Un Papa desde el África negra (10.4.2015)

Y ahora Sarah vuelve al campo con un libro nuevo y grande: "La force du silence", la fuerza del silencio. Al igual que el anterior, está a cargo de Nicolas Diat y termina con una conmovedora entrevista entre el cardenal y el abad de la Gran Cartuja, en los Alpes franceses, dom Dysmas de Lassus.

El libro está a la venta desde hoy, fiesta de san Bruno, el fundador del monacato cartujo, por ahora solamente en idioma francés, publicado por Ediciones Fayard, pero pronto también estará en italiano, en inglés y en español, editado respectivamente por Cantagalli, Ignatius Press y Palabra.

"Contre la dictature du bruit", contra la dictadura del rumor, dice el subtítulo. En efecto, el rumor ensordecedor de la sociedad moderna, que ha penetrado también en la Iglesia, es la columna sonora de esa "nada" que es el olvido de Dios, marcado a fuego en el libro anterior.

Mientras que, por el contrario, sólo el silencio permite "sentir la música de Dios".

La meditación de Sarah toca en profundidad la vida de la Iglesia. Son frecuentes las referencias a la liturgia y a las formas con frecuencia desordenadas con las que se la celebra hoy, es decir, a ese "culto divino" del cual el cardenal está a cargo como prefecto.

Algunos de estos pasajes – ya sean críticos, ya sean propositivos – se reproducen a continuación.

Hay uno en particular – el último aquí informado – que muestra cómo el cardenal Sarah no se amilana en absoluto frente a los continuos obstáculos que se le interponen por todas partes.

Es allí donde el cardenal vuelve a asegurar firmemente que "se hará" lo que el comunicado del verano pasado había intentado bloquear, es decir, esa "reforma de la reforma" en el campo litúrgico, sin la cual "no hay futuro para la Iglesia".

Frente a frente, el papa Francisco le había recomendado a Sarah que procediera con esta "reforma de la reforma", en la audiencia como siempre cálida que le había concedido el pasado mes de abril, tal como el mismo cardenal lo había referido a continuación.

Pero después, a la distancia – y dos días después de una segunda audiencia amistosa –, ejerció el veto, en ese comunicado traicionero de julio, de fuente anónima pero de todos modos aprobado en Santa Marta.

Como hombre de fe, Sarah profesa obediencia al Papa. O al menos al primero de los dos Francisco que encuentra frente a sí.

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"La reforma de la reforma se hará, se juega en ello el porvenir de la Iglesia"

por Robert Sarah

Tomado de "La force du silence", Fayard, 2016



"EL CUERPO DE JESÚS PARA TODOS, SIN DISCERNIMIENTO" (par. 205)

Hoy en día, algunos sacerdotes tratan a la Eucaristía con un desprecio absoluto. Ven la Misa como un banquete en el que se habla, en el que los cristianos fieles a la enseñanza de Jesús, los divorciados que se han vuelto a casar, los varones y las mujeres en situación de adulterio, los turistas no bautizados que participan en las celebraciones eucarísticas de las grandes multitudes anónimas pueden tener acceso, indistintamente, al Cuerpo y a la Sangre de Cristo. 

La Iglesia debe examinar urgentemente la oportunidad eclesial y pastoral de estas inmensas celebraciones eucarísticas compuestas por miles y miles de participantes. Existe el gran peligro de transformar la Eucaristía, “el gran misterio de la Fe”, en una vulgar kermesse y de profanar el Cuerpo y la Sangre preciosa de Cristo. Los sacerdotes que parten las especies sagradas no conocen a nadie y dan el Cuerpo de Jesús a todos, sin distinguir entre los cristianos y los no-cristianos, participan en la profanación del Santo Sacrificio eucarístico. Los que ejercen la autoridad en la Iglesia se convierten en culpables, mediante una forma de complicidad voluntaria, al dejar que se lleve a cabo el sacrilegio y la profanación del Cuerpo de Cristo en estas gigantescas y ridículas autocelebraciones, en las que muy pocos perciben que "se anuncia la muerte del Señor, hasta que él venga" (1 Co 11, 26).

Los sacerdotes infieles a la "memoria" de Jesús ponen más énfasis en el aspecto festivo y la dimensión fraternal de la Misa que en el sacrificio sangriento de Cristo en la cruz. La importancia de las disposiciones interiores y la necesidad de reconciliarnos con Dios aceptando que nos purifiquemos por el sacramento de la confesión no están a la moda hoy en día. Cada vez más dejamos de lado la advertencia de san Pablo a los corintios: "Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos" (cf. 1 Co 11, 27-30).


