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sábado, 13 de abril de 2019

Argüello y los asaltantes gay: «¿Interrumpir la misa con voces, insultos, qué es, flores y pájaros?» 11042019

Argüello y los asaltantes gay: «¿Interrumpir la misa con voces, insultos, qué es, flores y pájaros?»

Una escena del asalto de activistas LGTB a la catedral de Alcalá el 3 de abril de 2019, que obligó a interrumpir el culto - eso es delito según la ley española
Una escena del asalto de activistas LGTB a la catedral de Alcalá el 3 de abril de 2019, que obligó a interrumpir el culto - eso es delito según la ley española
El pasado viernes 5 de abril, en la rueda de prensa ante muchos periodistas interesados en la asamblea plenaria de los obispos, el portavoz del episcopado español, Luis Argüello García, obispo auxiliar en Valladolid, respondió a una pregunta de La Sexta que proponía "una terapia espiritual contra la homofobia".
"Estupendo", respondió el obispo. "Todo lo que sea terapia contra el odio... nosotros somos especialistas en predicar el amor, aunque luego lo vivamos medianamente".
Pero inmediatamente el obispo aprovechó para denunciar, sin especificarlo, el asalto de activistas LGTB a la catedral de Alcalá de Henares producido dos días antes, el 3 de abril, cuando varias docenas de activistas con banderas LGTB entraron en la catedral, gritaron e interrumpieron el culto con consignas y actos provocativos.
"Lo que a mí me sorprende es que personas que nos denuncian por delito de odio tengan un gesto tan poco amable como entrar en un templo cuando se está disponiendo la gente para comenzar la celebración de la eucaristía, a entrar dando voces, insultando e interrumpiendo este acto. ¿Esto cómo lo llamamos? ¿Flores y pájaros? ¿Amor? ¿O liturgiofobia? ¿O eucaristiofobia? ¿Por qué no buscamos juntos cómo hacer mejor las cosas?", planteó el obispo.
La Iglesia pide respeto, compasión y delicadeza para con los homosexuales
La doctrina católica sobre la homosexualidad y los homosexuales se puede consultar en el Catecismo de la Iglesia Católica, en sus párrafos 2357, 2358 y 2359.
Ahí se puede leer: "Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición".
El Catecismo prosigue: "Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana".
La ley española castiga asaltar iglesias e interrumpir el culto: ¡incluso en la República!
La ley española recoge con bastante detalle en los artículos 523 y 524 del código penal que se castiga la alteración de ceremonias religiosas y la ofensa de sentimientos religiosos en lugares de culto. Según la ley española, no es lo mismo insultar a los católicos en la calle que irrumpir con gritos en una iglesia, y más durante la misa.
El artículo 523 del Código Penal dice: quien, “con violencia, amenaza, tumulto o vías de hecho, impidiere, interrumpiere o perturbare los actos, funciones, ceremonias o manifestaciones de las confesiones religiosas, será castigado con la pena de prisión de seis meses a seis años, si el hecho se ha cometido en lugar destinado al culto”.
Así entraron unos activistas LGTB interrumpiendo el culto en la catedral de Alcalá el 3 de abril de 2019
Varias de las frases de las leyes actuales españolas sobre protección del culto y de los sentimientos religiosos se tomaron de las leyes de 1932 de la Segunda República: la protección de los sentimientos religiosos, el castigo a la interrupción del culto, el respeto a los "dogmas, rituales", "imágenes, objetos de devoción"... Puede verse en este PDF con la ley de 1932.
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Incluso la ley de 1932 la muy laicista Segunda República española castigaba el escándalo en lugares religiosos ofendiendo el sentimiento religioso 
Otros precedentes de asaltos anticatólicos a iglesias
En marzo de 2019 la Audiencia de Madrid condenó a las dos extremistas de Femen que asaltaron la catedral de la Almudena de Madrid en junio de 2014 por un delito de profanación, por lo que cada una tendrá que pagar una multa que asciende a 2.190 euros.
En diciembre de 2017 el Tribunal Supremo confirmó la condena de un año de prisión impuesta por la Audiencia de Baleares contra cinco jóvenes extremistas que interrumpieron la Misa con gritos a favor del aborto en la iglesia de Sant Miquel, Mallorca, rechazando el recurso de casación interpuesto por los condenados.
En enero y febrero de 2014, y en el diciembre de 2013, durante el debate sobre la Ley del Aborto del ministro Gallardón, abundaron los ataques a iglesias en distintos formatos: 

