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martes, 8 de enero de 2019

"El celibato no es la causa de la crisis de abusos sexuales en la Iglesia; lo es el sacerdocio" 06012019

EL ESCRITOR ESTADOUNIDENSE GARY WILLS PIDE ABOLIR AL CLERO PARA ATAJAR LA PEDERASTIA

"El celibato no es la causa de la crisis de abusos sexuales en la Iglesia; lo es el sacerdocio"

"Pedro se apañó sin sacerdotes. También lo hizo Pablo. Y todos los primeros cristianos"
Cameron Doody, 06 de enero de 2019 a las 15:36




(Cameron Doody).- El celibato obligatorio sacerdotal no es la causa de la "depravación" de abusos que ha azotado a la Iglesia desde Australia hasta Alemania. Lo es el sacerdocio en sí. Esta es la tesis de Gary Wills, periodista y escritor estadounidense especializado en la política, la historia y la religión, quien sostiene que "el sacerdocio en sí es una afrenta al Evangelio".
"No hay sacerdotes en los Evangelios, con excepción de los sacerdotes judíos, algunos de los cuales conspiraron contra Jesús", ha escrito Wills en una polémica tribuna en el Boston Globe. A Jesucristo "solo se le llama sacerdote en la tardía y sospechosa Carta a los Hebreos", ha recordado el escritor, "donde se le hace sacerdote en la línea de un mítico no judío, Melquisedec - y aún así es el único y último sacerdote" de la tradición cristiana, ya que "Pedro y Pablo nunca se llaman sacerdote a ellos mismos ni a ningún otro cristiano". "Más allá de la Carta a los Hebreos, los únicos títulos del Nuevo Testamento para el servicio a la comunidad son episkopos (supervisor), presbyter (presbítero), apostolos (emisario) y diakonos (siervo), nunca sacerdote (hiereus)", ha recordado Wills.
La mutación hacia ver a los curas como casta aparte en el cristianismo se dio, según Wills, en la Edad Media, cuando el sacerdocio empezó a "subordinar toda actividad cristiana a la superintendencia sacerdotal", tal como se ve en el desarrollo de los siete sacramentos, los cuales marcan ritos de paso claves en la vida de los fieles. "No es de extrañar que los líderes de la Iglesia intentaran desesperadamente proteger este gobierno imperial sobre la totalidad de la vida católica, procurando acallar o borrar cualquier revelación denigrante respecto a la depradación sacerdotal", ha observado Wills a este respeto.
Toda esta exégesis de la historia del cristianismo lleva al historiador y periodista a preguntarse por qué los católicos de hoy día "creen que no pueden adorar de verdad a Dios sin sacerdotes". "Los católicos están tan convencidos que solo un sacerdote puede realizar el milagro de la transubstanciación" -la transformación del pan y vino de la eucaristía en el cuerpo y sangre de Cristo- que creen "que si ningún cura se aparece en la misa, no hay nada que los creyentes puedan hacer sino volverse a casa", ha lamentado Wills. "Que no hay ningún milagro sin el mago", ha ironizado. "Pero ¿por qué no? Pedro se apañó sin sacerdotes. También lo hizo Pablo. Y todos los primeros cristianos".
Para salir al paso de la acusación de que su planteamiento le convierte en protestante, Wills, católico de convicción, responde: "Es verdad. No soy mejor que un protestante. Todos los cristianos somos hermanos y hermanas, se presenten los sacerdotes en sus reuniones o no".
Todo esto lleva a Wills a huir de la idea de que "si solo el escándalo de abusos llegara a su fin, todo estaría bien con el sacerdocio - o de que algunas reformas, tales como eliminar la norma del celibato u ordenar a mujeres, harían que el sacerdocio funcionara de nuevo". "No creo que deba funcionar de nuevo", ha afirmado el escritor: la tentación de proteger el aura de la casta consagrada es demasiado grande.

jueves, 19 de octubre de 2017

¿Puede ser sacerdote un homosexual? (Temas actuales)

¿Puede ser sacerdote un homosexual?
La Iglesia no nace según los deseos y los proyectos de los hombres, sino que viene de Dios


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net 





La vocación sacerdotal es un tesoro para la vida de la Iglesia. Cada sacerdote hace presente a Jesús entre los hombres, a través de la celebración de los sacramentos, de la predicación, de su continuo acoger, aconsejar, servir a personas de todas las edades y clases sociales.

