domingo, 18 de octubre de 2026

Ancianos pero dichosos (Reflexión para la Tercera Edad)

 

Ancianos pero dichosos

Listado de las bienaventuranzas del anciano.

ancianos pero dichosos

Dichoso el anciano que valora su ancianidad, porque en su atardecer sabrá dar gracias a Dios por el gran don de la vida.

Dichoso el anciano que es portador de paz y energía creadora, porque contribuirá hasta el último momento a la construcción del mundo.

Dichoso el anciano que se mantiene optimista, porque no tendrá la sensación de haber desperdiciado su vida.

Dichoso el anciano, que se acerca al sufrimiento de los demás, porque nunca carecerá de compañía.

Dichoso el anciano que no fomenta el egoísmo de vivir buscando sus seguridades, porque las encontrará cubiertas todas por añadidura.

Dichoso el anciano que viviendo su pobreza siembra alegría a su alrededor, porque conocerá el gozo de vivir.

Dichoso el anciano que acepta con mirada confiada y serena sus limitaciones, porque descubrirá la felicidad de la sencillez.

Dichosos y felices todos los ancianos que encontrándose solos y abandonados continúan amando porque se sentirán amados por Dios.

Endrick, tras su noche más especial con el Real Madrid: «Estaba hablando con Dios»

 

Endrick, tras su noche más especial con el Real Madrid: «Estaba hablando con Dios»

El brasileño se coronó como el MVP del partido tras convertirse en el gran revulsivo que guió al Real Madrid en su épica remontada 3-4 ante la Roma.

Consciente de la enorme competencia interna, subrayó que su camino pasa por el trabajo constante y la paciencia.

Consciente de la enorme competencia interna, subrayó que su camino pasa por el trabajo constante y la paciencia.twitter

Redacción REL

15.10.2026 | 11:55

Actualizado:

El delantero brasileño del Real Madrid, Endrick, volvió a dejar una de las declaraciones más personales y sinceras de su carrera al reconocer que vivió los momentos posteriores al partido en diálogo con Dios, a quien atribuyó la serenidad y la fortaleza con las que afronta su situación en el conjunto blanco.

Tras un encuentro cargado de emociones, el joven atacante confesó que todavía seguía procesando todo lo ocurrido cuando compareció ante los medios. Le costaba encontrar las palabras adecuadas, no por el cansancio físico, sino por la intensidad de lo vivido. Según algunos medios, el brasileño, junto a su mujer, confiesa la fe evangélica.

Sigo hablando con Él

"Estoy emocionado por el partido todavía. Se me hace difícil hablar ahora. Estaba hablando con Dios. Sigo hablando con Dios", aseguró.

Lejos de centrar su discurso en su actuación individual, Endrick insistió en que lo verdaderamente importante era la victoria del equipo. Para el brasileño, los minutos sobre el terreno de juego son un regalo, pero siempre subordinados al interés colectivo.

"Entré al partido e hice lo que más me gusta, estar en el campo y tener minutos. Lo más importante es ganar. El Madrid tiene que ganar", afirmó.

En sus declaraciones también dejó entrever la exigencia diaria que implica competir en uno de los clubes más grandes del mundo. Consciente de la enorme competencia interna, subrayó que su camino pasa por el trabajo constante y la paciencia.

La referencia a Dios no fue casual ni aislada. Más allá del resultado o de su rendimiento personal, Endrick transmitió la idea de que encuentra en la oración un espacio de calma en medio de un entorno marcado por la exposición mediática, las expectativas y la presión permanente.

La fe aparece así como uno de los pilares sobre los que construye su carrera. Mientras muchos jóvenes futbolistas buscan explicaciones exclusivamente deportivas a los momentos de éxito o dificultad, el brasileño quiso compartir públicamente la dimensión espiritual con la que afronta su día a día.

La relación del brasileño con la fe es algo muy cotidiano. En el pasado Mundial, declaró: "Quiero hablar con Dios y estar tranquilo. Dios ya me dijo por qué estoy aquí: para mostrar quién es Endrick y quién está a mi lado. Si Dios quiere, podré entrar y hacer algo por mi selección. Espero que luego digan que no fue solo por mí, sino también con la ayuda de Dios.”

¿Somos capaces de arriesgarlo todo por un desconocido? La lección de bondad que nos deja la historia

 

¿Somos capaces de arriesgarlo todo por un desconocido? La lección de bondad que nos deja la historia

Hay una bondad mucho más difícil, la que aparece cuando ayudar deja de ser cómodo y empieza a tener un precio

La entrada de Auschwitz II-Birkenau se puede observar al fondo

La entrada de Auschwitz II-Birkenau se puede observar al fondo@matildelatorrede

15.10.2026 | 10:33

Actualizado:

Estos días, al volver a ponerme con la novela, hay algo que no deja de rondarme la cabeza. La historia que estoy escribiendo habla de una red clandestina, en España que ayudaba a judíos que huían del terror nazi en Europa. Personas que, sin conocerse, arriesgaban su vida para salvar la de otros. Y cuanto más pienso en ellas, más me cuesta apartarme de una pregunta: ¿Qué tiene que haber dentro de alguien para jugarse todo por un desconocido?

