Lección 4: La Fe como aventura (La vida como aventura y celebración) (4 de 4)
03 Hacerse niño
La Fe como aventura y celebración de lo que somos y de lo que esperamos. Toda otra "fe" es y engendra incredulidad. El nuevo milenio como la edificación de "otra" cabaña.
01 Una religión sorprendente
02 Dios en pañales
03 Hacerse niño
04 para liberarse de estructuras
05 y encontrar la niñez
06 Dios viene por la mujer
07 Madre de la infancia de la humanidad
08 Autora del Magníficat
09 y del futuro de la humanidad
.¿Por dónde viene el Señor? Por todo el desierto, por todas las montañas, suenan sus pasos.
Dios es niño y es la palabra de Dios. La teología es un camino para llegar a Dios. Lo que Dios tiene que decirnos, es un Niño. Con su nacimiento llenó de alegría la casa de la humanidad.
Jesús nos dice más, con lo que es, que con lo que dice.
Lección 4: La Fe como aventura (La vida como aventura y celebración) (4 de 4)
02 Dios en pañales
La Fe como aventura y celebración de lo que somos y de lo que esperamos. Toda otra "fe" es y engendra incredulidad. El nuevo milenio como la edificación de "otra" cabaña.
01 Una religión sorprendente
02 Dios en pañales
03 Hacerse niño
04 para liberarse de estructuras
05 y encontrar la niñez
06 Dios viene por la mujer
07 Madre de la infancia de la humanidad
08 Autora del Magníficat
09 y del futuro de la humanidad
A Dios, se le vive, no se le reviste. A Dios, se le intenta envolver para que no moleste.
Si Dios fuera lo que presentamos de Él, es para escaparse.
Lección 4: La Fe como aventura (La vida como aventura y celebración) (4 de 4)
01 Una religión sorprendente
La Fe como aventura y celebración de lo que somos y de lo que esperamos. Toda otra "fe" es y engendra incredulidad. El nuevo milenio como la edificación de "otra" cabaña.
01 Una religión sorprendente
02 Dios en pañales
03 Hacerse niño
04 para liberarse de estructuras
05 y encontrar la niñez
06 Dios viene por la mujer
07 Madre de la infancia de la humanidad
08 Autora del Magníficat
09 y del futuro de la humanidad
Ser cristiano es un estilo de vida. Navidad es una celebración porque nos ha nacido un Niño, sin hacerse, todo futuro.
Cuando Dios viene de las manos de los hombres viene manoseado y cuando viene a través de la mujer o de lo femenino, viene intacto, limpio como el primer rayo del sol.
Sobrevivió dos horas bajo los escombros de una iglesia en Panamá: «Dios me dio serenidad total»
El testimonio de Amador García se suma -mientras la Iglesia recorre sitios afectados por el terremoto del 9 de octubre- al de quienes atribuyen a Dios la supervivencia de sus seres queridos.
El sismo que sacudió Panamá el 9 de octubre también dejó testimonios de fe y una Iglesia cercana con las comunidades afectadasArchidiócesis de Panamá
Dos horas bajo los escombros de una iglesia. Ese fue el tiempo que Amador García permaneció atrapado después de que el terremoto que sacudió Panamá el 9 de octubre provocara el derrumbe de la torre del templo de San Isidro de Soná, en la provincia de Veraguas. Sobrevivió. Y, según el relato publicado por el medio local Telemetro, lo hizo aferrado a su fe y aceptando la voluntad de Dios.
García llevaba más de 20 años al servicio de esa parroquia. El lugar que había formado parte de su vida durante décadas se convirtió, en cuestión de segundos, en una estructura derrumbada que amenazaba su propia supervivencia.
«Para mí (es un milagro), porque muchas personas me han dicho que cualquier otro no hubiese salido casi que ileso de ese lugar. Yo hacía mi labor tratando de dar lo mejor de mí. No simplemente porque era la iglesia, sino porque mi papá me enseñó eso, señaló.
