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lunes, 6 de abril de 2020

San Vicente Ferrer, religioso presbítero (5 de abril)


San Vicente Ferrer, religioso presbítero

fecha: 5 de abril
n.: c. 1350 - †: 1419 - país: Francia
canonización: 
C: Calixto III 3 jun 1455
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: San Vicente Ferrer, presbítero de la Orden de Predicadores, de origen español, que recorrió incansablemente ciudades y caminos de Occidente en favor de la paz y la unidad de la Iglesia, predicando a pueblos innumerables el Evangelio de la penitencia y la venida del Señor, hasta que en Vannes, lugar de Bretaña Menor, entregó su espíritu a Dios.
Patronazgos: patrono de Valencia (España) y Vannes (Francia), de los fabricantes de ladrillos, los trabajadores de la madera, constructores, techadores y fontaneros, protector contra los dolores de cabeza, la epilepsia, fiebre, y amenazas de todo tipo, para pedir un buen matrimonio, fecundidad, y una santa muerte.
Tradiciones, refranes, devociones: En Valencia no se celebra el día 5 de abril sino el lunes siguiente al II Domingo de Pascua, y los festejos comienzan dos días antes. En particular es muy lindo el domingo, en el que grupos de chicos representan, en la calle, los "miracles" del santo, autos teatrales que se recitan en valenciano.
En la imaginería el santo es representado siempre con el dedo amenazador, anunciando el Juicio de Dios; sin embargo en Paterna, una ciudad casi a la salida de Valencia, se encuentra una de las pocas -la gente del lugar dice que la única- representaciones del santo donde no está con actitud amenazadora, sino postrado ante la cruz y de brazos abiertos: la razón es que el Cristo de ese pueblo (el Santísimo Cristo de la Fe, el "Morenet") es al que el santo iba a rezarle cuando podía "escaparse" de la vorágine de la predicación.
Oración: ¡Amantísimo Padre y Protector mío, San Vicente Ferrer! Alcánzame una fe viva y sincera para valorar debidamente las cosas divinas, rectitud y pureza de costumbres como la que tú predicabas, y caridad ardiente para amar a Dios y al prójimo. Tú, que nunca dejaste sin consuelo a los que confían en ti, no me olvides en mis tribulaciones. Dame la salud del alma y la salud del cuerpo. Remedia todos mis males. Y dame la perseverancia en el bien para que pueda acompañarte en la gloria por toda la eternidad. Amén.

Dios todopoderoso, tú que elegiste a san Vicente Ferrer ministro de la predicación evangélica, concédenos la gracia de ver glorioso en el cielo a nuestro Señor Jesucristo, cuya venida a este mundo, como juez, anunció san Vicente en su predicación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica)

