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martes, 2 de febrero de 2016

La admiración del Papa por el pueblo y la cultura china 28012016

La admiración del Papa por el pueblo y la cultura china

El Santo Padre concede una entrevista a Asia Times, en la cual alienta a China a mirar hacia adelante con esperanza
Catholics praying in China
ACN
El papa Francisco ha concedido una entrevista a un periodista del Asia Times, el pasado 28 de enero. Una conversación extensa en la que habla sobre la historia, la cultura y el futuro de China. De este modo el Papa da un un mensaje de esperanza, paz y reconciliación. Además, el Pontífice envía su felicitación por el Año Nuevo Chino para el pueblo chino y al presidente Xi Jinping.
En la entrevista, Francisco explica qué significa China para él. “Para mí, China siempre ha sido un punto de referencia de grandeza. Un gran país. Pero más que un país, una gran cultura, con una sabiduría inagotable”, indica. Asimismo reconoce que siempre ha sentido admiración por esta nación. Y hace referencia a Matteo Ricci, un misionero italiano jesuita de finales del siglo XVI que pasó casi treinta años predicando en China. “La experiencia de Ricci nos enseña que es necesario entablar un diálogo con China, ya que es una acumulación de sabiduría y de historia. Es una tierra bendecida con muchas cosas”, asegura. Y precisa que la Iglesia Católica, una de cuyas funciones es la de respetar todas las civilizaciones, tiene el deber de respetar con una “R” mayúscula.
Por otro lado, el Santo Padre recomienda al pueblo chino “estar serenos”, “nutrir la confianza en la propia gran historia, sin auto-fustigarse por las tragedias del pasado”. También les indica que el mundo espera de ellos una contribución de sabiduría y de civilización. Además, el papa Francisco apuesta sobre la posibilidad de que las relaciones entre la República Popular China y el resto de la comunidad internacional contribuyan a diseñar un futuro de paz.
El periodista que realiza la entrevista, Francesco Sisci, explica en la introducción que no pretendía preguntar al Papa sobres cuestiones cruciales estrechamente políticas. Le interesaban más bien las cuestiones que tocan al pueblo chino en su cotidianidad.
El Pontífice asegura también en su entrevista que la sabiduría, la cultura y las competencias técnicas chinas “no  pueden permanecer cerradas en un país: estas tienden a expandirse, a difundirse, a comunicarse”. Y esto es visto como una contribución de riqueza a acoger, y no como un peligro.
El Santo Padre apuesta por una China que pueda ofrecer una contribución cada vez más relevante para la consolidación de equilibrios de paz: “El mundo occidental, el mundo oriental, y China, todos tienen la capacidad de mantener el equilibro de la paz y la fuerza para hacerlo. Nosotros debemos encontrar el camino. Siempre a través del diálogo, no hay otro camino”. Haciendo referencia a la conferencia de Yalta tras la Segunda Guerra Mundial, el Pontífice observa que repartirse la tarta como allí sucedió “significa dividir a la humanidad y la cultura en pequeñas porciones”. Al contrario, en la asunción común de responsabilidades compartidas, “la tarta se queda entera, y se camina juntos. Juntos. La tarta pertenece a todos, es humanidad, cultura… y cada uno ejercita la influencia que contribuye al bien común de todos”.
El Santo Padre ve al pueblo chino en camino para “hacer su futuro” y esto representa su grandeza. “Camina, como todos los pueblos, a través de luces y sombras”. En esta línea, el Pontífice subraya que es necesario evitar los complejos de culpabilidad, hasta despreciar incluso la propia historia. Por eso da un consejo muy preciso al pueblo chino: “no ser amargo, sino estar en paz con tu camino, también si has cometido errores”. Según el Papa, no hay que odiar nunca la propia historia como una cosa “mala”. Cada pueblo “debe reconciliarse con su historia” y esto puede hacer madurar, precisamente evitando auto fustigaciones y auto condenas.
Asimismo, precisa que una actitud magnánima también hacia uno mismo puede ayudar a resolver las graves emergencias del presente y afrontar las incógnitas peligrosas del futuro. El papa Francisco observa que China “tiene en la propia historia los recursos para salir de las propias aflicciones”. Es necesario, añade, “acoger la realidad tal como viene” con “sano realismo”.
Otro tema abordado en la entrevista es la política china del “hijo único”. Al respecto el Santo Padre habla de un “problema doloroso” que pone a los hijos en condición de tener que soportar el peso de los padres y de los abuelos, y que deriva, por ejemplo, del “egoísmo de algunos sectores bienestantes que prefieren no tener hijos”. Esto no es una forma natural  –dice el Pontífice– y entiendo que China se haya abierto a posibilidades en este frente.
Por otro lado, el Obispo de Roma cree que “la gran riqueza de China hoy consiste en mirar al futuro desde un presente que está sostenido por la memoria de su pasado cultural”. Y esta riqueza puede resurgir y facilitar el presente “precisamente gracias al diálogo con las otras realidades del mundo”. A propósito, recuerda que el diálogo no significa “que me rindo” y que en las relaciones entre diferentes países es necesario evitar el peligro de “imposiciones ocultas” o de “colonizaciones culturales”.
Y así, concluye la entrevista felicitando por el Año Nuevo Chino al presidente Xi Jinping, saludando a los líderes y a todo el pueblo chino, expresando su deseo de que no pierdan nunca la “conciencia histórica de ser un gran pueblo, con una gran historia de sabiduría, y que tienen mucho que ofrecer al mundo”. Asimismo les asegura que “el mundo mira a esta vuestra gran sabiduría”.  

