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viernes, 21 de julio de 2023

Iban a quemar la Virgen de Torreciudad con todos los enseres, pero vino un rescatador por la noche 20072023

 

Así se salvó la imagen que aún se venera y que tiene unos 900 años

Iban a quemar la Virgen de Torreciudad con todos los enseres, pero vino un rescatador por la noche

La ermita de Torreciudad con peregrinos en 1933
La ermita de Torreciudad con peregrinos en 1933, antes de la guerra civil

P.J.G./CariFilii

Martín Ibarra Benlloch, doctor en Historia, responsable del archivo del santuario mariano de Torreciudad (Huesca) y miembro de su Instituto Mariológico, difundió en el diario La Razón su investigación acerca de cómo se salvó la venerada imagen románica de la Virgen de la rabia destructora de la persecución anticatólica de 1936.

Según la tradición de los vecinos de la cercana población de Bolturina, la Virgen fue recuperada en la Edad Media, en el año 1084, una vez expulsada la guarnición musulmana de la torre que da nombre al lugar. Los expertos creen que por su estilo de románico arcaico puede ser perfectamente una obra del s.XI y ha recibido cuidados y veneración durante más de 9 siglos.

Virgen de Torreciudad, sin niño ni vestiduras
La Virgen de Torreciudad, románico arcaico, probablemente del s.XI (en esta foto sin el Niño)

Durante la persecución de 1936, en la que fueron asesinados casi 9 de cada 10 sacerdotes diocesanos de Barbastro, y numerosos claretianos, benedictinos y otros religiosos, llegaron anarquistas a la ermita de Torreciudad, la saquearon y amontonaron sus objetos en el exterior, con la idea de quemarlos al día siguiente.

Esa noche, Antonio Sesa, vecino de Bolturina, devoto de la Virgen y hermano de uno de los sacerdotes que morirían mártires, acudió con un borrico, tomó la imagen románica y la escondió en una cueva durante dos años. Es la misma imagen que, restaurada, hoy se venera.

Lo contaba con emoción en 2020 su nieto, Luis Sesa, cuando participó en la fiesta de la Virgen de Torreciudad momentos antes de cargar sobre sus hombros las andas para llevar precisamente en procesión la imagen peregrina de la Virgen, según recoge la web del santuario.

¿Por qué es una Virgen negra si su madera era clara? Lope de Vega tiene una respuesta muy espiritual que se explica en este vídeo

8 siglos de tradición

Durante 8 siglos los vecinos de la Ribagorza, Sobrarbe y Somontano de Barbastro habían acudido, a menudo con rebaños, al santuario de Torreciudad en agosto y septiembre. Pasaban el día con amigos y parientes, rezaban el rosario, se confesaban, asistían a misa y pedían a la Virgen ayuda. Se la consideraba especialmente eficaz contra los dolores de cabeza.

En los años previos a la guerra, quien les recibía era el prior del santuario, José Muzás Lalueza. Ibarra da más datos sobre Muzás en otro artículo reciente en La Razón, señalando que el prior (responsable del santuario) era considerado casi como el penitenciario o confesor de toda la comarca, porque muchos aprovechaban viajes o romerías al remoto santuario para confesarse.

Persecución contra los sacerdotes

Muzás nació en la cercana Secastilla en 1872. Le gustaba la vida solitaria y trató de ser cartujo, pero la cosa no fue bien y tuvo que reintegrarse como sacerdote diocesano, explica Ibarra. En una carta de 1932, con 60 años, explicaba al obispo de Barbastro que para él sería “la dicha más grande poder dedicar la vida que me queda al servicio de Nª Sª de Torreciudad”.

Virgen de Torreciudad revestida, hacia 1920
Virgen de Torreciudad hacia 1920

El 18 de julio de 1936 los anarquistas armados toman el control de la ciudad de Graus, y después de otras poblaciones. El párroco de Secastilla, Carlos Carlá, se escondió durante semanas en el bosque. Los anarquistas empezaron a quemar y saquear iglesias y ermitas.

José Muzás abandonó la ermita de Torreciudad y se escondió 5 días con unos parientes en Bolturina. Después pasó a una caseta abandonada donde le hacían llegar comida. Según declaró su sobrino Antonio Muzás Rausa en 1941, “después de estar oculto aproximadamente un mes, se presentó al comité de Graus, siendo detenido por los miembros del Comité y fusilado”.

