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viernes, 3 de junio de 2016

Trece anécdotas sencillas y milagros cotidianos del Padre Pío contados por su primer hijo espiritual 03062016

Emanuele Brunatto le defendió en sus momentos más difíciles

Trece anécdotas sencillas y milagros cotidianos del Padre Pío contados por su primer hijo espiritual

Trece anécdotas sencillas y milagros cotidianos del Padre Pío contados por su primer hijo espiritual
Decir misa, confesar y bendecir: así pasó la vida sacerdotal y religiosa del Padre Pio.

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3 junio 2016
Estas historias están tomadas de los cuadernos autobiográficos del primer hijo espiritual del Padre Pío, Emanuele Brunatto (1892-1965), quien aparece en ellas bajo el pseudónimo que él mismo se dio: "El Publicano". Se publicaron en su libro Padre Pio, mon père spirituel, y las tomamos de la selección recogida en Aleteia por Arthur Herlin:

1. Partida de petanca
Estaban jugando a la petanca en el monasterio. El Padre Pío tenía su forma característica de jugar a causa de los estigmas, pero era el jugador más valorado. A veces, como una travesura infantil, hacía trampas con el pie. Una vez el Publicano vio cómo se acercaba un gato a toda velocidad en la trayectoria de la bola que el Padre Pío acababa de lanzar. En el mismo instnte en el que el animal iba a ser golpeado, la bola se detuvo en el aire y luego cayó a su lado.

2. "¿Ya estás contento?"
Una personalidad eclesiástica quería ver, por curiosidad, sus estigmas:

-No –respondió secamente el capuchino-. Está prohibido –y retiró la mano.

Poco tiempo después, un viejo carpintero le dijo con total sencillez:

-¡Ah, Padre, cómo me gustaría besar sus santas llagas!

-Si solo es eso –respondió el Padre Pío- ¡date el gusto!

Y quitándose un mitón, le ofreció a besar su mano traspasada.

3. “Inglaterra se convertirá”
Un antiguo pastor anglicano de Cap convertido en sacerdote católico citaba el caso de uno de sus compañeros protestantes, un hombre muy piadoso, que en ocasiones había conseguido curaciones que se consideraban milagrosas.

-¿Por qué no?  -replicó el Padre Pío-. Dios alivia, con milagro o sin él, las miserias de aquellos de sus hijos, católicos o no, que le imploran con fe… Lo que es privilegio exclusivo de la Iglesia católica es el milagro que prueba y da testimonio de una verdad de fe.

Y tras haber dicho que entre los protestantes ingleses se encontraban “al menos tantas almas delicadas y puras como entre nosotros”, el Padre Pío concluyó:

-Además, Inglaterra se convertirá: no en masa, sino individualmente.

4. La Reina Blanca
El Padre Pío tenía una devoción especial hacia la Virgen de Lourdes. Un prelado había declarado a la madre María de la Trinidad, priora de las dominicas de clausura, que había visto al capuchino en bilocación en la localidad mariana. La priora escribió al Padre Pío para saber si el hecho era exacto.

Él respondió:

-Nunca he ido corporalmente, pero siempre estoy en espíritu en la gruta, ante la Reina Blanca.

5. Devoción
La devoción por San José iba acompañada en el Padre Pío por una confianza sin límites… Las imágenes del Santo Cura de Ars, de Santa Rita de Casia, de Santa Teresita del Niño Jesús, de San Antonio de Padua estaban por todas partes en su breviario.

Con un punto de malicia, decía del Cura de Ars:

-Es el único cura santo que hay en la Iglesia.

6. El escote
Unos peregrinos hacían cola ante el Padre Pío para besarle la mano. Una chica pasó muy escotada sin que el capuchino pareciera reparar en ello. Detrás iba un joven. El padre le interpeló:

-¿Es tu hermana?

-Sí, padre.

-¿Qué dirías si un hombre te pidiese que le enseñases los hombros de tu hermana?

El hombre se puso colorado y no respondió nada.

-Pues bien, tu hermana los enseña sin que nadie se lo pida.

7. Meditación
El Publicano era incapaz de meditar. Por la noche, en el coro, tras la lectura espiritual, en cuanto se apagaban las luces para la meditación, se dormía.


Emanuele Brunatto, "el Publicano" testigo o protagonista de estas trece historias, vivió en el convento de San Giovanni Rotondo entre 1920 y 1925 y fue el gran defensor del Padre Pío en sus momentos de persecución.

El Padre Pío le daba codazos para despertarle, pero no lo conseguía. Un día, el capuchino se lo reprochó:

-Es más fuerte que yo –respondió el joven-, no sé meditar.

-Pero entonces, ¿por qué camino vas a llegar al cielo?

La cuestión era importante. Pero el Padre no insistió y el Publicano siguió durmiento en vez de meditar.

8. "¡Pobre Francia!"
Sobre el futuro de las naciones, el Padre decía: “Habrá primero una guerra económica… y luego será terrible, pero breve”. Y solía concluir con una queja: “¡Pobre Francia! ¡Pobre Francia!”.


9. Devoción preferida
-¿Cuál es su devoción preferida, Padre? –le preguntó un día el Publicano.

En voz baja, con una emoción indescriptible, el Padre Pío respondió:

-La mirada de Jesús.

10. El ladrón
El padre guardaba en el coro dos disciplinas (instrumentos de penitencia de cuerdas trenzadas), una de las cuales le pareció al Publicano que no se usaba mucho. Viéndose solo, se la metió en el bolsillo para su colección de reliquias y salió del coro. En un pasillo, se encontró al Padre Pío hablando con un familiar:

-¡Mira, aquí viene el ladrón! –exclamó el Padre al verle llegar.

