lunes, 4 de mayo de 2026

Mes de mayo Día 5: ¡Yo lo he cumplido! (Oración y reflexión)

 

 DOS IDEAS PREVIAS


Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.

2 LO QUE NO ESTÁ ESCRITO ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.

 

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

"NO TIENEN VINO": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.

"HACED LO QUE ÉL OS DIGA": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.

"HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.


ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

Día 5: ¡Yo lo he cumplido!

"Yo sí he visto milagros -escribía un sacerdote, Urteaga-. Fíate de mí. Hazme caso. Reza a la Virgen". Y cuenta uno de los milagros que ha visto.

"Me encontraba en Madrid. Acababa de ordenarme sacerdote. Tenía 26 años. Era un atardecer a la hora de terminar el trabajo.

- Te llaman por teléfono -me dijeron.

Una voz masculina, un tanto nerviosa , explicaba la razón de la llamada:

- Mire, tengo un amigo que se encuentra muy mal, puede morir en cualquier instante. Me pide que le llame a usted porque quiere confesarse. (...) No, no le conoce, pero quiere que sea usted. (Nunca he entendido por qué.) ¿Puede venir a esta casa?

- Salgo para allá en este momento.

- (Me interrumpió) Mire, el asunto no es tan fácil. Me explicaré. El piso está lleno de familiares y amigos que no dejarán que un sacerdote católico entre en esta casa; pero yo me encargo de facilitar su entrada.

- Pues allá voy, amigo. Dentro de un cuarto de hora estoy ahí: lo que tarde el autobús.

El piso era muy grande, lo estoy viendo ahora que describo la situación. La puerta entreabierta, un pasillo largo. Entro decidido después de encomendarme a la Virgen para que facilitase el encuentro. Rumores de voces en las habitaciones contiguas; algunas personas que me miran con gesto de asombro. Con un breve saludo me dirijo a la habitación que estimo puede ser la del enfermo. Efectivamente lo es.

- ¿Le han dejado entrar?

- He visto caras de susto y gestos feos; pero ha podido más la Virgen nuestra Señora.

- Gracias. No tengo mucho tiempo (el enfermo jadeaba). Quiero confesarme.

- (Cogí mi crucifijo, lo besé.). Comienza, Dios te escucha...

Yo muy emocionado. El hombre (era un personaje importante), también. Apliqué mis oídos a sus labios porque apenas se le oía. La confesión... larga, muy larga.

- ...Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.


Al terminar -pocos minutos le quedaban de vida- quiso explicarme "su" milagro. Lo hizo fatigosamente. Se lo agradecí con toda el alma.

- He estado cuarenta años ausente de la Iglesia. Y usted se preguntará por qué he llamado a un sacerdote.

Él lo decía todo. Yo callaba.

- Mi madre, al morir, nos reunió a los hermanos... Mirad. No os dejo nada. Nada tengo. Pero cumplid este testamento que os doy: Rezad todas las noches tres avemarías. Y yo (¡cómo lloraba el pobre!), yo lo he cumplido, ¿sabe?, lo he cumplido.

Se moría mientras cantaba. A mí me pareció todo aquello un cántico: "Yo lo he cumplido, yo lo he cumplido".

Por cansado que esté, Santa María, por burradas que haya hecho, por lejos que me encuentre de Dios, jamás dejaré de rezarte las tres Avemarías, por la noche, de rodillas. Porque si un día o una temporada estoy siendo mal hijo tuyo, no cabe en ninguna cabeza que por esa vayas a ser Tú mala madre. Y, además, cuando peor estoy, más necesito tenerte cerca. Ángel de mi guarda, encárgate tú de recordármelo, gracias.

