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martes, 5 de marzo de 2019

Día de Hispanoamérica: gracias a quien compromete la vida con su pueblo 03032019



La vocación del misionero es una respuesta fiel y generosa a una llamada de DiosDía de Hispanoamérica: gracias a quien compromete la vida con su pueblo



Las amenazas que hoy se ciernen sobre buena parte de la población hispanoamericana continúan reclamando que se actualice la actitud profética de cada misionero, a estar al lado de quienes muchos no quieren mirar a la cara.

Todo primer domingo de marzo, la Iglesia española celebra el Día de Hispanoamérica, una fecha que debe llevar a reflexionar sobre la importancia que la misión tiene entre los españoles. En 2019, el lema escogido para esta jornada, que se celebra el 3 de marzo, es “Comprometidos con la vida de los pueblos”, queriendo poner de manifiesto que uno de los elementos que destacan en la vida de muchos misioneros es su compromiso con la vida de la gente a la que acompañan. 
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Uno no deja de sorprenderse cuando se encuentra con misioneros que después de casi sesenta años en América continúan al pie del cañón, gente que entendió que la vida vale la pena si se entrega por amor, gente que tira del carro cada día, que sujeta al que está cerca de caer al abismo y levanta al que herido se ha quedado tirado al borde del camino. Por encima de todo, la misión les ha convertido en testigos del Amor de Dios para quien habita las periferias del mundo.
Desde las villas miseria y favelas de las grandes metrópolis, hasta los remotos confines de la Amazonía, del altiplano andino, de poblados perdidos en medio de la nada, la presencia de estos misioneros siempre ha sido una rica experiencia de misericordia en la vida de mucha gente que la sociedad ignora y descarta.
Dia Hispanoamérica
El Día de Hispanoamérica tiene relación con la Obra de Cooperación Sacerdotal para Hispanoamérica – OCSHA, que el próximo junio cumplirá 70 de años de existencia y que ha sido un puente entre las diócesis españolas y latinoamericana por el que han atravesado más de 2.300 sacerdotes diocesanos. Las estadísticas dicen que en la actualidad son 237 los sacerdotes diocesanos que a través de la OCSHA están en América, procedentes de 54 diócesis españolas, lo que representa más del 75% de ellas, trabajando en 20 países. Como le gustaba decir a Anastasio Gil, son miles de años de misión sumados entre todos. 
En una sociedad en la que cada día aumenta la división y el enfrentamiento, y se hace más visible el rechazo al diferente, lo que acrecienta la tensión social, una realidad patente en muchos países de Hispanoamérica, donde los autoritarismos de diferentes cuños están tomando el control de distintos países, provocando conflictos con la sociedad y con la propia Iglesia católica, el papel de los misioneros se convierte en fundamental. El Papa Francisco llama a una Iglesia en salida, preocupada con lo que pasa más allá del templo, con un claro compromiso con la vida de los pueblos, inclusive con aquellos que no forman parte de la comunidad eclesial.
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Si vemos sus objetivos, el Día de Hispanoamérica es una llamada a agradecer a quien desde la misión compromete su vida con su pueblo, a reflexionar y descubrir que la fuente del ser misioneros está en nuestro bautismo y que como bautizados somos llamados a vivir nuestra vida como misión, a descubrir nuestra vocación misionera y responder. También a rezar por aquellos que han sido enviados por la Iglesia.
El Cardenal Marc Oullet, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, en un mensaje dirigido a los misioneros españoles que han respondido a la llamada de Dios a servir a las Iglesias y pueblos de Hispanoamérica, destaca que “la vocación del misionero es una respuesta fiel y generosa a una llamada de Dios”, que se concreta en la vida de cada uno de múltiples modos. Por eso, insiste en la compenetración que existe entre los misioneros y los pueblos a los que acompañan.
