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domingo, 17 de noviembre de 2019

El sacerdote indio que en países del Golfo Árabe predicó a Cristo y tocó a miles de musulmanes 14112019

El misionero fransaliano James Manjackal, popular predicador internacional

El sacerdote indio que en países del Golfo Árabe predicó a Cristo y tocó a miles de musulmanes

El padre Manjackal ha predicado en docenas de países, pero los del Golfo Pérsico han sido quizá los que más le han asombrado
El padre Manjackal ha predicado en docenas de países, pero los del Golfo Pérsico han sido quizá los que más le han asombrado
El padre James Manjackal es un popular predicador de la India que participa en retiros y encuentros de oración de todo el mundo, sobre todo ligados a la Renovación Carismática Católica.  Nació en 1946 en Cheruvally (Kerala, al sur de la India) y fue ordenado sacerdote en 1973, en la congregación de los fransalianos (Misioneros de San Francisco de Sales), fundada en Francia en el siglo XIX, con gran presencia en la India.
Uno de los lugares donde ha predicado y ha constatado frutos asombrosos es en los países del Golfo Pérsico, donde hay muchos trabajadores inmigrantes cristianos de origen indio. Pero no sólo habló allí a cristianos emigrados: también consiguió llegar a muchos musulmanes, afirma. "En los países del Golfo, Dios me ha utilizado para proclamar el Evangelio a los musulmanes, y ahora más de 10.000 musulmanes han recibido el Espíritu Santo y están viviendo en más de 120 grupos de oración intentando seguir a Cristo", ha escrito. En su libro Eureka, del año 2000, describió cómo surgieron estos grupos entre personas de origen musulmán y árabe. 
Un Pentecostés en el Golfo con los musulmanes
por James Manjackal
En 1996 me invitaron a predicar retiros a los inmigrantes cristianos en los Emiratos Árabes Unidos. En uno de estos retiros habían participado 33 musulmanes árabes sin que nadie lo supiera, porque según la ley no les estaba permitido participar en ningún encuentro cristiano. Los cristianos en estos países no pueden ni hablar del cristianismo a los musulmanes ni darles una Biblia o literatura cristiana.
El cuarto día del retiro se dirigieron a mí y me pidieron un retiro de Biblia para ellos solos, porque querían saber más sobre la figura de Cristo y les concedí la petición.
Cuando visité el sultanato de Omán, consagré todo el mundo musulmán al Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María en la tumba de Ana y Joaquín en Salalah. Cuando por curiosidad fui a visitar Omán - no sabía siquiera que un monumento así pudiera existir – encontré a unos cincuenta musulmanes orando, pidiendo diversas sanaciones.
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Musulmanes rezan en Salalah (Omán) en la Tumba del Profeta Imran, que en la tradición cristiana sería San Joaquín, el padre de la Virgen María; allí estuvo el padre Manjackal
Un hombre vino al frente y dio testimonio de muchas sanaciones que se habían producido mientras estaban orando. Tenían un libro en el que estaba escrito todo sobre María y su Hijo Jesús, el profeta; estos escritos provenían de su libro santo, el Corán. El hombre dijo que cuando oraban con este libro se producían sanaciones, porque Ana y Joaquín eran los padres de María, la Virgen más casta que jamás vivió en la tierra y de la que nació Jesús el profeta, quien sólo hacía milagros y sanaciones. Cuando escuché esto de la boca de un musulmán, me quedé sorprendido. Entonces elevé mi corazón a Jesús y Le entregué el mundo musulmán entero. Ya antes había tenido una visión en una oración donde Jesús me había dicho que tenía que ir a los musulmanes árabes para predicar. [...]
Cuando fui a predicar el Evangelio a los musulmanes en una tienda en el desierto, 256 musulmanes árabes estaban esperando oír de Jesús. Primero empecé con su libro, el Corán, donde se pueden leer muchos de los pasajes de nuestro Antiguo Testamento. El tercer día les expliqué los diez mandamientos. A partir de su propio libro les expliqué los castigos y maldiciones que alcanzarían a aquéllos que no los guardaran.
Cuando les pregunté qué solución tenían para el pecado, no tenían respuesta.
Según ellos, Dios, Alá, es un juez supremo que juzga a los justos para que vayan al cielo, que es un sitio con mucho confort material y placeres, cien veces más comparado con lo que tenemos aquí en la tierra; y juzga a los malos para que vayan al infierno, con muchas torturas físicas y sufrimientos mentales inimaginables, más allá de cualquier medida. Así que los hombres deben vivir una vida justa según las prescripciones del Corán, y en especial dando muchas limosnas.
No pudieron dar respuesta suficiente a la siguiente pregunta: ¿qué posibilidad tienen los pecadores en el mundo de obtener el perdón de sus pecados y encontrar así un camino al cielo?
Un Dios de misericordia y compasión en busca del pecador es inimaginable para un musulmán. “Ojo por ojo y diente por diente” es la norma del Islam. Después les expliqué que romper los mandamientos era una ofensa infinita a ‘Alá’, puesto que fue Él quien los dio y que sólo Él podía expiar nuestros pecados. Ningún hombre puede encontrar expiación de sus pecados por su esfuerzo personal en vivir una vida justa o en dar limosnas.
Les cité dos pasajes de las Escrituras:
“¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! […]
Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas.
Él soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados. […]
Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano.”
(Is. 53, 4-10)
Cuando les pregunté quién era el que sufrió por nuestros pecados y se ofreció a sí mismo como víctima de expiación, no pudieron encontrar a ninguna
persona así en su lista de profetas o santos.
Leí entonces Zacarías 12, 10: “Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por él como lamentación por hijo único, y le llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito.”
No pudieron dar ninguna respuesta a la pregunta quién era el que fue traspasado.
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El último viaje del padre Manjackal a los países del Golfo Pérsico fue a finales de 2012; por esas fechas quedó en silla de ruedas a raíz de un síndrome de Guillain-Barré.
A partir de ahí les expliqué, citando varios pasajes del Nuevo Testamento, que Jesús era el único hijo de Alá y que vino para hacer expiación por nuestros pecados, llevando en su cuerpo sobre la cruz nuestras ofensas, castigos, maldiciones, y las enfermedades y el sufrimiento que eran consecuencia del pecado.
Yo no tenía mucho conocimiento sobre el Islam, nunca lo estudié sistemáticamente. No sé cómo vinieron a mi mente y a mis labios la sabiduría e inteligencia necesarias para hablar con valentía de Cristo durante unas cuatro horas y media. Creo de todo corazón que todo lo que les hablé no fue mío, sino del Espíritu. [...] ¡Sabía que por mi conocimiento o habilidad nunca podría convencer a los musulmanes de que Jesús es Dios!
En las largas horas de mi discurso les hablé de la Trinidad, la Encarnación, brevemente de la vida de Cristo, la crucifixión, la resurrección y la venida del Espíritu. Yo mismo no recuerdo claramente el discurso que les pronuncié. ¡Al final de la charla vi a estos musulmanes llamados “duros de corazón” llorar!
Acabé mi charla y pretendía marcharme; dije que había contado todo sobre Jesús. Entonces un hombre joven y fuerte me cogió enérgicamente el brazo mirándome con mirada penetrante y me dijo: “Padre, no, no puedes irte. Míranos, estamos llorando por nuestros pecados como se dice en el libro de Zacarías. Por haber rehusado aceptar a Jesús, el Hijo de Dios, estamos muertos en nuestros pecados. Padre, por favor, ora por el perdón de nuestros pecados y por una efusión del Espíritu Santo, estamos dispuestos a seguir a Jesús y la Biblia.”
En ese momento viví una confusión total sobre cuál sería el siguiente paso que debía dar. Sabía que estaba en el Golfo y entre musulmanes. No me estaba permitido hacer cualquier clase de evangelización o conversión. Les dije que les había hablado solamente con la intención pura de darles a conocer a Cristo y que no tenía la más mínima intención de convertirles. Todos dijeron: “¡No queremos convertirnos a tu religión, sino que queremos una conversión de corazón a Jesús, en quien solo podemos encontrar solución para nuestros pecados y miserias!”
En lágrimas le pedí sabiduría y guía al Espíritu Santo, puesto que estaba asustado pensando en el riesgo que corría. El Espíritu me habló claramente de seguir adelante con valor, como ellos querían. Cada uno de ellos tocó mi Biblia con las dos manos y dijo: “Yo acepto a Jesucristo como nuestro único Dios y decido seguir su camino.” Impuse mis manos sobre cada uno de ellos y oré por el perdón de sus pecados y por una efusión del Espíritu Santo. Cantaban unas pocas canciones de alabanza que les había enseñado y añadieron también sus propias canciones. Pude oírles cantar algunas en árabe.
Es increíble explicar todo lo que siguió a esta oración que duraba cuatro horas o más. Pude oírles gritar alabanzas, dar palmas y bailar juntos cantando de alegría en voz alta. A algunos de ellos se les veía postrados en el suelo y orando en silencio.
Al final empezaron a compartir testimonios de sanaciones. Todos ellos sentían un fluir maravilloso del Espíritu que les limpiaba y les hacía personas nuevas. Aunque no les había dicho nada sobre el don de lenguas o visiones, muchos de ellos oraban y cantaban en lenguas, y casi todos tenían una visión de Jesús crucificado.
Como recuerdo de su experiencia de Pentecostés me regalaron un crucifijo de oro que llevo ahora siempre. Cuando estaban gritando alabanzas, regocijándose y compartiendo testimonios, yo lloraba de felicidad y alegría y el Espíritu me cuchicheaba a la mente: “Este es el primer Pentecostés de los musulmanes y otros muchos seguirán.” [...]
El Señor no me dejó marcharme, me llevó una y otra vez a tener experiencias así. Y ahora miles están experimentando la salvación de nuestro Señor Jesucristo, y en esos países donde la difusión de la Biblia y cualquier literatura cristiana está prohibida, están circulando miles y decenas de miles de Biblias en árabe. Alabo al Señor vivo que realiza obras poderosas con sus pequeños.
***
El padre Manjackal predica un Retiro de Evangelización y Sanación en España en diciembre de 2019, del viernes 6 por la tarde al domingo 8 de diciembre, en el centro de los agustinos (Complejo Cultural-Residencial Fray Luis de León en Guadarrama; Paseo de la Alameda, 39, Guadarrama, Madrid). Más información en el email retiroguadarrama@gmail.com y en la web en JManjackal.net
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jueves, 16 de mayo de 2019