Por eso resulta tan importante discernir bien quién ha recibido de Dios la vocación para este servicio tan importante, y quién no ha recibido la llamada divina. A la vez, es sumamente importante formar bien a los que se sienten llamados a ser sacerdotes, y orientarles hacia la madurez necesaria para realizar dignamente, con verdadera caridad pastoral, su servicio a la Iglesia.

El Magisterio de la Iglesia ha elaborado, durante siglos, una serie de criterios y normas para el discernimiento vocacional y para lograr una excelente formación de los seminaristas. Por motivos tristemente famosos, últimamente los obispos han tenido que intervenir en diversas ocasiones sobre el tema de la madurez afectiva y de la integridad moral de los sacerdotes, frente a escándalos que han herido profundamente a los fieles.

La Congregación para la educación católica acaba de publicar una “Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las Órdenes Sagradas”, firmada con fecha 4 de noviembre de 2005, y dada a la luz pública el 29 de noviembre de ese mismo año. Esta Instrucción quiere recordar algunos criterios a tener presentes en la delicada tarea de discernir quiénes son llamados al sacerdocio.

La Instrucción se coloca, como explica la introducción, en continuidad con las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de los distintos documentos del Magisterio católico sobre la formación sacerdotal. Por lo mismo, no toca puntos ya tratados en otros textos, ni “pretende tratar todas las cuestiones de orden afectivo o sexual que requieren atento discernimiento a lo largo del período formativo” (p. 4). Se limita a un tema muy concreto, “que las circunstancias actuales han hecho más urgente, a saber, la admisión o no admisión al Seminario y a las Órdenes Sagradas de candidatos con tendencias homosexuales profundamente arraigadas” (p. 4).

Son tres los puntos considerados en las pocas páginas del texto. El primero, “Madurez afectiva y paternidad espiritual” (n. 1), recuerda algunos elementos centrales para comprender el sentido del sacerdocio. Subraya especialmente la necesidad de lograr aquella madurez afectiva que permita a cada sacerdote una correcta relación con los hombres y mujeres con los que entrará en contacto a través de su servicio pastoral.

Alguno podría preguntar por qué es tan breve este punto, y la respuesta es sencilla: porque ya existen otros documentos dedicados a este tema. Entre ellos podríamos recordar dos sumamente interesantes, publicados por la Congregación para la educación católica: “Orientaciones para la educación en el celibato sacerdotal” (11 de abril de 1974), y “Orientaciones educativas sobre el Amor Humano. Pautas de educación sexual” (1 de noviembre de 1983).

El segundo punto es quizá el más delicado: “La homosexualidad y el ministerio ordenado” (n. 2). A pesar de lo que puedan decir algunos medios de comunicación, el texto no dice prácticamente nada nuevo, pues se limita a recoger la enseñanza de la Iglesia católica sobre la homosexualidad. En especial, recuerda que los actos homosexuales son pecado grave (como lo son los actos sexuales realizados fuera del matrimonio o sin el contexto de amor y apertura a la vida que son propios de tales actos). Decir lo anterior no significa afirmar que todo homosexual es un pecador: una cosa es la tendencia homosexual y otra cosa son los actos homosexuales. En otras palabras, no se trata de condenar a las personas, sino de analizar una problemática particular.

Por eso el texto hace presente una idea ya conocida en la doctrina católica: “las tendencias homosexuales profundamente arraigadas, que se encuentran en un cierto número de hombres y mujeres, son también [...] objetivamente desordenadas y frecuentemente constituyen, también para ellos, una prueba” (p. 5). Estas afirmaciones recogen lo que explica el “Catecismo de la Iglesia Católica”, nn. 2357-2358, y otros documentos eclesiales.

