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lunes, 2 de septiembre de 2019

Beata Ingrid Elofsdotter, viuda (2 de septiembre)



can.: culto local
país: Suecia - n.: c. 1235 - †: 1282
formas del nombre: Ingrid Elovsdotter
En Skänninge, en Suecia, beata Ingrid Elofsdotter, que al enviudar dedicó todos sus bienes al servicio del Señor, y vistió el hábito dominicano tras una peregrinación a Tierra Santa.

martes, 23 de julio de 2019

Santa Brígida de Suecia, fundadora (23 de julio)


Santa Brígida de Suecia, fundadora

fecha: 23 de julio
fecha en el calendario anterior: 8 de octubre
n.: c. 1303 - †: 1373 - país: Italia
otras formas del nombre: Birgitta
canonización: 
C: Bonifacio IX 7 oct 1391
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Fiesta de santa Brígida, religiosa, nacida en Suecia, que contrajo matrimonio con el noble Ulfo, de quien tuvo ocho hijos, a todos los cuales educó piadosamente, y consiguió al mismo tiempo, con sus consejos y su ejemplo, que su esposo llevase una vida de piedad. Muerto éste, peregrinó a muchos santuarios y dejó varios escritos, en los que habla de la necesidad de reforma, tanto de la cabeza como de los miembros de la Iglesia. Puestos los fundamentos de la Orden del Santísimo Salvador, en Roma pasó finalmente de este mundo al cielo.
Patronazgos: patrona de Europa, de Suecia, de los peregrinos; para pedir una santa muerte.

