martes, 29 de septiembre de 2026

Los “Mandamientos” del conductor de vehículos (Reflexiones para la restauración de la vida cristiana en la sociedad).

 

Los “Mandamientos” del conductor de vehículos

“El vehículo se puede utilizar de modo prudente y ético … o se puede también abusar de él”. Evitar los “comportamientos poco equilibrados, que varían según las personas y las circunstancias: falta de cortesía, gestos ofensivos, imprecaciones, blasfemias, pérdida del sentido de responsabilidad, violaciones deliberadas del Código de circulación”.

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Foto: Unplash / Nursultan Abakirov

Redacción (28/09/2026 09:17, Gaudium Press) 412 motociclistas, 305 peatones, 22 ciclistas que … ¡perdieron la vida en la primera mitad del año en curso! Estamos a tres fallecidos diarios en accidentes viales, según las estadísticas del Observatorio Nacional de Seguridad Vial del Salvador (ONASEVI).

¿Se ha perdido el valor de la vida en medio de la brusquedad diaria en el tránsito vehicular? La imprudencia de unos, la crueldad y arrogancia en el volante de otros, a veces la falta de firmeza en el castigo de las infracciones, causan la muerte de tantas personas inocentes. Si a esto le agregamos que un alto porcentaje de los conductores no poseen licencia de conducir y, los que la tienen, o desconocen las leyes de tránsito, o las irrespetan sin el mínimo escrúpulo de consciencia. Todo dando lugar a un aumento, con respecto al año anterior, de más del 20% de lesionados y fallecidos. El peatón, el motociclista, y ni que hablar del ciclista, son los más expuestos a ser víctimas de esta grave situación en el día a día.

Tuvimos oportunidad de explayar pensamientos hace años en un artículo de opinión titulado singularmente como “Muchas gracias”, comentábamos: “Se está perdiendo el sentido de la cortesía, del agradecimiento en el relacionamiento humano. Es lamentable decirlo, pero cuando uno hace un acto de caballerosidad – digamos de urbanidad – dejando paso a otro en el tránsito, por consideración le concede la prioridad, pocos agradecen con un toque de bocina, un gesto de brazo, un prender de luces. Ante esa actitud, unos quedan sorprendidos, otros pensarán: “de qué sirve haberle dado paso a este individuo si ni tuvo la educación de agradecer”.

Hoy, un poco motivado por un artículo de la agencia católica de noticias Gaudium Press, considero que es bueno volver a luz un documento del Vaticano relacionado con las responsabilidades de todo conductor de vehículos. Se trata de las “Orientaciones para la pastoral de la carretera y de la calle”, del – en su momento – Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes (19-06-2007).

Introduciéndose en el tema del aumento de la circulación vial, con medios de locomoción más rápidos, nacía con la intención de promover una expresión de “espiritualidad”, para que la movilidad sea vivida como verdaderos cristianos. “El vehículo se puede utilizar de modo prudente y ético … o se puede también abusar de él”, nos dice. Si bien que, algunos podrán considerar “que las señales de tráfico son, limitaciones de la libertad”. Así es que se dan, “comportamientos poco equilibrados que varían según las personas y las circunstancias: falta de cortesía, gestos ofensivos, imprecaciones, blasfemias, pérdida del sentido de responsabilidad, violaciones deliberadas del Código de circulación”.

Bien observan las “orientaciones” que “el automovilista, al volante, no está nunca solo, aunque no haya nadie a su lado. Conducir un vehículo es, en el fondo, una manera de relacionarse”. Claro que no faltan los que conducen sin habilidad física o capacidad mental, por abuso de alcohol y de otros estimulantes o drogas, por cansancio o somnolencia.

Se calcula que, en el siglo XX, unos 35 millones de personas han muerto en accidentes de carretera, mientras los heridos serían alrededor de mil millones y medio. Verdadera tragedia que hoy presenciamos en más intensidad.

Señala, como especial conclusión, que es preciso crear una “cultura de la carretera”, fundada en la comprensión de los derechos y deberes de cada uno. La responsabilidad moral del usuario de la carretera deriva de la obligación de respetar el quinto mandamiento: No matar.

