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jueves, 23 de octubre de 2014

"La esperanza de la familia - El sínodo y después", en la U. Europea de Roma 22102014

"La esperanza de la familia - El sínodo y después", en la U. Europea de Roma

El libro-entrevista del cardenal Müller en una mesa redonda organizada por los 'Cí­rculos Culturales Juan Pablo II'

La primera fase del Sínodo concluyó y ahora es el momento para las reflexiones post-sinodales, que tienen encomendada la tarea de traducir en el tejido vivo de la comunidad de fieles los múltiples casos que surgieron durante la gran asamblea religiosa.

  
Un testimonio de la fecundidad de las ideas que surgieron del Sínodo tuvo lugar en el transcurso de la mesa redonda "La esperanza de la familia - El Sínodo y después", que se celebró el 21 de octubre en la Universidad Europea de Roma (UER), en el marco de los encuentros organizados por los "Círculos Culturales Juan Pablo II".

La mesa redonda fue introducida por Antonio Gaspari, director editorial de ZENIT, que, después de los saludos habituales, presentó a los distinguidos oradores: el cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; Mons. Luigi Negri, presidente de la Fundación Internacional Juan Pablo II para el Magisterio de la Iglesia; Mons. Livio Melina, presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios del Matrimonio y la Familia; Constanza Miriano, periodista y escritora.

Gaspari, en su calidad de moderador de la mesa redonda, explicó que el eje principal del que nace el encuentro es el libro-entrevista con el cardenal Müller titulado "La esperanza de la familia", publicado por la editorial italiana Ares: es necesario también aclarar los malentendidos y provocaciones que han rodeado los trabajos del Sínodo. A continuación, Gaspari dio la palabra al cardenal. "Uno de los puntos centrales del texto --señaló el purpurado-- es el tema de la fe. Vivimos en una era de secularismo e incredulidad, que han debilitado la percepción sacramental".

El cardenal Müller citó la encíclica "Lumen Fidei" del papa Francisco, dedicada precisamente al tema de la fe, y la Constitución Pastoral "Gaudium et Spes", uno de los documentos más importantes del Concilio Vaticano II, que plantea, entre otros, el tema de la dignidad del matrimonio y la familia. Luego leyó un pasaje del prefacio de su libro, escrito por el cardenal Fernando Sebastián: "En el sacramento del matrimonio los fieles cristianos, hombres y mujeres, celebran con la Iglesia la fe en el amor de Dios presente y activo en ellos como miembros de la Iglesia y colaboradores de Dios para la multiplicación de la humanidad y de la Iglesia de la salvación". "Este libro --apuntó el cardenal Müller-- es una contribución para redescubrir la belleza del matrimonio cristiano".

El P. Jesús Villagrasa, LC, rector del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, dirigió un breve saludo al público y a los ponentes, para luego devolver la palabra a los expertos.

La periodista Constanza Miriano comenzó con una afirmación relacionada con su experiencia como madre y sus creencias católicas: "Está bien tener misericordia con los divorciados --dijo--, pero hay que tenerla también con los niños. De ellos se habla poco, pero son las primeras víctimas cuando los padres siguen caminos diferentes".

A continuación, la periodista explicó que su trabajo la llevó a conocer a muchas familias, lo que ha fortalecido su convicción de que "la moral cristiana no es comparable a la burguesa"; esta última construye su "catequesis" basándose en los modelos de la televisión y el cine: unos modelos que generan decepción. "El verdadero amor se funda en Cristo y la "realfabetización" del amor pertenece sólo a la Iglesia".

Mons. Livio Melina, al agradecer al cardenal Müller por su libro y por la valentía que demostró, recordó un concepto del beato Pablo VI: la Iglesia no inventa su doctrina, sino que es intérprete y guardiana. A quién nos invita a reconsiderar los principios de la fe para que sea adaptable a nuestros tiempos --dijo monseñor Melina--, la Iglesia sólo puede responder: "No Possumus!" ¡No podemos!

