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sábado, 5 de noviembre de 2016

¿Angela? No conocemos a ninguna Angela (Alemania) 05112016

ALEMANIA
¿Angela? No conocemos a ninguna Angela
La Unión Social Cristiana, el socio de coalición de Ángela Merkel, celebra este fin de semana en Munich su convención anual. Por primera vez desde el año 2000, cuando ascendió al liderazgo del centro-derecha, la señora Merkel no está invitada a dar su discurso a los afiliados del partido hermano. [The Economist, en inglés]
Las relaciones dentro de la coalición no pasan por su mejor momento, a causa de la política de inmigración de la canciller y el ascenso de una nueva derecha con peso electoral, galvanizada por el partido Alternativa por Alemania. 
Horst Seehofer, primer ministro de Bavaria y líder de la CSU, ha sido muy crítico con la señora Merkel y su política de acogida indiscriminada de refugiados. 
El malestar en la sociedad alemana por la ola de agresiones sexuales cometidas por inmigrantes durante la pasada fiesta de Nochevieja, o los ataques terroristas de los últimos meses en suelo alemán han desembocado en un fuerte castigo electoral a la CDU en las últimas elecciones regionales. 
En otoño de 2017 se celebrarán elecciones legislativas en Alemania, y no está claro aún que Angela Merkel vaya a repetir como candidata del centro-derecha. 
La única buena noticia para la CDU es que el Partido Socialdemócrata, su rival histórico, no está mucho mejor. Ni siquiera tienen un líder con quien encabezar el cartel electoral de 2017. 
++++Con voz propia: “La nueva extrema derecha europea es diferente. De Dinamarca a Holanda o Alemania, una nueva ola de partidos derechistas ha emergido a lo largo de los últimos quince años, y están tejiendo una red mucho más extensa que la jamás soñó Jean-Marie Le Pen. Y mediante una hábil apelación al miedo, la nostalgia y el resentimiento con las élites, están ampliando su base rápidamente […] Estos partidos han construido una ideología coherente y han astillado el poder de los partidos instalados, mediante una nueva y devastadoramente eficaz estrategia electoral. Han roto públicamente con los símbolos de la vieja derecha del pasado, distanciándose de skinheads, neo nazis y homófobos. Han cooptado hábilmente las causas, las políticas y la retórica de sus oponentes. Han buscado superar a la izquierda, defendiendo un estado del bienestar fuerte y beneficios sociales protectores que ellos denuncian que están amenazados por el flujo libre de inmigrantes.” [Sasha Polakow-Suransky, “The ruthlessly effective rebranding of Europe’s new far right”, en The Guardian, 1 de noviembre de 2016]

viernes, 26 de agosto de 2016

Una nueva división política 25082016


Inicio / Opinión

Una nueva división política


Izquierdas y derechas nacen como negociados de una misma empresa, que es la revolución, al asalto del orden cristiano hoy reducido a escombros; y aunque sus estrategias son diversas (¡incluso aparentemente adversas!), tienen un objetivo común.



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25 agosto 2016
I
Tiene razón Guy Sorman cuando afirma, en un artículo reciente, que la distinción entre izquierda y derecha se ha quedado obsoleta. Más propiamente podríamos afirmar que, en realidad, siempre fue una distinción ficticia, un engañabobos inventado para alimentar la demogresca y enardecer las pasiones de las masas, que así se figuran que defienden cosas distintas. Izquierdas y derechas nacen como negociados de una misma empresa, que es la revolución, al asalto del orden cristiano hoy reducido a escombros; y aunque sus estrategias son diversas (¡incluso aparentemente adversas!), tienen un objetivo común. Ya Balmes nos advertía que los partidos “de instinto moderado y sistema conservador” se convertían a la postre en conservadores “de los intereses creados de una revolución consumada y reconocida”.

En esta estrategia convergente al negociado de izquierdas le ha correspondido tradicionalmente la labor más resultona de acelerar el triunfo de la revolución; y al negociado de derechas la labor más lacayuna de consolidar sus “logros” parciales. Pero los líderes y lideresas más aguerridos de la derechona ya se rebelan contra este reparto de papeles que los perjudica, y pugnan por adoptar iniciativas que aceleren el triunfo de la revolución, evacuando zurullos aún más fétidos que la izquierda. Ahí tenemos, por ejemplo, a la alguacilesa Cifuentes, convertida en adalid chillona del cambio de sexo y la conversión de la escuela en un corruptorio de menores.

