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martes, 11 de febrero de 2014

Pactos Lateranenses: conciliación entre Iglesia y Estado

Pactos Lateranenses: conciliación entre Iglesia y Estado




(RV).- Uno de los compromisos más anhelados por Papa Pío XI quien elige la paz como lema de su pontificado «Pax Christi in regno Christi », fue el de la pacificación: la conciliación entre religión y patria, entre fe y política; y uno de los medios fue la constitución del Estado de la Ciudad del Vaticano, desde el cual el Sucesor de Pedro pudiera desarrollar su misión pacificadora.

Los Pactos lateranenses son el nombre de los acuerdos de mutuo reconocimiento entre Italia y la Santa Sede, firmados el 11 de febrero de 1929 gracias a los cuales, por primera vez desde la Unidad de Italia, fueron establecidas regulares relaciones bilaterales entre Italia y la Santa Sede. Los pactos lateranenses reconocen la independencia y soberanía de la Santa Sede y se constituye el Estado de la Ciudad del Vaticano.

Ya en su primera encíclica, Achille Ratti expresa: “El Papa, quienquiera que sea, repetirá siempre: Tengo pensamientos de paz, no de aflicción; pensamientos de paz verdadera, y por eso mismo, no separada de la justicia, para que pueda decirse: La justicia y la paz se han besado…”

Posteriormente, cuando la unidad de Italia se rompe, particularmente entre setiembre de 1943 y junio de 1944, con la ocupación nazi fascista de Roma, se desvela la importancia de este tratado, con la segura existencia del Estado Vaticano, desde el cual la Iglesia puede desarrollar su rol de reconstructora civil, además de defensora de la humanidad, rol que, hay que preguntarse, si y cómo hubiera sido posible, sin los títulos jurídicos y las garantías que estos Pactos habían establecido.

Griselda Mutual, RV


Pío XI y las conmemoraciones del 11 y 12 de febrero

Pío XI y las conmemoraciones del 11 y 12 de febrero




(RV).- Hemos apenas recordado - el pasado 10 de febrero- los 75 años, de la muerte del Papa Pío XI (1922-1939). De su fructífero pontificado, rememoramos la institución de los Pactos Lateranenses, acuerdo entre la Santa Sede y el Estado Italiano, el 11 de febrero de 1929, así como también la inauguración de Radio Vaticano, medio de comunicación y evangelización creado para ayudar a la divulgación del Magisterio del Papa, realizado por el científico italiano Guillermo Marconi e inaugurado por el mismo Pío XI el 12 de febrero de 1931, con el Mensaje radial Qui arcano Dei, el histórico documento dirigido específicamente por el Pontífice de la Iglesia universal, “a toda la creación, a Dios, a los católicos, a la jerarquía, a los religiosos, a los misioneros, a todos los fieles, a los infieles y disidentes, a los gobernantes, a los súbditos, a los ricos, a los pobres, a los obreros y a los empleadores, a los afligidos y a los perseguidos”.

Breve biografía de Pío XI

Achille Ambrogio Damiano Ratti, nació en Desio (Monza, Italia) el 31 de mayo de 1857. Entró en el seminario a los 10 años de edad, y en 1879 fue ordenado sacerdote. Luego de enseñar teología en el seminario, sus méritos académicos lo convirtieron primero en doctor y luego en prefecto de la Biblioteca Ambrosiana, una prestigiosa institución cultural que desde siempre ha sido un motivo de orgullo de la diócesis de Milán.

Transcurrió veintiséis años entre libros, estudiando, coleccionando y escribiendo obras de carácter histórico, litúrgico y hagiográfico, e interesándose por la literatura y el arte. Gracias a su vasta preparación científica, fue nombrado prefecto de la Biblioteca Vaticana en 1914.

Al finalizar la Gran Guerra, cuando los obispos de la Polonia finalmente libre piden al Papa un representante de la Santa Sede capaz de defender los derechos del pueblo cristiano, Benedicto XV envió al bibliotecario Ratti, quien supo consolidar la presencia católica en el Este europeo.

El 6 de febrero de 1922 el Cardenal Ratti es elegido Papa, asumiendo el nombre de Pío XI. En el curso de los diecisiete años de su pontificado, su acción se funda principalmente en la afirmación de los derechos de la Iglesia, en su libertad e independencia. No podemos dejar de mencionar la valiente acción política que Pío XI desarrolló en defensa de los valores cristianos, en años en los que predominaban regímenes totalitarios como el nazismo y el comunismo.

Ya desde 1926, cuando en México los católicos son bárbaramente perseguidos, el Obispo de Roma responde enérgicamente el 18 de noviembre con la Enciclica Iniquis afflictisque condenando esos abusos: llamamientos del Papa que se reiterarán los años siguientes.

Sus restos reposan en las Grutas Vaticanas, junto a las tumbas de Benedicto XV y Pío X.