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lunes, 18 de noviembre de 2019

Lula y Bolsonaro: confrontación de dos proyectos de Brasil (Leonardo Boff) 17112019


Lula y Bolsonaro: 

confrontación de dos proyectos de Brasil

2019-11-17


            La liberación del expresidente Lula de la prisión, bajo la presidencia de Bolsonaro, ha suscitado una confrontación dramática entre dos proyectos de Brasil. Más que opuestos, son antagónicos. Sin forzar los términos, parece la actualización de la visión del mundo de los gnósticos que leían la historia como una lucha entre el bien y el mal, o según La Ciudad de Dios, de San Agustín, entre el amor y el odio.
            Efectivamente el proyecto de Bolsonaro se funda en la difusión del odio a los homoafectivos, a los LGBTI, a los negros y a los pobres en general y en la exaltación de dictaduras hasta el punto de ensalzar a torturadores notorios. Lula afirma que en él no hay odio, sino el amor que lo llevó y lleva a implementar políticas sociales de inclusión de millones de marginados garantizándoles los mínimos vitales. 
            Hay que reconocer que este escenario proyecta una visión poco dialéctica, escindiendo la historia entre la sombra y la luz, pero infelizmente así es, aunque rechace este tipo de dualismo. 
            Todo esto sucede en un contexto de ascenso mundial del conservadurismo, del fundamentalismo político y religioso, y de la exacerbación de la lógica del capital que se expresa en un neoliberalismo ultra radical, hecho opción axial del gobierno Bolsonaro. Observemos que este radicalismo neoliberal formulado por las escuelas de Viena y de Chicago, de donde viene Paulo Guedes, sustenta que “no hay derechos fuera de las leyes del mercado y que la pobreza no es un problema ético sino una incompetencia técnica, pues los pobres son individuos que, por culpa propia, perdieron la competición con los otros”. De ese presupuesto teórico se deriva que no hay por qué ocuparse de políticas para los pobres. Es un gobierno de ricos para ricos. 
            Por el contrario, Lula afirma la centralidad de la justicia social a partir de las grandes mayorías víctimas del orden capitalista. Propone una democracia social y participativa con la inclusión de esas mayorías. Quiso realizar este proyecto con un presidencialismo de coalición de partidos, lo que considero su gran equivocación, en vez de apoyarse en los movimientos sociales, de donde vino, como lo hizo con éxito el presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma, recientemente depuesto por un golpe clasista y racista. 
            En Brasil, el racismo y la intolerancia –que siempre estaban ahí, pero recogidos en el armario– han irrumpido explícitamente. Se ocultaban bajo el nombre de “cordialidad del brasilero”. Pero, como bien observó Sérgio Buarque de Hollanda (en Raizes do Brasil) esta cordialidad puede significar tanto llaneza y amor, como violencia y odio, puesto que ambas se albergan en el corazón; por eso lo de “cordial”. 
            Surfeando en esta onda nacional e internacional se eligió a Jair Bolsonaro y se detuvo y condenó al ex-presidente Lula, mediante el lawfare, por el cuerpo judicial que llevaba adelante el Lava Jato. 
            Jair Bolsonaro, incluso después de elegido, utiliza con frecuencia tanto las fake news, como la mentira directa, y gobierna con sus hijos de forma autoritaria y a veces burda. 
            Lula aparece como un reconocido carismático que habla al corazón de las masas desesperanzadas, proponiendo una democracia social, el Estado de derecho y la urgencia de recuperar lo que ha sido desmantelado. 
            Todo depende de en qué estilo se dará esta confrontación. Bolsonaro evita la confrontación directa, pues sabe de sus pocas luces; la ha dejado en manos de sus ministros de Justicia, Sérgio Moro, y de Hacienda, Paulo Guedes, mejor pertrechados. 
            Lo que Lula, a mi modo de ver, necesita es evitar es una confrontación en el mismo nivel de Bolsonaro. Es importante sacar a la luz lo que Bolsonaro oculta y no puede usar: la crudeza de los hechos, la tragedia que asola a las grandes mayorías humilladas y ofendidas. No cabe un  discurso de respuesta a Bolsonaro, pues él mismo es autodestructivo, sino hablar de forma positiva al corazón de las masas destituidas, denunciando objetivamente las maldades perpetradas por medidas excluyentes, contrarias a los derechos y a la propia vida. 
            Para resumir un largo razonamiento: sería inteligente asumir la actitud del mejor hombre que ha dado Occidente, el pobre y humilde Francisco de Asis. Con su sentido realista, sabía que la realidad es contradictoria, compuesta de lo dia-bólico (lo que divide) y de lo sim-bólico (lo que une). No recalca el lado oscuro de nuestra realidad, sino que fortalece su lado luminoso para que inunde la mente y el corazón. Proclama: “donde haya odio, que yo lleve amor; donde haya discordia, que yo lleve unión; donde haya desesperación que lleve yo esperanza; donde haya tinieblas, que lleve yo luz. 
            Esta opción supone la convicción de que ningún gobierno puede perdurar asentado en el odio, en la mentira y en el desprecio a los humildes de la Tierra. La verdad, la recta intención y el amor desinteresado pronunciarán la última palabra. No Caín sino Abel. No Judas sino Jesús. No Brilhante Ustra sino Vladimir Herzog.          


