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domingo, 23 de junio de 2019

Solemnidad del Corpus Christi. Cuerpo y Sangre de Cristo (23 de junio)

Solemnidad del Corpus Christi. Cuerpo y Sangre de Cristo

corpus christi solemnidad del cuerpo y sangre de cristo

En la Solemnidad del Corpus Christi, honramos y adoramos al Cuerpo de Cristo, dado a todos los hombres para alcanzar la salvación

 
Solemnidad del Corpus Christi es la fiesta en la que la Iglesia Católica y todos los fieles honramos y adoramos al Cuerpo de Cristo dado a todos los hombres para alcanzar la salvación. Jesús se hizo a sí mismo, Pan de Vida para unirse con nosotros en Espíritu. La Eucaristía es la celebración del sacrificio pascual, en donde el mismo Jesús, se entrega como el cordero inmolado, derramando su sangre para el perdón de nuestros pecados.

Fiesta: Jueves después de la Santísima Trinidad o Domingo posterior

Martirologio romano: Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que con su alimento sagrado, Jesús ofrece un remedio de la inmortalidad y la promesa de la resurrección

Historia del Corpus Christi.

La Solemnidad del Corpus Christi, o la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo (como se le conoce a menudo hoy en día), se remonta al siglo 13. En esta, se celebra algo muy grande: la institución del sacramento de la Sagrada Eucaristía en la Última Cena.
El Jueves Santo, es también una celebración de este misterio, pero el carácter solemne de la Semana Santa, y el enfoque en la Pasión de Cristo el Viernes Santo, eclipsa un poco este aspecto del Jueves Santo
En 1246, el obispo Robert de Thorete de la diócesis de Liège en Bélgica, a sugerencia de Santa Juliana de Mont Cornillon, quién desde muy jovencita, había tenido una gran veneración al Santísimo Sacramento, y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor, convocó un sínodo e instituyó la celebración de la fiesta.
Desde Liège, la celebración comenzó a extenderse, y, el 8 de septiembre 1264, el Papa Urbano IV emitió la bula "Transiturus", que estableció la fiesta de Corpus Christi como fiesta universal de la Iglesia, y que se celebrará el jueves siguiente Domingo de la Santísima Trinidad.
A petición del Papa Urbano IV, Santo Tomás de Aquino compone las oraciones oficiales de la Iglesia, para esta fiesta.
Esta composición de Santo Tomás, es ampliamente considerada comouna de las más bellas de las tradiciones del Breviario Romano (el libro oficial de la oración del Oficio Divino o Liturgia de las Horas)
Siglos después de que esta celebración se haya extendido al culto de la Iglesia universal, se le incorporaba una procesión eucarística, en la que la Sagrada Hostia es llevada por toda la ciudad, acompañada por himnos y letanías.
Los fieles veneraban al Cuerpo de Cristo mientras la procesión pasaba a través de las distintas calles.
En los últimos años, esta práctica casi ha desaparecido, aunque algunas parroquias todavía mantienen una breve procesión alrededor de la parte externa de la iglesia parroquial.
Mientras que la fiesta del Corpus Christi es una de las diez fiestas de precepto en el rito latino de la Iglesia Católica, en algunos países, entre ellos Estados Unidos, la fiesta ha sido trasladada al domingo siguiente

Invitación a la Gracia y al Llamado.

La participación de esta solemnidad puede tener una doble invitación para el cristiano: una invitación a la gracia y una invitación al llamado.

Invitación a la Gracia.

La participación en la Eucaristía es un momento de gracia. Nosotros "participamos" y compartimos en el gran misterio de amor que Cristo ha hecho por todos nosotros. Nuestra salvación no es algo que ganamos o logramos, la salvación es para todos.
El perdón de Dios es algo que recibimos como un regalo. Al participar en la Eucaristía recordamos, y también experimentamos de una manera real, lo que Dios ha hecho en su eterno amor por nosotros, a través de su Hijo Jesucristo.
Participar en la celebración del cuerpo y la sangre de Cristo es hacer algo más que tomar y comer su cuerpo, es un momento de alabar y dar gracias a Dios por este precioso Don inmerecido.

Invitación al Llamado.