Y añadió, con tono firme:

-Devuelve inmediatamente “ese objeto” a donde lo has cogido.


El libro de José María Zavala sobre el Padre Pío recoge decenas de milagros del santo de Pietrelcina sucedidos en su vida y, sobre todo, sucedidos en nuestros días e incluso a raíz de la publicación del mismo libro en sus primeras ediciones. Pincha aquí para comprarlo ahora.

11. “Si tú lo sabes mejor que yo...”
Una paisana le dijo al Padre Pío:

-El bebé de mi hermano está muy enfermo…

-No es grave, se curará.

-No, Padre, le aseguro que es muy grave…

-Si lo sabes mejor que yo, ¿por qué acudes a mí?

12. Una carta sale volando
Una hija espiritual del Padre, la señorita Angelina Serritelli, leía bajo los muros del convento una carta del Padre, cuando la hoja se le escapó de las manos y se la llevó el viento… Pero la hoja se quedó parada de golpe en la pendiente rocosa, dando tiempo a la mujer para recuperarla.


Las colas para confesarse con el Padre Pío eran inacabables. Había quien pasaba la noche a las puertas del convento para tener un puesto.

A la misma hora, el Padre Pío estaba confesando en la iglesia. Cuando salió, la señorita Serritelli le esperaba para saludarle.

-La próxima vez ten cuidado con el viento –le dijo-. Si no le hubiese puesto un pie encima, la carta se habría perdido en el valle.

13. Ayuno
Pese al agotador trabajo del confesionario (donde pasaba buena parte del día), el Padre Pío comía poco: nada por la mañana ni por la noche; y a mediodía, un plato de legumbres con muy poco pan y dos vasos de cerveza. Animado por el hermano portero a tomar algún alimento por la tarde, durante un año cenó unas anchoas sin pan… y hasta pasadas unas semanas nadie se dio cuenta de que eso era para él una penitencia más dura que el ayuno.
Religión en Libertad necesita de tu ayuda para seguir transmitiendo la ternura de Dios

domingo, 22 de noviembre de 2015

La devoción a Jesús Sacramentado del Padre Pío de Pietrelcina (Padre Pío)

La devoción a Jesús Sacramentado del Padre Pío de Pietrelcina




«Quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente,
es reo del cuerpo y de la sangre del Señor» (1Cor 11,29)

El Padre Pío, antes de unirse a Jesús Sacramentado, se sentía atraído por una fuerza misteriosa. Contaba las horas que le faltaban para iniciar la celebración de la santa misa. Después de una larga preparación, salía de su celda en un estado de agitación y sufrimiento.

Nada más llegar a la sacristía, mientras se ponía los ornamentos sagrados, ya no se daba cuenta de nada de lo que sucedía a su alrededor. Estaba totalmente abstraído. Si alguien se atrevía a hacerle alguna pregunta, respondía distraídamente, con monosílabos.

En el altar, sus mejillas, hasta entonces pálidas, se enrojecían. En la consagración, acercando sus labios a la Hostia que apretaba entre sus dedos, exclamaba con infinita ternura: «¡Jesús, alimento mío!». Antes de la comunión, en voz alta repetía: «Señor, no soy digno...», y se golpeaba con la derecha el pecho. «Aquellos golpes - escribió en un informe el llorado padre Vicente Frezza - eran tan fuertes que despertaban sorpresa y admiración: no era fácil imaginar que aquellas manos llagadas fuesen tan fuertes y que aquel pecho herido pudiese resistir golpes tan pesados y profundos».
Su mente y su corazón no anhelaban otra cosa que saborear toda la dulzura de la carne inmaculada del Hijo de Dios. Después de la comunión, el hambre y la sed de Jesús Sacramentado, en vez de mitigarse, aumentaban. Los latidos de su corazón eran más rápidos. En toda su persona sentía como un fuerte calor. Ardía en un fuego divino. Después, en el coro, se sumergía en una íntima y silenciosa oración eucarística de acción de gracias y de alabanza.

A su director espiritual, el padre Agustín de San Marco in Lamis, escribía: «A veces me pregunto si existen almas que no sientan arder su pecho en amor divino, sobre todo cuando se encuentran ante Jesús en el sacramento. Me parece imposible; mucho más cuando se trata de un sacerdote o de un religioso» (Epist. I,317).

Ante Jesús Sacramentado, su corazón latía con más fuerza. Al padre Benedicto Nardella le decía: «Me parece con frecuencia que el corazón quiere escapárseme del pecho» (Epist. I,234).
Aprovechaba todas las ocasiones para propagar la devoción a Jesús Sacramentado, con exhortaciones como éstas: «A lo largo de la jornada, cuando no se te conceda hacer otra cosa, también en tus muchas ocupaciones, llama a Jesús con los suspiros resignados del alma, y él vendrá y permanecerá unido al alma por su gracia y su santo amor.

Cuando no puedas ir con el cuerpo, vuela en espíritu ante el sagrario, desahoga allí tus ardientes deseos, y habla y pide y abraza al Amado de las almas más que si se te hubiese concedido recibirlo sacramentalmente» (Epist. III,448).

El Padre Pío sigue repitiendo a todos: «Acerquémonos a recibir el pan de los ángeles con una gran fe y una gran llama de amor, y, además, esperemos de este dulcísimo Amante de nuestras almas ser consolados en esta vida con el beso de su boca» (Epist. II,490).

(Tomado de LA VIDA DEVOTA DEL PADRE PÍO, de Gerardo di Flumeri)

sábado, 21 de noviembre de 2015

La devoción a la pasión y muerte de Jesús del Padre Pío de Pietrelcina (Padre Pío)

La devoción a la pasión y muerte de Jesús del Padre Pío de Pietrelcina



Ellos se llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron
con vendas de lino bien empapadas en mezcla de mirra y áloe (Jn 19,40)

La verdadera devoción es imitación. «Pero para que se dé la imitación es necesaria la reflexión diaria de la vida de aquél a quien se propone como modelo. De la reflexión brota la estima de sus obras, y de la estima, el deseo y la fuerza de la imitación» (Epist. I,1000).

