miércoles, 21 de octubre de 2026

“No llames impuro a lo que Dios purificó”: Bautismo e historia de San Cornelio Centurión

 

“No llames impuro a lo que Dios purificó”: Bautismo e historia de San Cornelio Centurión

San Pedro introduce a Cornelio a la Iglesia, y por esa puerta entra la gentilidad.

San Cornelio Centurion

Redacción (20/10/2026, Gaudium Press) Aproximadamente en el año 38, el Emperador Calígula mandó que fuese erigida una estatua en su honra en el Templo de Jerusalén. Los judíos, ocupada su atención en ese horrendo hecho, dejaron de perseguir a los cristianos. Entonces, la Iglesia “vivía en paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Ella se consolidaba y andaba en el temor del Señor y, con la ayuda del Espíritu Santo, crecía en número” (At 9, 31), nos cuenta San Lucas en los Hechos de los Apóstoles.

En cierta ocasión, San Pedro visitó “a los santos que residían en Lida”, es decir, los primeros fieles de esa ciudad (Cfr. At 9, 32). En esa ciudad, el Príncipe de los Apóstoles curó milagrosamente un hombre que hacía ocho años estaba paralítico. Y todos los habitantes de la región se convirtieron.

Luego fue a Jope, donde tuvo una visión.

En Cesarea de Palestina, residía Cornelio, centurión romano, “hombre religioso y temeroso a Dios, con toda su casa” (At 10, 2).

Era pagano y poseía un cargo honroso, pues comandaba cien soldados. Toda su familia y sus servidores adoraban al Creador. Él rezaba bastante y cierto día, mientras hacía sus oraciones, un Ángel se le apareció y le dijo: “Tus oraciones y tus limosnas subieron para ser recordadas delante de Dios. Ahora, envía algunos hombres a Jope y manda llamar a un hombre llamado Simón, conocido como Pedro” (At 10, 4-5).

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Cornelio convocó dos siervos y un soldado, les explicó lo ocurrido y los mandó a Jope. La caminata de Cesarea a Jope duraba doce horas. Los tres hombres ya se aproximaban a Jope, cuando San Pedro –que se encontraba rezando en la terraza de una casa en la cual estaba hospedado– vio en el cielo una enorme toalla, sujetada por las cuatro puntas, sobre la cual había diversas especies de animales, y que bajaba a la tierra.

Entonces, “una voz le dijo: –¡Levántate, Pedro, mata y come! Pero Pedro respondió: –¡De modo alguno, Señor! Nunca comí cosa profana o impura. La voz le habló por segunda vez: –No llames de impuro lo que Dios tornó puro. Eso se repitió tres veces” (At 10, 13-16).

Después, la toalla fue recogida al cielo. Algunos animales, por ejemplo el cerdo, eran considerados impuros por la ley judaica. Los judíos jamás lo comían, incluso estando en el exterior, conforme muestra el libro de Daniel (cf. Dn 1, 8).

Por esa visión, se verifica que Dios revocaba la parte de la legislación mosaica relativa a los alimentos. La toalla simbolizaba el mundo entero, sobre todo los paganos que el Creador quería introducir a la Iglesia, y San Pedro no se debía negar a recibirlos.

El Espíritu Santo descendió sobre los que oían las palabras de San Pedro

Cuando los tres hombres estaban llegando a la casa donde se encontraba San Pedro, el Espíritu Santo le dijo al primer Papa: “Ve con ellos sin dudar, pues fui Yo que los mandé” (At 10, 20). Al día siguiente, el Príncipe de los Apóstoles, acompañado de algunos cristianos de Jope, se dirigió con los tres hombres hasta Cesarea, donde Cornelio lo estaba esperando, con sus parientes y amigos.

“Cuando Pedro estaba para entrar a la casa, Cornelio le salió al encuentro y se prosternó a sus pies en adoración. Pero Pedro lo levantó y dijo: ‘Levántate, yo también soy apenas un hombre’” (At 10, 25-26). Y le preguntó por qué lo había mandado llamar. Cornelio narró la aparición del Ángel y agregó: “Estamos todos aquí, en presencia de Dios, listos para oír lo que el Señor te encargó decirnos” (At 10, 33). ¡Es admirable ese centurión, por su fe y rectitud de alma!

