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sábado, 24 de febrero de 2018

Cuarta meditación en los Ejercicios del Papa: El remedio contra la sed de nada es la comunión con Jesús (P. José Tolentino de Mendonça) 20022018



El Papa y la Curia Romana en la Casa Divino Maestro en Ariccia

Ejercicios Espirituales: El remedio contra la sed de nada es la comunión con Jesús

El Padre Tolentino predicó esta mañana la cuarta meditación de los Ejercicios Espirituales del Papa y los miembros de la Curia Romana, en la casa Divino Maestro, en Ariccia
Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

La sed de nada que nos enferma

 

“Lo opuesto a la sed es a veces, en nuestra vida, la acedia, esta “sed de nada” que nos invade, más o menos imperceptiblemente, y nos hace enfermar”; con estas palabras inicia la cuarta meditación del padre Tolentino, encargado de guiar los Ejercicios Espirituales de Cuaresma que están realizando esta semana el Papa Francisco y algunos miembros de la Curia Romana, citando un fragmento escrito por el filósofo Søren Kierkegaard en su famoso Diario donde describe con cierto detalles una situación parecida.
“Extraña inquietud que a menudo me agarra. Es decir, me parece que la vida que vivo no es la mía, sino que corresponde punto por punto a la de otra persona, sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. No tengo ganas de nada. No tengo ganas de caminar, eso me cansa; no quiere recostarme porque debería estar un largo tiempo tumbado y eso no me va; tampoco levantarme de inmediato me agrada. No quiero cabalgar, es un ejercicio demasiado duro para mi apatía”.
“ Lo opuesto a la sed es a veces, en nuestra vida, la acedia, esta sed de nada que nos invade, más o menos imperceptiblemente, y nos hace enfermar ”
“Y es justamente así: ya no tenemos más ganas de nada, miramos la vida sin color, sin sabor, con esta sed de nada que acaba enfermándonos”, explica el padre Tolentino señalando que no es la sed en sí misma la que nos hace “morir en vida”, sino que precisamente esta sed es la que nos enseña el arte de buscar, de aprender, de colaborar... la pasión de servir”.
IV Meditación

El riesgo de abandonarse en uno mismo

 

El peligro reside por tanto, en dejarse ahogar por esa “sed de nada” que deriva en indiferencia, en apatía, en la falta de interés por los demás y en el encierro en uno mismo.
Un riesgo que afecta a todos, tanto de manera individual como de manera colectiva, cuando hablamos por ejemplo de la Iglesia como Institución, como familia y comunidad, que también puede dejarse arrastrar a la deriva por este “deseo de nada”.
“ El peligro reside por tanto, en dejarse ahogar por esa sed de nada que deriva en indiferencia, en apatía, en la falta de interés por los demás y en el encierro en uno mismo ”
Esa “psicología de la tumba” de la que habla Evangelii gaudium cuando advierte sobre los peligros de que los cristianos, poco a poco, se conviertan en momias de museo: desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza,que se apodera del corazón como «el más pre-ciado de los elixires del demonio».

La anatomía de la tristeza

 

Por otra parte, uno de los sinónimos de acedia, entendida como “apatía del alma”, es la tristeza. Y en este sentido tenemos que reconocer que, a menudo nuestra tristeza, es la misma que la de aquel joven rico, que aún habiendo sido llamado por Jesús, no lo sigue.
En tres ocasiones encontramos en los textos evangélicos esa narración, (Mt 19,16-22; Mc 10,17-22; Lc 18,18-23) y asistimos al “colapso del deseo” en el joven que antes, se había arrodillado delante de Jesús llamándolo “Maestro Bueno”, pero que al final no lo sigue.
“ Uno de los sinónimos de acedia, entendida como apatía del alma, es la tristeza. Y en este sentido tenemos que reconocer que, a menudo nuestra tristeza, es la misma que la de aquel joven rico que aún habiendo sido llamado por Jesús, no lo sigue. ”
Todo parece indicar que tenía una sed grande y sincera de Jesús, y cumplía con los mandamientos desde su juventud, no obstante, en la hora decisiva prefirió la seguridad y la protección de aquello que consideraba que eran sus bienes, en lugar de lanzarse a la aventura abierta de vivir en confianza con el Señor, con esa disponibilidad que una relación de tal magnitud exige por parte de nosotros.
“Por tanto, no es raro que nuestra tristeza provenga precisamente de esta incapacidad de entregarnos al Señor”, añade el padre Tolentino.

