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domingo, 29 de enero de 2017

Bienaventurados los maltratados por causa de Cristo (San Gregorio y San Hilario) 29012017

Bienaventurados los maltratados por causa de Cristo (San Gregorio y San Hilario)

Bienaventurados los maltratados por causa de Cristo (San Gregorio y San Hilario)

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29 enero 2017

Las Bienaventuranzas son un texto fundamental para la vida del cristiano. En ella se indica qué previo van a tener quienes se nieguen a sí mismo, carguen con su cruz y sigan los pasos del Señor. Porque seguir al Señor comporta siempre la incomprensión del “mundo” que representa a la sociedad humana. Seguir a Cristo conlleva desprecio y maltrato, porque él mismo lo dejó muy claro:

Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia. Acordaos de la palabra que yo os dije: “el siervo no es mayor que su señor”. Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros; si guardaron mi palabra, también guardarán la vuestra. (Jn 15, 18-20)

Hoy en día la Iglesia ha olvidado que su presencia en la sociedad no puede ser un camino de rosas. La forma de saber que estamos con Cristo es el desprecio que padecemos. Pero que nos desprecien o nos maltraten por seguir al Señor debería ser causa de nuestra alegría interior y darnos paz. No debería de importarnos sentirnos fuera de las corrientes de moda y de lo políticamente correcto que se nos impone. ¿Qué importa que nos deshonren?

¿Qué importa que los hombres nos deshonren si nuestra conciencia sola nos defiende? Sin embargo, así como no debemos instigar intencionadamente las lenguas de los que maldicen para que no perezcan, así debemos sufrir con ánimo tranquilo las que son instigadas por su propia malicia, para que nuestro mérito crezca. Por ello se dice aquí: "Gozaos y alegraos porque vuestro galardón es muy grande en el Reino de los Cielos". (San Gregorio, homiliae in Hiezechihelem prophetam, 9)

Ser evangelizadores, como ya he dicho en algún post anterior, es ser profeta en medio de una sociedad que desprecia a Dios. Los profetas no vaticinaban el futuro, sino que señalaban el mal que corrompía a la sociedad y animaba al arrepentimiento a quienes se dieran cuenta. El profeta es testigo de Cristo y por eso, nunca es bienvenido entre quienes están empeñados en construir el mundo. Construir el mundo es construir Torres de Babel para llegar a Dios y que Dios deje de ser el que nos eleve hasta Él. Construir el mundo es crear estructuras humanas que sustituyan la Gracia de Dios e imponerlas como parte de nuestra vida. Podemos mirar a la Iglesia, que es santa, pero está compuesta por seres humanos llenos de pecados y errores. En Ella se mezclan santos con terribles pecadores y por eso mismo, es tan necesaria la justicia para que la santidad no sea el privilegio de unos pocos, sino una oportunidad para todos.

En la Iglesia actual, la justicia está arrinconada. Ya no se considera virtud ni se promociona que los cristianos seamos justos y santos. Por eso quien señala a la justicia como imprescindible, se le persigue y se le llama cosas como rigorista o fariseo. Hoy se promociona la complicidad disfrazada de misericordia y se nos ofrece como el remedio universal para lo que llaman una iglesia abierta. Pero Justicia es uno de los Nombres de Dios:

Así cuenta en la última bienaventuranza a todos aquéllos que sufren todas las cosas por Jesucristo (quien se llama justicia), se reserva el Reino de los Cielos a éstos, porque en el desprecio de las cosas del mundo son verdaderos pobres de espíritu. Por ello dice: "Porque de ellos es el Reino de los Cielos". (San Hilario, in Matthaeum, 4)

El Reino de los Cielos no es de este mundo, aunque nos vendan que podemos construirlo con nuestras manos. El Reino de los Cielos es el paraíso donde la Voluntad de Dios se cumple por voluntad de todos los que le pertenecen. El Reino de los Cielos es el lugar donde la justicia y la misericordia se unen en una palabra: Amor, que es otro de los Nombres de Dios.
 

jueves, 19 de enero de 2017

"Hoy es tiempo de cambiar", reflexiones bíblicas de Mons. Fernando Chica

"Hoy es tiempo de cambiar", reflexiones bíblicas de Mons. Fernando Chica

Papa Francisco visita un campo de refugiados en Bangui durante su viaje a la República Centroafricana - AP
19/01/2017 12:00

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(RV).- En el programa «Tu palabra me da Vida» de hoy, Monseñor Fernando Chica Arellano -observador permanente de la Santa Sede ante los organismos de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación en Roma-, reflexiona acerca de un pasaje del Evangelio según San Mateo que elSanto Padre recomienda que leamos y pongamos en práctica: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer (...) Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer (...)?’ Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 34-40).
 
