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domingo, 25 de diciembre de 2022

Nochebuena (Carmelo Bueno Heras)

 

Nochebuena, aire sano y gratis.

Navidad, fuego, calor, casa y hogar. 

Nochevieja, agua constante y limpia.

Añonuevo, luz inmensa y radiante.

Todo lo demás, 

tan importante y tan humano,

lo encontraremos tú y yo, 

a la vez cocinándose y cocinado,

en el archivo adjunto.

Carmelo Bueno Heras

24. Diciembre. 2022


lunes, 25 de diciembre de 2017

¿Cómo fue el Nacimiento de Jesús en Belén? En sus visiones, la beata Emmerich lo cuenta con detalle 25122017

«Al cabo de un largo rato vi que el niño rebullía y lo oí llorar»

¿Cómo fue el Nacimiento de Jesús en Belén? En sus visiones, la beata Emmerich lo cuenta con detalle

¿Cómo fue el Nacimiento de Jesús en Belén? En sus visiones, la beata Emmerich lo cuenta con detalle
La beata Emmerich cuenta con detalle todo lo que rodeó al nacimiento de Cristo

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25 diciembre 2017
“El resplandor en torno a la Santísima Virgen se hacía cada vez mayor y ya no se veía la luz de la lámpara que había encendido José. La Santísima Virgen estaba vuelta a Oriene y arrodillada sobre su colcha de dormir, con su amplio vestido suelto y extendido en torno a ella”.

Este fue el momento justamente previo a que la Virgen María diera a luz a Cristo, el Salvador, tal y como lo relató la beata Ana Catalina Emmerich, que recibió el don especial para revelar cómo fue la vida de Jesús y la propia María a través de lo que ella llamaba “cuadros”, una especie de fotogramas que veía al mismo tiempo que se producían estos acontecimientos históricos.

Las visiones de una beata que tuvo los estigmas de la Pasión
Esta religiosa alemana, declarada beata, sufrió los estigmas de Jesús y se alimentaba únicamente de la Eucaristía. Esta humilde mujer nació a finales de siglo XVIII y aunque sus visiones no son dogma de fe, la Iglesia considera particulares de gran valor para acercarse, en este caso, a la figura de la Virgen. Durante un largo tiempo el escritor Clemente Brentano fue recogiendo de boca de la Emmerich estas visiones y que ahora están publicadas en libros como La vida oculta de la Virgen María y La Amarga Pasión de Cristo.

En su relato, la monja agustina explica con detalle todo lo que vio de este momento clave para la humanidad. Así, recuerda que “a las doce de la noche (la Virgen) se quedó arrobada en oración: la vi elevarse sobre la tierra de modo que podía verse  el suelo debajo (…)  Entonces ya no vi más el techo de la gruta, y una vía de luz se abrió entre María y lo más alto del Cielo con un resplandor cada vez más alto”.



Coros de espíritus celestiales
Según explicaba la beata, “en esta vía de luz apareció un maravilloso movimiento de glorias que se interpretaban y se acercaban perceptiblemente en forma de coros de espíritus celestiales”.

Y entonces se produjo el Nacimiento del Mesías, el Señor, pues “la Santísima Virgen, que levitaba en éxtasis, rezaba ahora mirando hacia abajo, al suelo, a su Dios en cuya madre se había convertido, que yacía ante ella en el suelo como un recién nacido desvalido”.

Así vio Ana Catalina Emmerich a Jesús recién nacido: “Vi a Nuestro Salvador como un niño muy pequeño y refulgente cuya luz sobrepasaba la del esplendor circundante, acostado en la manta delante de las rodillas de la Santísima Virgen. Para mí era como si fuera muy pequeñito y se fuera haciendo más grande ante mis ojos. Pero todo esto solo era un movimiento del otro resplandor tan grande, que no puedo decir con seguridad cómo lo he visto”.

El niño, sostenido en brazos por María
Siguiendo con esta visión en la gruta de Belén, cuenta que la Virgen “estuvo así arrobada todavía un rato y vi que le puso al niño un paño, pero no lo tomó en brazos ni lo levantó. Al cabo de un largo rato vi que el niño rebullía y lo oí llorar, y entonces fue como si María volviera en sí: levantó al niñito de la alfombra y lo envolvió en el pañal que le había puesto encima y lo sostuvo en brazos junto a su pecho. Luego se sentó y envolvió completamente al niño en su velo: creo que María daba de mamar al Salvador. Entonces vi en torno a ella ángeles de figura totalmente humana adorando con el rostro en el suelo”.