El que haya personas con esta situación no debe ser motivo para discriminarlas. El documento dice explícitamente: “Tales personas deben ser acogidas con respeto y delicadeza; se evitará toda discriminación injusta” (p. 5). Entonces, alguno dirá, ¿por qué no pueden ser admitidas al sacerdocio? El motivo está en su problemática personal: el tener “tendencias homosexuales profundamente arraigadas” crea serias dificultades para la madurez afectiva, tan necesaria para cualquier ámbito de vida que implique relaciones con otras personas. Si esto vale incluso para la vida matrimonial (hay personas con tendencias homosexuales que son incapaces, por su problemática, de contraer matrimonio válido), también vale para la vida sacerdotal, en la que el sacerdote está llamado a tratar con niños, jóvenes y adultos.

Por estos motivos, la Instrucción subraya que la Iglesia, en el respeto que merecen estas personas, “no puede admitir al Seminario y a las Órdenes sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay” (p. 6).

El motivo vuelve a ser expuesto en las líneas que siguen a la afirmación anterior: “Dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente establecer una correcta relación con hombres y mujeres. De ningún modo pueden ignorarse las consecuencias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas” (p. 6).

Existen algunos casos, sin embargo, en los que se dan ciertas tendencias homosexuales que son simplemente una señal de falta de madurez y que, por lo mismo, tienen un carácter transitorio. En tal caso, indica el documento, uno podría entrar al Seminario, en la espera de alcanzar la necesaria madurez que conllevaría la desaparición de tales tendencias, “al menos tres años antes de la Ordenación diaconal” (p. 6).

El tercer punto se dedica a profundizar sobre “el discernimiento de la idoneidad de los candidatos por parte de la Iglesia” (n. 3). Conviene recordar que toda vocación implica una llamada de Dios y una respuesta libre y responsable del hombre. El don de la vocación es “recibido a través la Iglesia, en la Iglesia y para el servicio de la Iglesia” (p. 6), y nos hace comprender que el ser sacerdote no es algo escogido por uno mismo, sino que depende del carácter sobrenatural de la Iglesia.

En otras palabras, “no existe un derecho a recibir la Sagrada Ordenación” (p. 6), sino que es la Iglesia quien indica los requisitos necesarios para recibir los sacramentos, y quien discierne quién sea idóneo para entrar en el Seminario y reúna, a lo largo de su formación, las cualidades que son necesarias para recibir la ordenación sacerdotal en la Iglesia.

Acusar a la Iglesia de cerrar el paso a los homosexuales a una actividad profesional como cualquier otra es no entender lo que es la Iglesia ni reconocer su carácter sobrenatural. La Iglesia no nace según los deseos y los proyectos de los hombres, sino que viene de Dios. En su camino por obedecer a Dios, la Iglesia, a través del Obispo diocesano, tiene que velar para que los sacerdotes puedan cumplir bien su hermosa vocación, con todas las cualidades necesarias para ello, especialmente con la ayuda de la madurez afectiva.

Por lo mismo, quienes, por problemas como el de la homosexualidad u otros de diversa índole, no pueden alcanzar tales cualidades, deben ser avisados y guiados para encontrar cuál es su lugar en la Iglesia, qué camino pueden seguir para vivir su condición de bautizados, pero no en el servicio sacerdotal. Esta indicación, hay que recordarlo, no es nueva, pues ya el Código de Derecho Canónico (publicado en 1983) indica lo siguiente: “Si [...] el Obispo duda con razones ciertas de la idoneidad del candidato para recibir las órdenes, no lo debe ordenar” (canon 1052, n. 3).

La Instrucción termina con otras indicaciones a tener en cuenta a la hora de reconocer el estado de no idoneidad de quienes viven en esta situación. Con honestidad, y a través de un diálogo con los formadores y el director espiritual, quienes descubren estas tendencias homosexuales fuertemente arraigadas deberían renunciar al camino sacerdotal y acoger este sacrificio como parte de su cruz y de su misma condición cristiana.