Junto con las Bienaventuranzas (Mt 5,3-12), este texto que acabamos de escuchar, tomado del capítulo 25 del Evangelio según san Mateo, es uno de los más citados por el papa Francisco. El Santo Padre recomienda insistentemente que lo leamos y, sobre todo, que lo pongamos en práctica. El Sumo Pontífice repite esto una y otra vez ante los niños y los jóvenes, ante laicos y sacerdotes; se lo dice a los misioneros y a quienes son miembros de la vida religiosa. Es un texto al que el Obispo de Roma califica como ‘camino de santidad’.
Me viene ahora a la memoria lo que dijo en la Audiencia General del seis de agosto de 2014: “Además de la nueva Ley -señalaba el Papa-, Jesús nos entrega también el «protocolo» a partir del cual seremos juzgados. Cuando llegue el fin del mundo seremos juzgados. ¿Y cuáles serán las preguntas que nos harán en ese momento? ¿Cuáles serán esas preguntas? ¿Cuál es el protocolo a partir del cual el juez nos juzgará? Es el que encontramos en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo […]. No tendremos títulos, créditos o privilegios para presentar. El Señor nos reconocerá si a su vez nosotros lo hemos socorrido en el pobre, en el hambriento, en quien pasa necesidad y está marginado, en quien sufre y está solo... Es éste uno de los criterios fundamentales de verificación de nuestra vida cristiana, a partir del cual Jesús nos invita a medirnos cada día”.
En este pasaje evangélico es muy importante la pregunta que le lanzan al Señor: “¿Cuándo te vimos…?” Esto nos está diciendo que en la vida cristiana un verbo es fundamental. Se trata del verbo ‘Ver’. Aprendamos, por tanto, a mirar, a ver, descubriendo en el otro a un hijo de Dios y a un hermano en Cristo. Amemos a Cristo y que nuestro amor a Él se extienda a los hermanos.
Esta manera de mirar para descubrir a Jesús y servir a los demás la tenemos que poner en práctica comenzando por nuestra propia casa. Porque puede ser que tratemos con gran generosidad a los demás cuando estamos fuera de casa pero tengamos un trato distinto con los de nuestra familia, o con las personas más cercanas. A veces a éstas las tratamos con indiferencia, sin respeto, superficialmente. Si nos portamos así, hoy es tiempo de cambiar.
Busquemos ofrecer el pan de la gratitud y de la delicadeza también a los de casa. Mostremos amor y generosidad no solo a los que encontramos una vez en nuestra vida. También a los más cercanos, compartamos con ellos nuestro tiempo. Eso será la señal de que lo que hacemos con los de fuera es verdadero. Eso será muestra de que hemos entendido que dar de comer al hambriento no es cuestión de limosna, sino de vivir mirándoles y tratándoles a la altura de su dignidad. Ciertamente esto no es fácil. Es preciso pedir a Dios que nos ayude. Necesitamos orar para tener un corazón como el de Jesús. Por eso podemos decir: “Ven, Espíritu Santo. Que tu luz me ayude a mirar con amor y descubrir a Jesús en todos los que me rodean, sobre todo en los que sufren”.
Que al participar en la próxima celebración de la Eucaristía, y en todas ellas, miremos amorosamente a Jesucristo, realmente presente en la Sagrada forma. Si así lo hacemos, Él nos ayudará a mirar con sus ojos a los demás, dirigirá nuestra mirada al pobre para que lo socorramos, y al hacerlo estaremos anticipando el Cielo que Él nos ha preparado.
(Mireia Bonilla para RV) 

    sábado, 5 de noviembre de 2016

    Bienaventuranzas del joven

    Bienaventuranzas del joven

    joven1. Felices nosotros, los jóvenes, si participamos activamente y con plena libertad en nuestra familia, contribuimos a su desarrollo y fomentamos su entusiasmo día a día. ¡Alegrémonos, porque desde la familia construiremos una sociedad en paz que crezca on el amor.

