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sábado, 30 de marzo de 2019

Marruecos: “Vengo como peregrino de paz y fraternidad” 29032019

Video Mensaje Del Papa A Marruecos
Video Mensaje Del Papa A Marruecos

Marruecos: “Vengo como peregrino de paz y fraternidad”

Mensaje de vídeo del Papa a todos los marroquíes en la víspera del viaje
(ZENIT – 29 marzo 2019.- “Vengo como peregrino de paz y fraternidad, en un mundo que tanto lo necesita”, dice el Papa Francisco en un mensaje de video a los marroquíes , en italiano (y en árabe para el saludo inicial) dos días antes de su viaje apostólico en el país, este 28 de marzo de 2019.
El Papa destaca la dimensión interreligiosa de este desplazamiento en un país donde los católicos representan el 0.07% de la población: “Como cristianos y musulmanes creemos en el Dios Creador y Misericordioso, que creó a los hombres y los puso en el mundo para que vivamos como hermanos, respetándonos mutuamente en las diversidades y ayudándonos mutuamente en las necesidades”.
También aboga por un compromiso común con el medio ambiente: Dios “ha confiado la tierra, nuestra casa común, para salvaguardarla con responsabilidad y preservarla para las generaciones futuras”.
El Papa también expresa su deseo de alentar a la comunidad cristiana y de reunirse con “los migrantes, que representan una llamada a construir juntos un mundo más justo y más solidario”. Esta reunión está prevista en la sede de la Caritas diocesana.
Durante estos dos días (30 y 31 de marzo), el Papa estará en la capital Rabat, donde debe visitar el Instituto de la Formación de Imanes Mohammed VI. Será recibido por el rey Mohammed VI y por las autoridades del país.
AK
Vídeo mensaje del Santo Padre
Querido pueblo de Marruecos,
As-Salamu Alaikum
Dentro de poco iré a vuestro querido país para una visita de dos días. Doy gracias a Dios por esta oportunidad que me concede.
Agradezco a su Majestad el rey Mohammed VI por su amable invitación y a las Autoridades marroquíes por su solícita colaboración.
Siguiendo los pasos de mi predecesor Juan Pablo II, voy como peregrino de la paz y de la fraternidad, en un mundo que tiene tanta necesidad de ellas. Como cristianos y musulmanes creemos en Dios Creador y Misericordioso, que creó a los hombres y los ha puesto en el mundo para que vivan como hermanos, respetándose en su diversidad y ayudándose en sus necesidades; Él les confió la tierra, nuestra casa común, para protegerla con responsabilidad y conservarla para las generaciones futuras.
Será para mí una alegría compartir personalmente con vosotros estas convicciones en el encuentro que tendremos en Rabat. Además, este viaje me ofrecerá la preciosa posibilidad de visitar la comunidad cristiana que está presente en Marruecos y de animarla en su camino. Asimismo, encontraré a los migrantes, que representan una llamada para construir juntos un mundo más justo y solidario.
Queridos amigos marroquíes: desde este momento, os doy las gracias de corazón por vuestra acogida y sobre todo por vuestras oraciones, asegurándoos mi plegaria por vosotros y por vuestro querido país.
Hasta pronto.

jueves, 31 de enero de 2019

Mensaje papal al pueblo de Emiratos Árabes: «Gracias por afirmar que la fe en Dios une y no divide» 31012019

Mensaje papal al pueblo de Emiratos Árabes: «Gracias por afirmar que la fe en Dios une y no divide»

