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lunes, 10 de febrero de 2020

La intervención de los ángeles con los moribundos es patente, lo atestigua este capellán de hospital 08022020

Los ángeles ayudan a entender el valor del sufrimiento, explica el sacerdote canadiense John Horgan

La intervención de los ángeles con los moribundos es patente, lo atestigua este capellán de hospital

Los ángeles son seres espirituales cuya naturaleza y misión podemos conocer en la Sagrada Escritura, la doctrina de la Iglesia o testimonios de videntes validados por la Iglesia como el conocido Ángel que se apareció a Lucía, Jacinta y Francisco en Fátima. El P. John Horgan trabaja en hospitales en la diócesis de Vancouver y en un libro recientemente publicado explica cómo la acción de los ángeles es fundamental en los últimos momentos de vida de los moribundos. La web Portaluz recoge un hecho verídico que experimentó este sacerdote con un moribundo.
Papa Francisco, como sus predecesores, también enseñan sobre ellos. Y así, refiriéndose al Ángel de la Guarda durante su homilía del del 02 de octubre de 2018, el Santo Padre Francisco destacó que “nuestro Ángel no sólo está con nosotros, sino que ve a Dios Padre. Está en relación con Él. Es el puente cotidiano, desde la hora en que nos levantamos hasta la hora en que vamos a la cama y nos acompaña y está en una relación entre nosotros y Dios Padre. El Ángel es la puerta cotidiana a la trascendencia, al encuentro con el Padre: es decir, el Ángel me ayuda a caminar porque mira al Padre y conoce el camino. No olvidemos a estos compañeros de camino”.
Al servicio de la salvación de cada ser humano
El sacerdote canadiense de la Arquidiócesis de Vancouver, el P. John Horgan, ha escrito un libro titulado His Angels at Our Side (Sus Ángeles a nuestro lado), en el que testimonia -entre otras cosas- una particular historia sobre una intervención angélica directa. La historia es corta y revela cómo la misión de los ángeles se orienta a la salvación de las personas y la importancia en todo ello de los sacramentos.
El P. John Horgan
El P. Horgan cuenta la historia de un hombre que no había sido bautizado y vivía alejado de Dios. Estando casado, cuenta el sacerdote, abandonó a su esposa e hijos, sólo para casarse con otra mujer, la cual lo abandonó cuando él recibió un diagnóstico de cáncer. He aquí la descripción del encuentro final del sacerdote con el hombre, en palabras del mismo P. Horgan en las páginas 272 a 274 de su libro:
Una orden explícita del ángel guardián
“Los ángeles realizan su custodia de diversas maneras. En mi vida de sacerdote y como capellán de hospital, he sido testigo de la presencia de los santos ángeles, sobre todo en la atención a los enfermos y moribundos. Una vez acompañé a un hombre que no era católico, pero cuya primera esposa siempre había sido muy comprometida con la Fe; incluso después de que su matrimonio llegó a su fin, nunca dejó de rezar por su esposo. Él le había prometido que se bautizaría antes de morir, lo cual ella nunca olvidó. Su vida fue difícil después de que él la dejó, pero ella perseveró en su confianza en Dios, criando a los hijos la fe.