En este pasaje, tomado de una carta que escribió al padre Agustín de San Marco in Lamis, el Padre Pío descubre el secreto de su perfecta y total adhesión espiritual a la realidad “crucial” de Cristo. Y porque el cuerpo participa de lo que sucede al alma, esta adhesión lo llevó a revivir también físicamente todos los dolores de la Pasión.

En un ímpetu de amor escribía: «Sí, yo amo la cruz, la cruz sola; la amo porque la veo siempre en los hombros de Jesús. Por eso, Jesús sabe muy bien que toda mi vida, todo mi corazón, están consagrados a él y a sus sufrimientos... Sólo Jesús puede comprender cuál es mi sufrimiento en cuanto se me presenta delante la escena dolorosa del Calvario» (Epist. I,335).

Y más aún: «¡Qué dulce es el nombre de cruz! Aquí, al pie de la cruz de Jesús, las almas se llenan de luz, se inflaman de amor; aquí nacen alas para elevarse a vuelos más altos» (Epist. I,601s).
Como Jesús, derramó lágrimas, sudó sangre, sufrió la flagelación, la coronación de espinas y hasta el agudo dolor de la llaga en el hombro, efecto del peso de la cruz.

A su confesor, el padre Agustín de San Marco in Lamis, le comunicaba: «Sufro, sufro mucho... No deseo en modo alguno que se me aligere la cruz, porque sufrir con Jesús me es muy grato; al contemplar la cruz en los hombros de Jesús me siento fortalecido y gozo de santa alegría (Epist. I,303).
Era feliz al sufrir porque «Es incomprensible el alivio que se da a Jesús, no sólo al compadecerle en sus dolores, sino, sobre todo, cuando encuentra un alma que, por su amor, pide, no consuelo, sino más bien ser partícipe de sus mismos sufrimientos.

Jesús, cuando quiere manifestarme que me ama, me da a gustar de su pasión las llagas, las espinas, las angustias... Cuando quiere hacerme gozar, me llena el corazón de aquel espíritu que es todo fuego, me habla de sus delicias; pero cuando quiere ser amado, me habla de sus dolores, me invita, con voz que es al mismo tiempo súplica y mandato, a acercar mi cuerpo para aligerarle las penas» (Epist. I,335).
En el venerado Padre Pío, la adhesión a Cristo se transformó en “conformidad”, que quedó sellada con aquellos “signos” que durante cincuenta años, con tanta confusión, llevó en las manos, en los pies y en el costado.

Inculcó siempre a sus penitentes la devoción a la pasión de Jesús.
A Anita Rodote escribió: «Seamos, más que cualquier otra cosa, amantes de Jesús en su pasión, meditemos con frecuencia los dolores del Hombre-Dios y no tardará en encenderse, también en nosotros, el profundo deseo de sufrir cada vez más por amor a Jesús. El amor a la cruz fue siempre un signo distintivo de las almas elegidas; el recibir la carga de la cruz fue siempre una predilección especial del Padre del cielo hacia dichas almas. [...] Sin el amor a la cruz no se puede ir lejos en el camino de la vida cristiana. [...] Jesús nos invita a subir con él al Calvario. Pues bien, no nos resistamos. Subir el doloroso monte con Jesús nos resultará placentero» (Epist. III,67).

Hoy, a sus hijos espirituales, el Padre Pío sigue repitiendo: «Una cosa, sobre todas las demás, deseo de vosotros: que vuestra meditación diaria gire en torno a la vida, pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo», porque, «al meditar con frecuencia los dolores del Hombre-Dios, se encenderá en vosotros el anhelo de padecer cada día más por amor a Jesús» (Epist. III,63s). 

(Tomado de LA VIDA DEVOTA DEL PADRE PÍO, de Gerardo di Flumeri)

La devoción a Dios Padre del Padre Pío de Pietrelcina (Padre Pío)

La devoción a Dios Padre del Padre Pío de Pietrelcina



Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra (Mt 11,25)

El venerado Padre Pío fue bautizado a las 6 horas del día 26 de mayo de 1887. Desde aquella mañana, la santísima Trinidad comenzó a habitar en el alma del Padre Pío como en un templo, y el Padre Pío comenzó a cultivar una tierna devoción a cada una y a las tres augustísimas Personas.

Hacia Dios Padre tuvo siempre una gran devoción, ungida de respeto profundo y de amor filial.
El Padre del cielo ocupaba el centro de su corazón y era el que actuaba y obraba de forma inmediata en su alma. El 9 de febrero de 1914, en un escrito al padre Agustín, el venerado Padre le comunicaba: «Ahora es el mismo Dios el que de forma inmediata, sin la mediación de los sentidos internos o externos, actúa y obra en lo profundo de mi alma... Lo que yo logro decir de esta mi situación actual es que el anhelo de mi alma se orienta, no a alguna otra realidad, sino solamente a Dios; que experimenta que todo su ser está centrado y ensimismado en Dios» (Epist. I,453).

Por lo mismo, si Dios Padre ocupaba el centro de su alma, es a él, al Padre del cielo, a quien el Padre Pío dirigía sus súplicas y sus alabanzas. El 16 de noviembre de 1914, escribía al padre Agustín: «No dejo de insistir dulcemente al corazón del Padre del cielo por su alma y por todas las almas amadas por usted» (Epist. I,505). Y el 12 de mayo de 1915, decía al citado padre Agustín: «Estoy muy contento por los bienes que tantas almas han recibido del Padre de las luces. A él, al Padre del cielo, suba una alabanza sempiterna» (Epist. I,471).
Totalmente imbuido del pensamiento de que la primera Persona de la santísima Trinidad habitaba y actuaba en su alma, el Padre Pío «no deseaba otra cosa que agradar a Dios, padre y creador nuestro» (Epist. I,652).