Mohamed bin Sayed, príncipe heredero de Abu Dhabi, visitó en 2016 el Vaticano y al Papa Francisco
Mohamed bin Sayed, príncipe heredero de Abu Dhabi, visitó en 2016 el Vaticano y al Papa Francisco
El Papa Francisco llegará el domingo por la noche a Abu Dhabi, capital de Emiratos Árabes Unidos, país que celebra un "Año de la Tolerancia". Allí el lunes visita al príncipe heredero, luego se encuentra con los miembros del consejo musulmán de ancianos y acude a un encuentro interreligioso en el Founder’s Memorial.El martes 5 visitará la catedral de Abu Dhabi y luego celebrará una Misa en el Zayed Sports City. Es la primera vez que un Papa acude a la Península arábiga.
Este jueves ha publicado un videomensaje en italiano dirigido "al pueblo de Emiratos Árabes", que es en su mayoría musulmán, pero que acoge a cientos de miles de inmigrantes trabajadores cristianos, sobre todo filipinos, indios, iraquíes, palestinos y de otros países.
"Viven libremente el respeto a la diversidad"
“Estoy feliz de poder visitar, en pocos días, vuestro país, tierra que busca ser un modelo de convivencia, fraternidad humana y encuentro entre las diversas civilizaciones y culturas, donde muchos encuentran un puesto seguro de trabajo y viven libremente en el respeto a la diversidad”, afirma el Santo Padre en su videomensaje.
Tras expresar su alegría por “encontrar a un pueblo que vive el presente con la mirada dirigida al futuro”, el Pontífice agradece la invitación que le hace el jeque Mohammed bin Zayed bin Sultan Al Nahyan para participar en el encuentro interreligioso sobre el tema “Fraternidad humana”.
También agradece al imán de Al-Azhar (el gran centro académico suní de Egipto), Ahmed Al-Tayeb, “y a cuantos han colaborado en la preparación del encuentro, por el coraje y la voluntad de afirmar que la fe en Dios une y no divide, acerca en medio de la distinción, aleja de la hostilidad y de la aversión”.
Al finalizar, el Papa dijo que Emiratos Árabes Unidos es “tierra de prosperidad y de paz, tierra de sol y de armonía, tierra de convivencia y de encuentro. Les agradezco mucho y nos vemos pronto. Recen por mí”.
Más de 3 millones de cristianos en la península
Según distintas fuentes, hay unos 2,4 millones de católicos en el vicariato de Arabia del Norte (www.avona.org, que cubre Bahrain, Kuwait, Qatar y, nominalmente, Arabia Saudí). Hay que sumarle otros 940.000 católicos en el vicariato de Arabia del Sur (sobre todo, en los Emiratos Árabes Unidos; muy pocos en los países vecinos más pobres, Omán y Yemen).
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El obispo Paul Hinder pastorea el Vicariato de Arabia del Sur (Emiratos Árabes, Yemen, Omán)
El obispo de Emiratos: somos una comunidad inmigrante y viva
Paul Hinder es el obispo pastor del vicariato que incluye Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen, y explica en AsiaNews cómo es la Iglesia plurinacional y pluricultural del lugar: "cristianos que participan en modo activo en la vida de la sociedad y de la Iglesia local”, “somos una realidad migrante vivaz".
Hinder declara que a la visita del pontífice se la “esperaba desde hace tiempo, ya hace un año de esto hablábamos”. “Es bello observar toda esta atención, también por parte de los medios musulmanes”.
“De la visita del Papa espero ante todo- auspicia el vicario de Arabia- un influjo positivo sobre el ambiente. Francisco goza de mucha estima entre los fieles del Islam y su presencia en los Emiratos es motivo de orgullo. Esta tendrá también una característica importante para el diálogo interreligioso y la esperanza es que pueda de alguna manera servir para allanar los conflictos que ensangrientan la razón”.
La suya, afirma HInder, es una “palabra de paz” que puede dar efectos positivos sobre muchos dossier abiertos: Irak, Irán, Siria, Yemen y todo Oriente Medio en sentido lato.
“Y los Emiratos- agrega- podrían ser un ejemplo para los otros”. “El Papa en la península arábiga- concluye Mons. Hinder- podrá traer frutos a nosotros como Iglesia y en las relaciones con los musulmanes, también en una óptica de libertad religiosa”. Un mensaje dirigido a aquellos países de la región en las cuales, todavía hoy, hay pesadas restricciones a la práctica del culto.

sábado, 28 de julio de 2018

Vídeo del Papa a los jóvenes de las Antillas: “Si están instalados la cosa no va” 16072018



El Papa anima a los jóvenes de las Antillas a trabajar con la Amoris Laetitia. Captura Vatican Media

Vídeo del Papa a los jóvenes de las Antillas: “Si están instalados la cosa no va”

