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sábado, 28 de septiembre de 2019

San Simón de Rojas, 28 de septiembre

San Simón De Rojas © Facebook/Parroquia De San Simón De Rojas

San Simón de Rojas, 28 de septiembre

Excelso apóstol del Rosario
«Religioso trinitario. Excelso apóstol del rosario, conocido como el padre Avemaría, fundador de la Congregación de Esclavos del Dulce Nombre de María. Una figura notable en el Madrid de los Austrias»
 Nació en Valladolid, España, el 28 de octubre de 1552. Sus padres se habían afincado allí y regentaban una carnicería. Era el tercero de cinco hermanos. Heredó de Constanza, su madre, el amor a la Virgen. Tanto es así que los cronistas aseguran que «Ave María» fueron las primeras palabras que pronunció cuando tenía catorce meses. Fueron también las que escoltaron su entrada en el cielo, puesto que ellas sellaron sus labios al final de su vida. Siendo un adolescente, y obviando la oposición familiar, solicitó el ingreso en la Orden trinitaria. Cumplió este sueño en 1566. Más adelante, tras cuatro años de noviciado, profesó en 1572.
Fue tartamudo hasta esta época de su vida, ya que antes de llegar a Salamanca para continuar su formación se detuvo en Paradinas de San Juan y en el desaparecido santuario-convento se veneraba a la Virgen de las Virtudes; le dedicó una novena y se curó de manera instantánea. Fue el lugar que eligió para oficiar su primera misa. Después partió a Toledo porque el capítulo provincial le había encomendado impartir las materias de filosofía y teología como lector de artes del convento. Ejerció la docencia hasta 1587, simultaneando esta actividad con la de formador; uno de los novicios era san Juan Bautista de la Concepción. También desempeñó el oficio de visitador apostólico en Castilla y en Andalucía de manera edificante, aceptando por obediencia estas misiones ya que por tendencia natural hubiera declinado las que revestían alta responsabilidad.
La inocencia evangélica del santo, figura señera en la corte de los Austrias, conmovió al monarca español Felipe III –quien lo escogió como consejero y preceptor de sus hijos–, y a su esposa Margarita de Austria. Ambos tomaron contacto con él a través de la condesa de Altamira que conoció a Simón cuando pasó por el convento trinitario madrileño en 1601. El juicio personal del rey, después de haberlo observado en las distancias cortas, era sin duda esclarecedor; sintetizaba la admirable virtud que había apreciado en él: «No he visto hombre que menos sepa a mundo». Que su devoción a la Virgen fue proverbial lo prueban las numerosas obras que emprendió en su honor. Entre otras cosas, logró que el «Ave María» fuese esculpida en el frontispicio del Palacio Real de Madrid. Por esta jaculatoria que continuamente brotaba de sus labios fue denominado «Padre Avemaría». Este saludo lo plasmó en la multitud de estampas que repartió dentro y fuera de España. Fiel observante del santo rosario, tuvo a la Virgen como modelo para su vida, y transmitió por doquier su anhelo de ser esclavo suyo considerando que todos los que se abrazasen a Ella podrían unirse más estrechamente con la Santísima Trinidad.
En 1612, con el beneplácito del rey Felipe III, fundó la Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María que aglutinaba personas de todas condiciones, incluidos los miembros de la realeza y nobleza; éstos, que fueron los primeros afiliados, en nombre de la Virgen asistían a los pobres. «Si a Dios, que pide en el pobre, no le das, no recibirás», decía. En este afán de transmitir su devoción por la Madre de Dios, escribió un oficio para la festividad del Santo Nombre de María destinado a su Orden, que fue aprobado por la Santa Sede. Inocencio XI lo hizo extensivo después a toda la Iglesia. A Simón se debe también el rosario de 72 cuentas blancas y cordón azul en honor de la Inmaculada Concepción que realizaba con sus propias manos y repartía a diestro y siniestro. Con el número de cuentas significaba los años que pudo vivir la Virgen.
Además de su incansable tarea de difundir el amor a María y a la confesión, se ocupó de los cautivos a los que enviaba las cantidades que recaudaba para ellos. Se sentía profundamente conmovido por la muerte a manos de violentos berberiscos de tres hermanos religiosos que habían emprendido viaje para la redención de estos prisioneros. Los enfermos, los pobres, los presos de la cárcel de Madrid, los condenados, los niños abandonados para los que fundó una casa de acogida y, en general, los marginados por cualquier causa, estaban en su orden de preferencia; ejercitaba con todos su acción caritativa y misericordiosa. Fue un gran confesor y maestro de la oración. A ella le dedicaba expresamente varias horas diarias, aunque vivía en una constante presencia de Dios. Por eso se ha dicho que «todo cuanto predicaba, todo lo alcanzaba en la oración». Ensambló maravillosamente contemplación y acción apostólica.
Felipe IV, que subió al trono en 1621, lo nombró confesor de su esposa, la reina Isabel de Borbón, y de su hermana Ana María Mauricia; ésta contraería matrimonio más tarde con Luís XIII de Francia. Simón se comprometió con el monarca a cumplir el compromiso, siempre y cuando no contraviniese los que conllevaba su condición religiosa, ni cercenar su acción apostólica con los pobres y esclavos. Además, no quiso ser tratado con deferencias, ni ser remunerado por ello.
En julio de 1624 fue testigo de un hecho deleznable, sacrílego, que sucedió en un templo donde se profanó una Sagrada Forma. El inmenso dolor que le produjo pudo ser el detonante de su imparable declive. Hasta que se produjo su deceso, acaecido el 29 de septiembre de ese año, mantuvo una intensa actividad. Dos días antes de quedar postrado con carácter irreversible, los religiosos le vieron en el coro orando unos instantes ante un cuadro de la Virgen de los Desamparados. Ya se había despedido de todos ellos. Clemente XIII lo beatificó el 19 de mayo de 1766. Juan Pablo II lo canonizó el 3 de julio de 1988, Año Mariano.

