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miércoles, 22 de abril de 2020

Santa María, Madre de la Compañía de Jesús. (22 de abril)

Santa María, Madre de la Compañía de Jesús.

María y los santos jesuitas.
María y los santos jesuitas.

Santa María, ruega por la Compañía.

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Santa María, Madre de la Compañía de Jesús. 22 de abril.

A 22 de abril celebra la Compañía de Jesús a María, como Madre y Protectora de la Orden. Y la veneran en la imagen de Santa María la Mayor de Roma. El origen de esta memoria lo hallamos en la vida del gran San Ignacio, fundador de la Orden. El P. Ribadeneyra lo cuenta así:
 
"Después de confirmada la Compañía por el Papa Paulo III, la primera cosa en que pusieron los ojos todos los primeros Padres de ella, fue en hacer elección entre sí de un superior, que con espíritu y prudencia la gobernase (…) mediada la cuaresma [de 1541], Ignacio, Laínez, Salmeron, Claudio, Pascasio y Coduri se juntaron en Roma; y después de haber ventilado las cosas que para acertar en la buena elección se ofrecían, determinan de estar tres días en oración , y que entre sí guarden silencio, y no traten de ella: y que después cada uno traiga su voto escrito de su mano, en el cual declare a quien da su voz. Pasados los tres días tórnanse a congregar, y juntan los votos que cada uno traía con los de los otros padres ausentes; los cuales ellos, o habían dejado escritos antes que partiesen de Roma, o los habían enviado después. Para mayor confirmación y establecimiento de la elección, determinaron de estar otros tres días en oración sin leer los votos: los cuales abrieron al cuarto día, y por voto de todos los presentes y ausentes fue declarado Ignacio por prepósito general; de manera que no le faltó otro voto sino el suyo".

El santo se negó, pues prefería obedecer que mandar, y los padres, por consentirle, decidieron hacer otros cuatro días de oración para votar de nuevo al cabo. Pero, como era de esperar, igualmente fue el santo Ignacio el elegido para superior general. El santo decidió humildemente, poner el asunto en las manos de su confesor y director, y hacer lo que aquel el indicase. Y sigue Ribadeneyra:
 
"Hizo su confesión general Ignacio, y estuvo tres días, que fueron Jueves, Viernes y Sábado Santos, apartado de sus compañeros, en san Pedro Montorio, monasterio de frailes franciscos, donde fue crucificado san Pedro, ocupado en solo este negocio. Dio parte a su confesor, el cual era entonces un santo y grave varón de aquel convento, llamado fray Teófilo (que después siendo Ignacio general tomó por confesor de la Compañía), de toda su vida pasada: y el día de Pascua de Resurrección, preguntóle que le parecía: responde el confesor que le parecía que en resistir a su elección, resistía al Espíritu Santo. Entonces Ignacio le torna muy de propósito a rogar, que lo mire de nuevo con mas atención, y lo encomiende de veras a Dios; y que lo que después de esto le pareciere, lo escriba en una cédula de su mano, y sellada la enviase a sus compañeros. Hízolo así el confesor, y escribió la cédula en que decía, que su parecer era que Ignacio en todo caso se encargase del gobierno de la Compañía. Ya entonces con grandísimo regocijo y aplauso de todos, dijo que lo haría; y señalaron el viernes siguiente, después de Pascua de Resurrección, que era a 22 de abril, para visitar las siete iglesias, que son las estaciones principales de Roma: y en la iglesia de San Pablo Extramuros, que es una de ellas, apartada del ruido de la gente y de gran devoción, hacer todos su profesión".

Luego de emitir sus votos Ignacio y sus compañeros, recibieron la comunión. Cuando la misa terminó veneraron las reliquias de San Pablo y allí, junto al altar de la confesión, se abrazaron emocionados. Y como la primera iglesia que habían visitado ese día fue la Basílica de Santa María la Mayor, y ante la cual los religiosos ofrecieron sus vidas y las intenciones de profesar sus votos religiosos, la Compañía siempre tuvo especial devoción a esta imagen de la Madre de Dios, y que incluso propagó por parte de Europa y América.

Fuente:
-"Vida de San Ignacio de Loyola". P. PEDRO DE RIBANEYRA. Barcelona, 1863.

