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martes, 26 de febrero de 2019

San Alejandro de Alejandría, obispo (26 de febrero)


San Alejandro de Alejandría, obispo

fecha: 26 de febrero
†: 326 - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Conmemoración de san Alejandro, obispo, anciano célebre por el celo de su fe, que fue elegido para la sede alejandrina como sucesor de san Pedro. Rechazó la nefasta herejía de su presbítero Arrio, que se había apartado de la comunión de la Iglesia, y junto con trescientos dieciocho Padres participó en el primer Concilio de Nicea, que condenó tal error.
San Alejandro, quien sucedió al beato Aquileo en la sede de Alejandría, es famoso sobre todo por haberse opuesto a la herejía de Arrio, un sacerdote alejandrino que empezó a propagar abiertamente sus doctrinas, durante el gobierno de san Alejandro. El obispo era un hombre de vida y doctrina apostólicas, muy caritativo con los pobres, lleno de fe, celo y fervor. Admitía de preferencia a las órdenes sagradas a quienes se habían santificado en la soledad y tuvo gran acierto en la elección de los obispos en todo Egipto. Parecería que el demonio, furioso del desprestigio en que iba cayendo la idolatría, se hubiese esforzado en reparar sus pérdidas, fomentando la herejía del impío Arrio. El heresiarca enseñaba no sólo que Cristo no era Dios, sino que era una simple criatura; que el Verbo había comenzado a existir y que era capaz de pecar.
Algunos cristianos se escandalizaron de la paciencia de san Alejandro, cuya bondad natural le llevó a emplear con Arrio, al principio, los métodos más suaves, discutiendo con él sus doctrinas y rogándole que volviese a la ortodoxia. Como su intento fracasó y la doctrina de Arrio empezó a ganar partidarios, el obispo convocó al heresiarca ante una asamblea del clero, la cual le excomulgó al ver su obstinación. Arrio fue juzgado, además, por otro concilio de Alejandría, que confirmó la sentencia del anterior. San Alejandro escribió una carta al obispo Alejandro de Constantinopla y una encíclica a los demás obispos, en las que exponía la herejía y anunciaba la condenación del heresiarca. Esas dos cartas son las únicas que se conservan, a pesar de que san Alejandro mantuvo una extensa correspondencia sobre el tema.
En 325, los legados papales asistieron al Concilio ecuménico de Nicea, convocado para discutir la cuestión. Arrio se hallaba también presente. Marcelo de Ancira y el diácono san Atanasio, que habían acompañado a san Alejandro, expusieron la falsedad de las nuevas doctrinas y refutaron a fondo a los arrianos. El Concilio condenó enfática e inapelablemente el arrianismo, y el emperador Constantino desterró a Arrio y a algunos de sus partidarios a Iliria. Después de este triunfo de la fe, san Alejandro retornó a Alejandría, donde murió dos años más tarde, dejando como sucesor a san Atanasio.
No existe ninguna biografía propiamente dicha de San Alejandro; pero Sócrates, Sozomeno y Teodoreto dejaron muchos datos sobre él. Ver Acta Sanctorum, febrero, vol. III; igualmente DCB., vol. I, pp. 79-82, y Hefele-Leclercq, Conciles, vol. I, pp. 357 ss. y 636, nota.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_693

viernes, 1 de febrero de 2019

San Trifón, mártir (1 de febrero)


