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domingo, 21 de octubre de 2018

Como homosexual no tenía paz ni sentido de la vida, relata un «azafato», hasta que se confesó…20102018

Un médico y un sacerdote fueron quienes le rescataron de su vida destrozada

Como homosexual no tenía paz ni sentido de la vida, relata un «azafato», hasta que se confesó…

Ervin Cristancho Aragón abandonó su vida homosexual gracias a la oración
Ervin Cristancho Aragón abandonó su vida homosexual gracias a la oración
“La oración fervorosa de una madre y un padre son la clave en esta historia, pues sin ese apoyo estratégico la vida del protagonista de este relato, Ervin, podría haber terminado en suicidio”, explica la periodista Ana Beatriz Becerra en la web Portaluz
Como todo adolescente en búsqueda de autonomía, Ervin abordaba con intensidad el presente llegando a ser impulsivo al socializar con sus amigos. Su conciencia se había nutrido desde la temprana infancia en la fe católica y sentía, dice, que “era algo indebido, incorrecto” esos impulsos de atracción hacia personas de su mismo sexo. Aun así, en las vacaciones de verano, a sus16 años, tuvo relaciones sexuales por primera vez con un amigo, adolescente como él.
Hoy, Ervin Cristancho Aragón tiene un juicio categórico sobre lo que entonces ocurrió y así lo expresa en su entrevista con Portaluz: “Me sentí culpable, me sentí mal, siempre la conciencia me decía que eso estaba mal, pero no le puse mucha atención a eso. Como sucedió una vez, me dije: ‘Esto es pasajero’; y ahí pienso que fue el momento cuando -pues uno es muy débil, el alma es débil- Satanás o el Demonio metió este bicho. A partir de ahí se quedó y se amañó por así decirlo, pero vino a desarrollarse un poco más adelante cuando había iniciado mi carrera, mi trabajo como profesional”.
Fe y conciencia
En los años siguientes su centro estuvo en obtener un desarrollo profesional. Corrió algunos riesgos al iniciarse en el consumo de alcohol y marihuana, pero sin derivar entonces a la adicción. Viajó a Canadá, se enamoró de una chica y juntos se trasladaron a Francia. Disfrutaban su relación de convivencia sin altibajos mayores, hasta que Ervin se embarcó en una aventura oculta con “un gringo” que duró tres meses. “Esto estaba mal porque la conciencia me acusaba y se acabó”.
Poco tiempo después, ya de regreso en su patria, Colombia, terminó la relación con su novia y se incorporó en el negocio aeronáutico como tripulante de cabina de pasajeros. También desde este momento se abrió a vivir como gay. “Entré como auxiliar de vuelo con una aerolínea y, claro, ahí en ese ambiente todo es permitido, no te señalan porque es muy normal. Yo me sentí cómodo y ahí me quedé”.
Pronto tuvo claro que Colombia no era del todo amigable al estilo gay que comenzaba a fascinarle y con su pareja de aquel entonces emigraron a un lugar que consideraron era el apropiado para ellos. “Aplicamos a la embajada canadiense, nos dieron la visa como residentes, como pareja, todo muy bien. Porque en Canadá nadie te señala y en Canadá todo es permitido; el libertinaje en Canadá es total y absoluto. En Canadá la zoofilia es aceptada, el matrimonio homosexual es aceptado, la adopción de hijos por parte de parejas gay, tanto de hombres como mujeres es aceptado”.
En el Santísimo, la salud y la paz
Aquel vínculo homosexual no duró, y en la frustración Ervin se acordaba de Dios; pero debido a los cánones en que fue formado, el pensar en Dios lo vinculaba con la culpa y eso le resultaba peor que su soledad existencial. Intentar salir de ese “túnel oscuro”, comenta, lo llevó a pasar límites en el consumo de alcohol. Pero tras el efecto adormecedor el vacío aparecía peor y su salud mental se iba deteriorando. Seis meses pasó con licencia del trabajo, en una terapia que no lograba sanar sus heridas, con apego continuo al consumo de alcohol y una compulsión suicida recurrente.
“Cuando ya me di cuenta de que no podía más, un día me fui a Nuestra Señora de Lourdes, en Montreal, porque siempre la fe me sostenía”. Esta decisión no fue casual y la atribuye a un acto de fe que involucra a sus padres, quienes durante años -según le confesaron más tarde- oraban por él. En esa parroquia de Montreal, ante el Santísimo, Ervin tuvo la certeza de ser acogido, querido por Dios. “Me arrodillé ante el Santísimo expuesto, lloré, supliqué a Cristo para ser liberado del mal y sentí paz”.