Las “orientaciones” tienen felices y sabias recomendaciones. Exigen prudencia, es decir afrontar los imprevistos de forma adecuada; la mayor parte de los accidentes es provocada, precisamente, por distracciones, precipitación, descuido. Exigen justicia, es decir conocimiento completo y exacto de las normas de circulación. Exigen esperanza, comenzar un viaje con la esperanza de llegar a destino, recordando los patronos del camino: el Ángel de la Guarda, San Cristóbal, y hacer la señal de la cruz al comenzar un viaje por más corto que sea. También, durante el viaje, aconseja: “rezar el Rosario que, por su ritmo y su suave repetición, no distrae al conductor”.

Sintetiza al final, el citado documento, consejos – diría “mandamientos” –, que trato de transmitir con una breve explicación:

I. No matarás. Es decir, no exceder el límite de velocidad. Por amor hacia los que viajan – cuya vida no se debe poner en peligro con maniobras equivocadas e imprudentes que pueden causar daño – y a otros conductores y peatones.

II. Que la carretera sea un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal.

III. Cortesía, corrección y prudencia ayudarán a superar los imprevistos. Agradecer a otro conductor con un saludo o una sonrisa por cualquier amabilidad.

IV. Considerar al peatón –son los más vulnerables en medio del tráfico–, esperando a que cruce la calle con seguridad.

V. En los semáforos, dar limosna cuando sea necesario y razonable, dignificando a las personas pobres que se acercan. En ningún caso dar la espalda con desprecio.

VI. Que el automóvil no sea una expresión de poder y dominio y, menos aún, una ocasión de pecado. No aceptar las provocaciones, como adelantar bruscamente o hacer señales irrespetuosas.

VII. Convencer con caridad a los jóvenes, y a los que ya no lo son, a que no se pongan al volante cuando no están en condiciones de hacerlo.

VIII. Sé caritativo y ayuda al prójimo en la necesidad, especialmente si es víctima de un accidente.

IX. Siéntete tú mismo responsable de los demás.

X. Tanto la Iglesia como el Estado, cada uno en el marco de sus propias competencias, deben actuar más allá de la denuncia, para crear una conciencia general y pública con relación a la seguridad vial, y promover, por todos los medios, una correspondiente y adecuada educación de los conductores, así como de los viajeros y los peatones.

Hacer triunfar la gentileza, signo de verdadera caridad cristiana, es lo que deseamos que Dios nos conceda, pero que, exige de nuestra parte, una respuesta a estos “mandamientos”.

(Publicado originalmente en La Prensa Gráfica de El Salvador, 27 de septiembre de 2026.)

Por el P. Fernando Gioia, EP

www.reflexionando.org

Amor y espinas (Reflexión de valores)

 

Amor y espinas

Rosas con espinasUn día, una madre pasaba con su pequeña hija frente a un jardín público en donde abundaban los rosales. Había rosas de todos colores, todas muy hermosas. La niña se detuvo a observar una rosa.

- Mira mamá, está llorando.

- Las rosas no lloran, Laurita.

- Sí, esta está llorando mamá, ¡mira, tiene gotitas!

- No mi amor, son gotitas de rocío.

- Son lágrimas mamá y yo sé por qué lloran.

- ¿Por qué?- preguntó la madre.

-Porque tiene clavadas todas esas espinas, mamá. Le han de doler mucho, por eso llora la rosa, ¡pobrecita!

La madre sonrió con ternura ante el inocente comentario. La niña agregó:

- ¿Podemos llevarla a casa para quitarle todas esas espinas?

- No podemos, mi amor, aquí está prohibido cortar las flores.

- ¡Pero cómo la vamos a dejar así sufriendo!

-No sufre Laurita. Todas las rosas tienen espinas y no les duele.

- ¿Pero tú cómo sabes que no les duele?

La madre no supo qué responder.

Cerca de allí estaba un viejo jardinero, que había escuchado la conversación y se acercó a ellas y dijo.

-Querida niña, ¿quieres saber por qué las rosas, siendo tan bellas, tienen estas espinas tan afiladas?

- Sí señor, quiero saberlo - respondió la pequeña.

- Te lo diré. Las rosas tienen espinas, para que al tocarlas nos pinchemos los dedos...

