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lunes, 31 de diciembre de 2018

La novela-pesadilla de Benson sobre el Señor del Mundo «se está verificando ante nuestros ojos» 30122018

Una reflexión de Joseph Pearce sobre el escritor y sacerdote converso

La novela-pesadilla de Benson sobre el Señor del Mundo «se está verificando ante nuestros ojos»

oseph Pearce explica que Robert Hugh Benson fue mejor profeta que Huxley u Orwell: la ideología descrita en el Señor del Mundo ya ejerce su dominio.
Joseph Pearce explica que Robert Hugh Benson fue mejor profeta que Huxley u Orwell: la ideología descrita en el Señor del Mundo ya ejerce su dominio.
No solamente Francisco recomienda esta novela, sino que además lo hace con insistencia: hablamos de Señor del mundo, de Robert Hugh Benson (18711914), una ficción apocalíptica con cuya lectura también Benedicto XVI quedó impactado.


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Dada su importancia en un año como el que acaba, donde el mundialismo anticristiano que denuncia la obra ha dado pasos adelante pero también ha sufrido algunas derrotas, recuperamos un artículo escrito hace algún tiempo por Joseph Pearcebiógrafo de todos los grandes escritores católicos de habla inglesa desde la conversión de John Henry Newman. Lo publicó en The Imaginative Conservative y allí ofrece todas las claves de la obra del autor de Señor del mundo (los ladillos son de ReL):


Joseph Pearce, profesor de Literatura Inglesa, es también director del Centro de Fe y Cultura en el Aquinas College de Nashville (Tennessee).

Robert Hugh Benson: recordando a un gigante olvidado
Robert Hugh Benson fue una de las más brillantes luminarias del firmamento literario católico en los primeros años del siglo XX, creciendo su estrella en el fulgor de varias novelas bestseller, y declinando, o apagándose más bien, con su prematura muerte.
 
Nacido en 1871, Benson era el hijo menor de E.W. Benson, un distinguido clérigo anglicano que contaba entre sus amigos con el primer ministro William Ewart Gladstone. En 1882, cuando Benson tenía 11 años, su padre se convirtió en arzobispo de Canterbury. En 1896, habiendo recibido él mismo las órdenes anglicanas, fue Benson quien leyó las letanías en el funeral de su padre en la catedral de Canterbury.


Edward White Benson (18291896), arzobispo de Canterbury desde 1882 hasta su muerte y padre de tres grandes escritores.

El hijo, sin embargo, no estaba destinado a seguir las huellas de su padre. En 1903, tras un periodo de escrupuloso examen interior, cuyos detalles aclaró de forma magistral en su apología autobiográfica Confesiones de un converso, Benson fue recibido en la Iglesia católica.



Ninguna conversión desde la de John Henry Newman, casi 60 años antes, provocó tal controversia, sacudiendo con ondas sísmicas el establishment anglicano. Posteriormente, durante los siguientes once años hasta su muerte en 1914, fue un defensor incansable de la Iglesia católica y un prolífico novelista y hombre de letras.


Robert Hugh Benson, ya sacerdote de la Iglesia católica, en su ocupación favorita: la lectura.

No hay duda de que Benson pertenecía a una familia notable. Además del ascenso de su padre a la prominencia y la preeminencia en la Iglesia de Inglaterra, sus dos hermanos estaban entre los illustrissimi de los escritores eduardianos [del reinado de Eduardo VII, 19011910].


Arthur Christopher Benson (18621925), el mayor de los hermanos Benson, fue un reputado biógrafo.

A.C. Benson, su hermano mayor, fue master [rector] del Magdalene College en Cambridge y se estableció como un fino biógrafo, autor de un diario y crítico literario, escribiendo celebradas biografías de Dante Gabriel RossettiEdward FitzgeraldWalter PaterAlfred Tennyson John Ruskin.


Edward Frederic Benson (18671940) escribió obras que todavía hoy se reeditan y llevan a la pequeña pantalla.

Su otro hermano, E.F. Benson, escribió prolíficamente y pasó a la posteridad sobre todo por sus novelas satíricas Mapp y Lucia, adaptadas con éxito para la televisión.


