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viernes, 17 de septiembre de 2021

17 de septiembre: Nuestra Señora de los Llanos

 

17 de septiembre: Nuestra Señora de los Llanos

Patrona de la ciudad de Albacete

Te corona el cariño que Albacete te envía: te corona su fe

Estos versos y otros muchos del himno de la Coronación de la Virgen de los Llanos, recogen y reflejan la devoción y el amor que los albacetenses sentimos hacia nuestra Patrona, en cuyo honor celebramos desde antiguo, esta Feria de septiembre.

Sin embargo, resulta difícil conocer históricamente, por falta de pruebas documentales, muchas de éstas basadas en la tradición, el origen exacto de la devoción a la Virgen de los Llanos.

Villalba y Córcoles en su conocido Pensil del Ave María escrito en 1730, refleja la leyenda, un tanto fantasiosa, de que la primitiva imagen de la Virgen de los Llanos fuera realizada por san Lucas y traída a España por el apóstol Santiago el Mayor, que la depositó en el paraje de los Llanos De vuelta a Roma, comunica este hecho a san Pedro, quien envió a España para predicar a los Siete Varones Apostólicos, los cuales depositaron una escultura de san Pedro en el citado paraje De esta manera, en el culto a ambas imágenes estaría el origen de las ermitas de la Virgen de los Llanos y de san Pedro de Matilla.

Francisco Sánchez Torres en 1898 aventura la hipótesis de que hacia el año 744 la imagen de la Virgen fuera enterrada "para librarla de posibles profanaciones al ser ocupados por los árabes de Palmira" los territorios de Albacete. Este historiador señala que la Santa Imagen sería hallada entre los años de 1266 y 1375.

Datos más fiables acerca del origen de esta devoción los encontramos en el tomo I de la fundación del convento de franciscanos que tuvo lugar en 1672. En el mismo, fray Mateo Vázquez recoge la leyenda de la aparición basada en la tradición oral. Al respecto, señala que "es tradición inmemorial que labrando un labrador en el campo donde está la iglesia, o templo de la Virgen de los Llanos, fue encontrada la Santa Imagen en esta forma: pararónse los brutos y haciendo fuerza el labrador para sacar el arado, sacó la punta de él, esto es, en la punta del arado: la cual Imagen de la Virgen era pequeña,' y haciendo después la Imagen que al presente se venera, entraron o depositaron en su pecho la antigua pequeña y después hicieron la Ermita, El labrador; cuyo nombre se ha perdido, la consideró una muñeca y la colocó en la manta para llevarla como juguete a una hija que tenía, mas al llegar a su casa no la encontró y supuso la había perdido; volvió al siguiente día ya la primera vuelta del arado salió la Imagen, lo que le hizo creer se le había caído allí mismo y, para que no volviera a suceder; ató la manta donde la envolvió, cerciorándose,' cuando marchaba, de que allí permanecía,. pero llegó también sin ella aunque el atadero continuaba firme,' pensó entonces con detenimiento en las circunstancias del hecho y vino a Albacete a contarlo al clero, el cual le acompañó al lugar de la aparición, y también a la primera vuelta del arado salió por tercera vez el bello simulacro, que procesionalmente se trajo a la población, donde estuvo hasta que edificó la ermita".

En el lugar de la aparición se edificó una humilde ermita para rendir culto a la Virgen de los Llanos. Ésta era "pequeña, aunque muy adornada de insignias que los devotos dejaban en reconocimiento de los favores que continuamente experimentaban de su poderosa intercesión, a que acudían muchos concursos de los lugares circunvecinos a rendir las gracias de los favores recibidos, pues desde los primeros momentos" .

Muchos de los milagros atribuidos a la intercesión de la Virgen los Llanos también aparecen recogidos en el libro de la fundación del convento de franciscanos descalzos. Por este documento conocemos los obrados en la persona del espadero, Blas Martínez, quien por intercesión de la Virgen, en 1632, curó su "brazo paralítico" , el de una mujer de Carcelén, también paralítica, quien curó su enfermedad y dio gracias "aclamando el milagro y beneficio recibido por intercesión de esta Santísima Virgen" . Otros muchos, como el acaecido en 1637 en la persona del niño Antonio Valcárcel Soto, de Tobarra, a quien un carro pasó por encima, y que sanó rápidamente por intercesión de la Virgen de los Llanos, reflejan la importancia que el culto a la Virgen alcanza, no sólo en el ámbito local, sino que éste transciende a otros lugares, como refleja el libro de los milagros, hecho estudiado por el profesor Santamaría Conde, y que pone de relieve el prestigio que comienza a tener este santuario.