1) Irrumpir en medio de misa con gritos y pancartas (como en Sant Miquel en Mallorca y en Navidad en Sabadell, Barcelona)

2) Amenazar con pintadas en iglesias que impedirán el culto (como en la basílica de Yecla, Murcia)

3) Encadenándose en la entrada del templo (como en la catedral de Terrassa)

4) Directamente intentando quemar la iglesia (como en Santa Marina, en Sevilla)

Más allá de las actividades delictivas cristianófobas de grupos abortistas, LGTB o anarquistas, se da la circunstancia de que en España la mayoría de actos públicos de cristianofobia (exactamente dos de cada tres) no los protagonizan marginales ni inadaptados, sino que los realizan políticos y cargos electos, como analizaba el informe 2013 del Observatorio de la Libertad Religiosa en España.  

domingo, 2 de noviembre de 2014

Miedo al yihadismo? 31102014

Miedo al yihadismo?

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Estanislao Martín Rincón

No sé muy bien hasta qué punto somos conscientes del peligro real que para Europa en general y para España en particular representa el yihadismo. No sé muy bien si es que no lo vemos porque nos parece un problema de dimensiones reducidas, porque lo entendemos como un problema policial o simplemente no lo vemos porque preferimos no verlo, pero el problema existe. Y existe en un doble ámbito territorial, exterior e interior. Si miramos el mundo musulmán exterior a nosotros, el yihadismo hace tiempo que está aquí, a cero centímetros de las ciudades españolas de África, Ceuta y Melilla, y a catorce kilómetros de la España peninsular. Si miramos hacia adentro, de cuando en cuando nos salta la noticia de que la policía está trabajando muy seriamente desarticulando células radicales y deteniendo a individuos peligrosos en diversas ciudades: Ceuta, Melilla, Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, etc.

En cambio la cosa no es tan simple ni tan superficial porque ahí no está todo el peligro, ni siquiera la parte más preocupante del mismo. Dicho con las debidas cautelas, no debería asustar mucho que de vez en cuando la policía descabece a un grupo de fundamentalistas peligrosos y los mande al juez. Que la policía trabaje bien y atrape a terroristas potenciales o reales, más que preocupación, debería infundir tranquilidad. Pero el verdadero meollo del problema, digo, no está ahí. El verdadero problema está en que el yihadismo tiene una gran capacidad de persuasión y en diversos países europeos, España entre ellos, hay un importante sector de población musulmana. Porcentualmente podría parecer que son pocos porque se calcula que en nuestra sociedad se sitúan en torno al 3,6 % de la población, lo cual en cifras absolutas equivale a algo más de 1.700.000 personas.
El yihadismo es conocido por su radicalidad violenta y su fanatismo y es un asunto espinoso y complejo, con muchas caras, y por tanto ni obedece a una causa única ni para explicarlo sirven los análisis simplistas. De las múltiples cuestiones que encierra yo me quiero referir a una sola, que es nuestra postura ante la población musulmana española, bien porque son españoles de nacimiento, bien porque lo son de adopción. Las autoridades policiales saben y así lo han advertido que muchos de estos compatriotas musulmanes se verán y se están viendo tentados de incorporarse a la yihad, pero no para desplazarse al avispero de oriente, sino con la esperanza de poder actuar aquí. Y a mí me parece que una buena parte del problema está en que a los fieles del Islam que se han asentado entre nosotros, y a sus hijos que ya han nacido aquí, occidente, o sea nosotros, los no musulmanes, no les estamos ofreciendo convicciones que puedan servir de contrapeso a las llamadas de sus correligionarios fundamentalistas. Y no se las estamos ofreciendo porque no las tenemos. Podemos darles, y les damos como expectativa -y por eso se han quedado-, un estilo de vida materialista y cómodo. Podemos darles, y les damos, parte de nuestra riqueza, nuestros recursos públicos (medios de comunicación, colegios, hospitales, etc.) y los puestos de trabajo que no nos gustan. Eso les damos y eso toman, y de ello se aprovechan, pero vendría bien recordar que el puro confort no satisface los anhelos más profundos del corazón humano. El materialismo no es combustible para el alma humana, por más que lo disfracemos con ese eufemismo cursi que hemos llamado ‘calidad de vida’ y que en realidad no es sino la versión actualizada del ‘panem et circenses‘. La mayor parte de nosotros, los occidentales, no podemos darles una identidad sólida porque carecemos de ella. La mayor parte de nosotros vivimos cómodamente amodorrados en la blandura y sin más horizonte que un estilo de vida hedonista y derrochón, y así puede que tengamos enormes dificultades para entender que “no solo de pan vive el hombre” y que la vida solo merece la pena si se entrega a causas elevadas y nobles. Reconozcámoslo abiertamente: dicho en general y fuera de círculos minoritarios, no estamos dando -ni pidiendo- a nuestros jóvenes metas arduas, no les estamos haciendo soñar sino con la molicie, no les entusiasmamos con nada. Y esto es lo grave, que no les entusiasmamos.