A la alguacilesa Cifuentes la votan muchos izquierdistas sistémicos que quieren seguir mamando de la teta, como en Estados Unidos muchos derechistas mamoncetes y sistémicos se disponen a votar a la bruja Hilaria. Como nos advertía Ernest Hello, “las opiniones del mundo pactan fácilmente con las demás opiniones de su especie, pues las une un odio profundo contra el común enemigo”, que aunque reducido a escombros cuenta con un Dios que sabe cómo salir de la tumba. En efecto, las opiniones del mundo, por mucho que finjan contradicción, por mucho que se esfuercen en levantar construcciones ideológicas aparentemente disímiles, a la postre enseñan la patita del odio al común enemigo; y, llegado el caso, se coaligan para combatirlo, en lo que Hello denominaba una “parodia de unión” y Unamuno “la liga aparente de los intereses”.

Si peperos y sociatas tuvieran enfrente una formación que postulase una auténtica política cristiana, haría más de medio año que tendríamos un gobierno de coalición, porque se habrían unido de inmediato contra ella. Pero como no tenemos esa formación peperos y sociatas pueden permitirse el lujo de simular "sine die" una división aparente, para seguir alimentando la demogresca, que es el nutriente que los hace fuertes.

En el artículo arriba citado de Guy Sorman no se mencionaba, sin embargo, esta división entre adalides de la revolución y defensores de una política cristiana; pues dos siglos de hegemonía revolucionaria han hecho ininteligibles unos postulados que ya sólo se atreven a defender unos pocos obispos arriscados (solos entre una multitud de hijos de Oppas) y algún reaccionario maldito e irredento. Sorman distinguía, en cambio, entre los partidarios de una “sociedad abierta” y los partidarios de una “sociedad tribal”; división que nos ha parecido muy interesante como expresión (eufemística por un lado, caricaturesca por el otro) del malestar que bulle, lo mismo entre liberales que entre progresistas, ante la emergencia de nuevos líderes políticos que se revuelven, a veces de forma más visceral que consciente, contra el mundialismo. Trataremos de explicar este asunto en un próximo artículo.

II
En un artículo reciente, Guy Sorman sostenía que la distinción entre izquierda y derecha se ha quedado obsoleta; y proponía como distinción alternativa otra que señalase, por un lado, a los partidarios de la “sociedad abierta” y, por otro, a los partidarios de la “sociedad tribal”. La elección de los epítetos delata las preferencias del autor, que incluye entre los adalides de esta “sociedad tribal” –en el artículo citado y en otros anteriores– a líderes políticos de muy diverso pelaje, desde el “populista” Trump al “despótico” Putin, pasando por los “criptofascistas” Viktor Orban o Andrzej Duda. Los epítetos peyorativos desempeñan nuevamente una función anatemizadora de estos líderes, a quienes Sorman moteja de “nacionalistas, autárquicos y estatistas”. En cambio, cuando describe los rasgos principales de los partidarios de la “sociedad abierta” (entre los que ocupa un lugar destacado la bruja Hilaria), Sorman adopta un lenguaje más acariciante que los convierte en defensores de “la diversidad cultural, étnica, religiosa y sexual” y del “activismo diplomático y militar”.

Lo que traducido al román paladino significa que son fieles mamporreros del mundialismo, encargados de convertir a los pueblos en una papilla buenista y bardaje; encargados de promover el multiculturalismo, destruir la familia y erosionar las tradiciones de sus pueblos; encargados de expoliar las economías nacionales y de ponerlas al servicio de la plutocracia transnacional; encargados de apoyar los conflictos bélicos que han convertido Oriente Próximo en un avispero, alimentado el yihadismo y desatado corrientes migratorias incontenibles. Y enfrente de estos mamporreros tenemos una miscelánea de líderes políticos que se resisten de forma visceral a los designios del mundialismo, a veces revitalizando el patriotismo, a veces apoyando la familia y combatiendo el homosexualismo, a veces tratando de devolver a las naciones cierto grado de independencia económica, a veces renegando de la geopolítica impuesta por el mundialismo o negándose a aceptar invasiones disfrazadas de migración. Ninguno de estos líderes encarna una política verdaderamente cristiana; y alguno cuenta con episodios muy turbios en su biografía. Pero tampoco Tamerlán era un santo varón de comunión diaria, sino un mongol al que se le metió entre ceja y ceja la idea quimérica de zurrar la badana al sultán turco; y vaya si se la zurró. Desbarató sus tropas, saqueó sus posesiones y dejó a los turcos noqueados durante décadas, justo cuando más amenazaban a una Cristiandad debilitada en guerras intestinas. Evidentemente, Tamerlán no era ningún paladín de la Cristiandad; pero, al destrozar al turco, permitió que la Cristiandad se recompusiese. Ya llegaría luego don Juan de Austria.