Con palabras llenas de unción, San Pedro afirmó, entre otras cosas, que Jesús por todas partes “anduvo haciendo el bien y curando a todos los que estaban dominados por el diablo” (At 10, 38). Los judíos lo mataron, pero Él resucitó al tercer día.

Mientras San Pedro hablaba, “el Espíritu Santo descendió sobre todos los que estaban escuchando la palabra” (At 10, 44). Y luego después fueron bautizados. “Así, el primero de la gentilidad que entró a la Iglesia cristiana fue un hombre de guerra, un centurión romano.”

Los judaizantes

La noticia de ese bellísimo hecho se difundió por toda Judea. Pero cuando San Pedro regresó a Jerusalén, “los fieles de origen judaico se pusieron a discutir con él, diciendo: ‘¡Tú entraste en casa de incircuncisos y comiste con ellos!’” (At 11, 2-3).

Entonces, él narró detalladamente la visión que tuviera en Jope, el bautismo de Cornelio y todos de su casa, en Cesarea. Y agregó: “Si Dios concedió a ellos el mismo don que a nosotros, que creemos en el Señor Jesucristo, ¿quién sería yo para oponerme a la acción de Dios?” (At 11, 17). Al oír eso, ellos se calmaron.

No obstante, “esa falsa apreciación de los derechos del judaísmo con relación a los gentiles tornados cristianos resurgirá más tarde, causando graves peligros para la Iglesia”.

De hecho, esos contestatarios se unieron y formaron un movimiento llamado de los judaizantes, queriendo imponer la ley mosaica –especialmente la circuncisión– a todos los cristianos.

Eso “no solo daría ocasión a continuas discordias, sino también impediría eficazmente la conversión de innumerables gentiles. Era, pues, necesario proclamar abiertamente la libertad cristiana frente a la ley mosaica.”

Esa proclamación fue hecha durante el Concilio de Jerusalén, en el año 51.

Por Paulo Francisco Martos

(in «Noções de História da Igreja»)

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Bibliografía

FILLION, Louis-Claude. La sainte Bible avec commentaires – Actes des Apotres. Paris: Lethielleux.c. 1889.

ROHRBACHER, René-François. Vida dos Santos. São Paulo: Editora das Américas. 1959. v. XI.

LLORCA, Bernardino. Historia de la Iglesia Católica – Edad Antigua. 6. ed. Madri: BAC, 1990, v. I.


Oración de esperanza para el enfermo (Reflexión para la Tercera Edad)

 

Oración de esperanza para el enfermo

Oración de esperanza para los enfermos, dirigida a Jesús como médico del alma y del cuerpo. Palabras de consuelo, fortaleza y fe para quienes sufren y para quienes los cuidan.

Jesucristo con enfermoSeñor Jesús, médico del alma y del cuerpo,
te presento con humildad a todos los que sufrimos.
Tú que conoces el dolor, la soledad y la angustia,
abraza con tu ternura a cada enfermo,
y haz que descubramos tu presencia en medio de la prueba.

Danos fortaleza cuando el cuerpo se debilita,
paz cuando el corazón se inquieta,
y esperanza cuando todo parece oscuro.
Que nunca nos sintamos solos,
porque Tú caminas a nuestro lado,
consolando, sanando, amando.

Bendice también a quienes nos cuidan,
con paciencia, amor y entrega.
Haz de cada gesto un reflejo de tu misericordia.
Y que, unidos en la fe,
podamos transformar el sufrimiento en ofrenda,
y la enfermedad en camino hacia la vida eterna.

Amén.

El corazón perfecto (Reflexión de valores)

 

El corazón perfecto

Reflexión sobre la hermosura del amor.

El corazón perfectoUn día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.

Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños. Sí, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que habían visto. Al verse admirado, el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar. De pronto, un anciano se acercó y dijo: ¿Por qué dices eso, si tu corazón no es ni aproximadamente tan hermoso como el mío?

Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos.

La mirada de la gente se sobrecogió - "¿Cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?", pensaron ...

El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír.

"Debes estar bromeando," dijo. "Compara tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.

"Es cierto," dijo el anciano ", tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo... Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido. "Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos. Dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día -tal vez- regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón." ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?"

El joven permaneció en silencio. Varias lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo, ya viejo y maltrecho, y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes. El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

Día 22: Una reflexión para cada día del mes de octubre

 

Una reflexión para cada día del mes de octubre

Una breve reflexión para meditar cada día del mes de octubre.

