sábado, 25 de abril de 2026

YO SOY - Domingo 4º de Pascua. Ciclo A (26.04.2026): Juan 10,1-10. YO SOY puerta, pastor, luz, pan, agua, palabra... y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12) CINCO MINUTOS

 YO SOY

Aquello del "YO SOY" era, originariamente, patrimonio exclusivo del 'dios de Israel', según se puede constatar cada vez que se lea el breve texto en el libro del Éxodo 'pi-3,14' y su contexto, muy breve, pero iluminador: Éxodo 3,13-15.
Andando el tiempo siglo tras siglo para hacer historia y vida, este pueblo judío llegó a los mismísimos días, años y tiempos del judío y laico Jesús de Nazaret. Y, después de sus andanzas y varias décadas de años después de su muerte, un muy peculiar narrador llamado cuarto Evangelio se atrevió a hablar de aquel Jesús de Nazaret como 'YO SOY' camino, verdad, vida, luz, pan... Puerta y Pastor. Así se nos leerá en las celebraciones del próximo domingo 26 de abril. 
Iluminado por estas constataciones me pareció oportuno compartir la plegaria, salmo, o como se lo quiera denominar, que transcribo a continuación. El texto no me pertenece, me lo ha prestado Carla Buendía Hervás y creo que en ningún momento será tan acertado proclamarlo como en este domingo, el denominado "El Buen Pastor", sea dirigido a 'Yo soy', el dios de Israel, o a 'Yo soy', Jesús de Nazaret. O a cada uno de todos nosotros que somos también 'Yo soy'...


Hola, Dios. Soy tu hijo

Hola, Dios,

soy yo, tu hijo.

Te quiero decir

Que eres un tanto difícil de seguir.

 

Que a veces me dan ganas de hacerme ateo,

sólo para fastidiarte

y para vengarme un poco,

por rabia.

 

Era más fácil antes

con lo de la Ley:

cumplías y listo,

o no cumplías y te arrepentías.

 

Pero ahora con la libertad del corazón

es que no hay escape;

no hay forma de hacer trampa,

de autoengañarse.

 

Ya sé que lo perdonas todo,

pero yo quería quedar bien,

sobre todo delante de mí.

Ahora es imposible.

 

Me pones delante mi pecado,

me reconozco débil y cobarde.

Ya sé que no te importa,

pero me importa a mí.

 

¿Qué queda de mi orgullo?

¿Y de mi autoestima?

Si tú lo haces todo,

no me puedo lucir.

 

Sólo me pides que ame

y esto es muy difícil.

Yo prefiero odiar,

que es más retorcido.

 

Pero, en fin…

Me has seducido y me has enamorado.

Estoy perdido y en tus manos.

No tengo remedio, gracias a Dios.

Carla Buendía Hervás


Nada más para esta larga presentación. A continuación se encuentran los dos comentarios del Evangelio para este domingo 26 de abril.


Carmelo Bueno Heras


Comentario primero:

Domingo 4º de Pascua. Ciclo A (26.04.2026): Juan 10,1-10.

YO SOY puerta, pastor, luz, pan, agua, palabra... Así lo escribo CONTIGO,

Cada vez comprendo menos las decisiones de la autoridad que selecciona los textos del Evangelio para las celebraciones litúrgicas de los domingos. Sé que esto no dejo de decirlo una y otra vez, pero hay ocasiones en las que este ‘desorden’ grita tanto que ensordece. Para este primer domingo del mes de mayo se nos presenta la oportunidad de leer los diez primeros versículos del capítulo décimo del cuarto Evangelio. ¿Recordarán los oyentes qué cuenta este Evangelista inmediatamente antes e inmediatamente después de estos versículos? Lo dudo.

 

Comienzo por recordar qué cuenta este narrador en Jn 10,1-10: “Yo soy la puerta’. Esta es la síntesis o semilla de todo el texto que se nos propone. El Jesús de Nazaret en quien cree este Evangelista es ‘una puerta’. Después de contextualizarlo, nos lo ampliamos.

 

A esta primera parte del capítulo décimo, le sigue el texto de Juan 10,11-21 y en todo el desarrollo sólo se habla de esto: “Yo soy el buen pastor”. Cuando estas dos expresiones que comienzan con el ‘Yo soy’ se las desvincula de su contexto dejan de ser peligrosamente provocativas y se convierten en un desleimiento casi insulso de bla, bla, bla. Este texto no se nos leerá este año en ninguno de sus domingos.

