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miércoles, 15 de abril de 2020

El contexto cultural del misticismo judío (Ibiza Melián) 14042020



Ibiza Melián

🎥El contexto cultural del 🕎misticismo judío

Por Ibiza Melián el Apr 14, 2020 02:31 pm
Misticismo judío
Hoy me gustaría hablar del misticismo judío. Claves que traté con detalle en mi libro La corrupción inarmónica. Ensayo que puedes adquirir en Amazon. Misticismo judío que para poder entenderlo hay que analizar primero que nada su contexto cultural y es precisamente de eso de lo que vamos a hablar en este vídeo. De manera que para introducirnos en este tema resulte crucial partir de la exégesis bíblica.

Los hebreos

Escritura Sagrada que menciona en sus comienzos a los hebreos, a los descendientes del gran patriarca Abraham, a quien Dios hizo la promesa de entregarle Canaán (Génesis 17, 8). Así pues, en el texto bíblico se habla de «Abram, el hebreo» (Génesis 14, 13). Término hebreo que deriva de Ever, ancestro de Abraham y descendiente de uno de los hijos de Noé, Sem. De donde proviene el vocablo semita, utilizado para designar a los provenientes de esa misma raíz.
Abraham fue tanto el antecesor de los judíos, como de los cristianos y de los musulmanes. Inclusive los magos persas lo identificaron con Zoroastro, el profeta del zoroastrismo, previamente a abandonar su ciudad, Ur, en Caldea (Génesis 11, 31). Cuando todavía se llamaba Abram y no Abraham, nombre otorgado por Dios tras sellar la alianza con él (Génesis 17, 1-7).

Simbolismo del término

Abraham por tanto pasó el río Jordán, simbólicamente el que ha dejado atrás lo prosaico para conectar con la santidad. Esta alegoría de atravesar el río también se contempla en el cristianismo cuando Jesús fue bautizado. Donde «al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma» (Marcos 1, 10). De manera análoga, los masones en el grado quince del Rito Escocés Antiguo y Aceptado adoptaron este símil como paso de las tinieblas a la luz, instante en el que el compás prevalece sobre la escuadra. Donde lo fragmentado retorna a la unidad inicial.
Por consiguiente, la palabra hebrero alude al santo, al que ha cruzado el río. De ahí que al idioma hebreo se lo relacione con el de los profetas, el de los sabios. Razón por la que Dios intercaló una «h» en la grafía de Abraham, al corresponder esta letra al conocimiento primordial.

Los israelitas en Egipto

Los israelitas

Abraham fue el padre de Isaac, progenitor a su vez de Jacob. A quien Dios cambiaría el nombre por el de Israel (Génesis 35, 10) y que tuvo doce hijos de los que proceden las doce tribus de Israel, a saber, los israelitas. Debido a una época de penurias Jacob tuvo que trasladarse con sus hijos a Egipto, país en el que uno de sus vástagos, José, llegó a ser virrey. Sin embargo, con el pasar de los años la situación se torció y los israelitas se convirtieron en esclavos de los egipcios. Es por eso que Moisés los liberó y fue entonces cuando sobrevino la etapa calificada como «éxodo».

El éxodo

Periodo de cuarenta años en los que vagaron por el desierto hasta que pudieron penetrar en la Tierra Prometida (Deuteronomio 8, 2). Mas antes el Creador había entregado a Moisés la Ley en el monte Sinaí para que fuera cumplida por los israelitas. Plasmada en la Torá, los cinco primeros libros bíblicos o Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
Y es que no hay que olvidar la enorme trascendencia del número cuarenta. Tiempo que transcurrió hasta que el Señor consideró que los israelitas estaban preparados para obtener un conocimiento superior, al haberles concedido la suficiente «inteligencia para entender» (Deuteronomio 29, 3-4). Simbolismo que se refleja nuevamente al pasar el río Jordán. La alusión al número cuarenta aparece en más de cien pasajes bíblicos. No en vano, es a los cuarenta años para la cábala cuando la persona se eleva de la sefirá de Yesod a la de Tiferet.