La devoción a la Virgen de los Llanos también aparece documentada en los libros de acuerdos municipales de la villa de Albacete. Las noticias más antiguas que hacen referencia a este hecho son del año 1570, aunque el primer acto reflejado se refiere al 8 de abril de 1581 donde se señala que se dan 24 reales "para la limosna para los pobres que van por Nuestra Señora de los Llanos" . De nuevo en 1587 se anotan en los libros de actas una serie de libramientos dados para "la comida que se da a los clérigos que van en procesión a la ermita de la Virgen de los Llanos y para los pobres que van a dicha ermita" .

Todos los años en marzo, abril, o bien en mayo, se traía a la Virgen a la parroquia de San Juan desde su ermita, en una procesión regulada por el Ayuntamiento de la Villa a partir de 1591. Precisamente en 1616, cuando por primera vez se cita a la Virgen de los Llanos como Patrona de Albacete, en el acta correspondiente se detalla "que se debe tener en traer a esta Villa a la imagen Santísima de Nuestra Señora, Patrona y Abogada desta dicha Villa" .

Los motivos de traer a la Virgen desde su ermita eran, entre otros, para implorar "la necesidad del agua... cese de enfermedades... " . Una vez alojada en el altar mayor de San Juan Bautista, se hacían rogativas, misas e incluso en su honor se celebraban diversos festejos como "luminarias y fiestas de toros" , organizados por el Ayuntamiento con la colaboración de los vecinos y las cofradías de la Concepción y de Santa Ana. Finalizados los actos, la Virgen retornaba en procesión a su ermita.

Esta devoción a la Virgen de los Llanos, que empieza a alcanzar importancia en los años finales del siglo XVI, y sobre todo desde el siglo XVII, como hemos visto, hecho estudiado por algún historiador local con gran acierto, es interpretado como afirmación de la importancia que alcanza la villa de Albacete con respecto a Chinchilla, cuya Patrona, la Virgen de las Nieves, se veneraba en la cercana ermita de san Pedro de Matilla.

El prestigio de este santuario mariano alcanza un gran auge cuando en el mismo se funda , por Real Cédula de 20 de septiembre de 1672, un convento de franciscanos descalzos pertenecientes a la Provincia de San Juan Bautista de Valencia, a pesar de la oposición de los frailes observantes y agustinos de Albacete que cuentan con el apoyo e influencia de doña Mariana de Toledo, marquesa de los Vélez, aya de don Carlos II y patrona de la Provincia franciscana de Cartagena. Sin embargo, el deseo del Ayuntamiento de tener esta fundación "que se hará a Su Majestad Divina, a su Madre Santísima, en utilidad y aumento espiritual, corporal y temporal de los habitantes de la villa de Albacete y de otros lugares comarcanos" , propiciará que en la noche del domingo del día 3 de octubre de 1672, el ministro provincial, fray Jerónimo Tous, tome posesión de la ermita y funde un convento. Estos frailes franciscanos van a ser los encargados del culto a la Virgen tal y como se detalla en la concordia firmada con la villa de Albacete el 6 de noviembre. En ella se anotan, entre otros aspectos, "que la dicha Villa ha de quedar con el patronazgo del convento... que esta Villa, siempre que se le ofrezca, ha de pedir a Nuestra Señora y los Religiosos la han de dar en cualquier ocasión de necesidad que la dicha Villa tiene votada la fiesta de Nuestra señora, en el día de San Juan de Mayo que las joyas de Nuestra Señora tiene, se hayan de conservar; en especial las dos coronas, la imperial y la otra" .

Firmados estos acuerdos, tanto la Villa como los religiosos muestran su complacencia, "la primera, satisfecha por el aumento del culto que se tributaba a su querida Patrona; los segundos, aparte de igual motivo, contentos de la fundación que, en un porvenir no lejano, había de proporcionarles comodidad y bienadanza" .

Instalados los franciscanos en la ermita y dependencias anexas, inician la construcción de un nuevo convento en terrenos cedidos por la Villa y por don Antonio Cantero, convento que con el tiempo va a ser uno de los más importantes de la Provincia de san Juan Bautista de Valencia, y posteriormente, a partir de 1774, de la Custodia de san Pascual Bailón del reino de Murcia. En el mismo se celebraron numerosas reuniones capitulares, moraron ilustres religiosos adornados con fama de santidad, llegó a tener noviciado y también una fábrica de sayales y un hospicio en Albacete. Igualmente, de 1753 hasta 1767 se ocuparon del culto en el santuario del Cristo del Saúco. Cuando el Ayuntamiento de Albacete, tal como leemos en los libros de acuerdos municipales, requería la presencia de la Virgen, fundamentalmente para la realización de rogativas, los frailes llevaban en procesión, "con la solemnidad acostumbrada" , la Patrona a la Villa, "armados de ásperas y rigurosas penitencias" , acompañada de "Los cabildos secular y regular" . Algunas de estas rogativas, como la que tuvo lugar el 9 de marzo de 1750, provocaba entre los vecinos a su paso el más encendido fervor popular: "unos con antorchas encendidas otros concurriendo con iluminar las calles y muchos aliviando a los religiosos con sostener las graves penitencias que sufrían sobre sus cuerpos" . Realizados los diversos oficios religiosos acostumbrados, "se restituía a Su Santa Casa la Imagen de María SS de los Llanos, con gran devoción, en recuerdo de los beneficios que esta va con su traida a experimentado" .