Después de esta experiencia, una conocida aerolínea canadiense le ofreció trabajo. Retomó no solo el rumbo laboral, en abstinencia, sino que feliz porque estaba seguro era Dios quien había apagado el fuego del infierno en que vivía. Un año después comenzó a darse licencias los días que tenía libres. Primero fueron unas copas de más, pronto vendrían las escapadas a las saunas y a cuanto lugar donde dar rienda suelta al sexo promiscuo. Otra vez, confiesa, daba la espalda a la familia y a Dios. Cuando daba excusas evasivas a sus padres para no ir a visitarlos, la madre, llorando, siempre le decía: “Seguiré orando por ti”. Una frase que traspasaba toda barrera.
Sabía que no era feliz con las decisiones que tomaba sobre su vida, y que estaba al borde del precipicio porque tampoco buscaba una solución. Fue más por cansancio y soledad que decidió regresar a Colombia. Encontró trabajo en una nueva aerolínea, continuó llevando una vida gay activa y también intentando de alguna forma mantenerse vinculado a la Iglesia católica: “Era un católico light o sea la practica era ir a la santa misa -no me confesaba, no comulgaba obviamente- pero me sentía católico”.
Un médico le receta una medicina para su alma
Pasaron los años y con la adultez dejó de ser tripulante de cabina, siendo reconocido como instructor. Al poco tiempo, el año 2016, unas hernias que tenía se complicaron y el médico que evaluó la necesidad de cirugía, recuerda, sería un inesperado instrumento de Dios, cuando al indicarle los exámenes previos le preguntó si era homosexual. Al confirmar Ervin que sí, le dijo una lacónica frase: “Voy a tratar de ayudarte”. Seis meses después de la cirugía, cuando regresó para un control de rutina, el médico le entregó una hoja donde describía diversas fragilidades de hábitos, psicológicas y espirituales que padecían las personas con vida activa homosexual acompañadas de textos bíblicos.
Sin dudarlo acudió hasta la Iglesia de La Concepción, en Bogotá, donde se confesó. Era mediados de diciembre de 2016. Semanas después, “escuchando en la misa de 7, del 1 de enero, al padre Oscar, su homilía hablando de la Santísima Virgen María, de su amor, de su poder, de su intercesión, de su ternura, lo que es ella realmente, me tocó el alma. Al final de la Eucaristía le pregunté si me podía atender en confesión y me citó para el 2 de enero”.
El sacerdote le aconsejó hacer durante 30 días un examen de conciencia general, en estado de oración, repasando los 10 mandamientos. Tras esta particular experiencia regresó con el cura y estuvo confesando, dice, durante horas… “Y yo siento en el alma que es Jesús el que me escucha; veo en la cara del padre, en la mirada, en sus palabras, en sus consejos, veo a Nuestro Señor; veo en la ternura con la que el sacerdote me habla, veo que es Jesús Nuestro Señor quien me habla, quien me aconseja, quien me sana y ahí inició mi conversión”.
Que reinen los Sagrados Corazones en el mundo
Al finalizar, la respuesta de Ervin a las tres últimas preguntas de Portaluz, dan cuenta de la transformación que desde la fe ha vivido este hombre…
- Ervin, durante este testimonio nos has hablado de que Dios en otras ocasiones también te rescató y otra vez volviste a la misma vida ¿Qué te hace pensar que esta vez será diferente?
- Estoy seguro, se siente en el alma porque mi fe se disparó al 1000 por ciento. Mis visitas al Santísimo son constantes, mi lectura de la Palabra es diaria, mi Santa Misa es lo más frecuente, mi confesión es lo más frecuente posible, cada mes o cada quince días la hago. La sagrada comunión me transforma, me tranquiliza; entonces es una conversión total porque ya me doy cuenta, porque yo no pertenezco a este mundo que es del Demonio. Debo de ser luz para ayudar a los que están en la oscuridad, para ayudar a aquellas personas que están en el homosexualismo, para ayudar a aquellos que no saben quiénes son; nacieron hombres y se sienten mujeres o viceversa. Hay que abrirle el corazón a nuestro Señor, hay que abrir el corazón ante el Santísimo, hay que permitirle a María Santísima nos toque en el alma, de lo contrario es imposible.
- ¿Actualmente su situación sentimental cuál es?
- Estoy casado con la Santa Madre Iglesia, no necesito ni de parejas, ni de novias, ni de novios.
- ¿Cuál es tu motivación en este momento?
- Que reinen en el mundo el Corazón Inmaculado de María (se emociona), y el Sagrado Corazón de Jesús.

