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sábado, 11 de noviembre de 2017

Colegio Pontificio Ucraniano: “Amad y defended vuestras tradiciones” 10112017

Colegio Pontificio Ucraniano: “Amad y defended vuestras tradiciones”

Mensaje del Papa a los miembros del Colegio (Texto completo)
Audiencia del Papa con los miembros del Colegio Ucraniano © L´Osservatore Romano
Audiencia Del Papa Con Los Miembros Del Colegio Ucraniano © L´Osservatore Romano
(ZENIT – 10 Nov. 2017).- “Amad y defended vuestras tradiciones, pero evitad cualquier forma de sectarismo”, ha dicho el Papa Francisco a los candidatos ucranianos al sacerdocio.
Pertenecen a la Comunidad del Pontificio Colegio Ucraniano de San Josafat en Roma, recibidos por el Papa Francisco ayer por la mañana, 9 de noviembre en la Sala Clementina del Palacio Vaticano.
“Os invito a que haya en vuestro corazón horizontes cada vez más amplios, para que quepa el mundo entero, donde muchos hijos e hijas de Ucrania se han esparcido a lo largo de los siglos”, exhortó el Santo Padre. Y señaló: “Amad y defended vuestras tradiciones, pero evitad cualquier forma de sectarismo”.
Además, el Obispo de Roma les invitó a estudiar la Doctrina social de la Iglesia, “para madurar en el discernimiento y en el juicio de las realidades sociales en las que estaréis llamados a trabajar”, les dijo.
El Papa Francisco ha mencionado que se cumplen 85 años de la construcción de la sede del Colegio Pontificio Ucraniano en la colina del Janículo, una iniciativa promovida por Pío XI, que los fieles de la Iglesia procedentes de zonas de sufrimiento o persecución, se sintieran en Roma “como hijos amados que viven en una casa y crecen en ella”, preparándose para la misión apostólica del sacerdocio.
El Papa, además, ha recordado agradecido al padre ucraniano Stefano Chnil, después consagrado obispo a escondidas en Roma, por entonces arzobispo mayor, a quien Francisco ayudaba a preparar la misa y de quien aprendió mucho sobre la liturgia.
Publicamos a continuación el discurso que el Santo Padre dirigió a los presentes en el curso del encuentro, difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
Discurso del Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas: ¡Sea alabado Jesucristo! (en ucraniano)
Saludo al cardenal Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, y a Su Excelencia Mons. Vasil’, Secretario, que es antiguo alumno del Colegio. Agradezco de todo corazón al Rector sus palabras introductorias.
Nuestro encuentro tiene lugar 85 años después de la construcción de la sede de vuestro Colegio en la colina del Janículo, por voluntad del Papa Pío XI. Él se hizo promotor de una iniciativa que manifestaba la solicitud peculiar y concreta de los sucesores del apóstol Pedro por los fieles de la Iglesia procedentes de zonas de sufrimiento o persecución y que, de este modo, podían sentirse aquí en Roma como hijos amados que viven en una casa y crecen en ella, preparándose para la misión apostólica como diáconos y sacerdotes. En los años de su pontificado, Pío XI tuvo que hacer frente a muchos desafíos trascendentales, pero siempre levantó su voz firme a la hora de defender la fe, la libertad de la Iglesia y la dignidad trascendente de cada ser humano. Condenó con claridad, en sus discursos y cartas, las ideologías ateas e inhumanas que ensangrentaron el siglo XX. Sacó así a la luz sus contradicciones indicando a la Iglesia la vía maestra del Evangelio puesto en práctica también en la búsqueda de la justicia social, una dimensión imprescindible del rescate plenamente humano de los pueblos y de las naciones. Como futuros sacerdotes, os invito a estudiar la Doctrina social de la Iglesia, para madurar en el discernimiento y en el juicio de las realidades sociales en las que estaréis llamados a trabajar.