domingo, 31 de enero de 2016

Francisco al 51º Congreso Eucarístico Internacional: ‘Estamos llamados a llevar el bálsamo de la misericordia de Dios’ 31012016

Francisco al 51º Congreso Eucarístico Internacional: ‘Estamos llamados a llevar el bálsamo de la misericordia de Dios’

En un videomensaje, el Santo Padre pidió este domingo que se acaben los conflictos, las injusticias y las crisis humanitarias en un mundo necesitado de reconciliación, justicia y paz
Pope Francis in Philippines
PHOTO.VA - OSSERVATORE ROMANO
El papa Francisco pidió este domingo un mundo de paz para acabar con los conflictos, las injusticias y las crisis humanitarias que le aquejan, en un videomensaje que envió para clausurar el 51º Congreso Eucarístico Internacional que se ha celebrado estos días en la ciudad de Cebú, en Filipinas. El Santo Padre también anunció que el próximo Congreso Eucarístico Internacional se desarrollará en Budapest, en 2020, según informó la Santa Sede en un comunicado.
“Si pensamos en todos los conflictos, injusticias, crisis humanitarias urgentes que marcan nuestro tiempo, nos damos cuenta de lo importante que es para cada cristiano ser un verdadero discípulo misionero, llevando la buena nueva del amor redentor de Cristo a un mundo tan necesitado de reconciliación, justicia y paz”, dijo el Pontífice a los participantes en este encuentro que comenzó el pasado 24 de enero.
Asimismo, Francisco animó a los fieles católicos de todo el mundo a seguir el ejemplo de Jesús, quien compartía “su comida con sus discípulos pero no solo, sino que también y sobre todo lo hacía con los pecadores y los marginados”. “Debemos inspirarnos y seguir su ejemplo, yendo al encuentro de los demás, con un espíritu de respeto y apertura, para compartir con ellos el don recibido”, añadió.
La Eucaristía “cambia los corazones” y “nos permite ser premurosos, proteger a quien es pobre y vulnerable y ser sensibles al grito de nuestros hermanos y nuestras hermanas necesitados”, afirmó el Papa en su mensaje televisado, al tiempo que reiteró que Jesucristo “está siempre vivo y presente en su Iglesia, sobre todo en la eucaristía, el sacramento de su cuerpo y de su sangre”.
Para el Santo Padre, “la presencia de Cristo en medio de nosotros no es solo un consuelo, sino también una promesa y una invitación”. “Es una promesa de que un día la alegría y la paz eternas nos pertenecerán en la plenitud de su reino”, pero también es una invitación “a salir, como misioneros, para llevar el mensaje de ternura del Padre, de su perdón y de su misericordia a todo hombre, mujer y niño”, explicó.
“Estamos llamados a llevar el bálsamo de la misericordia de Dios a toda la familia humana, vendar las heridas, llevar la esperanza donde la desesperación tan habitual parece haber vencido”, subrayó el Pontífice. “El testimonio de la vida transformada por el amor de Dios –indicó– es para nosotros la mejor forma de proclamar la promesa del reino de la reconciliación, la justicia y la unidad para la familia humana”.
En esta línea, el Papa recordó su visita a Filipinas hace poco más de un año y destacó que allí pudo constatar “la profunda fe y la capacidad que tenía la población para recomponerse” de los desastres que causó el tifón Yolanda, que afectó a millones de personas. “Pienso en las consecuencias del tifón. Ha causado una inmensa devastación en Filipinas, pero también ha suscitado una gran muestra de solidaridad, generosidad y bondad. Las personas han seguido adelante para reconstruir no solo sus casas sino también sus vidas”, aseguró.
Francisco viajó en enero de 2015 al país con mayor número de católicos de Asia. Allí, presidió actos multitudinarios como la misa que ofició en el centro de Manila, a la que asistieron unos seis millones de fieles.