 

El texto de Juan 10,1-21 es el punto final de la inmensa narración de todo cuanto acontece en Jerusalén en la celebración de la fiesta de las Tiendas, que comienza  a contarse en Juan 7,1. El desencuentro y hasta el enfrentamiento de Jesús de Nazaret con todo cuanto constituye la realidad del Templo, de los Sacerdotes y de la Religión judía adquiere dimensiones trágicas.

 

Este Evangelista se atreve a poner en boca de su Jesús estas palabras: “Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores... El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir... En cambio, yo he venido para que tengan vida” (Jn 10,8-10). ¿Puede expresarse con mayor claridad la denuncia de este Jesús de Juan a todo cuanto representa la Religión de Israel en aquellos tiempos del siglo primero de nuestra historia?

 

En esta fecha del tres de mayo, siga o no el confitamiento, me regalaré un tiempo ni corto ni largo para releerme Ezequiel 34. Aquel profeta nos dejó testimonio del actuar de los tenidos como pastores del pueblo de Israel. Pastores y rebaños. Pero ¿quién sirve a quién?, me preguntaré. ¿Por qué están tan presentes en la literatura de las religiones institucionalizadas estas imágenes de los pastores y los rebaños? Por eso no hablo de pastoral.

 

En el texto de Juan 10,1-10 el Evangelista nos regala otra imagen muy propia también de este contexto de rebaños y pastores: la puerta, por la que entran y salen tanto los pastores como las ovejas. Los sacerdotes de Israel eran la puerta de entrada para comunicarse con el Yavé Dios del Templo y de la Religión judía. Para este Evangelista, esta puerta es su Jesús de Nazaret al que ya le ha calificado en este Evangelio reiteradamente con el mismo nombre del Dios-Yavé: Yo soy, según se expresa en Éxodo 3,14. En Juan 8,12.24.28 el propio Jesús se llama ‘Yo soy’, una blasfemia para los judíos.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 03.05.2020. Y también en Madrid, 26.04.2026.

 

Comentario segundo:

“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)

CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 22ª página del Evangelio de Mateo 12,46-50.

Comento un pequeño manojo de versículos del Evangelio de Mateo. Se trata de los cinco últimos del capítulo duodécimo de su Evangelio (12,46-50). En este momento se nos da cuenta de qué sucede entre los familiares de Jesús de Nazaret mientras éste evangeliza en su tierra y entre sus gentes de Galilea. Este mismo asunto de la presencia de Jesús entre las gentes de su familia y de su poblado lo volverá a tener presente el Evangelista Mt en 13,53-58. Este par de breves relatos constituyen los dos apartados de una preciosa palindromía, literaria y teológica al mismo tiempo. En el centro de esta palindromía podremos leer el tercer gran discurso que este narrador colocó en boca de su Jesús de Nazaret. Se trata del precioso discurso de las siete parábolas (Mt 13,1-52).

 

En el próximo comentario hablaremos de este discurso. Ahora nos detenemos en 12,46-50 y dejamos que resuene, como una inacabada melodía, la pregunta que coloca Mateo en boca de su Jesús de Nazaret: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos” (12,48)? Tanto el Evangelista Marcos (3,20-35) como Lucas (8,19-21) presentan esta misma secuencia de la vida de Jesús de Nazaret, pero en los tres narradores las diferencias literarias son notables y los contextos en los que suceden estos hechos son aún más dispares.

 

Cuando se leen estas páginas de los tres Evangelistas de manera sinóptica y como en paralelo, se despiertan las preguntas críticas que ayudarán al lector a acercarse al mensaje de cada uno de ellos. ¿Habla, nuestro texto del Evangelista Mateo, de María, la madre de Jesús, y de los hermanos de Jesús, hijos también de María? (Mt 12,469). Notas a pie de página de muchas ediciones impresas de los Evangelios comentan, no sin cierta intencionalidad justificada, como lo hace la Biblia de Jerusalén: “No hijos de María, sino parientes próximos, como por ejemplo primos, que en hebrero y arameo se llamaban también hermanos”.