La detención sucedió el 17 de agosto y el fusilamiento el 22, junto a otros sacerdotes, entre ellos Francisco Monclús, José Sesa y Victorián Tena. La diócesis de Barbastro está dando pasos para iniciar su proceso de beatificación como mártires.

Una pira para quemarlo todo en Torreciudad

Mientras tanto, en Torreciudad, los anarquistas habían saqueado la ermita-santuario y la casa anexa a ella, y habían preparado una pila con muebles, ornamentos y enseres sagrados, incluyendo la imagen de la Virgen.

Antonio Oliveras, que en 1936 era un sacerdote joven, escribió años después detalles de lo que sucedió.

“En día 23 de julio, día antes o después, se personó el párroco de Burceat, Dn. José Sesa, en su pueblo de Bolturina, (nativo) preguntó a su hermano Antonio, qué habían hecho de la Virgen de Torreciudad. Contestó: toda la ermita saqueada, solo queda en su Camarín la imagen. Le rogó fuera a ocultarla. Llegada la noche bajó a la Ermita, tomó la imagen, la envolvió con unos sacos, tomó un pozal de los que se usan para el agua, a 400 o 500 metros del Santuario, en unas rocas, difícil de penetrar, bien conocidas por el Antonio, por ser cazador, la ocultó”.

Antonio Sesa se jugaba la vida, tanto rescatando la imagen como escondiendo a su hermano sacerdote. De hecho, el 28 de julio llegaron los milicianos a su casa en Bolturina y se llevaron a su hermano, quien les dijo: “No tenían ustedes necesidad de molestarse, con una simple comunicación me hubiera yo mismo presentado. No temo a la muerte. Gustoso moriré por lo que siempre he enseñado y profesado. Ahora mismo marcho con ustedes”. Lo fusilaron junto a Muzás, el prior del santuario.

Antigua ermita junto a la torre en Torreciudad, antes del santuario moderno
La torre medieval y la ermita antigua, antes de la presa y el santuario moderno

Escondida cerca de la ermita entre unas rocas

María Teresa Sesa cuenta que su abuelo Antonio bajó con un borrico a por la Virgen y que la salvó del montón que había delante de la ermita, preparado para la hoguera del día siguiente, y que la escondió muy cerca de la ermita. Antonio Oliveras escribió que la escondió “a 400 o 500 metros del Santuario, en unas rocas, difícil de penetrar”.

Dos años después, al empezar la primavera de 1938, con la zona bajo control del bando nacional, Antonio Sesa sacó la imagen de su escondite y la llevó a su casa (Casa Fuster, en Bolturina) donde estuvo desde abril hasta agosto. Antonio Oliveras lo describió así: “bajó a buscarla, tal como la había dejado la encontró; la tomó entre sus brazos, la conduce a su casa. Se lo comunica al Párroco. Restaurado parte del Santuario, volvió a su Camarín, siendo una de las más importantes concentraciones que han existido”.

Fiesta en el pueblo

Muchos daban por destruida o quemada esta imagen tan amada por el pueblo. Por eso, causó mucha impresión y alegría saber que se había salvado. En unos meses se restauró la ermita profanada y quemada y se decidió que cada domingo posterior a la Asunción se celebraría su recuperación.

Una nota de agosto de 1938, aún en tiempos de guerra, invitaba así a la celebración: “¡Católicos!: la venerada imagen de Nuestra Señora de Torre-Ciudad, que por los años gloriosos de 1084 fue encontrada y entronizada por nuestros antepasados en la mezquita de los moros expulsados de su ciudad-torre, la imagen ante la cual nos presentaron nuestras madres; la que invocaron nuestros enfermos en su agonía, nuestros labradores en sus aflicciones, nuestros soldados en sus combates, ha sido de nuevo encontrada, por singular beneplácito divino que gobierna para sus fines las humanas voluntades y será solemnemente entronizada en su secular Basílica de Torre-Ciudad el domingo 21 de agosto”.

Joaquín Durán, un soldado que estaba en el frente, logró permiso para acudir a esa fiesta. Lo escribió así: “Ese domingo, todo eran mujeres y hombres de edad, porque los de veinte años estaban de servicio. La bajaron muchas mujeres, la Carmen Flores que ya ha muerto, iba Lolita Nacenta, que aún vive, de la Puebla iban algunas chicas. Y entonces, a mitad de camino se la tomé a estas chicas y la llevé algún rato, de vez en cuando nos íbamos turnando, y la pude bajar yo. Y desde aquel he estado en Torreciudad todos los años”.

