Mostrando entradas con la etiqueta Pacto de las Catacumbas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pacto de las Catacumbas. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de noviembre de 2015

Como una conspiración... Los cuarenta del Pacto de 1965 (2) 15112015

Como una conspiración... Los cuarenta del Pacto de 1965 (2)

  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido
Se reunieron unos cuarenta obispos del Concilio, el 16, 11. 1965, casi en secreto, para celebrar una misa en la Catacumba de Domitila (imagen 1) y firmar un Pacto de Pobreza episcopal. No se conoce su número exacto: No tomaron, que se sepa, una “foto de familia”, ni conservamos el documento original…
Sólo se conservan algunas transcripciones, en varias lenguas (publiqué ayer la española), y la memoria de aquella “pequeña” asamblea silenciosa, de la que sólo se ocuparon algunos medios muy especializados, en notas de prensa tardía. Porque la gran Noticia era el Concilio Universal que se estaba celebrando en la Basílica Inmensa de San Pedro, con miles de corresponsales de prensa, con radios y televisiones.
--Allí arriba, en San Pedro, los obispos habían hablado, y mucho, de pobreza, diciendo y publicando cosas memorables, que ha estudiado con toda precisión Joan Planellas en el trabajo central del libro que le dedicamos (El Pacto de las Catacumbas, Verbo Divino, Estella 2015, 81-110 imagen 2, portada del libro. con una pintura de la misma catacumba).
-- Pero los 2500 Padres conciliares, en conjunto, no pudieron firmar un compromiso personal y colectivo de pobreza como el de este pacto (como si la pobreza fuera esencial para ellos, como si la iglesia tuviera que ser Una, Santa, Católica y Apostólica, pero no Pobre).
-- Por eso, estos Cuarenta, en nombre de otros muchos, quizá hasta setecientos dejando por un día la altura de la Basílica de Pedro, bajaron a la Catacumba de Domitila, casi en secreto, sin llamar a la prensa, y rezaron y firmaron este documento admirable, sin obligar a nadie, comprometiéndose ellos mismos.
Se reunieron pues con toda discreción, en un catacumba, para retomar el pulso e impulso de la primera iglesia romana. Faltan muchos que quizá hubieran ido, pero no lo hicieron por “prudencia”. Pero estos cuarenta, muchos de América Latina, estuvieron, rezaron y firmaron.
Querían tener una celebración discreta lejos de la prensa,, para evitar que su gesto de sencillez y compromiso fuera interpretado como una “lección” a los otros obispos.
La primera referencia de la celebración apareció en una nota de Henri Fesquet casi un mes más tarde en Le Monde, el 8.12.1965: “Un groupe d‘ évêques anonymes s’engage à donner le témoignage extérieur d’une vie de stricte pauvreté” (Un grupo de obispos de grupo anónimos se comprometen a dar testimonio exterior de una vida de pobreza estricta (cf. Fesquet, Journal du Concile, Forcalquier, Paris, 1966, 1110-1113).
La misa la celebró Charles M.Himmer, obispo de Tournai, pero el máximo impulsor del documento fue Helder Camara de Recife, Brasil, aunque no se sabe quién lo redactó. Mas tarde se unieron muchos, entre ellos Roger Etchegaray, Presidente del Pontificio Consejo por la Justicia y la Paz. El Papa Francisco lo habría firmado, puede hacerlo el próximo día 16.
Los firmantes del pacto
Referencias en:
http://www.sedosmission.org/web/attachments/article/137/Catacomb%20Pact%20-%20Spanish.pdf
Beozzo, José Oscar (17 de noviembrede 2012). «Nota sobre los participantes en la celebración del Pacto de las Catacumbas, las Catacumbas de Santa Domitila, Roma, 16 de noviembre 1965». Evangelizadoras de los Apóstoles.
Brasil:
Dom Antônio Fragoso (Crateús-CE),
Don Francisco Mesquita Filho Austregésilo (Afogados da Ingazeira – PE),
Dom João Batista da Mota e Albuquerque, arzobispo de Vitória, ES,
P. Luiz Gonzaga Fernandes, que había de ser consagrado obispo auxiliar de Vitória
Dom Jorge Marcos de Oliveira (Santo André-SP),
Dom Helder Camara, obispo de Recife
Dom Henrique Golland Trindade, OFM, arzobispo de Botucatu, SP,
Dom José Maria Pires, arzobispo de Paraíba, PB.
Colombia:
Mons. Tulio Botero Salazar, arzobispo de Medellín
Mons. Antonio Medina Medina, obispo auxiliar de Medellín
Mons. Anibal Muñoz Duque, Obispo de Nueva Pamplona,
Mons. Raúl Zambrano de Facatativá
Mons. Angelo Cuniberti, vicario apostólico de Florencia.
Argentina:
Mons. Alberto Devoto de la diócesis de Goya
Mons. Vicente Faustino Zazpe de la diócesis de Rafaela
Mons. Juan José Iriarte de Reconquista
Otros países de América Latina
Mons. Alfredo Viola, obispo de Salto (Uruguay) y su auxiliar,
Mons. Marcelo Mendiharat, obispo auxiliar de Salto (Uruguay)
Mons. Manuel Larraín de Talca en Chile,
Mons. Gregorio McGrath Marco de Panamá (Diócesis de Santiago de Veraguas),
Mons. Leonidas Proaño en Riobamba, Ecuador
Francia
Mons Guy Marie Riobé, obispo de Orleans,
Mons Gérard Huyghe, obispo de Arras,
Mons. Adrien Gand, obispo auxiliar de Lille
Otros países de Europa
Mons. Charles Marie Himmer, obispo de Tournai, Bélgica,
Mons. Rafael González Moralejo, obispo auxiliar de Valencia, España,
Mons. Julius Angerhausen, obispo auxiliar de Essen, Alemania…
Mons. Luigi Betazzi, obispo auxiliar de Bolonia
África
Dom Bernard Yago, arzobispo de Abidjan, Costa de Marfil
Mons. José Blomjous, obispo de Mwanza, en Tanzania
Mons. Georges Mercier, obispo de Laghouat en el Sahara, África
Asia y América del Norte
Mons. Hakim, obispo melquita de Nazaret,
Mons. Haddad, obispo melquita, auxiliar de Beirut, Líbano
Mons. Gérard Marie Coderre, obispo de Saint Jean de Quebec, Canadá,
Mons. Charles Joseph de Melckebeke, de origen un belga, obispo de Ningxia, China.
(Reflexión posterior:
¿Quién no descubre inmediatamente el peso inmenso de algunos de esos cuarenta, verdaderos Padre de la Iglesia del siglo XX, obispos cuyo nombre y memoria nos sigue manteniendo en la línea de la fe y vida cristiana? A modo de ejemplo recordaré sólo a unos pocos:
Mons. Helder Camara, obispo de Recife
Mons. Tulio Botero Salazar, arzobispo de Medellín
Mons. Juan José Iriarte de Reconquista
Mons. Manuel Larraín de Talca en Chile
Mons. Gregorio McGrath Marco de Panamá (Diócesis de Santiago de Veraguas),
Mons. Leonidas Proaño en Riobamba, Ecuador
Mons. Guy Marie Riobé, obispo de Orleans
Mons. Charles Marie Himmer, obispo de Tournai, Bélgica
Mons. Rafael González Moralejo, obispo auxiliar de Valencia
Mons. Luigi Betazzi, obispo auxiliar de Bolonia
Mons. Georges Mercier, obispo de Laghouat en el Sahara
Mons. Hakim, obispo melquita de Nazaret,
Mons. Haddad, obispo melquita, auxiliar de Beirut, Líbano
Mons. Gérard Marie Coderre, obispo de Saint Jean de Quebec