Estamos, por lo tanto, ante un documento muy concreto para un tema de importancia. Nos toca a los católicos rezar para que sea acogido generosamente. De este modo nuestros seminaristas y futuros sacerdotes tomarán mayor conciencia de cuáles son aquellas cualidades que les permiten servir con alegría y amor a Cristo en sus comunidades, especialmente a través de la madurez afectiva que tanto les ayudará a la hora de ejercer su ministerio en un mundo hambriento del testimonio de integridad moral, pureza y amor de todos los sacerdotes.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Grupos LGBT, contra el veto de los homosexuales al sacerdocio 11122016

l Papa Francisco, con un grupo de sacerdotes
Agencias

Tachan la nueva Ratio de "decepcionante"

Grupos LGBT, contra el veto de los homosexuales al sacerdocio

La SNAP denuncia que se está usando a los homosexuales como chivo expiatorio

Redacción, 11 de diciembre de 2016 a las 10:12
"No es lo que se esperaba del Papa que dice '¿Quién soy yo para juzgar?'"
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Sacerdotes con el Papa

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Francisco con algunos sacerdotes

  • Sacerdotes con el Papa
  • El Papa, con sacerdotes
  • Francisco con algunos sacerdotes
"El Papa Francisco tiene mucho que explicar". Francis DeBernardo, director ejecutivo de la organización católica LGBT New Ways Ministry (Ministerio de las Nuevas Formas), reaccionó así al decreto que actualizó las normas para la formación sacerdotal, según el cual "no se puede admitir a quienes practiquen la homosexualidad" o apoyen la "cultura gay".
"Su aprobación de ese texto es una gran desilusión para mucha gente, lesbianas, gays, bisexuales, personas transgénero y heterosexuales, que tenían grandes esperanzas con su pontificado", dijo DeBernardo.
Se refería al decreto que actualiza las Normas Básicas para la Formación Sacerdotal (Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis), que fue publicado este jueves por el diario oficial de la Iglesia Católica, L'Osservatore Romano. El documento ratifica una guía redactada hace 31 años, en la que se plasman otras comunicaciones de la Santa Sede en cuanto a las restricciones sobre la sexualidad.
Establece que "la Iglesia, respetando a las personas afectadas, no puede admitir en el seminario ni en las órdenes sagradas a quienes practiquen la homosexualidad, presenten tendencias homosexuales profundamente enraizadas o apoyen aquello que se conoce como cultura gay". También resalta la importancia de la continencia en la formación de los candidatos para ordenarse. "Sería imprudente admitir a un seminarista que no haya alcanzado una afectividad madura, serena y libre, casta y fiel al celibato", advierte.
El texto avalado por Francisco tiene un agregado. Permite una excepción respecto de las "tendencias homosexuales que sean expresión de un problema transitorio". Se pone como ejemplo "una adolescencia todavía no terminada".
DeBernardo no fue el único que criticó al Papa. También se sumó Marianne Duddy-Burke, de DignityUSA (Dignidad Estados Unidos), otra organización católica que promueve los derechos LGBT. Para ella el decreto fue "extremadamente decepcionante" y lo tomó como un "tremendo insulto" a los miles de homosexuales que sirven como sacerdotes católicos.
"No es lo que se esperaba del Papa que dice '¿Quién soy yo para juzgar?'", agregó.
David Clohessy, que pertenece a la Red de Sobrevivientes de Abusos de Sacerdotes (SNAP por si sigla en inglés), dijo que están usando a los homosexuales como chivo expiatorio en lugar de proteger realmente a los niños de los abusos. "Es un error asumir o afirmar que la mayoría de las víctimas son varones", sostuvo. (RD/Infobae)

domingo, 13 de marzo de 2016

EL SACERDOTE (Día del Seminario 2016) 13032016

EL SACERDOTE
Cuando se piensa que solamente un sacerdote puede perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios, obligado por su propia palabra, lo ata en el Cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios...
Cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo, en la última Cena, realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores, y fue convertir el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote...
Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él...
Cuando se piensa que un sacerdote, cuando celebra en el altar, tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios...
Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese pan y ese vino, y que eso puede ocurrir, porque están escaseando las vocaciones sacerdotales, y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la Tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes aullarán de hambre y de angustia, y pedirán ese Pan, y no habrá quien se lo dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos...
Cuando se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales...
Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal...
Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se reflejaba en las leyes...
Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación...
Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo...
Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable...
Uno comprende que más que una iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado...
Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor...
Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre, que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la Tierra y que todos los santos del Cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.
Hugo Wast
Vídeo sobre la vocación sacerdotal


