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sábado, 28 de enero de 2017

Papa: fidelidad y abandono en la Vida Consagrada 28012017

Papa: fidelidad y abandono en la Vida Consagrada

Aliento del Papa Francisco ante dificultades en la Vida Consagrada: testimoniar a Cristo, irradiar su alegría, evangelizar sociedad, cultura y juventud - REUTERS
28/01/2017 12:23
Centralidad y testimonio de Cristo, irradiar su esperanza y alegría y dejarse evangelizar, para evangelizar a la sociedad, a la cultura, a la juventud
 
(RV).- Con su cordial bienvenida a los participantes en la plenaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el Papa Francisco expresó su aprecio por el trabajo que realizan al servicio de la vida consagrada en la Iglesia y destacó la importancia del tema – fidelidad y abandono -  que eligieron para reflexionar sobre las dificultades del momento presente:
«El tema que han elegido es importante. Podemos decir que, en este momento, la fidelidad es puesta a prueba; lo demuestran las estadísticas que han examinado. Estamos ante una ‘hemorragia’ que debilita la vida consagrada y la vida de la misma Iglesia. El abandono en la vida consagrada nos preocupa. Es verdad, que algunos dejan por un acto de coherencia, porque reconocen, después de un discernimiento serio, que nunca tuvieron la vocación; pero, otros con el pasar del tiempo faltan a la fidelidad, muchas veces sólo pocos años después de la profesión perpetua ¿Qué ha sucedido?».
Son «numerosos los «factores que condicionan la fidelidad -  en éste que es un cambio de época y no sólo una época de cambio, en el que resulta difícil asumir compromisos serios y definitivos» señaló  el Santo Padre, reflexionando, en particular, sobre tres de ellos: el contexto social y cultural, el mundo juvenil y las situaciones de contra-testimonio en la vida consagrada.
Empezando por el primer factor, «que no ayuda a mantener la fidelidad», es decir, el de la actualidad social y cultural, el Obispo de Roma señaló que impulsa lo provisorio, que puede conducir al vivir a la carta y a ser esclavos de las modas, alimentando el consumismo, que olvida la belleza de la vida sencilla y austera, y que provoca un gran vacío existencial, con un fuerte relativismo, con valores ajenos al Evangelio:
«Vivimos en una sociedad donde las reglas económicas sustituyen las reglas morales, dictan leyes e imponen sus propios sistemas de referencia en detrimento de los valores de la vida; una sociedad donde la dictadura del dinero y del provecho propugna una visión de la existencia que descarta al que no rinde. En esta situación, está claro que uno debe dejarse evangelizar antes, para luego comprometerse en la evangelización».
En el segundo punto dedicado al mundo juvenil, recordando que no faltan jóvenes generosos, solidarios y comprometidos en ámbito religioso y social, el Papa se refirió asimismo a los desafíos que afronta la juventud y alentó a contagiar la alegría del Evangelio:
«Hay jóvenes maravillosos y no son pocos. Pero, también entre los jóvenes hay muchas víctimas de la lógica de la mundanidad, que se puede sintetizar así: búsqueda de éxito a cualquier precio, del dinero fácil y del placer fácil. Esta lógica seduce también a muchos jóvenes. Nuestro compromiso no puede ser otro que el de estar a su lado, para contagiarlos con la alegría del Evangelio y de la pertenencia a Cristo. Hay que evangelizar esa cultura si queremos que los jóvenes no sucumban».
En el tercer factor, «que proviene del interior de la vida consagrada, donde al lado de tanta santidad no faltan situaciones de contra-testimonio», el Santo Padre reiteró la centralidad de Jesús, en la misión profética de los consagrados:
«Si la vida consagrada quiere mantener su misión profética y su fascinación y  seguir siendo escuela de fidelidad para los cercanos y los lejanos (cfr Ef 2,17) debe mantener el frescor y la novedad de la centralidad de Jesús, la atractiva de la espiritualidad y la fuerza de la misión, mostrar la belleza del seguimiento de Cristo e irradiar esperanza y alegría».
En su denso discurso, el Papa puso de relieve asimismo la importancia de la vida fraterna en la comunidad, alimentada en la oración, la Palabra, los Sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación. Sin olvidar, la cercanía a los pobres y la misión en las periferias existenciales, contemplando siempre al Señor y caminando según el Evangelio y alentando la preparación de acompañadores cualificados en la vida consagrada y el discernimiento.
(CdM – RV)

