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miércoles, 5 de junio de 2019

CRISTO ESTÁ VIVO EN SU IGLESIA (Mons. José H. Gómez) 04062019


CRISTO ESTÁ VIVO EN SU IGLESIA


Estos días han sido un tiempo ocupado y hermoso dentro de mi ministerio.
Ahora que escribo esto, se celebra el noveno aniversario de mi Misa de bienvenida como arzobispo coadjutor de Los Ángeles.
¡Cómo se va el tiempo! Estos años han sido fuente de alegría en mi vida y le agradezco a Dios por el privilegio de servir a la familia de Dios de este lugar.
Estamos llegando al final del mes de María y en estos años que he pasado en Los Ángeles, he experimentado una creciente conciencia de su amorosa presencia en mi vida y de la protección que Ella ejerce con respecto a esta Iglesia local, que ha sido nombrada en honor de la Reina de los Ángeles.
Estamos llegando al final de esta feliz temporada posterior a la Pascua. Después de bautizar y acoger a muchos nuevos creyentes en la Vigilia Pascual, en estas semanas posteriores al día de Pascua, he estado celebrando tres o cuatro confirmaciones a la semana en parroquias de toda la arquidiócesis.
La Iglesia de Los Ángeles está viva y sigue creciendo. Lo veo en el entusiasmo de estos hombres y mujeres jóvenes que vienen para ser confirmados.
Ellos tienen hambre de saber cómo es Dios y dónde pueden encontrarlo, de saber cómo darle culto y lo que eso implica en cuanto a la manera como deben vivir. Estos jóvenes están dispuestos a seguir a Jesús a dondequiera que Él los guíe. Y ellos son un ejemplo para mi propia fe, para mi propio caminar con Jesús.
Este mes tuve también la alegría de instalar al obispo auxiliar Joseph Brennan como el nuevo obispo de Fresno, nuestro vecino del norte. Y justo después de eso, le dimos la bienvenida aquí a un nuevo obispo, ordenando al obispo auxiliar Alex Aclan.
En estas celebraciones nos acompañó el representante personal del Papa Francisco en nuestro país, el Nuncio Apostólico Christophe Pierre. Su presencia fue un signo de esperanza, un recordatorio de que cada Iglesia local está unida por vínculos espirituales con una Iglesia que es universal y global y, al mismo tiempo, una institución divina establecida por Cristo sobre los cimientos de los Doce Apóstoles.
Aquí y en Fresno, celebramos esto con alegres y festivas liturgias y con sencillas reuniones de familiares y amigos. Hubo diversión, risas y lágrimas de alegría.
Para mí, fue una alegría personal el poder pasar un tiempo con las familias del obispo Brennan y del obispo Aclan, conocer a sus seres queridos y darme cuenta de cómo el amoroso ejemplo que ellos presenciaron en sus hogares fue lo que dio origen a su vocación, a su gozosa fe y a su espíritu de servicio.
Durante los comentarios que hizo en la ceremonia de su ordenación, el obispo Aclan se mostró visiblemente conmovido al hablar de su amor por nuestra Santísima Madre María. Nunca olvidaré ese momento ni el sentimiento de la presencia materna de María, velando por todos nosotros y por nuestras familias.
Me estoy preparando para ordenar nuevos sacerdotes y diáconos permanentes para la familia de Dios durante los próximos fines de semana. Una vez más, Dios nos ha bendecido con hombres excelentes, que lo aman y que tienen un corazón capaz de revelarlo a Él a los demás.
Necesitamos tener en cuenta estas gracias y todas estas hermosas señales que Dios nos da en nuestra vida cotidiana. Por mi parte, así lo hago.
Jesús prometió estar con su Iglesia hasta el final de los tiempos y nos prometió su Espíritu para guiarnos. Él no nos abandonará.
Jesús murió por nosotros, resucitó por nosotros, y ahora camina con nosotros. Y si sabemos dónde y cómo mirar, veremos con los ojos de la fe que Cristo está vivo en su Iglesia.
Yo lo veo actuando a través de los sacrificios ocultos de los sacerdotes, que dan todo lo que tienen para llevar a Jesús a su pueblo, para ayudarle a la gente a conocer el amor de Dios y el plan que Él tiene para sus vidas.
Lo veo trabajando en nuestras parroquias y en nuestras oficinas de cancillería, en nuestras escuelas, ministerios y hogares. ¡Hay santos y siervos del Evangelio en todos estos lugares!
El Señor resucitado sigue todavía haciendo cosas nuevas a nuestro alrededor y en todas partes; Él está cambiando los corazones y las mentes y transfigurando esta áspera arcilla de nuestra humanidad para que podamos participar de su divinidad. ¡Pidámosle a Dios que nos dé una mirada que nos permita percibir eso!
Oren por mí esta semana y yo oraré por ustedes. Sigan orando por la Iglesia y trabajando por renovar la Iglesia mediante la propia santidad de ustedes.
Pidámosle a Nuestra Señora, Reina de los Ángeles, que nos ayude a amar más cada día a Jesús y a hacer todo por la gloria de Dios y por amor de nuestro prójimo.
*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Los Ángeles: El Papa acepta la renuncia del obispo auxiliar Alexander Salazar