Y este buen Padre, que amaba al humilde hermanito de Pietrelcina, lo colocaba en la cruz, como había colocado a su Hijo unigénito, Jesucristo nuestro Señor. El 7 de agosto de 1915, el Padre Pío escribía al padre Benedicto: «Su carta, que me llegó la mañana de pascua, trajo a mi pobre espíritu, por una parte un poco de alivio, ligerísimo por cierto pero capaz de animarme para poder soportar la cruz, en la que el Señor, por su misericordia, ha querido colocarme, si no con ánimo alegre, al menos con fortaleza de espíritu. Y por esto, sea bendita por siempre la bondad del Padre del cielo» (Epist. I,556).

Pero este buen Padre del cielo, que desea vehementemente lo mejor para su Siervo fiel, puso por entero su proyecto de salvación en las manos de María. Escuchemos de nuevo el testimonio del venerado Padre. El 9 de mayo de 1915, escribe al padre Agustín: «Vive Dios, que ha puesto el proyecto de mi salvación, el éxito de la victoria, en las manos de nuestra Madre del cielo. Protegido y guiado por una Madre tan tierna, lucharé hasta que Dios quiera, con la seguridad y la confianza de que, con esta Madre, no sucumbiré jamás. Padre, si, mirándola desde este destierro, se aleja la esperanza de la victoria, cuando se la contempla desde la casa de Dios, bajo la protección de esta Madre santísima, ¡cómo está cerca y es segura!» (Epist. I,576).

Bajo la protección de María santísima, el venerado Padre vivió hasta la avanzada edad de los 81 años, con «Dios fijo siempre en su mente y grabado en su corazón», como él mismo manifestaba al padre Agustín, el 20 de noviembre de 1921. A lo largo de los años, recitó en incontables ocasiones la oración que nos enseñó Jesús: la recitó en la misa, la recitó en el rosario, y en sus oraciones privadas. La cantó en su última misa, la mañana del día 22 de septiembre de 1968, la recitó en alta voz la tarde de su muerte, una muerte largamente esperada y suplicada.
«Padre nuestro, que estás en el cielo...».

(Tomado de LA VIDA DEVOTA DEL PADRE PÍO, de Gerardo di Flumeri)

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Quién es? (Padre Pío)

Quién es?




PADRE PÍO

Heredero espiritual de San Francisco de Asís, el Padre Pío de Pietrelcina ha sido el primer sacerdote en llevar impreso sobre su cuerpo las señales de la crucifixión.

El Padre Pío, al que Dios donó particulares carismas, se empeñó con todas sus fuerzas por la salvación de las almas. Los muchos testimonios sobre su gran santidad de Fraile, llegan hasta nuestros días, acompañados por sentimientos de gratitud. Sus intercesiones providenciales cerca de Dios fueron para muchos hombres causa de sanaciòn en el cuerpo y motivo de renacimiento en el Espíritu.



El Padre Pío de Pietrelcina que se llamó Francesco Forgione, nació en Pietrelcina, en un pequeño pueblo de la provincia de Benevento, el 25 de mayo de 1887. Nació en una familia humilde donde el papá Grazio Forgione y la mamá Maria Giuseppa Di Nunzio ya tenían otros hijos.

Desde la tierna edad Francesco experimentó en sí el deseo de consagrarse totalmente a Dios y este deseo lo distinguiera de sus coetáneos. Tal “diversidad” fue observada de sus parientes y de sus amigos. Mamá Peppa contó - “no cometió nunca ninguna falta, no hizo caprichos, siempre obedeció a mí y a su padre, cada mañana y cada tarde iba a la iglesia a visitar a Jesús y a la Virgen. Durante el día no salió nunca con los compañeros. A veces le dije: “Francì sal un poco a jugar. Él se negó diciendo: no quiero ir porque ellos blasfeman”.

Del diario del Padre Agostino de San Marco in Lamis, quien fuè uno de los directores espirituales del Padre Pío, se enteró de que el Padre Pío, desde el 1892, cuando apenas tenía cinco años, ya vivió sus primeras experiencias carismáticas espirituales. Los Éxtasis y las apariciones fueron tan frecuentes que al niño le pareció que eran absolutamente normales.

Con el pasar del tiempo, pudo realizarse para Francesco lo que fue el más grande de sus sueños: consagrar totalmente la vida a Dios. El 6 de enero de 1903, a los dieciséis años, entró como clérigo en la orden de los Capuchinos. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento, el 10 de agosto de 1910. Tuvo así inicio su vida sacerdotal que a causa de sus precarias condiciones de salud, se desarrollará primero en muchos conventos de la provincia de Benevento. Estuvo en varios conventos por motivo de salud, luego, a partir del 4 de septiembre de 1916 llegó al convento de San Giovanni Rotondo, sobre el Gargano, dónde se quedó hasta el 23 de septiembre de 1968, día de su sentida muerte.

En este largo período el Padre Pío iniciaba sus días despertándose por la noche, muy antes del alba, se dedicaba a la oración con gran fervor aprovechando la soledad y silencio de la noche. Visitaba diariamente por largas horas a Jesús Sacramentado, preparándose para la Santa Misa, y de allí siempre sacó las fuerzas necesarias, para su gran labor para con las almas, al acercarlas a Dios en el Sacramento Santo de la Confesión, confesaba por largas horas, hasta 14 horas diarias, y así salvó muchas almas.

