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sábado, 7 de enero de 2023

Homilía completa de Francisco en el funeral de Benedicto XVI: sincatábasis y humildad en el pastoreo 05012023

 

Homilía completa de Francisco en el funeral de Benedicto XVI: sincatábasis y humildad en el pastoreo

Francisco, el féretro de Benedicto y el pueblo fiel
Francisco, el féretro de Benedicto y el pueblo fiel... si el pueblo, dijo el Papa, el pastor no puede servir

ReL

Los humanos solo pueden hablar de Dios con palabras humanas e imágenes humanas. El Dios cristiano se hace hombre y sufre como hombre y habla como hombre. Cuando Dios quiere comunicarse con los hombres ha de hacer como un adulto que se agacha para hablar con un niño pequeño, con palabras que el niño pueda entender. Ese se expresa en griego con la palabra "sincatábasis", el abajamiento para comunicarse y acompañar, que en latín se suele traducir como 'condescendencia'.

Este es el concepto que Francisco quiso utilizar en su homilía del funeral de Benedicto XVI, quizá porque el difunto pontífice sumaba esas dos características, la del maestro que buscaba siempre enseñar de forma clara y comprensible, y la de la persona humilde que se abaja para poder llegar al otro. En ambas cosas imitaba a Jesucristo.

La homilía de Francisco sólo mencionó a Benedicto al final, pero al hablar sobre la tarea del pastor que se entrega y acompaña, Francisco señalaba una y otra vez al ejemplo de su predecesor. Reproducimos a continuación la Homilía completa en español.

***

Homilía del Papa Francisco en la Misa de Exequias por el Sumo Pontífice Emérito Benedicto XVI

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc23,46). Son las últimas palabras que el Señor pronunció en la cruz; su último suspiro —podríamos decir— capaz de confirmar lo que selló toda su vida: un continuo entregarse en las manos de su Padre.

Manos de perdón y de compasión, de curación y de misericordia, manos de unción y bendición que lo impulsaron a entregarse también en las manos de sus hermanos. El Señor, abierto a las historias que encontraba en el camino, se dejó cincelar por la voluntad de Dios, cargando sobre sus hombros todas las consecuencias y dificultades del Evangelio, hasta ver sus manos llagadas por amor: «Aquí están mis manos» (Jn20,27), le dijo a Tomás, y lo dice a cada uno de nosotros: “aquí están mis manos”.

Manos llagadas que salen al encuentro y no cesan de ofrecerse para que conozcamos el amor que Dios nos tiene y creamos en él (cf.1 Jn4,16).[1]

«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» es la invitación y el programa de vida que inspira y quiere moldear como un alfarero (cf. Is 29,16) el corazón del pastor, hasta que latan en él los mismos sentimientos de Cristo Jesús (cf.Flp2, 5).

Entrega agradecida de servicio al Señor y a su Pueblo, que nace por haber acogido un don totalmente gratuito: “Tú me perteneces… tú les perteneces”, susurra el Señor; “tú estás bajo la protección de mis manos, bajo la protección de mi corazón. Permanece en el hueco de mis manos y dame las tuyas”.[2]

Es la condescendencia de Dios y su cercanía, capaz de ponerse en las manos frágiles de sus discípulos para alimentar a su pueblo y decir con Él: tomen y coman, tomen y beban, esto es mi cuerpo, cuerpo que se entrega por ustedes (cf.Lc22,19). La synkatabasis total de Dios.

Entrega orante que se forja y acrisola silenciosamente entre las encrucijadas y contradicciones que el pastor debe afrontar (cf.1 P1,6-7) y la confiada invitación a apacentar el rebaño (cf.Jn 21,17).

