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lunes, 4 de febrero de 2019

Políticos católicos pro aborto no deben recibir la Eucaristía, dice Obispo 03022019

Políticos católicos pro aborto no deben recibir la Eucaristía, dice Obispo


Hostias. Foto: Pixabay / dominio público

El Obispo de Spokane (Estados Unidos), Mons. Thomas Daly, señaló que los políticos católicos pro aborto no deben recibir la Comunión.
“Los políticos que residen en la diócesis católica de Spokane y que obstinadamente perseveran en su apoyo público al aborto no deben recibir la Comunión sin antes reconciliarse con Cristo y con la Iglesia”, escribió el Prelado en una carta el 1 de febrero.
“Los esfuerzos para expandir el acceso al aborto, permitiendo que se asesine a niños hasta el momento del nacimiento, son un mal. Los niños son un don de Dios sin importar las circunstancias de su concepción. No solo tienen derecho a la vida, sino que nosotros como sociedad tenemos la obligación moral de protegerlos”, resaltó el Obispo.
La carta de Mons. Daly aparece ante el debate del aborto en varios estados y luego que algunos católicos, incluido un obispo, pidieran la excomunión del gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, que el 22 de enero firmó una ley que permitirá que el aborto se practique legalmente durante todo el embarazo.
“El campeón de estas leyes del aborto es Andrew Cuomo, el gobernador católico de Nueva York que frecuentemente habla de su fe católica como respaldo para las leyes que él favorece. Su testimonio público como político católico, junto con su apoyo al aborto, es inaceptable”, dijo el Obispo de Spokane.
Al respecto, el Arzobispo de Nueva York, Cardenal Timothy Dolan, dijo que excomulgar a Cuomo sería “contraproducente” y que esta medida podría no tener un efecto positivo en el gobernador, aunque sí fue muy crítico con el gobernador a quien responsabilizó por convertir a la ciudad en “la capital del mundial del aborto”.
En entrevista con Fox News y sobre el acceso a la Comunión, el Purpurado comentó que probablemente Cuomo ya haya decidido abstenerse de acceder a ella.
En su carta, Mons. Daly explicó que el canon 915 del Código de Derecho Canónico establece que los católicos que “obstinadamente persistan en un pecado grave no deben ser admitidos a la Santa Comunión”, pero no se refirió a la pena de excomunión solicitada por algunos fieles y por el Obispo Auxiliar de Phoenix, Mons. Eduardo Nevares.
“Me siento obligado a alzar mi voz y pedir al Cardenal Dolan y a todos los obispos católicos que excomulguen a los gobernadores católicos y todos los políticos católicos que promueven el asesinato de bebés recién nacidos, una práctica malévola, horrible y sí, demoníaca”, escribió Mons. Nevares en su cuenta de Twitter.
Un vocero de la Diócesis de Spokane señaló a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI– que “es importante entender que la fe católica y la defensa pública del aborto son incompatibles”. Una persona que intenta conciliar ambas cosas “debe abstenerse de recibir la Santa Comunión”, agregó.
En la parte final de su carta, Mons. Daly pidió a los fieles “volvernos al Señor en oración por nuestros líderes políticos, confiándolos especialmente a la intercesión de Santo Tomás Moro, un servidor público que prefirió morir a manos de las autoridades civiles antes que abandonar a Cristo y a la Iglesia”. “También recemos por los no nacidos y por todas las embarazadas”, concluyó.
Cuando el Rey Enrique VIII de Inglaterra consiguió la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón por presiones y sobornos, Santo Tomás Moro renunció a su cargo de servicio en el reino, tras negarse a firmar también el Acta de Sucesión y de Supremacía, por la que se proclama el rey Cabeza de la Iglesia Anglicana y la independencia de Roma.
El Santo acata la autoridad civil del rey, pero no quiere ser infiel a su conciencia. Poco después es juzgado y encerrado en la Torre de Londres. El 16 de julio de 1535 fue decapitado. Fue declarado santo por el Papa Pío en 1935.
Traducido y adaptado por Walter Sánchez Silva. Publicado originalmente en CNA

martes, 7 de noviembre de 2017

La Eucaristía es un banquete (Meditación para hoy) 07112017

La Eucaristía es un banquete
Libro 

¡Vengan y coman! ¡No se queden con hambre! Dios Padre nos sirve el Cuerpo y la Sangre, el alma y la divinidad de su propio Hijo, hecho Pan celestial.