Mapp and Lucia, la serie de novelas de E.F. Benson, ha sido llevada dos veces a la televisión por la BBC, en 1985 y 2014. He aquí el tráiler de esta última versión.

Sin embargo, R.H. Benson no desmerecería de sus hermanos mayores. Antes de morir a la trágicamente corta edad de 43 años, escribiría quince novelas de gran éxito y, tras ser ordenado sacerdote católico en 1904, serviría como coadjutor en Cambridge, demostrando ser no menos popular como predicador vehemente de lo que ya era como escritor de ficción.


Los hermanos Benson en 1882 y un cuarto de siglo después, en 1907.

La imperfecta y la purificadora
La primera de las novelas de Benson, y la única que escribió siendo aún anglicano, fue La invisible luz, publicada en 1903 cuando se encontraba en medio de agónicas convulsiones de conversión espiritual. El libro está lleno de un emotivo misticismo: una confesión de fe en medio de la confusión de la duda. Una vez conquistada la claridad de la visión católica, Benson consideró su primera novela teológicamente defectuosa.



En 1912 comentó que su popularidad posterior parecía estar determinada por la denominación religiosa de quienes le leían. Era “bastante significativo” que fuese popular entre los anglicanos, mientras que los católicos le apreciaban “en mucha menor medida”: “La mayor parte de los católicos, yo mismo entre ellos, piensan que Richard Raynal, Solitary está mucho mejor escrita y es mucho más religiosa” [1].
 


Richard Raynal, Solitary evoca con cautivadora belleza la profundidad espiritual de la vida inglesa antes de la ruptura de la Reforma. Es una pequeña obra maestra en la que Benson entrelaza sin fisuras el arte narrativo moderno con el caballeroso encanto de la Edad Media. A modo de equivalente moderno de Las florecillas de San Francisco, esta ingeniosa mezcla de lo moderno y lo medieval crea un héroe que combina coraje y santidad en igual medida. Encontrándose como en casa a principios del siglo XV en la Inglaterra de Richard Raynal y en la presencia del original personaje del Maestro Richard, el lector disfruta el tiempo pasado en compañía de este santo ermitaño para su divina misión. Es literatura cristiana en lo que tiene de más hermoso y al mismo tiempo edificante y eficaz. Su poder es purgativo. Purga. Purifica. Renueva. En última instancia, muestra que las raíces de la novela están en Roma.

Señor del mundo 
Quizá la prueba más evidente del genio de Benson se encuentra en la facilidad con la que combinaba géneros literarios. Además de sus novelas históricas, también se sentía a gusto con novelas de planteamiento contemporáneo, como The Necromancers [Los nigromantes], una novela donde advierte sobre los peligros del espiritualismo, o con fantasías futuristas como Señor del Mundo. Esta última es auténticamente notable y merece situarse al lado de Un mundo feliz de Aldous Huxley y 1984 de George Orwell como un clásico de la ficción distópica. De hecho, aunque las obras maestras modernas de Huxley y Orwell merecen un mérito igual a ella como obras literarias, son claramente inferiores como obras proféticas. Las dictaduras políticas  que hicieron de la novela-pesadilla de Orwell un poderoso presagio ya son historia. Hoy, su fábula de mal agüero sirve solo como un oportuno recordatorio de lo que fue y puede volver a ser, si no se hace caso a los avisos de la historia. Por el contrario, la novela-pesadilla de Benson se está verificando ante nuestros ojos.
 
En el mundo descrito en Señor del Mundo, un insidioso secularismo y un humanismo sin Dios han triunfado sobre la religión y la moralidad tradicional. Es un mundo donde el relativismo filosófico ha triunfado sobre la objetividad; un mundo donde, en nombre de la tolerancia, no se tolera la doctrina religiosa. Es un mundo donde la eutanasia se practica ampliamente y la religión apenas se practica. El señor de este mundo de pesadilla es un político de apariencia benéfica decidido a alcanzar el poder en nombre de la “paz” y decidido a destruir la religión en nombre de la “verdad”. En semejante mundo, solo una Iglesia pequeña y desafiante se mentiene de pie contra el demoniaco “Señor del Mundo”.
 
