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domingo, 1 de abril de 2018

Pascua: “¿Deseamos participar en este anuncio de vida?” 31032018

Pascua: “¿Deseamos participar en este anuncio de vida?”

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual (Texto completo)
Vigilia Pascual en San Pedro © Vatican Media
Vigilia Pascual En San Pedro © Vatican Media
(ZENIT – 31 marzo 2018).- “¿Deseamos participar en este anuncio de vida o permaneceremos callados ante los acontecimientos? Esta es la invitación que el Papa Francisco hizo en la vigilia de Pascua que celebró el 31 de marzo de 2018 en la Basílica de San Pedro: una invitación a “romper con los hábitos repetitivos, a renovar nuestras vidas, nuestras elecciones y nuestra existencia”.
Hablando en su homilía “el peso del silencio ante la muerte del Señor”, el Papa añadió: “Es la noche del silencio del discípulo que se encuentra adormecido y paralizado… el discípulo de hoy sin voz ante una realidad que se impone sobre él, haciéndole sentir y, lo que es peor, creyendo que no se puede hacer nada para vencer tantas injusticias que muchos de nuestros hermanos viven en sus carnes. Es el discípulo aturdido inmerso en una rutina abrumadora que le priva de la memoria, que hace acallar la esperanza y le acostumbra al `siempre lo hemos hecho así´”.
“La tumba vacía, dijo el Papa Francisco, quiere desafiar, sacudir, interrogar, pero sobre todo, quiere animarnos a creer y confiar en que Dios “viene” en cada situación, en cada persona, y que su luz puede llegar hasta los rincones más impredecibles y cerrados de la existencia… Él ha resucitado y con Él resucita nuestra esperanza creativa para enfrentar los problemas actuales, porque sabemos que no estamos solos”.
“Celebrar la Pascua”, continuó, “significa volver a creer que Dios irrumpe y sigue abriéndose paso en nuestras historias, desafiando nuestros determinismos unificantes y paralizantes. Celebrar la Pascua significa asegurarse de que Jesús venza esa actitud cobarde que tantas veces nos asedia e intenta enterrar todo tipo de esperanza”.
Este es el texto de la homilía pronunciada por el Papa durante la celebración.
AK
Homilía del Papa Francisco