Oración: Señor, Dios nuestro, que has manifestado a santa Brígida secretos celestiales mientras meditaba la pasión de tu Hijo, concédenos a nosotros, tus siervos, gozarnos siempre en la manifestación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
Santa Brigida era hija de Birgerio, gobernador de Uppland, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg, era hija del gobernador de Gotland oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenás. A los tres años, había empezado a hablar con perfecta claridad, como si fuese una persona mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como su lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido inclinada al orgullo y la presunción. A los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: «Mira en qué estado estoy, hija mía.» «¿Quién os ha hecho eso, Señor?», preguntó la niña. Y Cristo respondió: «Los que me desprecian y se burlan de mi amor». Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual. Antes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con Ulf Gudrnarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial, Tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de santa Catalina de Suecia. Durante algunos años, Brígida llevó la vida de una señora feudal en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la única diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.
Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte del joven rey Magno II para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas influencias. Pero, como sucede con frecuencia, aunque santa Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió mejorar su conducta, pues no la tomaban en serio. La santa empezó a disfrutar por entonces de las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias, desde la necesidad de lavarse, hasta los términos del tratado de paz entre Francia e Inglaterra. «Si el rey de Inglaterra no firma la paz -decía- no tendrá éxito en ninguna de sus empresas y acabará por salir del reino y dejar a sus hijos en la tribulación y la angustia». Pero tales visiones no impresionaban gran cosa a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar con cierta ironía: «¿Qué soñó Doña Brígida anoche?» Por otra parte, la santa tenía dificultades con su propia familia. Su hija mayor se había casado con un noble muy revoltoso, a quien Brígida llamaba «el Bandolero» y, hacia 1340, murió Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en Trondhjem. A su regreso, fortalecida por las oraciones, intentó con más ahinco que nunca volver al buen camino a sus soberanos. Como no lo lograse, les pidió permiso de ausentarse de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su esposo. A la vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en Arrás y recibió los últimos sacramentos, ya que la muerte parecía inminente. Pero santa Brígida, que oraba fervorosamente por el restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que san Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf, ambos esposos prometieron consagrarse a Dios en la vida religiosa. Según parece, Ulf murió en 1344 en el monasterio cisterciense de Alvastra, antes de poner por obra su propósito. Santa Brígida se quedó en Alvastra cuatro años dedicada a la penitencia y completamente olvidada del mundo. Desde entonces, abandonó los vestidos preciosos: sólo usaba lino para el velo y vestía una burda túnica ceñida con una cuerda anudada. Las visiones y revelaciones se hicieron tan insistentes, que la santa se alarmó, temiendo ser víctima de las ilusiones del demonio o de su propia imaginación. Pero en una visión que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiese bajo la dirección del maestre Matías, un canónigo muy sabio y experimentado de Linköping, quien le declaró que sus visiones procedían de Dios.
Desde entonces y hasta su muerte, santa Brígida comunicó todas sus visiones al prior de Alvastra, llamado Pedro, quien las consignó por escrito en latín. Ese período culminó con una visión en la que el Señor ordenó a la santa que fuese a la corte para amenazar al rey Magno con el juicio divino; así lo hizo Brígida, sin excluir de las amenazas a la reina y a los nobles. Magno se enmendó algún tiempo y dotó liberalmente el monasterio que la santa había fundado en Vadstena, impulsada por otra visión. En dicho monasterio había sesenta religiosas. En un edificio contiguo habitaban trece sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo), cuatro diáconos (que representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos legos. En conjunto había ochenta y cinco personas, que era el número de los discípulos del Señor. Santa Brígida redactó las constituciones; según se dice, se las dictó el Salvador en una visión. Pero ni Bonifacio IX en la bula de canonización, ni Martín V, que ratificó los privilegios de la abadía de Sión y confirmó la canonización, mencionan ese hecho y sólo hablan de la aprobación de la regla por la Santa Sede, sin hacer referencia a ninguna revelación privada. En la fundación de santa Brígida, lo mismo que en la orden de Fontevrault, los hombres estaban sujetos a la abadesa en lo temporal, pero en lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al superior de los monjes. La razón de ello es que la orden había sido fundada principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran admitidos en ella para asegurar los ministerios espirituales. Los conventos de hombres y mujeres estaban separados por una clausura inviolable; tanto unos como las otras, asistían a los oficios en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en una galería superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a otros. La orden del Santísimo Salvador, que llegó a tener unos setenta conventos, actualmente es pequeña, pero continúa existiendo en distintas partes del mundo. El monasterio de Vadstena fue el principal centro literario de Suecia en el siglo XV. A raíz de una visión, santa Brígida escribió una carta muy enérgica a Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón a Roma y establecer la paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia. El Papa se negó a partir de Aviñón pero, en cambio envió a Hemming, obispo de Abö, a la corte del rey Felipe, aunque la misión no tuvo éxito. Entre tanto, el rey Magno, que apreciaba más las oraciones que los consejos de santa Brígida, trató de hacerla intervenir en una cruzada contra los paganos letones y estonios. En realidad se trataba de una expedición de pillaje. La santa no se dejó engañar y trató de disuadir al monarca. Con ello, perdió el favor de la corte, pero estaba compensada con el amor del pueblo, por cuyo bienestar se preocupaba sinceramente durante sus múltiples viajes por Suecia. Había todavía en el país muchos paganos, y santa Brígida ilustraba con milagros la predicación de sus capellanes.
En 1349, a pesar de que la «muerte negra» hacía estragos en toda Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350. Acompañada de su confesor, Pedro de Skeninge, y otros personajes, se embarcó en Stralsund, en medio de las lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla. En efecto, la santa se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en espera de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna. Asistía diariamente a misa a las cinco de la mañana; se confesaba todos los días y comulgaba varias veces por semana. El brillo de su virtud contrastaba con la corrupción de costumbres que reinaba entonces en Roma: el robo y la violencia hacían estragos, el vicio era cosa normal, las iglesias estaban en ruinas y lo único que interesaba al pueblo era escapar de sus opresores. La austeridad de la santa, su devoción a los santuarios, su severidad consigo misma y su bondad con el prójimo, su entrega total al cuidado de los pobres y los enfermos le ganaron el cariño de todos aquéllos en quienes todavía quedaba algo de cristianismo. Santa Brígida atendía con particular esmero a sus compatriotas y cada día daba de comer a los peregrinos suecos en su casa, que estaba situada en las cercanías de San Lorenzo in Damaso. Pero su ministerio apostólico no se reducía a la práctica de las buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta ocasión, fue al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, «un hombre mundano que no se preocupaba absolutamente por las almas». Hay que decir que, probablemente, la reprensión de la santa no produjo efecto alguno. Más éxito tuvo su celo en la reforma de otro convento de Bolonia. Ahí se hallaba Brígida cuando fue a reunirse con ella su hija, santa Catalina, quien se quedó a su lado y fue su fiel colaboradora hasta el fin de la vida de Brígida. Dos de las iglesias romanas más relacionadas con nuestra santa son la de San Pablo Extramuros y la de San Francisco de Ripa. En la primera se conserva todavía el bellísimo crucifijo, obra de Cavallini, ante el que Brígida acostumbraba orar y que le respondió más de una vez; en la segunda iglesia se le apareció san Francisco y le dijo: «Ven a beber conmigo en mi celda». La santa interpretó aquellas palabras como una invitación para ir a Asís. Visitó la ciudad y, de ahí partió en peregrinación por los principales santuarios de Italia, durante dos años.
