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domingo, 30 de septiembre de 2018

La segunda causa de muerte juvenil es el suicidio: descubre algunas señales para prevenirlo 30092018

Series de televisión y algunos “juegos”·promueven lo promueves entre los adolentes

La segunda causa de muerte juvenil es el suicidio: descubre algunas señales para prevenirlo

Durante los últimos tiempos, asistimos en diversas partes del mundo y de una forma particular en España a un incremento del índice de suicidios, algo que es especialmente notable entre los jóvenes. A qué se debe esto, cuáles son las señales de alarma o qué debemos hacer ante la intuición de que alguien a nuestro alrededor quiere acabar con su vida son algunas de las cuestiones que debemos tener en cuenta para poder dar un giro inmediato a esta difícil situación. La periodista Marta Peñalver aborda este tema en la Revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
En todo el mundo los suicidios se cobran más vidas que las guerras y los homicidios juntos. En España representan la primera causa de muerte no natural, por encima de los accidentes de tráfico. Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, 10 personas se suicidaron al día en España en 2016.
Estos datos son especialmente preocupantes cuando hablamos de los jóvenes, ya que el suicidio es la segunda causa de muerte, tras los tumores. La cultura del suicidio que se asienta al legalizar la eutanasia o el suicidio asistido añade más desconcierto en esta etapa que maximiza las emociones.
En los últimos años se han viralizado en internet retos como el de la Ballena Azul o el de Momo, que a través de pruebas e indicaciones de perfiles anónimos en redes sociales incitan a los adolescentes al suicidio.
Además, se han puesto de moda series como Por 13 razones que, según los expertos, inducen a los jóvenes a pensar que ante situaciones difíciles la única salida es acabar con su propia vida. Estos fenómenos sociales alientan la cultura del suicidio y contribuyen al efecto contagio.
Desde la Fundación Belén, que ayuda a padres con hijos con problemas, aseguran que hoy “el comportamiento suicida se promueve desde todas las vigencias sociales al imponer un materialismo que no puede llenar el ansia de absoluto de los jóvenes”. Y esto, unido a su incesante deseo de agradar a los demás, provoca en ocasiones un estado de ansiedad que lleva a muchos jóvenes a menospreciar su vida.
Algunos mitos
Ser capaz de reconocer los factores de riesgos y los síntomas característicos de este mal es clave para adelantarnos, en caso de que alguien a nuestro alrededor esté barajando acabar con su vida. Y en primer lugar, debemos desterrar ciertos mitos que se han extendido.
Según la Fundación Salud Mental de España para la prevención de los trastornos mentales y el suicidio, una de las creencias más comunes es que preguntando a una persona si está pensando en suicidarse, se puede incitarle a hacerlo. Al contrario, está demostrado que hablar sobre las intenciones o los pensamientos suicidas disminuye este riesgo.
Tampoco es cierto que la persona que habla sobre acabar con su vida nunca lo hará. De hecho, la mayor parte de las personas que han intentado suicidarse, previamente expresaron su intención con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta.
También existe la creencia de que solo las personas con problemas graves se suicidan, cuando realmente la magnitud de un problema depende en gran parte de la percepción de cada persona, y por lo tanto, lo que para uno es un problema mínimo para otra persona puede suponer un verdadero infierno.
Otro de los mitos es que solo se suicidan personas enfermas o con problemas mentales. Sin embargo, la mayoría de las personas que quieren acabar con su vida son personas en pleno uso de sus facultades, pero que se encuentran con situaciones de profundo sufrimiento, dolor o aflicción que no se ven capaces de superar.
Alertas a los síntomas
En cuanto a los factores de riesgo, se ha demostrado que entre los adolescentes lo que más afecta es su círculo más cercano: familia y amigos. Sentirse traicionado, minusvalorado o humillado por el grupo al que pertenecen (como se da por ejemplo con el bullying) puede desencadenar estos sentimientos.
También factores como la baja tolerancia a la frustración, típica de esta etapa, la ingesta de alcohol y otras sustancias, o haber sido víctima de un suceso traumático aumentan las posibilidades de que el adolescente desarrolle estos sentimientos suicidas.
Esto no es más que un cuadro previo, que en cada persona se puede manifestar de manera diferente. Por ello, además de estar atentos a los factores de riesgo es imprescindible detectar los síntomas que con mayor frecuencia podemos observar en los jóvenes que tienen intenciones suicidas.
Desde la Fundación Belén explican que estas personas experimentan “una tristeza profunda y en muchos casos una depresión”, y señalan que además “suele darse un abandono de todo cuidado corporal y espiritual (dejan de comer, de ducharse, de hablar, en ocasiones se autolastiman)”. Además, es común que surja en ellos un “deseo de soledad, con rechazo abierto a toda compañía”.
También son típicas las expresiones negativas sobre sí mismos o sobre su futuro: “No valgo para nada” o “esta situación no va a mejorar nunca”. Las frases de despedida o la verbalización expresa de sus intenciones suicidas son otra señal a tener en cuenta.
Buscar ayuda
Ante la sospecha de que nuestro hijo o allegado está pensando en el suicidio, desde la Fundación Belén no dudan: hay que “solicitar ayuda inmediata de un psiquiatra, un psicólogo o incluso un sacerdote”. De la mano de estas personas, y siempre con el apoyo de su entorno, el joven puede recuperar la ilusión por vivir y rechazar estas ideas que han surgido en su interior.
Y, sobre todo, es importante no caer en el “a mí esto no me va a pasar” o en “son cosas de adolescentes”. Ante un problema tan grave es fundamental estar atentos y actuar a tiempo para cuidar a quienes se encuentran en esta encrucijada.