La entrada en la Tierra Prometida

Una vez instalados en la Tierra Prometida los israelitas optaron por investir a un rey, requerido para resolver las controversias con otros territorios colindantes, por lo que eligieron a Saúl. Este sería sucedido por David, reemplazado a su vez por su hijo Salomón. Soberano encargado de erigir un majestuoso templo para el Altísimo, con el propósito de que habitara entre ellos.
Hay que recordar que la profecía aseguraba que el Mesías, el «ungido», sería un descendiente de la casa de David (2 Samuel 7; Isaías 11; Salmos 18, 51). Función que en el cristianismo se le dio a Cristo, nacido supuestamente en Belén como David (Mateo 2, 1-6), el hipotéticamente encargado de liderar los designios del pueblo de Israel (Miqueas 5, 1). Reconocimiento como Mesías que será el punto de fricción entre cristianos y judíos. Visto que inicialmente todos eran judíos, tanto Jesús como san Pablo, el gran artífice de la teología cristiana.
Exclusivamente a la muerte de san Pablo sus seguidores se separaron completamente de la rama inicial y se conformó el cristianismo. En el que Cristo, del vocablo griego Khristós, el ungido, adopta el rol del Hijo del Padre. Se concibe a Dios como «trino y uno»: tres personas (Padre, Hijo y Espírito Santo), pero una sola sustancia (Dios). Teoría que para los judíos chocaba con su estricto monoteísmo.

Los judíos

Luego de perecer Salomón el reino se fracturó en dos porciones: una al norte, Israel, donde se instalaron diez tribus; mientras que la región del sur era Judá, habitada por dos tribus, en la que se ubicaba el Templo de Jerusalén. Empero, el norte fue conquistado por Asiria y en el 722 a. C. se perdió el rastro de diez de las doce tribus de Israel.
Por su parte en el 586 a. C. Judá fue arrasada por Nabucodonosor. Rey de Babilonia que destruyó el Templo y se llevó «todos los tesoros de la Casa del Señor». Además de deportar a las élites —a los «jefes», a «la gente rica», «herreros y cerrajeros»—, por miedo a una rebelión. Nada más que dejó a «la gente más pobre del país» (2 Reyes 24, 13-14). Fase denominada como la del exilio de Babilonia.
En el año 538 a. C. los persas conquistaron Babilonia y el rey Ciro el Grande permitió a los exiliados retornar a Judá y reconstruir su Templo, si bien algunos prefirieron permanecer en Babilonia. Edificio que quedó finalizado en el 515 a. C. Desde entonces es cuando se puede hablar propiamente de judíos, para designar a los retornados de Babilonia que eran originarios de Judá. Ya que las diez tribus de la región del norte, Israel, habían desaparecido.

Destrucción del Templo de Jerusalén año 70

La influencia grecorromana

No obstante, los judíos ya no tenían un país propio, sino que dependían de los persas. Alejandro Magno en el 330 a. C. los vencería y quedarían bajo dominio griego. Influencia griega que se deja entrever en la mística judía. Después vendrían los romanos, con los que chocaron frontalmente. Es más, estos enfrentamientos provocaron la destrucción otra vez del Templo en el año 70.
Los judíos fueron expulsados definitivamente de la Tierra Prometida en el 135 por Adriano, lo que supondría la diáspora, su dispersión por dispares territorios allende las fronteras. Y es que Israel solo lograría constituirse como país después de la Segunda Guerra Mundial. O sea, tuvieron que cumplirse casi dos milenios para que los judíos pudiesen regresar a la mítica Sion, por la que tanto habían llorado (Salmos 137, 1). El lugar que les ofreció Dios y que constituía el genuino sentido de su existencia como pueblo.

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Espero que te haya parecido interesante esta incipiente introducción al misticismo judío. Si hoy hemos hablado del contexto cultural en el que surgió, en el próximo vídeo nos adentraremos en las influencias externas que contribuyeron a modelarlo. En concreto, del influjo ejercido por los egipcios, persas y griegos. Así que no olvides suscribirte a mi canal de YouTube y, muy importante, activar las notificaciones haciendo clic en la campanita, para que puedas estar al tanto de mis nuevas publicaciones. Además, si te ha gustado este vídeo, dale un «me gusta» y compártelo. Y recuerda que puedes encontrar información sobre la mística judía en mi libro La corrupción inarmónica, disponible en Amazon.

