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lunes, 11 de febrero de 2019

27ª Jornada Mundial del Enfermo: ‘Gratis habéis recibido; dad gratis’ 11022019

El Papa saluda a un niño enfermo en la audiencia general © Vatican Media
El Papa Saluda A Un Niño Enfermo En La Audiencia General © Vatican Media

27ª Jornada Mundial del Enfermo: ‘Gratis habéis recibido; dad gratis’

Mensaje del Santo Padre
(ZENIT – 11 febrero 2019).- Gratis habéis recibido; dad gratis es el lema de la 27ª Jornada Mundial del Enfermo que se celebra hoy 11 de febrero de 2019, en todo el mundo, con motivo de la Solemnidad de la Nuestra Señora de Lourdes, y este año de manera especial en Calcuta, India.
“La actitud generosa hacia los enfermos es sal de la tierra y luz del mundo”, ha escrito hoy el Papa Francisco en Twitter, desde su cuenta oficial en español @Pontifex_es. Que la Virgen María nos ayude a practicarlo, y obtenga paz y consuelo para todos los que sufren”.
La Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó el Mensaje del Papa para esta Jornada Mundial dedicada a los enfermos el pasado 8 de enero de 2019.
Reconocimiento recíproco
En el documento, Francisco anuncia que el don es “ante todo reconocimiento recíproco, carácter indispensable del vínculo social” y señala que en el don “se refleja el amor de Dios”, que culmina en la encarnación del Hijo, Jesús, y en la efusión del Espíritu Santo.
Precisamente porque es un don –escribe Francisco– la existencia “no se puede considerar una mera posesión o una propiedad privada”, sobre todo ante las conquistas de la medicina y de la biotecnología, que podrían llevar al hombre a ceder a la tentación de la manipulación del “árbol de la vida”.
Celebración en Calcuta
Del 8 al 12 de febrero, una delegación del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, encabezada por el cardenal prefecto Peter Turkson, viajará a Calcuta, India, para participar en la solemne conmemoración de la 27ª Jornada Mundial del Enfermo, ha informado el propio Dicasterio, el 6 febrero de 2019, en un comunicado.
Tradicionalmente se celebra el 11 de febrero, memoria de Nuestra Señora de Lourdes, en todas las diócesis del mundo. Este día, la Iglesia universal, siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano, se dedica a los enfermos y los que sufren para llevar un mensaje de esperanza y salvación.
A continuación, ofrecemos el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo, publicado el 8 de enero de 2019.
***
Mensaje del Papa Francisco
«Gratis habéis recibido; dad gratis» (Mt 10,8)
Queridos hermanos y hermanas:
«Gratis habéis recibido; dad gratis» (Mt 10,8). Estas son las palabras pronunciadas por Jesús cuando envió a los apóstoles a difundir el Evangelio, para que su Reino se propagase a través de gestos de amor gratuito.
Francisco ha visitado a los enfermos de 'CasAmica onlus' © Vatican Media
Con ocasión de la XXVII Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará solemnemente en Calcuta, India, el 11 de febrero de 2019, la Iglesia, como Madre de todos sus hijos, sobre todo los enfermos, recuerda que los gestos gratuitos de donación, como los del Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización. El cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta “querida”.
La vida es un don de Dios —y como advierte san Pablo—: «¿Tienes algo que no hayas recibido?» (1 Co 4,7). Precisamente porque es un don, la existencia no se puede considerar una mera posesión o una propiedad privada, sobre todo ante las conquistas de la medicina y de la biotecnología, que podrían llevar al hombre a ceder a la tentación de la manipulación del “árbol de la vida” (cf. Gn 3,24).
Frente a la cultura del descarte y de la indiferencia, deseo afirmar que el don se sitúa como el paradigma capaz de desafiar el individualismo y la contemporánea fragmentación social, para impulsar nuevos vínculos y diversas formas de cooperación humana entre pueblos y culturas. El diálogo, que es una premisa para el don, abre espacios de relación para el crecimiento y el desarrollo humano, capaces de romper los rígidos esquemas del ejercicio del poder en la sociedad. La acción de donar no se identifica con la de regalar, porque se define solo como un darse a sí mismo, no se puede reducir a una simple transferencia de una propiedad o de un objeto. Se diferencia de la acción de regalar precisamente porque contiene el don de sí y supone el deseo de establecer un vínculo. El don es ante todo reconocimiento recíproco, que es el carácter indispensable del vínculo social. En el don se refleja el amor de Dios, que culmina en la encarnación del Hijo, Jesús, y en la efusión del Espíritu Santo.
Cada hombre es pobre, necesitado e indigente. Cuando nacemos, necesitamos para vivir los cuidados de nuestros padres, y así en cada fase y etapa de la vida, nunca podremos liberarnos completamente de la necesidad y de la ayuda de los demás, nunca podremos arrancarnos del límite de la impotencia ante alguien o algo. También esta es una condición que caracteriza nuestro ser “criaturas”. El justo reconocimiento de esta verdad nos invita a permanecer humildes y a practicar con decisión la solidaridad, en cuanto virtud indispensable de la existencia.