domingo, 13 de mayo de 2018

Encuentro con Lula en la prisión: espiritualidad y política (Leonardo Boff) 11052018


Encuentro con Lula en la prisión: espiritualidad y política

2018-05-11


            El 7 de mayo se cumplieron 30 días de prisión del ex presidente Lula. Se le concedió por primera vez recibir la visita de amigos. Tuve el honor de ser el primero en encontrarlo, por la amistad de más de 30 años y por la comunión en la misma Causa: la Liberación de los empobrecidos, y también para reforzar la dimensión espiritual de la vida. Cumplí el precepto evangélico: "estaba preso y me visitaste".
            Lo encontré como lo conocemos fuera de la prisión: rostro, pelo, barba... sólo que algo más delgado. Los que querían verlo rabioso o deprimido, deben estar decepcionados. Está lleno de ánimo y de esperanza. La celda es una amplia habitación, muy limpia, con armarios empotrados, baño y ducha en una zona cerrada. La impresión es buena, aunque viva en una celda de aislamiento, pues, a excepción de los abogados y de los hijos, sólo puede hablar con el guardián, de origen ucraniano, gentil y atento, que se ha vuelto un admirador de Lula. Le trae las bandejas de la comida, más calientes o más frías, y café siempre que lo solicite. Lula no acepta ningún alimento que los hijos le traen, porque quiere alimentarse como los demás presos, sin ningún privilegio. Tiene su tiempo de tomar el sol. Pero últimamente, mientras lo hace, aparecen drones sobre el espacio. Por precaución Lula se va pronto entonces, pues no se sabe cuál es el propósito de estos drones, si fotografiarlo o, quizá, algo más siniestro.
            Lo importante fue nuestra conversación sobre espiritualidad, en medio de comentarios sobre política... Lula es un hombre religioso, pero de la religiosidad popular, para la cual Dios es una evidencia existencial. Lo encontré leyendo un libro mío, El Señor es mi pastor, (de la editorial Voces) un comentario del famoso salmo 23, el más leído de los salmos, también por otras religiones. Se sentía fortificado y confirmado, pues la Biblia generalmente critica a los pastores políticos y exalta a los que cuidan de los pobres, de los huérfanos y de las viudas. Lula se siente en esta línea, con sus políticas sociales que beneficiaron a tantos millones. No acepta la crítica de "populista"; dice: "Yo soy pueblo y he venido del pueblo, y oriento la política, lo más que puedo, hacia el pueblo".
            En la cabecera de la cama hay un crucifijo. Aprovecha el tiempo de reclusión estricta para reflexionar, meditar, revisar tantas cosas de su vida y profundizar las convicciones fundamentales que dan sentido a su acción política, lo que su madre Lindu (que la siente como un ángel protector e inspirador) siempre le repetía: siempre ser honesto, y luchar, y luchar de nuevo. Ve en eso el sentido de su vida personal y política: luchar para que haya vida digna para todos y no sólo para algunos, a costa de los demás. La grandeza de un político se mide por la grandeza de su Causa, me dijo, enfáticamente. Y la Causa tiene que ser producir vida para todos, comenzando por los que menos vida tienen. En función de eso, no acepta derrotas definitivas. Ni quiere caer de pie. Lo que no quiere es caer. Sino mantenerse fiel a su propósito de base, y hacer de la política el gran instrumento para ordenar la vida en justicia y paz para todos, particularmente a los que viven en el infierno del hambre y de la miseria.
            Este sueño tiene una grandeza ética y espiritual innegable. Es a la luz de estas convicciones como se mantiene tranquilo, pues dice y repite que vive de esta verdad interior, que posee fuerza propia, y que quedará al descubierto un día. "Sólo quiero- comentaba- que sea después de mi muerte, pero aún en mi tiempo de vida". Se indigna profundamente por las mentiras que divulgan contra él y sobre ellas montan el proceso del tríplex. Se pregunta, "¿cómo pueden las personas mentir conscientemente y poder dormir en paz? Hace un desafío al juez Sergio Moro: "presénteme una sola prueba, de que soy dueño del tríplex de Guarujá; si me la presenta, renunciaré a la candidatura a la Presidencia".
            Me recomendó que pasara ese mensaje a la prensa y a los que están en el campamento: "Soy candidato. Quiero llevar adelante el rescate de los pobres y hacer de las políticas sociales en favor de ellos, políticas de Estado, y que los costos -que son inversión-, entren en los presupuestos de la Unión. Voy a radicalizar estas políticas para los pobres, junto a los pobres, y a dignificar nuestro país".
            La meditación le hizo entender que esta prisión tiene un significado que le trasciende a él, a mí, y a las disputas políticas. Debe ser el mismo precio que Gandhi y Mandela pagaron, con prisiones y persecuciones, para alcanzar lo que alcanzaron. "Eso creo, y espero -me dijo- que es eso lo que estoy pasando ahora".
            Yo que entré para animarlo, salí animado. Espero que otros también se animen y griten el "¡Lula libre!", contra una Justicia que no se muestra justa.      

