El Dr. Bernard Nathanson dio un giro en redondo en su trayectoria el día en que vio latir el corazón de un embrión en un monitor. Desde entonces, es uno de los mayores defensores del derecho a la vida. Convertido al catolicismo, su trabajo pro vida le sale "del corazón y del alma, no sólo del cerebro".
Cuando una persona se presenta a sí misma delante de un aforo de 1.000 oyentes diciendo con gran serenidad: "Soy responsable de 75.000 muertes, tienen delante de ustedes a un genocida", te invita a pensar muchas cosas. Esto sucedía en el VII Congreso Internacional "Camino a Roma", promovido por Miles Jesu, que reunió en Ávila (España) a personas que se han convertido al catolicismo provenientes de todo el mundo.
Las palabras que anteceden las pronunciaba el doctor Bernard Nathanson, médico abortista, promotor de la legalización del aborto en EE. UU. Converso de la fe judía al catolicismo, fue bautizado en la catedral de San Patricio de Nueva York el 9 de diciembre de 1996.
Poder asistir y escuchar las conferencias de este congreso ha sido un poderoso estímulo, una gran gracia. Oír a la archiduquesa Alexandra de Austria, a su marido y a su hijo, manifestar públicamente su fe y defender la España católica, anima a vencer respetos humanos en la defensa de tan altos ideales. Tras su conferencia me dirigí a su alteza real para felicitarla por manifestar públicamente su fe, pues pocas personas de su rango social son valientes para testimoniarla en una sociedad en que predomina la frivolidad, tanto en los altos estamentos como en los más sencillos.
Su eminencia el cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación para el Clero, puso de manifiesto la necesidad de la unidad para la subsistencia de la Iglesia, unidos al Papa, a la Iglesia católica. Igual que no puede subsistir un cuerpo con dos cabezas, la Iglesia que no esté unida a la cabeza no subsistirá. En los momentos actuales en la que cualquier persona se erige en árbitro para cuestionar la doctrina de la Iglesia y a su cabeza el Papa, nos reafirma en el camino de la fidelidad a la jerarquía de la Iglesia.
El Dr. Marshner, teólogo, converso del luteranismo, en su brillante exposición, refutó una por una las herejías que a través de los años han ido surgiendo en las que se cuestionaba a la Virgen María y a la Eucaristía, principales escollos con los protestantes. Cuando cualquier persona se atreve con descaro inimaginable a atacar a la doctrina de la Iglesia y a su cabeza visible, el Dr. Marshner nos ayuda a sentir que "por el mismo Espíritu y Señor nuestro, que dio los diez Mandamientos, es regida y gobernada nuestra santa madre Iglesia" (san Ignacio).
Gratificante fue escuchar las conversiones de diferentes personas, de culturas y religiones distintas. Oyendo estos testimonios, te das cuenta de la vitalidad de la Iglesia. Contemplar el panorama actual, donde se ridiculiza cuanto hace referencia a la Ley de Dios y a la Iglesia, donde cada vez se constata un laicismo mayor, puede ocasionar desánimo y pesimismo. Pero no debe ser así: en todos estos testimonios, se puso en evidencia que Dios va concediendo gracias actuales para la conversión, va llamando a cada uno de una manera diferente, adaptándose a nuestras preferencias. Corresponder a estas pequeñas ocasiones hará de nuestra alma el terreno labrado, dispuesto para que, cuando caiga la semilla, pueda dar fruto abundante. Los testimonios de los jóvenes convertidos fueron emocionantísimos. Al joven David Rey, de padre musulmán y madre baptista, que se había movido por el mundo de la música rap, con todo lo que ello comporta, lo primero que le llamó la atención, ya en su infancia, fue la Navidad que en su casa no se celebraba. De adolescente, fue un tele-predicador lo que despertó en él el ansia de conocer a Cristo y su iglesia. David Hess, católico, pero que sólo acudía a misa para estar con su novia, pensaba que cuando se casara ya podría dejar de asistir, pero lo convenció la firmeza de su mujer y regresó a profundizar el conocimiento de la fe católica.
El último joven ponente fue un chico español, Luis Fernández, católico, que recordaba a su padre rezando por el Papa. Se apartó de la Iglesia y cayó en las redes del New Age, que preconiza el control de todo: tú eres Dios. Por la lectura de la Sagrada Escritura y en concreto estas palabras de la carta de Santiago: " Y no por la fe solamente se justifica el hombre", y también por los foros desde Internet, se fue acercando al cristianismo. Pero era tal su rechazo a la fe de sus padres que se decantaba por los ortodoxos. Sin embargo, al acudir a Lourdes con su madre enferma, dio el viraje definitivo: "Entré en la gruta con una madre y salí con dos". La intercesión de la Virgen María lo llevó a los brazos de la santa Madre Iglesia Católica.
Todos los conferenciantes coincidieron en que llegaron a la fe no por obra del raciocinio sino por el acicate vivificante de la llamada, por la acción de la gracia. Un día Dios les concedió esa gracia y fueron fieles. Besados por su paz, se convirtieron en hombres nuevos.
En realidad, todos los que hemos dado con Dios somos unos convertidos a Él: Unos vueltos hacia su rostro. Me di cuenta de la misericordia de Dios conmigo. Me dio el don de la gracia a las pocas horas de nacer, al recibir el bautismo en la misma sala de partos, y me ha dado una familia sanguínea y otra espiritual. La Unión Seglar que fundó el padre Alba, me han ayudado a guiarme y mantenerme en el extraordinario don recibido. El Dr. Nathanson en su escalofriante exposición tuvo un tono sereno. Haber cometido una atrocidad semejante es para desesperar, pero el doctor, a pesar de los asesinatos cometidos, de los que ciertamente no estaba orgulloso, tenía gran paz. Es el gran misterio de la Redención. Cristo obtiene el perdón de mis pecados muriendo en la Cruz.
¿De dónde viene tanta gracia? La respuesta, la tuvimos un grupo de congresistas cuando fuimos al monasterio carmelitano de La Encarnación a saludar a la hermana Macarena Alba del Niño Jesús. Estaba radiante de felicidad, "llena de Dios" como decía de ella una hermana mayor. Estas monjas recluidas entre las cuatro paredes de un convento, con sus trabajos, oraciones y su vida ofrecida al Señor son las que nos alcanzan las gracias para volver a Dios o para llegar a Él, y para perseverar. ¡ Bendito sea!
Texto de María del Carmen de Fuentes Guillén (Revista Ave María, nº 683, Febrero de 2003)