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miércoles, 4 de diciembre de 2019

Monseñor Felipe Arizmendi: “Rito amazónico” 04122019

Via Crucis Amazónico © REPAM

Monseñor Felipe Arizmendi: “Rito amazónico”

Propuestas en el Sínodo Amazónico
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas
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El reciente Sínodo Panamazónico hizo estas consideraciones y propuestas:
  1. El Concilio Vaticano II abrió espacios para el pluralismo litúrgico “para variaciones y adaptaciones legítimas para los diversos grupos y pueblos” (SC 38). En este sentido, la liturgia debe responder a la cultura para que sea fuente y culmen de la vida cristiana (cf. SC 10) y para que se sienta ligada a los sufrimientos y a las alegrías del pueblo. Debemos dar una respuesta auténticamente católica a la petición de las comunidades amazónicas de adaptar la liturgia valorando la cosmovisión, las tradiciones, los símbolos y los ritos originarios que incluyan dimensiones trascendentes, comunitarias y ecológicas. 
  2. En la Iglesia Católica hay 23 Ritos diferentes, signo claro de una tradición que desde los primeros siglos ha intentado inculturar los contenidos de la fe y su celebración a través de un lenguaje lo más coherente posible con el misterio que se quiere expresar. Todas estas tradiciones tienen su origen en función de la misión de la Iglesia: “Las Iglesias de un mismo ámbito geográfico y cultural han venido a celebrar el misterio de Cristo con expresiones particulares, caracterizadas culturalmente: en la tradición del “depósito de la fe”, en el simbolismo litúrgico, en la organización de la comunión fraterna, en la comprensión teológica de los misterios y en las diversas formas de santidad” (CIC 1202; cf. también CIC 1200-1206). 
  3. Es necesario que la Iglesia, en su incansable labor evangelizadora, trabaje para que el proceso de inculturación de la fe, se exprese en las formas más coherentes, a fin de que también pueda celebrarse y vivirse según las lenguas propias de los pueblos amazónicos. Urge formar comités de traducciones y redacción de textos bíblicos y litúrgicos en las lenguas propias de los diferentes lugares, con los recursos necesarios, preservando la materia de los sacramentos y adaptándolos a la forma, sin perder de vista lo que sea esencial. En este sentido es preciso fomentar la música y el canto, todo lo cual es aceptado y fomentado por la liturgia. 
  4. El nuevo organismo de la Iglesia en la Amazonía debe constituir una comisión competente para estudiar y dialogar, según usos y costumbres de los pueblos ancestrales, la elaboración de un rito amazónico, que exprese el patrimonio litúrgico, teológico, disciplinario y espiritual amazónico, con especial referencia a lo que la Lumen Gentium afirma para las Iglesias orientales (cf. LG 23). Esto se sumaría a los ritos ya presentes en la Iglesia, enriqueciendo la obra de evangelización, la capacidad de expresar la fe en una cultura propia y el sentido de descentralización y de colegialidad que puede expresar la catolicidad de la Iglesia. También podría estudiar y proponer cómo enriquecer ritos eclesiales con el modo en que estos pueblos cuidan su territorio y se relacionan con sus aguas.
PENSAR
Estas consideraciones y propuestas no están fuera de lugar, sino que son muy conformes a los prescrito, hace 56 años, el 4 de diciembre de 1963, por el Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre Liturgia:
“La Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario, respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces los acepta en la misma liturgia, con tal de que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico. Al revisar los libros litúrgicos, salvada la unidad sustancial del Rito romano, se admitirán variaciones y adaptaciones legítimas a los diversos grupos, regiones, pueblos, especialmente en las misiones, y se tendrá esto en cuenta oportunamente al establecer la estructura de los ritos y las rúbricas..En ciertos lugares y circunstancias, urge una adaptación más profunda de la liturgia, lo cual implica mayores dificultades… Las adaptaciones que se consideren útiles o necesarias, se propondrán a la Sede Apostólica para introducirlas con su consentimiento” (SC 37-38.40).
El primer paso para esta inculturación litúrgica es celebrar los ritos en los idiomas propios de los pueblos, pero hay muchos sacerdotes que se resisten a ello. Por aquí habría que empezar: hacer traducciones de la Biblia y la Liturgia, conforme a las normas de la Iglesia. El segundo paso son las adaptaciones. En esto estamos mucho más atrasados. Nos platicaba quien ocupa un alto cargo en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos que, salvo el zaireño, ningún otro rito posconciliar ha sido aprobado por esa Congregación. El domingo pasado, por cierto, el Papa presidió ese rito en la Basílica de San Pedro, con fieles de la República Democrática del Congo. En lo esencial, es el rito romano, con algunas adaptaciones, semejantes a las que hemos hecho en pueblos originarios de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, que ya fueron aprobadas por nuestra Conferencia Episcopal y que esperan, desde hace varios años, la recognitio de Roma. Algunas de esas adaptaciones se usaron en la Misa que celebró el Papa en su visita a nuestra diócesis, el 15 de febrero de 2016, con el consentimiento previo de los ceremonieros vaticanos. Nos dicen de Roma que nuestro rito es el segundo, a nivel mundial, que se ha presentado; por eso allá lo están estudiando con cuidado. ¡Cuánto nos falta por avanzar en inculturación!
ACTUAR
Obispos y demás agentes de pastoral, animémonos a dar los pasos necesarios para traducir la Biblia a idiomas originarios y para inculturar la liturgia, proponiendo las adaptaciones que sean acordes a la fe y a la liturgia romana, así como a la cultura de esos pueblos. Es un derecho de ellos y una obligación de sus pastores. Es el camino de Jesús y de su Espíritu en su Iglesia. No impongamos una liturgia hispanizada, ni destruyamos culturas originarias.

Monseñor Felipe Arizmendi: “Conversión amazónica integral” 20112019

Río Amazonas © Jesuitas

Monseñor Felipe Arizmendi: “Conversión amazónica integral”