Uno de los acontecimientos que señaló intensamente la vida del Padre Pío fuè lo que se averiguó la mañana del 20 de septiembre de 1918, cuando, rogando delante del Crucifijo del coro de la vieja iglesia pequeña, el Padre Pío tuvo el maravilloso regalo de los estigmas. Los estigmas o las heridas fueron visibles y quedaron abiertas, frescas y sangrantes, por medio siglo. Este fenómeno extraordinario volvió a llamar, sobre el Padre Pío la atención de los médicos, de los estudiosos, de los periodistas pero sobre todo de la gente común que, en el curso de muchas décadas fueron a San Giovanni Rotondo para encontrar al santo fraile.

En una carta al Padre Benedetto, del 22 de octubre de 1918, el Padre Pío cuenta su “crucifixión”: “¿Qué cosa os puedo decir a los que me han preguntado como es que ha ocurrido mi crucifixión? ¡Mi Dios que confusión y que humillación yo tengo el deber de manifestar lo que Tú has obrado en esta tu mezquina criatura!

Fue la mañana del 20 del pasado mes (septiembre) en coro, después de la celebración de la Santa Misa, cuando fui sorprendido por el descanso en el espíritu, parecido a un dulce sueño. Todos los sentidos interiores y exteriores, además de las mismas facultades del alma, se encontraron en una quietud indescriptible. En todo esto hubo un total silencio alrededor de mí y dentro de mí; sentí enseguida una gran paz y un abandono en la completa privación de todo y una disposición en la misma rutina.
Todo esto ocurrió en un instante. Y mientras esto se desarrolló; yo vi delante de mí un misterioso personaje parecido a aquél visto en la tarde del 5 de agosto. Éste era diferente del primero, porque tenía las manos, los pies y el costado que emanaban sangre. La visión me aterrorizaba; lo que sentí en aquel instante en mí; no sabría decirlo. Me sentí morir y habría muerto, si Dios no hubiera intervenido a sustentar mi corazón, el que me lo sentí saltar del pecho.

La vista del personaje desapareció, y me percaté de que mis manos, pies y costado fueron horadados y chorreaban sangre. Imagináis el suplicio que experimenté entonces y que voy experimentando continuamente casi todos los días. La herida del corazón asiduamente sangra, comienza el jueves por la tarde hasta al sábado. Mi padre, yo muero de dolor por el suplicio y por la confusión que yo experimento en lo más íntimo del alma. Temo morir desangrado, si Dios no escucha los gemidos de mi pobre corazón, y tenga piedad para retirar de mí esta situación….”

Por años, de cada parte del mundo, los fieles fueron a este sacerdote estigmatizado, para conseguir su potente intercesión cerca de Dios. Cincuenta años experimentados en la oración, en la humildad, en el sufrimiento y en el sacrificio, dónde para actuar su amor, el Padre Pío realizó dos iniciativas en dos direcciones: un vertical hacia Dios, con la fundación de los “Grupos de ruego”, hoy llamados “grupos de oración” y la otra horizontal hacia los hermanos, con la construcción de un moderno hospital: “Casa Alivio del Sufrimiento.”
En septiembre los 1968 millares de devotos e hijos espirituales del Padre Pío se reunieron en un congreso en San Giovanni Rotondo para conmemorar juntos el 50° aniversario de los estigmas aparecidos en el Padre Pío y para celebrar el cuarto congreso internacional de los Grupos de Oración. Nadie habría imaginado que a las 2.30 de la madrugada del 23 de septiembre de 1968, sería el doloroso final de la vida terrena del Padre Pío de Pietrelcina. De este maravilloso fraile, escogido por Dios para derramar su Divina Misericordia de una manera tan especial.

Muchas han sido las sanaciones y conversiones concedidas por la intercesión del Padre Pío e innumerables milagros han sido reportados a la Santa Sede.

Los preliminares de su Causa se iniciaron en noviembre de 1969. El 18 de diciembre de 1997, Su Santidad Juan Pablo II lo pronunció venerable. Este paso, aunque no tan ceremonioso como la beatificación, es ciertamente la parte más importante del proceso. El venerable Padre Pío fue beatificado el 2 de mayo de 1999. Tan grande fue la multitud en la Misa de beatificación, que desbordaron la Plaza de San Pedro y toda la Avenida de la Conciliación hasta el río Tiber sin ser estos lugares suficiente. Millones además lo contemplaron por la televisión en el mundo entero.

El día 16 de junio del 2002, su Santidad Juan Pablo II canonizó al Beato Padre Pío. Es el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo.


FENÓMENOS SOBRENATURALES Y CARISMAS EXTRAORDINARIOS


En la vida de Padre Pío hay muchas cosas desconcertantes e inexplicables para la ciencia.

Alrededor de la figura de Padre Pío se ha discutido mucho. Sus fieles, sus hijos espirituales y quien lo conoció personalmente están listos para testimoniar muchos de los episodios misteriosos que caracterizaron la vida del fraile. Los más escépticos y aquellos  quienes comúnmente se han llamado "enemigos" de Padre Pío lo han definido un "hablador", un "neuropático". Empezando por los estigmas hasta los múltiples eventos milagrosos, la historia de Padre Pío está llena de hechos misteriosos, en los cuales los fieles no pueden dejar de reconocer la mano de Dios.

LA BILOCACIÓN

Un don místico  que Padre Pío recibió del Señor para poder comunicarse con sus fieles es el don de la ubicuidad o bilocación. El Padre podía estar presente en dos lugares contemporáneamente. Cuando Padre Pío quería hablar con alguien o quería avisarle  para que no cometiera un pecado, se le aparecía en carne y hueso.