Esta celebración la hemos comenzado fuera… inmersos en la oscuridad de la noche y en el frío que la acompaña. Sentimos el peso del silencio ante la muerte del Señor, un silencio en el que cada uno de nosotros puede reconocerse y cala hondo en las hendiduras del corazón del discípulo que ante la cruz se queda sin palabras.
Son las horas del discípulo enmudecido frente al dolor que genera la muerte de Jesús: ¿Qué decir ante tal situación? El discípulo que se queda sin palabras al tomar conciencia de sus reacciones durante las horas cruciales en la vida del Señor: frente a la injusticia que condenó al Maestro, los discípulos hicieron silencio; frente a las calumnias y al falso testimonio que sufrió el Maestro, los discípulos callaron. Durante las horas difíciles y dolorosas de la Pasión, los discípulos experimentaron de forma dramática su incapacidad de «jugársela» y de hablar en favor del Maestro. Es más, no lo conocían, se escondieron, se escaparon, callaron (cfr. Jn 18,25-27).
Es la noche del silencio del discípulo que se encuentra entumecido y paralizado, sin saber hacia dónde ir frente a tantas situaciones dolorosas que lo agobian y rodean. Es el discípulo de hoy, enmudecido ante una realidad que se le impone haciéndole sentir, y lo que es peor, creer que nada puede hacerse para revertir tantas injusticias que viven en su carne nuestros hermanos.
Es el discípulo atolondrado por estar inmerso en una rutina aplastante que le roba la memoria, silencia la esperanza y lo habitúa al «siempre se hizo así». Es el discípulo enmudecido que, abrumado, termina «normalizando» y acostumbrándose a la expresión de Caifás: «¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no perezca la nación entera?» (Jn 11,50).
Y en medio de nuestros silencios, cuando callamos tan contundentemente, entonces las piedras empiezan a gritar (cf. Lc 19,40)[1] y a dejar espacio para el mayor anuncio que jamás la historia haya podido contener en su seno: «No está aquí ha resucitado» (Mt 28,6). La piedra del sepulcro gritó y en su grito anunció para todos un nuevo camino. Fue la creación la primera en hacerse eco del triunfo de la Vida sobre todas las formas que intentaron callar y enmudecer la alegría del evangelio. Fue la piedra del sepulcro la primera en saltar y a su manera entonar un canto de alabanza y admiración, de alegría y de esperanza al que todos somos invitados a tomar parte.
Y si ayer, con las mujeres contemplábamos «al que traspasaron» (Jn 19,36; cf. Za 12,10); hoy con ellas somos invitados a contemplar la tumba vacía y a escuchar las palabras del ángel: «no tengan miedo… ha resucitado» (Mt 28,5-6). Palabras que quieren tocar nuestras convicciones y certezas más hondas, nuestras formas de juzgar y enfrentar los acontecimientos que vivimos a diario; especialmente nuestra manera de relacionarnos con los demás. La tumba vacía quiere desafiar, movilizar, cuestionar, pero especialmente quiere animarnos a creer y a confiar que Dios «acontece» en cualquier situación, en cualquier persona, y que su luz puede llegar a los rincones menos esperados y más cerrados de la existencia. Resucitó de la muerte, resucitó del lugar del que nadie esperaba nada y nos espera —al igual que a las mujeres— para hacernos tomar parte de su obra salvadora.
Este es el fundamento y la fuerza que tenemos los cristianos para poner nuestra vida y energía, nuestra inteligencia, afectos y voluntad en buscar, y especialmente en generar, caminos de dignidad. ¡No está aquí…ha resucitado! Es el anuncio que sostiene nuestra esperanza y la transforma en gestos concretos de caridad. ¡Cuánto necesitamos dejar que nuestra fragilidad sea ungida por esta experiencia, cuánto necesitamos que nuestra fe sea renovada, cuánto necesitamos que nuestros miopes horizontes se vean cuestionados y renovados por este anuncio!
Él resucitó y con él resucita nuestra esperanza y creatividad para enfrentar los problemas presentes, porque sabemos que no vamos solos.
Celebrar la Pascua, es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos.  Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza.
La piedra del sepulcro tomó parte, las mujeres del evangelio tomaron parte, ahora la invitación va dirigida una vez más a ustedes y a mí: invitación a romper las rutinas, renovar nuestra vida, nuestras opciones y nuestra existencia. Una invitación que va dirigida allí donde estamos, en lo que hacemos y en lo que somos; con la «cuota de poder» que poseemos. ¿Queremos tomar parte de este anuncio de vida o seguiremos enmudecidos ante los acontecimientos?
¡No está aquí ha resucitado! Y te espera en Galilea, te invita a volver al tiempo y al lugar del primer amor y decirte: No tengas miedo, sígueme.
[1] «Yo os digo: si ellos callan, gritarán las piedras»
© Librería editorial del Vaticano 

sábado, 31 de marzo de 2018

Sábado Santo. Vigilia Pascual. La Iglesia espera con María ante el sepulcro

Sábado Santo. Vigilia Pascual. La Iglesia espera con María ante el sepulcro

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El Sábado Santo conmemora el día en que Jesucristo estuvo en la tumba después de su muerte. Se le conoce como víspera de Pascua

 
El Sábado Santo conmemora el día en que Jesucristo estuvo en la tumba después de su muerte. Es el día después del Viernes Santo y el día antes del Domingo de Pascua. También se le conoce como víspera de Pascua
Después de que Jesús murió en la cruz el Viernes Santo, José de Arimatea, un adinerado miembro del Sanedrín y un discípulo secreto de Jesús, le pidió a Poncio Pilato el cuerpo de Jesús para enterrarlo. Pilato estuvo de acuerdo.
José de Arimatea roció el cuerpo de Jesús con mirra y áloe, lo envolvió con una capa de lino fino. Lo colocó en una tumba que había hecho para sí mismo e hizo rodar una enorme piedra sobre la tumba y se fue. Con esto, José cumplió la profecía de Isaías 53:
"Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca".
Su madre, María, los Apóstoles - particularmente San Juan y María Magdalena, lamentaron esta gran pérdida.

