Cuatro de Cuatro
Comentario primero:
Domingo del Cuerpo y Sangre de Cristo. C. A (07.06.2026): Juan 6,51-58. Tú y yo somos el cuerpo de Cristo. Lo medito y lo escribo CONTIGO,
La fiesta, celebración, liturgia y tradición de ‘El Corpus Christi’ (El Cuerpo y la Sangre de Cristo) completa el ciclo de los cuatro domingos dedicados a los dogmas centrales de la Religión de la Iglesia católica. Después, tendremos que transitar por el alargado ‘Tiempo Ordinario’ hasta llegar al mes de noviembre y el final del año eclesiástico. Por eso, desde el próximo domingo retomaremos la lectura del Evangelio de Mateo, el titular del llamado CICLO A de la Liturgia.
Para la celebración de este domingo del Corpus se nos propone la lectura y meditación del texto de Juan 6,51-58: “En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: Yo soy el pan...” (6,51). Espero que todos sigamos recordando ahora aquellas otras expresiones que este Cuarto Evangelio pone en labios de su Jesús de Nazaret: Yo soy... la luz, la puerta, el pastor, el agua, el camino, la verdad, la vida... Yo soy (en hebreo, YHVH como quedó escrito en el libro del Éxodo 3,14-16).
Según este narrador, Jesús de Nazaret dirige sus palabras a los judíos que se han ocupado y preocupado por acercarse a dialogar con él: “Al ver la gente que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaum en busca de Jesús” (6,24). Para comprender el mensaje de este texto conviene leerse completo el capítulo sexto del Evangelio de Juan. Y espero que se caiga bien en la cuenta de que el texto de Jn 6,51-58 es exactamente igual en estructura y contenido al inmediatamente anterior en Jn 6,35-50. Dicen los sabios investigadores que a algún lector de finales del siglo primero le pareció espléndido este ‘breve discurso de Jesús’ y se permitió el atrevimiento de glosarlo a su manera en otro semejante. Todo queda resumido en la expresión tan humana como divina de YO SOY EL PAN.
¿Acaso esta fiesta del Corpus no pudo haberse llamado ‘la fiesta del pan’? Pudo, pero no sucedió así. El Evangelio de Juan como casi todo el Nuevo Testamento de nuestras Biblias se escribió en tierras relacionadas con el mar Mediterráneo donde no se conocía aún ni el maíz, ni el mijo, ni la soja, ni la patata, ni el arroz... Ojalá un día la BIA (Biblia de la Iglesia de América) se atreva a leer en letra impresa, al menos en algunas de sus tierras: YO SOY EL MAÍZ.
Cuando sigo leyendo en Juan 6,51-58 me encuentro con una expresión que deseo contemplar unos momentos sin prisas y sin alteraciones: “Quien come mi carne y bebe mi sangre sigue conmigo y yo con él” (6,54 y 6,56). Después de las varias lecturas no dejo de recordar el único mandamiento de este Jesús que nos dejará en la sobremesa de otra comida-cena de otro día de Pascua judía: “Conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros” (13,35). Y cuando leo de esta manera sinóptica el texto de Juan debo afirmar la presencia verdadera y real de Jesús tanto en comer su pan, como beber su sangre como amar y saberse amado. ¿No?
Y quiero acabar subrayando lo que no se nos leerá al final de la lectura en las eucaristías de este domingo, el verso 6,59: “Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando estaba en Cafarnaum”. Imagino a qué les sonaría a los judíos de aquella sinagoga escuchar de labios del galileo y laico Jesús del Evangelista Juan aquello de comer su carne y beber su sangre. Aquel Jesús de Juan estaba dejando vacíos de sentido los sacrificios para su ‘Yavé-Dios’ en el templo de Jerusalén.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 14.06.2020. Y también en Madrid, 07.06.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 28ª página del Evangelio de Mateo 15,21-39.
El Jesús de Nazaret del Evangelio de Mateo se está despidiendo de su tarea evangelizadora por la región de Galilea. Todo lector que llegó hasta aquí sabe que esta tarea había comenzado en Mateo 4,12: “Al oír Jesús que Juan había sido encarcelado, regresó a Galilea”. En cuanto este Jesús y sus seguidores lleguen a Cesarea de Filipo se habrá acabado la evangelización en estas tierras del norte de Israel (Mt 16,13). Aquí, se abrirá otra página en la ‘biografía’ de su Jesús.
En esta narración de Mateo 15,21-39 encuentra el lector tres acciones en las que se siembra la buena noticia del Evangelio de Jesús y que es su misma y propia persona. La primera acción (Mt 15,21-28) tiene lugar fuera de las fronteras de la tierra judía. A esa tierra, explícitamente, decide ir Jesús y sus discípulos le siguen (todas y todos). Éstos tienen aún mucho que aprender.
“Jesús... se retiró al país de Tiro y Sidón. Y hubo una mujer cananea de aquella región... Hijo de David, ten compasión... Qué grande es tu fe, mujer. Que se cumpla lo que deseas”. Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto soñaba con llegar a la tierra de Canaán y vivir ahí en la seguridad de la libertad, como se lo había asegurado su Yavé Dios. Pero este sueño no llegó a ser realidad más que con David, el rey que expulsó definitivamente a todos los cananeos de sus tierras para establecer en ellas la independencia de Israel. Esta síntesis de dos líneas es el contexto de la historia en la que se encuentran, después de siglos, un nuevo judío y una nueva mujer cananea. Se encuentran y se reconocen. Y deciden dejar de ser enemigos y comenzar a ser ‘humanos’, personas, cercanos. Ni amos, ni perros... Humanos. Tanto en la historia como en la naturaleza no suele haber milagros del cielo, sino procesos.
La segunda acción (Mt 15,29-31) tiene lugar, de nuevo en la orilla del lago de Galilea. Dice el narrador que “Jesús subió al monte y se sentó” (Mt 15,29). Y no dejo de recordar cómo contó este Evangelista los comienzos evangelizadores de su Jesús en aquel ‘primer discurso de las bienaventuranzas del monte’. De nuevo ahora, el mismo mensaje compartido y hecho experiencia de vida: los mudos hablan, los cojos andan, los ciegos ven, lo sordos oyen... Este Jesús de Nazaret no fue ninguna milagrosa seguridad social gratuita. ¿No enseñó a pensar y a creer y a decidir...? Estos sí que son los caminos de los milagros entre los humanos.
La tercera acción (Mt 15,32-39), en este ámbito en el que nos ha situado el Evangelista, es la nueva ‘multiplicación de los panes y peces’ para los cerca de cuatro mil varones y adultos, porque no se contaron ‘las mujeres y los niños’, que seguramente que los había y que también participaron de aquella mesa abundante y compartida. Nadie que lea esto olvidará aquel ‘dadles vosotros de comer’ de la primera multiplicación del pan (Mt 14,13-23). ¿El ánimo de lucro de unos pocos se ha convertido en generoso reparto de beneficios para todas y todos? Me encanta detenerme en el final de este inmenso milagro de la multiplicación de la felicidad de los humanos que nos está contando Mateo a propósito del Jesús de Nazaret en quien cree: “Despidió a la gente, se embarcó y llegó a la comarca de Magadán” (Mt 15,39). Desde ayer y ahí, nadie sabe ni se ha encontrado rastro alguno de esta Magadán. ¿Está dentro de cada uno?
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 09.06.2019. Y también en Madrid, 07.06.2026.




