Los cuarenta del Pacto de 1965 (I) 15112015

Por una Iglesia pobre y para los pobres

Los cuarenta del Pacto de 1965

"El Papa Francisco lo habría firmado, puede hacerlo el próximo día 16"

Xabier Pikaza, 15 de noviembre de 2015 a las 08:23

Libro sobre el Pacto de las catacumbas
Libro sobre el Pacto de las catacumbas
 Quisieron evitar que su gesto de sencillez y compromiso fuera interpretado como una "lección" a los otros obispos
El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino)/>

El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino)

  • Obispos del pacto de las catacumbas
  • Catacumbas
  • El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino)
(Xabier Pikaza).- Se reunieron unos cuarenta obispos del Concilio, el 16. 11. 1965, casi en secreto, para celebrar una misa en la Catacumba de Domitila (imagen 1) y firmar un Pacto de Pobreza episcopal. No se conoce su número exacto: No tomaron, que se sepa, una "foto de familia", ni conservamos el documento original...
Sólo se conservan algunas transcripciones, en varias lenguas (publiqué ayer la española), y la memoria de aquella "pequeña" asamblea silenciosa, de la que sólo se ocuparon algunos medios muy especializados, en notas de prensa tardía. Porque la gran Noticia era el Concilio Universal que se estaba celebrando en la Basílica Inmensa de San Pedro, con miles de corresponsales de prensa, con radios y televisiones.
--Allí arriba, en San Pedro, los obispos habían hablado, y mucho, de pobreza, diciendo y publicando cosas memorables, que ha estudiado con toda precisión Joan Planellas en el trabajo central del libro que le dedicamos (El Pacto de las Catacumbas, Verbo Divino, Estella 2015, 81-110 imagen 2, portada del libro. con una pintura de la misma catacumba).
-- Pero los 2500 Padres conciliares, en conjunto, no pudieron firmar un compromiso personal y colectivo de pobreza como el de este pacto (como si la pobreza fuera esencial para ellos, como si la iglesia tuviera que ser Una, Santa, Católica y Apostólica, pero no Pobre).
-- Por eso, estos Cuarenta, en nombre de otros muchos, quizá hasta setecientos dejando por un día la altura de la Basílica de Pedro, bajaron a la Catacumba de Domitila, casi en secreto, sin llamar a la prensa, y rezaron y firmaron este documento admirable, sin obligar a nadie, comprometiéndose ellos mismos.
Se reunieron pues con toda discreción, en un catacumba, para retomar el pulso e impulso de la primera iglesia romana. Faltan muchos que quizá hubieran ido, pero no lo hicieron por "prudencia". Pero estos cuarenta, muchos de América Latina, estuvieron, rezaron y firmaron.
Querían tener una celebración discreta lejos de la prensa, para evitar que su gesto de sencillez y compromiso fuera interpretado como una "lección" a los otros obispos.
La primera referencia de la celebración apareció en una nota de Henri Fesquet casi un mes más tarde en Le Monde, el 8.12.1965: "Un groupe d‘ évêques anonymes s'engage à donner le témoignage extérieur d'une vie de stricte pauvreté" (Un grupo de obispos de grupo anónimos se comprometen a dar testimonio exterior de una vida de pobreza estricta (cf. Fesquet, Journal du Concile, Forcalquier, Paris, 1966, 1110-1113).
La misa la celebró Charles M.Himmer, obispo de Tournai, pero el máximo impulsor del documento fue Helder Camara de Recife, Brasil, aunque no se sabe quién lo redactó. Mas tarde se unieron muchos, entre ellos Roger Etchegaray, Presidente del Pontificio Consejo por la Justicia y la Paz. El Papa Francisco lo habría firmado, puede hacerlo el próximo día 16.


domingo, 15 de noviembre de 2015

50 años del Pacto de las Catacumbas 14112015

Catacumbas de la Domitila
Agencias

Se actualiza con el Papa Francisco

50 años del Pacto de las Catacumbas

"Muchos de aquellos compromisos son tareas pendientes"

Víctor Codina, 14 de noviembre de 2015 a las 09:08
 Repetir la plegaria con la que concluye el Pacto: "Que Dios nos ayude a ser fieles" 
El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino)/>

El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino)