Conmemoración del Sábado Santo

Hoy en día, en este Sábado Santo, nosotros también reflexionamos sobre la entrega generosa del Señor a una muerte en la cruz por todos nuestros pecados.
Algunas personas continúan el ayuno hasta el anochecer. Ningún servicio de la Santa Comunión se lleva a cabo sino hasta el atardecer, cuando muchas iglesias celebran la Vigilia Pascual. Es en este momento, en el que se realiza el encendido del Cirio Pascual.
El sacerdote enciende un nuevo Cirio cada año. Este iluminará todas las Santas Misas que se celebrarán durante los próximos 40 días, hasta la celebración de la Ascensión de Jesús al Cielo, entonces es retirada del altar.
El cirio pascual contiene cinco granos de incienso, que representan las cinco heridas de Jesús. La iluminación de la vela recuerda la luz y la vida de su resurrección. Las pilas bautismales que se vacían el Jueves Santo, se reponen con agua recién bendecida.
Tradicionalmente, los catecúmenos - Los nuevos en la fe - son bautizados en este día. Esto recuerda la Escritura: si somos bautizados en Cristo, moriremos en Cristo y encontramos la vida eterna con él.

¿Qué sucedió con Jesús mientras estuvo muerto?

Reflexionando ahora sobre el momento de Jesús y su reposo en la tumba: aunque su cuerpo estuvo allí, su espíritu se había ido al Seol - el lugar de los muertos - para liberar a las almas de los niños y adultos justos.
Jesús descendió a este Infierno, aunque este lugar al que Él fue, no es como el infierno o el purgatorio que conocemos hoy en día. Su presencia iluminó todas estas almas justas desde el principio del tiempo - Adán, Eva, Noé, Moisés - y así, el Seol se convirtió en un paraíso hasta la Ascensión de Jesús al Cielo.
Tras su ascensión, Jesús abrió las puertas del cielo a todos ellos, donde viven con él ahora y para siempre.
Muy temprano al día siguiente (domingo), en la tumba, sucedió algo tremendo. Así lo narra el Evangelio de Mateo (28,1-9):
"Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.
Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán". Esto es lo que tenía que decirles".
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él"
El Sábado Santo es el momento en que aprendemos a confiar en el sacrificio eterno de amor de Dios que la muerte no puede ni subyugar ni comprender.
En el Sábado Santo comenzamos a ver que es el mismo Dios quien ha hecho de la muerte su instrumento; No para aterrorizarnos, sino para llamarnos más íntimamente a su lado.
En la oscuridad purificadora del Sábado Santo descubrimos el Sábado de nuestra espera, descubrimos una esperanza sólida.
Sólo Cristo puede llevarnos a la mañana de Pascua, y así sucede con todos los sábados de nuestra vida. Amén.