"MUCHOS SACERDOTES QUE ENTRAN TRIUNFALMENTE..." (par. 237)

¿Al comenzar nuestras celebraciones eucarísticas, cómo es posible eliminar a Cristo que lleva su cruz y camina con dolor bajo el peso de nuestros pecados hacia el lugar del sacrificio? Hay muchos sacerdotes que entran triunfalmente y suben al altar, saludan a ambos lados para parecer simpáticos. Observen el triste espectáculo de algunas celebraciones eucarísticas... ¿Por qué tanta ligereza y mundanidad en el momento del Santo Sacrificio? ¿Por qué tanta profanación y superficialidad frente a la extraordinaria gracia sacerdotal que nos hace capaces de hacer presente en sustancia el Cuerpo y la Sangre de Cristo a través de la invocación del Espíritu? ¿Por qué algunos se creen obligados a improvisar o inventar oraciones eucarísticas que hacen desaparecer las frases divinas en un baño de escaso fervor humano? ¿Las palabras de Cristo son insuficientes para multiplicar los términos puramente humanos? ¿En un sacrificio tan único y esencial son necesarias esas fantasías y esas creatividades subjetivas? "Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados", nos advierte Jesús (Mt 6, 7).


"PROCESIONES ACOMPAÑADAS CON DANZAS INTERMINABLES" (par. 266)

Hemos perdido el sentido más profundo del ofertorio. Pero éste es el momento en el que, como su nombre lo indica, el pueblo cristiano se ofrece en su totalidad, no al lado de Cristo sino en él, para su sacrificio que se realizará en la consagración. El Concilio Vaticano II ha resaltado admirablemente este aspecto, al enfatizar el sacerdocio bautismal de los laicos, sacerdocio que consiste esencialmente en ofrecernos al Padre con Cristo en el sacrificio […]

Si el ofertorio no es visto más que como una preparación de los dones, como un gesto práctico y prosaico, entonces será grande la tentación de añadir y de inventar ritos para suministrar lo que aquí es percibido como un vacío. En algunos países de África deploro las procesiones de ofrendas, largas y ruidosas, acompañadas de danzas interminables. Los fieles aportan toda clase de productos y de objetos que no tienen nada que ver con el sacrificio eucarístico. Estas procesiones dan la impresión de ser exhibiciones folklóricas que desnaturalizan el sacrificio sangrante de Cristo en la cruz y nos alejan del misterio eucarístico. Éste debe ser celebrado con sobriedad y recogimiento, pues estamos inmersos, nosotros también, en su muerte y en su ofrenda al Padre. Los obispos de mi continente deberían tomar medidas para que la celebración de la Misa no se convierta en una auto-celebración cultural. La muerte de Dios por amor a nosotros está más allá de toda cultura.


"VUELTOS HACIA ORIENTE" (par. 254)

No es suficiente prescribir simplemente más silencio. Para que cada uno comprenda que la liturgia nos vuelve interiormente hacia el Señor, sería beneficioso que durante las celebraciones, todos juntos – sacerdotes y fieles – estemos corporalmente vueltos hacia oriente, simbolizado por el ábside.

Esta manera de obrar resulta absolutamente legítima. Es conforme a la letra y al espíritu del Concilio. Los testimonios de los primeros siglos de la Iglesia abundan. "Cuando estamos de pie para rezar, nos volvemos hacia oriente", afirma san Agustín, haciéndose eco de una tradición que se remonta, según san Basilio, a los Apóstoles mismos. Las Iglesias fueron diseñadas para la oración de las primeras comunidades cristianas, las Constituciones apostólicas defendían en el siglo IV que ellas estuviesen orientadas hacia el este. Y cuando el altar está en el oeste, como en San Pedro de Roma, el oficiante debe volverse hacia el este y ponerse de cara al pueblo. 

Esta orientación corporal de la oración no es más que el signo de una orientación interior. […] ¿El sacerdote no invita al pueblo de Dios a seguirlo al comienzo de la gran plegaria eucarística, diciendo: "Elevemos nuestros corazones", a lo que el pueblo le responde: "Los tenemos levantados hacia el Señor"?

