| Pagó 20 dólares de gasolina a esta chica y recibió mucho más a cambio | |||||||||||
Un mendigo dio todo lo que tenía a una chica en apuros: su gesto fue viral y su vida dio un vuelco | |||||||||||
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Kate McClure conducía hacia Filadelfia, en Estados Unidos, para reunirse con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Sin embargo, a la altura del kilómetro 95 de la Interestatal tuvo la mala suerte de quedarse sin gasolina. Kate paró el coche en el arcén, y se dispuso a ir a una gasolinera, pero, justo cuando empezaba a caminar, conoció a Johnny que pedía en la calle con un cartel.
“No se preocupe”, le dijo a Kate, “métase en el coche y cierre las puertas. Volveré”. Kate, confusa, obedeció a este mendigo. Lo que no esperaba es que un rato después Johnny apareciera con un bidón de gasolina que había pagado con los veinte dólares que había conseguido ese día pidiendo en la calle. Generosidad de ida y vuelta Kate aseguró a ABC News que no podía creerlo. “En aquel momento le dije: gracias, te juro que volveré. Te prometo que volveré para devolverte el dinero”. Y así lo hizo. La joven volvió en varias ocasiones, le devolvió el dinero, y le ofreció cosas sencillas: un abrigo, unos guantes, mantas… ![]() La vida de Johnny Bobbit cambió por completo Sin embargo, Kate no se quedó ahí. Pensando en la generosidad de Johnny, abrió una petición en la plataforma GoFundMe para pagar las necesidades básicas de Johnny al menos para unos meses. En la página, Kate aseguró que Johnny estaba verdaderamente interesado en encontrar un trabajo. Cambios de rumbo Y es que Bobbit fue a Filadelfia en busca de un trabajo y una casa. Como veterano de guerra, gozaba de una pensión que le duró muy poco. Lo que Johnny pensaba que iban a ser dos o tres noches durmiendo en la calle se convirtió en año y medio. A partir de ese momento, se vio obligado a pedir limosma en el kilómetro 95 de la Interestatal. Kate ya había conseguido 1.746 dólares para él. Cuando le contó a Johnny el éxito de la campaña, Johnny se entusiasmó. “Esto cambia mi vida”, aseguraba en un vídeo subido por Kate a Youtube. ![]() Este era Johnny antes de vivir en la calle Miles de buenos samaritanos El caso tuvo repercusión nacional y gracias a GoFundMe, Kate y su novio, Mark D’Amico, consiguieron reunir 376.768 dólares de más de 11.000 donantes. El programa del canal ABC, Good Morning America, uno de los de más audiencia de todo el país, entrevistó a ambos. Ante la pregunta de qué iba a hacer con tanto dinero, Johnny no dudó: “pensaba comprarme un coche de segunda mano, quizás un camión, y el resto lo donaré a gente necesitada, como yo. ¿Por qué no devolver el favor y ayudar a otras personas igual que me ayudaron a mí?”. ![]() Johnny y Kate fueron entrevistados en Good Morning America En la última actualización de su página GoFundMe, Kate asegura que será el propio Johnny quién se pondrá en contacto con todos los donantes y todos aquellos que quieran saber su historia a través de las redes, cuando compre su nuevo ordenador. | |||||||||||
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martes, 9 de enero de 2018
Un mendigo dio todo lo que tenía a una chica en apuros: su gesto fue viral y su vida dio un vuelco 08012018
miércoles, 1 de marzo de 2017
Entrevista al Papa en la revista de los sin techo de Milán: propone dar limosna mirando a los ojos 28022017
| «Scarp de´Tenis» es una revista mensual, apoyada por Cáritas, que venden personas sin hogar | |||||||||||
Entrevista al Papa en la revista de los sin techo de Milán: propone dar limosna mirando a los ojos | |||||||||||
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El Papa Francisco ha concedido una entrevista a Scarp de'Tenis (www.blogdetenis.it), un periódico mensual financiado por Cáritas de Milán desde los años 90, redactado por periodistas profesionales pero vendido en las calles y en parroquias por personas sin hogar y marginadas. Una asociación de amigos del mensual acompaña a los vendedores para ayudarlos de forma íntegra. Cada ejemplar vale 3 euros, y el vendedor se queda uno por ejemplar.