La debilitación del deseo que marca el alma

 

Y en este sentido, el fragmento 82 de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium nos puede ayudar a realizar un examen de conciencia oportuno sobre esa debilitación del deseo que no raramente nos caracteriza.
“ No es raro que nuestra tristeza provenga precisamente de esta incapacidad de entregarnos al Señor ”
Dice el Papa Francisco: “El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable.
De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado. Esta acedia pastoral puede tener diversos orígenes. Algunos caen en ella por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer. Otros, por no aceptar la costosa evolución de los procesos y querer que todo caiga del cielo. Otros caen en la acedia por no saber esperar y querer dominar el ritmo de la vida. El inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes pastorales no toleren fácilmente lo que signifique alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz”.

Aprendan de mí

 

El mejor remedio para luchar contra esa acedia, esa tristeza, esa indiferencia y apatía del alma, nos lo ofrece Jesús mismo, quien nos invita a vivir en comunión con Él, no sólo cultivando un vínculo intelectual sino configurándonos en su Pasión, viviendo el estilo de vida según el suyo.
En su Palabra encontramos todo lo que nuestra alma necesita para encontrar sentido y esperanza; ya que muchas veces la razón de nuestra desesperación, nuestras caídas y nuestro cansancio es precisamente nuestra necesidad de buscar regugio en Dios para poder superar todo esto.
“ El mejor remedio para luchar contra esa acedia, esa tristeza, esa indiferencia y apatía del alma, nos lo ofrece Jesús mismo, quien nos invita a vivir en comunión con Él ”

Y es eso lo que Jesús nos propone cuando dice: “Vengan a mí  todos los que estén cansados y agobiados y yo les daré descanso. Tomen mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera». (Mt 11, 28-30).

Tercera meditación en los Ejercicios del Papa: «Señor acrecienta mi sed» (P. José Tolentino de Mendonça) 19022018



Ejercicios espirituales del Papa y de la Curia Romana


«Señor acrecienta mi sed» Tercera meditación. Ejercicios espirituales del Papa y la Curia

Debemos perder el miedo de reconocer nuestra sed y nuestra sequedad. Pero… ¿cómo se mide la sed espiritual? En la tercera meditación de los ejercicios espirituales del Papa y de la Curia Romana que se están llevando a cabo en Ariccia, el padre Tolentino continuó su reflexión sobre el elogio de la sed
Griselda Mutual - Ciudad del Vaticano
En la tercera meditación, en la segunda jornada de ejercicios espirituales en los que participa el Santo Padre y la Curia romana en la localidad de Ariccia, el padre Tolentino prosiguió con su meditación acerca del elogio de la sed.
"Puede suceder que estamos completamente sedientos y no nos damos cuenta. Puede parecer que todo fluye, pero que en profundidad, no sea así". Fue la advertencia con la que el predicador prosiguió la segunda meditación del día, la tercera desde el inicio de los ejercicios espirituales, en la que, en primer lugar, manifestó cómo el “entrar en contacto con la propia sed”, no sea una tarea fácil, pero que “si no lo hacemos, la vida espiritual pierde adhesión a la realidad”. Ese fue el motivo por el cual el sacerdote portugués señaló que “debemos perder el miedo de reconocer nuestra sed y nuestra sequedad”. Pero… ¿cómo se mide la sede espiritual?

No intelectualizar demasiado la fe

 

El padre Tolentino explica que estamos, "mayormente preocupados por la credibilidad racional de la experiencia de fe que por su credibilidad existencial, antropológica y afectiva". Nos ocupamos más de la razón que del sentimiento. Nos dejamos a la espalda la riqueza de nuestro mundo emocional, mientras que en cambio, necesitamos mirarnos en nuestra entereza, no temerla, no negarla, sino abrazarla con madurez, lucidez  y confianza. Porque es así que Dios nos mira. “Somos una mezcla de tantos componentes emocionales, psicológicos y espirituales, y de todos debemos adquirir conciencia”. “Dios nos ama al completo”, recuerda. 