en camino
¡¡ MUCHACHO O JOVEN !!
Quiero hacerte una llamada. ¿Te has preguntado alguna vez qué vas a ser el día de mañana? Te propongo una respuesta: RELIGIOSO-SACERDOTE
¿Para qué?
Para servir a Dios a través de darte a los hermanos tan hijos de Dios como tú.
- Les puedo ayudar desde fuera.
- Ojalá fuera verdad, pero hay muchos inconvenientes, demasiadas dificultades porque uno sólo se da del todo cuando es libre y si esto es difícil siempre, más lo es dentro del ajetreo del mundo y de la familia que te quieren acaparar para sí.
¿Qué hago yo en el Seminario?
- Te preparas intelectualmente en aquello que te guste. Aprendes a ver la vida con los ojos limpios, sin excesivos egoísmos. Ves a los hombres como hermanos y amigos y no como competidores. Te encuentras con el mejor amigo: JESÚS, quien aunque tú le falles, Él no te quita la mano ni en el llano ni en la cuesta arriba.
- El Seminario debe ser muy aburrido; no hay chicas, la vida diaria tiene que ir al son de campana; las discotecas, los bailes...
¿Y qué más?
Conozco la vida de los seminarios y ni la falta de chicas, discotecas o el rígido pero también flexible horario no impiden que los muchachos y jóvenes vivan felices. Todas estas carencias a las que tienes miedo se diluyen en la oración y en la eucaristía, en el trabajo de catequesis, en la dedicación a los pobres en las organizaciones caritativas, en la alegría de la familia viéndote que eres feliz sin haber dejado de ser muchacho y joven a la vez.
- Mis padres perderán un hijo.
- Tus padres ganarán un hijo; puedes estar seguro, porque tu cariño no tendrá que dividirse con otras gentes. Cuando se ama a Dios, los demás, comenzando por la familia, se convierte en el centro preferencial de nuestro pensamiento.
- ¿Viven alegres los seminaristas?
- Te diré lo que Jesús: "Ven y lo verás". No sé si te lo creerás, pero cuando los demás jóvenes de tu edad ven la alegría y la disponibilidad con la que viven no digo que se sientan frustrados con su vida, pero sí un tanto envidiosos de la felicidad de los seminaristas, que no destruyen su vida en una especie de cárcel, sino que la construyen viviendo en el mundo, entre la gente, pero diferenciándose por su fe y sus modos de actuar del resto de muchachos y jóvenes.
- Los seminaristas tienen que ser aburridos; no se divierten
- ¿ Quién dice semejante tontería ? Te vuelvo a repetir: "Ven y lo verás". Comprobarás en un corto tiempo que este tipo de fábulas no cuajan en el Seminario. Son muchachos y jóvenes como tú, pero no tontos. A lo sumo antagónicos con la forma de pensar y actuar de los de su edad. ¿Está claro? Anímate, que no vas a entrar en una cárcel ni en un reformatorio, sino en una institución en la que se vive la vida de joven bajo la guía de Dios y de buena gente. Si no me crees por prejuicios, peor para tí. Pero como te deseo lo mejor, anímate y llama a la puerta del Seminario. Te aseguro que serás feliz.
- ¿Sólo valen los buenos y humildes?
- Y los inquietos, los enamoradizos (aunque estos lo tienen algo más difícil), los rebeldes, los contestones, los listos y los menos inteligentes. Los poco generosos, si permanecen en su egoísmo, no; estos son los únicos que no valen, porque esto requiere generosidad para darse a los demás.

