lunes, 20 de abril de 2026

Santos del día 21 de abril

                                                      Santos del día 21 de abril


San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia, originario de Aosta, que fue monje y abad del monasterio de Bec, en el territorio de Normandía, donde enseñaba a los hermanos a caminar por la vía de la perfección y a buscar a Dios por la comprensión de la fe. Promovido a la insigne sede de Canterbury, en Inglaterra, trabajó denodadamente por la libertad de la Iglesia, y por ello sufrió dificultades y destierros. († 1109)

En Roma, conmemoración de san Apolonio, filósofo y mártir, que en tiempo del emperador Cómodo, ante el prefecto Perenio y el Senado, defendió con aguda palabra la causa de la fe cristiana, y la confirmó con el testimonio de su sangre al ser condenado a la pena capital. († 185)
En Alejandría, en Egipto, san Aristo, presbítero y mártir. († s. inc.)
En el monte Sinaí, san Anastasio, hegúmeno, que defendió incansablemente la fe ortodoxa ante los monofisitas y escribió muchos sermones útiles para la salvación de las almas. († c. 700)
En el monasterio de Applecroos, en Escocia, san Maelrubo, abad, que, oriundo de Irlanda y monje de Bangor, fundó un monasterio de misioneros, desde el cual, durante cincuenta años, difundió la luz de la fe a la población de aquellas regiones. († 722)
En la ciudad de Cagli, en el Piceno, beato Juan Saziari, religioso de la Tercera Orden Regular de San Francisco. († c. 1372)
En Cervere, cerca de Fossano, en el Piamonte, beato Bartolomé Cerveri, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que luchó por defender la fe católica y confirmó su entrega al morir alanceado por unos herejes. († 1466)
En Altötting, en la región de Baviera, en Alemania, san Conrado (Juan) Birndorfer de Parzham, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que durante más de cuarenta años ejerció el humilde oficio de portero, siempre generoso con los pobres, y que jamás despidió a un menesteroso sin haberle ofrecido una ayuda cristiana con sus amables palabras. († 1894)
En Nochistlán, en el territorio de Guadalajara, en México, san Román Adame Rosales, presbítero y mártir, que en la persecución contra la Iglesia fue martirizado por confesar a Cristo Rey. († 1927)

21 de abril: Institución de la Cofradía de la Inmaculada Concepción, Toledo, España (1506)

 

21 de abril: Institución de la Cofradía de la Inmaculada Concepción, Toledo, España (1506)

Santa Beatriz de Silva
Fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción

1424 Nace en Campo Mayor (Portugal). Santa Beatriz de Silva está emparentada con la Reina de España Isabel la Católica, quien le ayuda a fundar la Orden de la Inmaculada Concepción, regalándole los palacios de Galeana y los trámites de aprobación.

1492 Muere en olor de Santidad.

1489 El 30 de Abril el Papa Inocencio VIII aprueba la O.I.C. por la bula "Inter Universa".

1511 Regla propia de la Orden de la Inmaculada Concepción. La otorga el Papa Julio II por la Bula “Ad statum prosperum”

1530 El 14 de Enero las Concepcionistas llegan a Veracruz, siendo las primeras evangelizadoras de América.

1926 El 28 de Julio, fue Beatificada por S.S. Pio XI.

1976 El 3 de Octubre, fue canonizada por S.S. Pablo VI, quien glosa su vida y obra en la Homilía

Su fiesta :17 de Agosto.


Nacimiento de la Orden de la Inmaculada Concepción
escrito por Sor Elvira García

Cuando llegó la hora de «instituir la nueva familia religiosa que estuviera consagrada a la Santísima Madre de Dios... Beatriz, con su singular prudencia y cristiana fortaleza, llevó a cabo la fundación de su Orden» (Bula de Canonización). Para ello, respetuosa ella misma con el carisma recibido de Dios y después de haberlo vivido con sus Hijas durante cinco años, cuida de someterlo íntegramente a la aprobación de la Iglesia.

