domingo, 4 de octubre de 2026

Las gafas de Dios (Reflexión de valores)

 

Las gafas de Dios

Reflexión que nos invita a que seamos mejores personas.

Las gafas de DiosUn empresario que acababa de fallecer iba camino del cielo, esperando encontrarse con Dios Padre. Iba totalmente intranquilo, porque durante su vida había realizado muy pocas buenas acciones. Mientras llegaba al cielo, iba buscando en su conciencia ansiosamente aquellos recuerdos de cosas valiosas que hizo en su vida, pero pesaban mucho sus años de explotador y usurero. Había encontrado en sus bolsillos alguna carta de personas a las que había tratado de ayudar, con el fin de mostrárselas al Padre Eterno, como créditos de sus pocas buenas obras. Llegó por fin a la entrada principal, con mucha preocupación. Se acercó despacio y le extrañó mucho ver que allí no había cola para entrar ni había nadie en las salas de espera. Pensó: "O aquí vienen muy pocos clientes o les hacen entrar enseguida..." Avanzó más hacia el interior y su desconcierto todavía fue mayor al ver que todas las puertas estaban abiertas y no había nadie para vigilarlas. Golpeó la puerta con el puño, pero nadie contestó. Dio una palmada y nadie salió a su encuentro. Miró hacia dentro y quedó maravillado de lo hermosa que era aquella mansión, pero allí no se veían ni ángeles, ni santos, ni doncellas vestidas de luz. Se animó un poco más y avanzó hasta llegar a una puerta acristalada. Y nada. Se encontró perfectamente en el mismo centro del paraíso sin que nadie se lo impidiera. "¡Aquí todos deben ser gente honrada! ¡Mira que dejar la puerta abierta y sin nadie que vigile...!". Poco a poco fue perdiendo el miedo y fascinado por lo que veía se fue adentrando en los patios de la gloria. Aquello era precioso. Como para pasarse una eternidad mirando el mismo lugar.

De pronto, se encontró algo que tenía que ser el despacho de alguien muy importante. Sin duda era la oficina de Dios. Por supuesto que también estaba la puerta abierta de par en par. Titubeó un poquito antes de entrar, pero en el cielo todo termina por inspirar confianza. Así que penetró en la sala y se acercó al escritorio, una mesa espléndida. Sobre ella, había unas gafas que él intuyó que debían ser las gafas de Dios. Nuestro amigo no pudo resistir la tentación de echar una miradita hacia la tierra con aquellas gafas. Fue ponérselas y caer en éxtasis.

"¡Qué maravilla! Si desde aquí, con estas gafas, veo toda la tierra!".

Con aquellas gafas se lograba ver toda la realidad profunda de las cosas sin la menor dificultad, las intenciones de las personas, las tentaciones de los hombres y de las mujeres. Todo estaba patente ante sus ojos. Entonces, se le ocurrió una idea. Trataría de buscar desde allá arriba a su socio, que sin duda estaría en la empresa donde ambos trabajaban. Se trataba de una especie de financiera desde donde ejercía la usura y hasta el robo, en muchas ocasiones. No le resultó difícil localizarlo, pero le sorprendió en un mal momento. En ese preciso instante, su colega estaba estafando a una pobre anciana que había ido a colocar sus ahorros en aquella empresa, en un fondo de pensiones que no era sino una "mentira". A nuestro amigo, al ver la cochinada que su socio estaba haciendo, le subió al corazón un profundo deseo de justicia. En la tierra, nunca había experimentado tal sentimiento. Pero, claro, ahora estaba en el cielo. Fue tan ardiente ese deseo de justicia que, sin pensar en otra cosa, buscó a tientas algo debajo de la mesa para lanzárselo a su amigo. Encontró el banquillo donde Dios apoyaba los pies y lo lanzó con tan buena puntería que el banquillo fue a parar a la cabeza de su socio, dejándole tumbado allí mismo.

En ese momento, nuestro hombre oyó tras de sí unos pasos. Sin duda era Dios. Se volvió y en efecto, se encontró cara a cara con el Padre Eterno.

-"¿Qué haces aquí hijo?"

"Pues... la puerta estaba abierta y entré"

-"Bien, bien, pero... ¿puedes explicarme dónde está el banquillo en el que apoyo mis pies cuando estoy sentado en mi mesa de trabajo?"