 

Cuando estamos tratando de interpretaciones debemos pensar en respetar cada una de ellas, oírlas expresarse y aceptar cada uno acercarse más a una u otra. Nunca tendremos ninguna seguridad plena de haber encontrado la verdad única de la luz verdadera. Además de este criterio, no muy definitivo, en este texto debemos constatar que explícitamente esta relación de ‘familiaridad’ que es ser madre y ser hermana-hermano tiene que ver no tanto con la sangre de la biología, sino sobre todo con la opción religiosa de cada persona: “ser hermano, hermana o madre es, para este Jesús del Evangelista Mateo, cumplir la voluntad del Padre, el del cielo” (12,50).         

 

Creo que hemos tocado uno de los centros del mensaje.  No descarto que haya otros. Pero sí es central el asunto que aquí se está llamando “la voluntad del Padre”. Creo que se le puede llamar también ‘la voluntad de Dios’, ‘la voluntad divina’ o todo cuando desea Dios que deba ser hecho o evitado. Nombro estas expresiones porque ellas forman parte de la más granada espiritualidad cristiana y de su pastoral: ¿No es esta ‘voluntad divina’ la síntesis de las biena-venturanzas: “hacer a los otros cuanto deseas que ellos te hagan”? (Mt 7,12). ¡Sí! Así es.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 28.04.2019. Y también en Madrid, 26.04.2026.  

Santos del día 26 de abril:

                                                    Santos del día 26 de abril:


En Roma, conmemoración de san Cleto, papa, el segundo que rigió la Iglesia Romana después de san Pedro. († 88)
En el territorio de Gabi, en la trigésima milla de la vía romana de Prenestina, san Primitivo, mártir. († s. inc.)
En Amasea, en el Ponto, san Basileo, obispo, mártir en tiempo del emperador Licinio. († c. 322)
La Fiesta litúrgica litúrgica no se celebra hoy, porque hay una celebración de mayor rango
Fiesta de san Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia, que, discípulo de su hermano Leandro y sucesor suyo en la sede de Sevilla, en la Hispania Bética, escribió con erudición, convocó y presidió varios concilios, y trabajó con celo y sabiduría por la fe católica y por la observancia de la disciplina eclesiástica. Descansó en el Señor el 4 de abril. († 636)
En el eremo del bosque de Crézy, en la región de Amiens, en Neustria, san Ricario, presbítero, que, conmovido por la predicación de unos monjes escoceses, se convirtió a una vida de penitencia. († 645)
En el monasterio de Corbie, también en Neustria, san Pascasio Radberto, abad, que expuso de modo claro y lúcido la verdad sobre el Cuerpo y la Sangre del Señor en el misterio de la Eucaristía. († 865)
En Foggia, en la Apulia, santos Guillermo y Peregrino, eremitas. († s. XII)
En el reino de Aragón, beatos Domingo y Gregorio, presbíteros de la Orden de Predicadores, que sin llevar oro ni plata, mendigando cada día el alimento necesario, peregrinaban anunciando a todos la Palabra de Dios. († s. XIV)
En el monasterio de la Transfiguración, en la ciudad de Moscú, en Rusia, sepultura de san Esteban, obispo de Perm, que evangelizó a los nativos zyrjani, inventó un alfabeto para su lengua en la que celebrar la liturgia, destruyó ídolos, erigió iglesias y confirmó las verdades de la fe entre aquellas gentes. († 1396)
En Montcada i Reixac, Barcelona, España, beato Ramón Oromí Sullà, presbítero de la Congregación de la Sagrada Familia y mártir en la cruel persecución que acompañó a la Guerra Civil española. († 1937)
En el monasterio de san Isidoro de Dueñas, en España, san Rafael Arnáiz Barón, religioso de la Orden Cisterciense, que, aquejado todavía novicio por una grave enfermedad, soportó con gran paciencia su maltrecha salud, confiando siempre en el Señor. († 1938)
En la aldea de Montjuic, cerca de Girona, también en España, beato Julio Junyer Padern, presbítero de la Sociedad Salesiana y mártir, que, durante la persecución contra la fe, alcanzó por el martirio la gloria de la vida eterna. († 1938)
En el campo de concentración de Sachsenhausen, en Alemania, beato Estanislao Kubista, presbítero de la Sociedad del Verbo Divino y mártir, que durante la ocupación militar de Polonia, encerrado en durísima cárcel, entregó su alma a Dios. Con él se conmemora también al beato Ladislao Goral, obispo auxiliar de Lublín, que padeció en el mismo lugar por defender la dignidad de los hombres y de la fe, falleciendo en día impreciso, víctima de la enfermedad. († 1940)
En un «tren de la muerte», cerca de Pocking, Passau (Alemania), beato Joseph Paraire (Louis), clérigo profeso, Hermanos Menores Franciscanos, que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)

26 de abril: Nuestra Señora del Buen Consejo

 

26 de abril: Nuestra Señora del Buen Consejo

Milagrosamente se trasladó de Albania a Genazzano, Italia como respuesta a las plegarias.