Como el Maestro, lleva sobre sus hombros el cansancio de la intercesión y el desgaste de la unción por su pueblo, especialmente allí donde la bondad está en lucha y sus hermanos ven peligrar su dignidad (cf.Hb 5,7-9). Encuentro de intercesión donde el Señor va gestando esa mansedumbre capaz de comprender, recibir, esperar y apostar más allá de las incomprensiones que esto puede generar. Fecundidad invisible e inaferrable, que nace de saber en qué manos se ha puesto la confianza (cf.2 Tm1,12).

Confianza orante y adoradora, capaz de interpretar las acciones del pastor y ajustar su corazón y sus decisiones a los tiempos de Dios (cf.Jn21,18): «Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia».[3]

Y también entrega sostenida por la consolación del Espíritu, que lo espera siempre en la misión: en la búsqueda apasionada por comunicar la hermosura y la alegría el Evangelio (cf. Exhort. ap.Gaudete et exsultate, 57), en el testimonio fecundo de aquellos que, como María, permanecen de muchas maneras al pie de la cruz, en esa dolorosa pero recia paz que no agrede ni avasalla; y en la terca pero paciente esperanza en que el Señor cumplirá su promesa, como lo había prometido a nuestros padres y a su descendencia por siempre (cf.Lc1,54-55).

También nosotros, aferrados a las últimas palabras del Señor y al testimonio que marcó su vida, queremos, como comunidad eclesial, seguir sus huellas y confiar a nuestro hermano en las manos del Padre: que estas manos de misericordia encuentren su lámpara encendida con el aceite del Evangelio, que él esparció y testimonió durante su vida (cf.Mt25,6-7).

San Gregorio Magno, al finalizar la Regla pastoral, invitaba y exhortaba a un amigo a ofrecerle esta compañía espiritual: «En medio de las tempestades de mi vida, me alienta la confianza de que tú me mantendrás a flote en la tabla de tus oraciones, y que, si el peso de mis faltas me abaja y humilla, tú me prestarás el auxilio de tus méritos para levantarme».

Es la conciencia del Pastor que no puede llevar solo lo que, en realidad, nunca podría soportar solo y, por eso, es capaz de abandonarse a la oración y al cuidado del pueblo que le fue confiado.[4]

Es el Pueblo fiel de Dios que, reunido, acompaña y confía la vida de quien fuera su pastor. Como las mujeres del Evangelio en el sepulcro, estamos aquí con el perfume de la gratitud y el ungüento de la esperanza para demostrarle, una vez más, ese amor que no se pierde; queremos hacerlo con la misma unción, sabiduría, delicadeza y entrega que él supo esparcir a lo largo de los años. Queremos decir juntos: “Padre, en tus manos encomendamos su espíritu”.

Benedicto, fiel amigo del Esposo, que tu gozo sea perfecto al oír definitivamente y para siempre Su Voz.

[1] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Deus caritas est, 1.
[2] Cf. Íd., Homilía en la Misa Crismal, 13 de abril de 2006.
[3] Íd., Homilía en la Misa de inicio del pontificado, 24 de abril de 2005.
[4] Cf. ibíd.

domingo, 6 de junio de 2021

«Dios ya no atrae porque ya no somos conscientes de nuestra sed profunda», dice el Papa en el Corpus 06062021

 

«Dios ya no atrae porque ya no somos conscientes de nuestra sed profunda», dice el Papa en el Corpus

El Papa, ante el Santísimo.
Tras la misa del Corpus Christi tuvo lugar en la basílica de San Pedro una Adoración al Santísimo.

ReL

A las cinco y medio de la tarde comenzó la misa por la Solemnidad del Corpus Christi que celebró Francisco en la basílica de San Pedro, y que a su término fue seguida por una Adoración al Santísimo.

En su homilía, Francisco se centró en tres escenas de la narración evangélica de la Última Cena que nos sirvan para comprender "en qué 'lugares' de nuestra vida Dios nos pide ser acogido".

El cántaro de agua

La primera es la del hombre que lleva un cántaro de agua (Mc 14, 13), que debe servir a los discípulos para encontrar el lugar del Cenáculo. "El cántaro de agua es un signo que nos hace pensar en la humanidad sedienta, siempre en búsqueda de una fuente de agua que la sacie y la regenere", para la que no valen "las cosas mundanas", porque "es una sed más profunda que solo Dios puede satisfacer".