jueves, 19 de octubre de 2017

¿Puede ser sacerdote un homosexual? (Temas actuales)

¿Puede ser sacerdote un homosexual?
La Iglesia no nace según los deseos y los proyectos de los hombres, sino que viene de Dios


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net 





La vocación sacerdotal es un tesoro para la vida de la Iglesia. Cada sacerdote hace presente a Jesús entre los hombres, a través de la celebración de los sacramentos, de la predicación, de su continuo acoger, aconsejar, servir a personas de todas las edades y clases sociales.

Por eso resulta tan importante discernir bien quién ha recibido de Dios la vocación para este servicio tan importante, y quién no ha recibido la llamada divina. A la vez, es sumamente importante formar bien a los que se sienten llamados a ser sacerdotes, y orientarles hacia la madurez necesaria para realizar dignamente, con verdadera caridad pastoral, su servicio a la Iglesia.

El Magisterio de la Iglesia ha elaborado, durante siglos, una serie de criterios y normas para el discernimiento vocacional y para lograr una excelente formación de los seminaristas. Por motivos tristemente famosos, últimamente los obispos han tenido que intervenir en diversas ocasiones sobre el tema de la madurez afectiva y de la integridad moral de los sacerdotes, frente a escándalos que han herido profundamente a los fieles.

La Congregación para la educación católica acaba de publicar una “Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las Órdenes Sagradas”, firmada con fecha 4 de noviembre de 2005, y dada a la luz pública el 29 de noviembre de ese mismo año. Esta Instrucción quiere recordar algunos criterios a tener presentes en la delicada tarea de discernir quiénes son llamados al sacerdocio.

La Instrucción se coloca, como explica la introducción, en continuidad con las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de los distintos documentos del Magisterio católico sobre la formación sacerdotal. Por lo mismo, no toca puntos ya tratados en otros textos, ni “pretende tratar todas las cuestiones de orden afectivo o sexual que requieren atento discernimiento a lo largo del período formativo” (p. 4). Se limita a un tema muy concreto, “que las circunstancias actuales han hecho más urgente, a saber, la admisión o no admisión al Seminario y a las Órdenes Sagradas de candidatos con tendencias homosexuales profundamente arraigadas” (p. 4).

Son tres los puntos considerados en las pocas páginas del texto. El primero, “Madurez afectiva y paternidad espiritual” (n. 1), recuerda algunos elementos centrales para comprender el sentido del sacerdocio. Subraya especialmente la necesidad de lograr aquella madurez afectiva que permita a cada sacerdote una correcta relación con los hombres y mujeres con los que entrará en contacto a través de su servicio pastoral.

Alguno podría preguntar por qué es tan breve este punto, y la respuesta es sencilla: porque ya existen otros documentos dedicados a este tema. Entre ellos podríamos recordar dos sumamente interesantes, publicados por la Congregación para la educación católica: “Orientaciones para la educación en el celibato sacerdotal” (11 de abril de 1974), y “Orientaciones educativas sobre el Amor Humano. Pautas de educación sexual” (1 de noviembre de 1983).