  • El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino)
  • La resurrección de Lázaro, el último hallazgo en las Catacumbas de Priscila
(Víctor Codina sj, teólogo).- ¿Qué es el Pacto de las Catacumbas? Durante el concilio Vaticano II (1962-1965) un grupo de obispos, principalmente de América Latina, liderados por Helder Cámara, se reunían periódicamente para reflexionar sobre el lema de la Iglesia de los pobres que Juan XXIII había propuesto para el concilio. Les motivaba a ello un deseo de fidelidad al Jesús pobre de Nazaret y también el testimonio del sacerdote Paul Gauthier y de la carmelita Marie Thérèse Lescase que trabajaban como obreros en Nazaret.
Tras un largo tiempo de diálogo y discusiones, pocos días antes de la clausura del Vaticano II, el 16 de noviembre de 1965,40 obispos se reunieron en las Catacumbas de Sta Domitila de Roma para celebrar la eucaristía y firmar un compromiso, el llamado Pacto de las Catacumbas, al que se adhirieron otros 500 obispos del concilio.
En este Pacto, los obispos, conscientes de sus deficiencias en su vida de pobreza, con humildad pero también con toda determinación y toda la fuerza que Dios les quiere dar, se comprometen a 13 decisiones. Resumimos brevemente sus principales contenidos.
Procurar vivir al modo ordinario de la población en lo que toca a casa, comida y medios de locomoción; renunciar a signos de riqueza en vestimentas y metales preciosos, ni oro ni plata; no poseer bienes muebles ni inmuebles ni cuentas en el banco a nombre propio, sino, si es necesario, todo a nombre de la diócesis y obras sociales; confiar la gestión financiera a laicos competentes y conscientes de su misión apostólica; rechazar ser llamados con títulos como Eminencia, Excelencia, Monseñor...preferir ser llamados Padres; evitar todo tipo de concesiones de privilegios y preferencias.
A estas decisiones, más de tipo personal, se añaden una serie de opciones apostólicas: dar todo su tiempo, reflexión, corazón y medios al servicio de las personas, de los grupos trabajadores y económicamente débiles, apoyando a todos aquellos que se sienten llamados a evangelizar a los pobres; transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y la justicia; hacer lo posible para que los gobiernos decidan y pongan en práctica las leyes y estructuras necesarias para la justicia, igualdad y desarrollo armónico del hombre y de todos los hombres.
Como obispos comprometerse a ayudar los proyectos de episcopados pobres y pedir a organismos internacionales estructuras que permitan a las mayorías pobres salir de su miseria; compartir la vida en caridad pastoral con sacerdotes, religiosos y laicospara que el ministerio sea un verdadero servicio, revisando la vida con ellos, procurando ser más animadores de la fe que jefes según el mundo.
Al regresar a sus diócesis se comprometen a dar a conocer estas decisiones a sus diocesanos, pidiendo les ayuden con su colaboración y oraciones.
Han pasado 50 años del Pacto de las Catacumbas, muchas de estas semillas evangélicas han florecido, pero todavía muchos de estos compromisos son tareas pendientes.
Este Pacto de las Catacumbas ahora se actualiza con el Papa Francisco, quien con sus gestos simbólicos y sus exhortaciones nos invita a todos a vivir una vida sencilla y solidaria, donde los ministros no sean faraones, ni príncipes, ni capataces...sino servidores que huelan a oveja, para que toda la Iglesia sea pobre y para los pobres.
Los 50 años del Pacto de las Catacumbas puede ser para todos una ocasión de examen y conversión a una Iglesia más evangélica, a la Iglesia de Jesús, el carpintero de Nazaret.
Para ello podemos repetir la plegaria con la que concluye el Pacto: "Que Dios nos ayude a ser fieles"

José Oscar Beozzo: "Pacto de las Catacumbas, una Iglesia servidora y pobre" 14112015

Oscar Beozzo

"Los obispos firmantes salieron de los palacios y se fueron a vivir a casas sencillas"

José Oscar Beozzo: "Pacto de las Catacumbas, una Iglesia servidora y pobre"

"Los profetas siempre son minoría, lo importante es que sean capaces de arrastrar"

Luis Miguel Modino, 14 de noviembre de 2015 a las 19:46
 La Iglesia de la Liberación mantiene viva la idea de que la gloria de Dios es la vida de los pobres y la defensa de la vida de los pobres
José Oscar Beozzo/>