La participación en el cuerpo y la sangre de Cristo es también un llamado a participar de su vida.
El Evangelio nos habla repetidamente, de la importancia de reconocer a Dios y a Jesús como la fuente de nuestra propia vida.
"Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes" (Juan 6,53)
"Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí". (Juan 6,57)
Para estar vivo con la vida de Cristo, debemos de estar animados a vivir una vida íntegra marcada por su camino de vida.
Ver a Dios y a Jesús como la fuente de nuestra vida, es una invitación a hacer camino, a ser testimonios y al mismo tiempo, ser transformados por su amor.

Importancia del Corpus Christi.

La importancia de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, no es, de ninguna manera exagerada.
Es el centro de nuestra fe. Es Jesús, realmente presente entre nosotros, y que ha decidido quedarse a vivir en este sagrado sacramento.
Todos los cristianos, estamos invitados a apoyar la procesión del Corpus Christi en nuestra comunidad, y animar a otros a hacer lo mismo.
Seamos testigos de nuestra fe y seamos testigos de Cristo crucificado, Cristo resucitado, y Cristo presente en el Santísimo Sacramento
La Eucaristía estimula y fortalece la fe y nuestra relación con Dios. Acudamos a Él, siempre y con gran devoción para gran aprovechamientos de nuestras almas.

domingo, 18 de junio de 2017

Solemnidad del Corpus Christi. Cuerpo y Sangre de Jesucristo 18062017


Solemnidad del Corpus Christi. Cuerpo y Sangre de Jesucristo

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En la Solemnidad del Corpus Christi, honramos y adoramos al Cuerpo de Cristo, dado a todos los hombres para alcanzar la salvación

 
Solemnidad del Corpus Christi es la fiesta en la que la Iglesia Católica y todos los fieles honramos y adoramos al Cuerpo de Cristo dado a todos los hombres para alcanzar la salvación. Jesús se hizo a sí mismo, Pan de Vida para unirse con nosotros en Espíritu. La Eucaristía es la celebración del sacrificio pascual, en donde el mismo Jesús, se entrega como el cordero inmolado, derramando su sangre para el perdón de nuestros pecados.

Fiesta: Jueves después de la Santísima Trinidad o Domingo posterior

Martirologio romano: Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que con su alimento sagrado, Jesús ofrece un remedio de la inmortalidad y la promesa de la resurrección
La Eucaristía estimula y fortalece la fe y nuestra relación con Dios. Acudamos a Él, siempre y con gran devoción para gran aprovechamientos de nuestras almas.

Historia del Corpus Christi

La fiesta del Corpus Christi, o la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo (como se le conoce a menudo hoy en día), se remonta al siglo 13. En esta, se celebra algo muy grande: la institución del sacramento de la Sagrada Eucaristía en la Última Cena.
El Jueves Santo, es también una celebración de este misterio, pero el carácter solemne de la Semana Santa, y el enfoque en la Pasión de Cristo el Viernes Santo, eclipsa un poco este aspecto del Jueves Santo
En 1246, el obispo Robert de Thorete de la diócesis de Liège en Bélgica, a sugerencia de Santa Juliana de Mont Cornillon, quién desde muy jovencita, había tenido una gran veneración al Santísimo Sacramento, y siempre añoraba que se tuviera una fiesta especial en su honor, convocó un sínodo e instituyó la celebración de la fiesta.
Desde Liège, la celebración comenzó a extenderse, y, el 8 de septiembre 1264, el Papa Urbano IV emitió la bula "Transiturus", que estableció la fiesta de Corpus Christi como fiesta universal de la Iglesia, y que se celebrará el jueves siguiente Domingo de la Santísima Trinidad.
A petición del Papa Urbano IV, Santo Tomás de Aquino compone las oraciones oficiales de la Iglesia, para esta fiesta.
Esta composición de Santo Tomás, es ampliamente considerada como una de las más bellas de las tradiciones del Breviario Romano (el libro oficial de la oración del Oficio Divino o Liturgia de las Horas)
Siglos después de que esta celebración se haya extendido al culto de la Iglesia universal, se le incorporaba una procesión eucarística, en la que la Sagrada Hostia es llevada por toda la ciudad, acompañada por himnos y letanías. Los fieles veneraban al Cuerpo de Cristo mientras la procesión pasaba a través de las distintas calles.
En los últimos años, esta práctica casi ha desaparecido, aunque algunas parroquias todavía mantienen una breve procesión alrededor de la parte externa de la iglesia parroquial.
Mientras que la fiesta del Corpus Christi es una de las diez fiestas de precepto en el rito latino de la Iglesia Católica, en algunos países, entre ellos Estados Unidos, la fiesta ha sido trasladada al domingo siguiente

Invitación a la Gracia y al Llamado

La participación de esta solemnidad puede tener una doble invitación para el cristiano: una invitación a la gracia y una invitación al llamado.