La identificación nace de la presencia y del compromiso, un elemento en que los misioneros deben profundizar cada vez más. Cada vez es más importante, sobre todo para quien vive en las periferias del mundo, la presencia gratuita de los misioneros, estar con la gente para escuchar, compartir la vida, sentarse alrededor de una taza de café y dejar pasar el tiempo, en cuanto el diálogo ayuda a profundizar en el conocimiento mutuo. No se ama aquello que no se conoce, y nadie se va a comprometer con la vida de los pueblos si esa vida no es conocida previamente, en profundidad, un conocimiento que integra, que hace al misionero uno más en medio de su gente.
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El misionero aprende con su pueblo, con su gente, en la convivencia cotidiana y eso enriquece. Es señal de gran alegría para muchos pueblos ver cómo el misionero va asimilando elementos que forman parte de su vida cotidiana, pues eso muestra que está valorando como positivos algunos elementos que forman parte del cotidiano de esas personas. Todo eso va aumentando el mutuo amor y deseo de servir, que no olvidemos es la mejor expresión de lo que realmente supone la misión, estar al servicio de aquellos a quienes uno ha sido enviado.
Las amenazas que hoy se ciernen sobre buena parte de la población hispanoamericana continúan reclamando que se actualice la actitud profética de cada misionero. Compromiso es eso, estar al lado de quienes muchos no quieren mirar a la cara, asumir la identidad de un pueblo, su historia, tradiciones, cultura, saberes ancestrales. Todo ello ayuda a entender las causas de la realidad por la que en la actualidad están pasando. Cuando eso penetra en el corazón, provoca sentimientos, reacciones, alegra, pero también duele, pues poco a poco esos pueblos se han convertido en carne de mi carne.
Conmoverse, compadecerse, hacerse cargo de las múltiples situaciones por las que el pueblo pasa, son actitudes que deben estar presentes en la vida del misionero y que quedan marcadas en la memoria colectiva como una marca indeleble de generación en generación. Comprometerse con la vida de los pueblos debe llevar al misionero a trabajar para que se perpetúen las raíces de esos pueblos. Como reconoce el Papa Francisco, un pensamiento recogido en el mensaje del Cardenal Oullet con motivo del Día de Hispanoamérica, "uno de los fenómenos que actualmente golpea con fuerza al continente es la fragmentación cultural, la polarización del entramado social y la pérdida de raíces. Esto se agudiza cuando se fomentan discursos que dividen y propagan distintos tipos de enfrentamientos y odios hacia aquellos 'que no son de los nuestros', inclusive importando modelos culturales que poco o nada tienen que ver con nuestra historia e identidad". 
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En ese sentido, el misionero es llamado a reconocer las raíces presentes en la vida e historia de los pueblos, valorando esos elementos, inclusive dentro del trabajo pastoral, pues eso impulsa una mayor identificación entre el pueblo y el mensaje cristiano, provocando un encuentro que construye relaciones que perduran en el tiempo y producen frutos abundantes. 
El Día de Hispanoamérica es un buen momento para la Iglesia española sienta la necesidad de perpetuar esa dimensión misionera que siempre la ha acompañado. Esta reflexión tiene que ser llevada a cabo a nivel personal, diocesano y también como Conferencia Episcopal, pues la misión “ad gentes” es elemento constitutivo de la vida eclesial y muestra el grado de compromiso de la Iglesia local con la Iglesia universal.
Hagamos memoria que sea motivadora del presente y del futuro, que ayude a continuar una labor secular, fruto del compromiso de muchos. Que el Dios que habita en el corazón de todo bautizado sea inspiración para que puedan surgir nuevas vocaciones misioneras, hombres y mujeres, que hagan visible el Evangelio en todos los rincones del mundo.