Cuando su esposo desarrolló cáncer, la segunda mujer lo dejó y se quedó solo. Pero la fiel esposa vino a su lado y lo cuidó en el hospital; incluso trajo a los hijos ya adultos para que se reconciliaran con él. Ella hizo todo lo posible para traer consuelo a sus últimos días y para animarle a una mejor relación con Dios. Aun así, él no quería ser bautizado. Fui a visitarlo regularmente, sin éxito. Pero ella me decía: “Padre, estoy orando a su ángel de la guarda y a mi ángel de la guarda. Estoy segura de que él será bautizado”.
Un domingo por la mañana me detuve, por casualidad, para visitar al hombre. Le pregunté una vez más: “¿Quieres ser bautizado y aceptar la gracia de Cristo? Ya sabes, que el Señor te ha estado llamando todos estos años, y has visto la evidencia de su amor en la fidelidad y devoción de tu buena esposa”. El hombre respondió: “Sí. Padre, sé lo que he hecho; sé cómo he vivido. Me arrepiento de todo y pido el perdón del Señor. Quiero ser bautizado”.
Comencé a preparar los aceites y el agua bendita para el Bautismo. Pero cuando estaba por comenzar el ritual, inequívocamente escuché una voz dentro de mí que decía: “¡AHORA!” Y entonces, sin demora, tomé el agua en un pequeño vaso de medicina, la vertí en la frente del hombre diciendo las palabras: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Y antes de que pudiera decir “Amén”, murió. No hubo sufrimiento; simplemente cerró los ojos y se fue. Se había ido a casa con Dios. Las enfermeras y su familia estaban asombrados por esto, pero lo que más recuerdo es la mirada en los ojos de la esposa. Con su último aliento había aceptado la gracia que su esposa había implorado para él durante tantos años. La fe y bondad de la esposa, probadas por años de sufrimiento, se habían hecho tan fuertes que rompieron toda resistencia interior y llamaron al infinito amor del Dios hecho hombre.
Una y otra vez, al atender a los moribundos y hablarles del cielo, he experimentado cómo la mención de los ángeles trae consuelo y paz, incluso a los que han estado alejados de la Iglesia. En muchos casos, los santos ángeles han permanecido fijos en sus mentes y corazones como una figura conocida por primera vez en la infancia, una devoción aprendida en la rodilla de sus madres, presente en una especial mansedumbre y sabiduría.
De igual manera, los ángeles pueden ayudar a los enfermos y moribundos a encontrar en los sufrimientos de nuestro Señor el significado y la importancia para su propio dolor, llevándolos a crecer en gracia y amor para que puedan entrar al Cielo regocijándose con la compañía de los mismos ángeles que han sido sus protectores de toda la vida”.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Los Ángeles: El Papa acepta la renuncia del obispo auxiliar Alexander Salazar