Respeto a todos los seres humanos
VER
Algunos se molestan porque hemos hablado mucho de la Amazonía y su reciente Sínodo. Se imaginan que no nos importa, no nos afecta, no tiene que ver con nosotros. Se equivocan. El agua que allí se genera influye en el océano Atlántico y en los glaciares. El aire que allí se produce, tiene que ver con la dirección de las nubes y con las lluvias no sólo para esa región, sino para el universo entero. Los bosques, la agricultura, y sobre todo la vida de los pueblos originarios y de los 33 millones de habitantes de esa región, importan no sólo a los nueve países de la zona, sino a toda la humanidad.
No faltan quienes siguen acusando al Papa de haber favorecido un culto idolátrico a la Pachamama, a la “madre tierra”. Nada de eso aconteció, pero sus enemigos le dan otra interpretación a cualquier cosa que él diga o haga. Además, las figuras que se pusieron en el rito previo al Sínodo en los jardines vaticanos, no representan a la Pachamama; son símbolos de fertilidad, de vida, de mujeres, de indígenas.
Por lo que yo he conocido en mis experiencias en Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Colombia y Venezuela, a la “madre tierra” no se le representa con una figura, con una imagen, sino que la tierra es todo el planeta, es la totalidad de la vida que se genera y se sostiene en él. Si se inclinan o se arrodillan ante la tierra, si la besan, no lo hacen ante una figura o una imagen, sino ante el suelo que pisamos, ante la tierra, ante las montañas, los ríos, el sol.
Los que no han sido evangelizados, le pueden dar una categoría superior, divina; pero los evangelizados no la divinizan, sino que adoran al Dios que creó la tierra, la naturaleza, el cosmos, pues sólo El es el Señor Creador de todas las cosas.
Quien esté obstinado en darle otra interpretación, no lo entenderá nunca, por más explicaciones que le demos. Quizá cierren su mente y su corazón por  mecanismos de defensa, para no entrar en el proceso de reforma que el Papa ha impulsado. Se resisten a dejar su vida burguesa y a valorar otras culturas, somo si la propia fuera absoluta.
Lo más importante, sin embargo, del Sínodo Panamazónico no son estos temas, sino la conversión a la que nos invita, al cambio de actitud ante la “casa común”, ante la tierra, el agua, el aire, los árboles, los animales, el clima, y esto no por una simple actitud ecologista de moda, sino porque son obra de Dios, que El nos confió para cuidar, aprovechar y no arrasar.
Es la fe cristiana la que nos mueve a ese respeto hacia todos los elementos de la creación. Y la criatura más importante es el ser humano, al que debemos cuidar y proteger desde su inicio en el seno materno hasta su término natural. La ecología cristiana es integral, no parcial. La obra más importante de Dios no son los árboles, los animales, la naturaleza irracional, sino las personas, los seres humanos. Sería una hipocresía cuidar y defender más alguna especie animal que a los humanos. La ecología a la que exhorta la Iglesia, es integral, y siempre a partir de nuestra fe.
PENSAR
Las propuestas del documento final del Sínodo Panamazónico invitan a una conversión integral: “La escucha de la Amazonía, en el espíritu propio del discípulo y a la luz de la Palabra de Dios y de la Tradición, nos empuja a una conversión profunda de nuestros esquemas y estructuras a Cristo y a su Evangelio” (No. 5).
La escucha del clamor de la tierra y el grito de los pobres y de los pueblos de la Amazonía con los que caminamos nos llama a una verdadera conversión integral, con una vida simple y sobria, todo ello alimentado por una espiritualidad mística al estilo de San Francisco de Asís, ejemplo de conversión integral vivida con alegría y gozo cristiano. Una lectura orante de la Palabra de Dios nos ayudará a profundizar y descubrir los gemidos del Espíritu y nos animará en el compromiso por el cuidado de la casa común” (No. 17).
“Como Iglesia de discípulos misioneros suplicamos la gracia de esa conversión que implica dejar brotar todas las consecuencias del encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea; una conversión personal y comunitaria que nos compromete a relacionarnos armónicamente con la obra creadora de Dios, que es la “casa común”; una conversión que promueva la creación de estructuras en armonía con el cuidado de la creación; una conversión pastoral basada en la sinodalidad, que reconozca la interacción de todo lo creado. Conversión que nos lleve a ser una Iglesia en salida que entre en el corazón de todos los pueblos amazónicos” (No. 18).
“Así, la única conversión al Evangelio vivo, que es Jesucristo, se podrá desplegar en dimensiones interconectadas para motivar la salida a las periferias existenciales, sociales y geográficas de la Amazonía. Estas dimensiones son: la pastoral, la cultural, la ecológica y la sinodal” (No. 19).
ACTUAR
En vez de seguir pensando que el Sínodo Amazónico no nos incumbe, analicemos cuáles de nuestras actitudes ante la “casa común” no son acordes con la fe cristiana y convirtámonos de forma integral, respetando y valorando no sólo a la “hermana madre tierra”, sino sobre todo a los seres humanos. No importan más los perros, los gatos, los periquitos, sino las personas, sobre todo los pobres, los descartados y despreciados. Son hijos de Dios, hermanos nuestros. ¡Convirtámonos! Y dejemos de gastar energías en juzgarnos y condenarnos.
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

domingo, 17 de noviembre de 2019

Mons. Felipe Arizmendi: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará” (Mensaje de la 3ª Jornada Mundial de los Pobres) 16112019

Mons. Felipe Arizmendi: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”