«He visto a jóvenes dejar la venta de armas y aprender a leer sólo para poder ver el Evangelio» 15052019

La evangelización como impulso del desarrollo social: el éxito de un obispo español en Perú

«He visto a jóvenes dejar la venta de armas y aprender a leer sólo para poder ver el Evangelio»

José Luis del Palacio (69 años) fue ordenado sacerdote por Juan Pablo II y nombrado obispo por Benedicto XVI
José Luis del Palacio (69 años) fue ordenado sacerdote por Juan Pablo II y nombrado obispo por Benedicto XVI
José Luis del Palacio ha cumplido ya siete años como obispo del Callao, una diócesis muy pobre en Perú con más de 1,3 millones de personas y en el que está el puerto y el aeropuerto de Lima. Este madrileño está volcado en una pastoral de nueva evangelización desde la que también afronta los grandes desafíos sociales de una zona de gran pobreza, droga y violencia.
Los frutos son visibles. Y cuanto más se evangeliza, más vidas cambian y más se ayuda a numerosas personas totalmente destrozadas. Va todo unido. Muchos jóvenes traficantes y presos aprenden a leer tras haberse convertido únicamente para poder recibir la Palabra de Dios.
Más de 40 años como misionero en Perú
Monseñor Del Palacio llegó al Perú en 1976 como misionero del Camino Neocatecumenal, una realidad que daba sus primeros pasos en esos momentos. Y es que la evangelización es una parte esencial de su vida, pues antes de llegar a América estuvo anunciando igualmente el Evangelio por distintos puntos de España abriendo esta realidad eclesial en varias diócesis españolas.
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Él sabe cómo predicar a los jóvenes del Callao que andan perdidos porque él mismo lo estuvo de joven. Psicólogo de formación, fue durante un tiempo encargado de discoteca, lector de Sartre y de Camus y revolucionario de mayo del 68 en París. Todo esto le robó la fe y le llevó a una infelicidad profunda, hasta que conoció unas catequesis para adultos que Kiko Argüello y Carmen Hernández dieron en la parroquia de La Paloma de Madrid. Esto transformó su vida y le llevó hasta el Perú. (Puede leer aquí su testimonio completo).
El Kerigma transforma vidas
Ahora como obispo, monseñor José Luis del Palacio asegura que “en estos siete años de episcopado he visto como en una ciudad que estaba muerta Dios me está ayudando a levantarla predicando a Jesucristo, el Kerigma. El perdón de los pecados hace posible regenerar a los jóvenes. ¿Un hombre viejo puede volver a nacer?, pregunta Nicodemo a Jesús. Y yo esto lo estoy viendo, pues el primero que ha sido regenerado he sido yo”.
Si la misión y la evangelización son santo y seña de este obispo, así ha querido convertir a su diócesis. Es a su vez evangelizada y evangelizadora. Más de 80 sacerdotes de esta diócesis del Callao se encuentran en otras partes del Perú y de todo el mundo como misioneros. Este año ha enviado a cinco, uno de ellos a Japón, un país descristianizado y en el que el suicidio es una de las grandes preocupaciones nacionales.
“Veo que están apareciendo nuevas vocaciones y he tenido que hacer un seminario más grande”, explica este obispo madrileño. Y es que en estos momentos la diócesis tiene 150 seminaristas, entre el seminario diocesano y el Redemptoris Mater del Camino Neocatecumenal.
De la pobreza a la misericordia