Reconfortado por la mirada y el tono de voz de Dios, fue recuperando la serenidad.

- "Bueno, pues, yo he entrado en este despacho hace un momento, he visto las gafas sobre la mesa y he caído en la curiosidad de ponérmelas y he echado una miradita al mundo".

-"Sí, sí, todo eso está muy bien; estás siendo muy sincero conmigo, pero yo quisiera saber qué has hecho con mi banquillo".

- "Mira, Señor, al ponerme tus gafas he visto todo con gran claridad y he visto a mi socio. ¿Sabes, Señor?, estaba engañando a una pobre anciana, haciendo un negocio que era un engaño y me he dejado llevar por la indignación. Y claro, lo primero que he encontrado ha sido un banquillo y se lo he tirado a la cabeza. Lo he dejado fuera de combate, Señor. Es que no hay derecho, era una injusticia.

- "Imagínate que yo, cada vez que viese una injusticia en la tierra, comenzase a lanzar banquillos a la cabeza de los hombres; no sé los que quedarían ahora."

- "Perdóname, Señor, he sido muy impulsivo, lo sé..."

- "Sí, claro. Estuvo bien que te pusieses mis gafas, hijo, pero para mirar la tierra y a los hombres, te olvidaste de una cosa: ponerte también mi corazón. Vuelve ahora a la tierra y te doy otros cinco años para que practiques lo que hoy, aquí, has llegado a comprender..."

Y nuestro amigo, en ese momento, se despertó, mojado en sudor, observando que por la ventana entreabierta de su dormitorio entraba un espléndido sol.

San Francisco de Asís

 Paz, sencillez y fraternidad

San Francisco de Asís

El santo de la pobreza evangélica, el amor a Cristo y la fraternidad con todas las criaturas.

San Francisco de Asís rodeado de animales en un bosque

San Francisco de Asís, hermano de todos

Nacido en Asís en 1181 o 1182, Francisco dejó una vida acomodada para seguir a Jesucristo en pobreza y sencillez. El servicio a los leprosos, la oración y la escucha del Evangelio transformaron su corazón. De su experiencia nació la fraternidad de los Hermanos Menores; junto a Santa Clara comenzó también el camino de las Hermanas Pobres.

Su amor a Cristo crucificado, su alegría y su alabanza al Creador siguen invitándonos a vivir la fe con gestos de paz y caridad. Murió el 3 de octubre de 1226 y su fiesta se celebra el 4 de octubre.

Una vida transformada por el Evangelio

Biografía de San Francisco de Asís

De los sueños de gloria a la alegría de vivir como hermano menor.

San Francisco de Asís rodeado de animales en un bosque

Infancia y juventud en Asís

San Francisco de Asís nació en la ciudad italiana de Asís a finales de 1181 o comienzos de 1182. Era hijo de Pietro di Bernardone, un próspero comerciante de telas, y de Pica. Recibió inicialmente el nombre de Giovanni, pero su padre lo llamó Francesco, nombre con el que llegaría a ser conocido en todo el mundo.

Creció en un ambiente acomodado. Alegre, extrovertido y generoso, disfrutaba de las fiestas, la música y la compañía de sus amigos. Soñaba con realizar grandes hazañas y alcanzar el prestigio de los caballeros de su tiempo. Sin embargo, en medio de esa vida despreocupada ya mostraba sensibilidad ante la necesidad ajena y procuraba ayudar a los pobres.

La guerra, la enfermedad y el comienzo de la conversión

En 1202 participó en la guerra entre Asís y Perugia. Fue hecho prisionero y permaneció alrededor de un año en cautiverio. La experiencia de la prisión y la enfermedad posterior quebraron sus ilusiones de gloria y lo llevaron a preguntarse por el verdadero sentido de su vida.

Todavía intentó retomar el ideal caballeresco. En 1205 emprendió una nueva expedición, pero en Spoleto se produjo un cambio decisivo. La tradición franciscana recuerda un sueño en el que se le invitaba a elegir entre servir al siervo o al Señor. Francisco regresó a Asís y comenzó a buscar, mediante la oración y el silencio, lo que Dios esperaba de él.