Mensaje de la 3ª Jornada Mundial de los Pobres
1. «La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (Sal 9,19). Las palabras del salmo se presentan con una actualidad increíble. Ellas expresan una verdad profunda que la fe logra imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida.
El salmista describe la condición del pobre y la arrogancia del que lo oprime (cf. vv. 22-31); invoca el juicio de Dios para que se restablezca la justicia y se supere la iniquidad (cf. vv. 35-36). Es como si en sus palabras volviese de nuevo la pregunta que se ha repetido a lo largo de los siglos hasta nuestros días: ¿cómo puede Dios tolerar esta disparidad? ¿Cómo puede permitir que el pobre sea humillado, sin intervenir para ayudarlo? ¿Por qué permite que quien oprime tenga una vida feliz mientras su comportamiento debería ser condenado precisamente ante el sufrimiento del pobre?
Este salmo se compuso en un momento de gran desarrollo económico que, como suele suceder, también produjo fuertes desequilibrios sociales. La inequidad generó un numeroso grupo de indigentes, cuya condición parecía aún más dramática cuando se comparaba con la riqueza alcanzada por unos pocos privilegiados. El autor sagrado, observando esta situación, dibuja un cuadro lleno de realismo y verdad.
Era una época en la que la gente arrogante y sin ningún sentido de Dios perseguía a los pobres para apoderarse incluso de lo poco que tenían y reducirlos a la esclavitud. Hoy no es muy diferente. La crisis económica no ha impedido a muchos grupos de personas un enriquecimiento que con frecuencia aparece aún más anómalo si vemos en las calles de nuestras ciudades el ingente número de pobres que carecen de lo necesario y que en ocasiones son además maltratados y explotados. Vuelven a la mente las palabras del Apocalipsis: «Tú dices: “soy rico, me he enriquecido; y no tengo necesidad de nada”; y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lástima, ciego y desnudo» (Ap 3,17). Pasan los siglos, pero la condición de ricos y pobres se mantiene inalterada, como si la experiencia de la historia no nos hubiera enseñado nada. Las palabras del salmo, por lo tanto, no se refieren al pasado, sino a nuestro presente, expuesto al juicio de Dios.
2. También hoy debemos nombrar las numerosas formas de nuevas esclavitudes a las que están sometidos millones de hombres, mujeres, jóvenes y niños.
Todos los días nos encontramos con familias que se ven obligadas a abandonar su tierra para buscar formas de subsistencia en otros lugares; huérfanos que han perdido a sus padres o que han sido separados violentamente de ellos a causa de una brutal explotación; jóvenes en busca de una realización profesional a los que se les impide el acceso al trabajo a causa de políticas económicas miopes; víctimas de tantas formas de violencia, desde la prostitución hasta las drogas, y humilladas en lo más profundo de su ser. ¿Cómo olvidar, además, a los millones de inmigrantes víctimas de tantos intereses ocultos, tan a menudo instrumentalizados con fines políticos, a los que se les niega la solidaridad y la igualdad? ¿Y qué decir de las numerosas personas marginadas y sin hogar que deambulan por las calles de nuestras ciudades?
Con frecuencia vemos a los pobres en los vertederos recogiendo el producto del descarte y de lo superfluo, para encontrar algo que comer o con qué vestirse. Convertidos ellos mismos en parte de un vertedero humano son tratados como desperdicios, sin que exista ningún sentimiento de culpa por parte de aquellos que son cómplices en este escándalo. Considerados generalmente como parásitos de la sociedad, a los pobres no se les perdona ni siquiera su pobreza. Se está siempre alerta para juzgarlos. No pueden permitirse ser tímidos o desanimarse; son vistos como una amenaza o gente incapaz, sólo porque son pobres.
Para aumentar el drama, no se les permite ver el final del túnel de la miseria. Se ha llegado hasta el punto de teorizar y realizar una arquitectura hostil para deshacerse de su presencia, incluso en las calles, últimos lugares de acogida. Deambulan de una parte a otra de la ciudad, esperando conseguir un trabajo, una casa, un poco de afecto… Cualquier posibilidad que se les ofrezca se convierte en un rayo de luz; sin embargo, incluso donde debería existir al menos la justicia, a menudo se comprueba el ensañamiento en su contra mediante la violencia de la arbitrariedad. Se ven obligados a trabajar horas interminables bajo el sol abrasador para cosechar los frutos de la estación, pero se les recompensa con una paga irrisoria; no tienen seguridad en el trabajo ni condiciones humanas que les permitan sentirse iguales a los demás. Para ellos no existe el subsidio de desempleo, indemnizaciones, ni siquiera la posibilidad de enfermarse.
El salmista describe con crudo realismo la actitud de los ricos que despojan a los pobres: «Están al acecho del pobre para robarle, arrastrándolo a sus redes» (cf. Sal 10,9). Es como si para ellos se tratara de una jornada de caza, en la que los pobres son acorralados, capturados y hechos esclavos. En una condición como esta, el corazón de muchos se cierra y se afianza el deseo de volverse invisibles. Así, vemos a menudo a una multitud de pobres tratados con retórica y soportados con fastidio. Ellos se vuelven como transparentes y sus voces ya no tienen fuerza ni consistencia en la sociedad. Hombres y mujeres cada vez más extraños entre nuestras casas y marginados en nuestros barrios.
3. El contexto que el salmo describe se tiñe de tristeza por la injusticia, el sufrimiento y la amargura que afecta a los pobres. A pesar de ello, se ofrece una hermosa definición del pobre. Él es aquel que «confía en el Señor» (cf. v. 11), porque tiene la certeza de que nunca será abandonado. El pobre, en la Escritura, es el hombre de la confianza. El autor sagrado brinda también el motivo de esta confianza: él “conoce a su Señor” (cf. ibíd.), y en el lenguaje bíblico este “conocer” indica una relación personal de afecto y amor.
Estamos ante una descripción realmente impresionante que nunca nos hubiéramos imaginado. Sin embargo, esto no hace sino manifestar la grandeza de Dios cuando se encuentra con un pobre. Su fuerza creadora supera toda expectativa humana y se hace realidad en el “recuerdo” que él tiene de esa persona concreta (cf. v. 13). Es precisamente esta confianza en el Señor, esta certeza de no ser abandonado, la que invita a la esperanza. El pobre sabe que Dios no puede abandonarlo; por eso vive siempre en la presencia de ese Dios que lo recuerda. Su ayuda va más allá de la condición actual de sufrimiento para trazar un camino de liberación que transforma el corazón, porque lo sostiene en lo más profundo.
4. La descripción de la acción de Dios en favor de los pobres es un estribillo permanente en la Sagrada Escritura. Él es aquel que “escucha”, “interviene”, “protege”, “defiende”, “redime”, “salva”… En definitiva, el pobre nunca encontrará a Dios indiferente o silencioso ante su oración. Dios es aquel que hace justicia y no olvida (cf. Sal 40,18; 70,6); de hecho, es para él un refugio y no deja de acudir en su ayuda (cf. Sal 10,14).
Se pueden alzar muchos muros y bloquear las puertas de entrada con la ilusión de sentirse seguros con las propias riquezas en detrimento de los que se quedan afuera. No será así para siempre. El “día del Señor”, tal como es descrito por los profetas (cf. Am 5,18; Is 2-5; Jl 1-3), destruirá las barreras construidas entre los países y sustituirá la arrogancia de unos pocos por la solidaridad de muchos. La condición de marginación en la que se ven inmersas millones de personas no podrá durar mucho tiempo. Su grito aumenta y alcanza a toda la tierra. Como escribió D. Primo Mazzolari: «El pobre es una protesta continua contra nuestras injusticias; el pobre es un polvorín. Si le das fuego, el mundo estallará».
5. No hay forma de eludir la llamada apremiante que la Sagrada Escritura confía a los pobres. Dondequiera que se mire, la Palabra de Dios indica que los pobres son aquellos que no disponen de lo necesario para vivir porque dependen de los demás. Ellos son el oprimido, el humilde, el que está postrado en tierra. Aun así, ante esta multitud innumerable de indigentes, Jesús no tuvo miedo de identificarse con cada uno de ellos: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Huir de esta identificación equivale a falsificar el Evangelio y atenuar la revelación. El Dios que Jesús quiso revelar es éste: un Padre generoso, misericordioso, inagotable en su bondad y gracia, que ofrece esperanza sobre todo a los que están desilusionados y privados de futuro.