 5 claves para prevenir el suicidio
1. Propiciar un entorno familiar que transmita confianza y seguridad.
2. Conocer y estar pendiente de las amistades de nuestros hijos, así como de su actividad en redes sociales.
3. Detectar el llamado síndrome pre-suicida, que se da cuando los síntomas son más claros. Una comunicación fluida te ayudará a reconocer esta etapa.
4. No desestimar las intenciones suicidas de tu hijo en caso de que haya manifestado esta intención verbalmente.
5. Además de expertos, es importante que si tu hijo está en esta situación, también se sienta comprendido por su familia e iguales.

¿Dónde encontrar ayuda en España?
Teléfono de la Esperanza: 717 003 717.
Fundación Salud Mental España para la prevención de los trastornos mentales y el suicidio: o 91 083 43 93.
Prevensuic: Prevención del Suicidio. La primera app en español para prevenir el suicidio: www.prevensuic.org

jueves, 9 de febrero de 2017

Suicidio de menores vinculado al divorcio de sus padres: un tema tabú que los psicólogos explican 08022017

Algo se rompe en los hijos cuando desaparece del hogar la seguridad afectiva

Suicidio de menores vinculado al divorcio de sus padres: un tema tabú que los psicólogos explican

Suicidio de menores vinculado al divorcio de sus padres: un tema tabú que los psicólogos explican
La tristeza de un cumpleaños en Mentiroso compulsivo, interpretada en 1997 por Jim Carrey y donde el divorcio está presente en clave de humor.

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8 febrero 2017
No puede hablarse de causa-efecto ni se trata de generalizar, porque concurren otros factores: pero los casos de niños que se quitan la vida en un contexto de divorcio de sus padres permiten una reflexión que no suele hacerse, y que afronta, consultando a varios expertos, Benedetta Frigerio en La Nuova Bussola Quotidiana:

Hacía cinco años que sus padres se habían separado y que ella, adolescente de 14 años de Catania, vivía el peso de esta ruptura. Ciertamente había otros factores (sensibilidad, contexto histórico, libertad…), pero lo que es un hecho es que la semana pasada, volviendo a la casa materna después de haber pasado el fin de semana en la de su padre, se ahorcó, dejando una nota de adiós a sus padres en la que les explicaba su gesto. Se sabía que desde la separación de sus padres la joven no era la misma. Era buena, como si ese dolor hiciera que sintiera más empatía hacia el dolor de los otros, pero llevaba sobre sus hombros una carga demasiado pesada: "Una muchacha luminosa, amada por todos, pero que tenía siempre un mirada triste; quizás la separación de sus padres la había marcado profundamente", comentó su profesora de lengua y literatura.

Éste no es un caso aislado y recuerda el del niño que en 2012, con solo 10 años de edad, se suicidó ahorcándose con una bufanda porque, según los abuelos, "no había aceptado la separación de sus padres. Había sufrido mucho y no había superado el dolor. Era la única sombra en el corazón de Filippo".

Un dolor desgarrador
Sombra, tristeza, reflejos en la mirada, como si el pensamiento del mal estuviera, de alguna manera, siempre allí, fijo en la mente, distrayendo, haciendo que estos niños no estén nunca totalmente presentes y sean, por lo tanto, capaces de afirmar la realidad que se revela ante ellos. Como un miembro del cuerpo que tiene una herida perenne y en el que es imposible dejar de pensar. Quien no ha vivido una situación así tal vez no pueda comprender, pero "cuando la pareja se separa, el hijo siente un dolor desgarrador, como si le partieran en dos", ha explicado la doctora Margherita Spagnuolo Lobb, directora de la escuela de psicoterapia de Gestalt Hcc Italy, comentando el suicidio de la joven siciliana de 14 años.


Margherita Spagnuolo Lobb, psicóloga especialista en psicoterapia.