Nota: Si por cualquier motivo, deseas ponerte en contacto con los PP. Reparadores, puedes hacerlo escribiendo a:
Seminario San Jerónimo
Sacerdotes del Corazón de Jesús (PP. Reparadores)
37800 ALBA DE TORMES (Salamanca)
Tel. 923 300 135

DÍA DEL SEMINARIO 2016  (Oración)
Día del Seminario 2016
Dios Padre, que esperas con los brazos abiertos a cuantos se acercan a Ti, reconociendo su debilidad y su pecado.
Ayuda a quienes tú eliges como ministros del perdón para que, respondiendo con generosa entrega, modelen su corazón con el signo de la compasión, la comprensión y el amor.
Hazlos humildes ministros tuyos, presencia de tu misericordia en medio de este mundo, para que hagan eficaz en él la fuerza de tu fidelidad y de tu amor.
Marca su vida con el signo de una compasión que no solo comprende el sufrimiento, sino que acude a socorrer a cuantos sufren.
Transforma toda su persona en manos que acogen y acarician para ser «misericordiosos como el Padre».
Por Cristo, tu Hijo, nuestro Señor, que se entregó por nuestra salvación. Amén.


Datos estadísticos ofrecidos en 2016
En 2015 aumentó el número de ordenaciones sacerdotales en España: hubo 150 nuevos sacerdotes, 33 más que en 2014, año en el que se contabilizaron 117.

 Así lo afirmó este martes la Conferencia Episcopal Española (CEE), que recuerda que en España hay 1.203 seminaristas menores, en edades adolescentes, y 1.300 seminaristas mayores que durante el curso 2015-2016 estudian filosofía y teología. La cifra es mayor entre los más jóvenes y descendió en el resto, pues en el anterior eran 1.142 y 1.357, respectivamente, aunque según el Episcopado se debe la ordenación de los seminaristas mayores.

Este curso se han ordenado 150 nuevos sacerdotes, 33 más que en el curso anterior. En 2014 los ordenados fueron 117; en 2013, 131; 130 en 2012 y 122 en 2011.

 El total de en 2014-2015 fue de 1.357, cifra que consolidó el aumento de aspirantes al sacerdocio por cuarto año consecutivo.

 En el curso 2012-2013 hubo 1.307 seminaristas y en 2011-2012 había 1.278 seminaristas.

En el curso 2015-2016 han ingresado en los seminarios mayores españoles 270 nuevos seminaristas. En los seminarios menores las entradas nuevas han sido de 370.

 En 2014-2015 fueron 262 las entradas en el seminario menor. El total de estudiantes en los seminarios menores en 2015-2016 es de 1203.

 Estos datos se hacen públicos coincidiendo con la celebración del Día del Seminario, el 19 de marzo, festividad de San José, aunque en las diócesis se celebra el día más cercano (13 de marzo para que, en esta ocasión, no coincida con el Domingo de Ramos). En ese marco, la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades ha editado los materiales que, en el Año de la Misericordia, lleva por lema ‘Enviados a reconciliar’..