Amador García, el hombre que sobrevivió dos horas bajos los escombros de una iglesia en Panamá.Captura Telemetro
«En otro momento quizás hubiera intentado removerme o hacer algo, pero no. En ese momento Dios me dio esa serenidad total. Me entregué a su voluntad. Respiraba solamente con la boca. En un momento cuando me estaban sacando sentí un poco de temor porque sentí que la respiración se me hacía más corta y tenía que respirar más seguido. No es fácil estar dos horas debajo de escombros respirando así», indicó.
Pero el desenlace no fue menos conmovedor que las palabras del propio Amador, pues fue su propio hermano quien -tras cruzar una línea de seguridad- pudo ayudar a rescatarlo con vida.
«Estaba como debajo de tres metros de escombro. Fue algo desesperante (…) estaba como sepultado vivo», señaló el hermano, quien recibió ayuda para remover los escombros, escarbar y poder ver con vida a su hermano.
Su historia, difundida por el medio panameño el 26 de octubre, se suma a la de otras personas que encontraron en la fe una manera de expresar lo vivido durante el sismo y de afrontar sus consecuencias.
El terremoto no solo dañó viviendas, carreteras y edificios públicos. También golpeó templos que constituían lugares de encuentro y referencia para las comunidades. En medio de esa destrucción, los testimonios de los supervivientes muestran distintas maneras de nombrar lo ocurrido: algunos hablan de milagro. Otros, de gratitud. Y también están los que encuentran en Dios una forma de afrontar la incertidumbre y empezar de nuevo.
En Soná, una madre vivió momentos de angustia cuando su vivienda se desplomó y uno de sus hijos quedó atrapado entre los escombros. Al principio, el niño no respondía a los llamados de la familia. Cuando comenzaban a perder la esperanza de encontrarlo, escucharon su voz.
La palabra «mamá» permitió localizarlo. El menor fue rescatado sin lesiones aparentes.
«Eso es un milagro de Dios, porque el niño no nos contestaba», contó la mujer a Telemetroel mismo día del terremoto. Su relato pone el foco en esos instantes en los que una familia pasa de temer lo peor a recuperar la esperanza, sin saber todavía cómo podrá reconstruir su vida después de la tragedia.
Otro testimonio llegó desde El Paraíso Tres, también en el distrito de Soná. Allí, dos niños, de tres y siete años, y una tía quedaron atrapados debajo de una cama cuando se derrumbó la vivienda familiar. Los tres fueron encontrados con vida.
Raymundo González atribuyó la supervivencia de sus familiares a Jesús Nazareno.
«Somos fieles creyentes de la imagen de Jesús Nazareno y creo que eso salvó a mi familia de morir aplastada entre los escombros», expresó Raymundo.
Su abuelo, José Nicolás González, también expresó su agradecimiento a Dios. La alegría de haberlos encontrado vivos convivía, sin embargo, con una pérdida concreta: la familia, integrada por doce personas, se había quedado sin hogar.
Las historias de ambas familias fueron recogidas por medios panameños como Telemetro, Día a Día y Crítica. No son relatos de personas que hayan salido indemnes de todas las consecuencias del terremoto, sino de familias que, después del miedo y la destrucción, encontraron motivos para agradecer mientras afrontaban una nueva realidad.
La fe también aparece en el testimonio de Faustino Sánchez, vecino de Los Lajones, en el distrito de Cañazas, provincia de Veraguas. El terremoto destruyó su casa de quincha y lo dejó ante la necesidad de reconstruir su vida material.
Durante el sismo, Sánchez intentó proteger a una de sus hijas, auxiliar a su padre y alertar a los vecinos para que salieran de sus viviendas. Después, cuando tuvo que enfrentarse a las pérdidas, expresó una convicción que resume su manera de afrontar lo sucedido.
«Yo pienso que Dios sabe por qué hace las cosas», dijo a Telemetro. También recordó que había postergado una diligencia que tenía prevista para ese día, por lo que se encontraba en su comunidad cuando comenzó el movimiento sísmico.
«¿Qué voy a hacer? Tengo que iniciar de cero», planteó al describir la situación en la que había quedado su familia.