Por: P Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net 



Yo soy el pan, el vivo, el que bajó del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre, y por lo tanto el pan que Yo daré es la carne mía para la vida del mundo". Empezaron entonces los judíos a discutir entre ellos y a decir: "¿Cómo puede éste darnos la carne a comer?". Díjoles, pues, Jesús: "En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día. Porque la carne mía verdaderamente es comida y la sangre mía verdaderamente es bebida. El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, en Mí permanece y Yo en él. De la misma manera que Yo, enviado por el Padre viviente, vivo por el Padre, así el que me come, vivirá también por Mí. Este es el pan bajado del cielo, no como aquel que comieron los padres, los cuales murieron. El que come este pan vivirá eternamente". Esto dijo en Cafarnaúm, hablando en la sinagoga. Jn 6, 51-59


La eucaristía es un banquete. ¡Vengan y coman! ¡No se queden con hambre! Es un banquete en el que Dios Padre nos sirve el Cuerpo y la Sangre, el alma y la divinidad de su propio Hijo, hecho Pan celestial. Pan sencillo, pan tierno, pan sin levadura...Pero ya no es pan, sino el Cuerpo de Cristo. ¡Vengan y coman! Sólo se necesita el traje de gala de la gracia y amistad con Dios, si no, no podemos acercarnos a la comunión, pues “quien come el Cuerpo de Cristo indignamente, come su propia condenación”, nos dice San Pablo (1 Cor 11, 27).

La eucaristía es sacrificio, donde se renueva y se actualiza la Muerte de Cristo en la Cruz para restablecer la amistad del hombre con Dios, reparar la ofensa que el hombre hizo a Dios, y volver a unir cielo y tierra, y darnos así la salvación y el rescate. ¡Muramos también nosotros con Él para después resucitar con Él!

La Eucaristía es prenda de la gloria futura. Lo dice bien claro Jesús hoy en el Evangelio: “El que come de este pan vivirá eternamente”.

Por tanto, la eucaristía no es sólo fuerza y alimento para el camino, como experimentó Elías, que comió ese pan que le ofreció Dios, prefiguración de lo que sería más tarde la eucaristía, y Elías recobró fuerza, vigor, ánimo y aliento y siguió caminando cuarenta días y cuarenta noches

La eucaristía no es sólo para el presente. Es también prenda de la gloria futura. ¿Qué significa esto: “El que come de este pan vivirá eternamente”?

Esto no quiere decir que el recibir la eucaristía nos ahorre la muerte corporal. Nosotros comulgamos con frecuencia, y a pesar de todo un día moriremos.

Acá se trata de la muerte espiritual, de la muerte eterna, lejos de Dios, en el infierno.

Este pan de la eucaristía nos libra de esta muerte y nos da la vida inmortal. Todo alimento nutre según sus propiedades. El alimento de la tierra alimenta para el tiempo. El alimento celestial, Cristo eucaristía, alimenta para la vida eterna.

Valga esta comparación: la eucaristía es como esa vacuna preventiva que nos vamos poniendo en esta vida terrena para no morir en nuestra alma y alcanzar la vida eterna. Nos va fortaleciendo el organismo espiritual como anticipo para que no se enferme con muerte eterna.

El pan de la eucaristía nos acompaña en nuestro camino por este desierto que es el mundo. Nos alimenta. Nos da fuerza, como le pasó a Elías. Pero cesará una vez alcanzada la meta del cielo. Una vez que hayamos llegado al cielo ya no necesitamos de este Pan, pues tendremos la presencia saciativa de Dios, cara a cara, sin velos y sin misterios.

Aquí vemos a Dios a través del velo de la fe: vemos pan, pero creemos que es Dios, saboreamos pan, pero creemos que es Dios.

Pero hay más; la eucaristía no sólo nos acompaña en nuestra peregrinación al cielo llenándonos de fuerza, ánimo y aliento... sino que, en cierto modo, ya desde ahora siembra algo de “Cielo” en nuestro interior, porque en la eucaristía recibimos a Cristo sufriente y glorioso.

