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martes, 18 de julio de 2017

Benedicto XVI ante la muerte del cardenal Meisner: "Con la certeza que el Señor no abandona a su Iglesia…" 15072017

Benedicto XVI ante la muerte del cardenal Meisner: "Con la certeza que el Señor no abandona a su Iglesia…"

B-XVI
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He aquí la traducción del texto íntegro del mensaje – el original estaba escrito en alemán –, enviado el 15 de julio por el “Papa emérito” Benedicto XVI a la archidiócesis de Colonia, en Alemania, con ocasión del funeral del cardenal Joachim Meisner, uno de los firmantes de los “dubia” sometidos el año pasado al Papa Francisco y que aún no han recibido respuesta.
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"… AUNQUE A VECES LA BARCA ESTÁ A PUNTO DE ZOZOBRAR"
En estas horas en las que la Iglesia de Colonia y los creyentes de todas partes se despiden del cardenal Joachim Meisner, también yo estoy con ellos en mi corazón y en mi mente y por eso cumplo con agrado el deseo del cardenal Woelki de dirigirles a ustedes unas palabras de reflexión.
Cuando el miércoles pasado me llegó por teléfono la noticia del fallecimiento del cardenal Meisner, mi primera reacción fue de incredulidad, ya que el día anterior habíamos hablado por teléfono. A través de su voz resonaba el agradecimiento por el hecho que ahora estaba de vacaciones, luego de haber participado el domingo anterior en la beatificación del obispo Teofilius Martulionis, en Vilna. El amor a las Iglesias en los países vecinos del Este que habían sufrido bajo la persecución comunista, así como el agradecimiento por el haberse mantenido firmes durante los padecimientos de esa época lo marcaron a lo largo de su vida. Por eso no es casual que la última visita en su vida fue para rendir homenaje a uno de los confesores de la fe en esos países.
Lo que me impresionó especialmente en la última conversación con el fallecido cardenal fue la serenidad sosegada, la alegría interior y la confianza que él había encontrado. Sabemos que para él, pastor y cura apasionado, fue difícil dejar su oficio, justamente en una época en la Iglesia necesita en forma especialmente apremiante pastores convincentes que resistan la dictadura del espíritu de la época y vivan y piensen decididamente la fe. Pero mucho más me conmovió percibir que en este último período de su vida él había aprendido a soltarse y vivía cada vez más de la profunda certeza que el Señor no abandona a su Iglesia, aunque a veces la barca está a punto de zozobrar.
En el último tiempo hubo dos cosas que lo dejaban cada vez más contento y convencido:
– Por un lado, me contaba una y otra vez cómo lo llenaba de una alegría profunda experimentar en el sacramento de la penitencia la forma en que justamente hombres jóvenes –ante todo también varones jóvenes- viven la gracia del perdón –el regalo de haber encontrado realmente la vida que sólo Dios puede darles.
– Por otro lado, lo que lo conmovía y alegraba era el silencioso crecimiento de la adoración eucarística. En la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia éste fue para él un punto central: que haya adoración, un silencio en el que sólo el Señor habla a los corazones. Algunos expertos en pastoral y en liturgia opinaban que no se puede alcanzar un silencio tal si se contempla al Señor en medio de una cantidad tan enorme de personas. Algunos opinaban también que la adoración eucarística como tal está superada desde el momento en que el Señor quiere ser recibido en el pan eucarístico y no quiere ser mirado. Pero no se puede comer este pan como cualquier alimento y “recibir” al Señor en el sacramento eucarístico reclama todas las dimensiones de nuestra existencia… que el recibir debe ser adoración se ha vuelto mientras tanto muy claro. Así el momento de la adoración eucarística en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia se convirtió en un acontecimiento interior que no sólo fue inolvidable para el cardenal: para él este momento se mantuvo siempre presente y se convirtió para él en una gran luz.
Cuando en su última mañana el cardenal Meisner no apareció en la Misa fue encontrado muerto en su habitación. El Breviario se había escurrido de sus manos: él falleció rezando, a los ojos del Señor, en diálogo con el Señor. El modo de morir que le fue concedido señala una vez más cómo él vivió: a los ojos del Señor y en diálogo con él. Por eso podemos encomendar confiados su alma a la bondad de Dios.
Señor, te damos gracias por el testimonio de tu siervo Joachim. Permítele ser ahora intercesor para tu Iglesia de Colonia y para todo el mundo.
Requiescat in pace!
Benedicto XVI, Papa emeritus

martes, 29 de marzo de 2016

El día que Ratzinger explicó por qué es pecado votar por candidatos a favor del aborto 29032016