El Papa en el Ángelus: “El único privilegio a los ojos de Dios es aquel de no tener privilegios” 31012016

El Papa en el Ángelus: “El único privilegio a los ojos de Dios es aquel de no tener privilegios”

El Papa junto con dos niños de Acción Católica en el Ángelus - AP
31/01/2016 11:07
(RV).- Como cada domingo el Papa Francisco rezó la oración del Ángelus ante miles de fieles a quienes dio diversos mensajes en un ambiente de júblio amenizado por las canciones y pancartas del gran grupo de la Acción Católica de la Diócesis de Roma“Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Citando el Evangelio del Lucas, el Obispo de Roma precisó que el “hoy”, proclamado por Cristo aquel día en la sinagoga de Nazaret, vale para cada tiempo. “Resuena también para nosotros en esta plaza, recordándonos la actualidad y la necesidad de la salvación traída por Jesús a la humanidad. Dios viene al encuentro de los hombres y las mujeres de todos los tiempos y lugares en las situaciones concretas en cuales estos estén.  También viene  a nuestro encuentro”, observó el Papa. “Es siempre Él quien da el primer paso: viene a visitarnos con su misericordia, a levantarnos del polvo de nuestros pecados; viene a extendernos la mano para hacernos alzar del abismo en el que nos ha hecho caer nuestro orgullo, y nos invita a acoger la consolante verdad del Evangelio y a caminar por los caminos del bien”.
El Santo Padre subrayó que el relato del evangelista Lucas saca a la luz una tentación a la cual el hombre religioso está siempre expuesto, y de la cual es necesario tomar decididamente las distancias: “la tentación de considerar la religión como una inversión humana y, en consecuencia, ponerse a ‘negociar’ con Dios buscando el propio interés”. Se trata, enfatizó Francisco, de acoger la revelación de un Dios que es Padre y  que se preocupa de cada una de sus criaturas, también de aquella más pequeña e insignificante a los  ojos de los hombres”. “Precisamente en esto consiste el ministero profético de Jesús: en el anunciar que ninguna condición humana puede constituir motivo de exclusión del corazón del Padre, y que el único privilegio a los ojos de Dios es aquel de no tener privilegios, de abandonarse en sus manos”.
Palabras del Papa antes del rezo del Ángelus
 
¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El relato evangélico de hoy nos conduce nuevamente, como el pasado domingo, a la sinagoga de Nazaret, el pueblo de Galilea donde Jesús creció en familia y es conocido por todos. Él, que hacía poco tiempo se había marchado para iniciar su vida pública, regresa ahora por primera vez y se presenta a la comunidad, reunida el sábado en la sinagoga. Lee el pasaje del profeta Isaías que habla del futuro Mesías y al final declara: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (Lc 4,21). Los conciudadanos de Jesús, primero sorprendidos y admirados, comienzan luego a poner cara larga y a murmurar entre ellos y a decir: ¿Por qué éste, que pretende ser el Consagrado del Señor, no repite aquí, en su pueblo, los prodigios que se dice haya cumplido en Cafarnaúm y en los pueblos cercanos? Entonces Jesús afirma: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra» (v. 24), y cita a los grandes profetas del pasado Elías y Eliseo, que obraron milagros en favor de los paganos para denunciar la incredulidad de su pueblo. A este punto los presentes se sienten ofendidos, se levantan indignados, echan a Jesús fuera del pueblo y quisieran arrojarlo por el precipicio. Pero Él, con la fuerza de su paz, «pasando en medio de ellos, se pone en camino» (v. 30). Su hora aún no ha llegado.
Este relato del evangelista Lucas no es simplemente la historia de una pelea entre paisanos, como a veces pasa en nuestros barrios, suscitada por envidias y celos, sino que saca a la luz una tentación a la cual el hombre religioso está siempre expuesto, -todos nosotros estamos expuestos- y de la cual es necesario tomar decididamente las distancias. ¿Y cual es esta tentación? Es la tentación de considerar la religión como una inversión humana y, en consecuencia, ponerse a “negociar” con Dios buscando el propio interés. En cambio en la verdadera religión se trata de acoger la revelación de un Dios que es Padre y  que se preocupa de cada una de sus criaturas, también de aquellas más pequeñas e insignificantes a los  ojos de los hombres. Precisamente en esto consiste el ministero profético de Jesús: en anunciar que ninguna condición humana pueda constituir motivo de exclusión -¡ninguna condición humana puede ser motivo de exclusión!- del corazón del Padre, y que el único privilegio a los ojos de Dios es aquel de no tener privilegios. El único privilegio a los ojos de Dios es aquel de no tener privilegios, de no tener padrinos, de abandonarse en sus manos.
«Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (Lc 4, 21). El“hoy”, proclamado por Cristo aquel día, vale para cada tiempo; resuena también para nosotros en esta plaza, recordándonos la actualidad y la necesidad de la salvación traída por Jesús a la humanidad. Dios viene al encuentro de los hombres y las mujeres de todos los tiempos y lugares en las situaciones concretas en las cuales estos estén. También viene a nuestro encuentro. Es siempre Él quien da el primer paso: viene a visitarnos con su misericordia, a levantarnos del polvo de nuestros pecados; viene a extendernos la mano para hacernos alzar del abismo en el que nos ha hecho caer nuestro orgullo, y nos invita a acoger la consolante verdad del Evangelio y a caminar por los caminos del bien. Siempre viene Él a encontrarnos, a buscarnos. Volvamos a la sinagoga...
Ciertamente aquel día, en la sinagoga de Nazaret, también estaba María allí, la Madre. Podemos imaginar los latidos de su corazón, una pequeña anticipación de aquello que sufrirá bajo la Cruz, viendo a Jesús, allí en la sinagoga, primero admirado, luego desafiado, después insultado, después amenazado de muerte. En su corazón, lleno de fe, ella guardaba cada cosa. Que ella nos ayude a convertirnos de un dios de los milagros al milagro de Dios, que es Jesucristo.
(Traducción del italiano: Raúl Cabrera, Radio Vaticano)
Después de la oración del Ángelus el Papa saludó a diferentes grupos de peregrinos:
 