-¿Pero eso por qué? - replicó la niña.

- Para que nunca olvidemos lo que duele un pequeño pinchazo... ¡Duele bastante! Hubo un hombre, que soportó una corona de espinas en su cabeza, además de clavos en sus manos y sus pies. Ese hombre, llamado Jesús, sufrió todo eso por amor a tí y a mí. Él pagó así por nuestros pecados, para que podamos ir al Cielo cuando dejemos esta vida.

Por eso, cada vez que veas una rosa tan hermosa... que su belleza te recuerde el sublime acto de amor de Jesús, y sus espinas, todo el dolor que sufrió por ti.

"Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna." Juan 3:16


Santos del día 30 de septiembre

                               Santos del día 30 de septiembre


 San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia (4 coms.) - Memoria litúrgica  
patronazgo: patrono de Dalmacia y Lyon, de los estudiantes, profesores, académicos, teólogos, traductores, facultades de teología, sociedades científicas, sociedades bíblicas y ascetas; protector contra enfermedades de los ojos.
can.: pre-congregación
país: Israel - n.: c. 342 - †: 420
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
 
Memoria de san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, el cual, nacido en Dalmacia, estudió en Roma, ciudad en la que cultivó con esmero todos los saberes y recibió el bautismo cristiano. Después, seducido por el valor de la vida contemplativa, se entregó a la existencia ascética al ir a Oriente, donde se ordenó de presbítero. Vuelto a Roma, fue secretario del papa Dámaso, hasta que, tras fijar su residencia en Belén de Judea, vivió una vida monástica dedicado a traducir y explicar las Sagradas Escrituras, revelándose como insigne doctor. De modo admirable fue partícipe en muchas necesidades de la Iglesia y, finalmente, llegado a una edad provecta, descansó en la paz del Señor. († 420)

En Piacenza, en la Emilia, san Antonino, mártir. († s. inc.)
En Solothurn, en el territorio de Helvecia, santos Urso y Víctor, mártires, que, según la tradición, pertenecieron a la legión Tebea. († c. 320)
En Armenia, san Gregorio, llamado el «Iluminador», obispo, que después de sobrellevar muchos trabajos se retiró a una cueva cercana a la confluencia de unos ramales del Éufrates, y allí descansó en paz, luego de ganar fama como apóstol de los armenios. († c. 326)
En Marsella, de la Provenza, en la Galia, santa Eusebia, virgen, fiel servidora de Dios desde la juventud hasta la ancianidad. († c. 497)
En Canterbury, en el condado de Kent, en Inglaterra, san Honorio, obispo, antes monje romano, enviado por el papa san Gregorio Magno como compañero de san Agustín para evangelizar Inglaterra, al que finalmente sucedió en la sede episcopal († 653)
En Roma, san Simón, monje, antes conde de Crèpy, en Francia, que, renunciando a la patria, al matrimonio y a todo, eligió la vida monástica y después la eremítica en las montañas del Jura, y, reclamado muchas veces como legado de paz para conciliación entre príncipes, murió finalmente en Roma y fue sepultado en la basílica de San Pedro. († 1082)
Cerca de Nusco, lugar de Campania, san Amado, obispo. († 1093)
En Die, en la Galia Lugdunense, san Ismidón, obispo, que, enamorado de los Santos Lugares, por dos veces peregrinó piadosamente a Palestina. († 1115)
En Pesaro, en la región del Piceno, beata Felicia Meda, abadesa Clarisa. († 1444)
En Roma, san Francisco de Borja, presbítero, quien, muerta su mujer, con la que había tenido ocho hijos, ingresó en la Orden de la Compañía de Jesús y, pese a haber abdicado de las dignidades del mundo y rehusado las de la Iglesia, resultó elegido prepósito general, y fue memorable por su austeridad de vida y oración. Su memoria se celebra, en España, el 3 de octubre. († 1572)
En el litoral de Francia, frente a Rochefort, beato Juan Nicolás Cordier, presbítero y mártir, que, suprimida la Orden de la Compañía de Jesús, siguió ejerciendo el ministerio sacerdotal en la región de Verdún, hasta que, en la recrudecida Revolución Francesa, por su condición de sacerdote fue encarcelado en una nave anclada en el mar, donde murió de enfermedad e inanición. († 1794)
En la localidad de Lanzo, cercana a Turín, en Italia, beato Federico Albert, presbítero, que, siendo párroco, fundó la Congregación de Hermanas de San Vicente de Paúl de la Inmaculada Concepción, destinada a la redención de las gentes caídas en la miseria. († 1876)
En el cementerio de Monte Lope-Álvarez, Martos, Jaén, beato Juan Antonio Ramírez Navarro, sacerdote diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Santa Ana, Alcalá la Real, Jaén, beato Joaquín Muñoz-Maestre Aranda, sacerdote diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Cerrillo Colomo, Frailes, Jaén, beatos José Sánchez Alabarces y Manuel Heredia Gascón, sacerdotes diocesanos, y beato Justo Gómez Mudarra, laico casado, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Lisieux, también en Francia, muerte de santa Teresa del Niño Jesús, cuya memoria se celebra el día siguiente. († 1897)