El segundo punto es quizá el más delicado: “La homosexualidad y el ministerio ordenado” (n. 2). A pesar de lo que puedan decir algunos medios de comunicación, el texto no dice prácticamente nada nuevo, pues se limita a recoger la enseñanza de la Iglesia católica sobre la homosexualidad. En especial, recuerda que los actos homosexuales son pecado grave (como lo son los actos sexuales realizados fuera del matrimonio o sin el contexto de amor y apertura a la vida que son propios de tales actos). Decir lo anterior no significa afirmar que todo homosexual es un pecador: una cosa es la tendencia homosexual y otra cosa son los actos homosexuales. En otras palabras, no se trata de condenar a las personas, sino de analizar una problemática particular.

Por eso el texto hace presente una idea ya conocida en la doctrina católica: “las tendencias homosexuales profundamente arraigadas, que se encuentran en un cierto número de hombres y mujeres, son también [...] objetivamente desordenadas y frecuentemente constituyen, también para ellos, una prueba” (p. 5). Estas afirmaciones recogen lo que explica el “Catecismo de la Iglesia Católica”, nn. 2357-2358, y otros documentos eclesiales.

El que haya personas con esta situación no debe ser motivo para discriminarlas. El documento dice explícitamente: “Tales personas deben ser acogidas con respeto y delicadeza; se evitará toda discriminación injusta” (p. 5). Entonces, alguno dirá, ¿por qué no pueden ser admitidas al sacerdocio? El motivo está en su problemática personal: el tener “tendencias homosexuales profundamente arraigadas” crea serias dificultades para la madurez afectiva, tan necesaria para cualquier ámbito de vida que implique relaciones con otras personas. Si esto vale incluso para la vida matrimonial (hay personas con tendencias homosexuales que son incapaces, por su problemática, de contraer matrimonio válido), también vale para la vida sacerdotal, en la que el sacerdote está llamado a tratar con niños, jóvenes y adultos.

Por estos motivos, la Instrucción subraya que la Iglesia, en el respeto que merecen estas personas, “no puede admitir al Seminario y a las Órdenes sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay” (p. 6).

El motivo vuelve a ser expuesto en las líneas que siguen a la afirmación anterior: “Dichas personas se encuentran, efectivamente, en una situación que obstaculiza gravemente establecer una correcta relación con hombres y mujeres. De ningún modo pueden ignorarse las consecuencias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con tendencias homosexuales profundamente arraigadas” (p. 6).

Existen algunos casos, sin embargo, en los que se dan ciertas tendencias homosexuales que son simplemente una señal de falta de madurez y que, por lo mismo, tienen un carácter transitorio. En tal caso, indica el documento, uno podría entrar al Seminario, en la espera de alcanzar la necesaria madurez que conllevaría la desaparición de tales tendencias, “al menos tres años antes de la Ordenación diaconal” (p. 6).

El tercer punto se dedica a profundizar sobre “el discernimiento de la idoneidad de los candidatos por parte de la Iglesia” (n. 3). Conviene recordar que toda vocación implica una llamada de Dios y una respuesta libre y responsable del hombre. El don de la vocación es “recibido a través la Iglesia, en la Iglesia y para el servicio de la Iglesia” (p. 6), y nos hace comprender que el ser sacerdote no es algo escogido por uno mismo, sino que depende del carácter sobrenatural de la Iglesia.

En otras palabras, “no existe un derecho a recibir la Sagrada Ordenación” (p. 6), sino que es la Iglesia quien indica los requisitos necesarios para recibir los sacramentos, y quien discierne quién sea idóneo para entrar en el Seminario y reúna, a lo largo de su formación, las cualidades que son necesarias para recibir la ordenación sacerdotal en la Iglesia.

Acusar a la Iglesia de cerrar el paso a los homosexuales a una actividad profesional como cualquier otra es no entender lo que es la Iglesia ni reconocer su carácter sobrenatural. La Iglesia no nace según los deseos y los proyectos de los hombres, sino que viene de Dios. En su camino por obedecer a Dios, la Iglesia, a través del Obispo diocesano, tiene que velar para que los sacerdotes puedan cumplir bien su hermosa vocación, con todas las cualidades necesarias para ello, especialmente con la ayuda de la madurez afectiva.

