sábado, 23 de mayo de 2026

Dos de cuatro - Domingo de Pentecostés. Ciclo A (24.05.2026): Juan 20,19-23. El Aire es el Espíritu. Respiramos y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12) CINCO MINUTOS

 Dos de cuatro

Segundo domingo ya sin presencia de la Pascua y antes de dar comienzo al largo tiempo ordinario con el que se acabará el año eclesiástico.
Este 'dos de cuatro' lleva los sellos notariales de la presencia del Espíritu, que no es otro que el aire de la vida y todos aquellos otros dogmas que le acompañan. Todo ello, al parecer, cabe dentro de una palabra llamada 'pentecostés' y de la que brotan otras como luz y fuego. Y, cómo no, la tradición de los siete dones, que bien pudieran ser diez, o doce, o ciento cuarenta y cuatro, por ejemplo.
La fuerza del aire o del espíritu es imposible retenerlos, porque lo superan todo, lo humanizan todo y lo comparten todo.
Para esta presentación de los comentarios del Evangelio del 24 de mayo, el cuerpo me está pidiendo hablar de muchos asuntos de los que suceden en la casa de nuestro planeta, sean aireados o silenciados, según los patronos que patrocinan las noticias y sus comentarios.
En concreto, me gustaría comentar esta expresión que nunca aparece en el tejido evangélico, pero que no deja de extender su perfume. Me estoy refiriendo a la expresión 'Alianza de comisiones'. ¿De comisiones? Sí, de comisiones. De esas comisiones que son misiones, envíos, responsabilidades, encargos, mandatos, gestiones... Y toda aquella tarea que nada tenga que ver con el asunto de 'las mordidas', o tantos por ciento en pago por esto o por cualquier asunto sea en pasta o en especie...
Las tareas o comisiones del espíritu o del aire son siempre gratuitas y para todos... Así es este milagro humano de la humanización: una utopía, una auténtica alianza de comisiones.
Hasta aquí y muy buen fin de hoy, sábado; y de mañana, domingo.
A continuación se encuentran los dos comentarios del relato evangélico dominical.
También se encuentran en el archivo adjunto ambos comentarios.
Carmelo Bueno Heras.

Comentario primero

Domingo de Pentecostés. Ciclo A (24.05.2026): Juan 20,19-23. El Aire es el Espíritu. Respiramos. Y lo escribo CONTIGO,

Después de actualizar el domingo pasado la memoria de ‘La Ascensión’, se nos propone año tras año la celebración de ‘Pentecostés’ o ‘Venida del Espíritu Santo’ y a la que voy a llamar, en otro lenguaje, ‘experiencia del aire’. Puede escribirlo cada cual como ‘aire’, ‘Aire’ o ‘AIRE’. La altura o bajura de las letras importa poco. En esta época de confinamiento mundial sabemos todos muy acertada y precisamente qué es ‘aire’ y qué significa ‘respirar’. ¿No es esto el E.S.?

 

Anticipada ya la pregunta, me invito a leer el relato que nos ofrece la liturgia católica en Pentecostés y que siempre y sin alteración alguna es Juan 20,19-23. Por ser ya el quinto año que dedico a comentar los textos del Evangelio de cada domingo, se comprenderá que sea ahora la quinta vez que comento este mensaje de Juan que tanto parece encantarle a la autoridad vaticana responsable del Culto. Los cuatro comentarios anteriores los escribí y compartí contigo en estas fechas: 15/05/2016, 04/06/2017, 20/05/2018 y 09/06/2019.

 

Seguramente que me repetiré más que el frío del cierzo o el rojo fuego de las amapolas de los campos de tantas tierras cultivadas o baldías. Los hechos que leemos en este relato de Juan no dicen absolutamente nada de ‘pentecostés’, nada que suceda cincuenta días después. Al contrario, para este Evangelista los hechos que se nos leen suceden “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana”  (Jn 20,19). ¿Por qué existen estas diferencias entre los Evangelistas?

