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jueves, 15 de septiembre de 2016

En la misión: la hermana Isa Solá dio la vida por Cristo (Mons. Carlos Osoro) 14092016

En la misión: la hermana Isa Solá dio la vida por Cristo


En la misión: la hermana Isa Solá dio la vida por Cristo
Ha sido hace muy pocos días. Todos los medios de comunicación se han hecho eco de la historia de una mujer consagrada que durante años ha dado la vida por los más pobres y a la que, en el ejercicio de su consagración, le han quitado la vida.
El lunes, junto a sus hermanas de Jesús-María y cientos de amigos, oímos una grabación con música compuesta por ella y con su propia voz en la que, con palabras de santa Teresa de Jesús, resumía algo determinante en su vida: «Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta». Gracias hermana Isa por recordarnos lo que tiene que ser definitivo y explicación de toda nuestra existencia. Gracias por poder escuchar con tu voz cómo vivir con fe, esperanza y amor. Gracias porque nos has enseñado a poner la vida en manos de Dios. Gracias por tu testamento espiritual que unos meses antes escribías con el gozo y la confianza puesta en el Señor. Gracias porque nos recuerdas que, en este momento de la historia, hacen falta hombres y mujeres recios que sepan poner la vida en manos del Señor. Nos lo recuerdas con tu música y con la letra de una mujer excepcional: «Nada te turbe». Algo que podríamos expresar también con palabras del apóstol san Pablo: «Todo lo considero una pérdida comparado con el supremo valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor» (cfr. Fl 3, 8).
Hermana Isa Solá, el municipio de Cabrera de Mar, en Barcelona, te vio nacer en 1965. Eras la pequeña de seis hermanos. Podías haber escogido una vida fácil, tu familia así te lo facilitaba. Pero escuchaste la llamada del Señor y, junto a las religiosas de Jesús-María, encontraste lo que en tu corazón soñabas y querías hacer realidad. ¡Qué sueño más bello describes! «Soñaba con perderme por los lugares más pobres del planeta y ponerme los zapatos de la gente pobre, quería ayudarlos y salvar sus vidas». La congregación te facilitó el camino para hacerlo. Primero, formándote; después, en Guinea Ecuatorial, donde estuviste diez años dando clases a los niños y más tarde como directora de una escuela. En el año 2008 llegaste a Haití y allí has entregado tu vida. Recorriste con una ambulancia los poblados más desolados para vacunar a los niños. Y cuando el terremoto destrozó el país en 2010, llevándose la vida de 350.000 personas y destrozando casi dos millones de casas, tú narrabas así lo vivido: «El temblor fue horrible, salimos a la calle y nos tiramos al suelo. Cuando paró, me di cuenta de que la escuela de Secundaria de al lado de casa se había caído y se oían gritos. Fui y había varios chicos muertos y una mujer con las piernas cubiertas con bloques pidiéndome ayuda. No la pude sacar. Hay tanta gente muerta que siento que estoy muerta con ellos. No sé por qué estoy viva, me da rabia estar siempre entre los que tienen suerte. No sé lo que quiere Dios de mí y de todo esto».
La Virgen María, a quien tú invocabas con frecuencia, puso en tu vida esa página del Evangelio que ha sido la que has querido vivir: la Visitación a su prima santa Isabel (cfr. Lc 39-56). En ella aparece un tríptico que refleja tres estampas de tu existencia y que expresa lo que hemos de hacer para vivir en plenitud como cristianos. Con palabras muy bellas nos lo dice el apóstol san Pablo. Estoy seguro de que las has meditado en muchas ocasiones y que son las que te hicieron escribir, pocos meses antes de dar la vida, ese poner la vida en manos y a disposición de Dios. ¡Cuántas veces las habrás meditado! «Por Él lo he perdido todo y lo considero basura, con tal de ganar a Cristo». Hermana Isa, Cristo te ha ganado, te ha llamado. Tu vida y tu muerte es manifestación de esta realidad: «Lo he perdido todo con tal de conocer a Cristo, de experimentar el poder de su Resurrección, de tener parte en sus sufrimientos y de llegar a ser semejante a Él en su muerte». Diste todo por amor a los hombres y lo quisiste mostrar con los más pobres, sufriste, tomaste partido por los sufrimientos de Cristo. Y Él te ha dado el gozo de identificarte dando la vida y de hacerte semejante a Él en la muerte. Paseabas por Haití haciendo el bien, como el Señor en Jerusalén. Y como Él prestaste la vida para vencer el mal a fuerza de bien, hasta dar la vida misma. Gracias.
Como decía, tu vida quiso identificarse con el itinerario de la vida de la Virgen en su visita a Isabel:
1. Como María te pusiste en camino. Siempre quisiste vivir en el camino por el que van los hombres. Atravesaste regiones montañosas, es decir, difíciles, pero siempre llevando a quien es la Vida, como la Virgen. Llevabas a Jesucristo. Quisieron robarte el bolso y diste la vida, la que Cristo había puesto en ti: su vida, su amor, su entrega, su fidelidad a Dios y a los hombres, te olvidaste de ti y pensaste siempre en los otros y en sus necesidades. Por eso, al igual que María, hacías sentir a quienes te encontrabas en el camino que Dios se acercaba a ellos. ¡Cuánto nos cuesta hacerlo a nosotros!
2. Dios te ha bendecido. Contigo se hicieron vida las palabras dirigidas a la Virgen por Isabel: «Dichosa tú porque has creído que lo que ha dicho el Señor se cumplirá». Y creer en el Señor es vivir de la fe, de la esperanza y de su amor. María hizo saltar de gozo al niño que estaba en el vientre de Isabel e hizo romper un grito a Isabel reconociendo que lo más grande para un ser humano es fiarse de Dios con todas las consecuencias. Diste ese gozo a esos 300 niños y adultos haitianos a los que el terremoto dejó mutilados y a los que tú, con tus manos y un poco de yeso y plástico, montabas prótesis para que pudieran volver a moverse y valerse. Tuyos eran los que atendías con la clínica móvil, los más pobres de los pobres. Tuyos eran los que esperaban una escuela en ciernes que proyectabas. ¡Qué vida! Tomabas la iniciativa y después dabas un paso atrás para que otros fueran los protagonistas. Y especialmente deseabas que el protagonismo lo tuviera siempre Jesucristo.
3. Como María has realizado el canto con las notas más bellas, «la misericordia de Dios que llega a todos los hombres» como dice el magníficat. Hermana, fuiste inquieta, decidida, apasionada, enérgica, tu mirada sonriente lo expresaba. Puerto Príncipe es el papel que el Señor te dio para escribir el pentagrama y las notas. Convertiste la ciudad en ciudad de la alegría y seguro que, con tus hermanas de congregación, seguirá siendo así. Tú nunca pensaste en abandonar el canto que habías comenzado y estoy seguro de que lo seguirás entonando. Esta vez de otra manera pero, como tú misma escribías, «sabiendo, creyendo y viviendo, que Dios nunca tira la toalla por nadie». Tú tampoco lo haces.
Con tus palabras se formula el credo de tu vida, que expresa la alegría del Evangelio: «¿Impasible Dios? Nunca he visto a Dios más presente y activo en mi vida. Grité de rabia y de dolor cuando me vi rodeada de muertos tras el terremoto, y yo viva. Después he tenido el privilegio de ver muchos milagros. Los haitianos me hacen más creyente y me exigen cada día ser más coherente con mi fe. ¿Misionera yo? No. No sé quién evangeliza a quién».
Gracias porque nos haces experimentar el gozo de la presencia de Cristo, la grandeza de un Dios que nos ama, que nunca nos abandona, que nos da lo que más necesitamos, la plenitud de la vida. Aquello que tan bien y con tanta fuerza formuló san Pablo cuando nos decía: «Así espero llegar a resucitar de entre los muertos».
Con gran afecto, os bendice,
+ Carlos, arzobispo de Madrid