Seguimos la génesis de este proceso por las Minutas de Nuestra Santa Madre Fundadora. En la primera, Santa Beatriz aparece pidiendo al Santo Padre la erección canónica de sus deseos y género de vida. Ella aboga por su carisma Mariano-Inmaculista:

«servir a Dios y a Santa María en el misterio de su Concepción»

Aceptaría la Regla que el Papa le asignase. Pide rezo de la Inmaculada, hábito propio blanco y azul (según la manifestación de Santa María la Virgen madre de Dios), forma de vida que ya llevaban, observancia regular y clausura. El hábito lo describe así: túnica blanca con escapulario también blanco y encima una capa de color celeste (azul), y en esta capa y en el escapulario deben grabar la imagen de la Virgen María, y se ceñirán con un cíngulo de lana blanca.

Santa Santa Beatriz, lo mismo que otros fundadores, tuvo que poner su Orden al amparo de una de las cuatro reglas existentes en la Iglesia según determinó el IV Concilio de Letrán, a saber: la de San Basilio, San Francisco, San Agustín y San Benito. Santa Beatriz logra al fin que el Papa Inocencio VIII autentizara su carisma fundacional Inmaculista como don del Espíritu en su Bula «Inter universa», 30 de abril de 1489. Y al Instituir por ella el nombre y el espíritu «Concepcionista» genuinamente puros, lo hace destacando y protegiendo respetuosamente el carisma Mariano de Santa Beatriz: «para servir a Dios y a Santa María»

Así se promulgó la Bula, se erigió canónicamente el monasterio el 16 de febrero de 1491, después de la muerte de Santa Beatriz de Silva, acaecida aproximadamente en 1492. El Papa Julio II el 17 de Septiembre de 1511 otorga a la Orden de la Inmaculada Concepción Regla propia.


VIVIMOS EN FRATERNIDAD: NUESTRA ESPIRITUALIDAD

Los ejes de nuestra vida son la oración, el trabajo en fraternidad. Por eso la concepcionista hace de su vida una ofrenda con Cristo, por la humanidad desde nuestro trabajo y servicio fraterno. Esta oblación, lleva consigo la alabanza de Dios y la experiencia de su cercanía amorosa. A la vida contemplativa pertenece el descubrimiento de esta cercanía de Dios y de su Hijo Jesucristo Resucitado.

Cuanto más vive una concepcionista con María como Inmaculada Concepción, es decir, con corazón puro, más rápidamente estará preparada para abrirse a la cercanía de Dios y de su obrar. Lo principal es practicar la contemplación del misterio de Jesucristo, percibir en Él el resplandor de la Inmaculada Concepción y dejarse seducir, al igual que Maria, por el clamor con Jesucristo.

Los fundamentos de nuestra espiritualidad fueron colocados por Beatriz de Silva. Su figura nos marca. Nuestra Orden de la Inmaculada Concepción, puede reconocer su identidad en relación con Beatriz:

Las fases de la vida de Beatriz, y sus decisiones personales.
Los signos que tenían importancia para ella;
El espíritu fundamental de la Inmaculada Concepción.

Estamos situadas en el corazón de la Iglesia, y hallamos junto a ella, su centro en Jesucristo, por obra del E. Santo. La Concepcionista procura vivir el Evangelio de Jesucristo que es el núcleo y el fin de su vida, y esto desde el misterio de la Inmaculada Concepción. Una hermana, no es concepcionista sin la Iglesia, pero con ella lo es enteramente. Por eso se sitúa totalmente en la Iglesia a través de la Inmaculada Concepción. Este Misterio se entiende precisamente por la Inmaculada, porque de ella nació la Iglesia en Jesucristo.

El honor de la Inmaculada Concepción es el tenor de vida de las concepcionistas. Sin embargo ellas saben que este honor de María, no es otra cosa que el reflejo de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo (2Cor 4, 6) Esta idea fundamental viene de Santa Beatriz de Silva y resplandece también en ella.