Invitación a trabajar la ‘Amoris Laetitia’
(ZENIT – 16 julio 2018).- “¿Son jóvenes o jóvenes envejecidos? –pregunta el Papa en el vídeo–. Porque si son jóvenes envejecidos no van a poder hacer nada. Tienen que ser jóvenes `jóvenes´”.
El Santo Padre envió un vídeo-mensaje a los participantes en la Asamblea de jóvenes de la Conferencia Episcopal de las Antillas (AECYA), que se celebra en la archidiócesis de Saint-Pierre y Fort-de-France, en Martinica, del 10 al 23 de julio de 2018.
“Con toda la fuerza de la juventud para transformar”: Francisco llama así a los jóvenes que quieren transformar la familia del Caribe. “Lindo trabajito”, les confiesa. “Se ve que tienen garra y quieren luchar. Sigan adelante”.
Lo primero que tienen que hacer es ver si se “instalaron”, les aconseja el Pontífice. “No, si están instalados la cosa no va. Tienen que desinstalarse los que están instalados, y empezar a luchar”.
Transformar
“Ustedes quieren transformar, quieren llevar adelante y han hecho suyas las directivas de la Exhortación post-Sinodal sobre la familia para llevar adelante la familia, para transformar la familia del Caribe”, señala el Papa. En esta línea, el Santo Padre les anima a “saber describirla, saberla comprender para enfrentar el mañana”.
Para ello, les exhorta a leer el capítulo cuarto de la Exhortación: “ahí está el núcleo. Estúdienlo. Véanlo y van a tener las pautas de progresión. Pero hoy y mañana. Nos queda el ayer. No se puede mirar al mañana sin mirar al ayer. No se puede mirar el futuro sin reflexionar sobre el pasado”.
Raíces
Francisco indica a los jóvenes la importancia de las raíces: “Ustedes se preparan para transformar algo que les fue dado por sus mayores. Ustedes reciben historia de ayer, reciben tradiciones de ayer”.
“Ustedes tienen raíces –recuerda el Papa– y sobre esto quiero detenerme un minutito: no se puede hacer nada en el presente ni en el futuro si no estás arraigado en el pasado, en tu historia, en tu cultura, en tu familia; si no tenés las raíces bien metidas adentro. De la raíz te va a venir la fuerza para seguir adelante”.
El Papa explica que todos nosotros no fuimos fabricados en un laboratorio, “tenemos esa historia, esas raíces”. Y lo que hagamos, los frutos que demos, la belleza que podamos hacer en adelante, “vienen de esas raíces”.
Así, les exhortó a mirar hacia atrás también para tener raíces: “miren a sus abuelos, miren a sus viejos y hablen con ellos, y tomen eso y lo llevan adelante. Transformado, pero ahí van a tener las raíces, la fuerza para transformar la familia. Es una tensión transformante. No se puede transformar sin tensión”.
Amoris laetitia
“No se olviden de una cosa: El amor tiene fuerza propia”, motiva el Papa argentino a los jóvenes de las Antillas. “Ustedes están transformando algo que es para toda la eternidad. Esa fuerza propia que quedará para siempre”.
El Pontífice les anima a seguir el núcleo de Amoris laetitia para esta misión, el capítulo cuarto de la Exhortación. “Cómo vivir el amor. Cómo vivir el amor de la familia. Hablen entre ustedes sobre el capítulo cuarto. Ahí van a tener mucha fuerza para seguir adelante y hacer la transformación”, aclara.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Erradicar del mundo la plaga de los niños soldados, pide el Papa01122016

Vox Populi \ Rezando con Francisco

Erradicar del mundo la plaga de los niños soldados, pide el Papa


Niños soldados en Sudán del Sur. - AFP
01/12/2016 11:51

(RV).- “Hacer todo lo posible para que se respete la dignidad de los niños y terminar con esta forma de esclavitud”: es la exhortación del Papa Francisco en el video mensaje de la intención de oración del mes de diciembre, dedicada al drama de los “niños soldados”.
En su mensaje el Pontífice constata, una vez más, cómo “en este mundo, que ha desarrollado las tecnologías más sofisticadas, se venden armas que terminan en las manos de los niños soldados”. De ahí su invitación a toda persona, “seas quien seas y estás conmovido como yo” – dice  – a unirse a esta intención de oración:
“Para que en ninguna parte del mundo existan niños soldados”.
El Video del Papa es promovido por la Red Mundial de Oración del Papa, al servicio de los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.
(MCM-RV)

sábado, 27 de agosto de 2016

Video-mensaje de Francisco por el Jubileo del continente americano: "Fui misericordiado" 27082016

Video-mensaje de Francisco por el Jubileo del continente americano: "Fui misericordiado"


Se abre el Jubileo del continente americano con el video mensaje del Papa - RV
27/08/2016 14:33