Puede adquirir el libro sobre las visiones de la beata Ana Catalina Emmerich sobre la Virgen María pinchando AQUÍ

Un poco después  recuerda la humilde monja, a la que gracias a sus indicaciones se hallaron los restos de la casa de la Virgen en Éfeso, que “ya habría pasado más de una hora desde el nacimiento cuando María llamó a José, que todavía estaba en oración. Cuando se acercó, se postró sobre su rostro con fervor, alegría y humildad, y sólo se levantó cuando María le pidió varias veces que lo apretara contra su corazón y diera gracias alegremente por el sagrado regalo del Altísimo. Entonces José se incorporó, recibió en sus brazos al niño Jesús y alabó a Dios con lágrimas de gozo”.

Sumidos en la contemplación
A continuación, prosigue la beata con su visión, “la Santísima Virgen envolvió al niño en pañales. En este momento no recuerdo la forma de envolverlo en pañales, sólo sé que uno era rojo, y sobre él una envoltura blanca hasta debajo de los bracitos y otro pañalito más por arriba hasta la cabecita. María solamente tenía cuatro pañales”.

"Luego vi a María y José sentados en el suelo desnudo con las piernas cruzadas uno junto a otro. No hablaban y parecían sumidos en contemplación. Sobre la alfombra delante de María yacía envuelto como un bebé, Jesús recién nacido, hermoso y radiante como un relámpago. ¡Ay!, pensé, este lugar contiene la salvación del mundo entero y nadie tiene ni la menor idea”, recogía Brentano de labios de la monja alemana.

Después de esto colocaron al Niño en el pesebre, que según Emmerich, “estaba lleno de juncos y hierbas finas y revestido con un cobertor que colgaba por los costados. El pesebre estaba encima del abrevadero de piedra que había a la derecha de la entrada de la cueva”.

María y José lloraban de alegría
Una vez que María y José dejaron ahí al niño, “los dos se quedaron de pie a su lado cantando himnos entre lágrimas de alegría”.



El gozo de la Creación
El Nacimiento de Cristo recorrió el mundo y cuenta que “Vi que los corazones de muchas buenas gentes se llenaron de jubiloso anhelo, y los corazones de los malos de gran temor. Muchos animales se movían alegremente, y en muchos lugares vi que las flores se enderezaban y que las hierbas, árboles y arbustos expandían aromas y destilaban bálsamos. Muchas fuentes se hinchieron y brotaron, y en la cueva de la loma al sur de la Cueva del Pesebre brotó una caudalosa fuente a la hora que nació Jesús, que a la mañana siguiente San José enmarcó y la preparó un cauce”.

La llegada de los pastores
A la mañana siguiente llegaron tres mayorales de los pastores a los que el Ángel se les había aparecido aquella noche. “Cuando llamaron tímidamente a la Cueva del Pesebre, San José salió a recibirlos cordialmente. Ellos le dijeron lo que les había anunciado esa noche el ángel, y que venían a adorar al Niño de la Promesa y a regalarle sus pobres dones. José aceptó sus regalos con humilde gratitud e hizo que llevaran los animales a la cueva cuya entrada estaba junto a la puerta Sur de la Cueva del Pesebre, adonde los acompañó”.

Ana Catalina Emmerich prosigue asegurando que José “luego llevó a los tres mayorales a ver a la Santísima Virgen, que estaba junto al pesebre sentada en el suelo encima de una manta con el Niño Jesús en el regazo. Los pastores, con sus cayados en la mano, se hincaron de rodillas humildemente delante de Jesús. Lloraban de alegría y permanecieron mucho rato con gran dulzura y sin palabras. Luego cantaron el himno de alabanza que los ángeles habían cantado esa noche y un salmo que he olvidado. Cuando quisieron despedirse, la Santísima Virgen les puso a uno tras otro el Niño Jesús en brazos. Se lo devolvieron con lágrimas y abandonaron la cueva”.
 

domingo, 24 de diciembre de 2017

Natividad del Señor (Misa de medianoche) 24122017

domingo 24 Diciembre 2017

Natividad del Señor (Misa de medianoche)