jueves, 8 de septiembre de 2016

De esa gran misionera que fue Isa Solá 04062016

De esa gran misionera que fue Isa Solá

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4 septiembre 2016

            A través de este medio, conozco el terrible asesinato de esa gran misionera que fue Isá Solá, y recuerdo que fue ella, precisamente, el motivo de uno de mis primeros artículos en Religión en Libertad. Esto es lo que sobre ella escribía yo el día 6 de febrero de 2010, completamente ignorante, como se pueden Vds. imaginar, del fin tan desgraciado e injusto que la esperaba a la vuelta de la esquina, algo más de seis años más tarde:

            “Hoy le presto estas líneas a una de esas heroínas anónimas que por el mundo pululan. Isa Solá, joven religiosa en Haití, testigo directo de cómo la desgracia se cebaba en una tierra en la que ya se había cebado con anterioridad, porque Haití no ha conocido en toda su historia el bienestar. Pertenece a las religiosas de Jesús María, orden fundada en 1818 por Claudina Thevenet, una muchacha francesa marcada por la experiencia inolvidable que para muchos –no querría dejar de citar aquí a Jean Marie De Lamennais, fundador de los Hermanos Menesianos, con los que me eduqué, presentes también en Haití- resultó la Revolución Francesa.

            El de Isa Solá es un testimonio directo, directísimo, de los muchos que dan los hombres y mujeres de Iglesia, los primeros en llegar a la desgracia por la sencilla razón de que ya están en ella cuando acuden los medios y detrás, todos los demás. Y los últimos e irse, eso siempre.

