miércoles, 7 de octubre de 2026

La luciérnaga y la serpiente (Reflexión de valores)

 

La luciérnaga y la serpiente

La luciérnaga y la serpienteCuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una Luciérnaga. Ésta huía rápido con miedo de la feroz depredadora y la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día y ella no desistía, dos días y nada. Al tercer día, ya sin fuerzas, la Luciérnaga paró y dijo a la serpiente:

-¿Puedo hacerte tres preguntas?

-No acostumbro conceder este precedente a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar...

¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

-No

-¿Yo te hice algún mal?

- No

- Entonces, ¿Porque quieres acabar conmigo?

- Porque no soporto verte brillar.

Muchos de nosotros, nos hemos visto a veces envueltos en situaciones donde nos preguntamos: ¿Por qué me pasa esto si yo no he hecho nada malo?

Sencillo, porque no soportan verte brillar. La envidia, para mí, es unos de los peores sentimientos que podemos tener. Envidiar al otro, sus logros, envidiar ver a otro brillar. Cuando esto nos pase, no dejemos de brillar, no dejemos de seguir siendo nosotros, de seguir haciendo lo mejor que sepamos hacer. De todas maneras, aunque nos hieran, no podrán tocarnos, porque nuestra luz seguirá intacta, nuestra esencia permanecerá, pase lo que pase...

Pidamos a Nuestro Señor que, si llega el caso, no nos afecte el hecho de ser envidiados y que, nosotros mismos, no seamos envidiosos.

La lección de una santa del siglo XV para una sociedad obsesionada con mostrarse y buscar aprobación

 

La lección de una santa del siglo XV para una sociedad obsesionada con mostrarse y buscar aprobación

Luis Javier Moxó recupera la sorprendente vida de una mujer que cambió la corte por el silencio y convirtió sus heridas en una obra fecunda.

La nueva biografía recorre el camino de la fundadora concepcionista desde la corte portuguesa hasta la fundación nacida en Toledo

La nueva biografía recorre el camino de la fundadora concepcionista desde la corte portuguesa hasta la fundación nacida en ToledoLuis Javier Moxó

Álex Rosal

06.10.2026 | 07:22

Actualizado:

Una nueva biografía de la fundadora de las concepcionistas, Santa Beatriz de Silva, recupera la figura de una mujer que transformó la herida, la espera y la vida escondida en un carisma vivo para toda la Iglesia.

Santa Beatriz de Silva dejó el esplendor de la corte, atravesó una profunda prueba personal conservada por la tradición concepcionista y vivió largos años de retiro y maduración espiritual en Toledo. 

De aquella vida escondida nació la Orden de la Inmaculada Concepción, una familia religiosa que, desde la ciudad del Tajo, alcanzaría proyección universal.

Luis Javier Moxó Soto, colaborador de Religión en Libertad, publica ahora Santa Beatriz de Silva. Vida y carisma de la fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, editado por Xerión, editorial de Carlos García Costoya y prologado por Fr. Santiago Cantera Montenegro, O.S.B. 

El autor combina investigación histórica, atención a las fuentes y reflexión espiritual para acercar al lector a una santa que interpela directamente a una época marcada por la exposición constante, la prisa y la necesidad de reconocimiento.

Licenciado en Ciencias Religiosas y profesor de Religión Católica, Moxó es también autor de Enredados por Cristo. Presencia, misión y propuestas de la Iglesia en internet (Digital Reasons, 2019). 

La presentación del libro será el 28 de octubre, a las 18:00h, en el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en la calle Concepción, 1, 45001 Toledo.

En esta entrevista explica por qué Toledo resulta decisivo para comprender a Beatriz, cómo ha abordado el conocido episodio del baúl de Tordesillas y qué puede decir hoy la vida contemplativa a una sociedad que mide casi todo por la utilidad y el rendimiento.

—¿Por qué era necesario publicar hoy un libro sobre santa Beatriz de Silva?