José Oscar Beozzo

Oscar Beozzo/>

Oscar Beozzo

  • Pacto de las catacumbas de Oscar Beozzo
  • José Oscar Beozzo
  • Oscar Beozzo
  • El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino)
  • El Pacto de las Catacumbas
  • Catacumbas de la Domitila
  • Pacto de las catacumbas de Oscar Beozzo
  • José Oscar Beozzo
  • Oscar Beozzo
  • El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino)
  • El Pacto de las Catacumbas
  • Catacumbas de la Domitila
  • Pacto de las catacumbas de Oscar Beozzo
  • José Oscar Beozzo
  • Oscar Beozzo
  • El Pacto de las Catacumbas (Verbo Divino)
  • El Pacto de las Catacumbas
  • Catacumbas de la Domitila
(Luis M. Modino, corresponsal en Brasil).- Este próximo lunes, 16 de noviembre, se cumplen 50 años del Pacto de las Catacumbas, con el que un grupo de obispos participantes del Concilio Vaticano II hicieron un compromiso por una Iglesia servidora y pobre. Este Pacto se materializó en una celebración que tuvo lugar en las Catacumbas de Santa Domitila, en el que participaron 42 obispos, a los que después se unieron muchos otros, hasta llegar a unos 500 firmantes.
El teólogo brasileño José Oscar Beozzo, sacerdote diocesano de la Diócesis de Lins (São Paulo), profesor en los cursos de pos graduación del ITESP (Instituto de Teología de São Paulo, por sus siglas en portugués) y en el Centro Ecuménico de Servicios a la Evangelización y Educación Popular (CESEEP, por sus siglas en portugués), centro ecuménico de ámbito latinoamericano, que busca la formación de dirigentes en el área popular, atendiendo sindicatos y partidos políticos, ha publicado en los últimos días una obra en la que ha pretendido hacer un pequeño estudio de este momento, que él considera fundamental en la vida de la Iglesia, que lleva por título "Pacto das Catacumbas, por uma Igreja Servidora e Pobre".
A Beozzo le avala, entre otras cosas, el hecho de haber estado en el grupo de teólogos que preparó la Conferencia de Puebla, aunque después no estuviese presente y haber participado activamente como asesor teológico de las Conferencias de Santo Domingo y Aparecida, así como del Sínodo de América en 1997.
En esta entrevista nos muestra la importancia del Pacto de las Catacumbas, sus implicaciones actuales y lo que la Teología de la Liberación aporta a la realidad teológica y social latinoamericana.
¿Qué fue el Pacto de las Catacumbas y qué supuso para la Iglesia Católica?
Fue una decisión del Concilio, que ya desde la Primera Sesión formó un grupo llamado "Iglesia de los Pobres", para pensar toda la problemática del Concilio a partir de los pobres, de sus preguntas y angustias, dándose cuenta rápidamente que no estaban consiguiendo muchos resultados, pues en medio de tantas intervenciones de los presentes, discusiones y sucesivas redacciones de las diferentes comisiones era muy difícil introducir cualquier frase que hiciese referencia a aquello que el grupo pretendía. En la elaboración de los textos había muchas modificaciones, sirviendo como anécdota que en la última votación de la Gaudium et Spes llegaron veinte mil propuestas de modificación.
El grupo sintió que, por un lado, existía cierta simpatía con lo que ellos decían y que eran escuchados, pero que sus propuestas no conseguían plasmarse en los textos. En la última sesión pensaron en realizar un gesto, sin que fuese algo para acusar a los otros, como un compromiso personal. Siendo muy respetuosos, hicieron una celebración muy discreta para después pasar para el resto ofreciendo la posibilidad de firmar el pacto. Con gran sorpresa vieron como 500 obispos se adhirieron.
¿Cuántos participaron de la celebración?
Estaban presentes 42 obispos.
¿Cuándo y dónde tuvo lugar esa celebración?
El 16 de noviembre de 1965 en las Catacumbas de Santa Domitila, en la basílica de los mártires Nereo y Aquiles.
¿De los obispos que participaron de esta celebración, alguno todavía está vivo?