            Trátase de un testimonio desgarrador, pero también y sobre todo, sincero, terriblemente sincero. Aunque la carta pueda ser algo larga, les invito, queridos lectores, a leerla hasta el final. Vale la pena.

            Y ya, sin más, cedo la palabra a Isa:

            “Hola a todos,

            Estoy un poco aturdida, cansada y triste pero voy a intentar escribir algo porque sois tantos los que me estáis apoyando en este momento que es lo menos que puedo hacer...

            Hemos vuelto a Gros Morne a descansar..porque estamos muy cansadas...creo que cada vez aguantamos menos.. bueno, yo menos que Jackie y Britany me parece.

            Todo esto es tan dantesco que se que tardaré años en digerirlo... pero pido que algo bueno salga de esta catástrofe, no sé qué, no entiendo por qué...pero necesito tener un agujerito de esperanza para poder seguir viviendo después de todo lo pasado hasta ahora...

            Al principio fue el encuentro con la muerte cruda y dura, después los heridos, ahora somos los supervivientes refugiados....y todas las consecuencias que va trayendo un terremoto. Nunca se piensa en ello hasta que te toca en tu carne.

            Necesito seguir vislumbrando por donde seguir...estoy perdida, como tanta gente, sin casa, sin comunidad...eso es lo que me hace sentir mas cerca de ellos, que estoy pasando lo mismo..aunque sin que me hayan cortado una pierna, y sin haber perdido a nadie de mi propia comunidad.

            Hay comunidades religiosas que han sido golpeadas duramente. Las Hijas de Maria han perdido a 26 hermanas, incluido el Consejo General, los salesianos a 3, las Hijas de la Caridad a 1, los monfortianos a 11 seminaristas y 1 sacerdote... No sigo...

            Después de colaborar en el Hospital Sacre Coeur, como vinieron muchos equipos médicos potentes y bien organizados, de Estados Unidos, Francia, Jamaica...y dado que donde estoy alojada con mi tienda de campana hay un grupo de religiosos que han venido de R. Dominicana a colaborar, me integré en su grupo que trataba de llegar donde nadie había llegado... decidimos llegar a la parte de la ciudad que sube por la montaña en una zona llamada Martisan. Es una zona de chabolas de bloques que forran la montaña de una forma increíble... No hay acceso con coche, sólo hasta cierto punto, luego toca a pie... Nos dijeron que habían muchos heridos arriba que no podían bajar al hospital por la dificultad de la bajada. Y que llevaban dos semanas así... empezamos el ascenso y yo me quedé aterrada. (mandaré fotos cuando las tenga.) Todas las casas están destruidas y hay que escalar entre bloques para subir. Pero la gente sigue ahí, encima de sus casas, muchos de ellos porque nos decían que debajo de las ruinas estaba su mujer, o sus hijos o su hermana.. y no querían dejarlos..Empezaron a salir heridos por todas partes, sobre todo niños... cabezas con brechas sin curar, piernas rotas sin entablillar, brazos rotos o dislocados, heridas infectadas abiertas... eso de cerca. Si levantabas la vista ves dos colinas totalmente destruidas, como si una batidora las hubiera revuelto. Me quedé sin respiración. Bajé la mirada y solo vi miradas tristes de niños heridos que seguían haciendo su vida como podían con esa brecha abierta o esa herida infectada... Bajamos a un hombre con la pierna gangrenada. Amputación segura, pensé yo, ya me lo sé...Un hombre paralítico, una mujer con la pelvis rota, una mujer embarazada de seis meses con amenaza de aborto y con el brazo roto.

            Creo que estuvimos mas de cuatro horas pasando por las casas haciendo curas... vimos a bastantes que necesitaban ir al hospital y bajamos a los que pudimos y que nos parecían mas urgente. No todos...Era demasiado difícil moverlos y no teníamos los medios para hacerlo bien...

            Pedí ayuda a las Hijas de la caridad y ellas llamaron a un grupo de bomberos españoles que vinieron para rescates difíciles y bajaron a otros tantos.

            No me acostumbro a ver tantas casas destruidas, tanta gente durmiendo en la calle y en tiendas improvisadas con telas y palos.

            Cuando me encuentro en mi tienda de campaña durmiendo sola, me digo a mi misma: Vaya cambio, Isa, antes vivías con tres personas en una casa tan linda, y estábamos tan a gusto las cuatro, y ahora estás sola en una tienda de campaña. Vivian a punto de ser operada del brazo, Middia recuperándose en su casa de su fisura de fémur y de todas las magulladuras tras estar cuatro horas bajo los escombros, Gardine superando la muerte de su hermano en la comunidad de Gros Morne... y yo aquí. ¿Cómo puede cambiar la vida en cuestión de un minuto? Sólo Dios sabe.