— Porque es una figura de enorme profundidad espiritual e histórica y, sin embargo, todavía merece ser mucho más conocida. Muchas personas han oído hablar de las concepcionistas, de la devoción a la Inmaculada o del episodio del baúl de Tordesillas, pero no siempre conocen el itinerario completo de una mujer que dejó la corte, atravesó una experiencia de vulnerabilidad, vivió largos años de silencio y oración en Toledo y acabó fundando una Orden religiosa con presencia universal.

El libro nace del deseo de acercar su vida al lector actual sin simplificarla. No quería hacer solamente una biografía devota ni una reconstrucción académica reservada a especialistas. He querido combinar los datos históricos, la tradición conservada por la Orden y una reflexión espiritual que permita descubrir qué puede decir santa Beatriz al hombre y la mujer de nuestro tiempo.

Su historia tiene una fuerza especial porque no es la de alguien que triunfa desde el poder o desde la visibilidad. Es la historia de una mujer que aprende a esperar, que deja que Dios transforme la herida y que descubre que una vida aparentemente escondida puede llegar a ser profundamente fecunda.

—El título habla de “vida” y “carisma”. ¿Por qué era importante mantener unidas esas dos dimensiones?

—Porque no se puede entender el carisma de santa Beatriz como una idea abstracta ni como una devoción desconectada de su experiencia personal. El carisma nace de una vida concreta: de una historia, de una herida, de una forma de rezar, de una mirada sobre la Virgen y de una respuesta confiada a Dios.

La vida de Beatriz tiene además elementos que deben tratarse con cuidado. Contamos con documentos, con tradiciones hagiográficas y con una memoria espiritual custodiada durante siglos por las concepcionistas. No todos esos materiales tienen el mismo valor histórico ni permiten afirmar exactamente lo mismo. Por eso he procurado distinguir los planos con respeto: señalar aquello que está documentado, recoger la tradición como tradición y mostrar el sentido espiritual que la familia concepcionista ha descubierto en ella.

La crítica histórica no disminuye la santidad. Al contrario: la protege de los adornos innecesarios y permite contemplar mejor su verdadera grandeza. La grandeza de Beatriz está en que, desde una circunstancia dolorosa o profundamente recordada como tal por la tradición, nace una vida totalmente entregada a Dios.

Portada del libro de Luis Javier Moxó sobre santa Beatriz de Silva publicado en Xerión

Portada del libro de Luis Javier Moxó sobre santa Beatriz de Silva publicado en XeriónReL

—El episodio del baúl de Tordesillas es el más conocido y también el más difícil. ¿Cómo lo has abordado?

—Con una doble actitud: prudencia histórica y respeto espiritual. La tradición concepcionista narra que Beatriz, vinculada a la corte de Isabel de Portugal, fue encerrada en un cofre o baúl debido a los celos de la reina. Es un relato de enorme fuerza, presente en la memoria de la Orden, en la iconografía y en la devoción a la santa.

Sin embargo, no poseemos documentación contemporánea que permita verificar todos sus detalles: ni la motivación exacta, ni la duración del encierro, ni las circunstancias precisas de la liberación. Era importante decirlo con claridad, porque la honestidad no debilita el relato; lo sitúa en su verdadero lugar.

Para las concepcionistas, aquel baúl no es un simple pasaje dramático. Es el símbolo de una prueba radical, de una noche oscura, de una entrega confiada a la Virgen. Puede leerse como un lugar de muerte y renacimiento: el espacio en el que una mujer amenazada y vulnerable comienza a recibir una misión nueva.

La santidad no consiste en convertir una vida en leyenda. Consiste en descubrir que la gracia puede abrir un camino incluso allí donde parece que todo se ha cerrado. En Beatriz, la herida no tiene la última palabra; la tiene Dios.

Luis Javier Moxó, autor de la biografía de Santa Beatriz de Silva, fundadora de la de la Orden de la Inmaculada Concepción. 

Luis Javier Moxó, autor de la biografía de Santa Beatriz de Silva, fundadora de la de la Orden de la Inmaculada Concepción. 

—Toledo ocupa un lugar decisivo en el libro. ¿Por qué es imposible comprender a santa Beatriz sin esta ciudad?