Con San Pablo exclamamos en la entrada de esta celebración: «Ya se cumple el tiempo en el que Dios envió a su Hijo a la tierra» (Gál 4,4). En la oración colecta (Veronense) pedimos al Señor Jesús que venga y no tarde, para que su venida consuele y fortalezca a los que esperan todo de su amor.
–2 Samuel 7,1-5.8-11.16: El trono de David durará para siempre. No será David el que edifique el templo del Señor. Pero el Señor le premia su buena intención, y le promete la perennidad de su dinastía. Por eso el Mesías será hijo de David y su reino será eterno. En el tierno Niño de Belén hemos de ver al fuerte y poderoso Rey divino, al Señor del universo, al Fundador del Reino de la Verdad y de la Vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia del amor y de la paz.
La fe debe hacernos contemplar la corona y el cetro que la vista corporal no alcanza a ver. El Padre eterno decreta: «Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión» (Sal 2,6). Y Cristo, el nuevo Rey, lo proclama ante el mundo: «El Señor me ha dicho: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Pídemelo y te daré en herencia las naciones y te haré dueño de todos los confines de la tierra» (7-8).
Nosotros creemos en su reinado, nos sometemos a su imperio, nos consideramos dichosos de ser conducidos, mandados y regidos por Él. Adoraremos al Rey en un pesebre, y lo veneraremos en su Ascensión a la derecha del Padre, cuando diga: «Se me ha dado todo poder sobre los cielos y sobre la tierra» (Mt 28,18). ¡Nos entregamos totalmente a su dominio! ¡Queremos servirle, vivir y morir en su santo servicio!
Ese reinado no se funda ni en la carne, ni en la sangre, ni en la raza, ni en el nacimiento, ni en las armas, ni en los ejércitos, ni en riquezas o grandes extensiones de tierra. No se funda tampoco en las dotes naturales del hombre: en su inteligencia, en sus ascendientes, ni en su influencia; tampoco en su cultura, en su renombre o en su perspicacia. Solo se funda en dos cosas: en la gracia divina y en la buena voluntad del hombre para recibir esa gracia. Abrámonos a esa gracia divina.
–Con el Salmo 88 cantamos eternamente las misericordias del Señor. Dios prometió a David un reino para siempre, un trono para la eternidad, y por eso su fidelidad permanece en todas las edades. En Navidad se renueva esa alianza maravillosa en favor de todos los hombres:
«Anunciaré Su fidelidad por todas las edades. Porque dije: “Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad”. Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: “Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono por todas las edades”. Él me invocará: “Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora”. Le mantendré eternamente mi favor, mi alianza con él será estable». Solo en Cristo se ha realizado plenamente esta formidable promesa del Señor.
