viernes, 21 de agosto de 2026

Maestro Eckhart (místico medieval) Sermón LIII


                                                         SERMÓN LIII (440)

Misit dominas manum suam et tetigit os meum et dixit mihi etc. Ecce constitui te super
gentes et regna.

«El Señor extendió su mano y tocó mi boca y me habló» (Jeremías 1, 9 ss.).

Cuando predico suelo hablar del desasimiento y del hecho de que el hombre se libre
de sí mismo y de todas las cosas. En segundo término [suelo decir] que uno debe ser informado
otra vez en el bien simple que es Dios. En tercer término, que uno recuerde la
gran nobleza que Dios ha puesto en el alma para que el hombre, gracias a ella, llegue
hasta Dios de manera milagrosa. En cuarto término [me refiero] a la pureza de la natura
divina… el resplandor que hay en la naturaleza divina, es cosa inefable. Dios es un Verbo,
un Verbo no enunciado.
Dice Agustín
441: «Toda la Escritura es inútil. Si se dice que Dios es un Verbo, se lo
enuncia; [mas] si se dice que Dios no está enunciado, entonces es inefable». Pero resulta
que Él es algo; ¿Quién puede enunciar este Verbo? No lo hace nadie fuera de quien es
este Verbo. Dios es un Verbo que se enuncia a sí mismo. Donde se halla Dios, allí enuncia
este Verbo; donde no está, no habla. Dios se ha enunciado y se halla sin enunciar. El
Padre es una obra enunciativa y el Hijo es un enunciamiento operante
442. Lo que hay enmi fuero íntimo, sale de mí; aun cuando lo pienso solamente, mi palabra lo revela y, sin embargo, permanece dentro de mí. Igualmente, el Padre enuncia al Hijo, sin hablar, y
Este, no obstante, permanece en Él. También he dicho varias veces que la salida de Dios
es su entrada. En la misma medida en que yo me hallo cerca de Dios, Él se enuncia a sí
mismo en mi fuero íntimo. Todas las criaturas racionales, cuanto más salen de sí mismas
en sus obras, tanto más entran en sí mismas. No es así en las criaturas corpóreas: cuanto
más obran, tanto más salen de sí mismas. Todas las criaturas quieren enunciar a Dios en
todas sus obras; hablan todas lo más aproximadamente que pueden, mas a Él no lo saben
enunciar. Quiéranlo o no, gústeles o no: todas quieren enunciar a Dios y Él, sin embargo,
permanece sin ser enunciado.

440 Atribución: «Fray Eghart». El texto bíblico proviene de la Epístola de la Vigilia del nacimiento de
San Juan Bautista (23 de junio).

441 Cfr. Augustinus, Sermo 117 c. 5 n. 7; y Augustinus, De doctr. christ. 1 c. 6. n. 6.

442 Según interpretación de Quint (t. II p. 530 n. 1) el Padre es «locutor de la Palabra, o sea, el Hijo» y
el Hijo «la Palabra del Padre por la cual todo fue originado y creado». El giro sería conscientemente antitético.
Maestro Eckhart, Obras Alemanas, Tratados y Sermones

David dice: «Su nombre es el Señor» (Salmo 67, 5). «Señor» significa lo mismo que
la superposición de un señorío; «siervo» implica una sujeción

443. Algunos nombres son propios de Dios y se hallan desprendidos de todas las otras cosas, como «Dios». «Dios», este nombre es el nombre más propio de Dios, como «hombre» es el nombre del ser humano.Un hombre siempre es un ser humano, por estúpido o sabio que sea. Séneca
dice

444: «Es ruin el hombre que no llega más allá del hombre»… Algunos nombres tienen
un apego [accidental] a Dios, como «paternidad» y «filiación»