200.000 peregrinos al año, cien mil en pandemia

España seguía en guerra, pero en Torreciudad llevaron la Virgen en procesión, le cantaron sus gozos, rezaron el Rosario… En 2019, el año antes de la pandemia, Torreciudad recibió 210.000 peregrinos, un 15% extranjeros, sobre todo de Francia, Portugal, Polonia y con la novedad de un número creciente de norteamericanos. Incluso en 2020, con la pandemia, recibió unos 100.000 visitantes.

La imagen de la Virgen les recibe, como en los 9 siglos anteriores.

Documental en Aragón TV en 2015, al cumplirse 40 años del santuario moderno

(Publicado originariamente en el portal de noticias marianas CariFilii.es en marzo de 2021)

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Tres milagros marcaron la historia del santuario mariano de Nuestra Señora del Cabo 21122016

Tres milagros marcaron la historia del santuario mariano de Nuestra Señora del Cabo


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El santuario de Nuestra Señora del Cabo es el lugar mariano más visitado de Canadá, y creció por acrecentamiento de sucesivos templos marcados por sendos milagros, signo de la predilección de la Virgen por ese lugar. Así cuenta la historia Aleteia:
A mitad de camino entre la ciudad de Quebec y Montreal, en la ciudad de Trois-Riviéres, en el distrito del Cabo de la Magdalena (Cap-de-la-Madeleine), se construyó en el año de 1659 una pequeña capilla de madera.
Allí, su primer párroco, el padre Paul Vachon, instituyó la Hermandad del Rosario, unos pocos años después, hasta que en 1714 se comenzó la construcción de un segundo templo, más grande, que sustituiría la pequeña capilla de madera.
Este segundo templo, que actualmente se conoce como “el viejo santuario”, todavía está en pie, y es la iglesia más antigua de Canadá en la que aún se celebra, a diario, la Santa Misa.
Pero cuando el padre Vachon murió, en 1729, la iglesia pasó cerca de 155 años sin tener un párroco permanente. No fue sino hasta 1864 cuando el padre Luc Desilets llegó al lugar. Allí, tuvo una experiencia que marcó definitivamente el futuro de esa comunidad, y del propio santuario.
De vacía a llena
Desilets escuchó un extraño ruido procedente del templo. Al entrar, descubrió que se trataba de un pequeño cerdito, masticando un rosario. La experiencia marcó profundamente al sacerdote, que interpretó el hecho como una señal del abandono espiritual en el que se hallaba la comunidad.
Así, decidió darle un nuevo empuje a la Hermandad del Rosario que el propio Vachon había fundado años atrás.
Se consagró a Nuestra Señora y comenzó el rezo del rosario después de cada Misa, invitando a los habitantes de la localidad a rezarlo además en sus casas.
Al poco tiempo, la iglesia ya no daba abasto para recibir a todos los fieles. Este fue el primer milagro de Notre-Dame-Du-Cap.
El puente de hielo
El segundo está relacionado con la construcción de una tercera iglesia, que ya era necesaria para albergar a una comunidad cada vez más grande.
Habiendo obtenido los permisos en 1879, los materiales de construcción tenían que ser llevados al sitio cruzando el río San Lorenzo en el invierno. Pero ese año el invierno no fue lo suficientemente frío, y el río no se congeló.
Los feligreses rezaron el Rosario continuamente, pidiéndole a Nuestra Señora que el río se congelase para poder traer los materiales de construcción.
Desilets le prometió a la Virgen que consagraría el templo en su honor si lograban traer el material antes de la primavera.
A mediados de marzo de ese año, una serie de delgadas placas de hielo se deslizaron desde el Lago San Pedro hasta llegar al Cabo de la Magdalena.
El vicario de la parroquia y varios miembros de la comunidad trabajaron para hacer un puente de hielo con estas placas (añadiendo nieve y agua), que se mantuvo en su sitio por toda una semana.
Así, con el llamado milagro del “puente del rosario”, los materiales lograron llegar a tiempo, sin contratiempos.
Y la Virgen abrió sus ojos…
El 22 de junio de 1888, el tercer milagro tuvo lugar. Fue en el mismo día de la dedicación del que se convertiría entonces en el santuario definitivo.
Una hermosa imagen de la Virgen donada por un feligrés había sido entronizada ese día, y se le había colocado, ceremoniosamente, sobre el altar.
Al caer la tarde, Pierre Lacroix, un vecino de la zona que sufría de ciertas discapacidades motoras, pidió que le ayudasen a entrar al templo, para rezar.
El padre Desilets, y un fraile franciscano de apellido Janssoone le ayudaron, y se quedaron rezando con él, y la imagen de la Virgen abrió sus ojos, durante casi diez minutos. Los tres hombres lo vieron, desde distintos lugares del templo. Por el resto de su vida, Janssoone contaría cómo ese evento había cambiado su vida.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Santuario de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de Uruguay