En ese momento Padre Pío quedaba silencioso en el lugar donde se encontraba, mientras su alma y su cuerpo alcanzaban a la persona con la que quería hablar. Muchas de las personas que fueron testigos en primera persona del fenómeno de bilocación, en realidad se dieron cuenta hasta después, cuando descubrieron que el Fraile con el que habían conversado, estaba en otro lugar, a veces distante miles de kilómetros al mismo tiempo. Pero todos podían afirmar que Padre Pío estaba frente a ellos físicamente. Algunas personas ni siquiera lo conocían y sólo después, mediante una foto o una imagen descubrieron de quien se trataba. "Para mí no hay distancias" ... decía.

CONOCIMIENTO DE LAS CONCIENCIAS

Son muchos los que afirman que al acercarse a su confesionario, escucharon de labios del Padre Pío la lista completa de sus pecados- algunos ya olvidados por la distancia de los años, antes de que se los manifestaran al confesor.

EL DON DE LA PROFECÍA

El don de la profecía es una gracia especial que Dios concede a algunas almas privilegiadas para prever cosas o predecir acontecimientos futuros. Padre Pío tuvo este don y se sirvió de el para el bien de las almas.

En 1959 informó al cardenal Montini que "cuando muera este Papa Usted ha de ser su sucesor" y que a Karol Wojtyla, hoy Juan Pablo II le vaticinó que sería el sucesor del apóstol Pedro, e incluso el Papa que guiaría a la Iglesia en el paso del segundo al tercer milenio".

LOS MILAGROS

No alcanzaría un libro entero para contar todos los episodios milagrosos de los que se considera artífice Padre Pío, son tantas las curaciones, las gracias, las conversiones que sucedieron por intercesión suya. Seguramente todos nosotros tenemos alguna amistad o pariente cercano que afirma con certitud que ha recibido gracias de Padre Pío.

LA MISA DE PADRE PÍO

Padre Pío se levantaba todas las mañanas a las 31/2 de la mañana y rezaba el oficio de lecturas. A las 5 bajaba a la sacristía para celebrar la Misa que duraba una hora y media.

"La Misa", dijo un día Padre Pío "es Cristo en la cruz, con María y Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación"

Impulsados por la fuerza misteriosa e incontenible del Espíritu, después de esperar impacientes toda la noche en la explanada de la iglesia, los peregrinos, al abrirse las puertas del templo, irrumpían tumultuosamente en la casa de Dios y se apiñaban en torno a aquella mesa para ver de cerca al estigmatizado del Gargano que en virtud de una oblación íntima y secreta, se transformaba en altar visible para la Cruz de Jesús.



Quien hubiera tenido dudas sobre la presencia real de Jesús en la Hostia consagrada, no las seguiría teniendo después de haber asistido a la Santa Misa de Padre Pío.

En aquellos momentos desaparecía toda distancia temporal y espacial entre el altar y el Calvario. En el Crucificado del Gargano, las almas entreveían vívido al Crucificado del Gólgota.

La Misa, memorial de la Pasión del Señor, representa, revive y actualiza el Sacrificio de la Cruz. Si la Misa en su rito, repite la Cena, en su esencia renueva sacramentalmente el Calvario.

 El sacrifico de  la Cruz se hace presente en el altar en virtud de la acción del Sacerdote, ministro y signo eficaz de Cristo.

Las miles de personas que asistieron a sus Misas quedaron impresionados para siempre de sus celebraciones. La atención de los fieles estaba muy fija especialmente en el momento de la elevación de la Hostia y el Cáliz, porque todo el mundo podía mirar sus manos perforadas. Con frecuencia pequeños hilos de sangre le corrían a lo largo de los dedos.

Padre Pío, llevando continuamente en su cuerpo los padecimientos de Jesús agonizante, vivía en su carne una vida que era signo visible de la vida que vivía en la fe: ya no era él quien vivía, era el Señor quien vivía en él de forma tan completa que estaba físicamente clavado con Cristo en la Cruz.

Padre Pío, entre lágrimas y sollozos, en medio de un suplicio indescriptible, reactualizaba, durante la Consagración, la divina tragedia del Calvario tan al vivo que en su carne traspasada se traslucía el atroz martirio de Jesús crucificado.

HIPERTERMIA

Su temperatura corporal llegó hasta los 48 o más grados. Se necesitaba un termómetro especial para tomársela.

LA ALIMENTACIÓN ESCASA

Con frecuencia tomaba sólo una comida al día, y muy escasa para una jornada de duro trabajo de 15 o 16 horas y a veces se nutría solamente de la hostia en la comunión.

EXTRAÑOS PERFUMES

También hoy en día, como cuando Padre Pío vivía, muchas personas afirman sentir los perfumes, sobre todo de flores, ligados a la aparición o a una intervención del Padre. Entre los dones místicos que el capuchino recibió del Señor, están precisamente los perfumes. ¿De que se trata? mientras vivía Padre Pío, dejaba tras de sí un agradable perfume, que se olía también de las cosas que tocaba o de su ropa. El perfume lo describen como agradable, sutil y delicado, mezcla de violetas y de rosas. Muchas personas afirman que han olido el delicado perfume mientras estaban en su presencia o antes de que el Fraile se les apareciera en uno de sus frecuentes fenómenos de bilocación. También ahora, después de su muerte, las personas afirman que al recibir una gracia del Capuchino, a veces pueden oler el perfume alrededor de ellas.¿Qué significado tiene el perfume de Padre Pío? Es un signo de la presencia, de la protección, como un premio de Padre Pío, era como una voz, una llamada del Padre que pensaba en alguien, rogaba por él, que se interesaba por sus problemas.

Algunas personas que lo conocieron personalmente afirmaban que el olor a perfume emanaba de sus llagas.