Ninguno de ellos está vivo. En la lista aparecen cinco brasileños, siendo en realidad seis, pues uno de ellos tenía una semana como obispo y fue acompañando al arzobispo de Vitoria, del que era auxiliar. Este obispo, Monseñor Luiz Fernándes, será quien después daría inicio a los Interecelsiales de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), que todavía hoy se siguen celebrando en todo Brasil. Junto con él estaban Monseñor Antonio Batista Fragoso, obispo de Crateus, Monseñor Henrique Golland Trindade, arzobispo de Botucatú, Monseñor José Alberto Lopes de Castro Pinto, auxiliar de Rio de Janeiro, Monseñor Francisco Austregésilo de Mesquita Filho, obispo de Afogados da Ingazeira y Monseñor João Batista da Mota Alburquerque, arzobispo de Vitoria.
Entre los obispos españoles estuvo presente Monseñor Rafael González Moralejo, obispo auxiliar de Valencia de 1958 a 1969 y posteriormente obispo de Huelva, de 1969 a 1993.
¿Podríamos decir que el Pacto de las Catacumbas es lo mismo que el Papa Francisco pretende cuando afirma que no quiere obispos príncipes?
El Pacto comienza diciendo: "Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población, en lo que concierne a casa, alimentación, medios de locomoción y a todo lo que de ahí se sigue". Y continúa: "Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir".
La idea de los firmantes era no apartarse de aquello que el pueblo tiene, o mejor que no tiene, y muchos de esos obispos salieron de los palacios y se fueron a vivir en casas sencillas. Don Helder entregó el Palacio de Manguinhos para que fuese sede de las pastorales diocesanas y fue a vivir en la sacristía de una Iglesia de la periferia, la Iglesia de las Fronteiras. Monseñor Antonio Fragoso vivía en una casa sencilla de un barrio popular. Y otros que no estaban allí pero asumieron ese mismo espíritu, como Monseñor Paulo Evaristo Arns, en São Paulo, que vendió el Palacio Episcopal y lo destinó a comprar 1.200 terrenos en la periferia, donde fueron construidos centros comunitarios, lugares de celebración de las comunidades eclesiales de base, y fue a vivir también en una casa simple.
Lo que querían transmitir era que aquello que es de la Iglesia es de los pobres, y, por tanto, si la Iglesia tiene tierras tienen que ser distribuidas entre los pobres. Don Helder hizo eso en la llamada Operación Esperanza, mediante la cual entregó las tierras de la Archidiócesis de Recife a los labradores, dándoles formación técnica, con el apoyo de la Comunidad de Taizé, desde Francia. Este tipo de actitudes se repitieron en diferentes puntos de Brasil, poniendo de manifiesto esa idea de que lo que es de la Iglesia es de los pobres.
¿Qué es lo que pretende con su nuevo libro, recientemente publicado, y que aborda el tema del Pacto de las Catacumbas?
En algunos países, como Italia o España, la editorial Verbo Divino ha publicado un libro sobre este tema, traducido a diferentes lenguas. En Brasil el texto del Pacto estaba publicado, dentro de una obra de cinco volúmenes que narra lo sucedido en el Concilio, pero resulta poco accesible. Lo que he publicado es un pequeño cuaderno que comienza explicando lo que es el Pacto de las Catacumbas.
Sobre cada uno de los 13 compromisos fue discutido, en el momento en que fueron redactados, cuál era la inspiración, teniendo siempre algunos textos bíblicos como referencia, que han sido colocados en el libro publicado, así como textos del Vaticano II que tiene que ver con la opción que ellos hicieron. Vendría a ser una conversación con la Escritura, con el Concilio y con el compromiso de los obispos. Al final del libro aparece la lista de los firmantes, así como imágenes de las catacumbas y de una visita del cardenal Montini a una favela de Rio de Janeiro junto a Don Helder, uno de los redactores principales del Pacto, a pesar de que el día de la misa en las catumbas no estuvo presente, pues debía participar de la comisión que realizaba la redacción final de la Gaudium et Spes. También aparecen imágenes de Monseñor Enrique Angelelli, uno de los que firmó el Pacto y que después fue asesinado por los militares en Argentina.
¿Por qué la Iglesia se olvida tan rápidamente de esas propuestas diferentes?
No se olvidó, pues hubo obispos que se tomaron eso tan en serio que decidieron reunirse cada año durante diez días para rezar, rever lo que el Pacto propone y tomar decisiones de acuerdo con la nueva coyuntura, de una manera profética.
Este grupo continúa vivo en América Latina y cada año se reúne en São Paulo, con la presencia de obispos latinoamericanos de diferentes países. Al principio este grupo se reunió en diferentes países, pero desde que en 1976 algunos fueron detenidos en Ecuador, los encuentros se concentraron en la ciudad brasileña.