Parece evidente que Putin y Orban, Trump y Duda no son santitos de peana; pero son chinas en el zapato para un mundialismo al que, llegado el caso, pueden causar graves daños, como Tamerlán se los causó al turco. Esta es la razón por la que los malditos irredentos los miramos con simpatía; y la razón por la que tanto liberales como progresistas los detestan y arremeten contra ellos. Saben que, aunque no vayan a restaurar el derruido orden cristiano que tanto odian, pueden favorecer las condiciones que lo hagan posible; pues, aunque hijos de la revolución, son hijos bastardos, hijos tronados y levantiscos que pueden salir por peteneras, si se les mete entre ceja y ceja alguna idea quimérica. Cosa que nunca harán la bruja Hilaria o –en la chiquita medida de sus posibilidades– la alguacilesa Cifuentes, que se tragan las ruedas de molino del mundialismo con un ardor (¡sociedad abierta de orificios!) digno de Linda Lovelace.

Artículo publicado en ABC en dos partes los días 13 y 15 de agosto.

sábado, 11 de junio de 2016

El arzobispo de Granada propone una política cristiana ante unas elecciones que no son «como otras»10062016

«Está en juego el futuro del cristianismo», afirma monseñor Javier Martínez

El arzobispo de Granada propone una política cristiana ante unas elecciones que no son «como otras»

El arzobispo de Granada propone una política cristiana ante unas elecciones que no son «como otras»
Si Cristo es Señor de toda la Creación, ¿cómo puede quedar al margen de la vida social y política?, plantea monseñor Martínez.

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10 junio 2016
Materiales para una política teológica cristiana: así se llama la nueva sección abierta por Javier Martínez, arzobispo de Granada, en el blog Ciudad de Dios que aloja en la página web de la archidiócesis.

El señorío de Cristo sobre la Creación incluye la vida social y política
La decisión de iniciar este apartado se fundamenta en que "Cristo es Señor de todo", afirma monseñor Martínez, quien cita a San Pablo en la epístola a los Filipenses (2, 10): "Al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los seres celestiales, y de los terrenales, y de los infernales". Entonces, "todo tiene que ver con el señorío de Cristo y Cristo tiene que ver con todas las cosas", afirma el prelado: "No es posible, por tanto, que una actividad, o un ámbito de relaciones tan decisivas para la vida humana como es la vida de la polis, esto es, el régimen y la articulación de las comunidades humanas más allá de la familia y entre ellas, quede totalmente al margen de Cristo. No es posible que Cristo resucitado y vivo, y que la experiencia que la Iglesia tiene de él y del Padre en la comunión del Espíritu Santo, no tengan nada que decir acerca de esas relaciones que nos constituyen, y determinan considerablemente la conciencia que tenemos de nosotros mismos y del mundo".

Si así sucediese, continúa, "Cristo quedaría fuera de una dimensión humana sumamente importante, esencial a la vida humana" y llamarle Señor "no pasaría de ser una metáforamás bien vacía".

"Pues bien, eso es exactamente lo que ha sucedido: que en gran medida hemos excluido a Cristo y a la experiencia de la redención de Cristo de esa dimensión de la vida humana —y de otras, desde la economía al matrimonio y la familia—. De aquí que el hecho de ser cristianos signifique tan poco en nuestra vida. Y que tampoco signifique demasiado el dejar de serlo", lamenta el arzobispo de Granada.


El Papa San Pío X (n. 1835, 1903-1914) tenía por lema Instaurare omnia in Christo [Instaurar todas las cosas en Cristo] y lo aplicó a la política en la encíclica Vehementer Nos.

Monseñor Martínez propone, pues, "abrir un debate" en el que "está en juego el futuro del cristianismo": "Es el debate sobre la relación entre teología y política. O más exactamente, entre fe cristiana y política".

Unas elecciones especiales
No se trata, sin embargo, de una cuestión meramente intelectual o teórica: surge ante una campaña electoral "que no es como otras que la han precedido, que no es una más": "Es propio de la misión de un pastor el exhortar a votar y a votar con un sentido de responsabilidad respecto a lo que está en juego. Lo hago aquí. Lo hago invitando también a que el escepticismo con respecto a una cierta política no sirva de ocasión para serinstrumentalizado de un modo u otro por unas políticas peores".

Martínez considera que las cien primeras páginas de Archipiélago Gulag de Alexandr Soljenitsin deberían ser lectura obligada para los alumnos de los colegios católicos en 2º de la ESO y para todos los grupos parroquiales y movimientos cristianos.