Y los milagros, las apariciones, las gracias que concede el Fraile de Pietrelcina continúa en la actualidad a unos 30 años de su muerte. Cada año, miles de peregrinos van a San Giovanni Rotondo para pedir una gracia, una señal, para rezar. También los mas escépticos al final, ceden ante las "pruebas" de las obras de Padre Pío.

PRACTICA  HEROICA DE LAS VIRTUDES

Serenidad de alma, siempre y dondequiera, humildad sincera, al no hablar nunca de sí mismo, Padre Pío vivía en recogimiento interior habitual, siendo a la vez alegre y espontáneo, obediencia perfecta a toda autoridad, sentía verdadero afecto por sus superiores. Su piedad era sincera, modesta, sin énfasis de ninguna clase.

sábado, 31 de octubre de 2015

FRASES CÉLEBRES DEL PADRE PÍO DE PIETRELCINA

FRASES CÉLEBRES DEL PADRE PÍO DE PIETRELCINA


Padre Pío de Pietrelcina en MisaReza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración...

La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón...

Solo quiero ser un fraile que reza...

El tiempo transcurrido en glorificar a Dios y en cuidar la salud del alma, no será nunca tiempo perdido.

No hay tiempo mejor empleado que el que se invierte en santificar el alma del prójimo.
Una sola cosa es necesaria: consolar tu espíritu y amar a Dios.

Dulce es el yugo de Jesús, liviano su peso, por lo tanto, no demos lugar al enemigo para insinuarse en nuestro corazón y robarnos la paz.

La clave de la perfección es el amor. Quien vive de amor, vive en Dios, pues Dios es amor, como dice el Apóstol.

No amar es como herir a Dios en la pupila de Su ojo. ¿Hay algo mas delicado que la pupila?

Haré más desde el Cielo, de lo que puedo hacer aquí en la Tierra.

Cuando se pasa ante una imagen de la Virgen hay que decir: Te saludo, María. Saluda a Jesús de mi parte.

El demonio es como un perro rabioso atado a la cadena; no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena. Mantente, pues, lejos. Si te acercas demasiado, te atrapará.

El sufrimiento de los males físicos y morales es la ofrenda más digna que puedes hacer a aquel que nos ha salvado sufriendo.

Los ángeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite decir con toda seguridad: Dios mío, mirad cómo os amo.

Salvar las almas orando siempre.

Con el estudio de los libros se busca a Dios; con la meditación se le encuentra.

¡Piensa siempre que Dios lo ve todo!

Es terrible la justicia de Dios. Pero no olvidemos que también su misericordia es infinita.

El ser tentado es signo de que el alma es muy grata al Señor.

Cuando el alma sufre y teme ofender a Dios, no le ofende y está muy lejos de pecar.

Si el pobre mundo pudiera ver la belleza del alma sin pecado, todos los pecadores, todos los incrédulos se convertirían al instante.

jueves, 29 de octubre de 2015

San Pío de Pietrelcina y la nueva evangelización (Padre Pío)

San Pío de Pietrelcina y la nueva evangelización



San Pío de Pietrelcina, modelo y estímulo en la nueva evangelización

Quince días van a separar la fiesta litúrgica de San Pío de Pietrelcina (23 de septiembre) y el inicio del Sínodo de Obispos sobre «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana» (7 de octubre). Pero, ¿hay alguna relación entre estos dos hechos? La podemos encontrar.

En el Padre Pío, al menos desde su ingreso en la Orden capuchina el 6 de enero de 1903, a la edad de 15 años, hasta su muerte, acaecida el 23 de septiembre de 1968, sus deseos nunca quedaron en meros proyectos. Por lo mismo, las palabras que escribió a uno de sus dos directores espirituales, el padre Agustín, el 6 de mayo de 1913, cuando tenía sólo 25 años: «Quisiera volar para invitar a todas las criaturas a amar a Jesús, a amar a María», y las que le había escrito un año antes, el 1 de mayo de 1912: «Quisiera tener una voz muy fuerte, capaz de invitar a los pecadores de todo el mundo a amar a María», nos garantizan poder encontrar en él un óptimo «modelo y estímulo en la nueva evangelización».

En el Padre Pío no busquemos la terminología precisa que nos exigimos en la actualidad: evangelización, nueva evangelización, pastoral, pastoral de iniciación, pastoral catequética, pastoral de alejados, salvación, salvación de las personas y de las estructuras de la sociedad… Sus preocupaciones se centraron siempre en lo importante. Y, en el ministerio, buscó, y de forma decidida e incansable, el objetivo último de todo lo anterior: la salvación de las almas. Un término que, para él, encerraba el mismo contenido de los que nosotros usamos hoy: una salvación que culmina, sí, en el cielo, pero que comienza y se vive en esta tierra; una salvación que es para un ser, el hombre, formado de alma y cuerpo, y que vive en una sociedad, que puede ofrecerle ayudas o estorbos en esa salvación.

Las motivaciones para buscar que todas las criaturas amen a Jesús y amen a María y, como consecuencia, salven su alma, el Padre Pío las tenía muy fijas en su mente y mucho más en su corazón.  Entre otras, habría que señalar tres, que las encontramos en dos frases del Santo:

- En carta al padre Benedicto de 20 de noviembre de 1921, después de referirse al volcán de amor que Jesús ha encendido en su corazón, el Padre Pío le dice: «Todo se compendia en esto: estoy devorado por el amor de Dios y el amor del prójimo».

- Y entre los mensajes que el Capuchino ofrecía a los fieles antes del rezo diario del Ángelus, encontramos éste: «Recordemos que el Corazón de Jesús nos ha llamado no sólo para nuestra santificación, sino también para santificación de otras almas. Él quiere ser ayudado en la salvación de las almas».