San Trifón, mártir

fecha: 1 de febrero
fecha en el calendario anterior: 10 de noviembre
†: s. inc. - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En Frigia, conmemoración de san Trifón, mártir.
Patronazgos: patrono de Italia y Dalmacia, de los jardineros y halconeros.
De Trifón apenas podemos constatar la antigüedad de su culto, a tal punto que no es posible siquiera situarlo con certeza en la cronología; y como suele ocurrir en estos casos, su vida y su martirio, reales, se entretejieron con leyendas y ampliaciones de toda clase, y sobre todo, milagros, muchos milagros, ya que es un santo muy portentoso. Es especialmente venerado en Italia, y en la iglesia griega, desde el siglo XII se imparte la «bendición de Trifón» contra los malos espíritus y los insectos. En el Martirologio Romano anterior se veneraba el 10 de noviembre -aniversario de una de las traslaciones de sus reliquias- junto a otros dos mártires, Respicio y Ninfa, pero que en el Martirologio actual han sido retirados porque ni su existencia ni su culto antiguo pueden darse por seguros. La memoria de san trifón se ha trasladado al 1 de febrero, fecha tradicional en los sinaxarios orientales. Lo que sigue resume los datos habituales en las leyendas de este santo, así como aspectos del traslado a Italia de sus reliquias:
Nacido en Camposede, municipio del Helesponto cerca de Nicea, en Frigia, en el año 232. Desde niño Trifón se dedicó con diligencia al estudio de la Sagrada Escritura y al conocimiento de los Evangelios. Se le atribuyen muchos milagros, ya en vida. Por ejemplo, cuando tenía 17 años expulsó el demonio de la hija del Rey Gordiano; mandó al demonio que apareciese como un perro rabioso, para que la gente pudiera comprender su malicia, por lo cual muchos se convirtieron. Sin embargo poco después, hacia el 250, en época del emperador Decio, autor de una de las persecuciones más crueles, fue detenido y llevado ante el prefecto Aquilino, en Nicea. Luego de terribles torturas, fue decapitado.
Sus restos fueron trasladados a Camposede, donde los tuvieron hasta 809, en el que un buque veneciano inició el traslado hacia Italia. Pero frente a la costa de Montenegro fue sorprendido por una tormenta y no podía regresar a su ruta, hasta que se invocó la intercesión del santo. Este milagro fue seguido por otros, y pronto se difundió el culto por la costa dálmata, donde se erigió una magnífica basílica en su honor.
En el siglo X el cuerpo del santo -sin la cabeza- fue llevado a Roma y depositado en una pequeña iglesia en Campo de Marte, convertida después en la Basílica de San Agustín. Pero aun así sus restos no hallaron el descanso final: se trasladaron fragmentos a Ravello, de allí otros a Tramonte; durante la peste, en el siglo XVI, fragmentos a Onano, otros a Altilia, a Cerignola... las reliquias se expandieron desde Roma hacia cada parte del sur de Italia, y junto con ellos sus milagros, como el que lo hace "patrono de los halconeros", porque a un halconero de Iván el Terrible se le escapó uno de los preciados halcones del Zar, y temeroso de la ira de su dueño, invocó a san Trifón, quien le indicó en sueños el lugar donde debía buscar al halcón perdido.
De la gran veneración en Italia puede leerse en el sitio dedicado a él, los datos fundamentales para elaborar este artículo fueron tomados de Santi e Beati, que tiene además iconografía del santo; algunos otros datos provienen del Ökumenisches Heiligenlexikon. El cuadro que ilustra el escrito es de Carpaccio, 1507, en Venecia, que rememora el exorcismo a la hija del rey Gordiano. La fuente de toda esta documentación está en Acta Sanctorum, nov IV, pág. 318-325 pass., artículo de H. Delehaye.

Abel Della Costa
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domingo, 20 de enero de 2019

San Sebastián. Patrono de los moribundos y contra las enfermedades y pestes (20 de enero)

San Sebastián. Patrono de los moribundos y contra las enfermedades y pestes

san sebastian soldado martir patrono de los moribundos contra enfermedades y pestes

San Sebastián era un oficial del ejército romano imperial que realizó en secreto muchos actos de amor y caridad por sus hermanos en la fe

 
San Sebastían fue un Soldado cristiano mártir que pertenecía al ejército romano imperial y había realizado en secreto muchos actos de amor por el prójimo. Al ser descubierta su identidad cristiana, fue entregado a los arqueros quienes lo traspasaron con flechas. Lo dieron por muerto, pero Dios aún lo quería para su misión. Unos amigos lo recogieron y lo llevaron donde la viuda Santa Irene, quien sanó todas sus heridas. Finalmente fue asesinado azotado a golpes. San Sebastián es considerado como Patrono de las personas moribundas y contra las pestes

Fiesta: 20 de Enero

Martirologio Romano: San Sebastián, mártir, oriundo de Milán, que, como narra san Ambrosio, se dirigió a Roma en tiempo de crueles persecuciones, sufriendo allí el martirio. En la ciudad a la que había llegado como huésped, obtuvo el domicilio de la eterna inmortalidad. Fue enterrado en este día en las catacumbas de Roma

Biografía de San Sebastían

San Sebastián, hijo de familia militar y noble, era oriundo de Narbona, pero se había educado en Milán. Desde sus inicio, él fue un cristiano encubierto en la mayor parte de su vida.
En un vestigio de sabiduría, San Sebastián se unió al ejército romano imperial sólo para mantener su cubierta como un típico pagano de la nobleza. Llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana.
Por su obediencia y honestidad, San Sebastián llego a ser muy respetado por todos y apreciado por el mismo emperador, quien desconocía su cualidad de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos.

