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martes, 17 de marzo de 2020

De cuando el PCE quiso reanudar la Guerra Civil en 1944 (15032020)

De cuando el PCE quiso reanudar la Guerra Civil en 1944

 
             Se trata de una historia muy poco conocida, producto sin duda de la política de olvido, reconciliación y reconstrucción que los españoles nos autoimpusimos desde que terminó nuestra ominosa contienda civil en 1939. Una política a la que, por desgracia, puso punto final, sesenta y cinco años después, un gobernante irresponsable, ignorante, mediocre e inesperado que decidió abrir su recuerdo, pero claro está, no para llevar a cabo una investigación científica, sosegada e imparcial, no, sino para imponer por la fuerza una visión sesgada, revanchista, falsa e interesada, llamada a remover heridas y fomentar el odio entre españoles al objeto de, según lo creían y lo buscaban él y cuántos le rodeaban, perpetuarse en el poder sobre el rencor y las rencillas entre compatriotas.
            Pero la historia está ahí, y yo he venido a conocerla gracias al libro fantástico escrito por el que es, muy probablemente, el mejor historiador español vivo. El historiador en cuestión es D. Luis Suárez. El libro, “Franco, los años decisivos”, publicado en 2011, una obra extraordinaria, producto de una labor de investigación encomiable y que maneja profusa y laboriosa información, manejada con exquisito rigor y deliberada imparcialidad.
            Según lo que el libro relata entre sus páginas 272 y 278, todo habría empezado el 6 de octubre, fecha en la que, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, los aliados anglosajones se hallaban ya en París, y Francia se liberaba del yugo nazi, lo que habría de tener consecuencias sobre la delicada y permeable frontera franco-española. Pero lo más apropiado será que nos lo cuente quién mejor conoce lo ocurrido y nos brinda los datos... quién sino el propio Luis Suárez.
            “El 6 de octubre la agencia Reuter distribuyó la nota de que el ejército republicano español había cruzado la frontera por los pasos del Pirineo. Casi al mismo tiempo, Radio Toulouse anunció que se estaban produciendo levantamientos contra Franco en las principales ciudades del país. […] Lo sucedido era que entre los días 3 y 7 de octubre de 1944 la 54 brigada compuesta por 250 hombres y la 153 que estaba formada por otros 400 habían entrado por el Roncal y Roncesvalles respectivamente. Muy pocos hombres lograron pasar al sur del Ebro como tenían previsto, los demás cayeron prisioneros o murieron en combate. A mediados de octubre un segundo ataque en la zona fronteriza situada entre Hendaya y San Juan de Pie de Puerto fue igualmente rechazado. […]
            La verdadera invasión tuvo lugar el 17 de octubre, con una fuerza que el Estado Mayor estimó en 5.000 hombres, si bien otras fuentes de origen contrario rebajan la cifra.
            Los invasores se hicieron dueños del valle de Arán. Disponían de buenos equipos y de armas ligeras muy modernas […] Moscardó desde Barcelona, Monasterio desde Zaragoza, Yagüe desde Burgos, hicieron funcionar con eficacia los dispositivos de cobertura que tenían dispuestos. […]
            Desde Washington el 23 de octubre y desde Roma el 24, los embajadores solicitaron información porque los periódicos y la radio estaban diciendo que se había reanudado la Guerra Civil. […]
            La invasión fracasó del modo más rotundo y fue Santiago Carrillo quien tuvo que dar la orden de retirada: el 30 de octubre de 1944 los supervivientes de la gran operación estaban de regreso en Francia. [...]
            Así terminó el gran proyecto del Partido Comunista español para provocar un alzamiento en la Península".
            Si desconocido es el episodio en sí, no menos desconocidas son las consecuencias a las que dio lugar:
            “En el seno del Partido Comunista español se produjo una depuración exigiéndose recíprocamente sus dirigentes responsabilidades por el fracaso. Según el testimonio de Líster, que no puede considerarse como absolutamente seguro, Carrillo maniobró hábilmente hasta conseguir que se atribuyese a Jesús Monzón la derrota. Llamado a Toulouse para que respondiese de sus desaciertos, prefirió ocultarse hasta que en julio de 1945, denunciado a la policía española, fue detenido en Barcelona [y] condenado a treinta años de cárcel”.
            De los treinta años, según recoge el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia, Monzón apenas cumplirá diez, siendo indultado definitivamente por el Régimen al que quería derrocar en 1959. Peor suerte correrá su número 2... ¿detenido también por Franco? No, no precisamente. Una vez más nos lo cuenta Luis Suárez:
            “Su lugarteniente, Gabriel León Trilla, murió asesinado el 6 de septiembre de 1945 por un comando comunista enviado a España precisamente con este fin”.
            Dicho todo lo cual, habremos de convenir que el camarada Monzón hasta suerte tuvo de ser encontrado por Franco y no por sus correligionarios comunistas, ¿no les parece?
            Y bien amigos, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