San Vicente descendía de un inglés o escocés radicado en España. Nació en Valencia, probablemente en 1350. Inspirados por las profecías que se les habían hecho sobre la futura grandeza de Vicente, sus padres le inculcaron un gran amor por Cristo y la Virgen María y una gran caridad por los pobres. Para ello le constituyeron en administrador de las generosas limosnas que hacían. De sus padres aprendió también Vicente la práctica del ayuno riguroso de los miércoles y sábados, que conservó toda su vida. El santo era de inteligencia muy precoz. En 1367, tomó el hábito de Santo Domingo en el convento de Valencia y, antes de cumplir los veintiún años, fue nombrado profesor de filosofía en Lérida, que era entonces la más famosa de las universidades de Cataluña. Durante su profesorado, publicó dos tratados de gran mérito. Más tarde, sus superiores le destinaron a predicar en Barcelona, aunque no era más que diácono. La ciudad atravesaba entonces por un período de hambre; los navíos que traían el grano no habían llegado aún y el pueblo estaba desesperado. San Vicente predicó un sermón al aire libre, en el que predijo que los navíos llegarían antes de la caída de la noche. Su superior le reprendió severamente por hacer profecías, pero los navíos llegaron, como él lo había predicho y el pueblo se precipitó jubilosamente al convento para aclamar al profeta. Al ver esto, sus superiores juzgaron prudente trasladar a Vicente a Toulouse, donde permaneció un año. Después volvió a Valencia, donde sus clases y sermones tuvieron un éxito extraordinario. Sin embargo, su estancia en Valencia fue también un período de prueba: por una parte, el demonio le asaltó con violentas tentaciones; por otra, como era extraordinariamente bien parecido, varias mujeres se enamoraron de él y acabaron por calumniarle, ya que no habían conseguido hacerle caer. Todo ello curtió al santo para la dura vida que le esperaba y le preparó para la ordenación sacerdotal. Pronto se convirtió en un predicador de gran fama; su elocuencia impulsó a la penitencia y al fervor a numerosos católicos negligentes y atrajo a la fe a muchos judíos; entre éstos se contaba el rabino Pablo de Burgos, quien murió en 1435 siendo obispo de Cartagena.
Era la época del gran cisma de Occidente. Un papa reinaba en Roma y otro en Aviñón, y aun los hombres más santos de la época se hallaban divididos. El terrible escándalo había comenzado en 1378. A la muerte de Gregorio XI, dieciséis de los veintitrés cardenales habían elegido a toda prisa a un papa italiano para complacer al pueblo; pero después, declararon que habían procedido movidos por el temor y eligieron, junto con los otros siete cardenales, al cardenal Roberto de Ginebra, que era francés. Roberto tomó el nombre de Clemente VII y se estableció en Aviñón, en tanto que Urbano reinaba en Roma. San Vicente fue uno de los que reconocieron al papa Clemente y a su sucesor, Pedro de Luna o Benedicto XIII, quien convocó a los dominicos a Aviñón (en razón de las circunstancias tan especiales de su reinado, Clemente VII y Benedicto XIII no figuran en la lista de los antipapas propiamente dichos). Vicente fue acogido por Pedro de Luna con grandes muestras de honor y aun se le ofreció el gobierno de una diócesis, que él rehusó. Pero su posición era muy difícil, pues pronto cayó en la cuenta de que la obstinación de Pedro de Luna obstaculizaba todos los intentos de unificación. En vano le exhortó Vicente a tratar de llegar a un acuerdo con el papa de Roma. Aun cuando el sínodo de teólogos de París resolvió en contra de Pedro de Luna, éste permaneció inconmovible. San Vicente, que era consejero y confesor de Pedro de Luna, sufrió tanto por ello, que cayó enfermo; en cuanto se repuso, logró obtener el permiso de abandonar la corte pontificia para volver a su trabajo misional.
Su primer objetivo no era, sin embargo, huir de la corte pontificia, sino obedecer a un llamamiento de Dios, ya que, según se cuenta, Jesucristo se le había aparecido durante su enfermedad, con santo Domingo y san Francisco, le había ordenado que fuese a predicar la penitencia, como lo habían hecho los dos santos y le había devuelto instantáneamente la salud. San Vicente partió de Aviñón en 1399 y predicó a enormes multitudes en Carpentras, Arles, Aix y Marsella. Además de los habitantes de cada lugar, se contaban entre sus oyentes los hombres, mujeres y niños que le seguían de un sitio a otro. Al principio se trataba de una turba heterogénea, pero poco a poco, el santo los fue organizando: les dio una regla y los convirtió en valiosos colaboradores; los «Penitentes de Maese Vicente», como se los llamaba, se quedaban, por ejemplo, en la ciudad en que había tenido lugar la misión para consolidar el trabajo del santo. Es cosa digna de notarse que, en una época de costumbres tan relajadas, no parece que se hayan levantado sospechas contra ninguno de los miembros de aquella heterogénea compañía. Algunos sacerdotes formaban parte de ella y se encargaban de organizar los coros y de confesar a los peregrinos.
Entre 1401 y 1403, San Vicente predicó en el Delfinado, en Saboya y en los valles de los Alpes; después fue a Lucerna, Lausana, Tarentaise, Grénoble y Turín. Las multitudes se apiñaban para oírle, y en todas partes el santo obró extraordinarias conversiones y milagros. Los principales temas de su predicación eran el pecado, la muerte, el infierno, la eternidad y sobre todo, la proximidad del día del juicio. Hablaba con tal energía, que algunos de sus oyentes caían desmayados y los gemidos de la multitud le obligaban con frecuencia a hacer largas pausas. Sus enseñanzas penetraban a fondo y producían verdaderos frutos de conversión y enmienda de vida. Bonifacio, uno de los hermanos de san Vicente, era prior de la Gran Cartuja; el santo estuvo allí varias veces. Los anales de la Cartuja dicen: «Dios obró maravillas por medio de estos dos hermanos. Quienes se convertían por la predicación del uno, tomaban el hábito de manos del otro». En 1405, San Vicente estuvo en Génova; de allí se dirigió a otro puerto para embarcarse con rumbo a Flandes. Entre otras reformas, consiguió que las damas de Liguria simplificasen sus fantásticos tocados; según uno de los biógrafos de san Vicente, «este fue el mayor de sus milagros». En los Países Bajos obró tantas maravillas, que hubo de reservar una hora diaria para la curación de los enfermos. Algunos autores suponen que visitó también Inglaterra, Escocia e Irlanda, pero no existe el menor indicio de ello. Aunque el mismo san Vicente afirma que, fuera de su lengua, no había aprendido más que el latín y un poco de hebreo, debía poseer un don de lenguas absolutamente extraordinario ya que, según autores dignos de fe, sus oyentes ya fueran franceses, alemanes, italianos, etc, entendían todo lo que decía, y su voz se oía claramente a distancias enormes. No podemos seguir a san Vicente en todo su itinerario. En realidad no se trataba de un itinerario ordenado, sino que iba de un sitio a otro según las inspiraciones divinas y las peticiones que recibía. Volvió a España en 1407.
Granada estaba entonces ocupada por los moros; san Vicente predicó en dicha ciudad, y se cuenta que 8000 moros pidieron el bautismo. En Sevilla y Córdoba tuvo que predicar al aire libre, porque no había ninguna iglesia suficientemente grande para tan enorme auditorio. El santo volvió a Valencia después de quince años de ausencia; predicó, obró muchos milagros y acabó con las discordias que dividían la ciudad. Según una carta de los magistrados de Orihuela, los efectos de sus sermones fueron maravillosos: desaparecieron de la ciudad el juego, la blasfemia y el vicio; los enemigos se reconciliaron. En Salamanca convirtió san Vicente a muchos judíos; allí fue donde, en un ardiente sermón al aire libre sobre su tema favorito, san Vicente declaró que él era el ángel del juicio predicho por San Juan (Apoc 14,6). Como algunos de sus oyentes se mostrasen incrédulos, el santo hizo que le llevasen el cadáver de una mujer y le ordenó que diese testimonio de la veracidad de sus palabras; la mujer resucitó un momento, dio testimonio y volvió a cerrar los ojos definitivamente. Casi resulta superfluo advertir que san Vicente no pretendía ser de naturaleza angélica; sus palabras significaban que se consideraba como heraldo de Dios para anunciar la proximidad del fin del mundo.
San Vicente había sufrido siempre ante la falta de unidad que reinaba en la Iglesia, ya que, a partir de 1409, había nada menos que tres papas, con gran escándalo de la cristiandad. Finalmente, en 1414 se reunió el Concilio de Constanza para resolver la cuestión; el Concilio depuso a Juan XXIII y pidió a los otros dos que renunciasen para poder proceder a una nueva elección. Gregorio XII se manifestó dispuesto a ello, pero Benedicto XIII se negó rotundamente. San Vicente fue a verle a Perpignan para convencerle de que abdicase, pero todos sus esfuerzos fueron vanos. El rey Fernando de Castilla y Aragón le consultó sobre el asunto, y el santo declaró que, si Benedicto XIII impedía con su conducta la unidad vital de la Iglesia, los fieles podían legítimamente negarle la obediencia. El rey aceptó el consejo de san Vicente y por fin, Pedro de Luna fue depuesto. Gersón escribió a san Vicente: «Sólo gracias a vos se ha realizado la unión».
El santo pasó los últimos tres años de su vida en Francia. Bretaña y Normandía fueron el escenario de Ios últimos trabajos de ese «legado a latere Christi». San Vicente estaba ya tan agotado, que apenas podía moverse sin ayuda; pero su vigor y elocuencia en el púlpito eran los mismos de sus primeros años. A principios de 1419 volvió a Vannes ya moribundo, después de pronunciar una serie de sermones. Murió el Jueves de Pasión de 1419, que ese año fue 5 de abril, a los setenta años de edad. La veneración del pueblo fue inmensa desde el primer momento, y san Vicente Ferrer fue canonizado en 1455 y su cuerpo se conserva en Vannes. La humildad de san Vicente fue extraordinaria, teniendo en cuenta los honores y alabanzas que se le prodigaron en todas partes. Para él, su vida no había sido más que una cadena ininterrumpida de pecados. «Mi cuerpo y mi alma son una pura llaga; todo en mí huele a corrupción por mis pecados e injusticias». Lo mismo sucede con todos los grandes santos: cuanto más cerca están de Dios, más viles se sienten.
Según H. Finke, uno de los historiadores más competentes de la época de Vicente Ferrer, no se ha escrito, hasta ahora, ninguna biografía satisfactoria del santo, que distinga lo legendario de lo histórico. Pedro Razzano, que escribió la primera biografía treinta y seis años después de la muerte de san Vicente, dio muy mal ejemplo de credulidad, que han seguido la mayoría de los biógrafos posteriores. H. Fages publicó en 1904 las deposiciones de 1453 y 1454 para el proceso de canonización; en 1905 publicó otros documentos y en 1909 las obras de san Vicente; pero la biografía del mismo autor (1901) no está, ni con mucho, a la altura de las exigencias críticas de la actualidad. En el Campus Dominicano virtual pueden encontrarse un tratado y un sermón del santo, en castellano, con introducción y notas que refieren a ediciones actualizadas de sus obras y de estudios sobre ellas. Cuadro: Francesco del Cossa, panel dedicado al santo en el «Políptico Griffoni», 1473, National Gallery, Londres.
En la imagen devocional puede verse al santo en postura de oración, imagen propia del pueblo de Paterna, como se describe en el apartado de tradiciones populares.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1111