jueves, 29 de marzo de 2018

P. Antonio Rivero: “Entremos con Cristo en la alegría de su Pascua” 29032018

P. Antonio Rivero: “Entremos con Cristo en la alegría de su Pascua”

Comentario litúrgico de la Vigilia Pascual (Sábado Santo)
Vigilia Pascual © Cathopic
Vigilia Pascual © Cathopic
VIGILIA PASCUAL
Ciclo B
Textos: Gn 1, 1- 2, 2; Gn 22, 1-18; Ex 14, 15 – 15, 1; Is 54, 5-14; Is 55, 1-11; Ba 3, 9-15. 32 – 4, 4; Ez 36, 16-28; Rm 6, 3-11; Mc 16, 1-7
Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos.
Idea principal: Dejarnos conquistar y envolver por la alegría de esta noche, para entrar en la Pascua, junto con Jesús.
Síntesis del mensaje: El Viernes Santo y el Sábado Santo sentimos una grande ausencia y tristeza. Altares despojados. Imágenes cubiertas con un paño morado. Ni una flor. Nada de lámparas encendidas. Y toda la Iglesia, y con ella nosotros, permanecimos silenciosos al pie del sepulcro de Cristo meditando emocionados hasta este momento de la Vigilia pascual donde el llanto se transforma en alegría, la tristeza en gozo y la soledad en presencia del Resucitado. La tierra estéril y seca de la humanidad, ahora regada por el agua y la sangre del costado de Cristo, está haciendo brotar nuevos hijos de Dios y fecundidad espiritual.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, las mujeres del evangelio de hoy vivían en la tristeza por la pérdida de Cristo. Santas mujeres que en vida de Cristo lo siguieron con fidelidad, le sirvieron con cariño ofreciendo sus bienes y con la muerte de Cristo estaban desplomadas. ¡Tanto era su amor por Jesús! Dios les premió y les envió un ángel que les anunció la noticia más importante: “Cristo ha resucitado”. Y ellas, al inicio, temerosas pues no estaban preparadas para escuchar algo tan inaudito. Además, ¿quién les tiraría esa piedra que pesaba en su corazón? Más tarde, se llenaron de alegría y fueron a anunciar y contagiar este gozo profundo. Experimentaron en su alma la presencia invisible de Cristo resucitado, invisible a los ojos humanos y sólo perceptible a los ojos de la fe.
En segundo lugar, muchos hoy también viven en su tristeza y angustia existencial, en su escepticismo mental, en su ateísmo práctico, en su indiferentismo religioso, en su pragmatismo facilitón, en su hedonismo sensual. También estas personas necesitan escuchar hoy de boca de la Iglesia que Cristo vive y ha resucitado. Nosotros debemos ser esos “ángeles” que les animen y les abran a la esperanza de la resurrección de Cristo. Sólo así convertirán su angustia existencial en serenidad, su escepticismo y ateísmo en fe sobrenatural, su indiferentismo en interés positivo por la religión, su pragmatismo en gratuidad y adoración, su hedonismo en búsqueda del sentido de la cruz de cada día. Que nos pase lo que nos dice el Papa Francisco: El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”(Evangelii gaudium 2). Con razón el filósofo alemán Nietzsche echaba en cara a algunos cristianos al salir de una Vigilia Pascual con cara tristona: “No tienen rostros de resucitados”.
Finalmente, tal vez nosotros mismos necesitamos escuchar esta espléndida noticia: “Cristo ha resucitado”. Él es el motivo de nuestra alegría. Dice el Papa Francisco: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (Evangelii gaudium 1). En la carta “Alegraos”, dedicada a los consagrados, se nos dice: La alegría no es un adorno superfluo, es exigencia y fundamento de la vida humana. En el afán de cada día, todo hombre y mujer tiende a alcanzar y vivir la alegría con todo su ser. En el mundo con frecuencia viene a faltar la alegría. No estamos llamados a realizar gestos épicos ni a proclamar palabras altisonantes, sino a testimoniar la alegría que proviene de la certeza de sentirnos amados y de la confianza de ser salvados”. Todo cristiano, sobre todo nosotros, consagrados, estamos llamados a ser portadores de este mensaje de esperanza que da serenidad y alegría: la consolación de Dios, su ternura para con todos. Pero sólo podremos ser portadores si nosotros experimentamos antes la alegría de ser consolados por Él, de ser amados por Él” (Papa Francisco 7 de julio de 2013 a novicios y seminaristas en Roma).
Para reflexionar: ¿Me dejo contagiar por la alegría de Cristo resucitado? ¿O vivo en un continuo tedio, tristeza y angustia? ¿Por qué? ¿Transmito la alegría de Cristo a mi alrededor, en mi familia, en el trabajo, en la parroquia, en las comunidades?
Para rezar: Recemos con el Papa Francisco: Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores»”(Evangelii gaudium 3). Líbrame del egoísmo y de la autorreferencialidad. En ti y en el servicio a mi hermano encuentro la verdadera alegría.
Para cualquier duda o pregunta, aquí tienen el email del padre Antonio, arivero@legionaries.org