 

Mi moderada intuición de lector crítico me dice que estos narradores no pretendieron describir ‘hechos’ de constatación material, sino contarnos ‘una experiencia compartida’. ¿Puedo añadir que se trata de ‘la experiencia compartida de respirar’ para luego poder comer, para luego crecer, para luego pensar, para luego decidir, para luego servir... ¡¡y amar!! (Jn 13)?

 

Con la libertad de saber que ‘no hay quinto malo’ (comentario, quiero decir) me dejo atrapar por esta sugerencia explícita del cuarto Evangelista: “Se presentó Jesús en medio de ellos... sopló sobre ellos y les dijo: recibid el espíritu santo...” (Jn 20,19.22).

 

Leo esto varias veces y me quedo colgado de las evocaciones que me despierta esta manera de contar de Juan. ¿Cómo voy a olvidar que este Juan habla de su Jesús como el YO SOY y aquí este Jesús sopla como se recuerda que JHVH-YOSOY sopló sobre aquella ‘adamá-arcilla’ modelada para que tuviera la vida de un viviente y... de todo viviente según Génesis  2,4-7?

 

Tanto JHVH-YOSOY como el JESÚS-YOSOY de este ‘cuarto Evangelio’ soplaron, airearon, metieron aire en los adentros de la arcilla original y de aquellos confinados por el ‘miedo a los judíos’ y tanto la arcilla como los confinados gritaron y comenzaron a respirar la vida que estaba en el aire. ¿En el aire? En el aire de los orígenes, en el aire de Israel, en el aire de Jesús de Nazaret, en el aire que airea la casa común de este mundo y de todos los seres vivientes. Respirar es vivir. Pentecostés no es cincuenta días después, ni antes. Pentecostés es siempre. Y otro dato: este aire (este pneuma, en griego) es gratis, abundante y para todos. Y no tengo más espacio para el comentario. Dejo para el predicador el hablar del perdón de los pecados.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 31.05.2020. Y también en Madrid, 24.05.2026. 


Comentario segundo

“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)

CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 26ª página del Evangelio de Mateo 14,13-36.

A Herodes el títere, según vimos en el comentario anterior, parece que no le interesó demasiado la persona y las tareas de Jesús de Nazaret. Informado este Jesús de Mateo de cuanto le sucedió a Juan, el perdona pecados, abandonó el lugar en el que se encontraban y, una vez más, se retiró en barca hacia algún lugar solitario. Sin embargo, las gentes saben qué hace y dónde va este Jesús que se preocupa de sus heridas, dolores y enfermedades: “Sintió compasión de ellos” (Mt 14,14).

 

Creo que ese Herodes es una de las causas de tales sufrimientos. La presencia de este Herodes recuerda al lector crítico la presencia deshumanizadora de aquellos faraones egipcios de los tiempos de Moisés: Tiempos de esclavitud y de hambre, pero tiempos también de esperanzas y de liberación. Y, ¿no es esto mismo lo que este Mateo cuenta de su Jesús de Nazaret? Una comida multiplicada (14,15-21) y un nuevo paso del mar a través de la tempestad calmada (14,22-33). Este Jesús de Mateo es un Moisés liberador nuevo, humanizado y humanizador.

 

Este Evangelista nos relata aquí dos acontecimientos de la evangelización de su Jesús de Nazaret en Galilea. Uno de estos acontecimientos es la llamada ‘primera multiplicación de los panes’, que parece que tuvo lugar en la orilla oriental del Lago-Mar de Genesaret, y el otro acontecimiento es el apaciguamiento de este embravecido Mar que tanto me recuerda al mar Rojo de la memoria de este pueblo de Jesús. A este conjunto de experiencias se le llamaba en la tradición de Israel ‘la pascua judía’ con la que se inició el éxodo hacia la tierra nueva donde alimentarse del pan de la libertad.