Pero "el drama de hoy es que la sed de Dios se ha apagado", dijo el Papa: "Se han apagado las preguntas sobre Dios, se ha esfumado el deseo de Él, cada vez son menos quienes buscan a Dios. Dios ya no atrae porque ya no somos conscientes de nuestra sed profunda... Es la sed de Dios la que nos lleva al altar".

La habitación grande

La segunda imagen es "la habitación grande en el piso de arriba" (Mc 14, 15) donde tendrá lugar la cena pascual. Es una "habitación grande" para un "pequeño trozo de Pan": "Dios se hace pequeño como un pedazo de pan y justo por eso es necesario un corazón grande para poderlo reconocer, adorar, acoger. La presencia de Dios es tan humilde, escondida, a veces invisible, que necesita un corazón preparado, despierto y acogedor para reconocerla".

Por eso "hay que agrandar el corazón", es decir, "salir de la pequeña habitación de nuestro yo y entrar en el gran espacio del asombro y de la adoración". "Si faltan el asombro y la adoración", insistió el Papa, "no hay camino que conduzca al Señor".

Asistentes a la misa del Corpus en la basílica de San Pedro.

"También la Iglesia", concluyó sobre este punto, "debe ser una habitación grande, no un círculo pequeño y cerrado, sino una comunidad con los brazos abiertos, acogedora para todos",  un lugar donde recibir "a quien está herido, a quien se ha descarriado" y "conducirlo a la alegría del encuentro con Cristo".

Compartir el Pan

Por último, la tercera escena es la propia partición del Pan, "gesto eucarístico por excelencia, gesto de identidad de nuestra fe", al que ya había hecho referencia el Papa en el Angelus de la mañana. Antes se ofrecían corderos a Dios, ahora "es Jesús quien se hace Cordero y se inmola para darnos la vida. En la Eucaristía contemplamos y adoramos al Dios del amor".

Para participar en la Eucaristía, también los cristianos están llamados a vivir ese amor: "No puedes compartir el pan del domingo si tu corazón está cerrado a los hermanos. No puedes comer de este Pan si no das pan al hambriento. No puedes compartir este Pan si no compartes los sufrimientos y las necesidades de quien siente necesidad".

Llevar a Jesús a los demás

Francisco concluyó la homilía evocando la procesión del Santísimo Sacramento propia de la festividad del Corpus Christi, que "nos recuerda que estamos llamados a salir llevando a Jesús con entusiasmo a aquellos a quienes encontramos en nuestra vida cotidiana".

"Convirtámonos en una Iglesia con el cántaro en la mano, que despierta la sed y ofrece el agua", concluyó el Papa: "Abramos el corazón en el amor, para ser habitación grande y espaciosa donde todos puedan entrar a encontrar al Señor, compartamos nuestra vida en la compasión y en la solidaridad, para que el mundo vea a través de nosotros la grandeza del amor de Dios. Y entonces el Señor vendrá, y volverá a sorprendernos, y volverá a ser alimento para la vida del mundo y nos saciará para siempre, hasta el día en el que, en el banquete del Cielo, contemplemos su rostro y gocemos sin fin".

martes, 1 de enero de 2019

Papa Francisco: Retrospectiva sobre las homilías del Papa en 2018 (31122018)

Misa del Papa en Santa Marta 24 abril 2018 © Vatican News
Misa Del Papa En Santa Marta 24 Abril 2018 © Vatican News