A 22 de abril además se celebra a

martes, 1 de enero de 2019

Santa María, Madre de Dios (1 de enero)


Santa María, Madre de Dios

fecha: 1 de enero
hagiografía: Vaticano
Elogio: Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Natividad del Señor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Efeso la aclamaron como Theotokos, porque en ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre los hombres el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre.
Catequesis de SS Benedicto XVI el 2 de enero de 2008:
Celebramos la solemne fiesta de María, Madre de Dios. «Madre de Dios», Theotokos, es el título que se atribuyó oficialmente a María en el siglo V, exactamente en el concilio de Éfeso, del año 431, pero que ya se había consolidado en la devoción del pueblo cristiano desde el siglo III, en el contexto de las fuertes disputas de ese período sobre la persona de Cristo.
Con ese título se subrayaba que Cristo es Dios y que realmente nació como hombre de María. Así se preservaba su unidad de verdadero Dios y de verdadero hombre. En verdad, aunque el debate parecía centrarse en María, se refería esencialmente al Hijo. Algunos Padres, queriendo salvaguardar la plena humanidad de Jesús, sugerían un término más atenuado: en vez de Theotokos, proponían Christotokos, Madre de Cristo. Pero precisamente eso se consideró una amenaza contra la doctrina de la plena unidad de la divinidad con la humanidad de Cristo. Por eso, después de una larga discusión, en el concilio de Éfeso, del año 431, como he dicho, se confirmó solemnemente, por una parte, la unidad de las dos naturalezas, la divina y la humana, en la persona del Hijo de Dios (cf. DS 250) y, por otra, la legitimidad de la atribución a la Virgen del título de Theotokos, Madre de Dios (cf. ib., 251).
Después de ese concilio se produjo una auténtica explosión de devoción mariana, y se construyeron numerosas iglesias dedicadas a la Madre de Dios. Entre ellas sobresale la basílica de Santa María la Mayor, aquí en Roma. La doctrina relativa a María, Madre de Dios, fue confirmada de nuevo en el concilio de Calcedonia (año 451), en el que Cristo fue declarado «verdadero Dios y verdadero hombre (...), nacido por nosotros y por nuestra salvación de María, Virgen y Madre de Dios, en su humanidad» (DS 301). Como es sabido, el concilio Vaticano II recogió en un capítulo de la constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, el octavo, la doctrina acerca de María, reafirmando su maternidad divina. El capítulo se titula: «La bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia».
El título de Madre de Dios, tan profundamente vinculado a las festividades navideñas, es, por consiguiente, el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen santísima. Expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación. Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.
En estos día de fiesta nos hemos detenido a contemplar en el belén la representación del Nacimiento. En el centro de esta escena encontramos a la Virgen Madre que ofrece al Niño Jesús a la contemplación de quienes acuden a adorar al Salvador: los pastores, la gente pobre de Belén, los Magos llegados de Oriente. Más tarde, en la fiesta de la «Presentación del Señor», que celebraremos el 2 de febrero, serán el anciano Simeón y la profetisa Ana quienes recibirán de las manos de la Madre al pequeño Niño y lo adorarán. La devoción del pueblo cristiano siempre ha considerado el nacimiento de Jesús y la maternidad divina de María como dos aspectos del mismo misterio de la encarnación del Verbo divino. Por eso, nunca ha considerado la Navidad como algo del pasado. Somos «contemporáneos» de los pastores, de los Magos, de Simeón y Ana, y mientras vamos con ellos nos sentimos llenos de alegría, porque Dios ha querido ser Dios con nosotros y tiene una madre, que es nuestra madre.
Del título de «Madre de Dios» derivan luego todos los demás títulos con los que la Iglesia honra a la Virgen, pero este es el fundamental. Pensemos en el privilegio de la «Inmaculada Concepción», es decir, en el hecho de haber sido inmune del pecado desde su concepción. María fue preservada de toda mancha de pecado, porque debía ser la Madre del Redentor. Lo mismo vale con respecto a la «Asunción»: no podía estar sujeta a la corrupción que deriva del pecado original la Mujer que había engendrado al Salvador.
Y todos sabemos que estos privilegios no fueron concedidos a María para alejarla de nosotros, sino, al contrario, para que estuviera más cerca. En efecto, al estar totalmente con Dios, esta Mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda como madre y como hermana. También el puesto único e irrepetible que María ocupa en la comunidad de los creyentes deriva de esta vocación suya fundamental a ser la Madre del Redentor. Precisamente en cuanto tal, María es también la Madre del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Así pues, justamente, durante el concilio Vaticano II, el 21 de noviembre de 1964, Pablo VI atribuyó solemnemente a María el título de «Madre de la Iglesia».
Precisamente por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo místico de Cristo. Desde la cruz Jesús encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo, encomendó a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre. El evangelista san Juan concluye el breve y sugestivo relato con las palabras: «Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa» (Jn 19, 27). Así es la traducción española del texto griego: «eis tà idía»; la acogió en su propia realidad, en su propio ser. Así forma parte de su vida y las dos vidas se compenetran. Este aceptarla en la propia vida (eis tà idía) es el testamento del Señor. Por tanto, en el momento supremo del cumplimiento de la misión mesiánica, Jesús deja a cada uno de sus discípulos, como herencia preciosa, a su misma Madre, la Virgen María.
Queridos hermanos y hermanas, en estos primeros días del año se nos invita a considerar atentamente la importancia de la presencia de María en la vida de la Iglesia y en nuestra existencia personal. Encomendémonos a ella, para que guíe nuestros pasos en este nuevo período de tiempo que el Señor nos concede vivir, y nos ayude a ser auténticos amigos de su Hijo, y así también valientes artífices de su reino en el mundo, reino de luz y de verdad.
Fra Angelico: María con el Niño, rodeados de santos, 1438-40, Museo di San Marco, Florencia
fuente: Vaticano
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1