Intento imaginar aquellos momentos. Una puerta que se abre, alguien que llega huyendo, una familia que necesita esconderse, una decisión que debe tomarse sin saber qué consecuencias tendrá. Al otro lado están también quienes ayudan, con sus miedos, sus seres queridos y una vida que proteger. No eran héroes de novela, al menos no debieron de sentirse así. Eran personas corrientes que podían haber mirado hacia otro lado y, sin embargo, decidieron ayudar. Quizá sin saber muy bien de dónde sacaban el valor, quizá temblando, pero lo hicieron.

Y eso es lo que más me conmueve. No que fueran valientes, sino que, aun teniendo motivos para no serlo, eligieran hacer lo correcto.

A veces hablamos de la bondad como si fuera algo sencillo, una cualidad amable que hace mejores las relaciones y nos permite vivir en paz con los demás. Pero hay una bondad mucho más difícil, la que aparece cuando ayudar deja de ser cómodo y empieza a tener un precio. Cuando lo que hacemos por otra persona puede poner en peligro nuestra propia tranquilidad, nuestra seguridad o incluso la vida de quienes queremos.

Mientras escribo, me pregunto si nosotros habríamos sido capaces de hacer lo mismo. Es fácil responder que sí cuando conocemos el final de la historia, cuando sabemos quiénes fueron las víctimas y quiénes tuvieron el valor de ayudarlas. Nos gusta pensar que habríamos abierto aquella puerta, que no habríamos permitido semejante injusticia. Pero ¿de verdad lo sabemos? ¿Qué haríamos si ayudar a un desconocido significara poner en peligro a nuestra familia? Me gustaría creer que tendría el valor necesario, pero no estoy seguro de que pueda responder a esa pregunta sin engañarme un poco.

Quizá por eso esta historia me toca tan de cerca. Porque, aunque hoy no nos enfrentemos a las mismas circunstancias, seguimos teniendo ocasiones para elegir entre ayudar o apartarnos, entre defender a alguien o guardar silencio, entre hacer lo que sabemos que está bien o buscar una razón que nos permita seguir tranquilos. No siempre nos jugamos la vida, pero a veces sí nuestra comodidad, la aceptación de los demás o esa seguridad que tanto nos cuesta abandonar.

Vivimos rodeados de sufrimiento y quizá nos hemos acostumbrado demasiado a verlo. Leemos noticias terribles, sentimos tristeza, indignación, impotencia, y al poco rato seguimos con nuestras cosas. No siempre es falta de humanidad; a veces, sencillamente, no sabemos qué hacer con tanto dolor. Pero me preocupa que terminemos creyendo que, porque no podemos ayudar a todos, no tenemos por qué ayudar a nadie.

Aquellas personas no podían salvar a todo el mundo. Tampoco sabían si conseguirían salvar a quienes tenían delante. Pero hicieron lo que estaba en sus manos, y para quienes encontraron refugio gracias a ellas, aquel gesto lo cambió todo. Quizá el bien consista precisamente en eso: en comprender que no necesitamos arreglar el mundo entero para hacer que el mundo de alguien sea un poco menos terrible.

No sé si yo habría abierto aquella puerta. Me gustaría decir que sí, pero prefiero dejar la pregunta sin respuesta, porque me obliga a mirar mi propia vida y a preguntarme qué hago cuando alguien necesita ayuda y puedo ofrecérsela. Tal vez la bondad no se demuestre imaginando lo que habríamos hecho en los grandes momentos de la historia, sino prestando atención a las pequeñas decisiones de cada día, esas en las que nadie nos mira y de las que probablemente nadie llegará a enterarse.

Al escribir esta novela, pienso que aquellas personas no hicieron lo que hicieron para convertirse en ejemplo de nada. Seguramente solo vieron a alguien que necesitaba ayuda y entendieron que no podían abandonarlo. Y quizá eso sea lo más hermoso de todo: que, en medio de una de las épocas más oscuras de nuestra historia, hubo personas que no necesitaron conocer a quienes sufrían para comprender que sus vidas importaban.

Ojalá nunca tengamos que enfrentarnos a una decisión semejante. Pero ojalá, si alguna vez llega el momento de elegir entre nuestra tranquilidad y la posibilidad de ayudar a alguien, encontremos dentro de nosotros un poco de aquel valor.

