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lunes, 10 de febrero de 2020

En torno a una olla: minga de teología popular y comunitaria (Leonardo Boff) 09022020


En torno a una olla: 

minga de teología popular y comunitaria

2020-02-09

            La teología de la liberación no es una disciplina más junto a la historia de los dogmas, la liturgia, la moral, el derecho canónico, etc. Es una manera diferente de cumplir con el oficio de la teología: en medio del pueblo, principalmente entre los más pobres e invisibles. Por eso su marca registrada es la opción por los pobres contra la pobreza y a favor de su liberación.
            Algunos hacen teología para los pobres, cosa que la Iglesia nunca ha dejado de practicar. Otros hacen teología con los pobres, viven con ellos y tratan de pensar el mensaje cristiano a partir de su cultura. Otros van más allá y hacen una teología como los pobres, se hacen pobres, viven en favelas, oyen sus historias y descubren en la escucha de sus palabras la presencia escondida de Dios. 
            Así surgió en Brasil con el recordado teólogo José Comblin, en Paraíba, la teología de la azada, elaborada junto con los campesinos, después del trabajo diario. Clodovis Boff creó la teologia pé no chão (con los pies en la tierra) en Acre, de la cual surgieron centenares de líderes populares y políticos en la Amazonia. Recientemente se está articulando en América Latina, animada por el grupo Amerindia (cristianos vinculados a la liberación), una teología de la liberación popular en minga con personas de medios pobres y periféricos. Se usa la metáfora de la olla hirviendo en la cual se está preparando un sabroso guiso. Siguen los siguientes pasos: 
            ¿Qué cocinar? Los relatos dolorosos y amorosos de los humildes de la Tierra. Intercambian en una minga (palabra quechua-aymara que significa trabajo colectivo y voluntario en favor de la comunidad, ndr) sus experiencias de vida, y las reflexiones que surgen de ahí, así como las orientaciones prácticas a asumir. 
            ¿Con qué cocinar? Con los condimentos, hierbas y sabores propios de cada región. Se cocina con los relatos singulares de los indígenas, de las mujeres, de los negros, de los campesinos. Cada grupo narra sus tragedias y sus victorias, sus dolores y sus alegrías. Dicen: “hay crisis, pero nosotros estamos llenos de esperanza; hay silencio y nosotros cantamos historias; hay hambre de pan y de sentido, pero nosotros cocinamos nuestro guiso en la olla, y comemos alegremente todos juntos. 
            ¿Quiénes son los cocineros? Los propios miembros de las comunidades populares pobres. Hacen una rueda y en minga, cada cual da su testimonio, cuenta su vida, muestra las llagas de las torturas de los militares represivos. Allí aparece toda la tragedia vivida por las grandes mayorías pobres, marginadas desde el tiempo de la colonia. Nunca fueron escuchadas. Ahora uno escucha al otro y rompen un silencio secular. Son cocineros eximios. 
            ¿Desde dónde se cocina? Desde los invisibles, desde aquellos a quienes las políticas sociales para los pobres no alcanzan. Viven en un profundo desamparo social. Escuchar sus lamentos y también sus alegrías con lo mínimo. En minga, se preguntan: ¿cómo Dios se revela Dios en nuestra pobreza?, ¿cómo a pesar de eso Él es bueno y amoroso, pues nos hace vivir y nos da los hijos e hijas, que son nuestras joyas y nuestra gran alegría? 
            En este contexto cabe recordar a un gran antecesor: Guamán Poma de Ayala, un inca de la nobleza educado en España. Años después regresa y recorre todo el antiguo imperio incaico peruano para “buscar a los Cristos” escondidos y crucificados por los colonizadores antiguos y nuevos. Ese tipo de teología narrativa creó hasta un término nuevo: senti-pensar colectivamente, sentir y pensar las memorias pasadas, pero también la realidad actual, de la cual, juntos, quieren liberarse. 
            En la gestación de esta teología narrativa alrededor de la olla, con el guiso, siempre deben estar presentes estas cuatro «ces»: 
            Canto: con él es como los pobres se expresan mejor. 
            Cuerpo: sentir al otro, su piel, su olor, su voz, sus expresiones de amistad y de cariño. 
            Cuento: escuchar y volver a escuchar las narraciones de los demás; la mayor parte son relatos dolorosos, por eso el libro que más citan es el libro de Job. A pesar de perderlo todo y de estar cubierto de llagas y quejarse mucho de Dios, Job nunca dejó de confiar en Él, y al final confiesa: “Lo conozco no por lo que me han dicho de Él, sino porque le han visto mis ojos”. 
            Cámara: Las narraciones se graban, o se filman en vídeos, para conservar la voz y la imagen de los participantes. El teólogo que se integró totalmente con ellos, consiguió estos instrumentos “modernos”, para producir un medio más eficaz y persuasivo de lucha, de resistencia y de vida para los pobres y los humillados de la Tierra. Todo se les devuelve siempre. 
            Un joven teólogo laico argentino, Francisco J. Bosch, dejó todo, como el Che Guevara, y se mezcló con los últimos del continente. Durante cuatro años recorrió ocho países animando mingas de teología de liberación popular junto a los pobres. Poeta él mismo, cantor, dibujante y animador teológico, recogió esta experiencia en un libro próximo a salir, con el título “Bendita Mezcla”. Es pura y genuina teología popular de liberación, hecha por los propios pobres y oprimidos, y recogida por él.           