Estos dos casos extremos, que narran la desesperación de una generación que quizás no lleva a la muerte física, pero sí al rechazo de la vida mediante otras formas nihilistas cada vez más presentes (anorexia, droga, violencia, apatía, compulsiones de distinto tipo), hacen evidente que la herida psicológica del divorcio y de la separación es mortal para toda la sociedad. Porque cada hombre debería poder crecer con la certeza, más o menos consciente, de haber nacido y de vivir como consecuencia de un acto de amor que nada podrá romper, ése entre su padre y su madre, dos figuras que para él son inseparables. La negación de esta promesa ínsita en el nacimiento, y de esta identidad, el concebirse fruto de un bien eterno, coincide por lo tanto con el fin de la existencia.

Es como si el hijo sintiera que le mataran; ya no sabe quién es ni de dónde viene. Como dice Lobb, algo se rompe en él que le lanza al extravío, al miedo y a la desconfianza hacia todo. Porque si el lugar en el que se encuentra la seguridad para crecer y aventurarse en la vida desaparece, ¿en qué puede creer? ¿En qué terreno firme puede apoyar los pies para afrontar la vida diaria con confianza?

"Mi madre y mi padre se han separado dos veces; primero la separación entre ellos y luego la separación de sus 'parejas'. Sólo puedo confiar en mí mismo. Ya no creo en nada porque si me decepciono de nuevo, ¿qué hago?", es el infierno descrito por un muchacho de 16 años de un instituto de formación profesional. Y es la muerte también de quien decide negar cualquier posibilidad de bien antes que correr el riesgo de pasar, de nuevo, por un sufrimiento indecible. Es el dolor causado por la negación de la caridad gratuita por la que venimos al mundo, el único motivo por el cual todo hombre vive, trabaja e incluso peca, con la esperanza de encontrarla de nuevo.

Cuando esta esperanza es totalmente sofocada sucede lo que escribió una joven hace años, antes de suicidarse en los baños de una estación de Roma: "Reconozco que me habéis amado, pero no sois capaces de ser un bien para mí. Me habéis dado todo, incluso lo superfluo, pero no me habéis dado lo indispensable: ¡no me habéis indicado un ideal por el cual valiera la pena vivir! ¡Por esto he decidido quitarme la vida! Perdonadme, pero no tengo otra elección" [texto citado por el cardenal Angelo Comastri en esta carta, n.n.].

Un amor por el que valga la pena permanecer
Episodios que la prensa tiende a censurar, aunque la joven (como tampoco nosotros hacemos) no juzgaba a sus padres de un modo definitivo, sino que expresaba un hecho. Porque todo puede ser perdonado y redimido, pero las consecuencias del mal se pagan y es mejor conocerlas de antemano, junto a las posibles soluciones. La tragedia de la falta de un sentido amoroso por el que vale la pena el sacrificio de permanecer y de afrontar la existencia es tal que, de hecho, sólo el encuentro con el amor con A mayúscula permite que se vuelva a esperar. El Amor que, efectivamente, ha "usado", por decirlo como lo expresa Giovanni Testori (1923-1993) en El sentido de nacer ("en ese momento Dios está allí para continuar su creación"), la unión de procreación de los padres. Ese único Amor que puede transformar la muerte en una nueva vida, esta vez inmortal.

En el último libro de Alessandro D’Avenia, L’arte di essere fragili, aparece la carta de un muchacho, hijo de dos cónyuges separados que habían tapado su ausencia llenándolo de bienes materiales; el joven, para hacerse notar por sus padres, había hecho de todo. Sin embargo, leyendo los libros del autor se había encendido un luz en él y le da las gracias a D'Avenia de este modo: "¡Soy huérfano aunque mis padres existan! ¡Lo único que he aprendido es que una mirada, un abrazo son capaces de aniquilar todos los objetos que hay en el mundo y será lo primero que enseñe a mis hijos! ¡Gracias de nuevo!”.


Padres e hijos es una de las obras de Vittoria Sanese traducidas al español.

Parecido a lo que explicó durante una entrevista a Tempi sobre los "hijos del divorcio" la conocida psicóloga de la familia Vittoria Sanese: "Si alguien les hace compañía dando un significado y dignidad a su existencia y dolor, ofreciendo un amor constante, entonces la herida será transfigurada. Y el niño podrá entender que existe un amor que resiste. Y que el estar, el permanecer, tiene un significado bueno. Es necesaria, por lo tanto, la fe en otra paternidad", que puede ser "un adulto que sepa transfigurar la realidad en positivo y por el cual, para quien cree, pasa el amor fiel de Dios".


Vittoria Sanese, psicóloga de pareja y de familia, ha dirigido durante años un consultorio familiar en Rímini.

Incluso a través de una herida que puede encontrar verdadero consuelo en la tierra sólo con la fidelidad al vínculo de Dios del cónyuge traicionado y la redención en la reunión de los padres. Pero que cicatrizará de verdad sólo en el Cielo.

Traducción de Helena Faccia Serrano (diócesis de Alcalá de Henares).