Como hemos señalado anteriormente, en el lugar de la aparición se edificó una pequeña ermita. Posteriormente, según leemos en el libro primero de la fundación del convento, se indica "que hacia I 628 se fabricó el templo que hoy tiene que es muy grande y capaz" . Estas obras para la construcción del nuevo templo se iniciarían, posiblemente, hacia 1620 y estarían concluidas hacia 1638, cuando Juan Díaz de Gamboa, vecino de Jorquera, concluye la torre de la iglesia. Para ello se contó con la colaboración del Ayuntamiento y de los vecinos, hecho que viene a demostrar el auge que alcanza la devoción a la Virgen de los Llanos a partir del siglo XVII. Con la llegada de los frailes franciscanos todo el conjunto religioso se va ampliando y se realizan numerosas obras, muchas de ellas reflejadas en los libros de Actas y de Historia de la Custodia de san Pascual Bailón , afortunadamente conservados. Junto a la ermita se construyó un hospicio, claustro y el resto de las dependencias conventuales articuladas en tomo a la misma, tal y como podemos ver en este pequeño plano de 1780.

Sin duda la obra más importante llevada a cabo en la misma es la construcción de un camarín en 1684, siendo guardián del convento fray Mateo Blázquez. Este se encontraba situado detrás de la capilla mayor y al mismo se accedía por una escalera desde la sacristía. Se hallaba decorado profusamente y en él "se encontraban completas y bien guardadas todas las alhajas" donadas por los fieles y devotos, y cuya relación se encuentra en los citados libros de la Custodia. Ocupando el centro del camarín estaba la imagen de la Virgen de los Llanos, cuya iconografía ha sido estudiada tanto por Sánchez Jiménez como por García-Saúco. De la primitiva imagen gótica de finales del siglo XIV o inicios del XV se conservan dos cabezas de la Virgen y el Niño en la espalda de la actual, destruida parcialmente en 1936. Junto a éstas se encontró la siguiente inscripción donde se lee: "Esta es la cabeza / de la virgen de los los / llanos que fue el pri / ncipio de la devoción / de esta casa suya y / por ser de materia tan / flaca se hiço este cuer / po y cabeça de madera / Año de / 1631"/ . Con posteridad a este año, en palabras de García-Saúco, "la imagen tomaría una forma piramidal con un frente triangular, con vestido, manto, rostrillo, coronada, con aureola de estrellas y media luna a los pies, según la visión apocalíptica de san Juan", tal como la contemplamos en la actualidad. De esta imagen se conservan varios grabados y litografías en los que podemos observar la evolución iconográfica a lo largo de diferentes épocas. El templo se amplió en sucesivas etapas, se hicieron varias capillas, como las de san Antonio de Padua, san Pascual Bailón, san Pedro de Alcántara, san Diego de Alcalá, Nuestra Señora de Loreto, Concepción. .., todas ellas adornadas con ricas imágenes y pinturas. En estas capillas se veneraban diversas reliquias como: un trozo de carne, hueso y hábito de san Pascual Bailón, un trozo de vara de Santa Catalina Mártir, así como otras de san Pedro de Alcántara, beato Andrés Hibernón, beato Salvador de Horta, etc. También se construyó una bóveda para enterramiento de los religiosos.