Santa Beatriz de Silva funda la orden para el servicio, la contemplación y la celebración del misterio de la Inmaculada. Por eso las concepcionistas viven las actitudes de María en el seguimiento de su hijo Jesucristo.

Por una parte consagran su vida, siempre como donación ofrecida únicamente al Señor. Se afirma nítidamente que ésta se realiza por medio del desposorio con Cristo, a honra de la Concepción Inmaculada, que es obra de Cristo.

Por otra parte se trata de una profesión, es decir, de una confesión pública de Jesucristo por medio de los consejos evangélicos:

Seguimos únicamente a Cristo (pobreza)
Permanecemos únicamente con Cristo. (Castidad)
Se dejan conducir únicamente por Cristo (obediencia)
El otro voto que realizamos las concepcionistas es el de clausura.

Cuando se trata el tema de la clausura, en el contexto de los votos, no se hace únicamente como voto que hacen las concepcionistas, sino que se considera la clausura como profundamente unida al espíritu de la Concepción, la clausura como seno materno común, y al mismo tiempo, como seno materno del alma de cada una de las hermanas en el que se realiza la Concepción. La clausura prepara para la Concepción (espiritual) y en la clausura se realiza la Concepción.

La clausura es unión con la pasión del Esposo y de su Misterio Pascual, La clausura parece una separación pero es un lugar de comunión más profundas con el mundo.

La clausura parece una separación, pero en realidad es un lugar de comunión más profunda con el mundo. La clausura hoy, al igual que la cruz, es tema de discusión, pero quien comprende su significado, vive un hondo misterio de amor y de fidelidad para con Dios. Se comprende como un lugar de encuentro con Dios. Dios no vive en el alboroto de la calle, a pesar de ser libre para habitar donde quiera. Normalmente se manifiesta cuando una persona acalla las voces que perturban el corazón, y éste, se abre en el silencio.

La concepcionista, ante todo puede entender la clausura como seno materno intelectual-espiritual, conde se realiza la Concepción espiritual del Hijo de Dios y su crecimiento. Solamente cuando una hermana ve a Cristo homocentro de la comunidad, es capaz de e comprender también el sentido de la clausura como “un estar permanentemente junto al Señor “

La vida en Comunidad es expresión de la vida con Jesucristo, y es al mismo tiempo. Como una certificación del desposorio con El. Para que sea posible permanecer más cerca del Señor, las concepcionistas viven en clausura. El sentido profundo de la clausura es estar con el Señor.

La contemplación como mirada amorosa, conduce a la percepción de los misterios de Jesucristo y a su realización en nuestra propia vida. Imitando las actitudes de María:

Permanecer silenciosa ante los hechos y palabras de Jesucristo.
Meditar la vida y las palabras de Jesucristo en el corazón.
Confianza en que Jesucristo va a obrar en mí lo que El quiera en cada momento, si le soy fiel. Para ello se necesitan las actitudes de oración, disponibilidad, ocultamiento silencioso.
Procuramos que nuestra vida sea un continuo canto de alabanza, lleno de esperanza y de confianza, por nuestra Sociedad, a través de la oración Litúrgica, en nombre de todos los hombres.

La vida de la Monja concepcionista es una profunda mirada silenciosa que poco a poco nos transformará en AQUEL que contemplamos, para ser un mensaje de amor, de paz y de alegría que Dios, por nuestro medio, ofrece al mundo ( CC.GG.59)

La contemplación es el apostolado propio de la concepcionista. La contemplación y el apostolado están profundamente unidos: transmitir lo que hemos contemplado. Solamente una persona contemplativa puede realizar plenamente el apostolado.

La comunidad de concepcionistas acoge a cada hermana como un don del Señor. Se aman unas a otras y se atienden mutuamente en sus necesidades; estando junto a cada una con solicitud amorosa, en los momentos de dificultad y sobre todo de enfermedad. Intentamos que nuestra vida sea un continuo canto de alabanza, lleno de esperanza y de confianza a través de la oración Litúrgica en nombre de todos los hombres.