Su transformación fue progresiva: se apartó de las diversiones que antes ocupaban su tiempo, frecuentó los lugares solitarios de Umbría y se acercó a los pobres. La pobreza dejó de parecerle una desgracia que debía evitar y empezó a verla como un camino para seguir a Jesucristo con libertad.

El encuentro con los leprosos

Uno de los episodios centrales de su conversión fue el encuentro con un leproso. Francisco sentía una profunda repugnancia ante aquella enfermedad, pero venció su rechazo y se acercó al enfermo con caridad. Las biografías tradicionales describen ese gesto mediante el abrazo o el beso al leproso.

A partir de entonces se dedicó a servir a los leprosos y a visitar a los enfermos. Descubrió que la fraternidad evangélica no podía quedarse en palabras: debía expresarse en una cercanía concreta a quienes sufrían y eran excluidos. El amor a Cristo lo condujo a reconocer como hermanos a los que antes le causaban temor.

San Damián: la llamada a reparar la Iglesia

Mientras rezaba ante el crucifijo de la pequeña iglesia de San Damián, Francisco recibió la llamada que marcaría su misión. Según los relatos franciscanos, Cristo le pidió que reparara su casa, que se encontraba en ruinas.

Al principio entendió esas palabras de manera literal. Vendió bienes para ayudar a restaurar la capilla y se puso a trabajar en su reconstrucción. Aquella decisión agravó el conflicto con su padre, que no aceptaba el rumbo tomado por su hijo ni el uso que hacía de los recursos familiares.

Con el tiempo, la llamada de San Damián reveló un significado más profundo: Francisco contribuiría a renovar la Iglesia mediante la fidelidad al Evangelio, la humildad y el testimonio de una vida entregada a Dios. Su deseo de renovación se mantuvo unido al amor a la Iglesia y a la obediencia.

La renuncia a los bienes y la «señora Pobreza»

Hacia 1206, el enfrentamiento con Pietro di Bernardone llegó ante el obispo de Asís. En un gesto radical, Francisco devolvió a su padre lo que había recibido de él y renunció a la herencia. Las fuentes tradicionales recuerdan que se despojó incluso de sus vestidos, acogiendo desde entonces a Dios como su Padre.

Vestido con una túnica sencilla y ceñido con un cordón, comenzó una vida de trabajo, oración y servicio. Para él, abrazar a la «señora Pobreza» significaba imitar a Jesús pobre, confiar en la Providencia y desprenderse de cuanto impidiera amar.

Soportó burlas y dificultades sin abandonar su propósito. Reparó San Damián y otras pequeñas iglesias, entre ellas Santa María de los Ángeles, conocida como la Porciúncula. Su austeridad no apagó la alegría: cantaba, alababa a Dios y anunciaba la paz.

La Porciúncula y los primeros hermanos

La Porciúncula, una pequeña capilla cercana a Asís y dedicada a la Virgen María, se convirtió en el corazón de su experiencia espiritual. Allí, al escuchar el Evangelio del envío de los discípulos, comprendió que estaba llamado a anunciar el Reino de Dios viviendo con sencillez y sin seguridades materiales.

Hacia 1208 comenzó a predicar la conversión y la paz. Pronto se le unieron Bernardo de Quintavalle, Pedro Cattani y fray Gil, entre otros compañeros. Querían vivir el Evangelio en pobreza, castidad y obediencia, trabajar para su sustento y recurrir a la limosna cuando fuera necesario.

La nueva fraternidad no se concebía como un grupo de poderosos, sino como una comunidad de «hermanos menores», servidores de todos. La oración, el amor fraterno y la alegría compartida sostenían su vida cotidiana.

La aprobación de la fraternidad y la Regla

En 1209 Francisco y sus primeros compañeros viajaron a Roma. Wikipedia recoge también la fecha tradicional del 16 de abril de 1210 para la aprobación y fundación formal de la Orden. Presentaron a Inocencio III un proyecto de vida inspirado en el Evangelio y recibieron su aprobación oral. La pequeña fraternidad regresó a Asís y siguió creciendo alrededor de la Porciúncula.

El aumento del número de hermanos y la extensión de las misiones hicieron necesaria una organización más definida. Los capítulos reunían a los frailes para discernir su camino, distribuir las tareas y fortalecer la unidad. Francisco les recordaba constantemente que su vocación solo tenía sentido si permanecían fieles a Jesucristo.