Estos breves apuntes históricos acerca de la devoción a la Virgen de los Llanos quedarían incompletos si no hiciésemos una puntual referencia a la Feria de Albacete. Ésta se celebraba tradicionalmente en la Villa, pero cuando los frailes franciscanos descalzos toman posesión de la ermita en 1672, la Feria se traslada a los Llanos y piden al rey, en abril de 1683, les conceda el título de feria franca, petición que no es atendida. Sin embargo, el 6 de marzo de 1710 sí se concede al Concejo de Albacete el citado privilegio para celebrar en la Villa la Feria todos los años del 7 al 11 de septiembre. Los frailes recurren y en julio de 1712 obtienen una Real Provisión para que la Feria se siga celebrando "en el sitio y lugar de los Llanos y que caso que la villa la manda se a otro sitio, no sacase la Imagen de Nuestra Señora de su convento, imponiendo para que lo cumpliese las penas y apercibimientos correspondientes" . El argumento fundamental era que de las limosnas de los fieles que acudían al santuario dependía el sustento del convento. A partir de este momento, se va a iniciar un largo pleito entre los religiosos y el Ayuntamiento para dirimir esta cuestión, pleito que llega a las más altas instancias judiciales de la época, como la Real Chancillería de Granada, y que en gran parte se conserva. Este contencioso va a dar lugar a momentos de gran tensión entre el Ayuntamiento y los religiosos, como los sucedidos en 1779, cuando el guardián, fray Antonio Ponce, se opone a que los comisarios nombrados por la Villa para la Feria de ese año entren en la casa-hospicio del convento. Este enojoso pleito se resuelve con fecha 11 de julio de 1783, cuando el Tribunal Supremo de Castilla concede al Ayuntamiento licencia para trasladar y celebrar la Feria en Albacete. Para ello tomó la resolución de realizar un edificio "en las eras de santa Catalina con capacidad sobrada para todas las exigencias y necesidades de la época" . A partir de este momento, la Feria adquiere gran importancia y será uno de los factores que van a contribuir al progreso de Albacete, y que cristalizarán en la concesión de la capitalidad en 1833. Trasladada la Feria a la Villa, los religiosos permanecen en el convento cuidando del culto a la Patrona hasta que, en marzo de 1836, el convento se clausura como consecuencia de la aplicación de los decretos desamortizadores de Mendizábal. Cerrado éste, los religiosos lo abandonan, y mientras se decide el destino del convento, culto a la Virgen, cuidado de las alhajas y demás pertenencias, las autoridades acuerdan "que para no privar a aquellos fieles de oír el Santo Sacrificio, dispone que interinamente, quedase hospedado en una de las casas de los labradores, el religioso fray José Suárez, entregándole las llaves de Iglesia, vestuario y demás necesario para la celebración del Santo Sacrificio hasta ulterior disposición" .

En 1836, el Ayuntamiento reclama la imagen de la Virgen y sus pertenencias quedando depositada en la parroquia de san Juan, colocándola en una hornacina del desaparecido retablo barroco del altar mayor. En 1875 se fundó la Asociación de la Virgen de los Llanos a la que el rey Alfonso XIII concede el título de Real. Destruida parcialmente en 1936, la imagen se restaura y reconstruye en el taller de Ramiro Undaveytia. En 1948 el escultor valenciano José Díes López realizó una nueva peana, copia de la destruida en 1936. Después de la Guerra Civil, en 1940, la Virgen es entronizada en el emplazamiento actual en un bello retablo del siglo XVI. El 27 de mayo de 1956, la Virgen de los Llanos fue coronada canónicamente por el Nuncio Apostólico, en un brillante acto que sin duda muchos albacetenses aún recuerdan. Con los donativos aportados por el pueblo de Albacete se hizo un a corona de oro, una nueva peana de plata diseñada también por José Díes López y un precioso manto realizado por las monjas Carmelitas descalzas de la ciudad. Final- mente, la imagen actual presenta una media luna con dos estrellas en los extremos en la que aparece una inscripción con la firma, fecha y nombre del donante, el regidor, Diego de Molina Montesinos, que fue realizada en 1654 por Manuel López.

Dios te salve, Maria de los Llanos, Señora de la sombra y la luz ...

(fuente: www.mariologia.org)