Como prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, tengo que recordar de nuevo que la celebración "versus orientem" está autorizada por las rúbricas del Misal, pues ella proviene de la tradición apostólica. No es necesaria una autorización particular para celebrar de este modo, pueblo y sacerdote, vueltos hacia el Señor. Si materialmente no es posible celebrar "ad orientem", se debe necesariamente poner una cruz sobre el altar, bien a la vista, como punto de referencia para todos. Cristo en la cruz es el Oriente cristiano.


"SI DIOS LA QUIERE, LA REFORMA DE LA REFORMA SE HARÁ" (par. 257)
 
Me niego a ocupar nuestro tiempo oponiendo una liturgia a otra, o el rito de san Pío V al del bienaventurado Pablo VI. Se trata de entrar en el gran silencio de la liturgia; es necesario saber dejarse enriquecer por todas las formas litúrgicas latinas u orientales que privilegian el silencio. Sin este espíritu contemplativo, la liturgia se convertirá en ocasión de angustias odiosas y de enfrentamientos ideológicos en vez de ser el lugar de nuestra unidad y de nuestra comunión en el Señor. Éste es el momento de entrar en este silencio litúrgico, vueltos hacia el Señor, que el Concilio quiso restaurar.

Lo que voy a decir ahora no entra en contradicción con mi sumisión y mi obediencia a la autoridad suprema de la Iglesia. Deseo servir profunda y humildemente a Dios, a la Iglesia y al Santo Padre, con devoción, sinceridad y apego filial. Pero aquí está mi esperanza: si Dios la quiere, cuándo la querrá y cómo la querrá, en la liturgia se hará la reforma de la reforma. Pero a pesar del rechinar de dientes, la reforma se hará, pues en ella se juega el futuro de la Iglesia.

Dañar la liturgia es dañar nuestra relación con Dios y la expresión concreta de nuestra fe cristiana. La Palabra de Dios y la enseñanza doctrinal de la Iglesia son comprendidas todavía, pero las almas que desean volverse hacia Dios, ofrecerle el verdadero sacrificio de alabanza y adorarlo, ya no son cautivadas por liturgias demasiado horizontales, antropocéntricas y festivas, asemejadas con frecuencia a acontecimientos culturales ruidosos y vulgares. Los medios de comunicación han invadido totalmente y han transformado en espectáculo el Santo Sacrificio de la Misa, memorial de la muerte de Jesús en la cruz para la salvación de nuestras almas. El sentido del misterio desaparece por los cambios, las adaptaciones permanentes, decididos en forma autónoma e individual para seducir nuestras mentalidades modernas profanas, marcadas por el pecado, el secularismo, el relativismo y el rechazo de Dios.

En muchos países occidentales vemos que los pobres abandonan la Iglesia Católica, pues ésta ha sido tomada por asalto por personas mal intencionadas que tienen figura de intelectuales y que desprecian a los pequeños y a los pobres. He aquí lo que el Santo Padre debe denunciar con voz alta y fuerte, pues una Iglesia sin los pobres no es más la Iglesia, sino un simple "club". Actualmente, en Occidente,  hay una gran cantidad de templos vacíos, cerrados, destruidos o transformados en estructuras profanas, violando su sacralidad y su destino original. A pesar de eso, conozco a muchos sacerdotes y fieles que viven su fe con un celo extraordinario y batallan cotidianamente para preservar y enriquecer las casas de Dios.

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El libro:

Robert Sarah avec Nicolas Diat, "La force du silence. Contre la dictature du bruit", Fayard, Paris, 2016.

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Traducción en español de José Arturo Quarracino, Temperley, Buenos Aires, Argentina.

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Para otras noticias y comentarios ir al blog de Sandro Magister en lengua italiana:

> SETTIMO CIELO

martes, 18 de julio de 2017

Benedicto XVI ante la muerte del cardenal Meisner: "Con la certeza que el Señor no abandona a su Iglesia…" 15072017

Benedicto XVI ante la muerte del cardenal Meisner: "Con la certeza que el Señor no abandona a su Iglesia…"