Santos del día 5 de mayo

                                                       Santos del día 5 de mayo


En Auxerre, en la Galia Lugdunense, san Joviniano, lector y mártir. († s. III)
En Alejandría de Egipto, san Eutimio, diácono y mártir. († c. 305)
Conmemoración de san Máximo, obispo de Jerusalén, que fue condenado por el César Maximino Daya a trabajos forzados en las minas, después de haberle arrancado un ojo y quemado un pie con hierros candentes. Alcanzada la libertad, pudo marchar de allí y fue nombrado obispo de la Iglesia de Jerusalén, en donde, con el prestigio de su gloriosa confesión, descansó en paz. († c. 350)
En Tréveris, en la Galia Bélgica, san Britón, obispo, que defendió a su grey de los errores del priscilianismo, aunque junto con san Ambrosio, obispo de Milán, y san Martín, obispo de Tours, trató en vano de detener la violencia de quienes reclamaban la ejecución de Prisciliano y de sus seguidores. († 386)
En Arlés, en la región de Provenza, san Hilarío, obispo, que, después de llevar vida eremítica en Lérins, fue promovido, muy a su pesar, al episcopado, en donde trabajando con sus propias manos, vistiendo una sola túnica tanto en verano como en invierno y viajando a pie, manifestó a todos su amor por la pobreza. Entregado a la oración, los ayunos y las vigilias, y perseverando en una predicación continua, mostró la misericordia de Dios a los pecadores, acogió a los huérfanos y no dudó en destinar para la redención de los cautivos todos los objetos de plata que se conservaban en la basílica de la ciudad. († 449)
En Vienne, en la Galia Lugdunense, san Nicecio, obispo. († s. V)
En Milán, de la Liguria, san Geroncio, obispo. († c. 472)
En Marchiennes, en la Galia Bélgica, san Mauronto, abad y diácono, que fue discípulo de san Amando. († 702)
En Limoges, población de Aquitania, san Sacerdote, obispo, que primero fue monje y abad, y más tarde designado obispo, si bien al final de su vida quiso volver de nuevo a la vida monástica. († s. VIII)
En Hildesheim, en el territorio de Sajonia, en Alemania, san Gotardo, obispo, que, primero abad del monasterio de Niederaltaich, visitó y renovó otros monasterios, y al morir san Bernardo le sucedió en la sede episcopal, donde promovió la vida cristiana de su Iglesia, restableció en el clero la disciplina regular y abrió diversas escuelas. († 1038)
En Calabria, san León, eremita, que, entregado a la oración y a las obras de beneficencia en favor de los pobres, murió en el monasterio de Africo, cercano a la ciudad de Reggio, cenobio que él mismo había fundado. († c. s. XII)
En Vençay, cerca de Tours, en Francia, san Avertino, diácono, que acompañó a santo Tomás Becket al destierro, y a la muerte de este volvió a dicho lugar, donde vivió como eremita. († 1189)
En Licata, en la isla de Sicilia, en Italia, san Ángel, presbítero carmelita y mártir. († 1225)
En Recanati, en la región del Piceno, en Italia, beato Bienvenido Mareni, religioso de la Orden de los Hermanos Menores. († 1289)
En Nápoles, en la región de Campania, san Nuncio Sulprizio, quien, después de haber quedado huérfano, con una pierna infectada por la caries y el cuerpo exhausto, soportó sus sufrimientos con ánimo sereno y alegre. Dispuesto siempre a ayudar a todos, y pobre entre los pobres, consoló en gran manera a los demás enfermos y alivió sus miserias. († 1836)
En Somasca, cerca de Bérgamo, en Italia, beata Catalina Cittadini, virgen, la cual, privada de sus padres desde la más tierna edad, llegó a ser una paciente y competente maestra, cuidando con esmero una institución dedicada a la educación cristiana de niñas pobres, y con esta misma finalidad, fundó el Instituto de las Hermanas Ursulinas de Somasca. († 1857)
En Barcelona, España, beatos Enric Gispert Domènech y Josep Gomis Martorell, sacerdotes diocesanos y mártires, muertos por confesar la fe. († 1937)
En Dresde, en Alemania, beato Gregorio Frackowiak, religioso de la Sociedad del Verbo Divino y mártir, el cual, encarcelado en tiempo de guerra, después de sufrir por Cristo fue degollado por los enemigos de la fe. († 1943)
En el campo de reeducación por el trabajo de Watenstedt-Hallendorf, Salzgitter (Alemania), beato Jean Mestre, joven laico de la archidiócesis de París, miembro de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1944)

05 de mayo: Nuestra Señora de la Rogativa

 

05 de mayo: Nuestra Señora de la Rogativa

El burgo de Moratalla se extiende a los pies de las más altas cumbres de la Región Murciana, un enclave de gran riqueza paisajística, pero también cargado de historia y antiguas leyendas que aún siguen muy vivas en el espíritu de sus gentes. Actualmente constituye uno de los municipios más pintorescos de la provincia, recibiendo gran número de turistas atraidos por sus montañas, su patrimonio monumental y sus tradiciones.