viernes, 27 de enero de 2017

Papa a la delegación judía: Holocausto tragedia que no se repita más 27012017

Papa a la delegación judía: Holocausto tragedia que no se repita más

El Papa durante su viaje a Cracovia, visita el campo de concentración de Auschwitz. - RV
27/01/2017 16:14
 
Esta mañana, en el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el Papa Francisco mantuvo un encuentro en el Vaticano con una delegación del Congreso Judío Europeo, encabezada por su presidente, el Dr. Moshe Kantor.
Presente en el encuentro estuvo también el padre Norbert Hofmann, Secretario de la Comisión de la Santa Sede para la Relaciones religiosas con el Judaísmo.
Ante el micrófono de nuestro colega Sergio Centofanti, el padre Hofmann afirmó que las cinco personas que integraban la delegación del Congreso Judío Europeo recibida por el Pontífice, representan a más de dos millones de judíos en Europa. El Papa se mostró muy abierto y fue una conversación libre” – explica el padre Hofmann - “comenzó el diálogo mencionando esta Jornada importante para los Judíos, pero también para nosotros, porque recordar a las víctimas del Holocausto es importante para que esta tragedia humana no se repita más”.
Por su parte, “el Presidente del Congreso Judío Europeo, Moshe Kantor, habló de la importancia de la ética – prosigue el secretario de la Comisión de la Santa Sede para la Relaciones religiosas con el Judaísmo – de los valores cristianos y judíos que tenemos en común.  Dijo que en nuestro mundo vemos tantos progresos, pero también una caída de los valores morales y éticos. Por lo tanto – constató - tenemos que reforzar estos valores que tenemos en común, judíos y cristianos.  El Papa habló también de la importancia de la educación y de la familia. Él estaba completamente de acuerdo con estos temas.
En la entrevista el padre Hofmann refiere también que el Pontífice habló de su propia familia y relató que su padre recibía siempre a judíos;  él creció en una atmósfera favorable a los judíos - dijo. Hablando de su historia personal el Papa relató que había siempre judíos que iban a visitarlo. Y así, dijo padre Hofmann, nuestro Papa aprendió a tener amigos judíos”.
El encuentro fue muy cordial y los judíos estaban muy satisfechos – finalizó el prelado. “Ahora toca a nosotros intensificar la colaboración con esta organización judía”.
(MCM-RV) 

Papa: estamos llamados a ofrecer juntos la paz de Cristo al mundo herido 27012017

Papa: estamos llamados a ofrecer juntos la paz de Cristo al mundo herido

El Papa y la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre católicos y ortodoxos orientales, 30 de enero de 2015 - OSS_ROM
27/01/2017 12:41
 