Esta conciencia nos impulsa a actuar con responsabilidad y a responsabilizar a otros, en vista de un bien que es indisolublemente personal y común. Solo cuando el hombre se concibe a sí mismo, no como un mundo aparte, sino como alguien que, por naturaleza, está ligado a todos los demás, a los que originariamente siente como “hermanos”, es posible una praxis social solidaria orientada al bien común. No hemos de temer reconocernos como necesitados e incapaces de procurarnos todo lo que nos hace falta, porque solos y con nuestras fuerzas no podemos superar todos los límites. No temamos reconocer esto, porque Dios mismo, en Jesús, se ha inclinado (cf. Flp 2,8) y se inclina sobre nosotros y sobre nuestra pobreza para ayudarnos y regalarnos aquellos bienes que por nosotros mismos nunca podríamos tener.
En esta circunstancia de la solemne celebración en la India, quiero recordar con alegría y admiración la figura de la santa Madre Teresa de Calcuta, un modelo de caridad que hizo visible el amor de Dios por los pobres y los enfermos. Como dije con motivo de su canonización, «Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. […] Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes […] de la pobreza creada por ellos mismos. La misericordia ha sido para ella la “sal” que daba sabor a cada obra suya, y la “luz” que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento. Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres» (Homilía, 4 septiembre 2016).
Santa Madre Teresa nos ayuda a comprender que el único criterio de acción debe ser el amor gratuito a todos, sin distinción de lengua, cultura, etnia o religión. Su ejemplo sigue guiándonos para que abramos horizontes de alegría y de esperanza a la humanidad necesitada de comprensión y de ternura, sobre todo a quienes sufren.
El Papa abraza a una persona discapacitada en el Aula Pablo VI © Vatican Media
La gratuidad humana es la levadura de la acción de los voluntarios, que son tan importantes en el sector socio-sanitario y que viven de manera elocuente la espiritualidad del Buen Samaritano. Agradezco y animo a todas las asociaciones de voluntariado que se ocupan del transporte y de la asistencia de los pacientes, aquellas que proveen las donaciones de sangre, de tejidos y de órganos. Un ámbito especial en el que vuestra presencia manifiesta la atención de la Iglesia es el de la tutela de los derechos de los enfermos, sobre todo de quienes padecen enfermedades que requieren cuidados especiales, sin olvidar el campo de la sensibilización social y la prevención. Vuestros servicios de voluntariado en las estructuras sanitarias y a domicilio, que van desde la asistencia sanitaria hasta el apoyo espiritual, son muy importantes. De ellos se benefician muchas personas enfermas, solas, ancianas, con fragilidades psíquicas y de movilidad. Os exhorto a seguir siendo un signo de la presencia de la Iglesia en el mundo secularizado. El voluntario es un amigo desinteresado con quien se puede compartir pensamientos y emociones; a través de la escucha, es capaz de crear las condiciones para que el enfermo, de objeto pasivo de cuidados, se convierta en un sujeto activo y protagonista de una relación de reciprocidad, que recupere la esperanza, y mejor dispuesto para aceptar las terapias. El voluntariado comunica valores, comportamientos y estilos de vida que tienen en su centro el fermento de la donación. Así es como se realiza también la humanización de los cuidados.
La dimensión de la gratuidad debería animar, sobre todo, las estructuras sanitarias católicas, porque es la lógica del Evangelio la que cualifica su labor, tanto en las zonas más avanzadas como en las más desfavorecidas del mundo. Las estructuras católicas están llamadas a expresar el sentido del don, de la gratuidad y de la solidaridad, en respuesta a la lógica del beneficio a toda costa, del dar para recibir, de la explotación que no mira a las personas.
El Papa bendice a los enfermos de la Casa Madre Teresa © @antoniospadaro
Os exhorto a todos, en los diversos ámbitos, a que promováis la cultura de la gratuidad y del don, indispensable para superar la cultura del beneficio y del descarte. Las instituciones de salud católicas no deberían caer en la trampa de anteponer los intereses de empresa, sino más bien en proteger el cuidado de la persona en lugar del beneficio. Sabemos que la salud es relacional, depende de la interacción con los demás y necesita confianza, amistad y solidaridad, es un bien que se puede disfrutar “plenamente” solo si se comparte. La alegría del don gratuito es el indicador de la salud del cristiano.
Os encomiendo a todos a María, Salus infirmorum. Que ella nos ayude a compartir los dones recibidos con espíritu de diálogo y de acogida recíproca, a vivir como hermanos y hermanas atentos a las necesidades de los demás, a saber dar con un corazón generoso, a aprender la alegría del servicio desinteresado. Con afecto aseguro a todos mi cercanía en la oración y os envío de corazón mi Bendición Apostólica.
Vaticano, 25 de noviembre de 2018
Solemnidad de N. S. Jesucristo Rey del Universo
FRANCISCO
© Librería Editorial Vaticano