445. Donde se habla de "padre» se sobreentiende «hijo». No puede haber ningún padre que no tenga hijo, y ningún hijo que no tenga padre; pero ambos contienen en sí, más allá del tiempo, un solo
ser eterno… En tercer lugar: algunos nombres significan una elevación hacia Dios y [al
mismo tiempo] una vuelta hacia el tiempo. También en la Escritura se menciona a Dios
con muchos nombres. Digo yo: Cuando alguien conoce algo en Dios y le pone un nombre,
esto no es Dios. Dios se halla por encima de [los] nombres y de [la] naturaleza. Leemos
que un hombre bueno imploraba a Dios en sus rezos queriendo darle un nombre.
Entonces dijo un hermano: «¡Cállate, estás deshonrando a Dios!» No sabemos encontrar
ningún nombre que le podamos dar a Dios. Mas, nos está permitido [usar] los nombres
con los cuales lo han llamado los santos a quienes Dios ha santificado para ello en sus
corazones, inundándolos con divina luz. Y para ello debemos aprender en primer lugar
cómo hemos de rogar a Dios. Debemos decir: «Señor; te imploramos y te alabamos con
los mismos nombres que Tú has santificado así en los corazones de tus santos, inundándolos
con tu luz»… En segundo lugar hemos de aprender a no dar ningún nombre a
Dios como si pensáramos que al hacerlo lo hubiésemos alabado y ensalzado suficientemente;
porque Dios se halla «por encima de nombres» y es inefable.
El Padre, a partir de todo su poder, enuncia al Hijo y en Él a todas las cosas. Todas
las criaturas son un hablar de Dios. Así como mi boca habla de Dios y lo revela, así lo
hace el ser de la piedra, y por la obra se llega a conocer más que por las palabras. La
obra realizada por la naturaleza suprema a causa de su poder supremo, no puede ser
comprendida por la naturaleza que se halla por debajo de ella. Si obrara lo mismo, ya no
se encontraría por debajo de ella: sería igual. Todas las criaturas desean imitar en sus
obras el hablar de Dios. Mas, es muy modesto lo que saben revelar. Aun el hecho de que
los ángeles supremos asciendan y toquen a Dios, es tan desigual en comparación con
443 En alto alemán medio se habla de «übersetzunge» y «undersetzunge» de acuerdo con «superpositio
» y «subiectio» en latín.
444 Seneca, Naturales quaestiones I praef. 5.
445 Cfr. Quint (t. II p. 532 n. 3) Con los nombres de Dios que tienen un «apego» («zuohaften» de
«adhaesio» en latín) se piensa en aquellos que indican los accidentes de Dios.
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Maestro Eckhart, Obras Alemanas, Tratados y Sermones
aquello que hay en Dios, como el blanco al negro. Es muy disímil
446 lo que han recibido todas las criaturas [juntas], sin embargo, desearían expresar lo máximo de lo que son capaces.
Dice el profeta: «Señor, tú dices una cosa y yo entiendo dos» (Salmo 61, 12).
Cuando Dios le habla al fuero íntimo del alma, ella y Él son uno solo; mas, tan pronto
como esto cae [hacia fuera], es dividido
447. Cuanto más ascendemos con nuestro conocimiento,
tanto más somos uno en Él [el Hijo]. Por ello, el Padre enuncia al Hijo todo el
tiempo en la unidad y derrama en Él a todas las criaturas. Estas piden todas entrar otra
vez allí de donde emanaron. Toda su vida y su ser, todo esto es un clamor y un volver
corriendo hacia aquello de donde salieron.
El profeta dice: «El Señor ha extendido su mano» (Jerem. 1, 9), y [con ello] se refiere
al Espíritu Santo. También dice: «Ha tocado mi boca» y luego: «Me ha hablado» (Jeremías
1, 9). La boca del alma es la parte suprema del alma, a este hecho se refiere [el
alma] y dice: «Ha puesto su palabra en mi boca» (Jeremías 1, 9)… éste es el beso del
alma: ahí se encuentran boca con boca, ahí el Padre engendra a su Hijo en el alma y ahí
se le «habla» a ella. Ahora dice: «Observa que hoy te he elegido y te he colocado sobre
[el] pueblo y [los] reinos» (Jeremías 1, 10). Dios promete elegirnos «hoy», allí donde no
hay nada y donde, sin embargo, existe el «hoy» en la eternidad. «Y te he colocado sobre
[el] pueblo»… esto quiere decir sobre todo el mundo; de él debes estar libre… «y sobre
[los] reinos»… esto quiere decir: Lo que es más de uno, es demasiado porque debes morir
para todas las cosas y ser in-formado otra vez en lo alto donde moraremos en el Espíritu
Santo.
Que Dios, el Espíritu Santo, nos ayude a lograrlo. Amén.
446 «Es muy disímil [en comparación con lo que hay en Dios]» agrega Quint en su versión al alemán
moderno (t. II p. 733).
447 «Esto (= este Uno) es dividido tan pronto como cae (hacia fuera, o sea, desde lo más íntimo del
alma, desde la chispa, a las potencias anímicas y desde allí a las criaturas, por medio de los sentidos)»
(Quint, t. II, p. 536 n. 4).
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EL EJECUTIVO (Reflexión en valores)

 

EL EJECUTIVO

ejecutivoEl hombre se despojó de su lastre terrenal y se encaminó directamente hacia las puertas del Cielo. Con un gesto le indicaron que dejara el portafolio en el umbral.