También en nuestros días el mundo está herido por guerras y violencia. En particular, en vuestra amada nación ucraniana, de la que venís y a la que regresaréis después de completar vuestros estudios en Roma, se experimenta el drama de la guerra, que genera grandes sufrimientos, especialmente en las áreas afectadas, aún más vulnerables por el crudo invierno que se avecina. Y es fuerte el deseo de justicia y de paz, que anulen cualquier forma de abuso de poder, de corrupción social o política, realidades de las que son siempre los pobres quienes pagan el precio. Dios sostenga y aliente a los que se esfuerzan por crear una sociedad cada vez más justa y solidaria. Y que los apoyen activamente el compromiso concreto de las iglesias, de los creyentes y de todas las personas de buena voluntad.
Para vosotros, seminaristas y sacerdotes de la Iglesia greco-católica ucraniana, estos desafíos pueden parecer fuera de vuestro alcance; pero recordad las palabras del apóstol Juan: “Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno […] y la palabra de Dios permanece en vosotros” (1 Jn 2,13.14). Amando y anunciando la Palabra, os convertiréis en verdaderos pastores de las comunidades que os serán confiadas y ella será la lámpara que ilumine vuestro corazón y vuestro hogar, sea que os preparéis para el sacerdocio célibe o al uxorado, según la tradición de vuestra Iglesia.
Desde la colina del Janículo, podéis disfrutar de una hermosa vista panorámica de Roma, y ​​quizás hace unos días, después de una tormenta, hayáis contemplado el espectáculo del arco iris cuando el sol rasgaba las nubes más espesas. Así, os invito a que haya en vuestro corazón horizontes cada vez más amplios, para que quepa el mundo entero, donde muchos hijos e hijas de Ucrania se han esparcido a lo largo de los siglos. Amad y defended vuestras tradiciones, pero evitad cualquier forma de sectarismo. Y mantened siempre, en vuestra patria y en el extranjero, el sueño de la alianza de Dios con la humanidad, los puentes que, como el arco de luz sobre las nubes, reconcilian el cielo y la tierra y piden a los hombres, aquí en la tierra, que aprendan a amarse y a respetarse, abandonando las armas, las guerras y todo tipo de abuso.
Si camináis así y enseñáis a otros a hacer lo mismo, sobre todo en el diálogo ecuménico que es fundamental, estoy seguro de que desde la patria celestial os sonreirán y os sostendrán todos los obispos y sacerdotes – algunos formados en vuestro Colegio – que han dado sus vidas o han sufrido persecución por su fidelidad a Cristo y a la Sede Apostólica. Y, sobre todo se alegrará la Santísima Madre de Dios, María, tan venerada en vuestro santuario nacional de Zarvanytsya. Ella quiere que los sacerdotes de su Hijo sean como antorchas encendidas en la noche de la vigilia en el Santuario, recordando a todos, especialmente a los pobres y a los que sufren, y también a aquellos que hacen el mal y siembran la violencia y la destrucción, que “el pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos”(Is 9: 1). Yo también tengo y venero un pequeño icono ucraniano de la Virgen de la Ternura, regalo de vuestro arzobispo mayor, cuando estábamos juntos en Buenos Aires. Y cuando me quedé aquí, pedí que me lo trajeran. Le rezo todos los días. Os acompaño con mi bendición, invocando la paz y la armonía ecuménica para Ucrania. Y os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar por mí. ¡Que tengáis un buen camino!
Y no quisiera terminar sin recordar a una persona que me hizo mucho bien cuando estaba en la última clase de primaria, en el año 1949. ¡La mayor parte de vosotros todavía no había nacido! Es el padre Stefano Chnil, después consagrado obispo a escondidas, aquí en Roma, por entonces arzobispo mayor. Él celebraba la misa allí, no había una comunidad ucraniana cerca y tenía a algunos que lo ayudaban. Yo aprendí a asistir a la misa de rito ucraniano de él. Me enseñó todo. Dos veces por semana me tocaba a mí ayudarle. Me hizo mucho bien porque aquel hombre hablaba de las persecuciones, de los sufrimientos, de las ideologías que perseguían a los cristianos. Además, me enseñó a abrirme a una liturgia diferente, que siempre conservo en el corazón por su belleza. Shevchuk, cuando yo estaba en Buenos Aires, me había pedido testimonios para abrir el proceso de canonización de este obispo ordenado a escondidas. Quería recordarlo hoy porque es justo dar gracias ante vosotros por el bien que me hizo. Gracias.
© Librería Editorial Vaticano