Las profecías y revelaciones de santa Brígida se referían a las cuestiones más candentes de su época. Predijo, por ejemplo, que el papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma al poco tiempo (así lo hicieron el beato Urbano V y Carlos IV, en 1368). La profecía de que los partidos en que estaba dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo que merecían por sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa y aun le atrajeron persecuciones. Por otra parte, ni siquiera el Papa escapaba a sus críticas. En una ocasión le llamó «asesino de almas, más injusto que Pilato y más cruel que Judas». Nada tiene de extraño que Brígida haya sido arrojada de su casa y aun haya tenido que ir, con su hija, a pedir limosna al convento de las Clarisas Pobres. El gozo que experimentó la santa con la llegada de Urbano V a Roma fue de corta duración, pues el Pontífice se retiró poco después a Viterbo, luego a Montesfiascone y aun se rumoró que se disponía a volver a Aviñón. Al regresar de una peregrinación a Amalfi, Brígida tuvo una visión en la que Nuestro Señor la envió a avisar al papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de que diese su aprobación a la regla del convento de Vadstena. Brígida había ya sometido la regla a la aprobación de Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado respuesta alguna. Así pues, se dirigió a Montefiascone montada en su mula blanca. Urbano aprobó, en general, la fundación y la regla de santa Brígida, que completó con la regla de san Agustín. Cuatro meses más tarde, murió el Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor, Gregorio XI, que estaba en Aviñón, conminándole a trasladarse a Roma. Así lo hizo el Pontífice cuatro años después de la muerte de la santa.
En 1371, a raíz de otra visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos Lugares, acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes. La expedición comenzó mal, ya que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana I, cuya reputación era muy dudosa. Aunque la esposa de Carlos vivía aún en Suecia y el marido de Juana estaba en España, ésta quería contraer matrimonio con él y la perspectiva no desagradaba a Carlos. Su madre, horrorizada ante tal posibilidad, intensificó sus oraciones. Dios resolvió la dificultad del modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de una fiebre maligna y murió dos semanas después en brazos de su madre. Carlos y Catalina eran los hijos predilectos de la santa. Esta prosiguió su viaje a Palestina embargada por la más profunda pena. En Jaffa estuvo a punto de perecer ahogada durante un naufragio. Sin embargo durante la accidentada peregrinación la santa disfrutó de grandes consolaciones espirituales y de visiones sobre la vida del Señor. A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se detuvo en Chipre, donde clamó contra la corrupción de la familia real y de los habitantes de Famagusta, quienes se habían burlado de ella cuando se dirigía a Palestina. Después pasó a Nápoles, donde el clero de la ciudad leyó desde el púlpito las profecías de santa Brígida, aunque no produjeron mayor efecto entre el pueblo. La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que estaba enferma desde hacía algún tiempo, empezó a debilitarse rápidamente, y falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir los últimos sacramentos de manos de su fiel amigo, Pedro de Alvastra. Tenía entonces setenta y un años. Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in Panisperna. Cuatro meses después, santa Catalina y Pedro de Alvastra condujeron triunfalmente las reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia, Austria, Polonia y el puerto de Danzig. Santa Brígida, cuyas reliquias reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue canonizada en 1391 y es patrona de Suecia y de Europa.
Uno de los aspectos más conocidos en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y a ciertos acontecimientos de su época. Por orden del Concilio de Basilea, el sabio Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró muchos opositores. Por lo demás, la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del libro es ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad histórica. El papa Benedicto XIV, entre otros, se refirió a las revelaciones de santa Brígida en los siguientes términos: «Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que creamos píamente en ellas». Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió siempre sus revelaciones al juicio de las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por gozar de gracias tan extraordinarias, que nunca había deseado, las aprovechó como una ocasión para manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han hecho famosa, ello se debe en gran parte a la virtud heroica de la santa, consagrada por el juicio de la Iglesia. Vivir el espíritu de los misterios de nuestra religión vale más a los ojos de Dios que las visiones más extraordinarias y el conocimiento de las cosas ocultas. Quien posee la inteligencia de un ángel pero no tiene caridad es como un címbalo hueco. Santa Brígida supo reunir el lenguaje de los ángeles con la verdadera caridad. El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492 y ha sido traducido a muchos idiomas. Alban Butler hace notar con agudeza que si tuviésemos las revelaciones de la santa tal como ella las escribió, en vez de la traducción de Pedro de Alvastra, retocada en parte por Alfonso de Vadaterra, «estarían redactadas en forma más sencilla, con mayor frescura y tendrían mayores visos de veracidad».
La biografía más antigua, escrita inmediatamente después de la muerte de santa Brígida por Pedro de Alvastra y Pedro de Skeninge, no fue publicada sino hasta 1871, en la colección Scriptores rerum suecicarum, vol. VI, pte. 2, pp. 185-206. Otras biografías, como la del arzobispo de Upsala, Birgerio, pueden verse en Acta Sanctorum y en las publicaciones de las sociedades suecas. Isak Collijn publicó una edición crítica de los documentos de la canonización, con el título de Acta et Processus canonizationis Beatae Birgittae (1924-1931) . Existen numerosas biografías y estudios sobre la santa, particularmente en sueco, sobre todo por lo que se refiere a los personajes que estuvieron relacionados con ella en Suecia y en Roma. Sobre este punto hay que citar la obra de Collijn, Birgittinska Gestalter (1929). La obra de la condesa de Flavigny, Sainte Brigitte de Suéde supone un conocimiento profundo de las fuentes suecas. Es muy difícil demostrar que las Revelaciones no están retocadas por los confesores de Brígida, que las copiaron o las tradujeron al latín. El mejor texto es probablemente el del sueco G. E. Klemming (1857-1874). En el Oficio de lecturas del día de la santa se puede leer una oración atribuida a ella.
Imágenes:
-Rosenrod: fresco de santa Brígida con una aparición de Jesús y la Virgen, 1435, en la iglesia de Tensta, Suecia.
-Albrecht Dürer: Visiónd e santa Brígida, grabado, 1500.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_2507