El Ángel Portero le pregunto:

-¿Qué hiciste de tu vida?...

-Tengo... tuve varias propiedades. Piso con vistas al río, un apartamento precioso, un local comercial con vivienda arriba, un chalet con piscina, etc.

-¿Qué hiciste de tu vida? -repitió el Ángel.

La flamante alma se sorprendió. Quizá los bienes inmuebles no se tenían en cuenta, pensó algo amoscado.

-Cuenta corriente en bancos, caja de caudales. Tengo... tenía una fabriquita -siempre le había gustado llamar a su empresa "fabriquita"- de unos setenta empleados entre obreros, oficinistas, corredores y personal de custodia.

Casi agrega "Nada del otro mundo", pero se dio cuenta de que estaba en el otro mundo...

-¿Qué hiciste de tu vida? -insistió el Portero Celestial.

El alma del ejecutivo se movió inquieta. Lo que más echaba de menos era el portafolios. Cuando se despojó de él, se sintió desnudo. Y, definitivamente, muerto.

-Soy...era socio de un club de golf y de otro de equitación, muy exclusivo. Justamente gracias a ese maldito accidente, perdón, se me escapó; es que estoy en tu presencia...

-¿Qué hiciste de tu vida?...

El Ejecutivo pensó si no se había equivocado de rumbo y en vez de en el Paraíso estaría en otra galaxia.

-Me casé y tuve cinco hijos.

-¿Qué hiciste...? -Comenzó el Portero y el otro se apresuró.

-A todos les dí estudio. A los varones los saqué derechos y a las mujeres las casé con excelentes partidos. Todos bien encaminados, gracias a Dios y a mis esfuerzos, continuarán con la firma, darán lustre al apellido.

-¿Qué...?

El Ejecutivo se estremeció. ¡Si pudiera aferrarse a su bienamado portafolios!...¡Eso lo haría sentirse seguro y no como ahora, parado en el aire!...

-A mi esposa nunca le hice faltar nada: creaciones de modistas famosos, pieles, joyas, viajes. Todos los caprichos...

Los ojos del Ángel se nublaron como un cielo torrentoso. Los nimbos pasaban no sólo por sus pupilas sino por todo el rostro.

-Entendámonos de una buena vez: ¿qué hiciste con tus manos?

-¿Con mis manos....? -el hombre se miró las manos como si las viera por primera vez. Después sonrió. Ahora se daba cuenta de qué quería averiguar el Ángel-. ¡Amasé una fortuna con mis propias manos!... Empecé desde abajo, golpeando el hierro, puliendo el metal, trabajando la madera...

-¿Qué más?

-Golpeé, martillé, serruché, limé, tallé -se sentía tan cansado como si todas las labores las estuviera haciendo allí mismo.

-¿Qué más?

-¿Qué más? Saqué cuentas, pagué a los acreedores, manejé autos, máquinas y herramientas. Alguna vez, lo confieso, levanté mi mano contra mis propios hijos, pero siempre por su bien, ¡para enderezarlos desde chicos!...

Advirtió que estaba gritando en un lugar donde el silencio era una bendición.

El Ángel hizo un gesto amistoso, el único gesto amistoso desde que empezara el interrogatorio. En el vaivén de ese gesto, él vio un extremo del club exclusivo y su propia caída del caballo, rodeado de curiosos...

-Ese soy yo -dijo infantilmente conmovido.

Otro movimiento y vio a su mujer, elegante en su luto, junto al clan familiar.

-Me parece que lloran... Los chicos también...-contestó casi alegre, apenas convencido, mientras las propias lágrimas le resbalaban por las traslúcidas mejillas. ¡Lloran por mí!...

-Lloran por todos los besos y caricias que nunca les brindaste en la vida -dijo el Ángel y, con infinita tristeza, mientras el ejecutivo terca e inútilmente saludaba a la inalcanzable imagen, cerró las puertas del Cielo.

Al marcharse, le devolvieron el portafolios.

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Reflexiones católicas

Santos del día 22 de agosto

                                         Santos del día 22 de agosto


calendario anterior: 31 de mayo
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
  
Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Reina, que engendró al Hijo de Dios, Príncipe de la paz, cuyo reino no tendrá fin, y que es saludada por el pueblo cristiano como Reina del cielo y Madre de misericordia.