lunes, 11 de diciembre de 2017

Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo 2018 (11122017)


Mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo 2018


Saludo del Papa a un grupo de enfermos


Cecilia de Malak – Ciudad del Vaticano
 
Mater Ecclesiae: «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27)
En las «palabras de Jesús a su madre María y a Juan» se inspira el tema del Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero de 2018.
El Papa abre su Mensaje recordando que «la Iglesia debe servir siempre a los enfermos y a los que cuidan de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7-13), siguiendo el ejemplo muy elocuente de su Fundador y Maestro».
María es Madre de la Iglesia y de la familia humana
«Una tarea que no se acaba nunca», reitera el Papa, en el primero de los siete puntos de su Mensaje, haciendo hincapié en que las palabras de Jesús, que se preocupa por su Iglesia «son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera». Nuevo camino de entrega que la Madre del Señor comienza con el alma traspasada por el dolor a los pies de la cruz y que también se nos muestra en Pentecostés.
Juan el discípulo amado representa a la Iglesia
Reconociendo a María como madre, como hizo Juan, la vocación materna que Jesús le ha confiado se transmite a toda la Iglesia, señala el Papa en el punto 2 de su Mensaje. El pueblo mesiánico está llamado a contemplar en la Madre del Señor el modelo de discipulado y de cuidar a sus hijos.
El Maestro quiere conducir a todos los hombres al encuentro con el Padre
El Papa recuerda en el punto 3,  que Jesús encontró a muchos enfermos en el espíritu y en el cuerpo y a todos les dio misericordia y perdón. «El corazón de Jesús está abierto a todos, sin excepción. Hay que proclamar el Evangelio del Reino a todos, y la caridad de los cristianos se ha de dirigir a todos los necesitados, simplemente porque son personas, hijos de Dios».
Prosigue en el mundo la misión milenaria de la Iglesia
Recordando la «historia bimilenaria» de asistencia a los enfermos y a los más necesitados, el Papa destaca, en el punto 4, el trabajo de las congregaciones, de las diócesis y de los hospitales católicos y la importancia de poner a la persona humana en el centro del proceso terapéutico y de investigación científica, en el respeto de la vida y de los valores morales cristianos. Tanto en los países con sistemas sanitarios públicos y adecuados, como en los que son inadecuados o inexistentes.
«La Iglesia trabaja para ofrecer a la gente la mejor atención sanitaria posible, para eliminar la mortalidad infantil y erradicar algunas enfermedades generalizadas. En todas partes trata de cuidar, incluso cuando no puede sanar»... «en algunas partes del mundo, sólo los hospitales de los misioneros y las diócesis brindan la atención necesaria a la población».
Nunca hospitales católicos al servicio del mercado
El Papa destaca que «el legado del pasado ayuda a proyectar bien el futuro»… En el punto 5, pone en guardia contra el riesgo de «empresarialismo», que «en todo el mundo intenta que la atención médica caiga en el ámbito del mercado y termine descartando a los pobres»…Los cristianos que trabajan en las estructuras públicas están llamados a dar un buen testimonio del Evangelio.