"El cardenal Müller --prosiguió monseñor Melina-- argumenta el vínculo inseparable entre la verdad y la práxis. La doctrina se convertiría en abstracta y la práxis se convertiría en arbitraria, si la Iglesia hiciera 'los descuentos de fin de temporada'". La misericordia no puede ser un instrumento para resolver las dificultades contingentes: los padres se preocupan de educar, incluso si a veces se ven obligados a decir cosas que, en ese momento, son desagradables para sus hijos.

El camino sinodal durará otro año --concluyó monseñor Melina-- y el cardenal Müller será "una brújula certificada para no perderse en el pensamiento débil".

Mons. Luigi Negri expresó su agradecimiento al cardenal Müller por su libro "La esperanza de la familia", "sugerente y constructivo para el futuro."
"La crisis de nuestro tiempo --recordó monseñor Negri-- coincide con la crisis de la familia, que expresa la crisis del hombre moderno: la inexorable pulverización de la vida en un contexto de opiniones en conflicto.

Disminuye el compromiso del hombre en contra de su instinto; la realidad se reduce a un conjunto de objetos manipulados de acuerdo con las normas de carácter tecnológico, mientras desaparece el sentido del misterio". El prelado citó al filósofo Jacques Maritain, según el cual "la modernidad es la lucha sin motivación e ideológica entre la razón y el misterio".

Mons. Negri afirmó también que en la actualidad lo "nuevo" se basa en un concepto ya fracasado, en una revolución antropológica que, habiendo demostrado su inconsistencia, no puede ser tomada como una herramienta para la innovación. En el libro del cardenal Müller, la experiencia del matrimonio es sin embargo una experiencia auténtica de una nueva vida, donde el amor cristiano es una expresión del amor humano basado en la "gratuidad" y no en la "conveniencia" (y aquí Mons. Negri citó la "Caritas in Veritate" de Benedicto XVI para un replanteamiento global del sistema económico).

"La semilla de la nueva vida --concluyó monseñor Negri-- debe ser educada sobre la base de la fe según el pensamiento de Dios y no del mundo. El futuro es nuestro en la medida en que somos capaces de leer la vocación cristiana en toda su profundidad".

El público que llenaba el Aula Magna de la Universidad aplaudió en repetidas ocasiones las intervenciones de los ponentes. El rector de la UER, el padre Lucas Gallizia, LC, en sus conclusiones, quiso expresar una especial gratitud por esta oportunidad para la reflexión: "Una reflexión --añadió-- que continuará durante todo el año. Mientras que nuestra primera tarea es la de la oración para que el Espíritu Santo guíe a la Iglesia".

El padre Lombardi destaca el nivel de transparencia y libertad del Sí­nodo 22102014

El padre Lombardi destaca el nivel de transparencia y libertad del Sí­nodo

En una entrevista con Radio Vaticano, el portavoz de la Santa Sede explica que el Papa ha puesto a la Iglesia en camino

Radio Vaticano ha entrevistado este miércoles al padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, sobre los trabajos del Sínodo, el modo en el que lo ha vivido el papa Francisco y la gestión de la comunicación durante la Asamblea sinodal.

En declaraciones al periodista Alessandro Gisotti, el padre Lombardi ha reconocido que ha vivido "una experiencia realmente muy particular y muy diferente a la de los Sínodos anteriores", porque esta vez "no se ha tratado de un Sínodo cerrado en sí mismo, un episodio concluido, sino de un momento para un largo y minucioso discernimiento de la Iglesia como comunidad en camino". El sacerdote jesuita ha explicado también que "el Papa ha elegido precisamente este itinerario complejo porque aquí se trataba de abordar unos temas muy difíciles, muy apasionantes, relacionados con la vida, con la experiencia comunitaria de la Iglesia en toda su plenitud".
En este Sínodo, ha proseguido, "el Papa ha seguido una línea muy precisa, que había previsto, y que ha consistido en intervenir con la homilía de apertura, en la Misa inaugural, y en la primera Congregación, y luego escuchar". El Santo Padre ha querido escuchar todo el tiempo, sin intervenir personalmente, "precisamente para dejar espacio a la libertad de expresión". "Esto ha sido muy apreciado y se ha reflejado realmente en la dinámica del Sínodo", ha asegurado.