El Papa reza en silencio © Vatican Media
El Papa Reza En Silencio © Vatican Media

Los Ángeles: El Papa acepta la renuncia del obispo auxiliar Alexander Salazar

Carta del Arzobispo José H. Gomez
(ZENIT – 19 dic. 2018).- El Papa ha aceptado la renuncia al oficio de obispo auxiliar de la archidiócesis de Los Ángeles, en los Estados Unidos, presentada por Mons. Alexander Salazar, según ha informado hoy la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
Asimismo, este miércoles, 19 de diciembre de 2018, la Santa Sede ha difundido una carta escrita por el Arzobispo José H. Gómez, en la que relata que “en el 2005, un año después de haber sido ordenado obispo, la Arquidiócesis tuvo conocimiento de una denuncia contra el Obispo Salazar por conducta indebida con un menor”.
“La acusación contra el Obispo Salazar provino de una supuesta conducta indebida que se dice ocurrió en la década de 1990, antes de ser ordenado obispo, cuando estaba sirviendo como sacerdote de una iglesia”, describe Mons. José H. Gomez.
Tras la correspondiente investigación del caso por la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede, y por el Comité de Supervisión de Mala Conducta del Clero, una junta independiente de la Arquidiócesis, “el Comité encontró que la acusación era creíble y presenté sus conclusiones y recomendaciones junto con mi propio voto a la Santa Sede para que se tomara una decisión final sobre el estado del Obispo Salazar”, explica el Arzobispo de los Estados Unidos.
A continuación, publicamos la carta del Arzobispo de Los Ángeles, Mons. José H. Gomez:
***
Mons. José H. Gomez © Youtube
Carta del Arzobispo José H. Gomez 
Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, 
Hoy el Santo Padre, el Papa Francisco, aceptó la renuncia del Obispo Auxiliar Alexander Salazar, quien recientemente se desempeñó como Vicario de la Oficina de Ministerios Étnicos de la Arquidiócesis de Los Ángeles. 
Lamento informarles que en el 2005, un año después de haber sido ordenado obispo, la Arquidiócesis tuvo conocimiento de una denuncia contra el Obispo Salazar por conducta indebida con un menor. Pese a que la acusación nunca se reportó directamente a la Arquidiócesis, fue investigada por la policía en el 2002 y el Fiscal de Distrito no procesó. 
La acusación contra el Obispo Salazar provino de una supuesta conducta indebida que se dice ocurrió en la década de 1990, antes de ser ordenado obispo, cuando estaba sirviendo como sacerdote de una iglesia. Como era obispo en el momento en que se recibió la denuncia, la Arquidiócesis remitió el asunto a la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede, que realizó una investigación e impuso ciertas medidas de precaución al ministerio del Obispo Salazar. 
Desde que se presentó la acusación por primera vez, el Obispo Salazar ha negado consistentemente cualquier acto inmoral. En aras del debido proceso, solicité y recibí permiso de la Congregación para los Obispos de la Santa Sede para presentar la acusación ante el Comité de Supervisión de Mala Conducta del Clero, una junta independiente de la Arquidiócesis. El Comité encontró que la acusación era creíble y presenté sus conclusiones y recomendaciones junto con mi propio voto a la Santa Sede para que se tomara una decisión final sobre el estado del Obispo Salazar. 
Estoy agradecido por la amorosa preocupación del Santo Padre por la familia de Dios aquí en la Arquidiócesis de Los Ángeles. Estas decisiones se han tomado debido a la profunda preocupación por la sanación y la reconciliación de las víctimas de abuso y por el bien de la misión de la Iglesia. 
Sigamos manteniéndonos cerca de las víctimas-sobrevivientes de abuso, a través de nuestra oración y nuestras acciones. 
Que encontremos esperanza en Jesucristo, que la Santísima Virgen María sea una madre para todos nosotros y que Dios nos conceda paz. 
Monseñor José H. Gomez
Arzobispo de Los Ángeles 