Papa Francisco: Retrospectiva sobre las homilías del Papa en 2018

Palabras que tocan los corazones
(ZENIT – 31 dic. 2018).- En el último día del año, el 31 de diciembre, las noticias del Vaticano ofrecen una retrospectiva de las homilías del Papa Francisco durante sus misas matutinas en la capilla de Santa Marta en 2018: homilías “breves, animadas, siempre improvisadas”, de amplia circulación en el mundo.
Este año el Santo Padre ha pronunciado 89 homilías, apunta la misma fuente: “El Papa Francisco sabe cómo decir palabras que tocan los corazones, con un lenguaje vivo y colorido, a veces mordaz para alentar la madurez en la vida cristiana”.
Las homilías de Santa Marta contienen “tres elementos: una idea, un sentimiento y una imagen, en el contexto de una predicación positiva que siempre da esperanza”, incluso cuando el tono es “más difícil… para sacudir” .
En 2018 –recuerda Vatican News– el Papa hizo “varias referencias a situaciones de acontecimientos actuales, del mundo y de la Iglesia”, pero el mensaje recurrente es escatológico, la expectativa del encuentro con Jesús, el examen final de lo que Francisco llama el “protocolo” de Mateo 25: “¡Porque tuve hambre, y me diste de comer; Tuve sed, y me disteis algo de beber; fui forastero, y me recibisteis; estuve desnudo, y me vestisteis; estuve enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y viniste a mí!”.
“En el atardecer de nuestra vida, seremos juzgados por el amor concreto que hemos experimentado en la tierra. Hoy, ya conocemos las preguntas de esta crítica crucial”.
Con una traducción de Hélène Ginabat

lunes, 15 de octubre de 2018

12 frases del Papa Francisco sobre la Virgen María que te llenarán de esperanza

12 frases del Papa Francisco sobre la Virgen María que te llenarán de esperanza
papa francisco con estatua de la virgen de fatima virgen maria

Papa Francisco: Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús nos la dio como Madre

 
El Papa Francisco, en cada una de sus homilías acerca de nuestra siempre Madre virginal, nos asegura que María mira a todos y a cada uno de nosotros, como madre y con una gran ternura, misericordia y con amor, y siempre nos anima a sentir su mirada amable.
En una oportunidad, nos indicó que "está huérfano el cristiano que no tiene a María como madre". Y es que el Santo Padre ya casi no termina ninguno de sus discursos sin invocar el poderoso auxilio de nuestra Señora y Reina de todos los cristianos
Y es que ella es modelo toda vocación, no tuvo miedo a decir su «fiat» a la llamada del Señor, al encuentro divino de Dios con la humanidad. Y es que Ella nos acompaña y nos guía, nos enseña el significado de vivir en el Espíritu Santo y a saber acoger la novedad de Dios en nuestra vida.
A continuación, unas frases de enseñanzas que nos brinda el Papa Francisco acerca de María:
  1. Un cristiano sin la Virgen está huérfano. También un cristiano sin Iglesia es un huérfano. Un cristiano necesita de estas dos mujeres, dos mujeres madres, dos mujeres vírgenes: La Iglesia y la Madre de Dios
  2. La Virgen hace precisamente esto con nosotros, nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y a no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino a vivir con responsabilidad, a tender cada vez más hacia lo alto.
  3. Es una mamá ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien, por ello los educa a no ceder a la pereza (que también se deriva de un cierto bienestar) a no conformarse con una vida cómoda que se contenta sólo con tener algunas cosas.
  4. María nos da la salud, es nuestra salud.
  5. Es la mamá cuida a los hijos para que crezcan más y más, crezcan fuertes, capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales.
  6. María es madre y una madre se preocupa sobre todo por la salud de sus hijos…. La Virgen custodia nuestra salud. ¿Qué quiere decir esto? Pienso sobre todo en tres aspectos: nos ayuda a crecer, a afrontar la vida, a ser libres
  7. La Virgen María, por tanto educa a sus hijos en el realismo y en la fortaleza ante los obstáculos, que son inherentes a la vida misma y que ella misma padeció al participar de los sufrimientos de su Hijo
  8. Es una madre que lleva al hijo no siempre sobre el camino "seguro", porque de esta manera no puede crecer. Pero tampoco solamente sobre el riesgo, porque es peligroso. Una madre sabe equilibrar estas cosas. Una vida sin retos no existe y un chico o una chica que no sepa afrontarlos poniéndose en juego ¡no tiene columna vertebral!
  9. María lucha con nosotros, sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal.
  10. María es la madre que con paciencia y ternura nos lleva a Dios, para que desate los nudos de nuestra alma.
  11. María es la buena mamá, una buena mamá no sólo acompaña a los niños en el crecimiento, sin evitar los problemas, los desafíos de la vida, una buena mamá ayuda también a tomar las decisiones definitivas con libertad.
  12. Toda la existencia de María es un himno a la vida, un himno de amor a la vida: ha generado a Jesús en la carne y ha acompañado el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y en el Cenáculo.