En cuanto paciente y sufriente, Jesús nos aplica el fruto de su Pasión: el perdón de los pecados, la reconciliación con el Padre. En cuanto glorioso, nos comunica el germen de su Resurrección: una vida nueva, inmortal, feliz y eterna con Dios... Cristo con su Resurrección destruyó la muerte. Y nosotros al comulgar comemos el Cuerpo glorioso de Cristo que penetra en nuestro ser, comunicándonos la vida nueva, la vida eterna, la vida inmortal.

Por esta razón, algunos Santos Padres de la Iglesia llamaron a la eucaristía remedio de inmortalidad. San Ireneo, por ejemplo, dice: “Así como el grano de trigo cae en la tierra, se descompone, para levantarse luego, multiplicarse en espigas y alimentarnos... así nuestros cuerpos, alimentados por la eucaristía y depositados en la tierra, donde sufrirán la descomposición, se levantarán un día y se revestirán de inmortalidad”.

El hecho de que la eucaristía sea la primicia y el comienzo de nuestra glorificación y resurrección, explica su intrínseca relación con la segunda venida del Señor.

Porque el día en que el Señor vuelva, al fin de la historia, ese día la eucaristía se habrá vuelto innecesaria, así como todos los sacramentos, que son como velos a través de los cuales con la fe vemos a Dios, su presencia, su huella, su caricia... Ya no se necesitarán, cuando venga Jesús al final de la historia, porque veremos a Dios cara a cara, sin velos y sin misterios.

Ya en el cielo no necesitamos comulgar a Dios en el pan, ni en el vino. La comunión con Dios en el cielo será de otra manera: directamente, no a través de velos.

¡Cómo nos gustará saber cómo estaremos y viviremos en el cielo con Dios! Imagínate lo más hermoso y consolador de aquí en la tierra, rodeado de buenas amistades, en charla franca, amena, limpia, consoladora... y elévalo no a la enésima potencia, sino eternamente. No pasan las horas, porque en el cielo no hay tiempo. No hay cansancio ni sueños, porque en el cielo no se sufren esos condicionamientos. No hay enojos ni discusiones, no hay envidias ni borracheras ni desenfrenos... Todo allá es puro y eternamente feliz.

¿Creemos esto?

Pues bien, la eucaristía es un cachito de cielo. Se nos abre un resquicio de cielo para que ya lo deseemos ardientemente, desde acá en la tierra.

¿Qué les parece si hoy vivimos la misa, la eucaristía de otra manera? Más profunda, más íntimamente... mirando hacia esa eternidad de Dios que nos aguarda, y que la eucaristía nos promete ya como prenda futura. “Quien coma de este pan vivirá eternamente”. Amén.




 





 

jueves, 13 de abril de 2017

Textos sobre la Eucaristía

Textos sobre la Eucaristía

eucaristía










Presencia real

En el santísimo sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero". "Esta presencia se denomina real, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen reales, sino por excelencia, porque es sustancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente".
Catecismo, n. 1374

Misterio de la fe

Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transustanciación"
Catecismo, n. 1376

Cristo todo entero

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo.
Catecismo, n. 1377

Solo por la fe

"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en ese sacramento, no se conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22, 19: Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros, S. Cirilo declara: no te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque Él, que es la Verdad, no miente"
Catecismo, n. 1381

Jesús está presente en la Eucaristía.

¡No olvidéis que Jesús ha querido permanecer presente, personal y realmente, en la Eucaristía, misterio inmenso, pero realidad segura, para concretar de modo auténtico este amor suyo individual y salvífico!
San Juan Pablo II, Roma, 11-III-1979

¡Cristo vive!

Este mismo sacrificio redentor de Cristo se actualiza sacramentalmente en cada Misa que se celebra, quizá muy cerca de vuestros lugares de estudio y de trabajo. No es Jesús, por tanto, alguien que ha dejado de actuar en nuestra historia. ¡No! ¡Él vive! Y continúa buscándonos a cada uno para que nos unamos a Él cada día en la Eucaristía, también, si es posible, acercándonos -con el alma en gracia, limpia de todo pecado mortal- a la comunión.
San Juan Pablo II, Buenos Aires, 11-IV-1987