Queridos hermanos y hermanas,
Se celebra hoy la Jornada mundial de los enfermos de lepra. Esta enfermedad, a pesar de estar en regresión, afecta todavía desafortunadamente a las personas más pobres y marginadas. Es importante mantener viva la solidaridad con estos hermanos y hermanas, quienes han quedado inválidos después de esta enfermedad. A ellos les aseguramos nuestra oración, y aseguramos nuestro apoyo a quienes les asisten. Buenos laicos, buenas hermanas, buenos curas.
Saludo con afecto a todos ustedes, queridos peregrinos llegados desde diversas parroquias de Italia y de otros países, como también las asociaciones y los grupos. En particular, saludo a los estudiantes de Cuenca y a aquellos de Torreagüera (España). Saludo a los fieles de  Taranto, Montesilvano, Macerata, Ercolano y Fasano.
¡Ahora saludo a los chicos y chicas de la Acción Católica de la Diócesis de Roma! Ahora entiendo porque había tanta bulla en la plaza. Queridos chicos, también este año acompañados, del Cardenal Vicario y de vuestros Asistentes, han venido muchos en el final de su “Caravana de la Paz”.
Este año su testimonio de paz, animado de la fe en Jesús será todavía más alegre y consciente, porque está enriquecido por el gesto, que acaban de hacer al pasar por la Puerta Santa.
¡Les animo a ser instrumentos de paz y de misericordia entre sus compañeros! Escuchemos ahora el mensaje de sus amigos, que están aquí junto a mí, que nos van a leer.
(Lectura del Mensaje)
Y ahora los chicos en la plaza lanzarán los globos, símbolo de paz. A todos les deseo un buen domingo y un buen almuerzo. Y por favor no se olviden de rezar por mí.
¡Hasta la vista!
(MZ-RV)


sábado, 30 de enero de 2016

Papa Francisco: con María misioneros de la Misericordia de Cristo 30012016

Papa Francisco: con María misioneros de la Misericordia de Cristo


El Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, primer sábado jubilar - ANSA
30/01/2016 12:32