Para el portavoz vaticano, el tema del discernimiento espiritual, que el Pontífice ha tratado con profundidad en su último discurso a la Asamblea sinodal, ha sido "extremadamente importante también para la continuación del proceso del Sínodo". En su opinión, "esta es la verdadera clave para la comprensión de todo el proceso del Sínodo, y el Papa, que es un hombre de fe, vive en esta perspectiva, y en esta clave". Por este motivo, ha indicado, "podemos confiar en que el Sínodo llegará, en todo su camino, a una meta positiva para la Iglesia".

Preguntado por su visión del Sínodo en términos de comunicación, el padre Lombardi ha destacado el "nivel de transparencia" y la "intensidad" comunicativa. "Esto se requería un poco, debido al grandísimo interés con el que era seguido". "Naturalmente, la comunicación y los ecos en la prensa en general son a veces un poco desequilibrados, tal vez se concentran sólo en ciertos temas. Y en este caso, obviamente, fueron los temas de la comunión a los divorciados vueltos a casar y la homosexualidad, que eran siempre amplificados incluso más de lo que era la totalidad del Sínodo".
Por último, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha subrayado que "no se trata de evaluar el Sínodo desde el punto de vista de los bandos, desde el punto de vista del gobierno de la Iglesia por parte del Papa, como un problema humano de carácter estratégico, sino que hay que entender que el Papa ha deseado que la Iglesia se pusiera en camino".  Y la Iglesia, ha concluido el padre Lombardi, "se ha puesto realmente en camino en busca de la voluntad de Dios, a la luz del Evangelio y a la luz de la fe, para encontrar respuestas a las preguntas más acuciantes sobre la familia y en cierto sentido también sobre la antropología, sobre la condición del hombre y la mujer en el mundo de hoy".


Una pastoral para todas las situaciones y los puntos no aprobados.21102014

 

Sínodo Extraordinario sobre la Familia

Una pastoral para todas las situaciones y los puntos no aprobados.


  • El deseo de formar familia sigue vivo, pese a los obstáculos de una época que consagra el individualismo. La Iglesia, en este contexto, debe estar lista para acompañar tanto a quienes desean unirse en matrimonio sacramental, como a quienes viven en situaciones donde aún no se alcanza esa plenitud. Así lo refleja la Relatio Synodi, el documento final del Sínodo Extraordinario sobre la Familia, que fue votado el sábado 19 de octubre punto por punto por los obispos participantes.
El documento, que consta de tres partes y 62 puntos, será enviado a las Conferencias Episcopales, con vistas a preparar el Sínodo Ordinario sobre la Familia, que se celebrará en octubre de 2015. Su función es “proponer cuestiones e indicar perspectivas que deben ser maduradas en las Iglesias locales durante el año que falta hasta el Sínodo”.
“La indisolubilidad del matrimonio no debe entenderse como un yugo impuesto a los hombres, sino como un don hecho a las personas unidas en matrimonio”