domingo, 23 de diciembre de 2018

Alfonsina

Juan Lorenzo COLLADO GÓMEZ




La lluvia me empapa, pero me importa muy poco, es casi mágico sentirla correr por la piel de forma torrencial. Queda todo tan lejos de aquí, de este momento de soledad en el que el dolor apenas me deja un segundo de plena lucidez.
Qué lejano queda todo, incluso el instante en el que hace unos segundos miraba la lluvia desde la ventana y el sufrimiento era intenso, apenas lo puedo soportar, diciéndome que no vale la pena continuar aquí porque, además, ya sólo es cuestión de días, quizá algún mes y además yo tengo mucho miedo, sobre todo al dolor.
Le dije en una ocasión a mi amigo Fermín Estrella que me llamaron Alfonsina porque quiere decir dispuesta a todo y ahora lo estoy más que nunca.
No recuerdo nada de Lugano, simplemente me dijeron que nací allí, pero yo he sido siempre argentina, aquí esta mi corazón, mis palabras, mis primeros recuerdos de cuando tenía cuatro años y estaba en San Juan, en el umbral de mi casa, sosteniendo un libro del revés mientras miraba a la gente que pasaba. De entonces recuerdo que siempre me consideré una niña fea con la cara redonda y regordeta.
Posiblemente ocurrieron muchas cosas importantes pero yo sólo recuerdo aquello de cuando era tan pequeña y cuando nos marchamos a Rosario. Una familia pobre. Mi madre puso una pequeña escuela domiciliaria y, posteriormente, mis padres abrieron el Café Suizo, cerca de la estación del tren. Me encantaba mirar pasar los trenes en los ratos libres en los que a mis diez años atendía las mesas y fregaba los cacharros. Pero siempre había un rato para sentarme a esperar su paso y escribir algún verso o describir la realidad en un papel. Pero el café fue un fracaso cuando papá murió y entonces yo me empleé en una tienda de gorras para ganar algún dinero.
Entonces llegó la compañía de teatro de Manuel Cordero y quiso la suerte que pudiera sustituir a una actriz que enfermó.
Mi madre me dejó ir con ellos y se abrió un mundo nuevo para mí representando “Espectros”, de Ibsen; “La loca de la casa”, de Galdós; y “Los muertos”, de Florencio Sánchez. Era una niña que a mis trece años parecía una mujer y la vida me pareció que apenas valía la pena porque el ambiente me aplastaba cada día y regresé a casa para escribir mi primera obra de teatro.
Con mi madre casada otra vez y sintiéndome fracasada, ya tenía muy claro lo dura que era la vida y que nadie me iba a regalar nada. Por eso me matriculé en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales de Coronda hasta obtener el título. Comencé a estudiar para maestra rural y conseguí un puesto y, en mis ratos libres, escribía en las revistas “Mun rosarino” y “Monos y monadas”. ¡Qué poemas aquellos!
Hace frío aquí y quizá debería regresar a la pensión y meditar un poco, pero es que no tengo nada que pensar y quiero caminar hacia el mar.
Diecinueve años tenía cuando llegué a Buenos aires con una maleta más pesada por los libros de Rubén Darío que por mi ropa y mis versos.
Llegué embarazada de un hombre mucho mayor, al que quería y no quiso de mí algo más que placer. Fue allí donde decidí tener mi hijo y empezar de nuevo, con un niño sólo para mí al que llamé Alejandro. Mis recursos para vivir fueron trabajar como cajera en una tienda y en las revistas “Caras y Caretas”. Pero lo más placentero era recitar mis poemas en las bibliotecas de barrio.
Tardé cuatro años en conseguir, con un esfuerzo enorme, que mi primer libro viera la luz. Fue otro hijo que vio el mundo siendo un homenaje a Manuel Gálvez, a quien admiraba. Lo llamé “La inquietud del rosal”
Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas...
Publiqué el poema “Versos otoñales” en “Mundo Argentino”, donde también lo hacía publicaba Rubén Darío y eso fue fantástico, tanto como conocer a Nervo, que llegó a Argentina como embajador.
Cuando presenté el libro “El dulce daño”, en 1918, las cosas eran diferentes porque mis amigos me ofrecieron una comida en el restaurante Génova, donde se reunía el grupo Nosotros y leyeron mis poesías Roberto Giusti y José Ingenieros, mi gran amigo.
Fue en ese año agradable cuando comencé a realizar visitas a Montevideo y ya no he dejado de hacerlo nunca.
Tú me quieres alba, 
me quieres de espumas,
me quieres nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
Corola encerrada
¡Qué aguacero! Parece que se hundieran las nubes, pero no quiero entrar en casa, el malestar me hace desistir de ello, prefiero caminar hasta el mar.
Un año más tarde me hice cargo de una sección fija en la revista “La Nota” y en el periódico “Nación”, en el que, entre otras cosas, escribía sobre el papel que debiera corresponder a la mujer en la sociedad mucho más allá de buscar sólo el matrimonio. Como no podía ser de otro modo las críticas más feroces no se hicieron esperar por mis ideas, pero también hubo muchísimas adhesiones a mis palabras.
Ese fue un tiempo de dura pero agradable labor, me sometí a un esfuerzo que no me daba apenas tiempo para otra cosa que no fuera trabajo y más trabajo dando conferencias, clases en el colegio Marcos Paz, en la Escuela de Niños Débiles del Parque Chacabuco, en el Instituto de Teatro Infantil Labardén y en la Escuela Normal de Lenguas Vivas. Fue a partir de 1926 cuando dispuse de una cátedra en el conservatorio de Música y Declamación impartiendo Arte escénico y, no teniendo bastante con eso, di clases de castellano en la Escuela de Adultos Bolivar.