Oración a la Virgen María:

María, haznos sentir tu mirada de madre, guíanos a tu Hijo, haz que no seamos cristianos de escaparate, sino de los que saben mancharse las manos para construir con tu Hijo Jesús su Reino de amor, de alegría y de paz.
Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor.
Amén.

Consejo del Papa Francisco sobre María

Queridos hermanos: María, la Salus Populi Romani, es la mamá que nos dona la salud en el crecimiento, para afrontar y superar los problemas, en hacernos libres para las opciones definitivas; la mamá que nos enseña a ser fecundos, a estar abiertos a la vida y a ser cada vez más fecundos en el bien, en la alegría, en la esperanza, a no perder jamás la esperanza, a donar vida a los demás, vida física y espiritual.
Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a Maríadesde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo:
"He ahí a tu madre" (Jn 19,27)
 
 

viernes, 12 de octubre de 2018

Papa Francisco: Tendremos un tiempo de oscuridad. Prepara tu corazón y reza

Papa Francisco: Tendremos un tiempo de oscuridad. Prepara tu corazón y reza

papa francisco reza ojos cerrados profundo

El Papa Francisco recordó a quienes viven grandes tragedias, como los cristianos en oriente echados de sus casas a causa de su fe.

 
En una de sus homilías, el Papa Francisco nos ha dejado un mensaje muy profundo, el cual es y siempre ha sido tema de actualidad desde el principio del mundo: las pruebas que atravesamos en la vida.
¿Cómo afrontamos nosotros las pruebas del mundo? ¿Estamos preparados para cuando lleguen la adversidad y las complicaciones?. El Santo Padre ha centrado esta reflexión en el libro de Job, y al respecto ha dicho:
"También el lamento, en los momentos oscuros, se convierte en oración, pero estemos atentos a los “lamentos teatrales”.
El Papa Francisco recordó a quienes viven “grandes tragedias”, como los cristianos echados de sus casas a causa de su fe.
Job maldice el día en que ha nacido, su oración se presenta como una maldición."
A continuación te invito a meditar las palabras del Papa Francisco:

Las pruebas de la vida

Job fue puesto a prueba. Perdió toda su familia; perdió todos sus bienes; perdió la salud y todo su cuerpo se convirtió en una llaga, una llaga asquerosa.
En aquel momento perdió la paciencia y dijo esas cosas feas. Pero él estaba acostumbrado a hablar con la verdad y esa es la verdad que él siente en aquel momento.
También Jeremías usa casi las mismas palabras: "¡Maldito el día en que nací!". ¿Pero este hombre blasfema? Es la pregunta que hago. Este hombre que está solo, así, en ese momento, ¿blasfema?”.

¿Acaso Jesús blasfemó?

Jesús, cuando se lamenta: "Padre, ¡por qué me has abandonado!" ¿blasfema? El misterio es éste.
Tantas veces yo he escuchado a personas que están viviendo situaciones difíciles, dolorosas, que han perdido tanto o se sienten solas y abandonadas y vienen a lamentarse y hacen estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué? Se rebelan contra Dios. Y yo digo: "Sigue rezando así, porque también ésta es una oración". Era una oración cuando Jesús dijo a su Padre: "¡Por qué me has abandonado!"

