Cuarto paseo por el llamado 'Evangelio de Mateo': Las primeras decisiones de Jesús de Nazaret.
Recuerdo que el primer paseo fue en compañía de las cinco primeras mujeres de este Evangelio.
Recuerdo que el segundo paseo fue en compañía de las cinco primeras citas de la Infancia del Jesús de Mateo.
Recuerdo que el tercer paseo fue en compañía de las expresiones temporales de la narración del Evangelio: Entonces...
Y en este cuarto paseo y para esta nueva semana con el evangelio de Mateo, propongo, de inicio 'leer lo primero que, según este Evangelista y biógrafo, hizo Jesús de Nazaret en su vida'. Constatar que lo primero que hace este Jesús es poner en marcha su primera decisión. Así lo leemos en Mateo 3,13-15: "Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán, donde Juan, para ser bautizado por él... y, entonces le dejó". ¿Quién, o quienes, informaron a este judío de Galilea de la persona de ese otro judío de Judea llamado Juan, de sus palabras y de sus tareas? ¿Deseaba este Jesús del Evangelista Mateo dedicarse como Juan a 'bautizar' para perdonar pecados?
Lo que sí intuyo es que el galileo Jesús comprendió muy bien la tarea que realizaba Juan y el éxito que tal vez también contempló. Y, si tan bien comprendió estas cosas, ¿por qué, me pregunto, no se quedó Jesús con su también judío Juan para dedicarse ambos a la tarea de 'perdonar pecados' que era como ser desobedientes a la doctrina y a la práctica de la religión del templo de Israel?
Por lo que leo en el texto de este nuevo paseo por el Evangelio comprendo que Jesús no se quedó con Juan para 'seguir aprendiendo a perdonar pecados'. Parece ser que este Jesús de Nazaret no deseó ser entonces un perdonador de los pecados como hacía Juan, el luego llamado 'Bautista'. Parece ser que este Jesús de Nazaret decidió dedicarse a 'enseñar a pecar' a quienes estuvieran de acuerdo con él. Por aquel entonces, y por ahora también, 'perdonar pecados' es una cosa y otra, bien distinta, 'enseñar a pecar'. ¿Cómo nos suena ahora esta nueva decisión de este Jesús de Mateo?
Añadiré, a modo de dato incuestionable de esto que acabo de escribir, que muy pronto en el relato del Evangelio llegaremos al primer discurso que Mateo puso en boca de su Jesús, capítulos 5º a 7º... Durante la semana me leeré este discurso y sobre todo aquello que se dice cuando lea "Habéis oído que se dijo..., en cambio yo os digo...".
Síntesis, por ahora. La primera decisión de Jesús es comprender lo que hacía Juan y la segunda fue preguntarse a qué dedicaré mi vida y mis tareas después de comprender a Juan: enseñar a pecar.
Y, ¿qué sucedió con el proyecto bautizador de Juan? Esto se cuenta en Mateo 11, con todo lujo de detalles y consecuencias.
Y, ¿qué sucedió con el proyecto de Jesús y su tarea de enseñar a pecar? Esto se cuenta en Mateo 21,23-46 con todo lujo de detalles y consecuencias.
Para esta nueva semana de verano ya es más que suficiente. Hasta luego.
A continuación se encuentran los dos comentarios para el día 26 de julio.
Carmelo Bueno Heras
Comentario primero:
Domingo 17º del TO. Ciclo A (26.07.2026): Mateo 13,44-52. Viejo y Nuevo, la Ley y Jesús. Lo medito y escribo CONTIGO,
En las liturgias de este último domingo del mes de julio tenemos la oportunidad de escuchar y meditar el final del discurso sobre las parábolas que el Evangelista Mateo puso en labios de su Jesús de Nazaret. Se trata de las tres últimas parábolas que, junto a las cuatro anteriores, completan el número de la totalidad que, en esta lengua tan peculiar de la Biblia, es el siete.
Las tres parábolas ocupan la primera parte de esta lectura (Mateo 13,44-50). El final de este relato no podría ser otro, evidentemente, que la conclusión (Mateo 13,51-52, que transcribo: “Todo discípulo del Reino de los Cielos es como el amo de casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo”. Este ‘amo’ de casa puede leerse también ‘ama de casa’. Adelanto ya que este final del tercer discurso del Jesús de Mateo es semejante al final del primero (Mateo 7,12-27).
“El Reino de los Cielos es...” (Mt 13,44). Así comienza la quinta parábola. El Reino es un tesoro escondido... Y creo que este tesoro y su escondite secreto no es otra realidad que lo ya escrito por este Evangelista y su Jesús en Mt 7,12: “Todo cuanto deseas que te hagan los demás, házselo a ellos. Esta es la Ley y los Profetas”. Tú y yo, ¿somos este tesoro y su campo? Sí, claro.
“El Reino de los Cielos es...” (Mt 13,45-46). Así comienza la sexta parábola. El Reino es una perla encontrada... Y creo que esta perla y su mercader buscador no es otra realidad que lo ya anunciado por este Evangelista y su Jesús en Mt 7,12: “Todo cuanto deseas que te hagan los demás, házselo a ellos. Esta es la Ley y los Profetas”. ¡Tú y yo somos esta perla y su mercader!