viernes, 19 de octubre de 2018

El Papa, a Jon Sobrino: "Gracias por tu testimonio" 17102018

FRANCISCO ABRAZA AL TEÓLOGO DE LA LIBERACIÓN EN EL AULA PABLO VI

El Papa, a Jon Sobrino: "Gracias por tu testimonio"

"Al ver a Sobrino, a Francisco se le iluminó la cara, se acercó y le dio un abrazo efusivo y cariñoso", cuenta Javier Sánchez
José Manuel Vidal, 17 de octubre de 2018 a las 15:14


(José M. Vidal, e.e. Roma).- La canonización de Romero sirvió a Jon Sobrino, uno de los más importantes teólogos de la Liberación, para encontrarse con el Papa Francisco y mantener con él un breve diálogo, que tiene mucho de rehabilitación del otrora 'perseguido' jesuita vasco naturalizado salvadoreño.
El encuentro entre el Papa y el teólogo se produjo en el aula Pablo VI, a donde acudió Francisco, para saludar a los más de 6.000 salvadoreños allí congregados, para asistir a la misa de acción de gracias por la canonización de San Oscar Arnulfo Romero.
El Papa entró en el aula, después de la misa, presidida por el cardenal Rosa Chávez y concelebrada, en señal de comunión, por todos los obispos de El Salvador y por el cardenal hondureño, Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga.
Y se desató el delirio entre la gente, que se agolpaba en el estrecho pasillo por el que iba pasando Francisco, saludando, bendiciendo y parándose aquí y allá. Entre la gente y, precisamente, al lado de Jon Sobrino y otro compañero jesuita salvadoreño estaba Javier Sánchez, capellán de la cárcel de Nalvalcarnero, amigo personal del teólogo y entusiasta partidario de monseñor Romero y de "su Tierra Santa salvadoreña".
Todavía emocionado, el capellán cuenta el encuentro entre Francisco y Sobrino.
"Cuando pasó a nuestro altura y ya iba a volverse para el otro lado del pasillo, el jesuita salvadoreño le dijo al Papa:
-Santidad, está aquí Jon Sobrino.
Y a Francisco se le iluminó la cara, sonrío abiertamente, se acercó y le dio al teólogo jesuita un abrazo efusivo y cariñoso"

El cura Javier Sánchez, en Roma

Éste fue el pequeño diálogo entre ambos:
-Ah, Jon
-Le he dejado el último libro que he publicado y que se llama 'Conversaciones'. Imagino que se lo darán.
-Gracias, Jon, por el libro, pero sobre todo por tu testimonio.
Y otras manos le tiraban al Papa de la sotana y Francisco se fue, no sin antes dedicar otra sonrisa sincera y agradecida al teólogo que salvó su vida, cuando los escuadrones de la muerte mataron a Ignacio Ellacuría y sus compañeros jesuitas, porque no se encontraba en casa en esos momentos.
Y Javier, el capellán de la prisión de Nalvalcarnero, analiza el encuentro que le tocó vivir de cerca: "Me pareció un momento precioso. Me llamó la atención sobre todo la expresión del Papa y cómo, al oír el nombre de Sobrino, se le cambió la cara. Como si agradeciese el que estuviese allí y pudiese saludarlo y darle las gracias por su vida, por sus libros y por su testimonio. Una especie de rehabilitación en toda regla".
Y eso que, como después confesaría a RD, Sobrino no era partidario de que la Iglesia hiciese santo a su amigo monseñor Romero. Primero, porque ya era, desde hace mucho tiempo, San Romero de América. Y, segundo, para que no se le domestique ni se le instrumentalice. Pero, al final, allí estaba, alegrándose con la alegría de su pueblo salvadoreño, que, como en tiempos de Romero, sigue estando 'crucificado'.