Knox, Benson y Chesterton

Si la producción literaria de Benson abarca temas variados de ficción (históricos, contemporáneos y futuristas), también hizo incursiones en otras áreas con consumada facilidad. Sus Poemas, publicados póstumamente, despliegan una espiritualidad profunda y sedienta, formalmente expresada en una fe de raíces firmes, aunque en ocasiones desecadas. Esa misma espiritualidad profunda y seca era evidente en Spiritual Letters to one of his Converts, publicada también póstumamente, que ofrece una perspectiva atormentada sobre una inteligencia profunda. Una serie de sermones predicados en Roma en la Semana Santa de 1913 y luego publicadas como The Paradoxes of Catholicism ilustra por qué Benson era tan popular como predicador, atrayendo grandes audiencias a cualquier lugar donde hablase. Particularmente notable es la magistral Confesiones de un converso, al nivel de la Apologia pro Vita Sua de John Henry Newman y A Spiritual Aeneid [Una Eneida espiritual] de Ronald Knox como un clásico intemporal en la literatura de conversión.


Evelyn Waugh (19031966) puso prólogo a la obra del converso Ronald Knox sobre su propio itinerario espiritual.

En Una Eneida espiritual, Knox confesaba francamente que la influencia de Benson fue crucial en su propia conversión: “Siempre le miré como el guía que me había conducido a la verdad católica. En aquel entonces yo no sabía que él solía rezar por mi conversión” [2]. La otra gran influencia en la conversión de Knox fue G.K. Chesterton, así que no es una sorpresa que Benson fuese un gran admirador de Chesterton. El jesuita C.C. Martindale, biógrafo de Benson, él mismo un converso, escribió que los Papers of a Pariah [Los papeles de un paria]de Benson era “notable” por sus “características chestertonianas”: “El Sr. G.K. Chesterton nunca se cansa de decirnos que no vemos aquello que miramos, que el único planeta por descubrir es nuestra Tierra… y Benson leyó mucho de Mr. Chesterton y le gustaba de una forma especial” [3].


 
Una prueba ulterior de la influencia de Chesteriton sobre Benson es la admiración de Benson por el Herejes de Chesterton. “¿Ha leído usted -preguntaba a un corresponsal suyo en 1905- un libro de G.K. Chesterton titulado Herejes? Si no, mire a ver qué impresión le causa. A mí me parece que su espíritu subyacente es espléndido. No es católico, pero tiene ese espíritu… Hacía tiempo que no me conmovía tanto… Es un auténtico místico, de una especie rara” [4]. Chesterton no era católico en 1905, pero Herejes fue la primera prueba clara, como afirma Benson, de que “tenía ese espíritu”.

La gran novela de la persecución anticatólica... y una historia de amor 
En Come Rack! Come Rope! [¡Venga el potro! ¡Venga la soga!], publicada por primera vez en 1912, todo el periodo de la Reforma Inglesa toma vida espeluznante. El lector, si se deja llevar, se verá transportado a finales del siglo XVI, enganchándole el terror y la tensión de la época con tanta fuerza como enganchan los personajes principales, que dan testimonio de su fe con valentía en un entorno hostil y mortal. Según el jesuita Philip Caraman, la novela “se convirtió rápidamente en un clásico católico” y sigue siendo “quizá la mejor conocida” de las novelas de Benson [5].


La mansión Fitzherbert en Tissington Hall, en Derbyshire.

La inspiración para la novela le vino de la historia de la familia Fitzherbert en Forgotten Shrines [Santuarios olvidados, una breve historia de algunas mansiones familiares católicas durante la persecución], de Dom Bede Camm, publicado en 1911, y de la propia visita que hizo Benson ese mismo año a la casa Fitzherbert en Derbyshire, donde predicó en la peregrinación anual en honor del Beato Nicholas Garlick y el Beato Robert Ludlam, sacerdotes católicos mártires ejecutados en 1588. De la sangre de estos mártires vino la semilla de la historia de Benson. El título de la novela está tomado de la famosa promesa de San Edmundo Campion de que permanecería firme “ya venga el potro, ya venga la soga”. Campion fue ejecutado en 1581.
 