Invitación a la Gracia

La participación en la Eucaristía es un momento de gracia. Nosotros "participamos" y compartimos en el gran misterio de amor que Cristo ha hecho por todos nosotros. Nuestra salvación no es algo que ganamos o logramos, la salvación es para todos.
El perdón de Dios es algo que recibimos como un regalo. Al participar en la Eucaristía recordamos, y también experimentamos de una manera real, lo que Dios ha hecho en su eterno amor por nosotros, a través de su Hijo Jesucristo.
Participar en la celebración del cuerpo y la sangre de Cristo es hacer algo más que tomar y comer su cuerpo, es un momento de alabar y dar gracias a Dios por este precioso Don inmerecido.

Invitación al Llamado:

La participación en el cuerpo y la sangre de Cristo es también un llamado a participar de su vida. El Evangelio nos habla repetidamente, de la importancia de reconocer a Dios y a Jesús como la fuente de nuestra propia vida.
"Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes" (Juan 6,53)
"Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí". (Juan 6,57)
Para estar vivo con la vida de Cristo, debemos de estar animados a vivir una vida íntegra marcada por su camino de vida.
Ver a Dios y a Jesús como la fuente de nuestra vida, es una invitación a hacer camino, a ser testimonios y al mismo tiempo, ser transformados por su amor.

Importancia del Corpus Christi

La importancia de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, no es, de ninguna manera exagerada.
Es el centro de nuestra fe. Es Jesús, realmente presente entre nosotros, y que ha decidido quedarse a vivir en este sagrado sacramento.
Todos los cristianos, estamos invitados a apoyar la procesión del Corpus Christi en nuestra comunidad, y animar a otros a hacer lo mismo.
Seamos testigos de nuestra fe y seamos testigos de Cristo crucificado, Cristo resucitado, y Cristo presente en el Santísimo Sacramento
 
Redacción : PildorasdeFe.net | Biografía de Santos y Beatos

domingo, 29 de mayo de 2016

Historia de la Solemnidad de Corpus Christi 29052016

Historia de la Solemnidad de Corpus Christi
Esta solemnidad nació con el objetivo de reafirmar abiertamente la fe del Pueblo de Dios en Jesucristo vivo y realmente presente en el santísimo sacramento de la Eucaristía


Por: n/a | Fuente: Aciprensa.com 



A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.
Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.
Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haber intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.
Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de Thorete, el entonces obispo de Lieja, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.
El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; al mismo tiempo el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.


Mons. Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la actual Alemania.
El Papa Urbano IV, por aquél entonces, tenía la corte en Orvieto, un poco al norte de Roma. Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264 se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.
El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula"Transiturus" del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.
Luego, según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino; cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.
La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.
Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.
La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.
En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.
Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Artículo originalmente publicado en ACIprensa

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo



Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna. Estas palabras del evangelio de San Juan nos introducen en el misterio de la presencia Eucarística que celebramos en esta solemnidad. La liturgia nos ofrece tres elementos que orientan nuestra reflexión: la experiencia del desierto del pueblo de Israel, el alimento del camino y la vida que no es derrotada por la muerte. El libro del Deuteronomio (1L) evoca el paso del pueblo por el desierto. Este memorial tiene el objeto de despertar la responsabilidad de los oyentes con respecto a las tareas presentes. La historia enseña al pueblo de Israel que su paso por el desierto, lleno de adversidades y contratiempos, no es simplemente una situación ciega, ajena a todo sentido y significado, sino un momento de prueba. Un momento en el que Dios penetra el corazón, se hace presente y ofrece el sustento a los que desfallecen. Yahveh sale al paso de sus necesidades y les da el maná. Este alimento que el Señor ofrece en el desierto sostiene la vida del pueblo y lo ayuda a continuar la marcha. Así como en el pasado, Israel atravesó por el desierto y Dios probó su corazón y lo mantuvo en vida, así ahora, en el presente de nuestras vidas el Señor no es ajeno a la suerte humana. . En verdad, Dios es amigo la vida y no odia nada de cuanto ha creado. Esta verdad encuentra su plenitud en Cristo que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Por eso nos da a comer su carne, verdadera comida, y a beber su sangre, verdadera bebida, para que tengamos vida eterna (EV). Participando todos de un solo pan (Eucarístico) formamos un solo cuerpo (2L).