¿Cómo no destacar que las bienaventuranzas, con las que Jesús inauguró la predicación del Reino de Dios, se abren con esta expresión: «Bienaventurados los pobres» (Lc 6,20)? El sentido de este anuncio paradójico es que el Reino de Dios pertenece precisamente a los pobres, porque están en condiciones de recibirlo. ¡Cuántas personas pobres encontramos cada día! A veces parece que el paso del tiempo y las conquistas de la civilización aumentan su número en vez de disminuirlo. Pasan los siglos, y la bienaventuranza evangélica parece cada vez más paradójica; los pobres son cada vez más pobres, y hoy día lo son aún más. Pero Jesús, que ha inaugurado su Reino poniendo en el centro a los pobres, quiere decirnos precisamente esto: Él ha inaugurado, pero nos ha confiado a nosotros, sus discípulos, la tarea de llevarlo adelante, asumiendo la responsabilidad de dar esperanza a los pobres. Es necesario, sobre todo en una época como la nuestra, reavivar la esperanza y restaurar la confianza. Es un programa que la comunidad cristiana no puede subestimar. De esto depende que sea creíble nuestro anuncio y el testimonio de los cristianos.
6. La Iglesia, estando cercana a los pobres, se reconoce como un pueblo extendido entre tantas naciones cuya vocación es la de no permitir que nadie se sienta extraño o excluido, porque implica a todos en un camino común de salvación. La condición de los pobres obliga a no distanciarse de ninguna manera del Cuerpo del Señor que sufre en ellos. Más bien, estamos llamados a tocar su carne para comprometernos en primera persona en un servicio que constituye auténtica evangelización. La promoción de los pobres, también en lo social, no es un compromiso externo al anuncio del Evangelio, por el contrario, pone de manifiesto el realismo de la fe cristiana y su validez histórica. El amor que da vida a la fe en Jesús no permite que sus discípulos se encierren en un individualismo asfixiante, soterrado en segmentos de intimidad espiritual, sin ninguna influencia en la vida social (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 183).
Hace poco hemos llorado la muerte de un gran apóstol de los pobres, Jean Vanier, quien con su dedicación logró abrir nuevos caminos a la labor de promoción de las personas marginadas. Jean Vanier recibió de Dios el don de dedicar toda su vida a los hermanos y hermanas con discapacidades graves, a quienes la sociedad a menudo tiende a excluir. Fue un “santo de la puerta de al lado” de la nuestra; con su entusiasmo supo congregar en torno suyo a muchos jóvenes, hombres y mujeres, que con su compromiso cotidiano dieron amor y devolvieron la sonrisa a muchas personas débiles y frágiles, ofreciéndoles una verdadera “arca” de salvación contra la marginación y la soledad. Este testimonio suyo ha cambiado la vida de muchas personas y ha ayudado al mundo a mirar con otros ojos a las personas más débiles y frágiles. El grito de los pobres ha sido escuchado y ha producido una esperanza inquebrantable, generando signos visibles y tangibles de un amor concreto que también hoy podemos reconocer.
7. «La opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha» (ibíd., 195) es una opción prioritaria que los discípulos de Cristo están llamados a realizar para no traicionar la credibilidad de la Iglesia y dar esperanza efectiva a tantas personas indefensas. En ellas, la caridad cristiana encuentra su verificación, porque quien se compadece de sus sufrimientos con el amor de Cristo recibe fuerza y confiere vigor al anuncio del Evangelio.
El compromiso de los cristianos, con ocasión de esta Jornada Mundial y sobre todo en la vida ordinaria de cada día, no consiste sólo en iniciativas de asistencia que, si bien son encomiables y necesarias, deben tender a incrementar en cada uno la plena atención que le es debida a cada persona que se encuentra en dificultad. «Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación» (ibíd., 199) por los pobres en la búsqueda de su verdadero bien. No es fácil ser testigos de la esperanza cristiana en el contexto de una cultura consumista y de descarte, orientada a acrecentar el bienestar superficial y efímero. Es necesario un cambio de mentalidad para redescubrir lo esencial y darle cuerpo y efectividad al anuncio del Reino de Dios.
La esperanza se comunica también a través de la consolación, que se realiza acompañando a los pobres no por un momento, cargado de entusiasmo, sino con un compromiso que se prolonga en el tiempo. Los pobres obtienen una esperanza verdadera no cuando nos ven complacidos por haberles dado un poco de nuestro tiempo, sino cuando reconocen en nuestro sacrificio un acto de amor gratuito que no busca recompensa.
8. A los numerosos voluntarios, que muchas veces tienen el mérito de ser los primeros en haber intuido la importancia de esta preocupación por los pobres, les pido que crezcan en su dedicación. Queridos hermanos y hermanas: Os exhorto a descubrir en cada pobre que encontráis lo que él realmente necesita; a no deteneros ante la primera necesidad material, sino a ir más allá para descubrir la bondad escondida en sus corazones, prestando atención a su cultura y a sus maneras de expresarse, y así poder entablar un verdadero diálogo fraterno. Dejemos de lado las divisiones que provienen de visiones ideológicas o políticas, fijemos la mirada en lo esencial, que no requiere muchas palabras sino una mirada de amor y una mano tendida. No olvidéis nunca que «la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual» (ibíd., 200).
Antes que nada, los pobres tienen necesidad de Dios, de su amor hecho visible gracias a personas santas que viven junto a ellos, las que en la sencillez de su vida expresan y ponen de manifiesto la fuerza del amor cristiano. Dios se vale de muchos caminos y de instrumentos infinitos para llegar al corazón de las personas. Por supuesto, los pobres se acercan a nosotros también porque les distribuimos comida, pero lo que realmente necesitan va más allá del plato caliente o del bocadillo que les ofrecemos. Los pobres necesitan nuestras manos para reincorporarse, nuestros corazones para sentir de nuevo el calor del afecto, nuestra presencia para superar la soledad. Sencillamente, ellos necesitan amor.
9. A veces se requiere poco para devolver la esperanza: basta con detenerse, sonreír, escuchar. Por un día dejemos de lado las estadísticas; los pobres no son números a los que se pueda recurrir para alardear con obras y proyectos. Los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar: son jóvenes y ancianos solos a los que se puede invitar a entrar en casa para compartir una comida; hombres, mujeres y niños que esperan una palabra amistosa. Los pobres nos salvan porque nos permiten encontrar el rostro de Jesucristo.
A los ojos del mundo, no parece razonable pensar que la pobreza y la indigencia puedan tener una fuerza salvífica; sin embargo, es lo que enseña el Apóstol cuando dice: «No hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor» (1 Co 1,26-29). Con los ojos humanos no se logra ver esta fuerza salvífica; con los ojos de la fe, en cambio, se la puede ver en acción y experimentarla en primera persona. En el corazón del Pueblo de Dios que camina late esta fuerza salvífica, que no excluye a nadie y a todos congrega en una verdadera peregrinación de conversión para reconocer y amar a los pobres.
10. El Señor no abandona al que lo busca y a cuantos lo invocan; «no olvida el grito de los pobres» (Sal 9,13), porque sus oídos están atentos a su voz. La esperanza del pobre desafía las diversas situaciones de muerte, porque él se sabe amado particularmente por Dios, y así logra vencer el sufrimiento y la exclusión. Su condición de pobreza no le quita la dignidad que ha recibido del Creador; vive con la certeza de que Dios mismo se la restituirá plenamente, pues él no es indiferente a la suerte de sus hijos más débiles, al contrario, se da cuenta de sus afanes y dolores y los toma en sus manos, y a ellos les concede fuerza y valor (cf. Sal 10,14). La esperanza del pobre se consolida con la certeza de ser acogido por el Señor, de encontrar en él la verdadera justicia, de ser fortalecido en su corazón para seguir amando (cf. Sal 10,17).
La condición que se pone a los discípulos del Señor Jesús, para ser evangelizadores coherentes, es sembrar signos tangibles de esperanza. A todas las comunidades cristianas y a cuantos sienten la necesidad de llevar esperanza y consuelo a los pobres, pido que se comprometan para que esta Jornada Mundial pueda reforzar en muchos la voluntad de colaborar activamente para que nadie se sienta privado de cercanía y solidaridad. Que nos acompañen las palabras del profeta que anuncia un futuro distinto: «A vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra» (Mal 3,20).
Vaticano, 13 de junio de 2018
FRANCISCO