La elección entre su profesión y su fe

Como buen cristiano, San Sebastián ejercitaba el apostolado entre sus compañeros, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo. Esta situación no podía durar mucho, y fue denunciado al emperador Maximino quien lo obligó a escoger entre ser su soldado o seguir a Jesucristo.
El santo escogió la milicia de Cristo; desairado el Emperador, lo amenazó de muerte, pero San Sebastián, convertido en soldado de Cristo por la confirmación, se mantuvo firme en su fe.
Maximino, muy enfurecido, lo condenó a morir asaeteado: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, dándolo por muerto.
Unos amigos que estaban pendientes de lo ocurrido a San Sebastián, se acercaron a su cuerpo, y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana, llamada Irene, que lo mantuvo escondido en su casa y le curó las heridas hasta que quedó restablecido.
Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero el santo se negó rotundamente pues su corazón ardoroso del amor de Cristo, impedía que él no continuase anunciando a su Señor.

La hora de su martirio

San Sebastián se presentó con valentía ante el Emperador, desconcertado porque lo daba por muerto, y el santo le reprochó con energía su conducta por perseguir a los cristianos. Maximino mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores la misión y tiraron su cuerpo en un lodazal.
Los cristianos que presenciaron tan cruel tortura lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián.

Grandes milagros por intercesión de San Sebastián

San Sebastián siempre ha sido honrado por la Iglesia como una de sus más ilustres mártires.
Leemos de Pablo el diácono de qué manera, en el año 680, Roma fue liberada de una terrible por la intercesión del patronato de este santo. Milán en 1575, Lisboa, en 1599, y otros lugares, quienes experimentaron también iguales calamidades, fueron también bendecidas ante Dios, por la intercesión de San Sebastián.
San Sebastián se le representa con flechas en su carne o siendo salvado por Santa Irene.
San Sebastián es el patrón de los arqueros (por salir victorioso de las flechas), de los atletas (por su enérgica evangelización), de las personas moribundas (él mismo se estaba muriendo antes de ser salvado por Santa Irene). y contra las pestes y epidemias.

Santos Fructuoso, Augurio y Eulogio, mártires (20 de enero)