viernes, 14 de febrero de 2020

San Valentín de Roma, presbítero y mártir. 14 de febrero.

San Valentín, el de verdad.

Dos leyendas de dos santos
unidas en una estampa.
Pregunta: Pues vi el blog de Tus preguntas sobre los Santos y pense que ya habiais respondido a alguna de mis antiguas preguntas ... pero creo que aun no han sido respuestas... en fin te escrivia por una nueva pregunta que tengo que era sobre San Valentin ya sabeis sobre el santo del "amor" del cual casi todos celebran su dia pero del cual nadie sabe casi nada. Como esta cerca la fecha de dicho santo crei que seria interesante saber un poco mas de el. Saludos!

Respuesta: Sí que tengo abandonadas o a medio comenzar tus preguntas... me he portado mal. Será que con los amigos y los de confianza se relaja uno más. Mala cosa, porque eres lector, comentador y amigo de hace tiempo. Error, lo admito. Te prometo que termino tus consultas, te las envío y luego las publico.

Y vamos a Valentín: La verdad, para empezar bien, hay que decir que sobre este santo (o santos) se habla demasiado, porque es más lo que se desconoce que lo que se conoce de verdad. Y más aún lo que se ha inventado. Se mezcla a dos santos del mismo nombre: Valentín de Roma, presbítero; y Valentín de Terni, obispo; ambos mártires y celebrados a 14 de febrero. Las leyendas, culto y líos con los enamorados los confunden a ambos, pero son dos santos reales cuya existencia está demostrada. La imagen lateral, por ejemplo, es una clásica y conocida estampita de San Valentín, en una fusión entre estos dos Valentín. A la derecha, la niña ciega, milagro la leyenda del santo de Roma; y a la izquierda, el niño paralítico, milagro de la leyenda del santo de Terni. Vamos con el primero de ellos, y no me detendré mucho en las leyendas, que ya las pueden leer en otros sitios, y mejores que este.

San Valentín de Roma, presbítero y mártir. 14 de febrero.

Todos los martirologios hacen mención de San Valentín: el Martirologio Romano, el de Cambridge, Beda, Usuardo, Adon, Rábano Mauro, Notker y muchos más coinciden: "a las calendas del 16 de marzo (14 de febrero), en Roma, Dies Natalis del Bienaventurado San Valentín".


La leyenda, que paso por arribita, dice que fue sacerdote, en época de Claudio II. Su fama de virtuoso y sabio hizo que el mismo emperador lo llamara a su presencia, le interroga sobre la “superstición cristiana”, Valentín le responde que los dioses son “malos espíritus” y que “Cristo es el Hijo de Dios”. El emperador quedó impresionado y deseó conocer la fe cristiana, pero el Prefecto le dijo que Valentín era un mago y le embrujaba, por lo que fue llevado ante el juez Asterio. Este, para probarle, le llevó a su hija, ciega, diciéndole que si su dios era luz, debería darle la visión a la niña. Valentín oró y la niña vio. Asterio y su familia se convirtieron, pero Valentín fue apresado y decapitado. De donde se saca todo esto? Pues simplemente del texto del martirologio romano que dice: "En Roma, en la vía Flaminia, cerca del puente Milvio, San Valentín, mártir". Y punto. Un mártir romano desconocido, enterrado en las catacumbas de la Vía Flaminia, que luego tomarían su nombre. Desde mediados del siglo cuarto, en Porta Flaminia, Roma, se levantó una iglesia en su honor, lo cual deja claro que su memoria se conservaba entre los cristianos, que la celebraban ya a este día: 14 de febrero, por ser su dies natalis.

Un servidor ante el cráneo del santo
en Santa Maria in Cosmedin, Roma.
En cuanto al cuerpo y las reliquias, te digo que hay unos cuantos corposantos de nombre Valentín, extraídos de catacumbas romanas y celebrados el 14 de febrero. Por ejemplo, San Valentín en Hamme, Bélgica, fue extraído también de las catacumbas de Vía Flaminia y donado por Gregorio XV (allí afirman que es el santo del martirologio). Un cráneo se venera en el altar de San Dionisio Papa, en la basílica de Santa María in Cosmedin, Roma. 

Hay otro, cuyo cuerpo se conserva en Baga, Asturias y la cabeza de ese mismo en Toro. Otro en Annency y uno más en Socuéllamos, Albacete; extraído este último del cementerio de San Calixto. Y el segundo Domingo de Pascua, los jesuitas de Gante veneraban, o veneran, a un San Valentín extraído de las catacumbas de San Ciriaco. Un hueso se venera en Volsberg, Austria. La cabeza de otro se venera en Gemmeti, Francia. Y me dice el P. Ángel Luis Estecha gonzález lo siguiente: "En la iglesia de san Antón, de Madrid, (PP. Escolapios), en la calle Hortaleza, tienen una urna con los huesos de un San Valentín, que debe ser un "corposanto"; no obstante, al nombrarse tanto en los últimos tiempos al Patrón de los enamorados, tengo entendido que muestran dicha urna el 14 de febrero (dando por supuesto que es el mismo santo); creo que es una costumbre más o menos reciente y que antes no habían caido en la cuenta de que custodiaban estas reliquias, que el resto del año están guardadas en la sacristía, según creo". Podéis ver una imagen de ese cuerpo en este link.

