domingo, 12 de abril de 2026

Santos del día 12 de abril

 

Santos del día 12 de abril

En Fermo, en el Piceno, santa Visia, virgen y mártir. († s. inc.)
En Roma, en el cementerio de Calepodio, en el tercer miliario de la vía Aurelia, sepultura del papa san Julio I, quien, frente a los ataques de los arrianos, custodió valientemente la fe del Concilio de Nicea, defendió a san Atanasio, perseguido y exiliado, y reunió el Concilio de Sárdica. († 352)
En Verona, en el territorio de Venecia, san Zenón, obispo, que con su trabajo y predicación condujo a la ciudad al bautismo de Cristo. († c. 372)
En Capadocia, san Sabas Godo, mártir, que durante la persecución contra los cristianos bajo Atanarico, rey de los godos, por haber rechazado tres días después de la celebración de la Pascua los alimentos inmolados a los ídolos, fue arrojado a un río tras crueles tormentos. († 372)
Cerca de Gap, en la provincia romana de la Galia, san Constantino, obispo. († d. 517)
En Pavía, ciudad de Lombardía, san Damián, obispo, cuya carta sobre la recta fe, referente a la voluntad y al obrar de Cristo, fue leída en el III Concilio de Constantinopla. († d. 698)
En Pario, en el Helesponto, san Basilio, obispo, que, por defender el culto de las sagradas imágenes, padeció azotes, cadenas y exilio. († 735)
En la región de Calais, en la Galia, san Erkembodone, abad de Sithiu y, a la vez, obispo de Thérouanne. († 742)
En el monasterio de Cava dei Tirreni, en la región de Campania, san Alferio, fundador y primer abad, que, después de ser consejero de Guaimario, duque de Salerno, se hizo discípulo de san Odilón en Cluny y se distinguió de forma excelente en la observancia de la vida monástica. († 1050)
En el monasterio de Belem, cerca de Lisboa, en Portugal, beato Lorenzo, presbítero de la Orden de San Jerónimo, cuya eximia piedad atrajo a muchísimos penitentes a este cenobio. († s. XIV)
En la ciudad de Los Andes, en Chile, santa Teresa de Jesús (Juana) Fernández Solar, virgen, que, siendo novicia en la Orden de Carmelitas Descalzas, consagró, como ella misma decía, su vida a Dios por el mundo pecador, muriendo de tifus a los veinte años de edad. († 1920)
En Nápoles, en Italia, san José Moscati, médico, entregado total e incansablemente a la cotidiana asistencia a los enfermos, sin reclamar a los pobres paga alguna, y que atendiendo a los cuerpos, curaba, a la vez, las almas con gran amor. († 1927)
En la aldea de San José, del territorio Chilpancingo, en México, san David Uribe Velasco, presbítero y mártir, que en tiempo de persecución contra la Iglesia padeció el martirio por confesar a Cristo Rey. († 1927)
En Sant Fruitós de Bages, Barcelona, España, beatos Pedro Roca Toscas y Pedro Ruiz Ortega, religiosos de la Congregación de la Sagrada Familia y mártires en la cruel persecución que acompañó a la Guerra Civil española. († 1937)
En un «tren de la muerte», en Nyraný (Nürschan), Plzen-sever (Chequia), beato Philippe-Maurice Bouchard, laico de la diócesis de Dijon, miembro de Scouts de France, que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)
En el campo de concentración de Gusen, Langenstein (Austria), beato Paul Le Ber (Roger), clérigo profeso, Hermanos Menores Franciscanos, que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)

Después de Pascua - Domingo 2º de Pascua. Ciclo A (12.04.2026): Juan 20,19-31. Dichosos tú y yo que no vimos y estamos bien y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12) CINCO MINUTOS.