jueves, 7 de junio de 2018

Perú: Francisco felicita a Gustavo Gutiérrez su 90 cumpleaños 07062018

El Papa saluda a Gustavo Gutiérrez © Vatican Media

Perú: Francisco felicita a Gustavo Gutiérrez su 90 cumpleaños

Conocido como “soldado de la paz”
(ZENIT – 7 junio 2018).- El Papa Francisco felicita al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez por sus 90 años, que cumplirá mañana, a través de una carta en la que le expresa su gratitud por haber contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de su servicio teológico y de su amor preferencial por los pobres y los descartados de la sociedad, informa ‘Vatican News’.
El P. Gustavo Gutiérrez, también conocido como “soldado de la paz” o el “impulsor de la Teología de la liberación en Latinoamérica”, según indica la Universidad peruana de San Marcos
En la misiva, el Pontífice saluda al religioso peruano y le asegura su oración en este momento significativo de su vida: “Me uno a tu acción de gracias a Dios y también a ti te agradezco por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y los descartados de la sociedad” escribe el Santo Padre en la carta dirigida al padre Gutiérrez.
Francisco agradece al teólogo peruano, “por todos los esfuerzos y por tu forma de interpelar la conciencia de cada uno – precisa el Pontífice – para que nadie quede indiferente ante el drama de la pobreza y la exclusión”.
Lucha contra la pobreza
Los valiosos aportes a la humanidad de este sacerdote –describe la Universidad de San Marcos– le valieron para ser distinguido en 1992 por su alma mater, San Marcos, con el título de Doctor Honoris Causa, el máximo galardón académico que confiere la Decana de América a ilustres personajes del país y del mundo.
En aquella tarde, el padre Gutiérrez también dijo: “Debemos luchar contra la pobreza que existe en la tierra porque ella corrompe el espíritu”.
Bibliografía
Anteriormente, había recibido similares distinciones de la Universidad de Nimega, en Holanda (1987), la Universidad de Tubinga de Alemania (1985), la Universidad de Freiburg también de Alemania (1990), entre otras.
Tiene una numerosa bibliografía donde habla sobre la construcción de una sociedad más justa, más solidaria y donde reine la paz. Entre sus obras figuran ‘Líneas pastorales de la iglesia americana’, ‘La fuerza histórica de los pobres’, ‘Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente’, ‘La verdad los hará libres’, ‘En busca de los pobres de Jesucristo’ y muchas otras más.
Gustavo Gutiérrez Merino, en suma, planteó una nueva mentalidad cristiana que, sin duda, ha sido valiosa para el país y para el mundo, señala la Universidad de San Marcos, de Perú.

martes, 24 de octubre de 2017

Foro Mundial de la Teología de la Liberación 2017 (La fuerza de los pequeños: la Teología de la Liberación) (Leonardo Boff) 24102017