lunes, 23 de julio de 2018

Santa Brígida de Suecia, fundadora (23 de julio)


Santa Brígida de Suecia, fundadora

fecha: 23 de julio
fecha en el calendario anterior: 8 de octubre
n.: c. 1303 - †: 1373 - país: Italia
otras formas del nombre: Birgitta
canonización: C: Bonifacio IX 7 oct 1391
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: Fiesta de santa Brígida, religiosa, nacida en Suecia, que contrajo matrimonio con el noble Ulfo, de quien tuvo ocho hijos, a todos los cuales educó piadosamente, y consiguió al mismo tiempo, con sus consejos y su ejemplo, que su esposo llevase una vida de piedad. Muerto éste, peregrinó a muchos santuarios y dejó varios escritos, en los que habla de la necesidad de reforma, tanto de la cabeza como de los miembros de la Iglesia. Puestos los fundamentos de la Orden del Santísimo Salvador, en Roma pasó finalmente de este mundo al cielo.
Patronazgos: patrona de Europa, de Suecia, de los peregrinos; para pedir una santa muerte.

Oración: Señor, Dios nuestro, que has manifestado a santa Brígida secretos celestiales mientras meditaba la pasión de tu Hijo, concédenos a nosotros, tus siervos, gozarnos siempre en la manifestación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
Santa Brigida era hija de Birgerio, gobernador de Uppland, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg, era hija del gobernador de Gotland oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenás. A los tres años, había empezado a hablar con perfecta claridad, como si fuese una persona mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como su lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido inclinada al orgullo y la presunción. A los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: «Mira en qué estado estoy, hija mía.» «¿Quién os ha hecho eso, Señor?», preguntó la niña. Y Cristo respondió: «Los que me desprecian y se burlan de mi amor». Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual. Antes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con Ulf Gudrnarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial, Tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de santa Catalina de Suecia. Durante algunos años, Brígida llevó la vida de una señora feudal en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la única diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.
Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte del joven rey Magno II para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas influencias. Pero, como sucede con frecuencia, aunque santa Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió mejorar su conducta, pues no la tomaban en serio. La santa empezó a disfrutar por entonces de las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias, desde la necesidad de lavarse, hasta los términos del tratado de paz entre Francia e Inglaterra. «Si el rey de Inglaterra no firma la paz -decía- no tendrá éxito en ninguna de sus empresas y acabará por salir del reino y dejar a sus hijos en la tribulación y la angustia». Pero tales visiones no impresionaban gran cosa a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar con cierta ironía: «¿Qué soñó Doña Brígida anoche?» Por otra parte, la santa tenía dificultades con su propia familia. Su hija mayor se había casado con un noble muy revoltoso, a quien Brígida llamaba «el Bandolero» y, hacia 1340, murió Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en Trondhjem. A su regreso, fortalecida por las oraciones, intentó con más ahinco que nunca volver al buen camino a sus soberanos. Como no lo lograse, les pidió permiso de ausentarse de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su esposo. A la vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en Arrás y recibió los últimos sacramentos, ya que la muerte parecía inminente. Pero santa Brígida, que oraba fervorosamente por el restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que san Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf, ambos esposos prometieron consagrarse a Dios en la vida religiosa. Según parece, Ulf murió en 1344 en el monasterio cisterciense de Alvastra, antes de poner por obra su propósito. Santa Brígida se quedó en Alvastra cuatro años dedicada a la penitencia y completamente olvidada del mundo. Desde entonces, abandonó los vestidos preciosos: sólo usaba lino para el velo y vestía una burda túnica ceñida con una cuerda anudada. Las visiones y revelaciones se hicieron tan insistentes, que la santa se alarmó, temiendo ser víctima de las ilusiones del demonio o de su propia imaginación. Pero en una visión que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiese bajo la dirección del maestre Matías, un canónigo muy sabio y experimentado de Linköping, quien le declaró que sus visiones procedían de Dios.
Desde entonces y hasta su muerte, santa Brígida comunicó todas sus visiones al prior de Alvastra, llamado Pedro, quien las consignó por escrito en latín. Ese período culminó con una visión en la que el Señor ordenó a la santa que fuese a la corte para amenazar al rey Magno con el juicio divino; así lo hizo Brígida, sin excluir de las amenazas a la reina y a los nobles. Magno se enmendó algún tiempo y dotó liberalmente el monasterio que la santa había fundado en Vadstena, impulsada por otra visión. En dicho monasterio había sesenta religiosas. En un edificio contiguo habitaban trece sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo), cuatro diáconos (que representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos legos. En conjunto había ochenta y cinco personas, que era el número de los discípulos del Señor. Santa Brígida redactó las constituciones; según se dice, se las dictó el Salvador en una visión. Pero ni Bonifacio IX en la bula de canonización, ni Martín V, que ratificó los privilegios de la abadía de Sión y confirmó la canonización, mencionan ese hecho y sólo hablan de la aprobación de la regla por la Santa Sede, sin hacer referencia a ninguna revelación privada. En la fundación de santa Brígida, lo mismo que en la orden de Fontevrault, los hombres estaban sujetos a la abadesa en lo temporal, pero en lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al superior de los monjes. La razón de ello es que la orden había sido fundada principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran admitidos en ella para asegurar los ministerios espirituales. Los conventos de hombres y mujeres estaban separados por una clausura inviolable; tanto unos como las otras, asistían a los oficios en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en una galería superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a otros. La orden del Santísimo Salvador, que llegó a tener unos setenta conventos, actualmente es pequeña, pero continúa existiendo en distintas partes del mundo. El monasterio de Vadstena fue el principal centro literario de Suecia en el siglo XV. A raíz de una visión, santa Brígida escribió una carta muy enérgica a Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón a Roma y establecer la paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia. El Papa se negó a partir de Aviñón pero, en cambio envió a Hemming, obispo de Abö, a la corte del rey Felipe, aunque la misión no tuvo éxito. Entre tanto, el rey Magno, que apreciaba más las oraciones que los consejos de santa Brígida, trató de hacerla intervenir en una cruzada contra los paganos letones y estonios. En realidad se trataba de una expedición de pillaje. La santa no se dejó engañar y trató de disuadir al monarca. Con ello, perdió el favor de la corte, pero estaba compensada con el amor del pueblo, por cuyo bienestar se preocupaba sinceramente durante sus múltiples viajes por Suecia. Había todavía en el país muchos paganos, y santa Brígida ilustraba con milagros la predicación de sus capellanes.