“El Reino de los Cielos es...” (Mt 13,47-50). Así comienza la séptima y última de las parábola. El Reino es una red de pescar... Y creo que esta red tan específica no es otra realidad que lo ya escrito por este Evangelista y su Jesús en Mt 7,12: “Todo cuanto deseas que te hagan los demás, házselo a ellos. Esta es la Ley y los Profetas”. Tú y yo somos esta red de pescar. Y esto lo podemos certificar en esa lectura sinóptica sobre esta red de pescar (Mt 13,47-50) con la construcción de aquellas casas sobre la arena o sobre la roca (Mt 7,24-27).
Añado una pizca al comentario: En esta última parábola, muchos comprenderán que Mateo y su Jesús están hablando del ‘más allá’, del después del mundo. Y yo me atrevo a pensar, creer y contemplar que ambos (Mateo y su Jesús) están pensando en el ‘más acá’, en este mundo.
Pero, ¿no se habla en estos textos sinópticos del propio Evangelista (7,12-27 y 13,47-50) de la salvación y la perdición? Claro que sí. Exactamente. O, ¿ya se nos olvidó que este escriba que es Mateo (y su mismo Jesús de Nazaret) nos decía que existían dos caminos? Habéis oído que se os dijo... (era el camino de la Ley y los Profetas); en cambio, yo os digo... (era el camino de Jesús). Cada persona decidirá seguir la religión de la Ley y los Profetas o el camino de Jesús. O, dicho en palabras de la conclusión de este relato (13,51-52), cada persona es ‘ama de su casa’ y sabe bien qué es lo viejo y qué es lo nuevo, qué es la Ley y quién es ‘su’ Jesús. Y sabe también (o debería saberlo) si el cimiento de su casa es arena de Ley o roca de Evangelio del Jesús de Mateo: cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás. ¿Cuántas veces me lo diré?
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 26.07.2020. Y también en Madrid, 26.07.2026.
Comentario segundo
"Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 35ª página del Evangelio de Mateo 19,27 a 20,16.
En el comentario anterior decía que íbamos a retomar ahora un cuarto asunto que el Evangelista Mateo nos cuenta a propósito de las consecuencias del acaparamiento de dinero en esta realidad de la vida y su relación con esa otra realidad que se denomina ‘vida eterna’. Se había acercado ‘uno’ a Jesús para preguntarle: “¿qué tengo que hacer de bueno para conseguir vida eterna?” (Mateo 19,16).
Los discípulos y, sobre todo, Pedro, quedaron impresionados por el mensaje de este Jesús del Evangelista Mateo. Y creo que esa misma impresión se nos queda marcada a todos cuantos leemos y tratamos de asimilar el mensaje de entonces que leemos ahora. ¿Acaso no hubiéramos hecho cada uno de nosotros lo que hizo Pedro?: “Nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?” (Mateo 19,27).
Esta pregunta de Pedro es el desencadenante de una respuesta de este Jesús de Mateo que sigue sorprendiendo a quienes se le acercan y le escuchan desde aquella primera intervención suya en el monte que acabará llamándose de ‘las Bienaventuranzas’ (Mt 7,12). En este momento no se alude a aquel estribillo que recordamos bien: “Habéis oído que se dijo... En cambio, yo os digo”. Aquí se dice esto otro, que es tan igual y semejante a aquello: “los últimos serán primeros y los primeros últimos” (Mt 19,30 y 20,16). De esta manera tan bien escogida y narrada el Evangelista nos ha llevado al final de la segunda etapa del camino de Galilea a Jerusalén. Ya nos vamos convenciendo de que en este ‘camino’ no importa tanto el itinerario físico-geográfico, sino el proceso de comprensión de los valores, actitudes y decisiones de Jesús y de aquellos que desean ser como él. A estos valores, actitudes y decisiones les califica y denomina este Evangelista ‘Reino o Reinado de Dios’.
La parábola con la que se inicia el capítulo vigésimo lo explica tan pedagógicamente que no admite dudas, aunque sé que siempre habrá ‘mentalidades del capital’ que considerarán injusta la manera de actuar del Jesús de Mateo identificada con el propietario de la viña de la parábola (Mt 20,1-16): “El Reinado de Dios es semejante al propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar jornaleros para su viña”. Ningún otro Evangelista cuenta esta parábola. ¿Se la inventó Mateo? Nunca lo sabré, pero cuando lea el relato de Mateo 21,33-46 recordaré de nuevo este asunto de la viña y de los viñadores. ¡Son tan semejantes!
No dejaré de repetirme expresiones que este Evangelista nos va dejando escritas como quien deposita semillas para que germinen y crezcan: El Reino-Reinado de Dios es una semilla y su sembrador... El Reino-Reinado de Dios es un propietario y su contrato de jornaleros... El Reino-Reinado de Dios, ¿eres tú?, ¿lo soy yo?, ¿lo somos tú y yo y cada persona? El Reino de Dios es y está en “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás”. Eso es. El Reino es así. Este Reino es vida eterna. Vida eterna aquí. Una paradoja sólo creíble cuando se elige ser último en vez de ser primero, cuando se decide ser servidor del abajado en vez de aceptar ser aupado en el pedestal... Y acabo el comentario ya mientras me leo sin prisas ahora Mateo 23.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 28.07.2019. Y también en Madrid, 26.07.2026.