Sembrar el Camino (colaborando en la difusión de la obra del P. Antonio Oliver)
sábado, 30 de mayo de 2026
Tres de Cuatro - Domingo de la Santísima Trinidad. Ciclo A (31.05.2026): Juan 3,16-18. Nicodemo comprendió a Jesús, ¿cuándo? y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12) CINCO MINUTOS
Tres de Cuatro
Juan 3,1-21
1Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. 2Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
3Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
4Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?». 5Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 6Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. 7No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; 8el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
9Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».
10Le contestó Jesús: «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? 11En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. La única manera de poder florecer es saber dónde echar raíces. 12Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? 13Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, 15para que todo el que cree en él tenga vida, porque resucitar es vivir.
16Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida. 17Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no será juzgado.
21El que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».
Edición de Carlos Buendía Hervás con presencia de Sara González Manso.
Versión apócrifa del texto de la Biblia de la Conferencia Episcopal Española.
A continuación se encuentran los dos comentarios del domingo 31 de mayo.
Carmelo Bueno Heras
Comentario primero:
Domingo de la Santísima Trinidad. Ciclo A (31.05.2026): Juan 3,16-18. Nicodemo comprendió a Jesús, ¿cuándo? Medito y lo escribo CONTIGO,
En este domingo de mayo llegamos a la penúltima semana antes de comenzar el Tiempo Ordinario en las liturgias dominicales de la Iglesia católica. Y en este día volvemos a constatar las afirmaciones del dogma católico en torno a la santa, Santísima Trinidad. Dios único en tres personas: padre, madre, hijo. Ahora que escribo esto recuerdo a la persona de Patricio y su evangelización que le aupó hasta llegar a ser santo de peana en la historia de la verde Irlanda.
¿Quién no recuerda las hojas del trébol? Tres en uno. Uno y Trino. Persona. Naturaleza. Voluntad. Procesión... Y todo ello tanto en singular, como en plural. Sucede, a veces, que uno se encuentra en donde menos se piensa un trébol de cuatro hojas y es posible que el andamiaje teológico, pastoral o sacramentalizador comience a hacer aguas en la barca eclesiástica. A menudo pienso que este trébol ‘rara avis’ no es otro que el Evangelio de Jesús.
Como digo, este trébol de cuatro hojas es en este domingo de la Trinidad el relato del cuarto Evangelio que se nos propone leer, escuchar, meditar y asumir. En el texto de Juan 3,16-18 no aparece citada explícitamente la Trinidad. Por ser tan breve, copio aquí la lectura completa: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.
Este es el mensaje completo. ¿Dónde y cómo se habla aquí de la s. Trinidad? Estoy convencido de mi equivocación si afirmo que ocho de cada diez participantes en la liturgia de este domingo saben perfectamente el contexto literario y teológico en el que se inserta este mensaje del cuarto Evangelio. Sea cierta o errónea esta estadística diré que el Evangelista pone estas palabras en boca de su Jesús de Nazaret que está en rigurosa y secreta entrevista, no contigo ni conmigo, sino con alguien de la alta magistratura religiosa y política de Israel.
Me suelo preguntar por qué sólo este cuarto Evangelio nos ha transmitido este encuentro de Jesús con Nicodemo, autoridad que deseó pasar desaperciba en todo tiempo y lugar. Nada ni nadie advirtió a los tres Evangelistas anteriores, Marcos, Mateo y Lucas, sobre la importantísima conversación de su Jesús con el representante del Sanedrín judío a propósito de Dios. Sí, a propósito de Dios, del Dios judío Yavé-YOSOY y que el Jesús de Juan dice que no es uno y único, sino familia, amor, tres, padre-madre-hijo.
Creo que Nicodemo quedó ‘seriamente’ tocado o alterado en sus dogmas de la Ley de Moisés. ¿Cómo un judío laico y de Galilea hablaba tan abiertamente de un Dios que es familia? Este Jesús de Juan no habla de Trinidad, al menos de la Trinidad de la Tradición Católica. Este diosfamiliaydelamor del que se nos habla en este capítulo tercero del cuarto Evangelio es bastante más humano, cercano y natural que, con perdón, elgalimatíastrinitario que desencadenó, en la iglesia de Jesús en los primeros siglos, enfrentamientos irreconciliables que aún duran. Este Nicodemo de Jn 3 estuvo también en la cena de Jn 13. Ahí comprendió a Jesús.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid 07.06.2020. Y también en Madrid 31.05.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 27ª página del Evangelio de Mateo 15,1-20.