San Simón de Rojas, presbítero trinitario. (28 de septiembre)

San Simón de Rojas, presbítero trinitario.

El Padre "Ave María".

El Padre "Ave María".
El Padre "Ave María".
San Simón de Rojas, presbítero trinitario. 28 de septiembre.

Nació en Valladolid, 28 de octubre de 1552, de padres ilustres y piadosos. La leyenda nos cuenta que con solo año y medio ya sabía decir claramente las palabras "Ave María", que ciertamente configurarían su vida para siempre. Desde niño fue dado al estudio y la piedad, le gustaba jugar a ser sacerdote y su encanto era visitar las imágenes de la Madre de Dios. A los 12 años tenía una sólida formación, y comenzó a adentrarse en la gramática latina, la filosofía y la retórica. A esta edad, comparando el saber del mundo con la sabiduría de las cosas de Dios, entendió lo vano de aquel y comenzó a acariciar su vocación religiosa. Sus padres aceptaron y, luego de pedir los permisos correspondientes, tomó el hábito trinitario en Valladolid en 1565, con solo 13 años. Fue un buen religioso desde los inicios, siendo obediente y caritativo. Durante toda su vida se penitenciaba sin faltar a la Regla, tenía largos ratos de oración, ayunaba siempre que podía, probando durante el Adviento, la Cuaresma y las Vigilias solamente unas verduras y agua. Era muy activo con su vocación redentora, por lo que recibió muchas donaciones, y por la redención de los cristianos cautivos se flagelaba, ofrecía la misa y muchas devociones. Amaba la pobreza, no teniendo más que un hábito, y este remendado. En su celda no admitía más que la paja sobre la que dormía y un crucifijo.

A los 15 años pasó a estudiar artes y teología con vistas a ser ordenado sacerdote. En 1577, con 25 años, fue ordenado presbítero, y cantó su primera misa en el santuario Nuestra Señora de las Virtudes, ocupado por la misma Orden de la Santísima Trinidad, cerca de Salamanca. A esta advocación mariana debía un portento: la Virgen le había curado su tartamudez juvenil. En 1579 fue destinado al convento de Toledo a enseñar filosofía a los estudiantes trinitarios, siendo uno de sus alumnos quien sería el reformador de la Orden Trinitaria: San Juan Bautista de la Concepción (14 de febrero). Aparejada a esta labor, ejercía de predicador, confesaba siempre que podía, dirigía ejercicios piadosos y algunas misiones. Predicaba con sencillez y unción, sin caer en la vana palabrería o el sentimentalismo. Exponía virtudes y vicios contrarios con claridad, usando ejemplos, y siempre alentando a cambiar de vida. Se cuentan por cientos las conversiones de pecadores públicos que luego entraron en religión. Todas estas prendas hicieron que le nombraran Visitador de los conventos de Castilla y Andalucía, y en más de uno fue prior. Siendo prior de Cuenca recibió la gracia de la perpetua castidad por intervención de Nuestra Señora de Tejeda (8 de septiembre) de Garaballa, donde estaba retirado unos días.