Cómo verificar el estado de nuestra fe

 

Una herramienta para evaluar el estado de la propia sed "puede venir de la literatura", indica el predicador haciendo alusión al utilizo de ésta para el análisis de itinerarios religiosos. ¿Por qué? Primero, “porque la literatura logra generarse como metáfora integral de la vida y de sus diversos niveles, su fin es describir la entereza, no sólo ésta o aquella dimensión unívoca.  Y la vida espiritual, progresa sólo cuando es un revisación de la existencia en su totalidad".
Segundo, "porque otorga un conocimiento concreto, no conceptual: tampoco la vida espiritual es una ideología o una idealización que sobrevuela la realidad". Y tercero porque "es un instrumento de precisión como pocos: logra poner en relación el yo y el nosotros, lo personal y lo colectivo, la gracia y el pecado, el encuentro y la soledad, el dolor y la redención". ¿Y la vida espiritual? Ella no está prefabricada, está involucrada en la radical singularidad de cada sujeto.

Me di cuenta de estar sediento

 

Haciendo efectivo el ejemplo de la premisa anterior, el sacerdote reflexionó sobre un texto de la escritora brasileña Clarice Lispector, en el que narra "con la fuerza de una declaración autobiográfica", la toma de conciencia de cuánto ella estuviese sedienta de libertad.
“Hablar de la sed es hablar de la existencia real, [...] es iluminar una experiencia más que un concepto, [...]es adentrarse en una escucha profunda de la vida”, dice el sacerdote, y avisa que “puede suceder que tenemos dificultad a admitir que estamos sedientos”. “¿Sedientos de qué? ¿De quién?" Es la pregunta que podemos ponernos en medio de nuestra gran dificultad a admitir que estamos sedientos. Sin embargo, no podemos hacer como si la sed no existiera: “del ponerse a su escucha depende la calificación espiritual de la vida”. Uno de los requisitos para recibir el agua de la vida es estar sedientos y reconocerse como tales. "Sabemos interpretar el agua. Pero ¿cómo interpretar la sed?"

Interpretar la sed

 

“Escuchar la propia sed es interpretar el deseo que está en nosotros”: responde así a la pregunta presentada antes el padre Tolentino, echando mano luego a la parte final del Simposio de Platón. "El deseo  - explica –es entendido como carencia y no como necesidad". "Debemos – prosigue párrafos más adelante –distinguir el deseo de una mera necesidad que se placa y se satisface con la posesión de un objeto. El deseo es una carencia que no ha sido nunca completamente satisfecha, una tensión, [...] una interminable exposición a la alteridad. Una aspiración que nos trasciende y que no determina, como la necesidad, un término o fin".
Simone Weil, agrega el sacerdote, "revisa el discurso platónico en clave mística", asegurando que "el deseo es bueno porque contiene una energía que se deja orientar hacia lo alto, a lo divino", y en ese sentido "propone una educación del deseo que nos haga vigilantes en relación a las tentaciones de sustitución, enseñándonos, más bien, a permanecer en lo incompleto, en el vacío y en la espera". Esto porque para Simone Weil, no es nuestro deseo el que alcanza a Dios: si permanecemos sedientos y deseosos, es Dios mismo quien desciende hacia nuestra humanidad para colmar de plenitud nuestro deseo.
El padre Tolentino prosigue citando a Hegel, según el cual el deseo humano dirigido al otro se manifiesta como un deseo de reconocimiento. Un deseo del ser humano es el de ser amado, mirado, cuidado, deseado y reconocido. Mientras deseamos objetos, o dejamos que a movernos sea el conseguir cosas, títulos, premios, nuestro desear no es un "verdadero desear". Y hoy en día - ahonda - es cada vez más claro que las sociedades capitalistas, organizadas entorno al consumo [...] están removiendo la sed y el deseo típicamente humanos. "Cuando el placer, la pasión, la alegría acaban en un consumismo desenfrenando, llegamos a la extinción de la sed y a la agonía del deseo, en el que la vida pierde su horizonte". Algo que sucede, observa Tolentino, en nuestras culturas y también en nuestras Iglesias: un déficit de deseo. ¿Nosotros bautizados formamos una comunidad de deseosos? ¿Los cristianos tienen sueños? ¿La Iglesia tiene hambre y sed de justicia? ¿Cómo nos ponemos ante el sueño misionero de llegar a todos? En relación a esta "sed" que la exhortación apostólica Evangelii Gaudium  deposita en el corazón de la Iglesia… ¿nos arremangamos o estamos con las manos en mano?