Su relato no habla de una recuperación inmediata ni de respuestas fáciles. Habla de la dificultad de aceptar la pérdida y de la necesidad de seguir adelante. La confianza en Dios aparece allí junto a la preocupación por la vivienda, los bienes perdidos y el futuro.
Una Iglesia que sale al encuentro de los damnificados
Mientras los supervivientes intentan recuperar la normalidad, en los últimos días la Iglesia panameña ha recorrido las zonas afectadas para conocer los daños, escuchar a las familias y evaluar la situación de sus templos.
El 26 de octubre, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá y presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, encabezó una visita a templos afectados por el terremoto en las provincias de Los Santos, Herrera, Coclé y Veraguas. Ese mismo día, junto con monseñor Rafael Valdivieso Miranda, obispo de Chitré, visitó comunidades de Los Santos y Herrera para acercarse a las familias que habían perdido sus viviendas.
Según informó Vatican News, los prelados escucharon los testimonios de los damnificados y les transmitieron un mensaje de consuelo, fe y esperanza. También compartieron la cercanía del papa León XIV con el pueblo panameño.
El recorrido continuó el 27 de octubre en Coclé. Ulloa visitó la catedral San Juan Bautista de Penonomé y la parroquia San Juan Bautista de Antón, donde se registraron daños estructurales. Allí destacó la importancia de recuperar los edificios religiosos, especialmente aquellos que forman parte del patrimonio histórico del país.
La tarea no se limita a reparar paredes. Los templos afectados son lugares donde generaciones de panameños recibieron los sacramentos, celebraron sus acontecimientos familiares y despidieron a sus seres queridos. La reconstrucción, por tanto, tiene también una dimensión comunitaria y espiritual.
«No son paredes, es comunidad viva»
La magnitud de los daños quedó reflejada en un reportaje de la agencia EFEpublicado el 16 de octubre. La Archidiócesis de Panamá había contabilizado trece templos dañados, mientras las autoridades evaluaban las consecuencias para edificios de valor patrimonial.
En La Colorada, la capilla de San Sebastián sufrió graves destrozos. Fulvia Pérez, presidenta del comité católico de la localidad, contempló los daños en el templo y en la imagen de su santo patrono. La destrucción afectaba un lugar que formaba parte de la identidad de la comunidad.
En Llano de Piedra, la capilla Santa Rosa de Lima también quedó seriamente dañada. El sacerdote Álvaro Sáez explicó a EFE que los vecinos sentían temor, pero conservaban la esperanza. Ante la imposibilidad de utilizar algunos templos, los sacerdotes comenzaron a celebrar la fe en espacios improvisados: casas, portales, campos y lugares públicos.
«No son paredes, es comunidad viva», resumió Sáez al describir esa experiencia de una Iglesia que continúa reuniéndose aunque sus edificios hayan quedado dañados.
La imagen de sacerdotes que llevan los elementos litúrgicos de un lugar a otro expresa una dimensión central de la respuesta eclesial: el acompañamiento no queda suspendido hasta que se reconstruyan las estructuras.
Reconstruir después del terremoto
El sismo del 9 de octubre dejó a numerosas familias sin viviendas y afectó edificios religiosos de importancia histórica y comunitaria. En los días posteriores, los testimonios de los supervivientes revelaron tanto la dimensión material de la tragedia como las distintas maneras de afrontarla.
Amador García sobrevivió dos horas atrapado bajo los escombros de un templo al que había dedicado más de veinte años de servicio. Una madre encontró a su hijo gracias a la voz que llegaba desde una casa derrumbada. La familia de Raymundo González recuperó con vida a tres de sus integrantes y atribuyó su salvación a Jesús Nazareno. Faustino Sánchez, después de perder su vivienda, expresó su confianza en que Dios sabe por qué suceden las cosas.
Son experiencias diferentes, pero comparten una pregunta: cómo continuar cuando aquello que parecía seguro desaparece en segundos.
La respuesta no se agota en las palabras de consuelo. También se juega en la posibilidad de recuperar una casa, volver a celebrar la Eucaristía en un templo seguro y acompañar a quienes todavía deben comenzar de cero.