La Iglesia debe mirar a los enfermos con la misma ternura de Jesús
«La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial», escribe el Papa en el punto 6. Y destacando el papel de la familia en el cuidado a los enfermos crónicos o discapacitados graves, señala la necesidad de un «reconocimiento adecuado» y de «políticas apropiadas».
«Médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial».
Oración a María: la Iglesia viva con amor el servicio de la vida y de la salud
«A María, Madre de la ternura, queremos confiarle todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, para que los sostenga en la esperanza. Le pedimos también que nos ayude a acoger a nuestros hermanos enfermos», alienta el Papa en el punto 7 y señala que «la Iglesia sabe que necesita una gracia especial para estar a la altura de su servicio evangélico de atención a los enfermos».
El Santo Padre invoca la intercesión de la Virgen María para la XXVI Jornada Mundial del Enfermo, y su ayuda a las personas enfermas y a todos los que cuidan de ellas. 

    miércoles, 10 de febrero de 2016

    Jornada Mundial del Enfermo: llamamiento del Papa 10022016

    Jornada Mundial del Enfermo: llamamiento del Papa

    Papa: al lado de los enfermos con la ternura de María - AFP
    10/02/2016 11:38
     
    (RV).- En su audiencia general, en la víspera de la Jornada Mundial del Enfermo 2016, el Papa Francisco reiteró su exhortación a «Confiar en Jesús misericordioso como María» y a hacer lo que Jesús nos diga.
    Y lo hizo con el lema de su Mensaje para esta Jornada, celebrada – en el marco del Jubileo de la Misericordia - solemnemente en Tierra Santa, en Nazaret, lugar de la Encarnación, y donde comenzó la misión salvífica del Señor.
    Bajo el Manto de la Virgen María Madre de Misericordia
    Ante esta Jornada Mundial del Enfermo, que instituyó San Juan Pablo II, el 13 de mayo, Nuestra Señora de Fátima, estableciendo que se celebre, el 11 de febrero de cada año, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, el Papa Francisco hizo hincapié en la ternura solícita y entrañable de la Madre de Dios e invitó a rezar por los enfermos, alentando a los que están al servicio de los que sufren:
    «Mañana, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, se celebra la XXIV Jornada Mundial del Enfermos, cuya celebración culmina en Nazaret. En el mensaje de este año, hemos reflexionado sobre el papel insustituible de María en las bodas de Caná: «Hagan todo lo que él les diga» (Jn 2,15). En la solicitud de María se refleja la ternura de Dios y la inmensa bondad de Jesús Misericordioso. Invito a rezar por los enfermos y a hacerles sentir nuestro amor. Que la misma ternura de María esté presente en la vida de tantas personas que se encuentran al lado de los enfermos, sabiendo percibir sus necesidades, también las más imperceptibles, viéndolas con los ojos llenos de amor».
    (CdM – RV)

    jueves, 28 de enero de 2016

    “Llamados a servir a los enfermos y necesitados”. El Papa para la Jornada Mundial del Enfermo 28012016