Por lo mismo, quienes, por problemas como el de la homosexualidad u otros de diversa índole, no pueden alcanzar tales cualidades, deben ser avisados y guiados para encontrar cuál es su lugar en la Iglesia, qué camino pueden seguir para vivir su condición de bautizados, pero no en el servicio sacerdotal. Esta indicación, hay que recordarlo, no es nueva, pues ya el Código de Derecho Canónico (publicado en 1983) indica lo siguiente: “Si [...] el Obispo duda con razones ciertas de la idoneidad del candidato para recibir las órdenes, no lo debe ordenar” (canon 1052, n. 3).

La Instrucción termina con otras indicaciones a tener en cuenta a la hora de reconocer el estado de no idoneidad de quienes viven en esta situación. Con honestidad, y a través de un diálogo con los formadores y el director espiritual, quienes descubren estas tendencias homosexuales fuertemente arraigadas deberían renunciar al camino sacerdotal y acoger este sacrificio como parte de su cruz y de su misma condición cristiana.

Estamos, por lo tanto, ante un documento muy concreto para un tema de importancia. Nos toca a los católicos rezar para que sea acogido generosamente. De este modo nuestros seminaristas y futuros sacerdotes tomarán mayor conciencia de cuáles son aquellas cualidades que les permiten servir con alegría y amor a Cristo en sus comunidades, especialmente a través de la madurez afectiva que tanto les ayudará a la hora de ejercer su ministerio en un mundo hambriento del testimonio de integridad moral, pureza y amor de todos los sacerdotes.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Grupos LGBT, contra el veto de los homosexuales al sacerdocio 11122016

l Papa Francisco, con un grupo de sacerdotes
Agencias

Tachan la nueva Ratio de "decepcionante"

Grupos LGBT, contra el veto de los homosexuales al sacerdocio

La SNAP denuncia que se está usando a los homosexuales como chivo expiatorio

Redacción, 11 de diciembre de 2016 a las 10:12
"No es lo que se esperaba del Papa que dice '¿Quién soy yo para juzgar?'"
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Sacerdotes con el Papa

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Francisco con algunos sacerdotes

  • Sacerdotes con el Papa
  • El Papa, con sacerdotes
  • Francisco con algunos sacerdotes
"El Papa Francisco tiene mucho que explicar". Francis DeBernardo, director ejecutivo de la organización católica LGBT New Ways Ministry (Ministerio de las Nuevas Formas), reaccionó así al decreto que actualizó las normas para la formación sacerdotal, según el cual "no se puede admitir a quienes practiquen la homosexualidad" o apoyen la "cultura gay".
"Su aprobación de ese texto es una gran desilusión para mucha gente, lesbianas, gays, bisexuales, personas transgénero y heterosexuales, que tenían grandes esperanzas con su pontificado", dijo DeBernardo.
Se refería al decreto que actualiza las Normas Básicas para la Formación Sacerdotal (Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis), que fue publicado este jueves por el diario oficial de la Iglesia Católica, L'Osservatore Romano. El documento ratifica una guía redactada hace 31 años, en la que se plasman otras comunicaciones de la Santa Sede en cuanto a las restricciones sobre la sexualidad.
Establece que "la Iglesia, respetando a las personas afectadas, no puede admitir en el seminario ni en las órdenes sagradas a quienes practiquen la homosexualidad, presenten tendencias homosexuales profundamente enraizadas o apoyen aquello que se conoce como cultura gay". También resalta la importancia de la continencia en la formación de los candidatos para ordenarse. "Sería imprudente admitir a un seminarista que no haya alcanzado una afectividad madura, serena y libre, casta y fiel al celibato", advierte.
El texto avalado por Francisco tiene un agregado. Permite una excepción respecto de las "tendencias homosexuales que sean expresión de un problema transitorio". Se pone como ejemplo "una adolescencia todavía no terminada".
DeBernardo no fue el único que criticó al Papa. También se sumó Marianne Duddy-Burke, de DignityUSA (Dignidad Estados Unidos), otra organización católica que promueve los derechos LGBT. Para ella el decreto fue "extremadamente decepcionante" y lo tomó como un "tremendo insulto" a los miles de homosexuales que sirven como sacerdotes católicos.
"No es lo que se esperaba del Papa que dice '¿Quién soy yo para juzgar?'", agregó.
David Clohessy, que pertenece a la Red de Sobrevivientes de Abusos de Sacerdotes (SNAP por si sigla en inglés), dijo que están usando a los homosexuales como chivo expiatorio en lugar de proteger realmente a los niños de los abusos. "Es un error asumir o afirmar que la mayoría de las víctimas son varones", sostuvo. (RD/Infobae)