El día que Ratzinger explicó por qué es pecado votar por candidatos a favor del aborto

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Benedicto XVI. Foto L'Osservatore Romano
Benedicto XVI. Foto L'Osservatore Romano








ROMA, 29 Mar. 16 / 02:05 pm (ACI).- Hace algunos años el Cardenal Joseph Ratzinger, que fue durante más de 20 años Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, explicó por qué es pecado votar a favor de candidatos que favorecen el aborto.
La misiva que envió el ahora Papa Emérito Benedicto XVI a los obispos de Estados Unidos tenía que ver con la disposición de negar la Eucaristía a los políticos a favor del aborto. En ella afirmaba que “un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia”.
El texto, que fue enviado en ocasión de la asamblea plenaria del Episcopado estadounidense realizada en junio de 2004, recobra importancia en estos días luego que el Arzobispo de Arequipa en el Perú, Mons. Javier del Río Alba, afirmara que es pecado votar por candidatos presidenciales que favorecen el aborto como Verónica Mendoza (Frente Amplio) o Alfredo Barnechea (Acción Popular).
A continuación la carta completa del Cardenal Ratzinger a los obispos de Estados Unidos:
Dignidad para recibir la Sagrada Comunión
Principios Generales
1. El presentarse para recibir la Sagrada Comunión debería ser una decisión consciente, basada en un juicio razonado respecto de la propia dignidad para hacerlo, según los criterios objetivos de laIglesia, haciéndose preguntas como: “¿Estoy en plena comunión con la Iglesia Católica? ¿Soy culpable de algún pecado grave? ¿He incurrido en una pena (p.ej. la excomunión, el entredicho) que prohíbe que reciba la Sagrada Comunión? ¿Me he preparado ayunando por lo menos una hora antes?” La práctica de presentarse indiscriminadamente a recibir la Sagrada Comunión, simplemente como consecuencia de estar presente en la Misaes un abuso que debe ser corregido (cf. Instrucción Redemptionis Sacramentum, números 81, 83).
2. La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia son pecado grave. La Carta Encíclica Evangelium vitae, respecto de decisiones judiciales o leyes civiles que autorizan o promueven el aborto o la eutanasia, declara que existe “una grave y clara obligación de oponerse por la objeción consciente. En el caso de una ley intrínsecamente injusta, como una ley que permite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito por tanto obedecerla, o ‘participar en una campaña de propaganda a favor de tal ley o votar por ella’” (n. 73).
Los cristianos tienen “una grave obligación de conciencia de no cooperar formalmente en prácticas que, aún permitidas por la legislación civil, son contrarias a la ley de Dios. En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente con el mal. …Tal cooperación nunca puede ser justificada invocando el respeto a la libertad de otros o apelando al hecho de que la ley civil lo permite o lo requiere” (n. 74).
3. No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión.
Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia.
4. Aparte del juicio de un individuo respecto de su propia dignidad para presentarse a recibir la Santa Eucaristía, el ministro de la Sagrada Comunión se puede encontrar en la situación en la que debe rechazar distribuir la Sagrada Comunión a alguien, como en el caso de un excomulgado declarado, un declarado en entredicho, o una persistencia obstinada en pecado grave manifiesto (cf. Can. 915).
5. Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación formal de una persona es manifiesta (entendida, en el caso de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia), su párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que lleve a término la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía.
6. Cuando “estas medidas preventivas no han tenido su efecto o cuando no han sido posibles”, y la persona en cuestión, con obstinada persistencia, aún se presenta a recibir la Sagrada Comunión, “el ministro de la Sagrada Comunión debe rechazar distribuirla” (cf. Declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos “Sagrada Comunión y Divorcio, Católicos vueltos a casar civilmente” [2002], números 3-4).
Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una pena. Tampoco es que el ministro de la Sagrada Comunión está realizando un juicio sobre la culpa subjetiva de la persona, sino que está reaccionando a la indignidad pública de la persona para recibir la Sagrada Comunión debido a una situación objetiva de pecado.
Nota aclaratoria: Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia.
Cuando un católico no comparte la posición a favor del aborto o la eutanasia de un candidato, pero vota a favor de ese candidato por otras razones, esto es considerado una cooperación material remota, la cual puede ser permitida ante la presencia de razones proporcionales.