El momento de la despedida

¡Cuántas veces en nuestra vida hemos visto separarse a dos personas que se aman!
Y en la hora de la partida, un gesto, una fotografía, un objeto que pasa de una mano a otra para prolongar de algún modo la presencia en la ausencia. Y nada más. El amor humano sólo es capaz de estos símbolos.
En testimonio y como lección de amor, en el momento de la despedida, "viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Jn. 13, l).
Así, al despedirse, Nuestro Señor Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, no deja a sus amigos un símbolo, sino la realidad de Sí mismo. Va junto al Padre, pero permanece entre nosotros los hombres. No deja un simple objeto para evocar su memoria. Bajo las especies del pan y del vino está Él, realmente presente, con su Cuerpo y su Sangre, su alma y su divinidad.
San Juan Pablo II en Fortaleza (Brasil), 9-VII-1980

Adorar a Cristo en el Sagrario

Cristo se queda en medio de nosotros. No sólo durante la Misa, sino también después, bajo las especies reservadas en el Sagrario. Y el culto eucarístico se extiende a todo el día, sin que se limite a la celebración del Sacrificio. Es un Dios cercano, un Dios que nos espera, un Dios que ha querido permanecer con nosotros. Cuado se tiene fe en esa presencia real, ¡qué fácil resulta estar junto a Él, adorando al Amor de los amores!, ¡qué fácil es comprender las expresiones de amor con que a lo largo de los siglos los cristianos han rodeado la Eucaristía!
San Juan Pablo II. Lima, 15-VI-1988

Examínese cada cual

Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: "quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz
"Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo". Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.
Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión-. "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Catecismo n. 1385

Jamás dejéis la misa dominical

Que vuestra fidelidad se manifieste especialmente en la participación litúrgica dominical y festiva: jamás dejéis la Santa Misa y, si os es posible, no dejéis jamás el encuentro con Cristo en la comunión eucarística.
San Juan Pablo II. Velletri (Italia), 8-1X-1980

Bendición con el Santísimo

Jesucristo, antes de irse al Cielo, bendice a los hombres que estaban con Él. Y sigue bendiciéndonos cuando Él, presente en la Hostia, dejándose llevar en las manos del sacerdote, nos hace la señal de la cruz.
¿Qué quiere decir que Jesús me bendice- Bendecir: decir bien; y lo que Dios dice se hace. Cuando bendice, dice y hace el bien, da su fuerza, su paz, su gracia, su eficacia a aquello que bendice. Es como si Jesucristo dijese: eso que bendigo lo apoyo, daré la fuerza que necesite, digo bien de eso, cuenta con mi gracia.
Antes y después de lo que es propiamente la bendición aprovechamos para adorarle, para darle -hablando humanamente- un gustazo; procuramos que esté a gusto, que disfrute con nosotros.

Estación de adoración

Se reza tres veces lo que sigue, terminando con "una comunión espiritual"
V: Viva Jesús Sacramentado
R: Viva y de todos sea amado
Padrenuestro, Ave María y Gloria. Comunión espiritual.
Yo quisiera Señor recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.
Oración: ¡Oh Dios!, que bajo un Sacramento admirable nos dejaste el memoria¡ de tu Pasión, concédenos que de tal suerte veneremos los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu Redención: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R: Amén.

Bendición

Mientras Jesucristo, en manos del sacerdote, te hace la señal de la cruz, clava los ojos en Él, y aprovecha para adorarle, agradecerle, pedirle perdón, y pedirle que bendigo lo que quieras (también tus buenos deseos, Intenciones, etc.)

Alabanzas de desagravio

Dios nos ha bendecido. Ahora lo bendecimos nosotros a Él. Agradecidos, decimos lo bueno que es nuestro Dios con esta colección de piropos que le echamos a Él y a quienes Él más quiere.
1.    Bendito sea Dios.
2.    Bendito sea su santo Nombre
3.    Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
4.    Bendito sea el Nombre de Jesús.
5.    Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
6.    Bendita sea su Preciosísima Sangre.
7.    Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
8.    Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
9.    Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
10. Bendita sea su Santa e lnmaculada Concepción.
11. Bendita sea su gloriosa Asunción.
12. Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
13. Bendito sea San José, su castísimo Esposo.
14. Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. Amén.

Himno eucarístico

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el hijo de Dios, nada es más verdadero que esta palabra de verdad.
En la cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en ti, que en ti espere, que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor! pan vivo que das la vida al hombre: concede a mi alma que de ti viva, y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, pelícano bueno: límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos sus crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria. Así sea
Santo Tomás
Web católico de Javier

martes, 21 de marzo de 2017

10 claves para abrir el cofre del tesoro de la Santa Eucaristía

10 claves para abrir el cofre del tesoro de la Santa Eucaristía

 
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El regalo más grande de Jesús al mundo entero: ¡la Santa Misa y la Santa Comunión, Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad!