En cuanto a su exactitud histórica, las opiniones parecen divididas. El padre Caraman escribió que Benson “había sido lo más fiel posible a sus fuentes” [6] y Hugh Ross Williamsondestacó que los “personajes inventados” de Benson fueron creados “en el ámbito de la verdad conocida, dejándonos pensar, correctamente, que podrían haber vivido y actuado como Benson les hace vivir y actuar”.

Williamson continúa: “Toda la época se hace viva, y si algún lector objetase que este cuadro de la Inglaterra católica bajo el Terror Isabelino sabe un poco a melodrama, está la propia respuesta incuestionable del autor: 'Si el libro es demasiado sensacionalista, no es más sensacionalista que la vida misma de la gente de Derbyshire entre 1579 y 1588” [7].
 
Por el contrario, Hilaire Belloc se permitió discrepar. Aunque era, en su mayor parte, una gran admirador de la obra de Benson, y escribió en una ocasión que creía que Benson “sería el hombre que escribiría algún día un libro para darnos cierta idea de lo que pasó en Inglaterra entre 1520 y 1560” [8], Belloc se quejaba de que la descripción de la vida diaria en Come Rack! Come Rope! era inexacta, parecida a la del siglo XVIII, no a la del siglo XVI.
 
Dejando de lado estas diferencias, la novela es, en cualquier caso, mucho más que mera ficción histórica. Es una gran novela, una gran historia de amor. Es una historia que muestra el misterio de Roma y la verdadera grandeza del amor noble y sacrificado entre un hombre y una mujer. El amor entre Robin y Marjorie, los dos principales protagonistas, es un amor mucho mayor que el de Romeo y Julieta. Su amor recíproco no tiene nada de la posesividad de los “amantes desdichados” de Shakespeare y tiene toda la pureza y la pasión de la Cordelia de El Rey Lear. Solo como historia de amor, Come Rack! Come Rope! ya merece un lugara en el canon literario.
 
En cuanto al clímax de la novela, hay que estar de acuerdo con Hugh Ross Williamson en que “es imposible no conmoverse con el último capítulo” [9]. Por su fuerza y conmoción, el clímax de la novela es comparable en estatura literaria con los trascendentales momentos finales de Lord Marchmain en la obra maestra de Waugh Retorno a Brideshead. Y si el final de Benson carece de la sutileza del desenlace de Waugh, le gana sin embargo en tensión dramática.


AVISO SPOILERSi no has leído Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh, ni visto la serie de televisión, pero piensas hacer una de las dos cosas, ¡no veas esta escena!
 
¿Por qué, se pregunta uno, esta mini-obra maestra de Benson, que soporta la comparación con las obras de Waugh, sigue siendo tan desconocida? Uno sospecha que tiene mucho que ver con los tiempos tristes y apesadumbrados, pecadores y cínicos que vivimos. En tiempos más saludables, por los que debemos rezar y en los que podemos esperar, será considerada como el pequeño clásico que es. Entretanto, en los días oscuros en los que nos encontramos, deberíamos dar gracias de que editores dinámicos como Cluny Media lleven esta obra significativa e importante a una nueva generación de lectores. También podemos esperar que su autor, tanto tiempo olvidado, volverá a figurar entre las estrellas del firmamento literario, con su estrella de nuevo ascendente.

Traducción de Carmelo López-Arias.

NOTAS
[1] Robert Hugh Benson, Confessions of a Convert, Sevenoaks, Kent: Fisher Press, 1991 edn., p. 52.
[2] Ronald Knox, A Spiritual Aeneid, London: Burns Oates, 1958 edn., p. 161.
[3] C. C. Martindale, The Life of Monsignor Robert Hugh Benson, Vol. Two, London: Longmans, Green & Co., 1916, p. 90.
[4] Ibid.
[5] Philip Caraman, S.J., prólogo a R. H. Benson, Come Rack! Come Rope!, Long Prairie, MN: Neumann Press, 1995 end., p. v.
[6] Ibid., p. vi.
[7] Hugh Ross Williamson, introducción a R. H. Benson, Come Rack! Come Rope!, London: Burns & Oates, 1959 edn., p. 6.
[8] Martindale, op. cit., p. 45.
[9] Williamson, op. cit., p. 5.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Joseph Pearce proclama que «todos debemos venerar a España» y un ¡Viva Cristo Rey! cierra su alegato 122102016