Bibliografía

La Biblia. La Santa Sede. Obtenido el 14 de abril de 2020, de: http://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM
Laenen, J. H. (2006). La mística judía. Madrid: Editorial Trotta.
Melián, I. (2019). La corrupción inarmónica. Independently published.

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viernes, 18 de enero de 2019

La actividad docente del profesor Antonio Oliver Monserrat (Ibiza Melían) 17012019


La actividad docente del profesor Antonio Oliver Monserrat


Recientemente fue la ceremonia en recuerdo de los veinticinco años del fallecimiento del profesor Antonio Oliver Monserrat, donde tuve el honor de que unas muy humildes palabras mías fueran leídas. Misa que tuvo lugar el pasado nueve de enero en Madrid, en la Parroquia Virgen de la Providencia y San Cayetano de los Teatinos.
Antonio Oliver Monserrat era clérigo de los teatinos y doctor en Historia Medieval de la Iglesia por la Universidad Gregoriana. Precisamente fue gracias a su erudición sobre el medievo que hallé su labor divulgativa en Internet. Materia que me interesaba ampliar para poder completar la obra que actualmente estoy redactando.
Y es que uno de sus alumnos, José María Jiménez Tostado, ha hecho una excelente labor de recopilación. Entre otras iniciativas, ha creado un canal de YouTube donde están las clases y conferencias que impartió el profesor. Con quien contacté y amablemente me facilitó bastante documentación, en pro de mejorar mis conocimientos respecto al tema. Porque la base de un libro es ante todo la tarea de documentación y consulta, no se puede llegar a una mínima conclusión sin unos sólidos cimientos.

De manera que me gustaría compartir, además de mis palabras que se leyeron en el transcurso del acto, las del propio Antonio Oliver Monserrat para que puedan inspirar a otros. Su meritoria actividad docente queda demostrada mediante el hecho de que, veinticinco años después de su defunción, sus alumnos sigan reuniéndose para rememorarlo. Volcados en expandir su saber y de hacer nacer en otros el interés por una época durante la que se pergeñó la actual Europa.
Termino con una cita del jesuita Teilhard de Chardin, a la que evocan los discípulos de Antonio Oliver Monserrat en su página de Facebook en referencia a sus clases. A través de la cual afirman que «sus cursos» no están destinados «precisamente a los cristianos que sólidamente instalados en su fe podrían aprender de él». Más bien se dirigen a «los inquietos de dentro y de fuera, es decir, para quienes, en vez de entregarse plenamente a la Iglesia, la bordean o se apartan de ella con la esperanza de superarla».

Material de consulta:

