jueves, 7 de mayo de 2026

Mes de mayo Día 8: Confianza (Oración y reflexión)

  DOS IDEAS PREVIAS


Se trata de que hagas oración cada día. Todos los días puedes empezar el rato de oración con la "oración inicial para cada día"; después leyendo con atención el "texto de cada día", a continuación hablas con Dios y con María; por último, terminas rezando la "oración final".

1. PROHIBIDO CORRER: Es corto; no tengas prisa en acabar. No es leer y ya está. Dale tiempo a que Ella te hable.

2 LO QUE NO ESTÁ ESCRITO ¿Sabes qué es lo mejor de este texto? Lo que no está escrito y tú le digas; la conversación que tú, personalmente, tengas con María.

 

ORACIÓN INICIAL PARA CADA DÍA

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

"NO TIENEN VINO": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.

"HACED LO QUE ÉL OS DIGA": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.

"HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.


ORACIÓN FINAL PARA CADA DÍA

¡OH SEÑORA MÍA, Oh Madre mía! Yo me ofrezco enteramente a ti; y en prueba de mi amor de hijo te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre buena, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén


Día 8: Confianza

Alexia es una niña que murió con 16 años de un cáncer. Simpática, con muchas amigas, alegre. La amistad con Jesús y con María le ayudó a llevar con alegría su enfermedad.

Escribía una carta a sus amigas del colegio:

"La operación duró diecisiete horas, me pusieron una escayola que me cogía medio cuerpo y en donde se sujetaban dos hierros que, a su vez, mantenían mi cabeza firme mediante una corona, también de hierro, con cuatro clavos sujetos a los huesos de la cabeza.

Estuve un día y medio en la UCI con tubos para poder respirar, que más bien parecía que eran para ahogarme. Lo pasé mal, pero las enfermeras eran tan cariñosas y tan preocupadas, que lo hicieron más fácil"

El aspecto que ofrecía después de la operación, con la escayola y la corona de hierros (ya había perdido su pelo rubio, por los tratamientos de radioterapia) era tal, que algunos de los pequeños que también estaban internados y con los que jugaba, la miraban con cierto recelo. Ella comentaba con sentido del humor: "No me extraña, me parezco a Frankestein".

Su estancia en la Clínica de Navarra se prolongó por varios meses y si bien el dolor moral estaba atenuado por el cariño de sus padres y la buena atención de doctores y enfermeras, el dolor físico continúa siendo muy fuerte. A esto se añaden las complicaciones, no producidas exactamente por el curso de la enfermedad, sino ajenas a ella: roces en la escayola, el que se le abriesen las heridas a causa del calor y la inmovilidad, llagas en la boca e innumerables dolores. Y aunque Alexia no suele quejarse, a veces no puede más.

Un día dirigiéndose a Jesús en un momento de dolor agudo le decía: "Jesús, ¿por qué no me ayudas? Por favor, quítame este dolor de cabeza solo un rato, aunque no sea más que un rato. ¡De verdad, que no puedo más! ¿Por qué me haces esto? ¡Yo te he querido de pequeña y te he rezado siempre,... ¿Por qué no me ayudas? Pido cosas para los demás y me las concedes, pero si son para mí no me haces caso. Eso es porque no me quieres. Si me quisieras, me ayudarías. ¡No me quieres, Jesús, no me quieres! Pues ¿sabes lo que te digo? Yo tampoco te voy a querer a ti"

Su madre que la estaba oyendo, dejó que durante un rato se desahogase, como Job, de sus sufrimientos, pero después la interrumpió:

"Bueno, Alexia, ya está bien. Eso no se dice"

Entonces ella, rápida, cambiando el tono de voz hasta entonces quejumbroso, dijo con gran firmeza: "Mamá, Jesús sabe que no se lo digo en serio."

Madre mía, ¿tengo yo la misma confianza con Jesús? ¿Le hablo de mis cosas, como hacía Alexia, que le hablaba de su enfermedad? Enséñame María, a hacer oración.


