La misteriosa historia del Padre Pío en Uruguay: el día que visitó a un sacerdote durante su agonía
El protagonista fue monseñor Fernando Damiani, quien habría recibido la asistencia del santo italiano en el momento de su muerte, pese a que éste se encontraba en San Giovanni Rotondo.

Padre Pío de Pietrelcina, un gran santo venerado por millones de personas en todo el mundo.
En septiembre de 1941, en el Palacio Episcopal de Salto, habría ocurrido un episodio extraordinario: la presunta presencia del Padre Pío junto al lecho de muerte de un sacerdote, a miles de kilómetros de distancia.
El protagonista era monseñor Fernando Damiani, vicario general de la diócesis de Salto, y el testigo principal, según los relatos conservados, fue monseñor Antonio María Barbieri, entonces arzobispo de Montevideo (el primer cardenal que tuvo Uruguay) y religioso de la orden capuchina.
La historia tiene como antecedente una amistad que había nacido dos décadas antes, en Italia. En una carta dirigida a la revista La Voz del Padre Pío, Margarita Damiani Silveira, sobrina y ahijada del sacerdote uruguayo, contó que su tío había conocido personalmente al fraile en San Giovanni Rotondo y que su familia había tenido la oportunidad de visitarlo en distintas ocasiones.
Según su testimonio, en 1921 Damiani se encontraba en Roma aquejado por una dolencia que los médicos consideraban incurable. Al enterarse de la fama del capuchino, decidió viajar hasta el convento donde vivía. Allí, el Padre Pío lo bendijo y le dijo: «Ahora ve que te vean los médicos». Cuando regresó a consultar, su enfermedad había desaparecido, de acuerdo con el relato familiar.
Años después, durante otra visita a San Giovanni Rotondo, Damiani atravesó un nuevo quebranto de salud. En aquella oportunidad, al recuperarse y encontrarse con el fraile, le habría reprochado que no estuviera a su lado cuando creyó que iba a morir: «¡Ay, padre, casi me muero y usted no estaba conmigo!».
La respuesta que, según Margarita, recibió de él marcaría el desenlace de esta historia: «No, todavía no te había llegado el momento de partir; cuando esto suceda yo voy a estar contigo y vas a estar muy bien asistido».