30 de septiembre: Nuestra Señora de Beaumont

 

30 de septiembre: Nuestra Señora de Beaumont

El pequeño santuario de Nuestra Señora de Beaumont, o Notre-Dame-de-Bermont, se encuentra en Lorraine, Francia, entre las localidades de Domrémy y Vancouleurs. Se trata de una pequeña iglesia que data probablemente del siglo XI, aunque la fecha de su fundación se pierde en ahora las brumas del tiempo. Se cree que pudo haber sido construido para un monasterio de monjes benedictinos y que se vendió a un hombre llamado Geoffrey de Bourlemont.

Se sabe que Juana de Arco le gustaba ir a la Virgen de Bermont en peregrinación los sábados, cuando ella era una niña, y también a menudo durante la semana, para ofrecer velas y flores a la Virgen. A pesar de ser una pequeña capilla, tiene una gran importancia, ya que fue aquí donde María ordenó a Juana a tomar las armas para librar a su país de Francia de manos del los ingleses.

El nombre completo de la ciudad de Domremy es realmente Domrémy-la-Pucelle, en memoria de Juana de Arco, y la iglesia está a unos tres kilómetros de la ciudad natal de Juana.

En la actualidad, la imagen se conserva en la cripta de la Basílica-du-Bois-Chenu. Se cree que es la estatua venerada por Juana de Arco.

La capilla fue restaurada poco antes del cambio de siglo, y varias capas de pintura vieja se retiraron de las paredes de la capilla. De este modo se descubrió un dibujo de una niña campesina en la oración, vestida con ropa de hombre. La imagen tiene los ojos azules y el pelo rubio y, puesto que el dibujo fue hecho durante el tiempo de la vida de Juana, el obispo local dijo que pensaba que la imagen debe, sin duda, ser de Juana de Arco.

traducido por mallinista
((fuente: www.roman-catholic-saints.com)

lunes, 28 de septiembre de 2026

La humildad nunca hace publicidad

 

La humildad nunca hace publicidad

San Agustín, Sermón 69, 2

San Agustín, Sermón 69, 2

San Agustín, Sermón 69, 2- NMN

28.09.2026 | 17:41

Actualizado:

¿Quieres ser grande? Comienza por lo ínfimo. ¿Pretendes construir un edificio grande y elevado? Piensa primero en el cimiento de la humildad. San Agustín (Sermón 69, 2, 2)

San Agustín aborda una de las paradojas centrales del Evangelio: la verdadera grandeza no se alcanza mediante la autoafirmación ni el dominio sobre los demás, sino a través del empequeñecimiento. Para explicar esta dinámica espiritual, el obispo de Hipona recurre a una analogía arquitectónica profundamente intuitiva. Cualquier edificación que pretenda elevarse hacia las alturas requiere, de manera directamente proporcional, una excavación profunda en la tierra. Los cimientos no se ven; permanecen ocultos, sepultados en lo más bajo. Sin embargo, su solidez se basa en la estabilidad de la estructura en su conjunto. 

En la vida del espíritu ocurre exactamente lo mismo: cuanto más alta es la vocación a la santidad o al amor a la que una persona es llamada, más hondo debe calar el cimiento de la humildad. Pretender edificar una vida grande sobre la soberbia o la vanagloria equivale a levantar un rascacielos sobre la arena.