–Lucas 1,67-79: Nos visitará el Sol que nace de lo alto. Zacarías en el Benedictus descubre la misteriosa realidad escondida en aquellos niños, Juan y Jesús. En una hora de inspiración inefable, es profeta que declara y anuncia las obras de Dios, a quien alaba en el comienzo de la salvación. La fuerza de Dios se ha hecho presente en el seno de una Virgen. El Mesías viene a dar la libertad que es necesaria para servir a Dios con santidad y justicia. En el Mesías, el pueblo de Dios será regido por un Rey bueno, pacífico y salvador. Juan será el heraldo, la voz. Su grandeza está en preparar el camino del Señor, llevar al pueblo al conocimiento del Salvador. Oigamos a San Ambrosio:
«Considera qué bueno es Dios y qué pronto para perdonar los pecados. No solo le da a Zacarías lo que le había quitado, sino que le otorga también lo que no esperaba. Este hombre, después de largo tiempo mudo, profetiza; pues ésta es la máxima gracia de Dios, que aquellos que le habían negado le rindan homenaje.
«¡Que nadie pierda, pues, la confianza! Que nadie, con el recuerdo de sus faltas pasadas, desespere de las recompensas divinas. Dios sabrá modificar su sentencia, si tú sabes corregir tu falta» (Comentario Evang. Lucas II,33).
La misericordia de Dios, como ya había sido prometido a Abraham, ha hecho nacer de su descendencia el Sol que ilumina los pasos de los hombres por el camino de la paz, aunque muchas veces se obstinen en esconderse en las tinieblas del error y del pecado. «La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la admitieron. Él vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron» (Jn 1,5.11). Oigamos a San Juan Crisóstomo, que nos exhorta a recibir a Cristo:
«Él se nos ofrece para todo. Y así nos dice: “si quieres embellecerte, toma mi hermosura. Si quieres amarte, mis armas. Si vestirte, mis vestidos. Si alimentarte, mi mesa. Si caminar, mi camino. Si heredar, mis heredades. Si entrar en la patria, yo soy el arquitecto de la ciudad...
«“Y no te pido pago alguno por lo que te doy, sino que yo mismo quiero ser tu deudor, por el mero hecho de que quieras recibir todo lo mío. Yo soy para ti padre, hermano, esposo; yo soy casa, alimento, vestido, raíz, fundamento, todo cuanto quieras soy yo; no te veas necesitado y carente de algo. Incluso yo te serviré, porque vine “para servir, y no para ser servido” (Mt 20,28). Yo soy amigo, hermano, hermana, madre; todo lo soy para ti, y solo quiero contigo intimidad. Yo soy pobre por ti, mendigo para ti, crucificado por ti, sepultado por ti. En el cielo estoy por ti ante Dios Padre; y en la tierra soy legado suyo ante ti. Todo lo eres para mí, hermano y coheredero, amigo y miembro. ¿Qué más quieres? ¿Por qué rechazas al que te ama y trabajas en cambio para el mundo, echándolo todo en saco roto?”» (Homilía 76 sobre Evg. Mateo).
Dejémosle al Salvador nacer de nuevo en nuestros corazones. El hombre de buena voluntad, que hoy abre su corazón a la verdad y al bien, el que está dispuesto a recibir sencillamente y con rectitud la verdad y a practicar el bien, alcanzará la amistad de Cristo y la posesión del reino de Dios. ¡Tan amplios y universales y, al mismo tiempo, tan sencillos son sus fundamentos! Dejemos que el Sol que nace de lo alto ilumine nuestras tinieblas. Sometámonos al reinado de Cristo. En él encontraremos la verdad, la paz y la vida.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Padre Antonio Rivero: “Las paradojas de la Nochebuena” 21122017