viernes, 11 de noviembre de 2016

De Donald Trump y los derechos de mujeres y homosexuales 12112016

De Donald Trump y los derechos de mujeres y homosexuales

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12 noviembre 2016


            No paro de oírlo en televisión cuando por la calle entrevistan sobre la victoria de Donald Trump. Preguntan a uno y dice “tengo mucho miedo por los derechos de los homosexuales”. Interrogan a otra y responde: “estoy atemorizada por los derechos de las mujeres”. Y lo primero que me he preguntado yo es: ¿Derechos de los homosexuales? ¿Derechos delas mujeres? ¿Pero qué son los derechos de los homosexuales? ¿Pero qué son los derechos de las mujeres? Que yo sepa lo que hay son derechos de las personas, derechos de los seres humanos, no derechos de las mujeres o derechos de los homosexuales. O dicho de otra manera, por lo que yo sé, mujeres y homosexuales no tienen derechos en cuanto mujeres y homosexuales, los tienen en cuanto persones, ¿no fue siempre así? Porque de hecho, si homosexuales y mujeres tuvieran derechos que no tienen hombres y heterosexuales, entonces es que unos y otros, otros y unos, no serían, no seríamos, iguales. Y si unos y otros no somos iguales, entonces lo que falla es, precisamente, el que la Declaración Universal de los Derechos Humanos del año 1948, firmada en el seno de la Organización de Naciones Unidas, proclama en su articulo 1 como el primero de los derechos humanos:

            “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

            Un articulo que aunque con cierta tardanza en su articulado, también recoge nuestra flamante Constitución de 1978, cuyo articulo 14 reza así:

            “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

            A no ser (¡ah, claro, ahora lo entiendo!) que estemos hablando de otra cosa, y más que de derechos, a lo que nos referimos sea a privilegios: a los privilegios de los homosexuales, a los privilegios de las mujeres. Entonces sí, entonces las declaracions obtenidas por la calle adquieren toda su vigencia: “Estoy preocupado por los privilegios de los homosexuales”. “Estoy preocupado por los privilegios de las mujeres”. Eso sí suena bien.

            Porque, lamentablemente, de eso va el derecho últimamente, en eso consisten los “grandes logros” de la Humanidad en los últimos tiempos: en diferenciar a los seres humanos en grupos de buenos y en grupos de malos, en crear derechos, vale decir, privilegios, que lo son para unos pero no para otros; en crear delitos que lo son cuando los cometen unos, pero no cuando los cometen los otros; en otorgar a unos grupos humanos el marchamo de la bondad original, mientras otros portan en solitario la pesada carga del pecado original, esos que el famoso capitán Louis Renault de la pel·lícula Casablanca llamaba “los sospechosos habituales”; en crear cuotas para que unos tengan el acceso a determinados cotas con mayor facilidad que los otros; en implementar, en definitiva, la “Sociedad de la discriminación”, palabra tan espantosa que no cabe sinó intentar adornar con el apellido “positiva” para formar así uno de los más cacofónicos oximorones que quepa imaginar, el de la “discriminación positiva”, algo así como hablar de “la desgracia positiva”, de “la enfermedad positiva”, de “la muerte positiva”, de la “negación positiva”, en suma.

