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viernes, 20 de abril de 2018

Hermann Tertsch avisa: se extiende un nuevo totalitarismo, quiere tu alma y usa la prensa para ello 19042018

Hermann Tertsch avisa: se extiende un nuevo totalitarismo, quiere tu alma y usa la prensa para ello

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19 abril 2018
Hermann Tertsch avisa: se extiende un nuevo totalitarismo, quiere tu alma y usa la prensa para ello
Hermann Tertsch es un experto en totalitarismos y ve venir la nueva hornada
Va a darse una guerra brutal por las mentes y las almas y los medios de comunicación serán el campo de batalla, avisa el periodista Hermann Tertsch.

En una sociedad de raíz cristiana pueden darse injusticias pero será "libre, generosa, compasiva y capaz de enmienda y perdón como ninguna otra jamás habida".

En cambio, una sociedad nacida de la Ilustración, la Revolución Francesa, el comunismo y el Mayo del 68, no puede, a medio plazo, permitir ni la libertad ni la compasión: será dogmática en extremo, asegurará ser científica y con convicción absoluta usará la guillotina para acabar con los disidentes.

"Ahora, el veneno del neomarxismo en nueva mutación de la corrección política y voluntad totalitaria pretende convertir su hegemonía en dominio total en Occidente. Se escucha ya ese «A la lucha final». El milagro está en que, pese a todo, no está decidida esta guerra. Y la voluntad totalitaria puede ser derrotada".

Esta es la tesis de un contundente artículo del veterano periodista Hermann Tertsch, buen estudioso de los totalitarismos. Español, hijo de diplomático austriaco, en su juventud fue miembro del Partido Comunista de Euskadi. Empezó a cubrir periodísticamente las dictaduras comunistas de Europa Oriental en 1982, primero en agencia Efe, y desde 1985 en El País, como corresponsal en Alemania, Polonia y enviado especial en la Guerra de Yugoslavia, donde vio los horrores del fanatismo identitario. Fue subdirector de El País y responsable de opinión de 1993 a 1996. Dejó este periódico afín al Partido Socialista en 2007.

Recientemente ha avisado de la deriva totalitaria e irracional de la ideología de género, que multa y denuncia a quien ose cuestionarla. Ha llamado la atención contra las abusivas leyes LGTB de distintas regiones españolas, que no buscan defender a personas que sufren abusos (algo para lo que ya hay otras leyes), sino imponer una ideología irracional.

Ahora, avisa de que, poco a poco, la sociedad se prepara para resistir la nueva oleada de totalitarismo, similar al descrito en las obras de George Orwell, "1984" y "Rebelión en la granja". Publicamos por su interés este artículo de opinión aparecido en ABC este miércoles.



En vísperas de épica batalla
por Hermann Tertsch

Los indicios del conflicto se multiplican. La mayoría de los políticos de la pequeña Europa aún no son conscientes de la enormidad del desafío. Será una gran batalla a librarse con ideas. Al menos de momento. A conquistar están cabezas y corazones.

Los campos de batalla son todos los medios de comunicación e instrumentos de formación de opinión y voluntades que ofrece la tecnología.

Más que batalla será una guerra de aniquilación, porque una parte al menos se juega la existencia. Es la que cree en el ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Y no cree en el ser humano como fabricante de verdad absoluta y perfección.

Sus ideas han hecho posible esta sociedad imperfecta e injusta pero libre, generosa, compasiva y capaz de enmienda y perdón como ninguna otra jamás habida. Es como es porque es cristiana. 

Los que están enfrente, son los que creen que el hombre es indefinidamente moldeable, lo que hace posible transformarlo a él y a la sociedad a un estado de armonía y plenitud. No dudan, creen en la justicia y la igualdad y por esos bienes supremos están dispuestos a sacrificarlo todo y a todos.

Son un frente mutante que hoy lidera la socialdemocracia en esta épica campaña.

Ellos son los herederos y adoradores de la Ilustración, el marxismo y el sesentaiochismo.Los tres tienen mucha mejor reputación de la que merecen.