            ©L.A.
            Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es

Diccionario biográfico español. Jesús Monzón Reparaz

jueves, 8 de agosto de 2019

Clara respuesta en «ABC» sobre la persecución religiosa tras los tuits de Sánchez, Calvo y Borrell 08082019

Clara respuesta en «ABC» sobre la persecución religiosa tras los tuits de Sánchez, Calvo y Borrell

Monjas concepcionistas de la Comunidad de San José de Madrid, a la que pertenecían 10 de las 14 mártires beatificadas el pasado mes de junio.
Monjas concepcionistas de la Comunidad de San José de Madrid, a la que pertenecían 10 de las 14 mártires beatificadas el pasado mes de junio.
La agitación guerracivilista introducida en España por la Ley de Memoria Histórica de José Luis Rodríguez Zapatero (2007) vivió en estos días un nuevo episodio con el recuerdo, por parte de tres miembros del Gobierno de Pedro Sánchez, del fusilamiento de trece mujeres socialistas acusadas de asesinato. (Puede leerse su historia en estos artículos de Juan E. Pflüger y José Javier Esparza.) El diario ABC publicó este miércoles un reportaje de I. Viana sobre la persecución religiosa llevada a cabo, entre otros, por militantes y dirigentes socialistas antes y durante la Guerra Civil, que por su interés reproducimos a continuación:
Las «7.000 rosas» asesinadas durante la represión republicana de las que el PSOE no se acuerda
«Hace 80 años, trece mujeres fueron fusiladas en Madrid por defender la democracia y la libertad. Carmen. Virtudes. Martina. Joaquina. Blanca. Ana. Pilar. Dionisia. Julia. Victoria. Adelina. Luisa. Elena. Que los nombres de las 13 Rosas nunca se borren de la historia», escribía el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en su perfil de Twitter. Un homenaje al que se ha sumado la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo («mujeres que pagaron con sus vidas la defensa de la libertad»), y el ministro de Exteriores, Josep Borrell («hoy debemos recordarlas. Olvidarlas sería su segunda muerte»).
Hermann Tertsch no ha tardado en responder a la vicepresidenta, recuperando la historia de las 14 monjas de la Orden de la Inmaculada Concepción desaparecidas en noviembre de 1936 y cuya historia, al contrario que la de las «Trece rosas», no tuvo trascendencia hasta su reciente beatificación por parte del Papa Francisco. «A ver si Carmen Calvo se acuerda de estas monjas violadas y asesinadas como tantas otras por milicias socialistas, comunistas y anarquistas. Ellas sí que eran realmente inocentes y no eran sospechosas de ningún crimen contra inocentes», interpelaba el periodista y eurodiputado de Vox en la misma red social.
El evento fue cubierto por ABC y por algunas cadenas de televisión como TVE. La polémica se desató tras un desafortunado tuit de la corporación pública, que dijo que las monjas a las que se estaba beatificando «desaparecieron en 1936 cuando se las llevaron de su refugio un grupo de milicianos». Ni el Gobierno, ni Pedro Sánchez ni Carmen Calvo tuvieron entonces palabras para aquellas religiosas, ni contra TVE por aquella manera de calificar su asesinato. Un tuit que le valió a la cadena las críticas de la Plataforma por una RTVE Libre y más de 2.300 comentarios como el del senador del PP Rafael Hernando: «Vejadas, maltratadas, violadas y vilmente asesinadas, pero según la indecente RTVE de Sánchez "desaparecieron” cuando al parecer las llevaban de excursión unos "amables milicianos"».
«Cuatro conventos birrias» 
Este ejemplo no es más que una muestra de las pocas voces del PSOE que se han alzado, criticado o simplemente manifestado a lo largo de su historia contra la represión sufrida por la Iglesia que se gestó durante la Segunda República y la Guerra Civil. Prueba del odio y la impunidad con las que nació esta persecución son las declaraciones realizadas por Ramón María del Valle-Inclán al diario La Luz, en enero de 1934: «Se ha dicho mucho sobre la quema de conventos, pero la verdad es que en Madrid no se quemaron más que cuatro birrias que no tenían ningún valor. Lo que faltó ese 14 de abril de 1931, y yo lo dije desde el primer día, fue coraje en el pueblo para no dejar ni un monumento en pie».
Esta postura del escritor gallego no fue ni mucho menos una excepción en los años 30. Los datos, además, no le dan la razón. No fueron «cuatro conventos birrias» los que se quemaron y saquearon al instaurarse el régimen republicano, sino muchos más. La violencia anticlerical que se desató en mayo de 1931 acabó realmente con más de un centenar de edificios religiosos en toda España, a lo que hay que añadir un número enorme de objetos del patrimonio artístico y litúrgico destruidos, muchos cementerios profanados y varios miembros del clero asesinados antes, incluso, de que estallara la Guerra Civil.