Con respecto a la situación de su diócesis, monseñor del Palacio explica que “el 33% de los jóvenes ni estudia ni trabaja”. ¿Cómo cambiar esto? La receta es sencilla: educación y evangelización. Este obispo busca y encuentra materiales reciclados y así está consiguiendo crear colegios, auditorios y salones. ¿Para qué?, pregunta: “Para que la gente escuche, pueda experimentar un cambio y pasar de su pobreza a la misericordia, que es lo que testimonia el Evangelio”. Y así la diócesis dirige 19 colegios parroquiales y en los últimos años el obispo ha construido 22 aulas más.
Pero detrás de todo esto hay otro objetivo prioritario para el obispo del Callao: recuperar la familia. “Estamos haciendo -señala- un centro de formación integral familiar y comunitario donde las familias destruidas puedan recuperarse, por ejemplo, escuchando y celebrando la Palabra”.
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Este centro está en el desierto y mirando al mar, donde se encuentra también un monasterio de clausura. Monseñor del Palacio asegura que cuando se abrió hace pocos años había siete monjas de clausura y ahora son más de 40 las que rezan por la diócesis.
Delincuentes arrepentidos aprenden a leer para recibir la Palabra
“Estoy contento de ver cómo Dios nos está acompañando con los maltratados, las víctimas de los desastres o los presos”, afirma el prelado, que tiene en la cárcel uno de los principales focos de evangelización. Dedicada a este pastoral hay una pastoral de 34 personas, entre matrimonios, sacerdotes y jóvenes.
“¡Cuántos jóvenes he visto que han abandonado la droga, la venta de armas y todo ello gracias al poder del Evangelio! Están aprendiendo a leer para poder leer la Palabra de Dios, que da salvación”, explica este obispo misionero.
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La petición del obispo a la gente de buena voluntad
¿Vale la pena ayudar a esta gente?, pregunta este obispo, que hace un llamamiento a colaborar para poder seguir realizando esta obra que une lo social y lo evangelizador. “Vemos que Dios provee, que va delante de nosotros cambiando y transformando personas. De nuestros pecados, Él saca salvación. Es el poder de Jesucristo y de la Pascua.
José Luis del Palacio, que además es doctor en Teología y en Derecho Canónico, insiste en que los primeros beneficiados de la ayuda serán los propios benefactores “porque Dios da el ciento por uno”. Y recuerda como gracias a Dios crecen el seminario y la vida religiosa en la diócesis mientras numerosas familias misioneras anuncian el Evangelio por las casas y las plazas.
El obispo explica que los donativos (los números de cuenta aparecen al final del reportaje) llegan al obispado. Con ese dinero –añade- “se ayudan a los agentes pastorales, a las familias, a los niños más pobres y también a los profesores. Ahora procuramos que hagan carreras superiores como la de maestro, y tengo matriculados unos 300 jóvenes. El dinero se emplea en becas, en los más necesitados y como no, en la cárcel”.
Cómo ayudar
Para ayudar a la obra de monseñor José Luis del Palacio en el Callao puede hacerlo a través de la Fundación Desarrollo Integral de los Pueblos, que preside el propio obispo.
También puede hacer una transferencia a estas cuentas:
Desde España
Fundación Desarrollo Integral de los Pueblos
ES93 0081 0119 7200 0165 1471
Desde Perú
Obispado del Callao
Receptora 2/192-10061698-1-30