La entrevista tiene como motivación la anunciada visita del Papa a Milán, la gran ciudad industrial del norte de Italia, y la diócesis más poblada de Europa, programada para el 25 de marzo. La Sala de Prensa vaticana ha publicado estos extractos en español. - Santo Padre, hablemos del pueblo de los invisibles, de las personas sin domicilio fijo. Hace unas semanas, al comienzo del invierno y del gran frio dio órdenes de acogerlos en el Vaticano, de abrir las puertas de las iglesias. ¿Cómo fue acogido su llamamiento? - El llamamiento del Papa fue escuchado por muchas personas y muchas parroquias... En el Vaticano hay dos parroquias y cada una ha acogido a una familia de Siria. Muchas parroquias en Roma han abierto sus puertas a la acogida y sé que otras, que no tienen sitio, han recogido dinero para pagar el alquiler durante un año a las personas y familias necesitadas. »El objetivo debe ser la integración, es importante que los acompañen durante un período inicial. En muchas partes de Italia se ha hecho. Las puertas se han abierto en muchas escuelas católicas, conventos, en muchas otras estructuras. Por eso digo que el llamamiento fue escuchado. También sé de muchas personas que han dado donativos en metálico para pagar el alquiler de las personas sin domicilio fijo. "Metámonos en los zapatos de los demás", propone el Papa - En el pasado, todo el mundo ha escrito sobre los zapatos del Papa, zapatos de trabajador y de caminante. Y hace poco fue a una tienda para comprarse un par nuevo. ¿Por qué tanta atención? ¿Tal vez porque hoy en día es difícil meterse en los zapatos de los demás? - Es muy difícil meterse en los zapatos, en el lugar de los demás, porque a menudo somos esclavos de nuestro egoísmo. En un primer nivel, podemos decir que la gente prefiere ocuparse de sus propios problemas sin querer ver el sufrimiento u otras dificultades. Pero hay otro nivel. »Ponerse en los zapatos de los demás significa tener una gran capacidad de comprender, de entender los momentos y las situaciones difíciles. Si pensamos, además, en las existencias que están hechas a menudo de soledad, ponerse en los zapatos del otro significa servicio, humildad, generosidad, que es también la expresión de una necesidad. Necesito que alguien se ponga en mis zapatos. Porque todos necesitamos comprensión, compañerismo y un consejo. »Cuántas veces he conocido a personas que, después de haber buscado consuelo en un cristiano, ya sea un laico, un sacerdote, una monja, un obispo, me dice: "Sí, me ha escuchado, pero no me ha entendido." Entender significa ponerse en los zapatos de los demás. - Santidad, cuando encuentra a una persona sin domicilio fijo, ¿qué es lo primero que le dice? - "Buenos días", "¿cómo estás?”… Las personas que viven en la calle entienden de inmediato cuando hay un interés real por parte de la otra persona o cuando hay, no quiero decir ese sentimiento de compasión, pero sí, ciertamente de pena. Se puede ver una persona sin hogar y mirarlo como una persona, o como un perro. Y ellos se dan cuenta de esta forma diferente de mirar. »En el Vaticano es famosa la historia de una persona sin hogar, de origen polaco, que solía estar en la Piazza Risorgimento en Roma. No hablaba con nadie, ni siquiera con los voluntarios de Cáritas que por la noche le llevaban una comida caliente. Sólo después de mucho tiempo consiguieron que les contase su historia: "Soy un sacerdote, conozco muy bien a vuestro Papa, estudiamos juntos en el seminario." »La voz llegó a San Juan Pablo II, que oyó el nombre, confirmó que había estado con él en el seminario y quiso encontrarlo. Se abrazaron después de cuarenta años, y al final de la audiencia, el Papa pidió ser confesado por el sacerdote que había sido su compañero. "Pero ahora te toca a ti," dijo el Papa. Y su compañero de seminario fue confesado