viernes, 14 de diciembre de 2018

Monseñor Raimundo Possidônio: “La Iglesia tiene obligación de reconocer el papel fundamental de las mujeres en las comunidades amazónicas”

Monseñor Raimundo Possidônio: “La Iglesia tiene obligación de reconocer el papel fundamental de las mujeres en las comunidades amazónicas”

13.12.18 | 04:39. Archivado en Comunidades eclesiales de baseAmazoniaSínodo Pan Amazonia
El Sínodo para la Amazonía es un momento de reflexión, de reconocer la vida que encierra la Iglesia de la Amazonía. En el caso de Brasil, el Encuentro de los Obispos de Santarém, en 1972, y las ideas que allí aparecieron, recogidas en un documento, que amazoniza lo discutido en el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín, marca un antes y un después en la evangelización de la región, en la vida de la Iglesia local.
Según Monseñor Raimundo Possidônio Carrera da Mata, experto en historia de la Amazonía, ese momento abrió “la puerta entera para que las comunidades proliferasen en toda la región”, hasta el punto de afirmar que “ay de la Iglesia de la Amazonía si no fuera por las comunidades eclesiales de base”, pues se trata de una región donde los laicos con sus ministerios han sustentado el trabajo evangelizador a partir de la Palabra, una realidad que debe ser refrendada en el Sínodo.
En esta dimensión laical de la Iglesia amazónica cobran un papel fundamental las mujeres, y “casi tendríamos la obligación de que la Iglesia reconozca esto”, según el Vicario General de la Archidiócesis de Belém, pues el vigor de la Iglesia, en cualquier lugar de la Amazonía, “gira en torno al liderazgo de la mujer”.
Al hablar del declive de la profecía en las comunidades eclesiales de base, reconoce que “de hecho, ocurrió ese cambio”, debido a “unas influencias muy fuertes por ese lado del pentecostalismo católico”, aunque también afirma que en algunos lugares de la Amazonía, “todavía percibimos que esa dimensión profética está muy presente”, algo que el Sínodo para la Amazonía quiere retomar e impulsar, a partir de la dimensión de la ecología integral.
En la Amazonía las Comunidades Eclesiales de Base - CEBs, siempre tuvieron una gran importancia. En este momento en que la Amazonía está en un proceso sinodal, ¿cuál es el papel que las CEBs pueden tener en el Sínodo para la Amazonía?
En primer lugar quisiera destacar esta madurez de la Iglesia en la Amazonía, sobre todo en los últimos años. Estamos acostumbramos a decir que tiene un marco eclesiológico importante, que es la Asamblea de Santarém, que en verdad recoge todo un largo proceso anterior, que viene desde los años cincuenta. Santarém es, de hecho, esa intuición de los obispos de dar valor a lo que allí se llamaban comunidades cristianas de bases, después comunidades eclesiales. Eso en realidad, abrió la ventana y la puerta, o la puerta entera para que las comunidades proliferasen en toda la región.
Esto, de hecho, marcó o fue una característica de la Iglesia desde el punto de vista de ese rostro eclesial que ella tiene, el rostro de la CEBs. Suelo decir, tengo miedo de equivocarme, que ay de la Iglesia de la Amazonía si no fuera por las comunidades eclesiales de base, porque hay pocos ministros ordenados, la vida religiosa consagrada, en general, está relacionada a los grandes centros, con rarísimas excepciones, y quienes estaban en medio de la selva, de los ríos, de las aguas, eran los laicos con las comunidades eclesiales. Creo que ese camino llega al Sínodo con una madurez muy grande.
La realidad de los ministerios, desde el punto de vista eclesial, ha cambiado mucho. Lo que se hizo fue dar a los laicos los ministerios, la multiplicación de ministerios fue una cosa muy importante, fruto de esa presencia en las comunidades, y ahora eso llega al Sínodo en una fase adulta de las comunidades, el reconocimiento de esa madurez es lo que yo creo que muchas comunidades tendrán para ofrecer a la Iglesia en la Amazonía.