Santos Fructuoso, Augurio y Eulogio, mártires

fecha: 20 de enero
fecha en el calendario anterior: 21 de enero
†: 259 - país: España
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En Tarraco (hoy Tarragona), ciudad de la Hispania Citerior, pasión de los santos mártires Fructuoso, obispo, Augurio y Eulogio, sus diáconos, los cuales, en tiempo de los emperadores Valeriano y Galieno, después de haber confesado su fe en presencia del procurador Emiliano, fueron llevados al anfiteatro y allí, en presencia de los fieles y con voz clara, el obispo oró por la paz de la Iglesia, consumando su martirio en medio del fuego, puestos de rodillas y en oración.
Oración: Señor, tú que concediste al obispo san Fructuoso dar su vida por la Iglesia, que se extiende de oriente a occidente, y quisiste que sus diáconos, Augurio y Eulogio, le acompañaran al martirio llenos de alegría, haz que tu Iglesia viva siempre gozosa en la esperanza y se consagre, sin desfallecimientos, al bien de todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
San Fructuoso fue un celoso y apostólico obispo de Tarragona, en la época en que dicha ciudad era la capital de la Hispania Citerior. El año 259, durante la persecución de Valeriano y Galieno, fue arrestado por orden del gobernador, junto con sus dos diáconos Augurio y Eulogio, el domingo 16 de enero. Los guardias le sorprendieron en el lecho, y el santo les pidió unos instantes para calzarse. Después, les siguió alegremente, con sus otros dos compañeros, a la prisión. Fructuoso bendecía a los fieles que iban a visitarle, y el lunes bautizó en la cárcel a un catecúmeno llamado Rogaciano. El miércoles observó el ayuno de las estaciones hasta las tres de la tarde. [Miércoles y viernes eran días de ayuno en aquella época, pero sólo hasta la hora de nona, es decir, hasta las tres de la tarde. Tal práctica se conocía con el nombre de ayuno de las estaciones.] El viernes, sexto día de su prisión, compareció ante el gobernador, quien le preguntó si conocía los edictos del emperador. El santo respondió que no, pero que en todo caso era cristiano. «Los emperadores -replicó Emiliano- ordenan que todos sacrifiquen a los dioses». Fructuoso respondió: «Yo adoro a Dios, que ha hecho los cielos, la tierra y todas las cosas». Emiliano le dijo: «¿Sabes que existen además otros dioses?» «No», replicó el santo. El procónsul le dijo: «Yo haré que lo sepas muy pronto». Diciendo estas palabras, el procónsul se volvió hacia Augurio y le rogó que no tuviese en cuenta las respuestas de Fructuoso, pero Augurio le contestó que él adoraba al mismo Dios todopoderoso. Emiliano preguntó entonces al otro diácono, Eulogio, si también él adoraba a Fructuoso. Eulogio respondió: «Yo no adoro a Fructuoso, sino al Dios que Fructuoso adora». Emiliano preguntó a Fructuoso si era obispo; como el santo contestara afirmativamente, el procónsul replicó: «Di más bien que lo eras», con lo cual quería indicar que Fructuoso iba pronto a perder el título junto con la vida. En efecto, el procónsul condenó inmediatamente a los tres mártires a ser quemados vivos.
Los mismos paganos no podían contener las lágrimas, cuando los mártires se dirigían al anfiteatro, porque amaban a Fructuoso a causa de sus extraordinarias virtudes. Los cristianos acompañaban a los testigos de Cristo afligidos y a la vez gozosos por el martirio. Los fieles ofrecieron a san Fructuoso una copa de vino, pero éste no quiso probarlo, porque no eran sino las diez de la mañana, y el ayuno de los viernes obligaba hasta las tres de la tarde. El santo obispo esperaba terminar el tiempo del ayuno en compañía de los patriarcas y profetas en el cielo. Una vez que se hallaban en el anfiteatro, el lector del obispo, Augustal, se acercó a éste y le rogó que le permitiera desatar las correas de sus zapatos, pero el mártir se rehusó, diciendo que podía hacerlo él mismo sin dificultad. Félix, un cristiano, se adelantó a rogarle que no le olvidase en sus oraciones, a lo que el santo respondió en voz alta: «Estoy obligado a orar por la Iglesia católica, difundida en todo el mundo, desde el oriente hasta el occidente». San Agustín, quien admira mucho la respuesta del santo, observa que parecía decir: «Si quieres que pida por ti, no abandones nunca a la Iglesia por la que pido». Marcial, un cristiano de su diócesis, le rogó que dijese unas palabras de consuelo a su desolada Iglesia. El obispo, volviéndose hacia los cristianos, les dijo: «Hermanos míos, el Señor no os abandonará como a ovejas sin pastor, porque Él es fiel a sus promesas. El tiempo del sufrimiento es corto».
Los mártires fueron atados a sendas estacas para ser quemados, pero las llamas parecían al principio respetar sus cuerpos y sólo consumían las cuerdas que ataban sus manos, de suerte que los mártires pudieron extender los brazos en oración y entregaron su alma a Dios, de rodillas, sin que las llamas les consumieran. Babilas y Migdonio, dos cristianos que formaban parte de la servidumbre del gobernador, vieron abrirse el cielo y entrar en él a los santos, portando la corona de los mártires. El procónsul Emiliano levantó también los ojos al cielo, pero no fue juzgado digno de participar en tal espectáculo. Los fieles se acercaron durante la noche, apagaron con vino las hogueras y retiraron los cuerpos medio quemados. Muchos de ellos llevaron a sus casas parte de las santas reliquias; pero, amonestados por el cielo, las depositaron todas en el mismo sepulcro. San Agustín nos ha dejado un panegírico de san Fructuoso, pronunciado en el aniversario de su martirio.
Los sitios, mayormente españoles, que le tributan culto litúrgico a estos santos lo hacen el día 21 de enero, que es una fecha más antigua y arraigada.
La narración de la pasión de san Fructuoso pertenece a la reducida categoría de actas que todos los críticos consideran como auténticas. El mismo Harnack (Chronologie bis Eusebias, vol. II, p. 473) dice que este documento «no despierta sospechas». Se encuentran dichas actas en Acta Sanctorum, 21 de enero, en Ruinart y en otras obras. Ver Delehaye. Les passions des martyrs... (1921), p. 144, y Origines du culte des martyrs (1933), pp. 66-67. Uno de los principales argumentos en favor de la autenticidad de las Actas de san Fructuoso es que san Agustín y Prudencio las conocieron ciertamente.
Puede descargarse desde la Biblioteca la Obra Completa de San Agustín; el tomo XXV (archivo OSAbil25.rar) contiene el sermón al que se refiere este escrito; es el sermón 273, el primero que aparece en el tomo, cuya lectura es altamente recomendable, no sólo para leer sobre san Fructuoso, sino para meditar con san Agustín sobre el recto culto a los santos.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: 19-1-2015
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sábado, 19 de enero de 2019

San Germánico de Filadelfia, mártir (19 de enero)