sábado, 9 de noviembre de 2019

Monseñor Felipe Arizmendi: “¿Es Dios la pachamama?” 06112019

Oración a San Francisco de Asís, 4 octubre 2019 © Vatican Media
Oración A San Francisco De Asís, 4 Octubre 2019 © Vatican Media

Monseñor Felipe Arizmendi: “¿Es Dios la pachamama?”

Conocer más a fondo las culturas originarias
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
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Gran revuelo han causado las imágenes o figuras que se usaron en ceremonias al inicio del Sínodo Panamazónico en los jardines de El Vaticano, en la procesión inicial desde la Basílica de San Pedro al Aula Sinodal, en las que participó el Papa Francisco, y después en otras iglesias de Roma. Algunos condenan estas acciones como si fueran una idolatría, una adoración a la “madre tierra” y a otras “divinidades”. Nada de eso hubo. No son diosas; no fue un culto idolátrico. Son símbolos de realidades y vivencias amazónicas, con motivaciones no sólo culturales, sino también religiosas, pero no de adoración, pues ésta se debe sólo a Dios. Es mucho atrevimiento condenar al Papa como idólatra, pues nunca lo ha sido ni lo será. Al final de la ceremonia en los jardines vaticanos, le pidieron una palabra y se limitó a orar con el Padre nuestro. No hay otro dios que nuestro Padre del cielo.
Hace años, en un encuentro del CELAM que me tocó coordinar en Cochabamba, Bolivia, sobre los diferentes nombres de Dios en las culturas originarias del Cono Sur, pregunté a un indígena aymara si, para ellos, la pachamama (la madre tierra) y el inti (el padre sol) son dioses, y me respondió: Quienes no han recibido la evangelización, los consideran dioses; para quienes ya fuimos evangelizados, no son dioses, sino los mejores regalos de Dios. ¡Estupenda respuesta! ¡Eso son! Son manifestaciones del amor de Dios, no dioses.
En mi anterior diócesis, cuando yo escuchaba que con mucho cariño y respeto se hablaba de la “madre tierra”, me sentía molesto, pues yo me decía: Mi únicas madres son mi mamá, la Virgen María y la Iglesia. Y cuando veía que se postraban para besar la tierra, más me incomodaba. Pero conviviendo con los indígenas, comprendí que no la adoran como a una diosa, sino que la quieren valorar y reconocer como una verdadera madre, pues es la que nos da de comer, la que nos da el agua, el aire y todo lo que necesitamos para vivir: No la consideran una diosa; no la adoran; sólo le expresan su respeto y oran dando gracias a Dios por ella.
Lo mismo me pasaba cuando veía que se dirigían hacia los cuatro rumbos del universo, los puntos cardinales, les hacían reverencia, oraban y se dirigían también al sol con todo respeto. Antes de conocerlos y compartir la vida y la fe con ellos, sentía la tentación de juzgarlos y condenarlos como idólatras; después, aprecié su respeto a estos elementos de la naturaleza que nos dan vida, y me convencí que no los adoran como dioses, sino como obra de Dios, regalo suyo para la humanidad, y de esta forma también educan a sus hijos para no destruirlos, sino cuidarlos y respetarlos. No son idólatras. Quienes eso afirmen, no los conocen y los juzgan a distancia, desde lejos y desde fuera. La tierra y el sol son creaturas de Dios y sólo a El adoramos.
PENSAR
Dice la Biblia: “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra” (Gen 2,7). El miércoles de ceniza se nos recuerda: “Acuérdate que eres polvo y al polvo has de volver”. Esta es la realidad de todos los humanos.
En el Documento de Aparecida damos el calificativo de “madre” a la hermana tierra, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que no era idólatra: “Con los pueblos originarios de América, alabamos al Señor que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó como signo de su bondad y de su belleza. También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. Aunque hoy se ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, percibimos claramente de cuántas maneras el hombre amenaza y aun destruye su ‘habitat’. “Nuestra hermana la madre tierra” (Cántico de las criaturas, 9) es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador” (DA 125).
Y para quitar toda duda sobre la actitud del Papa, basta recordar esto que escribió en Laudato si: “Cuando tomamos conciencia del reflejo de Dios que hay en todo lo que existe, el corazón experimenta el deseo de adorar al Señor por todas sus criaturas y junto con ellas, como se expresa en el precioso himno de san Francisco de Asís: Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas…” (No. 87). “Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: «Son tuyas, Señor, que amas la vida» (Sb 11,26). Esto provoca la convicción de que, siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde” (No. 89). “Esto no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica al mismo tiempo una tremenda responsabilidad. Tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría del llamado a colaborar con ella y a proteger su fragilidad” (No. 90).
ACTUAR
Como dice Jesús, no juzguemos ni condenemos como idolatría lo que no es. Conozcamos más a fondo las culturas originarias. Y es nuestra tarea compartir el Evangelio de Jesús, que nos libera de idolatrías, cuando las hubiere.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Mons. Felipe Arizmendi: “Los jóvenes son futuro y presente” 25092019

El rector con un grupo de jóvenes en la JMJ de Panamá © Facebook Federico Albacth
El Rector Con Un Grupo De Jóvenes En La JMJ De Panamá © Facebook Federico Albacth

Mons. Felipe Arizmendi: “Los jóvenes son futuro y presente”

Compromisos pastorales
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
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Siendo joven sacerdote, me resistía a trabajar pastoralmente con jóvenes, porque aducía que son irresponsables, impuntuales, inestables, superficiales y en poco tiempo cambian de lugar y de profesión. Sin embargo, Dios me concedió la gracia de implicarme en el movimiento de Jornadas de Vida Cristiana, y esos jóvenes me ayudaron a vivir con una nueva dimensión mi sacerdocio, más juvenil, más humano y esperanzador. Varios de ellos ahora son excelentes esposos y padres de familia, buenos profesionales, líderes en sus ambientes y colaboran en la pastoral parroquial.
Cuando, en mi diócesis de origen, se me confió ser promotor vocacional, organicé un retiro para jóvenes líderes, con el fin de reflexionar sobre la vocación política del laico. A raíz de ello, uno que pensaba irse al Seminario y ser sacerdote, decidió dedicarse a la política. Ha ocupado puestos importantes, como gobernador del Estado, diputado local y federal, senador de la República y Presidente nacional de su partido. Dice que es muy difícil cambiar el ambiente y las prácticas políticas, pero se ha esforzado por ir contra corriente y procurar un cambio en su partido.
En mi diócesis anterior, organizamos, con un equipo de jóvenes de las diferentes parroquias de la ciudad episcopal, lo que ellos llamaron Desiertos Juveniles, con este objetivo: Encontrar en Cristo el sentido de la vida, para ser sus discípulos y misioneros en la transformación del mundo. De acuerdo con ellos, se exponían estos temas: ¿Quién soy yo? El amor del Padre. El pecado. ¿Quién es Jesucristo? Dónde encontrar a Jesucristo: a) En la Sagrada Escritura. b) En los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Penitencia. c) En la Eucaristía. d) En el prójimo, en la familia. e) En los pobres. f) En la oración. g) En la Iglesia. ¿Qué implica ser discípulos de Jesús? Fe y compromiso social. Diferentes vocaciones en la Iglesia. Tentaciones del mundo actual para los jóvenes. Medios de perseverancia para ser luz del mundo. Todos estos temas ellos los desarrollaban, con su típica creatividad y dinámica; sólo me pedían que yo presentara el que ellos consideraban más complicado: Fe y compromiso social.  Varios de ellos alentaron la pastoral juvenil en sus parroquias, dieron testimonio de su fe en la universidad, y ahora son buenos padres de familia, profesionales y laicos que se esfuerzan por servir a la comunidad. Vale la pena implicarse con ellos.
PENSAR
El episcopado mexicano, en el Proyecto Global de Pastoral 2031+2033, dice al respecto: “El Papa Francisco en su venida a nuestro país nos recordó la gran riqueza que tenemos en nuestros jóvenes, México tiene un rostro joven, esto señala la vitalidad, la alegría, la esperanza, la fortaleza y la energía de un pueblo. Reconocemos que son muchos los desafíos que nos quedan por delante con ellos y las trampas que se tienden a su paso, impidiendo que esta gran riqueza se transforme en una verdadera esperanza. Condiciones que son  necesarias para el desarrollo de los adolescentes y jóvenes, han ido quedando atrás y deben ser fortalecidas, tales como: el acompañamiento de nosotros sus pastores, familias integradas que impriman verdaderos valores en su corazón; una educación con calidad que, no sólo capacite para trabajos mejor remunerados, sino que puedan hacerlos crecer y madurar como personas; trabajos dignos y suficientemente retribuidos que quiten la angustia del mañana; espacios de esparcimiento y creatividad que fortalezcan su espíritu juvenil. Lamentamos profundamente la desaparición y muerte de miles de jóvenes en los últimos tiempos, los feminicidios, verdaderos ríos de sangre nueva que han corrido por nuestros pueblos y ciudades; la situación de muchos de ellos envueltos en la violencia, el narcotráfico, la trata de personas, la falta de oportunidades, el desempleo, la migración y el descarte. Un país sin adolescentes y jóvenes sanos, humana y socialmente, es un país sin futuro “ (No. 51).
Por ello, asumimos la opción por una Iglesia que comparte con los adolescentes y jóvenes, la tarea de hacer un país lleno de esperanza, alegría y vida plena”. “Los Obispos reconocemos que, en los adolescentes y jóvenes, nuestro país y la Iglesia de México, tienen una gran riqueza y una gran esperanza. Valoramos la importancia de su presencia y la fuerza de su entusiasmo en estos momentos históricos de la humanidad y de nuestro país. Queremos expresar nuestro compromiso con cercanía, confianza y diálogo mutuo, para reconocerlos como protagonistas de una transformación social y sujetos de una nueva etapa en la evangelización en nuestras comunidades juveniles, desde un proyecto de vida, orientado hacia su propia santidad. Sabemos que muchos jóvenes de México expresan su respeto por los valores evangélicos y un gran deseo de conocer más profundamente a Cristo; que aprecian el acompañamiento cercano de sus pastores y que participan con alegría y un gran entusiasmo, pidiendo ser tomados en cuenta con responsabilidades dentro de la Iglesia” (No. 188).
ACTUAR
Transcribo los compromisos pastorales que los obispos hicimos y en los que deseamos implicar a los demás agentes pastorales:
  1. Promover iniciativas de educación y desarrollo humano integral de los adolescentes y jóvenes en nuestras parroquias, en espacios donde se sientan atendidos y acompañados, con el esfuerzo y la participación de los mismos jóvenes y de las familias. 
  2. Instrumentar iniciativas pastorales para acercarnos a los adolescentes y jóvenes en sus diversas realidades y ambientes: campesino, indígena, estudiantil, obrero, migrante, urbano y como jóvenes adultos, con una disposición a la escucha y al diálogo, ayudando a fortalecer su proyecto de vida. 
  3. Acompañar y promover encuentros con Jesucristo Vivo, desde un proyecto de pastoral de adolescentes y jóvenes con sentido kerigmático, acorde a los lenguajes, signos y ritmos de nuestro tiempo, que desemboque en una cultura vocacional. 
  4. Favorecer iniciativas de evangelización y trabajo misionero de los jóvenes hacia los mismos jóvenes, utilizando las nuevas tecnologías y su original creatividad para generar redes en el anuncio del Evangelio y descubrir el sentido de su vida y su misión en la sociedad y la Iglesia. 
  5. Realizar proyectos pastorales encaminados a acompañar y ayudar a los jóvenes en riesgo de: violencia, narcotráfico, prostitución, trata de personas, etc., con ambientes más sanos que les ayude a desarrollar su espíritu juvenil.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Monseñor Felipe Arizmendi: “La Patria depende de todos” 18092019