domingo, 27 de agosto de 2017

¿Pero de verdad son cosas diferentes la seguridad personal y la seguridad nacional? 24082017

¿Pero de verdad son cosas diferentes la seguridad personal y la seguridad nacional?

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24 agosto 2017
 
 
            En un caso con escasos precedentes que recoge este mismo medio Religión en Libertad, la oficina de Prensa de la Santa Sede ha hecho público un discurso que va a ser pronunciado ¡¡¡dentro de medio año!!! Para ser exactos, el 18 de enero del año 2018: se trata del que leerá el Papa con ocasión de la celebración de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Un texto que, firmado el pasado 15 de agosto, trata sobre uno de los temas más delicados del momento, no necesito decirles cuál, pero sometido a los veleidosos vaivenes de una actualidad voluble, caprichosa e impredecible que para enero del año que viene puede haber sufrido el más inesperado de los giros, y en el que sin esperar a conocerlos, se deslizan ya afirmaciones como la siguiente:
 
            “El principio de la centralidad de la persona humana nos obliga a anteponer siempre la seguridad personal a la nacional”.
 
            “Anteponer siempre la seguridad personal a la nacional”. Extraña afirmación difícil de comprender, si les soy sincero, ni siquiera en clave de “provocación llamada a remover conciencias”: un auténtico disparate inesperable en un documento pontificio, ni siquiera por una cuestión ética sino por una cuestión conceptual, que me lleva a realizarme la pregunta que da título a este artículo: ¿pero acaso son diferentes la seguridad personal y la seguridad nacional?
 
            Pues no, porque la seguridad nacional bien entendida no es otra cosa que la más amplia expresión de la seguridad personal que ha conseguido implementar hasta el momento histórico presente el ser humano.

            
En términos matemáticos, seguridad nacional es igual a seguridad personal multiplicada por una variable, en cualquier caso millonaria. Para mayor claridad del asunto, en España seguridad nacional es lo mismo que seguridad personal multiplicado por cuarenta y cinco millones; en el caso de Estados Unidos, seguridad nacional es lo mismo que seguridad personal multiplicado por cuatrocientos millones; en el caso de China, seguridad nacional es lo mismo que seguridad personal multiplicado por mil cuatrocientos millones. Y hasta en el caso del Vaticano, seguridad nacional viene a ser lo mismo que seguridad personal multiplicado por 793. Por cierto, que en mi reciente visita al Estado Vaticano no hace aún un mes, me lo encontré vallado y atestado de soldados y de policías como no lo había visto jamás, lo que ya al día de hoy parece condecirse poco con la afirmación que se pretende poner en boca del Papa dentro de cinco meses.
 
            Del afán existente en la actualidad por desvirtuar las palabras para que abarquen extraños significados que nada tienen que ver con el verdadero, no escapa, a lo que se ve, tampoco, el concepto de “seguridad nacional”, separado de la seguridad personal -es más, contrapuesto-, y relegado, como tantos otros, a una especie de conceptualización “fascista” -cuántas engorrosas explicaciones nos evita la utilización de la palabrita-, una suerte de ente demoníaco sin otro objeto que el de anular a la persona y someterla a extraños intereses capitalistas, oligárquicos y toda la parafernalia semántica bien conocida que acompaña el discurso simplista de determinados actores políticos que, después de todo, no aspiran a otra cosa que a derruir unas naciones para imponer aquéllas en las que manden ellos.
 
            Las naciones no son perfectas, por supuesto que no lo son, pero con todas sus limitaciones y con sus muchas deficiencias, la nación y la seguridad nacional son, hasta la fecha, el mejor instrumento que ha encontrado el ser humano para organizarse pacíficamente, para convivir dentro de unas reglas y de un orden y para ofrecer a las personas seguridad y bienestar. Para decirlo como realmente es, no es el que sea el mejor, es que, por suerte o por desgracia... ¡es el único! Tanto así, que hasta la propia Iglesia de Cristo, que podría haber elegido mil otros, una sociedad anónima, una ONG, un organismo internacional, una fundación, una comunidad de vecinos, se ha constituído en nación y, grande o chica, nación es y no otra cosa al día de hoy.
 
            Y ahora respóndanme Vds.: en el actual momento de la historia humana: ¿estaría mejor el mundo si todas las naciones del planeta colapsaran? ¿Acaso no es el colapso de la nación, precisamente el colapso de la nación, el que ha llevado a la ruina, al hambre, al odio y a la miseria a las personas que vivían en lugares del mundo como Libia, Siria, Afganistán, Sudán, Somalia o Etiopía, por poner solo unos ejemplos? ¿De verdad se puede creer que si semejante desgracia le ocurre a todas las naciones del mundo, alguna persona o grupo de personas puede esperar estar mejor?
 
            Desengañémonos. Hasta donde el ser humano ha sido capaz de alcanzar en su recorrido por la historia, del fracaso de las naciones no sólo no cabe esperar beneficio alguno para las personas que forman parte de ellas, es que no deben esperar beneficio ni siquiera aquellas personas que, según el documento, deberían ser las llamadas a beneficiarse de la supremacía de “la seguridad personal sobre la seguridad nacional”, se supone que en este caso, migrantes y refugiados.
 