Padre Antonio Rivero: “Las paradojas de la Nochebuena”

Comentario litúrgico de Nochebuena, 24 de dic. de 2017
Natividad © Cathopic
Natividad © Cathopic
NochebuenaCiclo BTextos: Is 9, 1-3, 5-6; Tit 2, 11-14; Lc 2, 1-14
Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor de Humanidades Clásicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legión de Cristo en Monterrey (México).
Idea principal: Las paradojas de Dios en esta Nochebuena.
Síntesis del mensaje: Dios hecho hombre. El Eterno descendió al tiempo. El Inabarcable e Infinito cabe en los brazos de María. La Palabra del Padre en silencio. El Inmensamente Rico recostado en un pesebre y envuelto en unos pañales. El Alimentador del género humano pendiente del pecho de María para no morir. El Fuego ardiente de caridad tiritando de frío en esa noche helada de invierno. El Deseado de las naciones rechazado; y como no había lugar para él en el mesón de este mundo humano, tuvo que nacer en una cueva de animales.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, ¿por qué y para qué de esta paradoja? Porque se cumplió el tiempo, el “kairós” pensado por Dios desde toda la eternidad para reconquistar al hombre caído y hacerle entrar en la luz (primera lectura). Y todo por pura benignidad de Dios, para convertirnos en pueblo suyo (segunda lectura), para devolverle su gloria y traer la paz tan deseada a toda la humanidad (evangelio). Paz con esa densidad bíblica: bienestar, prosperidad, desarrollo, alegría, justicia. Paz que es armonía entre hombre y hombre; entre hombre y cosmos; entre hombre y Dios. La paz es la definición misma de Cristo, “Príncipe de la paz”. Paz es vida, amor, salvación, donación. “No apaguemos la llama ardiente de esta paz encendida por Cristo” (François Mauriac).
En segundo lugar, ¿cómo fue esta paradoja? En la sencillez de los personajes: una doncella humilde y pura; un casto varón, justo y sin dinero; y un niño indefenso toda candor y ternura; unos pastores pobres sin poder, sin influencias ni títulos, que vivían a la intemperie y en vida seminómada. En la sencillez del lugar: no en la Jerusalén prestigiosa y religiosa, sino en la pequeña ciudad de Belén, lugar del pan; ese pan tierno de Jesús que necesitará cocerse durante esos años de vida oculta y pública, hasta llegar al horno del Cenáculo y Calvario; y llegará a nosotros misteriosamente en cada misa. En la sencillez de la cueva miserable de animales porque los humanos no le dieron posada. En la sencillez de la noche, sin estruendos de cohetes, bengalas y fuegos artificiales. 
Finalmente, ¿a cambio de qué esta paradoja? De que nuestros ojos le miren con ternura y le sonrían, y así de nuestros ojos caigan las escamas de nuestras miopías. De que nuestros labios le besen y queden así purificados, libres de mentiras y palabras indecentes. De que nuestros brazos le acojan, y queden bien fortalecidos para sostener al caído en el camino. De que nuestras manos le acaricien y se abran a la generosidad con los que sufren y estén necesitados. De que nuestra rodillas se doblen y le adoren en la oración como Dios y Señor. De que nuestra corazón sea un dulce mesón donde invitar a Jesús.
Para reflexionar: Con san León Magno reflexionemos: “No puede haber lugar para la tristeza, cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa. Que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos; nuestro Señor, en efecto, vencedor del pecador y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca a la recompensa; regocíjese el pecado, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida”(Sermón I sobre la Natividad, 1-3).
Para rezar: Terminemos con esta oración: “Niño del pesebre, pequeño Niño Dios, hermano de los hombres. El alma se me llena de ternura y el corazón de dicha, cuando te veo así, pequeño, pobre y humilde, débil e indefenso, recostado en las pajas del pesebre. Enséñame, Jesús, a apreciar lo que vale tu dulce Encarnación. Ayúdame a comprender el profundo sentido de tu presencia entre nosotros. Haz que mi corazón sienta la grandeza de tu generosidad, la profundidad de tu humildad, la maravilla de tu bondad y de tu amor salvador. No te pido entender las paradojas de Belén sino de saborearlas con el corazón extasiado en fe y gratitud”.
Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: arivero@legionaries.org

martes, 27 de diciembre de 2016

La ternura que suscita el niño de Belén recién nacido, es lo contrario de lo que genera tanto sufrimiento, destrucción y muerte 27122016

La ternura que suscita el niño de Belén recién nacido, es lo contrario de lo que genera tanto sufrimiento, destrucción y muerte

Contemplemos la sencillez frágil de un niño recién nacido. Francisco - RV
27/12/2016 16:37
REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz 
 
Por eso el Papa nos invita a mirar a Jesús: “contemplemos la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado, la ternura de los pañales que lo cubren. Allí está Dios”, dijo la misa de Noche Buena de 2016.
A mí me impresiona lo simple del proceso espiritual. Porque cuando se mira al niño recién nacido envuelto en pañales crecen los sentimientos y afectos de ternura, de compasión por la pobreza de este niño; de servicio y ayuda, hasta el punto que muchos ofrecen sus personas y sus vidas al servicio de una misión tan noble. Mientras que la ceguera interior de pequeños rencores y resentimientos que dejamos entrar y poco a poco envenenan el alma, igual que codicia de poder y de riquezas, son la fuerza del mal que genera tanto sufrimiento y destrucción en la familia, en las comunidades, en el mundo. Y también tantos mártires asesinados en número mayor al de los primeros tiempos, “porque el mundo quiere esconder sus obras malignas” (27/12/16).
Miremos al niñito Jesús para que su ternura nos conjure las sentimientos y afectos dañinos de los que solo él puede liberarnos. Dejemos las obras del mal y llenémonos de la ternura, la compasión, el amor, la alegría de Dios. Sí, la alegría de Dios.

