miércoles, 6 de mayo de 2026

Mes de mayo Día 6: Nada podrá destruirlo (Oración y reflexión)

  DOS IDEAS PREVIAS


Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.

2 LO QUE NO ESTÁ ESCRITO ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.

 

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

"NO TIENEN VINO": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.

"HACED LO QUE ÉL OS DIGA": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.

"HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.


ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén


Día 6: Nada podrá destruirlo

Un hecho extraordinario se produjo, en México, durante la mañana del 14 de diciembre de 1921, cuando la Basílica de Guadalupe se encontraba vacía de feligreses.

Luciano Pérez, un gigantesco obrero de la construcción, entró en la iglesia llevando un ramo de flores muy grande, proporcionado a su enorme tamaño. De haberse encontrado en aquellos momentos algún observador en la basílica, quizá se hubiera sorprendido de que Luciano Pérez llevara el ramo con las dos manos y los músculos contraídos, dada la extraordinaria fuerza física que se le atribuía; tanta fuerza tenía, se decía, que le permitía arrojar con facilidad un ladrillo hasta el tercer piso de una casa en construcción. En efecto, le pesaba tanto porque el interior del ramo contenía una pesadísima carga de dinamita.

Luciano Pérez, subió las gradas del altar y depositó a los pies de la Virgen de Guadalupe la ofrenda floral. Se marchó y poco después explotó la potentísima carga de dinamita. El mármol de las gradas del altar quedó hecho añicos, los candelabros y objetos de metal se doblaron y retorcieron como si fueran de goma, todos los cristales se rompieron incluidos los de los edificios vecinos, pero el cristal de la Virgen de Guadalupe ni siquiera se agrietó: "Este hecho -concluyen los expertos- no puede ser explicado científicamente".
¿Por qué Dios quiere estos hechos milagrosos? Para decirnos bien claro que la Virgen existe y que el amor de los cristianos hacia Ella nada podrá destruirlo.

Santa María, ya se ve que Dios tiene interés en dejarnos muy claro a los hombres que Él tiene una predilección grande por Ti. Es incapaz de negarte nada: por algo eres su Madre. Confío en Ti más que en nadie.

Ahora puedes seguir hablando con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído. Después termina con la oración final.

Santos del día 6 de mayo

                                                        Santos del día 6 de mayo


Conmemoración de san Lucio de Cirene, que en el libro de los Hechos de los Apóstoles es nombrado entre los profetas y doctores de la Iglesia de Antioquía. († s. I)
En Lambesa, en Numidia, santos mártires Mariano, lector, y Jacobo, diácono. El primero, tras haber superado, por su fe en Cristo, diversas pruebas durante la persecución desencadenada por Decio, fue detenido de nuevo junto con su querido compañero, y ambos, después de soportar crueles suplicios, fueron muertos a espada en compañía de otros muchos, confortados con la gracia de Dios. († c. 259)
En Milán, de la Liguria, san Venerio, obispo, discípulo y diácono de san Ambrosio, que acudió en ayuda de los obispos africanos enviándoles clérigos, y favoreció a san Juan Crisóstomo en su destierro. († 409)
En Roma, santa Benita, virgen y monja romana, de quien san Gregorio Magno cuenta que descansó en el Señor, tal como ella misma había pedido con insistencia, a los treinta días de la muerte de santa Gala, de la cual era amada más que cualquier otra. († s. VI)
En Lindisfarne, población de Northumbría, en Inglaterra, san Eadberto, obispo, sucesor de san Cutberto, que brilló por su conocimiento de las Escrituras, por su observancia de los preceptos divinos y, especialmente, por sus generosas limosnas. († 698)
En Barcelona, en España, san Pedro Nolasco, presbítero, que, según la tradición, junto con san Ramón de Penyafort y el rey Jaime I de Aragón fundó la Orden de Nuestra Señora de la Merced, para la redención de los cautivos. Se entregó ardientemente, con trabajo y esfuerzo, a procurar la paz y a liberar del yugo de la esclavitud a los cristianos que habían caído cautivos de los infieles. († 1258)
En Montepulciano, en la región de Toscana, beato Bartolomé Pucci-Franceschi, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, quien, impulsado por su amor a Dios, dejó a su mujer, hijos y riquezas, y se hizo pobre de Cristo. († 1330)
En Londres, en Inglaterra, beatos Eduardo Jones y Antonio Middleton, presbíteros y mártires, los cuales, en tiempo de la reina Isabel I, por su condición de sacerdotes fueron apresados ante su propia casa y después descuartizados a espada. († 1590)
En Quebec, en el dominio de Canadá, san Francisco de Montmorency-Laval, obispo, que estableció su sede episcopal en esta ciudad, y desde allí, durante casi cincuenta años, se dedicó con todas sus fuerzas a confirmar y acrecentar la Iglesia desde esta vasta región de América del Norte hasta el golfo de México. († 1708)
En Pan de Azúcar, Maldonado, República Oriental del Uruguay, beato Jacinto Vera, obispo de Montevideo, que desempeñó su misión con celo pastoral durante el proceso de independencia del país, reivindicando la libertad religiosa y los derechos de la Iglesia y de los pobres, aun a costa del exilio. († 1881)
En la ciudad de El Cairo, en Egipto, beata María Catalina Troiani, virgen de la Tercera Orden Regular de San Francisco, que desde Italia fue enviada a ese país africano, donde fundó una nueva familia de Hermanas Franciscanas Misioneras. († 1887)
En Roma, beata Ana Rosa Gattorno, religiosa, que, siendo madre de familia, al quedar viuda lo dejó todo y se entregó por completo a Dios y al prójimo. Fundó la Congregación de Hijas de Santa Ana, Madre de María Inmaculada, donde brilló por la gran labor realizada a favor de los enfermos, los débiles y los niños desamparados, en cuyo rostro contemplaba a Cristo pobre. († 1900)
Cerca de Munich, en la región de Baviera, en Alemania, beatos Enrique Kaczorowski y Casimiro Gostynski, presbíteros y mártires, que durante la invasión de Polonia en tiempo de guerra fueron hechos prisioneros por los perseguidores de la dignidad humana y conducidos al campo de concentración de Dachau, donde, por su fe en Cristo, exhalaron el último suspiro en las cámaras de gas. († 1942)
En Nové Mesto (Neustadt-sur-Tachau), Tachov (Chequia), beato Marcel Carrier, joven laico de la diócesis de Saint-Denis, casado, miembro de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)