Mucho antes de la venida de Cristo, el pequeño pueblo de Genazzano, a treinta millas de Roma, construyó un templo a Venus, la diosa pagana del amor, a la que le tenían particular adhesión. Allí se le ofrecía culto y celebraban grandes fiestas en su honor, especialmente el 25 de abril. Todos los años la gente de Genazzano gozaba de las festividades bailando y cantando.

En el siglo IV de nuestra era, cuando el cristianismo había sido públicamente reconocido en el Imperio Romano, el Papa San Marco (336d.C.) mandó construir una iglesia en una colina sobre el pueblo, no muy lejos de las ruinas del antiguo templo pagano. La iglesia, firme y fuerte pero pequeña y sencilla, fue dedicada a Nuestra Señora del Buen Consejo. A sabiendas del amor que la gente de Genazzano le tiene a las fiestas y celebraciones, el Papa declaró el 25 de abril (fecha de las antiguas fiestas paganas), como día de celebración cristiana en honor de Nuestra Señora del Buen Consejo. La Iglesia respeta las costumbres de los pueblos pero siempre busca purificarlas de todo error y elevarlas hacia Dios.

A través de los siglos, Nuestra Señora fue honrada de manera especial en la pequeña iglesia de la colina, la cual se puso a cargo de los frailes de la Orden de San Agustín en 1356. Con el tiempo, el uso y los desgarros comenzaron a afectar el anciano templo. Para el siglo XV, la iglesia se había venido desvencijando tanto que algunos temían su total colapso. Pocos, sin embargo, parecían tener interés en repararla, posiblemente porque había iglesias más nuevas y mejores en el pueblo.

Una viuda santa, Petruccia de Geneo, que amaba a la Virgen devotamente, se sintió inspirada a reconstruir la iglesia. Deseaba que la iglesia fuera más grande y más bonita, más apropiada para la Madre de Dios. Confiando en Nuestra Señora, Petruccia contrató trabajadores y constructores, compró también los materiales y vio las paredes subir. Sus vecinos la observaron por un tiempo en silencio, luego comenzaron a burlarse de ella, especialmente cuando les pedía ayuda.

Petruccia no podía comprender la actitud que sus vecinos y pensaba que su amor a Nuestra Señora los inspiraría a ofrecer ayuda. Pero los corazones no estaban para eso. Ellos sabían que construir una iglesia grande y bonita era un gran proyecto y que Petruccia tenía dinero, pero no lo suficiente. Percibían la obra como un acto de orgullo y presunción por parte de Petruccia y la criticaban. Cuando la obra tuvo que detenerse por falta de fondos, las paredes sin terminar fueron nombradas "la locura de Petruccia".

Probablemente Nuestro Señor permitió todo esto para fortalecer el amor y la confianza de Petruccia. La envidia, la falta de caridad, y los desacuerdos purifican y prueban toda obra de Dios. Ella no dejó dominar por los obstáculos; estaba determinada a hacer todo lo que pudiese para ver la iglesia completada. Sentía que Nuestra Señora había inspirado el trabajo y que Ella lo apoyaría cuando fuese su tiempo. Decía que algún día "una gran Señora vendría a tomar posesión de ella". Petruccia entonces recurrió a sacrificios y oraciones más fervorosas.

Un poco después, durante la fiesta del pueblo, el 25 de abril, día de San Marcos de 1467, muchas personas estaban congregadas en la plaza del mercado pasando un buen rato-- festejando, bailando y cantando. No se sabe por que ya no rendían honor a Nuestra Señora del Buen Consejo en ese día, como lo habían hecho sus antepasados en siglos anteriores. Probablemente a través de los siglos su devoción por Nuestra Señora se había disminuido, pero habían conservado el amor por las fiestas.

En medio de las fiestas, alguien vio una nube encopada flotando bien bajo a través del claro cielo azul. El asombro paralizó el baile y el canto. Toda la atención fue puesta en la nube que bajaba despacio y que finalmente se detuvo en un borde angosto de las paredes sin terminar de la iglesia de Petruccia. La nube se abrió gradualmente, y en su centro apareció una bellísima pintura de Nuestra Señora con el Niño Jesús. Todas las campanas del pueblo comenzaron a sonar sin la ayuda de manos humanas.