LITURGIA y FORMACIÓN

“El principal deber de la concepcionista es la contemplación de las cosas divinas y la unión con Dios mediante la oración y el amor”

Por lo cual celebramos la Liturgia de las Horas Completa, cantada y acompañada por el órgano en su totalidad los días solemnes y festivos, los demás días se solemnizan las vísperas solamente, por ser el Coro poco nutrido. Nos valemos de moniciones y oraciones sálmicas para profundizar en el conocimiento de los salmos. En la Eucaristía también cantamos todos los días.. Hacemos las dos horas de oración personal diaria, las visitas al Stmo. Lectura espiritual o lectio divina después de Nona, etc.

A lo largo del año, hemos tenido en cuenta el Misterio de María y han venido a darnos el retiro Sacerdotes que nos han hablado de Nuestra Madre Inmaculada con el fin de profundizar en el misterio y por ende, en nuestra espiritualidad Concepcionista.

En el Convento de León, escuchamos todas las semanas el informe de Iglesia (en la radio) para estar al día en la actualidad de la Iglesia local y universal. Así, hacemos nuestros “sus gozos, y esperanzas, sus sufrimientos y consuelos.”( GS 1). Proseguimos con la clase semanal de Cristología, impartida por D. Felix Díez.

Hemos tenido lecturas de Documentos sobre la Virgen “Marialis Cultus”, Vigilias, y estudio basado en el material preparado tan estupendamente bien por la Comisión de Formación de la Orden.

Este año, seguiremos honrando de manera especial a la Virgen Inmaculada Madre, Modelo, Maestra, Vida dulzura y esperanza nuestra y de todo el mundo.

Las hermanas cultivan la formación permanente, tanto técnica como espiritual, por medio de cursillos, conferencias, medios de Comunicación social, etc.

Hay lugar para la distensión y recreación, días de Fiesta y momentos de recreación en los que se fomenta la comunicación mutua y alegría, fruto de la satisfacción que produce el dedicar nuestra vida al Señor y desde El a nuestros hermanos los hombres de toda raza, lengua y religión.

(fuente: www.concepcionistas.info)

Santos del día 20 de abril

 


  San Aniceto, papa (2 coms.)   
En Roma, san Aniceto, papa, que recibió fraternalmente como huésped insigne a san Policarpo, para determinar juntos acerca de la fecha de la Pascua. († c. 166)
También en Roma, santos Sulpicio y Serviano, mártires, enterrados en el segundo miliario de la Vía Latina. († s. inc.)
En Córdoba, en la Hispania Bética, san Secundino, mártir. († c. 306)
En Embrún, en la Galia, san Marcelino, primer obispo de esta ciudad, el cual, oriundo de África, convirtió a la fe de Cristo la mayor parte de la población de los Alpes Marítimos y fue ordenado obispo por san Eusebio de Vercelli. († c. 374)
  San Marciano, monje (1 coms.)   
En Auxerre, en la Galia Lugdunense, san Marciano, monje. († c. 488)
En Constantinopla, san Teodoro, que fue llamado «Triquino» por el áspero cilicio con que se cubría, y llevó una admirable existencia en la soledad. († s. V)
En Antioquía de Siria, san Anastasio, obispo y mártir, que durante el reinado del emperador Focas fue asesinado cruelmente por unos sicarios. († 609)
En la región de Laurino, cerca de Pesto, en la Campania, santa Heliena, virgen, la cual, firme en el seguimiento de Cristo, abrazó una vida solitaria, en la que sirvió constantemente a Dios en las necesidades de los religiosos y de los enfermos. († s. VII)
En Osnabrück, población de Sajonia, san Vihón, obispo, oriundo de Frisia, que fue enviado por el emperador Carlomagno como abad para evangelizar la región y, ordenado obispo de esta iglesia, tuvo que sufrir mucho por Cristo. († 804)
En el monasterio de Cháteliers, en la región de Poitiers, en Francia, beato Geraldo de Salles, que, dedicado a la vida penitente, fue un canónigo pobre y un eremita más pobre aún, ejemplo con el cual atrajo a muchos al amor de Dios y a la vida eremítica, y además fundó varias casas de canónigos regulares. († 1120)
En Pisa, de la Toscana, beato Domingo Vernagalli, presbítero de la Orden de los Camaldulenses, constructor de un orfanato. († 1218)
En Montepulciano, también de la Toscana, santa Inés, virgen, que vistió el hábito de las vírgenes a los nueve años, y a los quince, muy a su pesar, fue elegida superiora de las monjas de Procene. Más tarde fundó un monasterio sometido a la disciplina de santo Domingo, donde dio muestras de una profunda humildad. († 1317)
                                             Santos del día 20 de abril