lunes, 16 de abril de 2018

Lula, el carismático líder servidor (Leonardo Bpff) 17042018


Lula, el carismático líder servidor

2018-04-17


            Toda sociedad refuerza su identidad a través de grandes símbolos que le hacen ganar nitidez y le indican una dirección. Esos símbolos se encuentran en los monumentos referenciales como el Cristo del Corcovado, o en una ciudad entera como Brasilia, o en las imágenes de los profetas de Aleijadinho, en las estatuas que adornan las plazas y otras. Los nombres de las calles reavivan la memoria de escritores, de poetas, de artistas, de figuras que permanecen en la conciencia colectiva. En el mundo político no se puede negar la predominancia de Getúlio Vargas, uno de los mayores líderes políticos de nuestra historia, que dio otro rumbo a Brasil y lo introdujo en el mundo moderno, beneficiando particularmente a la clase trabajadora.
            En esta línea se sitúa la figura de Luiz Inácio Lula da Silva. Nadie puede negarle el carisma que tiene reconocido nacional e internacionalmente. Lo decisivo de su figura carismática es que proviene de las clases abandonadas por las élites que siempre ocuparon el Estado y elaboraron políticas que les beneficiaban a ellas, de espaldas al pueblo. Nunca tuvieron un proyecto para Brasil, sólo para sí mismas.
            De repente, irrumpe Lula en el escenario político con la fuerza de un carisma excepcional, representando a las víctimas de la tragedia brasileña, marcada por una desigualdad-injusticia social de las mayores del mundo. Incluso teniendo que aceptar la lógica del mercado capitalista, perversa porque es excluyente y por eso antidemocrática por naturaleza, logró abrir brechas que beneficiaron a millones de brasileños, comenzando con el programa 'Hambre Cero' y siguiendo con otras varias políticas sociales.
            Los que le critican de populista y asistencialista no saben lo que es el hambre, que Gandhi afirmaba que era "un insulto, porque humilla, deshumaniza y destruye el cuerpo y el espíritu; es la forma más asesina que existe". Siempre que se hace algo en beneficio de los más necesitados, surge la crítica de las élites adineradas y de sus aliados, de populismo y de asistencialismo cuando no de uso político de los pobres. Olvidan lo que es elemental en una sociedad mínimamente civilizada: la primera tarea del Estado es garantizar y cuidar la vida de su pueblo, y no dejarlo en la exclusión y en la miseria que hacen víctimas a sus niños y los hacen morir antes de tiempo. La ola de odio y de difamación que brota actualmente en el país nace del espíritu de los herederos de la Casa Grande: el desprecio que dedicaban a los esclavos lo han pasado a los pobres, a los negros, especialmente a las mujeres negras y a otras pobres.