miércoles, 16 de enero de 2019

Entrevista a Ibiza Melián 07122018

Entrevista a Ibiza Melián

Hace pocas semanas tuve el gusto de conocer a la escritora española Ibiza Melián y me interesó particularmente su enfoque que hace del rosacrucismo en su libro “La Hermandad de Doña Blanca” (2015). Después de leer esta novela, me comunique con Ibiza para solicitarle una entrevista, a la cual accedió amablemente. 
ibiza melian
¿Quién es Ibiza Melián?
Soy graduada en Derecho. Especialista en Mediación Civil y Mercantil. Mediación Laboral. Además, tengo un Máster Universitario en Derecho de las Administraciones Públicas. Máster en Comunicación Política y Empresarial y otro en Asesoría y Gestión de Inmuebles. Actualmente estoy realizando un doctorado en Ciencias Sociales y Jurídicas. Asimismo, durante doce años fui concejal municipal. Ya que, tras una década de trabajo en el ámbito turístico, al estar también titulada como Técnico Superior de Agencias de Viajes, quise trasladar mi humilde experiencia adquirida en el sector privado al público.
¿Cómo surge tu interés por la escritura?
Hace tiempo escuché al escritor cubano Carlos Alberto Montaner decir algo que plenamente comparto, que lo mejor de escribir es poder aprender. Porque un libro surge tras la irrupción de un interrogante, para el cual no tenemos contestación. Y con el propósito de lograr una solución comienza poco a poco a componerse una obra. No solo en mi caso desde la perspectiva del ensayo, sino también en cuanto a la novela o los relatos.
Así que mis libros nacen a partir de la necesidad de comprender los problemas que nos aquejan. Problemas que durante siglos han corroído los cimientos del Estado español y los de sus herederos culturales. Tema que he abordado enHistorias de un pueblo (2011) desde una perspectiva histórica. También con un punto de vista político y religioso, tanto en La Hermandad de Doña Blanca (2016) como en Crisis de fe y otros relatos (2017). Cuya síntesis plasmé en Simbología (2017). O bien por medio de una óptica institucional en el caso de La corrupción en España y sus causas (2015).
De igual modo, la libertad es una cuestión recurrente en mi obra. Corriente filosófica que he desgranado en La relación de Sorolla con los liberales de su época (2010) o en Una incipiente aproximación al liberalismo (2010). Libertad que fomenta el progreso de las sociedades. Pero no exclusivamente la económica, que para mí es una mera consecuencia más de la individual. Sino la libertad del ciudadano en toda su extensión, aquella que le permite ofrecer al mundo la plenitud de su potencial. Porque exclusivamente podremos perfeccionarnos como comunidad cuando cada cual sea capaz de mostrar su más brillante versión personal.
Otra materia en la que me he adentrado es el turismo, en Mi personal visión sobre la industria turística (2010), sector que representa un considerable porcentaje del producto interior bruto español. Y, por último, he tocado las estrategias comunicativas empleadas en la política, las cuales los ciudadanos deben conocer si no quieren ser presa de manipulación alguna. Desde ese argumento nació La comunicación política del siglo XXI (2011).
Actualmente me encuentro culminando un ensayo acerca de las consecuencias que tiene nuestra raíz cultural en la corrupción. Libro que espero que esté publicado a lo largo de 2019, bajo el nombre de La corrupción inarmónica. Un amplio trabajo de investigación que me ha llevado casi cuatro años. Ensayo en el que desgrano las distintas corrientes exotéricas y esotéricas a lo largo de la historia y su incidencia en el pensamiento político. Parto desde el Antiguo Egipto y su influencia en el mundo helénico (pitagorismo, platonismo y orfismo). La adaptación de este saber por parte de las tres religiones de libro y sus dispares líneas místicas. Hasta llegar a las sociedades discretas: rosacrucismo, martinismo y masonería. Ya presenté un resumen de este estudio en el XIII Congreso de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración (AECPA). Evento que se celebró en septiembre de 2017 en la universidad española de Santiago de Compostela.
¿Qué te impulsa a escribir “La Hermandad de Doña Blanca?
Dar respuesta a una pregunta crucial: ¿Por qué determinados males atacan más virulentamente a España que a otros países? En base a ello en un determinado momento percibí que para desentrañar el enigma debía indagar en nuestra historia. Decía el filósofo Santayana que: «Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo».