En concreto: el Santo de Pietrelcina, devorado por el amor de Dios, que, como escribe San Pablo, «quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad»; devorado por un amor del prójimo que le urge a ofrecer a los hombres todo lo que les beneficia y, de modo especial, «la perla de gran valor»: el Reino de Dios; y consciente de que el Señor, además de llamarle a buscar la santificación de otras almas, le ha confiado, como afirma en una carta de noviembre de 1922, una «misión grandísima», no puede menos de entregarse con todas sus posibilidades a las más variadas formas de apostolado, tanto que podríamos llamarle, como a Francisco de Asís, el fundador de la Orden religiosa en la que se santificó y ejerció el ministerio sacerdotal, «el hombre todo apostólico».

¿Qué formas de apostolado ejercitó el Padre Pío? Muchas y tan variadas, como acabo de indicar, que es difícil enumerar todas. En relación a las mismas hay que decir:

- Que la realidad y la eficacia pastoral de algunas las comprendemos sin dificultad; como: el ejemplo de una Misa celebrada cada día «humildemente», en expresión de Pablo VI; la acogida con amor paternal en el confesonario, «de la mañana a la noche» en palabras del mismo Papa, a hombres y mujeres venidos de todo el mundo; el testimonio y la invitación a la devoción mariana de quien llevaba siempre el rosario en la mano y repetía una y otra vez: «Amad a la Virgen, haced que la amen, rezad siempre el rosario»; los mensajes, llenos de unción y de exigencia evangélica, que dirigía a los fieles antes del rezo del Ángelus a mediodía y al atardecer; las cartas de dirección espiritual que, entre los años 1910 y 1923, dirigió a destinatarios muy diversos y que, publicadas en cuatro gruesos volúmenes, siguen ofreciendo una muy rica espiritualidad a los que se acercan a ellas; los escritos que, redactados por sus “secretarios”, en muchos casos después de consultarle el contenido de los mismos, y bendecidos por él, salían hacia los cinco continentes, en respuesta a los cientos de cartas que le llegaban pidiéndole oraciones, consejos, curaciones…, la bendición; las incontables estampas que, con un breve mensaje espiritual suyo al reverso, fue entregando a sus devotos a lo largo de su vida…

- Que en aquellas cuya eficacia sólo se descubre a la luz de la fe, el Padre Pío nos ofrece una valiosa ayuda en los mensajes de sus cartas. En referencia a la oración, por ejemplo, escribe: «Las oraciones que tú me pides no te faltan nunca porque no puedo olvidarme de ti… a quien he dado a luz a la vida de Dios con el dolor más intenso del corazón». ¿Tenían sentido sus lágrimas de dolor y arrepentimiento? Éstas son sus palabras: «Tengo que decirte que Jesús tiene necesidad de quien llore por la iniquidad de los hombres y por este motivo me lleva por los caminos del sufrimiento». Pablo VI le llamó: «Hombre de sufrimiento»; y, si deseó y pidió al Señor la gracia de sufrir, fue por este motivo: «Él se elige algunas almas, y entre ellas, aunque soy totalmente indigno, ha elegido la mía, para ser ayudado en la gran empresa de salvar a los hombres. Y cuanto más sufren estas almas sin consuelo alguno, más se aligeran los sufrimientos del buen Jesús. He aquí el motivo por el que deseo sufrir cada día más y sin consuelo alguno». No podemos olvidar su ofrenda, tantas veces repetida y actualizada en cada Misa, de víctima por la salvación de todos. Lo hacía con este deseo: «Enciende, Jesús, aquel fuego que viniste a traer a la tierra, para que, consumido por él, me inmole sobre el altar de tu caridad, como holocausto de amor, para que reines en mi corazón y en el corazón de todos; y de todos y de todas partes se eleve hacia ti un mismo cántico de alabanza, de bendición, de agradecimiento por el amor que nos has demostrado»…

- Que la realidad y la eficacia de otras, como la de la “bilocación”, nos quedarán, al menos en gran medida, en el misterio. La bilocación que le aconteció el 18 de enero de 1905, a los 17 años de edad, la cuenta él mismo al padre Agustín, su confesor de entonces. En cartas de dirección espiritual deja constancia de al menos cuatro bilocaciones, con un detalle muy significativo: pedir a los destinatarios, al parecer nada obedientes, que rompan esas cartas nada más leerlas. En junio de 1921, aunque con mucha repugnancia, tiene que hablar de otras bilocaciones porque el Visitador apostólico enviado por la Santa Sede, el carmelita Rafael Carlos Rossi, así se lo exige. Y son muchos los testimonios que afirman haber sido visitados o haber visto al Padre Pío fuera de San Giovanni Rotondo e incluso fuera de Italia y de Europa.

El Padre Pío no se contentó con ser él un instrumento del Señor en la salvación de las almas; ayudó a otros muchos a serlo. Les recalcaba la misión apostólica propia de todo bautizado; les aconsejaba los medios sencillos de apostolado que están al alcance de todos; y no olvidaba los que nos permiten llegar a todo el mundo.

Sirvan estos tres ejemplos:

- A sus Grupos de Oración les pedía, como fruto de la oración, ser en medio del mundo «levadura de Evangelio y faros de amor».

- A los médicos del hospital “Casa Alivio del Sufrimiento”, promovido por él en San Giovanni Rotondo, les insistía: «Vosotros, los médicos… tenéis la misión de curar al enfermo; pero, si no lleváis amor al lecho del enfermo, no creo que las medicinas sirvan de mucho… Sed portadores de Dios para los enfermos; eso será más útil que cualquier otro cuidado».

-Y repetía con frecuencia: «Salvar almas orando siempre».

Elías Cabodevilla Garde, sacerdote capuchino.