San Germánico de Filadelfia, mártir

fecha: 19 de enero
†: c. 167 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En Esmirna, de Asia, pasión de san Germánico, mártir de Filadelfia en tiempo de los emperadores Marco Antonino y Lucio Aurelio. Discípulo de san Policarpo, le precedió en el martirio, y al ser condenado por el juez en el vigor de la primera juventud, superó con la gracia de Dios el temor de la fragilidad corporal y llegó a provocar éI mismo a la fiera que le destinaron para su sacrificio.
Todo lo que sabemos de san Germánico se reduce a lo que nos dice la carta a los cristianos de Esmirna sobre la persecución en la que fue hecho prisionero san Policarpo: «Pero demos gracias a Dios, porque Germánico triunfó de sus enemigos. En efecto, el muy noble joven alentó el valor de los otros con su constancia, e hizo frente a las fieras, en forma admirable. Como el procónsul tratase de salvarle, rogándole que se apiadara de su propia juventud, Germánico, expresó su deseo de verse libre de la compañía de hombres tan descarriados, y él mismo provocó valientemente a las fieras para que le atacaran. Al ver la multitud el maravilloso valor de los cristianos, amados del Señor y temerosos de Dios, empezó a gritar: ¡Mueran los enemigos de los dioses! ¡Traed a Policarpo!»
Este relato es uno de los documentos más auténticos que poseemos sobre la Iglesia primitiva. Eusebio cita este pasaje en su «Historia Eclesiástica», y el texto completo nos ha llegado por una fuente independiente. Hay que notar que Germánico, al provocar contra sí a las fieras para librarse cuanto antes de la abyecta compañía de los paganos y judíos, hizo realmente el gesto que san Ignacio de Antioquía se proponía hacer (Carta a los Romanos, 5).
Nota de ETF: La cuestión del año de martirio es problemática: por un lado, el martirio de Germánico está estrechamente relacionado con el de Policarpo; sin embargo, el de Policarpo cuenta con testimonios dispares, que hace que haya que situarlo en el 166/7, o en el 155, o incluso en otros años. Si nos guiamos por el elogio del Martirologio Romano, el «tiempo de los emperadores Marco Antonino y Lucio Aurelio» es después del 160, siempre que el «Marco Antonino» que menciona sea Marco Aurelio, porque podría tratarse de Antonino Pío, y entonces el martirio se situaría hacia el 155. La cuestión queda abierta, y la confusión entre los dos emperadores, así como otras dificultades en la concordancia cronológica, son bastante frecuentes en la literatura posterior como para no poder cerrar definitivamente el asunto.
Ver Lightfoot, Apostolic Fathers, pt. 11, vol. III, p. 478; Delehaye, Les passions des martyrs... (1921), pp. 12 ss., y Acta Sanctorum, 19 de enero.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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lunes, 7 de enero de 2019

San Alberto de Cashel, obispo. (8 de enero)

San Alberto de Cashel, obispo.

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San Alberto de Cashel.
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San Alberto de Cashel, obispo. 8 de enero.

Se sabe muy poco de él, puesto que su vida fue escrita por primera vez en 1160, más de 400 años después de muerte. Esta vida le hace nacido en Anglia, y hace un juego de palabras latinas “natione Anglus, conversatione Angelicus” (de nación anglo, de palabras ángel). Dice que fue ordenado por el papa Formoso, que predicó en Irlanda, donde fue obispo de "la arquidiócesis de Cashel", Tipperary, y en Baviera. Pero la diócesis de Cashel no se creó sino en 1111, por lo que sí fue contemporáneo del Formoso y fue obispo, pero no de la diócesis. Es de suponer que fue de los llamados obispos itinerantes, o sea, sin diócesis y que tenían permiso del papa para predicar, ordenar sacerdotes y constituir comunidades y fundar monasterios. Al parecer predicó el evangelio en Baviera junto al obispo San Erhard (8 de enero) y que en el año 800 emprendió una peregrinación a Jerusalén. No se sabe como murió, pero fue enterrado en Niedermünster, Ratisbona. Aunque no estaba canonizado formalmente, en 1741 se le nombró patrón de la diócesis. El 19 de junio de 1902 el papa León XIII autorizó su culto inmemorial, lo que equivale a una canonización. En 1972 se abrió su sepulcro y se descubrió que era un hombre alto, que murió en edad avanzada y que sufrió de artritis en la columna vertebral y la pelvis. Eso hizo que, sin mucha fuerza ni devoción, la verdad, se le considerase patrón de esta enfermedad en esta región.