Y fue precisamente durante esa búsqueda cuando hallé todo un riquísimo movimiento intelectual, surgido en una época que para mí guarda muchísimas similitudes con la actual, la Restauración. Periodo de la historia española que abarca desde finales de 1874 hasta el 14 de abril de 1931. Etapa caracterizada por el lema del cacique: «para los enemigos la ley, para los amigos el favor».
Pues bien, en ese espacio temporal irrumpe con fuerza en España el krausismo. Corriente de la que bebió la generación del 98, la del 14, la del 27. Así como los regeneracionistas y los institucionistas. Gracias a la gran labor de difusión realizada por la Institución Libre de Enseñanza (ILE), liderada por Francisco Giner de los Ríos. Todos ellos tenían como fin último sacar a España de su retraso a través de la renovación de las ideas. Para quienes España se sustentaba en tres pilares: el pueblo, los verdaderos protagonistas de la historia; los monumentos, nuestro patrimonio arquitectónico como fuente de riqueza y exponente identitario; y el paisaje, para quienes Castilla era el símbolo de nuestra patria.
De tal manera que debido a los postulados de todo ese movimiento intelectual opté por decantarme por el enclave donde se desarrolla la trama de La Hermandad de Doña Blanca, Castilla – La Mancha. Que es la tierra de otro de los personajes más universales de nuestras letras, «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha». Mismo paraje que utilicé en mi ensayo novelado anterior Historias de un pueblo.
Por otro lado, esa falta de libertad que durante siglos ha asfixiado a España, por la que don Quijote instaba a «aventurar la vida», ha sido más virulenta con la mujer. Y ese ostracismo, al que hasta hace escaso tiempo hemos estado sometidas, lo encarna perfectamente doña Blanca de Borbón. Utilizada como moneda de cambio para sellar una supuesta alianza entre España y Francia. Y después otra vez usada su figura por los nobles para ampliar su poder frente al rey. Quien concita, presuntamente en defensa de su honor, la primera guerra civil nacional. A quienes los Reyes Católicos rendirán su merecido homenaje en 1447. La mujer, a quienes se nos ha relegado siempre bajo el auspicio de una interesada interpretación del pasado. Y para mí la triste existencia de doña Blanca de Borbón representa un espectacular estandarte para reivindicar nuestro papel en la historia.
¿Tu novela trata sobre política, sobre rosacrucismo o de otra cosa?
Mi libro se centra en el ansia de regeneración para España que tienen sus personajes. Y para mi ese afán regenerador lo llevó a su máximo exponente el movimiento rosacruz de finales del siglo XVII. Corriente que aspiraba a una regeneración política, científica y del propio individuo dentro de Europa. Así que extrapolé ese espíritu a España y enarbolé la bandera de los regeneracionistas españoles.
Los regeneracionistas beben de las fuentes del krausismo. La adaptación española del pensamiento de Krause, considerado como el filósofo de la masonería. Los regeneracionistas se diferencian del resto de movimientos intelectuales —generación del 98, la del 14 y la del 27— en que en sus escritos primaba más el componente político que el literario. Soñaban con cambiar España, ponerla a la altura del resto de naciones europeas.
Regeneracionistas que eran conscientes de que la raíz del mal estuvo en la tímida acogida que se prodigó en nuestro país a los flamantes aires de la Ilustración que soplaban con fuerza desde Europa. Lo que provocó una débil aplicación de los mismos. Ideología que promulgaba romper con las fórmulas del Antiguo Régimen, para dar paso a los incipientes «Estados Liberales de Derecho». La primera Constitución que se hizo acopio de estos planteamientos fue la de 1812. Pero los efímeros periodos constitucionales españoles desde ese instante, rotos por otros autoritarios, impidieron la consolidación de la referida doctrina en España. Y no se pudo insuflar en la población un auténtico sentimiento patriótico compartido por todos. Lo que sí ocurrió en otros Estados. Sin embargo, aquí hemos vivido inmersos perennemente en «las dos Españas». Una «que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida», y otra «España vital, sincera, honrada, la cual estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia». Según la magistral definición de Ortega y Gasset.