Además, el martirologio pseudo-jeroniminiano, menciona aparte de nuestro San Valentín, a otro más, también a 14 de febrero: “en África, San Valentín y 24 soldados, mártires”, de los que nada se sabe.

San Valentín es patrón de los apicultores (la abeja y la flor fueron símbolos de fertilidad en la antigüedad, hasta hoy día). Y, por error, es patrón de la epilepsia y la parálisis, pero eso es porque, como dije al principio, suele confundírsele con San Valentín de Terni (Interamna o Teramo) y el cual ¡cosas de los santos! sí que tiene que ver con amores y matrimonios. Y vamos a él:

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Talla en Tauber, Holanda
San Valentín de Terni (Interamna o Teramo), obispo y mártir. 14 de febrero.
El primer testimonio de su martirio data del siglo V, que lo señala el 14 de febrero de 273, bajo el emperador Aureliano. Y punto. Una crónica apócrifa, añadió en el siglo VI, que había sido consagrado obispo en 197, por San Feliciano de Foligno (24 de enero) y que fue el primer obispo de la ciudad. Destacó por la santidad de su vida, su predicación y el don de milagros, entre ellos el que le dio patronato sobre los lisiados: el hijo del erudito Cratón, que llevaba años paralítico. Esta curación trajo la conversión de toda la familia y de los discípulos de Cratón que se unieron a Valentín en la predicación. En el siglo VIII, instituida ya su memoria, otro documento da razones (legendarias, por supuesto) de las torturas y final martirio por decapitación, así como que el cuerpo fue llevado a Terni y enterrado por los discípulos (diáconos?Santos Próculo, Efebo y Apolonio, también celebrados a 14 de febrero, 
que fueron apresados y martirizados mientras velaban junto a la tumba de Valentín. Probablemente solo se trate de darles relevancia a algunos mártires locales, a costa de relacionarlos con un mártir con cierta fama, como Valentín. De hecho San Cratón (15 de febrero) sería mártir, así como Santa Ágape de Terni (15 de febrero) y un grupo de compañeras, que serían religiosas en un convento fundado por el mismo Valentín.

La devoción a San Valentín en Terni consta perfectamente documentada desde el siglo IV, porque hay testimonios de una basílica construida en su honor sobre la tumba, según la costumbre de la Iglesia siempre que se podía hacer. La basílica fue arrasada por los godos en el siglo VI, pero la devoción continuó y la iglesia fue recostruida en el siglo VII, en que la ocuparon los monjes de San Benito. Por avatares históricos entre los papas y el poder temporal la basílica fue motivo de disputas, peleas, sitio de paz y de guerra, de debates y concilios, todo al mismo tiempo. En el siglo XIII la dejaron los monjes y poco tiempo después fue abandonada y destruida, hasta 1600, año en que se comenzaron las excavaciones para la reconstrucción. En 1605 se halló un ataúd de plomo dentro de un sarcófago de mármol y se tomó como el cuerpo del santo, la Iglesia lo admitió y se construyó una nueva basílica que ocuparon los carmelitas, donde descansan los huesos dentro de una escultura yacente bajo el altar.

¿Y los enamorados?
A estas alturas, ya tenemos dos Valentín fundidos en uno, con leyendas sobre enamorados que se atribuyen a uno, a otro o a los dos. Una de las tantas leyendas que se inventaron sobre el santo, decía que Valentín (este o el de Roma), amante de las flores, siempre daba una a los cristianos a los que unía en matrimonio para recordarles que la belleza corporal se marchitaba, pero que el aroma de las virtudes podía perdurar más allá de aquella. 

Sepulcro en Terni
El origen de relacionarlos con los noviazgos está al norte de Europa, donde se creía que el 14 de febrero las aves se juntaban por primera vez. Se hacían sorteos entre los jóvenes y los “enamoraban”. Con el cristianismo, y muy entrada la Edad Media se les comenzó a llamar Valentín y Valentina. Aunque en Roma se celebrasen las lupercalias, fiestas de fertilidad y purificación de los campos, estas eran el 15 de febrero, y la memoria del santo el 14, por su martirio, certeramente anotada en este día, mucho antes de la eliminación de estas fiestas. Aunque el papa San Gelasio I (21 de noviembre) prohibió dichas celebraciones paganas en el 494, no es del todo cierto que las sincretizara con la fiesta de San Valentín, poniéndole como patrón de los enamorados. Primero, porque la idea de los santos patronos es muy posterior al siglo V. Segundo, porque la fama universal de Valentín llegaría más tarde y en la época de Gelasio ambos santos serían conocidos por separado en Terni, Roma, y poco más. Tercero, porque las celebraciones típicamente de "enamorados" se extienden desde las zonas del norte de Europa, hacia el sur, y no desde Roma; de hecho la leyenda de la flor se recoge en "vitaes" medievales y del norte de Alemania, Bélgica u Holanda, no en las leyendas nacidas en el entorno del santo de Terni que se originan antes, entre los siglos VI y VIII.  

Si este día se hubiera celebrado San Plátano, pues San Plátano sería el patrón de los enamorados.


A 14 de febrero además se celebra a
San Abraham de Haran, ermitaño y obispo.

San Valentín de Terni, obispo y mártir. (14 de febrero)

San Valentín de Terni, obispo y mártir.

Sepulcro de San Valentín de Terni.
Sepulcro de San Valentín de Terni.

El segundo Valentín del día.

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San Valentín de Terni (Interamna o Teramo), obispo y mártir. 14 de febrero.