UN DÍA DE LA VIDA DE LOS SEMINARISTAS
(El artículo procede del semanario Paraula)
Un año más, celebramos el día del Seminario. Álvaro Almenar, de Valencia, Antonio Márquez, de L'Olleria, y José Miguel Peris, de Torrent, son tres de los 82 seminaristas que en la actualidad hay en el Seminario Mayor de Moncada (España). Estos tres jóvenes, de diferentes cursos, nos cuentan cómo se desarrolla su vida en el seminario.
Una familia de 82 hermanos
Álvaro, Antonio y José Miguel coinciden en señalar que el ambiente entre todos ellos es muy bueno. "Somos como una gran familia de 82 hermanos. Nos llevamos muy bien. Vivimos en auténtica comunión. Nos conocemos todos y podemos hablar entre nosotros con total confianza, aunque pertenezcamos a distintos cursos. Incluso, tenemos la experiencia de que la relación entre nosotros continúa cuando los compañeros dejan el seminario al ser ordenados y enviados a los pueblos. Desde luego, eso no impide que de vez en cuando surja algún problema entre nosotros o nos enfademos, exactamente igual que en cualquier familia".
Los seminaristas se levantan temprano. A las 7'30 h. han de estar preparados para el rezo de laudes. A las 8 desayunan y, rápidamente, se van al autobús que los recoge en el seminario para llevarlos a Valencia, a la facultad de Teología San Vicente Ferren Allí, cada uno acude a sus clases. Al terminar vuelven al seminarío para comer La tarde se distribuye entre el estudio, tiempo libre y actividades complementarias. Estas últimas tienen una hora de duración y son distintas cada día de la semana: lunes, deporte; martes, lenguas clásicas (latín y griego); miércoles, lenguas modernas (inglés y francés); jueves, solfeo y canto; viernes, complemento de los estudios teológicos. A las ocho menos cuarto vuelven a reunirse todos los seminaristas para el rezo de vísperas y celebración eucarística. Tras la cena, que es a las nueve, disponen de tiempo para el estudio, hasta las once en que ya han de permanecer en silencio.
Cada seminarista se encarga de arreglar y limpiar su habitación así como de lavar y planchar su ropa. Las habitaciones son individuales y muy sencillas, pero cómodas: "Tenemos dos mesas, dos sillas, armario, estantería para los libros y cama".
Los seminaristas pertenecen a una comisión de trabajo libremente elegida: informática, para el mantenimiento de los ordenadores; liturgia, para preparar las celebraciones; de biblioteca, para su mantenimiento y organización; de cultura, para preparar charlas y visitas culturales; de misiones, para organizar actividades que fomenten el espíritu misionero; de jardinería, para la limpieza y aseo del jardín; etc.
Además de pertenecer a una comisión, cada uno está encargado de prestar un servicio: prensa, teléfono, correo, preparación del café, asistencia a los enfermos, deportes, etc.
Vacaciones
Las vacaciones de los seminaristas son como las de cualquier otro estudiante. Además, disponen de un fin de semana libre cada quince días, y todos los domingos por la tarde los tenemos libres y los aprovechamos para ir a pasear, tomar un café, salir al cine y los que viven cerca pueden ir a sus casas.
Durante el tiempo libre pueden disfrutar de las instalaciones del seminario: sala de ordenadores, biblioteca, gimnasio, frontón, piscina, cancha de baloncesto, de fútbol y sala de televisión.
Para dar a conocer la vida en el seminario, durante este curso se están celebrando 'misas de puertas abiertas un domingo al mes y retiros vocacionales de fin de semana.

Ofrecimiento del Verbo Encarnado
Padre Santo, por las manos de María te ofrecemos como víctima al Verbo
Encarnado, en quien tienes todas tus complacencias. Impulsados por la
caridad que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones, nos
ofrecemos constantemente en su unión como hostias vivas y nos sacrificaremos
por tu amor en las ocasiones que se nos presenten, implorando gracias para
el mundo y la Iglesia, especialmente para los sacerdotes.
Jesús, Salvador de los hombres ¡Sálvalos!

Oración por los sacerdotes del Cardenal Richard Cushing 
Dios Todopoderoso y Eterno, mira con amor el rostro de tu Hijo y por amor a El que es el Sumo y Eterno Sacerdote ten misericordia de tus sacerdotes.
Acuérdate oh compasivo Señor que ellos son sino frágiles y débiles seres humanos. Remueve en ellos el don de la vocación que de modo admirable se consolidó por la imposición de las manos de tus Obispos.
Manténlos siempre cerca de tí. No permites que el enemigo les venza, para que nunca se hagan participes de la más mínima falta contra el honor de tan sublime vocación. Señor Jesús, te pido por tus fieles y fervorosos sacerdotes así como por los sacerdotes infieles y tibios; por los sacerdotes que trabajan en su propia tierra o los que Te sirven lejos, en lugares o misiones distantes; por tus sacerdotes tentados, por los que sienten la soledad, el tedio o el cansancio; por los sacerdotes jóvenes o por los que estén a punto de morir así como por las almas de sacerdotes en el purgatorio.
Pero sobretodo, te encomiendo los sacerdotes que más aprecio: el sacerdote que me bautizó o me ha absuelto de mis pecados; los sacerdotes a cuyas misas he asistido y me han dado Tu Cuerpo y Sangre en la Comunión; los sacerdotes que me han aconsejado, me han consolado o animado y aquellos a quienes de alguna forma les estoy más en deuda.
Oh Jesús, mantenlos a todos cerca de tu Corazón y bendícelos abundantemente en el tiempo y en la eternidad. AMEN


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cinco pasos para reconocer a un falso sacerdote (Arquidiócesis de México D.F.)