Mas, yo me quedo con el ideal de alcanzar la Tercera España. Aquella que para Salvador de Madariaga era la de la libertad, la integración y el progreso. En la que no cabe pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pues la historia nos demuestra que no es cierto. Lo que tenemos que hacer es analizar nuestros elementos diferenciales con respecto a las naciones de nuestro entorno. Con el fin de poder detectar nuestros puntos débiles y así fortalecerlos.
De manera análoga, La Hermandad de Doña Blanca cuenta con otra particularidad. Se trata de un tributo especial al regeneracionista José Echegaray y Eizaguirre, Premio Nobel de Literatura en 1904. Quien amargamente se quejaba de una nación «donde no hubo más que látigo, hierro, sangre, rezos, braseros y humo».
Y es que cuentan que otro insigne literato, Ramón María del Valle-Inclán, adscrito a la generación del 98, sostuvo un áspero enfrentamiento con Echegaray. Tal fue el grado de enemistad que en cierta ocasión Valle Inclán necesitó que le hicieran una transfusión de sangre, debido a una grave enfermedad que lo mantuvo hospitalizado. Así que hasta el centro hospitalario se acercó Echegaray para hacer lo propio. Sin embargo, al enterarse Valle-Inclán del ofrecimiento le espetó al médico: «¡Doctor, ni se le ocurra! No quiero la sangre de ese. La tiene llena de gerundios». Pues bien, en La Hermandad de Doña Blancahago un guiño a esos hermosos gerundios utilizados por el primer español que ganó el Nobel.
¿Qué aspectos te interesan de la Rosacruz?
Tanto La Hermandad de Doña Blanca como La corrupción inarmónica, libro en fase de conclusión, me han permitido estudiar un poco mejor este movimiento. Además, tuve la suerte de que cuando fui a presentar La Hermandad de Doña Blanca conté con el apoyo de la Antigua y Mística Orden Rosa Cruz – AMORC en España. Lo que agradezco enormemente, pues he de resaltar que no estoy adscrita a ningún grupo iniciático.
El primer contacto que mantuve con la Antigua y Mística Orden Rosa Cruz – AMORC fue el 30 de abril de 2016, a través de un correo electrónico. Mensaje que contenía una invitación a la primera presentación literaria de La Hermandad de Doña Blanca. Debido a que el espíritu rosacruz era el eje vertebrador de mi relato, me pareció oportuno que participasen en el evento. Mensaje que gratamente respondieron con la confirmación de su asistencia. Y a partir de ahí me abrieron las puertas de sus logias en Tenerife, Gran Canaria y Madrid para exponer mi obra.
¿Es comparable la situación política de inicios del siglo XVII -cuando se publicaron los manifiestos rosacruces que proponían una “reforma”- con la situación de nuestros días?
En la aparición de los rosacruces, en la etapa de estos tres manifiestos, subyace una proclama sobre la necesidad de promover el humanismo y la espiritualidad. En tratar de mejorar el mundo a través de la perfección individual. Ya que no hay que olvidar que surgen en una era de crisis, luego de que irrumpieran los protestantes, que acabaron con la hegemonía de la res publica christiana. Con el dominio absoluto del emperador y el papa. Y es que fue la Paz de Westfalia, en 1648, la que marcó un antes y un después. Tratados que pusieron punto y final a la denominada guerra de los Treinta Años, que se saldó con la muerte de una gran parte europeos. Disputas entre católicos y protestantes, que afloraron con la irrupción de los movimientos de reforma de Lutero (1517), Zwinglio (1522) y Calvino (1541).
Por tanto, se trataba de una época de transformación y quizás en ese sentido sea equiparable al momento actual. Pero su proclama de ahondar en el humanismo y la espiritualidad solo se concretó en determinadas corrientes iniciáticas. De modo que, si tuviera que rescatar una utopía sería la del abad calabrés Joaquín de Fiore y su anhelada «Edad del Espíritu Santo», a la que también aludo en La Hermandad de Doña Blanca. Un periodo que debería estar regido por la plena libertad y donde todo el conocimiento esotérico, reservado a unos pocos, se tornaría en exotérico, revelado a todos.
Hoy en día se habla mucho de conspiraciones que involucran la política, la economía y en ocasiones también se citan órdenes de corte esotérico. ¿Crees que existe algún tipo de conspiración orquestada?