La fuerza de los pequeños: la Teología de la Liberación

2017-10-24


            Siempre que se celebra un Foro Social Mundial, tres días antes, se celebra también un Foro Mundial de la Teología de la Liberación. Participan más de dos mil personas de todos los Continentes (Corea del Sur, varios países de África, Estados Unidos, Europa y de toda América Latina) que practican en sus trabajos este tipo de teología. Ella implica tener siempre un pie en la realidad de la pobreza y de la miseria y otro pie en la reflexión teológica y pastoral. Sin este maridaje no existe Teología de la Liberación que merezca ese nombre.
            Cada cierto tiempo hacemos nuestras evaluaciones. La primera pregunta es: ¿cómo está el Reino de Dios aquí en nuestra realidad contradictoria? ¿Dónde están las señales del Reino en nuestro Continente, pero también en China, en África crucificada, especialmente en medio de los pequeños de nuestros países? Preguntar por el Reino no es preguntar cómo está la Iglesia, sino cómo va el sueño de Jesús, hecho de amor incondicional, de solidaridad, de compasión, de justicia social, de apertura a lo Sagrado y qué centralidad se da a los oprimidos. Estos y otros valores forman el contenido de lo que llamamos Reino de Dios, el mensaje central de Jesús. El nombre es religioso pero su contenido es humanístico y universal. Él vino a enseñarnos a vivir esos valores y no simplemente a trasmitirnos doctrinas sobre ellos.
            Igualmente, cuando se pregunta cómo va la Teología de la Liberación, la respuesta está contenida en esta pregunta:¿cómo están siendo tratados los pobres y los oprimidos, las mujeres, los desempleados, los pueblos originarios, los afrodescendientes y otros excluidos? ¿Cómo entran en la práctica liberadora de los cristianos? Conviene subrayar que lo importante no es la Teología de la Liberación sino la liberación concreta de los oprimidos. Esta es una presencia del Reino y no la reflexión que se hace.
            Del 12 al 14 de octubre unos 50 teólogos y teólogas de toda América Latina tuvimos un encuentro en Puebla (México). Fue organizado por Amerindia, una red de organizaciones yde personas comprometidas con los procesos de transformación y de liberación de nuestros pueblos. Esta reunión, hecha en clave cristiana y crítica, analiza el momento histórico en que vivimos, con una perspectiva holística, enfatizando los contenidos místicos/proféticos y metodológicos de la Teología de la Liberación, hecha a partir de esa realidad.
                        Allí estaban algunos de los “padres fundadores” de este tipo de teología (a principios de la década de 1970), todos entre 75-80 años, que se encontraban con la nueva generación de jóvenes teólogos (indígenas entre ellos) y teólogas (algunas negras e indígenas). Con un sentido profundamente igualitario y fraterno, queríamos identificar nuevas sensibilidades, nuevos enfoques y maneras de procesar ese tipo de teología, qué dignidad atribuimos a los que no cuentan y son invisibilizados en nuestra sociedad de corte neoliberal y capitalista.
En vez de conferencias –hubo solo dos introductorias en la apertura– preferimos trabajar en mesas redondas, en pequeños grupos y hacer intercambios en conjunto. De esta forma todos podían participar en un enriquecimiento fecundo. Había teólogos/as que trabajaban en medio de indígenas, otros en las periferias pobres de las ciudades, otros en la cuestión de género (como superar relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres) en toda una región, otros eran profesores e investigadores universitarios pero orgánicamente vinculados a los movimientos sociales. Todos venían de experiencias fuertes y hasta peligrosas, especialmente en América Central con los cárteles del narcotráfico, las desapariciones, las “maras” (crimen organizado de jóvenes violentos) y la violencia policial. Todos los trabajos fueron transmitidos por internet y había miles de seguidores en todo el Continente.
            No se puede resumir la densidad reflexiva de tres días de trabajo intenso, pero quedó claro que hay distintas formas de entender la realidad (epistemologías), ya sea de los pueblos originarios, sea de los afrodescendientes, sea de hombres y mujeres marginados e integrados. Para todos era evidente que no se puede resolver el problema de los pobres sin la participación de los propios pobres. Ellos deben ser los sujetos y protagonistas de su liberación. Nosotros estamos dispuestos a ser aliados y fuerza secundaria.
            La Teología de la Liberación de los “viejos” y de los nuevos es como una semilla que representa la “fuerza de los pequeños”, lema del encuentro. Esa semilla no murió. Seguirá viva mientras haya un único ser humano oprimido que grite por liberación.
            Recordamos el poema de Pablo Neruda: “¿Cómo saben las raíces que deben subir a la luz y luego saludar al aire con tantas flores y colores?” Con Dostoievsky y con el Papa Francisco creemos también que fundamentalmente lo que salvará al mundo es la belleza, fruto del amor a la vida y a aquellos que injustamente menos vida tienen.       

sábado, 28 de enero de 2017

Cuarenta años de Jesucristo el Liberador (Leonardo Boff)

