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lunes, 31 de agosto de 2015

Religiosidad e hipertensión (Tema actual)

Religiosidad e hipertensión
Existe una relación positiva entre el tiempo que se pasa en la iglesia y una presión sanguínea baja


Por: Forum Libertas | Fuente: ForumLibertas.com 



La salud es uno de los campos en los que la ciencia trabaja para descifrar el efecto de las creencias y de las actitudes religiosas en el ser humano. En los últimos años, los resultados de diversas investigaciones han sugerido que, en este terreno, la religiosidad podría jugar un papel.

Uno de los estudios más recientes a este respecto ha sido el realizado por científicos de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU). A partir de un extenso análisis longitudinal sobre la salud noruega denominado HUNT, los investigadores descubrieron que existía, concretamente, una relación positiva entre el tiempo que se pasa en la iglesia y una presión sanguínea baja, tanto en hombres como en mujeres.

Según declaraciones de Torgeir Sørensen, coautor del estudio e investigador del Centro de Psicología Religiosa del Hospital Inland, aparecidas en un comunicado de la NTNU, lo que se constató fue que cuanto más a menudo iban las personas participantes en el HUNT a la iglesia, más baja era su presión sanguínea.


Características de la muestra analizada

Sørensen añade que este es el primer estudio de este tipo realizado en Escandinavia. Investigaciones previas, llevadas a cabo en Estados Unidos, habían sugerido una relación similar entre la asistencia a servicios religiosos y la presión sanguínea. Sin embargo, las grandes diferencias culturales y religiosas entre Estados Unidos y Noruega habían impedido transferir estos hallazgos al contexto noruego.

Alrededor de un 90% de la población del condado de Nord-Trøndelag, en el que se realizó el análisis HUNT, es miembro de la Iglesia Estatal de Noruega, cuyos fundamentos son la Biblia cristiana y el Pequeño Catecismo de Lutero, entre otros.

Desde 1984, los residentes del condado Nord-Trøndelag participaron en tres encuestas HUNT. En estos análisis no sólo se examinaron los factores de riesgo de enfermedad y muerte de la población, sino que también se evaluaron aquellos factores que podían contribuir a tener una buena salud.

La fase tercera de HUNT se desarrolló entre los años 2006 y 2008, e incluyó preguntas sobre la participación de los participantes en actividades culturales y religiosas.

En total, la base de datos recopilada en este proyecto contiene información de alrededor de 120.000 personas, lo que ha permitido integrar datos familiares e individuales, así como relacionar estas informaciones con los registros sanitarios nacionales.


Hallazgo de la relación, pero no de la causa

Los científicos de la NTNU escogieron la asistencia a la iglesia como variable representativa de la actividad religiosa de los ciudadanos, y la presión sanguínea como indicador de la salud general de éstos.

El análisis de estos datos reveló que la variable usada para medir las actividades religiosas (asistencia a la iglesia) tenía una relación significativa con la variable empleada para medir la salud (presión sanguínea).

En otras palabras, aquellas personas que eran religiosamente más activas estaban más sanas que las que no eran religiosamente activas, afirman los científicos.

Estos reconocen, sin embargo, que los resultados obtenidos pueden ser sesgados. Por una parte, no aclaran si la salud de los participantes es la que condicionó su actividad religiosa o viceversa. Es decir, muestran la relación entre la religiosidad y la presión sanguínea, pero no pueden explicitar la causa de esta relación.

Por otra parte, los científicos desconocen también si estos mismos resultados podrían ser aplicados a grupos de población de otras religiones, como el judaísmo o el Islam. Según los investigadores, no se ha podido saber si la misma asociación existe en estas otras comunidades.

Por último, parece que la influencia positiva sobre la salud no es exclusiva de las actividades religiosas. Estudios previos basados en el HUNT han demostrado que también existe una relación positiva entre el humor y la salud, así como entre la participación en diversas actividades culturales y una buena salud.

De cualquier forma, los científicos afirman que los resultados obtenidos en este terreno, que han aparecido detallados en The International Journal of Psychiatry in Medicine les animarán a seguir investigando en esta dirección.

Como hemos dicho, en los últimos años diversas investigaciones han analizado el efecto de la religiosidad sobre la salud humana. Es el caso, por ejemplo, de dos estudios realizados en 2006 sobre la oración y la salud. El primero de ellos constató que el aumento de la esperanza de vida que se deriva de una actividad religiosa semanal es comparable a los beneficios que genera para la salud el ejercicio físico regular o el consumo de medicamentos para reducir el colesterol. El segundo, en cambio, acusó un empeoramiento en la salud en un grupo de personas que estaban recibiendo asistencia religiosa.