Por dos veces «salvó el alma cristiana de Europa»

Joseph Pearce proclama que «todos debemos venerar a España» y un ¡Viva Cristo Rey! cierra su alegato

Joseph Pearce proclama que «todos debemos venerar a España» y un ¡Viva Cristo Rey! cierra su alegato
Joseph Pearce, autor de extraordinarias biografías de Chesterton, Belloc, Campbell, Wilde, Soljenitsin...

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12 octubre 2016
El historiador Joseph Pearce, biógrafo de algunos de los más importantes escritores católicos de habla inglesa del siglo XX (G.K. ChestertonC.S. LewisHilaire BellocJ.R.R. TolkienOscar Wilde), escribió recientemente un artículo en The Imaginative Conservative que ensalza el papel histórico jugado por España para salvar la identidad cristiana de Europa a costa de enormes sacrificios, en particular en dos momentos clave: la Reconquista, frente a la amenaza islámica, y la Guerra Civil, frente a la amenaza comunista. Reproducimos a continuación el texto de Joseph Pearce en su integridad.

POR QUÉ DEBEMOS VENERAR A ESPAÑA
El poeta Roy Campbell declaró que España era “un país al que se lo debo todo, porque salvó mi alma”. Recibido en la Iglesia católica en 1935 (en Altea, una pequeña ciudad en Alicante), solo un año antes del estallido de la Guerra Civil española, la recepción de Campbell en la Iglesia fue como un bautismo de fuego. El párroco que le recibió en la Iglesia sería asesinado por milicianos comunistas y los monjes carmelitas con quienes Campbell y su esposa habían hecho amistad en Toledo acabarían también fusilados a sangre fría. Considerando las acciones diabólicas de los comunistas y los anarquistas, no es sorprendente que Campbell apoyase ostentosamente el alzamiento nacional en España que terminaría poniendo fin al progrom anticristiano.


El poeta surafricano Roy Campbell protegió con su vida ante los milicianos los originales de las obras de San Juan de la Cruz, pero era prácticamente desconocido en España hasta que Joseph Pearce publicó su biografía.

Campbell vio la Guerra Civil española como una cruzada contra las fuerzas del mal, una guerra en la que los cristianos habían tomado las armas para proteger a la Santa Madre Iglesia de los ataques del Gran Hermano. Lo cierto es que la historia de Europa y del mundo podría haber sido muy distinta si los cristianos no hubiesen ganado la guerra en España. Si España hubiese quedado como un país comunista, habría constituido una avanzadilla soviética estratégicamente crucial en el corazón de Europa Occidental. El telón de acero que cruzó la Europa central también se habría trazado a través de los Pirineos.

Posiblemente, pues, los cristianos de España hayan salvado a Europa del infiel en la Guerra Civil como salvaron a Europa del infiel islámico ochocientos años antes. Ésta era la opinión de Hilaire Belloc, quien al escuchar la noticia de la victoria nacional en España declaró que el general Franco era “el hombre que nos había salvado a todos”.


La biografía de Hilaire Belloc es la obra de Joseph Pearce más recientemente publicada en español.

Hoy, en una época en la que el fundamentalismo laicista y el fundamentalismo islámico se alzan de nuevo, el ejemplo de la España cristiana puede servir como inspiración oportuna y eterna. Desde el liderazgo del Cid contra los musulmanes al liderazgo del Generalísimo contra los comunistas, España ha sido un bastión y una fortaleza de la Cristiandad contra sus enemigos. También nos recuerda que la porción de la Iglesia en la que nos encontramos, la parte exiliada en el Tiempo, es la Iglesia Militante, la Iglesia en guerra con el Príncipe de este mundo y su legión de discípulos.

Con ese espíritu militante Dios concedió a España una multitud de santos guerreros que se ofrecieron en sacrificio a Cristo y a su Iglesia, desde la legendaria visión del Apóstol Santiago conduciendo a los cristianos en la batalla durante la Reconquista [en español en el original, n.n.] hasta los santos mártires asesinados por los fundamentalistas laicistas en la Guerra Civil.