En 1349, a pesar de que la «muerte negra» hacía estragos en toda Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350. Acompañada de su confesor, Pedro de Skeninge, y otros personajes, se embarcó en Stralsund, en medio de las lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla. En efecto, la santa se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en espera de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna. Asistía diariamente a misa a las cinco de la mañana; se confesaba todos los días y comulgaba varias veces por semana. El brillo de su virtud contrastaba con la corrupción de costumbres que reinaba entonces en Roma: el robo y la violencia hacían estragos, el vicio era cosa normal, las iglesias estaban en ruinas y lo único que interesaba al pueblo era escapar de sus opresores. La austeridad de la santa, su devoción a los santuarios, su severidad consigo misma y su bondad con el prójimo, su entrega total al cuidado de los pobres y los enfermos le ganaron el cariño de todos aquéllos en quienes todavía quedaba algo de cristianismo. Santa Brígida atendía con particular esmero a sus compatriotas y cada día daba de comer a los peregrinos suecos en su casa, que estaba situada en las cercanías de San Lorenzo in Damaso. Pero su ministerio apostólico no se reducía a la práctica de las buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta ocasión, fue al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, «un hombre mundano que no se preocupaba absolutamente por las almas». Hay que decir que, probablemente, la reprensión de la santa no produjo efecto alguno. Más éxito tuvo su celo en la reforma de otro convento de Bolonia. Ahí se hallaba Brígida cuando fue a reunirse con ella su hija, santa Catalina, quien se quedó a su lado y fue su fiel colaboradora hasta el fin de la vida de Brígida. Dos de las iglesias romanas más relacionadas con nuestra santa son la de San Pablo Extramuros y la de San Francisco de Ripa. En la primera se conserva todavía el bellísimo crucifijo, obra de Cavallini, ante el que Brígida acostumbraba orar y que le respondió más de una vez; en la segunda iglesia se le apareció san Francisco y le dijo: «Ven a beber conmigo en mi celda». La santa interpretó aquellas palabras como una invitación para ir a Asís. Visitó la ciudad y, de ahí partió en peregrinación por los principales santuarios de Italia, durante dos años.
Las profecías y revelaciones de santa Brígida se referían a las cuestiones más candentes de su época. Predijo, por ejemplo, que el papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma al poco tiempo (así lo hicieron el beato Urbano V y Carlos IV, en 1368). La profecía de que los partidos en que estaba dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo que merecían por sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa y aun le atrajeron persecuciones. Por otra parte, ni siquiera el Papa escapaba a sus críticas. En una ocasión le llamó «asesino de almas, más injusto que Pilato y más cruel que Judas». Nada tiene de extraño que Brígida haya sido arrojada de su casa y aun haya tenido que ir, con su hija, a pedir limosna al convento de las Clarisas Pobres. El gozo que experimentó la santa con la llegada de Urbano V a Roma fue de corta duración, pues el Pontífice se retiró poco después a Viterbo, luego a Montesfiascone y aun se rumoró que se disponía a volver a Aviñón. Al regresar de una peregrinación a Amalfi, Brígida tuvo una visión en la que Nuestro Señor la envió a avisar al papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de que diese su aprobación a la regla del convento de Vadstena. Brígida había ya sometido la regla a la aprobación de Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado respuesta alguna. Así pues, se dirigió a Montefiascone montada en su mula blanca. Urbano aprobó, en general, la fundación y la regla de santa Brígida, que completó con la regla de san Agustín. Cuatro meses más tarde, murió el Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor, Gregorio XI, que estaba en Aviñón, conminándole a trasladarse a Roma. Así lo hizo el Pontífice cuatro años después de la muerte de la santa.
En 1371, a raíz de otra visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos Lugares, acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes. La expedición comenzó mal, ya que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana I, cuya reputación era muy dudosa. Aunque la esposa de Carlos vivía aún en Suecia y el marido de Juana estaba en España, ésta quería contraer matrimonio con él y la perspectiva no desagradaba a Carlos. Su madre, horrorizada ante tal posibilidad, intensificó sus oraciones. Dios resolvió la dificultad del modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de una fiebre maligna y murió dos semanas después en brazos de su madre. Carlos y Catalina eran los hijos predilectos de la santa. Esta prosiguió su viaje a Palestina embargada por la más profunda pena. En Jaffa estuvo a punto de perecer ahogada durante un naufragio. Sin embargo durante la accidentada peregrinación la santa disfrutó de grandes consolaciones espirituales y de visiones sobre la vida del Señor. A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se detuvo en Chipre, donde clamó contra la corrupción de la familia real y de los habitantes de Famagusta, quienes se habían burlado de ella cuando se dirigía a Palestina. Después pasó a Nápoles, donde el clero de la ciudad leyó desde el púlpito las profecías de santa Brígida, aunque no produjeron mayor efecto entre el pueblo. La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que estaba enferma desde hacía algún tiempo, empezó a debilitarse rápidamente, y falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir los últimos sacramentos de manos de su fiel amigo, Pedro de Alvastra. Tenía entonces setenta y un años. Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in Panisperna. Cuatro meses después, santa Catalina y Pedro de Alvastra condujeron triunfalmente las reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia, Austria, Polonia y el puerto de Danzig. Santa Brígida, cuyas reliquias reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue canonizada en 1391 y es patrona de Suecia y de Europa.
Uno de los aspectos más conocidos en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y a ciertos acontecimientos de su época. Por orden del Concilio de Basilea, el sabio Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró muchos opositores. Por lo demás, la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del libro es ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad histórica. El papa Benedicto XIV, entre otros, se refirió a las revelaciones de santa Brígida en los siguientes términos: «Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que creamos píamente en ellas». Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió siempre sus revelaciones al juicio de las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por gozar de gracias tan extraordinarias, que nunca había deseado, las aprovechó como una ocasión para manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han hecho famosa, ello se debe en gran parte a la virtud heroica de la santa, consagrada por el juicio de la Iglesia. Vivir el espíritu de los misterios de nuestra religión vale más a los ojos de Dios que las visiones más extraordinarias y el conocimiento de las cosas ocultas. Quien posee la inteligencia de un ángel pero no tiene caridad es como un címbalo hueco. Santa Brígida supo reunir el lenguaje de los ángeles con la verdadera caridad. El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492 y ha sido traducido a muchos idiomas. Alban Butler hace notar con agudeza que si tuviésemos las revelaciones de la santa tal como ella las escribió, en vez de la traducción de Pedro de Alvastra, retocada en parte por Alfonso de Vadaterra, «estarían redactadas en forma más sencilla, con mayor frescura y tendrían mayores visos de veracidad».
La biografía más antigua, escrita inmediatamente después de la muerte de santa Brígida por Pedro de Alvastra y Pedro de Skeninge, no fue publicada sino hasta 1871, en la colección Scriptores rerum suecicarum, vol. VI, pte. 2, pp. 185-206. Otras biografías, como la del arzobispo de Upsala, Birgerio, pueden verse en Acta Sanctorum y en las publicaciones de las sociedades suecas. Isak Collijn publicó una edición crítica de los documentos de la canonización, con el título de Acta et Processus canonizationis Beatae Birgittae (1924-1931) . Existen numerosas biografías y estudios sobre la santa, particularmente en sueco, sobre todo por lo que se refiere a los personajes que estuvieron relacionados con ella en Suecia y en Roma. Sobre este punto hay que citar la obra de Collijn, Birgittinska Gestalter (1929). La obra de la condesa de Flavigny, Sainte Brigitte de Suéde supone un conocimiento profundo de las fuentes suecas. Es muy difícil demostrar que las Revelaciones no están retocadas por los confesores de Brígida, que las copiaron o las tradujeron al latín. El mejor texto es probablemente el del sueco G. E. Klemming (1857-1874). En el Oficio de lecturas del día de la santa se puede leer una oración atribuida a ella.
Imágenes:
-Rosenrod: fresco de santa Brígida con una aparición de Jesús y la Virgen, 1435, en la iglesia de Tensta, Suecia.
-Albrecht Dürer: Visiónd e santa Brígida, grabado, 1500.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_2507