Mensaje doctrinal

1. El significado de la experiencia del desierto para el pueblo de Israel. La experiencia del Éxodo -no dice el Santo Padre en la Evangelium Vitae- es original y ejemplar. Israel aprende de ella que, cada vez que es amenazado en su existencia, sólo tiene que acudir a Dios con confianza renovada para encontrar en él asistencia eficaz: « Eres mi siervo, Israel. ¡Yo te he formado, tú eres mi siervo, Israel, yo no te olvido! » (Is 44, 21). EV 31. Parece que Dios en su pedagogía desea llevar al alma al desierto y allí probar su corazón y hablarle al corazón. Una prueba y una palabra. Una prueba que purifica, que hace crecer, que fortalece el alma. Una palabra que ilumina, que orienta y crea una amistad profunda. La experiencia de Dios pasa siempre por una especie de desierto donde el alma se desprende de sí, se purifica de sus pasiones y va ascendiendo por etapas hasta entonces desconocidas. Entonces tiene una experiencia nueva y más profunda de Dios y de su amor. Así lo expresa el profeta Oseas hablando de cómo Yahveh es esposo fiel del pueblo infiel: Voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón. En el desierto la esposa infiel conocerá al Señor, volverá al amor primero. El Señor habla al corazón, toma cuidado de su pueblo y lo quiere como un esposo quiere a su esposa. No lo abandona, incluso cuando Él mismo es abandonado.

En el texto del Deuteronomio que hoy nos ocupa la experiencia del desierto es una prueba que desvela lo que hay en el corazón; una prueba para ver si el pueblo guarda los preceptos de Yahveh. Pero, sobre todo, se subraya que el Señor es quien da sustento a su pueblo en las horas de peligro, y que este sustento no es sólo el pan material, sino cuanto sale de la boca de Dios. Se le pide a Israel una confianza y un abandono no indiferente ante Yahveh. Se le pide que deje toda preocupación material en las manos de Dios y que se ocupe en seguir la marcha que se le ha propuesto. Un mensaje arduo: alimentarse sólo de la Palabra de Dios, dar crédito total y sin limitaciones a los planes de Dios en la propia vida, sin temores, sin reticencias. Mensaje siempre actual

2. El significado de la presencia eucarística. Gracias a Jesucristo, hombre y Dios verdadero, nos es concedida, por medio de la fe, la vida eterna. En el evangelio de hoy se subraya que Jesús mismo es el pan de vida: su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida y sólo el que come su carne y bebe su sangre tiene vida eterna. Se trata de un lenguaje muy realista que llama la atención. El evangelista hablando de este modo, quiere dar a entender que el pan eucarístico es “verdaderamente” el cuerpo de Cristo y el vino consagrado es “verdaderamente” la sangre de Cristo. Quien come este cuerpo y bebe esta sangre tiene la vida eterna y la promesa de Cristo de que lo resucitará el último día.

Nos encontramos pues de frente al maravilloso misterio de la presencia real de Cristo en el Eucaristía. El catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el número 1374: El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella "como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos" (S. Tomás de A., s.th. 3, 73, 3). En el santísimo sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero" (Cc. de Trento: DS 1651). "Esta presencia se denomina `real´, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen `reales´, sino por excelencia, porque essubstancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente" (MF 39). No es, por tanto, una simple presencia simbólica, sino una presencia real. En el sacrificio de la Misa ha tenido lugar la transubstanciación: el pan se ha convertido en el verdadero cuerpo de Cristo y el vino en la verdadera sangre de Cristo.

Cristo se hace totalmente presente y se nos ofrece como alimento, como viático del camino. Su gracia es la que nos sostiene, su amor es el que nos reanima. Gracias a su sacrificio y a su presencia eucarística nosotros podemos aspirar a la vida eterna. San Juan Crisóstomo comenta al respecto: Cuando veas que está sobre el altar el cuerpo de Cristo, di a ti mismo: por este cuerpo no soy ya en adelante tierra y ceniza; ya no soy cautivosino libre; por este cuerpo, espero los cielos y estoy seguro de que obtendré los bienes que hay en ellos: la vida inmortal, la suerte de los apóstoles, la conversación con Cristo. Éste es aquel cuerpo que fue ensangrentado, traspasado con lanza y que manó fuentes saludables, la de la sangre, la del agua para toda la tierra... Este cuerpo se nos dio para que lo tuviéramos y comiéramos, lo cual fue de amor intenso". (S.Juan Crisostomo, In epist. 1 ad Cor 24,4: PG 61, 203; R1195).