(RV).- “Pastores que sepan tratar y no maltratar”, “el Alzheimer espiritual” o el hecho de ser “misericordiado”, fueron algunos de los términos que utilizó Papa Francisco en el video mensaje dirigido a los participantes del Jubileo extraordinario de la Misericordia en el continente americano que se lleva a cabo en Bogotá del 27 al 30 de agosto. Se trata de uno de los videos mensajes más largos que ha hecho Papa Francisco durante su pontificado y en el que incide en varias ideas siempre relacionadas con la misericordia.
El Obispo de Roma recuerda la palabra del apóstol Pablo en su carta a Timoteo (1 Tm, 1,12-16a), donde resalta como Pablo utiliza la voz pasiva, el “fui misericordiado”. “La pasiva lo deja a Pablo en situación de receptor de la acción de otro, él no hace nada más que dejarse misericordiar. El aoristo del original nos recuerda que en él esa experiencia aconteció en un momento puntual que recuerda, agradece, festeja”, dice Francisco.
Pero advierte a su vez que “cuando nos olvidamos cómo el Señor nos ha tratado, cuando comenzamos a juzgar y a dividir la sociedad”, llegamos al Alzheimer espiritual. “Nos invade una lógica separatista que sin darnos cuenta nos lleva a fracturar más nuestra realidad social y comunitaria. Fracturamos el presente construyendo «bandos». Está el bando de los buenos y el de los malos, el de los santos y el de los pecadores. Esta pérdida de memoria, nos va haciendo olvidar la realidad más rica que tenemos y la doctrina más clara a ser defendida”.
En su video mensaje el Santo Padre pregunta a los participantes del Jubileo del continente americano si en nuestras catequesis, en nuestros seminarios “enseñamos a los seminaristas el camino de tratar con misericordia”. “En esto se juega nuestra acción misionera, nuestros planes pastorales. En esto se juegan nuestras reuniones de presbiterios e inclusive nuestra forma de hacer teología: en aprender a tener un trato de misericordia, una forma de vincularnos que día a día tenemos que pedir —porque es una gracia—, que día a día somos invitados a aprender”.
Finalmente Papa Francisco detalla que este encuentro que ha sido organizado conjuntamente por la Comisión Pontificia para América Latina (CAL) y el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en colaboración con los episcopados de Estados Unidos y Canadá, “no es un congreso, un meeting, un seminario o una conferencia, es una celebración: fuimos invitados a celebrar el trato de Dios con cada uno de nosotros y con su Pueblo”.
(MZ-RV)
Texto y audio del video-mensaje del Santo Padre Francisco:
 