(RV).- Ante el odio y la violencia que genera más violencia, testimoniemos juntos a Jesús y su mensaje de paz, que no es un mensaje genérico. Es la exhortación que reiteró al Papa Francisco a los miembros de la Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales.
Alentándolos a perseverar en el importante trabajo que realizan «en el camino hacia el día tan anhelado en el que tendremos la gracia de celebrar el Sacrificio del Señor en el mismo altar, como signo visible de la comunión eclesial restablecida plenamente», el Papa recordó con pesar la violencia que sufren numerosos hermanos en Cristo y la misión de ofrecer consolación, esperanza y paz ante el odio y el extremismo:
«Muchos de ustedes pertenecen a Iglesias que asisten cotidianamente al ensañamiento de la violencia y a actos terribles, perpetrados por el extremismo fundamentalista. Somos conscientes de que situaciones de semejante sufrimiento se arraigan con mayor facilidad en contextos de pobreza, injusticia y exclusión social, debidas también a la inestabilidad generada por intereses de parte, a menudo externos, y por conflictos precedentes, que han producido condiciones de vida miserables y desiertos culturales y espirituales, en los cuales es fácil manipular e instigar al odio. Cada día, vuestras Iglesias están cercanas al sufrimiento, llamadas a sembrar concordia y a reconstruir pacientemente la esperanza, confortando con la paz que viene del Señor, una paz que juntos tenemos que ofrecer a un mundo herido y lacerado».
«¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él» (1 Cor 12,26) Con las palabras de San Pablo, el Obispo de Roma renovó su cercanía en la oración:
«Estos sufrimientos vuestros son nuestros sufrimientos. Me uno a ustedes en la oración, invocando el fin de los conflictos y la cercanía de Dios a las poblaciones probadas, en especial a los niños, los enfermos y los ancianos. Llevo en mi corazón, en particular, a los obispos, sacerdotes, consagrados y fieles, víctimas de secuestros crueles, y a todos aquellos que han sido tomados como rehenes o reducidos a la esclavitud».
En este contexto, el Papa Francisco recordó el ejemplo de tantos mártires y santos nuestros y su valiente testimonio de Cristo, invocando su intercesión:
«Ellos nos revelan el corazón de nuestra fe, que no consiste en un mensaje genérico de paz y de reconciliación, sino en el mismo Jesús, crucificado y resucitado: Él es nuestra paz y nuestra reconciliación (cfr Ef 2,14; 2 Cor 5,18). Como discípulos suyos, estamos llamados a testimoniar por doquier, con fortaleza cristiana, su amor humilde que reconcilia al hombre de todo tiempo. Allí donde la violencia llama más violencia y donde la violencia siembra la muerte, nuestra respuesta es el fermento puro del Evangelio, que, sin prestarse a lógicas de fuerza, hace surgir frutos de vida también en la tierra árida y auroras de esperanza después de las noches de terror».
Los mártires y los santos nos indican también hoy la senda de la unidad en Cristo, reiteró una vez más el Papa:
«Su vida ofrecida como don nos llama a la comunión, a avanzar con mayor impulso por el camino hacia la unidad plena. Así como en la Iglesia primitiva la sangre de los mártires fue semilla de nuevos cristianos, también hoy la sangre de tantos mártires sea semilla de unidad entre los creyentes, signo e instrumento de un porvenir de comunión y paz».
(CdM – RV)