No. Una cosa es que como en toda institución compuesta por seres humanos algunos individuos se desvíen de la norma y otra que el fin de una organización entera sea una orquestada conspiración. Quizás esta creencia se deba a dos factores. El primero de ellos es muy latino, siempre echar la culpa a los demás de los males propios. Porque la autorreflexión para detectar nuestros errores y aciertos, en pro de mejorar, resulta impensable. La otra es la rumorología que despierta todo aquello que desconocemos.
El fin de cualquier corriente esotérica —rosacrucismo, masonería, martinismo— es dotar a sus iniciados de herramientas para que se perfeccionen como personas, sean útiles a la sociedad y que se logre así el desarrollo conjunto. No obstante, si las analizas detalladamente en su esencia, no hicieron más que aplicar lo promulgado por los místicos cristianos. Idéntico a lo que defendió, por ejemplo, san Bernardo de Claraval, Joaquín de Fiore o el Maestro Eckhart. O ya en el protestantismo, Jacob Böhme.
El problema fue que el pensamiento de san Bernardo perdió la batalla ante la escolástica. Pues no hay que olvidar que la base ideológica de la Iglesia católica actual es el tomismo de santo Tomás de Aquino. Pero san Bernardo de Claraval ya hablaba de la necesaria humildad y de luchar contra la soberbia. Instaba a que para llegar a Dios había ineludiblemente que conocerse primero a uno mismo. Y que ese autoconocimiento y corrección individual tenía que servir para ayudar a los demás. Aparte de recordarle al sujeto que ha de esforzarse constantemente por progresar.
En cuanto a la petición de libertad es la base del joaquinismo. Un ideal en el que las normas y gobiernos quedarían circunscritos a su mínima expresión, debido a que el ser humano conseguiría hacer el bien por el bien mismo, no porque nadie se lo impusiese. Arquetipo que repetirá Kant con su imperativo categórico. Inclusive en el taoísmo oriental se habla de que el gobernante sabio es el que menos actúa. A causa de que desde el Antiguo Egipto existía la creencia de que el sujeto iluminado, Ah, era el que vivía en armonía con su entorno, Maat.
Si bien este tipo de doctrinas suponen un ataque para el statu quo. De ahí que siempre hayan sido virulentamente combatidas por quien poseyera el poder en cada momento. Por tanto, se promovió la figura del «rey-filósofo», del «cirujano de hierro» español. Un hipotético superhombre agraciado de carismas divinos que mantuviese al resto en una perpetua minoría de edad. Pero claro, como supuestamente perfecto solo hay uno y no es de este mundo, al final siempre aparecen desviaciones en el sistema. Si en muchos países se trató de atajar este mal a través del refuerzo de la separación de poderes, conscientes de la vulnerabilidad de la naturaleza humana, otros se empeñaron en continuar buscando al Mesías salvador. Con la consiguiente ostentación de mayores tasas de corrupción.
En temas simbólicos y esotéricos, ¿qué autores y que libros consideras tus referentes? 
Los movimientos esotéricos parten de las grandes tradiciones religiosas exotéricas. A lo que se suman las variadas líneas de pensamiento filosófico. Por consiguiente, para conocer lo esotérico primero hay que conocer muy bien lo exotérico. En caso contrario se corre el riesgo de llegar a desacertadas conclusiones. Aprendizaje que puede llevar toda una vida.
Esto lo explicó muy bien Louis Claude de Saint-Martin, figura central del martinismo, que aseguraba que hay que estudiar profundamente la doctrina católica para después poder aspirar a una fe más intimista. De tal manera que Cristo pudiera nacer en el corazón. Lo que los masones simbolizan con la estrella flamígera o los rosacruces con la rosa roja.
En el Antiguo Egipto entendían todo a partir de la religión. De ahí que los griegos los llamasen sabios y para distinguirse de ellos se autodenominaron filósofos, al considerar que su conocimiento era más reducido. Platón hablaba de que solo los filósofos eran capaces de llegar a la Idea suprema del Bien. Desde ahí se articularon multitud de tendencias que inculcaban la máxima eticidad entre sus miembros, al objeto de ayudar a la sociedad a superarse constantemente. Líneas de pensamiento que empleaban en sus enseñanzas símbolos con semejantes significados.
Ergo, el concretar la proclama de regeneración de los rosacruces del siglo XVII, pasa ineludiblemente por aprender aquel lenguaje y adaptarlo a las necesidades de esta época. Sin olvidar que muchas de las ideologías políticas y teorías filosóficas bebieron de esas fuentes. Ergo, hemos de conocer la raíz para su plena comprensión.