Felipe III le quiso junto a sí y le llamaba de vez en cuando para consultarle asuntos de gobierno y por ello en 1600 los superiores le enviaron a Madrid, donde desplegó su caridad más aún, siendo el ángel consolador de pobres, presos, viudas, mendigos, etc. Por su misma mano daba de comer a los pobres, sirviéndoles sus platos, y más de una vez multiplicó la sopa para que todos alcanzaran. Por los pobres y la redención de los cautivos aumentó sus penitencias, llegando a usar una corona de espinas y una cruz a cuestas en las noches cuando estaba a solas. Tanto el rey como la reina Margarita le confiaban sus almas, lo que aprovechaba el santo para que los monarcas ampliaran la caridad, la justicia y el bien del reino. A esta reina ayudó a bien morir en 1611, pues luego que la dieran por muerta luego de un mal parto. Entró el santo a la estancia, se acercó a la reina y le dijo: "Ave María, Señora", y la reina abrió los ojos y respondió "Gratia Plena, padre Rojas", y alcanzó a vivir para recibir los Sacramentos. El mismo rey le propuso para el obispado de Jaén, pero el santo no aceptó por nada, y luego lo intentó el rey con la sede de Valladolid, pero igualmente el santo suplicó no le diera aquella carga, y el rey, por no contrariarle, le dejó en paz a cambio de que aceptase ser preceptor de los Infantes. Luego, además, fue nombrado Provincial de Castilla y en 1622, al morir Felipe III, pasó a ser confesor de Felipe IV y su esposa la reina Isabel de Borbón. Antes de aceptar el cargo puso como condición de que no habían de estorbarle su apostolado en las cárceles, y su personal asistencia a los enfermos y moribundos. Asimismo exigió no poseer renta, ni carroza, ni privilegio alguno.

Su gran devoción y por la que es conocido como "apóstol del Ave María" era el Nombre de María. Fue superior del convento de trinitarios de Cuenca de 1591 hasta 1594, y en esta ciudad tomó contacto con la Fiesta del Dulce Nombre de María (12 de septiembre), celebrada por primera vez en Cuenca en 1513. En su honor estableció el 27 de noviembre de 1601 la Congregación del Ave María, para el socorro de los pobres y las almas del Purgatorio, al mismo tiempo que propagaba la devoción al Nombre de María. Los miembros se consideran esclavos de María, y a ella viven entregados. Todo en obsequio de la Santísima Virgen, por ella y con ella y en ella. Es un precursor de la conocida "esclavitud mariana" propagada por San Luis María Grignion de Monfort (28 de abril). El rey Felipe IV junto a sus hijos fue de los primeros en alistarse en la santa asociación, y al mismo rey suplicó el santo que se interesara con el papa para que su Orden Religiosa pudiera celebrar el Dulce Nombre de María como fiesta propia, escribiendo él mismo el Oficio Litúrgico. Igualmente difundió la devoción a la Inmaculada Concepción por medio de un rosario blanco y azul de 72 cuentas, una por cada (supuesto) año que había vivido la Santísima Virgen en este mundo. Además, siendo Provincial de Castilla, ordenó que cada convento trinitario predicara sobre el Nombre de María los terceros domingos de cada mes. No en balde era conocido como el "Padre Ave María".
Trató con santos de su tiempo, como la Venerable Mariana de San José, fundadora de las Agustinas Recoletas, a Francisco Yepes, hermano de San Juan de la Cruz (14 de diciembre y 24 de noviembre). Además, conoció en Alba de Tormes a Santa Teresa (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación). A inicios de 1624, con 72 años, se despidió misteriosamente de todos, diciéndoles que en breve "haría un viaje", con la certeza de que su fin estaba próximo. Y efectivamente, a finales de septiembre padeció una apoplejía que le postró en cama durante treinta horas. Los reyes y nobles pasaron a despedirse, y salían edificados. El pueblo de Madrid comenzó novenas y rosarios por su salud y si acaso, por su feliz tránsito. Murió el 29 de septiembre, y como no podía ser de otro modo, sus últimas palabras fueron las mismas que las primeras que había dicho: "Ave María". Se celebraron sus funerales con gran solemnidad, luego de pasar el cuerpo doce días expuesto a la veneración. El 13 de mayo de 1766 el papa Clemente XIII le beatificó. Sus reliquias se veneran en la iglesia de los Trinitarios de Madrid. El 3 de julio de 1988 fue canonizado por Juan Pablo II en el marco del Año Mariano, como correspondía a un modelo de sólida devoción mariana.

Fuentes:
-"San Simón de Rojas, maestro de oración". P. JOSÉ GAMARRA OSST: http://trinitarios.es/sites/trinitarios.es/files/sansimonrojas.pdf
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Septiembre. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1863.

A 28 de septiembre además se celebra a Santas Lioba y Tetta, abadesas.