domingo, 18 de octubre de 2015

Clave para conocer y amar a María

Clave para conocer y amar a María 
María

5 claves que nos pueden que ayudar en este camino de conformación con Jesús a través de Santa María


Por: Luisa Restrepo | Fuente: Catholic-link.com 



María es nuestra Madre y en nuestro camino de cercanía y encuentro con el Señor Ella cumple un papel dinámico y fundamental. Para poder recorrerlo es necesario aumentar nuestro amor filial para que sea Ella quien nos lleve de su mano hacia su hijo El Señor Jesús.
Hoy, con la ayuda del hermoso libro de María Vallejo-Nágera: “De María a María”les queremos presentar 5 pasos para conocer y amar a María. En esta hermosa obra la autora nos describe su proceso de acercamiento a la Virgen María, nos cuenta cómo es su relación con Ella y nos invita a descubrirla, conocerla y amarla cada vez más.
María es madre y una madre se preocupa sobre todo por la salud de sus hijos, sabe cuidarla siempre con amor grande y tierno. La Virgen custodia nuestra salud. ¿Qué quiere decir esto? Pienso sobre todo en tres aspectos: nos ayuda a crecer, a afrontar la vida, a ser libres.Papa Francisco
Les dejamos 5 claves que nos pueden que ayudar en este camino de conformación con Jesús a través de Santa María:
 

1. Buscar que María nos lleve de su mano en nuestro proceso de Conversión y Fe:

Convertirse todos los días como el primero –valga la redundancia– es la primera clave para amar a María. El Señor nos pide cada día que le amemos. Y la mejor manera es a través de su Madre, la Virgen María. Si buscamos a nuestra Madre, el Señor se hará cercano a nosotros. María es la primera creyente, con su fe alienta nuestro camino para que cada día crezcamos en confianza en Dios y en sus promesas.

2. Reconocer su presencia amorosa en nuestras vidas:

La Virgen María ¿está realmente presente en nuestras vidas? ¿actúa hoy de forma real?  La Madre de Dios, que es Madre de todos también –así lo quiso Él– actúa en cada uno de sus hijos de una manera distinta. Unas veces es más visible que otras, pero el amor es el mismo. Para ello, el Señor nos la regaló para pedirle por nuestras preocupaciones y nuestras ocupaciones. Así Ella estará presente en las situaciones más cotidianas de nuestra vida, para que hagamos frente junto a Ella, a todos nuestros problemas.

3. Tener siempre presente que María es Madre de Dios y Madre nuestra:

Juan Pablo II dijo una vez: “La maternidad virginal, reconocida y proclamada por la fe de los Padres, nunca jamás podrá separarse de la identidad de Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, dado que nació de ella”. María es un nuestra madre y como buena madre no se cansa de esperar. Ella sabe que somos humanos y que fallamos. Aun así,  no nos deja solos.

4. Para amarla debemos acercarnos a San José el Padre de Jesús y esposo de La Virgen María:

San José es el perfecto intercesor, fue el mejor padre, el mejor amigo de la Virgen y su mayor protector. Supo proteger a su Sagrada Familia y llevar a cabo la misión que le había mandado el Señor. Por eso, ahora nosotros podemos pedirle que nos ayude con las cosas de nuestras familias y las de nuestros amigos, pues no dudará en echarnos una mano cuando lo necesitemos. El lazo amoroso y espiritual que unía al Patriarca con la Virgen María hace que podamos agarrarnos fuerte a sus manos y, a su vez, al regazo de Nuestra Madre. El Papa Francisco tiene una estatua de san José durmiendo en su habitación y cuentan que, cuando recibe documentación con asuntos graves, los deja –literalmente– bajo su cuidado. Él es el protector de la Virgen y el padre adoptivo de Jesús. Son muchos los santos que le han venerado, admirado y le han pedido intercesión, contándose como numerosísimos los milagros atribuidos a él a lo largo de  XXI siglos de fe.