Otras celebraciones de santos o beatos no incluidas en el calendario general:

06 de mayo: Nuestra Señora de los Milagros en la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz, Roma (1483)

 

06 de mayo: Nuestra Señora de los Milagros en la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz, Roma (1483)

Santa Maria della Pace («Santa María de la Paz») es una de las iglesias de Roma (Italia), en el rione Ponte, no lejos de la plaza Navona. Es un templo cardenalicio, que en la actualidad ostenta el Arzobispo de Santiago de Chile.

El edificio actual fue construido sobre los cimientos de una iglesia preexistente, dedicada a Sant'Andrea de Aquarizariis (1) en 1482, encargada por el papa Sixto IV, quien había hecho un voto. La iglesia fue consagrada a la Virgen María para recordar el milagro de que manara sangre de una estatua de la Virgen en el año 1480.(2) El autor del diseño original se desconoce, aunque se ha propuesto a Baccio Pontelli.

En 1656-1667 el papa Alejandro VII hizo que Pietro da Cortona restaurase el edificio, y añadió la famosa fachada barroca proyectándose desde sus alas cóncavas: esto, ideado para simular un escenario teatral, tiene dos órdenes y tiene una pronaos semicircular con columnas dóricas pareadas. La iglesia empuja hacia afuera, casi llenando su pequeña plaza; varias casas tuvieron que demolerse para que Pietro da Cortona crease incluso este pequeño espacio en miniatura.

El interior, que puede alcanzarse desde la puerta original del siglo XV, tiene una nave corta con bóveda cruciforme y una tribuna sobrevolada por una cúpula. Carlo Maderno diseñó el altar mayor (1614) para enmarcar la venerable imagen de la Virgen y el Niño.

Rafael comenzó a pintar las cuatro Sibilas recibiendo instrucción angélica (1514) sobre la entrada con arco, que lleva a una capilla interior, encargo de Agostino Chigi, el banquero papal.(3) La Deposición sobre el altar es obra de Cosimo Fancelli.

La segunda capilla a la derecha, la capilla Cesi, fue diseñada por Antonio da Sangallo el Joven, y tiene una muy fina decoración renacentista sobre el arco externo obra de Simone Mosca, así como dos pequeños frescos, la Creación de Eva y el Pecado original por Rosso Fiorentino.

La primera capilla a la izquierda (capilla Ponzetti) tiene destacados frescos renacentistas obra de Baldassarre Peruzzi, quien es más conocido como arquitecto. La segunda capilla tiene mármoles tomados de las ruinas del templo de Júpiter Capitolino. Es admirable el monumento al obispo Giovan Andrea Boccaccio, obra renacentista del escultor lombardo Luigi Capponi, seguidor de Andrea Bregno.

La tribuna tiene pinturas de Carlo Maratta, Peruzzi, Orazio Gentileschi, Francesco Albani y otros.

