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jueves, 12 de agosto de 2021

Samuráis en España: su misión, pedirle al Rey Felipe III más franciscanos para evangelizar Japón 12082021

 

¿Por qué seiscientos sevillanos se apellidan «Japón»?

Samuráis en España: su misión, pedirle al Rey Felipe III más franciscanos para evangelizar Japón

Evangelización de samuráis.
En 1600, 40 años después de la llegada de los jesuítas a Japón, había cerca de 700.000 cristianos.

¿Por qué hay más de 600 españoles que se apellidan Japón? ¿Qué hace un samurái en la localidad sevillana de Coria del Río y por qué allí se celebran tradiciones y ceremonias orientales? ¿Qué historia llevó a la gran pantalla la última película de Dani Rovira, Los Japón? ¿Qué pintan en todo esto San Ignacio de Loyola o el Papa Pablo V?

Entre 1613 y 1620, decenas de samuráis Japoneses acudieron a España y después a Roma para reunirse con Felipe III y el Papa. Era la primera delegación diplomática oficial enviada por Japón a España. El objetivo de la comitiva, reforzar la evangelización de Japón, aumentar las relaciones comerciales y mejorar la diplomacia, por entonces deteriorada debido a las feroces persecuciones que asolaban a la joven Iglesia en Japón.

El resultado no fue el esperado, pero la expedición comenzó una larga tradición de samuráis católicos en España con consecuencias que llegan hasta nuestros días.

De la conversión masiva a las catacumbas

Poco antes de su muerte en 1552, San Francisco Javier dejó todo preparado para la evangelización de Japón. En 1540 recibió de San Ignacio de Loyola el encargo de este proyecto y tan solo 60 años después había 700.000 cristianos entre las fronteras niponas, como recoge la historiadora Ainhoa Reyes Manzano.

Tan rápido como este número creció, comenzó a disminuir por las violentas persecuciones anticristianas del shōgun Ieyasu Tokugawa, que consideraba a la Iglesia como una amenaza a la identidad japonesa.

En 1641, su sucesor, Iemitsu, decretó la expulsión del cristianismo y el Sakoku o “cerrojo”. Desde entonces, solo se permitió la entrada en el país de una nave anual china, una coreana y otra holandesa, acabando así con el “siglo cristiano” de Japón. Miles de cristianos fueron martirizados.

Hasta la reapertura total del país en 1868, los cristianos ocultos –kakure-kirishitan– mantendrían la Iglesia viva en las catacumbas. Durante este tiempo, muchos misioneros, como Akio Tanigawa, trataban de cruzar las fronteras y evangelizar, pero la mayoría eran perseguidos y ejecutados. 

Mapa Japón en Sengoku.

Japón en el periodo Sengoku, dividido en decenas de facciones en los años previos a su unificación (Historia Japonesa).

Katanas, armaduras, guerra... ¿Quiénes eran los samuráis? 

Entonces, el máximo dirigente en Japón era el shōgun –que significa “comandante del ejército” –, y desde hacía siglos se regía bajo un sistema de gobierno samurái. En un principio, el término samurái se refería a “el que sirve a un superior” y tenía connotaciones de servicio doméstico, pero finalmente su uso se acabó generalizando para esta etapa de gobierno y organización militar, en la que los samuráis eran los guerreros de los señores o daimyō.

A su llegada, los jesuitas y evangelizadores se encontraron una sociedad profundamente dividida, en decenas de facciones y feudos enfrentados en guerras civiles internas cuyo objetivo era mantener el equilibrio de poder sin que ninguno de los señores obtuviese demasiado poder. Este periodo, conocido como “Sengoku” –país en guerra– duró desde 1460 hasta su unificación definitiva en la batalla de Sekigahara en el 1600.

Presentación de "Historia de los Samuráis", por Jonathan López-Vera.

"Conversión y doctrina", el interés español en Japón

Sin embargo, aquel contexto impregnado de violencia no afectó a la Iglesia Católica, a los misioneros ni a las coronas española y portuguesa, en un primer momento. Durante los primeros 40 años, las relaciones fueron por lo general de convivencia pacífica y eran los propios señores locales, los daimyō, quienes pedían la evangelización y el bautismo.

Las coronas de España y Portugal, especialmente durante su unificación entre 1580 y 1640, ejercieron de forma conjunta los impulsos políticos y económicos necesarios para estrechar lazos con el Shogunato de Japón, siempre teniendo como fin la evangelización.

Una orden de Felipe II es ejemplo de sus intereses en Japón: “Mandamos, y cuanto podemos encargamos a los de nuestro Consejo de Indias, que pospuesto todo provecho de interés nuestro, tengan por principal cuidado las cosas de conversión y doctrina”.

Armas de fuego, guerra civil y comercio

La evangelización era el fin principal de las expediciones jesuitas e hispanoportuguesas, pero no el único.