Tras una primera etapa de formulación de la Regla y una redacción más extensa en 1221, la Regla definitiva de los Hermanos Menores fue aprobada por el papa Honorio III el 29 de noviembre de 1223. La pobreza evangélica, la fraternidad y la obediencia a la Iglesia continuaron siendo sus pilares.

San Francisco de Asís contemplando el crucifijo con dos pájaros
San Francisco de Asís: amor a Cristo y fraternidad con las criaturas.

Santa Clara y la familia franciscana

Clara, una joven de familia noble de Asís, se sintió profundamente atraída por el modo de seguir a Cristo que Francisco proponía. En 1212 dejó su casa y fue acogida por él en la Porciúncula. Aquel paso dio origen a las Hermanas Pobres, conocidas después como clarisas.

También muchas personas que vivían en sus hogares, algunas casadas y con responsabilidades familiares, quisieron compartir el espíritu franciscano. De ese impulso nació la tradición de los hermanos y hermanas de la penitencia, vinculada a la Tercera Orden Franciscana.

Así, el carisma de Francisco abrió caminos distintos dentro de una misma familia espiritual: la vida de los frailes, la contemplación de las hermanas y el seguimiento del Evangelio en medio de las ocupaciones del mundo.

La misión y el encuentro con el sultán

Francisco deseaba que el Evangelio llegara a todos. Los primeros intentos de viajar a Oriente encontraron obstáculos, pero en 1219 llegó a Egipto, en el contexto de las cruzadas, y se encontró con el sultán al-Malik al-Kamil.

Fue a su encuentro desde la fe, la humildad y el deseo de anunciar a Cristo. El episodio ocupa un lugar singular en su vida: en un ambiente de enfrentamiento, eligió la presencia personal y la palabra. Su testimonio sigue invitando al respeto y a la búsqueda de la paz.

Al regresar a Italia, cedió el gobierno cotidiano de la Orden a sus colaboradores. Aunque disminuyó su participación en la administración, continuó acompañando a los hermanos mediante el ejemplo, la oración y la exhortación a vivir el Evangelio.

El amor a las criaturas y el Cántico del hermano sol

El amor de Francisco a la creación nacía de su fe en Dios Creador. Contemplaba el sol, el agua, los árboles y los animales como dones que invitaban a la gratitud. Llamar «hermano» o «hermana» a las criaturas expresaba su humildad y su conciencia de compartir con ellas una misma dependencia de Dios.

Las tradiciones franciscanas conservan relatos de su predicación a los pájaros y de su cercanía a los animales. El conocido episodio del lobo de Gubbio pertenece a esa tradición narrativa: presenta al santo como mediador de una reconciliación entre el animal y los habitantes de la ciudad. Estos relatos transmiten su espíritu de paz y fraternidad.

Durante sus últimos años, entre enfermedades y sufrimientos, compuso el Cántico del hermano sol, también llamado Cántico de las criaturas. En él, la alabanza al Creador se une a la gratitud por la vida, al perdón y a la aceptación confiada de la muerte. Su alegría no dependía de la ausencia de dolor, sino de saberse amado por Dios.

Greccio: la Navidad vivida con sencillez

En la Navidad de 1223, Francisco quiso celebrar en Greccio el nacimiento de Jesús de una manera que acercara a todos a la pobreza de Belén. La representación del pesebre ayudó a contemplar la humildad con la que el Hijo de Dios había venido al mundo.

Aquel episodio contribuyó a difundir la tradición de los belenes. Para Francisco, la ternura del Niño de Belén y el amor de Cristo crucificado formaban parte de un mismo misterio: Dios se entrega por la salvación de los hombres.

La Verna y los estigmas

En 1224 se retiró al monte de La Verna para orar y hacer penitencia. Allí, según las fuentes franciscanas, recibió los estigmas: señales de las heridas de Cristo en las manos, los pies y el costado. La Iglesia reconoce en este episodio un signo de su profunda unión con Jesús crucificado.

Su salud estaba muy debilitada y padecía una grave enfermedad de los ojos. Aun así, siguió buscando la voluntad de Dios y sosteniendo a sus hermanos. La fragilidad de su cuerpo hizo más visible una entrega que no se apoyaba en la fuerza, sino en el amor.