 
(RV).- Inaugurando las audiencias generales de los sábados, una cada mes, en el marco del Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco invitó a los peregrinos que llegan a Roma de tantas partes del mundo «a ser auténticos misioneros de la misericordia, para que el Evangelio pueda tocar el corazón de los hombres y abrirlos a la gracia del amor de Dios», con el amparo y ayuda de la Madre de Jesús:
«Que su estancia en la Ciudad Eterna los confirme en el amor de Cristo y Él los haga sus misioneros de la misericordia, en especial para todos los que se sienten lejos de Dios. Roguemos a la bienaventurada Virgen María, Madre de la Misericordia, para que nos ayude a ser cada vez más misioneros de la Misericordia».
«En este Año Santo de la Misericordia, estamos llamados a reconocer que tenemos necesidad del perdón que Dios nos ofrece gratuitamente, porque cuando somos humildes, el Señor nos fortalece y alegra en nuestra fe cristiana», reiteró el Santo Padre, una vez más.
Exhortación que fue recibida con profunda emoción, también de parte de los peregrinos polacos,  a los que recordó, en la síntesis de la catequesis central, a San Juan Pablo II y su encíclica sobre la Misericordia Divina. «La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia—el atributo más estupendo del Creador y del Redentor— y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora» (Dives in misericordia, 13):
«Saludo cordialmente a los polacos que han venido para la primera audiencia general del Año Santo. Hoy nos damos cuenta de que todos debemos ser misioneros de la Divina misericordia. Pidamos a Cristo que fortalezca nuestra fe, que nos confirme en la santidad, para que cada día podamos ser benévolos y misericordiosos los unos con los otros, perdonándonos mutuamente como Dios nos ha perdonado (cfr EF 4,32). Alentando a cada uno de ustedes a realizar la misión de la misericordia, los bendigo de corazón».
En su diálogo familiar con los peregrinos, el Santo Padre recordó con afecto a una señora que trabajaba  en la Casa de Santa Marta, que falleció después de una larga enfermedad, rezando con los participantes en la audiencia un Ave María, por la Señora Elvira y también por todos los difuntos y rogando el consuelo para sus seres queridos, como obras de misericordia.
Salud de los trabajadores, dignidad de la vida humana y contaminación ambiental
Con su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, el Obispo de Roma  recordó asimismo la importancia de salvaguardar la salud de los trabajadores y de la tutela de la vida humana. Lo hizo dirigiéndose a los miembros de la Asociación nacional italiana de mutilados e inválidos del trabajo:
«Su presencia me ofrece la ocasión de reiterar cuán importante es salvaguardar la salud de los trabajadores; y defender siempre la vida humana, don de Dios, sobre todo cuando es más débil y frágil».
Y en sus saludos a los dirigentes y empleados del Automóvil club de Italia y de la empresa nacional de transportes, la preocupación del Papa por la contaminación ambiental y su agradecimiento por la atención a los peregrinos:
«Alentándolos en su trabajo -  porque que hoy la calidad de la vida social depende mucho de la calidad de los transportes – deseo asimismo un compromiso cada vez mayor para reducir la contaminación. Y les agradezco por los servicios destinados a los peregrinos, en especial en este año jubilar».
En sus palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa evocó a San Juan Bosco, fundador de los Salesianos, padre y maestro de los jóvenes:
«Mañana recordaremos a San Juan Bosco, apóstol de la juventud. Contémplelo, queridos jóvenes, como educador ejemplar. Ustedes, queridos enfermos, aprendan de su experiencia espiritual a confiar siempre en Cristo crucificado. Y ustedes, queridos recién casados, pidan su intercesión para asumir con generoso compromiso su misión conyugal».
(CdM – RV)

    ¡Todo cristiano es portador de Cristo! Audiencia Jubilar del Papa 30012016

    ¡Todo cristiano es portador de Cristo! Audiencia Jubilar del Papa

    El Bautismo nos da un nuevo nombre: “Cristóforo”, que significa “portador de Cristo”. ¡Todo cristiano es portador de Cristo! - ANSA
    30/01/2016 10:44
     