A la Ilustración le adjudican últimamente todas las grandes conquistas de la humanidad. Como si el mundo hubiera empezado con ese ataque de arrogancia del siglo XVIII en el que se pretenden deducir verdades absolutas de ciencia rudimentaria. Toda ciencia es rudimentaria ante la siguiente puerta. Afirman que toda ciencia viene de entonces e ignoran la Antigüedad y el prodigioso Renacimiento.

Dicen que las leyes y la democracia vienen también de la Ilustración, cuando la gran democracia, la americana, la fundan sin excepción hombres religiosos y conservadores, con el fin supremo de proteger al hombre del abuso de poder del estado.

Del poder que se cree con verdades absolutas y científicas. Como sucede a los gobiernos siempre que actúan para verdades abstractas y no para realidades concretas de los hombres. Ahí empieza el desastre.

La Ilustración no llamaba a la duda ni al escepticismo. Ni a la razón. Su primer gran producto práctico es pura irracionalidad: la Revolución francesa. La orgía de la muerte que sugería lo que iba a llegar por la misma senda en el siglo XX.

Hoy, comunistas en España citan mucho la Revolución Francesa. Pero solo recuerdan la guillotina. Después llegó Napoleón que salió al mundo a quemar todo y hacerlo nuevo con su verdad de la modernidad. Más tarde el marxismo, hijo ilustrado para imponer «verdades científicas» en la conducta del hombre y la organización del estado. Acabó peor que la Revolución Francesa.

Con un siglo de miseria, hambre, dolor y más de 110 millones de asesinados por las ideologías redentoras del comunismo y el nazismo. Que se decían científicas, hijas de la Ilustración.

El Mayo de 1968 trajo más de lo mismo: arrogancia y desprecio a todo lo ajeno. Se estrelló en el asalto a los cielos de la felicidad total. La vieja razón, la racionalidad y el sentido común, neutralizaron el delirio.

Pero la terrible herencia del 68 no dejó de avanzar y hacer daño en educación, instituciones, cultura, moral, hábitos y memoria.

Ahora, el veneno del neomarxismo en nueva mutación de la corrección política y voluntad totalitaria pretende convertir su hegemonía en dominio total en Occidente. Se escucha ya ese «A la lucha final».

El milagro está en que, pese a todo, no está decidida esta guerra. Y la voluntad totalitaria puede ser derrotada.

martes, 18 de julio de 2017

Hermann Tertsch dice que Benedicto XVI tiene razón: el relativismo está llevando a la tiranía 18072017

Hermann Tertsch dice que Benedicto XVI tiene razón: el relativismo está llevando a la tiranía

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18 julio 2017
Hermann Tertsch dice que Benedicto XVI tiene razón: el relativismo está llevando a la tiranía
Hermann Tertsch es un periodista experto en totalitarismos... y denuncia que uno nuevo cuaja en Occidente
Hermann Tertsch fue subdirector de El País y responsable de opinión de 1993 a 1996. Dejó este periódico afín al Partido Socialista en 2007. Es un veterano periodista español, hijo de diplomático austriaco, que siempre ha estudiado el fenómeno del totalitarismo, y de cerca.

Y ahora señala que el Papa Benedicto XVI ha tenido siempre razón al denunciar que el relativismo llevaría a una nueva tiranía.

Tertsch, que en su juventud fue miembro del Partido Comunista de Euskadi, empezó a cubrir periodísticamente las dictaduras comunistas de Europa Oriental en 1982, primero en agencia Efe, y desde 1985 en El País, como corresponsal en Alemania, Polonia y enviado especial en la Guerra de Yugoslavia, donde vio los horrores del fanatismo identitario.

Experto en fanatismos y totalitarismos políticos, hace poco avisaba en su muro de Facebook de que "las leyes LGTB" son "la más peligrosa agresión al Estado de derecho junto al nazismo y al comunismo" y "la peor amenaza para la libertad y los derechos de los españoles".

Ahora, señala que el origen está en el relativismo, como ya denunció Benedicto XVI. Es la dictadura del "zeitgeist", que es el término alemán para referirse al "espíritu de estos tiempos", una especie de inevitabilidad conformista que al final favorece a los poderosos para oprimir a otros y beneficiarse. El articulista toma como punto de partida la carta de Benedicto XVI con motivo de la muerte del cardenal Meisner (ReL lo cuenta aquí).