Nuestra Señora del Rosario

Día 22

Hoy celebramos la fiesta de San Juan Pablo II, por lo que te propongo leer algunas frases pronunciadas por él:

  • “Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz si no viene acompañada de equidad, verdad, justicia y solidaridad”.
  • “Los creyentes de todas las religiones, junto con los hombres de buena voluntad, abandonando cualquier forma de intolerancia y discriminación, están llamados a construir la paz”
  • La familia está llamada a ser templo, o sea, casa de oración: una oración sencilla, llena de esfuerzo y ternura. Una oración que se hace vida, para que toda la vida se convierta en oración
  • La familia es base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida
  • Dios se deja conquistar por el humilde y rechaza la arrogancia del orgulloso
  • Debemos perdonar siempre, recordando que nosotros mismos hemos necesitado el perdón. Tenemos necesidad de ser perdonados mucho más a menudo que de perdonar

Santos del día 22 de octubre

                                             Santos del día 22 de octubre


 San Juan Pablo II, papa (2 coms.) - Memoria litúrgica  

can.: B: Benedicto XVI 1 may 2011 - C: Francisco 27 abr 2014
país: Italia - n.: 1920 - †: 2005
formas del nombre: Karol Wojtyła
hagiografía: Vaticano
 
Memoria litúrgica de san Juan Pablo II, papa, que en Roma gobernó a la Iglesia por veintisiete años, llevando su presencia misionera a todos los puntos de la tierra, alimentando la doctrina con abundantes y esclarecidos documentos, y convocando a todos los hombres de nuestra época a abrir sus puertas al Redentor. Murió piadosamente en Roma, el 2 de abril del 2005, vigilia del Domingo II de Pascua, o de la Divina Misericordia. († 2005)

En Barcelona, beato Luis María de la Virgen de la Merced Minguell Ferrer, en el siglo Luis, de la Orden de los Carmelitas Descalzos, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Reinosa, Montes de Saja, beatos Germán Caballero Atienza, Victoriano Ibáñez Alonso, en el siglo Victoriano Santos, y José Menéndez García, de la Orden de Predicadores, mártires en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
En Madrid, beato Teodoro Gómez Cervero, presbítero, de la Congregación de la Misión, mártir en la cruel persecución religiosa que acompañó a la Guerra Civil española. († 1936)
Conmemoración de san Marcos, obispo de Jerusalén, que fue el primer obispo procedente de los gentiles que ocupó la sede de la Iglesia de la Ciudad Santa, y trabajó con fe y celo por reunir a sus fieles dispersados por la guerra. († s. II)
En Hierópolis, ciudad de Frigia, san Abercio, obispo, discípulo de Cristo, buen Pastor, del cual se cuenta que peregrinó por diversas regiones anunciando la fe, siendo alimentado con un místico manjar. († s. III)
En Adrianópolis, en Tracia, santos mártires Felipe, obispo de Heraclea, y Hermetes, diácono. El primero de ellos, Felipe, al pedirle el prefecto Justino, durante la persecución bajo el emperador Diocleciano, que cerrase la iglesia, entregase los vasos sagrados y mostrase los libros litúrgicos, le respondió que no podía dar estas cosas ni él recibirlas, por lo que, después de ser encarcelados y azotados, fueron quemados vivos. († 303)
En Rouen, en la Galia Lugdunense, san Malón, obispo, que está considerado como primer apóstol de la fe cristiana en esta ciudad e iniciador de la sede episcopal. († s. IV)
En el territorio de Besançon, en la Galia, san Valerio, diácono de la iglesia de Langres, al que dieron muerte unos paganos. († s. IV)
En la región de Châlons, en Neustria, san Lupencio, abad de la basílica de Saint-Privat-de-Javols, que después de haber recibido injustamente muchas injurias de parte de Inocencio, conde de la ciudad, fue decapitado. († c. 584)
En Auch, en Aquitania, san Leotadio, obispo. († s. VII)
En el monasterio de Berceto, en la Lombardía, san Moderano, abad, antes obispo de Rennes, en la Galia, insigne por su amor a la soledad y la devoción hacia los lugares santos. († c. 720 o 731)
En el territorio de Nantes, en la Bretaña Menor, san Benito, que llevó vida eremítica en Massérac. († s. IX)
En Huesca, ciudad de Aragón, en Hispania, santas Nunilo y Alodia, vírgenes y mártires, que hijas de padre no cristiano, pero educadas en la fe cristiana por su madre, al no querer renegar de Cristo fueron degolladas, después de un largo encarcelamiento, por disposición del rey de Córdoba, Abd ar-Rahman II. († 851)
En Fiésole, de la Toscana, san Donato Scoto, obispo, insigne por su erudición y su piedad, el cual, oriundo de Irlanda y peregrinando hacia Roma, fue elegido obispo de esa ciudad. († c. 875)
En el campo de concentración de Buchenwald, Weimar (Alemania), beato Raymond Cayré, sacerdote de la diócesis de Albi, que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1944)