El narrador Mateo está contando a sus lectores las últimas tareas de su evangelizador Jesús de Nazaret por las tierras de la región de Galilea, la región del gran Lago de Genesaret. Una de estas últimas tareas es un encuentro de este Jesús con fariseos y letrados llegados explícitamente desde Jerusalén, por un lado (Mt 15,1-9); con la gente que le acompaña, por otro (Mt 15,10-11) y con sus propios seguidores, en tercer lugar (Mt 15,12-20). El relato está tan clarito que no sería necesario ningún comentario. Cuantas más veces se lea el texto del Evangelista mejor se caerá en la cuenta de la fuerza revolucionadora que le ha imprimido el autor a su Jesús de Nazaret. Una vez más, en este encuentro se denuncia el vacío de la Religión de Israel. Una Religión que se ha quedado en el rito de prácticas sin sentido.
El asunto, pues, que nos propone el Evangelista es contemplar a su Jesús de Nazaret, el judío galileo y laico, comprometido con la tarea de quitar las máscaras y engaños con las que la autoridad de una Religión pretende servirse interesadamente de los practicantes de la misma. Esta realidad de una Religión de ‘postureo’, diríamos hoy, siempre estuvo y estará presente en las pretensiones y proyectos de todo movimiento religioso. Nuestro narrador Mateo reconoce, por boca de su Jesús, que las denuncias del vacío y sin sentido de toda práctica externa de una Religión, en este caso la Religión judía de Moisés y del Templo, vienen de muy lejos. Vienen desde el tiempo de las personas con el sentido común despierto que fueron los profetas. Estos profetas siguen escandalizando a los fariseos (15,12).
La cita de la denuncia que Mateo nos selecciona pertenece al gran Isaías, el primero, el del siglo octavo antes de aquel tiempo del siglo primero (Is 29,13 que se lee en Mt 15,8-9). Y al releerlo ahora y constatar la vigencia de su mensaje, uno se pregunta ¿por qué nos falta a los seres humanos tanta sensibilidad, ternura, acogida, humanización y libertad?
Creo no estar demasiado despistado si afirmo que las palabras que este Jesús de Nazaret le dice a la gente son el centro de su mensaje evangelizador. Estas palabras son, en síntesis, la semilla de su buena noticia: “Escuchad y entended: No mancha a la persona lo que entra por su boca. Lo que sale de su boca es lo puede manchar a la persona” (Mt 15,11). En imperativo.
Y cómo no me voy a recordar ahora, lector despierto, de aquella otra semilla sembrada por el Evangelista en el corazón del primer discurso de su Evangelizador Jesús: “Cuanto deseas que te hagan los demás, házselo a ellos. Esta es toda la Ley y todos los Profetas” (Mt 7,12). Estos deseos nacen desde dentro, nadie los impone desde fuera a no ser que sea una falsa Religión.
Reconozco sentir un cierto alivio consolador al constatar cuánta ignorancia o incapacidad habita en Pedro, y en los demás, para comprender esta buena noticia de la evangelización de Jesús. “Explícanos la parábola”, pide Pedro, en plural, a Jesús (Mt 15,15). Obedecer normas externas es la fuerza esclavizadora de toda Religión. En cambio, decidir desde dentro de uno mismo libera, compromete y humaniza. La Religión es cumplimiento. Sólo quien decide cree.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 02.06.2019. Y también en Madrid, 31.05.2026.
Santos del día 31 de mayo: Domingo de la Santísima Trinidad, solemnidad
Santos del día 31 de mayo












Mes de mayo Día 31: Temer ¿a qué? (Oración y reflexión)
DOS IDEAS PREVIAS
Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".
1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.
2 LO QUE NO ESTÁ ESCRITO ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.
ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA
Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:
"NO TIENEN VINO": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
"HACED LO QUE ÉL OS DIGA": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.
"HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.
Día 31: Temer ¿a qué?