domingo, 9 de diciembre de 2018

El desierto (Yolanda CHÁVEZ) (Primer Premio 2012)

El desierto

Yolanda CHÁVEZ




Debía faltar poco para amanecer, hacia mucho frío en aquel desierto que por vergüenza, no aparecía con su nombre en ningún mapa; Elena, tirada boca arriba en la arena helada, miraba hacia el infinito, tratando (casi sin lograrlo), de mover sus dedos entumidos para apartar el cabello que cubría sus ojos…quería poder ver las estrellas que se desvanecían, el cielo completo, quería ver a Dios completo.
“¿Donde estás?”
Pensaba…
No podía hablar, tenia la garganta hinchada por haber llorado sin gritos.
“¿Me vas a dejar morir aquí? … Quiero ver a mis hijos otra vez…
Esto es un castigo?”...
El grupo de personas con el que salió de la frontera, se había desbaratado con la persecución de la patrulla. Vio correr a hombres uniformados de rostros similares a los perseguidos, golpeando e insultando a los que lograban alcanzar, ella y otro, habían caído en un agujero tratando de ponerse a salvo.
Ahí estaba, inmóvil, casi sin respirar para no ser vista. Ya habían pasado muchas horas y no escuchaba ni un solo ruido, trató de incorporarse, y al apoyar su mano sobre la arena tocó otra mano fría, inmóvil, tiesa…era la del muchacho de catorce años que había viajado desde el Ecuador para ver a su mamá, el quería llegar hasta Canadá.
Lo reconoció cuando los primeros rayos del sol comenzaron a iluminar aquel desierto que siempre estaba triste…
Elena se arrodilló, y comenzó a hacer una oración por la mamá del muchacho, le arrancó el rosario del cuello, se lo metió en la boca muerta y le cerró los ojos.
“En los primeros catorce años de vida, la palabra que mas se pronuncia es: “Mamá” debe ser horrible no estar ahí para escucharla”.
Era parte de aquella oración a Dios que se fue tornando en quejas al cielo abierto....
“¿Cómo se sobrevive con el alma dividida por fronteras?”
Susurraba Elena entre sollozos enojados, cortitos, que le cortaban el pecho como pequeños cuchillos.
“¿Como se sobrevive sin poder mirar todos los días a tus hijos? … ¿Por qué no se puede vivir cuando tus hijos lloran de hambre? ¿Cómo se vive en un país donde nunca se puede encontrar empleo? ¿Cómo demonios se sobrevive en países donde el secuestro, la corrupción, los asesinatos, las violaciones a los derechos humanos son el pan nuestro de cada día?” ¡Contéstame! ...
El desierto conmovido, levantó un poco de polvo para acariciar la cara de Elena, quería consolarla; Cuantas veces había escuchado esas oraciones- reclamos. Cuantos cuerpos de madres, hijos, padres, hermanos…cuantos cristos guardaba en su vientre de arena, ahí se habían deshecho, ahí conoció los anhelos de pretender comer todos los días, ahí enterradas estaban las almas con conciencia que querían no solo sobrevivir ¡ellas querían vivir!, ahí estaban sepultados muchos últimos pensamientos, de vez en cuando, el desierto los dejaba asomarse convertidos en diminutas florecillas blancas debajo de los arbustos enanos.
“Por lo menos dame un poco de agua”
Gritaba Elena a Dios mientras escarbaba en la arena con sus manos para hacerle sepultura a los anhelos sin cuerpo. El desierto se apresuró a dejar que brotara un charquito de agua helada, fue lo bastante para beber y lavarse la cara, para retirar la arena de la nariz y de entre sus dientes, suficiente para ponerse de pie y buscar un punto que le indicara una dirección a seguir.
Un destello llamó su atención a una distancia que calculó, podía llegar antes de que el sol quemara más, dio una ultima mirada al dolor de una mamá con hijo muerto, y comenzó a caminar…acompañada sin notarlo, por el desierto.
“¿Y aquellos cuentos de que abriste el mar rojo, de que libraste de la esclavitud a un pueblo, de que los alimentaste en el desierto?”
Elena pensaba que Dios era más bueno antes que ahora,
“A Abraham le diste descendencia tanta como las estrellas del cielo, a mi por lo menos déjame ver a mis hijos otra vez… ya se que dicen que no soy una santa, pero sigo creyendo en ti, lo sabes, ¿verdad?”
De pronto, el desierto la sacó de su particular oración hundiendo uno de sus pies, al tratar de no perder el equilibrio, miró hacia el norte: un trailer de compañía cervecera se acercaba a gran velocidad, Elena impulsivamente sacó la fuerza que da el coraje y la impotencia, apretó el estómago, y comenzó una loca carrera agitando las manos levantadas al cielo para que el chofer pudiera mirarla, el hombre del trailer la divisó al pie de la autopista y comenzó a disminuir la velocidad, hasta parar frente a ella.
Una nube de polvo envolvió a la maltrecha Elena, el desierto quiso despedirse, la abrazó en medio de un viento arenoso donde flotaban las almas y los anhelos que se habían quedado a vivir con él.
“¡Gracias, es usted un ángel !”
Pudo decir Elena.
“Y usted es un milagro, pocos sobreviven en este desierto”
Le contestó el ángel blanco, en inglés.

Yolanda CHÁVEZ
Los Ángeles, California

martes, 13 de noviembre de 2018

De la estatua de Colón en Los Angeles y el exterminio norteamericano de los indios 12112018

De la estatua de Colón en Los Angeles y el exterminio norteamericano de los indios

 