 

De este par de relatos tan evocadores de la historia pasada y siempre actual de este pueblo me gustaría subrayar dos expresiones en las que parece concentrarse la mejor semilla del mensaje del narrador. “Dadles vosotros de comer” (14,16), sería la primera frase. “¡Qué poca fe!” (14,31), sería la segunda expresión. Este espacio del comentario se queda escuálido para tantas realidades de la vida y experiencia de Jesús y de sus seguidores evocadas por la narración del autor y creyente que escribe unos cuarenta años después de que viviera y muriera su protagonista Jesús, al que ya se le comienza a divinizar muy descaradamente (Mt 14,33).

 

Sin embargo, ese ‘dadles vosotros de comer’ y esa ‘qué poca fe’ nos están gritando que es posible ser, pensar, decidir y actuar como lo hizo aquel Jesús sepultado y resucitado en los adentros de las personas de los Doce que son, lo recordaré siempre, todas las personas que entonces y siempre estuvieron al lado de este Jesús y en su seguimiento.  Estas personas de entonces y de siempre conocemos a este Jesús porque nos hablaron de él. Y porque, luego..., ella, tú, él, yo... (14,34-36) cada uno hemos llegado a tocar a este Jesús en nuestros adentros donde quedó sembrado y vivo mientras nos atrevemos cada uno a ser como él fue: una persona liberada, de cualquier hambre o tempestad, y liberadora... de toda divinización. La tentación de sus seguidores de entonces fue divinizar a Jesús... Y esta tentación sigue viva.

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 26.06.2019. Y también Madrid, 24.05.2026

Santos del día 24 de mayo: Domingo de Pentecostés, solemnidad

 Santos del día 24 de mayo: Domingo de Pentecostés, solemnidad


  Domingo de Pentecostés - celebración de fecha variable
Día de Pentecostés, en el que se concluyen los sagrados cincuenta días de la Pascua y se conmemoran, junto con la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y el inicio de la misión apostólica a todas la tribus, lenguas, pueblos y naciones.

Conmemoración de san Manahén, que, hermano de leche del tetrarca Herodes, fue doctor y profeta en la Iglesia de Antioquía de Siria, bajo la gracia del Nuevo Testamento. († s. I)
También conmemoración de la beata Juana, esposa de Cusa, procurador de Herodes, que junto con otras mujeres servía a Jesús y a los apóstoles con sus recursos, y en el día de la Resurrección del Señor encontró removida la losa del sepulcro y lo anunció a los discípulos. († s. I)
En Listra, en Licaonia, san Zoelo, mártir. († s. II/III)
En Trieste, en la península de Istria, san Sérvulo, mártir. († s. inc.)
En Nantes, en la Galia Lugdunense, santos hermanos Donaciano y Rogaciano, mártires, acerca de los cuales se narra que el primero había recibido el bautismo y el otro era todavía catecúmeno, pero en el combate final, besando a su hermano, Donaciano rogó a Dios para que el que aún no había podido ser lavado por el bautismo sagrado mereciese ser enjugado en la corriente de su propia sangre. († c. 304)
Conmemoración de treinta y ocho santos mártires que, según la tradición, fueron decapitados en Filipópolis (Plovdiv) de Tracia, en tiempo de Diocleciano y Maximiano. († c. 304)
En el monasterio de Lérins, en la Provenza, san Vicente, presbítero y monje, que fue muy célebre por su doctrina cristiana y santidad de vida, y empeñado con denuedo en el progreso de los creyentes en la fe. († c. 450)
En el monte Admirable, en Siria, san Simeón Estilita el Joven, presbítero y anacoreta, que vivió sobre una columna en comunicación íntima con Cristo, escribió varios tratados de ascética y fue dotado de grandes carismas. († 592)
En Piacenza, en la Emilia, beato Felipe, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín, el cual, para mortificar más duramente su carne, llevaba ceñida una armadura de hierro. († 1306)
En Marruecos, beato Juan de Prado, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que fue enviado a África para prestar auxilio espiritual a los cristianos reducidos a esclavitud en los reinos sarracenos, pero, habiendo sido apresado, confesó valientemente la fe de Cristo ante el soberano musulmán Mulay al-Walid, y por mandato de este consumó el martirio por el fuego. († 1631)
En Seúl, en Corea, santos mártires Agustín Yi Kwang-hon, en cuya casa se leían las Sagradas Escrituras; Águeda Kim A-gi, madre de familia, que recibió el bautismo en la cárcel; y sus siete compañeros, que fueron todos degollados a causa del nombre cristiano.
Son sus nombres: Damián Nam Myong-hyog, catequista; Magdalena Kim O-bi, Bárbara Han A-gi, Ana Pak A-gi, Águeda Yi So-sa, Lucía Pak Hui-sun y Pedro Kwon Tu-gin. († 1839)
En la ciudad de Saint-Hyacinthe, en Canadá, beato Luis Ceferino Moreau, obispo, que en las diversas actividades del ministerio pastoral se exhortaba siempre a sí mismo a sentirse ardientemente unido con la Iglesia. († 1901)
En Shadaw, Estado de Kayah, Birmania, beatos Mario Vergara, sacerdote del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, e Isidoro Ngei Ko Lat, catequista laico, mártires, muertos por odio a la fe. († 1950)