    “Llamados a servir a los enfermos y necesitados”. El Papa para la Jornada Mundial del Enfermo

    Mensaje del Papa Francisco para la XXIV Jornada Mundial del Enfermo 2016: “Confiar en Jesús misericordioso como María: Hagan lo que Él les diga”. - EPA
    28/01/2016 11:26
     
    (RV).- “Confiar en Jesús misericordioso como María: Hagan lo que Él les diga”, es el título del Mensaje del Papa Francisco para la XXIV Jornada Mundial del Enfermo 2016. El documento presentado la mañana del jueves 28 de enero en la Oficina de Prensa de la Santa Sede tiene como inspiración la narración evangélica de las bodas de Caná, tomado del Evangelio de San Juan.
    Solemne celebración en Tierra Santa
    En su mensaje, el Santo Padre subraya “que este año dicha Jornada será celebrada solemnemente en Tierra Santa”, ya que es el lugar “donde Jesús realizó su primer milagro gracias a la mediación de su Madre”. El tema elegido, se inscribe en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia. Por ello, el Pontífice señala que “la Celebración eucarística central de la Jornada, el 11 de febrero de 2016, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, tendrá lugar precisamente en Nazaret, donde la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros” (Jn 1,14). Es allí donde Jesús inició su misión salvífica, en favor de los pobres y oprimidos.
    La enfermedad nos acerca a Jesús
    En el documento, el Obispo de Roma afirma que “la enfermedad, sobre todo cuando es grave, pone siempre en crisis la existencia humana y nos plantea grandes interrogantes”. Ante esta situación, la primera reacción puede ser de rebeldía, dijo el Papa, ¿Por qué me ha sucedido precisamente a mí? Podemos sentirnos desesperados, pensar que todo está perdido y que ya nada tiene sentido. “En esta situación, la fe en Dios se pone a prueba, pero al mismo tiempo revela toda su fuerza positiva. No porque la fe haga desaparecer la enfermedad, el dolor o los interrogantes que plantea, afirma el Pontífice, sino porque nos ofrece una clave con la que podemos descubrir el sentido más profundo de lo que estamos viviendo; una clave que nos ayuda a ver cómo la enfermedad puede ser la vía que nos lleva a una cercanía más estrecha con Jesús, que camina a nuestro lado cargado con la cruz”.
    María: un corazón maternal lleno de misericordia
    Una clave la encontramos en la escena de las Bodas de Caná y nos la proporciona María, su Madre, explica el Sucesor de Pedro, ella aparece como la mujer atenta que se da cuenta de un problema muy importante para los esposos: se ha acabado el vino, símbolo del gozo de la fiesta. “María descubre la dificultad, en cierto sentido la hace suya y, con discreción, actúa rápidamente. No se limita a mirar, y menos aún se detiene a hacer juicios, sino que se dirige a Jesús y le presenta el problema tal como es”.
    ¿Qué enseñanza podemos obtener del misterio de las bodas de Caná para la Jornada Mundial del Enfermo? Se pregunta el Papa. “El banquete de bodas de Caná es una imagen de la Iglesia: en el centro está Jesús misericordioso que realiza la señal; a su alrededor están los discípulos, las primicias de la nueva comunidad; y cerca de  Jesús y de sus discípulos está María, Madre previsora y orante. María participa en el gozo de la gente común y contribuye a aumentarlo; intercede ante su Hijo por el bien de los esposos y de todos los invitados”. La figura maternal de María, nos llena de confianza y nos abre a la gracia y a la misericordia de Cristo, subraya el Papa, su intercesión nos permite experimentar la consolación, María es la Madre «consolada» que consuela a sus hijos.
    Los enfermos al centro de la misión de Jesús