B-XVI
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He aquí la traducción del texto íntegro del mensaje – el original estaba escrito en alemán –, enviado el 15 de julio por el “Papa emérito” Benedicto XVI a la archidiócesis de Colonia, en Alemania, con ocasión del funeral del cardenal Joachim Meisner, uno de los firmantes de los “dubia” sometidos el año pasado al Papa Francisco y que aún no han recibido respuesta.
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"… AUNQUE A VECES LA BARCA ESTÁ A PUNTO DE ZOZOBRAR"
En estas horas en las que la Iglesia de Colonia y los creyentes de todas partes se despiden del cardenal Joachim Meisner, también yo estoy con ellos en mi corazón y en mi mente y por eso cumplo con agrado el deseo del cardenal Woelki de dirigirles a ustedes unas palabras de reflexión.
Cuando el miércoles pasado me llegó por teléfono la noticia del fallecimiento del cardenal Meisner, mi primera reacción fue de incredulidad, ya que el día anterior habíamos hablado por teléfono. A través de su voz resonaba el agradecimiento por el hecho que ahora estaba de vacaciones, luego de haber participado el domingo anterior en la beatificación del obispo Teofilius Martulionis, en Vilna. El amor a las Iglesias en los países vecinos del Este que habían sufrido bajo la persecución comunista, así como el agradecimiento por el haberse mantenido firmes durante los padecimientos de esa época lo marcaron a lo largo de su vida. Por eso no es casual que la última visita en su vida fue para rendir homenaje a uno de los confesores de la fe en esos países.
Lo que me impresionó especialmente en la última conversación con el fallecido cardenal fue la serenidad sosegada, la alegría interior y la confianza que él había encontrado. Sabemos que para él, pastor y cura apasionado, fue difícil dejar su oficio, justamente en una época en la Iglesia necesita en forma especialmente apremiante pastores convincentes que resistan la dictadura del espíritu de la época y vivan y piensen decididamente la fe. Pero mucho más me conmovió percibir que en este último período de su vida él había aprendido a soltarse y vivía cada vez más de la profunda certeza que el Señor no abandona a su Iglesia, aunque a veces la barca está a punto de zozobrar.
En el último tiempo hubo dos cosas que lo dejaban cada vez más contento y convencido:
– Por un lado, me contaba una y otra vez cómo lo llenaba de una alegría profunda experimentar en el sacramento de la penitencia la forma en que justamente hombres jóvenes –ante todo también varones jóvenes- viven la gracia del perdón –el regalo de haber encontrado realmente la vida que sólo Dios puede darles.
– Por otro lado, lo que lo conmovía y alegraba era el silencioso crecimiento de la adoración eucarística. En la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia éste fue para él un punto central: que haya adoración, un silencio en el que sólo el Señor habla a los corazones. Algunos expertos en pastoral y en liturgia opinaban que no se puede alcanzar un silencio tal si se contempla al Señor en medio de una cantidad tan enorme de personas. Algunos opinaban también que la adoración eucarística como tal está superada desde el momento en que el Señor quiere ser recibido en el pan eucarístico y no quiere ser mirado. Pero no se puede comer este pan como cualquier alimento y “recibir” al Señor en el sacramento eucarístico reclama todas las dimensiones de nuestra existencia… que el recibir debe ser adoración se ha vuelto mientras tanto muy claro. Así el momento de la adoración eucarística en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia se convirtió en un acontecimiento interior que no sólo fue inolvidable para el cardenal: para él este momento se mantuvo siempre presente y se convirtió para él en una gran luz.
Cuando en su última mañana el cardenal Meisner no apareció en la Misa fue encontrado muerto en su habitación. El Breviario se había escurrido de sus manos: él falleció rezando, a los ojos del Señor, en diálogo con el Señor. El modo de morir que le fue concedido señala una vez más cómo él vivió: a los ojos del Señor y en diálogo con él. Por eso podemos encomendar confiados su alma a la bondad de Dios.
Señor, te damos gracias por el testimonio de tu siervo Joachim. Permítele ser ahora intercesor para tu Iglesia de Colonia y para todo el mundo.
Requiescat in pace!
Benedicto XVI, Papa emeritus

viernes, 26 de febrero de 2016

La leyenda urbana de Pablo VI: Los anticonceptivos y las monjas en África 24022016

La leyenda urbana de Pablo VI: Los anticonceptivos y las monjas en África

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El Beato Papa Pablo VI. Foto: Wikipedia (dominio público)
El Beato Papa Pablo VI. Foto: Wikipedia (dominio público)