En Madrid, los disturbios empezaron con la inauguración del Círculo Monárquico Independiente fundado por el director de ABCJuan Ignacio Luca de Tena, aquel mismo mes. De su sede en la calle de Alcalá se extendieron a la redacción de este diario, en la calle Serrano. Cuando la Guardia Civil impidió que una multitud republicana la quemara, empezaron a cargar contra conventos e iglesias. Al parecer, había llegado a oídos del Gobierno que algunos jóvenes del Ateneo de Madrid estaban preparándose para, efectivamente, incendiar todo tipo de edificios religiosos. El ministro de la Gobernación, Miguel Maura, intentó sacar de nuevo a la calle a la Benemérita para impedirlo, pero se encontró con la oposición del resto del gabinete. El mismo Maura comentó en La Luz y en sus Memorias que Manuel Azaña aseguró en aquella reunión que «todos los conventos de España no valen la vida de un republicano».
«Clásica acción anticlerical»
Ante la pasividad del Gobierno, la violencia se desató. Julio Caro Baroja fue testigo de los acontecimientos, según contó en su Historia del anticlericalismo español (1980): «A las 12.00, 12.15 y 13.05, en la Dirección de Seguridad se recibieron avisos del Colegio de los Jesuitas de la calle de la Flor de que el incendio cobraba proporciones grandes. La gente pasaba, o medrosa o indiferente, por las proximidades, viendo salir el humo por las ventanas. Los incendiarios desaparecieron rápidos y organizados. El que vio aquello (y yo lo vi) no podía imaginarse que se desenvolviera así una clásica acción anticlerical. En una de las paredes ahumadas podía leerse: “Abajo los jesuitas. La justicia del pueblo, por ladrones”».
Tras este colegio ardieron pronto otros muchos edificios: el colegio de Nuestra Señora de las Maravillas, en Cuatro Caminos; el convento de las Mercedarias Calzadas, en la calle San Fernando; la iglesia parroquial de Santa Teresa y San José de los Carmelitas Descalzos, en Plaza de España; el convento de las Bernardas, en Vallecas; la iglesia de Santa Teresa, el colegio de la Inmaculada y San Pedro Claver y el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI), entre otros.
Desde la capital, la violencia se extendió rápidamente a otras ciudades del sur y el levante. En Málaga quemaron nueve conventos y diez iglesias, además de saquearse otras veinte. Murieron cuatro personas. Y se repitieron ataques parecidos en Valencia, Sevilla, Granada, Córdoba, Cádiz, Murcia y Alicante, así como en muchos pueblos de estas provincias.
La desaparición de los jesuitas
La cuestión religiosa se había convertido en un asunto fundamental para la Segunda República. Durante el Gobierno provisional ya se pusieron como objetivo el sometimiento de la Iglesia al Estado, la disolución de las órdenes religiosas, la prohibición de la enseñanza por parte de estas y la desaparición de la Compañía de Jesús. Esta última se produjo el 23 de enero de 1932, cuando el entonces presidente Azaña hizo llegar al ministro de Justicia, Fernando de los Ríos, el documento en virtud del cual se ordenaba su «disolución en territorio español».
El decreto publicado al día siguiente por La Gaceta –órgano oficial del régimen– y ABCestipulaba la propiedad estatal de todos los bienes de esta congregación. A sus miembros les dio un plazo de diez días para abandonar la vida religiosa y someterse a la legislación, en virtud del artículo 26 de la nueva Constitución. Como explicaba a ABC el historiador y ex presidente del Parlamento de Navarra, Víctor Manuel Arbeloa, «desde los primeros momentos del régimen la Compañía fue objeto de animadversión y persecución».
De golpe se clausuraron 80 casas de la Compañía en España. Echaron el cierre a todos sus centros educativos y a sus obras sociales. Sus estudiantes tuvieron que exiliarse a Bélgica e Italia. «En muy pocos meses se fue cociendo la perentoria necesidad de disolver no solo la Compañía de Jesús, sino todas las órdenes y congregaciones religiosas. Especialmente las que más influencia tenían en el campo educativo y social», apuntaba en este diario el jesuita Alfredo Verdoy, autor de Los bienes de los jesuitas. Disolución e incautación de la Compañía de Jesús durante la II República (1995, Trotta).
Muchos de sus miembros tuvieron que refugiarse en un régimen de clandestinidad en una serie de pisos conocidos como «Coetus». Allí continuaron ejerciendo su ministerio en secreto. Esta decisión generó una profunda polémica en España que fue recogida por ABC. Hasta el Papa Pío XI llegó a proclamar, en 1932, que los jesuitas eran ya «mártires del Papa». Pero lo peor estaba por venir...
«Mirad lo que le hemos hecho a este cuervo»
La represión alcanzó límites aterradores al estallar la Guerra Civil con el asesinato de miles de curas y creyentes. Los primeros, por el simple hecho de serlo, aunque fuera en pequeños pueblos alejados del centro de poder eclesiástico; y los segundos, por la única razón de no querer deshacerse de sus crucifijos o renegar de su fe.