En Bolonia, de la Emilia, beato Simón Rinalducci de Todi, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que con su enseñanza y ejemplo edificó a los jóvenes estudiantes y a todo el pueblo de Dios. († 1322)
En Lancaster, en Inglaterra, beatos Jacobo Bell y Juan Finch, mártires. El primero de ellos era sacerdote, aunque vivió durante veinte años en otra confesión hasta que se reconcilió con la Iglesia católica a instancias de una piadosa mujer, y el segundo, padre de familia, agricultor y catequista, por su fe estuvo encarcelado durante varios años y sufrió hambre y otras pruebas. Finalmente, ambos, en tiempo de la reina Isabel I, alcanzaron el premio de la gloria con su martirio. († 1584)
En Londres, también en Inglaterra, beatos Ricardo Sageant y Guillermo Thompson, presbíteros y mártires, que condenados a muerte por haber entrado y permanecido en el país siendo sacerdotes, cumplieron su martirio en Tyburn. († 1584)
En Clone, en Irlanda, beato Mauricio MacKenraghty, presbítero y mártir, que tras dos años encerrado en la cárcel por negarse a reconocer la autoridad de Isabel I sobre la Iglesia, fue llevado al suplicio del patíbulo. († 1585)
En York, en Inglaterra, beato Antonio Page, presbítero y mártir, hombre manso y honesto, que por ser sacerdote fue condenado a crueles suplicios. († 1593)
En Londres, de nuevo en Inglaterra, beatos Francisco Page, de la Orden de la Compañía de Jesús, y Roberto Watkinson, presbíteros y mártires. Este último había sido ordenado apenas un mes antes, y ambos, por su condición de sacerdotes, fueron ajusticiados en Tyburn, en tiempo de Isabel I. († 1602)
En Pianello, cerca del lago de Como, en Italia, beata Clara (Dina) Bosatta, virgen, que, con la ayuda del beato Luis Guanella, fundó la Pequeña Casa de la Divina Providencia. († 1887)
En Madrid, España, beato Domingo Ciriaco, en el siglo Dionisio Domínguez Martínez, hermano de la Congregación de los Hermanos Maristas y mártir en la cruel persecución que acompañó a la Guerra Civil española. († 1937)
En el lugar de Hartheim, cerca de Linz, en Austria, mientras era conducido al campo de concentración de Dachau, beato Anastasio Pankiewicz, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que contra un régimen opresor de la dignidad cristiana dio fiel testimonio de su fe hasta la muerte. († 1942)
En el campo de concentración de Mauthausen, Perg (Austria), beato Louis Pourtois, laico de la archidiócesis de Besançon, miembro de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)
En las cercanías de Jessen, Wittenberg (Alemania), beato Bernard Morizot, joven laico de la diócesis de Sens-Auxerre, miembro de Scouts de France, que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)
En Sop Xieng, Xieng Khouang, Laos, beato Michel Coquelet, sacerdote profeso de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, y mártir. († 1961)