—Porque Toledo no es un escenario de fondo: es la ciudad en la que su vocación maduró y su obra tomó cuerpo. Tras dejar la corte, Beatriz vivió durante muchos años en el ámbito de Santo Domingo el Real, acogida como seglar por las dominicas. Fue una larga etapa de retiro, oración, penitencia y maduración interior.

Ese dato resulta muy revelador para nuestra época. Tendemos a medir una vida por sus resultados visibles y rápidos. Pero santa Beatriz pasó décadas en una existencia aparentemente retirada. No fueron años vacíos ni una espera inútil. Allí se fue formando la mujer que más tarde daría origen a una familia religiosa llamada a extenderse por diversos países y continentes.

También fue en Toledo donde la fundación pudo concretarse. La bula Inter universa, promulgada por Inocencio VIII el 30 de abril de 1489, confirma que Isabel la Católica había concedido a Beatriz una casa con iglesia dedicada a Santa Fe, donde ella y otras mujeres vivían ya en comunidad. Una inspiración personal se convirtió entonces en una obra eclesial: hizo falta una casa, una comunidad, una protección, una regla y una forma estable de vida.

—¿Puede el libro ayudar a redescubrir en Toledo los lugares relacionados con la memoria de la santa?

—Ese sería uno de los frutos más hermosos. El libro no pretende quedarse en una lectura individual ni reducirse a una mera publicación editorial. Aspira a favorecer el conocimiento de santa Beatriz, a animar la conversación y a poner en relación la historia, la espiritualidad y la vida concreta de la Iglesia.

Toledo es el lugar natural para ello. Sería especialmente significativo poder presentar el libro en la Casa Madre de las concepcionistas, porque allí no se hablaría solo de una fundadora del pasado, sino de un carisma que continúa vivo. Una presentación en ese contexto tendría una dimensión eclesial muy particular: permitiría acercarse a la memoria de Beatriz desde la continuidad real de la Orden que nació de su vocación.

También sería muy valioso hacerlo en la parroquia de Santa Beatriz de Silva. Una parroquia que lleva su nombre manifiesta que la santa no pertenece únicamente a la clausura ni a la historia religiosa de finales de la Edad Media. Puede hablar hoy a familias, jóvenes, catequistas, profesores y fieles que buscan modelos concretos de vida cristiana.

Ojalá estas posibles presentaciones se conviertan en algo más que actos culturales: en encuentros de memoria, oración, reflexión y comunión eclesial. 

La historia de Beatriz permite unir investigación, identidad local, espiritualidad mariana y una renovada valoración de la vida contemplativa.

—La tradición afirma que Beatriz cubría su rostro con un velo. ¿Qué sentido tiene ese gesto en una sociedad de exposición permanente?

—Tiene una actualidad sorprendente. La tradición presenta a Beatriz como una mujer de gran belleza y vincula esa belleza con la crisis vivida en la corte. Después, ella opta por cubrir su rostro y vivir bajo otra mirada: la de Dios.

No se trata de desprecio del cuerpo ni de rechazo del mundo. Tampoco es una invitación a desaparecer. Es la decisión de no quedar definida por la apariencia, por la opinión ajena o por la necesidad de aprobación. En ese sentido, el velo de Beatriz puede resultar profundamente liberador.

Vivimos en una cultura que exige mostrarse continuamente. La imagen, la comparación y la búsqueda de reconocimiento pueden acabar convirtiéndose en una forma de esclavitud. Santa Beatriz recuerda que la persona posee una dignidad que no depende de su éxito, de su visibilidad ni de la mirada fluctuante de los demás.

Ella no se oculta porque desprecie quién es, sino porque quiere ser contemplada ante todo por Dios. Esa intuición tiene una enorme fuerza para cualquier persona que sienta que su vida está sometida a la presión de tener que exhibirse, justificarse o competir de manera constante.

—La Orden de la Inmaculada Concepción nació antes de la definición dogmática de la Inmaculada, en 1854. ¿Cómo debe entenderse esa relación?

—Hay que explicarla con precisión. Santa Beatriz no formuló por anticipado una definición dogmática, ni la fundación de la Orden surgió en un vacío teológico. La devoción a la Concepción de María ya estaba muy extendida en la piedad cristiana y poseía una especial intensidad en el ámbito franciscano.