Cinco pasos para reconocer a un falso sacerdote

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Imagen referencial. Foto: Flickr Francesco De Francesco (CC BY-NC-SA 2.0)
Imagen referencial. Foto: Flickr Francesco De Francesco (CC BY-NC-SA 2.0)








MÉXICO D.F., 29 Oct. 14 / 08:17 pm (ACI/EWTN Noticias).- En una circular enviada por la cancillería de Arquidiócesis de México D.F. (México), se alertó a la comunidad sobre un sujeto identificado como Jorge Luis Mora Mora, que se hace pasar por sacerdote y no cuenta con ningún registro en el Arzobispado de México ni con constancia alguna sobre su pertenencia a comunidad católica alguna, por lo que no debe ser admitido en ninguna celebración.
De manera reiterada, la Arquidiócesis de México señala a este tipo de personas que con el fin de obtener dinero fácil, se valen de la buena fe de los fieles presentándose como sacerdotes y les ofrecen sus servicios mediante referencias o tarjetas de presentación que ellos mismos distribuyen en gran cantidad, mostrándose siempre disponible.
El SIAME recuerda que para no caer en sus redes, “lo primero que se debe tener en cuenta es que, como todos los estafadores, la mayoría de los falsos sacerdotes suelen ser simpáticos, convincentes, hábiles y aparentan ser buenas personas”.
“No hay que olvidar que los sacerdotes católicos tienen prohibido casar, bautizar y en general, oficiar misas fuera de la parroquia o en un templo público reconocido, salvo cuando se trata de una Misa de cuerpo presente en la capilla de un velatorio público o de la Misa de una comunidad más grande en ocasiones significativas como la festividad de la Virgen de Guadalupe: en  fábricas, vecindades o vecinos de toda una calle”.
Los falsos, explica la nota del SIAME, también acostumbran visitar algunas casas o empresas, para solicitan donativos para alguna casa hogar, orfanato o asilo que no existe. En algunos casos hasta ofrecen sus servicios a los propios sacerdotes para ayudarlos en la fiesta parroquial o en Semana Santa.
Un gran porcentaje de ellos son personas que estudiaron en el seminario, pero por diversas razones fueron expulsados, otros sirvieron en alguna parroquia como sacristanes o simplemente encontraron una forma de estafar a los files y hasta los mismos presbíteros porque conocen muy bien las celebraciones litúrgicas.
SIAME propone las siguientes medidas preventivas para identificar a los falsos sacerdotes:
1. Acudir a nuestra parroquia para que nos orienten sobre los requisitos necesarios para la celebración de los sacramentos.
2. En caso de la pérdida de un familiar, acudir a la parroquia más cercana al velatorio o a nuestra propia parroquia para solicitar los servicios correspondientes. En algunos casos los responsables de los velatorios están en complicidad con los falsos sacerdotes, pues suelen darles una comisión.
3. Nunca aceptar a los sacerdotes que se dan a conocer con tarjetas de presentación o que ofrecen servicios a domicilio o por medio de “paquetes completos”.
4. Exigir al sacerdote la credencial expedida por la diócesis correspondiente. En el caso de la Arquidiócesis de México, se puede consultar el directorio de sacerdotes en la página: www.arquidiocesismexico.org.mx
5. Recordar que si no es posible encontrar un sacerdote católico más vale no tener la celebración en ese momento, porque las misas o sacramentos que los falsos sacerdotes celebran son una burla a la fe de los fieles, ya que no tienen ninguna validez.