¿Podríamos decir que el Sínodo puede confirmar, casi cincuenta años después, las intuiciones que aparecen en Santarém?
Sin duda. Lo que creo es que este Sínodo puede sellar esa marca de la Iglesia, el rostro amazónico de la Iglesia, una Iglesia comunion al desde las CEBs, sin demérito alguno para la dimensión institucional de la Iglesia, y sí para esa dimensión carismática, profética, misionera, ministerial, que es marcada por las comunidades eclesiales, a pesar de haber ocurrido un cambio sustancial con esa historia de la urbanización. El mundo urbano, cortó y apagó un poco la vida de las comunidades. En esa región de la selva, las comunidades están vivas, y el Sínodo, viene a fortalecer mucho más esa presencia.
En estas comunidades, sobre todo en el interior, una de las grandes dificultades es la celebración de la Eucaristía, que a veces sucede sólo una vez al año. ¿El Sínodo podría abrir la posibilidad de que esas comunidades, por sí mismas, puedan tener la celebración eucarística?
Voy a plantear una cuestión problemática aquí. La cuestión eucarística está siempre relacionada al ministerio sacerdotal, y peor aún, el sacerdocio está ligado a la Eucaristía como eso fuera algo cerrado, que involucra prácticamente la vida de la Iglesia relacionada con los sacramentos. Si se tiene en cuenta la centralidad de la Eucaristía, que es una realidad muy fuerte, ahí se tiene que hablar del sacerdote. Si no tiene el sacerdote, se va a tener que inventar un ministerio para celebrar la Eucaristía, por ejemplo los viri probati, o los sacerdotes casados. Siempre tendrá esa dimensión bien relacional entre el sacerdocio y la Eucaristía.
Creo que las comunidades eclesiales de base, las comunidades de la Amazonía, han demostrado su vigor sin la Eucaristía. Esta es una cuestión incontestable, que las comunidades, incluso con esa precariedad, están vivas, permanecen. Amenazadas por todos los lados, por el poder económico, amenazadas por el movimiento pentecostal, que está ahí. Creo que es lógico que la Iglesia tiene que fortalecer ese lado de la presencia eucarística en las comunidades, pero mucho más la fuerza de la Palabra, en esa dimensión de una Iglesia centrada en la Palabra, y ahí se tiene una importancia muy grande del laico, del ministerio laical, que se relacionen con eso.
Yo recuerdo que, no sé quién hablaba eso, San Ireneo, San Agustín, que la Palabra tiene una sacramentalidad, y nosotros lo olvidamos. La Palabra es un sacramento, la fe viene por la predicación, y las primeras comunidades se sustentaron por la fuerza de la Palabra, las comunidades de San Pablo. Después esa realidad cambió, con la figura del clero. Pero es importante destacar esta dimensión de una Iglesia centrada en la Palabra. Por otra parte, Aparecida va a decir que, también en las comunidades donde no hay Eucaristía, sólo se tiene la Palabra, allí se vive el precepto pascual, no sé si la gente presta mucha atención a eso.
Esta comprensión de una Iglesia que se centra en la persona de Jesús, también fortalecida por la Palabra, el Verbo, la Palabra que está presente en la vida de esas personas. Yo sé que eso es muy complicado, hablar de eso, pero se necesita decir esas cosas, enfatizar ese valor dado a la Palabra sin olvidar la presencia eucarística.
El vigor de las comunidades de la Amazonía muchas veces es conservado por las mujeres. El Documento Preparatorio del Sínodo reconoce esta importancia de las mujeres en la Iglesia de la Amazonía. ¿Podríamos decir que el Sínodo de la Amazonía puede llevar a un reconocimiento aún mayor del papel fundamental de las mujeres en las comunidades amazónicas?