            Nada mejor que los interpelados por la calle para confirmar que eso es así. Una pena, una verdadera pena, la verdad. ¡Con lo que estaba costando conquistar la igualdad! ¿Será verdad que Trump viene para acabar con ello?

            Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Por aquí les espero.


            ©L.A.
            Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es

 

martes, 18 de octubre de 2016

Jean-Pier, homosexual contra el lobby LGBT: «La homosexualidad es una orientación, no una identidad» 17102016

Manif Pour Tous, 200.000 personas en París: él es uno de sus portavoces

Jean-Pier, homosexual contra el lobby LGBT: «La homosexualidad es una orientación, no una identidad»

Jean-Pier, homosexual contra el lobby LGBT: «La homosexualidad es una orientación, no una identidad»
Jean-Pier Delaume-Myard es portavoz de todos los objetivos de la Manif pour Tous y no faltó a la manifestación de este domingo en París.

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17 octubre 2016
Jean-Pier Delaume-Myard, homosexual de 53 años, es guionista y director de documentales y uno de los portavoces de Manif pour Tous, el movimiento ciudadano francés por la familia y contra el matrimonio homosexual y la ideología de género. Este domingo se congregaron en París 200.000 personas, en el mismo espíritu que hace meses sorprendió al gobierno de François Hollande por su carácter masivo.

Delaume-Maynard fue entrevistado por Aleteia y volvió a insistir en las ideas que le han convertido en un proscrito para el lobby LGTBI, aunque se sabe representante de muchas personas con sus mismos sentimientos homosexuales que no se sienten identificados con las reclamaciones de dichos grupos: "He venido a la Manif en cuanto homosexual, porque se nos roba la palabra haciendo creer que las organizaciones LGBT representan el conjunto de las personas homosexuales", explica Delaume-Myard.

Niños sin filiación, mujeres explotadas
"Nuestra homosexualidad es una orientación, no una identidad", explica: "¿Por qué hacer que nos vistamos de boda o nos pongamos un anillo para tener derecho a un niño?". "No se puede privar deliberadamente a un hijo de su filiación o explotar a una mujer", añade en relación al recurso de algunas parejas gay a la maternidad subrogada.

Dealume-Myard lamenta ser silenciado "porque se piensa que la única palabra legítima en los medios es la del lobby LGTB. Además me parece homófobo que se me reproche ser un traidor o un canalla. Eso implicaría que un homosexual no puede pensar por sí mismo. En mi opinión, eso es homofobia. Yo me siento muy bien en la Manif pour Tous, se me recibe muy bien y estoy lejos de ser el único que forma parte del movimiento".

Jean Pierre rechaza la idea de una "comunidad gay" como un todo único: "Odio el comunitarismo, no somos una comunidad, sino ciudadanos en todos los sentidos, y nuestra orientación sexual solo nos concierne a nosotros. No me imagino presentándome así: Buenos días, soy Jean-Pier, homosexual".

jueves, 6 de octubre de 2016

Sobre la pastoral con los homosexuales (Mons. Felipe Arizmendi Esquivel) 05102016