Los propios daimyō o señores feudales se encontraban inmersos en profundas guerras civiles y luchas de poder. Por ello, vieron la llegada de España y Portugal como una buena oportunidad para alcanzar el puesto de shōgun gracias a sus armas de fuego y nuevas posibilidades comerciales. Comenzó así una gran actividad económica que involucró a la Compañía de Jesús en puntos tan estratégicos a nivel comercial como Macao y Manila, además de Japón.  

El descubrimiento del llamado “tornaviaje”, la ruta que permitía la vuelta desde Asia hasta el continente americano evitando volver a Europa bordeando África revolucionó estas relaciones comerciales, y Japón reclamaba su parte en este beneficio.

La primera embajada Japón-España, para pedir misioneros

Jonathan López-Vera, especialista en historia de Japón y fundador del portal Historia Japonesa y Revista Asiadémica, destaca el interés de Date Masamune, un importante daimyō, en poder participar de este comercio. Para ello, explica, “no dudó en  otorgar favores a la Iglesia, autorizando a los religiosos a predicar en su territorio y promoviendo la conversión de sus súbditos a la fe cristiana”.

Y así, “en el año 1612 Masamune conoció al padre franciscano Luis Sotelo (1574-1624), que estaba intentando organizar una expedición a Europa con el fin de pedir al rey Felipe III (1578-1621) y al Papa Pablo V (1550-1621) un mayor envío de sacerdotes franciscanos a Japón”.

Hasekura Tsunenaga.

Monumento a Hasekura Tsunenaga en Coria del Río (Sevilla). 

“Masamune vio en esta expedición una buena manera de contactar directamente con el rey de España, Felipe III, para establecer una relación comercial con Nueva España y Europa por lo que decidió financiar el viaje a condición de introducir esta petición comercial como uno de los objetivos principales del mismo”, concluye López Vera.

La expedición, conocida como Embajada Keichō, fue coordinada por el padre Sotelo y dirigida por el samurái católico Hasekura Tsunenaga. Un delegado del Virrey de México, Sebastián Vizcaíno, y cerca de 150 samuráis japoneses completarían la comitiva que zarpó desde la provincia de Miyagi el 28 de octubre de 1613 con Madrid, la capital del imperio, como destino. Comenzó así una curiosa expedición en la que “los descubiertos son los que viajan a descubrir a sus descubridores”.

El bautismo frente a la persecución y las iglesias quemadas

La comitiva, embriagada en un ambiente de alegría y cordialidad tuvo su primera escala en México. Poco después de comenzar llegaron noticias del shōgun Tokugawa Ieyasu: “Acababa de prohibir oficialmente el cristianismo en todo el país, expulsando a los sacerdotes extranjeros, obligando a los japoneses cristianos a abandonar la doctrina católica, quemando iglesias y ejecutando a todo el que se resistiese a acatar las órdenes”.

“Como respuesta a esta situación”, explica López-Vera, “decenas de japoneses que formaban parte de la comitiva decidieron convertirse al Cristianismo bautizándose en México, en un intento de mostrar sus buenas intenciones”.

Treinta samuráis en Madrid

Gran parte de la expedición decidió regresar a su tierra natal, pero cerca de treinta samuráis continuaron en la comitiva hasta su próximo destino en Madrid.

El recibimiento tras su desembarco en Sanlúcar de Barrameda fue fastuoso. Ya en Sevilla, el propio alcalde “hizo entrega a la expedición de varios coches de caballos para que pudieran hacer camino hasta Madrid”. En España, Tsunenaga sería bautizado como Felipe Francisco de Fachicura. Incluso el Papa Pablo V recibió en audiencia a toda la comitiva en uno de sus viajes a Roma y concedió la ciudadanía a los samuráis que le visitaron.

Hasekura Tsunenaga rezando.

El samurái Hasekura Tsunenaga, bautizado como Felipe Francisco de Fachicura. 

"Japón", el legado samurái en Sevilla

Al finalizar la embajada, no fueron pocos los samuráis que se quedaron para siempre en España, concretamente en Coria del Río (Sevilla), como refugiados de un pueblo, el japonés, donde el cristianismo estaba ya en el punto de mira.

Como consecuencia, uno de los legados que más ha trascendido de la presencia samurái en España es el apellido “Japón”. Algunas teorías afirman que, debido a la dificultad de la escritura y la pronunciación de los nombres japoneses, los descendientes de los samuráis fueron inscritos con el apelativo del país.

Toro Nagashi en Coria del Río.

Ceremonia japonesa de "Toro Nagashi" celebrada en Coria del Río (Sevilla).

“El primer caso conocido del uso de este apellido data de principios del siglo XVII en el registro bautismal de la Iglesia de Santa María de la Estrella, en Coria del Río, donde se encontraron los datos de un niño apellidado así”, escribe López-Vera, en referencia a un hijo de los miembros de la expedición. Durante el pontificado de Pío IX, se constituyó en la Iglesia la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío, uno de cuyos vocales, D. José Castro, también tenía este peculiar apellido.

Actualmente, más de 600 sevillanos tienen en su DNI el apellido Japón, y en Coria del Río se celebran eventos que recuerdan esta curiosa relación. El año pasado, el Ayuntamiento de Coria del Río recibió la visita institucional de Yasumune Date, descendiente de Date Masamune, y cada año organizan eventos en torno al monumento del samurái Hasekura.