    Papa: el miedo a todo, el pecado que paraliza al cristiano 27012017

    Papa: el miedo a todo, el pecado que paraliza al cristiano

    El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta.
    27/01/2017 12:48
     
    (RV).-  Que Dios nos libre del pecado que nos paraliza como cristianos: la pusilanimidad, el tener miedo de todo, que no nos permite tener memoria, esperanza, coraje y paciencia. Es, en síntesis, cuanto afirmó el Santo Padredurante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
    La Carta a los Hebreos propuesta por la liturgia del día – afirmó el Papa Francisco – exhorta a vivir la vida cristiana con  tres puntos de referencia: el pasado, el presente y el futuro. Ante todo nos invita a hacer memoria, porque “la vida cristiana no comienza hoy: continúa hoy”. Hacer memoria es “recordar todo”: las cosas buenas y las menos buenas, es poner mi historia “ante Dios”, sin cubrirla o esconderla:
    “‘Hermanos, recuerden los primeros tiempos’: los días del entusiasmo, de ir adelante en la fe, cuando se comenzó a vivir la fe, la pruebas sufridas… No se comprende la vida cristiana, incluso la vida espiritual de cada día, sin memoria. No sólo no se comprende: no se puede vivir cristianamente sin memoria. La memoria de la salvación de Dios en mi vida, la memoria de los problemas de mi vida. Pero, ¿cómo me ha salvado el Señor de estos líos? La memoria es una gracia: una gracia que hay que pedir. ‘Señor, que yo no olvide tu paso en mi vida, que yo no olvide los buenos momentos, también los feos; las alegrías y las cruces’. Pero el cristiano es un hombre de memoria”.
    Vivir con la esperanza de encontrar a Jesús
    Después el autor de la Carta nos hace entender que “estamos en camino, en espera de algo” – dijo el Papa Bergoglio –  en espera de “llegar a un punto: un encuentro; encontrar al Señor”. “Y nos exhorta a vivir con fe”:
    “La esperanza: mirar al futuro. Así como no se puede vivir una vida cristiana sin la memoria de los pasos dados, no se puede vivir una vida cristiana sin mirar al futuro con la esperanza del encuentro con el Señor. Y Él dice una frase bella: ‘Todavía un poco…’. ¡La vida es un soplo, eh! Pasa. Cuando uno es joven, piensa que tiene tanto tiempo por delante, pero después la vida nos enseña aquella palabra que decimos todos: ‘¡Cómo pasa el tiempo! A éste lo conocí de niño, ¡ahora se casa! ¡Como pasa el tiempo!’. Pasa rápido. Pero la esperanza de encontrarlo es una vida en tensión, entre la memoria y la esperanza, el pasado y el futuro”.
    Vivir el presente con coraje y paciencia
    En fin la Carta a los Hebreos invita a vivir el presente, “tantas veces doloroso y triste”, con “coraje y paciencia”: es decir, con franqueza, sin vergüenza y soportando las vicisitudes de la vida, llevando todo sobre los hombros. “Somos pecadores – dijo Francisco – todos lo somos. Pero vayamos adelante con coraje y con paciencia. No nos quedemos ahí, detenidos, porque esto no nos hará crecer”.
    El pecado que paraliza al cristiano: la pusilanimidad
    Por último, el Pontífice comentó que el autor de la Carta a los Hebreos exhorta a no cometer el pecado que no nos hace tener memoria, esperanza, coraje y paciencia: la pusilanimidad.
    “‘No correr el riesgo, por favor, no… la prudencia…’. Los mandamientos, todos, todos… Sí, es verdad, pero esto te paraliza también, te hace olvidar las tantas gracias recibidas, te quieta la memoria, te quita la esperanza porque no te deja ir. Y el presente de un cristiano, de una cristiana así es como cuando uno va por la calle y viene una lluvia inesperada y el vestido no es tan bueno y se encoge la tela… Almas estrechas… ésta es la pusilanimidad: éste es el pecado contra la memoria, el coraje, la paciencia y la esperanza. Que el Señor nos haga crecer en la memoria, nos haga crecer en la esperanza, nos dé cada día coraje y paciencia y nos libere de esa cosa que es la pusilanimidad, tener miedo de todo…. Almas restringidas para conservarse. Y Jesús dice: ‘El que quiera conservar su propia vida, la pierde’”.
    (María Fernanda Bernasconi - RV).

      miércoles, 25 de enero de 2017

      "El apóstol Pablo nos muestra el camino para anunciar el Evangelio de la reconciliación", el Papa en las Vísperas 25012017

      "El apóstol Pablo nos muestra el camino para anunciar el Evangelio de la reconciliación", el Papa en las Vísperas