    (RV).- “Vivir de misericordia nos hace misioneros de la misericordia, y ser misioneros nos permite siempre crecer más en la misericordia de Dios”, es el aliento del Papa Francisco en su catequesis de la Audiencia Jubilar de la Misericordia.
    En el marco del Año Santo, el Pontífice recordó que “el Señor guía nuestros pasos mientras atravesamos la Puerta Santa y se nos acerca para permanecer siempre con nosotros, no obstante nuestras faltas y nuestras contradicciones”. Por ello dijo el Papa, no nos cansemos jamás de sentir la necesidad de su perdón, porque cuando somos débiles su cercanía nos hace fuertes y nos permite vivir con mayor alegría nuestra fe.
    Explicando la estrecha relación que existe entre la misericordia y la misión, el Obispo de Roma señaló que “como cristianos tenemos la responsabilidad de ser misioneros del Evangelio”. Estamos llamados a transmitir la alegría del encuentro con el Señor, como hicieron los primeros discípulos después de haber encontrado al Cristo. “Es más, afirma el Pontífice, el signo concreto que de verdad hemos encontrado a Jesús es la alegría que sentimos en el anunciarlo también a los demás”.
    “Encontrar a Jesús equivale a encontrarse con su amor. Este amor nos transforma y nos hace capaces de transmitir a los demás la fuerza que nos dona. De alguna manera – precisa el Papa – podremos decir que desde el día del Bautismo nos es dado a cada uno de nosotros un nuevo nombre agregado a aquel que ya nos dan mamá y papá, y este nombre es “Cristóforo”, que significa “portador de Cristo”. ¡Todo cristiano es portador de Cristo!
    Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco invitó a los cristianos ser instrumentos de misericordia. “Por lo tanto, dijo el Papa, tomemos en serio nuestro ser cristianos, y comprometámonos a vivir como creyentes, porque sólo así el Evangelio puede tocar el corazón de las personas y abrirlo para recibir la gracia del amor”.
    Texto completo de la catequesis del Papa Francisco
    Queridos hermanos y hermanas,
    Entramos día tras día en lo principal del Año Santo de la Misericordia. Con su gracia, el Señor guía nuestros pasos mientras atravesamos la Puerta Santa y se nos acerca para permanecer siempre con nosotros, no obstante nuestras faltas y nuestras contradicciones. No nos cansemos jamás de sentir la necesidad de su perdón, porque cuando somos débiles su cercanía nos hace fuertes y nos permite vivir con mayor alegría nuestra fe.
    Quisiera indicarles hoy la estrecha relación que existe entre la misericordia y la misión. Como recordaba San Juan Pablo II: «La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia y cuando acerca a los hombres a las fuentes de misericordia» (Enc. Dives in misericordia, 13). Como cristianos tenemos la responsabilidad de ser misioneros del Evangelio. Cuando recibimos una bella noticia, o cuando vivimos una bella experiencia, es natural que sintamos la exigencia de comunicarla también a los demás. Sentimos dentro de nosotros que no podemos contener la alegría que nos ha sido donada y queremos extenderla. La alegría suscitada es tal que nos lleva a comunicarla.
    Y debería ser la misma cosa cuando encontramos al Señor. La alegría de este encuentro, de la misericordia: comunicar la misericordia del Señor. Es más, el signo concreto que de verdad hemos encontrado a Jesús es la alegría que sentimos en el anunciarlo también a los demás. Y esto no es “hacer proselitismo”: esto es hacer un don. Si, yo te doy aquello que me da alegría a mí. Leyendo el Evangelio vemos que esta ha sido la experiencia de los primeros discípulos: después del primer encuentro con Jesús, Andrés fue a decirlo enseguida a su hermano Pedro (Cfr. Jn 1,40-42), y la misma cosa hizo Felipe con Natanael (Cfr. Jn 1,45-46). Encontrar a Jesús equivale a encontrarse con su amor. Este amor nos transforma y nos hace capaces de transmitir a los demás la fuerza que nos dona. De alguna manera podremos decir que desde el día del Bautismo nos es dado a cada uno de nosotros un nuevo nombre agregado a aquel que ya nos dan mamá y papá, y este nombre es “Cristóforo”: todos somos “Cristóforos”. ¿Qué cosa significa? “Portadores de Cristo”. Es el nombre de nuestra actitud, una actitud de portadores de la alegría de Cristo, de la misericordia de Cristo. ¡Todo cristiano es un “Cristóforo”, es decir un portador de Cristo!
    La misericordia que recibimos del Padre no nos es dada como una consolación privada, sino nos hace instrumentos para que también los demás puedan recibir el mismo don. Existe una estupenda circularidad entre la misericordia y la misión. Vivir de misericordia nos hace misioneros de la misericordia, y ser misioneros nos permite siempre crecer más en la misericordia de Dios. Por lo tanto, tomemos en serio nuestro ser cristianos, y comprometámonos a vivir como creyentes, porque sólo así el Evangelio puede tocar el corazón de las personas y abrirlo para recibir la gracia del amor, para recibir esta grande misericordia de Dios que acoge a todos. Gracias.
    (Traducción del italiano: Renato Martinez – Radio Vaticano)


    viernes, 29 de enero de 2016

    La fe no es solo conocimiento para conservar en la memoria sino verdad vivida en el amor, el Papa a la Congregación para la Doctrina de la Fe 29012016

    La fe no es solo conocimiento para conservar en la memoria sino verdad vivida en el amor, el Papa a la Congregación para la Doctrina de la Fe