Arriba: Santiago Matamoros en la Batalla de Clavijo.
Abajo: columna requeté durante la Guerra Civil española.



Entre medias de su crucial papel salvador de Europa del islam y del comunismo, España tuvo también una importancia capital en la Contrarreforma. No pueden concebirse las glorias de la Contrarreforma sin pensar en Santa Teresa de Ávila San Juan de la Cruz, o sin pagar el obligado tributo de respeto y homenaje a San Ignacio de Loyola, el santo guerrero que fundó los jesuitas. En tiempos mucho más recientes, San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, ha fortalecido a la Iglesia en todo el mundo, impulsando a los laicos a evangelizar la cultura secular en su vida diaria.

Hoy España sufre de nuevo el yugo de un renacido fundamentalismo laicista. ¡Que así sea! Siempre ha sido así. Las fuerzas del mal siempre regresan, como un hongo, para alimentarse del tejido carcomido del mundo. Como nos recuerda JRR Tolkien, la historia es una Larga Derrota sólo con destellos ocasionales de la Victoria Final. A lo largo de los siglos, España ha hecho más que ninguna otra nación para luchar contra la Larga Derrota y, en su heroísmo, nos ha mostrado muchos breves destellos de la Victoria Final.

Todos los cristianos comparten la deuda de Roy Campbell con España. Es la nación a la que todos debemos algo porque, por medio de las gracias abundantes que se le dieron, salvó el alma cristiana de Europa. ¡Viva Cristo Rey!

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(Las cursivas indican expresiones en español en el original.)
Traducción de Carmelo López-Arias.

domingo, 28 de agosto de 2016

Llegó el momento de una Declaración Cristiana de Independencia? 28082016


Inicio / Opinión

¿Llegó el momento de una Declaración Cristiana de Independencia?


En la medida en que las iglesias cristianas permitan que el santo matrimonio sea "sancionado" por el diablo, esto es, aceptado por el estado como legítimo "matrimonio" en la visión estatal de la palabra, serán responsables de arrastrar el santo matrimonio hasta las alcantarillas al mismo tiempo que sacan de ellas al "matrimonio" civil.



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28 agosto 2016
Uno de los mayores errores que podemos cometer es creer que el santo matrimonio tiene algo que ver con la visión civil del “matrimonio”. Aparte el hecho de que la etiqueta “matrimonio”, cada vez más carente de significado, se aplique a ambas cosas, no podrían ser más distintos.

El santo matrimonio es un sacramento celestial, definido así en el Catecismo de la Iglesia Católica: “La alianza matrimonial por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados” (n. 1601).

El “matrimonio” civil, por el contrario, es un contrato legalmente vinculante entre dos personas, sea cual sea su sexo, que establece un consorcio por un periodo tan largo o corto como decidan las partes contratantes, que puede ser roto a capricho de cualquiera de las partes por cualquier razón y que por su naturaleza está ordenado a lo que las partes consideren mutua conveniencia, sin conexión alguna con la procreación y educación de la prole. No es un pacto entre personas bautizadas (el bautismo no tiene nada que ver con el contrato legal) y, categóricamente, no ha sido elevado por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de un sacramento.

La diferencia entre ambas cosas es tan abismal, en el sentido del abismo que separa a una de la otra, que es un absoluto y total sinsentido atribuir la misma denominación a los dos. El santo matrimonio y el “matrimonio” civil tienen tanto en común como el amor a Cristo con el amor a la cocaína. Aparte el hecho de que la etiqueta “amor”, carente de significado, se le atribuya tanto al amor hasta el sacrificio de Sí mismo de Cristo por Su Iglesia como al “amor” hasta la indulgencia de sí mismo del adicto por la droga de su elección, no hay categóricamente nada en común entre los dos “amores”. Pues bien: como con el “amor”, con el “matrimonio”.