 Después de Pascua

En la tradición cristiana, la Pascua es el Centro o la Cumbre. Y esto se resume en una sola palabra que puede ser:
. un nombre: resurrección,
. un verbo: resucitar,
. un adjetivo: resucitado.
Después de la Pascua, en algunos ámbitos de la tradición cristiana más de un maestro de la llamada espiritualidad suele repetir, como si fuera el estribillo de las mil y una canciones de la experiencia de la fe, esta expresión compuesta, muy atípicamente, no por un sujeto, un verbo y un predicado, sino por tres verbos: 'Resucitar es vivir'.
Y por ser esta experiencia de la Pascua tan central, creo, nuestra tradición cristiana ha programado año tras año dos meses y medio (diez domingos con sus correspondientes diez semanas) para contemplar desde todos los ángulos posibles tan enriquecedora experiencia de la fe en Jesús, aquel judío laico y galileo de Nazaret.
En tan amplio espacio de tiempo se podrán escuchar las voces de los también correspondientes diez relatos de los Evangelios. Unos más que otros, los cuatro Evangelistas tendrán su presencia asegurada en esta programación de las liturgias vaticanas. Pasado ese amplio espacio de tiempo volveremos a contemplar y escuchar la narración seguida del relato evangélico del llamado evangelista Mateo.
Desde ahora mismo y semana tras semana transcribiré esa expresión de la trinidad verbal: Resucitar es vivir. Ella será la luz con la que nos acercaremos a la propuesta de la buena noticia del Evangelio. Y ya, en este domingo segundo de la Pascua, será la narración de aquel narrador, calificado como Juan, quien nos proclame el texto de Jn 20,19-31.
Con la que está cayendo en la realidad de nuestra casa pequeña, que es nuestro alrededor; en nuestra casa mediana, que es la tierra de nuestra lengua; y, sobre todo, en la casa universal, que es nuestro mundo del planeta Tierra... Como trato de evocar, con la que está cayendo a modo de deshumanización, ¿tiene algún sentido que nos atrevamos a afirmar que 'resucitar es vivir'? 
Precisamente por esa deshumanización que nos empapa por fuera y por dentro habrá que aprender a mantener viva la vida. Es muy sencillo decirlo como lo es también ponerse manos a la obra. Y si no llegamos a pensar así, sería muy bueno y oportuno dejarnos alcanzar por la experiencia de aquella mujer llamada María de Magdala, de quien no sé si se nos dirá algo o nada en las homilías de las liturgias de este domingo, pero de la que sí se nos transcribe su experiencia en los versículos anteriores al relato proclamado (Jn 20,11-18). Esta mujer sabe y desea comunicarnos y compartirnos que Resucitar es vivir... 
Muy feliz esta nueva y segunda semana, después de la Pascua.
A continuación se encuentran los comentarios del domingo 12 de abril.
Carmelo Bueno Heras

Comentario primero:

Domingo 2º de Pascua. Ciclo A (12.04.2026): Juan 20,19-31. Dichosos tú y yo que no vimos y estamos bien. Lo escribo CONTIGO,

Sé que te has leído siete veces el relato de Juan 20,1-18 y que ahora te sabes casi de memoria lo que sucedió aquel primer día de la semana, hacia el amanecer. Este narrador parece que estuvo en Jerusalén durante el día primero de la semana después de la Pascua como si se tratara de un experto reportero. Después de contar lo sucedido en el amanecer (del sol) nos cuenta lo que ocurre ‘en el atardecer’ (del sol). ¿Del sol? ¿Del día? ¿Del día a día? ¿De la vida?

 

Cuando leo todo este capítulo me sorprendo del miedo de los DOCE reunidos con las puertas cerradas. Estos Doce, ¿no oyeron de boca de María Magdalena su relato del encuentro con el resucitado? (Jn 20,11-18). Los dos primeros Evangelios sinópticos no cuentan nada de esto que sucedió en el atardecer de aquel primer día de la semana. Al contrario, los DOCE se encontraban dispersos y alejados fuera de Jerusalén. María Magdalena sí estuvo presente.

 

El texto de Juan 20,19-23 es la primera parte del relato de la llamada ‘aparición del resucitado a los DOCE’, aunque en la realidad de esta narración sean en este momento sólo DIEZ apóstoles. Faltan Tomás y Judas. Éste abandonó el grupo en la cena de despedida. La imaginación de mis neuronas me lleva a pensar que muchos ‘ministros de la Palabra’ hablarán en sus homilías de dos cuestiones bien precisas: La confirmación y el perdón. Dos sacramentos.

¿Estaba ahí presente María Magdalena y recibió el mismo encargo que Pedro y los otros? El resucitado, nos cuenta este narrador sospechosamente presente en todo, sopla sobre ‘los Diez’ y éstos reciben el Espíritu Santo. Este Evangelista Juan le enmienda totalmente la hoja de la historia al Evangelista Lucas que ya había dejado escrito aquello de Pentecostés (Hch 2), acontecido cincuenta días después de la semana de Pascua. ¿Con qué nos quedamos?

 

El texto de Juan 20,24-30 es la segunda parte de este relato de los hechos finales de la presencia del resucitado en Jerusalén. Suceden los hechos una semana después y este experto reportero está ahí mismo, al pie de la noticia. Aunque sean exactamente ONCE, el Evangelista ‘habla explícitamente de los DOCE’ (Jn 20,24). Breve dato sospechoso. ‘Los Doce’ no son DOCE. Es un grupo. Los nuevos DOCE del Israel nuevo. Todos los seguidores. María Magdalena, las mujeres, los discípulos..., ¿y tú, y yo, y el otro, y los otros? También. Todos.

                                                                                                             

Ahora, ya con Tomás, estamos todos. Y si queda alguna duda, el Evangelista nos escribe muy explícitamente también una preciosa ‘bienaventuranza’ puesta en labios del resucitado y que Mateo y Lucas no nos la escribieron: “Dichosos los que no han visto y han creído” (Jn 20,29). ¿Cómo no voy a pensar que entre estos que no vimos estamos tú y yo y el otro y más...?