Santuario de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de Uruguay
Su fiesta se celebra con una peregrinación y se realiza el segundo domingo de noviembre


Por: Conferencia Episcopal Uruguay | Fuente: iglesiacatolica.org.uy 



Historia
Su figura, nombre e historia, forman parte del imaginario del pueblo uruguayo, su Santuario integra nuestro Patrimonio Nacional. Es la Patrona de nuestro país y un símbolo qué, en su permanencia, solidifica los orígenes culturales, raciales e históricos del Uruguay.
Su talla data del siglo XVIII por los guaraníes y fue confiada a Antonio Díaz, indio de Santo Domingo de Soriano, de quién recibió su primera capilla en el Pintado.
Fundadora de la Villa de San Fernando de la Florida en 1825, vio a pie a los Treinta y Tres Orientales con la bandera tricolor, al gobierno provisorio y a la asamblea que declara nuestra independencia.
Fue honrada a lo largo del tiempo con distintas coronas, una obsequiada por Manuel Oribe y otra con alhajas de las mujeres orientales.
Declarada Patrona de la República Oriental del Uruguay por el Papa Juan XXIII, fue coronada solemnemente en la Piedra Alta en 1961. El Papa Juan Pablo II la honró en Tres Cruces y peregrinó hasta ella en Florida.