La sed de Dios

 

En el final de su meditación el padre Tolentino apela al salmo 42: «Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua así mi alma suspira por ti, mi Dios». Una imagen que describe “la distancia física que amplía el deseo”. Es necesario reencontrar el deseo, dice el predicador, los cristianos y en particular los pastores. Un deseo cuya experiencia es una condición de mendicidad: el creyente es un mendigo de misericordia. “El deseo nos expropia de nuestro saber acostumbrado, de nuestros diagnósticos y convicciones consolidadas, del patrimonio acumulado que nos atora, de la tiranía de nuestros puntos de vista absolutistas”. El deseo, según el padre Tolentino, “no refuerza la cerrazón en el proprio yo, sino que la trasciende y redimensiona, poniéndonos ante el Otro y su Alteridad”.
“El deseo es la brújula: nos orienta hacia Dios”. Y lo importante, recuerda el sacerdote, "no es lo que he sido, ni lo que soy, sino la potencialidad que Dios, el deseo de Dios, despierta en mi".
“El Papa recuerda que una de las peores tentaciones son la autosuficiencia y la auto- referencialidad - concluye. Cuando eso sucede, hacemos de la vida una cápsula insonorizada, que puede asemejar a una cómoda zona de confort, pero que nos hunde en una anorexia mortal, porque el don de Dios y de los hermanos no circula, ni nos alimentamos”.

El padre Tolentino finalizó esta meditación con la oración de la sed: Enséñame, Señor, a rezar mi sed y a pedirte que no me la quites o canceles rápidamente, sino acreciéntala aun en aquella medida que yo no conozco y que sólo sé, que es tuya [...].

viernes, 23 de febrero de 2018

“Gracias por recordarnos que la Iglesia no es una jaula para el Espíritu Santo”

“Gracias por recordarnos que la Iglesia no es una jaula para el Espíritu Santo”

Agradecimiento del Papa al Predicador Tolentino de Mendonça
Agradecimiento del Papa al P. José Tolentino Mendonça © Vatican Media
Agradecimiento Del Papa Al P. José Tolentino Mendonça © Vatican Media
(ZENIT – 23 feb. 2018).- “Gracias por recordarnos que la Iglesia no es una jaula para el Espíritu Santo, que el Espíritu también vuela y trabaja fuera”.
El Papa Francisco ha dirigido esta mañana, 23 de febrero de 2018, al final de los ejercicios espirituales para la Curia Romana, unas palabras de agradecimiento al predicador D. José Tolentino de Mendonça, vice rector de la Universidad Católica de Lisboa y consultor del Consejo Pontificio de la Cultura. (Ver vídeo)
“Gracias por esta llamada a abrirnos sin miedo, sin rigidez, para ser suaves en el Espíritu y no momificados en nuestras estructuras que nos encierran”, ha dicho Francisco, señala la Santa Sede en un comunicado de prensa.
En nombre de todos, el Papa ha agradecido al sacerdote portugués su acompañamiento durante estos días, y ha expresado su gratitud por haberles hablado de la Iglesia, por hacerles “sentir a la Iglesia, esta pequeña grey”. “¡Y también por habernos advertido de que no lo “encojamos” con nuestras mundanidades burocráticas!”.
El Obispo de Roma ha dicho al Predicador: Con las citas y las cosas que Usted nos ha dicho nos ha mostrado cómo trabaja en los no creyentes, en los “paganos”, en las personas de otras confesiones religiosas: es universal, es el Espíritu de Dios, que es para todos.
También hoy hay “Cornelios”, “centuriones”, “guardianes de la prisión de Pedro” que viven una búsqueda interna o saben cómo distinguir cuando hay algo que llama, le ha trasmitido el Pontífice.
“Gracias, Padre –ha expresado Francisco– Y siga rezando por nosotros. Como decía la madre superiora a las monjas: “¡Somos hombres!”, Pecadores, todos. Gracias, Padre”.
Oración por Sudán del Sur y el Congo
Ho, 23 de febrero de 2018, terminan los ejercicios espirituales de la Curia Romana y del Papa Francisco en la localidad italiana de Ariccia, con la celebración de la Jornada de ayuno y oración por Sudán del Sur, el Congo y también Siria que el Santo Padre convocó el pasado 4 de febrero de 2018 durante el rezo del Ángelus.

jueves, 22 de febrero de 2018

Segunda meditación en los Ejercicios del Papa: “Poner nuestra sed en Dios” (P. José Tolentino de Mendonça)



Pope Francis arrives at Casa del Divin Maestro


Ejercicios espirituales del Papa y la Curia: “Poner nuestra sed en Dios”