El primer testimonio de su martirio data del siglo V, que lo señala a 14 de febrero de 273, bajo el emperador Aureliano. Y punto. Una crónica apócrifa añadió en el siglo VI, que había sido consagrado obispo en 197, por San Feliciano de Foligno (24 de enero) y que fue el primer obispo de la ciudad. Destacó por la santidad de su vida, su predicación y el don de milagros, entre ellos el que le dio patronato sobre los lisiados: el hijo del erudito Cratón, que llevaba años paralítico. Esta curación trajo la conversión de toda la familia y de los discípulos de Cratón que se unieron a Valentín en la predicación. En el siglo VIII, instituida ya su memoria, otro documento da razones (legendarias, por supuesto) de las torturas y final martirio por decapitación, así como que el cuerpo fue llevado a Terni y enterrado por los discípulos (diáconos?) Santos PróculoEfebo y Apolonio, también celebrados a 14 de febrero, que fueron apresados y martirizados mientras velaban junto a la tumba de Valentín. Probablemente solo se trate de darles relevancia a algunos mártires locales, a costa de relacionarlos con un mártir con cierta fama, como Valentín. De hecho San Cratón (15 de febrero) sería mártir, así como Santa Ágape de Terni (15 de febrero) y un grupo de compañeras, que serían religiosas en un convento fundado por el mismo Valentín.

La devoción a San Valentín en Terni consta perfectamente documentada desde el siglo IV, porque hay testimonios de una basílica construida en su honor sobre la tumba, según la costumbre de la Iglesia siempre que se podía hacer. La basílica fue arrasada por los godos en el siglo VI, pero la devoción continuó y la iglesia fue recostruida en el siglo VII, en que la ocuparon los monjes de San Benito. Por avatares históricos entre los papas y el poder temporal la basílica fue motivo de disputas, peleas, sitio de paz y de guerra, de debates y concilios, todo al mismo tiempo. En el siglo XIII la dejaron los monjes y poco tiempo después fue abandonada y destruida, hasta 1600, año en que se comenzaron las excavaciones para la reconstrucción. En 1605 se halló un ataúd de plomo dentro de un sarcófago de mármol y se tomó como el cuerpo del santo, la Iglesia lo admitió y se construyó una nueva basílica que ocuparon los carmelitas, donde descansan los huesos dentro de una escultura yacente bajo el altar.

Los enamorados.
Cada año cuando llega el 14 de febrero, se habla de lo mismo, el patrón de “los enamorados”, el otro San Valentín, presbítero y mártir que se celebra igualmente a 14 de febrero. La ignorancia ha ido creando historietas que ni leyendas pueden llamarse sobre el porqué de este patronato. Sobre los enamorados, hay que recordar siempre que el origen de relacionarlo con esto está al norte de Europa, donde se creía que el 14 de febrero las aves se juntaban por primera vez. Se hacían sorteos entre los jóvenes y los “enamoraban”. Con el cristianismo, y muy entrada la Edad Media se les comenzó a llamar Valentín y Valentina. Hay que decir que aunque en la Roma pagana se celebrasen las lupercalias, fiestas de fertilidad y purificación de los campos, estas eran el 15 de febrero, y la memoria del santo el 14, por su martirio, certeramente anotada en este día, mucho antes de la eliminación de las lupercalias.

Aunque el papa San Gelasio I (21 de noviembre) prohibió dichas celebraciones paganas en el 494, no es del todo cierto que las sincretizara con la fiesta de San Valentín, poniéndole como patrón de los enamorados. Primero, porque la idea de los santos patronos es muy posterior al siglo V. Segundo, porque la fama universal de Valentín llegaría más tarde y en la época de Gelasio ambos santos llamados Valentín serían conocidos por separado en Terni, Roma, y poco más. Tercero, y más importante, porque las celebraciones típicamente de "enamorados" se extienden desde las zonas del norte de Europa, hacia el sur, y no desde Roma; de hecho la leyenda de la flor se recoge en "vitae" medievales y del norte de Alemania, Bélgica u Holanda, no en las leyendas nacidas en el entorno del santo, que se originan antes, entre los siglos VI y VIII.

Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.
-http://heiligen-3s.nl/heiligen_dag.php?MD=0214
-“Encyclopedia of Saints”. MATTHEW BUNSON, MARGARET BUNSON, STEPHEN BUNSON. Indiana, 2003.
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 2. Editorial Edibesa, 2001.


A 14 de febrero además se celebra a San Valentín de Roma, presbítero y mártir.

lunes, 27 de enero de 2020

San Vitaliano, papa (27 de enero)


San Vitaliano, papa

fecha: 27 de enero
†: 672 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En Roma, en la basílica de San Pedro, sepultura de san Vitaliano, papa, que trabajó incansable por la salvación del pueblo de los anglos.
refieren a este santo: San Teodoro de Canterbury

La vida de un papa, incluso su santidad personal, son difícilmente separables de la historia que los rodea, que en el caso de la época de Vitaliano implica la relación directa y muchas veces asfixiante, con el Imperio.
Constante II, emperador de Oriente ve amenazado su lugar por muchos enemigos, quizás por eso intentó volver a una relación más fluida con Roma. Vitaliano fue elegido el 30 de julio del 657, y también estaba interesado en restablecer la relaciones, poco cordiales, con Bizancio. Evitó hacer hincapié en las diferencias doctrinales, y cuando Constante se trasladó a Italia, en el 661 o 2, recibió al emperador en Roma con una pompa extraordinaria. Constante II, sin embargo, no consiguió lo que deseaba de Italia (que en definitiva pasaba por aumentar su poder), y se fue, no sin antes saquear el tesoro de Roma. Parece que fue en esta época (aunque este punto sigue discutido), cuando se reorganizó la jurisdicción de Bizancio en Italia y la Iglesia de Rávena vino a ser una Iglesia autocéfala.
La amargura de Vitaliano se vio aliviada por una buena noticia llegada de Gran Bretaña: la Iglesia en Inglaterra abandonaba los ritos irlandeses y escoceses para adoptar la liturgia romana. Bajo el reinado de este Papa, san Benito Biscop hizo su primera visita a Roma. Las diferencias entre los obispos celtas y anglosajones, sobre la fiesta de la Pascua y otros puntos, quedaron zanjadas en el Concilio de Streaneshalch (Whitby). San Vitaliano envió a Inglaterra a san Teodoro de Tarso como obispo de Canterbury, y al monje africano san Adriano, que fue abad de San Agustín. La influencia de ambos, en la preparación del clero anglosajón y en el establecimiento de relaciones más estrechas entre la corona de Inglaterra y la Santa Sede, fue muy grande.
A pesar de esta tensión, el papa tuvo un gesto de magnanimidad con ocasión del asesinato de Constante II: en vez de apoyar a los rivales, defendió la legitimidad sucesoria de Constantino IV. El nuevo emperador, alarmado por la amenaza árabe, practicó desde entonces con Roma una política de apaciguamiento. Murió el papa Vitaliano el 27 de enero del 672. Desde antiguo se le honra como santo.
Ver «Los Papas, de San Pedro a Juan Pablo II», de Jean Mathieu-Rosay, Rialp, Madrid, 1990, pp 74; la sección sobre la Iglesia en Gran Bretaña proviene del Butler.
Abel Della Costa
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martes, 12 de noviembre de 2019