      (RV).- Como es tradición, el Santo Padre Francisco se trasladó la tarde del miércoles 25 de enero a la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma, para presidir la celebración de las segundas Vísperas en la Solemnidad de la Conversión del Apóstol de Pablo. En el marco de la conclusión de la Semana de Oración para la Unidad de los cristianos, estuvieron presentes en la celebración los representantes de otras Iglesias y Comunidades eclesiales. El Papa visitó la tumba del Apóstol y tras detenerse unos minutos en oración, tuvo inicio la celebración. 
      Durante la homilía el Obispo de Roma se refirió inicialmente al encuentro de Pablo con Jesús, que cambió la vida del Apóstol, y que "lo empujó a proclamar la buena nueva del amor y de la reconciliación que Dios ofrece a la humanidad en Cristo". Después de recordar el tema de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos, Francisco hizo presente que "la reconciliación a la que somos urgidos no es simplemente una iniciativa nuestra, sino que es, ante todo, la reconciliación que Dios nos ofrece en Cristo", es decir, "un don gratuito de Dios", que "interpela a la persona perdonada y amada al anuncio del Evangelio de la Reconciliación". 
      Reiterando que una auténtica reconciliación entre los cristianos podrá realizarse "cuando sepamos reconocer los dones de los demás" y cuando "seamos capaces de aprender unos de otros", el Papa reconoció que "mirar hacia atrás es muy útil y necesario para purificar la memoria", pero advirtió que "detenerse en el pasado, persistiendo en recordar los males padecidos y cometidos, y juzgando sólo con parámetros humanos, puede paralizar e impedir que se viva el presente".  Por ello invitó a seguir adelante "en el camino de reconciliación y de diálogo", y a aprovechar cada oportunidad para rezar, anunciar, amar y servir juntos, en particular "a los más pobres y abandonados", con la confianza en que el Padre concederá a todos los creyentes la plena comunión visible". 
      (Griselda Mutual - Radio Vaticano)
      Audio y texto de la homilía completa del Papa Francisco
       