Fuente:
- "Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.

domingo, 6 de enero de 2019

Santos del día 7 de enero

Santos del día 7 de enero
Septimo Idus ianuarii
   San Raimundo de Peñafort, religioso presbítero (2 coms.) - Memoria litúrgica   
San Raimundo de Peñafort, presbítero de la Orden de Predicadores, eximio maestro en derecho canónico, que escribió de modo muy acertado sobre el sacramento de la Penitencia. Elegido maestro general de la Orden, preparó la redacción de las nuevas Constituciones, y tras llegar a edad muy avanzada, se durmió en el Señor en la ciudad de Barcelona, en España.
En Melitene, ciudad de la antigua Armenia, san Polieucto, mártir, que, siendo soldado, a raíz del decreto del emperador Decio que obligaba a sacrificar a los dioses, rompió los ídolos, por lo cual fue cruelmente martirizado y, finalmente, decapitado, recibiendo así el bautismo con su propia sangre.
En la ciudad de Nicomedia, en Bitinia, pasión de san Luciano, presbítero de la Iglesia de Antioquía y mártir, el cual, ilustre por su doctrina y elocuencia, al ser llevado ante el tribunal, en medio de continuos interrogatorios acompañados de tormentos, se mantuvo intrépido en confesarse cristiano.
En Passau, en la antigua provincia romana del Nórico, hoy Alemania, san Valentin, obispo de la Retia.
En Pavía, ciudad de la Liguria, san Crispino, obispo.
En Chur, en el territorio de Helvecia, san Valentiniano, obispo, que con gran generosidad repartió limosnas entre los pobres, redimió a los cautivos y vistió a los desnudos.
En el monasterio de Solignac, en la región de Limoges, en Aquitania, san Tilón, discípulo de san Eloy, que fue orfebre y monje.
En Constantinopla, san Ciro, obispo, el cual, siendo monje en Paflagonia, fue elegido para ocupar la sede constantinopolitana, pero, depuesto luego de la misma, murió finalmente en el destierro.
En Cenomanum, hoy Le Mans, en el reino de los francos, san Alderico, obispo, que se esforzó en promover el culto a Dios y a los santos.
En los bosques cercanos a Ringsted, en Dinamarca, san Canuto, llamado Lavard, mártir, quien, hecho duque de Schleswig, ejerció el poder con equidad y justicia, favoreciendo la piedad de su pueblo. Murió asesinado por enemigos que rechazaban su autoridad.
En Palermo, ciudad de Sicilia, tránsito del beato Mateo Guimerá, obispo de Agrigento, de la Orden de los Hermanos Menores, propagador devoto del Santísimo Nombre de Jesús.
En Suzute, en Japón, beato Ambrosio Fernández, mártir, que se dirigió a tierras de Oriente con fines de lucro, pero, convertido, fue admitido como religioso en la Compañía de Jesús y, después de haber sufrido muchas privaciones, murió por Cristo en la cárcel.
En la aldea An Bai, en Tonquín, san José Tuân, mártir, el cual, padre de familia y agricultor, por arrodillarse y orar ante una cruz, negándose a pisotearla, fue degollado en tiempo del emperador Tu Duc.
En la ciudad de Lieja, en Bélgica, beata María Teresa (Juana) Haze, virgen, fundadora de la Congregación de la Hijas de la Cruz, para atender a personas débiles y pobres.

sábado, 5 de enero de 2019

San Telesforo, papa, mártir y carmelita (5 de enero)

San Telesforo, papa, mártir y carmelita.

Historia y leyenda, liturgia y devoción se unen en la "vita" del santo de hoy.



San Telesforo. California.
San Telesforo. California.
San Telesforo, carmelita, papa y mártir. 5 y 30 de enero (carmelitas), 22 de febrero (Iglesia griega).
Para hablar de San Telesforo, tenemos dos fuentes principales, bastante confiables, que son San Ireneo de Lyon (28 de junio, 3 de julio y 23 de agosto, Iglesia Oriental), que dice: "Clemente fue sucedido por Evaristo. Alejandro siguió a Evaristo, y luego, el sexto de los apóstoles, fue llamado Sixto, después de él, Telesforo, que fue martirizado gloriosamente". (Adv. haereses. III, III, 3). Llama la atención que solo de Telesforo mencione que fue martirizado, cuando los demás también lo fueron. Incluso de San Clemente (23 de noviembre) y de San Sixto I (11 de enero, traslación de las reliquias a Alatri; 3 y 6 de abril), sobre todo del primero, se narran sendos martirios. Es extraño no lo señale Ireneo también de ellos, aunque hoy podemos saber por qué: las leyendas son tardías. Sixto no será considerado mártir hasta avanzado el siglo V.