San Agustín contrapone el deseo natural del ser humano por lo «elevado» al camino trazado por Cristo, quien no dudó en abajarse hasta lo más «ínfimo». La humildad agustiniana no es resignación ni apocamiento destructivo, sino la aceptación lúcida de la propia criaturidad ante el Creador. Es la reducción de la soberbia lo que permite a la Gracia actuar sin los obstáculos del orgullo. En una cultura que impele constantemente a la figuración externa y a la escala acelerada, esta enseñanza conserva una vigencia incisiva. La verdadera elevación del alma no se mide por el aplauso exterior, sino por la profundidad silenciosa del asentamiento interior. Comenzar por lo más pequeño es la única garantía de que la construcción de la vida no colapsará ante las tempestades.

Oración del burrito (Reflexión de valores)

 

Oración del burrito

Reflexión que nos muestra que debemos pedirle al Señor la fuerza suficiente para ser como Él qiere que seamos.

Oración del burrito

Señor: Ah…, ah…, ahaaa… Perdona, Señor, se me escapó un rebuzno. Soy un pobre borrico. Me conoces desde aquella Nochebuena en que lloriqueaste entre mis pajas. Y porque me conoces tan de largo, comprendes también mi tozudez, hecha a fuerza de palos y de ayunos.

Sabes de mi coraje para aguantar impávido bajo la carga, y ser sólo lo que quisiste que fuera: un borrico. Perdona si acaso te dejo en mal lugar con mi torpeza, mi tozudez y mi desconfianza. Y comprende, también, que cuando me apalean sin motivo me dan ganas de cocear a quien sea y revolcarme. ¡Ojalá que lo mío hubiese sido acariciar a los niños con mi morro de terciopelo a lo “Platero”!

No te pido que me hagas distinto, Señor. Te pido fuerza para seguir siendo como me soñaste. Que los hombres comprendan que, aunque burro, también soy criatura tuya.

Hay algo, sin embargo, que me anima: ¿recuerdas aquel día que enviaste a tus discípulos en busca de un borrico? Les advertiste: – “si alguno os dice algo, decidle: el Señor lo necesita”. Para vivir y ser feliz me sigue bastando esto: ¡saber que Tú me necesitas! Amén.

Santos del día 29 de septiembre

 

                       Santos del día 29 de septiembre

patronazgo: Se consignan sólo los principales patronazgos de cada uno: Miguel: de la Iglesia Católica y la Gendarmería del Vaticano, de Alemania, de los caballeros, soldados, paracaidistas, de muchos oficios, de los pobres, los moribundos y los cementerios, para pedir una buena muerte. Gabriel: de las comunicaciones y los servicios de inteligencia, los mensajeros, carteros, funcionarios de correos y filatélicos, protector contra la infertilidad. Rafael: de los enfermos, los farmacéuticos, los viajeros, peregrinos, inmigrantes, marinos, techadores y mineros, protector contra enfermedades de los ojos.
can.: bíblico
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
 
Fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En el día de la dedicación de la basílica bajo el título de San Miguel, en la vía Salaria, a seis millas de Roma, se celebran juntamente los tres arcángeles, de quienes la Sagrada Escritura revela misiones singulares, y que sirviendo a Dios día y noche, y contemplando su rostro, a Él glorifican sin cesar.