Cuarenta años de Jesucristo el Liberador

2012-10-11


  En el Instituto Humanitas de la Unisinos de los Jesuitas en São Leopoldo (Brasil) se está celebrando del 7 al 11 de octubre el 40º aniversario del nacimiento de la Teología de la Liberación. Están presentes los principales representantes de América Latina, especialmente, su primer formulador, el peruano Gustavo Gutiérrez. Curiosamente en ese mismo año de 1971, sin que ninguno supiese de los otros, Gutiérrez en Perú, Hugo Assman en Bolivia, Juan Luis Segundo en Uruguay y yo mismo en Brasil publicábamos nuestros escritos, que son considerados los fundadores de este tipo de teología. ¿No sería la irrupción Espíritu que soplaba en nuestro Continente marcado por tantas opresiones?
Para burlar los órganos de control y represión de los militares, yo publicaba todos los meses de 1971 un artículo en una revista para religiosas Sponsa Christi (Esposa de Cristo) con el título: Jesucristo el Liberador. En marzo de 1972 reuní los artículos y me arriesgué a publicarlos en forma de libro. Tuve que esconderme durante  dos semanas porque  la policía política me buscaba. Las palabras «liberación» y «liberador» habían sido prohibidas y no podían ser usadas públicamente. Al abogado de la Editora Vozes le costó mucho convencer a los agentes de vigilancia de que se trataba de un libro de teología, con muchas notas de pie de página de literatura alemana y que no era una amenaza para el Estado de  Seguridad Nacional.
¿Cuál es la singularidad del libro (hoy en su 21 edición)? Presentaba, fundada en una exégesis rigurosa de los evangelios, una figura de Jesús como liberador de las distintas opresiones humanas. Contra dos de ellas tuvo que enfrentarse directamente: la religiosa en forma de fariseísmo en la estricta observancia de las leyes religiosas. La otra, política, la ocupación romana que implicaba reconocer al imperador como «dios» y asistir a la penetración de la cultura helenística pagana en Israel.
A la opresión religiosa, Jesús contrapone una «ley» mayor, la del amor incondicional a Dios y al prójimo. Éste es para él  toda persona de la cual me aproximo, especialmente los pobres e invisibles, aquellos que no cuentan socialmente.
A la política se opone, en vez de someterse al imperio de los Césares, anunciando el Reino de Dios, un delito de lesa majestad. Este Reino comportaba una revolución absoluta del cosmos, de la sociedad, de cada persona y una redefinición del sentido de la vida a la luz de Dios, llamado Abba, es decir, padre amoroso y lleno de misericordia, que hacía que todos se sintiesen sus hijos e hijas y hermanos y hermanas unos de otros.
Jesús actuaba con la autoridad y la convicción de alguien enviado por el Padre para liberar a la creación herida por las injusticias. Mostraba un poder que aplacaba tempestades, curaba enfermos, resucitaba muertos y llenaba de esperanza a todo el pueblo. Algo realmente revolucionario iba a suceder: la irrupción del Reino que es de Dios y también de los humanos por su compromiso.
En estos dos frentes creó un conflicto que lo llevó a la cruz. No murió en la cama rodeado de discípulos, sino ejecutado en la cruz como consecuencia de su mensaje y de su práctica. Todo indicaba que su utopía había sido frustrada. Pero he aquí que sucedió algo inaudito: la hierba no creció sobre su sepultura. Unas mujeres anunciaron a los apóstoles que había resucitado. La resurrección no hay que identificada con la reanimación de un cadáver, como el de Lázaro, sino como la irrupción del ser nuevo, no sujeto ya al espacio-tiempo y a la entropía natural de la vida. Por eso atravesaba paredes, aparecía y desaparecía. Su utopía del Reino como transfiguración de todas las cosas, al no poder realizarse globalmente, se concretó en su persona mediante la resurrección. Es el Reino de Dios concretado en Él.
La resurrección es el hecho mayor del cristianismo sin el cual no se sostiene. Sin ese acontecimiento bienaventurado, Jesús sería como tantos profetas sacrificados por los sistemas de opresión. La resurrección significa la gran liberación y también una insurrección contra este tipo de mundo. Quien resucita no es un Cesar o un Sumo Sacerdote, sino un crucificado. La resurrección da razón a los crucificados de la historia de la justicia y del amor. Ella nos asegura que el verdugo no triunfa sobre la víctima. Significa la realización de las potencialidades escondidas en cada uno de nosotros: la irrupción del hombre nuevo.
¿Cómo entender a esa persona? Los discípulos le atribuyeron todos los títulos, Hijo del Hombre, Profeta, Mesías y otros. Al final concluyeron: humano así como Jesús sólo puede ser Dios mismo. Y empezaron a llamarle Hijo de Dios.
Anunciar un Jesucristo liberador en el contexto de opresión que existía y aún persiste en Brasil y en América Latina era y es peligroso. No sólo para la sociedad dominante sino también para ese tipo de Iglesia que discrimina a mujeres y laicos. Por eso su sueño siempre será retomado por aquellas personas que se niegan a aceptar el mundo así como existe. Tal vez sea este el sentido de un libro escrito hace 40 años.



lunes, 28 de noviembre de 2016

Boff y el otro perfil de Fidel 27112016

"El Espíritu parovecha cualquier rendija"

Boff y el otro perfil de Fidel

"Ninguna revolución latinoamericana será verdadera, popular y triunfante, sino incorpora el elemento religioso"

Gabriel María Otalora, 27 de noviembre de 2016 a las 18:51
Fidel le confesó a Boff: "Ninguna revolución latinoamericana será verdadera, popular y triunfante, sino incorpora el elemento religioso"
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Fidel y el Papa Francisco