Lo que hicieron Beatriz y sus hijas espirituales fue vivir, celebrar y encarnar de un modo muy profundo ese misterio mariano que la Iglesia definiría solemnemente siglos después. La Inmaculada expresa para ellas la belleza de una vida enteramente disponible para Dios, la gracia que precede y sostiene toda vocación y la victoria de Dios sobre el pecado.

La configuración jurídica de la Orden fue también gradual. La comunidad recibió inicialmente una aprobación en un marco cisterciense; después fue orientada hacia la Regla de santa Clara y vinculada a los franciscanos observantes; finalmente, Julio II concedió una regla propia mediante la bula Ad statum prosperum, del 17 de septiembre de 1511.

—El libro defiende que la vida contemplativa sigue siendo necesaria. ¿Por qué?

—Porque una sociedad que solo reconoce lo útil, lo rentable o lo visible termina empobreciendo su idea del ser humano. La vida contemplativa recuerda que hay realidades decisivas que no se pueden medir: la oración, la gratuidad, el silencio, la adoración, la fraternidad, la esperanza y la apertura a la eternidad.

Las contemplativas no son una reliquia del pasado ni una evasión del mundo. Su vida constituye una forma profunda de presencia. Mientras el mundo afirma que solo vale lo que produce resultados inmediatos, ellas proclaman que Dios merece ser buscado por sí mismo y que el ser humano necesita un horizonte más alto que el consumo, el rendimiento o la imagen.

Decir que hacen falta monjas no es expresar nostalgia por una época idealizada ni ignorar las dificultades vocacionales actuales. Es afirmar que una Iglesia misionera necesita también un corazón contemplativo. La misión exterior, la caridad, la cultura y la evangelización necesitan raíces de oración.

Santa Beatriz de Silva muestra precisamente esa fecundidad escondida. La obra nacida de su vida retirada llegó a extenderse mucho más allá de Toledo y sigue recordando que el silencio, cuando está habitado por Dios, nunca es estéril.

—Eres colaborador habitual de Religión en Libertad, donde escribes artículos, entrevistas, reseñas y crónicas de actualidad eclesial. ¿Qué relación tiene ese trabajo con este libro?

—El trabajo en ReL me permite acercarme diariamente a la vida de la Iglesia: libros, testimonios, iniciativas apostólicas, actualidad, autores, directores de películas católicas, comunidades y acontecimientos que muestran una realidad mucho más rica de lo que a veces aparece en los grandes titulares.

Las entrevistas y las crónicas exigen atención a la actualidad, capacidad de escucha y claridad para explicar. El libro, en cambio, responde a otro ritmo: pide más tiempo, documentación, contraste de fuentes y una inmersión prolongada en una figura y en su contexto. Pero no veo ambas tareas como separadas.

En los dos casos se trata de servir a la verdad, de ayudar a comprender mejor la vida eclesial y de mostrar que la fe sigue siendo capaz de generar cultura, esperanza, caridad y formas concretas de santidad. La comunicación católica debe informar, pero también debe ofrecer memoria, contexto y razones para la esperanza.

Mi primer libro, Enredados por Cristo. Presencia, misión y propuestas de la Iglesia en internet —publicado por Digital Reasons en 2019— reflexionaba sobre la misión de la Iglesia en el espacio digital. 

Este nuevo trabajo se detiene en una santa del siglo XV, marcada por el silencio y la clausura. Puede parecer un salto muy grande, pero hay un mismo hilo: comunicar a Cristo exige estar presentes en el mundo, pero también beber de una vida interior profunda. No hay evangelización sólida sin oración, verdad y raíces.

—¿Qué te gustaría que el lector encontrase al terminar el libro?

—Me gustaría que se encontrara verdaderamente con santa Beatriz de Silva. Que no la viera solo como una figura lejana, como una estampa piadosa o como un nombre ligado a una Orden religiosa, sino como una mujer real que atravesó la fragilidad, conoció la espera y respondió a Dios con una confianza extraordinaria.