domingo, 16 de abril de 2017

EL MISTERIO PASCUAL SE HACE NUESTRO POR EL BAUTISMO VIGILIA PASCUAL SÁBADO SANTO (Mons. Oscar Romero)

EL MISTERIO PASCUAL SE HACE NUESTRO POR EL BAUTISMO

VIGILIA PASCUAL
SÁBADO SANTO


25 de marzo de 1978

Génesis 1, 1-3 1; 2, 1-2
Génesis 22, 1-18
Exodo 14, 15-31. 15, 1
Isaías 54, 5-14
Isaías 55, 1-11
Baruc 3, 9-15. 4, 1-32
Ezequiel 36,16-28
Romanos 6, 3-11
Mateo 28, 1-10

 
Queridos hermanos:
La palabra de Dios que se ha remontado hasta los orígenes del mundo en la primera lectura del Génesis y que ha recorrido algunos capítulos de la historia de la salvación, acaba de culminar con el hecho que estamos conmemorando esta noche, la resurrección del Señor. Pero no terminó hace veinte siglos sino que el último capítulo lo estamos escribiendo aquí, nosotros. Por eso, mi pobre palabra, incorporándose a las lecturas de la palabra de Dios, es para decirles a ustedes y reflexionarlo yo mismo, cómo nos ama el Señor. De aquel origen del hombre: "hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" y que el hombre no supo mantener en su dignidad sino que ofendiendo a Dios, por el pecado desfiguró esa imagen de Dios, su Hijo divino vino a repararla y ya está consumada la obra de la reparación.
Esta noche clausuramos el solemne Triduo Pascual.Tres días, los más grandes del año, que nos han servido para considerar los tres aspectos de nuestra redención! el sufrimiento, la pasión del Redentor el Viernes Santo; el silencio de la tumba donde yacía yerto el cadáver de Cristo, la esperanza del sepulcro; y esta noche, el triunfo de la resurrección. Esas tres cosas: la pasión dolorosa, el sepulcro y la resurrección, son lo que constituye el misterio Pascual.
El misterio Pascual o sea: la muerte, la pasión, la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, son para nosotros un hecho que hacemos nuestro. De nada serviría todo este episodio de la vida de Cristo, definitivo para la historia, si cada uno de nosotros no lo hiciera suyo. Y este es el significado de esta noche: que aquella pasión dolorosa, aquella expectativa del sepulcro y aquel triunfo que estamos conmemorando esta noche, se hace nuestro, todo eso por el bautismo.
A continuación vamos a celebrar la renovación de nuestro bautismo, porque esos tres aspectos del misterio de la Pascua que nos redimieron, nos han marcado nuestra vida desde el día en que nuestros padres nos llevaron a la pila bautismal como se llevaba antiguamente en esta noche del Sábado Santo a los catecúmenos para ser bautizados, para ser confirmados. Y San Pablo nos acaba de explicar qué significa ese bautismo del cristiano: ser sepultado con Cristo y resucitar con Cristo. Hermanos, cuando pensamos en el hombre moderno vemos cómo congenian estos tres aspectos de la Pascua de Cristo a la vida del hombre de hoy.
 