            Dígase que es necesario conciliar los intereses de determinadas personas o grupos de personas con los diferentes intereses nacionales; háblese de solidaridad, de caridad cristiana, de derechos humanos… pero desarticular la seguridad de millones de personas para articular la seguridad de una sola, de dos, o de cien, que es lo que “anteponer la seguridad personal a la seguridad nacional” significa y no otra cosa, no es de recibo en un documento de la importancia y rigor de los que a lo largo de la historia ha venido emitiendo, por lo general, la Santa Sede.

            
Sorprende, por eso mismo, todavía más, tanta impaciencia por hacerlo público, incluso cinco meses antes de ser pronunciado. Porque díganme Vds: ¿conocemos acaso el discurso de la delegación norteamericana? ¿y el de la delegación española? ¿o el de ACNUR y las agencias de Naciones Unidas? ¿o el de alguno de los muchos imames que sin duda participarán? ¿Conocemos el discurso inaugural? ¿Por qué entonces conocemos el que va a pronunciar ¡nada menos! que el Papa?
 
            Y bien amigos, sin más por hoy me despido hoy de Vds., no sin desearles, eso sí y como siempre, que hagan mucho bien y que no reciban menos.
 
 
            ©L.A.
            Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.esEn Twitter  @LuisAntequeraB
 

jueves, 23 de marzo de 2017

La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de Europa, resuenan las palabras del Papa Francisco 23032017

La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de Europa, resuenan las palabras del Papa Francisco

Desear juntos un impulso nuevo y audaz para una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo, deseó el Papa al recibir el Premio Carlomagno - OSS_ROM
23/03/2017 13:40
Desear juntos un impulso nuevo y audaz para una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo
 
(RV).- Ante la audiencia del Papa Francisco – el 24 de marzo - a los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, llegados a Italia para las celebraciones del 60 aniversario de los Tratados de Roma, resuenan las palabras del Santo Padre, al recibir el Premio Carlomagno.
El 6 de mayo de 2016, el Papa Francisco, con profunda gratitud, empezó su denso discurso ofreciendo a su vez al continente europeo el galardón e invitando a un renovado y audaz impulso:
«Deseo reiterar mi intención de ofrecer a Europa el prestigioso premio con el cual he sido honrado: no hagamos un mero un gesto celebrativo, sino que aprovechemos más bien esta ocasión para desear todos juntos un impulso nuevo y audaz para este amado Continente».
Recordando el valioso testimonio que ha dado Europa a la humanidad, con su creatividad, ingenio, capacidad de levantarse y de salir de sus propios límites, que pertenecen al alma europea, junto con la tutela de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad, el Obispo de Roma hizo hincapié en la importancia de inspirarse en el pasado, para afrontar con valentía el complejo cuadro multipolar de nuestros días, aceptando con determinación el reto de «actualizar la idea de Europa»:
«Una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de dialogar y la capacidad de generar».
Invitando a impulsar estas tres capacidades, el Papa recordó la tarea y misión de la Iglesia, con el anuncio y testimonio del Evangelio, brindando la presencia y misericordia de Jesús:
«La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de una Europa cansada, pero todavía rica de energías y de potencialidades. Su tarea coincide con su misión: el anuncio del Evangelio, que hoy más que nunca se traduce principalmente en salir al encuentro de las heridas del hombre, llevando la presencia fuerte y sencilla de Jesús, su misericordia que consuela y anima. Dios desea habitar entre los hombres, pero puede hacerlo solamente a través de hombres y mujeres que, al igual que los grandes evangelizadores del continente, estén tocados por él y vivan el Evangelio sin buscar otras cosas. Sólo una Iglesia rica en testigos podrá llevar de nuevo el agua pura del Evangelio a las raíces de Europa. En esto, el camino de los cristianos hacia la unidad plena es un gran signo de los tiempos, y también la exigencia urgente de responder al Señor «para que todos sean uno» (Jn 17,21)».
El Papa Francisco culminó su discurso presentando con esperanza su sueño: «un nuevo humanismo» para una Europa madre, que da vida. Una Europa hermana, que socorre y acoge a los más necesitados. Una Europa de familias, que no olvida a los jóvenes ni a los ancianos. Una Europa que no desmaya en su compromiso en favor de los derechos humanos:
«Con la mente y el corazón, con esperanza y sin vana nostalgia, como un hijo que encuentra en la madre Europa sus raíces de vida y fe, sueño un nuevo humanismo europeo, «un proceso constante de humanización», para el que hace falta «memoria, valor y una sana y humana utopía».  Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida. Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte. Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable. Sueño una Europa de las familias, con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes. Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía».
(CdM – RV)

sábado, 25 de febrero de 2017

«El derecho al agua decide el futuro de la humanidad», el Papa en el seminario sobre gestión mundial del agua 24022017