En Panamá, mientras avanzan las evaluaciones tras algunas semanas del sismo y se preparan las tareas de reconstrucción, la Iglesia intenta mantener abiertos esos espacios de encuentro, incluso cuando ya no quedan paredes que los sostengan. Porque, como recordó el sacerdote Álvaro Sáez, la comunidad puede seguir viva a pesar de que su templo haya quedado en ruinas.
Triunfó en los estudios por su esfuerzo. Sobrino de Papa, a los 23 años ya era Cardenal. Pero sus cimientos eran la virtud.
Redacción (04/11/2026, Gaudium Press) San Carlos Borromeo nace en Arona, Italia, en 1538, de noble cuna. Su padre era el conde Gilberto Borromeo. Su madre Margarita era de la familia de los Médicis. Era el segundo hijo varón, de seis hermanos.
Desde joven se nota su afición por los estudios, y que le gustaba, a diferencia de la casi totalidad del genero humano, aplicarse a sus deberes. Pero en estos campos de la ciencia y del saber alcanzó él éxito no por un talento originario rutilante, sino por su aplicación, esfuerzo y seriedad en ellos. Tenía cierta dificultad de palabra y sus maestros lo llegaron a considerar un poco lento, pero su tesón venció los obstáculos.
A los 21 años se doctora en derecho en la Universidad de Milán.
Un pariente suyo, un tío materno, es hecho Papa con el nombre de Pío IV y este lo escoge como Secretario de Estado. Fue hecho Cardenal muy joven, con apenas 23 años. Presidió sínodos y concilios.
Legado Papal, protector de países, de órdenes religiosas
Teniendo sólo 23 años ya era legado de Bolonia, de la Romaña y de la Marca de Ancona, así como protector de Portugal, de los países bajos, de los cantones católicos de Suiza y además, de las órdenes de San Francisco, del Carmelo, de los Caballeros de Malta y otras más. Su capacidad de trabajo era impresionante. En 1560 el Papa lo había hecho administrador de la sede vacante de Milán. Es maravilloso ver a un hombre tan joven, con una naturaleza que no era la de un genio, y aún solo un clérigo de órdenes menores, desarrollar las labores de muchos, de gigantes. Se percibe ahí la acción de la gracia divina, a la cual se sumaba, es cierto, la dote de una noble cuna.
Se destaca su labor en la instrucción cristiana, fundó 740 escuelas para catecismo. También fundó 6 seminarios que fueron modelos de instrucción de sacerdotes para el mundo entero.
También, y con la intención de llevar solaz a la corte pontificia, fundó una academia literaria compuesta de clérigos y laicos. Las conferencias y trabajos de esta academia fueron publicados entre las obras de San Carlos con el título Noctes Vaticanae.
Aunque tenía que llevar un tren de vida acorde a los cánones de la época, realizaba muchas penitencias para que la virtud cristiana siempre reinase en su ser.
Fautor del Concilio de Trento
El Concilio de Trento se había suspendido en 1552, y el tío Papa de San Carlos había anunciado que quería reanudarlo. Esto se logró en 1562, después de sortear muchas dificultades, pero sobre todo, porque San Carlos Borromeo empleó en ello todas sus energías. Varias veces la asamblea de obispos estuvo a punto de disolverse, pero la habilidad del santo lo impidió. Al final, después de 9 reuniones generales y muchas particulares, se aprobaron decretos disciplinarios y dogmáticos importantísimos, que marcaron por siempre la vida de la Iglesia universal: se puede decir que en buena medida toda esa labor tiene como padre a San Carlos Borromeo.
Muerto Paulo IV, y aunque San Pío V lo quisiese retener en Roma, logra partir a Milán, sede de la que era administrador, pero que no estaba en las mejores condiciones. Logra convocar un concilio regional, y que se vayan aplicando las disposiciones del Concilio Trento. Brilló ahí en caridad hacia los pobres, en penitencia, en ciencia, en virtud.
Destacan su respeto por la liturgia, pues nunca hacía una oración ni administraba un sacramento de forma apresurada, ni aunque tuviera mil ocupaciones. Se confesaba todos los días antes de celebrar misa. Con paciencia y perseverancia, transformó esa importante sede de Milán, y aunque a veces tuvo que enfrentar abierta oposición, incluso del senado, terminó doblegando las resistencias.