El principal rasgo de la iglesia es, sin embargo, el claustro de Bramante. Construido en 1500-1504 para el cardenal Oliviero Carafa, fue la primera obra de Donato Bramante en la ciudad. Tiene dos plantas, en la primera los arcos se apoyan sobre pilastras, y en la segunda sobre pilastras y columnas.

Es obra importantísima porque, por vez primera, aparecen los cuatro órdenes de la antigüedad (toscano, dórico, jónico y corintio) superpuestos. El claustro tiene una arquitectura a la romana, con pilastra y arcos, y presenta ya un lenguaje radical: es muy severo y carece casi de decoración, en esto Bramante se aparta del periodo milanés, durante el cual realizada obras muy decoradas.

El claustro es sede de exposiciones de arte contemporáneo.


Notas

(1) Aquarizariis: «de los aguadores», de quienes Roma dependía después de que se rompieran los acueductos.
(2) Sixto IV quedó impresionado por el acontecimiento, e hizo el voto de que si la conjura de los Pazzi, en la que estaba de algún modo implicado, no llevó a la guerra que se temía, habría hecho construir en este lugar una gran iglesia dedicada a la Virgen.
(3)  Quedaron inacabados a la muerte de Rafael en 1520 y los frescos los completó, basándose en sus dibujos, Sebastiano del Piombo. El ayudante de Rafael Timoteo Viti pintó los cuatro profetas.

(fuente: wikipedia.org)

lunes, 4 de mayo de 2026

Mes de mayo Día 5: ¡Yo lo he cumplido! (Oración y reflexión)

 

 DOS IDEAS PREVIAS


Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.

2 LO QUE NO ESTÁ ESCRITO ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.

 

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

"NO TIENEN VINO": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.

"HACED LO QUE ÉL OS DIGA": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.

"HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.


ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

Día 5: ¡Yo lo he cumplido!

"Yo sí he visto milagros -escribía un sacerdote, Urteaga-. Fíate de mí. Hazme caso. Reza a la Virgen". Y cuenta uno de los milagros que ha visto.

"Me encontraba en Madrid. Acababa de ordenarme sacerdote. Tenía 26 años. Era un atardecer a la hora de terminar el trabajo.

- Te llaman por teléfono -me dijeron.

Una voz masculina, un tanto nerviosa , explicaba la razón de la llamada:

- Mire, tengo un amigo que se encuentra muy mal, puede morir en cualquier instante. Me pide que le llame a usted porque quiere confesarse. (...) No, no le conoce, pero quiere que sea usted. (Nunca he entendido por qué.) ¿Puede venir a esta casa?

- Salgo para allá en este momento.

- (Me interrumpió) Mire, el asunto no es tan fácil. Me explicaré. El piso está lleno de familiares y amigos que no dejarán que un sacerdote católico entre en esta casa; pero yo me encargo de facilitar su entrada.

- Pues allá voy, amigo. Dentro de un cuarto de hora estoy ahí: lo que tarde el autobús.

El piso era muy grande, lo estoy viendo ahora que describo la situación. La puerta entreabierta, un pasillo largo. Entro decidido después de encomendarme a la Virgen para que facilitase el encuentro. Rumores de voces en las habitaciones contiguas; algunas personas que me miran con gesto de asombro. Con un breve saludo me dirijo a la habitación que estimo puede ser la del enfermo. Efectivamente lo es.

- ¿Le han dejado entrar?

- He visto caras de susto y gestos feos; pero ha podido más la Virgen nuestra Señora.

- Gracias. No tengo mucho tiempo (el enfermo jadeaba). Quiero confesarme.

- (Cogí mi crucifijo, lo besé.). Comienza, Dios te escucha...

Yo muy emocionado. El hombre (era un personaje importante), también. Apliqué mis oídos a sus labios porque apenas se le oía. La confesión... larga, muy larga.

- ...Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.


Al terminar -pocos minutos le quedaban de vida- quiso explicarme "su" milagro. Lo hizo fatigosamente. Se lo agradecí con toda el alma.

- He estado cuarenta años ausente de la Iglesia. Y usted se preguntará por qué he llamado a un sacerdote.

Él lo decía todo. Yo callaba.

- Mi madre, al morir, nos reunió a los hermanos... Mirad. No os dejo nada. Nada tengo. Pero cumplid este testamento que os doy: Rezad todas las noches tres avemarías. Y yo (¡cómo lloraba el pobre!), yo lo he cumplido, ¿sabe?, lo he cumplido.

Se moría mientras cantaba. A mí me pareció todo aquello un cántico: "Yo lo he cumplido, yo lo he cumplido".

Por cansado que esté, Santa María, por burradas que haya hecho, por lejos que me encuentre de Dios, jamás dejaré de rezarte las tres Avemarías, por la noche, de rodillas. Porque si un día o una temporada estoy siendo mal hijo tuyo, no cabe en ninguna cabeza que por esa vayas a ser Tú mala madre. Y, además, cuando peor estoy, más necesito tenerte cerca. Ángel de mi guarda, encárgate tú de recordármelo, gracias.