Y todo esto que socialmente no les damos -porque nadie da lo que no tiene- es justamente lo que encuentran en la yihad. ¿Con qué se puede entusiasmar un joven musulmán en occidente? ¿Con unos modelos de familia desustanciados y hechos trizas? ¿Con noches eternas de botellón y discoteca?, ¿con ‘findes’ de sexo y drogas?, ¿jugándose la vida de manera absurda en deportes de riesgo? Para jugarse la vida por nada, uno se la juega por algo que merezca la pena. Y la yihad, para un musulmán inquieto, merece la pena. Los que no somos musulmanes ya podemos hartarnos de denunciar sus métodos, su violencia extrema, su crueldad y su barbarie. Ya podemos razonar civilizadamente, ya podemos hablarles de derechos humanos y de democracia, de paridad entre los sexos y de igualdad educativa, de estado de derecho y de división de poderes. ¿Qué le dice todo eso a un alma profundamente religiosa y combativa? ¿Qué puede convencer al musulmán europeo, de segunda generación, que anda en busca de una identidad valiosa que no acaba de encontrar? De todo lo dicho nada, absolutamente nada.

El yihadismo predica, practica y se jacta del odio, de la venganza, de la barbarie, del terror… Sí, sí, nos sobra razón. Los yihadistas pueden mostrar -y muestran- una conducta tan bárbara y tan aberrante como queramos denunciar, pueden estar tan fuera de cordura como evidencia el sentido común más natural… pero son convencidos y solo los convencidos convencen. Sus errores son muy grandes pero están persuadidos. ¿Estamos firmes y persuadidos de algo en occidente?

Solo tenemos algo que ellos mayoritariamente no tienen, y es lo único que podría reconducir sus vidas, exactamente del mismo modo que puede reconducir las nuestras. Me refiero a Jesucristo, el Señor. Ni hay otra puerta, ni tenemos otro nombre, ni hay otra posibilidad para entrar en razón, pero ni se lo damos ni se nos ocurre ofrecérselo. Si estuviéramos convencidos nosotros, probablemente la mayoría de los islamistas seguirían siendo lo que son, pero sí cabría la posibilidad de que de entre los de buena voluntad, algunos se plantearan su paso al cristianismo. Si nos vieran radiantes, convencidos de nuestra fe, si anduviéramos afanados y deseosos de extenderla como es de esperar de cualquier bautizado, si cristiano fuera sinónimo de enamorado, si en la Iglesia secundáramos las indicaciones del Santo Padre, el Papa Francisco, en lugar de mirarle con recelo, apartándonos de su autoridad por la izquierda o por la derecha…
¿Campaña del Domund? Por supuesto que sí, pero también aquí, sin salir de nuestras fronteras.

Dios nos ayude a entender. Que Él te bendiga. Mil gracias por tu atención.

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