            Como saben Vds., en la españolísima ciudad de Los Angeles, fundada en 1781 por Francisco Neve, Gaspar de Portolá y los franciscanos Juan Crespi y San Junípero Serra en el territorio descubierto por el también español Juan Rodríguez Cabrillo en 1542, se ha procedido estos días a la retirada de la estatua de Cristobal Colón del Grand Park. Y todo ello en base a un nuevo giro de la “Memoria Histórica Mundial”, que también existe, según el cual Colón no fue sino un genocida más, el Gran Jefe de los genocidas hispanos.
            La de Los Angeles no es la primera estatua del Descubridor que sufre semejante suerte, pues hace ya cinco años, otra estatua suya era derribada en la ciudad de Buenos Aires, dos veces fundada, como se sabe, y las dos por españoles, Pedro de Mendoza, primero, en 1536, Juan de Garay, después, en 1580.
            Llama la atención el giro inesperado que ha sufrido la figura del enigmático navegante posiblemente genovés en la historiografía oficial que constituye la "Memoria Histórica Mundial". Y es que hasta la fecha, dentro de esa página sin par dentro de ella que es la Leyenda Negra Española, la figura de Colón, -quizás por no ser de origen español-, era utilizada por los deconstructores de la historia como una suerte de personaje ingenuo, munífico y bonhomínico, un cautivo más de esos bárbaros, -éstos sí, de origen hispano- que llevaban a cabo en América tropelías injustificables contra las que el inocente Almirante se rebelaba. En la nueva historiografía del Descubrimiento, sin embargo, pasa a ser, él mismo, “El Genocida”. Lo que por supuesto, sigue sin eximir de culpa al resto de los barbados bárbaros hispanos que le acompañaron en la aventura.
            Y la pregunta que me hago hoy es la siguiente: ¿a qué esta vuelta de tuerca? Pues bien, la respuesta es más que evidente para todo aquél que, ora en España, ora en Estados Unidos, ora en cualquier lugar del mundo, sepa un mínimo de historia (por desgracia pocos y cada vez menos): convertir el "vilipendio al Descubridor" en un nuevo instrumento sin otro objetivo que esconder, ocultar, contrarrestar el hediondo e injustificable genocidio de los indígenas norteamericanos pero no, precisamente, por los españoles, no, sino por las hordas puritanas de origen británico, y sobre todo, por sus descendientes ya estrictamente norteamericanos en el s. XIX, los cuales, so pretexto de la que denominaban la “Doctrina del destino manifiesto” que les “obligaba moralmente” a “civilizar” todas las tierras norteamericanas hasta la costa pacífica, realizaron uno de los exterminios más graves perpetrado jamás en la historia de la Humanidad: el de los indios que poblaban las tierras de los Estados Unidos antes de llegar ellos.
            Unos indios norteamericanos que, no se olvide, habían convivido antes en modélica armonía, y por espacio de casi medio siglo, con los misioneros españoles, los cuales, amén de cristianizarlos, les enseñaron a leer, a escribir, a cultivar la tierra, a criar ganado, a construir ciudades y tantas artes y profesiones, razón por la cual hablaban español y eran muchos de ellos católicos, como es el caso del más conocido de todos, Jerónimo.
            Todo ello hasta conseguir enterrar ese hecho innegable que opaca toda leyenda negra y toda memoria histórica, cual es la realidad palpable e incontestable de que mientras en Méjico, -el país del continente americano que más convivió con los españoles, más de tres siglos-, un 10% de la población todavía al día de hoy es india pura, y nada menos que un 70% mestiza (en otros países hispanoamericanos la proporción es incluso más favorable a las poblaciones autóctonas), en los Estados Unidos de Norteamérica los indios puros no alcanzan el 1% de la población y, lo que es aún más importante, el mestizaje es nulo.
            Esta, por desgracia para los norteamericanos, es la única verdad histórica. Todo lo demás es política, mentira, memoria histórica, leyenda negra, jugar con las estatuas al juego de la silla...
            Pero por desgracia, mientras los norteamericanos tengan en sus manos los medios internacionales de comunicación y la fabulosa industria del cine, y mientras políticos e historiadores españoles acomplejados, paniaguados y con cada vez más escasa formación no asuman la defensa que les compete de la historia de España por una cuestión no sólo patriótica sino, también y sobre todo, de respeto a la historia, no veremos sino llevar a cabo atentados como el que hoy se perpetra en Los Angeles, o el que en 2013 se perpetró en Buenos Aires.
            Y esto no acaba aquí: prepárense Vds. para asistir a una larga serie de derribos de las estatuas de Colón y de otros protagonistas del Descubrimiento y Civilización de América en todo el mundo. Más pronto que tarde, también las muchas y muy bonitas que embellecen ciudades españolas como Madrid, Huelva, Sevilla, Barcelona o Salamanca… ¡que se cree Vd. que nos vamos a quedar atrás los españoles! ¡A nosotros nos van a decir cómo desfigurar bien nuestra historia!
            Y bien amigos, hoy y como siempre, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.