      El encuentro con Jesús en el camino de Damasco transformó radicalmente la vida de san Pablo. A partir de entonces, el significado de su existencia no consiste ya en confiar en sus propias fuerzas para observar escrupulosamente la Ley, sino en la adhesión total de sí mismo al amor gratuito e inmerecido de Dios, a Jesucristo crucificado y resucitado. De esta manera, él advierte la irrupción de una nueva vida, la vida según el Espíritu, en la cual, por la fuerza del Señor Resucitado, experimenta el perdón, la confianza y el consuelo. Pablo no puede tener esta novedad sólo para sí: la gracia lo empuja a proclamar la buena nueva del amor y de la reconciliación que Dios ofrece plenamente a la humanidad en Cristo.
       Para el Apóstol de los gentiles, la reconciliación del hombre con Dios, de la que se convirtió en embajador (cf. 2 Co 5,20), es un don que viene de Cristo. Esto aparece claramente en el texto de la Segunda Carta a los Corintios, del que se toma este año el tema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos: «Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia» (cf. 2 Co 5,14-20). «El amor de Cristo»: no se trata de nuestro amor por Cristo, sino del amor que Cristo tiene por nosotros. Del mismo modo, la reconciliación a la que somos urgidos no es simplemente una iniciativa nuestra, sino que es ante todo la reconciliación que Dios nos ofrece en Cristo. Más que ser un esfuerzo humano de creyentes que buscan superar sus divisiones, es un don gratuito de Dios. Como resultado de este don, la persona perdonada y amada está llamada, a su vez, a anunciar el evangelio de la reconciliación con palabras y obras, a vivir y dar testimonio de una existencia reconciliada.
      En esta perspectiva, podemos preguntarnos hoy: ¿Cómo anunciar el evangelio de la reconciliación después de siglos de divisiones? Es el mismo Pablo quien nos ayuda a encontrar el camino. Hace hincapié en que la reconciliación en Cristo no puede darse sin sacrificio. Jesús dio su vida, muriendo por todos. Del mismo modo, los embajadores de la reconciliación están llamados a dar la vida en su nombre, a no vivir para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (cf. 2 Co 5,14-15). Como nos enseña Jesús, sólo cuando perdemos la vida por amor a él es cuando realmente la ganamos (cf. Lc 9,24). Es esta la revolución que Pablo vivió, y es también la revolución cristiana de todos los tiempos: no vivir para nosotros mismos, para nuestros intereses y beneficios personales, sino a imagen de Cristo, por él y según él, con su amor y en su amor.
       Para la Iglesia, para cada confesión cristiana, es una invitación a no apoyarse en programas, cálculos y ventajas, a no depender de las oportunidades y de las modas del momento, sino a buscar el camino con la mirada siempre puesta en la cruz del Señor; allí está nuestro único programa de vida. Es también una invitación a salir de todo aislamiento, a superar la tentación de la auto-referencia, que impide captar lo que el Espíritu Santo lleva a cabo fuera de nuestro ámbito. Una auténtica reconciliación entre los cristianos podrá realizarse cuando sepamos reconocer los dones de los demás y seamos capaces, con humildad y docilidad, de aprender unos de otros, sin esperar que sean los demás los que aprendan antes de nosotros.
       Si vivimos este morir a nosotros mismos por Jesús, nuestro antiguo estilo de vida será relegado al pasado y, como le ocurrió a san Pablo, entramos en una  nueva forma de existencia y de comunión. Con Pablo podremos decir: «Lo antiguo ha desaparecido» (2 Co 5,17). Mirar hacia atrás es muy útil y necesario para purificar la memoria, pero detenerse en el pasado, persistiendo en recordar los males padecidos y cometidos, y juzgando sólo con parámetros humanos, puede paralizar e impedir que se viva el presente. La Palabra de Dios nos anima a sacar fuerzas de la memoria para recordar el bien recibido del Señor; y también nos pide dejar atrás el pasado para seguir a Jesús en el presente y vivir una nueva vida en él. Dejemos que Aquel que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5) nos conduzca a un futuro nuevo, abierto a la esperanza que no defrauda, a un porvenir en el que las divisiones puedan superarse y los creyentes, renovados en el amor, estén plena y visiblemente unidos.
      Este año, mientras caminamos por el camino de la unidad, recordamos especialmente el quinto centenario de la Reforma protestante. El hecho de que hoy católicos y luteranos puedan recordar juntos un evento que ha dividido a los cristianos, y lo hagan con esperanza, haciendo énfasis en Jesús y en su obra de reconciliación, es un hito importante, logrado con la ayuda de Dios y de la oración a través de cincuenta años de conocimiento recíproco y de diálogo ecuménico.
      Mientras imploro a Dios el don de la reconciliación con él y entre nosotros, saludo cordial y fraternalmente a Su Eminencia el Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecuménico, a Su Gracia David Moxon, representante personal en Roma del Arzobispo de Canterbury, y a todos los representantes de las distintas Iglesias y comunidades eclesiales aquí presentes. Me complace saludar particularmente a los miembros de la Comisión mixta para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas orientales, a quienes deseo un trabajo fructífero en la sesión plenaria que está teniendo lugar en estos días. Saludo también a los estudiantes del Ecumenical Institute of Bossey, que están de visita en Roma para profundizar en su conocimiento de la Iglesia Católica, y a los jóvenes ortodoxos y ortodoxos orientales que estudian en Roma, gracias a las becas del Comité de Cooperación Cultural con las Iglesias ortodoxas, que opera en el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los cristianos. A los superiores y a todos los colaboradores de ese Dicasterio expreso mi estima y agradecimiento.
      Queridos hermanos y hermanas, nuestra oración por la unidad de los cristianos participa en la oración que Jesús dirigió al Padre antes de la pasión, «para que todos sean uno» (Jn 17,21). No nos cansemos nunca de pedir a Dios este don. Con la esperanza paciente y confiada de que el Padre concederá a todos los creyentes el bien de la plena comunión visible, sigamos adelante en nuestro camino de reconciliación y de diálogo, animados por el testimonio heroico de tantos hermanos y hermanas que, tanto ayer como hoy, están unidos en el sufrimiento por el nombre Jesús. Aprovechemos todas las oportunidades que la Providencia nos ofrece para rezar juntos, anunciar juntos, amar y servir juntos, especialmente a los más pobres y abandonados.