El Papa reza en silencio © Vatican Media
El Papa Reza En Silencio © Vatican Media

Los Ángeles: El Papa acepta la renuncia del obispo auxiliar Alexander Salazar

Carta del Arzobispo José H. Gomez
(ZENIT – 19 dic. 2018).- El Papa ha aceptado la renuncia al oficio de obispo auxiliar de la archidiócesis de Los Ángeles, en los Estados Unidos, presentada por Mons. Alexander Salazar, según ha informado hoy la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
Asimismo, este miércoles, 19 de diciembre de 2018, la Santa Sede ha difundido una carta escrita por el Arzobispo José H. Gómez, en la que relata que “en el 2005, un año después de haber sido ordenado obispo, la Arquidiócesis tuvo conocimiento de una denuncia contra el Obispo Salazar por conducta indebida con un menor”.
“La acusación contra el Obispo Salazar provino de una supuesta conducta indebida que se dice ocurrió en la década de 1990, antes de ser ordenado obispo, cuando estaba sirviendo como sacerdote de una iglesia”, describe Mons. José H. Gomez.
Tras la correspondiente investigación del caso por la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede, y por el Comité de Supervisión de Mala Conducta del Clero, una junta independiente de la Arquidiócesis, “el Comité encontró que la acusación era creíble y presenté sus conclusiones y recomendaciones junto con mi propio voto a la Santa Sede para que se tomara una decisión final sobre el estado del Obispo Salazar”, explica el Arzobispo de los Estados Unidos.
A continuación, publicamos la carta del Arzobispo de Los Ángeles, Mons. José H. Gomez:
***
Mons. José H. Gomez © Youtube
Carta del Arzobispo José H. Gomez 
Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, 
Hoy el Santo Padre, el Papa Francisco, aceptó la renuncia del Obispo Auxiliar Alexander Salazar, quien recientemente se desempeñó como Vicario de la Oficina de Ministerios Étnicos de la Arquidiócesis de Los Ángeles. 
Lamento informarles que en el 2005, un año después de haber sido ordenado obispo, la Arquidiócesis tuvo conocimiento de una denuncia contra el Obispo Salazar por conducta indebida con un menor. Pese a que la acusación nunca se reportó directamente a la Arquidiócesis, fue investigada por la policía en el 2002 y el Fiscal de Distrito no procesó. 
La acusación contra el Obispo Salazar provino de una supuesta conducta indebida que se dice ocurrió en la década de 1990, antes de ser ordenado obispo, cuando estaba sirviendo como sacerdote de una iglesia. Como era obispo en el momento en que se recibió la denuncia, la Arquidiócesis remitió el asunto a la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede, que realizó una investigación e impuso ciertas medidas de precaución al ministerio del Obispo Salazar. 
Desde que se presentó la acusación por primera vez, el Obispo Salazar ha negado consistentemente cualquier acto inmoral. En aras del debido proceso, solicité y recibí permiso de la Congregación para los Obispos de la Santa Sede para presentar la acusación ante el Comité de Supervisión de Mala Conducta del Clero, una junta independiente de la Arquidiócesis. El Comité encontró que la acusación era creíble y presenté sus conclusiones y recomendaciones junto con mi propio voto a la Santa Sede para que se tomara una decisión final sobre el estado del Obispo Salazar. 
Estoy agradecido por la amorosa preocupación del Santo Padre por la familia de Dios aquí en la Arquidiócesis de Los Ángeles. Estas decisiones se han tomado debido a la profunda preocupación por la sanación y la reconciliación de las víctimas de abuso y por el bien de la misión de la Iglesia. 
Sigamos manteniéndonos cerca de las víctimas-sobrevivientes de abuso, a través de nuestra oración y nuestras acciones. 
Que encontremos esperanza en Jesucristo, que la Santísima Virgen María sea una madre para todos nosotros y que Dios nos conceda paz. 
Monseñor José H. Gomez
Arzobispo de Los Ángeles 