Al fin y al cabo es lo que sucedió en el Concilio, donde los firmantes del Pacto fueron una minoría entre los participantes. Los profetas siempre son una mínima parte, lo importante es que sean capaces de arrastrar como han hecho Don Tomás Balduíno, Don Pedro Casaldáliga, Don José María Pires, que, a pesar de ser pocos, arrastraron la Iglesia de Brasil en un momento clave, con una actitud profética, siendo artífices de documentos a partir de su clarividencia y testimonio evangélico que fueron capaces de sensibilizar al conjunto de los obispos, o de influir, como sucedió en Medellín y más recientemente en Aparecida.
El modelo eclesial, poco a poco fue cambiando, pero ¿es posible que 50 años después del Concilio, con el Papa Francisco y su nueva sensibilidad eclesial, volver de nuevo a ese espíritu del Pacto de las Catacumbas en la Iglesia latinoamericana?
Pienso que muchos guardaron ese espíritu y que cuando se entierra una semilla y no llueve... Pero el Papa Francisco vino para que llueva, y por eso, espero que muchas de esas semillas que estaban durmiendo ahora renazcan. En este sentido, van apareciendo jóvenes que caminan en esa dirección, como una joven de Uruguay que me comentó que van a hacer una vigilia recordando el Pacto y el martirio de los Jesuitas de El Salvador. Es un momento propicio para relanzar todo esto.
Esa Iglesia de la Liberación, que tiene como uno de sus fundamentos el Pacto de las Catacumbas, ¿ha muerto, como algunos dicen?
El Congreso Continental de Teología, organizado por la Iglesia de la Liberación, es una prueba de lo contrario. Quien lo dice es porque le gustaría que así fuese, pues ya la mataron y enterraron muchas veces, pero continúa viva, de la misma forma que mataron y enterraron a Jesús y Él está vivo.
¿Qué es lo que aporta esa Iglesia de la Liberación a la realidad latinoamericana?
Pienso que mantiene viva la idea de que la gloria de Dios es la vida de los pobres y la defensa de la vida de los pobres. Lo que está sucediendo con los pueblos indígenas, con aquellos que viven en las periferias, con los jóvenes negros, es una masacre. Creo que hay que estar al lado de la vida, pero denunciando las raíces de eso, pues no es suficiente con socorrer a las víctimas y sí hay que entender el por qué hay tanta gente que continúa siendo víctima dentro de un sistema que se agravó de los años sesenta para acá. Él se globalizó, se internacionalizó y perfeccionó los mecanismos de dominación, sobre todo en el campo financiero.
Esa Iglesia continúa teniendo mártires, como la hermana Dorothy Stang, en unas circunstancias nuevas, como es la falta de respeto con la naturaleza, que muestra un nuevo lado de la lucha por la vida, que es preservar el medio ambiente. En ese sentido, el Papa Francisco va a tener el don de suscitar muchos nuevos compromisos de gente que ya venía batallando, pero que pensaba que estaba sólo.
También el Congreso Continental de Teología muestra que no estamos solos, que hay mucha gente trabajando, en muchos países, y que es importante encontrarse para, a ejemplo de los concilios en la Iglesia, renovar la fe y el compromiso.
¿Ese espíritu del Pacto de las Catacumbas es el espíritu fundamental del Concilio, que después no consiguió desarrollarse?
Debemos observar algunas cosas. La Lumen Gentium hizo algunos cambios fundamentales, definiendo a la Iglesia como Pueblo de Dios. Pero dentro de la Lumen Gentium, en el número 8, se dice que así como Jesús se hizo pobre, la Iglesia tiene que hacerse pobre, así como Él sirvió, la Iglesia tiene que servir. Es un pequeño texto, que no consiguió que la Lumen Gentium partiese de ahí, pero en Medellín el texto sobre la Iglesia habla de la pobreza en la Iglesia, como aparece en el número 14, que vendría a ser la concretización de Lumen Gentium en Medellín.
Esto muestra que la Iglesia Latinoamericana acogió lo esencial del Pacto de las Catacumbas con la opción por los pobres, repensando la Iglesia a partir de los pobres, reiterándolo en Pueblo y mostrando como novedad la idea de que los pobres nos evangelizan, porque ellos interpelan a la Iglesia para ser más fiel al Evangelio de Jesús.