 

Y nos quedan por leer dos versículos: Juan 20,30-31. Quienes esto han estudiado a fondo dicen que aquí se acababa el cuarto Evangelio. Se nos dice que Jesús realizó otras muchas más señales que no se escribieron en este Evangelio. Aquí nos ha dejado siete señales (el agua de Caná, la curación del hijo del funcionario, el paralítico de Betesda, la multiplicación de los panes, el camino de Jesús sobre las aguas, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro). Si no son suficientes señales para ti o para mí, nos leeremos despacio Juan 13,35.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 19.04.2020. Y también en Madrid, 12.04.2026. 


Comentario segundo:

“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)

CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 20ª página del Evangelio de Mateo 12,15-37.

Cuenta el Evangelista Mateo que su Jesús de Nazaret se enteró de que ‘unos fariseos’ tramaban acabar con su vida. Por esta razón, aquel Jesús se marchó de donde estaba hasta que alguien se le acercó no estando aún muy lejos. Este narrador Mateo no nos precisó ni espacio ni tiempo. Tan solo nos dice que todo esto tiene que ver con una sinagoga y con un sábado (ver Mt 12,1-14, que ya leímos la semana pasada). Nos detenemos ya en Mt 12,15-37.

 

Junto a este tiempo y espacio del sábado y de la sinagoga nuestro Evangelista recuerda aquí la presencia activa y constante de ‘los fariseos’ (ver 12,2 y 12,14 y 12,24 y 12,38). Jesús y los fariseos son los protagonistas enfrentados según se nos escribe en este tramo importante de la vida pública de Jesús en sus años de evangelización por la región de Galilea. Precisamente en este contexto de confrontación directa el lector se encuentra la cita de Isaías 42,1-4 en la que se le recuerda la imagen de un creyente judío en su Yavé Dios. Un creyente fiel al que nada ni nadie le hará renunciar de su tarea. El Evangelista Mateo parece estar diciéndome que este judío creyente no es otro que su Jesús, el galileo y laico (Mt 12,15-21).

 

Si esto lo comprendo así puedo comentar que este Jesús de Mateo es la persona que lleva en sí la plenitud del espíritu del Dios en el que cree. La tradición religiosa llamó siempre a esta persona ‘el siervo de Yavé’. Y este siervo será siempre en la iglesia, y entre otras cosas, el protagonista de la ‘semana santa’. Es la manera de ‘bautizar para siempre como Mesías’ a Jesús de Nazaret. Estaré equivocado, pero creo que Jesús nunca deseó ser este tipo de Mesías. Y es, precisamente, este asunto del mesianismo del que se habla abiertamente en el texto de Mateo 12,22-37. Los hechos y los dichos de este galileo despertaron en las gentes de su tiempo la pregunta decisiva: “¿No será éste el hijo de David?” (12,23). Para ‘los fariseos’, en cambio, este laico de Galilea no era otra cosa que un blasfemo, hereje, o el satán y diablo que se ha cruzado en el camino de la presencia de Yavé Dios en medio de su pueblo, Israel (12,24).

 

Desde este planteamiento, el Evangelista se atrevió a colocar en boca de su propio Jesús una larga meditación en la que se desautoriza toda la religión judía ya sea tanto en sus creencias como en su práctica. Era ‘su religión’, la de su infancia, la de su familia... Y la desautoriza. Este narrador está adelantando a este lugar de su Evangelio aquello que desarrollará más adelante cuando nos encontremos en Jerusalén y dentro de su Templo (Mt 23,1-39). La expresión que leo ahora en Mt 12,34 no deja lugar alguno para la duda: “Raza de víboras, ¿cómo podéis hablar vosotros, fariseos, de cosas buenas siendo malos?”.

 

Permanecer en esa ‘religión judía’ es permanecer en la ceguera y la mudez. ¿No es esto ‘pecar contra el Espíritu’? (12,31-32). Creo que sí. Permanecer en la propuesta de Jesús es atreverse a ‘ver y hablar’. ¿Dónde está el milagro de este ‘ver y hablar’? El milagro está dentro de cada uno y en sus propias decisiones. El milagro estuvo en las decisiones de Jesús y así es como nos lo contó este Evangelista cuando nos sentó a todos sus lectores ante su Jesús en su discurso primero (Mt 5-7) y nos dijo: “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás”.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid,14.04.2019. Y también en Madrid, 12.04.2026

12 de abril: Nuestra Señora de La Caridad del Cobre

 

12 de abril: Nuestra Señora de La Caridad del Cobre

Alonso de Ojeda y los primeros conquistadores de Cuba pretendían imponerse a los indios. Estos los repulsaron y los españoles tuvieron que huir atravesando montes y ciénagas para salvar sus vidas. Así llegaron al poblado indio de Cueiba en la zona de Jobabo. Los indios al verlos en tan mal estado tuvieron compasión de ellos y les auxiliaron.