 

jueves, 13 de agosto de 2015

La intolerancia de los tolerantes (Tema actual)

La intolerancia de los tolerantes
No se tolera el orden, ni la autoridad, ni la jerarquía, ni nada que ponga obstáculos...


Por: Álvaro Fernández Texeira-Nunes | Fuente: Revista ARBIL 



La tolerancia parece ser uno de los valores más cotizados en el mercado de la posmodernidad. En una época donde el relativismo ético se impone con una fuerza tan brutal como embrutecedora, la tolerancia -gran paradoja- parece ser el bien absoluto que debe buscarse y defenderse a toda costa. Siempre y cuando el sujeto de la tolerancia, sea "políticamente correcto"…

En la teoría, todo se puede tolerar; en la práctica, no se tolera que se pongan límites a la "libertad". Todo se puede tolerar, siempre y cuando no se critique el mal uso -el abuso- de la democracia. Todo se puede tolerar, pero se discrimina a las familias numerosas, a los que no siguen las normas contraceptivas "socialmente aceptadas", a los que se empeñan por vivir la castidad, o formar una familia basada en los valores tradicionales. Todo se tolera, salvo aquello que los tolerantes no están dispuestos a tolerar.

No se tolera el orden, ni la autoridad, ni la jerarquía, ni nada que ponga obstáculos a la "libertad". Todos gritan a coro que el valor absoluto a defender, es la "libertad"; y olvidan que ésta, para ser verdadera, debe estar cimentada en la Verdad, y ordenada al Bien. No se toleran las críticas al laicismo -que no es lo mismo que laicidad-. Los liberales y "librepensadores", los ateos, los agnósticos, los marxistas y los anticristianos de cualquier signo, se han confabulado para imponer el relativismo moral en la educación, rebajando la verdad en nombre de una falsa libertad.

No se tolera que se diga que las mayorías se pueden equivocar. La democracia -que tiene grandes virtudes, por cierto-, como todo sistema político, tiene también sus defectos y puede por ello, ser mal utilizada. Hoy la mayoría dice que hay que aumentar las jubilaciones y mañana, al cambiar las circunstancias, la mayoría dice que hay que bajarlas. ¿Cuál de las dos mayorías tiene razón? Claro, que cuando los problemas se reducen a aumentar y bajar jubilaciones, o asuntos por el estilo, las distintas opciones son perfectamente opinables. Pero cuando se habla de leyes de aborto, de permitir la adopción a parejas homosexuales y otras aberraciones que atentan contra la vida, la familia, el bienestar psicológico de los niños y contra las mismísimas comprobaciones de la ciencia, el problema se ve con mayor claridad: la democracia puede ser utilizada en contra de la verdad. Pero esto, no se puede siquiera mencionar sin ser tildado de fascista, porque es… sencillamente intolerable.

No se tolera que los niños y los adolescentes, sean educados por sus padres en los valores que ellos recibieron de sus ancestros. No se tolera, y se impone un modelo de conducta liberal desde todo tipo de instituciones, incluso desde aquellas a donde la gente acude buscando apoyo frente a la avalancha mediática. Quien lea entienda. La información sobre métodos artificiales para combatir el SIDA y los embarazos no deseados, es abrumadora. Los métodos naturales -que aparte de ser más seguros, implican cambios en la conducta-, no se mencionan; tal vez porque el principal interés de los ecologistas, es salvar a las ballenas…

No se tolera que alguien exprese un pensamiento opuesto a lo "políticamente correcto": a quien lo haga, se le trata de intolerante, trasnochado, conservador, oscurantista, fundamentalista, retrógrado, cavernícola y otros motes que sólo tienen por objeto denigrar a la persona. Cuando se carece de argumentos para atacar las ideas, se ataca a las personas que las expresan…

No se tolera que quien piensa distinto, lo diga públicamente. Sólo los tolerantes pueden expresar sus pensamientos en los medios, que siempre están a su disposición -aún aquellos que se consideran "buenos"-. Critican violentamente a quienes no se guardan sus discrepancias para su fuero interno, para el ámbito privado de la conciencia. No sea que influyan negativamente en el "nuevo orden mundial", sobre la "aldea global" que están intentando construir, sobre el gelatinoso cimiento de la tolerancia.

No se tolera que los hombres y las mujeres se comporten como tales: que se enamoren, que se casen, que tengan hijos -muchos hijos- y que a su naturaleza les resulte repulsiva la idea de la homosexualidad. Es algo "natural", dicen; entonces ¿por qué no se reproducen?. Si alguien osa expresar estos pensamientos, se le discrimina. Y encima... ¡se le acusa de discriminación!.