Gaspar Viana lo recordaba en este diario hace unos años. Cuando estalló la guerra en 1936 vivía en un pequeño pueblo de agricultores de Guadalajara, Peralveche, «donde no había ni fascistas ni rojos»: «Allí no sabíamos nada de lo que estaba pasando en Madrid, donde ya habían matado al ministro de Hacienda y quemado conventos. En Peralveche solo nos enterábamos de lo que pasaba en Peralveche, porque no había ni prensa ni nada». Sin embargo, poco antes de ser llamado a filas vio al cura de su pueblo huir disfrazado de segador y al párroco de Salmerón, un municipio cercano, esconderse en un molino. «Allí lo encontraron y se lo llevaron de nuevo a Salmerón, donde lo pasearon desnudo, con una cuerda atada a sus partes, mientras la banda municipal tocaba. Después lo subieron a mi pueblo y, en la entrada, le pegaron cuatro tiros y le cortaron las orejas. A continuación, los autores recorrieron el pueblo mostrando sus orejas y gritando: "¿Tenéis a algún fascista que os moleste? Porque mirad lo que le hemos hecho a este cuervo”».
Otra prueba de esta represión es el «Martirologio matritense del siglo XX» que publicó hace unos meses el arzobispado de Madrid. Según este, solo en la capital se asesinaron a 427 seminaristas y sacerdotes. Entre estos se encuentran las 14 Mártires Concepcionistas a las que hacía referencia Hermann Tertsch este lunes y que fueron beatificadas en la catedral de La Almudena. En el rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro el 23 de junio, el Papa Francisco dijo de ellas: «Fueron asesinadas por odio durante la persecución religiosa que tuvo lugar de 1936 a 1939 [...]. Su martirio nos invita a todos nosotros a ser fuertes y perseverantes, sobre todo en la hora de la prueba».
«¡Viva Cristo Rey!»
Como defiende el historiador José Luis Ledesma en su artículo De la violencia anticlerical y la Guerra Civil de 1936 (Universidad de Zaragoza): «España se convirtió en lo más cercano a un infierno sobre la tierra para los miembros de la Iglesia que estaban en esa mitad del país donde no se había producido o no había triunfado la sublevación». Mientras Francollevaba a cabo su golpe de Estado y su propia represión, no hubo tampoco provincia de la zona republicana en la que no se produjeran ejecuciones y torturas a miembros de la Iglesia o a simples creyentes, como es el caso de Ceferino Giménez Malla, alias El Pelé.
Este comerciante gitano marcado profundamente por la religión católica fue detenido, en agosto de 1936, por un grupo de milicianos en Barbastro. La razón: salir en defensa de un joven sacerdote que estaba siendo golpeado y arrastrado por las calles de dicha localidad oscense. Al ser arrestado, El Pelé llevaba consigo un rosario y fue condenado a muerte. Le ofrecieron el indulto si lo entregaba y renegaba de sus creencias, pero prefirió permanecer en la prisión y afrontar el martirio. En la madrugada del 8 de agosto de 1936 fue fusilado con el rosario en la mano mientras gritaba: «¡Viva Cristo Rey!». «Su vida muestra cómo Cristo está presente en los diversos pueblos y razas», dijo el Papa Juan Pablo II, en 1997, cuando le convirtió en el primer gitano beatificado de la historia.
Ledesma recogía otros muchos casos similares. El 5 de agosto llegó a Cercedilla un grupo de milicianos preguntando si se había «depurado» ya a los elementos «fascistas» y empezaron a buscar a los miembros de la Iglesia. Esa misma tarde fueron ejecutados dos sacerdotes, a los que siguieron otros 23 en la misma localidad madrileña. A diferencia del resto de asesinados, los sacerdotes no eran fusilados de noche y en algún paraje oscuro, sino a plena luz del día, en la Plaza Mayor, para que lo viera todo el mundo.
Cifras de muertos
Ese mismo día, en Vich, el deán de la catedral y vicario general del Obispado se entregaba a los republicanos al saber que lo buscaban. Tras ocho días en la cárcel, la noche del 13 de agosto era fusilado en la carretera de Sant Hilari Sacalm, con 89 años. Muy cerca de allí, en Teruel, medio centenar de padres, hermanos y novicios de la Orden de la Merced (Teruel) huían en tres grupos ante la llegada de los milicianos. Las dos primeros consiguieron llegar a la capital aragonesa, pero el tercero fue alcanzado y ejecutado también.
Al término de la Guerra Civil, el número de religiosos asesinados en la retaguardia republicana ascendió a 6.832. De ellos, 4.184 eran sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas, según el estudio realizado por el historiador, periodista y ex-arzobispo de Mérida-Badajoz, Antonio Montero Moreno. En el «Catálogo de los mártires cristianos del siglo XX» de Vicente Cárcel Ortí se amplía esta cifra hasta los 3.000 seglares y 10.000 miembros de organizaciones eclesiásticas. Entre ellos estarían 13 obispos: los de Jaén, Almería, Barcelona, Tarragona, Ciudad Real, Lérida, Teruel, Guadix, Cuenca, Sigüenza, Orihuela, Segorbe y Barbastro.
Trece obispos que nunca fueron homenajeados ni recordados por Sánchez, Calvo o cualquier otro miembro del actual Gobierno socialista en funciones. Tampoco la 14 Mártires Concepcionistas ni ninguna de las otras cerca de «7.000 rosas» de la Iglesia española que fueron víctimas de la represión republicana y sufrieron el mismo destino que las 13 jóvenes de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) fusiladas por la dictadura tras la Guerra Civil.