sábado, 14 de octubre de 2017

Las Vegas y Dios 12102017

Las Vegas y Dios

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Como muchos de ustedes, la semana pasada, me desperté en el día la fiesta de los Ángeles de la Guarda, con la noticia de otro tiroteo masivo en Estados Unidos, esta vez en Las Vegas.
Es una escena que ha tenido lugar demasiadas veces durante los últimos años.
Las Vegas nos recuerda nuevamente que el mal es algo real y que nuestras vidas son vulnerables. Valoramos nuevamente lo que San Pablo quiso decir: Cuando uno de nosotros sufre, todos sufrimos.
Oramos por las víctimas y por sus familias, por todos los que están atrapados por la violencia. Nos comprometemos nuevamente a traer sanación y paz, a construir una cultura en la que se proteja a la gente y en la que se respete su dignidad.
Pero al escuchar nuestra conversación nacional en los días posteriores a Las Vegas, me llama la atención que, cada vez más, todo lo que acabo de decir tiene menos y menos sentido. Ya no tenemos el vocabulario necesario para pensar y responder a los eventos de esta manera.
En los medios de comunicación hay indignados debates sobre si podemos llamar “malo” a lo que sucedió en Las Vegas. La idea de orar por esta tragedia provoca escepticismo y, nuevamente, ira.
Un indignado ensayo que apareció en una de nuestras principales revistas católicas, concluye con estas amargas palabras: “Por favor, basta de pensamientos y oraciones. En lugar de ello, hagan algo”.
Vivimos en una sociedad secular y el espíritu de nuestros tiempos, nuestro enfoque sobre la vida, es lo que el Papa Francisco describió recientemente como “materialismo tecnocrático”. Como sociedad, hemos apostado que podemos salir adelante sin Dios, sin ninguna referencia a explicaciones, perspectivas, motivos o valores “religiosos”.
En una sociedad secular, el único lenguaje que tiene sentido es el político y tecnológico. Queremos establecer causas y encontrar soluciones. ¿Quién es responsable de esto y por qué sucedió? ¿Qué necesitamos “arreglar” para que este tipo de cosas no suceda en el futuro?
Por supuesto, tenemos que animar a nuestros líderes a tomar medidas. Necesitamos encontrar maneras de evitar que las personas con armas de fuego acaben con sus propias vidas y con la vida de los demás.
Aún más, tenemos que sanar la enfermedad de una cultura popular que nos invita a entretenernos mirando cómo la gente le hace cosas horribles a otras personas, de una cultura que hace de la violencia y del homicidio un asunto de juego que permitimos que nuestros niños jueguen en nuestros hogares.