No se tolera que hombres y mujeres, asuman los mismos "roles" que sus padres, que el marido trabaje y que la mujer se dedique a las tareas del hogar. Cuando esto sucede, a las mujeres se les margina, y se les hace creer que en sus hogares no hay esperanza alguna de realización personal.

No se tolera la austeridad. Está mal visto oponerse al consumismo y a la posesión desenfrenada de bienes materiales, o a la experimentación de placeres diversos. ¿Cómo es posible que alguien prefiera tener un hijo más, en lugar de un auto mejor? ¿Cómo es posible que alguien piense siquiera en trabajar voluntariamente para otros, cuando trabajando por dinero se puede adquirir más confort personal, viajar por el mundo, "comprar felicidad"?

No se tolera que se critique el aborto: la madre tiene "derecho" sobre su propio cuerpo, -dicen- y hay que respetarlo. Cuando se invocan los derechos del embrión, para quitarle su protección legal se le niega su condición humana, aunque está comprobado científicamente que la vida comienza en la concepción. Cuando se destrozan los argumentos prochoice por la vía científica, acuden a la conciencia, al "mal menor", al malthusianismo, y a todo tipo de argumentos que de racionales, no tienen nada: no importa, la verdad científica es un valor sacrificable en nombre de la tolerancia.

No se tolera, por parte de los directivos de algunos importantes medios masivos de comunicación, que se publique la foto de un niño no-nato tomando con su manito, el dedo del médico que lo estaba operando. Tampoco informan sobre el escándalo que desató la prohibición de publicar esa fotografía y los juicios que se sucedieron -demandas a cargo de "tolerantes" de la primera hora-; mientras tanto, dedican buena parte de su tiempo a llenar espacio con noticias intrascendentes.

No se tolera que en los talk-shows, haya mayoría de gente "normal". Siempre ponen alguno, claro -hay que ser tolerantes-, pero la multitud de estrafalarios invitados, casi no le deja hablar: apenas dice una palabra, los "tolerantes" se le echan encima como cuervos hambrientos, y aparentando confrontaciones inexistentes, ocupan más del 90% del programa argumentando en contra del pensamiento normal del hombre común. Hasta que normalizan sus ideas aberrantes e insensibilizan a la opinión pública a fuerza de repetir barbaridades. Así operan los manipuladores de masas; así abusan de las libertades que nos brinda la democracia.

No se tolera que quienes deben decir la verdad por su oficio, la digan con claridad. Se les presiona para que "doren la píldora"…; algunos sucumben ante la tentación de que la opinión pública les palmee el hombro; pero aún son muchos los corajudos que no se callan "ni que vengan degollando". A estos valientes, que dicen la verdad pese a quien pese y duela a quien duela, los calumnian, los difaman, los ensucian, tergiversan sus dichos; todo, con el único objetivo de silenciar la verdad.

No se tolera que se practique el cristianismo ni que se construyan catedrales en algunos países árabes: a los cristianos se los persigue, se los encarcela y se los mata, como en tiempos de Diocleciano; mientras tanto, no faltan quienes, en nombre de la tolerancia, festejan la erección de mezquitas en países tradicionalmente cristianos. Sólo algunas agencias católicas hablan de estos hechos. Curiosamente, tampoco se tolera que se reclame un trato más humanitario para el pueblo palestino por parte de los israelíes. Si alguien se atreve, corre el riesgo de ser acusado de antisemita. Los medios masivos de comunicación, eluden el tema, y los palestinos son sistemáticamente silenciados, porque hay quienes no saben separar la religión de la política.

No se tolera que la gente no sea "tolerante", entendiendo la tolerancia como pasiva aprobación -¿resignación?- de cuanta aberración moral se le pueda ocurrir al ingenio humano. No se tolera que se juzgue, no ya a los individuos, sino a las mismas ideas que orientan su conducta: no se tolera la verdad.

La intolerancia de los tolerantes, es fruto de la extrema tolerancia de los supuestos intolerantes. Porque quienes somos acusados de tales, hemos cedido terreno sin preocuparnos de enfrentarlos en el plano ideológico, donde con la verdad, con la razón, y el apoyo de la ciencia, tenemos todas las de ganar. Pero nos hemos dormido en los laureles por temor al qué dirán, por temor a no ser "progresistas". Es hora de redoblar los esfuerzos, es hora de trabajar con fortaleza y paciencia, en la erradicación de la mayor hipocresía de la Historia, ante la cual palidece el mal ejemplo farisaico; buscando por todos los medios, devolver a la tolerancia, tanto su verdadero significado, como su verdadero lugar en la escala de valores de la sociedad.