viernes, 21 de julio de 2017

Un juzgado investigará el bombardeo de Durango de 1937: mató a curas, monjas y fieles en plena misa 21072017


Un juzgado investigará el bombardeo de Durango de 1937: mató a curas, monjas y fieles en plena misa

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21 julio 2017
Un juzgado investigará el bombardeo de Durango de 1937: mató a curas, monjas y fieles en plena misa
Unos hombres rescatan cadáveres en Durango tras el bombardeo
El Juzgado de Instrucción Número 3 de Durango ha admitido este jueves 20 de julio una querella criminal interpuesta esta misma semana por el Ayuntamiento de la localidad vizcaína contra los pilotos de las fuerzas aéreas italianas que la bombardearon el 31 de marzo de 1937, durante la Guerra Civil, semanas antes del bombardeo alemán contra Guernica.

La querella lo presenta como "una intervención militar extranjera ilegal" sin que en aquellas fechas mediara "ninguna declaración de guerra por parte del Estado [italiano] que la protagonizó".

El titular del juzgado ha ordenado abrir una investigación de los hechos por si pudieran constituir "delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra y delito contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado", según consta en el auto judicial conocido este jueves.

Dos bombardeos sobre población civil
El ataque aéreo, bajo la dirección del general italiano Vincenzo Velardi Velani, se produjo el 31 de marzo de 1937, en dos pases, uno a las 8.30 y otro sobre las 16.30. Fueron las operaciones denominadas Murciélago y La Cucaracha. Los expertos consideran que era una especie de experimento o banco de pruebas por parte de los ejércitos de Alemania e Italia para estudiar los efectos de un bombardeo aéreo masivo ("bombardeo de saturación") sobre edificios civiles en una población de arquitectura similar a la de Francia y otros vecinos de Alemania.

Mayoría de población carlista y conservadora
Durango contaba en el año 1936 con unos 8.800 habitantes, su alcalde era el carlista Adolfo Uribasterra, y de sus 13 ediles, 8 eran carlistas, 3 del Partido Nacionalista Vasco y sólo 2 del Frente Popular. Evidentemente, al empezar la guerra muchos varones jóvenes de tradición carlista habrían acudido a alistarse a los requetés carlistas para luchar en el bando nacional, pero está claro que sus familias, conservadoras y religiosas, seguían formando la inmensa mayoría de la población de Durango.

Los historiadores Joan Villarroya y Josep Maria Solé i Sabaté, en su libro "España en llamas. La guerra civil desde el aire", explican así los resultados del bombardeo:

"Durango quedó humeante y llena de escombros. En cuanto a las víctimas del bombardeo, fueron mayoritariamente civiles, y su número pasó de las 250. La mayor parte de estos civiles murieron cuando se encontraban asistiendo a los oficios religiosos celebrados a primeras horas de la mañana. La iglesia de los jesuitas, la de Santa María y la capilla del convento de Santa Susana fueron dañadas gravemente. En la de Santa María, el padre Carlos Morilla murió por efecto de una bomba que estalló en el momento que alzaba el cáliz. Este sacerdote se había refugiado en Vizcaya procedente de Asturias, huyendo de la persecución religiosa. En la capilla de Santa Susana murieron once monjas de clausura (algunas fuentes hablan de catorce) de la orden agustina. La intensidad del ataque y el número de muertos que ocasionó no tenían precedentes hasta ese momento".


 Así quedó la iglesia de los jesuitas en Durango
(no había allí jesuitas en 1937, la República
los expulsó en 1932, la Constitución republicana impedía
el voto de obediencia al Papa)


"Como si las bombas buscasen las iglesias"
Los mismos historiadores recogen un testimonio del jefe del estado mayor de la Legión Cóndor, el alemán Wolfram von Richthofen, que visitó Durango un mes después del bombardeo (y cuatro días después de haber ordenado él el bombardeo de Guernica) describió así lo que vio:

"Se sigue hacia Durango. Pequeña y bonita ciudad, con hermosos palacios de nobles. Tras un doble bombardeo de los italianos tiene un aspecto horrible. Es como si las bombas hubiesen buscado precisamente las iglesias. El gran templo, en el cual en ese justo momento se celebraba misa mayor, recibió un mínimo de seis bombas; una iglesia conventual (convento que es cierto que era un cuartel rojo) [sic], cuatro al menos. Sólo están en pie los muros. En el templo mayor hubo muchos (se dice que más de 150) muertos. Por razones de propaganda, los rojos no han desescombrado absolutamente nada".