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(Gabriel María Otalora).- Con la muerte del dictador Castro, leeremos y escucharemos muchas versiones de su extensa vida, lo que nos dará una idea aproximada de la realidad de este estadista y lo que ha supuesto el régimen castrista en Cuba, con sus luces y sombras siembre bajo la sombra del Gran Padre yanqui. Nada es blanco o negro, y los matices suelen ser lo importante a la hora de hacer valoraciones de conjunto. Castro fue un dictador y Estados Unidos el detonante de su dictadura, cosa que criticamos menos, a pesar de su bloqueo y de coinvertir a la isla en un gran burdel con Batista al servicio de su imperialismo.
Pero quizá sea menos conocido algunas cosas sorprendentes que he querido rescatar para los lectores de un artículo escrito por Leonardo Boff, con motivo del ochenta cumpleaños de Fidel Castro. Boff, teólogo y gran defensor del ecosistema contra las amenazas neoliberales, tuvo un encuentro maravilloso con Fidel Castro que lamentablemente no es todo lo conocido que debiera serlo. Fidel lo invitó a que fuera a Cuba a compartir las dos semanas de vacaciones de Castro, a raíz de que el papa anterior, Benedicto XVI, entonces cardenal del Santo Oficio, le impusiera a Leonardo Boff el silencio cuando publicó su libro "Iglesia, Carisma y Poder".
Durante esos 15 días, además de disfrutar de la hospitalidad del presidente, conversaron con total libertad sobre todos los temas, especialmente los considerados más candentes por aquél entonces: marxismo y revolución, política general, religión, ciencia, etc. Fueron conversaciones "eternas" como que duraban hasta altas horas de la madrugada, como corresponde a dos buenos conversadores que tienen tanto que expresar.
Huelga pensar en los comentarios que despertaron estos encuentros en los respectivos círculos de influencia de ambos. Pero lo cierto es que el interés de Castro por Boff y sobre todo por lo que este representaba (a Cristo), hicieron mella en el general: "Algunos puntos de aquellas conversaciones me parecen relevantes: "Si de lo conversado con Fidel acerca de la Teología de la Liberación, Ratzinger entendiera la mitad de lo que entiende Fidel, otro sería mi destino personal y el de la teología de la liberación."
En ese contexto, Fidel le confesó a Boff: "Ninguna revolución latinoamericana será verdadera, popular y triunfante, sino incorpora el elemento religioso". Sorprendente. Y desde esta clarificación, llegó algo todavía más sorprendente, como fue la solicitud de Castro a Boff y a fray Betto (ambos provenientes del carisma franciscano) que le dieran clases de religión y cristianismo a todos los funcionarios de segunda línea de Cuba.
Por otra parte, Fidel nunca ocultó haber sido alumno de los jesuitas aunque les criticaba que lo que precisamente suele ser el fuerte de ellos, es decir, enseñar a pensar, en su caso lo aprendió en prisión a posteriori leyendo a Marx. Si en aquella época hubiese conocido la teología de la liberación, seguramente la habría aplicado en Cuba, llegó a decir. Y agrega Boff: "Llegamos a un momento de tanta sintonía, que solo nos faltaba rezar juntos el Padrenuestro." Lo cierto es que el pensamiento de Fidel sobre la religión ha cambiado desde entonces, abriendo la mano a la apertura a las iglesias cristianas.
Boff cuenta que aquellos encuentros intensos los registró por escrito en varios cuadernos, pero un día fue asaltado y se los robaron en  Río de Janeiro. Con lo cual, muchos nos hemos quedado fastidiados pensando en lo que pudo haber sido ese libro imaginado que jamás veremos escrito. Pero ante la muerte de Fidel, lo más importante es reflexionar sobre cómo el Espíritu aprovecha cualquier rendija que le dejamos para actuar por encima de razas, políticas o momentos históricos.

viernes, 22 de mayo de 2015

Monseñor Oscar Romero y la Teología de la Liberación 22052015

Monseñor Oscar Romero y la Teología de la Liberación
Mons. Romero estuvo profundamente vinculado en la defensa de los pobres, pero alejado de la Teología de la Liberación.