sábado, 24 de marzo de 2018

Santa Catalina de Suecia. Esposa, religiosa y defensora de la virginidad (24 de marzo)

Santa Catalina de Suecia. Esposa, religiosa y defensora de la virginidad

santa catalina de suecia esposa religiosa defensora de la virginidad

Santa Catalina conservó junto a su esposo el voto de castidad. Participo con su Madre Santa Brigida en una intensa vida religiosa

 
Santa Catalina de Suecia, fue la segunda de un total de ocho hijos que tuvo Santa Brígida, la gran mística que ha marcado profundamente la historia, la vida y la literatura de Suecia. A una edad muy joven, se casó con Edgar Lyderson von Kyren, una persona de nobles sentimientos. Ambos acordaron vivir su matrimonio en castidad e influyeron muy positivamente en los ambientes nobles plagados de costumbres frívolas y profanas. A los 19 años, Catalina se reunió con su madre en Roma, donde participó en su intensa vida religiosa y sus peregrinaciones. A raíz de la muerte de Santa Brigida, Santa Catalina trajo sus reliquias de vuelta a casa y, en 1375, ingresó las mismas en el monasterio de Vadstena. En 1380 fue elegida abadesa.

Fiesta: 24 de marzo

Martirologio romano: En Vadstena, Suecia, Santa Catalina, virgen hija de Santa Brígida, quien en contra de su voluntad, fue dada en matrimonio, pero que mantuvo de común acuerdo con su esposo, conservó su virginidad, y después de su muerte, llevó una vida piadosa. Peregrinó a Roma y Tierra Santa, transfirió las reliquias de su madre a Suecia y los colocó en el monasterio de Vadstena, donde ella misma llevaba hábito religioso.

Biografía de Santa Catalina de Suecia

Santa Catalina Ulfsdotter, más conocida con el nombre de Catalina de Suecia, era la segunda de los ocho hijos de Santa Brígida, la gran mística sueca que influyó tanto en la historia, en la vida y en la literatura de su país. Brígida y su hija Catalina unieron también sus nombres a la ciudad de Roma, pero con otros méritos
Santa Catalina nació en 1331, y muy jovencita se casó con Edgar von Kyren, de noble familia y sobre todo de nobles sentimientos, pues consintió al deseo de la joven esposa de conservar el voto de continencia e, inclusive, con emulación conmovedora en la práctica de la virtud cristiana, el voto de la castidad. También su esposo hizo este voto.
A los 19 años, Santa Catalina se reunió con su madre en Roma, y no fue con la intención de hacer más fácil el cumplimiento de su voto, sino por con ocasión de la celebración del Año Santo. Fue en este periodo que le llegó la triste noticia de la muerte de su esposo
A partir de este momento, la vida de estas dos extraordinarias santas iban a combinarse: la hija participa con total dedicación en la intensa actividad religiosa de Santa Brígida, quien había creado en Suecia una comunidad de tipo cenobítica, en la ciudad de Vadstena, un convento de clausura separado, de hombres y mujeres, bajo una regla de la vida religiosa inspirada en el modelo de la mística de San Bernardo de Claraval.
Durante la época romana que duró hasta la muerte de Santa Brígida, 23 de julio 1373, Santa Catalina estuvo constantemente junto a su madre, en las largas peregrinaciones realizadas, a menudo de gran peligro, y en las cuales las dos santas resultarían ilesas por intervención sobrenatural .
Santa Catalina es a menudo representada junto a un ciervo, que, según la leyenda, se apareció misteriosamente en repetidas ocasiones para salvarla de los peligros que le asechaban.
Trajo a casa el cuerpo de su madre, en 1375, y luego de eso, Santa Catalina entró en el monasterio de Vadstena, en la que fue elegida abadesa, en 1380.
Luego regresó a Roma, en la que tuvo una segunda estancia de cinco años, para seguir de cerca el proceso de beatificación de la madre, que terminó con éxito en el año 1391.
En Roma, cuenta una tradición legendaria, que Santa Catalina salvó milagrosamente a la ciudad de las inundaciones del río Tíber, que ya había derribado los diques y amenazaba con destruir la ciudad.
Este episodio es representado en una pintura en una capilla dedicada a ella en la casa de Piazza Farnese.
El Papa Inocencio VIII permitió el solemne traslado de las reliquias; pero será la unánime devoción popular y universal, que la decreta con el título de santa y celebrar así el aniversario de la muerte el 24 de marzo 1381.
 