En en templo de Santa María murieron muchos civiles, junto con su párroco Carlos Morilla, que efectivamente, había llegado al pueblo huyendo de la persecución antirreligiosa de Asturias. A su lado murió su monaguillo. En San José de los Jesuitas murió otro cura que estaba celebrando misa, Rafael Villalabeitia, junto a otros 50 feligreses. El convento de Santa Susana fue donde murieron las once religiosas.

Más de 300 muertos, 60 sin identificar
Se calcula que se arrojaron en Durango 281 bombas completando un total de 14.840 kilos de explosivos. Las víctimas mortales fueron 336, resultaron afectados 305 edificios y de ellos 71 fueron totalmente destruidos. Tras el bombardeo los cazas de escolta realizaron ametrallamientos de la población. Fueron enterrados sin identificar 61 cadáveres.

Según explica en El País, el historiador Jon Irazabal ha conseguido rastrear documentos guardados en el Archivo General e Histórico de Villaviciosa de Odón (Madrid) para documentar los hechos, y en el Ufficio Storico de la Operazione Militari Spagna, con sede en Roma, donde ha conseguido identificar a los pilotos que bombardearon la villa vizcaína.

Los pilotos lo celebraron en un burdel
Ha conseguido poner nombre y apellido a 46 de aquellos pilotos y oficiales, aunque no descarta que sean más. Su esperanza es que "alguno siga con vida", aunque todos ellos hoy tendrían más de cien años. Afirma que casi no ha encontrado impedimentos en Italia para investigar aunque "me impidieron reproducir unos documentos en los que los mandos militares confirmaban que los aviadores celebraron los bombardeos yendo al día siguiente a un gran burdel que la Legión Cóndor tenía montado en Zaragoza. Eran jóvenes fogosos, se dicen esos documentos para justificarles", explica el historiador.

domingo, 9 de abril de 2017

Cuando la Pasionaria salvó la vida de seis monjas gracias a la cheka del ángel rojo 05042017

José Luis Olaizola novela la vida de Melchor Rodríguez en «El anarquista indómito»

Cuando la Pasionaria salvó la vida de seis monjas gracias a la cheka del ángel rojo

Cuando la Pasionaria salvó la vida de seis monjas gracias a la cheka del ángel rojo
Dolores Ibárruri, la Pasionaria, en 1936, y Melchor Rodríguez, el Ángel Rojo, en esas fechas

Melchor Rodríguez, el anarquista que se enfrentó a Carrillo para salvar la vida de miles de opositores políticos

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5 abril 2017
El escritor José Luis Olaizola, Premio Planeta, novela la apasionante historia de Melchor Rodríguez en “El anarquista indómito. La leyenda del ángel rojo” (LibrosLibres)

Al anarquista Melchor Rodríguez (1893-1972) se le conoce con el apodo de “el ángel rojo” por haber salvado la vida de miles de opositores políticos durante la Guerra Civil española.

Como Director General de Prisiones, Melchor Rodríguez se opuso, a riesgo de perder su vida, a los asesinatos de presos políticos que tanto Santiago Carrillo como José Cazorla, ambos del PCE, procuraban con el fin de exterminar a la llamada “la quinta columna”.

Religión en Libertad ha entrevistado al escritor José Luis Olaizola, que está a punto de cumplir 90 años, y se ha convertido, posiblemente, en el escritor en activo más longevo de las letras españolas.

- ¿Quién era Melchor Rodríguez antes de estallar la guerra civil?
- Melchor tuvo una juventud muy azarosa, ya que quedó huérfano de padre siendo adolescente, dejando a la familia- mujer y tres hijos- en la penuria. Pese a tener una gran facilidad para los estudios, sobre todo para las letras, tuvo que dejar el bachiller para ponerse a trabajar como chapista.

»Gracias a un profesor pudo continuar estudiando y llegó a ser hombre de gran cultura, con ramalazos de poeta. Su padre le había inculcado la afición a los toros, y decidió hacerse torero con el exclusivo objetivo de traer dinero a casa. No lo hacía mal y llegó a debutar como novillero. Pero una cogida que le tuvo postrado en cama en un hospital, le hizo desistir.

»En este oficio de chapista se dio cuenta de los abusos que padecía el obrero y comenzó a significarse en política, llegando a ser uno de los fundadores de la FAI, partido anarquista en el que Melchor veía una vía de verdadera libertad y justicia para el ser humano, pero siempre dentro de una línea pacifista. Hombre de verbo fácil era requerido para intervenir en mítines y huelgas, lo que le acarreó múltiples ingresos en prisión.

- ¿Se decidió Melchor Rodríguez a constituir una nueva cheka en el centro de Madrid con el único propósito de salvar a amigos suyos de una muerte segura por la represión que ejercían los comunistas en el año 36?
- Cuando comienza la guerra civil se da cuenta de los abusos que cometían los de su bando e, incluso, la degradación de la FAI, a la que se había incorporado delincuentes comunes salidos de las cárceles.