«El derecho al agua decide el futuro de la humanidad», el Papa en el seminario sobre gestión mundial del agua

«Es doloroso ver cuando en la Legislación de un país no se considera al agua como un derecho humano», el Papa durante su intervención. - ANSA
24/02/2017 17:35
(RV).- “Debemos tomar conciencia del valor del agua para el bien de la humanidad”, fue la reflexión central del Papa Francisco dirigida a los participantes del Seminario sobre el Derecho Humano al Agua, organizado en Roma del 23 al 24 de febrero, por la Pontificia Academia de las Ciencias y la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro.
«Aportes y perspectivas interdisciplinarias sobre la centralidad de las políticas públicas en la gestión del agua y el saneamiento», fue el eje de las temáticas que se trataron en las diversas ponencias y coloquios.
Este Seminario concluyó con el encuentro de los participantes y organizadores con el Santo Padre la tarde del 24 de febrero. En un discurso breve pero conciso, el Obispo de Roma hizo especial hincapié  en que toda persona tiene derecho al acceso al agua potable y segura; ya que «se trata de un derecho humano básico y una de las cuestiones nodales en el mundo actual.
«Es doloroso ver cuando en la Legislación de un país o de un grupo de países no se considera al agua como un derecho fundamental. Es un problema que afecta a todos y hace que nuestra casa común sufra tanta miseria y clame por soluciones efectivas, realmente capaces de superar los egoísmos que impiden la realización de este derecho vital para todos les seres humanos», afirmó el Pontífice.
El Sucesor de Pedro finalizó su intervención invitando a «tener siempre presente, las cifras y datos estadísticos proporcionados por Naciones Unidasque reflejan la gravedad de la situación: cada día mueren mil niños por enfermedades en relación con el agua». 
(SL-RV)
Texto completo de las palabras del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas, buenas tardes:
Saludo a todos los presentes y les agradezco su participación en este Encuentro que aborda la problemática del derecho humano al agua y la exigencia de políticas públicas que puedan afrontar esta realidad. Es significativo que ustedes se unan para aportar su saber y sus medios con el fin de dar una respuesta a esta necesidad y a esta problemática que vive el hombre de hoy.
Como leemos en el libro del Génesis, el agua está en el comienzo de todas las cosas (cf. Gn 1,2); es «criatura útil, casta y humilde», fuente de la vida y de la fecundidad (cf. San Francisco de Asís, Cántico de las Criaturas). Por eso, la cuestión que ustedes tratan no es marginal, sino fundamental y muy urgente. Fundamental, porque donde hay agua hay vida, y entonces puede surgir y avanzar la sociedad. Y es urgente porque nuestra casa común necesita protección y, además, asumir que no toda agua es vida: sólo el agua segura y de calidad, y siguiendo con la figura de San Francisco… “el agua que sirve con humildad, el agua casta”, no contaminada.
Toda persona tiene derecho al acceso al agua potable y segura; este es un derecho humano básico, y una de las cuestiones nodales en el mundo actual (cf. Enc. Laudato si’, 30; Enc. Caritas in veritate, 27). Es doloroso ver cuando en la Legislación de un país o de un grupo de países no se considera al agua como un derecho humano. Más doloroso aún cuando se quita lo que estaba escrito allí y se niega este derecho humano. Es un problema que afecta a todos y hace que nuestra casa común sufra tanta miseria y clame por soluciones efectivas, realmente capaces de superar los egoísmos que impiden la realización de este derecho vital para todos les seres humanos.
Es necesario otorgar al agua la centralidad que merece en el marco de las políticas públicas. Nuestro derecho al agua es también un deber con el agua. Del derecho que tenemos a ella se desprende una obligación que va unida y no puede separarse. Es ineludible anunciar este derecho humano esencial y defenderlo, como se hace, pero también actuar de forma concreta, asegurando un compromiso político y jurídico con el agua.
En este sentido, cada Estado está llamado a concretar, también con instrumentos jurídicos, cuanto indicado por las Resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde 2010 sobre el derecho humano al agua potable y el saneamiento. Por otra parte, cada actor no estatal tiene que cumplir sus responsabilidades hacia este derecho.
El derecho al agua es determinante para la sobrevivencia de las personas (cf. ibíd, 30) y decide el futuro de la humanidad. Es prioritario también educar a las próximas generaciones sobre la gravedad de esta realidad. La formación de la conciencia es una tarea ardua; precisa convicción y entrega. Y yo me pregunto si en medio de esta “Tercera Guerra Mundial a pedacitos” que estamos viviendo, no estamos en camino hacia la Gran Guerra Mundial por el agua. Las cifras que las Naciones Unidas revelan son desgarradoras y no nos pueden dejar indiferentes: cada día mil niños mueren a causa de enfermedades relacionadas con el agua; millones de personas consumen agua contaminada. Estos datos son muy graves; se debe frenar e invertir esta situación. No es tarde, pero es urgente tomar conciencia de la necesidad del agua y de su valor esencial para el bien de la humanidad.
El respeto del agua es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos (cf. ibíd., 30). Si acatamos este derecho como fundamental, estaremos poniendo las bases para proteger los demás derechos. Pero si nos saltamos este derecho básico, cómo vamos a ser capaces de velar y luchar por los demás. En este compromiso de dar al agua el puesto que le corresponde, hace falta una cultura del cuidado (cfr ibid., 231), parece una cosa poética y bueno… la Creación es una “poiesis”. Y esta cultura del cuidado que es creativa… y además fomentar una cultura del encuentro, en la que se unan en una causa común todas las fuerzas necesarias de científicos y empresarios, gobernantes y políticos. Es preciso unir todas nuestras voces en una misma causa; ya no serán voces individuales o aisladas, sino el grito del hermano que clama a través nuestro, es el grito de la tierra que pide el respecto y el compartir responsablemente de un bien, que es de todos. En esta cultura del encuentro, es imprescindible la acción de cada Estado como garante del acceso universal al agua segura y de calidad.
Dios Creador no nos abandona en este trabajo para dar a todos y a cada uno acceso al agua potable y segura. Pero el trabajo es nuestro, la responsabilidad es nuestra. Deseo que este Seminario sea una ocasión propicia para que sus convicciones se vean fortalecidas, y salgan de aquí con la certeza de que su trabajo es necesario y prioritario para que otras personas puedan vivir. Es un ideal por el que merece la pena luchar y trabajar. Con nuestro «poco» estaremos contribuyendo a que nuestra casa común sea más habitable y más solidaria, más cuidada, donde nadie sea descartado ni excluido, sino que todos gocemos de los bienes necesarios para vivir y crecer en dignidad. Y no olvidemos los datos, las cifras de las Naciones Unidas. No olvidemos que cada día mil niños, ¡cada día!, mueren por enfermedades en relación con el agua.
Muchas gracias.