por el Papa. »Gracias al gesto de un voluntario, de una comida caliente, de unas palabras de consuelo, de una mirada bondadosa, esta persona pudo recuperarse y hacer una vida normal que lo llevó a ser capellán de un hospital. El Papa lo había ayudado, por supuesto, esto es un milagro, pero también es un ejemplo para decir que las personas sin hogar tienen una gran dignidad. »En el arzobispado de Buenos Aires en una reja entre un portal y la acera vivían una familia y una pareja. Los encontraba cada mañana cuando salía. Los saludaba e intercambiaba unas palabras con ellos. Nunca pensé en echarles. Alguien me dijo: "Ensucian la Curia," pero la suciedad está dentro. Yo creo que hay que hablar con la gente con gran humanidad, no como si tuvieran que pagarnos una deuda y no tratarlos como si fueran pobres perros”. - Muchos se preguntan si es justo dar limosna a las personas que piden ayuda en la calle. ¿Qué responde? - Hay tantos argumentos para justificarse a sí mismo cuando no se da limosna... "¿Pero cómo, yo le doy el dinero y luego se lo gasta en un vaso de vino?". Un vaso de vino es la única felicidad que tiene en la vida, eso está bien. Pregúntate, más bien, que es lo que haces tu en secreto, que felicidad buscas a escondidas. O bien, a diferencia de él, eres más afortunado, tienes una casa, una esposa, hijos... ¿qué es lo que te lleva a decir "ocupaos vosotros de él”? »Una ayuda siempre es justa. Desde luego, no es bueno lanzar al pobre solo algunas monedas. Es importante el gesto, ayudar a los que piden mirándoles a los ojos y tocando sus manos. Echar el dinero y no mirar a los ojos, no es un gesto de cristiano… Enseñar la caridad no es descargar las propias culpas, pero es un acercarse, un mirar a una miseria que llevo dentro de mí y que el Señor comprende y salva. Porque todos tenemos miserias dentro”. - En varias ocasiones el Papa se ha pronunciado en defensa de los migrantes invitando a la acogida y a la caridad. Milán, en este sentido es una capital de acogida. Pero hay muchos que se preguntan si realmente se puede acoger a todos sin distinción o si es necesario establecer un límite - Los que llegan a Europa huyen de la guerra o del hambre. Y de alguna manera somos culpables porque explotamos sus tierras, pero no hacemos ningún tipo de inversión para que ellos puedan beneficiarse. Tienen derecho a emigrar y tienen derecho a ser acogidos y ayudados. Pero esto debe hacerse con esa virtud cristiana que debe ser propia de los gobernantes: la prudencia. »¿Qué significa? Significa aceptar a todos aquellos que se "pueden" acoger. Y esto con respecto a los números. Pero es igualmente importante reflexionar sobre "cómo" acoger. Porque acoger significa integrar. Esto es lo más difícil, porque si los inmigrantes no se integran, se guetizan. Integrar, significa entonces, entrar en la vida del país, respetar la legislación del país, respetar la cultura del país, pero también respetar la propia cultura y las propias riquezas culturales. »La integración es un trabajo muy difícil…. Recibir, acoger, consolar e integrar inmediatamente. Lo que falta es la integración. Cada país debe ver a cuantos puede acoger. No se puede acoger si no hay posibilidad de integración. - En la historia de su familia, está la travesía del Oceano por su abuelo y su abuela, con su padre... ¿Cómo se crece siendo hijo de emigrantes? ¿Se ha sentido algunas vez desarraigado? - Nunca me sentí desarraigado. En Argentina todos somos emigrantes. Por eso allí el diálogo interreligioso es la norma. En la escuela había judíos llegados en su mayoría de Rusia y musulmanes sirios y libaneses, turcos o con el pasaporte del Imperio Otomano. Había mucha hermandad. - ¿Qué es lo que más echa de menos de Buenos Aires? ¿Los amigos, las visitas a las villas miseria, el fútbol? - Sólo hay una cosa que echo