Santos del día 5 de mayo

                                                       Santos del día 5 de mayo


En Auxerre, en la Galia Lugdunense, san Joviniano, lector y mártir. († s. III)
En Alejandría de Egipto, san Eutimio, diácono y mártir. († c. 305)
Conmemoración de san Máximo, obispo de Jerusalén, que fue condenado por el César Maximino Daya a trabajos forzados en las minas, después de haberle arrancado un ojo y quemado un pie con hierros candentes. Alcanzada la libertad, pudo marchar de allí y fue nombrado obispo de la Iglesia de Jerusalén, en donde, con el prestigio de su gloriosa confesión, descansó en paz. († c. 350)
En Tréveris, en la Galia Bélgica, san Britón, obispo, que defendió a su grey de los errores del priscilianismo, aunque junto con san Ambrosio, obispo de Milán, y san Martín, obispo de Tours, trató en vano de detener la violencia de quienes reclamaban la ejecución de Prisciliano y de sus seguidores. († 386)
En Arlés, en la región de Provenza, san Hilarío, obispo, que, después de llevar vida eremítica en Lérins, fue promovido, muy a su pesar, al episcopado, en donde trabajando con sus propias manos, vistiendo una sola túnica tanto en verano como en invierno y viajando a pie, manifestó a todos su amor por la pobreza. Entregado a la oración, los ayunos y las vigilias, y perseverando en una predicación continua, mostró la misericordia de Dios a los pecadores, acogió a los huérfanos y no dudó en destinar para la redención de los cautivos todos los objetos de plata que se conservaban en la basílica de la ciudad. († 449)
En Vienne, en la Galia Lugdunense, san Nicecio, obispo. († s. V)
En Milán, de la Liguria, san Geroncio, obispo. († c. 472)
En Marchiennes, en la Galia Bélgica, san Mauronto, abad y diácono, que fue discípulo de san Amando. († 702)
En Limoges, población de Aquitania, san Sacerdote, obispo, que primero fue monje y abad, y más tarde designado obispo, si bien al final de su vida quiso volver de nuevo a la vida monástica. († s. VIII)
En Hildesheim, en el territorio de Sajonia, en Alemania, san Gotardo, obispo, que, primero abad del monasterio de Niederaltaich, visitó y renovó otros monasterios, y al morir san Bernardo le sucedió en la sede episcopal, donde promovió la vida cristiana de su Iglesia, restableció en el clero la disciplina regular y abrió diversas escuelas. († 1038)
En Calabria, san León, eremita, que, entregado a la oración y a las obras de beneficencia en favor de los pobres, murió en el monasterio de Africo, cercano a la ciudad de Reggio, cenobio que él mismo había fundado. († c. s. XII)
En Vençay, cerca de Tours, en Francia, san Avertino, diácono, que acompañó a santo Tomás Becket al destierro, y a la muerte de este volvió a dicho lugar, donde vivió como eremita. († 1189)
En Licata, en la isla de Sicilia, en Italia, san Ángel, presbítero carmelita y mártir. († 1225)
En Recanati, en la región del Piceno, en Italia, beato Bienvenido Mareni, religioso de la Orden de los Hermanos Menores. († 1289)
En Nápoles, en la región de Campania, san Nuncio Sulprizio, quien, después de haber quedado huérfano, con una pierna infectada por la caries y el cuerpo exhausto, soportó sus sufrimientos con ánimo sereno y alegre. Dispuesto siempre a ayudar a todos, y pobre entre los pobres, consoló en gran manera a los demás enfermos y alivió sus miserias. († 1836)
En Somasca, cerca de Bérgamo, en Italia, beata Catalina Cittadini, virgen, la cual, privada de sus padres desde la más tierna edad, llegó a ser una paciente y competente maestra, cuidando con esmero una institución dedicada a la educación cristiana de niñas pobres, y con esta misma finalidad, fundó el Instituto de las Hermanas Ursulinas de Somasca. († 1857)
En Barcelona, España, beatos Enric Gispert Domènech y Josep Gomis Martorell, sacerdotes diocesanos y mártires, muertos por confesar la fe. († 1937)
En Dresde, en Alemania, beato Gregorio Frackowiak, religioso de la Sociedad del Verbo Divino y mártir, el cual, encarcelado en tiempo de guerra, después de sufrir por Cristo fue degollado por los enemigos de la fe. († 1943)
En el campo de reeducación por el trabajo de Watenstedt-Hallendorf, Salzgitter (Alemania), beato Jean Mestre, joven laico de la archidiócesis de París, miembro de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1944)