domingo, 19 de febrero de 2017

“Valientes en el servicio a Cristo y a la Iglesia”, el Papa al Capítulo General de los Clérigos Marianos 19022017

“Valientes en el servicio a Cristo y a la Iglesia”, el Papa al Capítulo General de los Clérigos Marianos

El Papa y los clérigos marianos - AP
18/02/2017 14:28
 
(RV).-  El Papa Francisco recibió el mediodía del sábado al Capítulo General de la Congregación de Clérigos Marianos de la Inmaculada Concepción de la Beata Virgen María, “presente en el servicio a Cristo y a la Iglesia en veinte países del mundo”, como inició recordando en el discurso que les dirigió.
Sobre uno de los objetivos principales del Capítulo General, la reflexión sobre las leyes y los ordenamientos propios de la Congregación, Francisco notó que se trata “de una obra importante”. Con este motivo los exhortó a cumplir esta  reflexión con fidelidad al carisma del Fundador y al patrimonio espiritual de la Congregación y, al mismo tiempo, con el corazón y la mente abiertos a las nuevas necesidades de la gente. El Santo Padre pidió para que el ejemplo de su Fundador, san Estanislao de Jesús y María, "que había completamente entendido el sentido de ser discípulo de Cristo", sea luz y guía de su camino.
“En esta perspectiva, vuestro servicio de la Palabra es el testimonio de Cristo Resucitado, que han encontrado sobre vuestro camino y que con vuestro estilo de vida están llamados a llevar a cualquier parte donde los envíe la Iglesia.  El testimonio cristiano pide también el compromiso con y para los pobres, un compromiso que caracteriza a vuestro Instituto desde sus inicios. Los aliento a mantener viva esta tradición del servicio a las personas pobres y humildes, a través del anuncio del Evangelio con un lenguaje que sea comprensible para ellos, con las obras de misericordia y el sufragio por los difuntos”.
El Pontífice agregó que otra significativa herencia espiritual de esta familia religiosa es aquella que les dejó el beato Jorge Matulaitis: la total dedicación a la Iglesia y al hombre para «ir valientemente a trabajar y a luchar por la Iglesia, especialmente donde hay más necesidad» (Journal, p. 45): actitud que en los últimos decenios -como subrayó-  ha inspirado las iniciativas de la Congregación dirigidas a difundir su carisma en los países pobres, especialmente en África y en Asia.
“El gran desafío de la inculturación les pide hoy anunciar la Buena Noticia con lenguajes y formas comprensibles a los hombres de nuestro tiempo, envueltos en procesos de rápida transformación social y cultural. Su Congregación cuenta con una larga historia, escrita por valientes testimonios de Cristo y del Evangelio. Hoy están llamados a caminar por este sendero con renovado celo para lanzarse, con libertad profética y sabio discernimiento, por caminos apostólicos y fronteras misioneras, cultivando una estrecha colaboración con los Obispos y los otros componentes de la Comunidad eclesial”.
Los horizontes de la evangelización y la urgente necesidad de testimoniar el mensaje evangélico a todos, sin distinciones, constituye el vasto campo de su apostolado, les reiteró el Papa, precisando que muchos aguardan aún conocer a Jesús, único Redentor del hombre, y no pocas situaciones de injusticia y de incomodidad moral y material interpelan a los creyentes.  “Una misión tan urgente pide conversión personal y comunitaria. Solamente los corazones completamente abiertos a la acción de la Gracia son capaces de interpretar los signos de los tiempos y de escuchar los llamados de la humanidad necesitada de esperanza y de paz”, reflexionó.
Pidiéndoles seguir el ejemplo de su Fundador, el Papa finalizó sus discurso  invitándoles a “ser valientes en el servicio de Cristo y de la Iglesia, respondiendo a los nuevos desafíos y a las nuevas misiones, también si humanamente pueden parecer arriesgadas”.  
“A vuestra Madre y Patrona, María Inmaculada, confío vuestro camino de fe y de crecimiento, en constante unión con Cristo y con su Santo Espíritu, que los hace testimonios de la potencia de la Resurrección”.
(RC-RV)