mucho de menos: la posibilidad de salir y pasear por la calle. Me gusta ir a visitar las parroquias y conocer gente. - Milán está lista para recibirle a finales de marzo. Empezamos por las organizaciones benéficas, las asociaciones de voluntarios, los que se preocupan por dar a las personas sin hogar un lugar para pasar la noche, alimentación, salud, oportunidades para la redención. En Milán nos enorgullecemos de ser capaces de hacerlo bastante bien. ¿Es suficiente? ¿Cuáles son las necesidades de los que han terminado en la calle? - Sencillamente, estas personas necesitan lo mismo que los emigrantes, es decir, la integración. Desde luego, no es fácil de integrar una persona sin hogar, porque cada una de ellas tiene una historia especial. Por eso tenemos que acercarnos los unos a los otros, encontrar maneras de ayudar y echarles una mano. -A menudo se dice que los pobres puede cambiar el mundo. Pero es difícil que haya solidaridad donde hay pobreza y miseria, como en las periferias de las ciudades. ¿Qué piensa? - Le hablo de mi experiencia en Buenos Aires. En los barrios pobres hay más solidaridad que en los del centro. En las villas miseria hay muchos problemas, pero a menudo los pobres son más solidarios entre sí porque sienten que se necesitan mutuamente. He encontrado más egoísmo en otros barrios, no quiero decir ricos porque sería calificar descalificando, pero la solidaridad que vemos en los barrios pobres, no se ve en otros lugares, aunque la vida sea más complicada y difícil. »En los barrios pobres, por ejemplo, se ve más la droga , pero sólo porque en otros barrios está "tapada" y se usa con guantes blancos. -Ultimamente hemos intentado leer Milán de una forma diferente, partiendo de los últimos y de la calle, y con los ojos de las personas sin hogar que acuden a un centro de día de Caritas Ambrosiana. Con ellos hemos publicado una guía de la ciudad vista desde la calle. Santo Padre, ¿qué conoce de la ciudad y que espera de su inminente visita? - No conozco Milan. He estado allí sólo una vez, por unas horas, en los años setenta. Pero tengo un gran deseo, espero conocer a tanta gente. Es mi mayor expectativas: sí, espero encontrar a tanta gente...
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¿Qué debemos hacer cuando encontramos a un mendigo? 01032017
¿Qué debemos hacer cuando encontramos a un mendigo?
El Santo Padre responde a la revista ‘Scarp de tenis’
(ZENIT – Ciudad del Vaticano) La primera cosa que se hace cuando uno encuentra a un mendigo es saludarlo, “Buenos días, ¿cómo estas?” porque quien vive por la calle entiende inmediatamente cuando hay un interés real por parte de la otra persona o cuando hay”.
El papa Francisco le responde a ‘Scarp de tenis’, una revista de calle apoyada por la diócesis de Milán, una serie de preguntas. Así en el número que ha salido el último día de febrero explica que “Se puede ver una persona sin hogar y mirarlo como una persona, o como un perro. Y ellos se dan cuenta de esta forma diferente de mirar”, explica el Santo Padre.
Y narró una hecho real: “En el Vaticano es famosa la historia de una persona sin hogar, de origen polaco, que solía estar en la Piazza Risorgimento en Roma. No hablaba con nadie, ni siquiera con los voluntarios de Cáritas que por la noche le llevaban una comida caliente. Sólo después de mucho tiempo consiguieron que les contase su historia: “Soy un sacerdote, conozco muy bien a vuestro Papa, estudiamos juntos en el seminario”.
La voz llegó a San Juan Pablo II, que oyó el nombre y confirmó que había estado con él en el seminario y quiso encontrarlo. Se abrazaron después de cuarenta años, y al final de la audiencia, el Papa le pidió que lo confesara al sacerdote que había sido su compañero. “Pero ahora te toca a ti”, dijo el Papa. Y su compañero de seminario fue confesado por el Papa.