Niños De Mozambique Entregan El Balón Artesanal Para Ser Bendecido Por El Papa © Scholas Occurrente

Monseñor Felipe Arizmendi: “La Patria depende de todos”

Educar en el respeto a los demás
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
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Un miembro de nuestro equipo de traductores al idioma indígena otomí (ñhätho, ñhañhú) tuvo que ir una temporada, por razones de trabajo, a una ciudad de nuestra frontera norte, y me escribe: “Las cosas no andan bien por acá; está re feo todo lo que está pasando. Del departamento (su habitación) al trabajo y del trabajo al departamento. No puede uno andar libre por las calles; tal parece que uno es extranjero en su propio país, escondiéndose del mismo paisano. No puedo creer lo que realmente estoy viendo y viviendo en mi México. Y esto es por el pan de cada día para la familia y por las cosas que uno necesita”.
Unos familiares me comentan que desistieron de ir a la fiesta de una población vecina, porque vieron por allí a un grupo de adolescentes armados, al parecer de un grupo que no se sabe quién comanda, pero que han sembrado miedo e inseguridad en la región, pues están tomando control de las fiestas y de los comercios, sin que los policías locales aparezcan por allí. Pareciera que éstos les tienen miedo, o que hay algún acuerdo secreto para dejarlos “trabajar”.
Vecinos de mi pueblo natal ya no quieren visitar la comunidad, precisamente por lo mismo; por no exponerse a que esos grupos armados, que no son de la región, les causen algún problema. Y esto que sucede entre nosotros, con más violencia sucede en otras regiones del país. ¿Nada se puede hacer? ¿El gobierno actual puede controlar esto y lograr que regrese la paz social?
PENSAR
El episcopado mexicano, en el Proyecto Global de Pastoral 2031+2033, dice al respecto:
“Hoy vivimos situaciones que nos han rebasado en mucho y que son un verdadero calvario para personas, familias y comunidades enteras, en una espiral de dolor a la que por el momento no se le ve fin. Muchos pueblos en nuestro país experimentan constantemente la inseguridad, el miedo, el abandono de sus hogares y una completa orfandad por parte de quienes tienen la obligación de proteger sus vidas y cuidar sus bienes. Tal parece que esta situación de violencia ha rebasado a las autoridades en muchas partes del país, los grupos delincuenciales se han establecido como verdaderos dueños y señores de espacios y cotos de poder y, debido a la furia y a la capacidad de terror de muchos de ellos, han puesto a prueba la fuerza de la ley y del orden. Son muchos los sufrimientos que a causa de la violencia a lo largo de estos últimos años se han ido acumulando en las familias del pueblo mexicano” (No. 56).
“El panorama social se ha ido ensombreciendo paulatinamente por el fortalecimiento alarmante del crimen organizado que tiene múltiples ramificaciones y un entorno internacional que lo alimenta y fortalece, corrompiendo la mente y el corazón de personas y autoridades. La introducción de una narco-cultura en nuestra sociedad mexicana, de conseguir dinero rápido, fácil y de cualquier forma, ha venido a dañar profundamente la mente de muchas personas, a quienes no les importa matar, robar, extorsionar, secuestrar o hacer cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos. Hechos tristemente exaltados cada día como material mediático por los medios de comunicación. Son muchas las causas que alimentan esta hoguera y que mantienen encendida esta llama de dolor: la pérdida de valores, la desintegración familiar, la falta de oportunidades, los trabajos mal remunerados, la corrupción galopante en todos los niveles, la ingobernabilidad, la impunidad, etc. Esta sociedad que tendría que ofrecer a todos los ciudadanos las condiciones necesarias para vivir con dignidad, está dañada y es necesario que todos como miembros de ella tomemos conciencia de esta realidad y nos hagamos responsables, para que pueda cumplir como un espacio de vida digna para todos sus miembros” (No. 57).
ACTUAR
Oremos al Espíritu Santo, para que ilumine a nuestras autoridades y hagan lo que les corresponde. Pero también que los padres de familia eduquen a sus hijos en el respeto a los demás, en el compartir fraterno, en el valor del trabajo, en la aceptación del sacrificio y que no se encaprichen con sus gustos. Y, sobre todo, conservar la unidad familiar, que es el mejor cimiento para la paz social.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Monseñor Felipe Arizmendi: “La familia es la alternativa” 14082019

Monseñor Felipe Arizmendi: “La familia es la alternativa”