sábado, 23 de marzo de 2019

“No temo por mí, yo ya he entregado mi vida a Dios”: hablan los misioneros, los enviados de Dios 23032019

Nuevos tiempos, nuevos misioneros pero la fe y el riesgo traspasan el tiempo y los cambios sociales

“No temo por mí, yo ya he entregado mi vida a Dios”: hablan los misioneros, los enviados de Dios

Aunque el perfil del misionero ha cambiado radicalmente, sigue entrañando riesgo: 40 fueron asesinados el pasado año, explica el periodista Gerardo Elorriaga, en Diario Sur, que en este artículo presenta la necesidad que tienen los misioneros de formarse, tomando como ejemplo el esfuerzo que hace el IEME, el Instituto Español de Misiones Extranjeras, y cuya labor es necesaria en el mundo actual, incluida España, que ahora es tierra de misión. Una labor que ilustra con el testimonio de cuatro misioneros españoles que trabajan en Africa, Sudamérica y el Caribe.
La fotografía en blanco y negro del venerable religioso de barba amplia y espesa que posa rodeado de indígenas en un claro del bosque forma parte de nuestra memoria colectiva. Estos pioneros, a menudo solos y con escasos medios, asumieron la dirección de la obra misionera de la Iglesia católica en los lugares más remotos. “La imagen es real, pero pertenece ya a la historia. A ellos les tocó roturar, pero, hoy, su presencia se ha vuelto minoritaria”, asegura Isidoro Sánchez, responsable de formación dentro del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), entidad que cuenta con una escuela destinada a las nuevas promociones. Sus estudiantes evidencian la transformación y el nuevo perfil de los divulgadores del Evangelio. En el último curso había veinticinco mujeres y tan sólo cinco hombres, apenas contaban con sacerdotes frente al contingente de laicos, y la procedencia también sorprendía. Cinco de las alumnas del último curso eran vietnamitas, miembros de una orden radicada en Navarra y cuya superiora procede de Congo.
Quizás la fe y el riesgo son las características que traspasan el tiempo y los cambios sociales. Según la agencia Fides, 40 misioneros fueron asesinados en 2018 y la mayoría pereció en África, el continente donde, hace unas semanas, resultó abatido por milicianos yihadistas el salesiano español Antonio César Fernández.
España es el país con mayor número de misioneros católicos en el mundo, con más de 11.000 miembros. La mitad de este contingente son religiosas y sus principales destinos se hallan en Perú, Venezuela y Argentina.
Los argumentos constituyen el principal equipaje de aquellos que partirán a entornos de toda condición. Los enviados de Dios han de gozar de una importante base teológica, según sus responsables. “Porque será el cimiento de su identidad y una manera de afrontar el diálogo interreligioso, otra circunstancia de esta época”, aduce Natalia Moratinos, secretaria general de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón.
Las lenguas suponen otra asignatura obligatoria, tanto el francés como el inglés y otras nativas, aunque, curiosamente, la palabra ya no es su única herramienta. “No se transmite el Evangelio sólo con el verbo, también mediante el testimonio y la acción”, apunta Natalia, y señala que, en ese propósito, no hay diferencias de sexo. “Sacerdotes y religiosas nos complementamos, pero ¿ellos dirigirnos a nosotras? No, en absoluto, hay curas mandones en todas partes, pero las monjas somos difíciles para que nos digan lo que tenemos que hacer”.
La tarea, asimismo, difiere en función de los destinos. En Marruecos no se pueden acometer iniciativas propias y la actuación sólo es posible a través de la cooperación con entidades locales. Pero a los misioneros no les resulta complicado convivir en un país musulmán. “Es sencillo compartir la fe en un pueblo de creyentes, lo extraño es hacerlo en España, donde predomina la indiferencia”, advierte. La secretaria general de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón destaca que, frente a las limitaciones magrebíes, en la India se puede llevar a cabo todo tipo de iniciativas y algunos Estados africanos incluso les llegan a confiar el salario de los profesores. “Porque la Administración tiene la certeza de que se lo daremos, aunque tal función también nos pone en peligro”.
Esta orden lleva a cabo actividades de todo tipo. En Colombia colabora en el desarrollo de la comunidad afrodescendiente, en la base de la pirámide social del país, y en Tailandia ofrece educación a las jóvenes camboyanas atraídas a la zona fronteriza, abundante en casinos y burdeles. Pero son conscientes de la falta de relevo en la gestión de tales proyectos. “Nuestro país se ha convertido en tierra de misión, lo estamos viviendo”, lamenta, y alude a la falta de vocaciones tanto autóctonas como foráneas. “La vida religiosa no tiene atractivo”, admite.