Yo creo que sí. En realidad casi tendríamos la obligación de que la Iglesia reconozca esto. Imagina, teniendo en cuenta esta cuestión que acabo de hablar, se habla del valor, del vigor de las comunidades, ese vigor, esa multiplicación, gira en torno al liderazgo de la mujer, en aquellas realidades más distantes, debido a diversas circunstancias que no es el caso de hablar aquí. Pero en general lo que tenemos es eso, no necesitamos sólo hablar de esta cuestión unida a las comunidades eclesiales de base. Yo creo que en nuestras parroquias, en los lugares más céntricos, incluso en el mundo urbano, mi parroquia donde yo trabajo, es fundamental la presencia de la mujer, en medio de la ciudad, y los líderes principales quiénes son, las mujeres, también en el mundo urbano.
El Sínodo, la Iglesia, tienen el deber de poner esto no como un anexo a su realidad, sino que yo diría como algo institucional, no sólo carismático, sino como un reconocimiento institucional también. Cuándo eso va a llegar no lo sé, lo que se va a definir allí, no lo sé. Sabemos que el Derecho Canónico, a veces la teología, proporciona unas brechas para ciertos ministerios, tal vez hasta para el diaconado, ya es reconocido. Hasta el Papa Benedicto XVI, un tiempo atrás, él planteaba esa cuestión del Derecho Canónico, si no me equivoco, con una especie de motu propio, y lo colocaba allí, en el Derecho Canónico.
Entonces, hay esas posibilidades, de un reconocimiento de hecho, de una institucionalización de los ministerios. Si el Sínodo va a afirmar eso, yo no sé, pero sería, a mi modo de entender, un paso más de madurez de esa presencia, reconocimiento de esa presencia tan marcada de la mujer en la Iglesia de Brasil entero.
Las CEBs cuando nacieron, sesenta años atrás, y durante mucho tiempo, siempre tuvieron una dimensión muy ligada a la denuncia y la profecía. Después, con el paso del tiempo, muchas de esas comunidades se centraron más en la dimensión litúrgica. El Sínodo para la Amazonía habla de nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral, dimensión que está ligada a la defensa de los pueblos indígenas. ¿Cómo las CEBs pueden contribuir en esa revitalización profética de la Iglesia de la Amazonía?
De hecho, ocurrió ese cambio. Yo diría, desde el punto de vista de la historia, debido a un bombardeo, no sólo externo, de aquellos que veían una injerencia indebida de las comunidades en los problemas sociales, sino también interno, podemos decir desde una batalla interna de la Iglesia institucional en relación a ese compromiso de las CEBs, que ha matado el modo de entender la vida de mucha gente, la participación de mucha gente, a veces, sobre todo de los hombres, también de algunas mujeres, que entraron en el campo de la política, de los movimientos sociales.
Yo percibo que las CEBs no abandonaron ese camino, no todas las CEBs emprendieron un camino más litúrgico. Yo sé que hay unas influencias muy fuertes por ese lado del pentecostalismo católico dentro de las comunidades, el abandono de los cantos, por ejemplo, los cantos que eran cantos de fuerza, de lucha, de aliento, ellos fueron cambiados por los cantos de alabanza, por la adoración, etcétera. Pero viendo lo que sucede en algunos lugares de la Amazonía, todavía percibimos que esa dimensión profética está muy presente, en las personas que todavía están vivas, obispos, sacerdotes, laicos y laicas.
El Sínodo, al plantear estas dos cuestiones, un nuevo impulso para la vida de la Iglesia y la ecología integral, integra esta dimensión profética. La ecología integral entendida como totalidad, como todo aquello que va involucrando esa cuestión también relacionada a la agresión al medio ambiente y todas esas cosas. Yo creo que el Sínodo quiere retomarlo, quiere reanudar ese camino, desde mi punto de vista, para no olvidar que uno tiene dos pies, un pie en una realidad y en la otra.