Gracias al gesto de un voluntario, de una comida caliente, de unas palabras de consuelo, de una mirada bondadosa, esta persona pudo recuperarse y hacer una vida normal que lo llevó a ser capellán de un hospital.
El Papa lo había ayudado, por supuesto, esto es un milagro, pero también es un ejemplo para decir que las personas sin hogar tienen una gran dignidad”.
Gracias al gesto de un voluntario, de una comida caliente, de unas palabras de consuelo, de una mirada bondadosa, esta persona pudo recuperarse y hacer una vida normal que lo llevó a ser capellán de un hospital.
El Papa lo había ayudado, por supuesto, esto es un milagro, pero también es un ejemplo para decir que las personas sin hogar tienen una gran dignidad”.
Francisco contó también que en el arzobispado de Buenos Aires en una reja entre un portal y la acera “vivían una familia y una pareja. Los encontraba cada mañana cuando salía. Los saludaba e intercambiaba unas palabras con ellos. Nunca pensé en echarles”.
Añadió que alguien le dijo: ‘Ensucian la Curia’. El Santo padre en la entrevista aseguró: “Pero la suciedad está dentro. Yo creo que hay que hablar con la gente con gran humanidad, no como si tuvieran que pagarnos una deuda y no tratarlos como si fueran pobres perros”.
¿Hay que dar limosna a quien pide por la calle? Francisco responde 28022017
¿Hay que dar limosna a quien pide por la calle? Francisco responde
Lo explicó el Santo Padre a una entrevista a la Cáritas de Milán, el mensual “scarp de tenis”
(ZENIT – Roma).- Interrogado el papa Francisco sobre si hay que dar una limosna a quien la pide por la calle, respondió: “Hay muchos argumentos para justificarse a si mismo cuando no se da una limosna”. Lo explicó en una entrevista al mensual “scarp de tenis” de la Cáritas de Milán, señalando que uno de ellos es: “¿Cómo le voy a dar dinero si después él se lo gasta para tomarse un vaso de vino?”. Y Francisco responde, que si es esa la única felicidad que tiene en la vida “está bien así”. E invitó a preguntarse “más bien ¿qué hace uno a escondidas?, ¿cuál es la felicidad que uno busca escondido?”.
“O más bien, a diferencia de él uno es más afortunado, tiene una casa, una esposa, hijos, ¿Qué te lleva a decir, ‘Ocúpense ustedes de él’. Una ayuda siempre es justa. Desde luego, no es bueno lanzar al pobre solo algunas monedas. Es importante el gesto, ayudar a los que piden mirándoles a los ojos y tocando sus manos. Echar el dinero y no mirarlos en los ojos no es un gesto cristiano”, señala el Santo Padre.
¿Cómo educar a la limosna? El Santo Padre contó la anécdota de una señora que conoció en Buenos Aires y que era mamá de cinco niños. El papá se encontraba en el trabajo, ellos “estaban almorzando y sienten golpear a la puerta. El más grande va a abrir: ‘Mamá, hay un hombre que pide comida. ¿Qué hacemos?’. Los tres, la más pequeña una niña de cuatro años estaban comiendo una milanesa. La mamá dice: ‘Cortemos por la mitad nuestra milanesa’. Y la niña dice que no porque hay otra. ‘Es para papá esta noche. Se la tenemos que dar, tenemos que darle la nuestra’”.
“Con pocas y simples palabras –prosiguió Francisco– aprendieron que se da de lo propio, lo que uno nunca querría dejar. Dos semanas después, la misma señora fue a la ciudad para realizar algunas gestiones y dejó a los niños en la casa, ellos tenían que hacer deberes, les dejó la merienda lista. Cuando regresó encontró a los tres hijos con un mendigo en la mesa con quien estaban comiendo la merienda. Habían aprendido bien y demasiado rápido, y seguramente les había faltado la prudencia”.
Y el Pontífice concluye explicando que “enseñar la caridad no es descargar las propias culpas, pero es un acercarse, un mirar a una miseria que llevo dentro de mí y que el Señor comprende y salva. Porque todos tenemos miserias dentro”.
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