En la segunda jornada de Ejercicios espirituales en los que participa el Santo Padre y la Curia romana en la localidad de Ariccia el predicador meditó acerca de “la ciencia de la sed”

María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

El sacerdote portugués José Tolentino de Mendonça – llamado hasta el próximo 23 de febrero a predicar los Ejercicios espirituales en los que participa el Papa Francisco junto a los demás miembros de la Curia Romana – en la Casa del “Divino Maestro” de Ariccia, no muy lejos de Roma – ha elegido el tema del “elogio de la sed”.
En efecto, tal como él mismo lo explicó en una reciente publicación, se trata de un tema bíblico, que ha sido elaborado muchas veces por la tradición cristiana, y que es, al mismo tiempo, un “mapa real y sumamente concreto, que nos ayuda a mantenernos sintonizados con la vida diaria”, puesto que – como dijo – siente interés, sobre todo, por una espiritualidad de la vida cotidiana”.
Asimismo afirmó que para el sacerdote el corazón “es un ilimitado depósito de sed”: sed de amor, de verdad, de reconocimiento, de razones de vivir, de justicia y de infinito, sin olvidar que “Jesús se identificó con los sedientos, mientras que una de sus últimas palabras en la cruz fue: ‘Tengo sed’. De modo que la sed llega a ser así una hermenéutica necesaria, no sólo para alcanzar el corazón humano, sino también para comprender el misterio de Dios”.
De la misma manera explicó que aun trabajando desde hace tantos años en la Universidad Católica de Lisboa –  donde actualmente es vicerrector, además de ser consultor del Consejo Pontificio para la Cultura – se siente un “pobre sacerdote, un sacerdote de la calle”, a quien el Santo Padre le pidió su colaboración para estos Ejercicios espirituales de Cuaresma también para “compartir su pobreza”.

La promesa de Dios frente a la insuficiencia humana 


La última frase que pronunció Jesús en según el libro del Apocalipsis es una invitación: “El que tenga sed, venga”. A partir de aquí el predicador José Tolentino desarrolló su reflexión para guiar a los participantes a comprender los contornos de esa “abundancia”, de esa “gratuidad” de vida que el Hijo de Dios ofrece al hombre y a evaluar su respuesta hoy. 
Sí, porque como explicó, Jesús promete saciar nuestra sed reconociendo que somos “incompletos y en construcción”; puesto que Él sabe “cuántos obstáculos nos frenan” y cuántas “derivas nos atrasan”. Estamos “tan cerca de la fuente – dijo – y vamos tan lejos”. A la vez que, en el deseo y en la sed se encuentran dos sentimientos contrastantes: la atracción y la distancia, el entusiasmo y la vigilancia. De modo que la pregunta que hay que hacerse es si deseamos a Dios, si sabemos reconocer nuestra sed y si nos tomamos el tiempo para descifrarla.

No es fácil reconocer la sed de Dios


A partir de estos interrogantes, el predicador entró en un recorrido que fue desde la Biblia, hasta los textos del dramaturgo Ionesco, pasando por las páginas del Principito de Saint-Exupéry, para poner de manifiesto los perfiles efectivos de la sed como necesidad física, como reconocimiento de nuestros límites y de nuestra extrema vulnerabilidad.
“La sed nos priva del respiro, nos agota, nos extenúa. Nos deja sedientos y sin fuerzas para reaccionar – afirmó – y nos lleva al límite extremo”. Por esta razón – prosiguió – se comprende que no sea fácil exponerse a la sed”. Y si tuviéramos que relatar la parábola de nuestra sed, quizá surgiría el protagonista  masculino de “La sed y el hambre” de Ionesco. En efecto, se trata de una figura devorada por un “infinito vacío”, una inquietud que parece que no se puede aplacar y que lo transforma en “un hombre sin raíces, ni casa, incapaz de crear vínculos, perdido en el vacío del laberinto en el que sólo escucha el rumor solitario de sus propios pasos”.

El consumismo espiritual del hombre de hoy


He aquí la sed del hombre de hoy. Una sed que – tal como explicó el predicador – “se trasmuta en la desafección con respecto a lo que es esencial, en una incapacidad de discernimiento”. Porque el consumismo hoy no es sólo material, sino también espiritual, y “lo que se dice de uno, ayuda a comprender al otro”. Mientras que el hecho es que nuestras sociedades – que “imponen el consumo como criterio de felicidad – transforman el deseo en una trampa”. En efecto, cada vez que pensamos en apagar nuestra sede en una “vidriera”, en una “compra”, en un “objeto”, su posesión comporta su devaluación y esto hace crecer en nosotros el vacío. Porque el objeto de nuestro deseo es “un ente ausente”, es un “objeto que siempre falta”. Y sin embargo – añadió –  “el Señor no deja de decirnos: ‘El que tenga sed, vega; quien lo desea, beba gratuitamente el agua de la vida’”. 