Celebro la iniciativa del CELAM y la CAL, en contacto con los episcopados de Estados Unidos y Canadá – me recuerda el Sínodo de América esto – de tener esta oportunidad de celebrar como Continente el Jubileo de la Misericordia. Me alegra saber que han podido participar todos los países de América. Frente a tantos intentos de fragmentación, de división y de enfrentar a nuestros pueblos, estas instancias nos ayudan a abrir horizontes y estrecharnos una y otra vez las manos; un gran signo que nos anima en la esperanza.
            Para comenzar, me viene la palabra del apóstol Pablo a su discípulo predilecto: «Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia. Y sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, junto con la fe y el amor de Cristo Jesús. Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mi toda su paciencia» (1 Tm, 1,12-16a).
            Esto se lo dice a Timoteo en su Primera Carta, capítulo primero, versículos 12 al 16. Y al decírselo a él, lo quiere hacer con cada uno de nosotros. Palabras que son una invitación, yo diría una provocación. Palabras que quieren poner en movimiento a Timoteo y a todos los que a lo largo de la historia las irán escuchando. Son palabras ante las cuales no permanecemos indiferentes, por el contrario, ponen en marcha toda nuestra dinámica personal.
            Y Pablo no anda con vueltas: Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y él se cree el peor de ellos. Tiene una conciencia clara de quién es, no oculta su pasado e inclusive su presente. Pero esta descripción de sí mismo no la hace ni para victimizarse ni para justificarse, ni tampoco para gloriarse de su condición. Es el comienzo de la carta, ya en los versículos anteriores le ha avisado a Timoteo sobre «fabulas y genealogías interminables», sobre «vanas palabrerías», y advirtiendo que todas ellas terminan en «disputas», en peleas. El acento – podríamos pensar a primera vista – es su ser pecador, pero para que Timoteo, y con él cada uno de nosotros pueda ponerse en esa misma sintonía. Si usáramos términos futbolísticos podríamos decir: levanta un centro para que otro cabecee. Nos «pasa la pelota» para que podamos compartir su misma experiencia: a pesar de todos mis pecados «fui tratado con misericordia».
            Tenemos la oportunidad de estar aquí, porque con Pablo podemos decir: fuimos tratados con misericordia. En medio de nuestros pecados, nuestros límites, nuestras miserias; en medio de nuestras múltiples caídas, Jesucristo nos vio, se acercó, nos dio su mano y nos trató con misericordia. ¿A quién? A mí, a vos, a vos, a vos, a todos. Cada uno de nosotros podrá hacer memoria, repasando todas las veces que el Señor lo vio, lo miró, se acercó y lo trató con misericordia. Todas las veces que el Señor volvió a confiar, volvió a apostar (cf. Ez 16). Y a mí me vuelve a la memoria el capítulo 16 de Ezequiel, ese no cansarse de apostar por cada uno de nosotros que tiene el Señor. Y eso es lo que Pablo llama doctrina segura – ¡curioso! –, esto es doctrina segura: fuimos tratados con misericordia. Y es ese el centro de su carta a Timoteo. En este contexto jubilar, cuánto bien nos hace volver sobre esta verdad, repasar cómo el Señor a lo largo de nuestra vida se acercó y nos trató con misericordia, poner en el centro la memoria de nuestro pecado y no de nuestros supuestos aciertos, crecer en una conciencia humilde y no culposa de nuestra historia de distancias – la nuestra, no la ajena, no la de aquel que está al lado, menos la de nuestro pueblo – y volver a maravillarnos de la misericordia de Dios. Esa es palabra cierta, es doctrina segura y nunca palabrerío.
            Hay una particularidad en el texto que quisiera compartir con ustedes. Pablo no dice «el Señor me habló o me dijo», «el Señor me hizo ver o aprender». Él dice: «Me trató con». Para Pablo, su relación con Jesús está sellada por la forma en que lo trató. Lejos de ser una idea, un deseo, una teoría – e inclusive una ideología –, la misericordia es una forma concreta de «tocar» la fragilidad, de vincularnos con los otros, de acercarnos entre nosotros. Es una forma concreta de encarar a las personas cuando están en la «mala». Es una acción que nos lleva a poner lo mejor de cada uno para que los demás se sientan tratados de tal forma que puedan sentir que en su vida todavía no se dijo la última palabra. Tratados de tal manera que el que se sentía aplastado por el peso de sus pecados, sienta el alivio de una nueva posibilidad. Lejos de ser una bella frase, es la acción concreta con la que Dios quiere relacionarse con sus hijos. Pablo utiliza aquí la voz pasiva – perdonen la pedantería de esta referencia un poco exquisita – y el tiempo aoristo – discúlpenme la traducción un poco referencial –, pero bien podría decirse «fui misericordiado». La pasiva lo deja a Pablo en situación de receptor de la acción de otro, él no hace nada más que dejarse misericordiar. El aoristo del original nos recuerda que en él esa experiencia aconteció en un momento puntual que recuerda, agradece, festeja.