Pero los desafíos de nuestra sociedad no son sólo técnicos y políticos; son también espirituales.
Necesitamos luchar contra la mentalidad tecnocrática y contra el espíritu secular de nuestra época. No podemos permitir que la conciencia de Dios se desvanezca de nuestra sociedad. Sin Dios, el mundo no tiene sentido. Todo sucede al azar, la vida se convierte en una lucha de fuerzas ciegas que no podemos ver ni controlar.
Como cristianos, tenemos que dar testimonio de la realidad de la Providencia divina: de que nuestro Dios es el Señor de la historia, de que por medio de su presencia amorosa, Él está actuando en los acontecimientos de nuestro mundo y en los acontecimientos de nuestras vidas, y que no hay nada que esté más allá de sus planes y propósitos amorosos.
Dios permite el mal, es verdad. Permite males físicos como los devastadores huracanes que vimos este verano, males morales como la masacre de Las Vegas, como el sufrimiento de los inocentes que vemos por todas partes en nuestro mundo caído.
Pero aunque Dios permite el mal, no lo causa y no lo quiere. Él es nuestro Padre y su amor es más fuerte que la muerte. Él sacará bien de todo mal.
Esta semana estaba pensando en algo que San Juan Pablo II dijo una vez: “Una mano fue la que disparó y otra la que guió la bala”.
Él estaba hablando de cómo un asesino trató de matarlo el 13 de mayo de 1981, el día en que la Iglesia recuerda las apariciones de Nuestra Señora de Fátima.
En su nuevo libro, George Weigel recuerda que San Juan Pablo creía que “la Providencia, actuando a través de Nuestra Señora… guió la bala. …Él fue salvado, y por un motivo. Tenía una misión qué cumplir, y el Señor de la historia vería que se le diera la oportunidad de completarla.
Nunca sabremos por qué Dios permite que algunas vidas sean conservadas y otras tomadas. Sólo sabemos que Él tiene un plan de amor para cada persona.
A raíz de esta última violencia, tenemos que recordar eso. Y recordemos que Dios nos da a cada uno una misión qué completar. Cada uno de nosotros tiene un papel qué desempeñar en su plan, en la construcción de su Reino en la tierra.
El 13 de octubre nos uniremos a la Iglesia universal para recordar el centenario de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima. Oren por mí; yo estaré orando por ustedes.
Pidámosle de manera especial a Nuestra Señora de Fátima que fortalezca nuestra fe en la Providencia. Que respondamos a su llamada a la conversión y a la oración, con un corazón abierto a la voluntad de Dios y a sus planes para nuestras vidas y para nuestro mundo.
*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)