martes, 30 de junio de 2015

Iglesia: testigo de Cristo, en China y en todo el mundo, con el amparo de María 30062015

Iglesia: testigo de Cristo, en China y en todo el mundo, con el amparo de María

Benedicto XVI exhortó a los católicos en China a la esperanza en Cristo, rogando a María
30/06/2015 12:42
Con Jesucristo, «clave, centro y el fin de toda la historia humana», en comunión con el Sucesor de Pedro y la Iglesia universal
Benedicto XVI exhortó a los católicos en China a mirar hacia adelante con esperanza, rogando a María, Auxilio de los Cristianos, Nuestra Señora de Sheshan
(RV).- Deseando manifestar su “amor de padre” y su “cercanía a los católicos que están en China” -  tan presentes en su corazón y en sus oraciones -  Benedicto XVI dirigió su “Carta a los Obispos, a los presbíteros, a las personas consagradas y a los fieles laicos de la Iglesia católica en la República Popular China”.
Fechada el 27 de mayo, Solemnidad de Pentecostés del año 2007, tercero de su Pontificado, y publicada el 30 de junio del mismo año, el Papa Joseph Ratzinger sellaba su Carta presentando una Jornada de oración por la Iglesia en China:
“Queridos Pastores y fieles, el día 24 de mayo, que está dedicado a la fiesta litúrgica de la Santísima Virgen María, Auxilio de los Cristianos — y que es venerada con tanta devoción en el santuario mariano de Sheshan en Shanghai —, podría llegar a ser en el futuro una ocasión para los católicos de todo el mundo, para unirse en oración con la Iglesia en China”.
Los exhorto a celebrarla renovando su comunión de fe en Jesús, Nuestro Señor, y su fidelidad al Papa”, rogando para que “la unidad sea cada vez más profunda y visible”, escribía el Sucesor de Pedro, deseando asimismo que “en esta misma Jornada, los católicos en el mundo entero — en particular los de origen chino” — muestren su solidaridad y solicitud fraterna,“pidiendo al Señor de la historia el don de la perseverancia en el testimonio”, seguros de que los “sufrimientos pasados y presentes”,  de los católicos en China, por el santo Nombre de Jesús, así como la “intrépida lealtad a su Vicario en la tierra serán premiados, aunque a veces todo pueda parecer un triste fracaso”.
Sin pretender tratar todos los detalles de problemas complejos bien conocidos” el Papa Ratzinger deseaba ofrecer con esta Carta “algunas orientaciones sobre la vida de la Iglesia y la obra de evangelización en China, para ayudarlos a descubrir lo que el Señor y Maestro, Jesucristo, « la clave, el centro y el fin de toda la historia humana », quiere de los católicos.
Con su pasión por la caridad y la verdad, Benedicto XVI evocaba también los mensajes y llamamientos de Juan Pablo II y la actividad de la Santa Sede. Un renovado llamamiento a la “unidad y a la reconciliación”, que “no podrá darse de un día para el otro”. Y un mensaje de esperanza:
“Duc in altum” -  escribió Benedicto XVI,  con las palabras de Jesús,(Lc 5,4) que “nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro”. En China, como en todo el mundo “la Iglesia está llamada a ser testigo de Cristo, a mirar hacia adelante con esperanza y a tomar conciencia – en el anuncio del Evangelio – de los nuevos desafíos que el Pueblo chino tiene que afrontar” (n. 3). “El anuncio de Cristo crucificado y resucitado, será posible en la medida en que con fidelidad al Evangelio, en comunión con el Sucesor del Apóstol Pedro y con la Iglesia universal, sabrán poner en práctica los signos del amor y de la unidad” (Ibíd.).
“Que María Santísima, - escribió Benedicto XVI - Madre de la Iglesia y Reina de China, que en la hora de la Cruz, en el silencio de la esperanza, supo esperar la mañana de la Resurrección, los acompañe con solicitud maternal e interceda por todos ustedes, junto con San José y con los numerosos Santos Mártires chinos”.

(CdM – RV)