 
Los santos son los locos enamorados de Jesús; ellos estuvieron acá en la tierra y ahora están en el cielo amando a Dios por toda la eternidad.
En este artículo, daremos una lista de lo que algunos santos han dicho en un exceso de amor por la Santísima Eucaristía. Luego, daremos diez claves para abrir el cofre del tesoro: amar más a la Eucaristía en nuestras vidas.
Leamos y meditemos sobre el fuego de los santos y la Eucaristía:
“La Santa Comunión es la forma más rápida y segura de llegar al Cielo” (San Pío X)
“Si los ángeles pudieran sentirse celosos de los hombres, ellos lo harían por una razón: la Santa Comunión” (San Maximiliano Kolbe)
“En un día la Eucaristía te hará producir más para la gloria de Dios que toda una vida sin ella” (San Pedro Julián Eymard)
“¡Cómo me encantan las fiestas! … Especialmente me encantan las procesiones en honor al Santísimo Sacramento. ¡Qué alegría fue para mí tirar flores a los pies de Dios! … Nunca estuve tan contenta como cuando vi mis rosas tocar la sagrada Custodia.” (Santa Teresita del Niño Jesús)
“Cuando miras el Crucifijo, entiendes cuánto te amó Jesús. Cuando miras a la Sagrada Hostia, entiendes cuánto te ama Jesús ahora.” (Santa Madre Teresa de Calcuta)
“De la Eucaristía viene la fuerza para vivir la vida cristiana y el celo para compartir esa vida con otros” (San Juan Pablo II)
“Éste es el pan de vida eterna que sostiene la sustancia de tu alma” (San Ambrosio)
“Mientras más tiempo te alejes de la Eucaristía, más se debilitará tu alma, y al final te harás peligrosamente indiferente” (San Juan Bosco)
“La Eucaristía es la consumación de toda la vida espiritual” (Santo Tomás de Aquino)
Ahora, profundicemos en las diez claves que pueden abrir la casa de joyas infinitivas y tesoros que traen consigo gracias y bendiciones del Regalo más grande de Jesús al mundo entero: ¡la Santa Misa y la Santa Comunión, Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad!

1.- ¡La Fe!

Pídele al Señor una fe más grande en el sublime misterio de la Santísima Eucaristía.
Digamos junto al Apóstol Santo Tomás: "Mi Señor y mi Dios". También digamos juntos la oración del hombre del Evangelio: “Señor yo creo, pero aumenta mi fe".

2.- Visita el Sagrario

Haz un hábito visitar el Sagrado Sacramento tan seguido como te sea posible. Esperemos que cuando muramos, Jesús no nos reproche con estas palabras:
"Cuando veo una Iglesia me detengo a hacer una visita para que cuando muera, el Señor no diga: "¿Quién eres?".
Los amigos se juntan a platicar, a conversar y disfrutan de la compañía mutua; así debe ser entre nosotros y Jesús: visitémosle y hablemos frecuentemente con Él.

3.- Comunión espiritual

Grandemente recomendada por San Alfonso María de Ligorio y el Papa Benedicto XVI en su documento “Sacramentum Caritatis” es la práctica frecuente de la Comunión Espiritual. Puede ser llevada a cabo de manera sencilla y tan seguido como tu corazón desee.
Para hacerla, puede recitar esta sencilla oración:
"Jesús creo que estás verdaderamente presente en el Tabernáculo de tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Ahora no te puedo recibir sacramentalmente, pero ven al menos espiritualmente a mi corazón"
Entonces entra a tu corazón y agradece, alaba y ama al Señor que viene espiritualmente a tu alma. Esto puede encender la llama del amor por nuestro Señor Eucarístico.

4.- Lee Juan 6.

El Evangelio de Juan, capítulo seis, tiene tres partes: Jesús multiplica los panes, camina sobre las aguas, y luego da un sublime discurso relacionado a la Eucaristía; en realidad en una profecía Eucarística. Mejor conocido como “El discurso del Pan de vida”, Jesús promete darnos el Pan de Vida.
También Jesús indica en término no claros que nuestra salvación inmortal depende del comer Su Cuerpo y beber Su Sangre, lo que obviamente hace referencia a la Santa Comunión. ¡Lee y medita este poderoso capítulo!