Me gustaría también que el lector comprendiera mejor la riqueza del carisma concepcionista y mirara con gratitud a las comunidades contemplativas. 

La vida de Beatriz ayuda a formular preguntas muy actuales: qué hacemos con nuestras heridas, dónde buscamos nuestra identidad, cómo vivimos la espera, qué lugar concedemos al silencio y si creemos de verdad que Dios puede hacer fecundo aquello que parece oculto o estéril.

Si el libro consigue despertar interés por la santa, gratitud hacia las concepcionistas y deseo de conocer mejor los lugares de Toledo ligados a su vida, habrá cumplido ampliamente su propósito.

[Puede comprar el libro Santa Beatriz de Silva (Xerión) en este link]

René ZZ, el youtuber de millones de seguidores que encontró a Dios en un sueño: «Me cambió la vida»

 

René ZZ, el youtuber de millones de seguidores que encontró a Dios en un sueño: «Me cambió la vida»

El popular youtuber relata cómo un sueño con Dios transformó su vida, su manera de comunicar y hasta el significado de los tatuajes que cubren su cuerpo.

René ZZ, un joven que descubrió a Dios y la fe desde presupuestos impensados.

René ZZ, un joven que descubrió a Dios y la fe desde presupuestos impensados.Se buscan rebeldes

Redacción REL

06.10.2026 | 07:22

Actualizado:

Tiene casi dos millones de seguidores en YouTube y su conversión está dando mucho que hablar. 

René ZZ cuenta en una interesante entrevista con José Beltrán en La Razón cómo un misterioso sueño con Dios cambió su vida, por qué sus tatuajes reflejan su búsqueda espiritual y cómo ha descubierto el amor de Jesús. 

Este jueves recibirá uno de los IX Premios Religión en Libertad.

René explica que aquel sueño fue completamente diferente a cualquier otro que hubiera tenido. Al despertar sintió la necesidad inmediata de escribir lo sucedido.

«Había experimentado por completo una emoción que no existe –o que, al menos, yo nunca había sentido– en este plano terrenal», recuerda.

Al principio dudó de lo ocurrido. Pero aquella experiencia comenzó a perseguirle y decidió «tirar del hilo». 

Empezó entonces una búsqueda que le llevó a la Biblia, la teología y la figura de Jesucristo.

«Unos años después, estoy convencido de que sí era Dios», afirma.

«Dios estaba detrás de mí todo el tiempo»

René procedía de una familia católica poco practicante. Estaba bautizado, había hecho la Primera Comunión y acudido ocasionalmente a misa, pero la fe no ocupaba un lugar importante en su vida.

Mirando hacia atrás, sin embargo, descubre pequeños indicios de aquella búsqueda. Durante una época comenzaba sus emisiones en Twitch leyendo un versículo de la Biblia e incluso compró en una tienda de segunda mano un pequeño cuadro de Jesús sosteniendo a la oveja perdida.

«Tengo la sensación de que Dios estaba detrás de mí todo el tiempo, esperando a que me diera la vuelta y lo mirase a los ojos», asegura.

Su encuentro con la fe también le ha llevado a reinterpretar su propia historia. Incluso los numerosos tatuajes que cubren su cuerpo tienen ahora para él otro significado.

«Mis tatuajes son un mapa que forma parte de esa búsqueda. Están enraizados en un dolor profundo, que era ese vacío de Dios», explica.

René considera que detrás de ellos existía una búsqueda de trascendencia y un deseo de entregarse a algo superior a sí mismo.

El descubrimiento de un amor diferente

Si tuviera que ofrecer una prueba personal de la existencia de Dios, René menciona dos: su propia historia y Celia, su prometida.

Su acercamiento a Jesús le permitió descubrir «un amor incondicional» muy diferente al que había conocido anteriormente: «De repente se presenta ante ti un Dios misericordioso, benevolente y extraordinariamente bueno».

Exponer públicamente su fe le ha generado nuevos detractores, pero también numerosos seguidores. 

Mientras tanto, su testimonio continúa llegando a miles de personas. Su libro, Encontrar un hogar (Alienta), ha alcanzado ya su quinta edición en apenas cuatro meses.