Busco, buscas, buscamos título para un poema
Comentario primero:
Domingo 2º de Cuaresma A (01.03.2026): Mateo 17,1-9. La transfiguración sucede en las neuronas. Así lo escribo CONTIGO:
Segundo domingo de Cuaresma, ‘la transfiguración’ contada según el Evangelista Mateo. ¿Sabe alguien que este relato comienza de esta manera: “Seis días después” (Mateo 17,1)? Me he atrevido a consultar el texto en los Leccionarios y puedo asegurar que en ninguna eucaristía de este domingo se leerán las palabras del texto de Mateo que acabo de citar. Cuando a un texto se le priva de su contexto suele ser por algún pretexto. Pretexto interesado, sin duda. Se recordará que el domingo primero de la Cuaresma se nos leyó el relato de las tentaciones de Jesús, según Mateo, por ser el Evangelista del Ciclo A. Desde el capítulo cuarto pasaremos al capítulo decimoséptimo. Las gentes de nuestras celebraciones jamás llegarán a comprender de qué nos habla y cómo lo hace este Evangelista. Así jamás se sabrá quién es el Jesús de Mateo.
Precisamente este asunto del conocimiento de Jesús es el contexto en el que se cuenta el relato de la transfiguración. Por mi cuenta me leeré varias veces Mateo 16,13-28, porque esto es lo que sucede en los seis días anteriores al acontecimiento tan sorprendente que parecen vivir Jesús de Nazaret y tres de sus seguidores que son Pedro, Santiago y su hermano Juan. Por cierto, los hechos parecen suceder, según Mateo, en la cima de una montaña muy alta de la que este narrador, y los demás, nunca nos dice su nombre. Ningún autor habla de ‘El Tabor’.
Me quiero detener en estas líneas en la presencia de los dos personajes de la historia de Israel que todos debían de conocer al dedillo: Moisés y Elías. Me los estoy imaginando vestidos cada uno de ellos con la banda que los identificaba. En la banda de Moisés leo, medio entre sueños, ‘La Ley de Dios’ y en la banda de Elías, ‘El Profeta de los profetas de Israel’. Mientras contemplo las bandas de ambos personajes no dejo de recordar las palabras que este Evangelista se atrevió a colocar en boca de su Jesús de Nazaret y que ahora escucho entre los acordes de una melodía serenamente empapadora: Todo cuanto queráis que os hagan los demás, hacédselo a ellos; esta es toda la Ley y los Profetas (Mt 7,12). No hay otra tienda, ni otro templo, ni otra religión, ni otra ley, ni otra denuncia, ni otro anuncio, ni otro camino...
¿Dónde, cuándo y cómo sucede la ‘transfiguración’?
En las neuronas de cada ser humano.
Tanto la transfiguración que ahora leemos, como el suceso del bautismo con Juan en el Jordán debemos de leerlos en paralelo o sinópticamente. Las semejanzas son tantas y tan significativas que nos invitan a constatar que todo sucede por la acción de las decisiones humanas tanto de Juan el Bautizador como de Jesús de Nazaret, el evangelizador.
Las decisiones nacen de dentro, como las semillas que se despiertan y arraigan en la tierra y afloran al exterior en busca de aire y de luz. Las transfiguraciones son decisiones de cada persona y, como las semillas, se despiertan y arraigan dentro hasta asomarse por los ventanales de la piel y partirse, repartirse y compartirse: Hago a los demás todo cuanto deseo que los demás me hagan a mí. Esta transfiguración que se inicia en las neuronas de uno me suena a pan horneado, sacramento de mesa y mantel y a eso que se lee como ‘Reino de Dios’.
Carmelo Bueno Heras. Madrid, 08.03.2020. Y también en Madrid, 01.03.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12).
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 14ª página del Evangelio de Mateo 8,23 a 9,17
Con el comentario anterior hemos empezado a leer el relato que Mateo nos comparte sobre ‘los hechos’ de su Jesús de Nazaret. Sabemos ya cuáles fueron sus tres primeros ‘milagros’ y con ellos sabemos también las primeras reacciones de quienes le acompañaban (Mt 8,1-22). A continuación, el Evangelista nos va a presentar otros ‘tres nuevos milagros’ de su protagonista. Curiosamente estos tres ‘hechos’ de Jesús tienen lugar en torno al lago-mar de Galilea (Mt 8,22 hasta 9,8). El Evangelista escribe aquí, textualmente, mar. Para las gentes de Israel el mar y sus abismos eran el signo de la presencia deshumanizadora del mal, por ser el lugar más alejado de la morada de su Yavé Dios, el Altísimo. Simbólicamente, aquel mar era el mal.
El primero de los hechos acontece en medio de este mar. Se le suele llamar ‘la tormenta apaciguada’: “Subió a la barca. Los discípulos le siguieron... Se levantó en el mar una tempestad... Él dormía... ¿Quién es éste?” (Mt 8,23-27). Mientras leo no dejo de recordar el relato del profeta Jonás que decidió desobedecer a Yavé su Dios y embarcarse hacia España, que por entonces las gentes de Israel la llamaban Tarsis. Este Yavé Dios era el señor del mar de Jonás. Y ahora, el mar de Galilea está en manos de un galileo y laico llamado Jesús. Un milagro.
El segundo de los signos tiene lugar en la orilla oriental del mar de Galilea, en la tierra de los gadarenos: “Vinieron al encuentro de Jesús dos endemoniados que salían de los sepulcros, lugar de los muertos...” (8,28-34). Si leo este mismo ‘hecho’ en el Evangelista Marcos constato que estos dos endemoniados son sólo uno y con nombre propio: ‘Legión’ (Mc 5,1-20). En realidad era toda la región la endemoniada. Ésta es la tierra de la frontera de la provincia romana llamada siropalestinense. En esta región hostil para todo buen judío se atreve Jesús a sembrar la presencia humanizadora de la evangelización. ¡Qué inmensidad de atrevimiento!
El tercero de los milagros tiene lugar en la orilla occidental del mar, la tierra propiamente dicha de los llamados galileos, los judíos del norte, contaminados con la impureza de los paganos y de los pecadores: "Vino Jesús a su ciudad [Cafarnaún, como en 4,13] y le trajeron a un paralítico postrado en una camilla... Tus pecados te son perdonados... Éste blasfema... Levántate... Vete” (9,1-8). Me gusta leer esto mismo en Marcos (2,1-12). ¡Tiene otro ‘color’!
Los buenos judíos creían que aquella parálisis del paralítico no era otra cosa que el castigo de su Yavé Dios por alguno de sus inconfesables pecados. Ante esta ‘ideología-espiritualidad-reli






