Te copio una copla popular que hace siglos rezaban los cristianos con frecuencia, para que ahora se la digas a Ella:
"No, no temo nada; no temo a mis pecados, porque puedes remediar el mal que me han causado; no temo a los demonios, porque eres más poderosa que todo el infierno; no temo a tu Hijo, justamente indignado por mí, porque se aplacará con una sola palabra tuya. Sólo temo que por mi culpa deje de encomendarme a Ti y así me pierda".
¡Qué seguridad! ¡Y qué lógico! Si yo no le dejo, Ella no me dejará. Lo único que puede darnos miedo es dejar de rezar y alejarse de María.
Madre mía, hoy acaba el mes dedicado a Ti. Tenme siempre cogido de tu mano. Cuídame cada día hasta el día de mi muerte. Y así vaya al cielo, donde ya poder estar contigo por los siglos. Amén.
Ahora puedes seguir hablando a María con tus palabras, comentándole algo de lo que has leído.
Después termina con la oración final.
ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA
¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén
Texto escrito por José Pedro Manglano Castellary (Sacerdote)
31 de mayo: La visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel
31 de mayo: La visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel
Lucas 1:39-46: En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor...
La celebración de la fiesta es iniciativa de San Buenaventura, franciscano, en el 1263. El Papa Urbano VI (reinó del 1378-89), la extendió a toda la Iglesia, pidiendo el fin del cisma que sufría la Iglesia.
En el misterio de la Visitación, el preludio de la misión del Salvador
Catequesis mariana Santo Padre Juan Pablo II 2 de octubre de 1996
En el relato de la Visitación, san Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a María, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo.
El evangelista, describiendo la salida de María hacia Judea, use el verbo anístemi, que significa levantarse, ponerse en movimiento. Considerando que este verbo se use en los evangelios pare indicar la resurrección de Jesús (cf. Mc 8, 31; 9, 9. 31; Lc 24, 7.46) o acciones materiales que comportan un impulso espiritual (cf. Lc 5, 27¬28; 15, 18. 20), podemos suponer que Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador.
El texto evangélico refiere, además, que María realice el viaje "con prontitud" (Lc 1, 39). También la expresión "a la región montañosa" (Lc 1, 39), en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: 'Ya reina tu Dios'!" (Is 52, 7).
Así como manifiesta san Pablo, que reconoce el cumplimiento de este texto profético en la predicación del Evangelio (cf. Rom 10, 15), así también san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros del Hijo divino.
La dirección del viaje de la Virgen santísima es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús (cf. Lc 9, 51).
En efecto, con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo, se transforma en el modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos.
El encuentro con Isabel presenta rasgos de un gozoso acontecimiento salvífico, que supera el sentimiento espontáneo de la simpatía familiar. Mientras la turbación por la incredulidad parece reflejarse en el mutismo de Zacarías, María irrumpe con la alegría de su fe pronta y disponible: "Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel" (Lc 1, 40).
San Lucas refiere que "cuando oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno" (Lc 1, 41). El saludo de María suscita en el hijo de Isabel un salto de gozo: la entrada de Jesús en la casa de Isabel, gracias a su Madre, transmite al profeta que nacerá la alegría que el Antiguo Testamento anuncia como signo de la presencia del Mesías.
Ante el saludo de María, también Isabel sintió la alegría mesiánica y "quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: 'Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno'" (Lc 1, 41¬42).
En virtud de una iluminación superior, comprende la grandeza de María que, más que Yael y Judit, quienes la prefiguraron en el Antiguo Testamento, es bendita entre las mujeres por el fruto de su seno, Jesús, el Mesías.
La exclamación de Isabel "con gran voz" manifiesta un verdadero entusiasmo religioso, que la plegaria del Avemaría sigue haciendo resonar en los labios de los creyentes, como cántico de alabanza de la Iglesia por las maravillas que hizo el Poderoso en la Madre de su Hijo.
Isabel, proclamándola "bendita entre las mujeres" indica la razón de la bienaventuranza de María en su fe: "¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!" (Lc 1, 45). La grandeza y la alegría de María tienen origen en el hecho de que ella es la que cree.