Sobre la pastoral con los homosexuales

¿Cómo debe actuar una familia que defiende las creencias católicas, pero uno de sus integrantes tiene preferencias sexuales distintas?
Jubileo de los adolescentes - Confesión con el Santo Padre
Jubileo De Los Adolescentes - Confesión Con El Santo Padre
VER
En nuestra catedral, en el confesionario donde los obispos acostumbramos cada ocho días dar este servicio, en días pasados alguien dejó unas como estampitas, muy bien hechas por cierto, con la foto del Papa Francisco, y con dos de sus frases: “Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? (29-VII-2013). “Sorprende la postura de Jesús: No oímos palabras de desprecio, ni oímos palabras de condena; sólo palabras de amor, de misericordia. Un poco de misericordia hace que el mundo sea menos frío y más justo” (18-III-2013). Es muy cierto esto, pero no sé si quienes reparten esto lo hacen para ayudar a la conversión de dichas personas, como una invitación a la tolerancia y al respeto, o para indicar que todo se vale y que cada quien sea como sea.
En contraposición, este lunes, en un programa semanal de radio que tengo desde hace tres años, llamado Pregúntale al Obispo, alguien me mandó este mensaje: “Soy gay; busqué ayuda con un psicólogo para cambiar y lo que me dijo es que me acepte como soy. Le he pedido a Dios, pero tampoco he tenido respuesta. ¿Qué debo hacer?”
En ese mismo programa, recibí estas preguntas: “¿Cómo debe actuar una familia que defiende las creencias católicas, pero uno de sus integrantes tiene preferencias sexuales distintas? ¿A quién debe apoyar: a la Iglesia, o al integrante de la familia?” Y esta otra: “¿Puede un sacerdote casar a dos hombres gay?
PENSAR
Gran revuelo han causado de nuevo unas palabras que el Papa Francisco dijo a los periodistas, en su vuelo de regreso de Azerbaiyán, el domingo pasado, sobre la atención a los homosexuales. Algunos medios no dan la versión completa, sino sólo algunas palabras. En primer lugar, repitió lo que es doctrina común de la Iglesia: “Cuando se habla del matrimonio como unión del hombre y de la mujer, como lo ha hecho Dios, a imagen de Dios, es hombre y mujer. Esta es la verdad. El matrimonio es imagen de Dios, hombre y mujer en una sola carne. Cuando se destruye esto, se ensucia o se desfigura la imagen de Dios. El principio es ese, pero las debilidades humanas existen, los pecados existen, y siempre la última palabra no la tiene la debilidad, la última palabra no la tiene el pecado; ¡la última palabra la tiene la misericordia”. Es decir, el matrimonio verdadero, a imagen de Dios, es sólo entre un hombre y una mujer que se aman.
Pero, como advierte, las debilidades humanas existen, los pecados existen… Y en concreto dice: “Yo he acompañado en mi vida de sacerdote, de obispo, incluso como Papa, he acompañado personas con tendencia y con prácticas homosexuales. Las he acompañado y las he acercado al Señor. Algunos no pueden, pero les he acompañado y nunca he abandonado a ninguno. Esto se ha hecho. Las personas se deben acompañar como las acompaña Jesús. Cuando una persona que tiene esta condición llega ante Jesús, Jesús seguramente no le dirá: ¡Vete, porque eres homosexual! No. El pecado es el pecado. Las tendencias o los desequilibrios hormonales dan muchos problemas y debemos estar muy atentos a no decir: Todo es lo mismo; hagamos fiesta… No; esto no. Cada caso hay que acompañarlo, estudiarlo, discernir e integrarlo. Esto es lo que haría Jesús hoy. Por favor, no digan: ¡El Papa santificará a los trans! Por favor, ¿eh? Porque ya estoy viendo las primeras páginas de los diarios. No, no. Quiero ser claro. Es un problema moral. Es un problema. Es un problema humano. Y se debe resolver como se puede, siempre con la misericordia de Dios, con la verdad, como hemos hablado en el caso del matrimonio, pero siempre con el corazón abierto”.
En otra circunstancia, dijo: “Dios no ha mandado a su Hijo al mundo para castigar a los pecadores, ni para acabar con los malvados. Sino que es a ellos a quienes se dirige la invitación a la conversión para que, viendo los signos de la bondad divina, puedan volver a encontrar el camino de regreso” (7-IX-2016).“Todos somos llamados, buenos y malos. La Iglesia no es solamente para los buenos o los que parecen buenos o se creen buenos. La Iglesia es para todos, y además preferentemente para los malos, porque la Iglesia es misericordia” (28-IX-2016).
ACTUAR
Las cosas claras. Lo que es un desorden, un pecado, un problema, lo es y no se puede calificar como bueno y como virtud. Pero esto no implica despreciar o descalificar a quien tiene un problema humano y moral. Hay que escucharle, comprenderle, acompañarle, respetarle y acercarle a Jesús, en quien se encuentra la liberación y la madurez plena.
+ Felipe Arizmendi EsquivelObispo de San Cristóbal de Las Casas