Muerte, canonización y fiesta

Al sentir cercana su muerte, pidió ser llevado a la Porciúncula. Allí quiso terminar su camino en la misma pobreza que había abrazado, rodeado de sus hermanos y exhortándolos a permanecer unidos en el amor de Cristo.

Murió la tarde del 3 de octubre de 1226, con unos cuarenta y cuatro o cuarenta y cinco años. La tradición franciscana llama «tránsito» a ese paso de la vida terrena al encuentro con Dios. Su fiesta litúrgica se celebra el 4 de octubre.

El papa Gregorio IX lo canonizó el 16 de julio de 1228. Su testimonio continúa vivo en la familia franciscana y en muchas personas que encuentran en él una invitación a la oración, la paz, la atención a los pobres y el cuidado agradecido de la creación.

Un testimonio que sigue interpelándonos

Francisco no buscó la pobreza como un fin aislado ni el amor a la naturaleza como una simple sensibilidad. Todo en su vida nacía del deseo de seguir a Jesucristo: el servicio al enfermo, la fraternidad, la alegría, la obediencia y la alabanza.

Su ejemplo invita a revisar nuestras prioridades, a acercarnos a quienes quedan al margen y a convertir la fe en gestos concretos. El «Poverello» de Asís recuerda que una vida sencilla, abierta a Dios y a los hermanos, puede renovar profundamente el mundo.

Biografía elaborada a partir de cuatro textos sobre la vida de San Francisco de Asís. Los relatos de carácter tradicional se presentan como tales. Las discrepancias de fechas se han contrastado con Wikipedia: Francisco de Asís. Para contrastar los principales acontecimientos: catequesis de Benedicto XVI sobre San Francisco de Asís.


La misericordia de Dios

El perdón de Asís

La indulgencia de la Porciúncula y el deseo de San Francisco de acercar a todos al perdón y a la paz.

San Francisco de Asís con un crucifijo y dos pájaros
Iglesia de la Porciúncula, Asís

El Perdón de Asís, también conocido como Indulgencia de la Porciúncula, es una indulgencia plenaria que puede ser obtenida para uno mismo, para las almas del purgatorio o para un difunto. Dicha indulgencia puede conseguirse desde el día 1 de Agosto a mediodía hasta la medianoche del 2 de Agosto.

El origen de esta indulgencia se remonta al año 1216. San Francisco de Asís se encontraba rezando en la pequeña Iglesia de la Porciúncula, actualmente ubicada dentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles, en Asís (Italia). Francisco levantó su mirada y observó una luz brillante arriba del pequeño altar. Se trataba del Señor con su Madre, la Santísima Virgen María, rodeados de numerosos ángeles. Francisco, con gran alegría, se postró ante aquella imagen y Jesús le dijo: "Francisco: pide lo que quieras para la salvación de los hombres". Postrado con la visión mística, Francisco pidió a Jesús una gracia: “Señor, pido que todos aquellos que, arrepentidos y confesados, entrando en esta iglesita, tengan el perdón de todos sus pecados y la completa remisión de las penas debidas a sus culpas“.

Viendo que Jesús se mantenía en silencio, luego se dirigió a María y le suplicó: "Te ruego, a Ti, Santísima Madre, abogada de la raza humana, que intercedas conmigo, por esta petición". María, llena de bondad sonrió a su Divino Hijo e inmediatamente Nuestro Señor le dijo: "Te concedo lo que pides, pero debes de ir a mi Vicario, el Papa, y pídele que apruebe esta indulgencia". La visión, entonces, se desvaneció dejando a Francisco en el suelo de la capilla, llorando de alegría, con profundo amor, respeto y agradecimiento.

En aquella época, el Papa era Honorio III. Francisco inmediatamente se dirigió a Roma para hablar con el Santo Padre. Después de superar varias dificultades, Honorio III le confirmó la concesión de la indulgencia, limitándola inicialmente al 2 de agosto, comenzando las vísperas de la vigilia.

Con la Bula del día 4 de julio de 1622, el Papa Gregorio XV extendió esta gran indulgencia a todas las Iglesias de la Orden Franciscana y prescribió que, además de la confesión, serían necesarias la comunión y la oración por el Sumo Pontífice.