Por: . | Fuente: Catholic.net



Fuente: ACIprensa
Los teólogos de la liberación visitaban a Mons. Oscar Romero y le dejaban sus libros, pero nunca los abrió, él estaba adherido a la doctrina de la Iglesia, afirmó Mons. Jesús Delgado, secretario del futuro beato, quien indicó además que el entonces Arzobispo de San Salvador “se vio jalado de un lado y de otro”, pues también la “izquierda” lo amenazó de muerte.
En declaraciones a ACI Prensa, Mons. Delgado señaló que el asesinato del Arzobispo salvadoreño, ocurrido el 24 de marzo de 1980, “fue la oposición a una predicación que él hizo y que es la que Iglesia pide a todos: la conversión a Jesús, a un encuentro personal con Jesús”.
Mons. Romero “pidió con el Concilio Vaticano II un encuentro personal con Cristo Jesús, lo cual implicó una opción preferencial por los pobres porque Jesús optó por los pobres para salvarnos a todos”.
En ese sentido, el secretario personal abordó la presunta relación que durante años se quiso establecer entre Mons. Romero y la teología de la liberación: “cuando escribí suvida fui a revisar su biblioteca. Evidentemente, los teólogos de la liberación siempre que lo visitaban le dejaban un libro, sus libros”.
“Los vi, estaban puros e inmaculados, nunca los abrió, nunca jamás, ni los leyó, ni los consultó nunca. En cambio todos los libros de los padres de la Iglesia estaban manoseados por aquí y por allá, eran la fuente de su inspiración”, afirmó Mons. Delgado.
En ese sentido, aseguró que Mons. Romero “de la Teología de la Liberación no supo nada, no quiso informarse de eso, él estaba adherido fielmente a la Iglesia Católica y sobre todo a la doctrina de los Papas”.
“Se fue abriendo el camino con el Evangelio a una teología de Dios presente en los pobres, que podíamos llamarlo así: 'Dios presente viviendo con los pobres y caminando con los pobres'”, aseguró Mons. Delgado.
El Prelado explicó que “este punto fue el que no lograron entender sus amigos de familias ricas en ese momento, y no es que no quisieran entender, es que estábamos en ese momento enfrascados en una lucha entre la Unión Soviética y los Estados Unidos”.
Así pues, “la figura de Mons. Romero se vio jalada de un lado y de otro, y él quería permanecer y permaneció siempre en el mismo camino: predicar la palabra de Dios y llamarnos a todos a una conversión a Cristo y con Cristo a la gente más pobre”.
En ese sentido, indicó que “la izquierda que se apoyaba en Mons. Romero, se apoyaba en él para sus fines, lo amenazaron de muerte porque bendijo, dicen ellos, el golpe de Estado y la reforma agraria que proponía el golpe de estado en 1979”. Por ello, “le declararon amante del reformismo y no de la revolución y le declararon la pena de muerte”, expresó.
En esta situación, “la Navidad de 1979 la vivió bajo el miedo de los fuegos que lo amenazaban por parte de la derecha y la izquierda”. “Fue asesinado el 24 de marzo y yo siempre digo que cualquiera de los dos podía haberle matado, tanto la izquierda como la derecha. Le tenían odio por una u otra razón. Después, la Comisión de la Verdad demostró que fue la derecha la que lo mató”, indicó.
Explicó que “el problema es delicado porque la izquierda lo tomó como bandera de batalla. Dijeron: 'nuestro es San Romero'. Evidentemente la derecha levantó el grito y ya ven cómo lo usan porque ellos son los que lo arrastraron con él y lo ideologizaron, lo manipularon, los jesuitas lo manipularon, la izquierda lo manipuló, era un hombre que perdió su libertad, se volvió 'loco' y todo eso llegaba aquí como documentación de la extrema derecha”.
Sobre por qué durante años llegaron informes negativos a la Santa Sede acerca de la figura del futuro beato, su secretario explica que entonces “las noticias que llegaban eran negativas y los Papas que no conocían bien la situación latinoamericana guardaban mucha prudencia frente a esto”.
“Gracias a Dios ha llegado un Papa que conoce muy bien esta situación latinoamericana y se desbloqueó todo, ahí se abrió camino la justicia y la verdad”, subraya Mons. Jesús Delgado Acevedo.

5 puntos sobre Mons. Romero y la Teología de la Liberación

Fuente: polycarpi.blogspot.com
La prensa secular intenta ver en la beatificación de Monseñor Romero una suerte de acercamiento entre el Vaticano y la Teología de la Liberación.  Mons. Romero, asesinado en El Salvador en 1980, estuvo profundamente vinculado en la defensa de los pobres, por ello algunos quieren vincularlo con aquel controversial movimiento teológico de América Latina. Aquí 5 puntos esenciales para tomar en cuenta en este tema:
  1. Romero sabía que una corrección del Vaticano a la Teología de la Liberación venía en camino. En julio de 1978, Romero dijo a los fieles que habría “revisiones muy profundas … de la teología de la liberación” tras la visita del Papa Juan Pablo II a México el año siguiente, y Romero advirtió en su última carta pastoral, publicada en agosto de 1979, que una versión politizada de la Teología de la Liberación podría hacer su esencia cristiana parecer “ambigua”, haciendo eco de las inquietudes sentadas por el Papa Juan Pablo II.
     