Mes de mayo Día 24: "Querida Madre mía" (Oración y reflexión)

  DOS IDEAS PREVIAS


Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.

2 LO QUE NO ESTÁ ESCRITO ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.

 

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

"NO TIENEN VINO": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.

"HACED LO QUE ÉL OS DIGA": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.

"HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.

Día 24: "Querida Madre mía"

Ojeando papeles viejos encuentro la fotocopia de una carta que leí no sé dónde. Te la transcribo:

"María: no sé cómo empezar esta carta. Me había hecho muy feliz que con toda sinceridad hubiese podido decir: Querida Madre Mía, pero siento que no alcanzo a decirlo porque no sé si te quiero lo suficiente para ello. El querer a alguien es dar y hacer por el otro "el todo". Yo sé que Tú lo eres todo eso para mí: ¡eres mi Madre!; pero por mi parte no confío lo suficiente, no amo lo suficiente, no me entrego lo suficiente. ¿Será por todo eso por lo que no recibo respuesta a mis peticiones? Diariamente te cuento mis temores, mis inquietudes, mis preocupaciones, incluso mis alegrías, y Tú callas. ( ... ). ¿Es, como te decía antes, mi falta de amor y confianza, en definitiva mi falta de fe, la que no me deja entenderte del todo? Yo te espero todos los días. Gracias,."

¿Puedes tú decirle con sinceridad Querida Madre mía?; ¿Das y haces "el todo" por Ella y por Dios?

Puedes hablarlo con Ella. Lo que no está escrito, es ahora cuando puedes decírselo, comentando el texto que has leído y las preguntas. Después termina con la oración final.

ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén

24 de mayo: María Auxiliadora

 

24 de mayo: María Auxiliadora

Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra "Boetéia", que significa "La que trae auxilios venidos del cielo". Ya San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345, la llama "Auxilio potentísimo" de los seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora. (Teotocos y Boetéia). En el año 476 el gran orador Proclo decía: "La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto".

San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen "Auxiliadora de los que sufren" y narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que aquella imagen de la "Auxiliadora de los enfermos" se volvió sumamente popular entre la gente de su siglo.

El gran poeta griego Romano Melone, año 518, llama a María "Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles" e insiste en que recemos para que Ella sea también "Auxiliadora de los que gobiernan" y así cumplamos lo que dijo Cristo: "Dad al gobernante lo que es del gobernante" y lo que dijo Jeremías: "Orad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien". En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra el 1º de octubre, desde antes del año mil (En Europa y América se celebre el 24 de mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el año 560: "María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo".

San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: "María Auxiliadora rogad por nosotros". Y repite: "La "Virgen es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte". San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733, dijo en un sermón: "Oh María Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda".

El nombre de Auxiliadora se le daba en el año 1030 a la virgen María, en Ucrania (Rusia), por haber liberado aquella región de la invasión de las tribus paganas. Desde entonces en Ucrania se celebra cada año la fiesta de María Auxiliadora el 1 de octubre.