El 12 de enero de 1678, el Papa Inocencio XI declaró que dicha indulgencia estaba aplicada también a las almas del Purgatorio.

La indulgencia se tornó célebre por su origen extraordinario y fue siendo extendida a lo largo de varios Papados.

La posibilidad de obtención de esta indulgencia fue extendida en 1921 por el Papa Benedicto XV a todos los días del año, en la Basílica de Santa María de los Ángeles, en Asís.

Para poder acceder actualmente a esta Indulgencia, se deben tener estas tres condiciones:

1. Visitar el santuario de La Porciúncula en Asís (Italia), o cualquier iglesia franciscana del mundo.

2. Confesión, comunión y rezo del Credo, un Padre Nuestro y un Ave María por las intenciones del Santo Padre.

3. Rechazar todo tipo de pecado.


Un corazón abierto a Dios y al hombre

Oración a San Francisco de Asís

Una oración de San Juan Pablo II para pedir paz, perdón y esperanza por intercesión de San Francisco.

San Francisco de Asís con un crucifijo y dos pájaros

Oración a San Francisco de Asís

Oh San Francisco,
que recibiste los estigmas en La Verna,
el mundo tiene nostalgia de ti
como icono de Jesús crucificado.

Tiene necesidad de tu corazón
abierto a Dios y al hombre,
de tus pies descalzos y heridos,
y de tus manos traspasadas e implorantes.

Tiene nostalgia de tu voz débil,
pero fuerte por el poder del Evangelio.

Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy
a reconocer el mal del pecado
y a buscar su purificación en la penitencia.

Ayúdalos a liberarse también
de las estructuras de pecado,
que oprimen a la sociedad actual.

Reaviva en la conciencia de los gobernantes
la urgencia de la paz
en las naciones y entre los pueblos.

Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida,
capaz de contrastar las insidias
de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad
concédeles, Francisco,
tu alegría de saber perdonar.

A todos los crucificados por el sufrimiento,
el hambre y la guerra,
ábreles de nuevo las puertas de la esperanza.

Amén.

Autor: San Juan Pablo II.

Fechas de una vida evangélica

Cronología de San Francisco de Asís

Los hitos de su vida, desde su nacimiento en Asís hasta su canonización y el traslado de sus restos.

San Francisco de Asís rodeado de animales en un bosque

Los acontecimientos más importantes

Una mirada a su vida y al reconocimiento de su santidad. Las fechas aproximadas se indican como tales.

1181/1182

Nacimiento en Asís.

1202–1203

Guerra con Perugia y cautiverio.

1205

Regreso de Spoleto; conversión.

Hacia 1205–1206

Llamada de San Damián; servicio a los leprosos.

1206

Renuncia a los bienes familiares.

1208

Predicación y primeros compañeros.

1209 / 1210

Regla inicial y aprobación de Inocencio III; fecha tradicional: 16 de abril de 1210.

1212

Clara comienza su vida religiosa.

1216

Concesión del Perdón de Asís, según la tradición.

1217

Capítulo general y expansión misionera.

1219

Encuentro con el sultán en Egipto.

1220

Delega el gobierno de la Orden.

1221

Regla no bulada y organización de la Tercera Orden.

29 de noviembre de 1223

Honorio III aprueba la Regla definitiva.

Navidad de 1223

Pesebre de Greccio.

Septiembre de 1224

Estigmas en La Verna.

1225

Cántico de las criaturas.

3 de octubre de 1226

Muerte en la Porciúncula.

4 de octubre de 1226

Sepultura en San Jorge.

16 de julio de 1228

Canonización por Gregorio IX.

25 de mayo de 1230

Traslado a la basílica de Asís.

Canonización y fiesta litúrgica

Canonización: 16 de julio de 1228, en Asís, por el papa Gregorio IX.

Fiesta litúrgica: 4 de octubre.

sábado, 3 de octubre de 2026

Día 4 : Una reflexión para cada día del mes de octubre

 

Una reflexión para cada día del mes de octubre

Una breve reflexión para meditar cada día del mes de octubre.