    En la fe y en la caridad se produce una relación cognoscitiva y unificadora con el misterio del Amor, que es Dios mismo - OSS_ROM
    29/01/2016 16:02
     
    (RV).-  ''La misericordia es el arquitrabe que sostiene la vida de la Iglesia: de hecho la primera verdad de la Iglesia es el amor de Cristo''. Son las palabras con las que el Santo Padre abrió su discurso a los participantes en la asamblea plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe a quienes recibió este viernes en audiencia en la Sala Clementina. El Papa instó a todo el pueblo cristiano, sea a los pastores que a los fieles, a redescubrir en este Jubileo las obras de misericordia corporales y espirituales porque cuando, en el ocaso de la vida, se nos preguntará si hemos dado de comer al hambriento y de beber al sediento, también se nos preguntará ''si hemos ayudado a las personas a salir de sus dudas, si nos hemos comprometido a acoger a los pecadores, advirtiéndolos o corrigiéndolos, si hemos sido capaces de luchar contra la ignorancia, especialmente la relativa a la fe cristiana y a la vida buena. Esta atención a las obras de misericordia es importante: no son una devoción. Es la forma concreta en que los cristianos deben aplicar el espíritu de misericordia... Tenemos que volver a enseñar a los fieles que son muy importantes''.
    ''En la fe y en la caridad se produce una relación cognoscitiva y unificadora con el misterio del Amor, que es Dios mismo. Y sin dejar de ser Dios misterio en sí mismo, la misericordia efectiva de Dios se transformó en Jesús en misericordia afectiva, ya que se hizo hombre para la salvación de la humanidad. La tarea encomendada a su  dicasterio encuentra aquí su fundamento último y su justificación adecuada -subrayó Francisco- La fe cristiana no sólo es conocimiento para conservar en la memoria, sino verdad que hay que vivir en el amor. Por lo tanto, junto con la doctrina de la fe, también hay que custodiar la integridad de las costumbres sobre todo en los ámbitos más sensibles de la vida. La adhesión de fe a la persona de Cristo implica tanto el acto de la razón como la respuesta moral a su don. En este sentido, les doy las gracias por todo el esfuerzo y la responsabilidad con que tratan los casos de abuso de menores por parte del clero''.
    ''El cuidado de la integridad de la fe y de las costumbres es una tarea delicada y para cumplir bien esa misión es importante un compromiso colegial... Hace falta promover, en todos los niveles de la vida eclesial, una correcta sinodalidad'', añadió el Papa, citando al respecto la reunión organizada por la Congregación con los representantes de las Comisiones Doctrinales de las Conferencias Episcopales de Europa, para abordar colegialmente algunos retos doctrinales y pastorales, contribuyendo así a suscitar en los fieles un ''nuevo empuje misionero y una mayor apertura a la dimensión trascendente de la vida, sin la cual Europa corre el riesgo de perder el espíritu humanista que, no obstante, ama y defiende''. Otra aportación significativa de la Congregación a la renovación de la vida eclesial ha sido el estudio sobre la complementariedad entre los dones jerárquicos y carismáticos, llamados a colaborar en sinergia por el bien de la Iglesia y del mundo y cuya relación evoca su raíz trinitaria, el vínculo entre el Logos divino hecho carne y el Espíritu Santo, que es siempre un don del Padre y del Hijo.
    ''Sólo esa raíz, si es reconocida y aceptada con humildad -finalizó el Pontífice- permite que la Iglesia se renueve en cada tiempo... Unidad y pluralidad son el sello de una Iglesia que, movida por el Espíritu, sabe encaminarse con un paso seguro y fiel hacia las metas que el Señor Resucitado le indica en el curso de la historia. Aquí se puede ver cómo la dinámica sinodal, si se entiende correctamente, nace de la comunión y conduce hacia una comunión, cada vez más actuada, profundizada y dilatada, al servicio de la vida y de la misión del Pueblo de Dios''.
    (RC-RV)