Es una oración la que hace Job aquí. Porque rezar es llegar a ser verdad ante Dios. Y Job no podía rezar de otro modo. Se reza con la realidad la verdadera oración viene del corazón, del momento que uno vive. Es la oración de los momentos de oscuridad, de los momentos de la vida donde no hay esperanza, donde no se ve el horizonte.

Hoy en día, mucha gente vive la situación de Job

Y tanta gente, tanta hoy, está en la situación de Job. Tanta gente buena, como Job, no entiende lo que le ha sucedido, porqué es así. Tantos hermanos y hermanas que no tienen esperanza.
Pensemos en las tragedias, en las grandes tragedias, por ejemplo estos hermanos nuestros que por ser cristianos son echados de sus casas y pierden todo: "Pero, Señor, yo he creído en ti. ¿Por qué? ¿Creer en Ti es una maldición, Señor?".
Pensemos en los ancianos dejados de lado, pensemos en los enfermos, en tanta gente sola, en los hospitales.
Para toda esta gente, y también para nosotros cuando vamos por el camino de la oscuridad, la Iglesia reza. ¡La Iglesia reza! Y toma sobre sí este dolor y reza.
Y nosotros, sin enfermedades, sin hambre, sin necesidades importantes, cuando tenemos un poco de oscuridad en el alma, nos creemos mártires y dejamos de rezar.
Y hay quien dice: "¡Estoy enojado con Dios, no voy más a Misa!". Pero, ¿por qué? La respuesta, dijo, es por una cosa pequeñita.

Ejemplo de santidad

Santa Teresita del Niño Jesús, en los últimos meses de su vida, trataba de pensar en el cielo, y sentía dentro de sí como si una voz le dijera: "Pero no seas tonta, no te crees fantasías. ¿Sabes qué cosa te espera? ¡Nada!".
Tantas veces pasamos por esta situación, vivimos esta situación. Y tanta gente que cree que terminará en la nada. Y ella, Santa Teresa, rezaba y pedía fuerza para ir adelante, en la oscuridad. Esto se llama entrar en paciencia.
Nuestra vida es demasiado fácil, nuestros lamentos son lamentos teatrales.
Ante éstos, ante estos lamentos de tanta gente, de tantos hermanos y hermanas que están en la oscuridad, que prácticamente han perdido la memoria, la esperanza, que viven ese exilio de sí mismos, son exiliados, también de sí mismos, ¡nada! Y Jesús ha hecho este camino: de la noche al Monte de los Olivos hasta la última palabra de la Cruz: "Padre, ¡por qué me has abandonado!"

Preparar el corazón para la prueba y rezar

  1. Primero: prepararse, para cuando vendrá la oscuridad, que quizá no sea tan dura como la de Job, si bien, dijo tendremos un tiempo de oscuridad. Preparar el corazón para aquel momento.
  2. Segundo: Rezar, como reza la Iglesia, con la Iglesia por tantos hermanos y hermanas que padecen el exilio de sí mismos, en la oscuridad y en el sufrimiento, sin esperanza a la mano. Es la oración de la Iglesia, por estos tantos "Jesús" que sufren, que están por doquier.
 
Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 30 de Septiembre de 2014 | Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net, con información de Radio Vaticana

martes, 7 de junio de 2016

Homilía del Papa: Que el cristiano sea luz para todos 07062016

Homilía del Papa: Que el cristiano sea luz para todos

El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta - OSS_ROM
07/06/2016 12:34
 