            El Dios de Pablo genera el movimiento que va del corazón a las manos, el movimiento de quien no tiene miedo a acercarse, quien no tiene miedo a tocar, a acariciar; y esto sin escandalizarse ni condenar, sin descartar a nadie. Una acción que se hace carne en la vida de las personas.
            Comprender y aceptar lo que Dios hace por nosotros – un Dios que no piensa, ama ni actúa movido por el miedo sino porque confía y espera nuestra transformación – quizás deba ser nuestro criterio hermenéutico, nuestro modo de operar: «Ve tú y actúa de la misma manera» (Lc 10,39). Nuestro modo de actuar con los demás nunca será, entonces, una acción basada en el miedo sino en la esperanza que él tiene en nuestra transformación. Y pregunto: ¿Esperanza de transformación o miedo? Una acción basada en el miedo lo único que consigue es separar, dividir, querer distinguir con precisión quirúrgica un lado del otro, construir falsas seguridades, por lo tanto, construir encierros. Una acción basada en la esperanza de transformación, en la conversión, impulsa, estimula, apunta al mañana, genera espacios de oportunidad, empuja. Una acción basada en el miedo, es una acción que pone el acento en la culpa, en el castigo, en el «te equivocaste». Una acción basada en la esperanza de transformación pone el acento en la confianza, en el aprender, en levantarse; en buscar siempre generar nuevas oportunidades. ¿Cuántas veces? 70 veces 7. Por eso, el trato de misericordia despierta siempre la creatividad. Pone el acento en el rostro de la persona, en su vida, en su historia, en su cotidianidad. No se casa con un modelo o con una receta, sino que posee la sana libertad de espíritu de buscar lo mejor para el otro, en la manera que esta persona pueda comprenderlo. Y esto pone en marcha todas nuestras capacidades, todos nuestros ingenios, esto nos hace salir de nuestros encierros. Nunca es vana palabrería – al decir de Pablo – que nos enreda en disputas interminables, la acción basada en la esperanza de transformación es una inteligencia inquieta que hace palpitar el corazón y le pone urgencia a nuestras manos. Palpitar el corazón y urgencia a nuestras manos. El camino que va del corazón a las manos.
            Al ver actuar a Dios así, nos puede pasar lo mismo que al hijo mayor de la parábola del Padre Misericordioso: escandalizarnos por el trato que tiene el padre al ver a su hijo menor que vuelve. Escandalizarnos porque le abrió los brazos, porque lo trató con ternura, porque lo hizo vestirse con los mejores vestidos estando tan sucio. Escandalizarnos porque al verlo volver, lo besó e hizo fiesta. Escandalizarnos porque no lo castigó sino que lo trató como lo que era: hijo.
            Nos empezamos a escandalizar – esto nos pasa a todos, es como el proceso, ¿no? –  nos empezamos a escandalizar cuando aparece el Alzheimer espiritual; cuando nos olvidamos cómo el Señor nos ha tratado, cuando comenzamos a juzgar y a dividir la sociedad. Nos invade una lógica separatista que sin darnos cuenta nos lleva a fracturar más nuestra realidad social y comunitaria. Fracturamos el presente construyendo «bandos». Está el bando de los buenos y el de los malos, el de los santos y el de los pecadores. Esta pérdida de memoria, nos va haciendo olvidar la realidad más rica que tenemos y la doctrina más clara a ser defendida. La realidad más rica y la doctrina más clara. Siendo nosotros pecadores, el Señor no dejó de tratarnos con misericordia. Pablo nunca dejó de recordar que él estuvo del otro lado, que fue elegido al último, como el fruto de un aborto. La misericordia no es una «teoría que esgrimir»: «¡ah!, ahora está de moda hablar de misericordia por este jubileo, y qué se yo, pues sigamos la moda». No, no es una teoría que esgrimir para que aplaudan nuestra condescendencia, sino que es una historia de pecado que recordar. ¿Cuál? La nuestra, la mía y la tuya. Y un amor que alabar. ¿Cuál? El de Dios, que me trató con misericordia.
            Estamos insertos en una cultura fracturada, en una cultura que respira descarte. Una cultura viciada por la exclusión de todo lo que puede atentar contra los intereses de unos pocos. Una cultura que va dejando por el camino rostros de ancianos, de niños, de minorías étnicas que son vistas como amenaza. Una cultura que poco a poco promueve la comodidad de unos pocos en aumento del sufrimiento de muchos. Una cultura que no sabe acompañar a los jóvenes en sus sueños narcotizándolos con promesas de felicidades etéreas y esconde la memoria viva de sus mayores. Una cultura que ha desperdiciado la sabiduría de los pueblos indígenas y que no ha sabido cuidar la riqueza de sus tierras.