En Autun, en la Galia Lugdunense, san Simforiano, mártir, al que, mientras era llevado al suplicio, desde la muralla de la ciudad su madre exhortaba con estas palabras: «Hijo, hijo, Simforiano, pon tu pensamiento en Dios vivo. Hoy no se te quita la vida, sino que se te cambia por una mejor». († s. III/IV)
En Roma, en la vía Ostiense, en el cementerio que lleva su nombre, san Timoteo, mártir. († 303)
En Todi, de la Umbría, san Felipe Benizi, presbítero de Florencia, varón de gran humildad y propagador de la Orden de los Siervos de María, que consideraba a Cristo crucificado como su único libro. († 1285)
En Bevagna, también en la Umbría, beato Jacobo Bianconi, presbítero de la Orden de Predicadores, que fundó en aquel lugar un convento y refutó los errores de los nicolaítas. († 1301)
En Ocre, cerca de Fossa dell’Aquila, en el Abruzo, beato Timoteo de Monticchio, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, insigne por la austeridad de su vida y el fervor de su oración. († 1504)
En York, en Inglaterra, beato Tomás Percy, mártir, conde de Northumberland, que, por su fidelidad a la Iglesia de Roma, durante el reinado de Isabel I consiguió la palma del martirio al ser decapitado. († 1572)
En el mismo lugar y durante el mismo reinado, beatos Guillermo Lacey y Ricardo Kirkman, presbíteros y mártires, que, condenados a muerte por haber entrado en Inglaterra como sacerdotes, fueron ajusticiados en el patíbulo. († 1582)
En Worchester, también en Inglaterra, san Juan Wall, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que tras haber ejercido clandestinamente su ministerio pastoral durante más de veinte años, en tiempo del rey Carlos II, por el hecho de ser sacerdote, fue ahorcado y después descuartizado. († 1679)
En Hereford, de nuevo en Inglaterra, en el mismo día y año, san Juan Kemble, presbítero y mártir, que en tiempo de persecución ejerció el ministerio pastoral durante más de cincuenta años y finalmente, ya octogenario, fue ahorcado por ser sacerdote, consumando así el martirio. († 1679)
En Ofida, en el Piceno, de Italia, beato Bernardo (Domingo) Peroni, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, célebre por su simplicidad de corazón, inocencia de vida y admirable caridad para con los pobres. († 1694)
En el mar frente a Rochefort, en Francia, beato Elías Leymarie de Laroche, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa, encarcelado en una sórdida nave y cruelmente maltratado, exhaló su espíritu aquejado de enfermedad. († 1794)
En Vicálvaro, Madrid, España, beatas Madre Inés de San José, abadesa, y Sor María del Carmen de la Purísima Concepción, religiosas concepcionistas del monasterio de El Pardo, mártires. († 1936)
En la Carretera de Andalucía, Madrid, beato José María Urruchi Ortiz, presbítero, religioso de la Congregación del Santísimo Redentor, misionero redentorista, y mártir que dio su vida por la fe que profesaba en tiempos de la guerra civil española. († 1936)
En Pradera de San Isidro, Madrid, beato José Joaquín Erviti Insausti, religioso de la Congregación del Santísimo Redentor, misionero redentorista y mártir, que dio su vida por la fe que profesaba en tiempos de la guerra civil española. († 1936)
En Ciudad Real, beatos Narciso de Estenaga y Echevarria, obispo, y Julio Melgar Salgado, presbítero diocesano, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Tarragona, beatos Joan Farriol Sabaté, Dalmaci Llebaría Torné, y Josep Roselló Sans, presbíteros diocesanos, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Navés, Lleida, beato Josep Vidal Balsells, religioso, de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Castuera, Badajoz, beato Andrés Vicente Helguera Muñoz, presbítero, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Villanueva del Rey, Córdoba, beato José González Pérez, presbítero, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Jimena, Jaén, beato Francisco Moreno Arroyo, sacerdote diocesano, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En la localidad de Starunya, en el territorio de Stanislaviv (hoy Ivanofrankivsk), en Ucrania, beato Simeón Lukac, obispo y mártir, quien, durante un gobierno hostil a la fe, ejerció clandestinamente su ministerio en favor de la grey de católicos de rito bizantino, y con una muerte fiel proclamó la gloria y el honor de Cristo el Señor y de Dios. († 1964)