Poner nuestra sed en Dios


Hay muchos “modos de engañar las necesidades y de adoptar una actitud de evasión espiritual – concluyó diciendo el padre José Tolentino – sin tomar conciencia jamás de que estamos en fuga”: “Aducimos sofisticadas razones de rentabilidad y de eficacia”, sustituyendo con ellas “la auscultación profunda de nuestro espacio interior y el discernimiento de nuestra sed”.

Y dado que “no existen las píldoras que resuelvan mecánicamente nuestros problemas”, el padre José Tolentino invitó al concluir, a ralentizar “nuestro paso”, a “tomar conciencia de nuestras necesidades”. Sentémonos a la mesa de la fe, no por razones materiales o económicas – dijo – sino “por razones de vida”. La sed de “relaciones, de aceptación y de amor” está presente en todo ser humano, es un patrimonio “biográfico” que estamos llamados a reconocer y del que debemos dar gracias. No es algo banal, y entonces “pongamos en Dios nuestra sed”.

Primera meditación en los Ejercicios del Papa: Buscados por la sed de Jesús (P. José Tolentino de Mendonça) 18022018




Papa Francisco Casa Divino Maestro Ejercicios Espirituales Curia Romana sed Jesús

Buscados por la sed de Jesús: primera meditación en los Ejercicios del Papa


El Papa Francisco y los miembros de la Curia Romana, en su primer día de Ejercicios en la casa Divino Maestro, asistieron a la primera meditación del padre José Tolentino de Mendonça, sobre el pasaje evangélico de Juan dedicado al encuentro de Jesús y la samaritana en el pozo de Jacob

Jesús sentado en el pozo de Jacob le pide a la samaritana: “Dame de beber” nos maravilla, nos deja inermes por el estupor. Un judío que habla con una mujer de Samaría, poblada por disidentes con los cuales los judíos estaban de acuerdo, nos sorprende como Jesús que se dirige a nosotros para preguntarnos: “Dame lo que tienes. Abre tu corazón, dame lo que eres”. Comienza con estas palabras la primera meditación de don José Tolentino de Mendonça en los Ejercicios Espirituales de Cuaresma para el Papa y la Curia Romana propuesta esta tarde en la capilla de la Casa Divino Maestro de los Paulinos de Ariccia.

Aprendices del estupor

En la meditación, el teólogo y poeta portugués, vicerrector de la Universidad Católica de Lisboa, ha elegido como tema de sus predicaciones “El elogio de la sed” y en la introducción titulada “Aprendices del estupor” comenta la primera parte del relato de Juan (Jn 4, 5-24) sobre el encuentro entre Jesús y la samaritana en el pozo.
El pedido de Jesús provoca en nosotros perplejidad y desconcierto porque “somos nosotros los que hemos venido a beber” al pozo y sabemos que la sed es fatiga y necesidad. Pero Jesús está cansado por el viaje y está sentado cerca del pozo. Y, en el Evangelio, aquellos que están sentados para pedir, recuerda el padre Tolentino, son los mendigos. También Jesús mendiga, el suyo “es un cuerpo que experimenta la fatiga de los días: extenuado por la atención amorosa por los otros”. No es sólo el hombre a ser mendigo de Dios. “También Dios es mendigo del hombre”.

Con su debilidad vino a buscarnos

Con su debilidad – continúa el padre Tolentino – Jesús “vino a buscarnos”. “En lo más abismal y nocturno de nuestra fragilidad, sintámonos comprendidos y buscados por la sed de Jesús”. Que no es una sed de agua, es más grande: “Es sed de alcanzar nuestras sedes, de entrar en contacto con nuestras heridas”. Nos pregunta: “Dame de beber”. “¿Le daremos? ¿Nos daremos de beber los unos a los otros?” pregunta el padre José.
Reconozcámonos llamados, porque es el Señor que toma la iniciativa de venir a nuestro encuentro. “Por grande que sea nuestro deseo, el deseo de Dios es aún mayor”. Y cuando Jesús dice a la mujer lo verdadero de su vida, “esto no la humilla ni la paraliza. Más aun, se siente visitada por la gracia, liberada por la verdad del Señor”.