5.- Quince minutos

Hace años se publicó un librito llamado “Los quince minutos”. Es una pequeña gema donde Jesús anima al lector a entrar en una conversación sencilla, pero profunda con Él.
Básicamente Jesús quiere ser nuestro Mejor Amigo y nos desafía a abrir los misterios secretos de nuestro corazón a Él y solamente Él puede entender verdaderamente los secretos internos, heridas y misterios en nuestro corazón. Lee y ora con este librito, de ser posible, frente al Santísimo Sacramento.

6.- La Hora Santa

Crea el hábito de tener una Hora Santa diaria frente al Santísimo Sacramento. Esto transformará tu vida si perseveras en la práctica.
El Gran Siervo de Dios, arzobispo Fulton J. Sheen, que practicó la práctica de la Hora Santa diariamente durante más de cincuenta años la llamó ¡LA HORA DE PODER!

7.- Adorna y embellece Iglesias y el Santo Sacramento

La mujer que derramó perfume de nardo, muy caro, sobre los pies de Jesús; mientras lloraba sus lágrimas lavaban los pies de Jesús; finalmente ella secó los pies de Jesús con sus cabellos (cfr Lc 7,36-50).
Fulton Sheen expone que esto es simbólico de los gestos de amor y atención que debemos manifestar en la forma como adornamos, embellecemos y engalanamos las Iglesias y tabernáculos donde Jesús reside.
Conocido por su espíritu de arrepentimiento, ayuno y sacrificio, el Cura de Ars viajó largas distancias y gastó grandes sumas de dinero para comprar lo mejor para su pequeña Iglesia. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que Jesús el Rey de Reyes y Señor de Señores habita en el tabernáculo y desciende del cielo hacia las manos del sacerdote en cada Hostia consagrada. ¡Vamos a adorarle!

8.- Santa Misa y Santa Comunión

Por supuesto, la más grande acción en todo el universo es la celebración del Santo Sacrificio de la Misa. El más grande gesto que cualquier ser humano puede realizar es asistir a Misa y recibir la Santa Comunión con fe, devoción, reverencia y respeto, pero especialmente con un amor apasionado.
Cuando sea posible, asiste a Misa diario. Llega temprano y prepárate. Ofrece tus intenciones propias. Participa entera, activa y conscientemente de la Misa. Recibe la Santa Comunión como si fuese tu primera Comunión, la última o la única.
Sé extremadamente agradecido por tu fe en tal sublime e impresionante misterio. No salgas corriendo de la Iglesia después de Misa, ¡como si tus pantalones estuvieran en llamas! Más bien, pasa un poco más de tiempo dando abundantes gracias a Jesús por un regalo tan sublime.
De hecho, la palabra "Eucaristía" significa ACCIÓN DE GRACIAS. ¡Qué regalo tan maravilloso! Y es gratuito. La única condición es una fe viva y un corazón que ame con locura a Jesús.

9.- S.A.C.A. provecho

Recuerda los cuatro fines o propósitos del Santo Sacrificio de la Misa – S.A.C.A…
"S" de Súplicas.
En otras palabras, deberíamos ofrecer nuestras oraciones de ferviente intercesión y petición por las muchas necesidades del mundo: el mundo entero, la Iglesia, la conversión de los pecadores, los enfermos, los que están en el lecho de muerte, nuestras propias necesidades familiares y personales, las almas en el purgatorio, y mucho más.
"A" de adoración.
El propósito principal de la Santa Misa es adorar a Dios Padre al ofrecer a Jesús la Víctima y a través del poder del Espíritu Santo.
"C" de contrición.
Nuestros corazones deberían arrepentirse por nuestros muchos pecados. Es una buena práctica ofrecer nuestra Misa y Santa Comunión en reparación por nuestros pecados, los pecados de nuestros familiares y los del mundo entero. “Por tu dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”.
"A" de acción de gracias.
Todo cuanto tenemos en esta vida – con la excepción de nuestros pecados – es un regalo de Dios. Por lo tanto, deberíamos agradecer desbordante y abundantemente. “Oremos con el Salmista: ‘Da gracias al Señor porque Él es bueno; su amor perdura para siempre’”.