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jueves, 20 de julio de 2017

Fiasco del buenismo. por Eduard Yitzhak 19072017

Fiasco del buenismo. por Eduard Yitzhak

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19 julio 2017

  • El buenismo ha impregnado el pensamiento socialdemócrata y liberal de gran parte de Europa y mayormente la sus países más avanzados económica y socialmente, los nórdicos,  y ha empujado a gran parte de las sociedades europeas a pensar que todos los problemas pueden resolverse a través de la compasión crédula y candorosa, del diálogo, la solidaridad y la tolerancia, todo ello sin contrapartidas, lo que ha llevado a la tolerancia con los intolerantes, debilidad con los intransigentes, y a una política de apaciguamiento ante el totalitarismo islámico y sus correligionarios salafistas, tanto sunnitas como chiítas. [1]
Suecia ha sido pionero en la implementación del buenismo a nivel político y social; durante décadas el estado socialdemócrata y liberal ha impregnado en la sociedad sueca una mentalidad caracterizada por el materialismo, el hedonismo, el relativismo ético y su neutralidad moral, la indiferencia religiosa, el multiculturalismo, la eutanasia como un derecho básico humanitario, la judeofobia como una forma más de legítima expresión [2] y la total pasividad, y en muchos casos connivencia, frente a actos antisemitas. [3]El apaciguamiento en política exterior de Suecia ha devenido actualmente en dhimmitud, sometimiento al Diktat salafista y yihadista. El bienestar generado por el trabajo de generaciones de suecos está sirviendo para financiar a salafistas y yihadistas que viven de las generosas subvenciones que ofrece el estado sueco a sus inmigrantes,
De Suecia han salido más de 300 terroristas salafistas a combatir con el Estado Islámico, la mayoría de ellos cobrando dinero del gobierno sueco. La “tolerancia” al totalitarismo islámico ha permitido la creación de más de 60 zonas “no-go” [4] en las que impera la Sharía (ley islámica) y no la ley del estado sueco, zonas en las que se dan violaciones, violencia sexual y crímenes con armas. La dhimmitud del gobierno y sociedad sueca ha permitido que el país sea el “paraíso” para los violadores, pero no para todos.
Recientemente Mehdí, un afgano, que afirma tener 19 años de edad, violó a un niño de 13 años y amenazó de muerte, ha sido sentenciado a un mes de prisión y sin expulsión del país porque ya se ha convertido en ciudadano sueco. En mayo de 2014, Mehdí fue condenado a 25 horas de servicio juvenil por intentos de malos tratos, amenazas ilegales, ilicitudes y daños. [5]
Esta es la condena habitual, con exquisita suavidad, a los ciudadanos musulmanes, porque se les considera que proceden de países y religión con otros valores “inferiores” sin respeto por la mujer ni por la libertad del “otro”, por lo que deben ser educados y no castigados.
En el otro espectro de la ley está la posible condena al australiano Julian Assange, programador, ciberactivista, periodista y activista de Internet, conocido por ser el fundador, editor y portavoz del sitio web WikiLeaks. En 1991 Assange fue detenido en su casa de Melbourne por la Policía Federal Australiana acusado de acceder ilegalmente a varias computadoras (pertenecientes a una universidad australiana, a una compañía de telecomunicaciones, y a otras organizaciones). Se declaró culpable de 24 cargos por delitos informáticos y fue multado y puesto en libertad por buena conducta. El 18 de agosto de 2010 solicitó un permiso de trabajo y residencia en Suecia ya que él consideraba a este un país defensor de los Derechos Humanos.​ La Dirección de Migración Sueca rechazó su solicitud. Julian Assange cuenta con dos órdenes de arresto en Suecia por presuntos delitos de, respectivamente, violación de Anna Ardin y de acoso sexual en el de Sofia Wilen. Se le acusa sobre todo de haber forzado a una de las presuntas víctimas a mantener relaciones sexuales mientras dormía, sin utilizar preservativo. También es sospechoso de “agresión sexual” a otra mujer por haberse negado a ponerse el preservativo contradiciendo su “expreso deseo”. Y de “agresión sexual a la integridad sexual” de esta mujer, así como de “coerción ilegal” por haber utilizado todo el peso de su cuerpo sobre ella durante una de sus relaciones sexuales. Assange ha reconocido haber mantenido relaciones sexuales con ellas,​ pero negó las acusaciones y las atribuyó a “una campaña de intoxicación contra WikiLeaks”.  El Primer Ministro sueco, Frederik Reinfeldt, le consideró culpable públicamente, sin juicio previo. Assange, sus defensores y sus seguidores temen que desde Suecia se facilite su extradición a los Estados Unidos donde las fuerzas políticas han pedido que se le juzgue por espionaje y traición, lo que podría condenarle a la pena de muerte
Si el violador es musulmán, la policía desvía la mirada y la ley es benévola y paternalista. Es por lo que Suecia es considerada la capital de las violaciones en Occidente. [6]
Suecia no es capaz de enfrentarse al radicalismo islamista; la sociedad sueca está narcotizada por los dogmas multiculturales, el hedonismo, el apaciguamiento, por el relativismo moral y por el buenismo, y camina hacia la destrucción empujada violentamente por el islamismo. La sociedad sueca y su gobierno deliran pensando que culpabilizando a Israel y a los judíos de las desgracias de los musulmanes, de sus fracasos y frustraciones, y con el antisemitismo se librarán del zarpazo islamoterrorista.
NOTAS
[1] El buenismo en absoluto debe confundirse con la bondad. El buenismo es la corriente de acción de aquellas personas que creen hacer buenas obras a fin de ganarse el reconocimiento del resto de la sociedad. Es una degeneración del pensamiento humanitarista en el que predomina la comprensión ingenua, irreflexiva y bobalicona de las actitudes violentas y antisociales de grupos considerados por el buenista como oprimidos frente al resto de la sociedad, en la que predomina la defensa del agresor y se ignora la víctima, todo ello fruto de un sentimentalismo vacío de contenidos, y carente de un proyecto político y social coherente y desprovisto de autocrítica hacia los resultados reales, basada en la creencia de que todos los problemas pueden resolverse a través del diálogo, la solidaridad y la tolerancia.

[2] https://elrejunteil.wordpress.com/2009/08/23/lectura-recomendada/
http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-4882752,00.html

[3] http://www.jta.org/2017/04/03/news-opinion/world/jewish-center-in-sweden-decides-to-close-after-anti-semitic-threats
http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/europe/sweden/7278532/Jews-leave-Swedish-city-after-sharp-rise-in-anti-Semitic-hate-crimes.html
http://www.huffingtonpost.com/2015/03/04/sweden-anti-semitism_n_6804218.html
http://www.haaretz.com/israel-news/1.697219

[4] http://www.zerohedge.com/news/2017-06-24/leaked-police-report-exposes-23-muslim-controlled-no-go-zones-sweden-plagued-violenc
https://www.youtube.com/watch?v=NNEZQTSJv4Y

[5] https://translate.google.com/translate?depth=1&hl=en&prev=search&rurl=translate.google.co.uk&sl=sv&sp=nmt4&u=http://www.friatider.se/v-ldtog-och-hotade-d-da-barn-f-r-en-m-nads-f-ngelse
http://www.gees.org/articulos/suecia-macho-alfa-frente-al-israel-y-sumiso-con-el-islam

[6]  https://es.gatestoneinstitute.org/5379/suecia-violaciones
http://www.gees.org/articulos/taharrush-jamai

http://porisrael.org/2017/07/18/fiasco-del-buenismo/

lunes, 7 de noviembre de 2016

Era luterana, le escandalizaban los obreros que oraban a la Virgen... y pronto será santa 16032016

La historia de fe y amor mariano de Elisabet Hesselblad
Era luterana, le escandalizaban los obreros que oraban a la Virgen... y pronto será santa
Era luterana, le escandalizaban los obreros que oraban a la Virgen... y pronto será santa
Las brigidinas, fundadas por la Beata Elisabet, son hoy una orden en expansión con numerosas vocaciones.
Actualizado 16 marzo 2016 
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P. J. Ginés / Cari Filii
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 Repetir mil veces en oración el nombre de María: una devoción de religiosas carmelitas en la India
 ¿Es correcto rezar a la Virgen? Católicos de México dudan, ¡protestantes de Argentina lo aprueban!
 «Yo no distinguía entre católicos y protestantes pero esa Mujer sanó mi relación con las mujeres»
 Era un judío hasídico, pero vivía mundanamente: en un sueño, la Virgen María respondió sus preguntas
La sueca Elisabet Hesselblad (1870-1957) será canonizada el próximo 5 de junio de 2016. Es un destino poco usual para un nativo de Suecia que además se formó en la fe luterana.