Beata Vincenta María Poloni, virgen y fundadora (11 de noviembre)


Beata Vincenta María Poloni, virgen y fundadora

fecha: 11 de noviembre
n.: 1802 - †: 1855 - país: Italia
canonización: 
B: Benedicto XVI 21 sep 2008
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Verona, de la región del Véneto, beata Vincenta María (Luisa) Poloni, virgen, fundadora, junto con el beato Carlos Steeb, del Instituto de Hermanas de la Misericordia, para ayuda de los afligidos, pobres y enfermos.
refieren a este santo: Beato Carlos Steeb

Nació en Verona el 26 de enero de 1802 y falleció el 11 de noviembre de 1855. La casa donde nació Luigia Poloni se encuentra en el número 8 de la Piazza delle Erbe, donde los padres atienden un negocio de comestibles y herboristería. Su familia, sustentada por profundos principios cristianos y tocada por muchos acontecimientos dolorosos, es para Luigia el lugar más rico de estímulos y de formación. Su inteligencia práctica y concreta, su actitud reservada y amable, cualidades que la caracterizan, facilitan su disposición al servicio serio y gratuito. Desde muy joven, se entrega a los hermanos en grave necesidad y a los numerosos sobrinos, que la ven como a una madre. Tras la muerte del padre, graves problemas económicos desequilibran a la familia. Luigia entonces desarrolla y practica cualidades de «manager», en la conducción y en lo administrativo de la familia, sin descuidar la asistencia como voluntaria, en la Institución del Asilo de ancianos de la ciudad.
El sacerdote Carlos Steeb, su director espiritual, que la aprecia mucho y confía en sus cualidades, le dice: «Hija mía, el Señor la quiere Fundadora de un Instituto de Hermanas de la Misericordia, ninguna dificultad la atemorice o la detenga, para Dios nada es imposible». Luigia, segura de que su camino, ya marcado por una caridad insomne, va hacia un designio que solo Dios conoce, con sencillez y confianza filial en el Padre misericordioso, contesta: «Yo soy la más incapaz de todos pero el Señor se sirve, a veces, de los instrumentos más débiles para llevar a cabo sus designios: que se cumpla su voluntad». El 2 de noviembre de 1840, Luigia Poloni, avalada y acompañada por el padre Carlos Steeb, inicia el Instituto de Hermanas de la Misericordia. Su servicio humilde y precioso a las personas ancianas y a los huérfanos abandonados, encuentra su más alta expresión en el servicio de Madre y Maestra de numerosas jóvenes que, imitando su ejemplo, aprenden a donar en la humildad, sencillez y caridad su vida a Dios como hermanas de la Misericordia. Luigia Poloni, que al emitir los votos religiosos toma el nombre de hermana Vicenta María, muere el 11 de noviembre de 1855, dejando como último testamento de su afecto hacia sus hermanas una sola cosa: La caridad. Fue beatificada por SS Benedicto XVI el 21 de septiembre de 2008, en Verona (Italia).
El Instituto Hermanas de la Misericordia de Verona, fundado el 2 de noviembre de 1840 en Verona, Italia, por el beato Carlos Steeb y la beata Madre Vicenta María Poloni, tiene como carisma honrar a Nuestro Señor Jesucristo, sirviéndolo corporal y espiritualmente en las personas de los pobres, niños, jóvenes, ancianos, enfermos, encarcelados y abandonados, mediante sus actividades y obras en escuelas, parroquias, hospitales, asilos para ancianos, salas de primeros auxilios en barrios necesitados y cárceles.
Tomamos del blog Virgen Peregrina de Schoenstatt, la traducción al castellano de la noticia hagiográfica que se encuentra en Vatican.va
fuente: Vaticano
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jueves, 7 de noviembre de 2019

San Vicente Grossi, presbítero y fundador (7 de noviembre)


San Vicente Grossi, presbítero y fundador

fecha: 7 de noviembre
n.: 1845 - †: 1917 - país: Italia
canonización: 
B: Pablo VI 1 nov 1975 - C: Francisco 18 oct 2015
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Cremona, de Italia, san Vicente Grossi, presbítero, que, dedicado al ministerio parroquial, fundó la Congregación de Hijas del Oratorio.
Vicente Grossi, sacerdote de Cremona, fundador de las Hijas del Oratorio (1845-1917). He aquí otro apóstol de la juventud y un ejemplo claro y convincente para los sacerdotes directamente implicados en el cuidado de las almas, nuestros excelentes sacerdotes de parroquias de todo el mundo, que encuentran en él un nuevo modelo de santificación y celo pastoral. De hecho, fue párroco durante 44 años, con todos los compromisos que conlleva esa vida, desde la predicación actualizada y viva al delicado apremio por los enfermos, de lo espiritual a lo administrativo.
La dedicación que en él provenía de la profunda fe le lleva sobre todo a pensar en la niñez y la adolescencia, a la que dedicó su atención, y para los que fundó el Instituto de las Hijas del Oratorio, que se ocupa en particular del catecismo en parroquias: simple, grande, irremplazable apostolado, sin el cual no es posible poner ninguna base sólida en la vida cristiana.
Don Grossi fue así: en la solidez de sus generosas virtudes, ocultas en el silencio, purificadas por el sacrificio y la mortificación, refinadas por la obediencia, ha dejado un profundo surco en la Iglesia, que ahora lo ofrece como un modelo y al cual se dirige como intercesor.
De la homilía de SS Pablo VI en la misa de beatificación, el 1 de noviembre de 1975; puede leerse aquí la homilía completa, en italiano.
fuente: Vaticano
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viernes, 27 de septiembre de 2019

San Vicente de Paúl, presbítero y fundador (27 de septiembre)


San Vicente de Paúl, presbítero y fundador

fecha: 27 de septiembre
fecha en el calendario anterior: 19 de julio
n.: 1581 - †: 1660 - país: Francia
canonización: 
B: Benedicto XIII 21 ago 1729 - C: Clemente XII 16 jun 1737
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Memoria de san Vicente de Paúl, presbítero, que, lleno de espíritu sacerdotal, vivió entregado en París, en Francia, al servicio de los pobres, viendo el rostro del Señor en cada persona doliente. Fundó la Congregación de la Misión (Paúles), al modo de la primitiva Iglesia, para formar santamente al clero y subvenir a los necesitados, y con la cooperación de santa Luisa de Marillac fundó también la Congregación de Hijas de la Caridad.
Patronazgos: patrono de todas las organizaciones y obras de caridad, del clero, de los orfanatos y hospitales, y de los prisioneros, para pedir por la recuperación de los objetos perdidos.