Continúa ahora hablándole con tus palabras sobre lo que has leído

Santos del día 8 de mayo

                                                       Santos del día 8 de mayo


  San Víctor, mártir (2 coms.)   
En Milán, de la Liguria, conmemoración de san Víctor, mártir, el cual, originario de Mauritania, era soldado del ejército imperial, y al imponer el emperador Maximiano la obligación de sacrificar a los ídolos, depuso sus armas, por lo que le llevaron a la ciudad de Lodi, donde fue decapitado. († c. 304)
En Bizancio, san Acacio, soldado y mártir. († s. IV)
En Auxerre, en la Galia Lugdunense, san Heladio, obispo. († s. IV)
  San Arsenio, eremita (2 coms.)   
Cerca del monte Scete, en Egipto, san Arsenio, que, según la tradición, fue diácono de la Iglesia de Roma, y en tiempo del emperador Teodosio se retiró a la vida de soledad, donde, lleno de todas las virtudes, rindió su espíritu a Dios. († c. 450)
En la región de Chalons, en la Galia, san Gibriano, presbítero, el cual, originario de Irlanda, recorrió la Galia como peregrino por amor a Cristo. († c. 515)
En Bourges, en Aquitania, san Desiderato, obispo, que había desempeñó anteriormente el cargo de canciller en la corte, y dotó a su Iglesia con reliquias de mártires. († 550)
En Saujon, en la región de Saintes, también en Aquitania, san Martín, presbítero y abad. († s. VI)
En Roma, junto a la basílica de San Pedro, san Bonifacio IV, papa, que obtuvo del emperador Focas el templo del Panteón, el cual transformó en iglesia dedicada a la Santísima Virgen y a todos los mártires, y fomentó mucho la disciplina monástica. († 615)
También en Roma, junto a San Pedro, san Benedicto II, papa, el cual, de espíritu humilde, manso y paciente, se distinguió por su amor a la pobreza y fue insigne también por sus limosnas. († 685)
En Verona, en la región de Venecia, san Metrón, ermitaño, de quien se dice que llevó una vida austera y penitente. († c. s. VIII)
En Roermond, junto al río Mosa, en el territorio de Brabante, en Austrasia, san Wiro, que, según la tradición, se dedicó a evangelizar dicho territorio junto con sus compañeros Plequelmo y Odgero. († c. 700)
En Saludecio, del Piceno, san Amato Ronconi, que se distinguió por su dedicación a la hospitalidad y a la atención espiritual de los peregrinos. († c. 1292)
En el monasterio de Santa María della Serra, en el Piceno, beato Ángel de Massaccio, presbítero de la Orden de los Camaldulenses y mártir, que fue un incansable defensor de la observancia del precepto dominical. († c. 1458)
En Randazzo, lugar de Sicilia, beato Luis Rabatá, presbítero de la Orden del Carmen, fidelísimo en su observancia de la Regla y resplandeciente en su amor a los enemigos. († 1490)
En Quebec, en el dominio de Canadá, beata María Catalina de San Agustín (Catalina Symon de Longprey), virgen, religiosa de las Hermanas Hospitalarias de la Misericordia de la Orden de San Agustín, que, hasta su muerte, vivió dedicada al cuidado de los enfermos, distinguiéndose por el consuelo que les proporcionaba y la esperanza que les infundía. († 1668)
En Simpelveld, Limburgo, Países Bajos, beata Clara Fey, fundadora de la congregación educativa de las Hermanas del Pobre Niño Jesús. († 1894)
En el lugar llamado Hegne, en la región de Baden, en Alemania, beata Ulrica (Francisca) Nisch, virgen, religiosa de la Congregación de Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz, quien, como infatigable sierva del Señor, vivió siempre entregada a los trabajos más humildes, principalmente en la labor de ayudante de cocina. († 1913)
En Convent Station, New Jersey, beata Miriam Teresa Demjanovich, religiosa profesa de las Hermanas de la Caridad de Santa Isabel. († 1927)
En el campo de concentración de Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, beato Antonio Bajewski, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que alcanzó la gloria del Señor en tiempo de guerra, terriblemente quebrantado por los tormentos sufridos en dicha cárcel a causa de su fe. († 1941)
En el campo de concentración de Mauthausen, Perg (Austria), beato Jean Batiffol, sacerdote de la archidiócesis de París, que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)
En Argel, Argelia, beatos Hno. Henri Vergès, religioso marista, y Hna. Paul-Hélène Saint Raymond, religiosa de las Hermanitas de la Asunción, mártires. († 1994)