    “En Caná la petición de María, durante el banquete nupcial, puesta por el Espíritu Santo en su corazón de madre, manifestó no sólo el poder mesiánico de Jesús sino también su misericordia, explica el Vicario de Cristo, en la solicitud de María se refleja la ternura de Dios. Y esa misma ternura se hace presente también en la vida de muchas personas que se encuentran junto a los enfermos y saben comprender sus necesidades, aún las más ocultas, porque miran con ojos llenos de amor. Cuántas veces una madre a la cabecera de su hijo enfermo, o un hijo que se ocupa de su padre anciano, o un nieto que está cerca del abuelo o de la abuela, confían su súplica en las manos de la Virgen”.
    Cuánto valora y aprecia Dios que seamos servidores de los demás, alienta el Santo Padre, esta es de las cosas que más nos asemeja a Jesús, el cual «no ha venido a ser servido sino a servir». Estos personajes anónimos del Evangelio nos enseñan mucho, agrega. No sólo obedecen, sino que lo hacen generosamente. Se fían de la Madre, y con prontitud hacen bien lo que se les pide, sin lamentarse, sin hacer cálculos.
    Colaboradores en la misión sanadora de Dios
    “En esta Jornada Mundial del Enfermo – afirma el Papa – podemos pedir a Jesús misericordioso por la intercesión de María, Madre suya y nuestra, que nos conceda esta disponibilidad para servir a los necesitados, y concretamente a nuestros hermanos enfermos”. También nosotros podemos ser manos, brazos, corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, con frecuencia escondidos. También nosotros, sanos o enfermos, podemos ofrecer nuestros cansancios y sufrimientos como el agua que llenó las tinajas en las bodas de Caná y fue transformada en el mejor vino.
    Antes de concluir su mensaje, el Obispo de Roma invita a hacer de cada hospital o clínica “un signo visible y un lugar que promueva la cultura del encuentro y de la paz, y en el que la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, así como también la ayuda profesional y fraterna, contribuyan a superar todo límite y división”. A todos los que están al servicio de los enfermos y de los que sufren, les deseo, agrega el Papa, que estén animados por el ejemplo de María, Madre de la Misericordia. «La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, a fin de que todos podamos descubrir la alegría de la ternura de Dios».
    (Renato Martinez - Radio Vaticano)
    Mensaje del Papa Francisco para la XXIV Jornada Mundial del Enfermo 2016
    Confiar en Jesús misericordioso como María: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5)
    Queridos hermanos y hermanas:
    La XXIV Jornada Mundial del Enfermo me ofrece la oportunidad de estar especialmente cerca de vosotros, queridos enfermos, y de todos los que os cuidan.
    Debido a que este año dicha Jornada será celebrada solemnemente en Tierra Santa, propongo meditar la narración evangélica de las bodas de Caná (Jn 2,1-11), donde Jesús realizó su primer milagro gracias a la mediación de su Madre. El tema elegido, «Confiar en Jesús misericordioso como María: “Haced lo que Él os diga”» (Jn 2,5), se inscribe muy bien en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia. La Celebración eucarística central de la Jornada, el 11 de febrero de 2016, memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, tendrá lugar precisamente en Nazaret, donde «la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14). Jesús inició allí su misión salvífica, aplicando a sí mismo las palabras del profeta Isaías, como dice el evangelista Lucas: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).
    La enfermedad, sobre todo cuando es grave, pone siempre en crisis la existencia humana y nos plantea grandes interrogantes. La primera reacción puede ser de rebeldía: ¿Por qué me ha sucedido precisamente a mí? Podemos sentirnos desesperados, pensar que todo está perdido y que ya nada tiene sentido…
    En esta situación, por una parte la fe en Dios se pone a prueba, pero al mismo tiempo revela toda su fuerza positiva. No porque la fe haga desaparecer la enfermedad, el dolor o los interrogantes que plantea, sino porque nos ofrece una clave con la que podemos descubrir el sentido más profundo de lo que estamos viviendo; una clave que nos ayuda a ver cómo la enfermedad puede ser la vía que nos lleva a una cercanía más estrecha con Jesús, que camina a nuestro lado cargado con la cruz. Y esta clave nos la proporciona María, su Madre, experta en esta vía.