22 de octubre: Nuestra Señora de la Clandestinidad

 

22 de octubre: Nuestra Señora de la Clandestinidad

Nuestra Señora de la Clandestinidad es una advocación que tiene su origen a media legua del Gran Cairo. Se lleva a cabo por la tradición que la Virgen vivió durante algunos años en una capilla subterránea de la ciudad egipcia.

En su huida a Egipto de la Sagrada Familia, San José trató de comprar a poca distancia de la ciudad. Pronto se establecieronen una vivienda cerca de Heliópolis. En la primera entrada de la divina Señora con su Hijo Divino y San José, ella se postró en tierra, besándola en la humildad profunda y amorosamente Dando las gracias al Altísimo por haber em asegurado este lugar de descanso efectiva su estar de camino prolongado y laborioso. María dedicó al Señor todo lo que había que hacer en este lugar, aceptando con alegría todos los trabajo en su exilio.

traducido por mallinista
((fuente: www.roman-catholic-saints.com)

El valor inestimable del sufrimiento (Reflexión para la Tercera Edad)

 

El valor inestimable del sufrimiento

lágrimaA nadie le gusta sufrir. Tampoco le "gustó" a Jesucristo. Sin embargo lo abrazó por amor. En el Huerto de los Olivos exclamó: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.» Mateo 26, 39. He aquí el inestimable valor del sufrimiento: abrazarlo libremente por amor, en unión con Jesucristo; Sufrir para ser fiel al camino del amor.

Hay muchas formas de sufrimiento que afectan al cuerpo. Sin embargo, los sufrimientos mayores son los del corazón: conflictos familiares, disgustos entre personas que se aman... Tarde o temprano todos sufrimos, todos tenemos así la oportunidad de ofrecernos a Dios en comunión con Cristo. Por eso los hermanos que están postrados por enfermedad pueden dar mas fruto, salvar mas almas y hacer mas bien que muchos otros con numerosos apostolados activos pero con menos amor.

Jesucristo sufrió hasta el extremo en la cruz por amor a nosotros. Esta es la clave: POR AMOR. Todo, absolutamente todo, hemos de vivirlo, de abrazarlo por amor. Así nos redimió Jesús. Es cierto que cada palabra y acción de Jesús es parte de su obra salvadora. Pero fue especialmente por medio de sus sufrimientos en la Cruz que fuimos librados del pecado.

El sufrimiento es una oportunidad para unirnos a Cristo y cooperar en la redención del mundo. De nada vale el sufrimiento por sí mismo. Lo que vale es la entrega amorosa que hacemos de él a Dios. Es por eso que el sufrimiento es una gran oportunidad y sería terrible desperdiciarla.

La cruz, la señal del Cristiano, es signo de nuestra entrega al sufrimiento por amor. Nos recuerda a Cristo, que se entregó por nuestra redención. Nosotros, siendo su Cuerpo, hemos de sufrir en unión a El, que es nuestra Cabeza. Hacemos la señal de la cruz para recordar este compromiso. Todo lo que hacemos debe ser "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" y todo por amor, abrazando nuestra cruz.