 

lunes, 1 de diciembre de 2014

Pluralismo religioso y fe cristiana (Temas actuales) 01122014

Pluralismo religioso y fe cristiana
Desde el respeto sabremos testimoniar, a veces sin palabras, otras veces con mensajes ofrecidos con un amor sincero, nuestra fe cristiana


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net



Es cada vez más frecuente encontrarnos y convivir con personas de religiones y de ideas muy distintas.

Para algunos, la variedad de opiniones, la diferencia de religiones, sería una riqueza, un tesoro, una oportunidad para promover una vida social más atenta al otro, más comprensiva hacia las diferencias, más pluralista, más democrática.

Esta convivencia llevaría a las personas, según algunos autores, a reconocer que su creencia no es la única, que existen otras ideas, otros puntos de vista. De esta manera, se promoverían actitudes de tolerancia y de respeto, que son esenciales para un mundo más justo y más respetuoso de las personas.

Pero quedarse sólo en estas consideraciones es insuficiente. Porque el punto de vista diferente del propio nos pone ante una pregunta que muchos no se atreven a formular en toda su radicalidad: ¿podemos decir que existen religiones y creencias más verdaderas que otras?

Pensar o decir que todas las religiones son iguales es algo que contradice a lo que muchos hombres y mujeres experimentan a la hora de optar por una religión o de asumir la religión en la que han sido educados desde niños. Por ejemplo: quien cree que Cristo es Dios y que ha fundado la Iglesia no lo hace como si su convicción fuese una alternativa que vale exactamente lo mismo que creer en las ideas del Corán o del budismo, como si entre las religiones no fuera posible establecer diferencias respecto de la verdad o del error que puedan darse en cada una de ellas.

Por eso, hay que dar un paso ulterior, y preguntarnos: ¿por qué sigo y acepto esta religión, y por qué el otro tiene una religión distinta de la mía?

No basta con decir que uno es católico porque ha nacido en una familia católica, mientras que otro es luterano porque así le han educado desde niño. La sociedad moderna es testigo de la enorme movilidad religiosa de la gente: quienes antes eran de una creencia ahora han optado por otra. Entonces, ¿por qué asumimos y aceptamos como camino para la propia vida una religión y no las demás?

La respuesta profunda arranca de un hecho: creemos que la religión que aceptamos como propia es verdadera, que contiene elementos positivos y buenos que no se dan con tanta perfección en otras religiones.

Hay que tener valor para explicitar esta respuesta, pues se opone a cierto relativismo según el cual cualquier opción vale igual que las otras. Pensar lo anterior contradice, como ya dijimos, la experiencia profunda de quien decide aceptar una religión en vez de otra.

El relativismo respecto de las opciones religiosas, además, cae en el error de avisar del “peligro” en el que se incurriría cuando uno piensa que su religión es verdadera mientras que las demás son falsas o incompletas, con lo que se llegaría (según dicen los fautores de tal relativismo) a actitudes de intolerancia y de desprecio hacia el “distinto”.

En realidad, la posición relativista es engañosa e insuficiente. Creer que uno posee la verdad no implica automáticamente despreciar a quien piensa algo equivocado. Es cierto que el error ajeno puede doler, incluso puede irritar a la gente. Pero existen muchos casos de personas que están profundamente convencidas de la verdad de sus creencias religiosas y que, al mismo tiempo, tratan con sumo respeto a quienes piensan de modo diverso. Como también existen algunos “relativistas” que muestran un fundamentalismo y una hostilidad completamente injustificados a la hora de enjuiciar o incluso despreciar a los que aceptan como propias creencias religiosas.

Podemos añadir, además, que los cristianos (si lo somos de verdad) estamos llamados a un amor hacia todos. Porque Cristo ama a los de dentro y a los de fuera. Porque busca a las ovejas perdidas y a las que todavía no saben que pueden entrar en el rebaño. Porque dio su Sangre y su Vida para que los pecadores fueran perdonados y para que el Amor del Padre se hiciese presente en nuestro mundo. Porque resucitó (sí, creemos que es una verdad, no un mito) para que la muerte pierda su tinte dramático y se convierta en el paso a una vida de felicidad eterna.

Respetar a las personas que tienen otra religión debe ser un gesto sincero y profundo entre quienes nos decimos seguidores de Jesús de Nazaret. Desde el respeto sabremos testimoniar, a veces sin palabras, otras veces con mensajes ofrecidos con un amor sincero, nuestra fe cristiana. Porque quisiéramos que ellos, un día, descubriesen la verdad más estupenda: “tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).