La Batalla de Lepanto.

En el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. En ese tiempo no había la tolerancia de unas religiones para con las otras. Y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera cristiano. Cada año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban y ya estaban amenazando con invadir a la misma Roma. Fue entonces cuando el Sumo Pontífice Pío V, gran devoto de la Virgen María convocó a los Príncipes Católicos para que salieran a defender a sus colegas de religión. Pronto se formó un buen ejército y se fueron en busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto.

Los mahometanos tenían 282 barcos y 88,000 soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Terminados estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario.

Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían sus barcos que eran todos barcos de vela o sea movidos por el viento. Pero luego - de manera admirable - el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios.

Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario.

En agradecimiento de tan espléndida victoria San Pío V mandó que en adelante cada año se celebrara el 7 de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta oración: MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.


Las guerras religiosas del siglo XVI

El centro de expansión , de este titulo, radicó en Alemania meridional, que, a pesar del triunfo protestante, se propusieron mantenerse fieles al catolicismo. En 1618 estallan las guerras de religión conocidas como "guerras de los 30 años". Los príncipes católicos y el pueblo comenzaron a invocar a la virgen santísima. Con el titulo de "María Auxiliadora" y acudieron en peregrinación a una capilla que, con esta denominación se había levantado a la Virgen en la ciudad de Passau ( Alemania). En medio de las mil vicisitudes de la guerra, de la peste y del enfrentamiento religioso, los católicos de Baviera y del Tirol se sintieron protegidos por la Santísima Virgen y experimentaron una renovación espiritual. Este movimiento mariano estuvo alentado y guiado por los Padres Capuchinos y por la Cofradía de María Auxiliadora, promotora de la nueva devoción mariana. En ella muchos creyeron encontrar un medio seguro para salvar su Fe católica y la libertad de sus tierras.


Los turcos atacan Viena (1683)

Junto a las convulsiones religiosas y sociales provocadas en le centro de Europa por la crisis protestante, surgió el ímpetu del Islam. En 1683 los turcos, capitaneados por el visir Kará Mustafá, ponen sitio a Viena, capital del impero. El Papa Inocencio XI vio entonces en serio peligro la existencia de una Europa cristiana; los creyentes acudieron a la protección de la Virgen María. La invocación María, ayuda (María hilf), afirma un historiador, recorrió todas las regiones de Alemania y Austria. La victoria fue para las fuerzas cristianas, aunque las islámicas eran tres veces superiores. Viena quedó liberada. Una vez mas los pueblos experimentaron la ayuda de la virgen María Auxiliadora.


El Papa y Napoleón.

El siglo XIX sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas.

El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: "Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica". Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: "Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados", vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión el resto de su vida.

El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la madre de Dios.


San Juan Bosco y María Auxiliadora.

El 9 de junio de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre de Dios. su constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de agosto de 1815, de padres muy pobres.

A los tres años quedó huérfano de padre. Para poder ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna. La Santísima Virgen se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera "ciencia y paciencia", porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños pobres. Nuevamente se le apareció la Virgen y le pidió que le construyera un templo y que la invocara con el título de Auxiliadora.

Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: "Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen". Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese título, que ésta devoción ha llegado a ser una de las más populares.

San Juan Bosco decía: "Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros" y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: "María Auxiliadora, rogad por nosotros". El decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores del cielo.