En agradecimiento Alonso Ojeda construyó una pequeña ermita con ramas de árboles, posiblemente la primera en suelo cubano. Allí colocó una Imagen de Nuestra Señora que era su preciada pertenencia. Cumplió así el voto que había hecho de entregar la Imagen si salía salvo de aquella situación. Enseñó a los indios a decir el "Ave María" y aquella expresión se propagó tan rápido entre los indios que mas tarde Cuba se llegó a conocer como la isla del "Ave María". No hay razón para pensar que fuese aquella la imagen de la Virgen de la Caridad que se aparecerá después. Pero la Virgen ya se hacía presente en Cuba preparando el camino.

Una gran enseñanza: La Virgen quiso que la evangelización no partiera de la prepotencia sino desde la humildad y el agradecimiento.

Sin comprender muy bien la religión, los indios de aquel lugar veneraron la Imagen y mantuvieron la ermita con gran esmero cuando Ojeda se marchó. Así ocurría cuando llegó el Padre de las Casas al poblado de Cueibá.

En el siglo XVI aumentó en Cuba la cría del ganado. Era necesario para los españoles en camino hacia los nuevos territorios. En 1598 comenzó la explotación del cobre en las montañas de la región oriental de la isla. A 15 leguas de las minas el gobierno español estableció el hato de Varajagua o Barajagua que contaba con mucho ganado. Por eso era necesaria la sal que prevenía la corrupción de la carne.


El hallazgo

Alrededor del año 1612 o a los inicios de 1613, fueron a buscar sal en la bahía de Nipe dos hermanos indios y un negrito de nueve o diez años. Se llamaban respectivamente Juan de Hoyos, Rodrigo de Hoyos y Juan Moreno, conocidos por la tradición como "los tres Juanes". Mientras iban por la sal ocurrió la aparición de la estatua de la Virgen. He aquí el relato de Juan Moreno, dado en 1687, cuando tenía ochenta y cinco años:

"...habiendo ranchado en cayo Francés que está en medio de la bahía de Nipe para con buen tiempo ir a la salina, estando una mañana la mar calma salieron de dicho cayo Francés antes de salir el sol, los dichos Juan y Rodrigo de Hoyos y este declarante, embarcados en una canoa para la dicha salina, y apartados de dicho cayo Francés vieron una cosa blanca sobre la espuma del agua, que no distinguieron lo que podía ser, y acercándose más les pareció pájaro y ramas secas. Dijeron dichos indios "parece una niña", y en estos discursos, llegados, reconocieron y vieron la imagen de Nuestra Señora la Virgen Santísima con un Niño Jesús en los brazos sobre una tablita pequeña, y en dicha tablita unas letras grandes las cuales leyó dicho Rodrigo de Hoyos, y decían: "Yo soy la Virgen de la Caridad", y siendo sus vestiduras de ropaje, se admiraron que no estaban mojadas. Y en esto, llenos de alegría, cogieron sólo tres tercios de sal y se vinieron para el Hato de Barajagua..."

El administrador del término Real de Minas de Cobre, Don Francisco Sánchez de Moya, ordenó levantar una ermita para colocar la imagen y estableció a Rodrigo de Hoyos como capellán.

Una noche Rodrigo fue a visitar a la Virgen y notó que no estaba allí. Se organizó una búsqueda sin éxito. A la mañana siguiente, y para la sorpresa de todos, la Virgen estaba de nuevo en su altar, sin que se pudiera explicar, ya que la puerta de la ermita había permanecido cerrada toda la noche.

El hecho se repitió dos o tres veces más hasta que los de Barajagua pensaron que la Virgen quería cambiar de lugar. Así se trasladó en procesión, con gran pena para ellos, al Templo Parroquial del Cobre. La Virgen fue recibida con repique de campanas y gran alegría en su nueva casa, donde la situaron sobre el altar mayor. Así llegó a conocerse como la Virgen de la Caridad del Cobre.

En el Cobre se repitió la desaparición de la Virgen. Pensaron entonces que ella quería estar sobre las montañas de la Sierra Maestra. Esto se confirmó cuando una niña llamada Apolonia subió hasta el cerro de las minas de cobre donde trabajaba su madre. La niña iba persiguiendo mariposas y recogiendo flores cuando, sobre la cima de una de las montañas vio a la Virgen de la Caridad.

La noticia de la pequeña Apolonia causó gran revuelo. Unos creían, otros no, pero la niña se mantuvo firme en su testimonio. Allí llevaron a la Virgen.

Desde la aparición de la estatua, la devoción a la Virgen de la Caridad se propagó con asombrosa rapidez por toda la isla a pesar de las difíciles comunicaciones.