"Desde la cruz se contempla mejor el cielo" -Madre Adela Galindo

El sufrimiento tiene un gran valor cuando lo abrazamos por amor. Ante el dolor podemos unirnos a la cruz de Cristo o reaccionar con rebelión y culpar a Dios. El sufrimiento tiene un gran valor: expía el mal, une al sacrificio de Jesucristo como expresión de amor y confianza en El y ofrece a Dios un sacrificio de alabanza. El sufrimiento unido a los padecimientos de Cristo nos asemeja a El, que libremente abrazó la cruz por amor. Dice San Pablo:

Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia. -Colosenses 1,24

Solo a la luz de la fe podemos confiar en Dios y crecer en medio de los sufrimientos. Le invito a meditar:

Sufrimientos abrazados libremente por amor

Frecuentemente el cristiano es llamado a tomar el camino que mas cuesta, el camino donde hay sufrimiento. Lo motiva la fidelidad al amor y el compromiso al cumplimiento del deber. Amar siempre exige sufrimiento. Jesús escogió el amor hasta la muerte. Tenemos la opción de renunciar a esa exigencia pero entonces dejaríamos de amar. Podemos tomar el camino fácil del egoísmo y del placer o podemos optar por el camino del amor que requiere renunciar al pecado y a la mediocridad. El sufrimiento es entonces una libre opción tomada por amor. El camino del amor es estrecho y pocos van por él porque no quieren sufrir. Es así que la mayoría abandona a Jesús.

"El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre" -Santa Clara.

Sufrimientos inevitables

También hay sufrimientos que no se pueden evitar: enfermedades, injusticias contra nosotros... También en estos casos podemos adquirir mérito porque somos libres para vivirlo con amor y unirnos a los sufrimientos de Cristo. Ante el sufrimiento podemos cooperar con Su obra redentora o podemos rebelarnos. Vemos el ejemplo de los dos ladrones crucificados con Jesús. Ninguno de los dos podía evitar su cruz. Pero si debían decidir cómo vivirla. Para uno, aquella agonía fue ocasión de llenarse de resentimiento y odio inútil. Para el otro, sin embargo, fue el momento de encontrarse con Jesús, abrir su corazón y encontrar su salvación.

El amor nos mueve a compadecernos de los que sufren y hacer lo posible por eliminar los males que causan sufrimientos: la injusticia, la pobreza, la enfermedad... Seremos juzgados según nuestra respuesta al sufrimiento de nuestros hermanos.

Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis..." Mateo 25,34-35

El apostolado del sufrimiento

Jesús nos enseña a sufrir por amor. Ayudamos al prójimo en la proporción en que hacemos bien a su alma y no hay mayor bien para las almas que las gracias obtenidas por medio de la oración unida al sacrificio libremente ofrecido.

No hay nada más valioso y que de más fruto que el sufrimiento entregado al Padre unido al de Jesús. Por eso la cooperación con Dios en la salvación de la humanidad está al alcance de todos. Dios no necesita que hagamos grandes cosas según nuestra idea de lo que es grande. Lo que si quiere de nosotros es que le entreguemos nuestro corazón, nuestra vida, con todas sus situaciones de gozo pero también de sufrimiento. ¿Por qué es tan valioso el sufrimiento? Porque es el momento de mayor oportunidad de confiar y de unirnos a Jesús por amor. La mayor prueba del amor se da cuando se sufre por el amado.

San Juan Pablo II, hablando del sufrimiento dijo:

Los enfermos y los que sufren están en el mismo centro del Evangelio. Predicamos a Cristo crucificado, lo que significa que predicamos una fuerza que surge de la debilidad. Cuando los enfermos están unidos con Cristo, la fuerza de Dios entra en sus vidas» hasta tocar el mundo.

El sufrimiento humano puede mostrar la bondad de Dios». Es posible, reconoció, que «la experiencia del sufrimiento desanima y deprime a mucha gente, pero en las vidas de otros puede crear una nueva profundidad de humanidad: puede traer nueva fuerza y nueva intuición. El camino para comprender este misterio es nuestra fe».

San Juan Pablo II, 30 de octubre de 1998

Es por eso que el Santo Padre tanto valora el apostolado del sufrimiento. No debemos esperar hasta que nos venga una grave enfermedad para ejercerlo. Este apostolado está abierto a todo quien tenga fe y amor. Por la fe apreciamos la nobleza del sufrimiento ya que Jesucristo se hizo hombre y nos salvó sufriendo hasta la muerte. Por el amor hacemos de cada sufrimiento un sacrificio. Es mas, quién mucho ama llegará hasta gozarse de sufrir por el amado.

Es cierto que la Sangre de Cristo es más que meritoria para lograr la salvación. Pero El ha querido que esta salvación se reciba por medio de la cooperación de los pecadores. Es por eso esencial que unamos nuestra cruz personal con la de Nuestro Señor.

Debemos decir con San Pablo "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Colosenses 1:24)

Autor: P. Jordi Rivero