Porque a veces la bondad no hace ruido, no aparece en los libros de historia ni recibe reconocimiento alguno. A veces es solo una puerta que alguien se atreve a abrir cuando lo más fácil, y quizá lo más seguro, habría sido mantenerla cerrada.

Y para quien está huyendo del horror, al otro lado de esa puerta puede estar todo lo que le queda de esperanza.

Fe y esperanza en Dios (Reflexión de valores)

 

Fe y esperanza en Dios

Reflexión sobre la fe y la esperanza en Dios.

Santísima Trinidad

Cuando ya no puedas más, cuando veas que todo sale mal y sólo veas nubes oscuras..., cuando sientas que estás solo en este mundo, incluso cuando estés tentado a creer que Dios se ha olvidado de ti..., Él a tu lado está. Siempre ha caminando junto a ti, sus huellas siempre están junto a las tuyas.

Y si no lo sientes ahí, es porque te has alejado, porque no le das la oportunidad de hablarle, porque siempre estás muy ocupado.

Tal vez porque te has cansado, o simplemente porque eres humano y te has equivocado.

Pero hoy es el día para levantarte, el día para volver, la oportunidad de mejorar.

Busca en tu corazón y encontrarás un vacío con forma de Dios, tan inmenso como Él mismo, y es por eso que no lo has podido llenar.

¿Deseas ser completo? Permite a Dios entrar en tu corazón, y hasta entonces, sólo hasta entonces, verás que siempre te ha acompañado y a tu lado ha caminado.

Quítate tus cadenas, tus rencores, odios y resentimientos, para que puedas caminar libre al lado de tu Creador.

Mereces ser feliz..., para eso fuiste creado.

FE ES...

Creer en lo que no se puede ver
Es guardar la calma cuando todo es turbulento.
La fe no es pasiva, ¡es poner las creencias en práctica!
Tener fe es pedir lo que se necesita.
La fe es oír lo imperceptible, creer lo increíble y recibir lo imposible.
La fe va en contra de las expectativas y condiciones naturales.
Tener fe es crear un vacío en el corazón para que lo llene Dios.
Tener fe no es simplemente que Dios pueda hacer algo, sino que lo hará.
Con fe, la respuesta no sorprende, ya se sabía que sucedería.
Tener fe es permanecer en tu puesto cuando todos los demás desertan.
Es quemar las naves para no volver atrás.
Es estar dispuesto a pagar cualquier precio.
Es hacer lo que Dios pide hoy y creer que Él hará mañana lo que ha prometido.
La fe es lo contrario del temor.
Tener fe es elegir a Dios, a pesar de las demás posibilidades.
Es confiar en la palabra de Dios, no en lo que te dicen tus sentidos.
Es estar dispuesto a morir confiando.
¡Esa es la clase de fe con la que se puede obrar curaciones y milagros!
La fe es como un músculo que se vuelve fuerte y flexible al ejercitarlo.
La fe se edifica con el estudio fiel de la palabra de Dios

Santos del día 19 de octubr

                                                     Santos del día 19 de octubr


can.: B: Pío XI 21 jun 1925 - C: Pío XI 29 jun 1930
país: U.S.A. - †: 1642-1649
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
 
Santos mártires Juan de Brébeuf e Isaac Jogues, presbíteros y compañeros de la Orden de la Compañía de Jesús, en el día en que san Juan de la Lande, religioso, fue asesinado por los paganos en el lugar llamado Ossernenon, entonces en territorio del Canadá, el mismo lugar donde algunos años antes había conseguido la corona del martirio san Renato Goupil. Son venerados conjuntamente sus santos compañeros Gabriel Lalemant, Antonio Daniel, Carlos Garnier y Natal Chabanel, que, en la región canadiense, en días distintos, después de muchas fatigas en la misión del pueblo de los hurones para anunciar el evangelio de Cristo a aquellas gentes, terminaron muriendo mártires. († 1642-1649)
San Pedro de Alcántara, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, que, adornado con el don de consejo y de vida penitente y austera, reformó la disciplina regular en los conventos de la Orden en España, y fue consejero de santa Teresa de Jesús en su obra reformadora de la Orden Carmelitana. Falleció en la villa de Arenas, en la región española de Castilla, el día 18 de octubre. († 1562)
 San Pablo de la Cruz, presbítero y fundador (3 coms.) - Memoria litúrgica  
San Pablo de la Cruz, presbítero, que desde su juventud destacó por su vida penitente, su celo ardiente y su singular caridad hacia Cristo crucificado, al que veía en los pobres y enfermos. Fundó la Congregación de Clérigos Regulares de la Cruz y de la Pasión de Jesucristo, y pasó a la gloria en Roma, el día dieciocho de octubre. († 1775)