domingo, 24 de septiembre de 2017

El poder del amor (Mons. José H. Gómez)


El poder del amor


El largo y difícil verano por el que estamos pasando en este país parece no tener fin.
A pesar de que la violencia de Charlottesville y sus consecuencias siguen todavía afligiendo mucho nuestras mentes y nuestros corazones, este pasado fin de semana vimos surgir una nueva ola de violencia y de tensiones raciales en St. Louis.
Hemos progresado considerablemente en Estados Unidos, pero todavía nos falta mucho camino por recorrer.
Somos todavía y de muchas maneras una nación dividida en base a las razas. Hay demasiados jóvenes negros y latinos que mueren en las calles o que pasan sus mejores años tras las rejas. Demasiados de nuestros vecindarios en demasiadas ciudades siguen siendo “islas solitarias de pobreza”, en los que la gente está pereciendo del mismo modo en que sucedía hace una generación cuando el Reverendo Martin Luther King Jr. pronunció esas palabras.
La sanación y reconciliación racial no sobrevienen a raíz de la aprobación de una ley. Las leyes son importantes y pueden corregir injusticias y ser señal de intenciones morales. Pero las leyes por sí solas no pueden cambiar los corazones ni la mente de las personas.
Todos los días tenemos evidencias de que el pensamiento y las prácticas racistas se siguen infiltrando en las actitudes y políticas estadounidenses. Es triste decirlo, pero, con demasiada frecuencia, el “color de nuestra piel” es todavía más determinante que la “esencia de nuestro carácter”, citando nuevamente al Reverendo King.
El otro día, recibí una carta de un buen amigo. Él es un ministro pentecostal negro. Y durante más de 30 años ha estado ejerciendo su ministerio junto con sus valientes esposa e hijos, y trabajando con jóvenes de las pandillas en el centro de la ciudad de Boston.
Mi amigo me estaba escribiendo para recordarme que el próximo mes de abril será el 60 aniversario del asesinato del Reverendo King. Es difícil creer que ya han transcurrido 60 años de esto y que todavía estemos luchando por las mismas cosas por las que él luchó.
La carta de mi amigo era un llamado. Quiere que los líderes religiosos firmemos una declaración en la que afirmemos nuestro compromiso continuo con los principios de no violencia por los que abogó el Reverendo King.
Firmé la declaración de inmediato – uniéndose a algunos de los principales obispos católicos en los Estados Unidos.
La justicia racial y la reconciliación es una prioridad permanente y urgente para la Iglesia, y los obispos tienen un grupo de trabajo especial dedicado a promover la paz en nuestras comunidades, y recientemente estableció un nuevo comité ad hoc sobre racismo. Entendemos que formar comités no es una “solución”, sino un medio para iniciar una conversación que conduzca a soluciones.
Nos enfrentamos a la misma opción que enfrentó el Reverendo King y el movimiento por los derechos civiles. La pregunta es: ¿Cómo vamos a luchar contra las injusticias que vemos en nuestra sociedad, qué medios vamos a utilizar?
Me preocupa el fácil recurso a la violencia que estamos viendo una vez más este verano, en ciudades de todo el país.
Incluso la retórica que escuchamos a veces en algunos rincones dentro de la Iglesia – hay una cólera, una amargura casi personal contra los que se oponen a nosotros o no están de acuerdo con nosotros. Me preocupa que la “lógica” de la resistencia agresiva nos deje sin alternativas a la confrontación física y la violencia.
Necesitamos volver una vez más y extraer de la sabiduría del Reverendo King y otros como él – Dorothy Day y César Chávez – el espíritu de pacificación y la búsqueda de soluciones no violentas.
Nadie nace odiando a otro grupo de personas. El odio es algo que se aprende. Y así debe ser “desaprendido”. Eso significa que necesitamos ser maestros de amor.
El amor es el corazón de la visión de No-violencia del Reverendo King. Amamos – no porque aquellos que se oponen a nosotros son “amables” o incluso agradables. Amamos a los que se oponen a nosotros, porque Dios los ama. Y por nuestro amor, buscamos su entendimiento y conversión, no su humillación y derrota.
El amor no significa olvidar ni excusar la injusticia. La paz no viene ignorando lo que nos divide o pretendiendo que todo está bien. Somos llamados a “hacer” la paz – es una acción.
Este es nuestro deber cristiano en estos tiempos en que nuestra sociedad está tan dividida. Para ser sanadores y pacificadores, reconciliando a las personas entre sí ya Dios.
Estamos llamados a enfrentar el odio, no con más violencia y represalias, sino con amor. Estamos llamados a vencer el mal y no a mentir por más de lo mismo – sino con obras de verdad y bondad, con actos de sacrificio y amor.
Y sólo a través del amor podemos ayudar a nuestra sociedad a reconocer que más allá del color de nuestra piel o la condición de nuestras vidas, todos somos hijos de Dios, creados a imagen y semejanza de Dios.
Oren por mí esta semana, y estoy orando por ustedes. Y oremos por un nuevo espíritu de amor en nuestro país.
Pidamos a nuestra Santísima Virgen María, la Reina de la Paz, que nos ayude a seguir creyendo en el poder del amor.
*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)