viernes, 17 de febrero de 2017

Respuestas y testimonio personal del Papa Francisco a universitarios de Roma, en su discurso escrito y entregado 17022017

Respuestas y testimonio personal del Papa Francisco a universitarios de Roma, en su discurso escrito y entregado

El Papa Francisco visitó la Universidad Roma Tre - AP
17/02/2017 12:31
 
(RV).- “La instrucción y la formación académica de las nuevas generaciones es una exigencia primaria para la vida y el desarrollo de la sociedad. He escuchado vuestras preguntas, las leí antes, he reflexionado y escribí un discurso que entregaré al Rector, para responder a las preguntas directamente, desde el corazón. Quisiera responder espontáneamente, me gusta más así”.
Así inició el Papa Francisco su discurso a los estudiantes, al cuerpo docente y al personal de la Universidad Roma 3, la más joven Universidad de la capital italiana, a la que el Pontífice visitó en la mañana de este viernes 17 de febrero. Se trata de la primera visita del Santo Padre a una universidad estatal, que fuera ya visitada por San Juan Pablo II en el 2002.
Frecuentada por casi 40 mil estudiantes, la Universidad Roma 3 es también un activo centro de investigación a dimensión internacional. Considerada una de las mejores universidades emergentes, se posiciona entre las primeras 100 universidades con menos de 50 años.
(MCM - RV)
«Repensar los modelos económicos, culturales y sociales, para recuperar el valor central de la persona humana»
 