Todo este trabajo desembocó en un agotamiento físico que me llevó a un obligado descanso y así comenzaron mis viajes a Mar del Plata y Córdoba.
Horacio Quiroga el escritor que vivía en la selva. ¡Qué buen amigo, cuánta admiración! No sé por qué no lo seguí al infinito. “Cuentos de la selva”, “El desierto”, “Anaconda”. Sus poemarios me atraían, disfrutaba con su lectura y para entonces yo ya había publicado “Irremediablemente” y “Languidez”.
Éramos tan diferentes...Pero me atraía su personalidad, su mirada, su poesía. Me robó un beso una tarde mientras jugábamos a las prendas y debíamos besar ambas caras de un reloj a la vez, y él lo quitó en el momento justo. Me hace sonreír el recuerdo de los tangos de entonces, cantar un tango, cuanta tristeza y pasión en ellos.
Cuando Horacio decidió volver a Misiones me dijo que lo acompañara, pero yo no me atreví a hacerlo. Quizá me equivoqué, pero eso ya no importa. No importa nada.
Esta noche al oído me has dicho dos palabras
comunes. Dos palabras cansadas
de ser dichas. Palabras
que de viejas son nuevas.
Casi coincidió la publicación de “Ocre” con la muerte de José Ingenieros y sin mi amigo me quedé mucho más sola de lo que siempre había estado.
Me reiría, como hice en otras ocasiones, de lo curioso de mi encuentro con Gabriela Mistral. Le habían dicho que yo era fea, no soy una belleza, pero de eso a ser tan fea... Y cuando llegó a casa y le abrí la puerta pregunto por Alfonsina pesando que tenía que ser alguien mucho menos agraciada.
Qué triste fue el estreno de mi primera obra de teatro, “El amo del mundo”. Hasta el presidente Alvear y su esposa, Regina Pacini, asistieron, pero fue un fracaso y la crítica se ensañó conmigo. Quizá no entendieron la visión que quería mostrar sobre la mujer. Un cronista llegó a decir que Alfonsina Storni denigraba al hombre. Todo lo que hay alrededor de mi obra de teatro fue un trago muy amargo.
Después vinieron viajes a muchos lugares, entre ellos España, a donde volví en 1931 conociendo escritores de allá como fue Concha Méndez, que me dedico algunos poemas. Y un año después publiqué mis dos farsas pirotécnicas: “Cimbelina y Olixene” y “La cocinerita” casi a la vez que me di cuenta de que las canas abundaban en mi cabello.
En “Mundo de siete pozos” intenté conseguir imágenes dentro de un mundo precario e inestable donde ojos, oídos, fosas nasales, boca, son los encargados de hacernos llegar el miedo, toda la angustia de la vida, recurriendo una y otra vez a los elementos que integran la ciudad.
Igual que yo fui a España y conocí a algunos escritores, otros vinieron de allá y así fue como conocí a Federico García Lorca, el de los gitanos. Su poesía me encantó y le dediqué un poema; “Retrato de García Lorca”:
Salta su garganta 
hacia afuera 
pidiendo 
la navaja lunada...
Y cuando menos lo esperas el mazazo, el golpe frío que te sobrepasa y te hablan de una enfermedad y de que hay que operar antes de que sea demasiado tarde para atajar el cáncer de mama que me aquejaba. Y sin tener tiempo para salir al paso del abatimiento se suicidó Horacio Quiroga.
Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
Y así como en tus cuentos, no está mal
un rayo a tiempo y se acabó la feria...
Qué difícil parece ser todo. ¿Por qué tiene que haber tanto dolor en la vida cuando sólo se pretender vivir... Tan sólo eso?
Hace frío, el aguacero apenas me deja ver el mar, tan fuerte, tan hermoso, tan atrevido, y yo quiero dejarme acoger por sus brazos.
Nunca llegué a pensar que me pudieran considerar tan importante como para invitarme a compartir un acto con Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. Tenía que hablar de mi forma de crear y disponía de un día para escribir mi conferencia. Lo hice sobre mis rodillas y se me ocurrió el título de “Entre un par de maletas a medio abrir y las manecillas del reloj”.
Fue fantástico escucharlas, compartir sus secretos de escritoras con los demás y leer sus versos.
No ha pasado tanto tiempo, unos meses y mi vida ha dado un giro terriblemente brusco. La tensión, saber que todo está perdido es demasiado duro...
No podía aguantar más en la habitación y he tenido que salir, el dolor... Siempre este dolor que no me deja descansar, pero el mar está ahí, esperando siempre con su mirada capaz de llevar en ella el olvido.
He venido a Mar del Plata a descansar, a intentar reponerme cuando yo sé que no me queda ninguna posibilidad y no soporto más la angustia. Ni tan siquiera la lluvia torrencial es capaz de mitigarla un poco.
Hace unas horas llamé a la dueña de la pensión y le dicté una carta para mi hijo y he escrito un poema que quiero titular “Voy a dormir”.
Dientes de flores, cofia de rocío, 
manos de hierbas, tú, nodriza fina, 
tenme prestas las sábanas terrosas 
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera; 
una constelación; la que te guste; 
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba 
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono 
le dices que no insista, que he salido...
Sigue lloviendo y ya sólo espero que el agua del mar no esté muy fría.