            Todos nos damos cuenta, y lo sabemos que vivimos en una sociedad herida, eso nadie lo duda. Vivimos en una sociedad que sangra y el costo de sus heridas normalmente lo terminan pagando los más indefensos. Pero es precisamente a esta sociedad, a esta cultura adonde el Señor nos envía. Nos envía e impulsa a llevar el bálsamo de «su» presencia. Nos envía con un solo programa: tratarnos con misericordia. Hacernos prójimos de esos miles de indefensos que caminan en nuestra amada tierra americana proponiendo un trato diferente. Un trato renovado, buscando que nuestra forma de vincularnos se inspire en la que Dios soñó, en la que él hizo. Un trato basado en el recuerdo de que todos provenimos de lugares errantes, como Abraham, y todos fuimos sacados de lugares de esclavitud, como el pueblo de Israel.
            Sigue resonando en nosotros toda la experiencia vivida en Aparecida y en la invitación a renovar nuestro ser discípulos misioneros. Mucho hemos hablado sobre el discipulado, mucho nos hemos preguntado sobre cómo impulsar una catequesis del discipulado y misionera. Pablo nos da una clave interesante: el trato de misericordia. Nos recuerda que lo que lo convirtió a él en apóstol fue ese trato, esa forma cómo Dios se acercó a su vida: «Fui tratado con misericordia». Lo que lo hizo discípulo fue la confianza que Dios le dio a pesar de sus muchos pecados. Y eso nos recuerda que podemos tener los mejores planes, los mejores proyectos y teorías pensando nuestra realidad, pero si nos falta ese «trato de misericordia», nuestra pastoral quedará truncada a medio camino.
            En esto se juega nuestra catequesis, nuestros seminarios – ¿enseñamos a nuestros seminaristas este camino de tratar con misericordia? –, nuestra organización parroquial y nuestra pastoral. En esto se juega nuestra acción misionera, nuestros planes pastorales. En esto se juegan nuestras reuniones de presbiterios e inclusive nuestra forma de hacer teología: en aprender a tener un trato de misericordia, una forma de vincularnos que día a día tenemos que pedir – porque es una gracia –, que día a día somos invitados a aprender. Un trato de misericordia entre nosotros obispos, presbíteros, laicos. Somos en teoría «misioneros de la misericordia» y muchas veces sabemos más de «maltratos» que de un buen trato. Cuantas veces nos hemos olvidado en nuestros seminarios de impulsar, acompañar, estimular, una pedagogía de la misericordia, y que el corazón de la pastoral es el trato de misericordia. Pastores que sepan tratar y no maltratar. Por favor, se lo pido: Pastores que sepan tratar y no maltratar.
            Hoy somos invitados especialmente a un trato de misericordia con el santo Pueblo fiel de Dios –que mucho sabe de ser misericordioso porque es memorioso –, con las personas que se acercan a nuestras comunidades, con sus heridas, dolores, llagas. A su vez, con la gente que no se acerca a nuestras comunidades y que anda herida por los caminos de la historia esperando recibir ese trato de misericordia. La misericordia se aprende en base a la experiencia – en nosotros primero –, como en Pablo: él ha mostrado toda su misericordia, él ha mostrado toda su misericordiosa paciencia. En base a sentir que Dios sigue confiando y nos sigue invitando a ser sus misioneros, que nos sigue enviando para que tratemos a nuestros hermanos de la misma forma con la que él nos trata, con la que él nos trató, y cada uno de nosotros conoce su historia, puede ir allí y hacer memoria. La misericordia se aprende, porque nuestro Padre nos sigue perdonando. Existe ya mucho sufrimiento en la vida de nuestros pueblos para que todavía le sumemos uno más o algunos más. Aprender a tratar con misericordia es aprender del Maestro a hacernos prójimos, sin miedo de aquellos que han sido descartados y que están «manchados» y marcados por el pecado. Aprender a dar la mano a aquel que está caído sin miedo a los comentarios. Todo trato que no sea misericordioso, por más justo que parezca, termina por convertirse en maltrato. El ingenio estará en potenciar los caminos de la esperanza, los que privilegian el buen trato y hacen brillar la misericordia.
            Queridos hermanos, este encuentro no es un congreso, un meeting, un seminario o una conferencia. Este encuentro de todos es una celebración: fuimos invitados a celebrar el trato de Dios con cada uno de nosotros y con su Pueblo. Por eso, creo que es un buen momento para que digamos juntos: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy, estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos, esos brazos redentores» (Evangelii gaudium, 3).
            Y agradezcamos, como Pablo a Timoteo, que Dios nos confíe repetir con su pueblo, los enormes gestos de misericordia que ha tenido y tiene con nosotros, y que este encuentro nos ayude a salir fortalecidos en la convicción de transmitir la dulce y confortadora alegría del Evangelio de la misericordia.