Pero volvamos a las fuentes: La segunda es el escritor Eusebio de Cesarea, en cual, en su Historia Eclesiástica (IV, VII, XIV) le menciona en tiempos de Adriano y muerto bajo Antonino Pío. Otra fuente utilizada a la hora de hablar de Telesforo, pero a la que hay que mirar con desconfianza es el Liber Pontificalis, que le atribuyen normas litúrgicas, lo cual son solo fabulaciones pues son muy posteriores. Y, para escribir un poco más del santo, me remito "Flores del Carmelo, vida de los Santos Carmelitas", que tampoco escapa a adornar lo poco que se sabe del santo. Y resumo:
Es Telesforo una muestra de cómo entre los colaboradores y sucesores de los apóstoles, y pastores de la primitiva Iglesia, hubo siempre monjes de la viña de Elías. Nació el santo en Grecia, aunque algunas leyendas le hacen oriundo de Calabria (llamada en antiguo “Magna Grecia"). Por aquellos lares recibió el hábito carmelita, luego de haberse formado en las letras y la piedad. Eligió las soledades del Carmelo para huir de la vanagloria y adulaciones de los hombres, por su vasta sabiduría. Pero le fue poco, pues luego de hacer vida monástica, prefirió la soledad total y el ascetismo de la vida del anacoreta. Ayuno, penitencia, oración y trabajo fue la vida de Telesforo hasta que se sintió llamado a defender a los cristianos perseguidos por el poder imperial. Y no tiene precio como lo narra y compara el “Flores...”.
nuestro santo anacoreta viendo que ya instaba la ocasión, por allarse los católicos tan perseguidos de los emperadores gentiles, dejando los brazos de Raquel, como otro Jacob, salió a la lucha, y a ejemplo del rinoceronte, que estado en tiempo sereno retirado en su cueva y soledad, cuando oye que se arma alguna furiosa tempestad que con sus truenos hace huir a los demás animales o los deslumbra con su luz, y deshace con el ardor de sus rayos, sale de su cueva veloz y pasa intrépido la campaña: salió Telesforo de su cueva y para hacer rostro a los mayores peligros en que los fieles se hallaban, partió a Roma, donde resonaba más cruel la tempestad y era más fatal el estruendo” (1)
Este estilo narrativo nos sumerge en una literatura hagiográfica típica del barroco: a base de comparaciones con relatos bíblicos, piadosos, cotidianos y naturales, e incluso mitológicos, se nos pretende dar una lección, en las que el ejemplo primero siempre se ve superado el hecho que se está narrando. Se pretende dar solidez a lo que se quiere decir, con datos previos y conocidos, o que se suponen conocidos y por tanto, fieles. No es un estilo superado del todo y empleado a veces para la apologética: defender cosas con otras que tal vez no hayan sido defendidas previamente.

O sea, que Telesforo se fue a Roma a defender a los cristianos perseguidos. Llegó estando reinando el emperador Adriano y a este le sucedió Antonino Pío, y hubo un tiempo en que la Iglesia respiró paz, crecieron los fieles, y Telesforo destacó como orador, reformador de costumbres y ejemplo de pastor. Ocurrió el martirio del papa Sixto I (ya vimos que no fue mártir en realidad, y menos si había paz) y viendo que no había alguien más digno para sucederle, a los dos días fue elegido Telesforo para ocupar la cátedra de San Pedro. Era el año 142.

Según la leyenda, comenzó Telesforo un papado de engrandecimiento de la Iglesia, elaboración de normas y corrección de costumbres. Prohibió la lectura de las Sibilas y Cicerón a los cristianos, por hacer memorias a dioses y oráculos. Estableció el ayuno obligatorio para los clérigos durante siete semanas antes de la Pascua, ampliando la cuaresma para estos. Mandó se cantase el himno “Gloria in excelsis Deo” (en realidad no entra en la liturgia hasta mucho después).
El “decreto” por el cual más se le conoce y ha consagrado su iconografía, es aquel mediante el cual establecía que el día 25 de diciembre, Natividad del Señor, los presbíteros celebrasen tres misas. Una a medianoche, en memoria del Nacimiento de Cristo; otra al alba, en memoria de la adoración de los pastores; y la tercera a tercia (9 de la mañana), en memoria de la manifestación a los hombres. En realidad esta costumbre de las tres misas por Navidad tiene otro origen: No nacen hasta el siglo V. La primera mención a la celebración de la Natividad en diciembre es en el siglo IV. Primeramente se celebraba solamente una misa de medianoche en San Pedro, en 431 el Concilio de Éfeso determina se celebre otra misa solmene en Santa María la Mayor, ante el “verdadero” pesebre del Señor. Pero en el siglo VI, comienza la costumbre de que cuando el papa se dirigía de Letrán a San Pedro, se detenía en la iglesia de Santa Anastasia, cuya memoria (anterior a la celebración de la Navidad) es aún a 25 de diciembre. Allí el papa celebraba una misa que conmemoraba a Santa Anastasia y la dedicación de este templo. Es una tradición tan antigua y sólida, que hasta hace muy poco, en la segunda misa de Navidad podía hacerse una conmemoración a Santa Anastasia.
Combatió a herejes y gnósticos: Valentino, presbítero resentido por no ser nombrado obispo, que se creó la teoría de que Cristo era hijo de 15 dioses y 15 diosas. Refutó a los ositas, que tenían a Cristo como una serpiente a la que adoraban; a los Caianos, que defendían y adoraban a Caín frente a Abel; a Marción y su doctrina de un dios malo del Antiguo Testamento y un Dios bueno, del nuevo. Todas estas herejías enfrentaban a los cristianos y confundían a los paganos, pero en medio de la tormenta, Telesforo emergía como árbitro y con su palabra, corrección y caridad, ponía paz y castigaba a los herejes. Tanto fue su celo y firmeza, que ninguno de estos herejes se atrevió a pisar Roma, por miedo a ser vencido por la oratoria y ejemplaridad de Telesforo.