Juan Lorenzo COLLADO GÓMEZ
Albacete, España

lunes, 3 de diciembre de 2018

Mientras espero (Gracia AGUILAR BAÑÓN)

Mientras espero

Gracia AGUILAR BAÑÓN





Aquí sentada mientras espero que llegue el “ayudante” para que le lleve esta comida a mi hijo, no puedo hacer otra cosa que repasar mi vida y contársela a ustedes, aunque no tengo muy claro para qué. Quizá para desahogarme, para frenar un poco esta rabia que no puedo gritar, porque me harían callar.
Llevo ya dos horas y sé que aún me queda un buen rato. Estas cosas van lentas. Cuando viene Nuri, mi hija, la atienden más rápido, tiene suerte, o lo más seguro es que le haya gustado a alguno de estos policías. Yo ya soy demasiado vieja (demasiado parecida a estas otras tantas mujeres que esperan también aquí, a mi lado, enfrente de mí) para recibir un trato especial. Así que ellas y yo nos limitamos a insistir, una y otra vez, hasta que deciden hacernos caso, por cansancio o aburrimiento o, en ocasiones, cuando conseguimos reunirlos, por los “chelitos” que les ponemos disimuladamente en la mano. Hay veces que nos exigen el dinero sin tapujos y si les decimos que no tenemos nada, nos hacen esperar a propósito, tan jodones, nos ignoran, para que aprendamos que al día siguiente no debemos volver con las manos vacías. Como vine yo hoy, sólo con la comida de Domingo y con una camisa limpia para que se cambie. Ya son diez días los que lleva ahí dentro, el pobre, que no hizo nada, que me lo cogieron siendo inocente.
Sí, ya se que piensan que soy su madre, que qué voy a decir si es mi hijo, que pesa más el corazón que la cabeza. Pero no crean que espero que todos ustedes me comprendan, no, que lo único que quiero es que me escuchen. Ustedes no van a poder hacer nada por cambiar esto, ni yo tampoco lo pretendo, que quede claro. Bien sabe la vida que ya he aprendido a conformarme, a aceptar lo que venga con resignación. Soy pobre, pero no pendeja. Y no rezo cada noche para que mi situación cambie, lo que le pido a Dios es que me de fuerzas para seguir viniendo cada día, para que Domingo no acabe en el olvido como le pasa a la mayoría de los que están igual que él. Que eso es lo triste. Así terminan: en las celdas de esa maldita cárcel, sin posibilidades ya de salir porque nadie se acuerda de ellos, convirtiéndose en uno más, en uno de esos tantos.
...Míralo, ahí viene el “ayudante”, con esa cara de poder, como si no supiera que en realidad es tan desgraciado como yo...
Ya sabía que no me iba a hacer caso, pero tenía que intentarlo. Lo malo es que está anocheciendo y no dejé la cena preparada. Menos mal que Nuri se hará cargo. Que se está portando muy bien esa hija mía del alma a la que no supe encaminar. Ya me la puedo imaginar a ella dentro de diez años en este mismo lugar, sentada aquí donde yo estoy, trayéndole comida a uno de sus ahora pequeños. Porque la vida da vueltas y se repite. No quiero decir con ello que mi madre, que Dios la tenga en su gloria, se encontrara algún día en esta situación (no, eran otros tiempos, entonces no te metían en la cárcel, directamente te hacían desaparecer). Pero que alguien me explique si no cómo es posible que a ella la abandonara mi padre, que a mí me terminara dejando el que nunca llegó a ser legalmente mi marido (porque ya estaba casada con otra) y que el condenado ese que dejó preñada por tres veces a la Nuri desapareciera con la última barriga.
Mi pobre Nuri... No supe evitar que pasara por lo mismo que yo. Me quedé sola cuando los muchachos estaban en la edad más difícil, y entre el trabajo y la casa se me escapó. Por ser la más grande y hembra dejó de estudiar para ayudarme con los pequeños... Sí, qué bien lo veo ahora, de lejos, cómo se repetía la historia, pero entonces no fui consciente. Lo normal era que una chica ayudase a su madre en la casa. Y ahora ya no sabe, no puede hacer otra cosa.
