Comentarios del 23 de agosto
Domingo 21º del TO. Ciclo A (23.08.2026): Mateo 16,13-20
¿Quién es tu Jesús de Nazaret? Lo medito y escribo CONTIGO,
Desde la costa mediterránea de Tiro y Sidón -en la que se encontraron el Jesús de Nazaret del Evangelista Mateo, los seguidores de éste, la mujer cananea (la pagana sirofenicia del Evangelista Marcos) y su hija (Mateo 15,21-28)- hasta la región de Cesarea de Filipo hay que recorrer una larga distancia en la que suceden varias cosas importantes que, ¿los maestros de la liturgia vaticana decidieron, en su día, que el pueblo de la celebración no las oyera? Quizá.
¿Qué virus de nociva espiritualidad evangélica se contiene en Mateo 15,29-39 y en su continuación en Mateo 16,1-12? Ahí se habla del virus de las levaduras. Espero que todos recordemos aquella parábola de la levadura de la mujer en Mt 13,33. La levadura de la espiritualidad farisea y saducea fermenta la masa de la Ley de Moisés en Religión judía. La levadura de Jesús es la buena noticia que ya leímos en Mateo 7,12. Que nunca debe olvidarse.
Con este asunto de la levadura entre las neuronas, leo en Mateo: “Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo preguntó a sus seguidores... ¿Quién decís que soy yo?... Entonces les prohibió decir que él era el Cristo (en griego), el Mesías (en hebreo)” (Mt 16,13-20).
Este explícito y textual relato fue considerado tan importante y nuclear en la Tradición eclesiástica que se quiso considerar como el momento fundacional de la Iglesia católica, apostólica, romana y vaticana. Creo que para una inmensa mayoría de creyentes, estas expresiones llegan a ser dogma de fe, revelado por la trinidad divina. Y a cualquier mente crítica esta tradición dogmática le parece dudosa y muy seguramente ajena al pensar de Jesús.
Antes de emitir ninguna otra opinión conviene leerse muy despacio y en paralelo o sinopsis estos tres textos evangélicos: Mateo 16,13-20, por un lado; en el centro Marcos 8,27-30; y por otro lado Lucas 9,18-21. Los tres relatos no pueden considerarse como constatación de un solo hecho y mensaje ocurrido en la vida de Jesús de Nazaret. El hecho sólo ocurrió de una manera.
Y para subrayar este dato es preciso saber también que el cuarto Evangelio, el de Juan, nada nos cuenta de este hecho de la fundación de la Iglesia por Jesús y de la institucionalización del Papado, en Roma y en la persona de Pedro, en el que se ha apoyado toda la Tradición después de la muerte de Jesús de Nazaret. Tanto la iglesia como el papado de Pedro y de sus sucesores pertenecen a la Tradición eclesiástica y no al Evangelio que fue el propio Jesús de Nazaret.
Y se debe añadir también el dato que nos ofrecen Marcos 8,31-33 y Mateo 16,21-23. En ambos relatos se explica con nitidez explícita el rechazo de Jesús de Nazaret al propio Pedro a quien se le califica como ‘Satanás’ por su manera tan diabólica de pensar el mesianismo de Jesús.
Siempre que veo y escucho los textos de la Biblia con los criterios de la lectura histórico-crítica no dejo de preguntarme, y más en casos como éste del relato de Mateo, por qué la historia se ha fiado más de la Tradición que del Evangelio (ambos los escribo en Mayúscula). Y no encuentro otra explicación que la ignorancia, inconsciente o pretendida. No se leía el Evangelio y ¿así seguimos? Mirar despacio el Evangelio es como amarse piel con piel y no sólo de oídas.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 23.08.2020. Y también en Madrid, 23.08.2026.
Comentario segundo:
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)
CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 39ª página del Evangelio de Mateo 22,1-14.
Transcribo ahora y aquí el comienzo del texto del Evangelio que vamos a leer y comentar: “De nuevo tomó Jesús la palabra y les habló en parábolas” (Mt 22,1). Y transcribo también el final, muy sorprendente, de este relato: “Porque hay más llamados que escogidos” (Mt 22,14).
El relato, pues, que leemos y comentamos es Mateo 22,1-14. Son las palabras que este Evangelista pone en boca de su Jesús de Nazaret mientras éste está en el Templo de Jerusalén y mientras dialoga con la autoridad de la Religión de Israel: Sumos Sacerdotes, Ancianos y Fariseos. Y todo ello sucede en ‘la mañana del día siguiente’ (Mt 21,18). El día anterior (Mt 21,1-17), este Jesús y las personas que lo seguían habían llegado a Jerusalén y al Templo.
El texto de Mateo 22,1-14 es una parábola que les cuenta Jesús a las autoridades religiosas judías. Y esta parábola, tal cual, sólo la encontramos en este Evangelio. En otro Evangelio encontramos una parábola muy parecida a ésta, pero con muy notables diferencias. Conviene leerse Lucas 14,15-24. Los Evangelios de Marcos y de Juan, el primero y el cuarto que se escribieron, nada nos dicen de esta parábola de Jesús. ¿La dijo Jesús? ¿Se la inventó Mt o Lc?
Al leer la parábola en este Evangelio de Mateo se debe tener muy presente que la parábola está dirigida directa y explícitamente a la autoridad religiosa de Israel. Y está contada como la respuesta de Jesús a la pregunta que esta autoridad le acaba de formular según queda escrito en Mt 21,23: “¿Con qué autoridad actúas así? ¿Quién te ha dado esa autoridad?”
Creo que el asunto del que se trata es muy, muy, muy importante: la autoridad. Es decir, ¿quién es el que manda en el Templo y en todo cuanto depende de la realidad institucional del Templo? Jesús de Nazaret está en ese Templo y se ha atrevido a decir alto y claro que ‘ese Templo’ se ha convertido en un mercado y debe desaparecer. Los Sumos Sacerdotes, Ancianos y Fariseos creen que ellos son la autoridad del Templo. El enfrentamiento está servido.
Cuando el Evangelista nos escribe todo esto ya se sabía sobradamente que en este des-encuentro de autoridades Jesús de Nazaret perdió, fue acusado de hereje y de blasfemo, apresado, juzgado, condenado y ejecutado. Sin embargo, dice el Evangelista (Mt 21,43-46), para la gente del pueblo, Jesús era -fue y lo seguirá siendo- un profeta. ¿Una Voz? ¿Una Palabra? ¿Una Luz? ¿Un Camino? ¿Una Parábola... ¡de Dios!? “El reinado de Dios se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo...”. Invitó a todos. Llamó a todos... Sin embargo, sólo algunos escogieron, aceptaron, decidieron participar en la boda. Y cuando acabo de leer el relato no dejo de recordar en mi meditación contemplativa el mensaje de este Evangelista en Mt 7,12 como si fuera la melodía de quienes visten el traje de fiesta de la boda: “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás. Esta es toda la Ley y los Profetas”. Y si esto fuera así, me queda aún una inmensa duda: ¿A quién representa el que no viste el traje de fiesta en la boda (Mt 22,13)? ¿Será el espía de la autoridad del Templo?
Sí. Era el espía del Templo por una sola razón: “Él se quedó callado”. Igual que en Mt 21,27.
Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 25.08.2019. Y también en Madrid, 23.08.2026.







El hombre se despojó de su lastre terrenal y se encaminó directamente hacia las puertas del Cielo. Con un gesto le indicaron que dejara el portafolio en el umbral.