Publicamos a continuación el análisis de Hermann Tertsch, publicado originariamente en el diario ABC.



LA DICTADURA DEL ZEITGEIST
por Hermann Tertsch
Benedicto XVI ha hablado. Lo ha hecho como siempre hablaba él cuando ocupaba la silla de San Pedro, con suavidad. Pero también con la profunda gravedad que ha sido el sello de Ratzinger. Muchos se han asustado al escucharlo. 

Porque el propio Papa emérito parece asustado ante lo que pasa con la Iglesia y con el mundo de la cristiandad. Lo ha expuesto en Colonia sin interrumpir su retiro de Castelgandolfo desde que tomó la inaudita decisión de abandonar el Pontificado en vida.

Ha hablado por boca de su fiel mano derecha, el arzobispo Georg Gänswein, con motivo de las exequias de un viejo y también leal amigo, el cardenal Joachim Meisner, arzobispo de Colonia. En una breve carta leída por Gänswein, Ratzinger advierte de que «la Iglesia necesita hoy más que nunca a pastores convincentes que sepan resistir a la dictadura del espíritu de los tiempos (zeitgeist) y que vivan y piensen la fe con determinación».

«La dictadura del zeitgeist» es una variación que hace Benedicto XVI de su llamamiento a combatir «la dictadura del relativismo» que lanzó como joven teólogo allá en 1961 al debate eclesiástico.

El Papa emérito habló de la profunda fe que tenía Meisner en que «Dios no abandona a su Iglesia», ni siquiera dice la carta «en momentos en que está a punto de zozobrar». Meisner, histórico cardenal fue enterrado por cien obispos y masiva presencia de la iglesia del Este donde luchó por la Iglesia bajo regímenes comunistas. 

La carta de Benedicto XVI al entierro de un Meisner que no había ocultado su disgusto con las decisiones del Papa Francisco se ha entendido como un gesto de Ratzinger ante lo que pasa en Roma. En Colonia estaba gran parte de la Iglesia que ve con alarma una evolución en el Vaticano de hostilidad a la tradición, simpatías a déspotas tercermundistas y agresividad contra Occidente.

Molestó el cese del cardenal Gerhard Ludwig Müller como prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe y su sustitución por el jesuita español Luis Ladaria Ferrer.

Ratzinger dirigió la Congregación bajo Juan Pablo II y fue objeto de brutales campañas de desprestigio desde la izquierda política e «iglesia progresista».

En 2005, antes de ser Papa, dijo: «Tener una fe clara según el credo de la Iglesia se descalifica como fundamentalismo, mientras el relativismo, ese dejarse llevar por todo tipo de opiniones y doctrinas se presenta como la única forma posible de estar de acuerdo con los tiempos». El relativismo emerge como gran enemigo de la verdad y la libertad, como la nueva tiranía.

Ratzinger tiene una vez más razón. Avisó de la peste del relativismo antes de que en 1968 lo impusiera como «la modernidad».

Hoy el monstruo del zeitgeist es un tirano que amenaza con aplastar todas las libertades creadas en Occidente con el cristianismo y el judaísmo como cimientos.

Quienes se enfrentan a la dictadura del zeitgeist, con su multiculturalismo, su ideología de género, su resentimiento marxista nuevo/viejo, su odio a Occidente, son perseguidos y arrollados.

Quienes resisten con convicciones éticas o religiosas, conductas íntegras o simplemente con la defensa de la verdad son tachados de enemigos de un progreso que, según dictan, impone igualdad a todo, la tiranía.

El Papa Francisco dice que da igual islam que cristianismo, el Kings College de Londres quita bustos y cuadros de fundadores y científicos blancos «para no ofender», las universidades son bastiones de una doctrina implacable del progresismo que no admite discrepancias y un periodista español en Baleares, Johannes von Horrach, es la primera víctima de las nuevas leyes LGTB, la peor mordaza en Europa desde la caída de las censuras de comunismo y fascismo. Cuatro guindas de cómo estamos. Ratzinger había avisado.