Nuestra Señora del Rosario

Día 4

Me produce indignación y tristeza cuando me encuentro con un perro abandonado, o cualquier otro animal doméstico. Hoy celebramos a San Francisco de Asís, un Santo que quiso reproducir en todo la vida de Jesús, viviendo en extrema pobreza. Tuvo un gran amor a la Virgen María, amor que extendió no solo a todas las personas, sino tambien a los animales, a quienes les hablaba con cariño. Por esta última virtud que te indico de San Francisco de Asís, entre las muchas que tenía, te invito hoy a que le pidas al Santo que los seres humanos no abandonen nunca a los animales y que se les trate dignamente, con corazón y con sentido común.

Día 3 : Una reflexión para cada día del mes de octubre

 

Una reflexión para cada día del mes de octubre

Una breve reflexión para meditar cada día del mes de octubre.

Nuestra Señora del Rosario

Día 3

En ocasiones, se nos presentan problemas en la vida que requieren una respuesta inmediata por nuestra parte para tratar de solucionarlo. Me refiero a un problema repentino que pueda surgir en el trabajo, en el hogar, en la familia, en el ámbito social, etc. En esos casos, como no tenemos tiempo de rezarle al Señor, te sugiero que reces una jaculatoria muy rápida como por ejemplo "Padre, ayúdame" o "Espíritu Santo, ilumíname". Verás tú mismo el resultado positivo.

Día 2 : Una reflexión para cada día del mes de octubre

 

Una reflexión para cada día del mes de octubre

Una breve reflexión para meditar cada día del mes de octubre.

Nuestra Señora del Rosario

Día 2

Hoy celebramos la fiesta de los Santos Ángeles Custodios. Cuando nacemos, el Señor nos asigna un Ángel de la Guarda para nuestra custodia, que velará por nosotros durante nuestra existencia. San Agustín nos explica que El Ángel de la Guarda nos ama como hermanos y está impaciente por vernos ocupar un lugar en el Cielo.

Hoy te invito a agradecer a tu Ángel de la Guarda por la protección que te brinda mediante el rezo de un Padrenuestro. También te invito a que se lo agradezcas cada día, no solamente hoy.

Día 1: Una reflexión para cada día del mes de octubre

 

Una reflexión para cada día del mes de octubre

Una breve reflexión para meditar cada día del mes de octubre.

Nuestra Señora del Rosario

Día 1

Comenzamos el mes de octubre recordando en su día a Santa Teresita de Niño Jesús y de la Santa Faz, también conocida como Santa Teresa de Lisieux, Doctora de la Iglesia. De su vida, se pueden destacar múltiples grandes virtudes, pero yo quiero destacar hoy especialmente la de la humildad.

Se conoce a Santa Teresita con el sobrenombre de "La florecilla". Esto tiene su origen en el hecho de que a Santa Teresita le encantaba la naturaleza y mediante ella explicaba que la Presencia Divina estaba en todas partes y que todo estaba relacionado con el Amor de Dios. Teresita se veía como la florecilla de Jesús porque era como una de las muchísimas florecillas silvestres que es posible encontrar en el campo, que pasan desapercibidas para las personas, pero que crecen dando gloria a Dios. Esta es la forma en que ella se explicaba ante el Señor, pero floreciendo donde Dios la había plantado.

Teresa pensaba que era como la flor más pequeña del bosque, sobreviviendo y floreciendo a través de todas las estaciones del año. Por la gracia de Dios, ella sabía que era más fuerte de lo que aparentaba. Siguiendo la tradición Carmelita, Teresa veía al mundo como el jardín de Dios, y a cada persona como un tipo de flor distinta.

En este día, te invito a que ores a Santa Teresita para que te ayude a que seas siempre una persona humilde, en cualquier circunstancia.


San Francisco de Borja, virrey, ve a su emperatriz destrozada y se entrega por entero al Reino de Dios

 

San Francisco de Borja, virrey, ve a su emperatriz destrozada y se entrega por entero al Reino de Dios

Fue virrey de Cataluña. Carlos V lo tenía para más altos cargos. Pero él se hizo jesuita.

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Redacción (03/10/2026, Gaudium Press) Nace Don Francisco de Borja de una de las más ilustres familias de España, en 1510, siendo el primogénito de los Duques de Gandía. Su madre, nieta de Fernando de Aragón lo introdujo temprano en la piedad y escogió para él dos preceptores reconocidos por su virtud y devoción.