    martes, 21 de junio de 2016

    El Papa: “La pena de muerte es una ofensa a la inviolabilidad de la vida” 21062016

    El Papa: “La pena de muerte es una ofensa a la inviolabilidad de la vida”


    Video mensaje del Papa: “La pena de muerte es una ofensa a la inviolabilidad de la vida”. - AP
    21/06/2016 18:00

     
    (RV).- “Deseo hoy alentar a todos a trabajar no sólo por la abolición de la pena de muerte, sino también por la mejora de las condiciones de reclusión, para que respeten plenamente la dignidad humana de las personas privadas de libertad”, es el aliento del Papa Francisco a los participantes en el VI Congreso Mundial contra la Pena de Muerte que inició este 21 de junio en Oslo, Noruega.
    El Evento organizado por Ensemble contre la peine de mort, en colaboración con la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte tiene por objetivo “alcanzar y eliminar la obligatoriedad de la pena de muerte”. Este congreso es el evento más importante sobre la pena de muerte, que reunirá a más de 1500 participantes, entre los que se encuentran más de 30 ministros, 200 diplomáticos, Premios Nobel de la Paz, parlamentarios, universitarios, abogados y defensores de los derechos humanos.
    En su mensaje, el Santo Padre agradeció a todos aquellos que están comprometidos en construir un mundo libre de la pena de muerte, y asegura que: “de hecho, hoy día la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado. Es una ofensa a la inviolabilidad de la vida y a la dignidad de la persona humana que contradice el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad y su justicia misericordiosa, e impide cumplir con cualquier finalidad justa de las penas. Además, señala el Papa que, no hace justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza”.
    En el marco del Jubileo Especial de la Misericordia, el Pontífice recuerda que es una ocasión propicia para promover en el mundo formas cada vez más maduras de respeto a la vida y la dignidad de cada persona. No hay que olvidar que el derecho inviolable a la vida, don de Dios, agrega el Papa, pertenece también al criminal. “Deseo hoy alentar a todos a trabajar no sólo por la abolición de la pena de muerte, concluye el Obispo de Roma, sino también por la mejora de las condiciones de reclusión, para que respeten plenamente la dignidad humana de las personas privadas de libertad”. “Hacer justicia” no significa que se deba buscar el castigo por sí mismo, sino que las penas tengan como finalidad fundamental la reeducación del delincuente. Por ello, afirma el Papa, la cuestión debe ser encuadrada en la óptica de una justicia penal que sea abierta a la esperanza de reinserción del culpable en la sociedad. ¡No hay pena válida sin esperanza!
    (Renato Martinez – Radio Vaticano)

    Texto y audio completo del video mensaje del Papa Francisco
    VI Congreso Mundial contra la pena de muerte
     
    Saludo a los organizadores de este Congreso mundial contra la pena de muerte, al grupo de países que lo apoyan, especialmente a Noruega, país que lo acoge, y a todos los participantes: representantes de los Gobiernos, de las Organizaciones Internacionales y de la sociedad civil. Quiero además expresar mi agradecimiento personal, y también el de los hombres de buena voluntad, por su compromiso con un mundo libre de la pena de muerte.
    Un signo de esperanza es el desarrollo en la opinión pública de una creciente oposición a la pena de muerte, incluso como una herramienta de legítima defensa social. De hecho, hoy día la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado. Es una ofensa a la inviolabilidad de la vida y a la dignidad de la persona humana que contradice el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad y su justicia misericordiosa, e impide cumplir con cualquier finalidad justa de las penas. No hace justicia a las víctimas, sino que fomenta la venganza. El mandamiento «no matarás» tiene valor absoluto y abarca tanto a los inocentes como a los culpables.
    El Jubileo Especial de la Misericordia es una ocasión propicia para promover en el mundo formas cada vez más maduras de respeto a la vida y la dignidad de cada persona. No hay que olvidar que el derecho inviolable a la vida, don de Dios, pertenece también al criminal.
    Deseo hoy alentar a todos a trabajar no sólo por la abolición de la pena de muerte, sino también por la mejora de las condiciones de reclusión, para que respeten plenamente la dignidad humana de las personas privadas de libertad. “Hacer justicia” no significa que se deba buscar el castigo por sí mismo, sino que las penas tengan como finalidad fundamental la reeducación del delincuente. La cuestión debe ser encuadrada en la óptica de una justicia penal que sea abierta a la esperanza de reinserción del culpable en la sociedad. ¡No hay pena válida sin esperanza! Una pena clausurada en sí misma, que no dé lugar a la esperanza, es una tortura, no es una pena.
    Espero que este Congreso pueda dar un nuevo impulso al compromiso con la abolición de la pena capital. Por eso mismo, animo a todos los participantes a continuar con esta gran iniciativa y les aseguro mí oración.