1º. EL SUFRIMIENTO, LA PASION DEL REDENTOR EL VIERNES SANTO

La pasión dolorosa de Cristo, su sufrimiento. El hombre de hoy rehuye el dolor, no quiere el sufrimiento y, sin embargo, nadie como el hombre de hoy está tan convencido de que la muerte, el dolor, es invencible; que por más que se inventen medicinas, prevenciones contra el sufrimiento, contra el dolor, el dolor está reinando, el sufrimiento es herencia del hombre, quiéralo o no lo quiera. Entonces, el secreto está en darle un sentido a ese dolor. Y he aquí que el bautismo incorpora al hombre con toda su tragedia, con todo su dolor, para que el sufrimiento de su vida, su hambre, su marginación, su pena, se convierta, junto con Cristo, en un dolor de redención.
Esta noche podemos ofrecerle al Divino resucitado, como incorporándolo en sus llagas gloriosas, todo nuestro sufrimiento. ¿Quién de los que estamos llenando esta Catedral y de los que a través de la radio están reflexionando en esta noche santa, no tiene, un sufrimiento? ¿Qué cristiano no lleva un problema en su conciencia? Esta noche nos invita Cristo a unir en su dolor, a su cruz, todos los dolores para hacerlos divinos, para iluminarlos con luz de Pascua, para llenarlos de esperanza. Una noche, hermanas, en que el mejor regalo que le podemos traer al divino Resucitado es nuestro propio sufrimiento, para que unido a su resurrección se convierta en un dolor de redención.
 

2º. EL SEPULCRO SILENCIOSO PERO NO PASIVO

El segundo aspecto de la Pascua es el sepulcro del Sábado Santo. Sepulcro silencioso pero no pasivo, porque nuestra fe nos dice que mientras el cadáver de Cristo pasó en su sepulcro desde el Viernes Santo por la tarde hasta la madrugada de esta noche, el alma bendita de Cristo estaba trabajando. Era Domingo de Ramos al otro lado de la historia, Cristo pasó por el túnel de la muerte dolorosa y se encuentra su alma junto con las almas benditas de los bienaventurados del Antiguo Testamento. Allá, Adán y Eva, Abraham, David, los patriarcas, los profetas, todo lo santo y noble que vivió antes de Cristo y que no podía entrar al cielo porque estaba cerrado por el pecado del hombre, ese cielo se ha abierto ya. Y ese Cristo baja, como dice nuestro Credo: "descendió a los infiernos". Es decir, descendió al lugar de los muertos y los antros de la muerte se llenaron de luz. Y el Domingo de Ramos también fue para los del Antiguo Testamento, que en esta noche junto Cristo resucitado, como una procesión de espíritus, lo acompañan a todas partes para entrar con El en el reino de los cielos.
Cristo ha venido a redimir a todos los hombres, no sólo a los que renacerán después de El sino a los que vinieron antes de El en la esperanza de una Resurrección. El sepulcro silencioso es la figura de nuestra esperanza. He aquí que en esta noche pascual, ese sepulcro se convierte en una tumba vacía y es el mejor monumento a la esperanza de los cristianos. Moriremos también nosotros, sucumbiremos al embate del dolor y de la muerte, envejeceremos. ¿Se dirá por eso que la redención de Cristo no fue eficaz? ¡De ninguna manera! Eso sólo quiere decir que en la redención de Cristo hay una fase definitiva que es su persona divina. El sí ha triunfado plenamente pero el género humano tiene que vivir todavía de esperanza. La esperanza nos es necesaria.
Hermanos, en estas horas en que parece vivir la historia un callejón sin salida, la esperanza ilumina el horizonte de los cristianos. El sepulcro de Cristo, donde parecía que los enemigos del Señor sellaron su victoria, ahora, esta noche, rotas las cadenas y los sellos que le habían puesto sus enemigos, grita: " ¡Oh muerte!, ¿dónde está tu victoria?" Y así como el sepulcro de Cristo rompe los cerrojos de la muerte, también los sepulcros de nuestros muertos y nuestros propios sepulcros quedarán también un día vacíos.
Es necesario alimentar esta esperanza, sobre todo, en estas horas,
hermanos, en que muchos piensan dar una solución a los problemas políticos, sociales y económicos únicamente organizando la tierra, únicamente con medidas terrenales. La redención nos habla que la verdadera liberación del hombre tiene que ser el fruto de un Cristo triunfante y de la esperanza que en El pongan los hombres. Cuanto más graves sean nuestros problemas, mas oportunidad le estamos dando al Redentor, más grande tiene que ser nuestra esperanza. Es una noche de esperanza, una noche de Pascua, una noche de sepulcro vacío.       
 