Fue en el Cobre, en 1801, que los mineros, alentados por el Padre Alejandro Ascanio, obtienen la libertad por Real Cédula del 7 de abril.

Con los años se adquirió un recinto mayor para construir un nuevo santuario que pudiese acoger al creciente número de peregrinos, haciéndose la inauguración, con el traslado de la Virgen el día 8 de Septiembre de 1927.

Durante la guerra de independencia, las tropas se encomendaban a la Virgen de la Caridad. No es que se pueda ver a la Virgen como una aliada en la guerra. Mas bien ella, como madre, sufre y se preocupa de todos, busca la paz entre sus hijos, finalmente cuando los corazones no le permiten otra cosa, busca atenuar los odios y fomentar la reconciliación y el perdón.

Después de la guerra de independencia, los veteranos pidieron al Papa que declarase a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. En documento firmado el día 10 de Mayo de 1916 por el Cardenal Obispo de Hostia, Su Santidad Benedicto XV accedió a la petición, declarando a la Virgen de la Caridad del Cobre Patrona Principal de la República de Cuba y fijando su festividad el 8 de Septiembre.

En 1977, el Papa Pablo VI eleva a la dignidad de Basílica al Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

Durante los meses de preparación para la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, diez imágenes peregrinas de la Virgen de la Caridad recorrieron las distintas diócesis del país con gran respuesta del pueblo.

La Virgen de la Caridad fue coronada por S.S. Juan Pablo II como Reina y Patrona de Cuba el sábado 24 de Enero de 1998, durante la Santa Misa que celebró en su visita apostólica a Santiago de Cuba.


La Virgen de la Caridad en el exilio.

Los cubanos exilados en Miami por causa del comunismo, habiendo sufrido enormemente por la separación o muertes en sus familias, por la pérdida de la patria y de todo lo que tenían, se preparaban para la primera celebración de la Fiesta de la Virgen de la Caridad en el exilio. Por eso deseaban tener una imagen adecuada de la Virgen.

Providencialmente, el mismo 8 de septiembre, de 1961, mientras ya miles se reunían en el Estadio de Miami para celebrar la Misa, llegó al aeropuerto de esta ciudad la imagen de la Virgen de la Caridad procedente de Cuba. Era la imagen de la Parroquia de Guanabo en la Arquidiócesis de la Habana. Había sido asilada en la embajada de Italia y pasada por la Encargada de Negocios de Panamá a su embajada por petición de los cubanos. Aquella celebración de profunda emoción, presidida por el Arzobispo de Miami, se hizo una tradición que continúa hasta el día de hoy.

Después de la primera celebración, la Virgen comenzó un recorrido de los campamentos para los niños cubanos exilados que se encontraban sin sus padres. La Arquidiócesis de Miami acogió y cuidó de catorce mil niños en aquellos primeros años de exilio.

Los cubanos se organizaron para construir una Ermita a la Virgen de la Caridad en el exilio. La primera piedra de la capilla provisional se puso el 20 de mayo, de 1967 y se celebró la Santa Misa.

El 21 de mayo, de 1968 el Arzobispo Carrol de Miami, ordena la fundación de la Cofradía de la Virgen de la Caridad para reunir a los devotos para honrar a la Virgen y con ella evangelizar. En el mismo año comenzaron las peregrinaciones de los 126 municipios de Cuba que han continuado organizadamente desde entonces.

El 2 de diciembre, de 1971 se dedicó la Ermita de la Virgen de la Caridad. Presidió el cardenal Kroll, Arzobispo de Philadelfia, entonces presidente de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos, con la presencia del Arzobispo Carroll de Miami y los obispos Boza Masvidal (exilado de Cuba) y Gracida.

En septiembre de 1987, al visitar el Santo Padre Juan Pablo II a Miami, la imagen de la Virgen de la Caridad se trasladó a la residencia del Arzobispo McCarthy para presidir la Capilla privada del Santo Padre. El Papa, en su homilía, hizo mención de la Virgen de la Caridad.

Miami cuenta con ciudadanos de todos los países hispanos. Desde los años 80, además de los municipios cubanos, peregrinan también a la ermita de la Virgen de la Caridad de forma organizada, todos los países hermanos de la hispanidad durante el mes de octubre.

El Arzobispo McCarthy, el 14 de mayo, de 1994 consagró solemnemente el altar de la Ermita que debajo guarda visiblemente la primera piedra. Esta piedra contiene tierra de las distintas provincias de Cuba que se fundieron con agua que llegó en una balsa en la cual perecieron los quince tripulantes que buscaban escapar de Cuba.

La Ermita fue ampliada y se añadió una preciosa capilla del Santísimo que fue bendecida por el Arzobispo de Miami, Juan C. Favalora el 21 de mayo, fiesta de la Ascensión del Señor. En la Santa Misa que el Arzobispo celebró ese día en la ermita, elevo la cofradía a Archicofradía de Nuestra Señora de la Caridad.