10.- Misionero Eucarístico

Como María recibe a Jesús en la Anunciación y lleva rápidamente a Jesús a su prima Isabel, así deberíamos llevar nosotros a Jesús a otros y llevar a otros hacia Jesús.
Esto puede lograrse de una manera muy concreta: animando a ovejas perdidas católicas que deambula por los campos a regresar al rebaño.
El grupo religioso más grande de los Estados Unidos y de América son los católicos no-practicantes, son casi el 75%.
Encuentra el tiempo, la forma, el esfuerzo y la iniciativa para invitar algunas almas perdidas de regreso a la Iglesia. Esperemos que puedan realizar una buena confesión y regresar a recibir la Santa Comunión y al abrazo amoroso de Dios Padre.
¡Todo esto sucederá, si confías en Dios y tomas la iniciativa de recibirle de nuevo! ¡Dios es bueno y lleno de amor! ¡Comparte la Buena Noticia con el mundo entero!
Adaptación y traducción al español por María Vanegas, para PildorasdeFe.net, del artículo publicado en: Fatherbroom.com, autor: Fr. Ed Broom, OMV
María Mercedes Vanegas rostro perfil NicaraguaMaría Mercedes Vanegas, es nicaragüense viviendo en Alemania, soltera, ingeniera y -a ejemplo de San Francisco Javier- misionera en esta era tecnológica. Identificación evangelizadora: «Y es que "Ay de mí si no predico el Evangelio", pues "muchos cristianos se dejan de hacer…, por no haber personas que se ocupen en la evangelización"»

domingo, 30 de octubre de 2016

El Tesoro de la Eucaristía (Libro de meditaciones personales sobre la Eucarstía)

El Tesoro de la Eucaristía
Libro de meditaciones personales sobre la Eucarstía

Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net
El tema de la Eucaristía me entusiasma, porque es el centro de nuestra fe católica. Es la fuente de donde brota toda la vida de la Iglesia, porque no sólo se nos comunica la gracia –como en todos los sacramentos- sino porque se nos comunica al Autor de la gracia. Y es al mismo tiempo, culmen y ápice de la vida cristiana, porque la Eucaristía es como la consumación de la vida espiritual y el fin de todos los sacramentos.

 La Iglesia vive de la Eucaristía y para la Eucaristía. En la Eucaristía está todo el bien de la Iglesia.

 Este libro es muy sencillo y también breve. He tratado de meditar y ver cómo la Eucaristía permea y está relacionada con las virtudes y con tantas realidades de la vida cristiana y de la vida humana. La Eucaristía ilumina nuestra vida y nuestro caminar hacia Dios. Y es, al mismo tiempo, presencia amorosa, real y verdadera de Dios, que nos alimenta, nos consuela y nos fortalece.

¿Cómo usar mi libro? Podría ser usado como meditaciones breves personales o como lectura espiritual. Podría dar también pie para desarrollar después más ampliamente una charla provechosa y llena de enjundia.  Cada uno de mis lectores es libre en este sentido.
Deseo que mis líneas ayuden a saborear y a sopesar este tesoro que Cristo nos dejó en la Última Cena. Sólo en el Cielo valoraremos en su justa medida lo que significó este admirable sacramente.

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lunes, 6 de junio de 2016

10 frases de los Padres de la Iglesia que aumentarán tu amor por la Eucaristía

10 frases de los Padres de la Iglesia que aumentarán tu amor por la Eucaristía
Eucaristía

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Jn 6,56


Por: Daniel Prieto | Fuente: Catholic-link.com 



Se puede decir que el anhelo de algo –un objeto, un alimento o una bebida- capaz de otorgarnos vida eterna, o eterna juventud, está radicado en lo más profundo del corazón del hombre. Esta aspiración ha estado siempre presente; en los poemas más antiguos de la humanidad se pueden encontrar vestigios de ese impulso titánico del hombre por superarse a sí mismo, por superar los límites de su creaturalidad y así alzarse sobre el sufrimiento y la muerte para alcanzar la talla de Dios.