Ante la excelencia de María, Isabel comprende también qué honor constituye pare ella su visita: "De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1, 43). Con la expresión "mi Señor", Isabel reconoce la dignidad real, más aun, mesiánica, del Hijo de María. En efecto, en el Antiguo Testamento esta expresión se usaba pare dirigirse al rey (cf. IR 1, 13, 20, 21, etc.) y hablar del rey-mesías (Sal 110, 1). El ángel había dicho de Jesús: "EI Señor Dios le dará el trono de David, su padre" (Lc 1, 32). Isabel, "llena de Espíritu Santo", tiene la misma intuición. Más tarde, la glorificación pascual de Cristo revelará en qué sentido hay que entender este título, es decir, en un sentido trascendente (cf. Jn 20, 28; Hch 2, 34-36).
Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente.
En la Visitación, la Virgen lleva a la madre del Bautista el Cristo, que derrama el Espíritu Santo. Las mismas palabras de Isabel expresan bien este papel de mediadora: "Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo saltó de gozo el niño en mi seno" (Lc 1, 44). La intervención de María produce, junto con el don del Espíritu Santo, como un preludio de Pentecostés, confirmando una cooperación que, habiendo empezado con la Encarnación, esta destinada a manifestarse en toda la obra de la salvación divina.
La visitación de Santa María Virgen
De la exposición de San Ambrosio, Obispo, sobre el Evangelio de San Lucas (Libro 2, 19. 22-23. 26-27; CCL 14, 39-42)
El Ángel que anunciaba los misterios, para llevar a la fe mediante algún ejemplo, anunció a la Virgen María la maternidad de una mujer estéril y ya entrada en años, manifestando así que Dios puede hacer todo cuanto le place.
Desde que lo supo, María, no por falta de fe en la profecía, no por incertidumbre respecto al anuncio, no por duda acerca del ejemplo indicado por el Ángel, sino con el regocijo de su deseo, como quien cumple un piadoso deber, presurosa por el gozo, se dirigió a las montañas.
Llena de Dios de ahora en adelante, ¿Cómo no iba a elevarse apresuradamente hacia las alturas? La lentitud en el esfuerzo es extraña a la gracia del Espíritu. Bien pronto se manifiestan los beneficios de la llegada de María y de la presencia del Señor; pues en el momento mismo en que Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre, y ella se llenó del Espíritu Santo.
Considera la precisión y exactitud de cada una de las palabras: Isabel fue la primera en oir la voz, pero Juan fue el primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos, viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos.
El niño saltó de gozo y la madre fue llena del Espíritu Santo, pero no fue enriquecida la madre antes que el hijo, sino que, después que fue repleto el hijo, quedó también colmada la madre. Juan salta de gozo y María se alegra en su espíritu. En el momento que Juan salta de gozo, Isabel se llena del Espíritu, pero, si observas bien, de María no se dice que fuera llena del Espíritu , sino que se afirma únicamente que se alegró en su espíritu (pues en ella actuaba ya el Espíritu de una manera incomprensible); en efecto, Isabel fue llena del Espíritu después de concebir; María, en cambio, lo fue ya antes de concebir, porque de ella se dice: ¡Dichosa tú que has creído! Pero dichosos también vosotros, porque habéis oído y creído; pues toda alma creyente concibe y engendra la Palabra de Dios y reconoce sus obras.
Que en todos resida el alma de María para glorificar al Señor; que en todos esté el espíritu de María para alegrarse en Dios. Porque si corporalmente no hay más que una madre de Cristo, en cambio, por la fe, Cristo es el fruto de todos; pues toda alma recibe la Palabra de Dios, a condición de que, sin mancha y preservada de los vicios, guarde la castidad con una pureza intachable.
Toda alma, pues, que llega a tal estado proclama la grandeza del Señor, igual que el alma de María la ha proclamado, y su espíritu se ha alegrado en Dios Salvador.
El Señor, en efecto, es engrandecido, según puede leerse en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor. No porque con la palabra humana pueda añadirse algo a Dios, sino porque Él queda engrandecido en nosotros. Pues Cristo es la imagen de Dios y, por esto, el alma que obra justa y religiosamente engrandece esa imagen de Dios, a cuya semejanza ha sido creada, y, al engrandecerla, también la misma alma queda engrandecida por una mayor participación de la grandeza divina.
Santos del día 30 de mayo
Santos del día 30 de mayo