lunes, 26 de diciembre de 2016

EL PADRENUESTRO DE NOCHEBUENA 24 de diciembre

EL PADRENUESTRO DE NOCHEBUENA
Dios Padre
Padre nuestro.
Padre de Jesús, Padre nuestro.
Padre de todos los seres del mundo.
Que estás en los cielos.
Que estás cuando te abrimos las puertas,
y en los pesebres y en los portales
donde hay un poquito de amor.
Santificado sea tu nombre
Que la gente aprenda a bendecirte.
Que los niños del mundo tengan tu nombre
como el nombre de un buen amigo.
Venga a nosotros tu reino.
Que aprendamos a vivir
como Tú nos enseñaste,
acercándonos a los pequeños y enfermos,
dando ayuda a los más necesitados.
Hágase tu voluntad.
Que nos amemos todos.
Que nos amemos mucho y siempre.
Que logremos que todos se sientan
queridos de verdad.
El pan para todos dánoslo también hoy.
Que entre todos logremos que haya
pan para todos.
Que sepamos querernos
y aprendamos a compartirlo,
y que nos sintamos más felices
compartiendo que acaparando.
Perdónanos
Nosotros estamos aprendiendo a perdonar.
Tú nos enseñas y nosotros aprendemos.
Hoy no tenemos ningún enemigo.
Vamos a enseñar a la gente
a que viva mucho mejor
perdonando que vengándose.
Y no nos dejes caer en la tentación
de abusar, de fastidiar, de amenazar.
Enséñanos
que el amor es mejor que la guerra,
que el piano es mejor que la metralleta,
que la sonrisa es mucho mejor
que el grito amenazador.
Que no abusemos de nadie.
Que no dejemos que los fuertes
abusen de los débiles.
Líbranos del mal
De todos los males:
del hambre y la tristeza;
de los accidentes y la guerra,
de las enfermedades y las injusticias,
y enséñanos a librar a todos
de sus males.
Amén.
Por tu Hijo pequeño.
Por tu Madre preciosa.
Por tu buen corazón.
Por esta Nochebuena

Les deseo una Felicísima Nochebuena.

Javier López
Web Católico de Javier
http://webcatolicodejavier.org

sábado, 24 de diciembre de 2016

Oración familiar para poner al Niño en el pesebre 24122016

Oración familiar para poner al Niño en el pesebre

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Pesebre. Foto: Dominio Público.
Pesebre. Foto: Dominio Público.
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REDACCIÓN CENTRAL, 24 Dic. 16 / 06:00 am (ACI).- Antes de la medianoche del 24 de diciembre, cuando estés reunido o reunida con tu familia para colocar la imagen del Niño Dios en el pesebre, te invitamos a recitar esta breve oración para pedirle a Jesús que también nazca en tu corazón y en el de tus seres queridos.
Lector 1:
Querido Padre, Dios del cielo y de la tierra:
En esta noche santa te queremos dar gracias por tanto amor. Gracias por nuestra familia y por nuestro hogar. Gracias por nuestros amigos, vecinos y por las personas que trabajan con nosotros.
Bendícenos en este día tan especial en el que esperamos el nacimiento de tu Hijo. Ayúdanos a preparar nuestros corazones para recibir al Niño Jesús con amor, con alegría y esperanza. Estamos aquí reunidos para adorarlo y darle gracias por venir a nuestro mundo a llenar nuestras vidas.
Hoy, al contemplar el pesebre, recordamos especialmente a las familias que no tienen techo, alimento y comodidad. Te pedimos por ellas para que la Virgen y San José les ayuden a encontrar un cálido hogar.
Lector 2:
Padre bueno, te pedimos que el Niño Jesús nazca también en nuestros corazones para que podamos regalarle a otros el amor que Tú nos muestras día a día. Ayúdanos a reflejar con nuestra vida tu abundante misericordia.
Que junto con tus Ángeles y Arcángeles vivamos siempre alabándote y glorificándote.
(En este momento alguien de la familia pone al Niño Jesús en el pesebre, o si ya está allí, se coloca un pequeño cirio o una velita delante de Él).
Lector 3:
Santísima Virgen María, gracias por aceptar ser la Madre de Jesús y Madre nuestra, gracias por tu amor y protección. Sabemos que día a día intercedes por nosotros y por nuestras intenciones, gracias Madre.
Querido San José, gracias por ser padre y protector del Niño Jesús, te pedimos que ruegues a Dios por nosotros para que seamos una familia unida en el amor y podamos ser ejemplo de paz y reconciliación para los demás.
Amén.
Rezar: 1 Padre Nuestro, 1 Ave María, 1 Gloria.
Para finalizar se puede entonar algún villancico y todos se dan un abrazo de paz.