¿Habrá que cambiar el modelo? “Sí, mucho, pero, ¿cómo? No lo sé, nadie tiene la respuesta”, aduce, aunque reconoce que el problema no le quita el sueño. “Yo vivo lo que tengo que vivir y allá Dios, él nos ha metido en el lío. Él es el que da y sabe lo que hace”.
Una adaptación difícil
El primer paso hacia la misión puede estar en la parroquia o una congregación, después de discernir si se poseen facultades. A veces, resulta más complicado llegar a la selva que al Vaticano. El sacerdote jesuita Jorge María Bergoglio aspiraba a la vida misionera, pero el padre Arrupe, prepósito de la Compañía, le recordó su pulmón semiamputado. Más tarde, el frustrado aspirante se convertiría en el Papa Francisco. “Se requiere mucha capacidad para soportar condiciones duras de calor, lluvia o modos de vida diferentes, como sucede en Japón, pero tampoco es fácil trabajar dentro de un pequeño grupo de personas en una zona de relativo aislamiento”, indica Sánchez. La adaptación supone otro reto. “No sólo por las barreras físicas, sino también de comunicación. Hay que hacerse niño y que los pobladores sean tus mentores, y eso, para un adulto, es duro”.
El misionero riojano Juan Pablo López acompaña a una anciana de Benín
En la Escuela del IEME no sólo se imparten enseñanzas prácticas y religiosas. Los nuevos misioneros también deben reconocer los problemas de sus nuevos escenarios de trabajo, las claves para entender su realidad, tan ajena en principio, los conflictos o los retos ecológicos. “Hay que compartir ilusiones pero también clarificar objetivos”.
El peligro que suponen los contextos hostiles siempre está presente. “A veces, el misionero no se ha ubicado correctamente”, expone este formador, que destaca la necesidad de ser muy respetuoso con las creencias locales. “No hacemos proselitismo, sino que convivimos con ellos y damos testimonio con la palabra y, sobre todo, con nuestra vida. La fe se contagia a través de la convivencia”. Pero los números evidencian una situación compleja. “Hoy tenemos más mártires que durante los primeros siglos del cristianismo”.
La dirección de los flujos también ha cambiado. Antes, la Iglesia estaba aquí y el ámbito pagano se encontraba allá y se enviaba la novedad del Evangelio, mientras que, ahora, la comunicación es de ida y vuelta. “Nosotros ayudamos a fortalecer instituciones jóvenes, pero también acuden asiáticos y africanos a Europa para ampliar estudios o incorporarse a la vida eclesial”, destaca Sánchez.
Nuevos protagonistas
Lo cierto es que Europa está cediendo protagonismo a otras regiones con joven vocación misionera. Corea del Sur cuenta con unos 1.000 propagadores de la fe católica y ya ha situado a unos 150 en América del Sur. El peso de los seglares también se ha incrementado con iniciativas como las del Camino Neocatecumenal, los seguidores del sacerdote Kiko Argüello, que ya ha tomado la delantera en el concurrido ámbito de las congregaciones con carisma misionero. Alrededor de medio millar de acólitos se ha diseminado por el mundo para exponer su visión de la fe, incluyendo destinos tan inusuales como Suecia o Ucrania. Otras entidades, como Ekumene y Ocasha-Cristianos con el Sur, fomentan, asimismo, la presencia de laicos.
Aquella instantánea del religioso con hábito y aspecto patriarcal ha dado paso a familias de padres treintañeros e hijos pequeños que quieren vivir una experiencia conjunta antes de retomar su vida en España. “En muchos casos, su horizonte son tres años, generalmente renovables, y suelen regresar por las necesidades educativas de la prole”, indica el responsable de formación del IEME. En una tendencia paralela y en sentido inverso, se ha reducido considerablemente el número de sacerdotes que piden permiso en su parroquia para ir allende los mares. “Ya no más de uno o dos por año –apunta–. Hay que vivir la realidad del momento. Hoy, la obra misionera es de todos”.
Regina Casado (78 años), Orden del Niño Jesús: “El misionero debe tener el valor de denunciar”
Regina Casado asegura que había mucha pobreza en su Bierzo natal, allá en los años sesenta, cuando era joven. “Vi injusticias y quería ser religiosa”, recuerda. Fue entonces cuando conjugó experiencia y apetencia en una vocación que la condujo muy lejos. “Pedí ir a África tan pronto como hice los votos”. Fundó una misión en Camerún donde permaneció durante veintidós años, a pesar de su miedo a los bichos y la malaria.
Regresó tras ceder el testigo a religiosas nativas, pero pronto demandó volver al continente y encontró nuevo destino en la vasta periferia de Dakar, la capital senegalesa, un lugar de aluvión donde vive desde hace casi dos décadas, empeñada en la educación de las muchachas. “Les hago comprender la necesidad de saber leer y escribir, de desenvolverse por sí mismas y gobernar su vida”, explica. Con el apoyo de la ONG española Manos Unidas, gestiona un centro para chicas “donde se imparte una formación integral para que no sufran la opresión de la pobreza”.