Los devotos de la Virgen han logrado propagar no solo la devoción a la Virgen de la Caridad, sino hacer de la Ermita un centro de evangelización de irradiación mundial. El instrumento principal de la Virgen para la obra de la Ermita ha sido desde el principio Monseñor Agustín Román, hoy obispo auxiliar de Miami, siempre ayudado por las Hermanas de la Caridad que ministran en la Ermita y la Archicofradía.


Las verdades que la Virgen de la Caridad nos enseña:

1 -Dios está sobre todo y todos. La Virgen tiene las manos llenas: Con la derecha sostiene la Cruz, camino único de salvación, que debe ser abrazado por todos sus hijos. Con la izquierda sostiene a su Hijo, el Niño Dios. Así nos enseña la importancia de, imitarla a ella que fue fiel, acompañando a Jesús desde el comienzo de su vida hasta la Cruz.

2 -Ella (María) es nuestra madre y protectora. En tiempo de tormenta, la Virgen viene para salvar a aquellos tres Juanes, sus hijos. La Virgen quiere salvarnos hoy de las tormentas que azotan en nuestro corazón. Ella acompañó a los Apóstoles cuando se reunieron llenos de miedo en Pentecostés. La Virgen nos adentra en su corazón maternal, santuario del Espíritu Santo donde nos forja en otros Cristos. La Madre nos protege, nos enseña e intercede por nosotros.

3 -El valor de la Familia. Jesús quiso nacer y tener madre. La Virgen se aparece como madre con su Hijo en los brazos. Ella es la madre de todos los que guardan la Palabra. María nos enseña la importancia de la Maternidad, la dignidad de la mujer a la que Dios mismo confía tan gran misión. Por ende, el respeto que merece. La Virgen María es la madre de todas las familias. Al recurrir a ella, la familia se consolida en la auténtica caridad que ella nos ofrece: Jesucristo.

4 -El verdadero amor a la Patria. El pecado ha llevado al hombre a falsos conceptos de lo que es el patriotismo. En su nombre se cometen atrocidades. La Virgen nos enseña que la verdadera patria es el cielo. La patria de la tierra es amada y edificada no cuando la queremos "glorificar" según nuestras ideas humanas sino cuando hacemos la voluntad de Dios. A medida que en un país sus hijos hacen la voluntad de Dios, ese país se enaltece. "Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo". El camino de la Virgen para construir la patria es la caridad, o sea, el amor. 1 Corintios 13, 3-8 "Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca" El amor es la fuerza que une en el bien y vence todo mal. La Virgen se confía ella misma en las manos de los tres Juanes, hombres humildes y sencillos que para el mundo no cuentan nada. Son ellos los que la deben introducirla en la patria y fomentar su devoción, prendiendo así la chispa que será la esperanza para la historia de la patria. La Virgen pone el futuro de Cuba en manos de los humildes, los que no están cargados de la prepotencia de sus propias opiniones y soluciones para todo. La caridad ha de propagarse por todos los corazones hasta que nos haga capaces de sufrir por el bien del hermano, aun de ese hermano a quién antes llamaba mi enemigo. Así hacemos patria.


ORACIONES

NOVENA A LA VIRGEN DE LA CARIDAD

Acto de Contrición:

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mi ante Dios, nuestro Señor.

Oración para todos los días:

Acordaos, oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que haya acudido a Vos, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, oh Virgen, Madre de la vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vuestra Santísima presencia soberana. No desechéis oh purísima Madre de Dios mis humildes súplicas, antes bien, escuchadlas favorablemente. Así sea. Día Primero (30 de agosto):

¡Dios te salve! ¡Cuánto se alegra mi alma, amantísima Virgen, con los dulces recuerdos que en mí despierta esta salutación! Llénase de júbilo mi corazón al pronunciar el Ave María, para acompañar el gozo que llenó tu espíritu al escucharla de boca del Ángel, congratulándose así de la elección que de ti hizo el Omnipotente para darnos al Señor.

Pídase el favor que se desea conseguir.

Oración Final para recitar todos los días: Oh, Señora mía, Oh Madre mía, yo me entrego del todo a ti; Y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy tuyo, Oh Madre de piedad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.

Día segundo: (31 de agosto)

¡María, nombre santo! Dígnate, amabilísima Madre, sellar con tu nombre el memorial de nuestras súplicas, dándonos el consuelo de que tu Hijo, Jesús, las atienda benignamente para alcanzar pleno convencimiento en la práctica de nuestros deberes religiosos, sólida confirmación en las virtudes cristianas y continuas ansias de nuestra eterna salvación.