Fue la devoción mariana de los católicos lo que escandalizó al principio a Elisabet... y después la llevó a la plenitud de la fe católica.

Sorprendida por los católicos
Elisabet Hesselblad nació en el pueblo de Faglavik, en la provincia de Västergötland (sudoeste de Suecia) el 4 de junio de 1870. La bautizaron en la iglesia luterana. Su familia era numerosa, porque su madre dio a luz 13 hijos, nueve chicos y cuatro chicas, tres de los cuales murieron de niños. Elisabet era la quinta. Era una familia piadosa que iba a la iglesia luterana cada domingo.

En 1886, la pobreza de la familia obliga a Elisabet a buscar trabajo. En 1888 decide emigrar a América para ayudar a su familia. Mientras Suecia era luterana por completo, en Estados Unidos había gran variedad de naciones y religiones.


Elisabet, en su época de enfermera.

Como enfermera, a menudo atendía trabajadores heridos en la construcción de la futura catedral de San Patricio. Un día vio que un irlandés, herido, repetía en medio de sus sufrimientos: «¡María, Madre de Dios, ruega por nosotros!».

Aquella invocación no le gustaba. Escribió: «No debería hablar de ese modo; no es cristiano... Los católicos usan fórmulas curiosas».

Otra noche, se lanzó en medio de una terrible tormenta a buscar un sacerdote que ayudase a un católico moribundo. "Que Dios te bendiga, querida hermana, por tu cuidado y tu dedicación", le dijo el religioso. "No puedes entender todavía el maravilloso servicio que das a tanta gente... Un día lo entenderás y encontrarás el camino", añadió.

Visitaba varias iglesias de distintas denominaciones, buscando a Dios. Le gustaba el silencio de las iglesias católicas, aunque ella, nórdica, poco amiga de los gestos físicos, no entendía por qué los católicos hacían tantas genuflexiones, tanto santiguarse...

Más adelante viajó por Europa con unas amigas católicas, las hermanas Cisneros. En Bruselas, las acompañó a la procesión del Santísimo en la catedral de Santa Gúdula.

"Al ver a mis dos amigas y a otros muchos arrodillarse, me retiré detrás del pórtico para no ofender a los que me rodeaban si me quedaba de pie. Pensé: ´Sólo me arrodillo ante ti, Señor, no aquí´. En aquel momento, el obispo llegó al pórtico llevando la custodia. Mi atormentada alma se llenó de repente de dulzura y oí una voz, que parecía proceder a un mismo tiempo del exterior y del fondo de mi corazón, y que me decía: «Yo soy el que buscas». Y caí de rodillas... Estando allí, detrás de la puerta de la iglesia, realicé mi primera adoración ante nuestro divino Señor presente en el Santísimo Sacramento».

Esta fue la experiencia mística y eucarística que abrió en su alma la lucha por acercarse a la fe católica plena.

A Elisabet, tan arraigada en el luteranismo, le costaba sobre todo entender la devoción católica a la Virgen María.

Muchas preguntas rondaban en su cabeza
«¿Cómo creer en el poder intercesor de la bienaventurada Virgen María y de los santos? ¿Acaso no disminuye eso los méritos de la Pasión y de la Muerte de Cristo? ¿No se verán perjudicados la gloria y el honor debidos únicamente a Dios?», se planteaba.


Santa Elisabet Hasselblad, en los últimos años de su vida.

Pero fue entendiendo el papel especialísimo de María, cómo era colaboradora de su Hijo mediante su obediencia, su fe, su esperanza y su ardiente caridad, convirtiéndose así en Madre de todos los hombres.

Entendió que María sigue amando a sus hijos, asunta al Cielo, y que títulos como Abogada, Auxiliadora, Socorro y Mediadora no quitaban ninguna gloria a Cristo como único Mediador.

Ya cada vez que pasaba por una iglesia católica entraba para adorar al Santísimo. Una de las chicas Cisneros entró como religiosa en el convento de la Visitación de Washinton. Ella sentía a Dios que llamaba. Pero también veía que en la Iglesia católica había mucha gente mediocre, pecadora...

Entendió que en la red de Dios hay peces buenos y malos, que la cizaña y la buena semilla crecen juntos... pero que ella no podía estar fuera de esa red que era la Iglesia Católica.

Su paso a la Iglesia Católica
De forma apresurada, convenció al padre J. G. Hagen, jesuita, al que apenas conocía, para que la acogiera rápidamente en la fe católica. Así lo hizo el 15 de agosto de 1902. «Cuando regresaba a mi sitio para arrodillarme, sentí como si el mundo entero desapareciera de repente. Resultaría imposible describir aquella impresión. La única realidad que veía, que sentía, era Dios; en adelante, mi único deseo era verlo como lo veremos cara a cara, en la mañana de la eternidad».

A finales de 1902, acudió en peregrinación a Roma, donde se sintió atraida por la figura de Santa Brígida de Suecia. En 1904 su hermano Thure también se hizo católico. Ella se sintió llamada a acercar la fe católica a su país. Así, en 1920, fundó "la Orden del Santísimo Salvador", popularmente llamadas hoy "las brigidinas". En 1923 sus religiosas llegan a Suecia: las primeras católicas con hábito en el país desde el siglo XVI.


Santa Brígida de Suecia (1303-1373).

Toda una vida dedicada a la Virgen
Durante la Segunda Guerra Mundial, su convento en Roma estuvo lleno de refugiados de todo tipo, incluyendo judíos escondidos, por lo que Isarel la reconoció como Justa entre las Naciones.

Al acercarse su muerte, rezaba continuamente el Rosario. Ella, la antigua luterana, escribió: «La Virgen está más cerca de mí que mi propio cuerpo, y siento que sería más fácil cortarme un brazo, una pierna o la cabeza que alejar de mí a la Virgen; es como si mi alma estuviera encadenada a ella».

Murió en 1957. Juan Pablo II beatificó a la madre María Elisabet Hesselblad el 9 de abril de 2000.