viernes, 14 de agosto de 2026

El elefante del circo (Reflexión en valores)

El elefante del circo

El elefante del circoCuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a mi padre por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

"El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía... hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso no escapa porque CREE QUE NO PUEDE.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás intentó poner a prueba su fuerza otra vez...

Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no las podemos hacer" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo "no puedo... no puedo y nunca podré", perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la Fe.

La única manera de saber es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO NUESTRO CORAZÓN y todo nuestro esfuerzo como si todo dependiera de nosotros, pero al mismo tiempo, confiando totalmente en Dios como si todo dependiera de él.



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Santos del día 14 de agosto

                                          Santos del día 14 de agosto


  San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir (6 coms.) - Memoria litúrgica   
can.: B: Pablo VI 17 oct 1971 - C: Juan Pablo II 10 oct 1982
país: Polonia - n.: 1894 - †: 1941
formas del nombre: Maximiliano Kolbe
hagiografía: «L`Osservatore Romano»
  
Memoria de san Maximiliano María (Raimundo) Kolbe, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales y mártir, que, fundador de la Milicia de María Inmaculada, fue deportado a diversos lugares de cautiverio y finalmente, internado en el campo de exterminio de Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, donde se ofreció a los verdugos a cambio de la vida de otro cautivo, ofreciendo su ministerio como un holocausto de caridad y como modelo de fidelidad para con Dios y los hombres. († 1941)

En el Ilírico, san Ursicino, mártir. († s. IV)
En Apamea, en Siria, san Marcelo, obispo y mártir, que, por haber abatido un templo dedicado a Júpiter, murió a manos de los enfurecidos gentiles. († c. 390)
En Roma, san Eusebio, fundador de la iglesia de su título en el monte Esquilino. († s. IV/V)
En Ross, en Hibernia, san Facanano, obispo y abad, que fundó en este lugar un monasterio, célebre por la enseñanza de las ciencias sagradas y humanas. († s. VI)
En Altenburg (Oudenburg), en Flandes, muerte de san Arnulfo, obispo de Soissons, que, se hizo monje después de haber sido soldado y, elevado al episcopado, se esforzó siempre por la paz y la concordia, y murió, finalmente, en el monasterio que él mismo había fundado. († 1087)
Cerca de Montebaroccio, en el Piceno, beato Sante de Urbino Brancoisini, hermano laico de la Orden de los Hermanos Menores. († c. 1392)
En Otranto, en la Apulia, santos mártires en número de casi ochocientos, que, conminados a renegar de su fe durante una incursión de soldados otomanos, fueron exhortados por el beato Antonio Primaldo, un anciano tejedor, a perseverar en la fe de Cristo, y obtuvieron así la corona del martirio al ser decapitados. († 1480)
En Nagasaki, en Japón, santos mártires Domingo Ibáñez de Erquicia, presbítero de la Orden de Predicadores, y Francisco Shoyemon, novicio en la misma Orden y catequista, que en tiempo del Emperador Tokugawa Yemitsu recibieron la muerte por quienes odiaban el nombre cristiano. († 1633)
En Coriano, de la Emilia, beata Isabel Renzi, virgen, la cual, fundadora de las Maestras Pías de la Dolorosa, puso todo su empeño en que las niñas pobres recibieran una formación humana y catequética en la escuela. († 1859)
En Thomaston, Connecticut (U.S.A.), beato Miguel José McGivney, presbítero y fundador de los Caballeros de Colón. († 1890)
En la aldea de Picassent, en la provincia de Valencia, en España, beato Vicente Rubiols Castelló, presbítero y mártir, que durante la persecución dio testimonio con el martirio de su fe en Cristo. († 1936)
En la localidad de El Saler, cerca de Valencia, en España, beato Félix Yuste Cava, presbítero y mártir, al que Dios concedió el premio eterno por su intrépida fidelidad. († 1936)
En El Picado, Almagro, España, beatos Ángel Marina Álvarez, Manuel Fernández-Herba Pereira, y cinco compañeros, todos ellos sacerdotes, religiosos de la Orden de Predicadores y mártires, víctimas de la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil Española. Los nombres de los cinco compañeros son: Natalio Camazón Junquera, Antonio Trancho Andrés, Luis Suárez Velasco, Eduardo Sainz Lantarón y Pedro López Delgado. († 1936)
En Almagro, España, beatos Francisco Santos Cadierno, Sebastián Sáinz López y cuatro compañeros, todos ellos religiosos de la Orden de Predicadores y mártires, víctimas de la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil Española. Los nombres de los cuatro compañeros son: Arsenio de la Viuda Solla, Ovidio Bravo Porras, Dionisio Pérez García y Fernando García de Dios. († 1936)
En Sant Julià d’Altura, Sabadell, España, beato Gaietà Clausellas Ballvé, sacerdote diocesano y mártir, que se entregó al servicio de los ancianos, y en defensa de su ministerio entre ellos, recibió el don del martirio en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil Española. († 1936)
En el cementerio, Gijón, Asturias, beato Ricardo Atanes Castro, de la Congregación de la Misión, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En La Cruz de la Media Legua, Hinojosa del Duque, Córdoba, beatos Eliseo María Camargo Montes, en el siglo Antonio Mª Francisco de la Santísima Trinidad y José María Ruiz Cardeñosa, en el siglo José, de la Orden de los Carmelitas, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En cementerio de Jove, Gijón, Asturias, beatos Arcángel de Valdavida de la Red Pérez, en el siglo Ángel, Berardo de Visantoña Frade Eiras, en el siglo Joaquín, Alejo de Terradillos González Herrero, en el siglo Basilio, Ildefonso de Armellada Pérez Arias, en el siglo Segundo, y Eusebio de Saludes Prieto Otero, en el siglo Ezequiel, de la Orden de Frailes Menores Capuchinos, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Hinojosa del Duque, Córdoba, beatos Antonio María Martín Povea, en el siglo Antonio Facundo y Pedro Velasco Narbona, de la Orden de los Carmelitas, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Madrid, beato Mario Ros Ezcurra, en el siglo Luis, de la Congregación de los Sagrados Corazones, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En cuesta del Lancho, Pedro Bernardo, Ávila, beato José García Librán, presbítero diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Reus, Tarragona, beato Jocund Bonet Mercadé, presbítero diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Belalcázar, Córdoba, beato Antonio Luque Jurado, presbítero, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)