            Las calles a partir de las seis de la tarde se cierran y se vuelven dormitorio. La mayoría de edificios, escuelas e iglesias todavía tienen los cadáveres debajo y toda la ciudad sigue oliendo a muerte, aún después de tres semanas.

            Las filas de gente para recoger la alimentación del WFP con ayuda de los camiones de la ONU pueden ser de varias horas de espera o de varios Km. Pero quiero que se diga que aunque lentamente y aunque aún no se llega a todas las zonas, se está haciendo bien y con orden. O por lo menos no es lo que yo he visto. Puede haber algún disturbio, pero no fuera de la normalidad en estas situaciones. La gente está nerviosa y hambrienta, triste y desorientada. Pero aun faltan muchas zonas por repartir alimentación. Puerto Príncipe es tan grande...

            Porque la segunda parte del terremoto es el hambre. La gente empieza a ponerse a veces violenta porque tiene hambre.

            A mi ya no me extraña nada, he experimentado que el hambre te puede empujar a hacer cualquier cosa.

            La otra parte es la búsqueda de cadáveres y levantamiento de edificios, aunque es muy lento, es horriblemente doloroso. El que tiene suerte llega a localizar a su familiar muerto. La mayoría no se reconocerán o ni siquiera se descubrirán porque son demasiados los días que han pasado y ya están descompuestos e irán a las fosas comunes o se mezclaran con la basura.

            Mi casa esta demasiado agrietada para entrar, esta torcida, se han roto las tuberías y se ha hundido algo de forma que las puertas ya no cierran. Fue suficientemente fuerte para salvarme la vida. Pero no podría seguir viviendo en ella para agradecérselo ni aunque me dijeran de arreglarla... tengo el miedo muy dentro. Aun escucho el crujir de ese momento.

            Mi parroquia, Sacre Coeur tiene 30 personas muertas debajo, que tenían una reunión. Aun están ahí a día de hoy (3 de febrero). Conocía a bastantes de ellos.

            Los alumnos que dejé debajo de la escuela a la que acudí primero también siguen ahí. El olor se siente en toda mi calle y en mi casa. No puedo mirar esa escuela sin que se me parta el alma. Creo que algo de mi se murió con ellos. Y no hay noche que no vea sus manos pidiéndome ayuda y gritándome... No hay noche que no vuelva a sentir el terror que sentí cuando se repetían las replicas y luchaba entre mi seguridad y las suplicas de ayuda de los chicos de la escuela.

            No quedan escuelas en Puerto Príncipe. Yo diría que se han derrumbado todas... al menos las mas importantes, las de religiosos todas, si queda una no la conozco.

            Se han derrumbado todos los ministerios, el palacio nacional y la catedral. También el Obispo ha muerto... con su pueblo. Todo eso ya lo sabéis por los medios de comunicación y mejor que yo. Pero descubrirlo conduciendo por las calles es otra cosa. Se descubren mejor las consecuencias de todo ello. Se piensan tantas cosas...

            ¿Qué futuro nos espera? ¿qué siente esta gente que lo ha perdido todo? Ahora lo sé mejor que antes porque yo misma he perdido no todo, pero si mucho. Nada se sabe mejor que cuando se vive en carne propia.

            Y siento una tristeza inmensa. Aún no me siento con fuerzas para hacer nada. Me refiero a tomar decisiones. Es muy pronto. Me siento muy débil y poca cosa. No haría mas que llorar...

            Me gustaría deciros que estoy animada, que adelante, hay que seguir, que la vida sigue y hay que luchar... y todo eso... pero no puedo mentiros. Estoy derrumbada.

            Me decís demasiadas cosas bonitas en vuestros correos que no sólo no me definen sino que hasta me duele leerlo porque no soy así. Y en medio de este desastre no me siento digna de recibir ni medio elogio.

            Os agradezco vuestro apoyo y cercanía, vuestra solidaridad y cariño. Pero no se si podéis comprender lo que me cuesta recibir esto en medio de tanto sufrimiento. Es como si yo recibiera un regalo mientras todo el mundo aquí sufre miseria, hambre y dolor... No puedo. Yo solo veo mi cobardía y mi debilidad. Y esa es la realidad.

            También os tengo que reconocer que me cuesta rezar... me quedo callada delante de Dios y no sé que decir... Espero lo hagáis por mi.. porque a mi no me salen las palabras. Lo único que he sido capaz de repetir alguna vez es: ¡SALVANOS, SENOR!... ¡SALVA A TU PUEBLO!

            Gracias por todo. Un abrazo a cada uno

            Isa Solá rjm”

            Y sin más por hoy, que hagan Vds. queridos amigos mucho bien y no reciban menos.


            ©L.A.
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