La villa puede presumir de ser uno de los pocos lugares donde ha tenido lugar la aparición milagrosa de Jesucristo, acaecida a finales del siglo XV en el emblemático monte Benámor.

Pero éste no ha sido el único hecho sobrenatural del que se tiene constancia en Moratalla, pues la Virgen protagonizó igualmente una aparición que ha dado lugar a la advocación de Ntra. Sra. de la Rogativa, venerada desde entonces como patrona.

Según las crónicas, el 5 de mayo de 1535, a 30 kilómetros de la ciudad, el joven Ginés Martínez de Cuenca apacentaba sus rebaños en uno de los abruptos valles que se abren en el extensísimo territorio moratallero. Al atardecer, comenzó a caer una lluvia tan copiosa que tuvo que buscar abrigo para pasar la noche y, durante el sueño, vino a turbarle varias veces una visión en forma de mujer. Se levantó muy de mañana preocupado con su ensoñación, marchándose a revisar las tierras que en aquel paraje poseía por ver lo que había profundizado la continua lluvia de la noche. Llegó al sembrado, donde llamó su atención una porción cuyas espigas contrastaban en verdor con el resto. Su asombro se acrecentó cuando una paloma blanca cruzó ante sus ojos, iluminándose el lugar y apareciendo al fin la imagen de la Virgen. Acto seguido habló al pastor, encomendando que previniera a los habitantes de Moratalla para que fuesen más caritativos y hospitalarios con los necesitados, pues su Hijo estaba indignado hasta el extremo de privarlos de la lluvia que ansiaban para sus campos; que ella, había conseguido después de grandes esfuerzos una pequeña tregua, obteniendo la lluvia del día anterior. Por último, pidió que se hiciese en aquel sitio una ermita con el nombre de Nuestra Señora de la Rogativa, "pues no traía otra misión que rogar a su Hijo en bien de los pecadores", desapareciendo y dejando allí grabadas sus plantas como testimonio de la aparición.

El joven pastor transmitió el mensaje de la Virgen y el acontecimiento pronto alcanzó tal fama que acudían hasta el paraje infinidad de peregrinos, muchos de ellos enfermos. Según cuenta la tradición, bastaba formar un poco de barro con la tierra donde la Virgen fijó sus pies que, aplicándola con fe al enfermo, sanaba en el acto. En el lugar de la aparición se levantó un templete y, ocupando un promontorio cercano, el santuario solicitado. Se documenta la existencia de la iglesia actual desde 1576, sufriendo algunas reformas y constituyendo aún hoy todo un lugar de peregrinación.

Las fiestas en honor de la Rogativa tienen como acto señalado el traslado de la Virgen a la ciudad y su posterior retorno, romerías que se llevan a cabo en varias etapas por la gran longitud que ha de recorrerse. En cada jornada se realiza un tramo del camino, llegando hasta la aldea donde pernoctará la imagen y en la que los vecinos organizan una fiesta de bienvenida. Resulta muy típico el baile de los romeros al compás de las "cuadrillas de animeros", así como la realización de pujas por llevar las andas. La Virgen vuelve a su santuario el último domingo de mayo, siendo entonces llevada hasta el templete de la aparición, concluyendo la jornada en los alrededores de la ermita con una multitudinaria fiesta.

(fuente: www.aciprensa.com)

domingo, 3 de mayo de 2026

Mes de mayo Día 4: No está completa (Oración y reflexión)

 DOS IDEAS PREVIAS


Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.

2 LO QUE NO ESTÁ ESCRITO ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.

 

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

"NO TIENEN VINO": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.

"HACED LO QUE ÉL OS DIGA": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.

"HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.


ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén


Día 4: No está completa

La plaza de San Pedro, en Roma, durante siglos no ha tenido una imagen de la Virgen. Un amigo mío, universitario, en mayo de 1980, al ver tantas estatuas e imágenes en la plaza comentó: "¡Falta la Virgen!; si tengo oportunidad, se lo digo al Papa". A los pocos días, en una audiencia de Juan Pablo II con universitarios, el Papa iba saludando por el pasillo central del aula a los más cercanos. Cuando pasó cerca de este amigo, le dijo: "Santo Padre: en la plaza de San Pedro no está la Virgen, no está la Madonna ... ". Juan Pablo II lo pensó un momento y le contestó en castellano: "La Plaza no está completa ... Habrá que terminarla, habrá que terminarla ... ".

Al año siguiente, en 1981, el Papa inauguraba un mosaico grande dedicado a María, Madre de la Iglesia, que se encuentra en una fachada, sobre la plaza. "Me alegra inaugurar este testimonio de nuestro amor ( ... ), que todos los que vengan a esta plaza de San Pedro eleven la mirada a nuestra Señora, para dirigirle ( ... ) un saludo personal".

Si en tu habitación no tienes una imagen de la Virgen, tu habitación está incompleta. Si en la sala de estar de tu casa no tienes una imagen de la Virgen, está incompleta. ¡Ponla! Y ojalá te acostumbres a mirarla, a saludarle, cuando entres y salgas. Te ayudará a recordar que Ella te acompaña.

Madre mía, te quiero. Quiero quererte más; quiero acordarme más veces de ti. ¡Qué me sirvan tus imágenes!

Continúa ahora hablándole un rato.

Santos del día 4 de mayo

                                                            Santos del día 4 de mayo


En Cirta, población de Numidia, conmemoración de los santos mártires Agapio y Secundino, obispos, los cuales, después de un prolongado destierro en dicha ciudad, llegaron a ser mártires gloriosos a causa de su condición episcopal durante la persecución llevada a cabo bajo el emperador Valeriano, en la que se pretendía suscitar el furor de los gentiles para poner a prueba la fe de los justos. Fueron también martirizados con ellos san Emiliano, soldado, santas Tertula y Antonia, vírgenes consagradas a Dios, y una mujer con sus hijos gemelos. († 258/259)
En Nicea, en Bitinia, santa Antonina, mártir, que fue cruelmente torturada y atormentada con distintos suplicios, luego estuvo tres días colgada y después encarcelada durante dos años. Por último, bajo el gobernador Prisciliano y por la confesión de su fe en Cristo, fue quemada viva. († s. III/IV)
En Lorch, en la región del Nórico, cerca del Danubio, san Florián, mártir, que durante la persecución bajo Diocleciano, y por orden del gobernador Aquilino, fue arrojado desde el puente al río Enns con una piedra atada al cuello. († 304)
En las minas de Fennes, en Palestina, donde estaban condenados, san Silvano, obispo de Gaza, y treinta y nueve compañeros, mártires, todos ellos coronados con el suplicio durante la misma persecución, al ser decapitados por orden del César Maximino Daya. († c. 304)
En Varsovia, en Polonia, beato Ladislao de Gielniow, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que predicaba con fervor extraordinario la Pasión del Señor y la celebraba con piadosos himnos. († 1505)
En Londres, en Inglaterra, santos Juan Houghton, Roberto Lawrence y Agustín Webster, presbíteros y mártires, priores respectivamente de las cartujas de Londres, Beauvalle y Axholme, y san Ricardo Reynolds, de la Orden de Santa Brígida, todos los cuales, durante el reinado de Enrique VIII, y después de haber profesado valerosamente la fe de los Padres, fueron arrastrados vivos hasta el lugar de su suplicio en Tyburn, donde perecieron ahorcados juntamente con el beato Juan Halle, presbítero, párroco de la cercana localidad de Isleworth. († 1535)
En Tréveris, en Alemania, beato Juan Martín Moyë, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, que en la localidad de Lorena, en Francia, fundó el Instituto de Hermanas de la Divina Providencia, y en China reunió en régimen de vida común a unas vírgenes dedicadas a la enseñanza. Se mostró siempre inflamado por el celo de las almas, aún después de verse obligado a abandonar su patria durante la Revolución Francesa. († 1793)
En Riobamba, provincia de Chimborazo, Ecuador, beato Victor Emilio Moscoso Cárdenas, presbítero y mártir. († 1897)