El contexto sociocultural

Los padres sinodales realizan en la primera parte un diagnóstico del contexto sociocultural en el que se plantean hoy los problemas de la familia. Señalan las ventajas de que existan, al menos en algunas regiones del mundo, una amplia libertad de expresión y el reconocimiento de los derechos de mujeres y niños. Sin embargo, a lo positivo contraponen “el creciente peligro de un individualismo exacerbado que desnaturaliza los vínculos familiares y termina por considerar a cada miembro de la familia como una isla”. A este se añade “la crisis de fe que ha afectado a tantos católicos y que a menudo está en el origen de la crisis del matrimonio y de la familia”.
Según los contextos culturales y religiosos, aparecen otros problemas: la práctica de la poligamia, la costumbre del “matrimonio por etapas”, los matrimonios arreglados entre familias, los matrimonios entre cónyuges de distinta fe, o la difusión de la cohabitación que precede al matrimonio o de convivencias que no están orientadas a asumir un vínculo formal. A esto hay que añadir a menudo una legislación civil que pone en peligro el matrimonio y la familia.
Muchas veces estas situaciones repercuten en los hijos, que nacen fuera del matrimonio, o son víctimas de la separación de los padres o se convierten en objeto de disputa. También en muchos contextos “la mujer es discriminada e incluso el don de la maternidad es a menudo penalizado en vez de ser presentado como un valor positivo”.
La Iglesia debe acompañar con misericordia a sus hijos más frágiles, pero “consciente de que la misericordia más grande es decir la verdad con amor”

Dentro del contexto sociocultural, los obispos subrayan también la cuestión de la fragilidad afectiva: “una afectividad narcisista, inestable y cambiante”. En este contexto, “las parejas están a veces inciertas, dubitativas y les cuesta encontrar los modos para crecer”. “Muchos tienden a quedarse en los primeros estadios de la vida emocional y sexual”.
Además, la sensación de impotencia ante las dificultades económicas, la inseguridad laboral, y el abandono y la falta de atención por parte de las instituciones, están incidiendo en una crisis demográfica, motivada por el descenso de la natalidad, lo que debilita el tejido social y hace peligrar la relación intergeneracional.

El necesario ejemplo de los casados

En este contexto, la Iglesia siente la necesidad de revalidar la vigencia del matrimonio cristiano como continuación del matrimonio natural. Cristo le devuelve su forma original, otorgando a los cónyuges la gracia para testimoniar el amor de Dios y vivir la vida de comunión.
Por ello, en la segunda parte del documento, los padres sinodales subrayan que “la indisolubilidad del matrimonio no debe entenderse como un yugo impuesto a los hombres, sino como un don hecho a las personas unidas en matrimonio”: el del acompañamiento de la gracia, que sana y transforma los corazones endurecidos. “Dios consagra el amor de los esposos y confirma su indisolubilidad, ofreciéndoles su ayuda para vivir la fidelidad, la integración recíproca y la apertura a la vida”, señalan.
Se subraya la necesidad de mejorar los programas específicos de preparación para el matrimonio

Al mismo tempo que se alegran con las familias que siguen fieles a las enseñanzas del Evangelio, los obispos manifiestan también su preocupación por las familias “heridas y frágiles”. La Iglesia, “aun reconociendo que para los bautizados no hay más vínculo matrimonial que el sacramental, y que toda ruptura de él va contra la voluntad de Dios”, quiere también “acompañar con misericordia y paciencia las posibles etapas de crecimiento” de las personas frágiles que encuentran dificultades en el camino de la fe.
Entre estas se encuentran los que solo han contraído matrimonio civil, los divorciados vueltos a casar, o los que simplemente conviven. Por eso los obispos advierten que “una dimensión nueva de la pastoral familiar actual consiste en prestar atención a la realidad de los matrimonios civiles entre hombre y mujer, de los matrimonios tradicionales y, atendiendo a las debidas diferencias, también de la cohabitación. Cuando la unión alcanza una notable estabilidad a través de un vínculo público, cuando se caracteriza por un afecto profundo, por la responsabilidad hacia los hijos, por la capacidad de superar las pruebas, puede ser vista como una ocasión que debe ser acompañada en su desarrollo hacia el sacramento del matrimonio”.
La Iglesia debe acompañar con misericordia a sus hijos más frágiles. Pero “consciente de que la misericordia más grande es decir la verdad con amor, vayamos más allá de la compasión”. El amor misericordioso “invita a la conversión”, así como Cristo no condena a la mujer adúltera, pero la invita a la conversión.