    2. Feliz tú, joven, si haces de tu casa un hogar y no una pensión, y eres levadura de amor y alegría. ¡Alégrate, porque gozarás con el cariño y el respeto de los tuyos y de Dios.

    3. Felices nosotros, los jóvenes, si con la fuerza de Cristo y de la Comunidad somos capaces de vencer las barreras que nos impiden crecer en unión y comunicamos con todas las personas. ¡Alegrémonos, porque seremos testigos de unidad.

    4. Felices nosotros, los jóvenes, si construimos una Iglesia joven, creíble y coherente con el mensaje de Jesús, asumiendo sus fallos y dificultades. ¡Alegrémonos, porque aparecerá mas claro en ella el rostro de Cristo.

    5. Feliz tú, joven, si eres capaz de ir contra corriente, de estar junto al hermano, de dar la cara por Cristo y su Iglesia, sin miedo al qué dirán. ¡Alégratel, porque serás testigo de Jesús.

    6. Feliz tú, joven, si valoras el estudio como instrumento de formación y de servicio, nunca como medio para competir. ¡Alégrate, porque estarás abriendo caminos que conducen el auténtico progreso.

    7. Feliz tú, joven, si das lo que sabes y agradeces lo que te enseñan. ¡Alégrate, porque estarás, más cerca de la verdad.!

    8. Feliz tú, joven, si, analizando tus propios valores, te sitúas allí donde tu finalidad no sea ganar más, sino servir mejor; si te entregas al trabajo con responsabilidad y constancia, haciéndote solidario de tus hermanos en paro; si. ante la falta de trabajo, no te dejas vencer por la desesperanza y buscas nuevos caminos. ¡Alégrate¡, porque harás presente el Reino de Dios y reconocerás al hombre como señor de la creación.

    9. Felices nosotros, los jóvenes, si sabemos hacer la síntesis entre fe y cultura, que nos lleve a renovar nuestros sistemas de valores, líneas de pensamiento y modelos de vida. ¡Alegrémonos, porque una fe que se hace cultura es una fe plenamente acogida y fíelmente vivido.

    10. Felices nosotros, los jóyenes, si tenemos el coraje de la autenticidad y lealtad cuando la mentira y las ofertas son fascinantes y tentadoras; si utilizamos nuestra fuerza joven para crear y difundir un sistema nuevo de vida frente a la indiferencia y la crítica destructiva. ¡Alegrémonos¡, porque seremos levadura de una nueva sociedad.

    11. Felices nosotros, los jóvenes, si por encima de barreras deshumanizadoras nos sentimos hermanos de mujeres y hombres de cualquier raza, ideología, religión, lengua, cultura o condición social. ¡Alegrémonos!, porque sembraremos huellas de paz entre los hombres.

    12. Feliz tú, joven, si crees en la locura de cambiar este mundo de guerras, violencias, desigualdades, opresiones, manipulaciones e injusticias, y, con todas tus fuerzas, a un a riesgo de tu vida, eres constructor de la nueva civilización del amor. ¡Alégrate¡, porque tu ideal de fraternidad y justicia puede ser una realidad.

    13. Felices nosotros, los jóvenes, si rompemos nuestra coraza de comodidad; si, como Jesús nos comprometemos con los marginados y ponemos a su disposición cuanto somos y tenemos; si, con nuestra vida, gritamos su angustia y animamos a otros a caminar en esta aventura. ¡Alegrémonos¡, porque se cumplirá en nosotros la palabra de Cristo «Cuanto hiciste a uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.»

    14. Felices nosotros, los jóvenes, si ocupamos el tiempo de ocio en desarrollar integralmente nuestras personas a través del deporte, la naturaleza, la música, la fiesta, las artes...¡Alegrémonos!, porque seremos felices y haremos felices a los que nos rodean.

    15.Feliz tú, joven, si tu tiempo libre es creativo, alegre y compartido con los demás. ¡Alégrate!, porque harás del ocio tu tiempo de libertad y comunicarás paz y deseos de vivir.

    16. Felices nosotros los jóvenes si adoptamos una actitud crítica frente a la manipulación de los medios de comunicación social; si tenemos los oídos atentos para escuchar la verdad y el clamor de los pueblos; si transmitimos el mensaje de Jesús con las técnicas modernas de comunicación social. ¡Alegrémonos!, porque seremos puente entre Cristo y los hombres.

    Web católico de Javier