Texto del Pacto de las Catacumbas
Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros, en una iniciativa en que cada uno de nosotros quisiera evitar la excepcionalidad y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos de episcopado; contando sobre todo con la gracia y la fuerza de Nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo siguiente:
1) Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población, en lo que concierne a casa, alimentación, medios de locomoción y a todo lo que de ahí se sigue.
2) Renunciamos para siempre a la apariencia y a la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (tejidos ricos, colores llamativos, insignias de material precioso). Esos signos deben ser ciertamente evangélicos: ni oro ni plata.
3) No poseeremos inmuebles ni muebles, ni cuenta bancaria, etc. a nuestro nombre; y si fuera necesario tenerlos, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales caritativas.
4) Siempre que sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, en la perspectiva de ser menos administradores que pastores y apóstoles.
5) Rechazamos ser llamados, oralmente o por escrito, con nombres y títulos que signifiquen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor...). Preferimos ser llamados con el nombre evangélico de Padre.
6) En nuestro comportamiento y en nuestras relaciones sociales evitaremos todo aquello que pueda parecer concesión de privilegios, prioridades o cualquier preferencia a los ricos y a los poderosos (ej: banquetes ofrecidos o aceptados, clases en los servicios religiosos).
7) Del mismo modo, evitaremos incentivar o lisonjear la vanidad de quien sea, con vistas a recompensar o a solicitar dádivas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a considerar sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social.
8) Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y los trabajadores compartiendo la vida y el trabajo.
9) Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus relaciones mutuas, procuraremos transformar las obras de "beneficencia" en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes.
10) Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, las estructuras y las instituciones sociales necesarias a la justicia, a la igualdad y al desarrollo armónico y total de todo el hombre en todos los hombres, y, así, al advenimiento de otro orden social, nuevo, digno de los hijos del hombre y de los hijos de Dios.
11) Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en estado de miseria física cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos a:
-participar, conforme a nuestros medios, en las inversiones urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
-pedir juntos a nivel de los organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio como lo hizo el Papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen más naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan a las mayorías pobres salir de su miseria.
12) Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio; así:
-nos esforzaremos para "revisar nuestra vida" con ellos;
-buscaremos colaboradores que sean más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
-procuraremos hacernos lo más humanamente presentes y ser acogedores;
-nos mostraremos abiertos a todos, sea cual sea su religión.
13) Cuando volvamos a nuestras diócesis, daremos a conocer a nuestros diocesanos nuestra resolución, rogándoles nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.
Que Dios nos ayude a ser fieles.