            Lula con sus proyectos de inclusión no sólo sació el hambre y atendió a otras necesidades de casi 40 millones de personas, sino que les devolvió lo más importante, que es la dignidad y la conciencia de que son ciudadanos e hijos e hijas de Dios.
            El verdadero líder sirve a una Causa que más allá de él mismo. Como Presidente, Lula, hijo de la pobreza nordestina, se propuso que ningún brasilero tuviese que pasar hambre. Cuántas veces personalmente le oí decir que todo el sentido de su vida y de su política era dar centralidad a los pobres y arrancarlos del infierno de la miseria. Una vez, viniendo en coche con él desde São Bernando, al pasar por un lugar solitario, hizo parar el auto para confesarme: "muchas veces, saliendo de la fábrica, me senté aquí en esa hierba y lloraba porque no tenía nada para llevar a mis hermanos que en casa pasaban hambre". Como Jefe de Estado quiso crear las condiciones para que nadie tuviese que llorar por hambre.
            Lula fue y es un líder servidor de esta Causa. El líder carismático servidor habla a lo profundo de las personas. De ahí nace el entusiasmo y atracción que suscita. Cuántas veces, en mis andanzas por las comunidades de la periferia oí esta frase: "Lula fue el único que pensó en nosotros, los pobres, e hizo cosas buenas para nosotros". De él se pueden apuntar limitaciones, que pertenecen a la condición humana, incluso equivocaciones políticas, pero jamás se podrá decir que abandonó el propósito básico de su vida y de su acción política. Señal de ello es que pasaba las Navidades con los mendigos, cuidados por el Padre Júlio Lancelotti, bajo un puente en São Paulo. Se encontraba a sus hermanos y hermanas de destino mostrándoles solidaridad y compañía.
            La saña de los que quieren un Brasil de privilegios para pocos, ha conseguido aprisionarlo. Pero el sueño de un Brasil rico, ya sin miserables, jamás podrá ser apresado. Lula con su sueño es inmortal y se hace, como se dice en la tradición judía, "un justo entre las naciones".
            Estos pocos ejemplos muestran cómo se puede ser un líder político servidor del pueblo y suscitar en sus seguidores el mismo espíritu de servicio solidario y constructivo.
            Tal actitud apunta a otro tipo de Brasil, que queremos y merecemos, animado por representantes que hacen de la política, al decir de Gandhi "un gesto amoroso para con el pueblo y un cuidado por todo lo que es común". Lula se inscribe en esta honrosa tradición. 

martes, 23 de enero de 2018

En Porto Alegre: no es ser petista, es ser justo y defender la democracia (Leonardo Boff) 23012018