(RV).- La batería del cristiano para iluminar es la oración. Es cuanto afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa de la mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice puso en guardia a los cristianos para que no se conviertan en sal insípido, y añadió que es necesario vencer la tentación de la “espiritualidad del espejo” según la cual uno se empeña más en iluminarse a sí mismo que en llevar la luz de la fe a los demás.
Luz y sal
Al comentar el Evangelio del día el Santo Padre recordó que Jesús siempre habla con “con palabras fáciles, con comparaciones fáciles, para que todos puedan comprender el mensaje”. De ahí la definición del cristiano, que debe ser luz y sal. Pero ninguna de las dos cosas – observó Francisco – es para sí misma: “La luz es para iluminar al otro, y la sal para dar sabor y conservar al otro”.
La batería del cristiano para iluminar es la oración
¿Pero cómo puede el cristiano entonces hacer que la sal y la luz no se desvirtúen – se preguntó el Pontífice – es decir, hacer que no se termine el aceite para encender las lámparas?
“¿Cuál es la batería del cristiano para hacer la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer tantas cosas, tantas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer tantas cosas grandes por la Iglesia – una universidad católica, un colegio, un hospital… – hasta te harán un monumento como benefactor de la Iglesia, pero si no rezas, aquello será un poco oscuro o sombrío. Cuantas obras se vuelven oscuras por falta de luz, por falta de oración. Lo que mantiene, lo que da vida a la luz cristiana, lo que ilumina, es la oración”.
La oración “verdadera” – dijo el Papa –, “la oración de adoración al Padre, de alabanza a la Trinidad, la oración de agradecimiento y también la oración que pide cosas al Señor, pero la oración del corazón”.
El cristiano sazona la vida de los demás con el Evangelio
Se trata del “aceite” – dijo Francisco – de la “batería que da vida a la luz”. Y agregó que la sal no da sabor a sí misma:
“La sal se vuelve sal cuando se da. Y ésta es otra actitud del cristiano: darse; sazonar la vida de los demás, sazonar tantas cosas con el mensaje del Evangelio. Darse. No conservarse a sí mismo. La sal no es para el cristiano, es para darla. El cristiano la tiene para darla, es sal para darse, pero no es para sí mismo. Ambas –  es curioso esto –, luz y sal, son para los demás, no para sí mismas. La luz no se ilumina a sí misma; la sal no se sazona a sí misma”.
Ciertamente – observó el Obispo de Roma – cabe preguntarse hasta cuándo podrían durar la sal y la luz si seguimos dándolas sin cesar. La respuesta de Francisco fue que “aquí entra la fuerza de Dios, porque el cristiano es sal donada por Dios en el Bautismo”, es “una cosa que te es dada como un don, y sigue siéndote dada como don si tú sigues dándola, iluminando y dando. Y jamás termina”.
Atentos a la tentación de la “espiritualidad del espejo”
Según la Primera Lectura esto es precisamente lo que sucede a la viuda de Sarepta que confía en el profeta Elías y así su harina y el aceite jamás se agotan. De ahí que el Papa haya dirigido un pensamiento a la vida presente del cristiano:
“Ilumina con tu luz, pero defiéndete de la tentación de iluminarte a ti mismo. Ésta es una cosa fea, es un poco la espiritualidad del espejo: me ilumino a mí mismo. Defiéndete de la tentación de curarte a ti mismo. Se luz para iluminar, se sal para sazonar y conservar”.
La sal y la luz – reafirmó el Santo Padre al concluir su homilía – “no son para sí mismas”, son para darlas a los demás “en obras buenas”. Para que así – exhortó – “resplandezca su luz ante los hombres. ¿Para qué? Para que vean sus obras buenas y den gloria a su Padre que está en los cielos. Es decir, volver a Aquel que te ha dado la luz y te ha dado la sal”. “Que el Señor nos ayude en esto  – dijo el Papa  – a estar atentos siempre a la luz, a no esconderla, sino a ponerla en lo alto”. Y a la sal, “a dar lo justo, aquello que es necesario, pero darla”, porque así aumenta. “Son estas las buenas obras del cristiano”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

    lunes, 6 de junio de 2016

    Papa: las Bienaventuranzas son el navegador de la vida cristiana 06062016

    Papa: las Bienaventuranzas son el navegador de la vida cristiana


    El Santo Padre Francisco celebra la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta - OSS_ROM
    06/06/2016 13:40