Pronto la madre lo deja, muriendo cuando Don Francisco sólo tenía 10 años, y por ello el futuro general de la Compañía de Jesús sería llevado para su formación con su tío, el Arzobispo de Zaragoza.

Siendo hijo de Grandes de España asiste como paje a la Corte de Carlos V, a los 16 años, a un terreno donde se empezaban a conocer los asuntos de Estado, pero terreno peligroso en cuanto a la virtud. Sin embargo Francisco ya tenía el camino bien trazado.

La esposa de Carlos V, la emperatriz Isabel, le quería mucho, y le dio por esposa a su mejor dama de compañía, Leonor de Castro. Esa pareja dio ejemplo de virtud a toda la corte; iban a misa cotidianamente, rezaban.

Dios les concedió cinco hijos y tres hijas, una de las cuáles sería monja clarisa. Después del nacimiento del octavo hijo, los esposos decidieron vivir en continencia, aunque no hubiesen sobrepasado los 30 años de edad.

Momento decisivo, la muerte de la emperatriz

En 1529, muere la emperatriz Isabel, lo que conmocionó el reino, pues ella era aún muy joven y estaba en el auge de su poder y de su notada belleza. Por sus cargos en la corte, solo la esposa de Don Francisco pudo amortajar a la emperatriz, y el propio Don Francisco, por orden directa del Emperador, acompañó los restos mortales hasta el Panteón Real, en Granada. Con este triste designio, Carlos V le hizo un favor muy singular, ya veremos como.

Después de 15 días de duro camino, bajo un sol abrasador, Don Francisco tuvo que reconocer ante los notarios el cuerpo de su soberana, ya en avanzado estado de putrefacción. El ver a ese antiguo esplendor hecho un verdadero horror, lo movió a la promesa de que si sobreviviese a su esposa, entraría a una orden religiosa a servir a ese Señor que nunca muere y no se pudre.

Regresando de Granada, Carlos V lo hace virrey de Cataluña, a ese fiel vasallo de sólo 30 años. El gobierno de San Francisco no pudo ser mejor: acabo con el bandidismo, implementó la marina, fortaleció la frontera, etc., etc.

Pero los designios que le reservaba Carlos V iban más allá: lo hizo Mayordomo Mayor de su hijo, el futuro Felipe II, indicando que en el fondo lo quería de primer ministro del próximo rey. Pero una cosa son los designios de los hombres y otra los planes de Dios.

En 1546 muere su esposa, cuando él tenía solo 36 años, y se ve libre de cumplir su promesa, de entrar a una comunidad religiosa. Escribe a San Ignacio en este sentido, lo que llegó al padre fundador de los jesuitas como un consuelo, pues él había perdido por esos días a uno de sus mejores auxiliares, Pedro Fabro, hoy San Pedro Fabro. Sin embargo, por revelación, San Ignacio ya sabía del ingreso del Virrey de Cataluña en la Compañía, y además una nueva intuición mística le dijo que sería excelente sustituto del Fabro.

San Francisco de Borja.Jesuitas de Santander 2

Durante tres años, por dispensa del Papa, San Francisco hizo los votos en la compañía pero los mantuvo en secreto mientras encarrilaba en la vida a sus hijos.

Cuando terminados esos tres años, el Duque de Gandía va a Roma, al encuentro con San Ignacio, se arrodilla ante el santo fundador, pero para su sorpresa San Ignacio hizo lo mismo. Julio III, Papa, conociendo quien era el nuevo profeso de la compañía quiso acumularlo de honras, hacerlo cardenal, por lo que San Ignacio lo mandó regresar a España.

Recibe la ordenación sacerdotal a los 40 años de edad.

Conoció a Santa Teresa, que era muy calumniada, y fue su protector.

Cuando fallece San Ignacio, el nuevo general, el P. Laínez, teniendo que ir al Concilio de Trento, hace que San Francisco regrese a Roma y lo nombra nuevo Vicario General de la Compañía de Jesús. Muerto el P. Laínez, fue elegido como tercer general jesuíta, por unanimidad, el gran San Francisco de Borja.

Su gobierno en la compañía fue el de un santo. Nada más que decir.

Muere en 1572. Es canonizado en 1671.