El sacramento de la Eucaristía es el sacramento que nos hace más patente el “amor hasta el fin” de Cristo Señor. En la Eucaristía encontramos la vida, en la Eucaristía encontramos las fuerzas para seguir el camino, en la Eucaristía encontramos al amigo incomparable de nuestras almas que está allí siempre para escucharnos y ofrecernos su amistad. Podemos atravesar ya cualquier desierto, podemos ser puestos a prueba por innumerables adversidades, en la Eucaristía encontraremos las fuerzas necesarias para superar el combate.


Sugerencias pastorales

1. Promoción del amor a la Eucaristía. En tiempos pasados, cuando el sacerdote celebraba la Eucaristía mirando a oriente y daba la espalda al pueblo, los fieles deseaban ardientemente poder mirar la Eucaristía en el momento de la elevación. En algunos casos, nos narran los historiadores, se subían a las bancas para tener una mejor visión o incluso se movían de un altar lateral a otro para poder tener esta oportunidad. En los fieles, por tanto, existe un vivo deseo de mirar a Jesús sacramentado. Lo percibimos en las procesiones Eucarísticas, en los momentos de adoración con el Santísimo expuesto, en el momento mismo de recibir la comunión. Como pastores nos corresponde promover el amor a la Eucaristía usando todos los medios a nuestro alcance. Entre ellos podemos destacar los siguientes:

a) Valoración del sentido de lo Sagrado en la Celebración Eucarística y en el culto al Santísimo Sacramento en el tabernáculo. Esta valoración la podemos hacer por muy diversos medios como el cuidado y decoro de la acción litúrgica, de los vasos sagrados, de los ornamentos. La instrucción de los fieles en la homilía, en conferencias y catequesis. Finalmente, esta valoración de lo sagrado convendría hacerla desde la infancia y muy particularmente en la preparación a la primera comunión.

b) La participación activa en la celebración Eucarística. Esta participación requiere de unos presupuestos. Es decir, los fieles deben acercarse a la celebración con unas disposiciones interiores que favorezcan la vivencia de la Misa. En especial pensamos en el silencio y el recogimiento. Son dos condiciones sin las cuales difícilmente se podrá participar con fruto en la celebración. Silencio de las palabras. Silencio de las inquietudes. Se trata de disponer el alma para entrar en el ámbito de Dios. Después, en la celebración misma, se buscará una participación activa en las respuestas, en los cantos, en las posturas, pero sobre todo en la actitud del alma de unirse al sacrificio de Cristo en el altar. Éste es el sentido original del “participar”, es decir, tomar parte en el sacrificio de Cristo. La actitud del Cireneo es muy instructiva a este respecto, él toma parte en la cruz de Cristo y la recibe como un don. El cristiano que verdaderamente “participa”, “toma parte en la cruz de Cristo”, sale del templo santo con una nueva actitud ante la vida y con una nueva conciencia de su misión como cristiano.

c) Promoción de la adoración eucarística. Es sumamente conmovedor ver que en medio de las grandes ciudades, se encuentran capillas e Iglesias en las que se tiene la adoración eucarística permanente. Pensemos, por ejemplo, a la misma Basílica de San Pedro. En la capilla del Santísimo Sacramento vemos desfilar un número enorme de personas que se recogen para orar un momento en medio de su visita a la tumba de San Pedro. El momento de adoración es para ellos ocasión para detenerse y experimentar la presencia eucarística de Cristo. ¡Cuánto bien haremos a nuestro fieles ayudándoles a vivir una vida eucarística intensa! Se tratará de promover pues la adoración eucarística en diversos momentos. Sabemos, por ejemplo, que a los jóvenes les resulta muy motivadora la adoración eucarística nocturna. Desean pasar a solas con Cristo un momento en medio de la obscuridad y el silencio.

2. Promoción entre los fieles de la recepción digna y frecuente del sacramento de la Eucaristía. Esto supone una acción a dos niveles. Por una lado conviene insistir en todos los frutos espirituales que se siguen de la comunión frecuente; pero, por otro lado, conviene insistir en la necesidad de acercarse al sacramento con una conciencia limpia. En este sentido es importante valorar la necesidad del sacramento de la penitencia

fuente: Catholic.net.