Dios sabe que estamos aquí y nos abraza

Sintámonos abrazados, concluye el padre Tolentino, porque “Dios sabe que nosotros estamos aquí”. Y en estos días, “desaprendemos, para aprender aquella gracia que hará posible la vida dentro de nosotros”. En nuestro íntimo decimos: “Señor, yo estoy aquí en espera de nada”. Que es como decir: estoy solamente en espera de ti, “en espera de aquello que tú me das”.

Desde el lunes 19 hasta el viernes 23 de febrero, las jornadas del Papa y de sus colaboradores en la Casa Divino Maestro en Ariccia se abrirán a las 7.30 de la mañana con la celebración de la misa, seguida por una primera a las 9.30. A las 16 se tendrá la segunda meditación, que precederá la oración de las vísperas y la adoración eucarística.
 

VIII meditación: La misericordia, un Evangelio por descubrir.(José Tolentino de Mendonça) 22022018


Ejercicios Espirituales en Ariccia

VIII meditación: La misericordia, un Evangelio por descubrir.


La parábola del hijo prodigo y el Evangelio de la misericordia, son los temas centrales de la Octava meditación de los Ejercicios Espirituales para el Papa y la Curia romana, a cargo del predicador portugués, José Tolentino de Mendonça.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Uno de los grandes peligros en el camino interior es la imagen de auto-referencialidad, centrado en el yo, que se convierte en principio y fin de todas las cosas”, con estas palabras el predicador portugués, José Tolentino de Mendonça, introdujo la octava meditación de los Ejercicios Espirituales para el Papa y la Curia romana, la mañana del jueves 22 de febrero, en la Casa “Divino Maestro”, de la localidad romana de Ariccia.
Presentando la parábola del hijo prodigo, el Predicador portugués señaló que, esta parábola es un espejo que Jesús nos pone y que el núcleo de la parábola es la experiencia de relación que ahí se manifiesta y se recompone. “En este espejo está todo – precisó el P. Tolentino – la necesidad de la libertad del hijo más joven, sus sueños sin fundamentos, sus pasos falsos, la fantasía de omnipotencia, su incapacidad de conciliar deseos y leyes. Pero también está la historia del hijo mayor – agregó el Predicador – sus expectativas enfermas, su dificultad de vivir la fraternidad, la pretensión de condicionar las decisiones del padre, el rechazo del gozo por el bien del otro”.
La parábola nos muestra todo esto, como el resentimiento latente y la incapacidad de acoger la “lógica de la misericordia”, de la cual muchas veces nos volvemos opositores.

El hijo más joven y la búsqueda del “verdadero deseo”

La parábola del hijo prodigo, señaló el Sacerdote portugués, nos plantea algunas interrogantes, nos cuestiona. ¿Hasta qué punto nos dejamos reconciliar profundamente, con la lógica del Evangelio en lo más íntimo de nosotros?
“En el hijo más joven – subrayó el Predicador – se encuba un deseo enorme de autonomía, y esto, de por sí es normal y sano. Pero el hijo no lo hace en diálogo, sino lo hace con una ruptura. Sustituye al padre con los bienes materiales y se pone en búsqueda de la felicidad de modo individual, autónomo y pretende ser el señor de sí mismo”. Es este deseo equivocado, señaló el P. Tolentino, es el que aleja al hijo más joven de lo que verdaderamente cuenta; en cambio el deseo verdadero, es estructuralmente marcado por una carencia, una insatisfacción, una sed de algo que no puede ser poseído, y esto es el sentido, que nos lleva a profundizar y no a saciarnos.

El hijo mayor y el peligro de la envidia

Por su parte, el hijo primogénito, afirmó el Sacerdote portugués, es aquel que se queda cerca del padre, no parece tener la misma inconsistencia interior de su hermano más joven, pero tampoco mantiene una relación integrada con el padre. “En él – señaló el Predicador – se nutre la ira y el resentimiento por el regreso del hermano, y se despierta en él la incapacidad de sentir compasión por quien estaba perdido y muerto”. En el fondo, concluye, también esta es una enfermedad del deseo que crea la envidia.
“La envidia – precisó el P. Tolentino – es una falta de amor, una reivindicación estéril e infeliz. La envidia es un sentimiento perjudicial en relación a otro que posee o goza de algo y en esto surge un impulso envidioso de eliminar o destruir la fuente de ese gozo”. Lo contrario de la envidia, subrayó el Predicador, es la gratitud, que está estrechamente relacionada con la confianza en el bien que crece en los demás, en lo bueno que tiene el otro, independientemente de mí y en el bien que de él recibo. La gratitud, dijo, construye y reconstruye el mundo por dentro y por fuera.