La ayuda de otros matrimonios

En su parte tercera el documento aborda las perspectivas pastorales para afrontar estas tareas.
Una dimensión nueva de la pastoral familiar actual consiste en prestar atención a las personas que viven en matrimonio civil y en cohabitación, para acompañarlas hacia el matrimonio cristiano

De una parte, se subraya la necesidad de mejorar los programas específicos de preparación para el matrimonio, que partan de una genuina experiencia de participación en la vida eclesial, así como la de acompañar a las parejas que atraviesan dificultades en su vida matrimonial, y a los recién casados, a quienes matrimonios con mayor experiencia pueden servir a apoyo.
De hecho, advierten que “sin el testimonio gozoso de las parejas casadas y las familias (…) la proclamación, incluso si es correcta, es probable que sea incomprendida o que se ahogue en el mar de palabras que caracteriza a nuestra sociedad”. Por eso los obispos insisten en que las familias católicas “en virtud de la gracia del sacramento nupcial están llamadas a ser sujetos activos de la pastoral familiar”.

Atención a los divorciados

El apoyo y la escucha atenta también han de dirigirse a los cónyuges separados, a los divorciados, a los abandonados. La Iglesia repara en todos aquellos que han sido objeto de injusticias, como en quienes han debido tomar distancia del cónyuge por los malos tratos que han hecho imposible continuar la convivencia.
A ellos, el Sínodo les invita a hacer un camino hacia el perdón por medio de la gracia, sabiendo que perdonar una grave injusticia no es fácil, al tiempo que plantea la necesidad de un ministerio de la reconciliación y la mediación a través de centros de asesoramiento especializados que se establecerán en la diócesis.
Las familias católicas “en virtud de la gracia del sacramento nupcial están llamadas a ser sujetos activos de la pastoral familiar”

Asimismo, dedican especial atención al acompañamiento pastoral que ha de darse a las familias monoparentales, con énfasis en aquellas formadas por mujeres que llevan solas la responsabilidad del hogar y la crianza de los hijos.
En cuanto a estos últimos, se subraya que no pueden convertirse en modo alguno en “objeto” de disputas entre sus progenitores divorciados, sino que debe ayudárseles a superar el trauma de la separación y a crecer de modo sereno.
Por otra parte, el texto recomienda un “atento discernimiento” y un acompañamiento a los divorciados vueltos a casar. Se les ha de animar a participar activamente en la vida de la comunidad cristiana, sin que ello represente una cesión del principio de la indisolubilidad matrimonial.

Los puntos no aprobados

Uno de los aspectos sobre los que no se alcanzó consenso tocó precisamente el acceso o no de los divorciados vueltos a casar a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.
El texto constata que diversos padres “han insistido a favor de la disciplina actual, como consecuencia de la relación constitutiva entre la participación en la Eucaristía y la comunión con la Iglesia y su enseñanza sobre la indisolubilidad del matrimonio”. Otros se han manifestado a favor de que en algunas situaciones particulares, sobre todo cuando se trata de casos irreversibles y cuando hay obligaciones hacia los hijos, los divorciados vueltos a casar puedan participar en los sacramentos, después de una etapa penitencial.
Esta proposición –la nº 52– fue en la que hubo más discrepancia: 104 votos positivos frente a 74 negativos, con lo que no se cumplió el requisito de los dos tercios para su aprobación. Pero no se puede saber si los votos negativos proceden de los que piensan que se concede demasiado o más bien poco.
Otro punto de controversia fue el relacionado con la atención pastoral concreta a los homosexuales en la comunidad cristiana. El texto afirma, en consonancia con el Catecismo de la Iglesia Católica, que estas personas “deben ser acogidas con respeto y delicadeza”. Pero a la vez recuerda que “no existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el plan de Dios sobre el matrimonio y la familia”. Se observa que ha desaparecido de la relación final alguna frase que aparecía en el documento de trabajo tras el primer debate, y que había sido criticada en los círculos menores por no reflejar bien la discusión. En cualquier caso, tampoco este texto obtuvo la suficiente aprobación (118 votos a favor y 62 en contra).
Los prelados alertaron, además, acerca de las presiones “totalmente inaceptables” que los pastores están recibiendo en este asunto, así como de la creciente tendencia de los organismos internacionales a condicionar la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes a favor del “matrimonio” homosexual.