Podemos preguntarnos cómo hay Iglesias que se apoyan sólo en una pierna, sólo por el lado litúrgico, por el lado de la alabanza, etcétera. De hecho, no diría que ese es un problema sólo de las CEBs, en nuestras parroquias, movimientos, nuestro ministerio también. Pero yo creo que el Sínodo puede recuperar, y seguramente va a recuperar eso, nuestra contribución en ese camino que se está construyendo es muy grande para enfatizar ese aspecto. Yo creo que el Sínodo va a impulsar, animar esa vivencia de las comunidades aquí en la Amazonía, en esa dirección también.

sábado, 10 de noviembre de 2018

La REPAM quiere ser voz que grita esperanza y profecía en la selva 10112018

La REPAM quiere ser voz que grita esperanza y profecía en la selva


Los conocimientos van cambiando la vida de la gente. En la Amazonía las vivencias son fuente de sabiduría, tan válida como la dimensión intelectual. Todo eso hace que momentos aparentemente sencillos se conviertan en relevantes, especialmente cuando se trata de los pueblos originarios y campesinos amazónicos.
Este jueves, 8 de noviembre, se clausuraba en Jaén, Perú, la II Escuela de Derechos Humanos de la Red Eclesial Panamazónica – REPAM, en la que han participado 18 hombres y mujeres, representando a 6 países, movidos por una opción de lucha y resistencia, junto con 5 acompañantes, que a lo largo de un mes y 208 horas de clases, han ido profundizando en los Derechos Humanos, en documentación y en incidencia, “algo que debe ser reconocido pues supone un enorme esfuerzo”, como señala Mauricio López, Secretario Ejecutivo de la REPAM.
Los contenidos del curso han sido profundos, de excelencia absoluta, porque son además impartidos por personas que trabajan todos los días en la realidad amazónica y que la conocen como ninguno, el Equipo Itinerante, el Consejo Indigenista Misionero, el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica – CAAAP, de Perú, instancias especializadas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el Centro de Investigación y Educación Popular – CINEP, de Colombia, la Caritas Española y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, cada uno sumando fuerzas y conocimientos, pero haciendo que éstos sean relevantes para la vida de las personas y sobretodo tejiendo, desde los propios casos, territorios, sus luchas y sus historias.
Junto con quienes han impartido los conocimientos, se han hecho presentes la Secretaría Ejecutiva de la REPAM, a través de un Equipo específico, del que han formado parte la asesora jurídica y la responsable de comunicación, que han sostenido este proceso junto con el apoyo del Equipo Itinerante y de la Compañía de Jesús.
Según López, en este tiempo “hemos escuchado muchas, muchas historias de vulnerabilidad, de fragilidad, de sentimiento de soledad y de necesidad urgente de contar con las herramientas adecuadas”. Todo ello ha tenido como consecuencia que “ahora nos sentimos entretejidos y entrelazados, con más herramientas”, en un proceso que no termina con la clausura de la escuela, sino que “entra en una nueva etapa de ir contagiando, compartiendo, sumando fuerzas en cada territorio, con las redes locales para que estos líderes y los agentes de pastoral que los acompañan, vayan también siendo una sola voz, una voz que grita en el desierto, una voz que grita en la selva, una voz que grita esperanza y grita profecía”, afirma Mauricio López.
En realidad, muchos se preguntan, como también hace el Secretario Ejecutivo de la REPAM, “¿qué hace una red como la Red Eclesial Panamazónica desarrollando todo un proceso formativo para la defensa de los derechos humanos de los pueblos panamazónicos habiendo tantas instituciones especializadas, con años de experiencia trabajando en este sentido?”.
El propio Mauricio López encuentra una respuesta cuando dice que “porque es urgente, imprescindible e inminente la situación de agravamiento de toda la dinámica de vida de las personas que habitan en el territorio Panamazónico, sobre todo de pueblos originarios y de comunidades campesinas”. En ese sentido, no podemos negar que la actual coyuntura política en la región no está ayudando en nada a la mejora de las condiciones de vida de estos pueblos, con una invasión de grandes proyectos que sólo pretenden expoliar las grandes riquezas naturales que la región contiene.
Vivimos en una sociedad, algo que se acentúa en la región amazónica, en la que muchos de los procesos que existen, que pueden ser extraordinarios en sus contenidos, no llegan a estas personas o incluso el nivel de éstos no es adaptado para una realidad de defensores y luchadores. Como reconoce Mauricio López, “el problema no está en las personas, como muchas veces nos han hecho creer, el problema está en que creamos toda una serie de institucionalidades, estructuras y contenidos que no acompañan ni empoderan la vida de las personas concretas”.
No podemos olvidar, según él mismo afirma que “son ellas y ellos los que todos los días dan la vida, resisten y luchan, y eso es lo que la REPAM hace, crea condiciones donde no las hay para acompañar a gritos específicos que no son propios, que son de ellas y de ellos, de los pueblos y de las comunidades, y busca por todos los medios acercar herramientas que sean relevantes para sus vidas, que les permitan responder a las difíciles situaciones que se tienen que topar todos los días". Por otro lado, como afirma su Secretario Ejecutivo, "una red como la REPAM tiene todas las condiciones para articular un sin número de presencias, personas, universidades, que hace total sentido para acompañar estas vidas”.
Por encima de los conocimientos adquiridos, lo más destacado al finalizar la escuela es ver como las vidas se entrelazan, como los participantes se van haciendo familia, sembrándose en el corazón los unos y los otros. Esto tiene como consecuencia, como reconoce Mauricio López, que “se va tejiendo una red de resistencia mucho más grande que los propios contenidos que se dan”. Desde ahí, él ve como próximo paso, “un proceso documental, de afirmar los rostros, de hacer que la voz florezca y que, poco a poco, se vaya configurando esa argumentación desde el sustento vital, para decir existimos, queremos vivir y queremos que se nos respeten los derechos”.
Después de esta segunda fase el objetivo es que muchas de estas voces puedan ser llevadas a instancias internacionales. Es ese sentido, su Secretario Ejecutivo, señala que hoy la REPAM agradece la gran amistad en la misión con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con la Relatoría de los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas, con instancias especializadas en la Unión Europea, con redes eclesiales en el Norte planetario, que se sienten Amazonía y quieren amazonizar el mundo.
Por eso, la clausura de la Escuela de Derechos Humanos es momento en que “comienza la resistencia y es una resistencia en comunión, hoy es el día en que no nos sentimos solos y que vamos a afirmar esta certeza de caminar juntos, como Red Eclesial Panamazónica, porque eso somos, somos un camino de esperanza en medio de la profunda fragilidad”, concluye Mauricio López.