     
    (RV).- Seguir y vivir las Bienaventuranzas, que, como “navegadores” indican a los cristianos el justo itinerario de la vida. Fue la invitación que el Papa Francisco dirigió durante la homilía de la Misa de la mañana celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
    El Obispo de Roma invitó, al contrario, a no resbalar a lo largo de los tres escalones de la “anti-ley” cristiana, es decir, “la idolatría de las riquezas, de la vanidad y del egoísmo”.
    Para no perderse a lo largo del camino de la fe, los cristianos tienen un preciso indicador de dirección, a saber: las Bienaventuranzas. E ignorar las rutas que propone puede querer decir resbalar por los “tres escalones” de los ídolos del egoísmo, la idolatría del dinero, la vanidad, y la saciedad de un corazón que ríe de satisfacción propia ignorando a los demás.
    “Los navegadores de la vida cristiana”
    El Papa reflexionó inspirándose en el Evangelio de Mateo, que muestra a Jesús cuando enseña a la muchedumbre el célebre Sermón de la montaña.Francisco  reafirmó que el Señor “enseñaba la nueva ley, que no borra la antigua, sino que la perfecciona, llevándola a su plenitud”:
    “Esta es la nueva ley, ésta que nosotros llamamos “las Bienaventuranzas”. Es la nueva ley del Señor para nosotros. Son la guía de ruta, el itinerario, son los navegadores de la vida cristiana. Precisamente aquí vemos, en este camino, según las indicaciones de este navegador, que podemos ir adelante en nuestra vida cristiana”.
    Los tres escalones de la perdición
    El Pontífice prosiguió aludiendo al texto de Mateo con las consideraciones que el Evangelista Lucas hace al final del análogo relato de las Bienaventuranzas, es decir, el elenco de los “cuatro problemas”: ay de los ricos, ay de los que se sienten sacios, ay de aquellos que ríen, ay de aquellos de los cuales todos hablan bien.
    El Obispo de Roma destacó de modo especial que “muchas veces” dijo que “las riquezas son buenas”, mientras “lo que hace mal” es “el apego a las riquezas”, que se convierte así en “idolatría”.
    Y glosó el texto diciendo:
    “Esta es la anti-ley, es el navegador equivocado. Es curioso: estos son los tres escalones que llevan a la perdición, así como estas Bienaventuranzas son los escalones que llevan adelante en la vida. Y estos tres escalones que llevan a la perdición son el apego a las riquezas, porque no tengo necesidad de nada. La vanidad, que todos hablen bien de mí: todos hablan bien, me siento importante, demasiado incienso… y yo creo que soy justo – no como aquel, como aquel otro… Pensemos en la parábola del fariseo y el publicano: ‘Te doy gracias porque no soy como éste…’. ‘Pero gracias, Señor, que soy tan buen católico, no como el vecino, la vecina…’. Todos los días sucede esto… Segundo, la vanidad y, tercero, el orgullo que es la saciedad, las carcajadas que cierran el corazón”.
    ¿La clave? La mansedumbre
    De entre todas las Bienaventuranzas, Francisco destacó una que – afirmó textualmente – “no digo que sea la clave” de todas, “pero nos hace pensar tanto”: “Bienaventurados los mansos”. La mansedumbre:
    “Pero, Jesús dice de sí mismo: ‘Aprendan de mí que soy manso de corazón’, que soy humilde y manso de corazón. La mansedumbre es un modo de ser que nos acerca tanto a Jesús. En cambio, la actitud contraria siempre procura enemistades, guerras… tantas cosas, tantas cosas feas que suceden. Pero la mansedumbre, la mansedumbre del corazón que no es una tontería, no: es otra cosa. Es la profundidad para comprender la grandeza de Dios, y adoración”.
    (María Fernanda Bernasconi - RV).