¿Qué personajes históricos consideras que han podido ligar conscientemente el mundo político y el mundo espiritual?
Tanto en Europa como en Estados Unidos la llegada al poder de masones ha sido una constante. Por eso a la masonería se la denomina escuela de formación de ciudadanos, logias encargadas de la educación en los valores de la libertad desde su máxima concepción. Pero desde Pitágoras este fue un gran anhelo y Platón recogió con posterioridad el guante.
¿España está en crisis, el mundo está en crisis o simplemente no hay crisis?
Hasta 1820 casi todos los humanos vivían en deplorables condiciones. Nacían y morían prácticamente sin variar su modus vivendiStatus que se heredaba de generación en generación. Pero a partir de ahí el mundo se desarrolló exponencialmente. La pobreza se redujo, la esperanza de vida aumentó. Y desde ese momento los cambios fueron vertiginosos. El conocimiento se incrementa tan rápido, que vemos como avances tecnológicos en poco tiempo quedan desfasados. Esto nos lleva a la necesidad de cultivar una mentalidad de disposición constante a desaprender y a aprender lo nuevo. Ya nada es fijo, sino que las transformaciones se producen velozmente. De nuestra capacidad de adaptación depende el que percibamos esta situación como crisis o como una oportunidad para mejorar.
En 1926 se firmó la Convención sobre la Esclavitud, las mujeres ya no aceptamos que se nos mantenga relegadas a un segundo plano. Y estamos de acuerdo en que es necesario seguir esforzándonos por mejorar la calidad de vida de todos los habitantes del planeta. Los lazos de unión entre personas de diferentes lugares geográficos cada vez son más fáciles, gracias a las nuevas tecnologías. Lo que nos lleva a caer en la cuenta de que todos somos ciudadanos del mismo mundo.
Ahora solo nos queda reforzar la combinación de esa enorme innovación con el saber primigenio, la prisca theologia venerada por Marsilio Ficino durante el Renacimiento. Culturas que eran conscientes de la importancia de la Naturaleza y de que debían mantener una existencia armónica con todos. Pues como afirmaba el principio hermético, toda causa tiene su efecto y viceversa. Por lo que, si contaminamos empeoraremos el medioambiente y con ello nuestra salud. Y si no tratamos de forma igual a los demás, acabaremos por recibir aquello que hemos sembrado. En suma, el código ético de cualquiera de las tradiciones, ya sea exotérica o esotérica, y que durante toda la historia se empeñaron en divulgar a sus adeptos.
¿Tus investigaciones te han movilizado internamente? ¿En qué te han cambiado? ¿De qué forma te han influido? 
Decía san Juan de la Cruz que el cambio solo comienza tras pasar por «la noche oscura del alma». El mito del héroe en todas las culturas, según Joseph Campbell. La bajada a los abismos, para luego retornar renacido. Los cabalistas lo llaman el vacío existencial. Y en cierta manera esto ha sido la raíz de cada una de mis investigaciones. Un profundo sentimiento de desazón por no tener una respuesta satisfactoria ante problemas que suceden en mi entorno. Sensación que suscitó en mí una gran motivación por profundizar en un tema. Y me llevó a ponerme como objetivo el tratar de extraer unas conclusiones que humildemente contribuyesen a mejorar un poquito la sociedad en la que me ha tocado vivir.
¿Cuál fue la decisión más importante que tomaste en tu vida? 
Soy una persona que suelo escuchar a los demás, pero cuando toma una decisión la tomo por propia convicción y hasta el final. Esto me lleva a considerarlo todo como un camino de progreso. Porque hasta las caídas suelen ser la mejor fuente de conocimiento y por tanto un avance en la larga senda de aprendizaje existencial. La máxima de la mítica Institución Libre de Enseñanza (ILE) española decía: «Forja tus ideales por convicción y sé coherente con ellos en todo caso. Es decir, piensa como debes vivir y vive como piensas».
¿Cuáles son tus próximos proyectos? 
Como comentaba al inicio de la entrevista, espero publicar en el 2019 un nuevo ensayo. Libro titulado La corrupción inarmónica.
¿Dónde se pueden comprar tus libros? 
La mayoría están disponibles en cualquier país a través de Amazon. Si bien, para más información sobre cada uno pueden acceder también a mi página web personal.
¡Muchas gracias, Ibiza!
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