Regina Casado, en una escuela de los alrededores de Dakar
Hay que conocer y comprender, explica, y mantener un espíritu abierto para impulsar la cultura tradicional e inculcar la moderna. “Y defender las causas. Sin exponerte, pero tampoco acongojarte. Yo ahora lucho contra la droga en esos barrios miserables y su influencia en los más jóvenes. El misionero debe tener el valor de denunciar”.
Juan Linares (75 años), Salesiano: “El ser humano seguirá implicándose por los demás”
Juan Linares ha robado horas al sueño buscando a los menores que pernoctaban en parques de Haití o la República Dominicana, ganando su confianza y proporcionándoles herramientas para que fueran protagonistas de sus vidas. “Eran niños y adolescentes condenados a no ser nadie y resultaba sumamente estimulante que se convirtieran en mecánicos o ingenieros”. A juicio de este salesiano salmantino, toda opción exige renuncias, pero el ser humano tiene trascendencia, una dimensión distinta que nos hace solidarios. “Por eso seguirá implicándose por los demás”.
Su experiencia en la región recoge episodios tan duros como el terremoto de 2010 en Puerto Príncipe. “Sabíamos que había una escuela que se había venido abajo con 200 alumnos en su interior”. Recuerda “la visión de gente traumatizada caminando sin rumbo” y cuenta algunos sinsentidos: “Las instituciones nos pedían facturas para justificar los gastos de la ayuda de emergencia pero ni siquiera había papel”.
Linares, con dos niños haitianos tras el terremoto que asoló la isla
En el haber de sus penalidades, también incluye la estancia en La Habana durante el periodo castrista más férreo, aislados del mundo. “Es muy duro cuando no puedes ser quien quieres ser”. En cualquier caso, el balance es satisfactorio: “Hay momentos de cansancio, de interrogantes, pero, más allá de todos ellos, lo cierto es que he sido muy feliz”.
Victoria Braquehais (42 años), Pureza de María: “Mi tierra posee un horizonte que se mueve”
A Victoria Braquehais se le advirtieron pronto maneras y un espíritu aventurero. Aquella niña mallorquina pidió a los Reyes Magos un diccionario de suajili-español. El continente africano era su vocación, aunque, mientras se materializaba esa aspiración, estudió Filosofía y Teología en Roma, y se licenció en Filología Inglesa. “La sabiduría tiene poca importancia con la gente pobre”, aduce, aludiendo a sus diez años en el poblado de Kanzenze, al sur de la República Democrática de Congo.
Sus inquietudes intelectuales revelan que, incluso en un lugar tan aparentemente remoto, las misioneras de hoy en día diversifican sus intereses, no se aíslan ni rompen con el mundo. Ella escribe en el blog 'Conectando con África', lee sobre biología o psiquiatría, gestiona escuelas, desarrolla proyectos de cooperación con la ONG Manos Unidas y comparte con un amigo musulmán comentarios sobre el Evangelio escrito en arameo. “Mi tierra posee un horizonte que se mueve”, dice, y aunque le asustan los perros, va por el Congo “como Pedro por su casa”.
Victoria lleva diez años destinada en un poblado africano
No tiene miedo por residir en uno de los países más torturados del mundo, “aunque no sé qué puede suceder en el futuro. Mi única preocupación es que la inestabilidad afecte a los chicos de la escuela, pero no temo por mí, yo ya he entregado mi vida a Dios y he descubierto que lo realmente importante es lo que Él quiera”.
María Jesús Pérez (63 años), Franciscana terciaria: “Necesitamos tiempo de retiro, no se da lo que no se tiene”
María Jesús Pérez proviene de una familia con ascendiente religioso –uno de sus tíos fue sacerdote y resultó asesinado en Chad en 1975– y se reconoce impulsada por el deseo de justicia social. “Me gusta escuchar y ver qué se puede hacer”, explica esta monja leonesa afincada en Ecuador desde hace 35 años. Ahora bien, las similitudes con una misionera al uso acaban ahí. Las convenciones no la encorsetan. Ella es una promotora, mujer de acción y resolución. La conocimos en los Andes junto a las comunidades indígenas y nos despedimos en un aeropuerto de la costa del Pacífico, dispuesta a volar a la Amazonía. “Yo soy itinerante como San Francisco”, confiesa. A lo largo de ese periplo, ha apoyado iniciativas de economía social, turismo ecológico y comercio justo en el país sudamericano. “Hay que escuchar, apoyar y exigir derechos, tampoco podemos descuidar la incidencia política”.
María Jesús ha pasado los últimos 35 años en Sudamérica
Directora ejecutiva de la Fundación Maquita, achaca su vitalidad a esa mirada propia de las mujeres. “Queremos igualdad y desarrollamos una visión más integral”. Los proyectos surgen de oír a las indígenas y asumir sus aspiraciones. Pero, ¿hasta dónde se puede llegar en ese esfuerzo por los más desposeídos? “Es imprescindible parar”, admite. “Necesitamos tiempo para el silencio, de retiro, para llenarse de Dios. Y descansar, claro, que no se da de lo que no se tiene”.