Esos límites que tanto nos inquietan y contra los que nos estrellamos, no hacen que incrementar nuestra rebeldía y nuestro deseo de alcanzar el infinito. Este fue el caso del rey Gilgamesh que, como cuenta el poema épico más antiguo hasta ahora encontrado, al perder a su mejor amigo decía desconsolado: “¿Cómo puedo permanecer silencioso; cómo puedo lograr el reposo? Él está ahora convertido en polvo y yo también moriré y quedaré yerto en la tierra por siempre jamás”.
Todo su ser se rebelaba ante la muerte. Su corazón anhelaba la inmortalidad de los dioses. Así, decidió emprender un viaje para hallar al único hombre al que le había sido concedida tal prerrogativa. Pero luego de lograr su objetivo, el viejo inmortal le comunicó que su deseo era imposible, pues se trataba de un regalo único e irrepetible.  Como consuelo en cambio, el viejo eterno le reveló como podía hacerse de una planta que tenía la facultad de rejuvenecer a las personas. El rey entonces partió en pos de ella, sumergiéndose en las profundidades del mar como le había sido indicado. Luego de hallarla y antes de comerla, decidió darse un baño, pero mientras lo hacía una astuta serpiente se acercó y se la robó, cambiando de piel inmediatamente. Gilgamesh lloró desconsolado, acaso aceptando entre sollozos su inexorable destino como creatura: envejecer, sufrir y morir como su querido amigo.

El final de la historia demuestra con gran sensatez cómo al parecer al  hombre no le queda otro remedio que aceptar su condición. Sin embargo, nuestro anhelo de trascendencia sigue allí intacto, latiendo e inquietando nuestro dolido corazón.
¿Será todo un juego de ilusiones que debemos suprimir? O por el contrario, ¿Se compadecerá Dios y buscará el modo de satisfacer esa semilla de eternidad que crece y se ramifica capturando en creciente intensidad nuestros sueños y deseos? ¿Nuestra vocación es vivir para siempre como reyes destronados, en una frustración sin resolución o llegará el día en que seremos coronados y sentados a la mesa del Rey de los cielos?


El Cristianismo proclama la buena noticia y nos da una respuesta esperanzadora. Dios sí se ha compadecido. Su misericordia es infinita. El deseo inscrito en nuestro corazón no es expresión de un deseo impotente, cual fruto de una sarcástica maldición o de un sueño irrealizable. El deseo del hombre es más bien la intuición de un evento que ha de cumplirse; de un evento para el que fuimos destinados desde toda la eternidad. Un evento que en realidad ya se cumplió. Es la buena noticia: Dios ha bajado a la tierra, porque el hombre es capaz de Dios. Dios baja, porque nos ama. ¡Baja Dios! No para darnos una planta que rejuvenece o un nuevo alimento que sacie nuestra hambre física, como aquel maná del cielo que solo puede prolongar nuestra vida por algunos años más; baja en vez para dar cumplimiento a lo imposible. Baja para darse a sí mismo como alimento. Para que comiéndolo como dice San Agustín seamos asimilados y transformados en Él, en Dios:  
 Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí.

He aquí la radical novedad. He aquí el evento inverosímil que es digno de ser creído, porque jamás pudo ser imaginado por mente humana. Se advera lo que excede toda pretensión y posibilidad de comprensión. El misterio grande, terrible, hermoso: Dios se ha hecho carne y sangre, para ser inmolado y transformado en alimento de comunión, en bebida de cohesión de las partes dispersas. Dios se ha hecho él mismo lo más pequeño del cosmos, para ser consumido; para asumir y  elevar desde dentro todo, desde lo más íntimo. Dios se convierte en alimento al alcance de la mano para elevarnos a la altura de Dios.

Hay un hombre, un fragmento, que es paradójicamente el todo. Lo afirma con una radicalidad y una autoridad, nunca antes vistas: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día”».  (Jn6,51-54).

El Cristianismo proclama la buena noticia y nos da una respuesta esperanzadora. Dios se ha compadecido. Nuestro hambre y sed de eternidad son auténtica expresión de una promesa que se ha cumplido; de una vocación que llegará a su plenitud. Dios baja. Baja Dios. Tenían razón los antiguos en intuir que la inmortalidad es un regalo irrepetible. Sí, solo un hombre es y ha sido capaz de superar la muerte para alcanzar la eternidad. Lo que nunca imaginaron (nunca hubiesen podido) es que aquel hombre al ser también Dios, podía asumirnos en su Cuerpo, haciéndonos uno con Él, participándonos de su resurrección.

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.Jn6,56.