ROMA, 24 Feb. 16 / 02:24 pm (ACI).- El vaticanista italiano Sandro Magister explicó que no existe evidencia de que el Beato Papa Pablo VI haya concedido el permiso a las religiosas de El Congo para que tomen anticonceptivos en la década de los años sesenta cuando el país estaba en medio de una guerra civil y las monjas corrían el riesgo de ser violadas.
En un artículo publicado hoy en su blog Chiesa.it, Magister señala que “en ninguna parte resulta que Pablo VI haya concedido explícitamente ese permiso. Nadie ha podido citar nunca una sola palabra suya a este respecto”.
El origen de esta “leyenda urbana” se remonta al pontificado de San Juan XXIII. En 1961 “la cuestión sobre si era lícito que unas religiosas en peligro de ser violadas recurrieran a los anticonceptivos, en una situación de guerra como la que asolaba entonces en Congo, fue sometida a tres competentes teólogos moralistas”.
Ellos eran Pietro Palazzini, entonces secretario de la Sagrada Congregación del Concilio que luego sería cardenal; Francesco Hürth, jesuita y profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana; y Ferdinando Lambruschini, profesor en la Pontificia Universidad Lateranense y después Arzobispo de Perugia.
Los tres formularon juntos los correspondientes pareceres en la revista del Opus Dei, Studi Cattolici (Estudios Católicos), número 27 (1961) páginas 62 a 72, con el título: Una donna domanda: come negarsi alla violenza? Morale esemplificata. Un dibattito (Una mujer pregunta: ¿cómo negarse a la violencia? Moral ejemplificada. Un debate).
Los tres, explica Magister, “eran favorables a admitir la licitud de este acto, aunque con argumentos distintos. Y este parecer favorable no sólo pasó indemne el examen para nada sumiso del Santo Oficio, sino que se convirtió en doctrina común entre los moralistas católicos de cada escuela”.
Este es, según el vaticanista italiano Sandro Magister, el origen de la leyenda urbana sobre Pablo VI y su supuesto permiso para que las religiosas en medio de una situación de guerra y en peligro de ser violentadas usen anticonceptivos.
En 1968 el Papa Pablo VI publicó la profética encíclica con la que pasaría a la historia, la Humanae vitae, en la que condenó como intrínsecamente mala "toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación" (n° 14).
Esta condena a los anticonceptivos entró en 1997 con las mismas palabras en el numeral 2370 del Catecismo de la Iglesia Católica.
“Pero también después de la Humanae vitae la licitud del comportamiento de las hermanas congoleñas siguió siendo pacíficamente admitida, sin que Pablo VI y sus sucesores se pronunciaran en mérito”, afirma Magister.
En 1993, cuando el Papa era San Juan Pablo II, la cuestión volvió a plantearse pero esta vez por la guerra en Bosnia, no en el Congo.
“El teólogo moralista que ese año se hizo portavoz competente de la doctrina común favorable a la licitud fue el jesuita Giacomo Perico con un artículo en la revista La Civiltà Cattolica, impresa con el visto bueno de las autoridades vaticanas y que llevaba el título: ‘Violación, aborto y anticonceptivos’”, afirma el vaticanista italiano.
“En realidad, la controversia entre los moralistas, desde entonces hasta nuestros días, no tiene que ver con la licitud del acto en cuestión, sino con los fundamentos de dicha licitud”, añade.
Magister explica que existen dos corrientes de pensamiento entre los moralistas:
“Hay quien considera la licitud de este acto una ‘excepción’ a la que, por consiguiente, se podrían añadir otras, valoradas caso por caso, lo que invalidaría el atributo de ‘intrínsecamente malo’ –y, por lo tanto, ya no habría ninguna excepción– aplicado por la Humanae vitae a la anticoncepción”.
La segunda corriente considera que “el acto de las hermanas congoleñas o bosnias (es) un acto de legítima defensa de los efectos de un acto de violencia que nada tiene que ver con el acto conyugal libre y voluntario del que se quiere excluir la procreación, sobre el cual, y sólo sobre este, cae la condena –sin excepción de ningún tipo– de la Humanae vitae”.
El estudioso que de manera más clara ha reconstruido el choque entre estas dos corrientes es Martin Rhonheimer, profesor de ética y filosofía en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, indica Magister.
Rhonheimer ha escrito al respecto en el volumen Ethics of Procreation and the Defense of Human Life (La ética de la procreación y la defensa de la vida humana), The Catholic University of America Press, Washington, 2010, en las páginas 133-150, que a su vez reproducen un ensayo suyo precedente publicado en 1995 en La Scuola Cattolica, la revista de la facultad teológica de Milán, con el título Minaccia di stupro e prevenzione. Un'eccezione? (Amenaza de violación y prevención. ¿Una excepción?).
Puede leer la columna completa de Sandro Magister AQUÍ.