No convenía esto a los sacerdotes paganos, y a los herejes, que cada día perdían fieles, por lo que, sintiéndose derrotados, se fueron al emperador con calumnias y temores acerca del ascendiente de Telesforo sobre los pobladores de Roma, instigándole a comenzar la cuarta persecución. Comenzó la masacre. Telesforo, previendo su fin y para dejar la iglesia local sólida, ordenó tres obispos, doce presbíteros y ocho diáconos, enviándoles por la ciudad y sus alrededores para atender a los perseguidos, consolar a las viudas y fortalecer a los presos. Encargó a San Justino (1 de junio), antes filósofo pagano, luego escritor cristiano y finalmente mártir, que escribiera su famosa “Apología”, que con tanta erudición convencía a paganos y herejes. Vacilaba el emperador Antonino en continuar la persecución, cuando los sacerdotes gentiles planearon matar a Telesforo, como si supieran aquello de “herido el pastor, dispersado el rebaño”.
Predicaba un día el santo papa cuando entre los fieles se infiltraron sacerdotes y fieles paganos, que le apresaron y le llevaron a la cárcel. Luego de muchos tormentos, fue decapitado, el 5 de enero de 154, luego de 11 años de papa, y fue enterrado en la cripta de San Pedro. Este martirio le costó al imperio, según la leyenda, una hambruna generalizada, un terremoto en Rodas, Carbona, Cartago y otras ciudades. El Tíber inundó la ciudad y arrasó con todo lo que pudo. Y reconociendo el emperador que era castigo del cielo, dejó en paz a los cristianos.

Tenido como santo mártir desde el principio, y fijada su memoria el 5 de enero, no entra Telesforo en el calendario carmelitano sino mucho después, cuando se conforma la “historia profética”, y todo monje o eremita antiguo pasa a ser carmelita. En la reforma del breviario que hizo Gregorio XIII en el siglo XVI, fue eliminado del propio. En el siglo XVII, Clemente VIII lo incluyó en el Breviario Romano y finalmente, Clemente X, también en el siglo XVII lo devolvió a los carmelitas como santo propio, fijando su festividad para la Orden a 30 de enero por ser el 5 la vigilia de la Epifanía, a la par que se trasladaba a San Andrés Corsini al 4 de febrero, (hoy a 9 de enero). Finalmente, en la reforma del año 1969 fue eliminado del misal romano y del propio de la Orden.
En la iconografía es reconocible, además del hábito carmelita, por llevar un cáliz con tres hostias, en memoria de las tres misas de Navidad. Es su atributo característico, así como una filacteria o pergamino con un texto alusivo a sus supuestos decretos (ayuno cuaresmal, Pascua, misas de Navidad), y en ocasiones con unos peces, que recuerdan la penitencia cuaresmal rigurosa. Otros atributos son los comunes a papa y mártir: palma, cruz y tiara papal, etc.


Fuentes:
-“Flores del Carmelo, vidas de los santos de N. S. del Carmen”. FR. JOSÉ DE SANTA TERESA. Madrid, 1678.
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.
-“Breve historia de la Navidad”. FRANCISCO JOSÉ GÓMEZ FERNÁNDEZ. Madrid, 2013.
-https://ia800300.us.archive.org/12/items/bookofpopesliber00loom/bookofpopesliber00loom.pdf