Monseñor Damiani, el protagonista de una de las historias menos conocidas de Padre Pío e Hispanoamérica
La noche en el Palacio Episcopal de Salto
La promesa habría encontrado su cumplimiento muchos años después, en Uruguay. En 1941 se desarrollaba en Salto un encuentro eclesial con la participación de sacerdotes y obispos de distintas partes del país. Entre los asistentes se encontraba Barbieri, que se alojaba en el Palacio Episcopal, donde también residía Damiani.
De acuerdo con la carta de Margarita, una noche Barbieri escuchó unos golpes en la puerta de su habitación. Una voz le habría advertido: «Monseñor, vaya a asistir a monseñor Damiani que se muere».
El arzobispo se dirigió entonces al dormitorio del vicario general. Allí, según la versión familiar, vio entrar la figura de un fraile capuchino. Damiani se encontraba agonizando y, sobre su escritorio, había un pequeño papel con una anotación que decía: «P. Pío, San Giovanni Rotondo: espasmos continuos del corazón me amilanan».
Margarita agregaba un detalle que ayuda a comprender el significado que su familia atribuía a aquel escrito: su tío solía decir que se comunicaba con el Padre Pío por medio de su ángel de la guarda.
El sacerdote recibió la unción de los enfermos en presencia de ocho sacerdotes y tres obispos que participaban del encuentro. Poco después falleció.
La aparición del fraile habría desconcertado especialmente a Barbieri. No había otros capuchinos en el Palacio Episcopal y, según el testimonio, la presencia de religiosos de esa orden todavía no era habitual en Salto. La pregunta que quedaba flotando era inevitable: ¿quién había sido aquel fraile que el arzobispo aseguraba haber visto?
«Tú y yo lo sabemos»: el diálogo en San Giovanni Rotondo
El relato no termina con la muerte de Damiani. Según la misma carta, muchos años después monseñor Barbieri viajó a San Giovanni Rotondo y decidió preguntarle directamente al Padre Pío por lo sucedido aquella noche en Uruguay.
La pregunta fue concreta: «Padre, ¿usted estuvo en Uruguay cuando falleció monseñor Damiani? Porque tengo entendido que usted nunca salió de San Giovanni».
La reacción del capuchino habría sido primero el silencio. Pero, ante la insistencia del arzobispo, el Padre Pío lo habría palmeado en el hombro y respondido: «Tú y yo lo sabemos».
Para Margarita, aquella contestación confirmaba que el fraile había cumplido la promesa hecha años atrás a su tío. «Se imagina lo que fue este episodio confirmado por el mismo Padre Pío», escribió en su carta, en la que también dejó constancia de los recuerdos familiares vinculados al santo.
Una historia recogida por la prensa y la investigación académica
El episodio trascendió el ámbito familiar y fue recogido por distintas publicaciones. Una de las reconstrucciones más extensas apareció en el diario salteño El Pueblo, el 19 de septiembre de 2010, en una investigación dedicada a las huellas del Padre Pío en la región. El trabajo reunió testimonios de personas vinculadas a la diócesis y consultó, entre otros, al entonces obispo de Salto, monseñor Pablo Galimberti.
Galimberti explicó que había escuchado el relato de personas allegadas al Obispado y a la diócesis. Su valoración fue prudente: «No tengo razones para negarlo, pero tampoco tengo argumentos de investigación personal», señaló, antes de reconocer que el episodio era transmitido como un posible fenómeno de bilocación.
El informe de El Pueblo también recogió una versión del acontecimiento que hace énfasis en la figura de un religioso capuchino vista por Barbieri en el corredor del edificio. Esa descripción coincide, en términos generales, con la reconstrucción incluida en un trabajo académico de Martín Gamboa, publicado en 2016 en la Revista Uruguaya de Antropología y Etnografía. El estudio aborda el turismo religioso y místico en Uruguay y recoge el relato como parte de la tradición vinculada al Padre Pío en Salto.
En 2022, el sacerdote Javier Olivera Ravasi volvió sobre la historia durante una visita al Palacio Episcopal, en un artículo publicado en el sitio Que no te la cuenten. Allí recordó el episodio y reprodujo pasajes del testimonio de Margarita Damiani.
Las distintas reconstrucciones presentan algunas variaciones en los detalles y en la descripción de lo que Barbieri habría visto. Por eso, más que fijar como indiscutibles cada circunstancia o el día exacto del suceso, resulta importante reconocer el núcleo común de los testimonios: la agonía de Damiani en Salto, la presencia atribuida a un fraile capuchino y la posterior pregunta de Barbieri al Padre Pío.

El sacerdote Javier Olivera Ravasi junto a la tumba de monseñor Fernando Damiani
Entre la fe, la memoria y lo extraordinario
La bilocación es entendida como la presencia de una persona en dos lugares diferentes al mismo tiempo. A lo largo de los años se han atribuido al Padre Pío distintos episodios de esta naturaleza. Sin embargo, es importante distinguir entre los testimonios que circulan en torno a su figura y los hechos reconocidos oficialmente por la Iglesia.

Multimedia
¿Una bilocación grabada en película?
En el caso de Salto, las fuentes consultadas permiten reconstruir una tradición sostenida por el recuerdo familiar, testimonios transmitidos en ámbitos eclesiales y trabajos periodísticos y académicos. No constituyen, por sí mismos, una declaración oficial de la Iglesia que certifique el episodio como un milagro.
El Padre Pío, nacido como Francesco Forgione en el año 1887, fue canonizado por san Juan Pablo II el 16 de junio de 2002. Su vida, marcada por la espiritualidad franciscana, la atención a los enfermos y el acompañamiento espiritual, despertó una profunda devoción que se extendió mucho más allá de Italia.
En Uruguay, su nombre quedó asociado a una historia que une San Giovanni Rotondo con el Palacio Episcopal de Salto. Una historia cuyo centro no es solamente el fenómeno extraordinario que se le atribuye, sino también la amistad entre dos sacerdotes y la promesa de acompañar a un hombre en el momento de su muerte.
Más de ocho décadas después, la frase que el Padre Pío habría dirigido a Barbieri —«Tú y yo lo sabemos»— sigue siendo el detalle más enigmático de un relato que forma parte de la memoria religiosa del país, aunque la historia es poco conocida fuera de esas latitudes.



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