Ni siquiera ha encontrado a un hombre que la trate mejor. En eso yo tuve más suerte. Ya grandes los muchachos apareció Francisco. A la Nuri no le hizo mucha gracia, al fin y al cabo era la que más se acordaba de su padre y de lo que me hizo sufrir. Pero Francisco es bueno. No soy la única, eso lo sé y lo acepto, no estamos ya para poner condiciones, pero me trata bien, trae dinero a casa y se porta con los muchachos, aunque no sean hijos suyos. Y las comadres por fin me dejaron en paz. “Que se te va a pasar el tiempo y la edad no perdona”, “que luego, con arrugas, ya no te va a querer nadie”, “que un macho es necesario en una casa”, “que no puedes quedarte sola”. Qué pesadas se pusieron.
...Bueno, ahí viene otra vez con su misma cara. A ver si ahora tengo más suerte...
Creo que me vuelvo a casa con la comida. Hoy ese desalmado tiene el día torcido, seguro que ha quedado con la novia después del trabajo y le querrá brindar unas cervezas, por eso no da el brazo a torcer. Como que no le hubiera dado yo el dinero si lo tuviera, con tal de que mi Domingo comiera caliente...
Me cuesta entender a estos desdichados. No paro de preguntarme si no tendrán madre, si no sentirán un mínimo de respeto, de compasión, por unas mujeres mayores que lo único que hacen es preocuparse por sus hijos. Qué malo es eso de creerse con autoridad. En realidad ellos no son más que unos pobres desgraciados, pero tienen fuerza ante nosotras, pueden jodernos la vida y lo hacen.
Yo me he esforzado por conseguir que mis hijos sean unos buenos muchachos, y lo he logrado, por eso digo que Domingo no se merece estar ahí dentro. Él nunca ha dado problemas, consiguió su trabajo en la fábrica, incluso participa en alguna actividad de la parroquia. Cierto que se toma su cerveza de vez en cuando, pero ni siquiera toca el ron, y a las dos novias que ha tenido las ha tratado con respeto. Pero tuvo que pasar por el puente en el peor momento. Mira que se lo advertí tantas veces: “Hijo, da el rodeo, aunque sea más largo el camino, evita el puente, que todos sabemos lo que se mueve allí”. Y le pilló la redada. Lo metieron con los demás en la furgoneta y para acá que se lo trajeron. No le encontraron nada, pero tampoco lo sueltan. No me pidan que les explique porqué. Aquí no hay motivo, simplemente las cosas pasan. Y digo aquí, porque me han contado que existen otros lugares en los que no ocurre esto. Yo no hago caso a habladurías, pero la gente sí se lo cree e incluso se va a buscarlo. Así alimentan a los tiburones, porque muchos no llegan, se quedan en el camino, se los traga ese mar traicionero. Como le pasó al hijo de la comadre María. La acompañé a que reconociera el cuerpo, si es que aquello podía llamarse cuerpo. Dios mío, no fui capaz de ver en esa masa de carne al Roque, al pequeño Roque que creció junto a Domingo y se dejó llenar la cabeza de sueños. La comadre sí lo reconoció, o al menos es lo que quiso creer, porque así pudo darle un entierro. Les parecerá tonto, pero consuela tener una tumba a la que visitar y llevar flores.
A mí me cuesta pensar que allí, en la otra orilla, hay algo mejor que esto. Quizá si lo viera con mis propios ojos… Pero no piensen que sería capaz de arriesgar la vida por ello. Mi sueño no es dejar mi país. Al fin y al cabo no se vive tan mal. Si la gente aprendiera a conformarse y a vivir en paz: comer, comemos todos los días, y un techo no nos falta. ¿Para qué más?
..Mira qué bien, se va el mamarracho ese, a ver si tengo más suerte con el que entre...
¿Ven porque no me quejo? Dios acaba sonriéndome siempre: el que ha entrado es ése al que llamamos “pequeño buena persona”.
“No se preocupe mi doña, que yo se lo hago llegar”, me ha dicho al coger la comida y la camisa. Ojalá y hubiera alguno más como él. Ahora ya puedo irme tranquila, andando, a pesar de que es un paseo largo, porque ni dos pesos llevo para la guagua, pero así me da tiempo para ser agradecida. Y a ustedes les dejo en paz. Alégrense por mí y no le den mente a todas las tonterías que dice una vieja cuando el cansancio le amenaza.
...Es más tarde de lo que me creía. Está oscuro. Espero que la vida me siga favoreciendo y me proteja en el camino que me queda por delante...

Gracia Aguilar Bañon
Albacete, España