5. Acudir a Ella rezando El Santo Rosario:

El rosario es un fiel aliado para conocer los sentimientos y los amores de la Virgen. Desgranar las cuentas con una oración pausada y recogida nos permite comprender que la Virgen se vale de dichos ruegos para pedir abundantes gracias a Jesús. El Rosario es un instrumento esencial para todos los cristianos que desean cooperar con la misión evangelizadora de la Virgen María en el mundo.

jueves, 15 de mayo de 2014

La verdad sobre la imagen de la Virgen María en el fondo del mar de Malasia y Filipinas 14052014

La verdad sobre la imagen de la Virgen María en el fondo del mar de Malasia y Filipinas

 
 
MANILA, 14 May. 14 / 09:17 pm (ACI/EWTN Noticias).- La playa de Bien Unido, en la provincia de Bohol (Filipinas), se ha convertido en un punto de peregrinación para católicos, que bucean en sus aguas para rezar frente a la imagen de 14 metros  de la Virgen María, depositada a cerca de 24 metros en el fondo marino.
 
Recientemente, diversos medios de comunicación confundieron la zona, asegurando que un equipo de buzos descubrió la imagen de la Virgen María durante las labores de búsqueda de los restos de un avión desaparecido de Malaysia Airlines. Sin embargo, la imagen fue colocada en el arrecife de Danajon, junto a una imagen de similar tamaño del Santo Niño, por las autoridades municipales de Bien Unido, en 2010.

Las autoridades consideraron que al instalar las imágenes religiosas bajo el mar, desalentarían la pesca ilegal en la zona, dañada por el uso de dinamita y cianuro.
En un comunicado difundido por la municipalidad de Bien Unido se indicó que los buzos "pueden rezar bajo el agua, para tener un momento de reflexión más profunda de aquella que normalmente se experimenta, y expresar su agradecimiento (a Dios) por guiarlos a salvo a través de todas sus aventuras de buceo".
"Porque en el buceo, uno está inmerso en otro mundo maravilloso, donde todos pueden realmente apreciar la maravillosa creación de Dios".

miércoles, 14 de mayo de 2014

En medio del pueblo está siempre María: 97° aniversario de la primera aparición de la Virgen en Fátima 13052014

En medio del pueblo está siempre María: 97° aniversario de la primera aparición de la Virgen en Fátima




(RV).- (Con audio) RealAudioMP3

Hoy la Iglesia celebra el 97°aniversario de la primera aparición de la Virgen de Fátima. En el curso de los decenios, con el crecer de la devoción mariana vinculada a este evento, tantas veces los Pontífices han confiado la humanidad a la protección de la Virgen, aparecida a los tres pastores. Y de María, "Madre de la Evangelización", nos habla el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium:

“Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía a los discípulos para invocarlo (Hch 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés. Ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización".

"María sabe reconocer las huellas del Espíritu de Dios en los grandes acontecimientos y también en aquellos que parecen imperceptibles. Es contemplativa del misterio de Dios en el mundo, en la historia y en la vida cotidiana de cada uno y de todos. Es la mujer orante y trabajadora en Nazaret, y también es nuestra Señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás «sin demora» (Lc 1,39). Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización. Le rogamos que con su oración maternal nos ayude para que la Iglesia llegue a ser una casa para muchos, una madre para todos los pueblos, y haga posible el nacimiento de un mundo nuevo. Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: ‘Yo hago nuevas todas las cosas’. (Ap 21,5). Con María avanzamos confiados hacia esta promesa, y le decimos:


Virgen y Madre María,
tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro « sí »
ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Tú, llena de la presencia de Cristo,
llevaste la alegría a Juan el Bautista,
haciéndolo exultar en el seno de su madre.
Tú, estremecida de gozo,
cantaste las maravillas del Señor.
Tú, que estuviste plantada ante la cruz
con una fe inquebrantable
y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,
recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu
para que naciera la Iglesia evangelizadora.

Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida
que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos
para que llegue a todos el don de la belleza que no se apaga.

Tú, Virgen de la escucha y la contemplación,
madre del amor, esposa de las bodas eternas,
intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo,
para que ella nunca se encierre ni se detenga
en su pasión por instaurar el Reino.

Estrella de la nueva evangelización,
ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión,
del servicio, de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.

Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.
Amén. Aleluya".

(MCM-RV)