    En las bodas de Caná, María aparece como la mujer atenta que se da cuenta de un problema muy importante para los esposos: se ha acabado el vino, símbolo del gozo de la fiesta. María descubre la dificultad, en cierto sentido la hace suya y, con discreción, actúa rápidamente. No se limita a mirar, y menos aún se detiene a hacer juicios, sino que se dirige a Jesús y le presenta el problema tal como es: «No tienen vino» (Jn 2,3). Y cuando Jesús le hace presente que aún no ha llegado el momento para que Él se revele (cf. v. 4), dice a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga» (v. 5). Entonces Jesús realiza el milagro, transformando una gran cantidad de agua en vino, en un vino que aparece de inmediato como el mejor de toda la fiesta. ¿Qué enseñanza podemos obtener del misterio de las bodas de Caná para la Jornada Mundial del Enfermo?
    El banquete de bodas de Caná es una imagen de la Iglesia: en el centro está Jesús misericordioso que realiza la señal; a su alrededor están los discípulos, las primicias de la nueva comunidad; y cerca de  Jesús y de sus discípulos está María, Madre previsora y orante. María participa en el gozo de la gente común y contribuye a aumentarlo; intercede ante su Hijo por el bien de los esposos y de todos los invitados. Y Jesús no rechazó la petición de su Madre. Cuánta esperanza nos da este acontecimiento. Tenemos una Madre con ojos vigilantes y compasivos, como los de su Hijo; con un corazón maternal lleno de misericordia, como Él; con unas manos que quieren ayudar, como las manos de Jesús, que partían el pan para los hambrientos, que tocaban a los enfermos y los sanaba. Esto nos llena de confianza y nos abre a la gracia y a la misericordia de Cristo. La intercesión de María nos permite experimentar la consolación por la que el apóstol Pablo bendice a Dios: «¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios! Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo» (2 Co 1,3-5). María es la Madre «consolada» que consuela a sus hijos.
    En Caná se perfilan los rasgos característicos de Jesús y de su misión: Él es Aquel que socorre al que está en dificultad y pasa necesidad. En efecto, en su ministerio mesiánico curará a muchos de sus enfermedades, dolencias y malos espíritus, dará la vista a los ciegos, hará caminar a los cojos, devolverá la salud y la dignidad a los leprosos, resucitará a los muertos y a los pobres anunciará la buena nueva (cf. Lc 7,21-22). La petición de María, durante el banquete nupcial, puesta por el Espíritu Santo en su corazón de madre, manifestó no sólo el poder mesiánico de Jesús sino también su misericordia.
    En la solicitud de María se refleja la ternura de Dios. Y esa misma ternura se hace presente también en la vida de muchas personas que se encuentran junto a los enfermos y saben comprender sus necesidades, aún las más ocultas, porque miran con ojos llenos de amor. Cuántas veces una madre a la cabecera de su hijo enfermo, o un hijo que se ocupa de su padre anciano, o un nieto que está cerca del abuelo o de la abuela, confían su súplica en las manos de la Virgen. Para nuestros seres queridos que sufren por la enfermedad pedimos en primer lugar la salud; Jesús mismo manifestó la presencia del Reino de Dios precisamente a través de las curaciones: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan» (Mt 11,4-5). Pero el amor animado por la fe hace que pidamos para ellos algo más grande que la salud física: pedimos la paz, la serenidad de la vida que parte del corazón y que es don de Dios, fruto del Espíritu Santo que el Padre no niega nunca a los que se lo piden con confianza.