Lo anterior debería ser tan obvio que cualquier persona capaz de una lógica sencilla y con uso de razón comprendería el sinsentido de proponer que una cosa llamada “matrimonio” tenga algo en común con la otra cosa llamada “matrimonio”. De hecho, quienes tengan un sentido del humor saludable y santo deberían partirse de risa en un festival de delirantes carcajadas ante la sola sugerencia de que una pueda considerarse sinónimo de la otra.

El problema es que la Iglesia católica y otras iglesias cristianas continúan dando credibilidad al poder diabólico de la forma civil del “matrimonio” mediante su complicidad legal con el poder del Estado. En efecto, en la medida en que las iglesias cristianas permitan que el santo matrimonio sea “sancionado” por el diablo, esto es, aceptado por el estado como legítimo “matrimonio” en la visión estatal de la palabra, serán responsables de arrastrar el santo matrimonio hasta las alcantarillas al mismo tiempo que sacan de ellas al “matrimonio” civil. Peor aún, estarán dando al demonio el resquicio que necesita para introducir el “matrimonio” civil en las iglesias. Si las iglesias aceptan el derecho del César a otorgar legitimidad al matrimonio según las leyes del César, es solo cuestión de tiempo que el César exija a las iglesias presidir “matrimonios” civiles. No hace falta decir que tales “matrimonios” no serán el santo matrimonio, aunque sean celebrados en una iglesia, pero la complicidad de las iglesias en tal perversidad producirá caos y confusión entre los fieles.

¿Es preciso que recordemos a aquellos pasteleros cristianos de Portland (Oregón) que fueron multados con 135.000 dólares por negarse a participar en un “matrimonio” homosexual? ¿Tenemos que recordar que el Tribunal Supremo de Estados Unidos respaldó la multa de 7000 dólares impuesta a Jonathan y Elaine Huguenin por rechazar en conciencia hacer el reportaje fotográfico de un “matrimonio” entre personas del mismo sexo? ¿Hay que ser un profeta para ver que la misma forma de coerción e imposición legal se ejercerá sobre las iglesias cristianas si se niegan a aceptar la “legitimidad” del “matrimonio” civil?

La solución obvia para las iglesias ante este feo escenario es divorciarse lo antes posible del poder coactivo del Estado. Insistiendo en la separación entre la Iglesia y el Estado, las iglesias cristianas deberían dejar claro que quienes reciben el sacramento del santo matrimonio están casados para toda la vida a los ojos de Dios, pero que este santo matrimonio no es legalmente vinculante ante los tribunales civiles. Aquellos cristianos que deseen acogerse a los beneficios económicos que el estado ofrece a quienes firman sobre la línea de puntos de un contrato de “matrimonio” civil pueden hacerlo separadamente de su matrimonio en la iglesia. Serían necesarias dos ceremonias distintas. El santo matrimonio sería válido a los ojos de Dios, pero no tendría valor legal a los ojos del Estado. El “matrimonio” civil sería inválido a los ojos de Dios pero tendría pleno estatus legal a los ojos del Estado. El santo matrimonio se solemnizaría en la iglesia; el “matrimonio” civil se contraería donde desearan las partes contratantes: un bar deportivo, una playa, la habitación de un hotel en Las Vegas presidido por un doble de Elvis o cualquier otro lugar apropiado a la dignidad de la ocasión.

Todo lo necesario para este divorcio feliz entre Dios y el César es que los obispos de la Iglesia católica y los líderes de las otras iglesias hagan una declaración de independencia respecto al poder del Estado. Todo lo que hace falta es un pequeño acto de valiente liderazgo. Si quienes están investidos de autoridad no lo hacen, estarán condenándose a sí mismos, a su clero y a su pueblo al intento de un nido de víboras de envenenar el santuario de la Iglesia con el “orgullo” de su “matrimonio” civil. Les guste o no, los líderes de las iglesias están en la posición de San Jorge. Sólo ellos pueden guardar la pureza primigenia del santo matrimonio a salvo del enemigo de la inocencia. No hay retirada honorable. No hay lugar para el compromiso. Les guste o no, se encuentran en una posición en la cual la santidad exige el heroísmo. Es tiempo de atarse los machos y armarse de valor. Llegó el momento de enfrentarse al dragón.

Publicado en The Imaginative Conservative.
Traducción de Carmelo López-Arias.