Día tercero: (1 de septiembre)

Llena de Gracia, ¡Oh dulce Madre! Dios te salve, María, sagrario riquísimo en que descansó corporalmente la plenitud de la Divinidad: a tus pies nos presentamos hoy para que la gracia de Dios se difunda abundantemente en nuestras pobres almas, las purifique, las engrandezca y cada día aumente más en ellos el verdadero amor a Dios y a nuestros hermanos.

Día cuarto: (2 de septiembre)

El Señor es contigo: ¡Oh Santísima Virgen! Aquel inmenso Señor, que por su esencia está en todas las cosas, está en ti y contigo de un modo muy superior. Madre mía, venga por ti a nosotros. Pero ¿cómo ha de venir a un corazón lleno de tanta suciedad. Aquel Señor que para hacerte habitación suya quiso, con tal prodigio, que no perdieses, siendo madre, tu virginidad? ¡Oh muera en nosotros toda impureza!

Día quinto: (3 de septiembre)

Bendita tú eres entre todas las mujeres. Tú eres, oh Santísima Virgen María, la gloria de Jerusalén, tú eres la alegría de Israel, tú eres el honor de nuestro pueblo. Si por una mujer, Eva, tantas lágrimas se derramó en el mundo, por ti nos llegó la redención. Por esto, tú serás siempre bendita. Alcánzanos una fe viva y operante para considerar e imitar las grandes obras que en ti y por ti obró Dios.

Día sexto: (4 de septiembre)

Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Deploramos grandemente, purísima Virgen y amantísima Madre, que hayamos cometido tantos pecados, sabiendo que ellos hicieron morir en tu cruz a tu Hijo. Sea el fruto de nuestra oración, que no cesamos de llorarlos hasta poder bendecir eternamente a Jesús, fruto bendito de tu vientre virginal.

Día séptimo: (5 de septiembre)

Santa María, Madre de Dios. Tu mayor título de grandeza, tu mayor dignidad, oh María es haber sido elegida para Madre de Jesucristo, Hijo de Dios. De esta elección divina proceden todas tus gracias y prerrogativas. No olvides nunca que también fuiste designada por tu Divino Hijo, al pie de la cruz, como Madre espiritual nuestra. Que nunca nos falten fuerzas para mostrarnos como dignos hijos tuyos.

Día octavo: (6 de septiembre)

Ruega por nosotros, pecadores. En ti Virgen María, como en alcázar nos refugiamos. Aunque el vértigo de la vida y los enemigos del alma nos hayan despojado o puedan despojarnos de las preciosas vestiduras de la gracia, alejándonos de ti y de tu amado Hijo, nunca nos cierres las puertas de Sagrado Corazón.

Día noveno: (7 de septiembre)

Ahora y en la hora de nuestra muerte . Siempre estamos expuestos a perder la gracia de Dios y condenarnos. Haced, Santísima Virgen María, que por vuestra intercesión nunca perdamos el favor de Dios; que en esta difícil lucha por la vida encontremos en ti la protección maternal que tanto necesitamos y una Abogada en la hora de nuestra muerte.


ORACIÓN DEL PAPA JUAN PABLO II AL CORONAR LA VIRGEN NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD DEL COBRE El 24 de enero, de 1998

¡Virgen de la Caridad del Cobre. Patrona de Cuba! ¡Dios te salve, María, llena de gracia! Tú eres la Hija amada del Padre, la Madre de Cristo. nuestro Dios, el Templo vivo del Espíritu Santo. Llevas en tu nombre, Virgen de la Caridad, la memoria del Dios que es Amor el recuerdo del mandamiento nuevo de Jesús, la evocación del Espíritu Santo: amor derramado en nuestros corazones, fuego de caridad enviado en Pentecostés sobre la Iglesia, don de la plena libertad de los hijos de Dios.

¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús! Has venido a visitar nuestro pueblo y has querido quedarte con nosotros como Madre Y Señora de Cuba, a lo Largo de su peregrinar por los caminos de la historia. Tu nombre y tu imagen están esculpidos en la mente Y en el corazón de todos los cubanos, dentro fuera de la Patria, como signo de esperanza y centro de comunión fraterna.

¡Santa María. Madre de Dios Y Madre nuestra! Ruega por nosotros ante tu Hijo Jesucristo, intercede por nosotros con tu corazón maternal, inundado de la caridad del Espíritu. Acrecienta nuestra fe, aviva la esperanza, aumenta Y fortalece en nosotros el amor Ampara nuestras familias, protege a los jóvenes y a los niños, consuela a los que sufren. Sé Madre de los fieles y de los pastores de la Iglesia, modelo y estrella de la nueva evangelización. ¡Madre de la reconciliación! Reúne a tu pueblo disperso por el mundo. Haz de la nación cubana un hogar de hermanos y hermanas para que este pueblo abra de par en par su mente, su corazón y su vida a Cristo, único Salvador y Redentor, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Amén.


Oración a la Virgen de la Caridad

Santa María de la Caridad que viniste como mensajera de paz, flotando sobre el mar.