Conmemoración de san Joel, profeta, que anunció el día grande del Señor y el misterio de la efusión del Espíritu sobre toda criatura, lo que Dios tuvo a bien hacer llegar a su pleno cumplimiento en la persona de Cristo, el día de Pentecostés.
En Roma, conmemoración de los santos Ptolomeo, Lucio y otro compañero, que, tal como relata san Justino, siendo cristianos honestos, por haber reprendido las costumbres licenciosas y la injusticia en las sentencias, fueron condenados a muerte en tiempo del emperador Antonino Pío y el prefecto Lolo Urbico. († c. 160)
En Ostia Tiberina, san Asterio, mártir. († c. s. III)
Cerca de Sens, en la Galia Lugdunense, conmemoración de los santos Sabiniano y Potenciano, considerados como los dos primeros pastores de esa ciudad que completaron su confesión de fe con el martirio. († c. s. IV)
En tierras de Egipto, san Varo, soldado, que bajo el emperador Maximiano, al visitar y ayudar a seis santos eremitas encarcelados, sabiendo que un séptimo había muerto en el desierto, se ofreció a ocupar su lugar, y junto a ellos, después de varios y crueles tormentos, adquirió la palma del martirio. († 307)
En Oléron, junto a los Pirineos, en Aquitania, conmemoración de san Grato, obispo, que en tiempo de Alarico, rey arriano de los godos, participó en el Concilio de Agde, para restaurar la Iglesia en esa región de la Galia. († c. 506)
En Bretaña Menor, san Etbino, monje, que llevó vida solitaria. († s. VI)
En Caivallon, en la Provenza, san Verano, obispo, que gozaba de gran autoridad, sobre todo por la curación de enfermos. († s. VI)
En Evreux, también en la Galia, san Aquilino, obispo, quien, según la tradición, era soldado y practicaba buenas obras; con el consentimiento de su esposa, hizo voto de continencia y fue elegido obispo. († c. 690)
En Oxford, en Inglaterra, santa Frideswida, virgen, que, siendo de estirpe regia, fue elegida abadesa de un monasterio doble de monjes y de monjas. († 735)
En Biville, cerca de Cherbourg, en Normandía, beato Tomás Hélye, presbítero, que pasaba los días en el ejercicio de su ministerio y dedicaba las noches a la oración y a la penitencia. († 1257)
En Londres, en Inglaterra, san Felipe Howard, mártir, que, siendo conde de Arundel y padre de familia, perdió gracia ante la reina Isabel I por haber abrazado la religión católica, a causa de lo cual fue encarcelado, y llevó una vida de oración y penitencia, en la pobreza y en las pruebas, hasta alcanzar la corona del martirio. († 1595)
En Nagasaki, de Japón, santos mártires Lucas Alfonso Gorda, presbítero, y Mateo Kohioye, religioso, los dos de la Orden de Predicadores. El primero trabajó antes en las Islas Filipinas y pasó después al Japón, donde fue ardiente ministro del Evangelio durante diez años, y el segundo, de dieciocho años de edad, fue su compañero en propagar y testimoniar la fe cristiana (1634).
En Langeac, junto al río Allier, en Francia, beata Inés de Jesús Galand, virgen de la Orden de Predicadores, que, siendo priora de su monasterio, se distinguió por su ardiente amor hacia Jesucristo y su preocupación por el bien de la Iglesia, ofreciendo continuas oraciones y penitencias por sus pastores. († 1634)
En la aldea de Ossenenon, entonces en el territorio de Canadá, martirio de san Juan de la Lande, religioso de la Compañía de Jesús, asesinado por los paganos; su memoria se celebra hoy mismo en conjunto con ´san Juan de Brébeuf y los mártires de la evangelización del Canadá. († 1646)
En Pozo Cantavieja, en la provincia española de Almería, beato Luis María Fernández Martínez (en el siglo: Ceferino), religioso de la Orden de Predicadores y mártir, víctima de la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil Española. († 1936)
En Mas Claret, Sant Pere dels Arquells, Lleida, beatos Manuel Font Y Font, Josep Ribé Coma, y Julio Leache Labiano, presbíteros y Francisco Simón Pérez, Antonio Elizalde Garvisu, Emiliano Pascual Abad, Eusebio De Las Heras Izquierdo, Constantino Miguel Moncalvillo, Francesc Solá Peix, Francisco Milagro Mesa, Pere Vives Coll, Josep Ferrer Escolà, Dionisio Arizaleta Salvador, Juan Senosiaín Zugasti, Ferran Castán Messeguer, Narcís Simón Sala, Francisco Marco Martínez, y Nicolas Campo Giménez, religiosos de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Madrid, beato Benjamin Ortega Aranguren, presbítero, de la Congregación de la Misión, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Wloclawek, Polonia, beato Jorge Popieluszko, sacerdote de la diócesis de Varsovia y mártir († 1984)