“Sin ella no hay paz, no hay armonía social”
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
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Hace años, viajando a Roma vía París, me tocó de compañero de asiento, en clase económica, un empresario francés, que regresaba a su patria después de supervisar sus empresas en algunos países latinoamericanos, y me insistía: Diga a los mexicanos que cuiden la familia; que no les vaya a suceder lo que a nosotros los franceses, que ya la perdimos, ya no hay familia. Ustedes aún conservan ese tesoro. ¡No lo pierdan!
El fin de semana pasado, fui invitado por el párroco de Cosoleacaque, diócesis de Coatzacoalcos, en el sur de Veracruz, a dar ocho conferencias sobre el amor en el matrimonio y en la familia, de acuerdo a la Exhortación del Papa Francisco Amoris laetitia. En la sección de preguntas y testimonios, una mujer adulta se levantó y dijo: Yo soy hija adoptada por un matrimonio, a quien le debo todo, pero quizá entre los presentes está mi madre biológica; que sepa que la quiero mucho, que la admiro porque no me abortó; que le agradezco que me haya confiado a una buena familia; que la perdono, pero que me gustaría conocerla y abrazarla.
La familia. El ideal de Dios y nuestro es vivir la experiencia de pertenecer a una familia armoniosa, donde hay paz y comprensión, respeto y fidelidad, cariño y apoyo mutuo, trabajo compartido y responsable, educación humanista y cristiana. Aquí es donde se forman los ciudadanos que construyen la patria, los creyentes que integran la Iglesia. Aquí es donde crecen los niños y jóvenes que aprenden valores que les servirán toda la vida. Aquí es donde se mama el amor, el respeto por los demás, la solidaridad, el perdón, el aprecio del trabajo esforzado para tener algo, la tolerancia mutua, el compartir. Sin estos cimientos, ni la escuela, ni el dinero, ni el poder, ni las leyes, ni los ejércitos, podrán lograr tener ciudadanos pacíficos y trabajadores.
Todos anhelamos que en el país se viva en paz; sin embargo, hay quienes se empeñan en destruir la familia, y sin ella no hay paz, no hay armonía social. Todo son luchas, pleitos, divisiones, envidias, ambición de poder. Quien no tuvo familia, crece entre luchas e incertidumbres, y se defiende como puede. Quien vive en una familia donde hay violencia, pleitos y arbitrariedades, crece en un ambiente hostil, donde prevalece la fuerza del más fuerte, donde se imponen los golpes, la destrucción del otro, el predominio y la muerte. Por ello, si queremos paz y reconciliación social, hay que cuidar y proteger a las familias.
PENSAR
El episcopado mexicano, en su Proyecto Global de Pastoral 2031+2033, afirma: “En medio de estos cambios globales existen grandes sectores que siguen reconociendo el valor de la familia en el mundo como un elemento fundamental para una sociedad más sana y vigorosa, formadora ineludible de valores en la educación de los hijos. Así mismo, tenemos que reconocer la grave crisis por la que atraviesa la familia. Fenómenos como la pobreza, el individualismo, el ritmo de la vida actual, el estrés, la organización laboral y social; una ambigua concepción de la libertad y la dificultad para adquirir compromisos sólidos; además de una implacable lucha jurídica y social por implantar la ideología de género, han hecho que la familia se encuentre gravemente dañada” (39).
“Nos alegra y damos gracias a Dios por el don de la familia en nuestro pueblo mexicano. Nosotros amamos nuestra familia porque ella constituye una de las bases fundamentales de la sociedad y de la Iglesia… Esta realidad humana sigue siendo motivo de esperanza porque constituye el lugar fundamental donde se forman los verdaderos ciudadanos y cristianos para nuestra patria. Cuánto bien nos hace ver la fidelidad, la entrega, el trabajo de cada día, el amor de padre y madre, abuelas, tíos y madres solteras criando y educando a sus hijos” (49).
“El panorama social se ha ido ensombreciendo paulatinamente por el fortalecimiento alarmante del crimen organizado que tiene múltiples ramificaciones y un entorno internacional que lo alimenta y fortalece, corrompiendo la mente y el corazón de personas y autoridades… Son muchas las causas que alimentan esta hoguera y que mantienen encendida esta llama de dolor: la pérdida de valores, la desintegración familiar, la falta de oportunidades, los trabajos mal remunerados, la corrupción galopante en todos los niveles, la ingobernabilidad, la impunidad, etc. Esta sociedad que tendría que ofrecer a todos los ciudadanos las condiciones necesarias para vivir con dignidad, está dañada y es necesario que todos como miembros de ella tomemos conciencia de esta realidad y nos hagamos responsables, para que pueda cumplir como un espacio de vida digna para todos sus miembros” (57).
ACTUAR
Si hay problemas en tu familia, no la destruyas más. Defiéndela como valor supremo. Y educa para el trabajo, la fraternidad, el perdón, la ayuda mutua, la fidelidad, la paciencia y tolerancia, como cimientos para colaborar en la paz social del país.

jueves, 4 de julio de 2019

Monseñor Felipe Arizmendi: “Los buenos políticos” 03072019

Urnas De Voto © Flickr/Patricia Simón

Monseñor Felipe Arizmendi: “Los buenos políticos”

“Oremos por nuestros gobernantes”
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas
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Se cumple un año de que fue elegido, por amplia mayoría, el actual presidente de nuestro país. Hay encuestas que aún le reconocen un alto porcentaje de aprobación ciudadana, aunque cada día más personas expresan su inconformidad y decepción.
Los obispos no tenemos la misión de impulsar o reprobar un proyecto político, a no ser que estén en juego derechos humanos y divinos, sino ser voz de un pueblo que aún tiene grandes esperanzas con severas carencias, y que un buen político debe tomar en cuenta. A veces los altos funcionarios no tienen una real visión de lo que acontece, porque sus colaboradores les ocultan lo que en verdad sucede y les dan cifras o datos parciales. Nuestra cercanía a los políticos ha de ser siempre pastoral, para hacerles ver lo que realmente pasa, buscando el bien del pueblo, no privilegios o prebendas personales o institucionales.
A pesar de las buenas intenciones de nuestro presidente, la inseguridad no cede, la violencia no se controla, el narcotráfico sigue generando muertes y extorsiones, la economía no crece como se prometió, la corrupción no está desterrada. Sigue siendo insuficiente el abasto de medicinas en los centros hospitalarios oficiales. Su inicial apertura a los migrantes fue muy notable, pero no se calculó la crisis que ahora se quiere detener con medidas que siempre criticamos. De todos modos, se intenta atacar de fondo el problema con inversiones en los países emisores de migrantes.
Sin embargo, no todo es culpa de los gobiernos, pasados o presente. Entre todos, construimos o destruimos el país. No basta cambiar leyes, tener más policías o nuevos guardias, despedir servidores públicos, gobernar con decretos. Si cada quien no hacemos nuestra parte, aunque se cambien gobernantes o legisladores, la situación no mejora. Todos somos corresponsables, cada quien en su justa medida.
PENSAR
El Papa Francisco, en su tradicional encuentro de principio de año con el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, dijo: Es oportuno que los políticos escuchen la voz de sus pueblos y busquen soluciones concretas para favorecer el bien mayor. Esto exige, sin embargo, el respeto del derecho y de la justicia, porque soluciones relativas, emotivas y apresuradas, puede que consigan acrecentar un consenso efímero, pero no contribuirán nunca a la solución de los problemas más profundos; al contrario, los aumentarán.
La buena política está al servicio de la paz, porque hay una íntima relación entre la buena política y la pacífica convivencia entre pueblos y naciones. La paz no es nunca un bien parcial, sino que abraza a todo el género humano. Un aspecto esencial, por tanto, de la buena política es perseguir el bien común de todos, en cuanto bien de todos los hombres y de todo el hombre.
A la política se le pide tener altura de miras y no limitarse a buscar soluciones de poco calado. El buen político no debe ocupar espacios, sino debe poner en marcha procesos; está llamado a hacer prevalecer la unidad sobre el conflicto, que tiene como base la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante. Esta se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad multiforme que engendra nueva vida (7-I-2019).
ACTUAR
En vez de sólo criticar al gobierno en turno, de sólo lamentar e inventar “memes” en las redes sociales, que sólo son un desahogo, cada quien analicemos qué podemos hacer por mejorar algo de nuestro país, empezando por tu propia familia, tu colonia o barrio, tu pueblo, tu parroquia. Y oremos por nuestros gobernantes, pues la oración de intercesión tiene efectos increíbles.