Tú eres la Madre de todos los cubanos. A ti acudimos, Santa Madre de Dios, para honrarte con nuestro amor de hijos.

En tu corazón de Madre ponemos nuestras ansias y esperanzas, nuestros afanes y nuestras súplicas;

Por la Patria desgarrada, para que entre todos construyamos la paz y la concordia.

Por las familias, para que vivan la fidelidad y el amor. Por los niños, para que crezcan sanos corporalmente y espiritualmente.

Por los jóvenes para que afirmen su fe y su responsabilidad en la vida y en lo que da el sentido a la vida.

Por los enfermos y marginados, por los que sufren en soledad, por los que están lejos de la Patria, y por todos los que sufren en su corazón.

Por la Iglesia Cubana y su misión evangelizadora, por los sacerdotes y diáconos, religiosos y laicos.

Por la victoria de la justicia y del amor en nuestro pueblo.

¡Madre de la Caridad, bajo tu amparo nos acogemos!

¡Bendita tú entre todas las mujeres y bendito Jesús, el fruto de tu vientre! A Él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

AMEN.

(con licencia eclesiástica)

Oraciones finales: Padre Nuestro, 3 Avemarías y Gloria al Padre

(fuente: www.corazones.org)

sábado, 11 de abril de 2026

Santos del día 11 de abril: Sábado de la octava de Pascua, solemnidad

Santos del día 11 de abril: Sábado de la octava de Pascua, solemnidad


   San Antipas, santo del NT   

En Pérgamo, en la provincia romana de Asia, conmemoración de san Antipas, que fue testigo fiel, como dice san Juan en el Apocalipsis, al ser martirizado por el nombre de Jesús.
Conmemoración de san Felipe, obispo de Gortina, en Creta, que en tiempo de los emperadores Marco Antonio Vero y Lucio Aurelio Cómodo, tuteló enérgicamente la Iglesia que se le había encomendado, frente a la violencia de los paganos y las insidias de los herejes. († c. 180)
En Salona, en Dalmacia, san Domnión, obispo y mártir, que, según la tradición, fue martirizado durante la persecución desencadenada bajo el emperador Diocleciano. († 299)
Cerca de Gaza, en Palestina, san Barsanufio, anacoreta, el cual, de origen egipcio, dotado de gracias de contemplación, fue también eximio por la integridad de su vida. († 540)
En Spoleto, población de Umbría, san Isaac, monje, oriundo de las regiones de Siria y fundador del monasterio de Monteluco, cuyas virtudes fueron recordadas por el papa san Gregorio Magno. († c. 550)
La Memoria litúrgica litúrgica no se celebra hoy, porque hay una celebración de mayor rango
Memoria de san Estanislao, obispo y mártir, que en medio de las dificultades de su época fue constante defensor de la humanidad y de las costumbres cristianas, rigió como buen pastor la Iglesia de Cracovia, en Polonia, ayudó a los pobres, visitó cada año a sus clérigos y, finalmente, mientras celebraba los divinos misterios, fue muerto por orden de Boleslao, rey de Polonia, a quien había reprendido severamente. († 1079)
  Beato Lanuino, monje (1 coms.)   
En Calabria, beato Lanuino, que fue compañero de san Bruno y sucesor suyo, insigne intérprete del espíritu del fundador en las instituciones y monasterios de la Cartuja. († 1119)
En Coimbra, ciudad de Portugal, beata Sancha, virgen, hija del rey Sancho I, que fundó el monasterio de Cellis de monjas cistercienses, y en él abrazó la vida regular. († 1229)
En Cúneo, del Piamonte, beato Ángel (Antonio) Carletti de Chivasso, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, insigne en la doctrina, la prudencia y la caridad. († 1495)
En Londres, en Inglaterra, beato Jorge Gervase, presbítero de la Orden de San Benito y mártir, alumno del Colegio de los Ingleses de Douai, que en tiempo del rey Jacobo I, mientras ejercía el ministerio pastoral en su patria, fue detenido dos veces, y no dejó de confesar con constancia su fe católica hasta ser ahorcado. († 1608)
En Lucca, en Italia, santa Gema Galgani, virgen, quien, insigne por la contemplación de la Pasión y por los dolores soportados con paciencia, a la edad de veinticinco años consumó su angélica vida el día de Sábado Santo. († 1903)
En la misma ciudad de Lucca, santa Elena Guerra, virgen, que instituyó la Congregación de Oblatas del Espíritu Santo, para la enseñanza de las niñas, e instruyó admirablemente a los cristianos acerca de la cooperación del Espíritu Santo en la economía de la Salvación. († 1914)
En el campo de concentración de Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, beato Semproniano Ducki, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que apresado en tiempo de guerra por su fidelidad a Cristo, culminó su martirio en medio de torturas. († 1942)