Oración: Señor, Dios nuestro, que dotaste de virtudes apostólicas a tu presbítero san Vicente de Paúl, para que entregara su vida al servicio de los pobres y a la formación del clero, concédenos, te rogamos, que, impulsados por su mismo espíritu, amemos cuanto él amó y practiquemos sus enseñanzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Aun en los períodos de mayor decadencia religiosa, cuando los hombres parecen haber olvidado totalmente el Evangelio, Dios se encarga de que surjan en la cristiandad ministros fieles, capaces de reavivar la caridad en el corazón de los hombres. San Vicente de Paul fue uno de esos instrumentos de la Providencia. Sus padres poseían una pequeña granja en Pouy, aldea vecina a Dax, en la Gascuña. Allí nació Vicente, el tercero de cuatro hermanos. Ante la inteligencia y la inclinación al estudio de que Vicente daba muestras, su padre le confió a los franciscanos recoletos de Dax para que le educasen. Vicente terminó sus estudios en la Universidad de Toulouse y, en 1600, a los veinte años de edad, recibió la ordenación sacerdotal. Lo poco que sabemos sobre la juventud de Vicente no hacía prever la fama de santidad que alcanzaría en el futuro. Se dice que hizo un viaje a Marsella, qnc estuvo prisionero en Túnez y que logró escapar en forma muy novelesca. Pero estos sucesos han sido tan controvertidos y plantean tantos problemas, que lo mejor que podemos hacer es ignorarlos.
El propio san Vicente cuenta que, en aquella época, lo único que le preocupaba era hacer carrera. Logró obtener el puesto de capellán de la reina Margarita de Valois, al que estaban anexas las rentas de una pequeña abadía, según la reprobable costumbre de aquel tiempo. Vivía en París con un amigo, cuando ocurrió un suceso que iba a cambiar su vida. El amigo con quien compartía sus habitaciones, le acusó de haberle robado cuatrocientas coronas y como todos los indicios estaban en contra de Vicente, empezó a esparcir entre sus conocidos el rumor de que su compañero era un ladrón. Vicente se contentó con negar el hecho diciendo: «Dios sabe la verdad». Seis meses más tarde, cuando Vicente había soportado la difamación con increíble paciencia, el verdadero ladrón confesó su fechoría. San Vicente relató más tarde el suceso en una conferencia espiritual a sus sacerdotes (pero habló en tercera persona), para hacerles comprender que la paciencia, el silencio y la resignación son la mejor defensa de la inocencia y el medio más apto para santificarse gracias a la calumnia y la persecución.
Vicente conoció en París a un virtuoso sacerdote, Pedro de Bérulle, quien sería más tarde cardenal. Bérulle, que Ie profesaba gran estimación, consiguió que aceptase el cargo de tutor de los hijos de Felipe de Gondi, conde de Joigny. La condesa le eligió como confesor y director espiritual. En 1617, cuando la familia se hallaba en la casa de veraneo en Folleville, Vicente acudió a confesar a un campesino gravemente enfermo. Como el mismo penitente relató más tarde a la condesa y a otras personas, todas sus confesiones anteriores habían sido sacrílegas y debía su salvación a la bondad de san Vicente. La condesa quedó horrorizada al oír hablar de tales sacrilegios. La señora de Gondi era una buena mujer que, en vez de encastillarse en la ilusión de orgullo, por la que tantos amos se desentienden del cuidado de sus criados, comprendía que estaba ligada a sus servidores por los lazos de la justicia y de la caridad, que la obligaban a velar por el bien espiritual de su servidumbre. Las buenas inclinaciones de la condesa ayudaron también a san Vicente a caer en la cuenta del abandono religioso en que vivían los campesinos de Francia, de suerte que la condesa le convenció fácilmente para que predicase en la iglesia de Folleville e instruyese al pueblo sobre la confesión. Tras los primeros sermones, fue tan grande la multitud de los que acudieron a hacer su confesión general, que Vicente tuvo que pedir ayuda a los jesuitas de Amiens.
Ese mismo año de 1617, por consejo del P. Bérulle, Vicente renunció al cargo de tutor para encargarse de la parroquia de Chatillon-les-Dombes. En el desempeño de ese puesto consiguió la conversión del conde de Rougemont y otros personajes que llevaban una vida escandalosa. Pero al poco tiempo retornó a París y empezó a trabajar con los galeotes de la Conciérgerie. Fue nombrado oficialmente capellán de los galeotes (de los que estaba encargado el general Felipe de Gondi), y su primer cuidado consistió en predicar una misión en Burdeos, en 1622. Por entonces, comenzó a circular la leyenda -cuya veracidad no ha sido probada- de que Vicente sustituyó una vez a un galeote en una galera. La condesa de Joigny le ofreció una renta para que fundase una misión permanente para el pueblo, en la forma en que lo creyese conveniente, pero Vicente no hizo nada por el momento, ya que su humildad le llevaba a creerse incapaz de semejante empresa. La condesa, que sólo encontraba la paz en la dirección espiritual del santo, le arrancó la promesa de que nunca dejaría de dirigirla y de que la asistiría en la hora de la muerte. Deseosa por otra parte de hacer cuanto estaba en su mano por el bien espiritual de sus súbditos, consiguió que su esposo la ayudase a formar una asociación de misioneros que consagrasen su celo a atender a sus vasallos y, en general, a los campesinos. El conde habló del proyecto a su hermano, el arzobispo de París, quien puso a su disposición el edificio del antiguo colegio «Bons Enfants» para alojar a la comunidad. Los misioneros estaban obligados a renunciar a las dignidades eclesiásticas, a trabajar en las aldeas y pueblecitos de menor importancia y a vivir de un fondo común. San Vicente tomó posesión de la casa en abril de 1625. Como lo había prometido, el santo asistió a la condesa en su última hora, pues Dios la llamó a Sí dos meses después. En 1633, el superior de los Canónigos Regulares de San Víctor, regaló a los misioneros el convento de San Lázaro, que se convirtió en la sede principal de la congregación. Por ello se llama a los padres de la misión, unas veces lazaristas y otras vicentinos. Se trata de una congregación de sacerdotes diocesanos que hacen cuatro votos simples de pobreza, castidad, obediencia y perseverancia. Se ocupan principalmente de las misiones entre los campesinos y de la dirección de seminarios diocesanos; actualmente tienen colegios y misiones en todo el mundo. Cuando murió san Vicente, la congregación tenía ya veinticinco casas, en Francia, el Piamonte, Polonia y aun en Madagascar.