Yasumune Date en Coria del Río.

Yasumune Date, descendiente de Date Masamune, organizador de la embajada Keicho que trajo decenas de samuráis a España, durante una visita a Coria del Río. 

martes, 17 de julio de 2018

Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires (17 de julio)


Santas Justa y Rufina, vírgenes y mártires

fecha: 17 de julio
fecha en el calendario anterior: 19 de julio
†: c. 287 - país: España
otras formas del nombre: Justina
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santoral de la Archidiósesis de Madrid
Elogio: En Sevilla, en la provincia hispánica de Bética, santas Justa y Rufina, vírgenes, que, detenidas por el prefecto Diogeniano, tras ser sometidas a crueles suplicios fueron encerradas en prisión, donde les hicieron pasar hambre y más torturas. Justa exhaló su espíritu encarcelada, y Rufina, por seguir proclamando su fe en el Señor, fue decapitada.
En Sevilla mandan ahora los romanos fuertes y guerreros. Pero son idólatras y han traído a la ciudad, con la paz, todos los vicios de una ciudad dorada y opulenta. Los cristianos notan que hay una ola más de corrupción y desenfreno.
Justina (o Justa) y Rufina viven y respiran según el Evangelio. Así lo aprendieron en su casa porque sus padres se bautizaron de los primeros. Con el producto de su trabajo honrado viven ellas y benefician al prójimo; la gente comenta que su caridad va con mano larga y también eso se nota por los miserables que salen de su casa con un puchero lleno de algo caliente para calmar al estómago y restaurar las fuerzas.
La fiesta de Salambó -que ese es el modo de llamar a Venus- vino a alterar su tranquila y laboriosa existencia. Han salido las damas nobles por las calles, llevando a hombros su estatua; van remedando gritos y lamentos, fingen gemidos y ademanes de dolor imitando la angustia de Venus que llora la muerte de su enamorado Adonis.
A su paso está organizado un petitorio para costear la fiesta y hacer más brillante la solemnidad de los sacrificios. Cuando llegan a la altura de la casa-tienda-taller de Justina y Rufina a pedirles limosna para los festejos, las dos hermanas se niegan al unísono a cooperar con el culto pagano. Además se despachan a gusto -¡pues buenas eran aquellas hermanas de Trajana, hoy Triana, puestas en jarras!- hablando de Dios, de Jesucristo el Señor, de la falsedad de su ídolo, obra del demonio, sin vida ni poder, aborrecible y despreciable. Hasta tal punto -cuentan las crónicas- se enervaron las ilustres damas paganas, que dejan caer la estatua llevada en andas y su descuido hizo que, tanto los cacharros en venta como el ídolo portado, acabaran hechos pedazos en el suelo.
Ahora, como venganza, son acusadas de sacrílegas ante Diogeniano que es el que preside en Sevilla, como gobernador de la Bética, y que se propone darles un castigo ejemplar. Fue Triana, fuera de la ciudad y al otro lado del río, el lugar de su juicio y condena. Pudieron mantenerse firmes en la fe del bautismo a pesar del ecúleo o caballete y de los garfios de hierro; las meten en la cárcel para debilitar con hambre sus fuerzas por fuera y por dentro; también las obligan a caminar descalzas por malos terrenos, pero resisten sin claudicar a pesar de los pies sangrantes. Justina muere en la cárcel por su debilidad y arrojan su cuerpo muerto a un pozo para impedir que los cristianos le dieran culto. A Rufina le reservan la muerte en el anfiteatro de Itálica para que un león la destrozara; pero con asombro pudieron ver los paganos que la fiera se volvió mansa y se echó a su lado. La orden de Diogeniano salió tajante de su boca y el verdugo le rompió el cuello. Su cuerpo lo quemaron.
Dicen que luego, el obispo Sabino, reverente, recuperó las cenizas y los restos de las hermanas.
Pronto comenzó el culto a las mártires sevillanas. Son testigos el código Veronense y los templos que muy pronto se levantaron en su honor. En los breviarios antiguos se reza que san Leandro se enterró en Sevilla en la iglesia de las santas Justina y Rufina.
Entre las iconografías de Justina y Rufina destaca el grupo escultórico del siglo XVIII del sevillano Duque Cornejo que se venera en un altar de la catedral hispalense. La sacristía de la misma catedral tiene a las santas en un cuadro de Goya que las representa no jóvenes, sino como dos matronas, con un león a sus pies. También en el Museo Provincial de Bellas Artes de Sevilla está resumida pictóricamente la historia de su vida y de su fidelidad a la fe cristiana inmortalizadas por Murillo; el pintor quiso dibujarlas en el lienzo con las palmas martiriales y entre la cacharrería de su oficio, predicando el patronazgo de las dos mártires sobre la ciudad con el anacrónico símbolo de sostener ambas con sus manos a la Giralda. Los artistas son así.
fuente: Santoral de la Archidiósesis de Madrid
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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