(RV).- Con su profunda gratitud por haberlo invitado a visitar la ‘Universidad Roma Tre’, la más joven de la capital italiana, el Papa - en el discurso que entregó - respondió  a cuatro universitarios sobre diversos temas que interpelan a la humanidad en el momento presente y ofreció su testimonio personal, recordando su encuentro con Jesús, cuando era joven.
El voluntariado y la solidaridad al servicio de los más necesitados; la no violencia como estilo de vida y de política; la escandalosa contradicción de lo que se derrocha en los armamentos en lugar de erradicar el hambre en el mundo; las urgencias sociales y la pobreza, sin olvidar a los emigrantes y la cultura del encuentro… son algunos de los temas destacados por el Papa Francisco en su discurso escrito.
Ante un mundo que presenta tantos signos de enemistad y violencia, respondiendo a la pregunta de la joven universitaria romana Giulia, recordando su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2017- La no violencia: un estilo de política para la paz -  el Papa recuerda que «estamos viviendo una guerra mundial a pedazos: hay conflictos en muchas regiones del planeta que amenazan el futuro de enteras generaciones».
Y lamenta, entre las escandalosas contradicciones, que, al tiempo que se habla desde hace decenios de desarme, muchos países están aumentando sus gastos en armamentos, «en un mundo que lucha aún contra el hambre y las enfermedades».
Lejos de desalentarse ante esta dramática realidad, el Papa Francisco alienta a los jóvenes a no perder la esperanza, poniendo en guardia contra aquellos que engañan ofreciendo una felicidad momentánea y aparente, pero que en realidad inducen a callejones sin salida, sin futuro, a laberintos existenciales:
«Las bombas destruyen los cuerpos, las dependencias destruyen las mentes, las almas, y también los cuerpos. Aquí les doy otro ejemplo concreto de contradicción actual: la industria del juego de azar. Las universidades pueden dar una válida contribución para prevenir y contrastar la adicción al juego, que provoca daños graves a las personas y a las familias, con elevados costes sociales».
Respondiendo al joven universitario Niccoló, sobre el servicio a los últimos y la necesidad de impulsar ‘una patria común’, el Papa se refiere a las «tantas urgencias sociales y tantas situaciones de necesidad y de pobreza», que nos interpelan y alienta a impulsar las «acciones constructivas» de ayuda y solidaridad, que se oponen a «la cultura del hedonismo y del descarte, basada en los ídolos del dinero, el placer y el aparentar».
Al responder al joven estudiante romano Riccardo Zucchetti, de 23 años, quien hizo referencia a las “informaciones que en un mundo globalizado se transmiten de modo especial a través de las redes sociales, el Papa Francisco afirmó que en este ámbito tan complejo es necesario realizar un sano discernimiento basado en criterios éticos y espirituales. “Es decir – afirma el Santo Padre – interrogarse acerca de lo que es bueno, haciendo referencia a los valores propios de una visión del hombre y del mundo, una visión de la persona en todas sus dimensiones, sobre todo en la trascendente”.
Testimonio personal de la vida del Papa
El Papa ofrece en el discurso que había preparado un testimonio personal de su vida. Escribe que “se profesa cristiano” y que “la trascendencia a la que se abre y mira es Jesús”; porque está convencido de que “su Evangelio es una fuerza de verdadera renovación personal y social”. Tras poner de manifiesto que no desea proponer a los estudiantes ilusiones o teorías filosóficas o ideológicas, ni tanto menos hacer proselitismo, Francisco les habla de “una Persona” que salió a su encuentro, cuando tenía más o menos la edad de estos jóvenes. Que le abrió horizontes y que le cambió la vida. Una Persona definida “compañero de camino”, que jamás decepciona ni traiciona. Sino que siempre está con nosotros, “con respeto y discreción” a lo largo del camino de nuestra vida.
El Obispo de Roma invita a estos jóvenes a “no tener miedo de abrirse a los horizontes del espíritu”. Y les escribe que si reciben el don de la fe, “no teman abrirse al encuentro con Cristo para profundizar su relación con Él”. Porque “la fe jamás limita el ámbito de la razón”, sino que la abre a una visión integral del hombre y de la realidad, preservándola del peligro de reducir a la persona a “material humano”.
Naturalmente, el Pontífice escribe que con Jesús las dificultades no desaparecen, sino que se afrontan de modo diverso, sin miedo, sin mentir a sí mismos, ni a los demás; sino con la luz y la fuerza que proviene de Él. De modo que es posible – como afirmaba el estudiante romano – llegar a ser “agentes de la caridad intelectual”, a partir de la misma Universidad, a fin de que sea un lugar de formación en la “sabiduría”, es decir de “educación integral de la persona”.
Universidad como lugar donde se elabora la cultura del encuentro
Por otra parte, el Papa Bergoglio destaca que la Universidad también puede ser un lugar en el que se elabora la cultura del encuentro y de la acogida de personas de diversas tradiciones culturales y religiosas.
De hecho, en su respuesta a Nour Essa – de 31 años, nacida en Damasco, Siria, quien llegó a Italia con el mismo Santo Padre procedente de la isla de Lesbos – y quien hizo referencia al “miedo” que los occidentales tienen con respecto a los extranjeros, en cuanto podrían “amenazar la cultura cristiana de Europa”; Francisco afirma que la cerrazón en sí mismos o en la propia cultura, jamás es el camino para volver a dar esperanza y poner en práctica una renovación social y cultural.
Porque como escribe el Pontífice, una cultura se consolida en la apertura y en la confrontación con las demás culturas, siempre que tenga una clara y madura conciencia de los propios principios y valores. De ahí que el Papa Bergoglio  haya animado a los profesores y a los estudiantes a vivir la Universidad como ambiente de verdadero diálogo, que no comprime las diversidades ni las exaspera, sino que se abre a la confrontación constructiva. Porque como afirma Francisco “estamos llamados a comprender y apreciar los valores del otro, superando las tentaciones de la indiferencia y del temor”.
(CdM - María Fernanda Bernasconi - RV)