Su Santuario – Catedral, que se levanta ante la Plaza de la Asamblea, está enriquecido con delicadas pinturas que representan el nacimiento de Jesús, Pentecostés y la Asunción y Coronación de María. Se destacan sus puertas de bronce, obra de Belloni.
Origen de la devoción
El origen de esta advocación de la Virgen de los Treinta y Tres está ligado a la gesta libertadora de los próceres Uruguayos. La devoción no tuvo en su origen ningún acontecimiento extraordinario, ninguna señal que va más allá del orden natural de las cosas. Está sí originada en un consenso popular, en un sentido de fe. En efecto, en el primer cuarto del siglo pasado, se había extendido por todo el territorio de la Banda Oriental un ansia de libertad, recogido por José Artigas quien, al encararlo en su ideario, en su acción de caudillo rural y en la primera organización política que dio a estas provincias, se convirtió en el “Protector de los Pueblos Libres”. Se pueden señalar tres aspectos de la gesta artiguista, que recogen esta ansia de libertad existente y le da base doctrinaria y organizativa.
a. El Éxodo de 1811, donde todo el pueblo, frustrado en sus expectativas de libertad, prefiere dejar sus casas y campos y marchar detrás de su jefe para realizar con él una experiencia de independencia única en América: “ellos se creyeron un pueblo libre, con la soberanía consiguiente”, diría Artigas explicando este fenómeno.
b. El Congreso de 1913, donde los diputados de cada departamento van a echar las bases de la independencia de estas provincias. Artigas da su célebres “instrucciones” asentando su doctrina de libertad y federación.
c. El corto (1815), pero efectivo gobierno de Artigas, que no descuida ningún aspecto importante para la vida libre y digna de un pueblo: reforma agraria, comercio, navegación, instrucción, salud pública, atención religiosa.
El pueblo vivió esa experiencia exaltante que sería truncada por la traición “de los malos españoles y peores americanos”, como dirá el mismo Artigas. Artigas se retiró a la patria hermana del Paraguay, donde pasó en el silencio 30 años. Pero sus ideas quedaron.
En 1825 son retomadas en la Cruzada Libertadora, por los Treinta y Tres Orientales. Estos se reúnen en Florida, donde realizan la Asamblea de la Independencia Nacional. En la Piedra Alta, convertida en Altar de la Patria, proclaman, el 25 de agosto, la Declaratoria de la Independencia Nacional. Fue entonces que llevaron ante la pequeña imagen de la Virgen María, que se veneraba en la capilla del pueblo, sus ansias de libertad.
Reseña histórica
Dentro de la historia de la Iglesia en Florida, cabe señalar tres hechos importantes:
1. Con antelación a la fundación de la ciudad la presencia de la Compañía de Jesús con la obra de las famosas Misiones Jesuíticas. En ellas se dio a los pueblos que las comprendían (Norte actual Uruguay) una conformación social de tipo corporativista donde se atendían los distintos aspectos de la cultura y vida del pueblo: educación, trabajo, música, y aún escultura; precisamente la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres está hecha en cedro paraguayo, y de acuerdo al estilo y características de la misma se cree haya sido tallada en las Misiones Jesuíticas. A 20 kms de la ciudad de Florida se conserva la estancia de la Calera, donde los jesuitas tuvieron un gran establecimiento rural de cría y faena de ganado y saladero, en la rinconada del río Santa Lucía y el arroyo Arias.
2. El segundo hecho es la fundación de Florida. Dadas las peripecias en que vivía el antiguo poblado del Pintado, en una sierra pedregosa, el cura Santiago Figueredo logra del superior gobierno se le ceda un lugar más seguro y fecundo en las costas del río Santa Lucía, y allí funda la actual ciudad de Florida.
3. Y el tercer hecho es en 1825, cuando se reúne la Asamblea de la Florida que redacta el Acta de la Declaratoria de la Independencia Nacional, presidida por el Pbro. Juan Francisco Larrobla. En ese contexto cultural e histórico resultó espontánea la visita de los asambleistas de Florida a la Virgen María venerada en un rancho contiguo al rancho de la Asamblea. Desde entonces aquella imagen de María, comienza a llamarse popularmente la “VIRGEN DE LOS TREINTA Y TRES”.
Señalar algunos DOCUMENTOS que afianzan esta devoción a lo largo de la historia del pueblo uruguayo.
1. La corona de oro regalada por el general Manuel Oribe, segundo jefe de los Treinta y Tres.
En 1857, el general don Manuel Oribe, regaló a la Virgen de Florida una corona de oro, en acción de gracias por haberse salvado, él y su familia, en un naufragio. Él decía que a la Virgen de los Treinta y Tres debía esta gracia, y que siempre se encomendaba a ella.
El Gral. Oribe vivía en la Unión (Montevideo), y pidió a Don Felipe Irurreta de Florida, de quien era amigo, la medida de la cabezita de la Virgencita de los Treinta y Tres. La corona fue entregada más tarde al Cura Vicario Pbro. Majesté.
2. La placa colocada por mons. Mariano Soler.
En 1894 mons. Soler, primer Arzobispo de Montevideo, ordenó colocar ante el nicho que guardaba la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres en la Catedral de Florida, una placa de mármol que dice textualmente refiriéndose a la imagen de la Virgencita: “Ante ella los Treinta y Tres inclinaron su bandera e invocáronla también los convencionales de la independencia”.