miércoles, 16 de enero de 2019

El adolescente amante de la Eucaristía que tras morir provoca un sinfín de conversiones por el mundo 16012019

La madre de Carlo Acutis relata el fenómeno que su hijo, ya «venerable», está provocando

El adolescente amante de la Eucaristía que tras morir provoca un sinfín de conversiones por el mundo

Carlo Acutis nació en 1991 y murió en 2006 debido a una leucemia, pero en sus 15 años de vida y sobre todo después de muerto no ha parado de hacer el bien
Carlo Acutis nació en 1991 y murió en 2006 debido a una leucemia, pero en sus 15 años de vida y sobre todo después de muerto no ha parado de hacer el bien
En julio de 2018 Carlo Acutis, el joven que en 2006 y con 15 años moría a causa de una leucemia, era declarado “venerable” por parte del Papa Francisco. Y pocos meses después era presentado en el Sínodo sobre los Jóvenes que se celebró en el Vaticano como un modelo de santidad para su generación.
La fama de santidad de este adolescente italiano comenzó en el mismo momento de su entierro cuando cientos de personas que no conocía la familia, entre los que había personas sin hogar, ancianos o niños acudieron a despedirle. Había dedicado su vida a hacer el bien tal y como lo había aprendido de Jesús.
Un auténtico apóstol de la Eucaristía a través de internet
Su tremendo amor por la Eucaristía fue el punto esencial de su vida y esto unido a sus grandes conocimientos informáticos le llevaron a convertirse en un “ciberapóstol” de la Eucaristía, recopilando y promocionando todos los milagros eucarísticos que se han producido por el mundo. El bien que realizó con este apostolado sigue todavía hoy vigente.
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Pero la forma en cómo vivió la enfermedad, ofreciendo sus enormes sufrimientos, también mostraban estos indicios de santidad. “Ofrezco al Señor los sufrimientos que tendré que padecer por el Papa y por la Iglesia, para no tener que estar en el Purgatorio y poder ir directo al cielo”, afirmaba antes de morir.
Numerosas conversiones gracias a Carlo
Ahora su madre una vez que han pasado casi 13 años desde su muerte habla de los numerosos testimonios que les llegan. En una entrevista con la Agencia SIR asegura que “los recibimos de personas que se han convertido o se han acercado a la fe después de muchos años en Asia, África, Australia, Estados Unidos, América Latina o Europa. Es algo extraordinario, veo los frutos de lo que ha hecho a pesar de haber vivido sólo 15 años”.
Antonia Salzano recuerda que desde que hizo la Primera Comunión, Carlo no faltó ni un solo día a misa ni dejó de hacer Adoración hasta su misma muerte. “Si viajábamos era una preocupación para él encontrar una iglesia cerca del hotel”, cuenta.
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“Para él era esencial –asegura- ese amor por la Eucaristía, que él llamaba ‘mi autopista al cielo’, y lo llevó a estar presente en la vida parroquial. Alrededor de la edad de 11 años se le pidió que ayudara al catequista y luego fue catequista”.
La Exposición de los Milagros Eucarísticos
Carlo Acutis se fue dando cuenta de que mucha gente no asistía a los sacramentos incluso los domingos y que no se valoraba bien entre muchos la verdadera importancia de la Eucaristía. Fue por ello por lo que tras investigar exhaustivamente y visitar in situ todos los lugares del mundo en los que se habían producido milagros e hizo una exposición detallada.Ésta ha visitado ya los cinco continentes, miles de parroquias, cientos de santuarios marianos y universidades, y en internet son numerosos expertos y sacerdotes los que la consultan.
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“Diseñó la exposición porque creía que era una forma efectiva de sacudir la conciencia, despertar a las personas que viven la Eucaristía como una rutina. Quería sacudir las almas y los frutos estaban allí. Pasó horas y horas preparando los paneles y los escritos. Durante el verano se dedicó a esto en lugar de salir con los amigos. Fue un sacrificio, pero lo dejé hacerlo, también porque no menospreciaba su vida como estudiante. Quería que la gente entendiera la importancia de la Eucaristía”, relata la madre de este adolescente “venerable”. 
Son muchas las cartas que la familia recibe concernientes a Carlo Acutis. “En ellas hay muchas solicitudes de oración, testimonios con gracias y posibles milagros que la Iglesia tendrá que examinar. También hay preguntas para materiales para catequistas, colegios y parroquias. Son muchos los que quieren contar la obra de Carlo”, asegura su madre.
"Nuestra meta debe ser el Infinito"
Carlo falleció antes de que nacieran sus hermanos pequeños. Pero éstos le rezan, escuchan, y ahora son niños especialmente devotos.  Lo que no es fácil es ser la madre de este joven. Medio en broma, medio en serio, Antonia asegura: ¡Si no me santifico, mañana mi hijo tendrá que visitarme en el Purgatorio! Sin duda, es una responsabilidad, pero estoy encantada de ver cómo le está yendo a Carlo”.
Sobre el proceso de beatificación, la madre recuerda que “Carlo decía que se hacen filas kilométricas para asistir a un concierto o a un partido de fútbol, pero en cambio delante del sagrario está vacío. Nosotros somos más afortunados que aquellos que vivieron con Jesús porque podemos salir de casa y caminar hasta la iglesia más cercana para tener Jerusalén con nosotros”.
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Por ello, explica que “Carlo quería que la gente comprendiera este don inmenso. Dios está con nosotros, y esto debe ser motivo de felicidad y de esperanza para todos. Incluso cuando debemos soportar las cruces, porque Carlo decía que ‘al Gólgota subiremos todos’. Podemos santificarnos durante ese camino”.
Nuestra meta debe ser el infinito, no el finito. El Infinito es nuestra Patria. Desde siempre el Cielo nos espera”, repetía este adolescente fallecido.
"Su fama de santidad se ha disparado en todo el mundo"
La postuladora para la causa de los Santos de la Diócesis, Francesca Consolini, afirmaba que Carlo “había entendido el verdadero valor de la vida como don de Dios, como esfuerzo, como respuesta a dar al Señor Jesús día a día en simplicidad” y que “era muy amado y buscado por sus compañeros y amigos por su simpatía y vivacidad”.
“Su fama de santidad se ha disparado por todo el mundo, de manera misteriosa. Alrededor de su vida ha sucedido algo grande, ante lo cual me inclino”, confesaba a Avvenire Ennio Apeciti, jefe de la Oficina para la Causa de los Santos de la diócesis milanesa.
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