Atraídos por el inesperado y fuerte repicar de las campanas, la gente de las villas aledañas se apresuró a Genazzano para averiguar la causa. Mientras tanto, al escuchar del milagro, Petruccia, que estaba orando en casa, se apresuró a la iglesia para arrodillarse ante la pintura. Llena de alegría dijo que ella sabía que Nuestra Señora vendría a tomar posesión de su iglesia. Toda la gente se le unió en las alabanzas a Nuestra Señora.

Nadie conocía la procedencia de la pintura ni la había visto antes. Pronto una maravillosa lluvia de gracias y milagrosas curaciones comenzaron a suceder. En solo cuatro meses, 171 milagros fueron archivados. La gente comenzó a llamar a la imagen "Nuestra Señora del Paraíso" porque creían que había sido traída a Genazzano por manos de los ángeles ocultos en la nube encopada. Otros, por los numerosos milagros, la llamaban "Nuestra Señora de los Milagros".

Durante este tiempo, dos extranjeros procedentes de Scutari, Albania, llegaron a Genazzano buscando la milagrosa pintura de la Virgen. Ellos contaron su testimonio. Scutari fue la última ciudad tomada por los turcos en su invasión de Albania. Cuando comprendieron que ya no podían resistir más, le pidieron consejo a la Virgen sobre qué hacer para mantener su fe católica en aquellas circunstancias. Esa noche, ante el asombre de los dos albaneses la imagen de la Virgen se desprendió de la pared y elevándose por los cielos se comenzó a trasladar lentamente hacia el oeste. Así pudieron seguirla, cruzar el mar adriático que separa Albania de Italia, hasta que llegaron a Genazzano. Así decidieron quedarse en Genazzano para vivir cerca de su Señora, que también se había refugiado.

Cuando el Santo Padre en Roma escuchó acerca de la pintura y de sus muchos milagros, mandó a dos obispos como comisionados a examinar y estudiar los acontecimientos extraordinarios. Después de una cuidadosa investigación, el Papa y los comisionados quedaron convencidos de que la pintura era verdaderamente Nuestra Señora del Buen Consejo, que había sido venerada por siglos en el pequeño pueblo de Scutari. El espacio vacío con las dimensiones exactas donde había estado la pintura en la iglesia fue evidente para todos. La imagen- del espesor de cáscara de huevo- había sido pintada sobre el yeso de la pared. Ninguna habilidad humana podría haber tomado con éxito la pintura de la pared sin romperla. Ninguna mano humana podría haberla traído a través del mar Adriático y colocarla en el borde angosto de la iglesia sin sujetarla.

Naturalmente, la iglesia de Petruccia fue completada. Más bien, hubo tantas donaciones y fue ofrecida tanta ayuda que se convirtió en una bella basílica. La pintura fue puesta en un relicario maravilloso con un marco de oro adornado con piedras preciosas. Más tarde dos coronas de oro enviadas por el Vaticano fueron colocadas en las cabezas de la Madre y el Niño. La pintura aún está en la iglesia, "la locura de Petruccia". Los monjes Agustinos son los guardianes especiales de la iglesia y de la pintura milagrosa.

La basílica ha sido afectada por los siglos. Sufrió particularmente por la Segunda Guerra Mundial ya que para arrestar el avance de los Aliados, los alemanes no dudaron en bombardear las iglesias. En Genazzano, el santuario de Nuestra Señora no se libró. Una bomba explotó en el con toda fuerza. El altar mayor fue completamente destruido, todas las pinturas y las estatuas en las paredes alrededor se vinieron abajo, pero la milagrosa pintura de Nuestra Señora del Buen Consejo, se mantuvo perfectamente intacta, tan bella como cuando Petruccia la vio por primera vez.

Nuestra Señora tiene los ojos parcialmente bajos como si estuviera escuchando con intensidad. Su vestido verde oscuro está adornado con un borde de oro. Su manto azul oscuro cubre su cabeza y sus hombros y cubre parcialmente al Niño Jesús, quien tiene una mano alrededor del cuello de su Madre. Su mejilla toca la de ella, y su mano izquierda está sosteniendo el cuello de su vestido. El vestido rojo del Niño está adornado con un borde de oro. La expresión en ambos, Madre e Hijo es de una profunda atención. El Niño Jesús parece que está listo para susurrarle algo a Su Madre. Es una pintura sencilla pero atractiva.