La transmisión de la vida

Finalmente, los padres sinodales se refieren a la transmisión de la vida en la familia, y detectan la difusión de una mentalidad que ve a los hijos simplemente como “una variable del proyecto individual o de la pareja”. En cambio, la Iglesia recuerda que “la apertura a la vida es exigencia intrínseca del amor conyugal”, y apoya a las familias que acogen a un hijo discapacitado o que adoptan a niños huérfanos y abandonados.
Al referirse a la natalidad, el texto invita a “redescubrir el mensaje de la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI, que subraya la necesidad de respetar la dignidad de la persona en la valoración de los métodos de regulación de la natalidad”. También menciona a este respecto que la adecuada enseñanza de los métodos naturales “ayuda a vivir de manera armoniosa y responsable la comunión entre los esposos, en todas sus dimensiones, junto a la responsabilidad generativa”.
El Sínodo ha querido publicar también las votaciones sobre cada uno de los 62 números de la Relación. Esto permite observar que la unidad de criterios es mucho mayor de la que a veces se ha transmitido en las informaciones de la prensa. Casi todos los puntos han sido aprobados por amplias mayorías, superiores a los dos tercios. Donde se ha dado más disparidad de criterios es en los puntos que se refieren a la pastoral con los que viven en matrimonios civiles o en cohabitación, el acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar y la acogida de las personas de orientación homosexual.

Las “tentaciones” del Sínodo

En su discurso al término de la última sesión del Sínodo, el Papa dijo que las intervenciones en el Sínodo se han sucedido “sin poner nunca en discusión las verdades fundamentales del sacramento del matrimonio: la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la apertura a la vida”.
Los debates sobre distintos temas, añadió Francisco, no deben tomarse como signo de división o motivo de inquietud. “Tantos comentaristas, o gente que habla, han creído ver una Iglesia en litigio, donde una parte está contra la otra, hasta dudar del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia”.
En las reflexiones del Sínodo pueden interponerse distintas “tentaciones”. Una, dijo el Papa, es la “rigidez hostil”: “querer encerrarse en lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); es la tentación de los hoy llamados “tradicionalistas”. Otra es la del “buenismo destructivo, que en nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin antes curarlas y aplicarles medicina”: es propia de los “progresistas y liberales”. Está además la tentación de “descender de la cruz, para contentar a la gente”, de “acomodarse al espíritu mundano en vez de purificarlo y acomodarlo al Espíritu de Dios”.
Pero son dificultades normales, y “era necesario vivir todo esto con tranquilidad, con paz interior, también porque el Sínodo de desarrolla cum Petro et sub Petro, y la presencia del Papa es garantía para todos”. Así, “la Iglesia es de Cristo (…) y todos los obispos, en comunión con el Sucesor de Pedro, tienen el cometido y el deber de custodiarla y servirla, no como amos sino como servidores. El Papa, en este contexto, no es el señor supremo sino más bien el supremo servidor: el servus servorum Dei, el garante de la obediencia y de la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y a la Tradición de la Iglesia, dejando a un lado todo criterio personal, siendo a la vez –por voluntad de Cristo mismo– el ‘Pastor y Maestro supremo de todos los fieles’ (Código de Derecho Canónico, can. 749)”.