»Se da cuenta de que amigos suyos, como los Álvarez Quintero, podían ser presa de esa vesania, y por eso decide fundar su propia Cheka con el exclusivo objeto de protegerlos.


José Luis Olaizola, escritor de éxito y Premio Planeta, ha vendido millones de ejemplares de sus novelas durante su larga trayectoria como escritor 

- ¿Es verdad que Dolores Ibárruri, alias “la Pasionaria”, le pidió a Melchor el favor de proteger en su Cheka a 6 monjas amigas suyas?
- No es extraño que la Pasionaria quisiera salvar a unas monjas, ya que se había educado en un colegio de monjas y no le habían dejado mal recuerdo.

»La Pasionaria había pertenecido en Vizcaya  a las juventudes católicas y se había casado por la Iglesia. Es más, pese a ser comunista hay indicios de que murió en el seno del catolicismo, según resulta de documentación del padre Llanos S.J. del que era amigo.

»El que recurriera a Melchor era lógico pues en Madrid se sabía que su cheka era una tapadera, que los mandos se la consentían por el prestigio que tenía Melchor.

- Se decía que en la cheka de Melchor Rodríguez, en el Palacio de Viana, bautizada como “Museo del Pueblo”,  tenía refugiado a un religioso dominico, el padre Gafo, que todos los días celebraba la Eucaristía e, incluso, llegó a casar a unos jóvenes falangistas… ¿Era una cheka un tanto peculiar?
- Melchor sabía que entre los refugiados había algún sacerdote, y que se celebraban misas, pero el hacía la vista gorda y ,por ejemplo, cuando se celebró una boda entre dos falangistas el procuró ausentarse del palacio.

- Hasta que la República nombra Director General de Prisiones a Melchor Rodríguez, era habitual que los presos políticos calificados como “quintacolumnistas” por ser poco afectos a la dictadura del proletariado que se quería imponer, y entre los que se encontraban jóvenes de Acción católica o de congregaciones marianas, sacerdotes, religiosos, monjas, periodistas, agricultores, catedráticos, abogados, jueces, trabajadores, tenderos, empresarios… de todas las edades y condición, fueran sacados por la noche de las cárceles, y sin mediar juicio alguno, fueran fusilados en Paracuellos del Jarama o en el cementerio de Aravaca, principalmente. Con Melchor Rodríguez estas sacas nocturnas se prohíben y eso le provoca un serio enfrentamiento con Santiago Carrillo y con José Cazorla, ambos del PCE, así como con otros dirigentes de la órbita soviética, que le hace temer por su integridad. ¿Por qué Melchor se jugó la vida por salvar a opositores políticos que apenas conocía?
- Cuando Melchor se entera de los  fusilamientos de Paracuellos del Jarama, comprueba sobre el terreno las atrocidades cometidas por miembros del Partido Comunista, y decide poner fin a esas matanzas. Mueve todos los hilos a su alcance hasta que consigue ser nombrado Director General de Prisiones y lo consigue.

»Se juega la vida, pero considera que en una guerra la vida siempre está en juego, y que vale la pena jugársela por un fin noble. Él, enemigo de las armas, y que le gustaba de vestir con traje y corbata, se viste de miliciano con pistola al cinto, dispuesto a usarla si preciso fuera.

- ¿A cuanta gente se calcula que el “ángel rojo” salvó la vida con su decisión de prohibir las sacas nocturnas?
- Es difícil cuantificarlos, pero pueden ser bastante más de cinco mil.

 - ¿Qué personalidades se encontraban en las cárceles que él protegía y logró rescatarles de una muerte casi segura?
- A la hora de salvar gente no discriminaba su tendencia política. Para él todos merecían un juicio justo. Por eso salvo a falangistas como Raimundo Fernández Cuesta, o a militares de relieve como el general  Carrasco Verde, o Muños Grande, sin contar a sus amigos los Álvarez Quintero, o Boby Deglané, o periodistas como Javier Martín Artajo.
 


- Hay otro hecho muy relevante en la historia de Melchor Rodríguez, y es cómo se jugó la vida en la cárcel de Alcalá (Madrid) para salvar la vida de 1.200 presos, la mayoría políticos, de las iras de una muchedumbre que pedía venganza ante unos bombardeos del bando nacional en la que murieron una docena de personas, algunos niños, y heridos muchos… Melchor estuvo 11 horas en el portón principal de la entrada de la cárcel, intentando contener, megáfono en mano, a la multitud que quería “hacer justicia”… ¿Este hombre era un héroe?
- En el incidente de Alcalá de Henares se portó como un héroe. Se enfrentó a una multitud enfurecida por unos bombardeos nacionales, y fue de las veces que estuvo dispuesto a disparar a un energúmeno que excitaba a las masas.

»El suceso duró horas y cuando terminó los presos a los que había salvado la vida le besaban las manos agradecidos, y un falangista, Fernández Cuesta, le pidió permiso para darle un abrazo.