  2. Las “revisiones” a la Teología de la Liberación, que el Vaticano promulgó en 1984 y 1986 estuvieron consistentes con las críticas de la Teología de la Liberación que Romero había hecho. En 1974, Romero dijo que deseaba destacar sobre “lo positivo de una verdadera teología de la liberación y también acerca de los serios reparos contra una mala comprensión de la misma”. En 1976, en su primer gran sermón nacional, Romero predicó que, “La liberación de Cristo y de su Iglesia, no se reduce a la dimensión de un proyecto puramente temporal. No reduce sus objetivos a una perspectiva antropocéntrica: a un bienestar material o a iniciativas de orden político o social, económico o cultural”, y agregó con severidad, “Mucho menos puede ser una liberación amparada o que ampara la violencia”. Sus palabras fueron interpretadas en su momento como una condena de la Teología de la Liberación.
     
  3. El concepto de Mons. Romero sobre Teología de la Liberación tuvo en cuenta las distinciones del card. Ratzinger entre sus corrientes ortodoxas y heterodoxas. “Que conste que yo estudio la teología de la liberación a través de estos teólogos sólidos, como es el Cardenal [Eduardo] Pironio, que actualmente es prefecto de una de las congregaciones del Papa, hombre de la plena confianza del Papa”, dijo Romero en 1977 (el Card. Pironio, argentino, compartió la “teología popular” utilizada por su compatriota el Card. Bergoglio, fue nombrado a liderar la Congregación para los Institutos de vida Consagrada por Pablo VI y el Consejo Pontificio para los Laicos por Juan Pablo II). El pensamiento de Romero sobre la Teología de la Liberación también estuvo informado por el teólogo José María Casciaro (Opus Dei), el fraile franciscano Buenaventura Kloppenburg y el misionero Segundo Galilea (CELAM). Romero nunca se refiere a teólogos de la liberación como Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez , Manuel Pérez y Carlos Mugica. No leía libros sobre teología de la liberación que había recibido como regalos cuando era arzobispo (que se encontraron todavía sellados en sus forros después de su muerte).
     
  4. Romero tuvo un gran empeño por los pobres y en esto su pensar puede verse afín a la Teología de la Liberación, pero llegó allí a través de una ruta propia e independiente. Ya en 1941, cuando todavía era un estudiante de seminario (y mucho antes de que se concibiera la Teología de la Liberación) , Romero escribió que, “Los pobres son la encarnación de Cristo. A través de los andrajos, de los ojos oscuros, de la hediondez e las llagas, de las risas de los trastornados... el alma caritativa descubre y adora a Cristo”. Fue influenciado por su estudio de la ascesis, que lo llevó a aceptar la pobreza y la privación. También fue influenciado por los Padres de la Iglesia: el P. Tomás Greenan sitúa a Romero “en la tradición patrística episcopal” de San Basilio y San Ambrosio. El vicario de Romero recuerda que citaba a San Juan Crisóstomo (“¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo encuentres desnudo en los pobres”), y en sus homilías Romero citó a San Ireneo y a San Agustín.  Por último, Romero estuvo profundamente influenciado por el magisterio social de los papas modernos.
     
  5. Romero describió su innovación doctrinal como una “Teología de la Transfiguración”.  Su teología es radicalmente diferente de la Teología de la Liberación, ya que parte de la revelación de Cristo de su divinidad y proclama que, “Cristo colocado en la cumbre del Tabor” -donde los Evangelios nos dicen que la Transfiguración tuvo lugar- “es la imagen bellísima de la liberación”. Desarrollada a lo largo de varias décadas de predicar la fiesta patronal de El Salvador (la fiesta de la Transfiguración), “La Teología de la transfiguración está diciendo que el camino de la redención pasa por la cruz y por el calvario, pero que más allá de la historia está la meta de los cristianos”, dice Romero, haciendo hincapié en la importancia de la muerte y resurrección de Cristo. Cristo invita a sus discípulos -incluyendo a las naciones- Romero predica, a ser transfigurados, y ascender del mundo del pecado y del deseo material a la dignidad de ser hijos de Dios en el cielo, y a trabajar por un mundo más justo, que resulta ser solamente la antesala de la verdadera salvación. Romero predicó esta “teología” extensivamente durante muchos años, y este cuerpo considerable de su obra está a la espera de ser descubierta y explorada. (Por coincidencia, el Card. Ratzinger también publicó su “Instrucción” del 1984 para la Fiesta de la Transfiguración.)
La Iglesia no va a beatificar a Romero porque ha decidido ser indulgente con aquellas tendencias que considera estan en un error.  También Romero reconocía que la Teología de Liberación se estaba desviando, y habría estado feliz de verla guiada seguramente de regreso al puerto. Por su parte, Mons. Romero fue capaz de navegar las aguas peligrosas y no perder el rumbo.