    En la escena de Caná, además de Jesús y su Madre, están también los que son llamados «sirvientes», que reciben de Ella esta indicación: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Naturalmente el milagro tiene lugar por obra de Cristo; sin embargo, Él quiere servirse de la ayuda humana para realizar el prodigio. Habría podido hacer aparecer directamente el vino en las tinajas. Sin embargo, quiere contar con la colaboración humana, y pide a los sirvientes que las llenen de agua. Cuánto valora y aprecia Dios que seamos servidores de los demás. Esta es de las cosas que más nos asemeja a Jesús, el cual «no ha venido a ser servido sino a servir» (Mc 10,45). Estos personajes anónimos del Evangelio nos enseñan mucho. No sólo obedecen, sino que lo hacen generosamente: llenaron las tinajas hasta el borde (cf. Jn 2,7). Se fían de la Madre, y con prontitud hacen bien lo que se les pide, sin lamentarse, sin hacer cálculos.
    En esta Jornada Mundial del Enfermo podemos pedir a Jesús misericordioso por la intercesión de María, Madre suya y nuestra, que nos conceda esta disponibilidad para servir a los necesitados, y concretamente a nuestros hermanos enfermos. A veces este servicio puede resultar duro, pesado, pero estamos seguros de que el Señor no dejará de transformar nuestro esfuerzo humano en algo divino. También nosotros podemos ser manos, brazos, corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, con frecuencia escondidos. También nosotros, sanos o enfermos, podemos ofrecer nuestros cansancios y sufrimientos como el agua que llenó las tinajas en las bodas de Caná y fue transformada en el mejor vino. Cada vez que se ayuda discretamente a quien sufre, o cuando se está enfermo, se tiene la ocasión de cargar sobre los propios hombros la cruz de cada día y de seguir al Maestro (cf. Lc 9,23); y aún cuando el encuentro con el sufrimiento sea siempre un misterio, Jesús nos ayuda a encontrarle sentido.
    Si sabemos escuchar la voz de María, que nos dice también a nosotros: «Haced lo que Él os diga», Jesús transformará siempre el agua de nuestra vida en vino bueno. Así, esta Jornada Mundial del Enfermo, celebrada solemnemente en Tierra Santa, ayudará a realizar el deseo que he manifestado en la Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia: «Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con [el Hebraísmo, el Islam] y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» (Misericordiae Vultus, 23). Cada hospital o clínica puede ser un signo visible y un lugar que promueva la cultura del encuentro y de la paz, y en el que la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, así como también la ayuda profesional y fraterna, contribuyan a superar todo límite y división.
    Son un ejemplo para nosotros las dos monjas canonizadas en el pasado mes de mayo: santa María Alfonsina Danil Ghattas y santa María de Jesús Crucificado Baouardy, ambas hijas de la Tierra Santa.  La primera fue testigo de mansedumbre y de unidad, ofreciendo un claro testimonio de la importancia que tiene el que seamos unos responsables de los otros importante es que seamos responsables unos de otros, de que vivíamos al servicio de los demás. La segunda, mujer humilde e iletrada, fue dócil al Espíritu Santo y se convirtió en instrumento de encuentro con el mundo musulmán.
    A todos los que están al servicio de los enfermos y de los que sufren, les deseo que estén animados por el ejemplo de María, Madre de la Misericordia. «La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, a fin de que todos podamos descubrir la alegría de la ternura de Dios» (ibíd., 24) y llevarla grabada en nuestros corazones y en nuestros gestos. Encomendemos a la intercesión de la Virgen nuestras ansias y tribulaciones, junto con nuestros gozos y consolaciones, y dirijamos a ella nuestra oración, para que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos, especialmente en los momentos de dolor, y nos haga dignos de contemplar hoy y por toda la eternidad el Rostro de la misericordia, su Hijo Jesús.
    Acompaño esta súplica por todos vosotros con mi Bendición Apostólica.
    Dado en el Vaticano, el 15 de setiembre de 2015
    Memoria de Nuestra Señora de los Dolores.
    Francisco