- Melchor fue el último Alcalde de Madrid de la II República. ¿Ese hecho le perjudicó en la represión que sufrió a continuación?
- Aceptó ser el Alcalde de Madrid, para que la ciudad se rindiera con orden a los vencedores, y sobre todo para evitar que los perdedores en su escapada no cometieran atrocidades con los presos políticos que seguían encerrados.

»Fue un acto de gallardía, cuando todos huían él quedarse. Ese cargo de alcalde, aunque fuera en funciones, le significó  como un alto mando de una ciudad en la que los “rojos” habían cometido muchas atrocidades, amén de oponer gran resistencia al ejército vencedor.

- Condenado a muerte, ¿qué ocurrió para que le conmutarán esa pena?
- Parece ser que Muñoz Grandes que había sido de la misma promoción que Franco, y le trataba de tú, le dijo que no podía mandar fusilar a quien a él le había salvado la vida.

 - ¿Cómo logra el General Muñoz Grandes sacarlo del penal de El Puerto de Santa María y devolverle la libertad?
-  Por la misma razón cuando a Muñoz Grandes le nombran Capitán General de I Región Militar, se apresura a poner en libertad a Melchor, sirviéndose de una argucia jurídica.

- Una vez libre, ¿de qué vive?
- Melchor, libre, no acepta ningún empleo que le ofrecen personas significadas del Régimen y se gana bastante bien la vida como Agente de Seguros. Es lógico que a tantos como había salvado la vida se hicieran un seguro con él. Aunque nunca quiso abusar de su condición de salvador.

- ¿Es verdad que complementaba sus ingresos con colaboraciones periodísticas en el diario YA o la revista Dígame, ambas propiedad de EDICA, de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). ¿Cómo acabó el “ángel rojo” escribiendo en la prensa católica del momento?
- En esta última fase de su vida disfrutó mucho recurriendo a su vena literaria y poética. En “Dígame” escribía de toros, que entendía bastante y hasta consiguió escribir letrillas para los famosos músicos Padilla y Quiroga.

- Durante el franquismo, ¿siguió Melchor con sus actividades anarquistas?
- Nunca renegó de su condición de anarquista, lo que le costó de nuevo volver a pisar la cárcel.

- Melchor Rodríguez se declaró toda su vida agnóstico, pero fue enterrado en tierra sagrada. ¿Murió cristiano el “ángel rojo”?
- Su gran amigo, Serafín Álvarez Quintero, decía de Melchor que era un anarquista con el corazón cristiano. Llegó a escribir un soneto titulado “A Cristo Redentor” y en más de una ocasión se refirió a Jesús como el Divino Rebelde.

»Y el dato más significativo es que él, en persona, fue a comprar el nicho en la Sacramental de San Justo, prueba evidente de que deseaba ser enterrado en sagrado, y no en el cementerio civil.

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jueves, 22 de septiembre de 2016

Hoy se conmemora a 233 mártires de la guerra civil española 22092016

Hoy se conmemora a 233 mártires de la guerra civil española

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Hoy se conmemora a 233 mártires de la guerra civil española








REDACCIÓN CENTRAL, 22 Sep. 16 / 12:08 am (ACI).- El 22 de septiembre laIglesia recuerda a 233 mártires de la guerra civil española que fueron beatificados por San Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001. Entre ellos se encuentra el Beato José Calasanz, quien sirvió por un tiempo como misionero salesiano en Cuba.
El Beato José Calasanz Marqués nació en España en 1872. Conoció personalmente a San Juan Bosco en Barcelona (1886) y profesó como salesiano en 1890. Fue ordenado sacerdote en diciembre de 1895.
Trabajó como secretario del Beato Felipe Rinaldi por varios años y luego se le encargó la dirección de un colegio. Después viajó como misionero a dirigir la naciente obra salesiana de Camagüey en Cuba. Luego pasó a ser Provincial de la Inspectoría Peruana-Boliviana y desde 1925 fue superior de la Inspectoría salesiana de Tarra­conense, que comprendía Barcelona y Valencia en España.
Se distinguió por su gran corazón, lleno de amor a los hermanos, a los superiores y a la congregación, demostrando una actividad incansable en el servicio.
En la persecución religiosa en España, después de pasar una semana en la cárcel, fue nuevamente detenido con otros salesianos. Mientras era llevado a Valencia, por el “puente de San José”, murió de un disparo a la cabeza. Era el 29 de julio de 1936.
Pocos días antes de Partir a la Casa del Padre, en una carta a su superior, dejó escrito: “nuestra confianza está puesta en Dios y en la protección de María Auxiliadora y de nuestro Padre San Juan Bosco”.
Entre los 233 mártires hay sacerdotes diocesanos, miembros de la Acción Católica, dominicos, franciscanos, jesuitas, salesianos, hijas de María Auxiliadora, hermanos de las escuelas cristianas (de La Salle), carmelitas, entre otros.