domingo, 5 de marzo de 2017

La alegría del matrimonio (Mons. José H. Gómez) 21022017

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El pasado fin de semana tuve la alegría de celebrar el Día Mundial del Matrimonio y de presidir la renovación de las promesas matrimoniales de 64 parejas, inclusive una pareja que ha estado casada durante 71 años.
Fue un momento hermoso y conmovedor para mí el de orar con estas parejas y apoyarlas en su intento de crecer en santidad como esposos y esposas.
El matrimonio fue también el tema de la reunión interregional anual del Consejo Pastoral de la Arquidiócesis, a la que también asistí este fin de semana.
Estoy muy agradecido de que el consejo pastoral me haya estado ayudando en nuestros esfuerzos por fortalecer el matrimonio y la familia, lo cual es una de mis prioridades pastorales para la Arquidiócesis.
Siempre estamos buscando “prácticas mejores” y nuevas maneras de proclamar la hermosa visión que la Iglesia tiene del matrimonio.
Encontrarán muchos excelentes recursos en nuestro sitio web, www.la-archdiocese.org/org/familylife, inclusive una guía de estudio que hemos desarrollado sobre la exhortación del Papa Francisco “La alegría del amor”.
El matrimonio es un “misterio” en el plan de Dios para la creación, en el plan de Dios para la vida humana.
En lo personal, creo que esta es la contribución más importante de “La Alegría del Amor”. Porque el Papa nos ayuda a ver que, en el plan de Dios, hay algo sagrado, algo maravilloso en esa relación permanente y portadora de vida que se da entre el hombre y la mujer en el matrimonio.
Jesús declaró que el matrimonio existió en el plan de Dios “desde el principio”.
Y Jesús nos enseña que Dios es el autor de todo matrimonio y que él es quien le da a cada pareja una vocación: la de vivir su amor hasta que la muerte los separe, la de entregarse en el amor y renovar la faz de la tierra con sus hijos, que son frutos de su amor y del precioso amor de nuestro Creador.
Creo que es importante para nosotros proporcionar realmente una ayuda práctica para las parejas y para las familias.
Necesitamos fortalecer los buenos matrimonios y las buenas familias, y elevarlas como modelos para los demás, especialmente para nuestros jóvenes. Tenemos que mostrarles a nuestros jóvenes lo hermoso que es estar casados y empezar una familia, lo hermoso que es compartir el plan de Dios para la humanidad.
Creo que también es importante que nosotros fortalezcamos la preparación para el matrimonio, buscando nuevas maneras de preparar a la gente para que sean buenos esposos, buenas esposas y buenos padres. Necesitamos también extender una mano misericordiosa y comprensiva para cuidar de aquellos que están luchando con situaciones familiares que son complicadas.
Pero he estado pensando cada vez con mayor frecuencia que necesitamos restaurar el sentido de “misterio” dentro de nuestras enseñanzas sobre el matrimonio. Necesitamos ayudarle a nuestra gente a entender que el matrimonio es parte de algo más grande que todos nosotros. Es parte del misterio de la creación, parte del misterioso plan de amor de Dios.
Cada vez me siento más convencido de que necesitamos ayudar a la gente a ver cómo el misterio del matrimonio está atado al misterio de la vida humana, al misterio de la persona humana hecha a imagen de Dios.
Con demasiada frecuencia, lo que la Iglesia nos enseña sobre el matrimonio se reduce a las normas y reglamentos que lo rigen. Pero el matrimonio es un “gran misterio”, como dijo una vez San Pablo.
El matrimonio tiene que ver con Jesucristo y con su hermoso plan para nuestras vidas.
Lo que la Iglesia enseña y proclama es la alegría del amor humano, la verdad de que el hombre y la mujer están hechos para reunirse en un encuentro que refleja el amor de Dios, que forma parte de su plan para la familia humana.
Proclamamos que a través de la unión matrimonial del hombre y de la mujer en “una sola carne”, ellos son capaces de participar del propio poder creador de Dios, generando nueva vida, generando hijos que llevan también la imagen de Dios. Esto es algo maravilloso.
Dios quiere que seamos sus compañeros, sus co-creadores. Por eso Dios creó a la persona humana a su imagen como hombre y mujer. Él llama a los hombres y a las mujeres a compartir, a través de la unión de sus cuerpos en el matrimonio, en su propia divinidad y en su obra creadora. A través de la unión matrimonial de sus cuerpos, el esposo y la esposa participan del propio poder de Dios, creando con él hijos e hijas que también llevan la imagen de Dios.
En nuestra sociedad, necesitamos redescubrir el auténtico significado del matrimonio. Pero, para que eso suceda, tenemos que redescubrir en nuestra Iglesia el misterio del matrimonio y el lugar que el matrimonio tiene en el plan de Dios para la creación y para la felicidad humana.
Oren por mí esta semana, que yo estoy orando por ustedes. Y oremos de manera especial esta semana por los esposos y las esposas que buscan vivir su vocación al matrimonio.
Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que interceda por nosotros, para que todos podamos llegar a una nueva apreciación del matrimonio y de la familia como los cimientos de una sociedad y de una cultura verdaderamente humanas.
*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)