En los primeros capítulos de Archipiélago Gulag, Alexandr Soljenitsin, Premio Nobel de Literatura en 1970, traza la historia del aparato represivo del comunismo.

Y hace una apelación a su propio deber episcopal: "Porque no quisiera presentarme ante el juicio de Dios con esa carga de haber ocultado a unos fieles a los que quiero con toda mi alma la pequeña porción de verdad que pueda haber acumulado en mi vida a la luz de la fe católica y de mi experiencia de pastor, voy a hablar".

El lenguaje de la tradición católica
Y a dar voz también a quienes puedan elaborar "un pensamiento político cristiano suficientemente articulado y una teoría política cristiana", eliminando previamente malentendidos y prejuicios.

"Voy a hablar (o a facilitar que se hable), en el lenguaje que fue característico de la tradición católica antes de las fracturas de la modernidad", anuncia monseñor Martínez. Y así, afirma que "entre el liberalismo más liberal y el marxismo más marxista hay hoy tantas connivencias de fondo que cuesta distinguirlos. La mayor de ellas, el punto de convergencia en el que todos parecen coincidir, es en que lo más importante es producir, ganar dinero y consumir. Lo que borra ya todas las distinciones. Lo cierto es que un liberalismo que no sabe para qué es la libertad, o un socialismo y un comunismo que no tienen noción alguna de la naturaleza de los lazos que hacen florecer una sociedad o una comunidad, son cimientos poco fiables para construir una sociedad sana".

Inutilidad del voto cautivo
Descendiendo a lo concreto, el arzobispo de Granada recuerda que "la reciente experiencia española del 'voto católico' como 'voto cautivo' (que 'no vota por convicción, sino por miedo a la izquierda', como dijo hace un par de años un político que se cubrió de gloria), y que le ha servido al último gobierno para burlarse de sus votantes en sus mismísimas narices, debería enseñar a unos y a otros los riesgos de una política, supuestamente 'pragmática', basada en concesiones y compromisos. O basada en la rutina, o en la ignorancia (a la vez teológica y política). O, en algunos casos, en la mala fe".

Suárez y McIntyre
Como un indicativo de la línea de trabajo que propone monseñor Martínez, su primer posten este apartado del blog incluye una alusión al teólogo jesuita Francisco Suárez (1548-1617) como involuntario responsable intelectual último, porque él quería "servir a la Iglesia", de la separación introducida por la modernidad entre el orden natural y el orden sobrenatural, "una separación que es tan trágica para el cristianismo como lo es para el mundo". El arzobispo de Granada recuerda que algunos pensadores sostienen que "el padre de la filosofía moderna no es Descartes, sino Suárez" y que "Kant, Feuerbach y Nietzsche son en último término hijos no previstos y no deseados de Suárez".


Francisco Suárez, S.I., granadino de nacimiento, fue uno de los filósofos y teólogos más importantes del Siglo de Oros español.

También marcando tendencia, la segunda entrada del blog sobre estas cuestiones es un texto de Alasdair McIntyrepensador católico escocés nacido en 1929 y considerado uno de los más importantes filósofos de la política del siglo XX. La editorial Nuevo Inicio, impulsada por el arzobispado de Granada, ha publicado cinco de sus principales obras.


Alasdair McIntyre se convirtió al catolicismo cuando ya tenía más de cincuenta años, convencido por la profundidad filosófica del tomismo.

Y así dice McIntyre en el texto incorporado al blog: "Sólo una religión que sea un modo de vida en todos y cada uno de los ámbitos merece o puede esperar sobrevivir. Pues la tarea de la religión es ayudar a ver lo secular como sagrado, el mundo como algo que está bajo el poder de Dios. Cuando lo sagrado y lo secular se separan, entonces el rito se convierte en un fin en sí mismo, no subordinado a la santificación del mundo. Igualmente, si nuestra religión es fundamentalmente irrelevante para nuestra política, entonces estamos reconociendo que lo político es un espacio extraño al reino de Dios. Separar lo sagrado de lo secular es reconocer la acción de Dios sólo dentro de los límites más estrechos. Una religión que reconoce esta división, como hace la nuestra, es una religión a punto de morir".

Justo para contrarrestar esta corriente intelectual, en línea con las reflexiones de McIntyre pero también de otros autores que participarán en el futuro en el blog, lanza monseñor Martínez estos "materiales para una política teológica cristiana". Pincha aquí para leer en su integridad el texto de monseñor Martínez.