En los últimos cuatro siglos innumerables peregrinaciones y muchos milagros han ocurrido en el santuario de Nuestra Señora, Madre Amorosa que es para todos un tesoro de la gracia divina. Acude a ella con tus pequeños problemas; ve a ella con tus grandes problemas; confía en su guía. Ella es verdaderamente Nuestra Señora del Buen Consejo.

Las palabras "Madre del Buen Consejo" fueron insertadas por Pío IX a las letanías de la Virgen María.

Fuente: LeBlanc, Sr.M. Francis, O.Carm., Cause of Our Joy. Boston: Pauline Books and Media, 1976.

(fuente: www.mariamadrededios.com.ar)

viernes, 24 de abril de 2026

Santos del día 25 de abril

                                                     Santos del día 25 de abril


  San Marcos, evangelista - Memoria litúrgica   
Fiesta de san Marcos, evangelista, que primero acompañó en Jerusalén a san Pablo en su apostolado, y después siguió los pasos de san Pedro, quien lo llamó su hijo. Es tradición que en Roma recogió en su Evangelio la catequesis de Pedro a los romanos y que fue él quien instituyó la Iglesia de Alejandría, en el actual Egipto. († s. I)

Conmemoración de san Aniano, obispo de Alejandría de Egipto, que, como narra Eusebio, desde el octavo año de Nerón fue el primer sucesor de san Marcos en el episcopado de esta ciudad, que ejerció durante veintidós años, y que fue un hombre de Dios, admirable en su comportamiento. († c. 85)
En Silistra, ciudad de Mesia, santos Pasícrates y Valencio, mártires, que, por confesar a Cristo como único Dios, sometieron decididos sus cuellos a la espada. († c. 302)
En Agen, en Aquitania, san Febadio, obispo, que escribió una obra contra los arrianos y protegió a su grey de la herejía. († c. 393)
En Antioquía de Siria, san Esteban, obispo y mártir, que sufrió mucho por parte de los herejes que se oponían al Concilio de Calcedonia, y en tiempo del emperador Zenón murió al ser precipitado al río Orontes. († 479)
En Vienne, ciudad de Burgundia, san Clarencio, obispo. († s. VII)
En Lobbes, en la región de Brabante, en Austrasia, san Erminio, abad y obispo, que, excelso por su vida de oración y dotado de espíritu de profecía, fue sucesor de san Usmaro. († 737)
En la región de Piacenza, en la Emilia, santa Franca, abadesa, que quiso ingresar en la Orden Cisterciense y pasaba noches enteras en oración ante Dios. († 1218)
En Aosta, en los Alpes Grayos, beato Bonifacio Valperga, obispo, insigne por su caridad y humildad. († 1243)
En la isla de Wight, en Inglaterra, beatos Roberto Anderton y Guillermo Marsden, presbíteros y mártires, que durante la persecución bajo el reinado de Isabel I, detenidos al haber desembarcado en Inglaterra a causa de un naufragio, fueron condenados a la pena capital por ser sacerdotes, martirio que aceptaron con ánimo sereno y decidido. († 1586)
En Antigua, cerca de la ciudad de Guatemala, en América Central, san Pedro de San José Bethencourt, religioso de la Tercera Orden Regular de San Francisco, que bajo el patrocinio de Nuestra Señora de Belén se entregó ejemplarmente a la asistencia de huérfanos, mendigos, enfermos, jóvenes sin formación, extranjeros y condenados a trabajos forzados. († 1667)
En la aldea de Remedello, en la provincia de Brescia, en Italia, san Juan Piamarta, presbítero, que tras grandes dificultades fundó el Instituto de los Artesanitos de Brescia en las cercanías de una colonia agrícola, con la finalidad de facilitar a los jóvenes una formación religiosa, así como también el aprendizaje de un oficio, lo que dio vida a la Congregación de la Sagrada Familia de Nazaret. († 1913)
En el rancho de San Joaquín, Jalisco, México, beatos José Trinidad Rangel Montaño, presbítero, Andrés Solá y Molist, presbítero y Leonardo Pérez Larios, laico, todos ellos mártires. († 1927)
En el campo de concentración de Gusen, Langenstein (Austria), beato Henri Euzenat, joven laico de la archidiócesis de Reims, miembro de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)