En Porto Alegre: no es ser petista, es ser justo y defender la democracia

2018-01-23


            El enjuiciamiento de Lula por el juez de primera instancia, Sergio Moro, y su argumentación final están totalmente vacíos de pruebas concretas. Abundan las deducciones y convicciones subjetivas, inapropiadas al ethos de un juez imparcial. No se acusa a Lula de tener cuentas en el exterior, que nunca tuvo, ni de haber desviado fortunas del erario en beneficio propio. Nada de eso. Se trata de un apartamento de tres pisos en Guarujá sin mayores calificaciones y de una finca en Atibaia, modesta, como modesta era la vida de su esposa María Leticia a la que, hija de agricultores, le gustaba cultivar la tierra.
            Las alegadas intervenciones de Lula junto a Petrobrás en favor de la constructora OAS, que a cambio le habría dado el triplex en Guarujá-SP, no se confirmaron. La solución fue entonces la invención de una justificación esdrújula y hasta vergonzosa para un juez mínimamente serio. Escribió: «si no hubo intervención de Lula, hubo sí un acto de oficio indeterminado». Esto equivale a decir: un acto no conocido y por eso inexistente. ¿Cómo puede un juez decidir sobre algo que él mismo no conoce? La situación colocó al juez Moro en dificultades cuando se hizo público que la OAS en negocios hechos en Brasilia empeñó el apartamento de Guarujá, signo de posesión y dominio del inmueble. Por lo tanto, no podía ser de Lula.
            El hecho es que no se ha identificado ningún crimen de Lula, mucho menos cuentas en offshores.
            Lo que ha quedado claro como la luz del sol es la voluntad condenatoria del juez Sergio Moro y de aquellos en cuyo nombre está actuando: las clases adineradas, el PSDB y parte significativa del PMDB con Temer al frente.
            No se puede usar metáforas y ocultar el discurso con malabarismos. Tenemos que decir abiertamente que hubo un golpe parlamentario-jurídico-mediático, hegemonizado por los grupos altamente adinerados (0,05% de la población) que controlan gran parte del área económica y mantiene al Estado rehén de los altos intereses que le cobran para que pueda cerrar sus cuentas. La verdad cristalina es que la elite dominante (según L.G. Belluzzo, no es élite, sólo hay ricos) comenzó a darse cuenta de que el poder proveniente del piso de abajo, con Lula, el PT y aliados, podría consolidarse y cambiar el rumbo del país con políticas sociales de inclusión de millones de pobres, amenazando así sus privilegios. Como siempre han hecho en la historia, organizaron un golpe.
            No hay que olvidar la afirmación muchas veces repetida de Darcy Ribeiro que nuestras clases opulentas y dominantes son las más reaccionarias y antisociales del mundo. Nunca pensaron un Brasil para todos; ni siquiera tienen un proyecto de nación. Están contentos con lo que el Pentágono (que también está implicado en el golpe, según fuentes fidedignas) y las grandes corporaciones mundiales están imponiendo: la recolonización de toda América Latina, particularmente de Brasil. A estos, en la división mundial del trabajo, sólo les cabe ser exportadores de commodities. Este proyecto asumido por los que dieron el golpe no está sólo privatizando los bienes públicos. Están desnacionalizando nuestro parque industrial, el petróleo y otros commons brasileros. Están desmontando el país. El objetivo es abrir espacio a las grandes corporaciones a costa de la disminución del Estado, para que ocupen nuestro mercado de 200 millones de consumidores y puedan acumular de un modo excesivo a costa nuestra.
            Alguien con más autoridad que yo, el economista Luiz Gonzaga Belluzo, en una entrevista fue al núcleo de la cuestión: El crimen de Lula, en realidad, fue dirigir un gobierno vuelto hacia los más pobres, un gobierno más popular y soberano, y eso, amigos y amigas, jamás será aceptado por la Casa Grande. Defender a Lula es defender la historia, es defender la justicia. No es ser petista, es ser justo.
            Lo que se juega el 24 de enero en Porto Alegre con los tres jueces de segunda instancia que van a juzgar a Lula es la definición del futuro de nuestro país: si aceptamos ser nuevamente colonia o si rechazamos ese proyecto indigno y llevamos adelante el sueño de tantos años, ahora reforzado, de refundar en el Atlántico Sur un país robusto, autónomo, social y justo, que se propone sanar la herida que sangra hasta el día de hoy: millones y millones de personas, víctimas de la Casa Grande de ayer y de hoy, los abandonados por ser considerados ceros económicos, en su mayoría hijos e hijas de la senzala, ante los cuales tenemos una deuda humanitaria hasta hoy nunca saldada.
            El pueblo está callado, pero está atento. Conoce los derechos que le han sido secuestrados y la carga que se le quiere poner sobre su espalda. Dependiendo de la decisión de los jueces de segunda instancia en Porto Alegre puede haber una especie de desbordamiento imparable.
            A los jueces sólo les recuerdo las palabras de la Revelación: “La ira de Dios vendrá sobre aquellos que en la injusticia aprisionan la verdad” (Rom 1,18). El instrumento de la ira de Dios será, esta vez, la acción indignada del pueblo.
            Por lo tanto, señores jueces de segunda instancia, traten de juzgar según la justicia para escapar de la ira de Dios y del furor del pueblo indignado.