3º. EL TRIUNFO

Y por eso también, hermanos, la tercera fase de la Pascua: El triunfo.
Esta es una noche de triunfo, una noche de victoria. Pero no una victoria que deja aplastados en el odio, en la sangre, a los enemigos. Las victorias que se amasan con sangre son odiosas; las victorias que se logran a fuerza bruta, son animales; la victoria que triunfa es la de la fe, la victoria de Cristo que no vino a ser servido sino a servir. Y el triunfo de su amor es este triunfo pacífico, el triunfo de la muerte no fue definitivo, es el triunfo de la vida sobre la muerte, el triunfo de la paz, el triunfo de la alegría, el triunfo de los aleluyas, el triunfo de la resurrección del Señor.
Pero en este triunfo, hermanos, vuelvo a repetir, hay dos aspectos, dos fases; no lo olvidemos. Una fase que ya se coronó de absoluta victoria y es Cristo, su persona. Sí, ya es el rey de la vida y de la eternidad. San Pablo nos acaba de decir: "¡Ha resucitado y la muerte no lo vencerá más!" En El la redención ha Regado a la cumbre- pero en nosotros. Esta noche, los cristianos que vamos a renovar nuestro bautismo sabemos que para nosotros la victoria todavía tiene un compás de espera, todavía pasea sobre el mundo su bandera el sufrimiento, la muerte, el dolor, el pecado. No es que la muerte y la resurrección de Cristo hayan sido fracasados por la maldad de los hombres; lo que pasa es que esta es la hora de la Iglesia. Desde la resurrección de Cristo hasta su segunda venida, ¿cuántos siglos transcurrirán? No lo sabemos, pero si sabemos que con la resurrección de Cristo se ha rubricado ya el pacto de victoria sobre el pecado, sobre el infierno, sobre la muerte; y que Dios le ha encomendado a su iglesia la administración de su victoria en el corazón de cada hombre. De allí este trabajo tan tremendo de la evangelización, el trabajo de la reconciliación de los hombres con Dios, el trabajo de llevar la sangre de Cristo a todos los corazones, el trabajo de sembrar el amor del Señor sobre todos los odios, el trabajo de sembrar paz en los pueblos, justicia en las relaciones humanas, respeto a los derechos de los hombres que santificó la redención del Señor.
Este trabajo de la Iglesia supone luchas sangrientas, conflictos dolorosos; pero son parte de la Pascua de Cristo, una Pascua que no estará cumplida plenamente sino hasta que Cristo vuelva. Esta noche es una figura de la Iglesia en espera de la madrugada. Oyeron en el pregón pascual cuando se cantaba la gloria de este hermoso cirio, esta candela gruesa con una cruz marcándola de gloria, encendido en mitad de esta asamblea. Y ese cirio es la figura de Cristo, es la Iglesia que ilumina la noche con la luz de Cristo. Pero cantaba el diácono: "que quede iluminando la noche hasta que el lucero de la mañana anuncie que ya no hay necesidad de este cirio sino que el día, con su claridad, es la luz que ilumina al hombre que peregrina en la tierra".
En la figura de la Iglesia, mientras hay noche ella arde esperando el lucero de la mañana, Cristo que volverá, el resucitado que todavía no le vemos en el esplendor de su gloria pero que ya,a través de su Iglesia, predica, perdona, santifica, guía a las almas que se quieran dejar conducir.
Hermanos, por eso vamos a terminar esta liturgia de la Palabra renovando nuestros compromisos bautismales. Vamos a bendecir el agua que sirve para bautizar a los niños, la fuente en la cual fuimos también nosotros incorporados a este misterio de la pascua. Y esta noche no sólo es hermosa porque Cristo ha resucitado sobre el dolor y sobre su tumba sino porque esa tumba, ese dolor, esa victoria, se han hecho nuestras, gracias al bautismo que Cristo inventó para que todo hombre que nace de la carne, por el bautismo incorporado a El, sea hijo de la redención, sea un candidato de la gloria y de la victoria eterna. Así sea.