Los miembros de una orden religiosa, los humiliati, aunque aparentaban aceptar la reforma de San Carlos, en el fondo eran hipócritas. Un día tres priores de esa orden se coaligaron en complot para matar al Santo. El encargado del asesinato fue incluso un sacerdote, Jerónimo Donati Farina, quien como Judas, recibió dinero en oro por ese cometido. El 26 de octubre de 1569, se apostó a la puerta de la capilla de la casa del Santo, y cuando tuvo la oportunidad disparó sobre él. El propio Santo se creyó herido de muerte pero la bala apenas había tocado sus ropas.
Su gran logro en Milán fue formar un clero virtuoso y bien preparado.
En la peste que asoló la ciudad de 1576 a 1578, San Carlos se consagró al cuidado de los enfermos.
Muere el 4 de noviembre de 1584, después de fundar en Milán una casa de convalescencia. Su muerte fue causada en gran medida por la generosidad con que él se entregó al apostolado.
can.:pre-congregación país: Israel - †: 307 hagiografía:Abel Della Costa
En Cesarea de Palestina, santo Domnino, mártir, joven médico, que al comienzo de la persecución bajo el emperador Diocleciano fue condenado a las minas de Fanensia, donde, tras padecer crueles vejaciones, por orden del prefecto Urbano le entregaron al fuego, en el año quinto de la persecución, al haberse mantenido firme en la confesión de la fe. († 307)
En la misma ciudad, memoria de los santos Teótimo, Filoteo y Timoteo, mártires, que, siendo aún jóvenes, fueron destinados a los juegos del circo para diversión de la plebe y se les entregó a las bestias lo mismo que a san Ausencio, que era ya anciano. († 307)
En Beziers, de la Galia Narbonense, san Geraldo, obispo, varón de admirable honradez y sencillez, al que, siendo canónigo regular, se le obligó a aceptar el episcopado, en cuya dignidad fue aún más humilde. († 1123)
En Constantinopla, beato Gómidas Keumurgian, presbítero y mártir, que, siendo padre de familia, nacido y ordenado en la Iglesia de Armenia, por mantener firmemente y propagar la fe católica profesada en el Concilio de Calcedonia, padeció enormemente y finalmente murió degollado mientras recitaba el símbolo niceno. († 1707)
Cerca del río Hung Yen, en Tonquín, santo Domingo Mâu, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que, en la persecución bajo el emperador Tu Duc, por exhortar a los cristianos a la profesión de la fe al llevar el rosario, mostrando su fidelidad a Cristo fue conducido al patíbulo para ser decapitado, con las manos juntas, como para subir al altar. († 1858)
En Parma, ciudad de Italia, san Guido María Conforti, obispo y buen pastor, siempre en vela por la defensa de la Iglesia y de la fe de su pueblo; movido por el anhelo de la evangelización de los pueblos, fundó los Misioneros Javerianos. († 1931)
En Madrid, capital de España, beato Juan Antonio Burró Más, religioso de la Orden de San Juan de Dios, mártir por su profesión evangélica durante la persecución contra la Iglesia. († 1936)
En El Saler, cerca de Valencia, también en España, beata María del Carmen Viel Ferrando, virgen y mártir, que en la misma persecución llevó a cabo una lucha gloriosa. († 1936)
En la aldea de Hof, en Alemania, beato Bernardo Lichtenberg, presbítero y mártir, que, al ver pisoteada la dignidad de Dios y de los hombres, no cesaba de orar en público por los judíos inhumanamente torturados y detenidos, y por eso fue también apresado y enviado al campo de concentración de Dachau, donde destrozado por los malos tratos, pero impávido, dio su vida por Cristo. († 1943)
En el campo de concentración de la ciudad de Abez, en la Siberia rusa, beato Gregorio Lakota, obispo de Przemysl y mártir, que al ver despreciada la fe de su patria por los perseguidores, superó los tormentos corporales muriendo intrépidamente por Cristo. († 1950)