3. La Coronación. Mons. Humberto Tonna solicitó al Papa el privilegio de la coronación para la imagen de la Virgencita de los Treinta y Tres. El Papa Juan XXIII concedió esa gracia el 8 de marzo de 1961. Motivo por el cual la celebración de noviembre de ese año tuvo un carácter único: en solemne Misa, con la presencia del Nuncio Apostólico y de todos los Obispos del Uruguay, de autoridades de gobierno y peregrinos de todos los puntos del país, se realizó la coronación de la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres. Al año siguiente, el 21 de noviembre de 1962 el Papa nombró a la Virgen María bajo esta advocación como “PATRONA DEL URUGUAY”. Así la fiesta de la Virgen ha adquirido un carácter nacional.
4. Monumento histórico
El Poder Ejecutivo del Uruguay al conmemorarse el 25 de agosto de 1975 el sesquicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional declaró Monumento Histórico a la Santa Iglesia Catedral y a la Imagen de la Virgen de los Treinta y Tres.
5. Las visitas del Papa Juan Pablo II
La Virgen de los Treinta y Tres presidió la Celebración de la Eucaristía, oficiada por Juan Pablo II en Tres Cruces (Montevideo) con ocasión de la primera visita del Papa al Uruguay en Abril de 1987. Presidió también la Celebración en Florida en la que el Papa ordenó Sacerdotes a 13 Diáconos, el 8 de mayo de 1988. En todos los discursos y homilías realizados con ocasión de sus dos visitas, el Papa hizo alusión a la Virgen de los Treinta y Tres.
Devociones y celebraciones
Como en todos los países, sobre todo en América, el santuario fue centro de reunión, tanto en las fiestas como en las desgracias del pueblo.
Según testimonios muy antiguos, siempre que había pestes y secas se hacían procesiones de rogativas con la Virgen de los Treinta y Tres. Luego de obtenida la gracia, se rezaba la misa de acción de gracias y se daba la bendición con el Santísimo. Ocasiones especiales de rogativas fueron las desgracias colectivas, como el cólera en 1866, o epidemias como el tifus y la viruela. La primera peregrinación nacional se realiza el 15 de agosto de 1908, organizada por la Congregación Mariana Mayor de Montevideo. Entre las principales peregrinaciones, enumeramos las siguientes: Gran peregrinación de las Damas Católicas e Hijas de María, el 6 de octubre de 1912. Dos peregrinaciones de las Hijas de María de la Medalla Milagrosa de la Unión el 13 de setiembre de 1914, y el 12 de setiembre de 1915. La Liga de Damas Católicas de San José el 13 de octubre de 1912. Los católicos de Mercedes el 12 de octubre de 1913. Los católicos y Ligas de Durazno y Sarandí Grande, efectuaron varias peregrinaciones, dejando la bandera de los Treinta y Tres y los dos faroles del Comulgatorio como recuerdo. Las peregrinaciones de Mercedes y San José, dejaron como recuerdo de su venida las dos lámparas que están en el nicho de la Virgen. En 1913 vino una peregrinación de los alumnos seminaristas del Colegio-Seminario de Montevideo. En 1942 comienzan a tomar una forma distinta las peregrinaciones a la Virgencita, dando participación a toda la diócesis de Florida y Melo. En 1945 el Obispo Diocesano mons. Miguel Paternain tuvo la feliz y original idea de hacer un recorrido llevando la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres por toda la diócesis, casi medio Uruguay.
El recorrido que duró del 6 al 28 de octubre de 1945 dio lugar a pequeñas misiones populares en las grandes ciudades por donde pasó: Minas, Treinta y Tres, Melo, Tacuarembó, Paso de los Toros, Durazno, Sarandí y Florida. En los pequeños pueblos y a lo largo del camino -en largos trechos no existía aún la carretera- se congregaba la gente con inusitado entusiasmo. En todas partes fue hermosa ocasión para unir la devoción a la tradición patria, con homenajes típicos de caballadas, desfiles de carretas y carros.
Desde entonces la peregrinación ha constituido una celebración clásica en toda la diócesis, y se realiza el segundo domingo de noviembre. El esquema tradicional de Misa solemne por la mañana y procesión por la tarde por las calles de la ciudad, ha ido evolucionando. Ahora se realiza una gran Concelebración al aire libre, en el parque donde se leyera el acta de la Declaratoria de la Independencia Nacional en 1825. Las largas caminatas han sido sustituidas por celebraciones más reposadas, en base a la lectura y meditación de la Palabra. Desde hace algunos años se realiza, fundamentalmente para jóvenes, una caminata de 13 kms de recorrido llevando la Imagen de la Virgen, rezando, cantando y reflexionan do sobre la temática del año.

Oración a la Virgen de los Treinta y Tres
“Santísima Virgen María, ante cuya imagen
inclinaron su bandera y doblaron
reverentes su rodilla
los fundadores de nuestra Patria
Protege siempre a este pueblo
nacido a tu sombra bienhechora.
Haz ¡Oh Madre!
que en nuestros hogares florezcan la religión y
todas las virtudes cristianas.
Haz que veamos el reinado de Cristo,
que es el de la verdad y la justicia.
Alcánzanos estas gracias y la de la eterna salvación,
de tu hijo Jesucristo que con el Padre y el Espíritu Santo
vive y reina por los siglos
de los siglos.
Amén”