sábado, 14 de noviembre de 2015

“La opción por los pobres no es sólo amar a los pobres, sino también defenderlos”. Jon Sobrino y el Pacto de las Catacumbas 14112015

“La opción por los pobres no es sólo amar a los pobres, sino también defenderlos”. Jon Sobrino y el Pacto de las Catacumbas

“La Iglesia tiene que seguir el camino señalado por Cristo para llegar a ser una Iglesia pobre". Jon Sobrino y el Pacto de las Catacumbas. - RV
14/11/2015 15:49
(RV).- Con ocasión del 50 Aniversario de la firma del “Pacto de las Catacumbas”, la Pontificia Universidad Urbaniana organizó el Seminario de estudio sobre éste evento eclesial. Radio Vaticano dialogó con el teólogo y jesuita español Jon Sobrino.
El 16 de noviembre de 1965, 42 Obispos de 15 países diferentes, firmaron en las Catacumbas de Santa Domitila, el llamado “Pacto de las Catacumbas”, con el cual se comprometían a llevar una vida de pobreza y a ser una Iglesia sierva y pobre, como los había inspirado el Papa Juan XXIII. Este Pacto fue una expresión pública del camino y del compromiso de la llamada “Iglesia de los Pobres” que se había formado desde la primera sesión del evento conciliar.
“La Iglesia tiene que seguir el camino señalado por Cristo para llegar a ser una Iglesia pobre, afirmó el jesuita español. Seguir los hitos que inician con Juan XXIII, el Pacto de las Catacumbas, Medellín y Puebla”. Ya que, “la opción por los pobres no es sólo amar a los pobres, dijo el P. Sobrino, sino también defenderlos, sobre todo de aquellos que los empobrecen. Defender siempre al que está abajo, esto implica correr riesgos y para ello debemos estar abiertos y preparados a correr riesgos”.
(Renato Martinez - Radio Vaticano)