El mismo Don Bosco ideó la imagen de la Señora: vestida con túnica y manto regios, como reina bellísima, coronada de doce estrellas, con la enseña de su Hijo Jesús en los brazos, atento como Ella a los hombres, y con el poder de Dios en su mano derecha, simbolizado en el cetro. Y con los ojos en dirección a la tierra, a la Iglesia, a la Humanidad. Una Señora dinámica, en pie, dispuesta a auxiliar de inmediato. Esta imagen, reproducida en miles de formas: medallas, estampas, calendarios, llaveros... nos ofrece una compañía cotidiana como una interpelación y un signo de que detrás hay gente amiga. La imagen también se hace peregrina, en pequeñas estatuillas que van de casa en casa, visitando los hogares en su humilde altar ambulante. Esta visita es devuelta el 24 de mayo, acontecimiento anual de características singulares. Todos los templos de María Auxiliadora reciben a muchedumbres de devotos y son escenario de expresiones impregnadas de un profundo sentido religioso, cristiano y popular. Se dan cita, junto a la liturgia más entrañable, procesiones y verbenas, el calor del encuentro y la alegría de la esperanza. Esta fiesta va precedida de la solemne novena y tiene el 24 de cada mes su conmemoración, como un medio más para la continuidad, a través del año, de una vida cristiana que se va haciendo bajo la mirada alentadora de la Madre Auxiliadora.

(fuente: www.salesianos.ensalta.com)

viernes, 22 de mayo de 2026

Santos del día 23 de mayo

                                                         Santos del día 23 de mayo


En Cartago, santos Lucio, Montano, Juliano, Victorico, Víctor y Donaciano, mártires, que, en tiempo del emperador Valeriano, consumaron el martirio por confesar la religión y la fe que habían aprendido por enseñanza de san Cipriano. († c. 259)
Conmemoración de los santos mártires de Capadocia, a quienes, durante la persecución bajo el emperador Maximiano, mataron quebrándoles las piernas. († 303)
También conmemoración de los santos mártires de Mesopotamia, que en la misma época, colgados por los pies cabeza abajo, murieron ahogados por el humo y consumidos a fuego lento. († 303)
En Nápoles, en la Campania, san Efebo, obispo, que gobernó santamente al pueblo de Dios y le sirvió con fidelidad. († s. IV)
En Langres, en la Galia Lugdunense, martirio de san Desiderio, obispo, de quien se narra que viendo a su grey oprimida por los vándalos, se dirigió a su rey para suplicar por ella, pero por orden del monarca fue condenado a muerte, ofreciéndose así, libremente, por las ovejas que le habían sido confiadas. († c. 355)
En el territorio de Norcia, en la Umbría, conmemoración de san Eutiquio, abad, que, según narra el papa san Gregorio Magno, primero llevó vida solitaria con san Florencio, procurando conducir a muchos hacia Dios a través de la exhortación, y luego gobernó santamente un monasterio cercano. († c. 487)
Igualmente en Norcia, san Spes, abad, que durante cuarenta años soportó la ceguera con admirable paciencia. († c. 517)
En Subiaco, en el Lacio, conmemoración de san Honorato, abad, que gobernó sabiamente el monasterio donde antes había vivido san Benito. († s. VI)
En Niza, en la Provenza, san Siagrio, obispo, que edificó un monasterio sobre el sepulcro de san Poncio. († 787)
En Sinnada, lugar de Frigia, san Miguel, obispo, hombre pacífico, que favoreció la paz y la concordia entre griegos y latinos, pero enviado al exilio por defender el culto de las imágenes sagradas, murió lejos de su patria. († 826)
Cerca de Gemboux, en la comarca de Lieja, en Lotaringia, sepultura de san Guiberto, monje, que, habiendo abandonado sus insignias militares y abrazado la disciplina de la vida monástica, construyó un cenobio en un terreno de su heredad, retirándose después al monasterio de Gorze. († 962)
En Roma, san Juan Bautista de Rossi, presbítero, que atendió en la Ciudad Santa a los pobres y a los más marginados, instruyendo a todos en la santa doctrina. († 1764)
En la ciudad de Witowo, en Polonia, beatos José Kurzawa y Vicente Matuszewski, presbíteros y mártires, asesinados por los perseguidores de la Iglesia cuando, en tiempo de guerra, su patria estuvo sometida por la fuerza a un poder extranjero. († 1940)
En Nápoles, Italia, beata María Gargani, en religión María Crucificada del Divino Amor, religiosa, fundadora del Instituto de las Hermanas Apostólicas del Sagrado Corazón. († 1973)