La misericordia, un Evangelio por descubrir

Finalmente, junto a las figuras de estos dos hijos, cada uno a modo suyo y en el cual nos reflejamos, dijo el Predicador, emerge la figura del padre y él es el icono de la misericordia. “A los ojos del padre, un hijo es un hijo y nada más, por ello, por la inmensa compasión que siente, el padre es capaz de salir y abrazar al hijo perdido, restituirlo a la intimidad de la casa; porque en él desborda la compasión, hay un exceso de misericordia. Y Dios nos dice: la misericordia es el arte necesario para salvar una vida, la misericordia es un camino que todos debemos aprender”.

“La misericordia – concluyó el P. Tolentino – no es dar al otro aquello que se merece. Con un efecto ético de inversión, podemos afirmar que la misericordia es ofrecer al otro precisamente aquello que no se merece. La misericordia es bondad, perdón, reconciliación. La misericordia es un Evangelio por descubrir”.

Ejercicios de Cuaresma: “Las lágrimas narran una sed” 21022018

Ejercicios de Cuaresma: “Las lágrimas narran una sed”

Sexta meditación del P. José Tolentino de Mendonça
Cuarta jornada del retiro espiritual © Vatican Media
Cuarta Jornada Del Retiro Espiritual © Vatican Media
(ZENIT – 21 feb. 2018).- En la cuarta jornada de los Ejercicios Espirituales para el Papa y la Curia romana, el predicador portugués, José Tolentino de Mendonça en la sexta meditación afrontó el tema: “Las lágrimas narran una sed”.
“Nuestra biografía puede ser narrada también a través de las lágrimas: de alegría, de fiesta, de emoción, y también de noche oscura, de sufrimiento, de abandono, de arrepentimiento y de constricción”.
El dolor de aquellas lágrimas –afirma el Predicador– Dios las conoce todas y las acoge como una oración. Tengamos confianza en Él, no las escondamos a Él.
“Las mujeres de los Evangelios –ha dicho el Predicador– conceden el derecho de la ciudadanía a las lágrimas, mostrando cuanto sea grande la importancia de este signo”.
Porque las lágrimas son también la zona visible, transparente y viva de nuestros deseos; fluyen desde dentro de nuestro cuerpo, pero expresan la más recóndita e intensa interioridad. Ya que en los humanos, recuerda el Predicador, el llanto es siempre una forma de relación.
Las mujeres no están ausentes en los Evangelios –ha descrito el P. Tolentino– es un hecho, pero es necesario que aprendamos a apreciar mejor su presencia, porque en ellas podemos captar un estilo singular de búsqueda de Jesús y de un discipulado genuino.
Servicio escondido
Así, el sacerdote portugués ha indicado que las mujeres del Evangelio se expresan con gestos: “Se empeñan en el servicio escondido, donde el bien del otro es colocado en primer lugar, más que en las preocupaciones de poseer el liderazgo o de estar siempre un paso adelante”.
El Padre José Tolentino de Mendonça ha apuntado que uno de los elementos que une a los varios personajes femeninos en Lucas “son las lágrimas” y ha enumerado algunos ejemplos: La viuda de Nain, la pecadora, las mujeres de Jerusalén… “En la mujer, existe una densidad existencial, un sabor de la cotidianeidad, que perfuma la fe; existe una sensibilidad que envuelve el todo de la vida, incluso cuando esta es minúscula y frágil”.
Retiro de Cuaresma
La tarde del domingo 18 de febrero de 2018, el Papa Francisco se fue del Vaticano para participar en sus ejercicios espirituales cuaresmales anuales en la Casa ‘Gesù Divin Maestro’ (la Divina Casa Maestra) en la ciudad de Ariccia, cerca de Roma.
Durante una semana, el Santo Padre permanecerá allí orando con los miembros de la Curia Romana.
El retiro concluirá en la mañana del viernes 23 de febrero. Hasta entonces, todas las actividades del Papa, incluida la audiencia general semanal, el 21 de febrero, se suspenderán.