En Perinto o Heraclea, de Tracia, san Eutiquio, obispo y mártir. († c. s. III)
En Valeroctista, en Armenia, santas mártires Rípsimes, Gayana y compañeras. († s. IV in.)
En Auxerre, en la Galia Lugdunense, san Fraterno, obispo. († d. 450)
En Palestina, san Quiríaco, anacoreta, de vida austerísima, que habitó en cuevas hasta casi nonagenario y fue ejemplo de anacoretas y defensor de la verdadera fe contra los errores de los origenistas. († 557)
En Mettlach, lugar de Renania, a orillas del río Sarre, sepultura de san Liudwino, obispo de Tréveris, fundador del monasterio de este lugar y muerto en Reims. († c. 717)
En la isla de Ufnau, del lago de Zurich, entre los helvecios, san Adelrico o Alarico, presbítero y eremita. († s. X)
En la Bretaña Menor, san Mauricio, primero abad del monasterio de Langonet y después del de Carnoet, de la Orden Cisterciense, fundado por él mismo, donde murió en olor de santidad. († 1191)
En el monasterio cisterciense de Longpont, beato Juan de Montmirail, que dejó su profesión de esclarecido caballero por la de humilde monje. († 1217)
En Vannes, en el litoral de Bretaña Menor, beato Carlos de Blois, varón piadoso, manso y humilde, duque de Bretaña, que pese a su deseo de ingresar en la Orden de Hermanos Menores, se sintió obligado a vindicar el principado en contra de un adversario y, hombre constante en las desgracias, sufrió larga cárcel, siendo asesinado en una batalla, junto al Aubray. († 1364)
En Roma, beato Nicolás de Furca Palena, presbítero de la Orden de San Jerónimo, fundador del monasterio de San Onofre, en la colina del Janículo, que descansó ya centenario en el Señor. († 1449)
En Lviv, anteriormente en Polonia, san Juan de Dukla, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que vivió una vida oculta y ascética según usanza de los Observantes, con ferviente dedicación pastoral a la cura de almas y fomento de la unidad de los cristianos. († 1484)
En Nagasaki, en Japón, pasión de los santos Miguel Aozaraza, Guillermo Courtet y Vicente Shiwozuka, presbíteros de la Orden de Predicadores, y Lázaro de Kyoto y Lorenzo de Manila Ruiz, padre de familia, todos mártires, que, previo encarcelamiento durante más de un año por su condición de cristianos, sufrieron el suplicio de la cruz para ser degollados después. Su memoria, juntamente con la de otros compañeros, se celebró ayer. († 1636)
En Ossernenon, anteriormente territorio de Canadá, pasión de san Renato Goupil, mártir, que, médico y cooperador con san Isaac Jogues, fue asesinado a golpes de hacha por un nativo. († 1642)
En Gilet, cerca de la ciudad de Valencia, en España, beato Jaime Mestre Iborra, presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que derramó su sangre por Cristo durante la persecución religiosa. († 1936)
En la ciudad de Valencia, también en España, beatos mártires Pablo Bori Puig, presbítero, y Vicente Sales Genovés, religioso de la Orden de la Compañía de Jesús, que libraron el buen combate por Cristo. († 1936)
En el Picadero de Paterna, igualmente en la provincia de Valencia, beato Darío Hernández Morató, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús y mártir, que ofreció su alma a Dios en la misma persecución religiosa. († 1936)
En Lleida, de nuevo en España, beato Francisco de Paula Castelló i Aleu, mártir, que, condenado en la referida persecución religiosa, arrostró la muerte con ánimo apacible y gran fortaleza. († 1936)
En Pont de Ser, Girona, España, Antonio Arribas Hortigüela, Abundio Martín Rodríguez, José Vergara Echevarría, Josep Oriol Isern Masso, sacerdotes, junto con Gumersindo Gómez Rodríguez, Jesús Moreno Ruiz y José Del Amo y Del Amo, los siete religiosos Misioneros del Sagrado Corazón y mártires de la persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Madrid, beatos Virgilio Edreira Mosquera, Francisco Edreira Mosquera, y José Villanova Tormo, de la Sociedad de San Francisco de Sales, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Moià, Barcelona, beatos Joaquín de San José Casas Juliá, en el siglo José, de la Orden de los Carmelitas Descalzos y José Casas Ros, seminarista, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Serón, Almería, beato Antonio Martínez López, presbítero diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En “Lendínez”, Torredonjimeno, Jaén, beatos Antonio José Ureña Liébana, Manuel Serrano Zafra y Antonio Cañada Fernández, sacerdotes diocesanos, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Lecco, Italia, beato Luis Monza, presbítero y fundador de las Pequeñas Apóstoles de la Caridad. († 1954)
En Los Plátanos, Diócesis de Quiché, Guatemala, beato Nicolás Castro, laico, catequista y ministro extraordinario de la comunión, mártir, asesinado por odio a la Iglesia y su labor por la justicia y la dignidad humana. († 1980)