sábado, 26 de marzo de 2016

Sábado Santo - En la noche : Santa Vigilia Pascual

Sábado Santo - En la noche : Santa Vigilia Pascual




Sábado Santo
Jesús está sepultado. Es un día de reflexión y silencio.
 
La Vigilia Pascual
 
El sábado santo es un día de oración junto a la tumba esperando la resurrección. Es día de reflexión y silencio. Es la preparación para la celebración de la Vigilia Pascual
 
Por la noche se lleva a cabo la celebración de la Vigilia Pascual. Dicha celebración tiene tres partes importantes que terminan con la Liturgia Eucarística:
 
1. Celebración del fuego nuevo.
2. Liturgia de la Palabra.
3. Liturgia Bautismal.
 
Era costumbre, durante los primeros siglos de la Iglesia, bautizar por la noche del Sábado Santo, a los que querían ser cristianos. Ellos se preparaban durante los cuarenta días de Cuaresma y acompañados por sus padrinos, ese día se presentaban para recibir el Bautismo.
 
También, ese día los que hacían penitencia pública por sus faltas y pecados eran admitidos como miembros de la asamblea.
Actualmente, la Vigilia Pascual conserva ese sentido y nos permite renovar nuestras promesas bautismales y acercarnos a la Iglesia con un espíritu renovado.
 
a) Celebración del fuego nuevo:
 
Al iniciar la celebración, el sacerdote apaga todas las luces de la Iglesia, enciende un fuego nuevo y con el que prende el cirio pascual, que representa a Jesús. Sobre el cirio, marca el año y las letras griegas "Alfa" y "Omega", que significan que Jesús es el principio y el fin del tiempo y que este año le pertenece.
 
El sacerdote llevará a cabo la bendición del fuego. Luego de la procesión, en la que se van encendiendo las velas y las luces de la Iglesia, el sacerdote canta el Pregón Pascual.
 
El Pregón Pascual es un poema muy antiguo (escrito alrededor del año 300) que proclama a Jesús como el fuego nuevo.
 
b) Liturgia de la Palabra:
 
Después de la Celebración del fuego nuevo, se sigue con la lectura de la Palabra de Dios. Se acostumbra leer siete lecturas, empezando con la Creación hasta llegar a la Resurrección.
 
Una las lecturas más importantes es la del libro del Éxodo, en la que se relata el paso por el Mar Rojo, cómo Dios salvó a los israelitas de las tropas egipcias que los perseguían. Se recuerda que esta noche Dios nos salva por Jesús.
 
c) Liturgia Bautismal:
 
Suelen haber bautizos este día, pero aunque no los haya, se bendice la Pila bautismal o un recipiente que la represente y se recita la Letanía de los Santos. Esta letanía nos recuerda la comunión de intercesión que existe entre toda la familia de Dios. Las letanías nos permiten unirnos a la oración de toda la Iglesia en la tierra y la Iglesia triunfante, de los ángeles y santos del Cielo.
 
El agua bendita es el símbolo que nos recuerda nuestro Bautismo. Es un símbolo que nos recuerda que con el agua del bautismo pasamos a formar parte de la familia de Dios.
 
A todos los que ya estamos bautizados, esta liturgia nos invita a renovar nuestras promesas y compromisos bautismales: renunciar a Satanás, a sus seducciones y a sus obras. También, de confirmar nuestra entrega a Jesucristo.
 
Sugerencias para vivir la fiesta
 
Hay quienes acostumbran este día encender sus velas del bautismo y llevar un cirio pascual a la iglesia o agua bendita, para tener en sus hogares.