Pero el celo de «Monsieur Vincent», como empezó a llamársele cariñosamente, no se satisfizo con esa fundación, sino que trató de remediar las necesidades corporales y espirituales del pueblo por todos los medios posibles. Con ese fin, estableció las cofradías de la caridad (la primera de ellas en Chatillon), cuyos miembros se dedicaban a asistir a los enfermos de las parroquias. Tal fue el origen de las Hermanas de la Caridad, que san Vicente Fundó con santa Luisa de Marillac. De las Hermanas de la Caridad se ha dicho que «tienen por convento el cuarto de los enfermos, por capilla la iglesia parroquial y por claustro las calles de la ciudad». El santo organizó también la asociación de las Damas de la Caridad entre las señoras ricas de París, para conseguir fondos y ayuda para las obras de beneficencia. No contento con eso, fundó varios hospitales y asilos para huérfanos y ancianos y empezó a construir, en Marsella, el hospital para galeotes, que no llegó a terminar. Para financiar todos esos establecimientos encontró generosos bienhechores y dejó fijadas reglas muy sabias para su administración. Igualmente redactó un plan de retiro espiritual para los candidatos al sacerdocio, un método de examen de conciencia para la confesión general y otro para deliberar sobre la vocación, e instituyó una serie de conferencias sobre las obligaciones clericales, para remediar los abusos e ignorancia que descubría a su alrededor. Parece casi increíble que un hombre de humilde origen, sin fortuna y sin las cualidades que el mundo más aprecia, haya podido realizar solo una tarea tan extraordinaria.
Al saber san Vicente la miseria que reinaba en Lorena durante la guerra en esa región, consiguió en París una suma fabulosa de dinero para socorrer a los habitantes. Además, envió a sus misioneros a predicar entre los pobres y enfermos de Polonia, Irlanda, Escocia y aun de las Hébridas. Su congregación rescató en el norte de África a 1200 esclavos cristianos y socorrió a muchísimos otros. El rey Luis XIII mandó llamar al santo para que le asistiese en su lecho de muerte, y la regente, Ana de Austria, le consultaba acerca de los asuntos eclesiásticos y la concesión de beneficios. Sin embargo, san Vicente no consiguió persuadir a la reina, en el asunto de la Fronda, a que hiciese renunciar a su ministro Mazarino por el bien del pueblo. Gracias a la ayuda del santo, las Benedictinas inglesas de Gante pudieron fundar un convento en Boulogne en 1652. Pero esta colosal actividad no distraía un instante a Vicente de su unión con Dios. En los fracasos, decepciones y ataques, conservaba una serenidad extraordinaria y su único deseo era que Dios fuese glorificado en todas las cosas.
Por increíble que pueda parecer, san Vicente «era un hombre de carácter belicoso y colérico», según lo confiesa él mismo; podría creerse que se trata de una exageración debida a la humildad, pero otros testigos confirman esas palabras. «Sin la gracia -dice el mismo Vicente-, me habría dejado llevar de mi temperamento duro, áspero e intratable». Pero la gracia de Dios no le faltó y supo aprovecharla hasta convertirse en un hombre dulce, afectuoso y extraordinariamente fiel a los impulsos de la caridad y el amor de Dios. El santo quería que la humildad fuese la base de su congregación y no se cansaba de repetirlo. En cierta ocasión, se negó a admitir en su congregación a dos hombres de gran saber, diciendo: "Vuestras habilidades están por encima de nuestro nivel y pueden encontrar mejor empleo en otra parte. Nuestra gran ambición es instruir a los ignorantes, mover a penitencia a los pecadores y sembrar en el corazón de los cristianos el evangelio de la caridad, la humildad, la mansedumbre y la sencillez». Según las reglas de san Vicente, los misioneros no debían hablar nunca acerca de sí mismos, porque tales conversaciones proceden generalmente de soberbia y fomentan el amor propio. Era muy grande la preocupación de san Vicente por la rapidez con que se divulgaba el jansenismo en Francia. «Durante tres meses -confesó el santo- el único objeto de mis plegarias ha sido la doctrina de la gracia y, cada día, Dios ha confirmado mi convicción de que Nuestro Señor Jesucristo murió por todos nosotros y que desea salvar al mundo entero». Él mismo se opuso activamente a los predicadores de la falsa doctrina y no toleró que permaneciera en su congregación ningún sacerdote que profesara sus errores.
Hacia el fin de su vida, la salud del santo estaba totalmente quebrantada. Murió apaciblemente, sentado en su silla, el 27 de septiembre de 1660, a los ochenta años de edad. Clemente XI le canonizó en 1737, y León XIII proclamó a ese humilde campesino patrono de todas las asociaciones de caridad. Entre éstas se destaca la Sociedad de San Vicente de Paul, que Federico Ozartam fundó en París en 1883, siguiendo el espíritu del santo. Su cuerpo permanece incorrupto y descansa en la Iglesia de San Lázaro, en París.
Las fuentes sobre la vida de san Vicente de Paul son muy numerosas. Han sido editadas con gran cuidado por el P. Pierre Coste, Saint Vincent de Paul, correspondance, entrétiens, documents (1920-1925), en catorce volúmenes. La biografía escrita por el mismo autor, Le grand saint du siécle (3 vols.), completa dicha obra. La primera biografía de san Vicente fue la que publicó Mons. Abelly cuatro años después de su muerte. Las biografías modernas son innumerables; citemos, entre otras, las de Bougaud, de Broglie, y Lavedan. Esta última, a pesar de su maravilloso estilo, no iguala en veracidad histórica La vraie vie de S. Vincent de Paul de Redier (1927), ni el S. Vincent de Paul de P. Renaudin (1929).
De la media-teca de ETF puede descargarse «Monsieur Vincent», excelente película de 1947 basada en la vida del santo. 

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3512