miércoles, 26 de junio de 2019

Monseñor Felipe Arizmendi: “¿El celibato en riesgo?” 26062019

Encuentro indígena con el Papa en Puerto Maldonado, Perú © Vatican Media
Encuentro Indígena Con El Papa En Puerto Maldonado, Perú © Vatican Media

Monseñor Felipe Arizmendi: “¿El celibato en riesgo?”

En la Región Panamazónica
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

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Del 6 al 27 de octubre próximo, en Roma se llevará a cabo una asamblea especial del Sínodo de los Obispos sobre la Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Esta institución eclesial se reúne para aconsejar al Papa sobre determinados asuntos que requieren un esclarecimiento particular; en este caso, sobre la situación y la pastoral de esa región sudamericana. Se ha publicado el Instrumentum laboris, que es como el cuaderno de trabajo que guiará las discusiones de la asamblea.
Participarán los obispos de las diócesis que limitan con el río Amazonas, de Brasil, Suriname, Guayana, Guayana Francesa, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, más sacerdotes, religiosas y laicos involucrados en el tema. En el No. 129 de dicho documento, se dice: “Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los Sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana”.
¿Esto significa que va a cambiar la disciplina secular de la Iglesia latina de que todos los sacerdotes se deben comprometer a vivir célibes? De ninguna manera. Ante todo, es una propuesta, que se discutirá en octubre; sin embargo, conociendo la mentalidad de varios que participarán y teniendo en cuenta la realidad de esa región, donde las distancias son enormes, las vías de comunicación muy limitadas, las comunidades muy aisladas y casi no hay sacerdotes, es casi seguro que la aprobarán. En caso de que así fuera, el Papa puede aceptarla o rechazarla. Pienso que el Papa, habiendo escuchado los argumentos en pro y en contra, probablemente accederá a esta petición. Sería una excepción a la norma universal, sólo para esa región amazónica.
Pero alguien podrá pensar que, abriendo este camino, con el tiempo se cambiará la ley sobre el celibato. No es así. Desde hace siglos, hay sacerdotes casados en la Iglesia Ortodoxa, tan católicos como nosotros. El Papa Benedicto XVI admitió en la Iglesia Católica a sacerdotes anglicanos que están casados y así continúan. Ha habido sacerdotes que fueron casados, pero enviudaron. En mi diócesis anterior, un sacerdote que era religioso y había dejado el ministerio para casarse, con los debidos permisos, tiene familia, enviudó, y fue readmitido al ministerio, que ejerce hasta la fecha. En Brasil, hace casi 30 años, San Juan Pablo II dio permiso para que dos hombres casados fueran ordenados, comprometiéndose a no cohabitar con su esposa. Y con estos casos, no ha cambiado la ley celibataria. Son, pues, excepciones. En la región amazónica, hay una necesidad apremiante de que las comunidades tengan la celebración de la Misa y el alimento eucarístico, y no pueden disfrutar de este sacramento porque no hay sacerdotes cercanos. En la Iglesia tiene más importancia la Eucaristía que el celibato. Sin Eucaristía, no hay vida eterna, ni comunidad; sin celibato, puede haber Eucaristía.
En mi diócesis anterior, cuando llegué, había la inquietud de ordenar sacerdotes casados, porque algunas zonas, sobre todo de la selva, tenían problemas semejantes. Yo nunca estuve de acuerdo, porque las condiciones iban cambiando mucho: se abrían carreteras y escuelas por todas partes, llegaba la luz eléctrica casi a todos lados, los jóvenes salían a estudiar en universidades; ya no había tanto aislamiento. Cierto que faltaban sacerdotes, pues sólo había 66, para más de dos millones de habitantes, y la gran mayoría eran de otras partes; ninguno era indígena.
Gracias a Dios y al trabajo vocacional, aumentaron las vocaciones. Hay 107 sacerdotes, cada año más chiapanecos, entre ellos 15 indígenas. En el Seminario había sólo 20 alumnos; hoy hay 63, más de la mitad indígenas. Los diáconos permanentes nunca me pidieron esa ordenación. Sin embargo, las condiciones de la región amazónica son muy diferentes; por ello, es posible que se les conceda esa excepción, que sería sólo para ellos.
PENSAR
Los ignorantes en la materia inventan razones económicas y políticas para que la Iglesia haya exigido el celibato presbiteral. Nada de eso. La razón principal es que Jesucristo, el sumo y eterno sacerdote, decidió ser célibe, y el sacerdote es sacramento de Cristo. Por ello, lo más conveniente es que sea célibe; aunque no es absolutamente indispensable, como dice el Concilio Vaticano II: el celibato “no se exige por la naturaleza misma del sacerdocio, está, sin embargo, en múltiple armonía con el sacerdocio” (PO 16).
¿Por qué es más conveniente el celibato? Para consagrarse “de nueva y excelente manera a Cristo”; para unirse “más fácilmente a El con corazón indiviso”(PO 16; cf 1 Cor 7,32-34). Para entregarse “más libremente, en El y por El, al servicio de Dios y de los hombres”; para servir “más expeditamente a su Reino y a la obra de la regeneración sobrenatural”; para hacerse “más apto para recibir más dilatada paternidad en Cristo”(PO 16). Para evocar “aquel misterioso connubio, por el que la Iglesia tiene por único esposo a Cristo” (PO 16, cf LG 42 y 44; PC 12). Para convertirse “en signo vivo de aquel mundo futuro, que se hace ya presente por la fe y la caridad, y en el que los hijos de la resurrección no tomarán ni las mujeres maridos ni los hombres mujeres” (PO 16; cf Lc 20,35-36).
Sin embargo, “el celibato no es para todos. Requiere una especial llamada del Señor y no deja de ser para toda la vida un riesgo y un peligro, si se extinguiese la llamada de la paternidad pastoral universal y la exclusiva dedicación a Cristo”(OECS 32).
Yo estoy feliz de haber decidido ser célibe. No me lo impusieron, ni me obligaron. Fue decisión mía, que sostengo hasta la fecha, pues me ha permitido ser una persona fecunda y plenamente realizada. Es la misma experiencia de la inmensa mayoría de los clérigos.
ACTUAR
Pidamos al Espíritu Santo que ayude a los sacerdotes a ser fieles a su opción celibataria. Y si se concede la excepción de que en la región amazónica haya sacerdotes casados, no nos escandalicemos, ni pensemos que se va a acabar este tesoro de la Iglesia.